4/12/2026

Sueros “vitaminados”, estafas y muerte

 Ana Lilia Pérez

"En Sonora, los familiares de las víctimas han comentado que no sabían exactamente qué contenían las mezclas que suministraba el homeópata".

Hay estafas y negligencia que mata. Esto es lo que sintetiza lo ocurrido en Sonora, donde un médico homeópata prescribía, mezclaba, suministraba y canalizaba fórmulas de lo que promovía como “sueros vitaminados” que aplicaba de forma intravenosa en su consultorio, o se los colocaba a sus clientes para que se los llevaran canalizados a su casa; o en otros casos les entregaba las mezclas para que se las aplicaran a domicilio.

Hasta ahora van ocho personas muertas, y otras cuatro con daños a su salud como consecuencia de tales mezclas, las cuales están bajo análisis de las autoridades.

En un inmueble de la colonia Jesús García, en Hermosillo, en un letrero blanco que pende sobre un portón se anuncia como Medicina Homeopática el lugar donde Jesús Maximiano Verduzco Soto aplicaba los populares “sueros vitaminados”. Se trata de un médico general que dice tener una cédula de la Universidad de Guadalajara.

Su negocio tenía permiso sólo como consultorio, no como clínica, pero los anuncios mediante los cuales Verduzco Soto se promueve en Internet, ofrece lo mismo “sueros vitaminados” que cirugías plásticas, y tratamientos de “belleza y estética”, rellenos y muchos otros.

En páginas de Internet se anuncia como médico cirujano, en otras como médico general, en otras más como médico homeópata, también como médico estético.

En directorios y páginas de Internet de “medicina estética” ofrece “cirugía plástica, liposucción, lipoescultura, toxina botulínica, rejuvenecimiento facial, aumento de labios, tratamientos para combatir la obesidad, enfermedades metabólicas y nutrición, hilos rusos (hilos tensores), estética homotoxicológica, plasma rico en plaquetas, y hasta tratamientos para estrías” .

El tipo de anuncios mediante los cuales Verduzco promueve sus “tratamientos” en páginas de Internet es un caso típico de estafas de las que han proliferado en varios países en el rubro de la salud y de la “medicina estética”, en los que se ofertan sustancias y procedimientos casi como “milagrosos”.

Sobre todo, mediante páginas de Internet y redes sociales se engaña a las personas haciéndoles promesas de supuestas curas o procedimientos que, en muchos casos son realizados por intrusistas o por personal que ni siquiera tiene relación alguna con el sector médico, también por médicos generales que en un afán de lucro comienzan a ofrecer todo tipo de procedimientos y sustancias que al volverse “moda” o “tendencia” les representan enormes ganancias.

En el caso de las mezclas que se promueven como “sueros vitaminados”, hoy tan de moda y populares, se les vende como sustancias que supuestamente “curan” desde fatiga, resaca, anemia o enfermedades de toda índole; es decir, se les venden como si fuesen el remedio para todo; sin embargo, en muchos casos quienes los aplican ni siquiera hacen estudios previos para saber la condición de salud de las personas a quienes se los aplican o si realmente necesitas esas supuestas vitaminas o electrolitos o mezclas que les suministran sin especificar tampoco qué es lo que le están aplicando.

En redes sociales hay hasta grupos de quienes colocan estas sustancias a domicilio, promoviéndolo como una terapia “inocua”, sin considerar que no todos los organismos tienen los mismos cuadros clínicos, aunado a que el suministro de cualquier sustancia intravenosa tiene riesgos, y deben aplicarse mediante procedimientos cuidadosos y en un ambiente en el que se evite la contaminación o infección, porque incluso en establecimientos que se instalan como consultorios hay riesgos de que las condiciones ambientales o de las instalaciones no sean aptas, o que el manejo de esas sustancias por parte del personal no sea el adecuado.

Los casos ocurridos en Sonora así lo muestran: el homeópata suministraba las mezclas incluso como “para llevar”. Las personas no tenían claro qué mezclas les estaba suministrando.

En redes sociales se publicó el testimonio de una persona que detalla su experiencia al acudir al establecimiento de Verduzco, describiendo un ambiente insalubre y sin la preservación para el tipo de sustancias.

En el caso de Sonora, los familiares de las víctimas han comentado que no sabían exactamente qué contenían las mezclas que suministraba el homeópata. Eso fue señalado también por el Fiscal de Sonora durante la conferencia de prensa en la que el martes dijo que se obtuvo la orden de búsqueda contra el médico, quien, según los resultados de las primeras indagatorias, fue quien prescribió, mezcló, proporcionó y suministro las sustancias.

El Fiscal de Sonora explicó que en algunos casos el médico aplica en la sustancia en el establecimiento, en otros casos se las aplicaban “y se las llevaban puestas, ¿no?, como si fuera un café”. Y en otros casos “les entregaban a estas personas, bajo la confianza que tenían en el médico tratante, estas soluciones que él preparaba y solamente él sabe exactamente qué fue lo que le ponía, y que son la causa directa, fueron precisamente lo que generó la afectación física y que en algunos casos prácticamente de manera súbita generaron la pérdida de vida de varias personas”.

Los cargos que se le imputarían son homicidio culposo, mala praxis médica, y agravante por la responsabilidad médica y técnica.

Para este texto le pregunté a médicos de institutos de alta especialidad cuáles son los riesgos del suministro de las mezclas que se promueven como “sueros vitaminados”.

Me explicaron que cualquier terapia intravenosa altera y atraviesa la primer barrera de inmunidad que es la piel, y se llega al torrente sanguíneo, lo cual puede presentar muchas complicaciones, las más leves son locales como una flebitis (inflamación de una vena), o una reacción anafiláctica (respuesta alérgica) al tratamiento, pero también puede causar algo más sistémico, como pueden ser las infecciones en el torrente sanguíneo porque los insumos o las soluciones intravenosas pueden estar contaminadas, que esto pasa frecuentemente en lugares que no están acondicionados o no cuentan con las medidas sanitarias para ofrecer este tipo de terapias o tratamientos. Si algo está contaminado o el procedimiento no se lleva a cabo con todas las medidas de higiene, puede ocasionar una infección en el torrente sanguíneo, por consiguiente un estado de sepsis que lleve a la muerte.

También me explicaron que en todo tratamiento intravenoso, ya sea como farmacológico o como soporte para rehidratación o administración de medicamentos, -que son las principales usos de la vía intravenosa– cada hospital o clínica, por muy sencilla que sea, debe de tener un proceso de canalización porque se debe de llevar un registro, preservación y cuidado de cada uno de los insumos, ya que cada uno tiene periodo de caducidad y especificaciones para su manejo, almacenamiento o preservación.

Sobre todo, para la aplicación de cualquier sustancia intravenosa, es primordial que sea un profesional de la salud quien lo realice, previo diagnóstico y prescripción médica específica y sustentada en estudios y análisis.

Actualmente, la Fiscalía de Sonora tiene abiertas ocho carpetas de investigación en contra del homeópata, por el fallecimiento de ocho personas y las afectaciones a la salud de otras sobrevivientes. La Fiscalía ha realizado 117 actuaciones ministeriales, y van 51 declaraciones y entrevistas a testigos y familiares de víctimas.

La clínica fue clausurada. La Fiscalía aseguró los expedientes, muestras, sustancias, medicamentos y soluciones “prellenadas” que se encontraron en el establecimiento.

Las autoridades federales en materia de salud atrajeron el caso para realizar el análisis de las muestras recuperadas. Se llevan a cabo estudios físicoquímicos, microbiológicos, toxicológicos, sin descartar posibles contaminantes. Así que, será con los resultados de esos análisis que se identifique el tipo de mezclas que el homeópata hacía, que ya provocaron ocho muertes y graves daños a otras de sus víctimas.

El trumpismo y México

Fabrizio Mejía Madrid

"Si la base del MAGA dice practicar los valores de los cristianos, Trump es un adúltero confeso, un presunto violador y pedófilo, y mentiroso contumaz".



El trumpismo se ha convertido con los meses en lo que Trump diga. Ya desde el inicio, sus contradicciones eran notorias. Si su base decía que quería regresar a la Declaración de Independencia de la supuesta nación blanca y cristiana, Trump se dedicó a actuar fuera de la Constitución desde que incitó a sus seguidores a tomar el Congreso el 6 de enero de 2021, a decretar órdenes sin tener las atribuciones para ello, como en el caso de los aranceles, a detener personas, ciudadanos y sin papeles, sin órdenes de aprehensión algunas, o liberar narcotraficantes como el caso de Orlando Hernández. Si la base del MAGA dice practicar los valores de los cristianos, Trump es un adúltero confeso, un presunto violador y pedófilo, y mentiroso contumaz. Si la base de Trump dice admirar a los matemáticos e ingenieros de Silicon Valley, Trump es abierta y orgullosamente anti-intelectual y, además, un empresario fallido que ha quebrado sus diversas empresas en seis ocasiones. Desde hace un año, una parte de la base del trumpismo está empujando una solución al conflicto interno en los Estados Unidos con una medida de fuerza: hacer de Donald Trump un “César Rojo”, como lo llamó uno de sus asesores desde el 2016, Michael Anton. Esto quiere decir que sería un dictador que ayudara a restaurar la influencia del pueblo en las decisiones de Washington. El problema menor es un Presidente actuando fuera de la Constitución y de acuerdo a su estado de ánimo. El problema mayor es qué entienden por “pueblo”, pues se trata del marasmo xenófobo, racista, masculinista tóxico, anti-derechos, de los blancos varones como Pete Hegseth o JD Vance.

Empecé por aquí porque, para responder a la pregunta de qué le espera a México bajo este segundo trumpismo, es necesario saber de qué hablamos cuando hablamos del nuevo Trump. De eso trata esta columna. En primer término hay que hacer una breve historia del radicalismo de derechas en las últimas décadas para entender cómo Estados Unidos tiene a una parte de su población convencida de las bondades de Donald Trump, no obstante, los resultados desastrosos de su primer año-segundo periodo en empleos, inflación, comercio internacional, inmigración, y seguridad nacional.

El movimiento MAGA tomó por asalto el Partido Republicano después de un periodo de relativa institucionalidad con Ronald Reagan, Rush Limbough y el Tea Party. Pero fue a partir de la toma del Capitolio en 2021 que el trumpismo se alió a tres corrientes que ya no se reconocen en la república constitucional. La primera es la llamada de los “Clairemonsters”, un grupo de presión ideológico con base en el Clairemont Institute de California. La segunda es el National Conservatism, con la Fundación Heritage detrás. Y el tercero son los libertarios tecnócratas de Silicon Valley, como Elon Musk, Peter Thiel, y Alex Karp. Juntos formularon ese Plan 2025 que Trump siempre negó que tuviera que ver con su campaña y que delinea hasta qué extremo de la derecha están los principales intereses del trumpismo. Todos estos grupos tienen una doctrina de posicionamiento político que se llama “no hay enemigos en la derecha” o NETTR, por sus siglas en inglés. Esta doctrina es de unificación y prohíbe a alguien de la derecha criticar o denunciar a otro que esté también a su derecha. Por lo tanto, se aclara que el enemigo son los liberales y sus voceros llamados despectivamente woke.

Vale la pena recorrer la ideología de estas tres vertientes que dan lugar al nuevo trumpismo. La del Clairemont Institute fue fundada por el pensador Leo Strauss, cuya postura hasta su muerte en 1973 fue que Occidente estaba perdiendo su occidentalidad dada la invasión de otras culturas. Los straussianos apoyaron sobre esa base la Guerra de Irak de Geoge W. Bush. Su heredero fue Allan Bloom en la Universidad de Chicago que abanderó una cruzada contra el “relativismo”, es decir, la aceptación de las mezclas culturales. Su libro El cierre de la mente moderna es un manifiesto por la afirmación de lo estadunidense como una verdad universal. En Claremont Bloom fue retomado por Michael Anton, quien escribió la Estrategia de Seguridad Nacional 2025, donde asegura que Europa está en un “borramiento civilizatorio” por los altos niveles de inmigración que permite. Una idea que Trump y Marco Rubio han repetido en cada ocasión que se habla de la OTAN o de Groenlandia. En el caso de México, la estrategia redactada por Anton dice: “Nuestros objetivos para el hemisferio occidental se pueden resumir en 'Alinear y expandir'. Reclutaremos a nuestros aliados consolidados en el hemisferio para controlar la migración, detener el tráfico de drogas, y fortalecer la estabilidad y la seguridad terrestre y marítima. Nos expandiremos cultivando y fortaleciendo nuevos socios, a la vez que reforzamos el atractivo de nuestra nación como socio económico y de seguridad predilecto del hemisferio. La política estadounidense debería centrarse en reclutar líderes regionales que puedan contribuir a crear una estabilidad tolerable en la región, incluso más allá de las fronteras de esos socios. Estas naciones nos ayudarían a frenar la migración ilegal y desestabilizadora, neutralizar los cárteles, la manufactura local y desarrollar las economías privadas locales, entre otras cosas. Recompensaremos y alentaremos a los gobiernos, partidos políticos y movimientos de la región que se alineen ampliamente con nuestros principios y estrategia. Sin embargo, no debemos ignorar a los gobiernos con perspectivas diferentes, con quienes, no obstante, compartimos intereses y que desean colaborar con nosotros”. Michael Anton ha apoyado estas ideas desde que Trump fue candidato la primera vez en 2016. Entonces dijo una frase que todos los días parece recién acuñada: “Sí, Trump es peor que imperfecto. Pero ¿qué importa? El supuesto bufón es más prudente, práctico que todos esos sabios bien intencionados que se le oponen”.    

Luego, la segunda, la de los neoconservadores estaría representada por gente como Patrick Deneen. Él ha sostenido que es el cristianismo y sus iglesias las que proveen de un sentido de comunidad a los Estados Unidos. Así que aboga por la disolución de las diferencias entre Estado e iglesia para que la política se base en valores espirituales. Lo que esto quiere decir lo hemos visto en el transcurso del mes de guerra de Israel y Estados Unidos contra Palestina, Irán y Líbano: citar la Biblia sin ton ni son, decir que Trump es Jesucristo, o que esta guerra es la que bautizaron las Escrituras católicas como la guerra de Og Magog. Estas ideas religiosas en política han sido cobijadas por la Fundación Edmind Burke, presidida ahora por Yoram Hazony, un israelita que argumentó en el 2018 que la Unión Europea (UE) había destruido a las naciones que la componen. Este vocero ha sido repetido en innumerables ocasiones por el Presidente de Hungría, Viktor Orbán.

Por ultimo, la tercera corriente del nuevo trumìsmo son los libertarios tecnócratas como Alex Karp, Peter Thiel, Bill Gates, Elon Musk o Jeff Bezos. Todos ellos son anti-inmigración, por pensar que la técnica y sus billones de dólares los hace superiores genéticamente a los trabajadores. Creen, como ya he descrito en estas columnas, en acelerar la producción de petróleo y gas para desarrollar sus clusters de megadatos que permitan crear una vigilancia inteligente sobre todos los seres humanos subalternos, desplazar a las élites financieras y tecnológicas a Marte, y dejar un planeta en ruinas.

Los tres grupos, los Clairmonsters, los neoconservadores, y los aceleracionistas tecnocráticos, creen que en la masculinidad brutal y en el uso indiscriminado de la fuerza militar. Pero, sin duda, lo que ha permitido la doctrina de “no enemigos en la derecha” es que se vayan borrando los límites y las contradicciones entre los grupos, y que incels o supremacistas convivan con libertarios y fanáticos religiosos en torno a Donald Trump. Alguien que inventó a la policía paramilitar del ICE, Stephen Miller, es bienvenido como orador tanto en el Clairmont Institute como en las reuniones de los neoconservadores. Otro es JD Vance, el actual Vicepresidente, que pasó, como Rubio, de ser anti-Trump a tapete de Trump. Basta leer el recuento del New York Times sobre cómo se decidió la guerra contra Irán, con Netanyahu como ponente, para saber que Vance juega de fiel escudero de las demencias guerreristas. Para esa misma guerra, Space X, Palantir, Amazon y Google recibieron contratos de IA para detectar personas para masacrar. Para esa misma guerra, los religiosos tuvieron justificaciones basadas en supuestas citas textuales de la Biblia. Para esa misma guerra, los nacionalistas conservadores anteponen la visión estadunidense a todos sus aliados, excepto Israel.

Pero usted diría, ¿qué tiene que ver Trump con ese trumpismo? Y estaría en lo cierto porque el hombre no sabe dónde está Marte ni Europa, ni es un lector de la Biblia ni de Allan Bloom. No es tampoco un anti-globalista que quiere encerrar a Estados Unidos tras sus fronteras, sino alguien que quiere hacer negocios a las costillas de los más débiles, como Venezuela, Cuba y Gaza. Tampoco es anti-tratados comerciales, siempre y cuando pueda sacar un beneficio personal o familiar en las transacciones. Es un corrupto y también es alguien que no tiene empacho en prometerle a todos los que quieren escuchar. Como escribe en su ensayo Laura Field: “Los magnates tecnológicos siguen apoyándolo, a pesar de que sus aranceles perjudican sus intereses, porque pueden obtener otras concesiones. Y los posliberales se mantienen fieles a él, a pesar de su inclinación por las guerras en el extranjero y las exenciones fiscales para los ricos, porque está dispuesto a firmar decretos que condenan la teoría crítica de la raza y el transgenerismo”.

Lo que es cierto es que el trumpismo va a sobrevivir a Donald Trump. Los republicanos serán, por lo menos en las siguientes décadas, depositarios de esas tres corrientes de la nueva derecha radical estadounidense. Piensen en alguien como JD Vance, que lo mismo va al Clairmont Institute, que le consiguió trabajo a Michael Anton en la oficina de Musk que recortó supuestamente los gastos del Estado gringo, que se dice admirador del catolicismo lunático de Denee, y cuya campaña al Senado fue financiada directamente por Peter Thiel, de Palantir. Todo esto mientras se decía representante de los olvidados en los Apalaches, y estar contra la élite tecnológica de Silicon Valley. Vance es como Trump: tiene algo qué decir para cada grupo

Después de este breve recuento adivinarán que la posición de México no puede ser sino de cautela frente a estos personajes. Sus contradicciones se han venido profundizando quizás por la consigna del “no enemigo en la derecha” y para muestra pongo a su consideración lo que sucedió con el genocidio de Gaza, donde los antisemitas de la derecha tradicional se juntaron con los neonazis y todo terminó en una discusión de si MAGA debería apoyar o no las guerras de Netanyahu. Tucker Carlson y JD Vance mantuvieron posturas encontradas a partir de una entrevista que el primero le hizo a Nick Fuentes, un abierto nazi y negacionista del Holocausto.

Como no son realmente anti-globalistas, sino que creen en un hemisferio americano, las negociaciones tanto comerciales como militares nunca van a terminar con México. Tampoco es posible pensar que, una vez firmados los acuerdos, Trump respete nada. Tampoco que descarte alguna agresión contra Cuba, México, Colombia, Panamá o cualquier nación que él decida que está en su rango de seguridad nacional. Será un tanto tortuoso lidiar con ese hombre que ha sido propuesto como "César Rojo" o como Jesucristo porque nada parece limitar sus decisiones, no el Congreso ni la Corte. Porque, si bien hemos hablado de la nueva derecha republicana, no se puede decir lo mismo de los demócratas liberales. Esos no han hecho una revisión autocrítica y sólo están en espera de que el trumpismo se desbarranque solo. Mientras, Trump ya no tiene ni siquiera respeto por lo que él mismo dijo el día anterior. Parte de su autocracia es que pretende reinventar todos los días sus propios dichos y en esa cabeza caben muchos.

Trump: el mafioso de las dos semanas

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

Trump: el mafioso de las dos semanas

"El mundo sigue al borde del desastre. Las propuestas de Irán nunca las aceptará Trump. Y las de Trump no puede aceptarlas Irán".

El que cree a los depredadores, no es antepasado de nadie. Quién se puede fiar de los plazos que da Trump. Cada vez que el Presidente norteamericano da a algo o alguien un plazo de dos semanas cambia de opinión unos días después y deja a sus interlocutores como idiotas o como víctimas. Dos semanas son, en los tiempos del Nabucodonosor gringo, una eternidad. Los emperadores quieren resultados inmediatos y el truhán Trump suele usar esos plazos para distraer a sus adversarios y golpearlos por sorpresa. Nabucodonosor, el emperador babilonio símbolo de la soberbia y la humillación dejaría un país que sería poco después derrotado por Ciro el Grande. Ciro el grande era persa.

Toda la gente de bien, e incluso alguna gente de mal, está enfadada con el ultimátum de Trump a Irán. Me recuerda cuando la banda terrorista ETA secuestró en 1997 a un concejal joven del PP, Miguel Ángel Blanco, y dio un plazo de 48 horas para acercar o trasladar a todos los presos de ETA a cárceles del País Vasco. El plazo y la propia propuesta eran claramente irreales. Si no se cumplía ese ultimátum, anunció que lo mataría. Y lo hizo. Para consternación de toda España. Incluidos los votantes independentistas. Fue el comienzo de fin de ETA.

Esos ultimátum son propios de terroristas o de mafiosos, no de presidentes de gobierno.

Hay una pregunta que se hace mucha gente: ¿Quién va ganando en este conflicto entre EU e Israel e Irán y ahora Líbano? El mundo entero, da igual lo lejos que esté de EU o de Irán, ya está pagando los altos costos de este ataque. Los únicos que pueden ir ganando en el conflicto en Ormuz son los chinos, que han negociado que sus barcos puedan pasar por el Estrecho. Además, están pagando en yuanes, rompiendo el gran acuerdo económico de los últimos 50 años: que decía que el petróleo se intercambiaba en dólares. Y también porque su gran competidor, EU, sigue metiendo la pata. Como decía la portada de The Economist, con la imagen nítida de Xi Jinping y la imagen borrosa de Trump: "Nunca interrumpas a tu enemigo cuando está cometiendo un error".

Trump ha despedido a su zar antiterrorismo; despidió a su máxima responsable judicial, Pam Bondi, su Fiscal General, y ha separado del mando al jefe de más alto rango en las Fuerzas Armadas, Randy George. Algo se mueve ahí adentro.
Los iraníes ahora cobran por pasar por el Estrecho. Antes no lo hacían. Tienen que recaudar para reconstruir lo destruido por Trump. El mundo paga las fechorías del Presidente del pelo naranja. El Senador demócrata por Connecticut Chris Murphy reinterpretó la tregua. Tras el anuncio del alto el fuego afirmó que Trump había dado a Irán el “control” del Estrecho, lo que suponía “una victoria para Irán que cambia la historia”.

La verdad es que a cada rato que pasa, la situación en el mundo es más incierta. Y el peligro de una guerra mundial se acerca. Resulta que Trump amenaza con acabar ni más ni menos que con una civilización, luego intervienen China y Pakistán y logran una tregua, luego Israel bombardea Líbano y asesina a más de 250 personas, luego discuten EU e Irán sobre cómo interpretar los documentos, luego vuelve Irán a cerrar el Estrecho…

¿Qué está pasando? Mucha gente dice que si finalmente se abre el Estrecho gracias a esta tregua, el mundo dirá: el idiota de Trump ha abierto el paso que había cerrado él mismo bombardeando Irán. Maldito loco bastardo: podía haberse estado quieto. Hay que tener cuidado con la pregunta acerca del declive de los EU: es deseable, pero no es real. Trump está cometiendo errores tácticos evidentes, pero también perdieron la guerra de Vietnam y terminaron ganando la guerra fría. Está perdiendo aliados, y sin aliados es complicado sostener un imperio, pero sigue siendo el país más poderoso del planeta.

No nos engañemos: la capacidad de hacer daño de EU es indudable: tiene el poderío militar, el económico, el apoyo de toda la derecha latinoamericana y de una parte de la europea, las grandes empresas, el avance de la Inteligencia Artificial ligada a la industria militar, pero aceleró una situación potencial de crisis cuando permitió que Donald Trump accediera a un segundo mandato en un contexto donde el comportamiento imperial, bravucón, amenazante y enemigo de los derechos humanos de un Presidente de los EU no tiene la autorización del mundo, tampoco de sus aliados, y tampoco de una parte importante de los norteamericanos. Ocho millones han salido a las calles estos días para protestar contra el protoemperador Trump. Los EU de hoy no son los de hace veinte años. Obama y Biden prepararon la llegada de Trump. Pero el comportamiento del actual Presidente dificulta las alianzas y se ha convertido en un socio poco fiable e, incluso, molesto.

La amenaza de destruir una de las civilizaciones más antiguas del mundo le ha granjeado muchos enemigos a Trump incluso entre sus amigos. Porque lo anunció como quien amenaza con demoler un edificio si los inquilinos no le pagan un alquiler más alto. Pero Trump no es un gestor inmobiliario que está negociando la venta de una vivienda: es el Presidente de los EU. Y en unos tiempos donde la multilateralidad va abriéndose camino. En 2006, los países de los BRICS representaban en torno al 13,1 por ciento del PIB mundial. Hoy son el 35,7 por ciento. Aunque EU mantenga su porcentaje (del 27,5 por ciento al 26,3 por ciento). Si se cree Hitler, no va a tener una Italia ni un Japón dispuestos a meterse en una guerra como hicieron Hiro Hito y Mussolini. Quizá Bukele, pero ni siquiera Milei le acompañaría contra el criterio de la Unión Europea, de Canadá, de Naciones Unidas.

Pakistán y China, que fueron los dos países que negociaron la tregua con Irán, le dieron una salida decorosa al Presidente estadounidense. Pero va acumulando derrotas, porque Israel ha lanzado el más duro ataque hasta el momento sobre Líbano. En los diez puntos asumidos por Irán, que comparte la Unión Europea, la tregua alcanzaba también a Líbano: Netanyahu, el Presidente de un país de nueve millones de habitantes que ahora mismo representa el holocausto en el siglo XXI contra los palestinos, Israel que es sinónimo de ignominia, no obedece al Presidente de los EU. Ha lanzado 160 bombas en 10 minutos sobre Líbano y ha matado a más de 200 personas. Puede meter al mundo en una guerra mundial. ¿Cómo va a explicarlo Trump a sus votantes, a los que les prometió que no iba a meter al país en más guerras? Tucker Carlson, el presentador de la Fox que tanto ayudó a darle la victoria a Trump, ha pedido a los militares norteamericanos que desobedezcan a su Comandante en Jefe, que es Trump.

Y surge una nueva pregunta: ¿Quién obedece hoy a Trump? Es verdad: los lacayos latinoamericanos, de María Corina Machado a Bukele pasando por Kast y Noboa. Mantienen el tipo Claudia Sheinbaum, Gustavo Petro, Lula Da Silva. La UE, que se ha arrodillado varias veces, paró su intento de anexionarse Groenlandia. En concreto, el gobierno de España, como el de Canadá, han rechazado con dureza los llamados de Trump y le han señalado como un criminal. China frenó el juego de los aranceles con el control de los minerales raros. Irán no le ha dejado que dé una rueda de prensa teatral narrando una victoria incuestionable en el país. Incluso en Venezuela tiene que contar con la mano derecha de Nicolás Maduro para poder decir que controla el petróleo. Trump ha hecho de EU un estado canalla que no respeta las leyes internacionales.

Pero no hay razones para el optimismo. Trump está rodeado de gente que tiene una fe supersticiosa en que su Presidente es un enviado de Jesucristo. Trump está rodeado de lunáticos ultra religiosos que dejan a los ayatolás como racionalistas ilustrados. Y están los lobbies sionistas que, por las razones que sean, convencen de cosas imposibles al máximo responsable de los EU. Quizá porque hay información sobre los papeles de Epstein, quizá una cuestión simple de dinero, quizá porque ven la oportunidad histórica de acabar con el mundo árabe.

No se sabe qué más necesitan los líderes del mundo para saber quién es Donald Trump. El resumen es conocido y no vamos a repetirlo. Pero EU es hoy un Estado canalla según los propios criterios que los EU han usado en los últimos 30 años para señalar a los estados canallas.

Por cierto, JD Vance, el Vicepresidente, ha estado esta semana en Hungría, interviniendo en unas elecciones europeas donde conectó en directo con Trump. ¿Pero qué hace el Presidente de los EU apoyando directamente a un candidato de la extrema derecha en otro país? Por mucho menos se cerró Russia Today. ¿Pero qué derecho tiene ningún Presidente a influir en las elecciones de otros países? Ya lo hizo en Honduras. Y lo ha escrito en la Estrategia de Seguridad Nacional: quiere acabar con los valores democráticos en Europa y en América Latina y va a apoyar a los que enciendan la dinamita.

Trump ha puesto al mundo al borde del ataque de nervios. Toda la gente decente del mundo ha dicho que amenazar a Irán con usar bombas atómicas o similares, es intolerable. Trump da vergüenza incluso a los suyos. El ejemplo más claro en España es Abascal, de VOX, que guarda silencio como un cobarde sin pistola. O Núñez Feijóo o Díaz Ayuso, que no han tenido el coraje de mencionar a Trump.

El mundo, pese a la tregua, sigue al borde del desastre. Las propuestas de Irán nunca las aceptará Trump. Y las propuestas de Trump no puede aceptarlas Irán. La supuesta tregua sólo está sirviendo para que Israel siga con su locura del Gran Israel. Financiado por los ciudadanos de EU y legitimado por Donald Trump, cuyas amenazas, no lo olvidemos, van preparándonos también para lo peor. Porque si ya hemos estado todo un día en vilo por el tipo de bombas que podía usar, si llega a hacerlo, ya estaremos un poco más acostumbrados.

El problema es que si masacran a Irán como han hecho con Palestina, si se rompe el tabú del uso de las bombas atómicas, si se puede devastar un país y no pasa nada como ya ha pasado en Gaza, volveremos a tener que hacernos la pregunta que se hicieron los filósofos después de Auschwitz: ¿quién va a ser capaz después de volver a escribir poesía?

Proceso a 13 militares por homicidio de dos niñas




Utopía

Eduardo Ibarra Aguirre

Ya se encuentran bajo proceso los 13 elementos del Ejército Nacional Mexicano, que es el nombre oficial de la sociedad por lo general vestida de verde, por estar vinculados, presumiblemente, al homicidio de las niñas Leidy y Alexa, de 11 y 7 años de edad, respectivamente, así como por la tentativa de homicidio de dos adolescentes y dos adultos, todos integrantes de una misma familia, el 6 de mayo de 2025 en la comunidad La Cieneguilla, Los Mochis, Sinaloa.

De acuerdo con la información proporcionada por el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, organismo no gubernamental, lo que comúnmente se le conoce como ONG, el ataque castrense sucedió cuando la familia transitaba en una camioneta por una carretera con dirección a la escuela. Sin embargo: “Al darse cuenta de que el camino estaba bloqueado, retornó hacia su casa, cuando sin previo aviso o justificación alguna, un convoy de tres vehículos del Ejército que circulaba en el otro carril abrió fuego en contra del vehículo”. Como es sabido, el Ejército es una institución dependiente de la Secretaría de la Defensa Nacional que encabeza el general secretario Ricardo Trevilla Trejo, y forman parte también de la Sedena la Fuerza Aérea –llamada la “débil aérea” por el divisionario ya fallecido Luis Garfia Magaña–, y la Guardia Nacional que tienen como comandanta suprema a Claudia Sheinbaum Pardo.

La ONG sostiene que al principio de los tan injustificables como lamentables sucesos, voceros del Ejército en Sinaloa anunciaron que se trató de un enfrentamiento, “versión que nunca fue desmentida ni corregida públicamente por las autoridades”; si nos atenemos al juicio del Miguel Agustín Pro Juárez. Mantener tal versión es un contrasentido completo en los tiempos que corren, significados desde el 1 de diciembre de 2018 y ratificado el 1 de octubre de 2024 por la escueta pero harto significativa y comprometedora política de Cero Impunidad, que con mucha frecuencia explica la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo como un rumbo esencial de su gobierno y en su trabajo cotidiano.Más todavía si tomamos en cuenta que desde el 31 de marzo pasado las víctimas fueron notificadas de la aprehensión de los 13 militares. El pasado 6 de abril, el juez de control Josué Noé Egure Yáñez, adscrito al Centro de Justicia Penal Federal con sede en los Mochis, Sinaloa, dictó la vinculación a proceso por
homicidio calificado y homicidio calificado en grado de tentativa.

Denuncia que “Los elementos castrenses cuentan con adiestramiento y formación en el uso de la fuerza y existía una alta previsibilidad del resultado letal que ocasionaría el accionar sus armas en contra de la camioneta en la que transitaba la familia, además de no actualizarse alguna causal de exclusión de responsabilidad”; subraya el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro. Naturalmente que la última palabra la dictarán los jueces y es de esperarse que actúen en forma imparcial y justa, ajenos a presiones de cualesquiera tipos, civiles o militares; mientras tanto los procesados continúan siendo simplemente presuntos homicidas. Y la Defensa Nacional está obligada a proporcionarles defensores.

Mientras tanto permanece archivada la iniciativa de ley en la Cámara de Senadores para que se legisle respecto a la creación de una defensoría de los derechos humanos de los soldados y de la sociedad respecto de éstos, formulada por el general y posdoctor José Francisco Gallardo Rodríguez, fallecido el 29 de abril de 2021.
 
Acuse de recibo

El ingeniero Heberto Castillo Martínez es reconocido merecidamente en estos días con motivo del 29 aniversario de su fallecimiento (5-IV-97) y se reproduce la idea de que renunció a la candidatura presidencial del Partido Mexicano Socialista, en 1988, para apoyar la del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, pero se omite que la declinación se produjo después de la presión pública y privada que ejercieron sus compañeros, en forma destacada Arnoldo Martínez Verdugo –misma que registro La Jornada– y Gilberto Rincón Gallardo, el secretario general del PMS. (…) De la pintora y escultora Nisaa Louise Wall: “Gracias. Abrazos y bendiciones. Hasta pronto

Una nota sobre la película Núremberg: el juicio del siglo

 Héctor Alejandro Quintanar

Una nota sobre la película Núremberg: el juicio del siglo

"El juicio de Núremberg obedece no sólo a la necesidad de justicia transicional, también a los pactos vistos en las conferencias de Yalta y Teherán".

El cine de Hollywood debe siempre interpretarse con pinzas, por la simple razón de que ante todo es una plataforma de entretenimiento que, como tal, pondera ciertos lenguajes, contenidos y recursos para convertir los sueños en una realidad visual. Dicho esto, se aclara que quien esto redacta y relata con su voz, no es especialista en cine ni aspira a serlo, sino sólo un aficionado que, sin embargo, puede extraer conclusiones de películas para la coyuntura política.

En ese sentido, está en cartelera el filme Núremberg, el juicio del siglo, dirigida por James Vanderbilt, y protagonizada por Russel Crowe en el papel de Hermann Göring y Rami Malek como el psiquiatra Douglas Kelly. Un primer comentario de arranque debe señalar que el largo proceso de la Segunda Guerra Mundial ha sido, es, y al parecer seguirá siendo en el futuro, una fuente inagotable de historias y ángulos que puede garantizar un público amplio en el cine, la literatura, el cómic, el documental y la investigación histórica.

En ese tenor, hay sin embargo un riesgo: aunque ese hecho histórico dé para posibilidades creativas infinitas, ante un tema tan construido por tantos frentes, siempre se debe tratar de dar una novedad, un punto omitido, un discurso novedoso que atrape a la audiencia y la haga sentir que valió la pena haber entrado una vez más a una sala de cine que tratará de otra película sobre el proceso central de la primera mitad del siglo XX.

La película tiene en ese respecto sus ventajas. La historia es conocida: relata el proceso de los Juicios de Núremberg, primer caso en la historia de un intento de justicia transicional operado por un pionero intento de legalidad internacional encabezada por las potencias ganadoras en la Guerra.

El aspecto que se resalta de ello es uno curioso. Se toca la serie de crímenes que cometió la élite nazi, y, tangencialmente, las motivaciones de la necesidad de un juicio a los jerarcas del nazismo que sí se logró atrapar, donde destaca desde luego el Ministro del Aire de Hitler, Göring, quien en algún momento pudo suceder al líder como mandatario supremo en Alemania.

En la historia real, el juicio de Núremberg obedece no sólo a la necesidad de una justicia transicional, sino también a los pactos y ambientes vistos en las conferencias de Yalta y Teherán desde 1943, cuando las potencias de Occidente, encabezadas por Roosevelt y Churchill, apostaban a una alianza a largo plazo con la Unión Soviética, que durara después de la Guerra, y sirviera para que el Ejército rojo fuera parte de la seguridad europea en la posguerra, donde las potencias occidentales estarían debilitadas tanto por la conflagración como por los intereses coloniales que países como Inglaterra o Francia aún deberían cuidar.

El espíritu de Yalta y Teherán no se cumplió, y, como es bien sabido, de la Segunda Guerra Mundial no prosiguió una alianza duradera entre los soviéticos y el así llamado occidente, sino más bien la Guerra Fría, que no inauguraba, sino que reactivaba, el ambiente febril de paranoia y juego de suma cero que primó desde el triunfo de la Revolución Bolchevique en el Mundo en 1917. Pese a eso, los juicios a los criminales de guerra nazis eran parte de ese intento de los Aliados de construir una paz que intuían precaria.

En la película, este juicio es sin embargo visto no desde esa perspectiva sino una que puede ser más interesante: la decisión de los Aliados de que en el proceso los prisioneros nazis estuvieran bajo observación psiquiátrica, para evitar que se suicidaran y evadieran su responsabilidad, labor que encabeza el psiquiatra estadunidense Douglas Kelly, quien toma como paciente a Göring, con una iniciativa personal oculta: la de obtener información de primera mano que le permita escribir posteriormente un libro que sea un éxito comercial.

La labor de Kelly se ve influida por el hecho de estar en contacto con Göring no como un despiadado ministro de un régimen dictatorial y asesino, sino como un hombre que tiene además otras facetas, como la de un conversador singular y un integrante de una familia conformada por su esposa e hija, a las que Kelly, por razones profesionales y para ahondar en la personalidad de su paciente, conoce.

En los puntos álgidos de la película, Kelly tiene obstáculos brutales para cumplir sus cometidos, lo cual hacen del filme un constante episodio de suspenso donde a través de la exploración de la salud mental, se pone en perspectiva histórica el crimen de lesa humanidad que significa el nazismo.

No se relatará aquí el final de la película, pero sí dos lecciones importantes en sí mismas y de utilidad para los tiempos que corren. La primera de ellas es que en tiempos donde se perpetra un genocidio en Gaza y donde en una potencia mundial gobierna un postfacista como Trump, el tema del nazismo sobresale como un proceso de estudio inacabado, cuyos conceptos no deben banalizarse, pero los personajes que se le asemejan en el siglo XXI no deben minimizarse.

Y, asimismo, debe resaltarse un punto, a riesgo de adelantar la enseñanza central de la película, y es que una de las conclusiones de Douglas Kelly es que los jerarcas nazis no eran monstruos exclusivamente alemanes e irrepetibles, sino más bien personas cuyos rasgos peligrosos pueden emerger en cualquier lado.

No ahondo en esta tesis para invitar al público a ver la película y así no darle un final precoz con una reflexión conclusiva. Pero sí vale señalar que, proponiéndoselo o no, la película da en el clavo: el nazismo es en efecto un fenómeno irrepetible, pero la personalidad que puede derivar en proyectos destructivos es algo inherente a los seres humanos de todas las sociedades, y, por lo tanto, el peligro está latente.

Dicho de otro modo, no hay aún una vacuna contra el nazismo ni contra los regímenes que apelan a un supremacismo violento que ponga en vilo al planeta. Con todas las proporciones guardadas, y en aras del rigor histórico, no podemos asegurar que entes como el genocida que gobierna Israel y el energúmeno prepotente que zangolotea el barco estadunidense son como Hitler o como Göring. Pero sí se le parecen en una cosa: ambos personajes, al igual que en su momento el führer alemán, no son la enfermedad sino el síntoma de un problema más grande: las sociedades que los construyen y los permiten.

Trump pausó el nearshoring en México, pero no lo mató

Mario Campa

Trump pausó el nearshoring en México, pero no lo mató

"En el largo plazo, el relato del nearshoring podría retornar, pero es incierto si regresará en carne viva en forma de un espectro ambulante".

La manufactura tuvo un año de claroscuros. Una nota reciente de Moody’s, segunda calificadora de riesgo crediticio más grande del mundo, envió una señal de confianza: “A pesar de los aranceles, México terminó con un superávit comercial ascendente, contrario a las expectativas”, escribió Alfredo Coutino. Antes, a finales de diciembre, el Wall Street Journal publicó una pieza titulada “El ganador inesperado de los crecientes aranceles estadounidenses es México” que destacó la dinámica sorpresiva de las exportaciones. A pesar de este par de muestras de optimismo flotante en aguas analíticas someras, un nado profundo en las capas más hondas de la manufactura y el relato del nearshoring, ambos aún acechados por Trump, invita a la cautela.

A pesar de enfrentar aranceles efectivos más altos, que oscilan entre el 3.8 por ciento y el 4.7 por ciento contra el 1.8 por ciento a 3.7 por ciento de Canadá, México amplió su participación de mercado en las importaciones estadounidenses. Las cifras de comercio internacional muestran que las compras provenientes de México aumentaron un 5.8 por ciento en 2025 frente al 2024, superando los 534 mil millones de dólares, mientras que las importaciones desde Canadá disminuyeron un siete por ciento, hasta 383 mil millones de dólares, por una mayor dependencia en las ventas de aluminio y petróleo. Hasta aquí, buenas noticias.

Las fábricas de México respondieron a los aranceles con tácticas subrepticias para mantener volúmenes de venta en Estados Unidos. Cifras del Departamento de Comercio muestran que la proporción del valor de los bienes que cruzó la frontera con trato preferencial del T-MEC subió de 44.8 por ciento en enero de 2025 a 88.7 por ciento en noviembre. Para contrarrestar las tarifas, los exportadores cumplieron las exigencias de contenido regional, y además adelantaron ventas. Asimismo, trasladaron a proveedores una fracción de la compresión de márgenes. No obstante, la Inversión Extranjera Directa (IED) en la manufactura cayó en 2025 un 25.5 por ciento a 14 mil 800 millones de dólares desde 19 mil 900 millones de dólares en 2024, mientras que la inversión fija bruta de maquinaria y equipo descendió ocho por ciento en enero en relación al año anterior y acumula 14 meses en cifras negativas, lo cual sugiere una congelación de planes de capacidad expansiva. Por otra parte, como evidencia adicional de estrés, una lupa al empleo delata que las plantas también recortaron personal para blindar ganancias inmediatas.

Las fábricas recortaron trabajadores por la incertidumbre crónica y expectativas comerciales deterioradas. Con cifras del Inegi, la manufactura mexicana perdió en 2025 más de 237 mil empleos e hiló un segundo año de caída (ENOE 12/2025), luego de que en 2024 fueron más de 387 mil empleos perdidos (ENOE 12/2024). Con este resultado, México perdió los 568 mil empleos en la manufactura que ganó en 2023. Además, el peso de la manufactura en el empleo total descendió a 15.7 por ciento desde el 17.1 por ciento del empleo total que llegó a tener en 2023 en pleno boom del nearshoring. Detrás del bache, la figura de Trump sobresale.

La pérdida de empleo fue encabezada por caídas en la fabricación de equipo de transporte, subsector que más sufre los aranceles de Trump. Por una parte, la industria automotriz de vehículos pesados está en situación crítica y experimentó en 2025 una contracción anual de casi 35 por ciento en unidades producidas y alrededor de 29 por ciento en unidades exportadas, en gran parte atribuible al arancel focalizado de Trump. En cuanto a los vehículos ligeros, la producción anual cayó casi uno por ciento y las unidades exportadas cerca de tres por ciento. En ambos casos, los planes de expansión fueron frenados en seco.

Aunque las fábricas mexicanas respiran sin ventilador mecánico, continúan en cuidados intensivos a la espera de un traslado a piso. Trends, herramienta de Google para medir el tráfico de búsquedas, muestra que el término nearshoring en México apenas alcanza una décima de la atención que llegó a tener en su pico en 2024 y sólo una quinta parte del promedio visto desde inicios de 2023 hasta la elección presidencial en Estados Unidos. Un ejemplo del impacto disuasivo de Trump es en la industria automotriz, donde BYD y Geely, armadoras líderes en China, cancelaron planes de construir fábricas nuevas en México por fricciones geopolíticas y enfrentan obstáculos para comprar la planta de Nissan en Aguascalientes por temor a descarrilar la revisión del T-MEC. En general, aunque la manufactura amortiguó el potencial cisne negro, agrega exigua capacidad. La parálisis en la construcción de naves industriales por una mayor tasa de vacancia testimonia el momento.

Trump pausó el relato de la relocalización de inversiones, pero no lo mató por completo. México consolidó su delantera como el principal proveedor del hegemón con una participación de mercado de 15.6 por ciento frente 11.1 por ciento de Canadá y 9.1 por ciento de China. Además, el revés de la Suprema Corte a la Casa Blanca reduce la tasa arancelaria media aplicada a México. Por último, una derrota en las elecciones intermedias de noviembre debilitaría la imagen de hombre duro de Trump y activaría el conteo regresivo del último baile.

¿Qué puede hacer México entretanto? En primer lugar, aprovechar el distanciamiento entre Ottawa y Washington para obtener ventajas marginales en la revisión del T-MEC. En segundo, reforzar los incentivos para que la industria desaventajada sustituya más componentes y obtenga aranceles preferenciales. En tercero, prevenir una sobreapreciación del peso mexicano ante la debilidad del dólar para evitar un vuelco comercial súbito a costa de más empleo en la manufactura. En cuarto, aprovechar la nueva modalidad de inversión mixta para diseñar esquemas de cofinanciamiento entre la banca comercial y la de desarrollo para que el Plan México gane grados de realidad. Por último, aumentar la recaudación tributaria en sectores sanos e individuos pudientes para robustecer desde ya la capacidad de la política industrial y el gasto contracíclico sin afectar el consumo, en especial de los más pobres.

En el largo plazo, el relato del nearshoring podría retornar, pero es incierto si regresará en carne viva o acaso en la forma de un espectro ambulante. Mucho dependerá de la pericia para enfrentar las exigencias de la Casa Blanca, pero también de la habilidad para no cerrar la puerta en las narices de quienes buscan trasladar las cadenas de suministro de Asia a Norteamérica. Si cualquiera falla, Vietnam, Taiwán, India y hasta Canadá, si logra acercamiento efectivo con China, podrían ganar atractivo en relación a México. En cualquier caso, para depender menos de las exportaciones y aprovechar las lecciones de la historia, crear una masa de consumo interno más robusta restaría vulnerabilidad al veletismo de Washington. Que los trabajadores puedan comprar el fruto de su trabajo no sólo apuntala la justicia social, sino también desata un desarrollo económico a prueba de los tragos amargos de la geopolítica, que suele castigar la dependencia.

En teoría, el régimen debió cambiar antes

 Lorenzo Meyer

En teoría, el régimen debió cambiar antes

"Entre los intelectuales que identificaron las causas del final del régimen priista se vislumbró la posibilidad de que el cambio se diera 'desde dentro'".

En teoría, el México actual debió de haberse transformado en democracia de manera pacífica y efectiva desde hace un buen tiempo. Pero su clase política no se arriesgó a aceptar las propuestas, bien razonadas, que le hicieron entonces algunos teóricos y que partían del supuesto que era mejor para todos, inclusive para las élites “otorgar” la democracia a la sociedad y no esperar a que ésta fuera “arrancada” tras forcejeos, movilizaciones, represión y crisis de legitimidad.

El proceso de reexaminar y juzgar grandes eventos o tendencias políticas del pasado, coyunturas críticas de otras épocas, puede llevarnos a modificar no lo que ya pasó sino las interpretaciones de lo que pasó. Y es que resulta casi inevitable especular desde el aquí y ahora sobre desenlaces diferentes de lo que efectivamente aconteció. Tal ejercicio no es vano sino una forma de aprovechar experiencias pasadas para mejorar tanto el presente como las posibilidades del futuro.

El régimen político mexicano al que la gran movilización electoral encabezada por Andrés Manuel López en 2018 le dio la puntilla en las urnas, fue el sistema político autoritario más longevo de la América Latina en el siglo XX. A lo largo de su existencia la naturaleza de ese sistema fue examinada y juzgada por muchos, entre ellos académicos e intelectuales que advirtieron fallas graves y la necesidad de cambiarlo para evitarle a la Nación otro final de régimen catastrófico.

En el pasado algunos de los estudiosos de los procesos políticos de nuestro país detectaron y expusieron fallas y contradicciones de fondo en la Pax priista y plantearon la necesidad de proceder a modificar al régimen desde su interior y sin esperar a que sus contradicciones se agudizaran y llevaran a callejones sin más salida que el choque violento. Desde esa perspectiva era factible cambiar al régimen sin tener que volver a someter a la sociedad mexicana a nuevas etapas de tensiones o a sufrir la prolongación indefinida de las deformidades del autoritarismo y la corrupción.

El régimen que había nacido en 1910 como resultado de una movilización ciudadana de protesta contra el fraude electoral y que finalmente se transformó en revolución tuvo como lema central el “sufragio efectivo” es decir el hacer auténtico los procesos electorales. En 1913 la reacción contra un golpe militar de la derecha llevó a que las demandas de los inconformes adquirieran un contenido social radical y su movilización devino en una verdadera revolución que puso fin a un viejo orden oligárquico. El punto culminante del nuevo régimen fue la presidencia del joven general michoacano Lázaro Cárdenas (1934-1940). Pero cuando finalmente este nuevo orden con base social amplia y popular se asentó, su desdén por practicar una democracia política genuina le llevó a adquirir una naturaleza tan antidemocrática, autoritaria y corrupta como la que tuvo aquel al que sustituyó. Pese a todo, ese nuevo sistema se mantuvo vigente por poco más de un siglo y en su etapa final ya era una oligarquía tan bien estructurada y extractiva como la que existía en la etapa previa, la porfirista.

Para cuando la II Guerra Mundial concluyó era evidente que la Revolución Mexicana también había llegado a su final y que ya daba señales de estar girando hacia la derecha. Fue entonces cuando empezaron a aparecer voces de alerta por la modificación en la naturaleza del proyecto nacional. Un ejemplo de esas voces fue el diagnóstico de Daniel Cosío Villegas que publicó en 1947, cuando apenas se iniciaba el alemanismo -un período presidencial que pasaría a la historia como símbolo de la corrupción política postrevolucionaria- y que apareció en Cuadernos Americanos como La crisis de México y que le valió al autor una andanada de reseñas negativas y el quedar relativamente marginado del debate nacional.

La crisis anunciada por Cosío no parecía evidente entonces, entre otras cosas porque no era una mera coyuntura como otras que en el pasado inmediato también habían sido calificadas como crisis -rebeliones de militares descontentos o de católicos que consideraban intolerable vivir en un Estado laico, choques con la potencia hegemónica o descalabros de la economía- sino que era un problema diferente, uno de moral política. El origen de esa crisis radicaba en el manejo corrupto del poder y en la negativa de la clase gobernante de avanzar en la democratización prometidas por el movimiento revolucionario.

Para muchos de los observadores y actores de la vida pública mexicana de entonces lo realmente significativo no era la moral sino el crecimiento económico propiciado por los arreglos del fin de la II Guerra Mundial, la buena relación con la potencia hegemónica del hemisferio, la estabilidad política propia de un partido de Estado, la industrialización vía la sustitución de importaciones y la rápida urbanización de una sociedad que estaba dejando atrás su carácter rural.

En ese ambiente, para muchos de quienes leyeron el ensayo de Cosío Villegas, la crisis anunciada no era relevante porque simplemente no les convenía aceptar que la “deshonestidad administrativa” de la que hablaba Cosío ya le estaba ganado la partida a los impulsos de justicia social y democracia que habían legitimado a la Revolución Mexicana.

Cuando arribó a la presidencia Miguel Alemán (1946-1952), el ejercicio del poder con un partido de Estado, elecciones hechas desde la Secretaría de Gobernación, medios de comunicación controlados, represión justificada por el anticomunismo y una presidencia sin contrapesos efectivos -características todas del autoritarismo-, la postrevolución ya había forjado los primeros y sólidos eslabones de la que sería una cadena de presidencias fuertes, encabezadas por civiles ya sin biografía revolucionaria, ajenas a la democracia pero muy dadas a tolerar o fomentar la corrupción y muy efectivas en el arte de combinar represión con cooptación.

Fue en ese ambiente generado por una “familia revolucionaria” sin enemigo significativo al frente, con gran confianza en su modus operandi, en su proyecto de modernización económica y de enriquecimiento personal y en su capacidad de control sobre las variables del poder, que los poderosos de la época simplemente ignoraron, desdeñaron o ridiculizaron diagnósticos como el de Cosío, un intelectual forjado en el vasconcelismo original. Sólo el tiempo habría de permitir aquilatar plenamente el valor del diagnóstico temprano de lo que sería uno de los nuevos “grandes problemas nacionales”.

Una de las conclusiones a las que arribó entonces Cosío fue que ni la oposición de derecha -su diagnóstico sobre el PAN fue demoledor- ni la de la izquierda de entonces, anterior a la acentuación de la Guerra Fría, pero ya afectada por la cooptación personificada por Vicente Lombardo Toledano, podían ser alternativa viable a un PRI sin rival pero que tarde que temprano podría ver en su subordinación a Estados Unidos -convertidos ya en la mayor potencia mundial- la solución de los problemas estructurales del país. Medio siglo más tarde la firma de un tratado de libre comercio con Estados Unidos suscrito en un entorno de emergencia económica, le daría la razón a Cosío en este punto crucial.

En las circunstancias descritas, la única salida viable a la crisis era que desde dentro del propio grupo dominante surgiera una corriente que se propusiera una “reafirmación de principios y una depuración de hombres” que permitiera recuperar la esencia del proyecto original de sufragio efectivo, equidad, justicia e identidad propia de la Revolución y de relacionarse con Estados Unidos “sin dejar de ser México”.

Dos décadas más tarde, la demanda de buscar la salvación nacional vía el cambio desde arriba y desde dentro del propio régimen -la llamada “democracia otorgada”- fue reformulada por otro académico: Pablo González Casanova.

En 1965 apareció La democracia en México. Este examen del sistema político postrevolucionario en su etapa de madurez ya no fue un ensayo sino un sólido estudio socio político sobre la naturaleza y la mecánica del poder autoritario en México. La obra apareció justo en el momento en que ese sistema postrevolucionario estaba en la cima de su evolución, pero en vísperas de experimentar el tipo de crisis vaticinada por Cosío 18 años atrás: el movimiento estudiantil de 1968. Y aunque “el sistema” se mantendría vigente por varias décadas más su legitimidad quedó tocada de manera irremediable.

Lo que el autor de La democracia en México mostró con datos e interpretaciones precisas y una cuidadosa mezcla de los enfoques teóricos marxista y estructuralistas dominantes entonces en la URSS y los Estados Unidos, fue lo que el ciudadano promedio ya intuía: que la “democracia mexicana” no era más que un caparazón de una organización de un poder en esencia autoritario y de estructura muy compleja de arreglos al margen de la legalidad y con poca legitimidad.

Y es que la sociedad mexicana había transformado mucho en su demografía y en su complejidad económica, social y cultural respecto de lo que era cuando el régimen se consolidó y los arreglos antidemocráticos vigentes eran ya un obstáculo al desarrollo del país. Sin embargo, en esa coyuntura los dirigentes del aparato de poder mexicano aún tenían la posibilidad de transformar en el marco dentro del cual transcurría el ejercicio de su poder: ir por el camino de la “democracia otorgada” de lo contrario se corría el riesgo de hacer estallar ese marco.

Finalmente, sería un entorno caracterizado por la represión del 68 (más su secuela en el 71), la “guerra sucia”, los efectos sociales del neoliberalismo adoptado como proyecto nacional y el neozapatismo, lo que alentó las inconformidades generadas por la izquierda dentro del propio partido de Estado y que desembocaría en una “rebelión interna” encabezada por el hijo del general Cárdenas, Cuauhtémoc, en 1987.

En el inicio, esos “los rebeldes desde dentro” fueron apenas un puñado de notables pero muy pronto otros se les unieron hasta crear una movilización popular y entonces se empezó a vislumbrar la posibilidad efectiva de un gran proceso de cambio político en el México, de una “democracia arrancada” por las movilizaciones opositoras que tras superar fraudes electorales y muchos otros obstáculos cristalizó en 2018 al poner en la presidencia del país a Andrés Manuel López Obrador, un carismático opositor de izquierda que había iniciado su carrera política dentro del PRI pero que lo abandonó para unirse y luego revigorizar la movilización neocardenista hasta lograr cerrar pacíficamente el largo ciclo autoritario de la post Revolución Mexicana.

Se puede concluir que entre los intelectuales que identificaron las causas que llevarían al final del régimen priista se vislumbró la posibilidad de que el cambio se diera “desde dentro” pero esta posibilidad no se concretó. Sólo hasta que políticos profesionales formados dentro del propio sistema priista pero inconformes con su deriva derechista se arriesgaron y optaron por actuar desde fuera, cuando el cambio se materializó. La “democracia otorgada” si hubiera sido posible pero nunca tuvo una oportunidad real. Las reformas desde dentro existieron, pero fueron “gatopardistas” y sólo la “democracia arrancada” tuvo éxito, aunque en ese proceso destacaron un buen número de expriistas en particular Andrés Manuel López Obrador.

https://lorenzomeyercossio.com/

contacto@lorenzomeyercossio.com

Nadie detiene el frenesí asesino de Donald Trump

 


Pedro Mellado Rodríguez

Nadie detiene el frenesí asesino de Donald Trump

"La estela de abusos y crímenes que Trump ha sembrado en el planeta en año y dos meses empezó con una feroz campaña contra migrantes".

Los estadounidenses tendrán en los comicios del martes 3 de noviembre del 2026 la oportunidad de recuperar algo de la dignidad y el decoro extraviado, al convertirse en una democracia severamente erosionada y cuestionada, si logran arrebatarle al Presidente Donald Trump el arbitrario poder que tantos abusos y crímenes ha consecuentado, al despojarlo del control mayoritario de la Cámara de Representantes, en la cual se elegirán 435 nuevos legisladores y también el control de la Cámara de Senadores, en la cual se renovarán los titulares de 35 de las 100 plazas que la integran. Con mayoría en ambas cámaras, los demócratas podrían promover juicio político para destituir a Donald Trump.

La Constitución Política de los Estados Unidos de Norteamérica establece que el Presidente del vecino país puede ser destituido mediante juicio político por traición, soborno u otros delitos graves y faltas, o en su defecto, inhabilitado por incapacidad física o mental. La Cámara de Representantes debe aprobar la realización del juicio político y el Senado convertirse en jurado de sentencia con una mayoría de dos tercios.

Además, la Constitución estadounidense señala que si se juzga al Presidente de los Estados Unidos, la sesión será presidida por el Magistrado presidente de la Corte Suprema. La sentencia en casos de juicio político no podrá exceder de la destitución del cargo, y la inhabilitación para obtener y desempeñar cualquier cargo de honor, de confianza o con retribución en el gobierno de los Estados Unidos; pero el funcionario convicto quedará, no obstante, sujeto a ser acusado, juzgado, sentenciado y castigado de acuerdo con la Ley.

La estela de abusos y crímenes que Donald Trump ha sembrado en el planeta en apenas un año y dos meses empezó con una feroz campaña racista, discriminatoria, humillante en contra de los migrantes que en forma legal o irregular radican en suelo estadounidense. Del 20 de enero de 2025, cuando inició su segundo mandato Donald Trump, al 31 de marzo de 2026, se registraron 14 muertes de mexicanos en el contexto de la feroz ofensiva del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas del gobierno de Estados Unidos.

Desde el primer día de su mandato, Donald Trump amenazó al mundo y lo tiene estresado. Ha sido una calamidad tanto para sus amigos como para sus enemigos. Y ha jugado con los impuestos de tal forma que ha desestabilizado la economía del mundo al violar todas las reglas de manera arbitraria. Ha chantajeado a todos.

Ha amenazado con invadir por la fuerza de las armas a algunos países como Groenlandia, México y Cuba. Además del secuestro del Presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Celia Flores el 3 de enero de 2026, desde septiembre del 2025 desató una feroz cacería de presuntos narcotraficantes a los que ha asesinado en ejecuciones extrajudiciales en aguas internacionales del Mar Caribe y del Océano Pacífico, y respaldó a Israel en la guerra contra Irán.

Ha promovido e impuesto el fascismo delirante en la nación imperial que se siente dueña del mundo, alardeando de un autoritarismo y un nacionalismo radical de supremacista blanco, violento, grosero, agresivo, vulgar, inspirado en una doctrina militarista del poderoso abusivo y pendenciero. Y la mayoría de los países del mundo han permanecido callados, lo mismo que la Organización de las Naciones Unidas.

Euforia criminal

Algún día tendrá que pagar por sus crímenes, pues apoyado en el poder militar del imperio, el gobierno del estadounidense Donald Trump ejecutó de manera extrajudicial y en aguas internacionales, tanto del Mar Caribe como del Oceano Pacífico, entre septiembre del 2025 y febrero del 2026, a por lo menos 145 personas desde que Washington comenzó a atacar a quienes denomina “narcoterroristas” que presuntamente trafican drogas en pequeñas embarcaciones.

La fiebre asesina de Donald Trump se expresó por primera ocasión el martes 2 de septiembre del 2025, cuando en aguas del Caribe ordenó el ataque contra una lancha tripulada por venezolanos y fueron ultimadas 11 personas, que sin prueba o evidencia alguna, el gobierno de Estados Unidos aseguró que eran miembros del cártel delictivo conocido como Tren de Aragua, una organización que la administración trumpista clasificó como terrorista en 20 de febrero febrero del 2025.

Ese día el Departamento de Estado del gobierno estadounidense anunció la designación como organizaciones terroristas al Tren de Aragua, Mara Salvatrucha (MS-13), Cártel de Sinaloa, Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cártel del Noreste (antes los Zetas), la Nueva Familia Michoacana, Cártel de Golfo y Cárteles Unidos. El comunicado advertía que la intención de designar a estos cárteles y organizaciones transnacionales como terroristas era proteger a Estados Unidos y a los países del continente americano, así como poner fin a las campañas de violencia y terror de estos despiadados grupos, tanto en Estados Unidos como a escala internacional.

En algún momento la Corte Penal Internacional, que tiene su sede en La Haya, Países Bajos, tendrá que analizar la conducta criminal de Donald Trump y del gobierno de Estados Unidos. Tendrá que hacerlo como instancia responsable de castigar los crímenes más graves que afectan a la comunidad internacional: el genocidio, los crímenes de guerra, los crímenes de lesa humanidad y el crimen de agresión. Estos delitos se definen en el Estatuto de Roma, que regula las funciones, facultades y obligaciones de la Corte Penal Internacional, emitido por las Naciones Unidas el 17 de julio de 1998, para entrar finalmente en vigor el primero de julio de 2002.

Por haber ocurrido estos asesinatos, presumiblemente en aguas internacionales, fuera de la jurisdicción de alguna nación en particular, en esta “guerra” que inició el gobierno de Estados Unidos, aplicaría la disposición del Artículo 8 del Protocolo de Roma, que define los crímenes de guerra como el homicidio intencional, así como las condenas dictadas y las ejecuciones sin previo juicio ante un tribunal regularmente constituido, con todas las garantías judiciales generalmente reconocidas como indispensables.

Mientras que el Artículo 25 del mismo Protocolo de Roma señala que tendrá Responsabilidad Penal Individual, de conformidad con el este Estatuto, la persona que cometa el crimen por sí solo, con otro o por conducto de otro, o en su caso, proponga o induzca la comisión de ese crimen, ya sea consumado o en grado de tentativa.

Donald Trump podría seguir el mismo camino que su entrañable amigo el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu. Habría que recordar que el 21 de noviembre del 2024 la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto en su contra, por ser presuntamente responsable de crímenes de guerra, al hacer padecer hambre como método de guerra y de dirigir intencionalmente un ataque contra la población civil palestina en la Franja de Gaza.

A Benjamín Netanyahu se le acusa de crímenes de lesa humanidad, de asesinato, persecución y otros actos inhumanos desde al menos el 8 de octubre de 2023 hasta el 20 de mayo de 2024, según publicación de la Corte Penal Internacional en su página oficial de Internet. Acusaciones de las que no estaría exento el Presidente estadounidense Donald Trump.

Contra Irán

El pasado domingo 5 de abril del 2026, en su red social Truth, el asesino de la Casa Blanca publicó: “El martes será el Día de la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá. Presidente DONALD J. TRUMP”.

Dos días después, el martes 7 de abril del 2026, Donald Trump reiteró las más agrias expresiones de sus salvajes rencores y desmesuras: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá. Sin embargo, ahora que tenemos un Cambio de Régimen Completo y Total, donde prevalecen mentes diferentes, más inteligentes y menos radicalizadas, quizá algo revolucionariamente maravilloso pueda suceder. ¿QUIÉN SABE? Lo descubriremos esta noche, uno de los momentos más importantes en la larga y compleja historia del mundo. 47 años de extorsión, corrupción y muerte finalmente terminarán. ¡Dios bendiga al gran pueblo de Irán!”.

La noche del martes 7 de abril del 2026 se informó que Irán y Estados Unidos habían llegado a un acuerdo de alto al fuego, que se mantendría durante dos semanas, condicionado a que la nación persa abriera al tránsito marítimo el Estrecho de Ormuz. Los ataques aislados en el Golfo continuaron la madrugada del miércoles, horas después de que se alcanzara el acuerdo. Israel dejó claro que continuaría su campaña militar contra Hezbolá en el Líbano. Y la tregua no duró ni siquiera 24 horas.

Con el pretexto de eliminar el programa nuclear y militar de Irán, Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra la nación persa el sábado 28 de febrero del 2026. La administración de Donald Trump justificó las acciones en el supuesto de evitar que Irán obtenga un arma nuclear, eliminando misiles balísticos y atacando su infraestructura militar.

¿Y el Consejo de Seguridad?

Firmada el 26 de junio de 1945 en San Francisco, California, Estados Unidos, la Carta de las Naciones Unidas define las funciones del Consejo de Seguridad, instancia que debería haberse involucrado para evitar el conflicto armado y sancionar los abusos de guerra cometidos por Estados Unidos e Israel.

En su Artículo 23, la Carta de las Naciones Unidas establece que el Consejo de Seguridad se compondrá de 15 miembros. La República de China, Francia, la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (actualmente Rusia), el Reino Unido de la Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América, serán miembros permanentes del Consejo de Seguridad. La Asamblea General elegirá otros 10 Miembros de las Naciones Unidas que serán miembros no permanentes del Consejo de Seguridad y formarán parte del organismo durante dos años.

El Consejo de Seguridad debe intervenir para procurar que los países involucrados en una controversia que puedan poner en peligro el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales busquen soluciones mediante la negociación, la investigación, la mediación, la conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.

Pero también, como establece el Artículo 41 de la Carta de las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer efectivas sus decisiones, y podrá convocar a los Miembros de las Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas, radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de relaciones diplomáticas.

En el supuesto de que estas medidas disuasivas no fueran suficientes, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas.

La Carta de las Naciones en su Artículo 51 aclara que ninguna disposición irá en menoscabo del derecho de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Nada de esto ha sucedido en el caso de la guerra declarada unilateralmente por Estados Unidos e Israel en contra de Irán. Por el contrario, irónicamente, el miércoles 11 de marzo del 2026 el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución que condena "en los términos más enérgicos" los ataques con misiles y drones lanzados por Irán contra Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. El texto, impulsado por los países del Golfo, obtuvo 13 votos a favor y las abstenciones de Rusia y China, publicó ese organismo de las Naciones Unidas en su página oficial.

La resolución exige el cese inmediato de todas las agresiones iraníes y demanda a Teherán que "cese inmediata e incondicionalmente cualquier provocación o amenaza contra los Estados vecinos”, incluido el uso de intermediarios. También deplora los ataques a civiles mediante el bombardeo de zonas residenciales, aeropuertos, instalaciones energéticas e infraestructuras críticas, así como los ataques contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz. Pero nada dice la ONU sobre las agresiones de Estados Unidos e Israel a Irán y a Líbano. Así está el mundo que Donald Trump encamina, insensatamente, hacia una conflagración mundial que podría incluso terminar con la raza humana.