8/29/2026

“La desesperanza no es una opción”: Angela Davis llama a organizarse ante el avance antifeminista

 Angela Davis (centro) ofreció en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM una conferencia donde reivindicó la esperanza como una herramienta política y defendió el feminismo abolicionista como vía para transformar las estructuras de violencia. Foto

Angela Davis (centro) ofreció en la Sala Miguel Covarrubias de la UNAM una conferencia donde reivindicó la esperanza como una herramienta política y defendió el feminismo abolicionista como vía para transformar las estructuras de violencia. Foto Roberto García Ortiz

“En una época marcada por campañas antifeministas, antigénero, y con gobiernos semifascistas o fascistas en el mundo, la desesperanza no es una opción”, dijo la filósofa, activista y referente del feminismo abolicionista y antirracista Angela Davis, durante en el diálogo magistral Abolición Feminismo ¡ahora!

ImagenRoberto García Ortiz

“La tarea primordial de los activistas radicales es generar esperanza. Es convencer a la gente de que un mundo mejor es realmente posible”, agregó. “Generamos esperanza cuando nos organizamos. A mi lo que me ha dado esperanza, a lo largo de los años, son los movimientos en los que he participado desde que tenía 11 años”.

ImagenRoberto García Ortiz

Durante la conversación con la académica y teórica feminista estadunidense Gina Dent y la feminista mexicana Amneris Chaparro Martínez, Dent citó a Mariame Kaba quien dice que “la esperanza es una disciplina. Así que es trabajo. No es algo que uno se sienta a esperar en casa a que llegue”.

En el encuentro organizado para hablar del libro Abolición, feminismo, ¡ahora!, coescrito por Davis, Dent, Erica R. Meiners y Beth E. Richie que propone el fin del sistema carcelario y el castigo penal como respuestas a la violencia de género, Dent abundó sobre el feminismo abolicionista “se refiere a que no podemos usar las cárceles para solucionar los problemas de género que existen. 

ImagenRoberto García Ortiz

“El feminismo abolicionista se trata de un proyecto de construcción y desarrollo. Es un proyecto para reconstruir el mundo. El feminismo evolucionista insta a que no asumamos que podemos deshacernos de la violencia íntima sin abolir al mismo tiempo las formas institucionales de violencia que a menudo fomentan la violencia a nivel íntimo”.

Davis agregó que “el feminismo abolicionista es también una forma revolucionaria de pensar y organizarse. Se trata de revolución. Se trata de derrocar el capitalismo, el capitalismo racial, el colonialismo”. 

ImagenRoberto García Ortiz

El público que acudió a la conferencia de Davis comenzó a formarse desde las 06:00 de la mañana. Los 700 lugares de la sala Miguel Covarrubias, en el Centro Cultural Universitario, se agotaron a las 14:50 horas. Para entonces, la fila llegaba hasta la sala Nezahualtoyotl.

El resto de los asistentes que superó con creces el lugar asignado, tuvo que seguir la charla desde sedes alternas: las salas de cine Julio Bracho (171), Carlos Monsiváis (54), José Revueltas (60), la sala de conciertos Carlos Chávez (171) y la carpa de La Espiga (700).

Aunque el evento fue anunciado como un diálogo, en realidad fue un concierto de voces que comenzó incluso antes de que Davis entrara al auditorio, cuando las asistentes comenzaron a llenar la sala: “¡Welcome To Mexico Feminicide! ¡Vivas se las llevaron, vivas las queremos! ¡No estamos todas, nos faltan las presas!, ¡Abajo los muros de las prisiones!”, fueron las consignas. 

ImagenRoberto García Ortiz

Las voces de mujeres trans y comunidad LGBTTI, personas injustamente presas, estudiantes en apoyo de Palestina, asistentes en busca de la verdad por los 43 de Ayotzinapa, que acudieron a escuchar a Davis, brotaron desde el frente, atrás y por los costados del auditorio.

¡México campeón en la desaparición! ¡Hay que abortar el sistema patriarcal! ¡43 justicia! ¡Respeto total al trabajo sexual! Se escuchó como preámbulo al discurso de Davis y se repitió de forma intermitente durante su intervención.

Estas manifestaciones fueron el preámbulo de una protesta por los asesinatos de mujeres en la cárcel de Santa Martha Acatitla y denuncias de un ambiente de represión en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) que irrumpió justo cuando Davis y Dent, llegaron hasta el auditorio, y que retrasó más de 20 minutos el inicio del evento. 

Imagen
Roberto García Ortiz

“La UNAM expulsa a las personas que acompañan las luchas por los derechos de las mujeres”, dijo una joven en el micrófono. “La UNAM reprime a sus estudiantes, como a Arturo Shevecl”, dijo otro que subió al estado con un letrero: “La UNAM criminal y paramilitar”.

Davis y Dent agradecieron a quienes llegaron desde temprano para entrar a la conferencia y se dijeron impresionadas por las manifestaciones que antecedieron el inicio del diálogo. “Me impresionó mucho la energía y me gustó encontrarme pensando en cómo transformarla para generar un cambio real para abolir el capitalismo, para terminar el feminicidio en méxico”.

En el diálogo realizado en el contexto de la Feria Internacional del Libro de las Universitarias y los Universitarios, las coautoras cerraron su presentación con un pronunciamiento a favor de Palestina.

Organizaciones feministas crean guía para combatir la violencia institucional contra mujeres

Casi la mitad de las mujeres privadas de la libertad en México permanecía sin sentencia hasta abril de 2025, una situación que evidencia las desigualdades que atraviesan a las mujeres dentro del sistema penal y que organizaciones feministas buscan visibilizar mediante una nueva guía para identificar y atender la violencia institucional.

La Red Feminista por el Acceso a la Justicia, integrada por siete organizaciones, elaboró la Guía de actuación para visibilizar y atender las violencias y prácticas discriminatorias que ejercen las personas operadoras del sistema de justicia penal en México, a partir de un diagnóstico construido con testimonios de mujeres denunciantes e imputadas de Ciudad de México, Estado de México y Jalisco.

El documento identifica como patrones comunes la revictimización, la falta de perspectiva de género, el descrédito de los testimonios de las mujeres y los obstáculos para acceder a la justicia. Las organizaciones advierten que estas prácticas no constituyen hechos aislados, sino expresiones de problemas estructurales dentro del sistema penal.

Mujeres enfrentan una mayor proporción de procesos sin sentencia

De acuerdo con cifras de Prevención y Reinserción Social del Gobierno de México citadas en el diagnóstico, 49.4 por ciento de las mujeres privadas de la libertad estaba sin sentencia en abril de 2025, frente a 38 por ciento de los hombres.

Aunque las mujeres representan alrededor de 5 por ciento de la población penitenciaria, con 14 mil 28 mujeres privadas de la libertad para ese mismo periodo, su experiencia dentro del sistema penal está marcada por necesidades específicas que no siempre son atendidas por las instituciones.

La problemática comienza incluso antes del ingreso a un centro penitenciario. Datos de la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) 2021 retomados por el diagnóstico muestran que 64.4 por ciento de las mujeres encarceladas había sufrido violencia psicológica antes de ser presentada ante una autoridad.

Además, 29.9 por ciento reportó amenazas contra su familia y 27.5 por ciento señaló haber sido presionada para declarar. Durante su reclusión, 15 por ciento experimentó violencia sexual.

La violencia también ocurre dentro de las cárceles

Las organizaciones señalan que las mujeres privadas de la libertad enfrentan distintas formas de violencia institucional y de género durante su paso por el sistema penal.

Entre las problemáticas documentadas se encuentran la tortura psicológica y física, la violencia sexual, la discriminación y el abandono de necesidades básicas, entre ellas las relacionadas con la salud y la higiene menstrual.

La falta de productos de higiene menstrual y de ropa íntima es una de las situaciones señaladas por las organizaciones, lo que muestra cómo las necesidades específicas de las mujeres pueden quedar relegadas dentro de los centros penitenciarios.

La propia Suprema Corte de Justicia de la Nación ha documentado que las mujeres privadas de la libertad enfrentan un impacto diferenciado de la reclusión por razones de género, así como problemas relacionados con el acceso a salud, alimentación, agua potable, violencia institucional y sexual y malos tratos.

Una guía para identificar prácticas discriminatorias

El diagnóstico que sustenta la guía recoge 12 testimonios de mujeres, entre denunciantes e imputadas, y busca ofrecer herramientas para identificar las prácticas que vulneran sus derechos a lo largo de las distintas etapas del proceso penal.

Las organizaciones plantean que reconocer estas formas de violencia es necesario para avanzar hacia un sistema de justicia que incorpore perspectiva de género, derechos humanos y medidas que eviten la revictimización.

La violencia institucional ocurre cuando las propias instituciones que deberían garantizar el acceso a la justicia terminan reproduciendo desigualdades, discriminación u obstáculos para el ejercicio de los derechos de las mujeres. La legislación mexicana reconoce esta modalidad de violencia cuando actos u omisiones de personas servidoras públicas buscan discriminar, dilatar u obstaculizar el ejercicio de los derechos humanos de las mujeres.

Para las organizaciones feministas, atender estas prácticas implica dejar de considerar las experiencias de las mujeres privadas de la libertad como casos individuales y reconocer las condiciones estructurales que permiten que la violencia se reproduzca dentro del sistema de justicia penal.

Mujeres migrantes regresan a México en la vejez con más enfermedades y necesidades de cuidado

Escrito por Georgina Monroy Vázquez

Regresar a México después de una vida marcada por la migración laboral no siempre significa encontrar mejores condiciones para envejecer. Para muchas mujeres mayores de 65 años, el retorno ocurre acompañado de enfermedades crónicas, dependencia funcional, pocos recursos económicos y nuevas necesidades de cuidado.

En 2021, cerca de un millón de personas de 65 años o más en México declaró haber migrado en algún momento de su vida a Estados Unidos por motivos laborales. De ellas, más de 259 mil 900 eran mujeres, quienes enfrentaban brechas de desigualdad económica y de salud.

Durante la décima sesión del Seminario Permanente “Migración, género y trabajo”, Sebastián Antonio Jiménez Solís, técnico académico del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, destacó que 43.9% de las personas adultas mayores migrantes presentaba multimorbilidad, es decir, al menos dos enfermedades crónicas.

El porcentaje fue superior al registrado entre las personas de ese mismo grupo de edad que no habían migrado, que fue de 40.3%.

El especialista explicó que estas cifras muestran que las personas migrantes llegan a la vejez en condiciones de salud que no son favorables. Por ello, consideró necesario analizar sus trayectorias laborales: en qué sectores trabajaron, si tuvieron acceso a seguridad social y atención médica y bajo qué condiciones desarrollaron su vida laboral.

Mujeres migrantes enfrentan mayor dependencia funcional

Los efectos de la migración también se reflejan en la autonomía de las mujeres mayores.

De acuerdo con datos del Estudio Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) 2021, 29.9% de las adultas mayores migrantes presentaba dependencia funcional, es decir, requería asistencia o apoyo para realizar actividades de la vida cotidiana.

Entre las mujeres no migrantes, la proporción fue de 26.8%. En el caso de los hombres migrantes, el porcentaje fue de 19.4%, frente a 15.1% entre los no migrantes.

Además, 45.9% de las adultas mayores migrantes eran viudas, mientras que 77.2% prefería vivir en zonas urbanas para mantenerse cerca de sus hijas e hijos y de sus nietas y nietos, además de participar en tareas de cuidado.

Entre los factores asociados con una mayor probabilidad de haber migrado se encuentran un bajo nivel de escolaridad, residir en localidades rurales y vivir en hogares compartidos con otras generaciones.

Migrar para sostener a la familia

Erika Martínez López, integrante del IIEc y especialista en políticas de cuidado, señaló que la migración femenina está relacionada con problemas de pobreza y desempleo, así como con la necesidad de contribuir económicamente al sostenimiento de las familias.

Esto significa que las mujeres ya no migran únicamente como acompañantes de sus parejas o familiares, sino también como trabajadoras que buscan generar ingresos y apoyar a sus hogares.

Muchas llegaron a Estados Unidos jóvenes y en edad reproductiva. Durante años tuvieron que desempeñar dos o incluso tres empleos para subsistir, enviar recursos a México y cubrir distintas necesidades familiares.

Ese recorrido laboral, explicó Martínez López, también tiene consecuencias en su calidad de vida durante la vejez.

Cuando regresan a México pueden hacerlo con pocos recursos económicos, enfermedades crónicas, sin un negocio propio y, en algunos casos, solas.

Ante este escenario, la especialista cuestionó si existen suficientes programas sociales y políticas públicas capaces de acompañar a las mujeres durante el retorno y evitar que vuelvan a experimentar condiciones de exclusión.

La vejez también debe analizarse desde la migración

La migración tampoco puede entenderse como una experiencia igual para todas las personas.

Daniela Castro Alquicira, integrante del IIEc y doctora en Economía, señaló que es necesario considerar factores como la duración de la migración, el destino, el tipo de empleo, el momento del retorno y las razones por las que las personas regresan a su país.

En el caso de las mujeres mayores, el retorno puede estar relacionado con una enfermedad, la necesidad de recibir cuidados o distintas circunstancias asociadas con el envejecimiento.

Por ello, analizar la migración desde una perspectiva de género implica mirar no sólo las razones por las que las mujeres se van, sino también las condiciones en las que regresan y cómo enfrentan la vejez.

El reto, plantearon las especialistas, es que el retorno no implique para estas mujeres comenzar nuevamente una vida marcada por la precariedad, sino contar con políticas públicas que reconozcan su trayectoria laboral, sus necesidades de salud y su derecho a recibir cuidados.

Diagnosticar a mujeres según los síntomas de los hombres: «La ciencia que se genera es totalmente androcéntrica»

 Por Irene Martínez 

Fuentes: El diario [Foto: Una sanitaria observa un electrocardiograma Irekia]

Las expertas advierten que al invisibilizar a las mujeres en la investigación, se las ignora también en la consulta médica: o se medicaliza o diagnostica de manera errónea debido a una desigualdad que es estructural

Ir al médico con dolor de espalda y que te diagnostiquen, erróneamente, ansiedad. Tener dolores menstruales y que te receten anticonceptivos, a pesar de que no está demostrado que sirvan para ello. Un diagnóstico de endometriosis que tarda en llegar una década. O una interpretación errónea de un infarto porque las mujeres no muestran los mismos síntomas que los hombres. 

Esto es lo que sufren millones de mujeres cuando padecen alguna enfermedad o patología médica, como consecuencia directa del sesgo de género en la investigación y en las prácticas clínicas en la medicina. Hace unas semanas, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció un programa para tratar de corregir la infra investigación histórica y esas desigualdades que afectan a la salud de las mujeres. 

Este sesgo sigue estando muy presente desde el inicio de una investigación, cuando se establecen unas preguntas a responder y unos objetivos que cumplir. “Cuando se genera la hipótesis de trabajo, se piensa en una hipótesis en hombres”, confirma María Teresa Ruiz Cantero, catedrática de Medicina Preventiva y Salud Pública de la Universidad de Alicante. Por ejemplo, cuando se tienen en cuenta únicamente los síntomas de un infarto en hombres, olvidando cómo se manifiesta en mujeres. “Si no se piensa en que las mujeres también pueden padecer infartos, o enfermedades como la espondiloartritis o enfermedades inflamatorias intestinales, desde la hipótesis de trabajo, se las invisibiliza”, explica la experta, que además forma parte del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP). 

Carme Valls, médica e investigadora sobre los sesgos de género en medicina, y autora de Mujeres invisibles para la Medicina (Capitán Swing), asegura que, al no tener en cuenta a las mujeres en la investigación, “la ciencia que se genera es totalmente androcéntrica”. Históricamente, se ha ignorado, por ejemplo, que la primera causa de muerte de las mujeres en todo el mundo es la cardiovascular. Pero, si no hay investigación, no se puede hacer prevención de la enfermedad, porque la medicina ni se plantea que las mujeres puedan padecer estas afecciones. 

Si el personal sanitario no incorpora una mirada de género, puede atribuir estos síntomas a ansiedad o estrés y retrasar el diagnóstico de una patología potencialmente grave (Anna Pujol — Médica y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Integral de las Mujeres de semFYC)

Anna Pujol, médica y miembro del Grupo de Trabajo de Salud Integral de las Mujeres de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC), asegura que en el caso de la enfermedad cardiovascular, “se han tomado como referencia los síntomas estudiados principalmente en hombres, como el dolor opresivo en el pecho irradiado al brazo izquierdo”. Sin embargo, muchas mujeres presentan síntomas distintos, como fatiga intensa, dificultad para respirar, náuseas, mareo o dolor en la espalda y la mandíbula. “Si el personal sanitario no incorpora una mirada de género, puede atribuir estos síntomas a ansiedad o estrés y retrasar el diagnóstico de una patología potencialmente grave”, explica Pujol. 

Esto está muy relacionado con que la medicina ha asumido, históricamente, que nuestros cuerpos son iguales y deben manifestar los síntomas de igual manera. “Realmente no es que las mujeres se quejen de manera diferente, es que la enfermedad expresa sus signos y síntomas clínicos de manera diferente”, confirma Ruiz Cantero. 

“Si invisibilizamos a las mujeres en investigación, no hay resultados en mujeres, con lo cual acabamos invisibilizándolas también en la práctica clínica de la asistencia sanitaria”, subraya Ruiz Cantero. Un ejemplo: cuando una mujer va con dolor de espalda al médico por una espondiloartritis, es muy probable que se le diagnostique ansiedad.

El dolor y patologías femeninas se enmascaran en muchas ocasiones en la ansiedad. Ruiz Cantero y su equipo están realizando un estudio en seis comunidades autónomas para comprobar este sesgo, y reconoce que algunos médicos de atención primaria confirman que tienden a pensar en que las mujeres principalmente sufren estrés y ansiedad, dejando en un segundo plano un diagnóstico más detallado. 

“Ellos mismos reconocen que, con cuatro minutos de promedio para atender pacientes, se cometen sesgos de este tipo, de confundir el diagnóstico”, resalta Ruiz Cantero. “Por ejemplo, en un caso que pusimos de enfermedad inflamatoria intestinal de Crohn, que es una patología altamente discapacitante, se confundían con cáncer de colon y piden pruebas para ello. Es un sesgo de confirmación porque quieren confirmar lo que han pensado y, básicamente, se equivocan”, confirma la experta, lo que retrasa el diagnóstico y el tratamiento correcto. 

Hay un problema de infradiagnóstico, un problema de invisibilidad, y cuando un médico evalúa a las mujeres, continúa el infradiagnóstico, valorando mal los análisis clínicos (Carme Valls — Médica e investigadora sobre los sesgos de género en medicina)

Según Pujol, uno de los síntomas que con más frecuencia se normaliza en las consultas es la astenia, es decir, el cansancio extremo o la sensación persistente de falta de energía. “A menudo se atribuye a las múltiples responsabilidades familiares, laborales o de cuidados que asumen muchas mujeres, lo que puede llevar a infravalorar causas médicas subyacentes”, explica la médica. Sin embargo, detrás de este síntoma pueden encontrarse patologías muy frecuentes como la anemia o el déficit de hierro, alteraciones tiroideas o enfermedades autoinmunes, cuya prevalencia es significativamente mayor en mujeres.

Retrasos en el diagnóstico

Un estudio de 2019, realizado en la Universidad de Copenhague por David Westergaard, reveló que las mujeres sufren retrasos en los diagnósticos de 770 enfermedades. “El diagnóstico de cáncer se retrasa dos años y medio, y el de diabetes cuatro años y medio, cuando la diabetes de tipo adulta es mucho más prevalente en mujeres que en hombres”, explica Valls. “Hay un problema de infradiagnóstico, un problema de invisibilidad, y cuando un médico evalúa a las mujeres, continúa el infradiagnóstico, valorando mal los análisis clínicos”, concluye la médica. 

Si hablamos de enfermedades que solo padecen las mujeres, como la endometriosis, en España la edad media de su diagnóstico es alrededor de 36 años. Sin embargo, los síntomas aparecen mucho antes, tan pronto como en la adolescencia, pero no son correctamente detectados. De hecho, tarda en diagnosticarse entre diez y doce años.

Valls advierte de que un gran problema reside en confundir lo frecuente con lo normal. Es frecuente que las mujeres tengan menos hierro en sangre, por ejemplo, pero no es lo normal. “Los análisis clínicos son valorados a la baja en las mujeres. Por centímetro cúbico, los valores que ponen a la derecha de referencia, dicen falsamente que las mujeres tienen que tener menos hierro por centímetro cúbico de sangre”, asegura la experta. “Cuando vamos al médico y decimos que estamos cansadas, el médico nos dice, ‘tiene un poco de anemia, le falta un poco de hierro. Esto es normal porque tiene la regla’. No, tengo la regla demasiado abundante y eso me hace fallar”, sostiene. 

Además, hay un estereotipo de percibir a las mujeres cuando expresan el dolor con un mayor grado de emocionalidad. Según Pujol, “el dolor también se banaliza con demasiada frecuencia”. Un ejemplo muy común son los dolores menstruales, que históricamente se han considerado una parte “normal” de la menstruación. “Sin embargo, en muchos casos pueden ser la manifestación de patologías como el síndrome de ovario poliquístico (SOP), la adenomiosis o la endometriosis, una enfermedad que sigue presentando importantes retrasos diagnósticos pese a afectar a millones de mujeres en todo el mundo”, subraya la médica. 

Otros síntomas como el dolor pélvico crónico, las migrañas, los trastornos del sueño o determinados síntomas digestivos también suelen ser infravalorados o atribuidos erróneamente al estrés o a factores emocionales.

Excesiva medicalización

La falta de investigación y sesgo de género en la medicina se traduce al mismo tiempo en una excesiva medicalización. Así, ante cualquier proceso alterado —como el ciclo menstrual—, en lugar de estudiar las causas en detalle, se recetan en muchos casos anticonceptivos. Valls advierte: “Es la única vez que se da un fármaco sin que se haya demostrado que sirva para eso”. 

Según un estudio del Consejo General de Colegios Farmacéuticos (CGCF), las mujeres tienen un mayor riesgo, entre 1,5 y 1,7 veces superior, de sufrir reacciones adversas a los medicamentos. Esto se debe a que no se contemplan cómo las diferencias biológicas afectan a la absorción y respuesta de los tratamientos. Es decir, la investigación de los efectos y eficacia de los fármacos tiene como modelo clínico las características de un hombre, sin siquiera contemplar cómo puede ser su consumo en mujeres. 

El principal riesgo es asumir que hombres y mujeres responden igual a los fármacos cuando se sabe que existen diferencias en su peso y composición corporal, el metabolismo hepático, la función renal y la influencia hormonal.

“Un ejemplo muy conocido es el del zolpidem, un fármaco utilizado para el insomnio. Se observó que las mujeres lo eliminaban más lentamente y presentaban niveles más elevados del medicamento a la mañana siguiente, aumentando el riesgo de somnolencia, accidentes y caídas”, explica Pujol. Como consecuencia, las autoridades estadounidenses recomendaron reducir la dosis en mujeres.

Perspectiva de género en las consultas

Las expertas coinciden en que es necesario incorporar una perspectiva de género en las consultas, para intentar corregir los diagnósticos erróneos y tardíos que reciben muchas mujeres. 

Según Pujol, “la perspectiva de género también implica reconocer situaciones que afectan de forma desproporcionada a las mujeres, como la violencia de género”. Una paciente que acude al médico de manera regular por dolor crónico, insomnio, ansiedad o cefaleas puede estar manifestando las consecuencias de una situación de violencia. “Si el personal sanitario no contempla esta posibilidad y no realiza una exploración adecuada, puede limitarse a tratar los síntomas sin identificar la causa subyacente”, advierte la médica. 

Además, la perspectiva de género puede también ayudar a detectar enfermedades infra diagnosticadas en hombres. “Por ejemplo, el cáncer de mama suele asociarse casi exclusivamente al sexo femenino, lo que puede hacer que tanto los pacientes como el personal sanitario minimicen un bulto mamario en un hombre y retrasen su estudio”, concluye Pujol. 

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/diagnosticar-mujeres-sintomas-hombres-ciencia-genera-totalmente-androcentrica_1_13335071.html

A un año, ¿qué ha hecho la nueva Suprema Corte por las mujeres?

 

A días de que se cumpla el primer aniversario de la nueva integración de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), sus resoluciones dejan una ruta de decisiones relevantes para los derechos de las mujeres: desde el acceso al aborto y la autonomía reproductiva hasta el feminicidio, la violencia vicaria, la maternidad, el trabajo y la obligación de juzgar con perspectiva de género.

La actual integración del máximo tribunal llegó al cargo el 1 de septiembre de 2025, luego de la primera elección judicial realizada bajo la reforma constitucional de 2024. Hugo Aguilar Ortiz asumió entonces la Presidencia de la Corte.

Durante estos primeros meses, el Pleno ha resuelto asuntos que no necesariamente fueron iniciados por la nueva integración —varios procedían de años anteriores—, pero que permitieron consolidar, ampliar o aplicar criterios con impacto directo en la vida de las mujeres.

El balance muestra una Corte que ha colocado la perspectiva de género en distintos ámbitos de la justicia, aunque también ha establecido límites a algunas medidas de protección cuando considera que pueden afectar otros derechos, particularmente los de niñas, niños y adolescentes.

Autonomía reproductiva, uno de los principales ejes

Uno de los asuntos más relevantes llegó en diciembre de 2025, cuando la Corte analizó disposiciones de Tlaxcala relacionadas con la atención de mujeres víctimas de violencia sexual y familiar.

El Pleno invalidó normas que condicionaban el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva a requisitos como una investigación ministerial o autorización del Ministerio Público. También eliminó barreras para que niñas y adolescentes pudieran acceder a anticoncepción de emergencia.

La SCJN sostuvo que subordinar la interrupción del embarazo a una autorización ministerial vulneraba derechos como la autonomía, la libertad, el libre desarrollo de la personalidad, la salud y el derecho de las mujeres a decidir.

El criterio fue elaborado por la ministra Yasmín Esquivel Mossa.

Meses después, en abril de 2026, la Corte volvió sobre el derecho a decidir y estableció que, cuando el aborto ya está despenalizado, la falta de servicios de salud para acceder a él puede constituir una barrera estructural que reproduce discriminación y violencia de género.

El tema había aparecido desde los primeros meses de la nueva Corte. En septiembre de 2025, el Pleno invalidó una expresión de la legislación penal de Zacatecas relacionada con el aborto forzado, al considerar que su ambigüedad podía propiciar interpretaciones arbitrarias.

Violencia vicaria: protección para las mujeres, pero también límites

La violencia vicaria fue otro de los asuntos centrales.

En octubre de 2025, la Corte validó reformas federales que reconocen esta forma de violencia, en la que hijas, hijos o personas cercanas pueden ser utilizados para provocar daño a una mujer.

El Pleno consideró constitucional que las leyes establezcan una protección específica para las mujeres frente a este tipo de violencia, tomando en cuenta las condiciones de desigualdad estructural que históricamente han enfrentado.

Pero en julio de 2026 la Corte volvió a revisar el tema y estableció un límite: declaró inconstitucional que la violencia vicaria produjera automáticamente la pérdida de la patria potestad.

La razón fue que una consecuencia automática podía resultar desproporcionada frente al interés superior de niñas, niños y adolescentes.

La resolución no desconoció la existencia de la violencia vicaria. Por el contrario, ordenó analizar de manera integral la violencia contra las mujeres y las afectaciones que también pueden sufrir niñas, niños y adolescentes.

Los dos fallos muestran una evolución importante: la Corte reconoce la violencia vicaria como una forma de violencia contra las mujeres, pero exige que las medidas para combatirla sean proporcionales y respeten los derechos de la niñez.

La perspectiva de género también alcanza a las mujeres acusadas

Otro de los criterios relevantes apareció en diciembre de 2025.

En un caso de una mujer condenada por secuestro agravado, la Corte determinó que las autoridades no habían analizado adecuadamente si detrás de su conducta existían relaciones de poder, violencia, subordinación o discriminación.

La resolución ordenó revisar el caso con perspectiva de género y, de ser necesario, recabar pruebas adicionales para conocer el contexto en el que ocurrieron los hechos.

El criterio resulta relevante porque plantea que la perspectiva de género no sólo debe aplicarse cuando las mujeres aparecen como víctimas.

También debe utilizarse cuando una mujer es acusada de un delito, para determinar si su conducta estuvo atravesada por condiciones de violencia o desigualdad.

La ministra Loretta Ortiz Ahlf fue la ponente.

Feminicidio: la Corte mantiene la protección penal

En enero de 2026, el máximo tribunal validó el tipo penal de feminicidio previsto en Puebla.

La Corte determinó que la legislación cumplía con el principio de taxatividad y confirmó una condena por feminicidio en grado de tentativa.

El caso involucró a un hombre que había sido pareja de la víctima y que la atacó después de ingresar a su domicilio.

El fallo resulta significativo en un país donde el feminicidio constituye una de las expresiones más graves de violencia contra las mujeres, pues la nueva integración mantuvo la constitucionalidad del tipo penal y su utilización para sancionar las muertes y agresiones cometidas por razones de género.

Contra los estereotipos de la “buena madre”

Uno de los criterios con mayor potencial para analizar el impacto de la perspectiva de género surgió en abril de 2026.

La Corte ordenó revisar el caso de una mujer condenada por la muerte de su hija después de advertir que en la valoración judicial habían intervenido estereotipos sobre la maternidad.

El problema, sostuvo el Pleno, era que ideas preconcebidas sobre cómo debe comportarse una “buena madre” no pueden utilizarse para suplir la falta de pruebas.

La Corte ordenó realizar nuevamente el análisis desde una perspectiva de género e interseccionalidad y determinar si, eliminando esos estereotipos, existían elementos suficientes para sostener la responsabilidad penal.

La resolución fue proyectada por la ministra Sara Irene Herrerías Guerra.

El criterio representa uno de los ejemplos más claros de cómo la perspectiva de género puede modificar la forma en que los tribunales interpretan las conductas de las mujeres.

Mujeres, trabajo y cuidados

La perspectiva de género también apareció en asuntos laborales.

En mayo de 2026, la Corte ordenó revisar el caso de una trabajadora administrativa de una universidad pública a quien se le había retirado una prestación salarial.

El Pleno determinó que debía analizarse si esa percepción formaba parte de su salario y considerar las circunstancias particulares de la trabajadora, entre ellas sus responsabilidades de cuidado y el impacto que la pérdida de ingresos podía tener sobre niñas, niños y adolescentes.

El caso abre una puerta para incorporar al análisis judicial una realidad que afecta de manera desproporcionada a las mujeres: la relación entre empleo, maternidad, ingresos y cuidados.

Trata y explotación sexual

En mayo también se resolvió un caso relacionado con explotación sexual de mujeres extranjeras en condiciones de vulnerabilidad.

La Corte ordenó analizar los elementos de la trata desde una perspectiva de género y tomar en cuenta circunstancias como el engaño, las amenazas vinculadas con la situación migratoria, el control de la movilidad y la vulnerabilidad de las víctimas.

El criterio reafirmó que la existencia de una relación de explotación no puede analizarse únicamente desde la coerción física, sino considerando las condiciones particulares que pueden facilitar el sometimiento de las víctimas.

La perspectiva de género llega al cierre del primer año

En agosto de 2026, prácticamente al cierre del primer año de la nueva integración, la Corte volvió a establecer que las relaciones de poder en casos de violencia sexual deben analizarse desde una perspectiva amplia.

El Pleno señaló que no basta con considerar factores como la edad o la condición física de una persona para determinar si existe una relación de poder.

También deben tomarse en cuenta elementos como género, salud, discapacidad, nivel socioeconómico, vínculo entre las personas y cualquier otra circunstancia relevante.

La resolución obliga a las autoridades a evitar estereotipos y a realizar las diligencias necesarias para identificar posibles contextos de violencia y desigualdad.

Con ello, la nueva integración llega a su primer aniversario con una línea de criterios que coloca la perspectiva de género como una metodología para identificar relaciones de poder y no sólo como una referencia formal en las sentencias.

¿Y Lenia Batres?

El balance de los primeros meses de la nueva Corte ocurre mientras comienza a perfilarse la sucesión de Hugo Aguilar en la Presidencia del máximo tribunal.

La ministra Lenia Batres Guadarrama obtuvo el segundo mayor número de votos en la elección judicial de 2025, sólo por debajo de Aguilar. De acuerdo con los resultados oficiales, Batres obtuvo 5 millones 534 mil 681 votos, mientras que Aguilar alcanzó 5 millones 900 mil 789.

Ese resultado la coloca como el principal perfil para sucederlo bajo la regla de rotación prevista en el artículo 94 constitucional.

Sin embargo, su llegada a la Presidencia todavía no puede darse por confirmada.

La razón es una discrepancia entre los artículos 94 y 97 de la Constitución. El primero establece que la Presidencia de la Corte se renovará cada dos años de manera rotatoria conforme al número de votos obtenidos en la elección; el segundo mantiene que el Pleno de la Suprema Corte elegirá a quien ocupe la Presidencia.

El propio Aguilar ha reconocido que deberá definirse cómo se armonizan ambas disposiciones.

El eventual relevo también tendrá una lectura de género: Batres sería la primera presidenta de esta nueva etapa de la Corte y una de las ministras que durante el primer año participó en decisiones relacionadas con violencia contra las mujeres, entre ellas el criterio sobre violencia vicaria.

La Corte dio la espalda al caso de Myrna, periodista desplazada

El balance del primer año de la nueva Suprema Corte también deja un pendiente frente a la violencia contra las mujeres periodistas. Es el caso de Myrna Gómez, periodista desplazada y beneficiaria del Mecanismo de Protección para Personas Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas, cuyo caso ha sido documentado por CIMAC.

Myrna recurrió a las instituciones para exigir protección ante el riesgo que enfrenta por ejercer su labor periodística. Sin embargo, las medidas adoptadas por las autoridades fueron cuestionadas por no considerar de manera suficiente su condición de mujer periodista desplazada y las circunstancias particulares de riesgo que enfrenta.

El caso llegó a la Suprema Corte en septiembre de 2025, ya con la nueva integración del Pleno. En febrero de 2026, las ministras y ministros desecharon el proyecto que proponía negar el amparo.

El pasado jueves 9 de julio, el Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) negó por mayoría de seis votos la posibilidad de reconocer que 30 días no son suficientes frente al Mecanismo. Aunque los ministros sí dijeron que en cualquier momento las periodistas pueden solicitar revisión de su plan de protección.

La decisión contrasta con los criterios que la propia Corte ha construido durante este primer año sobre perspectiva de género, violencia contra las mujeres y acceso a la justicia.

El otro rostro de las fosas clandestinas: mujeres víctimas de violencia feminicida

 

El informe Trazar la ausencia, caminar la esperanza, elaborado por el Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, documentó 58 fosas clandestinas vinculadas con elementos del delito de feminicidio entre enero de 2020 y septiembre de 2024, en las que fueron localizados 92 cuerpos de mujeres, niñas, niños y adolescentes.

La investigación, que analiza los hallazgos de fosas clandestinas en México entre 2006 y 2024, incorpora una mirada específica sobre las violencias contra las mujeres y muestra que la inhumación clandestina no puede entenderse únicamente como una expresión de la violencia criminal: en determinados casos también constituye parte de las dinámicas de violencia feminicida.

El informe señala que entre las características recurrentes encontradas en los casos de mujeres están la inhumación individual o junto con otras mujeres o menores de edad, así como la presencia de signos de tortura y otras formas de violencia, entre ellas estrangulamiento o asfixia, traumatismos físicos, violencia sexual e inmovilización previa a la muerte.

2024 concentró el mayor número de fosas vinculadas con feminicidio

De las 58 fosas clandestinas documentadas en este grupo, 22 fueron localizadas en 2024, 13 en 2022, 10 en 2023, siete en 2020 y seis en 2021.

Así, 2024 concentró 39% de las fosas vinculadas con elementos del delito de feminicidio identificadas durante el periodo analizado.

La Ibero advierte que este aumento puede apuntar tanto a una agudización del fenómeno como a una mayor visibilización de estos casos a través de los medios de comunicación. Por ello, el dato no debe interpretarse por sí solo como una tendencia nacional de feminicidio, sino como parte del universo de fosas clandestinas documentadas por la investigación.

Los casos fueron identificados en 23 de las 32 entidades federativas. Chihuahua concentró 16% y Sonora 12% de los hallazgos, seguidos por Veracruz y Ciudad de México, con 7% cada uno.

En la Ciudad de México, las fosas vinculadas con feminicidios representaron 31% del total de fosas clandestinas documentadas en la entidad durante el periodo estudiado.

Más de la mitad de las fosas de mujeres estaban en inmuebles privados

Uno de los hallazgos que permite observar con mayor claridad la dimensión de género de estas violencias es el lugar donde fueron encontradas las víctimas.

En 56 de las 58 fosas vinculadas con feminicidio fue posible determinar el tipo de espacio. De ellas, 34 —60.7%— estaban en inmuebles privados, entre ellos casas, ranchos y negocios.

De esos 34 casos, 13 correspondían a propiedades de las propias víctimas o de sus perpetradores.

El dato coincide con otro patrón identificado por la investigación: entre las fosas atribuidas a particulares y localizadas en domicilios privados, 70% estaban relacionadas con violencia feminicida.

Para la Ibero, esta concentración resulta relevante porque la violencia contra las mujeres ocurre frecuentemente en espacios cerrados y puede ser ejercida por hombres pertenecientes al círculo cercano de las víctimas.

El hallazgo también obliga a mirar más allá de la imagen tradicional de una fosa clandestina ubicada en un paraje remoto. El informe documenta que las inhumaciones pueden encontrarse dentro de viviendas, negocios y zonas habitacionales.

En Chihuahua, por ejemplo, durante 2024 fueron localizadas tres fosas clandestinas vinculadas con la inhumación de mujeres dentro de casas de una colonia habitada de Ciudad Juárez.

Mujeres jóvenes, madres y hasta mujeres embarazadas

Los datos disponibles sobre las víctimas permiten identificar otros patrones de género.

De las 92 personas vinculadas con estos casos, el informe pudo documentar la edad de 68 mujeres. De ellas, 31 tenían entre 20 y 30 años, equivalente a aproximadamente 45.6%.

Las víctimas tenían perfiles diversos: entre ellas había estudiantes, maestras, deportistas y modelos. La investigación también identificó cinco mujeres que estaban embarazadas al momento de ser inhumadas clandestinamente.

Otro dato muestra que las consecuencias de estos crímenes trascienden a las víctimas directas: al menos 25 de las mujeres asesinadas eran madres, por lo que niñas, niños y adolescentes quedaron en condición de orfandad a consecuencia de la violencia feminicida.

Además, el informe señala que 95% de las víctimas mujeres localizadas en estas fosas fueron identificadas, una proporción inusual. La Ibero plantea que esto puede estar relacionado con que las mujeres víctimas de feminicidio suelen ser localizadas en lapsos más cortos y con que estos casos ocurren con frecuencia en espacios cercanos a la víctima.

Las fosas muestran violencias diferenciadas contra las mujeres

La investigación no plantea que todas las mujeres encontradas en fosas clandestinas sean víctimas de feminicidio. Su análisis se concentra en aquellos casos que, a partir de las características documentadas y de lo señalado por las autoridades, resultan consistentes con los elementos establecidos en el Código Penal Federal para este delito.

Entre las características identificadas aparecen la violencia sexual, la tortura, la inmovilización y otros tipos de violencia física.

El informe también encuentra diferencias según el tipo de perpetrador. En los casos atribuidos a particulares, por ejemplo, predominan métodos que implican contacto físico directo, como traumatismos, estrangulamiento, inmovilización y uso de armas blancas. La investigación relaciona estas prácticas con dinámicas interpersonales y contextos domésticos.

En contraste, el crimen organizado aparece asociado con formas de violencia instrumental y simbólica que incluyen desmembramiento, armas de fuego y tiros de gracia.

Las familias siguen buscando frente a los vacíos del Estado

El análisis de la Ibero también coloca en el centro a las familias y colectivos de búsqueda, particularmente frente a las deficiencias institucionales para registrar, investigar y resguardar los sitios donde son localizados cuerpos.

El informe documentó 23 fosas clandestinas de uso reiterado, es decir, lugares donde después de una primera intervención volvieron a encontrarse cuerpos o restos humanos. Para las autoras y autores, estos casos constituyen evidencia de omisiones institucionales en materia de investigación, resguardo y prevención.

La problemática se relaciona además con la falta de información homogénea. La investigación advierte que las fiscalías no entregan registros con el mismo nivel de detalle y que algunas incluso señalaron que no contaban con información procesada sobre fosas clandestinas.

Por ello, el informe no pretende establecer una cifra definitiva sobre el número de fosas clandestinas existentes en México. A partir de fuentes hemerográficas, la Ibero documentó al menos 3 mil 516 fosas clandestinas, 8 mil 341 cuerpos y 52 mil 305 restos humanos entre 2006 y septiembre de 2024. Sin embargo, advierte que las cifras podrían ser mayores debido a los subregistros y a las limitaciones de las fuentes disponibles.

La investigación sostiene que conocer quiénes son las víctimas y cómo fueron violentadas es indispensable para comprender las distintas dimensiones de la desaparición y la violencia en México, incluidas aquellas que afectan de manera diferenciada a mujeres y otros grupos históricamente discriminados.

La economía política feminista de los ecosistemas digitales

 Por Julia Evelyn Martínez 

Fuentes: Rebelión

Los ecosistemas digitales no son neutrales. Son espacios donde se acumula riqueza, se organiza el trabajo, se sostiene la vida cotidiana y se disputa el poder político.

Detrás de cada aplicación hay infraestructuras, algoritmos y decisiones empresariales que determinan quién controla la tecnología, quién obtiene las ganancias y quién asume los costos. Una mirada feminista permite ver aquello que muchas veces queda oculto: este sistema se alimenta no solo del trabajo remunerado, sino también de los datos, la atención, la creatividad y los cuidados que millones de personas aportan todos los días. Por eso, la pregunta no es si debemos usar o no la tecnología, sino quién la gobierna, para quién funciona y qué vidas quedan expuestas cuando sus reglas se deciden lejos de las comunidades.

Capitalismo digital, trabajo y cuidados

Las grandes plataformas concentran la propiedad de la infraestructura, los algoritmos y los datos, mientras millones de personas aportan el trabajo que las mantiene en funcionamiento. Una mujer que vende productos por medio de una red social, por ejemplo, paga el teléfono, la conexión a internet y otros costos de su actividad. Además, dedica tiempo a tomar fotografías, responder mensajes, preparar pedidos y atender reclamos. Sin embargo, no decide las reglas de la plataforma, no conoce los criterios del algoritmo y puede perder su cuenta o sus ingresos sin una explicación clara.

Este trabajo digital no reemplaza las responsabilidades de cuidado que el orden patriarcal asigna principalmente a las mujeres. Con frecuencia, se suma a la atención de niñas y niños, personas enfermas o mayores y a las tareas domésticas. Por eso, la supuesta flexibilidad de trabajar desde casa puede convertirse en una jornada sin límites, sin descanso y sin protección social. Una mirada feminista permite reconocer que las plataformas obtienen ganancias gracias a ese tiempo de trabajo visible e invisible, mientras trasladan sus costos a los hogares y, dentro de ellos, especialmente a las mujeres.

La gestión algorítmica profundiza esta desigualdad. Los sistemas automatizados asignan tareas, miden el rendimiento, fijan ritmos de trabajo y aplican sanciones sin transparencia ni posibilidad real de apelación. Quienes trabajan bajo estas reglas son vigilados de manera constante, pero no pueden intervenir en las decisiones que afectan sus ingresos y su estabilidad.

A finales  de 2026, Meta eliminó alrededor de 8.000 puestos de trabajo, equivalentes al 10 % de su plantilla, en medio de una reorganización orientada a ampliar sus inversiones en inteligencia artificial. Muchas personas conocieron su despido mediante comunicaciones digitales. La forma y la magnitud de estas medidas muestran el desequilibrio de poder entre las corporaciones y quienes trabajan para ellas: una decisión tomada en la cúpula empresarial puede destruir, en segundos, los ingresos y la seguridad de miles de familias. La tecnología, que podría reducir las jornadas y liberar tiempo para el descanso y los cuidados, se utiliza para disminuir costos laborales, aumentar ganancias y debilitar derechos. Así se expresa la lucha de clases en el entorno digital.

Datos, atención y acumulación de riqueza

Cada búsqueda, compra, conversación o desplazamiento puede producir información que las empresas convierten en mercancía. Con frecuencia se afirma que los datos son “el nuevo petróleo”. Sin embargo, esta comparación oculta algo fundamental: los datos no aparecen de manera espontánea ni son un recurso separado de las personas. Se originan en nuestras actividades, relaciones, cuerpos y necesidades. Desde una perspectiva feminista, extraer datos también significa apropiarse de fragmentos de la vida cotidiana.

Las plataformas transforman esa información en perfiles de consumo que alimentan la publicidad dirigida y los sistemas de inteligencia artificial. Si una mujer busca un medicamento, información sobre un embarazo o un servicio de salud, su actividad puede utilizarse para anticipar sus necesidades e influir en sus decisiones. Esto no solo produce ganancias; también puede exponer información sensible y reforzar formas de vigilancia o discriminación.

Netflix registra cada visualización para decidir qué contenidos producir, recomendar y distribuir. De esta manera, la creatividad queda subordinada a cálculos empresariales que buscan reducir riesgos y maximizar ganancias. Productoras, artistas y trabajadoras culturales dependen de algoritmos que determinan qué historias circulan y cuáles quedan ocultas.

Amazon convierte cada búsqueda y cada compra en información para perfeccionar su logística y ampliar su poder sobre el comercio electrónico y los servicios de nube. Mientras tanto, quienes trabajan en almacenes, entregas y atención al público enfrentan ritmos intensos y condiciones precarias. La riqueza se concentra en la cúpula corporativa, aunque una enorme red de trabajadoras y trabajadores sostenga la infraestructura material que hace posible el negocio.

TikTok y Meta diseñan sus algoritmos para prolongar el tiempo de permanencia en pantalla. La atención de las personas se transforma en datos y, luego, en ingresos publicitarios. Al mismo tiempo, usuarias y creadoras producen contenidos, mantienen activas las redes y realizan un trabajo que rara vez es reconocido o remunerado de manera justa. Las mujeres, además, están más expuestas al acoso, la sexualización, la apropiación de sus imágenes y otras formas de violencia digital.

La magnitud de este negocio permite comprender el poder en disputa. El mercado mundial de publicidad digital alcanzó 567.900 millones de dólares en 2025 y se estima que crecerá a 662.300 millones en 2026 y a 1,69 billones en 2033 (Grand View Research, 2026). Por su parte, WPP Media estimó que los ingresos mundiales por publicidad llegaron a 1,08 billones de dólares en 2025. La publicidad exclusivamente digital representó el 73,2 % de ese total y el porcentaje aumentó al 81,6 % al incluir extensiones digitales como el streaming y la publicidad exterior digital (WPP Media, 2025).

Estas cifras muestran que cada clic y cada minuto de atención forman parte de un proceso económico de enorme escala. La respuesta no consiste en abandonar la tecnología, sino en disputar su propiedad, sus reglas y sus beneficios. Quienes producen la riqueza digital deben participar en las decisiones y recibir una parte justa del valor que generan.

Datos transnacionales y poder corporativo

La digitalización de los servicios públicos y privados ha acelerado la transnacionalización de los datos. Amazon Web Services, Microsoft Azure y Google Cloud no solo ofrecen infraestructura tecnológica: también administran o almacenan información estratégica de millones de personas. Cuando los registros educativos, tributarios, laborales o médicos dependen de empresas extranjeras, los Estados pierden capacidad para decidir de manera autónoma cómo protegerlos y utilizarlos.

En 2025, el mercado mundial de servicios de nube alcanzó aproximadamente 680.000 millones de dólares y se proyectó que llegaría a 947.000 millones en 2026 y a 2,4 billones en 2030. AWS controlaba cerca del 28 % del mercado, Microsoft Azure el 21 % y Google Cloud el 14 %. En conjunto, estas tres empresas concentraban más del 60 % de la infraestructura mundial de nube (Synergy Research Group, 2026). Esta concentración condiciona la soberanía digital de los Estados y aumenta su dependencia de contratos privados sujetos a intereses comerciales y geopolíticos.

En México, la contratación de proveedores globales para digitalizar y almacenar información pública puede colocar datos escolares, tributarios y administrativos bajo infraestructuras que el Estado no controla plenamente. Aunque el portal datos.gob.mx reúne decenas de miles de conjuntos de datos federales, la apertura de información no garantiza, por sí sola, soberanía tecnológica ni protección frente al uso comercial de los datos.

En Brasil la Rede Nacional de Dados em Saúde integra historiales médicos mediante la interacción de instituciones públicas y privadas. La Ley General de Protección de Datos reconoce que la información médica es sensible, pero su protección también depende de quién controla la infraestructura, de las condiciones de los contratos y de la capacidad estatal para fiscalizar a las empresas.

En India, el sistema Aadhaar centraliza los datos biométricos de más de mil millones de personas y permite que empresas privadas participen en procesos de autenticación. Este modelo muestra cómo puede debilitarse la frontera entre lo público y lo privado cuando la expansión tecnológica avanza más rápido que los controles democráticos.

DoctorSV, en El Salvador, forma parte de esta tendencia mundial. La plataforma reúne información clínica y familiar de quienes utilizan el servicio. La digitalización puede facilitar la atención médica, pero también crea riesgos si no existen reglas claras sobre quién accede a los datos, dónde se almacenan, con qué fines se utilizan y durante cuánto tiempo se conservan. Estos riesgos tienen una dimensión de género: la información sobre salud sexual y reproductiva, embarazos, violencia, identidad de género u orientación sexual puede utilizarse para vigilar, excluir o discriminar a mujeres y personas LGTBIQ+. El respaldo financiero de organismos internacionales, como el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF), no sustituye la obligación del Estado de garantizar transparencia, consentimiento, seguridad y control público.

Estos casos revelan un problema estructural: la creciente capacidad de las corporaciones tecnológicas para influir en las decisiones públicas y convertir servicios esenciales en nuevos mercados. La soberanía de los datos no es un asunto meramente técnico. Es una cuestión de democracia, justicia económica y autonomía colectiva. También es una demanda feminista, porque proteger los datos relacionados con los cuerpos, la salud, los cuidados y la vida familiar resulta indispensable para ejercer derechos y vivir sin vigilancia ni discriminación.

Autoritarismo digital y colonialismo cultural

Las plataformas también ejercen poder al decidir qué contenidos pueden circular, cuáles pierden visibilidad y qué cuentas son suspendidas. Estas decisiones se presentan como procesos técnicos y neutrales, aunque responden a reglas empresariales y a algoritmos diseñados desde contextos culturales dominantes. En América Latina ese poder puede silenciar expresiones indígenas, feministas y comunitarias y reforzar el racismo, el patriarcado y el colonialismo cultural.

Como documentan Lindero Cortez, Scarlet et al. (2026), en Brasil algunas comunidades indígenas, entre ellas los Kalapalo del Xingu, han visto cómo YouTube e Instagram eliminan videos de ceremonias tradicionales por considerarlos “contenido sensible”. Cuando las imágenes de vestimenta ancestral son clasificadas como inapropiadas, las personas creadoras se ven obligadas a modificar sus publicaciones para evitar bloqueos. Así, una regla privada impone criterios ajenos a la comunidad y limita la transmisión de sus saberes.

En México, organizaciones feministas han denunciado la reducción del alcance de publicaciones sobre derechos sexuales y reproductivos, violencia de género y diversidad sexogenérica. Aunque el contenido no siempre desaparece, deja de circular y pierde impacto político. En 2024, Meta bloqueó las cuentas de WhatsApp Business de Telefem y después eliminó su perfil de Instagram, que tenía 45.000 seguidoras. La organización atendía a más de 4.000 mujeres al mes en procesos de aborto seguro. La medida interrumpió servicios de salud, debilitó la credibilidad construida durante años y borró parte de la memoria digital de la organización.

En Guatemala, Facebook, TikTok y X han sido utilizados para difundir campañas de desprestigio contra liderazgos mayas, defensoras ambientales y activistas contra la corrupción. En el caso de Lesbia Artola, circularon acusaciones falsas que buscaban responsabilizarla por asesinatos de defensores de la tierra. La desinformación digital no permanece encerrada en una pantalla: puede preparar el terreno para amenazas, criminalización y persecución judicial.

Estos hechos muestran que el autoritarismo digital empresarial tiene consecuencias materiales. Las plataformas favorecen los contenidos más rentables y pueden penalizar las voces que cuestionan el patriarcado, el racismo, el extractivismo o el poder político. Esta violencia afecta de manera particular a mujeres indígenas, rurales, trans, lesbianas, periodistas y defensoras, porque sobre ellas se cruzan distintas formas de discriminación. Descolonizar lo digital exige transparencia en las decisiones algorítmicas, mecanismos eficaces de apelación y políticas que protejan las lenguas, los saberes y la organización de los pueblos.

Violencia digital y exclusión política

Las amenazas, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, el acoso sexual y las campañas de desprestigio no son simples insultos en redes sociales. Forman parte de una estrategia de control patriarcal que busca infundir miedo, disciplinar a las mujeres y expulsarlas de los espacios públicos. Periodistas, defensoras de derechos humanos, dirigentes comunitarias y candidatas enfrentan agresiones dirigidas no solo contra sus ideas, sino también contra sus cuerpos, su sexualidad, sus familias y su derecho a participar.

Cuando una mujer deja de opinar, organizarse o participar en política por temor a las agresiones, pierde ella, pero también pierde la democracia. Por eso, la violencia digital debe reconocerse como una forma de violencia política y estructural. Enfrentarla requiere prevención, atención, protección y sanciones efectivas, además de responsabilidades claras para las empresas que permiten o amplifican estos ataques.

Democratizar lo digital

Democratizar lo digital significa disputar el poder de las plataformas y construir alternativas colectivas. La soberanía de los datos debe garantizar que la información pública y sensible sea gestionada por instituciones democráticas, con control social y participación ciudadana. Se necesitan límites a la concentración empresarial, transparencia en los algoritmos y el derecho a recibir una explicación y apelar cuando una decisión automatizada afecta un empleo, un ingreso, un servicio público o la libertad de expresión.

La democratización también exige reconocer como trabajo las actividades realizadas mediante plataformas y garantizar derechos laborales, seguridad social y negociación colectiva. No basta con celebrar que las mujeres puedan vender productos o prestar servicios desde sus hogares. Es necesario asegurar ingresos dignos, descanso, protección frente a la violencia y corresponsabilidad social de los cuidados. De lo contrario, la inclusión digital solo agrega nuevas cargas a las desigualdades existentes.

Una agenda feminista debe incluir acceso universal y asequible a internet, formación tecnológica, protección de los datos personales y participación efectiva de las mujeres en el diseño y la regulación de los sistemas digitales. Esta participación debe incorporar la diversidad de experiencias de mujeres rurales, indígenas, afrodescendientes, migrantes, con discapacidad y de las personas LGTBIQ+. No existe justicia digital si las decisiones continúan concentradas en élites empresariales y técnicas alejadas de las comunidades afectadas.

También es necesario invertir en tecnologías públicas, comunitarias y cooperativas que prioricen el bienestar colectivo. Las plataformas deben respetar las lenguas y los saberes locales, corregir los sesgos de sus sistemas y proteger la organización social. Democratizar la tecnología no significa añadir mujeres a un modelo injusto, sino transformar las relaciones de propiedad y poder que lo sostienen.

Conclusión

La disputa por los ecosistemas digitales no es un debate técnico reservado a especialistas. Es una discusión pública sobre democracia, justicia económica y derechos. Hoy, las grandes corporaciones concentran datos, infraestructura y ganancias, mientras los costos recaen sobre trabajadoras, hogares, comunidades y Estados. Desde una perspectiva feminista, esto obliga a mirar el poder allí donde suele presentarse como innovación: en la extracción de datos, en la vigilancia del trabajo, en la moderación privada de contenidos y en la violencia que busca expulsar a las mujeres del espacio público.

Democratizar la tecnología no significa rechazarla. Significa cambiar sus reglas. Implica reconocer el trabajo que sostiene la vida, garantizar derechos laborales, proteger los datos personales y públicos, regular los algoritmos, limitar los monopolios y construir infraestructuras públicas, comunitarias y cooperativas. También implica que mujeres, trabajadoras, pueblos y comunidades participen en las decisiones y reciban una parte justa de la riqueza que contribuyen a crear.

Una agenda feminista para lo digital debe poner la vida en el centro. Eso supone cuestionar la concentración de la propiedad y de las ganancias, defender la autonomía de los pueblos, proteger las lenguas y los saberes locales, y exigir que las tecnologías no profundicen las desigualdades que prometen resolver. La inclusión digital, por sí sola, no basta si las reglas siguen siendo definidas por las mismas empresas que se benefician de la dependencia, la vigilancia y la precariedad.

Si queremos una democracia plena, también tenemos que democratizar lo digital. No se trata de pedir permiso para participar en plataformas diseñadas por otros, sino de disputar sus reglas, sus beneficios y su sentido. La tecnología puede servir para vigilar, precarizar y silenciar; pero también puede convertirse en una herramienta colectiva para cuidar, comunicar, organizar y ampliar derechos. Esa elección no es técnica: es profundamente política y feminista.

Julia Evelyn Martínez. Economista feminista, docente e investigadora.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Sheinbaum ratifica respaldo de México a Michelle Bachelet para dirigir la ONU

 

La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ratificó el respaldo de México a Michelle Bachelet para ocupar la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en una contienda internacional que definirá a quien sucederá a António Guterres al frente del organismo.

Sheinbaum informó que la expresidenta de Chile, quien se encuentra de visita en México, solicitó reunirse con ella. La mandataria señaló que el encuentro no estaba contemplado para este martes pasado, aunque consideró importante conversar con Bachelet debido a que México ha sostenido su candidatura para dirigir Naciones Unidas.

La presidenta mexicana defendió la candidatura de Bachelet por su trayectoria y por la visión que, desde su perspectiva, representa dentro de Naciones Unidas: la construcción de la paz, la defensa de los derechos humanos y el respeto a los principios de la Carta de la ONU.

“Consideramos que es una mujer que representa una visión de construcción de la paz, de defensa de los derechos humanos”, sostuvo Sheinbaum.

México mantiene su respaldo a Michelle Bachelet

México y Brasil son actualmente los países que mantienen públicamente su respaldo a la candidatura de Bachelet, después de que Chile retirara su apoyo tras el cambio de gobierno.

La candidatura de la expresidenta chilena fue presentada formalmente ante Naciones Unidas en febrero de 2026 con el respaldo de Chile, México y Brasil. Sin embargo, en marzo el gobierno del presidente chileno José Antonio Kast anunció el retiro del apoyo de su país, por lo que México y Brasil quedaron como los principales impulsores latinoamericanos de la postulación.

Sheinbaum ya había refrendado públicamente su respaldo a Bachelet en mayo, cuando recibió a la exmandataria chilena en Palacio Nacional. En aquella ocasión la presidenta mexicana destacó su trayectoria como dos veces presidenta de Chile y su trabajo en favor de la paz y los derechos humanos.

Bachelet busca convertirse en la primera mujer al frente de la ONU

La candidatura de Michelle Bachelet tiene además una dimensión histórica: de ser elegida, se convertiría en la primera mujer en ocupar la Secretaría General de Naciones Unidas.

La exmandataria chilena cuenta con experiencia tanto en la política de su país como dentro del sistema de Naciones Unidas. Fue directora ejecutiva de ONU Mujeres y posteriormente Alta Comisionada de Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

Para Sheinbaum, ese perfil es parte de las razones por las que México decidió respaldar su candidatura, particularmente por su experiencia en derechos humanos y su defensa del multilateralismo.

La presidenta también sostuvo que la propuesta de Bachelet coincide con la visión mexicana de una ONU en la que los Estados participen en condiciones de igualdad, independientemente de su poder económico.

La candidatura de Bachelet enfrenta un escenario complicado

El respaldo mexicano ocurre mientras la carrera por la Secretaría General de la ONU atraviesa una etapa decisiva.

La candidatura de Bachelet ha perdido posiciones en las votaciones informales realizadas por el Consejo de Seguridad. En la segunda ronda, realizada recientemente, la expresidenta chilena quedó en séptimo lugar entre ocho aspirantes, con dos votos de respaldo, seis de desaliento y siete abstenciones, de acuerdo con información publicada sobre el proceso.

A pesar de este escenario, Sheinbaum señaló que México continuará respaldando a Bachelet y reconoció que todavía será necesario evaluar las posibilidades que tiene para alcanzar el cargo.

La elección tendrá lugar este año, debido a que el mandato de António Guterres concluye el 31 de diciembre de 2026. El proceso contempla que el Consejo de Seguridad recomiende una candidatura y que posteriormente la Asamblea General de la ONU realice el nombramiento.

Por ahora, México mantiene su apuesta por Michelle Bachelet para encabezar Naciones Unidas y sostiene que su trayectoria en derechos humanos, paz y multilateralismo corresponde con el perfil que debería tener quien ocupe la Secretaría General.

La contienda, sin embargo, permanece abierta y la candidatura de Bachelet enfrenta el reto de recuperar apoyos entre los integrantes del Consejo de Seguridad antes de que avance la definición del relevo de Guterres.