Ecuador, 16 nov. 16. AmecoPress/GeneroConClase.- El
análisis feminista de la etapa de la transición del feudalismo al
capitalismo y del trabajo reproductivo no asalariado como sostén del
sistema capitalista han convertido a Silvia Federici, escritora,
activista y profesora de la Universidad de Hofstra de Nueva York, en un
referente para comprender la interconexión entre la crisis sistémica del
capital y el incremento de las diferentes formas de violencias hacia
las mujeres.
Su
paso por Ecuador para participar en diferentes encuentros con la
academia y movimientos feministas, permitió una conversación en la que
de manera crítica analiza la actualización directa e indirecta de la
caza de brujas y las consecuencias de las políticas extractivistas sobre
las vidas y los cuerpos de las mujeres en América Latina.
La
crisis del sistema ha tenido un grave impacto para las mujeres en
diversos aspectos, pero también de manera diferenciada según
territorios. ¿Cuáles son las consecuencias que se pueden identificar a
nivel global tanto en el ámbito del trabajo como en el reproductivo?
La
crisis capitalista ha significado cosas muy diferentes para las
mujeres, según los lugares del mundo, pero igualmente existen elementos
comunes. Las mujeres hoy se enfrentan de una forma muy diferente, pero
contundente, con una crisis muy fuerte de la reproducción a todos los
niveles como consecuencia del fracaso del estado de bienestar, el
fracaso del salario masculino, el de la política del pleno empleo, que
ha obligado a muchas mujeres a salir de la casa, tomar un segundo
trabajo que se ha añadido al trabajo doméstico no pagado, así que ahora
la jornada laboral de las mujeres es una jornada sin fin.
Las
mujeres hoy deben trabajar fuera y dentro de la casa para recuperar
todos los cortes de los servicios sociales que el estado ya no realiza.
En Estados Unidos, las mujeres se encuentran en una crisis existencial,
personal y colectiva, muy fuerte, y se han convertido en las mayores
consumidoras de antidepresivos. El número de suicidios de mujeres se ha
elevado y se calcula que la esperanza de vida de una mujer proletaria
sin recursos es cinco años menor que la de su madre.
A nivel más
internacional, las mujeres de las áreas rurales de América Latina y de
África se encuentran con un ataque muy grave al territorio, lo que
implica un impacto específico hacia ellas. Se trata de una agresión a
las formas de cultivo de subsistencia, que para muchas mujeres son una
manera de tener autonomía del mercado y sustentar a su familia en un
contexto social donde la comunidades han sido desmonetarizadas como
consecuencia del ajuste estructural, con el desempleo, y muchas veces
con el despojo de la tierra que poseían.
Y en este contexto, también se da un ataque hacia el cuerpo de las mujeres y su autonomía…
Sí,
también existe un nuevo ataque directamente contra el cuerpo de la
mujer, contra su capacidad reproductiva, contra su capacidad de
controlar la procreación, un ataque que es diferente según los lugares.
En otros casos, las mujeres se enfrentan, por ejemplo, a la
esterilización. Durante los años noventa hubo una campaña de
esterilización brutal es muchas partes de África, de India, de
Indonesia. En estos países se realizan los safaris de la esterilización,
donde se juntaban mujeres dándole a cambio pequeñas cosas, como arroz,
para convencerlas de que debían ligar o cortar las trompas. Había miedo a
que estas mujeres fueran a procrear una generación de jóvenes más
combativa. Yo creo que estos programas de esterilización están
conectados como una respuesta a las luchas de las nuevas generaciones de
los territorios colonizados, generaciones que se proponían, como
proyecto político, recuperar la riqueza robada.
En otros lugares,
se prohíbe el aborto, como en Ecuador, que no solamente significa
prohibir a la mujer el control sobre su cuerpo, es parte de toda una
política para controlar el trabajo de las mujeres, para poner una vez
más su sumisión a los hombres de la casa y a su sexualidad, y su
capacidad reproductiva al control de los hombres y del estado. Esto es
un proceso que se puede documentar a nivel internacional. En Estados
Unidos, muchos estados han aprobado leyes que intentan controlar la vida
y el comportamiento de las mujeres cuando están embarazadas. Se
establecen penalizaciones por comportamientos que no son aceptados, así,
en muchos hospitales donde van las mujeres que no tienen recursos, se
realiza un test de sangre después del parto, y en caso de identificar
alguna anormalidad, se les envían a prisión acusadas de sabotear la vida
del futuro nacido. Mujeres embarazas que han sufrido accidentes de
coche han sido arrestadas por irresponsables.
Se trata de un nuevo
ataque como el que se produjo en el periodo de la acumulación
originaria, y que pasa por el trabajo, por el acceso de las mujeres a la
tierra y a su cuerpo. Es una súper explotación. Ahora las mujeres deben
trabajar fuera del hogar, dentro del hogar y trabajar también en
industrias que son formas de esclavización, como la maquila, las mujeres
han sido la carne de cañón de la desestructuración industrial del mundo
con la maquilización del trabajo. Las mujeres jóvenes han sido
destinadas a consumir su cuerpo, consumir su vida, en estas nuevas
plantaciones industriales, donde se dan formas de trabajo verdaderamente
esclavizantes.
Las mujeres son expulsadas de la tierra,
marginalizadas, se penaliza el cultivo de subsistencia y el cuerpo
también. Por eso, muchas mujeres en América Latina hablan de cuerpo y
territorio, por la continuidad que hay en él.
¿Cómo
relaciona la crisis del sistema y la explotación de los territorios con
la violencia hacia las mujeres y la caza de brujas?
Una
imagen muy fuerte de lo que está ocurriendo a nivel internacional es el
gran aumento de la violencia contra las mujeres, un incremento del
número de atentados y de abusos de forma cuantitativa, pero también
cualitativa, por la intensidad de la brutalidad: hoy las mujeres se
matan, se desmiembran, se queman vivas, se entierran… En esta caza de
brujas de África, las entierran vivas, las desmiembran con machetes. Y
son formas de violencia que también se documentan en países como España y
e Italia.
Este fenómeno tiene muchas caras: la violencia que se
usa para aterrorizar poblaciones, para vaciar territorios que son
destinados a la comercialización, destinados a la empresa minera, es
otro tipo de violencia, es la violencia de la que habla Rita Segato, y
que tiene como finalidad dar un mensaje a la población sobre la falta de
compasión y de consideración, de manera que se les obliga a abandonar
el territorio. Se destruyen a las mujeres para destruir a la comunidad,
para obligarlas a salir.
Esta es una violencia conectada al
trabajo, como el asesinato de mujeres en Ciudad Juárez, muchas de ellas
trabajadoras de la maquila, que ha servido para paralizar su forma de
organización, es un fenómeno también de la frontera y a estas formas de
súper explotación, que al principio habían provocado protestas de las
trabajadoras de la maquila, que se habían sofocado, paralizado, contra
esta gran violencia. Y también está la violencia de los
narcotraficantes, de paramilitares…
Está la violencia de los
hombres, de la familia, porque los hombres descargan sobre las mujeres
las frustraciones que llegan de su pérdida de poder social, y hombres
que intentan recuperar a través del cuerpo de las mujeres lo que han
perdido perdiendo el salario. Yo decía que en el periodo de acumulación
originaria el capitalismo dio las mujeres a los hombres como
compensación por la tierra que habían perdido.
Hoy, el cuerpo de
las mujeres es sustituto del salario y el empleo que han perdido. Hay
hombres que venden a su pareja para el trabajo sexual, que es otro tipo
de violencia, pero todas ellas están conectadas porque tienen sus raíces
en la desestructuración del trabajo impulsado por el neoliberalismo,
por la relación capitalista. Me interesa subrayar también la interacción
entre violencia familiar, más no privada, porque es tolerada y
mandatada por el estado, y la violencia pública e institucional. Y me
interesa subrayar también la continuidad entre la violencia física del
desmembramiento, de la quemadura, y de la política social, porque el
empobrecimiento, la expropiación, el corte de los servicios sociales,
deben ser considerados formas de violencia. Es importante no reducir la
violencia a solamente la violencia directamente física, que es una
medida central para imponer todo esto, pero que es parte integrante de
otras violencias, que es integrada, configurada, en toda la organización
capitalista del trabajo y de las relaciones sociales.
En
diferentes países de África y Asia se han documentado asesinatos y
torturas hacia mujeres acusadas de ser brujas. ¿Cómo se presenta en esta
época la caza de brujas y con qué objetivos se ha producido esta
actualización?
La caza de brujas que se conoce ahora
empieza a actualizarse en los años ochenta, mano a mano con los
programas de ajuste estructural y las políticas extractivistas que
actúan de manera conjunta con el apoyo e intervención masiva en muchas
partes del mundo, con un ejército de misioneros pentecostales
financiados por las matrices más conservadoras de los partidos de
derecha de los Estados Unidos, coincidiendo con la desestructuralización
de la economía del tercer mundo, pero también de los países del primer
mundo.
Estos misioneros llegaron pretendiendo hacer milagros, con
propaganda e introduciendo la presencia de un diablo que conspira y que
se esconde detrás de todos los males. Estos grupos tienen estrictos
manuales de cómo reconocer a una bruja. En la televisión se difunden
programas que enseñan a identificarlas, mientras que en los mercados
populares también hablan de la brujería. Esto ha sido muy importante
porque hay un conjunto de fenómenos de empobrecimiento, de migración, de
desfragmentación y desmantelamiento del tejido social, como
consecuencia de la intervención extranjera, principalmente de compañías
mineras y petroleras que en muchos lugares conspiran con los jefes
locales y con la organización pentecostal. Mujeres que viven solas, que
se sustentan cultivando un trozo de tierra, empiezan a ser acusadas de
brujas y de ser responsables de todo lo malo que ocurre en la comunidad,
como la muerte de un niño, de un animal o de un accidente de coche.
Ahora, familiares de mujeres que tienen tierra, sobre todo jóvenes que
quieren apropiarse de esa tierra, se convierten en mercenarios de esos
otros personajes.
En muchos lugares, la ausencia de asistencia
médica ha sido sustituida por la figura del curandero. El curandero
moderno es una figura que se presenta como alguien capaz de reconocer a
las brujas. A veces, los jefes locales traen curanderos, o a personajes
que se dicen capaces de reconocer a las brujas, mujeres que terminan
siendo golpeadas, torturadas, despojadas de sus propiedades, y
asesinadas.
En Tanzania, en 2014, casi mil mujeres han sido
asesinadas o brutalmente abusadas, acusadas de ser brujas, y es algo que
también ocurre en otras partes de África, y en otras zonas como India.
En África, hay hombres ancianos acusados de ser brujos, con el claro
objetivo de confiscar su pensión. Los jóvenes acusaban a personas
mayores de ser brujos, en el momento justo en el que estas personas
regresaban de la ciudad con dinero, con el objetivo de confiscar su
ganancia.
Vemos de esta manera la conexión y complicidad entre
estos fenómenos y las políticas de despojo, la relación entre el
contexto del despojo, del empobrecimiento y de la fragmentación de la
solidaridad social. Y a esto se añade una comunidad de intereses entre
los grandes actores, los gobiernos, con los planes de desarrollo, con su
complicidad con las compañías mineras, petroleras, que están
interesadas en desplazar aldeas y comunidades enteras, o a realizar
formas muy contaminantes de extracción. Y, en esta situación, una
juventud sobre todo masculina local que no tiene futuro, que no ve
capacidad de algún empleo o estudio, y que no sabe cómo salir del
empobrecimiento, es fácilmente reclutada por los jefes locales y por la
compañía minera para formar parte de su ejército privado. Es decir,
terminan siendo utilizados para enfrentarse a las comunidades, sobre
todo a las mujeres. Esperando apropiarse de un trozo de tierra y de los
pocos recursos que puede haber, son los que acusan directamente a las
mujeres de ser brujas.
En África y en India se produce una
caza de brujas bajo acusación directa, pero en otras regiones del
mundo, como América Latina, ha identificado una criminalización de las
prácticas y saberes tradicionales
Las diferentes
versiones de la caza de bruja están conectadas. Está la caza de brujas
que pasa por la acusación directa en la que te dicen: “tú eres bruja”;
pero también existe una caza indirecta en la que se lleva a cabo la
criminalización de las prácticas y saberes que no gustan al estado
porque dan autonomía a las mujeres y no puede ejercer su control. Junto a
la criminalización de estos espacios de autonomía se da un conflicto
intergeneracional, que es un conflicto de valores. Los jóvenes, también
las mujeres, vinculan la felicidad con el desarrollo del consumo, en el
marco del sistema capitalista monetario, y ven con desprecio y con
rechazo a sus mayores, sobre todo a las mujeres, porque tienen valores
que consideran atrasados, como amar a la naturaleza y negarse a vender
la tierra.
En mi investigación, he encontrado testimonios de
hombres mayores que afirman tener miedo de que un hijo los mate para
vender su tierra y con el dinero comprar un taxi. Literalmente, es el
pensamiento del Banco Mundial, que ha adoptado la teoría del economista
peruano Hernando de Soto, quien afirma que la tierra no es
verdaderamente fértil y que, si hoy hay pobreza en el mundo, se debe a
que millones de personas usan la tierra para sustentarse. Según este
pensamiento, la tierra es fértil solo cuando se usa de manera colateral,
cuando se intercambia con el banco por un préstamo monetario con el que
se va a impulsar un negocio. Y este es el pensamiento de los jóvenes,
ven que el futuro está en el dinero, no está en los árboles, ni en la
tierra, ni en los animales.
Este desprecio y desvalorización es
parte de un proceso histórico de desvalorización de las mujeres, de la
tierra, del proceso de reproducción y de desvalorización de la vida,
cuando la vida solo sirve como medida de la ganancia individual por la
acumulación de la riqueza individual.
Las políticas
extractivistas y la explotación de los territorios se justifican en
algunos países de América Latina como un “mal necesario” que permite
obtener financiamiento dirigido al desarrollo social. ¿Qué han supuesto
estas políticas de manera específica para las mujeres?
Es
mentira que estas acciones extractivistas sobre el territorio permitan
un desarrollo social, y es una visión que he elaborado a partir de
muchos encuentros con mujeres en América Latina sobre lo que está
sucediendo. En algunos países se ofrecen a cambio del despojo bolsas
familiares, que no pueden compensar de ninguna manera la gran
catástrofe, el desplazamiento y la contaminación de la tierra en la vida
de los pueblos, en general, y de las mujeres, en particular.
La
contaminación de la tierra, implica la pérdida de la vida, la cultura y
los saberes, no se deja nada a las siguientes generaciones, de manera
que es un ataque a la vida misma. Esas pequeñas bolsas familiares que se
dan en algunos países nunca fueron pensadas para el bienestar de las
mujeres, si no para dar la impresión de que se ofrecía algo a cambio y,
sobre todo, para desmovilizar la protesta que surgía del despojo.
Se
pretende eliminar la forma más horrenda de empobrecimiento, pero estas
bolsas familiares nunca fueron dirigidas a cambiar el modo de
producción, a crear una sociedad más justa. Y me parece, hablando con
muchas mujeres de Bolivia, pero también de Sudáfrica, que las políticas
de las bolsas familiares es un estándar de estos gobiernos que se dicen
progresistas.
Además, los requisitos exigidos para recibir las
bolsas son complicados y aquellas mujeres de zonas rurales que no están
familiarizadas con las instituciones pierden estas bolsas que no cambian
las condiciones de vida ni tampoco el sistema de producción. Más bien,
piensan que es una forma de control gubernamental por integrarlas en la
economía monetaria y controlar a unas mujeres que estaban fuera del
sistema. Además, con la caída de los ingresos como consecuencia de la
bajada del precio del petróleo, es probable que esta medida vaya a
desaparecer.
Precisamente, usted observa una relación
entre la expropiación de la tierra y la nueva organización de la
producción industrial, con la maquila como único medio de subsistencia
para las mujeres que han sufrido el despojo.
La
desestructuración de la producción industrial a nivel global fue la
respuesta a la enorme lucha de las décadas de los años sesenta y setenta
contra la gran concentración industrial. El desmantelamiento de
empresas, como Fiat, ha dejado ciudades fantasmas, como Detroit, que ha
perdido más de la mitad de su población, después de que se convirtiera
en un centro de lucha obrera. Es muy interesante ver cómo desde finales
de la década de los años ochenta se ha reconstruido la organización del
trabajo a nivel mundial, han cerrado y desmantelado la gran
concentración industrial y la reorganizaron la producción industrial a
nivel internacional con la maquila, que es alimentada por la
expropiación de la tierra.
En América Latina, la expropiación de
la tierra es la raíz de la maquila, ya que las mujeres jóvenes no pueden
sustentarse con una actividad del campo que dejó de existir, y ante la
falta de oportunidades se ven obligadas a trabajar en la maquila. Son
trabajadoras cuyos padres perdieron la tierra o se han endeudado con la
política de Monsanto para comprar las semillas. El despojo de la tierra,
el endeudamiento de los campesinos, que ha provocado tantos suicidios,
ha sido la base y el fundamento sobre el cual se ha construido la
maquila, que ha sido el reemplazo de las grandes concentraciones
industriales.
La maquila es una institución militar, no solamente
económica, y en ella se puede poner cualquier condición de trabajo: no
se permite la organización ni la sindicalización, no existen horarios ni
protección de los derechos. La maquila es un ataque contra la salud de
las mujeres y un ataque contra los derechos humanos en general. Hay que
recordar cuántas mujeres han muerto por no poder salir de un incendio, a
causa del cierre de puertas de la fábrica, es algo que recuerda a la
fase del periodo de acumulación originaria.
En Foxconn, la empresa
que fabrica los productos para Apple, trabajan sesenta mil mujeres con
unas condiciones de trabajo tan brutales, que han adoptado el suicidio
desde los techos de la fábrica como estrategia de lucha, y ahora hasta
les hacen firmar un compromiso de que no van a suicidarse en el trabajo.
Foto: Tania Macera.
— -
Internacional – Opinión – Economía – Situación social de las Mujeres. 17 nov. 16. AmecoPress.