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5/22/2022

Significado de la guerra en el siglo XXI

por Thierry Meyssan

Interrumpiendo nuestra serie de artículos alrededor de la guerra en Ucrania, ‎presentamos algunas reflexiones sobre la evolución de la dimensión humana de ‎la guerra. El fin del capitalismo industrial y de la globalización no sólo transforman ‎nuestras sociedades y nuestros modos de pensar. También modifican el significado de ‎todas nuestras actividades y eso incluye las guerras. ‎

RED VOLTAIRE 

Los bombardeos nucleares contra Hiroshima y Nagasaki no eran una necesidad militar. Tokio ‎ya había tomado la decisión de rendirse cuando Estados Unidos lanzó sendas bombas ‎atómicas sobre esas dos ciudades japonesas. Pero en Washington querían evitar que Japón ‎optara por capitular ante las tropas soviéticas, que ya avanzaban en Manchuria. Washington ‎utilizó el fuego nuclear contra dos ciudades japonesas sólo para que Japón se rindiera ante ‎Estados Unidos y no ante la URSS.‎

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, hace 77 años, los europeos –exceptuando sólo a ‎los ex yugoslavos– han vivido en condiciones de paz dentro de sus fronteras. La guerra era ‎para ellos un lejano recuerdo y hoy la redescubren con horror en el contexto del conflicto ‎en Ucrania.

Pero los africanos de la región de los Grandes Lagos, los pueblos de la ‎ex Yugoslavia y los musulmanes –desde Afganistán hasta Libia y pasando por el Cuerno de África– ‎los observan con desprecio y repugnancia. Y es que durante largas décadas los europeos ‎simplemente ignoraron los sufrimientos de esos pueblos, acusándolos incluso de ser ‎responsables de sus propias desgracias. ‎

La guerra de Ucrania comenzó con el nazismo, señalan algunos. Otros dicen que se inició hace ‎‎8 años pero el hecho es que, en la conciencia colectiva de Occidente, sólo tiene algo más de ‎‎2 meses. Los occidentales ven una parte de los sufrimientos que se derivan del conflicto, pero ‎aún no lo perciben en toda su dimension. Lo peor es que están cometiendo el error de ‎interpretarlo según la experiencia de las generaciones que vivieron la dos guerras mundiales ‎en vez de hacerlo en función de lo que ellos mismos están viviendo. ‎
CADA GUERRA ES UNA LARGA SUCESIÓN DE CRÍMENES

En cuanto comienza, la guerra excluye los matices. Obliga a todos posicionarse por uno de los ‎dos bandos. Quienes no lo hacen se ven de inmediato atrapados en las fauces de la bestia.‎
La exclusión de los matices hace que todos se vean obligados a reescribir los hechos. Sólo hay ‎dos bandos: los «buenos», que somos nosotros, y los «malos», los del otro bando. ‎La propaganda de guerra es tan poderosa que, en poco tiempo, ya nadie distingue la diferencia ‎entre la realidad de los hechos y la manera como se describen. Nos vemos todos sumidos en la ‎oscuridad, sin nadie que sepa cómo encender la luz.
La guerra ocasiona sufrimiento y mata de forma indiscriminada, no distingue entre culpables e ‎inocentes. Se sufre y se muere no sólo bajo los golpes del enemigo sino también bajo el fuego ‎de nuestro propio bando. La guerra no sólo es sufrimiento y muerte sino también injusticia, que ‎es mucho más difícil de soportar.
Ninguna de las reglas de las naciones civilizadas subsiste ante la guerra. Muchos ceden a ‎la locura y dejan de comportarse como seres humanos. En la guerra ya no hay autoridad capaz ‎de poner a cada cual ante las consecuencias de sus actos. Desaparece la posibilidad de contar ‎con el prójimo. El hombre se convierte en el lobo del hombre. ‎

Pero sucede entonces algo fascinante. Mientras algunos se convierten en crueles bestias, otros ‎se transforman en fuentes de luz y su mirada se hace capaz de aclarar la nuestra. ‎

Yo pasé una década en los campos de batalla, sin regresar a mi país. Si hoy estoy lejos del ‎sufrimiento y de la muerte, todavía siento la fascinación irresistible de las miradas que aclaran. ‎Detesto la guerra, y sin embargo tengo que decir que la extraño porque en medio de esa ‎confusión de horrores siempre resplandece una forma sublime de humanidad. ‎
LAS GUERRAS DEL SIGLO XXI‎

Por eso quisiera compartir hoy algunas reflexiones que no conciernen un solo conflicto ‎en particular y todavía menos a este o aquel bando. Sólo quiero levantar una esquina del velo e ‎invitarlos a ustedes a ver lo que bajo él se esconde. Es posible que algunos sientan reticencia ‎ante lo que voy a mencionar, pero sólo podemos encontrar la paz aceptando la realidad. ‎

Las guerras evolucionan. Y no me refiero a la evolución del armamento o de las estrategias ‎militares sino a las razones de los conflictos, a su dimensión humana. El paso del capitalismo ‎industrial a la globalización financiera transforma nuestras sociedades y pulveriza los principios ‎que las organizaban, de la misma manera esa evolución modifica las guerras. El problema es que ‎ya somos incapaces de adaptar nuestras sociedades a ese cambio estructural y, por consiguiente, ‎somos aún más incapaces de reflexionar sobre la evolución de la guerra.

La guerra busca siempre resolver los problemas que la política no ha podido solucionar. ‎La guerra no llega cuando se está preparado para ella sino cuando se han eliminado todas las ‎demás soluciones. ‎

Eso es exactamente lo que está sucediendo hoy. Los straussianos estadounidenses –discípulos del ‎filósofo Leo Strauss– han logrado obligar a Rusia a intervenir en Ucrania al eliminar toda otra ‎opción que no fuese entrar en guerra. Ahora, si los países de la OTAN se obstinan en seguir ‎hostigando a Rusia, acabarán provocando una guerra mundial. ‎

Los periodos de transición entre dos épocas, durante los cuales hay que repensar las relaciones ‎entre los grupos humanos, favorecen la aparición de ese tipo de catástrofes. Algunos siguen ‎razonando en función de principios que en algún momento fueron eficaces, pero que ya ‎no están adaptados al mundo actual. Pero esa gente sigue adelante y puede provocar guerras, ‎quizás sin querer hacerlo. ‎
Durante la noche del 9 de mayo de 1945, la fuerza aérea de ‎Estados Unidos bombardeó Tokio. Más de 100 000 personas murieron en una noche y más ‎de un millón quedaron sin techo. Fue la mayor masacre de civiles que registra la historia.

En tiempo de paz existe una clara distinción entre la población civil y las fuerzas militares. Pero las guerras modernas han echado abajo esa manera de pensar. Las democracias barrieron la ‎organización de las sociedades en castas o en órdenes guerreras. Ahora todos pueden convertirse en ‎combatientes. El reclutamiento masivo y las guerras totales han sembrado la confusión. ‎Hoy en día son dirigentes civiles quienes dan órdenes a los militares. Los civiles han dejado de ser ‎inocentes víctimas y se han convertido en los primeros responsables de la desgracia generalizada ‎mientras que los militares han pasado a ser simples ejecutantes de esas desgracias. ‎

En Occidente, durante la Edad Media, la guerra era cosa de los nobles y las poblaciones ‎no participaban. La iglesia católica había establecido ciertas normas de la guerra para limitar ‎el impacto de los conflictos sobre las poblaciones. Nada de aquello corresponde a lo que hoy ‎estamos viendo. ‎

La igualdad entre hombres y mujeres también ha modificado viejos paradigmas. Hoy hay mujeres ‎soldados pero las mujeres también pueden ser comandantes civiles. El fanatismo ha dejado de ser ‎una exclusividad del llamado «sexo fuerte». Algunas mujeres resultan incluso más peligrosas y ‎crueles que ciertos hombres. ‎

Pero seguimos sin tener conciencia de todos esos cambios. O, en todo caso, no sacamos ‎de ellos ninguna conclusión. Así vemos posiciones tan inmorales como la negativa de los países ‎occidentales a repatriar las familias de los yihadistas que ellos mismos empujaron a irse luchar en ‎otras latitudes. Todos sabemos que las mujeres que tomaron ese camino están a menudo mucho ‎más fanatizadas que sus maridos. Todos sabemos que representan, por consiguiente, un peligro ‎mucho más grave… pero nadie lo dice. Así que las potencias occidentales prefieren pagar a ‎mercenarios kurdos para que se encarguen de mantenerlas a buen recaudo –con sus hijos– en ‎campos de prisioneros, lo más lejos posible de Occidente. ‎

Rusia ha sido el único país que ha repatriado esos niños, a pesar de que ya están contaminados ‎por la ideología yihadista, y los ha confiado a sus abuelos, con la esperanza de que estos logren ‎amarlos y reincorporarlos a la sociedad. ‎

Sin embargo, en este momento, hace 2 meses que nuestros países están recibiendo civiles ‎ucranianos que huyen de los combates. Considerando que son “sólo” mujeres y niños que sufren, ‎los gobiernos occidentales los reciben sin tomar ninguna precaución. Pero al menos una tercera ‎parte de esos niños se han “formado” en los campos de vacaciones de los banderistas actuales –‎cuyos predecesores fueron colaboradores de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Parte ‎de esos niños han recibido formación en el manejo de armas y se les ha inculcado la admiración ‎por Stepan Bandera, autor de crímenes contra la humanidad perpetrados en Ucrania bajo la ‎ocupación nazi. ‎

Campo de vacaciones en Ucrania, según el diario atlantista francés ‎‎“Le Monde”.
Fuente: Diario “Le Monde” (2016).

Las Convenciones de Ginebra son hoy una reliquia de la época en la que razonábamos con lo que ‎puede llamarse “humanidad”. Pero ya no corresponden a ninguna realidad. Quienes las respetan ‎lo hacen porque se creen obligados a hacerlo, pero no porque esperen seguir siendo humanos y ‎no verse sumidos en un océano de crímenes. La noción de «crimen de guerra» carece de ‎sentido ya que el objetivo de la guerra es cometer una serie de crímenes para alcanzar la victoria ‎que no se logró por vías civilizadas y porque, en una democracia, cada elector es responsable. ‎

En otros tiempos, la iglesia católica llegó a prohibir las estrategias bélicas dirigidas contra ‎los civiles –como los asedios– y las castigaba excomulgando a quienes recurrían a ellas. ‎Actualmente, para empezar, no existe ninguna autoridad moral que imponga el respeto de reglas. ‎Pero lo peor es que el mundo, las grandes potencias occidentales y la opinión pública ‎de Occidente ven como algo normal la aplicación de «sanciones económicas» que afectan a ‎pueblos enteros, llegando incluso a provocar hambrunas como sucedió en Corea del Norte. ‎

Por otro lado, Occidente considera “prohibidas” ciertas armas… que sus propios ejércitos siguen ‎utilizando. Por ejemplo, el presidente estadounidense Barack Obama había señalado el uso de ‎armas químicas o biológicas como una «línea roja» para el gobierno de Siria. Mientras tanto, ‎Joe Biden –entonces vicepresidente de la administración Obama– instalaba en Ucrania una vasta ‎red de laboratorios dedicados a la investigación biológica con fines militares. El único país que ‎se ha prohibido a sí mismo cualquier tipo de armamento de destrucción masiva es Irán, desde ‎que el imam Khomeini clasificó las armas de destrucción masiva –incluyendo la bomba atómica– ‎como moralmente condenables. ¡Pero es precisamente Irán quien está acusado por Occidente de ‎querer fabricar armas nucleares!

En el pasado, se hacían guerras para apoderarse de territorios. Al final, se firmaba un tratado ‎de paz que, de paso, modificaba lo que podría llamarse el “registro de propiedad” de los ‎territorios en disputa. En nuestros tiempos de redes sociales, lo que está en juego es menos ‎territorial y más ideológico. La guerra sólo se termina cuando cae el descrédito sobre una ‎manera de pensar. Aunque hay territorios que han cambiado de dueño, ciertas guerras recientes ‎han dado lugar a armisticios, pero ninguna llevado a la firma de tratados de paz ni al pago de ‎compensaciones. ‎

Hoy es evidente que, a pesar del discurso dominante en Occidente, la guerra en Ucrania no es ‎de carácter territorial sino ideológico. Por cierto, el presidente ucraniano Volodimir Zelenski es el primer jefe de Estado en hacer diariamente varias declaraciones públicas en medio de una ‎guerra. Zelenski pasa más tiempo hablando que dirigiendo su ejército. Sus intervenciones están ‎concebidas alrededor de referencias históricas. Las opiniones públicas de Occidente reaccionan ‎en función de los recuerdos que Zelenski maneja hábilmente y lo que no entienden… siguen ‎ignorándolo. A los ingleses les habla como Winston Churchill… y ellos lo aplauden. ‎A los franceses, les menciona el recuerdo del general Charles de Gaulle… y ellos también ‎lo aplauden, así lo hace con todos. Y siempre concluye con un «¡Gloria a Ucrania!», referencia ‎que sus oyentes occidentales no entienden pero que también aplauden porque les parece bonita. ‎

Pero quienes sí conocen la historia de Ucrania saben que «¡Gloria a Ucrania!» es el grito ‎de guerra de los banderistas, lo que gritaban durante la Segunda Guerra Mundial mientras ‎masacraban a más de un millón y medio de sus compatriotas ucranianos y al menos un millón de ‎judíos. ¿Qué puede justificar que un ucraniano exhorte a masacrar a otros ‎ucranianos y que un judío llame a exterminar a otros judíos? ‎

La ignorancia nos hace sordos y ciegos.
Por primera vez en la historia de la guerra, una de las partes ha censurado ‎los medios del otro bando antes del inicio mismo del conflicto. La Unión Europea decidió ‎impedir el acceso a la televisora pública rusa RT y a la agencia Sputnik, también pública, para ‎que el público europeo no pudiera conocer la otra versión de lo que iba a suceder. Después ‎de la censura contra los medios rusos, ahora se trata de censurar también los medios ‎no estatales que muestran otra imagen de lo que acontece. El sitio web de la Red Voltaire –‎voltairenet.org– está censurado en Polonia desde hace un mes, por decisión del consejo de ‎seguridad nacional polaco.

La guerra ya no se limita al campo de batalla. Ahora es indispensable “conquistar” a los ‎telespectadores. Durante la guerra contra Afganistán, el presidente de Estados Unidos, George ‎W. Bush, y el primer ministro británico, Tony Blair, se plantearon la posibilidad de destruir el canal ‎de televisión satelital Al-Jazeera, que no tenía ningún impacto sobre las opiniones públicas ‎occidentales pero que sí daba mucho que pensar a la teleaudiencia de todo el mundo árabe. ‎

Después de la agresión de 2003 contra Irak, algunos investigadores franceses llegaron a creer que ‎la guerra militar acabaría convirtiéndose en guerra cognitiva. El cuento de las «armas de ‎destrucción masiva» de Saddam Hussein se mantuvo en pie sólo unos meses, pero fue magistral ‎la manera como Estados Unidos y Reino Unido lograron que todo el mundo se tragara aquella historia. ‎En definitiva, la OTAN agregó a sus 5 terrenos de intervención habituales (aire, tierra, mar, ‎espacio y sector cibernético) un sexto campo de batalla: el de la mente humana. Actualmente, ‎la OTAN evita el enfrentamiento con Rusia en los cuatro primeros campos de batalla (aire, ‎tierra, mar y espacio) pero ya entró en guerra en los otros dos. ‎

A medida que los sectores de intervención se amplían, la noción de parte beligerante se vuelve ‎más difusa. Ya no son hombres quienes luchan entre sí sino sistemas de pensamiento. ‎Por consiguiente, la guerra se globaliza. Durante la agresión contra Siria, más de 60 Estados ‎que nada tenían que ver con el conflicto enviaron armamento para acabar con la República ‎Árabe Siria. Hoy, una veintena de Estados están enviando armamento a Ucrania. ‎

En el caso de Siria, como los occidentales no entienden los acontecimientos en desarrollo sino ‎que los interpretan en función de su conocimiento previo sobre el mundo del pasado, ‎las opiniones públicas occidentales creyeron que las armas que Occidente enviaba eran utilizadas ‎por una oposición democrática siria, cuando en realidad esas armas acababan en manos del terrorismo ‎yihadista. Ahora, el público occidental está convencido de que el armamento occidental enviado ‎a Ucrania es para el ejército ucraniano, ignorando el hecho que esa fuerza está plagada de ‎banderistas inspirados en el “ejemplo” de los ucranianos que colaboraron con la ocupación ‎hitleriana. ‎

El camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones. ‎

5/12/2022

Ucrania, Canadá y los banderistas

por Thierry Meyssan


En artículos anteriores de esta serie, ya vimos como los banderistas –colaboradores ‎ucranianos de los peores crímenes perpetrados por los nazis en Ucrania y en Polonia–‎ lograron alcanzar el poder en Kiev. Hoy veremos cómo, a lo largo de 80 años, ‎inmigrantes ucranianos banderistas se incrustaron en el Partido Liberal canadiense, ‎al extremo de lograr poner a uno de los suyos en el segundo puesto más importante en el gobierno del actual primer ministro, Justin Trudeau.‎

RED VOLTAIRE |


El primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, acudió a la sede del Parlamento canadiense ‎especialmente para presentar a los diputados el discurso del presidente ucraniano Volodimir ‎Zelenski. Con 39 millones de habitantes, Canadá cuenta 1,4 millones de ciudadanos de origen ‎ucraniano, que representan un 3 o un 4% de los electores. Las organizaciones banderistas ‎disponen de gran influencia sobre ese sector de la población y le inculcan su ideología racista.‎


Los primeros extranjeros que llegaron a Ucrania para luchar contra las fuerzas rusas, en febrero ‎de 2022, eran canadienses. El primer oficial extranjero arrestado en Ucrania por los soldados ‎rusos –el 3 de mayo– fue un general canadiense. Esos dos hechos indican que, a pesar de su ‎situación geográfica, considerablemente alejada de Ucrania –a más de 6 000 kilómetros–, Canadá ‎está muy implicado en el actual conflicto. ‎

En este artículo mostraré como, desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, todos ‎los gobiernos liberales canadienses respaldaron a los banderistas ucranianos. Durante aquel ‎conflicto, esos gobiernos canadienses “apostaban a dos caballos” –luchando públicamente ‎contra los nazis mientras que seguían apoyando a los banderistas, quienes a su vez colaboraban con ‎los nazis. Peor aún, el actual primer ministro liberal de Canadá, Justin Trudeau, tiene como ‎viceprimer ministro a Chrystia Freeland, nieta de un conocido propagandista banderista cuyos ‎pasos ella misma siguió desde muy joyen. ‎

Las conexiones entre la CIA estadounidense y los nazis caracterizaron el periodo de la ‎guerra fría, sólo salieron a la luz en 1975, con el trabajo de las comisiones del Congreso ‎encabezadas por Pike, Church y Rockfeller, y no terminaron hasta el mandato del presidente ‎James Carter.

Pero, en Canadá, los vínculos del Partido Liberal con los banderistas ucranianos ‎aún se mantienen, al extremo que –fuera del caso de Ucrania– Canadá es el único país del ‎mundo que tiene actualmente un ministro banderista, quien además ocupa el segundo puesto más ‎importante en la jerarquía gubernamental canadiense. ‎

En 1937, el primer ministro de Canadá, William King, viaja a Berlín. Aquí ‎lo vemos a la salida de su encuentro con el Fuhrer Adolf Hitler, a quien comparó con Juana ‎de Arco, viéndolo como un “libertador de su pueblo”.‎

En 1940, o sea estando el Reino Unido en guerra pero con Estados Unidos todavía fuera del ‎conflicto, el gobierno del primer ministro liberal canadiense William King creó el Ukrainian-‎Canadian Congress (UCC) para apoyar a los inmigrantes ucranianos antibolcheviques frente a los ‎ucranianos prosoviéticos reunidos en la Association of United Ukrainian-Canadians (AUUC) y también ‎contra los judíos del Canadian Jewish Congress (CJC). El gobierno canadiense procedió entonces ‎al cierre de bibliotecas prosoviéticas y de sinagogas.‎

Es importante saber que el Partido Liberal de Canadá no fue creado para promover el ‎individualismo frente a las ideas conservadoras sino en contra del ideal republicano [1].‎

Durante la Segunda Guerra Mundial, el primer ministro liberal William King (William Lyon ‎Mackenzie King), quien gozaba de gran apoyo entre los electores, fue intensamente abucheado ‎por los soldados canadienses cuando los visitó en Europa. El Partido Liberal de Canadá siempre ‎ha defendido posiciones antirrusas, posiciones que hasta 1991 presentaba como antisoviéticas, y ‎siempre interpretó el cristianismo como obligatoriamente contrario al judaísmo. ‎

Al final de la Segunda Guerra Mundial, Canadá fue el principal refugio de los fugitivos banderistas –‎que habían colaborado con la ocupación nazi– y de los nazis originarios de las repúblicas bálticas. ‎Entre los más de 35 000 inmigrantes ucranianos vinculados a los banderistas que llegaron ‎entonces a Canadá estaban Volodimir Kubijovyc y Mykhailo Khomiak –quien ya en Canadá se hizo ‎llamar «Michael Chomiak»–, editores de Krakivs’ki Visti, el diario nazi más importante de ‎Europa Central. ‎

Michael Chomiak junto a varios dignatarios nazis.‎ En el ángulo inferior derecho de esta foto se ve, en primer plano, a Joseph Goebbels, el ministro de la Propaganda de Hitler.‎

Michael Chomiak, quien había trabajado directamente bajo las órdenes de Goebbels, el ministro ‎de la Propaganda de Hitler, nunca renegó de su pasado como colaborador de los nazis. Y fue ‎este individuo quien educó a su nieta, Chrystia Freeland, la hoy viceprimer ministro de Canadá. ‎

Lejos de condenar los crímenes de los banderistas, Chrystia Freeland debutó en el periodismo, a ‎los 18 años, trabajando para la Encyclopedia of Ukraine redactada por el ya mencionado ‎Volodimir Kubijovyc y hoy disponible en internet. ‎Chrystia Freeland trabajó después en el diario de los banderistas canadienses, The Ukrainian ‎News, y en The Ukrainian Weekly, publicación de los banderistas estadounidenses, vinculados al Bloque Antibolchevique de Naciones (ABN) y a la CIA. Durante los últimos años de la URSS, ‎Chrystia Freeland viajó a ese país. Dirigiéndose al gobierno canadiense, las autoridades ‎soviéticas investigaron su historial de respaldo a los banderistas y prohibieron a Chrystia Freeland ‎regresar a la Unión Soviética. Sin embargo, después de la disolución de la URSS, Chrystia Freeland ‎se convirtió en jefa de la oficina del Financial Times en Moscú. Más tarde pasó a ser redactora-‎jefe adjunta del Globe and Mail y redactora-jefe de Thomson Reuters Digital.‎


En sus artículos y libros [2], Chrystia Freeland se apropia de ‎dos temas heredados de su abuelo banderista Michael Chomiak:
Critica a los ultra-ricos mencionando casi exclusivamente los casos de judíos y
se aferra prácticamente a cualquier cosa para criticar duramente la URSS, arremetiendo después ‎contra Rusia. ‎

Hay que recordar que el fascismo fue una respuesta a la crisis económica de 1929. Esa respuesta ‎proponía una alianza nacionalista de clase por corporación. Los nazis y los banderistas agregaron ‎a aquella respuesta una terrible dimensión racial. Al arremeter contra los súper ricos, Chrystia ‎Freeland aborda, con toda razón, el principal problema de hoy. Actualmente, la finanza es ‎lo único que aporta ganancias mientras que la producción está en crisis. Pero Chrystia Freeland ‎se desvía insidiosamente hacia una lectura racial del problema al señalar que la proporción de ‎judíos entre los súper ricos es mucho más importante que en el resto de la población y dejando ‎entrever que esa correlación es significativa. ‎

En 1991, el diputado liberal canadiense de origen polaco-ucraniano Borys Wrzesnewskyj lanza una ‎iniciativa para que Canadá sea el primer país del mundo en reconocer la independencia ‎de Ucrania. Utilizando la fortuna de su familia –propietaria de las panaderías Future Bakery–, ‎Borys Wrzesnewskyj crea un servicio destinado a proporcionar “información” sobre Ucrania a los ‎miembros del parlamento canadiense. Wrzesnewskyj financia también la creación de archivos, por los ya mencionados Volodimir Kubijovyc y “Michael Chomiak” –el abuelo de Chrystia Freeland– quienes ‎recopilan documentos sobre los nacionalistas ucranianos en la Segunda Guerra Mundial. Pero la ‎‎Encyclopedia of Ukraine no es un trabajo científico sino un esfuerzo por rehabilitar a los ‎banderistas colaboradores de los nazis y una verdadera falsificación de la historia. Utilizando ‎nuevamente las relaciones de su familia, Borys Wrzesnewskyj introduce a Viktor Yushchenko, ‎futuro presidente de Ucrania, en el mundo de la política en Canadá. ‎

En 1994, el primer ministro liberal Jean Chretien negocia un Tratado de Amistad y Cooperación entre Canadá y Ucrania y, en 1996, ya incluso propone que Ucrania se convierta en miembro de la OTAN. ‎

En enero de 2004, el gobierno de Canadá, encabezado otra vez por un primer ministro liberal, ‎Paul Martin, colabora con Washington en el montaje de la llamada «revolución naranja». ‎En Kiev, el embajador de Canadá, Andrew Robinson, organiza reuniones de sus colegas de ‎‎28 países para poner en el poder a Viktor Yushchenko. El objetivo era torpedear la política del ‎presidente Leonid Kuchma, quien había aceptado el gas ruso en vez de favorecer los trabajos de ‎prospección de Estados Unidos en el Mar Caspio [3].‎

El embajador de Canadá financia además el sondeo del Centro Ucraniano de Estudios Económicos ‎y Políticos Oleksandr Razumkov, sondeo que afirmará que la elección presidencial ucraniana ‎estaba “arreglada”. Canadá subvenciona también, con 30 000 dólares, la asociación Pora!, encabezada por el ‎estratega de la OTAN Gene Sharp [4].‎

Basándose únicamente en el sondeo del Centro Razumkov, la asociación Pora! organiza ‎manifestaciones callejeras en Ucrania, se anula la elección presidencial y se organiza una nueva. ‎Canadá dedica entonces 3 millones de dólares al envío de 500 “observadores” que ‎se encargarán de “seguir” la nueva elección. Esta tendrá como ganador al perdedor de la elección ‎anulada, Viktor Yushchenko. Al montar su equipo de gobierno, Yushchenko nombra consejero ‎especial a Vladislav Kaskiv, líder de Pora! y empleado del magnate George Soros. ¿Y quién será su ‎ministro de Defensa? Anatoliy Gritsenko, un militar formado en Estados Unidos y además ‎presidente del Centro Razumkov.‎

El diputado liberal canadiense Borys Wrzesnewskyj estuvo especialmente activo durante la ‎‎«revolución naranja». Su hermana, Ruslana, era amiga íntima de la esposa de Yushchenko y ‎Borys Wrzesnewskyj invirtió al menos un cuarto de millón de dólares canadienses para incentivar ‎el movimiento favorable a Yushchenko, además de utilizar su apartamento en el centro de Kiev ‎para coordinar las manifestaciones entre la elección presidencial anulada y la nueva elección. ‎Los manifestantes movilizados por Pora! incluso coreaban «¡Canadá!» y agitaban banderas de ‎ese país. ‎

Chrystia Freeland inició su carrera política en 2013, en el Partido Liberal. Fue electa diputada de ‎Toronto. En 2014, apoyó la llamada «revolución de la dignidad», o sea el putsch banderista de ‎la Plaza Maidan, también llamado EuroMaidan, y se reunió con sus protagonistas. ‎Posteriormente, Chrystia Freeland se pronunció contra la independencia de Crimea y se reunió ‎con el líder tártaro Mustafá Yemilev, conocido como espía de Estados Unidos en tiempos de la ‎guerra fría. Finalmente, el presidente ruso Vladimir Putin prohibió la entrada de Chrystia Freeland ‎en Rusia. ‎

En 2015, el primer ministro liberal Justin Trudeau nombró a Chrystia Freeland ministro de Comercio ‎Exterior, en 2017 la nombró ministro de Exteriores, en 2019 la ascendió a ministro de Asuntos ‎Intergubernamentales, con rango de viceprimer ministro y posteriormente, en 2020, puso en ‎sus manos el ministerio de Finanzas. ‎

En 2014, el ministro canadiense de Exteriores (a la izquierda en la foto), John Baird, viaja a Ucrania y ‎aporta el respaldo de Canadá al líder del partido neonazi Svoboda.‎

En 2014, el conservador John Baird, ministro de Exteriores, se presenta en la plaza Maidan y ‎se reúne con los principales cabecillas de las manifestaciones antigubernamentales. Hasta la ‎propia televisión canadiense consideró entonces que Baird daba así un sólido argumento ‎al presidente ruso Vladimir Putin, quien declaraba que la «revolución» de la Plaza Maidan ‎en realidad era una manipulación occidental. ‎

De hecho, la portavoz de la embajada de Canadá en Kiev, Inna Tsarkova, era una de las ‎responsables del movimiento llamado EuroMaidan. La embajada de Canadá, situada junto a la Plaza Maidan, servía incluso de refugio a los manifestantes, que simple y llanamente acamparon ‎en los predios de la sede diplomática durante al menos una semana. Allí se refugiaron los ‎miembros del grupo neonazi C14 [5] durante el grave estallido de violencia del 18 de febrero.‎

El 17 de julio de 2014, cuando el vuelo 17 de Malaysia Airlines es derribado en Ucrania, la ‎Organización de la Aviación Civil Internacional (OACI), con sede en Montreal, envía cuatro ‎inspectores al lugar del desastre. Sin esperar siquiera el inicio de la investigación, Chrystia ‎Freeland emprende una campaña internacional de acusación contra Rusia. Posteriormente utilizará ‎su posición como ministro canadiense para echar leña al fuego y extender esa campaña. ‎

Después del derrocamiento del Viktor Yanukovich, presidente electo de Ucrania pero ‎estigmatizado en Occidente como «prorruso», Canadá pone en marcha la operación UNIFIER (Canadian ‎Armed Forces Joint Task Force-Ukraine), cuyo objetivo oficial es formar a los militares ucranianos ‎y desarrollar su policía militar. La operación se desarrolla en realidad bajo las órdenes de ‎Londres y de Washington e incluye el envío de 200 instructores y de material militar considerado ‎‎«no letal». UNIFIER termina el 13 de febrero de 2022, justo antes de la «operación militar ‎especial» rusa, para evitar poner a Canadá en situación de guerra. ‎

En 8 años, Canadá ha aportado a Ucrania «ayudas» por valor de cerca de 900 millones de ‎dólares. ‎

Junio de 2016. De izquierda a derecha, el embajador ucraniano en Canadá ‎Andriy Shevchenko, el primer ministro canadiense Justin Trudeau y el diputado ucranio-‎canadiense Borys Wrzesnewskyj. En primer plano, Mustafá Yemilev, líder de los tártaros ‎antisoviéticos (hoy antirrusos) y agente de la CIA desde los tiempos de la guerra fría.

En 2016, el primer ministro liberal de Canadá, Justin Trudeau, recibió con los mayores honores a ‎Mustafá Yemilev, personaje con quien su segunda, Chrystia Freeland, ya se había reunido. ‎En agosto de 2015, Mustafá Yemilev se había convertido en “emir” de una «Brigada Musulmana ‎Internacional», cofinanciada por Turquía y Ucrania, para “recuperar” la península de Crimea, ‎reincorporada a la Federación Rusa por voluntad de sus habitantes [6].‎

Chrystia Freeland y Stepan Kubiv firman el Acuerdo de Libre Comercio ‎Canadá-Ucrania, en presencia del primer ministro canadiense Justin Trudeau y del entonces ‎presidente ucraniano Petro Porochenko.

En esa misma época, Chrystia Freeland negocia el Acuerdo de Libre Comercio entre Canadá ‎y Ucrania. ‎

Chrystia Freeland participa en una manifestación de los banderistas de ‎OUN-B contra la intervención rusa en Ucrania. Los colores negro y rojo de la banderola ‎identifican a los banderistas y el eslogan “¡Gloria a Ucrania!” es el grito de guerra de los ‎banderistas.

En 2017, cuando el sitio web Russia Insider revela el pasado criminal de su abuelo al servicio del III Reich y los estrechos ‎vínculos personales que ella misma mantiene con los banderistas, Chrystia Freeland niega ‎los hechos y afirma que todo eso es «propaganda rusa». Sin embargo, el pasado 27 de febrero, ‎Freeland se exhibe en público con un grupo de banderistas de la Unión de Nacionalistas ‎Ucranianos (OUN-B) en una manifestación contra la intervención militar rusa. La foto que ‎ella misma había publicado fue rápidamente retirada de su cuenta en Twitter. ‎

El primer ministro canadiense Justin Trudeau y su viceprimer ministro Chrystia ‎Freeland junto a Paul Grod, presidente de los ucranianos banderistas de Canadá.

En respuesta al inicio de la operación militar rusa en Ucrania, Canadá –como sus socios de ‎la OTAN– modificó de inmediato su propio presupuesto y reservó 500 millones de dólares ‎al ejército ucraniano –banderistas incluidos. Utilizando esos 500 millones de dólares, el gobierno ‎canadiense ya ha enviado a Ucrania:
ametralladoras, pistolas, carabinas, un millón y medio de balas, fusiles de alta precisión y otro equipamiento para francotiradores (14 de febrero);
dispositivos ‎de visión nocturna, cascos y chalecos blindados (27 de febrero);
100 cañones sin retroceso ‎‎Carl Gustav M2 y 2 000 proyectiles para cañones de 84 milímetros (28 de febrero);
‎‎390 000 raciones individuales de campaña y alrededor de 1 600 indumentarias de protección ‎contra metralla (1º de marzo);
4 500 lanzacohetes M-72 y 7 500 granadas de mano así como ‎una suscripción a imágenes satelitales comerciales por valor de un millón de dólares (3 de ‎marzo);
cámaras para drones de vigilancia (9 de marzo);
cañones M777 y municiones para ese ‎tipo de artillería así como municiones adicionales para el arma antiblindados Carl Gustav M2 (22 ‎de abril);
8 vehículos blindados de tipo comercial y un contrato de servicio para el mantenimiento ‎y reparación de cámaras especializadas utilizadas en drones (26 de abril).
Además, Canadá inició la ‎formación de militares ucranianos en el uso de los cañones M777. ‎

El 2 de marzo, el primer ministro canadiense Justin Trudeau, quien cree todo lo que viene de ‎Estados Unidos, logró que una veintena de países firmaran una declaración donde se denuncia la ‎‎“desinformación rusa” [7]. Lo que ‎se busca es impedir la difusión de información sobre los banderistas ucranianos y canadienses.‎

El 10 de marzo, Canadá logró también que unos 30 de países firmaran otra declaración donde –‎muy orwellianamente– se regocijan, ¡en nombre de la “libertad de prensa”!, por las medidas de ‎censura aplicadas en Occidente contra la televisora informativa Russia Today y contra la agencia ‎Sputnik, dos órganos públicos de prensa rusos.‎

Desde que los banderistas tomaron el poder en Kiev, Canadá ha adoptado sanciones contra más ‎de 900 personalidades y empresas rusas y contra opositores ucranianos. A esa lista de ‎‎“sancionados”, Ottawa acaba de agregar ahora varias personalidades cercanas al presidente ruso ‎y miembros de sus familias. ‎

A pesar de sus declaraciones de principios sobre la igualdad de derechos entre todas las personas, ‎Canadá apoya sin reservas a los banderistas, defensores de la superioridad racial de los ‎ucranianos sobre los rusos. ‎


Este artículo da continuación a los trabajos
4. «La increíble sordera de Washington y Londres», ‎1º‎ de febrero de 2022.‎
6. «Dos interpretaciones sobre la cuestión de Ucrania», 16 de febrero de 2022.‎
9. «“Banda de drogadictos y de neonazis”», ‎‎6 de marzo de 2022.‎
10. «Estupor de Israel ante los neonazis ucranianos», 9 de marzo de 2022.‎
11. «Ucrania, otra gran manipulación», 22 ‎de marzo de 2022.
13. «Propaganda de guerra bajo una nueva forma», 5 de abril de 2022.
15. «El fin de la dominación occidental», 19 de abril de 2022.


[1] Canada’s ‎Origins: Liberal, Tory, or Republican?, Janet Ajzenstat & Peter J. Smith, Mcgill Queens University ‎Press, 1995.
[2] Ver Sale of the Century: Russia’s Wild Ride from ‎Communism to Capitalism, Crown Business, 2000, y Plutocrats: The Rise of the New Global Super-‎Rich and the Fall of Everyone Else, Penguin Pres, 2012
[3] “Agent orange: Our secret role in Ukraine”, Mark Mackinnon, Globe and Mail, 14 de abril de 2007.
[4] «La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 10 de febrero de 2005.
[5] «La ley racial ucraniana», ‎‎Red Voltaire, 4 de marzo de 2022.
[6] «Ucrania y Turquía han creado una brigada internacional islámica contra Rusia», por Thierry ‎Meyssan, Televisión nacional siria, Red Voltaire, 15 agosto de 2015.

5/11/2022

La esperanza de Washington: prolongar la guerra ‎en Ucrania para recobrar su estatus de ‎hiperpotencia

CRECEN LAS TENSIONES (17) ‎

por Thierry Meyssan

La operación militar rusa en Ucrania se ha convertido en una guerra verdadera entre ‎Moscú y Washington, y eso abre la caja de Pandora. Los occidentales se adaptan. ‎Pero ya no se trata de defender a los banderistas contra Rusia sino de debilitar a los ‎dos bandos –lo cual incluye debilitar también a la Unión Europea. Washington pretende ‎recuperar así su antiguo estatus de hiperpotencia y su mundo unipolar. ‎

RED VOLTAIRE

El 23 de enero de 2022, se celebró en Taiwán el congreso anual de la Liga Mundial por la ‎Libertad y la Democracia (World League for Freedom and Democracy, WLFD), actual ‎denominación de la Liga Anticomunista Mundial (WACL). Los “soldados” de la guerra fría están ‎muy lejos de haber desaparecido.‎



EL REGRESO DE LOS “SOLDADOS”
DE LA GUERRA FRÍA


En dos meses, la operación militar especial rusa contra los banderistas ucranianos se ha ‎convertido en una guerra verdadera en la que Rusia y las Repúblicas Populares del Donbass luchan contra ‎el gobierno de Kiev, respaldado por la OTAN. ‎

Una victoria de Kiev sería un duro golpe para Rusia y la victoria rusa significaría el fin de ‎la OTAN. Así que ninguno de los beligerantes puede darse ya el lujo de retroceder.‎

Los banderistas han visto afluir hacia Ucrania sus viejos aliados del Bloque de las Naciones ‎Antibolcheviques (ABN) y de la Liga Anticomunista Mundial (WACL, siglas en inglés) [1], entre ellos 3 000 miembros de los Lobos Grises turcos [2]. ‎

Sin haber desaparecido por completo, el ABN y la Liga Anticomunista Mundial han sido ‎reemplazados por la “Orden militar” Centuria mientras que se mantienen los vínculos ideológicos antirrusos y la ‎fraternidad que se desarrollaron durante las operaciones secretas de la guerra fría. Asimismo, quedó ‎comprobada durante la guerra contra Siria la existencia de vínculos entre los yihadistas de ‎distintas nacionalidades, vínculos creados durante sus sucesivas luchas –bajo las órdenes de ‎la CIA– en Afganistán, Bosnia-Herzegovina, Chechenia y Kosovo. ‎

Ya puede verse que esta guerra está llamada a prolongarse y a ampliarse. ‎Por consiguiente, esas redes siguen movilizándose. Por ejemplo, hasta ahora no se han visto ‎combatientes ni beligerantes asiáticos, aunque el dictador chino Chiang Kai-shek aportó una ‎ayuda importantísima a la Liga Anticomunista Mundial, llegando incluso a instalar en Taiwán la ‎Political Warfare Cadres Academy del banderista ucraniano Yaroslav Stetsko, quien durante la ‎Segunda Guerra había sido el primer ministro designado por los nazis en la Ucrania ocupada por ‎las tropas de Hitler. La Political Warfare Cadres Academy fue el equivalente del Psychological ‎Warfare Center instalado en Fort Bragg (Estados Unidos) y de la también estadounidense Escuela ‎de las Américas, instalada en la zona del Canal de Panamá, incluyendo los cursos de formación de ‎torturadores. El actual gobernador de la ciudad ucraniana de Mykolayiv, Vitaly Kim, de origen ‎asiático (Koryo-saram), podría ser el vínculo con los sucesores del dictador surcoreano Park ‎Chung-hee.‎

Edward Luttwak

Antes de ser rebautizada, en 1990, con su actual denominación para hacerla más presentable, ‎la Liga Anticomunista Mundial, fundada en Taiwán en 1966, ya había sido profundamente ‎modificada en 1983, siguiendo los consejos de uno de los discípulos del filósofo Leo Strauss, ‎el rumano-estadounidense Edward Luttwak [3]. Con la disolución de la URSS, la Liga Anticomunista ‎Mundial adoptó su nueva denominación de “Liga Mundial por la Libertad y la Democracia” (WLFD). ‎Su más reciente congreso tuvo lugar en Taiwán, el 23 y el 24 de enero de 2022, bajo la ‎presidencia de Yao Eng-chi, un alto responsable del Kuomintang. La Liga goza hoy del estatus de ‎consultante de la ONU y tiene incluso una oficina en la sede neoyorkina de las Naciones Unidas. ‎El gobierno de Taiwán la financia con casi un millón de dólares anuales y sus actividades están ‎clasificadas oficialmente como «secreto militar». ‎

La ley que financiará los envíos de armamento a Ucrania fue presentada al ‎Senado de Estados Unidos… el 19 de enero de 2022, o sea antes del inicio de la operación ‎militar rusa. El Senado la adoptó el 28 de abril y ahora está pendiente de aprobación en la Cámara de Representantes.

¿POR QUÉ RESIGNARSE A MORIR SI ES POSIBLE SOBREVIVIR GRACIAS AL DOLOR AJENO?


Si bien los continuadores de las milicias fascistas del mundo entero –activamente respaldados por ‎la CIA– se han unido a los banderistas ucranianos, la OTAN se mantiene formalmente ‎a distancia del ejército ucraniano, para evitar un conflicto directo entre Estados Unidos y Rusia, ‎dos potencias nucleares. ‎

Sin embargo, el 26 de abril de 2022, el Pentágono reunió en la base estadounidense de Ramstein ‎‎(Alemania) a los ministros de Defensa de 43 de sus aliados para forzarlos a entregar ‎armamento a los ucranianos. Sabiendo que, antes de la guerra, el gobierno de Zelenski ya ‎estimaba que las milicias banderistas eran al menos una tercera parte de las Fuerzas Armadas ‎Ucranianas, es evidente que esos países saben que al menos una tercera parte del armamento ‎que entreguen a Ucrania acabará en manos de esos neonazis. ‎

Eso lo saben todos los Estados dotados de servicios de inteligencia mínimamente competentes. ‎Pero la incapacidad de esos Estados para oponerse a la voluntad del Tío Sam es tan grande que ‎Israel fue el único que se atrevió a boicotear la reunión de Ramstein [4]. ‎

A pesar de ello, la influencia de Washington ya no es la que era. Antes, Washington logró ‎movilizar 66 Estados para apoyar militarmente a los yihadistas contra Siria. Hoy, los 43 Estados ‎movilizados a favor de Kiev son una tercera parte de los países miembros de la ONU, pero sólo ‎representan un décima parte de la población mundial. Eso es muestra del debilitamiento de la ‎influencia mundial de Estados Unidos. ‎

En todo caso, el flujo de armas hacia Ucrania hace que no sea indispensable para el ejército ‎ucraniano atacar Transnistria –la autoproclamada República ‎Moldava Pridnestroviana–, que ‎alberga el mayor arsenal de todo el continente europeo. ‎

El 29 de abril, la Casa Blanca obtuvo del Congreso una nueva asignación, ascendente a 33 000 millones de ‎dólares, de créditos adicionales para armar a Ucrania. Con esa nueva asignación, el presupuesto ‎militar de Ucrania pasa al 11º lugar a nivel mundial. ‎

Al cabo de 2 meses de combates, las fuerzas políticas estadounidenses se han unido a la guerra de ‎los straussianos, imaginándose como podrían beneficiarse. Para volver a ser la hiperpotencia que ‎fue en el pasado, Estados Unidos retoma su partitura del inicio de la Segunda Guerra Mundial. ‎En 1939, cuando todavía no había logrado recuperarse de la crisis económica de 1929, ‎Nueva York estaba muy por detrás de… Buenos Aires. La genial idea de Washington consistió ‎entonces en propiciar que los europeos se mataran entre sí… vendiéndoles armamento estadounidense ‎a cambio de las joyas de la industria europea. Estados Unidos no entró en guerra hasta 1942 y ‎ni siquiera entonces se implico a fondo en el conflicto –de los 55 millones de víctimas que dejó la Segunda ‎Guerra Mundial sólo 200 000 fueron estadounidenses. ‎

La astucia de Estados Unidos consistió en armar a los europeos mediante una ley que implantaba ‎un sistema de «Préstamo y Arriendo», en inglés Lend-Lease. En otras palabras Estados Unidos ‎‎“prestó” a los europeos un armamento que, de alguna manera, estos tendrían que pagar. ‎Después de la Victoria, llegó el momento de pagar la factura. Los británicos tuvieron que ceder ‎su Imperio mientras que los soviéticos estuvieron pagando aquella deuda durante 60 años. Fue ‎Vladimir Putin quien terminó de pagarla. ‎

Ahora, el Congreso de Estados Unidos seguramente adoptará a la mayor brevedad la «Ley de ‎Préstamo y Arriendo para la Defensa de la Democracia en Ucrania» (Ukraine Democracy ‎Defense Lend-Lease Act of 2022, (S. 3522), ya aprobada por el Senado [5]. O sea, ‎Estados Unidos continúa la Segunda Guerra Mundial, incluso en el plano económico [6].‎

Esa ley es parte de la aplicación de la «Doctrina Wolfowitz» de 1990, que consiste en impedir por ‎todos los medios el desarrollo de cualquiera capaz de rivalizar con Estados Unidos, y cuya prioridad ‎no es otra que debilitar… la Unión Europea. ‎

Si bien la Ukraine Democracy Defense Lend-Lease Act es una medida de racionalización logística ‎y una excelente inversión económica para Washington, también representa un enorme derroche ‎militar. Para poder utilizar ese armamento se necesitan largos periodos de formación y ‎entrenamiento, formación y ‎entrenamiento que los ucranianos no tienen, así que no podrán utilizar ese armamento a ‎corto plazo. Además, ese armamento sólo sería útil en el frente pero no podrá llegar hasta allí ‎rápidamente porque las estaciones eléctricas ya han sido destruidas y las locomotoras diésel ‎europeas no se adaptan a la separación de los rieles de las vías férreas ucranianas y rusas, ‎sin entrar a mencionar el hecho que esas vías ya han sido ampliamente bombardeadas. ‎

El 25 de abril de 2022, el Foro por la Democracia, importante formación ‎política de los Países Bajos planteaba una grave interrogante sobre la sorprendentemente cuantiosa fortuna personal ‎que el presidente ucraniano Volodimir Zelenski ha adquirido en muy corto tiempo: ‎‎¡850 millones de dólares!‎

Dadas las muestras de corrupción del presidente ucraniano Volodimir Zelenski, es altamente ‎probable que, al no poder utilizarlo, Kiev acabe revendiéndolo en el mercado negro. Así que ese ‎armamento reaparecerá en otros campos de batalla… en manos de actores no estatales. En sólo ‎dos meses, Zelenski ya ha logrado echarse en el bolsillo cientos de millones de dólares… mientras ‎que el pueblo ucraniano está sufriendo. ‎

La estrategia de Estados Unidos para recuperar su antiguo estatus de hiperpotencia sólo puede ‎funcionar extendiendo la guerra hacia el oeste de Europa. Y no me refiero a las inevitables ‎operaciones militares contra Transnistria [7] ‎sino a la implicación económica de los países miembros de la Unión Europea. ‎

Por el momento, sólo Polonia y Bulgaria se han negado a pagar el gas ruso en rublos y ya se ven ‎privados de las entregas. Todos los demás miembros de la Unión Europea han aceptado pagar ‎en rublos, pero no directamente a Gazprom sino a través de intermediarios bancarios. Las ‎bravuconadas de Polonia, cuyo gobierno afirma que ya se dispone a cambiar de proveedor, no convencen a ‎nadie. En realidad, Polonia recibirá gas ruso desde otros países europeos… que lo pagarán ‎en rublos. ¿Cuál será la diferencia? Polonia tendrá que asumir pagos adicionales a un nuevo ‎intermediario. ‎

Los europeos van pagar su obstinada sumisión al amo estadounidense con una fuerte caída de su ‎propio nivel de vida. Pero eso será sólo el principio. Después tendrán que resignarse a perder sus ‎principales fuentes de ingresos. Pero esa perspectiva no parece preocupar a los líderes europeos.‎

Distribución étnico-lingüística de las poblaciones de Ucrania.

HACIA EL DESMANTELAMIENTO DE UCRANIA


Por el momento, las operaciones militares rusas se han limitado estrictamente a garantizar la ‎destrucción de la enorme infraestructura militar y de defensa de Ucrania, cuya importancia ‎los occidentales ni siquiera imaginan. La fase móvil de la guerra aún está por llegar. Después de ‎meses de bombardeo, esa etapa de la guerra no debería tener lugar hasta el verano y debería ‎ser rápida. El ejército ruso ofrecerá entonces a las poblaciones que hayan abrazado las ideas de ‎los banderistas la posibilidad de desplazarse para reunirlas en lo que quede de Ucrania. ‎

Y es que la guerra ha despertado el apetito de quienes abrigan reclamos territoriales. Polonia, que ya ‎se planteaba el mes pasado la posibilidad de anexar el enclave de Kaliningrado [8], ahora habla ‎también de ocupar el oeste de Ucrania [9]. Es importante recordar que Polonia ocupó esa ‎región –la llamada Galitzia (no confundir con la Galicia española)– durante el periodo comprendido ‎entre la Primera y la Segunda Guerra Mundial, a raíz del desmembramiento del Imperio Austro-‎Húngaro. La idea sería desplegar en el oeste de Ucrania una “fuerza de paz” que se mantendría ‎allí. Pero la guerra de aquella época entre Polonia y Ucrania ha dejado malos recuerdos entre ‎ambos pueblos y fue precisamente bajo la ocupación polaca que surgieron los banderistas. Por cierto, ‎Stepan Bandera, en quien se inspiran los banderistas de hoy, organizó en aquella época el ‎asesinato del ministro del Interior de Polonia, Bronisław Pieracki, en venganza por la represión ‎contra los banderistas de entonces. La realidad es que Stepan Bandera ya estaba trabajando para la ‎Gestapo nazi y el asesinato del ministro polaco era parte de la preparación de la invasión de Polonia ‎por parte del III Reich. ‎

Rumania, por su parte, no ha dicho nada, por ahora, pero está posicionando sus tropas. Cuando la guerra se extienda a Transnistria, Rumania no dudará seguramente en cuestionar la existencia misma tanto de Transnistria como de Moldavia, que fueron rumanas en el siglo XX. ‎

Mientras tanto, Hungría ambiciona recuperar la Transcarpatia (o Transcarpacia), hoy ucraniana, ‎territorio que perdió en la caída del Imperio Austro-Húngaro. La población, mayoritariamente ‎húngara de ese territorio, ha sido víctima de la discriminación de los gobiernos ucranianos desde ‎el putsch de la plaza Maidan, en 2014. Al igual que el idioma ruso, la lengua húngara fue ‎prohibida por esos gobiernos. En este momento, la paz reina en la Transcarpatia ucraniana, ‎las tropas rusas no han entrado allí y ese territorio está sirviendo de refugio a los ucranianos de ‎la oposición interna. ‎

Hasta Eslovaquia ve ahora la posibilidad de obtener algunas localidades que hoy son parte ‎de Ucrania. ‎

Rusia, que planteó como objetivo de guerra sólo el reconocimiento de la independencia ‎de Crimea –ya reintegrada a la Federación Rusa– y de las dos Repúblicas Populares del Donbass, ‎anunció el 24 de marzo que podría anexar todo el sur de Ucrania para vincular entre sí los ‎territorios de Transnistria, Crimea y el Donbass. ‎

En ese desmembramiento entre Polonia, Rumania, Hungría y Rusia, Ucrania perdería la mitad de ‎su territorio.‎

Según el partido anti-OTAN turco, al menos 50 oficiales ‎franceses están atrapados en el complejo siderúrgico ucraniano Azovstal, en Mariupol. ‎Esos militares franceses fueron enviados directamente por el estado mayor particular del ‎presidente Macron para entrenar a los banderistas del regimiento Azov –a los que Moscú ‎señala como neonazis– en el uso del armamento enviado por Francia.
UNA SINGULAR INICIATIVA POSITIVA DE LA ONU


El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, estuvo el 26 de abril en el Kremlin, al que ‎presentó dos proposiciones:
Crear una comisión conjunta ONU-Rusia-Ucrania para coordinar un esfuerzo humanitario;
abrir, con personal de la ONU y del Comité Internacional de la Cruz Roja, un corredor ‎humanitario para evacuar a los civiles que quieran salir del complejo siderúrgico Azovstal. ‎

Hasta ahora, Kiev había propuesto corredores humanitarios hacia Moldavia y Polonia mientras ‎que Rusia proponía corredores de evacuación hacia Bielorrusia y el territorio ruso, donde ‎los banderistas serían arrestados y llevados ante los tribunales. Ambas partes no habían alcanzado ‎ningún acuerdo al respecto.
En realidad, no se sabe a ciencia cierta si hay civiles en el complejo Azovstal. El ejército ruso ‎abrió un corredor de evacuación a través del cual se rindieron 1 300 soldados ucranianos. ‎Aunque Kiev desmiente sus declaraciones, varios prisioneros de guerra ucranianos han asegurado ‎que en Azovstal hay civiles que los banderistas utilizan como escudos humanos. Dogu Perincek, ‎personalidad turca que reclama una alianza con China y con Rusia, ha declarado que hay ‎‎50 oficiales franceses atrapados en Azovstal, sin que haya sido posible confirmar esa afirmación [10].‎

Durante la visita de Guterres, Rusia pidió a la ONU que enviara personal para comprobar las ‎condiciones de detención de los 1 300 prisioneros de guerra ucranianos, verificación que ‎la ONU no ha hecho. Rusia esperaba obtener así la garantía de un trato humanitario similar ‎para los militares rusos en manos de los ucranianos, cuando ya circulan numerosos videos que muestran los ‎malos tratos y torturas infligidos a los prisioneros rusos. ‎

El encuentro del 26 de abril entre el presidente ruso Vladimir Putin y el secretario general de la ONU Antonio Guterres. ‎

Antes iniciar la discusión con el secretario general de la ONU, el presidente ruso Vladimir Putin ‎recordó públicamente la posición de su país:
Rusia rechaza las “reglas internacionales” impuestas por Occidente y exige el más estricto ‎respeto de la Carta de la ONU –lo cual ya era el centro del Tratado de Paz Bilateral entre Rusia y ‎Estados Unidos que Moscú propuso el 17 de diciembre de 2021 [11].‎

El secretario general afirmó que, según la opinión general, la Carta de la ONU condena la invasión ‎de un país soberano. El presidente Putin respondió que esta vez se trata de un caso particular ya que ‎Ucrania declaró públicamente que no aplicaría los acuerdos de Minsk, avalados por el Consejo ‎de Seguridad de la ONU, y porque el gobierno de Kiev atacó a su propia población del Donbass ‎con armamento pesado. Después de 8 años de sufrimiento y de resistencia, las poblaciones del ‎Donbass –luego de haberse proclamado independientes– solicitaron la ayuda de Rusia, ayuda que ‎Rusia decidió aportarles en virtud del Artículo 51 de la Carta de la ONU. ‎

El presidente Putin recordó entonces al secretario general de la ONU la decisión de la Corte ‎Internacional de Justicia sobre la independencia de Kosovo. Esa Corte declaró que el derecho de ‎los pueblos a disponer de sí mismos puede aplicarse sin consentimiento de la autoridad central ‎a la cual han estado sometidos, un veredicto que nadie rechazó, a pesar de que en Kosovo no fue ‎la población sino el parlamento quien proclamó la independencia. Pero en el Donbass fue la población quien ‎se pronunció por la independencia mediante un referéndum. ‎

A raíz del encuentro entre el secretario general de la ONU y el presidente Putin, la ONU y la ‎Cruz Roja Internacional se pusieron de acuerdo para establecer un procedimiento para la ‎evacuación de los civiles del complejo Azovstal, en Mariupol. ‎

El juramento de los banderistas (1942): “Hijo fiel de mi Patria, me uno ‎voluntariamente a las filas del Ejército de Liberación Ucraniano y jubilosamente juro que ‎combatiré fielmente el bolchevismo por el honor del pueblo. Esa lucha la libramos junto a ‎Alemania y sus aliados contra un enemigo común. Con fidelidad e incondicional sumisión, creo ‎en Adolf Hitler como dirigente y comandante supremo del Ejército de Liberación. Estoy listo a ‎dar mi vida en todo momento por la verdad.”‎
Fuente: Archivos Militares de la Federación Rusa

LA PROPAGANDA DE GUERRA


Mientras tanto, la propaganda de guerra se mantiene. Pero es interesante observar que los dos ‎bandos se dirigen a públicos diferentes y que utilizan métodos también diferentes. ‎

Londres y Washington tratan de convencer a las opiniones públicas de los países occidentales de ‎su versión del asunto. No se dirigen a los ucranianos y aún menos a los rusos. Se esfuerzan por ‎imponer su punto de vista a fuerza de repetirlo y luego pasan a otra cosa. Se concentran en ‎restar importancia a los neonazis ucranianos [12], en mostrar imágenes favorables a su versión [13] y en atribuir crímenes a ‎las fuerzas rusas. ‎

Por ejemplo, Washington y Londres aseguran que el ejército ruso perpetró una masacre de civiles ‎en la localidad ucraniana de Bucha. Los dirigentes estadounidenses y británicos ya hablan incluso ‎de un posible «genocidio», el más grave de los crímenes. Sus expertos explicaron que las ‎víctimas de Bucha fueron abatidas con armas automáticas. Pero, cuando forenses internacionales echaron ‎abajo esa versión [14], Kiev trató de desviar la atención de la nueva revelación inculpando directamente a ‎‎10 soldados rusos, sin que se sepa cómo pudo identificarlos. ‎

La propaganda de Kiev se concentra en dos objetivos: inventar victorias militares que la prensa ‎occidental divulga ruidosamente, pero que son rápidamente desmentidas, y en atribuir al ejército ‎ruso crímenes abominables, también rápidamente desmentidos. ‎

Por su parte, Moscú ha llegado a la conclusión de que los occidentales simplemente se niegan a ‎ver la realidad y que no cambiarán de opinión mientras no se vean derrotados. Así que Moscú ‎se dirige únicamente a los rusos y a los ucranianos, estimando que estos últimos han sido ‎engañados por los banderistas. ‎

En vez de empeñarse en comunicar sobre los acontecimientos actuales –sobre hechos que ‎los occidentales se niegan a ver–, Moscú está abriendo sus archivos militares ‎‎ [15] para mostrar que los banderistas nunca tuvieron ‎escrúpulos en asesinar, e incluso torturar, a otros ucranianos. Lo más importante es que ‎esos documentos demuestran que los banderistas nunca lucharon contra los nazis. ‎

Eso contradice la historia “oficial” de Ucrania según Wikipedia y según la OUN(B), una historia ‎reescrita según la cual los banderistas lucharon a la vez contra los nazis y contra los soviéticos. ‎

Por supuesto, la prensa occidental no habla de las revelaciones inscritas en los documentos ‎históricos rusos ya que eso la obligaría a tomar posición contra los banderistas. Además, ‎documentos históricos alemanes igualmente revelados por Moscú, muestran que durante la ‎Segunda Guerra Mundial el régimen nazi y los banderistas concibieron juntos un plan de ‎exterminio contra las poblaciones del Donbass. Ese plan no pudo ser ejecutado durante la ‎Segunda Guerra Mundial pero los banderistas de Kiev comenzaron a ejecutarlo a partir de 2014. ‎


Este artículo da continuación a los trabajos
4. «La increíble sordera de Washington y Londres», ‎1º‎ de febrero de 2022.‎
6. «Dos interpretaciones sobre la cuestión de Ucrania», 16 de febrero de 2022.‎
9. «“Banda de drogadictos y de neonazis”», ‎‎6 de marzo de 2022.‎
10. «Estupor de Israel ante los neonazis ucranianos», 9 de marzo de 2022.‎
11. «Ucrania, otra gran manipulación», 22 ‎de marzo de 2022.
13. «Propaganda de guerra bajo una nueva forma», 5 de abril de 2022.
15. «El fin de la dominación occidental», 19 de abril de 2022.


[1] «La Liga Anticomunista Mundial, internacional del crimen», por Thierry ‎Meyssan, Red Voltaire, 20 de enero de 2005.
[2] «Más refuerzos para Kiev… 3 000 Lobos Grises ‎turcos», Red Voltaire, 27 de abril de 2022.
[3] Edward Luttwak es un eminente estratega y es ‎además el historiador oficial del ejército de Israel. Fue uno de los “cuatro mosqueteros” de Dean ‎Acheson, el principal artífice de la guerra fría –los otros tres eran Richard Perle, Peter Wilson y ‎Paul Wolfowitz, también discípulos del filósofo Leo Strauss. En 1968, Edward Luttwak publicó ‎‎Coup d’État: A Practical Handbook [“Manual práctico del golpe de Estado”], que se convirtió en ‎libro de cabecera de los miembros del Project for a New American Century (Proyecto para el ‎Nuevo Siglo Estadounidense o PNAC, según sus siglas en inglés) y cuya aplicación se hizo realidad ‎el 11 de septiembre de 2001. El 9 de diciembre de 2003, Edward Luttwak se dio el lujo de ‎amenazar directamente y en público al presidente francés Jacques Chirac declarando al noticiero ‎de la televisión francesa France 2: «¡Chirac tiene una cuenta pendiente con Washington! Tiene ‎una larga cuenta pendiente con Washington y en Washington hay, evidentemente, una decisión de ‎hacerle pagar esa cuenta.» Edward Luttwak amenazó igualmente al canciller alemán Gerhard ‎Schroder y, a partir de entonces, ningún otro dirigente occidental se atrevió a cuestionar la ‎versión oficial estadounidense sobre los atentados del 11 de septiembre y Francia estuvo a las ‎órdenes de la CIA en Georgia y en Haití.
[4] Además, el parlamento ‎israelí ha sido hasta ahora la única Asamblea Nacional que se ha negado a reunirse en sesión ‎plenaria para escuchar al presidente ucraniano Volodimir Zelenski. Para complacer a Washington, ‎pero sin legitimar por ello un régimen neonazi, el parlamento de Israel se limitó a realizar una ‎videoconferencia por Zoom entre Zelenski y los diputados israelíes que quisieron escucharlo.
[5] «Estados Unidos extiende la guerra en Europa», Red Voltaire, 27 de abril de 2022.
[6] «Ucrania y la Segunda Guerra Mundial como ‎conflicto inconcluso», por Thierry Meyssan, ‎‎Red Voltaire, 26 de abril de 2022.
[8] «Polonia reclama Kaliningrado», Red Voltaire, 26 de marzo de 2022.
[9] «Polonia se plantea ocupar, otra vez, el oeste de ‎Ucrania», Red Voltaire, 29 de abril de 2022.
[10] El ‎partido de Dogu Perincek, Vatan, ofreció incluso una conferencia de prensa al respecto. Ver ‎‎«Özgür Bursalı: Macron 50’den fazla Fransız subayını ölüme terk etti», Aydinlik, 22 Nisan 2022.
[11] «Rusia quiere obligar Estados Unidos a respetar ‎la Carta de la ONU‎», por Thierry Meyssan, ‎‎Red Voltaire, 4 de enero de 2022.
[12] «Ucrania y la Segunda Guerra Mundial como ‎conflicto inconcluso», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 26 de abril ‎de 2022.
[13] «Londres despliega “Cascos Blancos” en Ucrania», Red Voltaire, 27 de abril de 2022.
[14] «Los cadáveres de Bucha comienzan a hablar», Red Voltaire, 26 de abril ‎de 2022.