Trump pausó el nearshoring en México, pero no lo mató
"En el largo plazo, el relato del nearshoring podría retornar, pero es incierto si regresará en carne viva en forma de un espectro ambulante".
La manufactura tuvo un año de claroscuros. Una nota reciente de Moody’s, segunda calificadora de riesgo crediticio más grande del mundo, envió una señal de confianza: “A pesar de los aranceles, México terminó con un superávit comercial ascendente, contrario a las expectativas”, escribió Alfredo Coutino. Antes, a finales de diciembre, el Wall Street Journal publicó una pieza titulada “El ganador inesperado de los crecientes aranceles estadounidenses es México” que destacó la dinámica sorpresiva de las exportaciones. A pesar de este par de muestras de optimismo flotante en aguas analíticas someras, un nado profundo en las capas más hondas de la manufactura y el relato del nearshoring, ambos aún acechados por Trump, invita a la cautela.
A pesar de enfrentar aranceles efectivos más altos, que oscilan entre el 3.8 por ciento y el 4.7 por ciento contra el 1.8 por ciento a 3.7 por ciento de Canadá, México amplió su participación de mercado en las importaciones estadounidenses. Las cifras de comercio internacional muestran que las compras provenientes de México aumentaron un 5.8 por ciento en 2025 frente al 2024, superando los 534 mil millones de dólares, mientras que las importaciones desde Canadá disminuyeron un siete por ciento, hasta 383 mil millones de dólares, por una mayor dependencia en las ventas de aluminio y petróleo. Hasta aquí, buenas noticias.
Las fábricas de México respondieron a los aranceles con tácticas subrepticias para mantener volúmenes de venta en Estados Unidos. Cifras del Departamento de Comercio muestran que la proporción del valor de los bienes que cruzó la frontera con trato preferencial del T-MEC subió de 44.8 por ciento en enero de 2025 a 88.7 por ciento en noviembre. Para contrarrestar las tarifas, los exportadores cumplieron las exigencias de contenido regional, y además adelantaron ventas. Asimismo, trasladaron a proveedores una fracción de la compresión de márgenes. No obstante, la Inversión Extranjera Directa (IED) en la manufactura cayó en 2025 un 25.5 por ciento a 14 mil 800 millones de dólares desde 19 mil 900 millones de dólares en 2024, mientras que la inversión fija bruta de maquinaria y equipo descendió ocho por ciento en enero en relación al año anterior y acumula 14 meses en cifras negativas, lo cual sugiere una congelación de planes de capacidad expansiva. Por otra parte, como evidencia adicional de estrés, una lupa al empleo delata que las plantas también recortaron personal para blindar ganancias inmediatas.
Las fábricas recortaron trabajadores por la incertidumbre crónica y expectativas comerciales deterioradas. Con cifras del Inegi, la manufactura mexicana perdió en 2025 más de 237 mil empleos e hiló un segundo año de caída (ENOE 12/2025), luego de que en 2024 fueron más de 387 mil empleos perdidos (ENOE 12/2024). Con este resultado, México perdió los 568 mil empleos en la manufactura que ganó en 2023. Además, el peso de la manufactura en el empleo total descendió a 15.7 por ciento desde el 17.1 por ciento del empleo total que llegó a tener en 2023 en pleno boom del nearshoring. Detrás del bache, la figura de Trump sobresale.
La pérdida de empleo fue encabezada por caídas en la fabricación de equipo de transporte, subsector que más sufre los aranceles de Trump. Por una parte, la industria automotriz de vehículos pesados está en situación crítica y experimentó en 2025 una contracción anual de casi 35 por ciento en unidades producidas y alrededor de 29 por ciento en unidades exportadas, en gran parte atribuible al arancel focalizado de Trump. En cuanto a los vehículos ligeros, la producción anual cayó casi uno por ciento y las unidades exportadas cerca de tres por ciento. En ambos casos, los planes de expansión fueron frenados en seco.
Aunque las fábricas mexicanas respiran sin ventilador mecánico, continúan en cuidados intensivos a la espera de un traslado a piso. Trends, herramienta de Google para medir el tráfico de búsquedas, muestra que el término nearshoring en México apenas alcanza una décima de la atención que llegó a tener en su pico en 2024 y sólo una quinta parte del promedio visto desde inicios de 2023 hasta la elección presidencial en Estados Unidos. Un ejemplo del impacto disuasivo de Trump es en la industria automotriz, donde BYD y Geely, armadoras líderes en China, cancelaron planes de construir fábricas nuevas en México por fricciones geopolíticas y enfrentan obstáculos para comprar la planta de Nissan en Aguascalientes por temor a descarrilar la revisión del T-MEC. En general, aunque la manufactura amortiguó el potencial cisne negro, agrega exigua capacidad. La parálisis en la construcción de naves industriales por una mayor tasa de vacancia testimonia el momento.
Trump pausó el relato de la relocalización de inversiones, pero no lo mató por completo. México consolidó su delantera como el principal proveedor del hegemón con una participación de mercado de 15.6 por ciento frente 11.1 por ciento de Canadá y 9.1 por ciento de China. Además, el revés de la Suprema Corte a la Casa Blanca reduce la tasa arancelaria media aplicada a México. Por último, una derrota en las elecciones intermedias de noviembre debilitaría la imagen de hombre duro de Trump y activaría el conteo regresivo del último baile.
¿Qué puede hacer México entretanto? En primer lugar, aprovechar el distanciamiento entre Ottawa y Washington para obtener ventajas marginales en la revisión del T-MEC. En segundo, reforzar los incentivos para que la industria desaventajada sustituya más componentes y obtenga aranceles preferenciales. En tercero, prevenir una sobreapreciación del peso mexicano ante la debilidad del dólar para evitar un vuelco comercial súbito a costa de más empleo en la manufactura. En cuarto, aprovechar la nueva modalidad de inversión mixta para diseñar esquemas de cofinanciamiento entre la banca comercial y la de desarrollo para que el Plan México gane grados de realidad. Por último, aumentar la recaudación tributaria en sectores sanos e individuos pudientes para robustecer desde ya la capacidad de la política industrial y el gasto contracíclico sin afectar el consumo, en especial de los más pobres.
En el largo plazo, el relato del nearshoring podría retornar, pero es incierto si regresará en carne viva o acaso en la forma de un espectro ambulante. Mucho dependerá de la pericia para enfrentar las exigencias de la Casa Blanca, pero también de la habilidad para no cerrar la puerta en las narices de quienes buscan trasladar las cadenas de suministro de Asia a Norteamérica. Si cualquiera falla, Vietnam, Taiwán, India y hasta Canadá, si logra acercamiento efectivo con China, podrían ganar atractivo en relación a México. En cualquier caso, para depender menos de las exportaciones y aprovechar las lecciones de la historia, crear una masa de consumo interno más robusta restaría vulnerabilidad al veletismo de Washington. Que los trabajadores puedan comprar el fruto de su trabajo no sólo apuntala la justicia social, sino también desata un desarrollo económico a prueba de los tragos amargos de la geopolítica, que suele castigar la dependencia.
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