Los estadounidenses tendrán en los comicios del martes 3
de noviembre del 2026 la oportunidad de recuperar algo de la dignidad y
el decoro extraviado, al convertirse en una democracia severamente
erosionada y cuestionada, si logran arrebatarle al Presidente Donald
Trump el arbitrario poder que tantos abusos y crímenes ha consecuentado,
al despojarlo del control mayoritario de la Cámara de Representantes,
en la cual se elegirán 435 nuevos legisladores y también el control de
la Cámara de Senadores, en la cual se renovarán los titulares de 35 de
las 100 plazas que la integran. Con mayoría en ambas cámaras, los
demócratas podrían promover juicio político para destituir a Donald
Trump.
La Constitución Política de los Estados Unidos de
Norteamérica establece que el Presidente del vecino país puede ser
destituido mediante juicio político por traición, soborno u otros
delitos graves y faltas, o en su defecto, inhabilitado por incapacidad
física o mental. La Cámara de Representantes debe aprobar la realización
del juicio político y el Senado convertirse en jurado de sentencia con
una mayoría de dos tercios.
Además, la Constitución estadounidense señala que si se
juzga al Presidente de los Estados Unidos, la sesión será presidida por
el Magistrado presidente de la Corte Suprema. La sentencia en casos de
juicio político no podrá exceder de la destitución del cargo, y la
inhabilitación para obtener y desempeñar cualquier cargo de honor, de
confianza o con retribución en el gobierno de los Estados Unidos; pero
el funcionario convicto quedará, no obstante, sujeto a ser acusado,
juzgado, sentenciado y castigado de acuerdo con la Ley.
La estela de abusos y crímenes que Donald Trump ha
sembrado en el planeta en apenas un año y dos meses empezó con una feroz
campaña racista, discriminatoria, humillante en contra de los migrantes
que en forma legal o irregular radican en suelo estadounidense. Del 20
de enero de 2025, cuando inició su segundo mandato Donald Trump, al 31
de marzo de 2026, se registraron 14 muertes de mexicanos en el contexto
de la feroz ofensiva del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas
del gobierno de Estados Unidos.
Desde el primer día de su mandato, Donald Trump amenazó al
mundo y lo tiene estresado. Ha sido una calamidad tanto para sus amigos
como para sus enemigos. Y ha jugado con los impuestos de tal forma que
ha desestabilizado la economía del mundo al violar todas las reglas de
manera arbitraria. Ha chantajeado a todos.
Ha amenazado con invadir por la fuerza de las armas a
algunos países como Groenlandia, México y Cuba. Además del secuestro del
Presidente de Venezuela Nicolás Maduro y su esposa Celia Flores el 3 de
enero de 2026, desde septiembre del 2025 desató una feroz cacería de
presuntos narcotraficantes a los que ha asesinado en ejecuciones
extrajudiciales en aguas internacionales del Mar Caribe y del Océano
Pacífico, y respaldó a Israel en la guerra contra Irán.
Ha promovido e impuesto el fascismo delirante en la nación
imperial que se siente dueña del mundo, alardeando de un autoritarismo y
un nacionalismo radical de supremacista blanco, violento, grosero,
agresivo, vulgar, inspirado en una doctrina militarista del poderoso
abusivo y pendenciero. Y la mayoría de los países del mundo han
permanecido callados, lo mismo que la Organización de las Naciones
Unidas.
Euforia criminal
Algún día tendrá que pagar por sus crímenes, pues apoyado
en el poder militar del imperio, el gobierno del estadounidense Donald
Trump ejecutó de manera extrajudicial y en aguas internacionales, tanto
del Mar Caribe como del Oceano Pacífico, entre septiembre del 2025 y
febrero del 2026, a por lo menos 145 personas desde que Washington
comenzó a atacar a quienes denomina “narcoterroristas” que presuntamente
trafican drogas en pequeñas embarcaciones.
La fiebre asesina de Donald Trump se expresó por primera
ocasión el martes 2 de septiembre del 2025, cuando en aguas del Caribe
ordenó el ataque contra una lancha tripulada por venezolanos y fueron
ultimadas 11 personas, que sin prueba o evidencia alguna, el gobierno de
Estados Unidos aseguró que eran miembros del cártel delictivo conocido
como Tren de Aragua, una organización que la administración trumpista
clasificó como terrorista en 20 de febrero febrero del 2025.
Ese día el Departamento de Estado del gobierno
estadounidense anunció la designación como organizaciones terroristas al
Tren de Aragua, Mara Salvatrucha (MS-13), Cártel de Sinaloa, Cártel
Jalisco Nueva Generación (CJNG), Cártel del Noreste (antes los Zetas),
la Nueva Familia Michoacana, Cártel de Golfo y Cárteles Unidos. El
comunicado advertía que la intención de designar a estos cárteles y
organizaciones transnacionales como terroristas era proteger a Estados
Unidos y a los países del continente americano, así como poner fin a las
campañas de violencia y terror de estos despiadados grupos, tanto en
Estados Unidos como a escala internacional.
En algún momento la Corte Penal Internacional, que tiene
su sede en La Haya, Países Bajos, tendrá que analizar la conducta
criminal de Donald Trump y del gobierno de Estados Unidos. Tendrá que
hacerlo como instancia responsable de castigar los crímenes más graves
que afectan a la comunidad internacional: el genocidio, los crímenes de
guerra, los crímenes de lesa humanidad y el crimen de agresión. Estos
delitos se definen en el Estatuto de Roma, que regula las funciones,
facultades y obligaciones de la Corte Penal Internacional, emitido por
las Naciones Unidas el 17 de julio de 1998, para entrar finalmente en
vigor el primero de julio de 2002.
Por haber ocurrido estos asesinatos, presumiblemente en
aguas internacionales, fuera de la jurisdicción de alguna nación en
particular, en esta “guerra” que inició el gobierno de Estados Unidos,
aplicaría la disposición del Artículo 8 del Protocolo de Roma, que
define los crímenes de guerra como el homicidio intencional, así como
las condenas dictadas y las ejecuciones sin previo juicio ante un
tribunal regularmente constituido, con todas las garantías judiciales
generalmente reconocidas como indispensables.
Mientras que el Artículo 25 del mismo Protocolo de Roma
señala que tendrá Responsabilidad Penal Individual, de conformidad con
el este Estatuto, la persona que cometa el crimen por sí solo, con otro o
por conducto de otro, o en su caso, proponga o induzca la comisión de
ese crimen, ya sea consumado o en grado de tentativa.
Donald Trump podría seguir el mismo camino que su
entrañable amigo el Primer Ministro israelí Benjamín Netanyahu. Habría
que recordar que el 21 de noviembre del 2024 la Corte Penal
Internacional emitió una orden de arresto en su contra, por ser
presuntamente responsable de crímenes de guerra, al hacer padecer hambre
como método de guerra y de dirigir intencionalmente un ataque contra la
población civil palestina en la Franja de Gaza.
A Benjamín Netanyahu se le acusa de crímenes de lesa
humanidad, de asesinato, persecución y otros actos inhumanos desde al
menos el 8 de octubre de 2023 hasta el 20 de mayo de 2024, según
publicación de la Corte Penal Internacional en su página oficial de
Internet. Acusaciones de las que no estaría exento el Presidente
estadounidense Donald Trump.
Contra Irán
El pasado domingo 5 de abril del 2026, en su red social
Truth, el asesino de la Casa Blanca publicó: “El martes será el Día de
la Central Eléctrica y el Día del Puente, todo en uno, en Irán. ¡No
habrá nada igual! ¡Abran el maldito estrecho, malditos locos, o vivirán
en el infierno! ¡Ya verán! Alabado sea Alá. Presidente DONALD J. TRUMP”.
Dos días después, el martes 7 de abril del 2026, Donald
Trump reiteró las más agrias expresiones de sus salvajes rencores y
desmesuras: “Toda una civilización morirá esta noche, para no volver
jamás. No quiero que eso suceda, pero probablemente ocurrirá. Sin
embargo, ahora que tenemos un Cambio de Régimen Completo y Total, donde
prevalecen mentes diferentes, más inteligentes y menos radicalizadas,
quizá algo revolucionariamente maravilloso pueda suceder. ¿QUIÉN SABE?
Lo descubriremos esta noche, uno de los momentos más importantes en la
larga y compleja historia del mundo. 47 años de extorsión, corrupción y
muerte finalmente terminarán. ¡Dios bendiga al gran pueblo de Irán!”.
La noche del martes 7 de abril del 2026 se informó que
Irán y Estados Unidos habían llegado a un acuerdo de alto al fuego, que
se mantendría durante dos semanas, condicionado a que la nación persa
abriera al tránsito marítimo el Estrecho de Ormuz. Los ataques aislados
en el Golfo continuaron la madrugada del miércoles, horas después de que
se alcanzara el acuerdo. Israel dejó claro que continuaría su campaña
militar contra Hezbolá en el Líbano. Y la tregua no duró ni siquiera 24
horas.
Con el pretexto de eliminar el programa nuclear y militar
de Irán, Estados Unidos e Israel iniciaron la guerra contra la nación
persa el sábado 28 de febrero del 2026. La administración de Donald
Trump justificó las acciones en el supuesto de evitar que Irán obtenga
un arma nuclear, eliminando misiles balísticos y atacando su
infraestructura militar.
¿Y el Consejo de Seguridad?
Firmada el 26 de junio de 1945 en San Francisco,
California, Estados Unidos, la Carta de las Naciones Unidas define las
funciones del Consejo de Seguridad, instancia que debería haberse
involucrado para evitar el conflicto armado y sancionar los abusos de
guerra cometidos por Estados Unidos e Israel.
En su Artículo 23, la Carta de las Naciones Unidas
establece que el Consejo de Seguridad se compondrá de 15 miembros. La
República de China, Francia, la Unión de las Repúblicas Socialistas
Soviéticas (actualmente Rusia), el Reino Unido de la Gran Bretaña e
Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América, serán miembros
permanentes del Consejo de Seguridad. La Asamblea General elegirá otros
10 Miembros de las Naciones Unidas que serán miembros no permanentes del
Consejo de Seguridad y formarán parte del organismo durante dos años.
El Consejo de Seguridad debe intervenir para procurar que
los países involucrados en una controversia que puedan poner en peligro
el mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales busquen
soluciones mediante la negociación, la investigación, la mediación, la
conciliación, el arbitraje, el arreglo judicial, el recurso a organismos
o acuerdos regionales u otros medios pacíficos de su elección.
Pero también, como establece el Artículo 41 de la Carta de
las Naciones Unidas, el Consejo de Seguridad podrá decidir qué medidas
que no impliquen el uso de la fuerza armada han de emplearse para hacer
efectivas sus decisiones, y podrá convocar a los Miembros de las
Naciones Unidas a que apliquen dichas medidas, que podrán comprender la
interrupción total o parcial de las relaciones económicas y de las
comunicaciones ferroviarias, marítimas, aéreas, postales, telegráficas,
radioeléctricas, y otros medios de comunicación, así como la ruptura de
relaciones diplomáticas.
En el supuesto de que estas medidas disuasivas no fueran
suficientes, podrá ejercer, por medio de fuerzas aéreas, navales o
terrestres, la acción que sea necesaria para mantener o restablecer la
paz y la seguridad internacionales. Tal acción podrá comprender
demostraciones, bloqueos y otras operaciones ejecutadas por fuerzas
aéreas, navales o terrestres de Miembros de las Naciones Unidas.
La Carta de las Naciones en su Artículo 51 aclara que
ninguna disposición irá en menoscabo del derecho de legítima defensa,
individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de
las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado
las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad
internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del
derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas.
Nada de esto ha sucedido en el caso de la guerra declarada
unilateralmente por Estados Unidos e Israel en contra de Irán. Por el
contrario, irónicamente, el miércoles 11 de marzo del 2026 el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas aprobó una resolución que condena "en
los términos más enérgicos" los ataques con misiles y drones lanzados
por Irán contra Bahréin, Kuwait, Omán, Qatar, Arabia Saudita, Emiratos
Árabes Unidos y Jordania. El texto, impulsado por los países del Golfo,
obtuvo 13 votos a favor y las abstenciones de Rusia y China, publicó ese
organismo de las Naciones Unidas en su página oficial.
La resolución exige el cese inmediato de todas las
agresiones iraníes y demanda a Teherán que "cese inmediata e
incondicionalmente cualquier provocación o amenaza contra los Estados
vecinos”, incluido el uso de intermediarios. También deplora los ataques
a civiles mediante el bombardeo de zonas residenciales, aeropuertos,
instalaciones energéticas e infraestructuras críticas, así como los
ataques contra buques mercantes en el estrecho de Ormuz. Pero nada dice
la ONU sobre las agresiones de Estados Unidos e Israel a Irán y a
Líbano. Así está el mundo que Donald Trump encamina, insensatamente,
hacia una conflagración mundial que podría incluso terminar con la raza
humana.