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2/08/2026
Políticos de selfi
Escribe el filósofo coreano Byung-Chul Han que las selfis no son un testimonio de la persona, sino una puesta en escena donde la persona se inventa a sí misma en diferentes poses y papeles.
Se ha vuelto costumbre que, para lucirse, sobre todo en redes sociales, muchos políticos, funcionarios públicos y legisladores busquen fotografiarse con la Presidenta Claudia Sheinbaum, como si el alto nivel de popularidad y aprobación que ella tiene, pudiera transferírseles, hacérselos extensivo con una selfi junto a ella.
Así se les ve, evento tras evento, gira tras gira de trabajo a la que la Presidenta acude, y a las que muchos de los funcionarios llegan, buscando tomarse la foto con ella, como si al publicarla en sus redes, automáticamente se trasladaran al nicho de aprobación de la ciudadanía. No es así. Porque entre más recurren a la selfi más reflejan que sólo buscan el lucimiento.
Por eso hizo muy bien la Presidenta al responderles que se pusieran a trabajar en territorio a los legisladores y funcionarios de Baja California que, en San Quintín cómodamente esperaban a tomarse la foto con ella. “¡Foto, foto, foto!”, le decían, y les respondió: “Hay que trabajar más con la gente, todos ustedes a trabajar más con la gente y estar en el territorio”.
Sheinbaum fue a San Quintín para ver los avances de los programas integrales que constituyen parte del plan de justicia social para los jornaleros agrícolas que conforman el municipio; y durante su recorrido los ciudadanos de manera directa le hicieron saber toda la problemática que enfrentan.
Los pobladores le expresaron las necesidades y carencias que padecen. Le detallaron casos de falta de atención en el hospital, cuestiones de inseguridad, carencias de diversa índole y la falta de atención de los funcionarios locales.
Tras escuchar la problemática por voz de los ciudadanos y sentir tristeza por lo que le narraban, –como lo expresaría luego–, más adelante allí mismo en San Quintín se encontró con el grupo de legisladores y funcionarios de Morena pidiéndole “foto”. Así que su respuesta fue decirles que trabajen más con la gente, en territorio, que estén cerca de la ciudadanía.
Después también instruyó a que la delegada de Programas para el Bienestar en Baja California se mude temporalmente a San Quintín para coordinar y supervisar directamente desde allí los programas del plan de justicia social para los jornaleros agrícolas.
San Quintín es un municipio de Baja California, que en años recientes se convirtió en municipio independiente, ya que antes se le consideraba parte de Ensenada.
Con una enorme extensión territorial de 40 mil 425.91 kilómetros cuadrados, se fue conformando con trabajadores agrícolas y de la pesca, migrantes internos provenientes de diversas regiones del país, sobre todo de zonas indígenas de Oaxaca, Guerrero, Veracruz, Chiapas y Michoacán, que antaño iban y regresaban de sus lugares de origen hasta San Quintín, para trabajar en el jornal según se les contrataba, también por temporada, hasta que se fueron asentando en colonias y ejidos.
No es sólo su carácter de municipio relativamente nuevo lo que lo coloca en nivel de precariedad en cuanto a su infraestructura, sino que históricamente en el país los jornaleros agrícolas han sido de los trabajadores más marginados y vulnerados. Y los jornaleros de San Quintín son de los grupos con ingresos muy precarios y expuestos a condiciones de marginación, precariedad y discriminación.
Por eso, como parte de su programa de Gobierno, la Presidenta Sheinbaum determinó como una de sus prioridades dar continuidad al Plan de Justicia de San Quintín, que comenzó el Presidente López Obrador en su Administración.
En su Plan de Gobierno, Sheinbaum incluyó un programa especial para los jornaleros agrícolas y sus familias, en que se les garantice servicios básicos y vivienda, seguridad social, seguridad laboral, programas de salud, instituciones educativas; es decir, atender la situación de los jornaleros agrícolas en su conjunto para que puedan ejercer sus derechos constitucionales.
San Quintín es, además, sinónimo de la histórica lucha que los jornaleros han dado por el reconocimiento de sus derechos. De manera que ahora que están en marcha planes y programas para mejorar sus condiciones y calidad de vida, se requieren servidores públicos eficientes en territorio que den soluciones reales a los ciudadanos, sólo así se hará efectiva la justicia social.
El periodo de Gobierno neoliberal se caracterizó no sólo por las privatizaciones, sino por el encumbramiento de una burocracia dorada que hizo de los cargos públicos la vía para su enriquecimiento y privilegio personal, a medida que se desvanecía la razón de ser del servicio público y que en el país se ensanchaban las brechas de desigualdad.
Por eso ahora que se pretende una forma de Gobierno humanista, es elemental que quienes tienen cargos de autoridad o como representantes en el Congreso o parte del movimiento que prometió la eliminación de esos privilegios, dejen atrás la frivolidad, la fantochería, el derroche, así como la exhibición de lujos y privilegios que se les ha hecho costumbre también exhibir en selfi tras selfi, a las que destinan horas y horas para alimentar sus redes sociales.
Son ya varias ocasiones en que la Presidenta ha tenido que recordarles a servidores públicos y legisladores que son parte de Morena, que deben dedicar más tiempo a su trabajo con eficiencia, sin ostentaciones. Pero está visto que muchos están más enfocados en lucirse en redes sociales que en cumplir con las obligaciones de los cargos que ocupan.
Y es claro también que hay quienes utilizan la intensa autopromoción en las redes como actos anticipados de campaña.
El síndrome selfi cada vez se extiende más entre la clase política y funcionarios de todos los partidos en cargos de diversos niveles, así tenemos alcaldes y alcaldesas que inician el día poniendo su selfi en pijama y lo cierran con su selfi desmaquillándose el rostro o bebiendo cocteles en cenas.
“Las selfis son ruidosas -escribe Chul Han- pero su expresión es pobre. Debido al sobredimensionamiento, parecen máscaras [en las que] […] el rostro humano […] adquiere forma de mercancía”.
Pero el efecto selfie se ha convertido para muchos políticos y funcionarios como maniobra de hacer política en modo influencer en que dedican más tiempo a fotografiarse y mover en redes sus fotos que al trabajo por el que devengan un sueldo.
Vemos las redes inundadas de fotos de políticos, funcionarios y legisladores exhibiendo joyas extravagantes, atuendos costosos, artículos superfluos y frívolos. Exhiben dónde vacacionan, en qué viajan, se fotografían en francachelas que, aún cuando se desarrollen en su ámbito privado, al ser personajes de la vida pública, que desempeñan cargos públicos o que reciben recursos públicos (como son también los integrantes de partidos políticos, como son los legisladores, como son los dirigentes de sindicatos) son sujetos de escrutinio público.
Las necesidades del país exigen servidores públicos y políticos con más trabajo en territorio y menos escritorio, o dicho en otros términos: más trabajo en el mundo real y menos selfis en el ecosistema digital.
Los líderes latinoamericanos, Lenin y el tren a Finlandia
Un Quijote en Tenochtitlán
Juan Carlos Monedero
"La lección no es romantizar esas decisiones, sino reconocer que la izquierda, cuando enfrenta situaciones límite, debe equilibrar principios y eficacia".
Hay varios sucesos novedosos en el radar latinoamericano que, quizá, tengan un hilo conductor: la renuncia de Adán Augusto López a la coordinación del Senado mexicano, el regaño de Claudia Sheinbaum a los políticos de Morena en Baja California, el regreso del fracking a México, la prohibición de Estados Unidos (EU) de llevar petróleo a Cuba incluso por razones humanitarias, la rearticulación del mundo petrolero en Venezuela para satisfacer el hambre de los EU y la reunión de Gustavo Petro con Trump.
El episodio del “tren a la Estación Finlandia”, narrado por Edmund Wilson en La estación Finlandia (libro de 1940), resume un dilema estructural de la izquierda: cómo actuar en la historia real sin quedar paralizada por la pureza ideológica. El regreso de Vladimir Lenin a Rusia, facilitado por la Alemania imperial —enemiga del zarismo—, no fue una alianza política ni una adhesión ideológica, sino una decisión táctica en una coyuntura extrema. Rechazar esa posibilidad habría significado renunciar a intervenir en un proceso histórico abierto.
Wilson muestra que las tradiciones emancipatorias no avanzan en condiciones limpias: se mueven en terrenos atravesados por guerras, asedios y contradicciones. Aceptar el “tren” implicó riesgos reales —pérdida de legitimidad, dependencia, acusaciones de traición—, pero también expresó una verdad incómoda: la alternativa a veces no es la coherencia moral, sino la irrelevancia política.
La lección no es romantizar esas decisiones, sino reconocer que la izquierda, cuando enfrenta situaciones límite, debe equilibrar principios y eficacia, asumiendo conscientemente los costos. Los “trenes a Finlandia” no garantizan el éxito ni preservan la pureza, pero pueden ser la única vía para mantener vivo un proceso político y disputar el poder real. Negarlos de antemano es elegir la derrota en nombre de una ética abstracta.
Desde una lectura de izquierda, el episodio plantea un problema más complejo y honesto: qué hacer cuando la coyuntura histórica obliga a elegir entre la pureza ideológica y la posibilidad real de intervenir en la historia.
Lenin aceptó el “tren a Finlandia” no por afinidad con el imperialismo alemán, sino porque entendió que la guerra imperialista había abierto una grieta histórica irrepetible. El cálculo fue crudo: usar una contradicción entre potencias para regresar al terreno político, intervenir en un proceso revolucionario vivo y disputar el poder a una élite incapaz de sacar a Rusia del desastre social y bélico. Rechazar esa vía habría significado, probablemente, renunciar a toda capacidad de acción en nombre de una coherencia abstracta.
Aquí emerge un dilema recurrente para la izquierda. El riesgo de aceptar ayudas, mediaciones o condiciones impuestas por actores que no comparten —o incluso combaten— el proyecto emancipador, con el riesgo de que puede erosionar legitimidad, abrir flancos morales, generar divisiones y generar dependencias futuras. Y la necesidad en contextos de asedio, guerra o bloqueo, donde negarse a toda negociación “impura” puede equivaler a dejar intacto el orden que se pretende transformar.
El “tren a Finlandia” no es, entonces, una anécdota de traición, sino una metáfora política. Representa el momento en que una fuerza de izquierda debe decidir si prioriza la supervivencia y la intervención histórica, aun pagando costos simbólicos, o si se repliega a una coherencia que, aunque moralmente impecable, resulta políticamente estéril.
La lección incómoda es que los procesos emancipatorios no avanzan en condiciones ideales. Se mueven en terrenos contaminados por relaciones de fuerza desiguales, presiones externas y decisiones contradictorias. La izquierda que aspira a transformar la realidad debe aprender a navegar esas contradicciones sin perder de vista su horizonte, sabiendo que cada “tren a Finlandia” implica un equilibrio precario entre táctica y principios. Tomar demasiados trenes a Finlandia puede acabar con el propio proyecto.
Aceptar esos trenes no garantiza el éxito —la historia también muestra cómo esas concesiones pueden volverse contra el proyecto original—, pero rechazarlos de antemano puede condenar a la izquierda a la irrelevancia política, incapaz de disputar el poder real y de mejorar materialmente la vida de las mayorías.
En ese sentido, el desafío no es negar la contradicción, sino hacerla consciente, debatirla y asumirla colectivamente, sabiendo que la historia rara vez ofrece caminos limpios para quienes intentan cambiarla.
La renuncia de Adán Augusto López implica la separación de un político ligado a Andrés Manuel López Obrador, lo que le otorga a Sheinbaum una mayor autonomía de su proyecto y mayores posibilidades de definir un rumbo propio cuya ligazón con el pasado, es decir, su toma de decisiones orientada por deudas del pasado, dependerá de su estricta voluntad. Eso no significa que Sheinbaum rompa con López Obrador, lo que sería el sueño húmedo de la derecha mexicana e innecesario (¿para qué romper con quien sigue siendo el referente moral de México?), sino que la consolidación en el cargo va entregándole a la Presidenta una mayor perspectiva que, como es lógico, construirá sus propios equilibrios.
No olvidemos que gobernar es precisamente eso, construir equilibrios, y que nadie hereda los equilibrios del predecesor. Parece que la victoria de las 17 gobernaturas y de las diputaciones federales, elementos esenciales para la segunda parte del sexenio de Sheinbaum, marcan el rumbo y se va a exigir a todos los miembros de Morena total disposición y escasas reclamaciones particulares.
Esto encaja con el regaño público en Baja California. Fue la propia Presidenta Claudia Sheinbaum quien relató que, tras su visita a San Quintín, llamó la atención a legisladores de Morena luego de constatar las condiciones de pobreza, rezago social y precariedad que enfrentan los jornaleros agrícolas de la región. Explicó que se trata de un municipio de creación reciente, con una gran extensión territorial y una población mayoritariamente integrada por migrantes internos, muchos de ellos provenientes de comunidades indígenas, quienes viven sin certeza jurídica sobre su vivienda y perciben salarios insuficientes. Subrayó que esta situación evidencia una deuda histórica del Estado y afirmó que se dará continuidad al Plan de Justicia para atender rezagos en salud, educación, infraestructura y justicia laboral. Añadió que expresó su molestia y reprendió a los diputados que se limitaban a tomarse fotografías, exhortándolos a salir del escritorio, recorrer el territorio y poner en el centro a la gente más humilde. La 4T no es un carrusel de selfies ni una feria de las vanidades alejada del pueblo y a Sheinbaum le va molestando de manera creciente lo que aleja la eficacia y la coherencia del Gobierno de las promesas con las que ganó las elecciones.
Algo tiene que ver también las presiones de los EU, que ya de por sí son un tormento con el que lidiar en una situación que nunca es ventajosa y que lleva a la toma de decisiones que, a ciencia cierta, no son del agrado de la Presidenta y le generan fricciones dentro. Decisiones como la recuperación del fracking o las relaciones con Cuba ponen encima de la mesa el equilibrio entra la coherencia ideológica que llevó a Morena al poder y el logro de la capacidad económica que permita el bienestar de los mexicanos. Porque si los mexicanos viven peor, la 4T dejaría de tener sentido.
Sheinbaum, experta en asuntos medioambientales, siempre se manifestó en contra del fracking, la fractura hidráulica para la obtención de petróleo o gas, procedimiento muy agresivo, como la minería a cielo abierto y que castiga duramente el medio ambiente y, en particular, el agua. Esto va a generar problemas con sectores que han apoyado a la 4T, no por comportamientos inadecuados ni por inercias culturales vinculadas al priismo que todavía gravitan en la sociedad mexicana, sino por las reclamaciones propias de las nuevas generaciones y de las nuevas exigencias del siglo XXI, como es el ecologismo. El fracking, como ha recordado Greenpeace, que se ha posicionado duramente en contra de este método, requiere la inyección a presión de grandes volúmenes de fluidos para fracturar las rocas que permitirían acceder al gas y al petróleo retenido en su interior.
Si López Obrador optó por la refinación, en el entorno de Sheimbaum se señala la exploración y la producción, especialmente en Coahuila, Tamaulipas y Veracruz, con el objetivo de dejar de depender de las importaciones de gas natural de Estados Unidos y frenar el endeudamiento peligroso de Pemex. El objetivo es alcanzar la soberanía energética y dejar de depender de los EU, con quien ya se tienen muy caras dependencias, como ocurre con el agua, las exportaciones o con las remesas de los emigrantes.
América Latina se está llenando de obligatorios “trenes a Finlandia”, que pasan por Caracas, Bogotá, Brasilia o Ciudad de México, donde los dirigentes tienen que ganar tiempo a la espera de que las elecciones intermedias en EU en noviembre de 2026 frenen o, al menos, le quiten la antorcha de la mano al Presidente Trump, ya con suficientes problemas dentro de su casa.
En Venezuela, aún asediada por la marina norteamericana, las exigencias norteamericanas son terribles. Les han puesto una pistola en la sien. Las sanciones y el bloque, que incluía secuestrar a cualquier barco que saliera con gas o petróleo, no les ha dejado mucha alternativa. Acaban de reformar la Ley de Hidrocarburos para satisfacción de los EU, Marco Rubio y las petroleras extranjeras. Sólo comerciarán petróleo a quienes les digan y los EU se quedarán con una buena parte de lo que se produce. La CIA ha vuelto a arriar la bandera de la barra y las estrellas. Se ha forzado una amnistía para los golpistas. Mientras que Nicolás Maduro y Cilia Flores siguen presos ilegalmente. ¿La alternativa? Perder todo el proceso revolucionario que empezó hace 26 años Chávez o, a ciencia cierta, un daño enorme para los venezolanos, que ya han visto lo fácil que le resulta a los EU desatar un infierno desde el cielo. Parece sensato hacer de la necesidad virtud y, como decíamos aquí, aprovechar el fin de las sanciones para recuperar todo el daño infligido en estos años y mejorar el nivel de vida de los venezolanos, incluidos los que se tuvieron que marchar. Siempre sin perder el lugar desde donde se están tomando las decisiones, que está presidido por una enorme espada de Damocles.
Y otro tanto habría que decir de la reciente reunión de Trump con el Presidente colombiano Gustavo Petro, que se ha vivido como un enorme éxito por parte estadounidense y colombiana después de que la derecha uribista en Colombia estaba esperando un espectáculo como el que protagonizó Trump con Zelenski que hubiera terminado con un zafarrancho (Petro no le habría permitido a Trump groserías ni humillaciones) y les brindara argumentos en las elecciones de dentro de tres meses. Trump como promotor inmobiliario acostumbrado a poner de rodillas a sus interlocutores se ha encontrado con un antiguo guerrillero que no tiene miedo. Y Trump ha decidido escucharle, lo que ha permitido que le explique que lo que le cuenta el entorno del Despacho Oval, Marco Rubio, JD Vance, Bernie Moreno suele ser mentira. A Trump sólo le interesa el dinero y no le gustan las mentiras. Por eso no quiere a María Corina Machado, porque le hace perder dinero. El tren a Washington que ha tomado Petro parece un respiro después de un mes donde parecía que le prometían un horizonte parecido al de Maduro. ¿Dejará Trump en paz a Colombia en las elecciones? ¿Habrá entendido que quien mejor maneja la lucha contra la droga es la izquierda (basta ver lo que está haciendo el narcopresidente Daniel Noboa en la vecina Ecuador)? ¿Habrá entendido el Presidente de pelo naranja que la izquierda es más de fiar que la derecha? ¿Pueden encontrarse en esta complicada situación, donde no es asumible olvidar Gaza, olvidar la bravuconería, olvidar el cerco medieval a Cuba, olvidar los riesgos climáticos del planeta, olvidar el secuestro de un Presidente en ejercicio y de la primera dama como ha ocurrido con Nicolás Maduro y Cilia Flores, olvidar el rearme militar y el regreso de la proliferación nuclear?
Con estos trenes al norte, los países latinoamericanos ganan tiempo. El problema estaría en que se quedaran en esa vía. Trump es todo lo contrario de los valores de la izquierda y todos los países que están negociando con EU no lo están haciendo hoy desde la plena soberanía. Esa tendrán que ir construyéndola con unidad. Por eso le molesta a Trump Naciones Unidas, la Celac y la UNASUR. Sin olvidarse que los trenes a Finlandia son sólo eso: trenes a Finlandia.
¿Cambio de régimen al norte del Bravo?
Agenda Ciudadana
Lorenzo Meyer
"¿Estados Unidos, cuyo régimen político se fundó a fines del siglo XVIII, no estará experimentando un proceso de cambio en algunas de sus centenarias instituciones?".
Cambios. En América Latina y desde hace más de dos siglos se ha escrito y discutido mucho sobre los cambios en sus regímenes políticos. Por buenas y malas razones los ciudadanos latinoamericanos estamos familiarizados con la naturaleza imperfecta y mutante de las reglas fundamentales de nuestros procesos políticos. Sin embargo, y hasta hace poco, en las sociedades al norte del Río Bravo, sobre todo en Estados Unidos, había prevalecido una extraordinaria confianza en la longevidad de las estructuras constitucionales creadas por sus “padres fundadores”. Se daba por sentado que esos Estados Unidos de América eran algo tan excepcionalmente bien ideado que podría sostenerse por siglos con apenas pocos cambios.
Ni duda que la solidez del régimen político norteamericano es notable, pero también es evidente que hoy en el país de Donald Trump hay ciertos principios políticos clave de su estructura política, como la división de los tres poderes clásicos -ejecutivo, legislativo y judicial- que pareciera que ya no funcionan tan bien como antes, en particular los que fijan los límites del poder presidencial.
Y es que no pueden verse y entenderse como normales -como politics as usual- los choques abiertos, físicos, que han tenido lugar en media docena de estados de la Unión Americana entre ciudadanos airados y las milicias federales patrullando las calles y a las que los primeros definen como fuerzas de ocupación, particularmente en los casos de la Patrulla Fronteriza y del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas o ICE, que van masiva y literalmente a la caza violenta de sus presas -inmigrantes indocumentados- lo mismo en las calles que en sus viviendas. El supuesto motivo de esta cacería humana es que los indocumentados -a los que simplemente se identifican por sus rasgos físicos o forma de hablar y vestir -pueden ser personas peligrosas y nocivas para la preservación de la identidad nacional norteamericana.
De acuerdo con cálculos del Pew Research Center, el conjunto de extranjeros sin documentos migratorios en el país del norte alcanzó su cifra pico en 2024: 14 millones, en su mayoría mexicanos, aunque hoy ya son menos. Y como la orden del asesor de seguridad nacional de Trump, Stephen Miller, es que las redadas deben lograr al menos una captura de tres mil personas diarias, la cacería humana ha adquirido un carácter masivo, indiscriminado y brutal. Hasta ahora, las protestas contra operaciones bautizadas como Metro Surge o Catch of the Day han modificado muy poco su modus operandi, pero su objetivo sigue invariable: tres mil al día. Por tanto, los arrestos masivos continúan y el discurso presidencial que los legitima insiste en la bondad de su razón de ser: la “salvaguarda” de un supuesto y patriótico interés nacional.
Las operaciones Surge, Catch y similares lo mismo que las protestas masivas en su contra que los argumentos de las autoridades locales acusando a Trump y a las agencias federales de abuso de poder; todos son otros tantos indicadores de que hay algo muy disfuncional en el sistema político del país vecino.
Ahondando en las causas de los choques y protestas callejeras en urbes norteamericanas y difundidas por los medios mundiales lo mismo que los significados de fondo de ciertos discursos de los actores, de análisis de observadores y académicos, se encuentra que el corazón de la discusión se centra menos en las causas de lo inmediato -los indocumentados- y más en hipótesis que hasta no hace mucho parecían ociosas o irrelevantes: ¿Estados Unidos, cuyo régimen político se fundó a fines del siglo XVIII no estará experimentando un proceso de cambio en algunas de sus centenarias instituciones -Presidencia, Poder Judicial, Congreso, partidos, medios- y de sus hábitos políticos?
En la América de origen ibérico tenemos un nutrido historial de cambios de régimen. Sólo en el período comprendido entre inicios de la Guerra Fría al presente hay decenas. Y tras la reciente y violenta captura del Presidente de Venezuela por el ejército estadounidense puede estar tomando forma uno más. Y con el corte de suministros de petróleo venezolano a La Habana, Washington busca lograr por fin el cambio que no logró detonar el desembarco de su “Brigada 2506” en Bahía de Cochinos en abril de 1961. En fin, que la fragilidad de los regímenes de América Latina forma parte esencial de su historia nacional pero no es el caso en la América al norte del Río Bravo.
Qué es lo que puede cambiar. No hay una única definición del concepto de régimen o sistema políticos pero una adecuada para esta columna puede ser esta: el conjunto de instituciones, reglas y valores formales e informales que efectivamente rigen la lucha por el poder y su ejercicio dentro de un Estado. Desde esa perspectiva el régimen es el corazón de la forma de vida de una comunidad soberana.
Las imágenes de los enfrentamientos callejeros en ciudades de Estados Unidos entre ciudadanos y efectivos armados de dos cuerpos paramilitares dependientes del Departamento de Seguridad Interior (DHS), la Patrulla Fronteriza, el ICE -estructura creada a nivel de gabinete tras los ataques a las Torres Gemelas de Nueva York-, son en realidad choques entre el trumpismo y esa parte de la ciudadanía que teme y rechaza lo que considera políticas de corte francamente autoritario, encaminadas no sólo a detener migrantes sino a imponer la autoridad y supremacía de un Presidencia super poderosa y sus oponentes.
Tradicionalmente, la Presidencia norteamericana no se inmiscuía en los asuntos de seguridad de las ciudades, esa era esfera de competencia casi exclusiva de las policías locales y de los alcaldes pero ahora so pretexto de una “invasión de indocumentados” Trump se ha impuesto en la geografía urbana dominada por sus adversarios con el pretexto de que debe cumplir una promesa –“la gran promesa”- de sus dos campañas presidenciales: recuperar el control de las fronteras -sobre todo la del sur- y expulsar a la mayor cantidad posible de “invasores extranjeros”, es decir de trabajadores indocumentados. Al inicio, esa decisión pareciera haber sido apoyada por una parte importante del electorado. Se trató de aquellos grupos sociales culturalmente predispuestos a aceptar la caracterización que Trump y el trumpismo hicieron y siguen haciendo de los indocumentados como una horda de bárbaros invadiendo a una nueva Roma imperial, es decir, a los Estados Unidos blancos y protestantes.
Los cambios de fondo. Después de la espectacular “guerra de los aranceles” declarada por Trump al resto del mundo y del despliegue del trumpismo armado en la geografía norteamericana lo que hay de fondo es eso que resume a la puntualidad y con indignación y pasión moral el discurso que pronunció en el capitolio de Washington el Senador progresista por Vermont Bernie Sanders el 31 de enero al justificar su voto en contra de autorizar fondos para el ICE, al que define como un “ejército doméstico” con acciones anticonstitucionales que aterroriza a la población donde actúa. Sanders hizo una disección puntual de la deriva del trumpismo hacia el establecimiento de un sistema político y social propio de un régimen autoritario; un autoritarismo al servicio de los intereses de una cada vez más poderosa oligarquía que ha vuelto a Estados Unidos un país cada vez más desigual e injusto y cada vez menos democrático.
De no haber una reacción más amplia y firme de la sociedad norteamericana como la que propone Sanders, el trumpismo tiene ya el potencial necesario para intentar transformar a la potencia del norte en un sistema de presidencialismo descontrolado. Obviamente de darse esa evolución las consecuencias negativas se dejarían sentir de inmediato en México -de hecho, ya se sienten los prolegómenos-. Ojalá la alerta de Sanders y de los que hoy protestan en las ciudades norteamericanas sea escuchada y remediada por los votantes de ese país y el temido cambio de régimen al norte de nuestra frontera se frustre.
La nueva fiebre del oro
Las fiebres del oro son ricas en anécdotas. En 1848, James Marshall encontró oro en el aserradero de John Sutter y, aterrados por el hallazgo, ambos acordaron guardar el secreto para proteger sus tierras; pero al filtrarse la noticia, miles de buscadores invadieron sus propiedades, mataron al ganado y desmantelaron el aserradero, llevando a Sutter a la ruina. En otra historia, un bávaro llamado Levi Strauss migró a San Francisco con la intención de vender lona para tiendas de campaña; allí descubrió que los mineros necesitaban más bien pantalones resistentes, mismos que confeccionó con su lona para dar origen a los blue jeans (Levi’s), la prenda más famosa del mundo. Por si faltaran leyendas, muchos mineros latinos fueron expulsados con violencia por anglosajones; un minero mexicano que sufrió injusticias, Joaquín Murrieta, dio vida al personaje de “El Zorro” cuando se convirtió en bandido asaltante de abusadores. También hay historias grupales, como aquella de la ciudad de Brodie, California, hoy día uno de los pueblos fantasma más célebres pero conocida en su apogeo como la ciudad más peligrosa del oeste, hasta que el oro se acabó y la gente huyó tan rápido que dejaron las mesas puestas con platos. Todas estas historias advierten que, así como el oro crea millonarios de la noche a la mañana, también engendra marginación cuando la calentura pasa.
La economía mundial atraviesa uno de esos periodos que Keynes llamó de “espíritus animales” o Alan Greenspan de “exuberancia irracional”. Para muestra, el oro está inmerso en una nueva fiebre que nada tiene que ver con minas y todo con activos financieros. Aun con la brutal caída de nueve por ciento del viernes 30 de enero, el oro acumula casi 100 por ciento de rendimiento en sólo 12 meses. En este juego de las sillas, todos danzan mientras la música no pare. Como dijo Cristóbal Colón, “el oro es un tesoro y quien lo posea hace todo lo que quiera en este mundo”, y vaya que el genovés actuó con afán de lucro expedito.
¿Qué determina el valor del oro? ¿Será cierto aquello que escribió Marx de que “el oro circula porque tiene valor, pero el papel moneda tiene valor porque circula”? En realidad, como activo sin contraparte, el oro no depende del éxito ni de la solvencia de una empresa o un estado, a diferencia de la mayoría de los valores financieros. En esencia, su precio está anclado en las creencias de la gente sobre su valor. En medio de la turbulencia geopolítica, muchos creen que el oro dominará el sistema financiero global. En el pasado, cuando las naciones y sus monedas no eran fuertes ni fiables, el oro era el medio preferido para realizar pagos internacionales. Hoy día, cuando la inflación repunta, los fieles al oro y los bancos centrales salen de compras. En paralelo, otros inversores y especuladores, tratando de anticipar la demanda futura, secundan hasta desatar una congestión que dispara el precio de cotización.
Ciertamente, la especulación no explica toda la historia. Como señala Anshul Sehgal, de Goldman Sachs, el motor de este movimiento ha sido la transición de los bancos centrales del dólar a los metales preciosos: “Estos son mercados diminutos en comparación con las acciones globales o la renta fija, por lo que el más mínimo cambio en la demanda hace que los precios se disparen”, explica Sehgal, quien agrega que sólo alrededor del cinco por ciento del oro mundial está en manos de especuladores. “Si un banco central decide alejarse del dólar y adquirir más oro, eso moverá el precio de forma bastante violenta”, dice. Luego, la pregunta esencial es: ¿Qué cambio hondo incita una recomposición de carteras? Todo indica que, en el subsuelo de la economía global, las placas tectónicas se mueven.
El oro subió durante la pandemia, pero fue hasta 2024 que despuntó. Cuando Trump regresó y dio rienda suelta a la incertidumbre mediante aranceles, amenazas sobre Groenlandia, presiones a la Reserva Federal y la incubación de un mayor déficit fiscal, muchos inversores empezaron a comprar oro a destajo. La revista The Economist informa: “En los últimos años, los bancos centrales de los mercados emergentes, liderados por China, impulsaron el repunte del oro. Estos inversores hiperconservadores han vuelto a enamorarse del oro físico, con la esperanza de que los proteja en medio de la inestabilidad geopolítica... Los inversores asiáticos lideran el camino”. O como reporta Bloomberg: “El aumento vertiginoso de la deuda pública en todo el mundo también ha socavado la confianza de los inversores en los bonos soberanos y las divisas… El oro suele ganar atractivo en un entorno de tasas más bajas, ya que disminuye el costo de oportunidad de mantenerlo en comparación con los activos que generan intereses”. En suma, las revistas especializadas coinciden con los bancos y los economistas en que el ruido y la furia de Trump tiene poder explicativo.
Los bancos centrales de los BRICS encabezan una diversificación de reservas que socava al dólar. El último informe del Banco Central de Brasil muestra una venta de bonos del Tesoro estadounidense por valor de 61 mil millones de dólares en sólo 12 meses, buena parte convertida en oro. La inversión de Rusia en oro desde 2022 ha duplicado su valor en comparación con los treasuries. Según estimaciones de Goldman Sachs, China continúa comprando oro en secreto y adquirió más de 10 toneladas en noviembre, a saber, 11 veces más de lo informado oficialmente por el banco central; si las compras oficiales fueran el 10 por ciento de lo que China realmente compra, habría adquirido 270 toneladas de oro físico en 2025 para un récord de dos mil 306 toneladas en su poder. En el agregado, el Consejo Mundial del Oro reporta que los BRICS siguen siendo el mayor comprador del metal precioso desde 2022 y que juntos controlan más del 50 por ciento de la oferta mundial.
Los cambios importantes en el sistema financiero internacional no comenzaron con el regreso de Trump al poder. La guerra de Ucrania también fue catalizador. Estados Unidos y Europa impusieron sanciones draconianas que excluyeron a los bancos y otras empresas rusas del sistema financiero global, incluido el sistema de pagos SWIFT. Buscaban obstaculizar las importaciones rusas y presionar a Putin. Como efecto indeseado, pusieron en alerta máxima a países insubordinados como China que vieron vulnerabilidad en su dependencia al dólar. Muestra de la firme convicción, Xi Jinping externó recién sus deseos de convertir al yuan en moneda de reserva global.
Existe un precedente de una transición hegemónica entre monedas. A principios del siglo XX, la moneda de reserva mundial pasó de la libra esterlina al dólar estadounidense. Un factor clave fue la Primera Guerra Mundial, en la que el Reino Unido era un importante prestatario y Estados Unidos un gran prestamista, cuyo efecto fue un gran flujo de oro del Reino Unido a Estados Unidos. Este flujo se intensificó durante la Gran Depresión y posteriormente en la Segunda Guerra Mundial. Tras la guerra, el dólar había sustituido por completo a la libra como moneda de reserva, como se formalizó en el acuerdo de Bretton Woods. En ese momento, Estados Unidos poseía ya hasta tres cuartas partes del oro mundial. En el presente, China podría comprar gran parte del oro mundial para convertir al yuan en moneda de reserva, convenciendo al mundo de que el yuan es tan valioso como el oro.
El economista Noah Smith identifica como problema mayor que China históricamente ha intervenido para abaratar su moneda, lo que requiere vender yuanes. Su crecimiento económico está anclado a las exportaciones, y una moneda barata ayuda. Sin embargo, para que el yuan emerja como un retador serio del dólar, el gobierno chino tendría que relajar los controles de capital, desarrollar los mercados de bonos y, sobre todo, apreciar la moneda, lo cual implicaría un vuelco de modelo para favorecer al consumo sobre las exportaciones. Si ese fuera el caso, los déficits comerciales de Norteamérica y otras regiones contra China se reducirían, lo cual favorecería la estabilización geopolítica. La pregunta abierta es si China y sobre todo Estados Unidos darán el paso gigante.
La frase “no todo lo que brilla es oro” es un refrán popularizado por Shakespeare en El mercader de Venecia. Y es cierto. Para muestra, la visa de oro de Trump para inversores extranjeros con costo de un millón de dólares tiene un tufo a corrupción de las élites, en especial tras el nuevo lote liberado de los archivos Epstein. Si como decía Moliere, “el oro hace hermoso lo feo”, puede ser que la nueva fiebre del oro enmascare un interregno enmarañado.
Como ilustran las anécdotas que abren esta videocolumna, las fiebres del oro paren ganadores y perdedores, además de caos. Hoy día ya hay gente comprando picos y palas en antelación, y ese hecho por sí mismo convulsiona los activos financieros y presagia grandes cambios. Dichas compras se llevan entre las patas al dólar, que se hunde. Mientras la música de Trump no se detenga, la danza del dinero incubará más sorpresas. En tiempos de calentura, el vértigo es normalidad.