indicó que le gusta tu post. 16h. https://www.imagenpoblana.com.mx/26/08/12/el-edadismo-otra-fuente-de-discriminacion. Abrazos para los dos.
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Con la vinculación a proceso de Ángel Aguirre, quien era Gobernador en Guerrero cuando ocurrió la desaparición forzada de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa, la Fiscalía General de la República (FGR) parece avanzar en la indagatoria para el esclarecimiento de ese crimen, el más grave de desaparición forzada de las últimas décadas, y el de mayor impunidad, que a casi 12 años de ocurrido sigue sin resolverse.
La participación de Ángel Aguirre en la desaparición forzada de los estudiantes nuevamente pone en evidencia el grave nivel de corrupción de los funcionarios involucrados en esa atroz acción y su colusión con grupos del crimen organizado.
El entonces Gobernador –según las imputaciones de la Fiscalía– ocultó y ordenó destruir evidencia: los videos de las cámaras de seguridad del Palacio de Justicia en Iguala, correspondientes a la noche del 26 de septiembre y la madrugada del día 27, que precisamente grabaron las agresiones a los normalistas que viajaban en el autobús 1531 de la línea Estrella de Oro, el cómo y quienes los sacaron, y hacia dónde se llevaron a los estudiantes.
Según la información que ha obtenido la FGR –a partir de la cual obtuvo los elementos de prueba para la vinculación a proceso– Ángel Aguirre dio la orden de destruir los videos, porque evidenciaban que su sobrino Ernesto Aguirre Gutiérrez tenía relación con el crimen organizado, con el grupo "Guerreros Unidos", y que habría participado en la desaparición de los jóvenes normalistas.
La designación que Ángel Aguirre hizo de muchos de sus familiares en puestos de su Gobierno fue documentada por la prensa local, que incluso destacó el poder que ejercía Ernesto Aguirre Gutiérrez en el Gobierno de su tío.
A Ernesto su tío lo designó Coordinador de Planes y Proyectos Estratégicos, luego lo dejó como asesor. Pero además Ernesto Aguirre representaba al propio Ángel Aguirre en eventos. Así, por ejemplo, en actividades gubernamentales a las que acudían a Guerrero funcionarios del Gobierno federal, del Gabinete de Peña Nieto, era Ernesto Aguirre el que en ocasiones representó al Gobernador.
Ángel Aguirre, un priista de toda la vida fue en los años noventa, Gobernador sustituto del sanguinario cacique Rubén Figueroa, cuando éste fue destituido por el Congreso tras la matanza de Aguas Blancas. Fue también funcionario en varios gobiernos priistas en la entidad, además de dirigente de su partido y legislador; pero renunció al PRI cuando no le dieron la candidatura a las elecciones de 2011, y entonces se hizo perredista, partido bajo cuyas siglas asumió el cargo de Gobernador ese año.
Aunque con membrete de otro partido, en su Gobierno simplemente dio continuidad a las mismas caciquiles prácticas priistas de represión y corrupción. Al respecto, las organizaciones independientes de defensores de derechos humanos en la entidad dieron cuenta de manera puntual de los abusos y represión en ese periodo contra defensores de derechos humanos, activistas y estudiantes.
Además, en los años de Ángel Aguirre como Gobernador, Guerrero se ubicó como una de las entidades con mayor número de homicidios y otros indicadores de violencia, también por la diversificación de grupos del narcotráfico, algunos escindidos de los Beltrán Leyva y la Familia Michoacana, así como por la fuerte presencia que alcanzaron grupos como "Guerreros Unidos" y "Los Rojos", particularmente por su enorme nivel de cooptación de funcionarios y policías en el estado, a tal punto de controlar varios de los municipios.
El grado de penetración y vinculación de grupos del crimen organizado se evidencia a partir de que eran las policías las que operaban y actuaban según les ordenaran los líderes criminales. Los jefes de plaza de los cárteles eran a su vez mandos policiacos, quienes se encargaban de recaudar el cobro de derecho de piso, de levantones y ejecuciones a nombre de los grupos criminales.
En las más altas estructuras gubernamentales se tenía conocimiento de la operación y cooptación de funcionarios y policías con grupos del crimen organizado. El mapeo criminal de la entidad la tenía identificada instituciones del Gobierno federal, sin embargo, desde la federación también había omisiones.
A partir de la amplia información y documentación que fue obteniendo en su indagatoria, el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) describe en uno de sus informes que, en Guerrero, y especialmente en Iguala, la violencia se incrementó desde el 2012, y el índice de desapariciones y muertes violentas fue ascendiendo también, que en esa época, el índice delictivo por entidad del país es ocupado en primer lugar por Guerrero.
Cifra que del 1 de diciembre de 2012 al 1 de agosto de 2014 se registraron en esa entidad dos mil 265 hechos delictivos, incluidas ejecuciones y secuestros.
Detalla dicho informe que, “para el 2014 existen varios mensajes de instituciones de Sedena, el Centro Regional de Fusión de Inteligencia CRFI de Iguala y del 27 Batallón de Infantería con sede en Iguala, que alertan sobre existencia de crimen organizado, de la presencia de 'Guerreros Unidos', de acciones de violencia extrema, incluso 10 o 15 días antes de la desaparición de los normalistas en Iguala. En muchos de esos documentos existen referencias precisas de lugares, presencia de grupos armados, presencia de filtros de entrada y salida, y control de medios de transporte de servicio público”.
Agrega, que “existe una amplia evidencia del nivel de información que tenía Sedena en ese momento sobre actividades delictivas de grupos ligados al narcotráfico y la delincuencia organizada, lo que permite ver que lejos de ser cuestiones ajenas al propio ejército, hacían parte de sus patrullajes, recogida de información y análisis del contexto que permitían tener conocimiento directo de la situación”.
De manera que ese año 2014, la delincuencia y vínculos de autoridades locales con el crimen organizado fueron del conocimiento de las instituciones del Gobierno federal, pero éste era omiso.
Y es que el de Peña Nieto era un Gobierno que vivía en la frivolidad absoluta, comenzando por el Presidente quien con su familia se la pasaban en la parafernalia y superficialidad en Los Pinos, o en sus fastuosas giras frecuentes por el mundo.
Ante sucesos tan graves como la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, el Gobierno de Peña intentó dar “carpetazo” mediante la mal llamada “verdad histórica”, enunciada así por el entonces Procurador Jesús Murillo Karam. Un montaje con el que, en complicidad de muchos medios de comunicación, revictimizaron y estigmatizaron a los desaparecidos.
Años después, derivado de las indagatorias que la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa (CoVAJ), encabezó Alejandro Encinas, en sus informes la CoVAJ determinó que la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa constituyó un crimen de Estado, en el que concurrieron integrantes del grupo delictivo "Guerreros Unidos" y agentes de diversas instituciones del Estado mexicano. Que autoridades federales y estatales “del más alto nivel” fueron omisas y negligentes, respecto de alterar hechos y circunstancias para establecer una conclusión ajena a la verdad de los hechos.
Señala la CoVAJ en sus informes que “la creación de la ‘verdad histórica’, fue una acción concertada del aparato organizado del poder desde el más alto nivel del Gobierno, que ocultó la verdad de los hechos, alteró las escenas del crimen, ocultó los vínculos de autoridades con el grupo delictivo y la participación de agentes del Estado, fuerzas de seguridad y autoridades responsables de la procuración de justicia en la desaparición de los estudiantes”.
Detalla que la que Murillo Karam anunciaría como “verdad histórica” se fundó en una versión “que fue adoptada durante una de las sesiones del Gabinete realizada en la oficina del Presidente de la República”, es decir, la oficina de Peña en Los Pinos.
En septiembre se cumplirán 12 años de la desaparición forzada de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa, más de una década sin verdad ni justicia.
21 personas vinculadas al caso fallecieron, algunos en diversas circunstancias y otros fueron ejecutados. Se contabilizaban muchas detenciones, pero muchas de esas también quedaron sin efecto por maniobras de jueces del antiguo Poder Judicial.
Aunque en los informes más recientes –que son los emitidos por la CoVAJ– se reconoció como un crimen de Estado, muchos de los responsables aún siguen impunes.
Ángel Aguirre es el segundo exfuncionario público de mayor jerarquía en el cargo que ha sido vinculado a proceso –el primero fue Murillo Karam–, el exgobernador estuvo impune, y tan se sentía impune que aparecía en eventos y reuniones con sus amigos políticos, como lo mostró una fotografía que en enero de 2024 publicó el Senador priista Manuel Añorve Baños en su red social, donde aparecen él, Ángel Aguirre y Alejandro Moreno, con el mensaje: “Junto a mi primo y exgobernador de Guerrero, Ángel Aguirre, visitamos en su oficina a mi Presidente alitomoreno”.
Al tratarse de un crimen de Estado, la Fiscalía debe llegar hasta las más altas estructuras, para no queden impunes los exfuncionarios públicos involucrados por acción o por omisión, incluido Enrique Peña Nieto, quien disfruta de un retiro dorado en España.
Un Quijote en Tenochtitlán
"El mensaje real de 'La Odisea' de Homero es que la gloria no compensa necesariamente la pérdida de la vida".-

En una entrevista reciente con Sabina Bergman en su programa Último aliento, decía, al hilo de La Odisea de Cristopher Nolan, que podíamos pensar en quién es quién en la actualidad de esos personajes. Es verdad que es arriesgado, pero adelantemos algunas intuiciones para el debate.
Lo más claro es que Polifemo, el monstruo de un sólo ojo que devora a los soldados que encierra en la cueva, bien podría ser Donald Trump. Polifemo no está bien tratado en la película porque además de presentarlo calvo -parece que si eres calvo das más miedo- nos ahorra algo bien conocido que queda fuera de la película, que es la astucia de Odiseo de decirle al monstruo cuando le pregunta su nombre al arribar a la isla que se llama Nadie. De manera que cuando Odiseo y los soldados le clavan la estaca ardiendo en el ojo para poder huir y el gigante pide ayuda a sus hermanos de otras islas, responde a la pregunta de quién por dolo o fuerza le daña, que “nadie”, tomándole entonces por loco y no socorriéndolo. Recordemos que Odiseo, Ulises como le llamaban los romanos, tiene el sobrenombre de “el astuto”, mientras que Polifemo, pese a su mucho poder, es un imbécil. Pero cuidado con la sutileza de Homero: el deseo de gloria vence a Odiseo, que cuando abandonan la isla le grita a Polifemo: ¡que sepan que Odiseo te engañó! Y entonces, Polifemo invoca a su padre Poseidón y le pide que castigue a Odiseo. La arrogancia de Odiseo le castigará a él y a su tripulación en la mar.
Añadamos que los lestrigones, que en la película son también enormes soldados con armaduras imposibles y anacrónicas, son el ejército de EU y del Israel, tristemente conocidos por sus atrocidades.
Los 108 pretendientes al trono de Itaca, que quieren desposar a Penélope y sustituir a Odiseo, bien podría ser esa tropa de líderes del PAN y del PRI que andan esperando a ver si un golpe de suerte o la ayuda externa de los dioses o de Polifemo acaban con Odiseo y así pueden ganar con impulso de fuera lo que no pueden ganar por sus propias fuerzas incapaces como son de tensar el arco. Es especialmente antipático Antinoo, cobarde, tramposo, arrogante, agresivo, cuyo lugar social se debe simplemente a que es “hijo de Eupites”. Antinoo se aprovecha de la hospitalidad del palacio, conspira contra Telémaco, hijo de Odiseo y Penélope, y humilla a Odiseo disfrazado de mendigo. Es el que va a recibir la primera flecha en la garganta. Antinoo es Ricardo Salinas Pliego y la flecha bien podrían ser las elecciones presidenciales de 2030.
Telémaco es el hijo que va ganando autoridad con su determinación y va entendiendo que no puede ser siempre el hijo de Odiseo. Termina siendo el legítimo rey de Itaca. Me recuerda a Claudia Sheinmbaum. Entonces ¿quién es Penélope, que teje y desteje para no desposarse con un marido ilegítimo? Evidentemente, es el pueblo de México, que aguantó pacientemente hasta que llegó quien debía asumir la corona.
En La Odisea están las sirenas, que con su canto te acercan a los arrecifes y te hacen naufragar. Son los medios de comunicación, frente a los cuales hay que ponerse cera en los oídos o atarse al mástil de los medios alternativos, como esta casa, junto a la vela de La Mañanera, para no hundirse el capitán, la tripulación y el barco.
También está Escila y Caribdis, donde uno u otro son la muerte. Escila es un monstruo con seis cabezas que atacaba a los barcos que pasaban junto a los acantilados. Caribdis se trataba de criatura igualmente letal que regurgitaba grandes cantidades de agua, creando un remolino que conducía a la muerte. La única manera de cruzar ese estrecho es con inteligencia y sabiendo que es probable que haya que pagar algún precio. Circe, la hechicera, le advierte a Odiseo que huya del remolino porque será la muerte de todos. Que escoja Escila, que es el mal menor. Pero que no luche contra ella. Es un monstruo inmortal, al que no se puede derrotar. De manera que deberá dejar que cada una de sus cabezas devore a seis de sus mejores hombres. A mi no me gusta la solución. Muy del mundo griego donde el destino no se podía cambiar. Odiseo le oculta a sus hombres que seis de ellos morirán porque necesita que sigan remando para alejarse del remolino. Navegan pegados a los acantilados de Escila, mientras oyen el rugido y ven el precipicio del remolino de Caribdis a lo lejos. Salvan el barco y la vida de la mayoría, pero seis guerreros son sacrificados. Escila y Caribdis tienen el pelo naranja, y hay que acercarse y alejarse de ambas para que no te destrocen. Soy de los que piensan que hay que ganar tiempo antes de alimentar, de una manera u otra, a la bestia.
Está Calipso, que retiene a Odiseo robándole la memoria y haciendo que coma la flor del loto que borra los recuerdos. Calipso es los libros de historia que niegan el pasado de México y la Calipso que obedece a Zeus y lleva a Odiseo a recuperar su memoria son esos pensadores decoloniales o anticoloniales, como Enrique Dussel, que han obligado a México a entenderse otra vez a sí misma desde su pasado, desde su historia.
Itaca es el México del futuro, sin desigualdades y sin violencia, integrado en una unidad regional igualitaria y pacífica en un mundo sin naciones con voluntad imperialista. Itaca, como contó el poeta Kavafis, está en el camino.
E igualmente evidente se me hace que Homero, la voz plural que firma la obra, se parece mucho a Andrés Manuel López Obrador, que construye los versos de aquí y de allá escuchando al pueblo de hoy y al de ayer, que inventa y que recrea, que cuenta las aventuras y deja el final abierto. Que, como le llama cariñosamente el pueblo, es el “viejito” que recuerda también la historia al calor del fuego
¿Y MORENA? Porque si están el PRI y el PAN ¿no está el partido-movimiento de Homero Obrador y Telémaco Sheinbaum? Pues sí y no, porque todavía debían pasar algunos siglos para que las reformas de Efialtes, Solón, Clístenes y Pericles hicieran a los aporoi, a los pobres libres, ciudadanos. MORENA es una voluntad que no tiene cuerpo en esta película sino cuando regresan los héroes del Hades, de la muerte, a decirle a Odiseo: eso de la gloria es una mierda y lo relevante es vivir la vida, incluso en la pobreza, antes que ser reyes sobre la muerte.
¿Y quién es Odiseo? En el Odiseo de Nolan la culpa es perseverante. Y la idea de la culpa es más cristiana que griega. La culpa por mentir con el caballo para acabar con Troya, ciscándose en la idea de hospitalidad, el viaje de vuelta a Itaca que tiene forma de una larga penitencia, el interrogante de ser un guerrero que debiera solamente buscar la gloria pero que, como el mafioso de los Soprano, tiene constantes dudas de si haber hecho trampas para ganar merece la pena. El Odiseo de Nolan se pasa las tres horas de película de terapia en terapia. Algo muy propio de la actualidad, donde la depresión es la principal enfermedad laboral en Occidente, seguramente después sólo de los accidentes laborales.
Odiseo, Ulises, el guerrero que quiere regresar no vuelve a Ítaca porque haya dejado de importarle la gloria. Vuelve porque ha descubierto una forma superior de gloria, que es conservar la vida, recuperar su mundo propio y también poder contarlo. Odiseo es la conciencia de México que descansa en la lucha contra la conquista desde hace 500 años, en la lucha de los de abajo y los indígenas, en la Revolución Mexicana, en la confrontación con los EU, en la lucha en el mayo del 68. Es la conciencia que hoy, ya madura, debe ir pensando en los nuevos Telémacos.
¿Podría haber hecho Nolan otra Odisea? Pues seguramente, pero no sería La Odisea de Nolan, Agamenón no saldría disfrazado de algo negro brillante entre Batman y Darth Vader, Calipso no sería una terapeuta cursi que recomienda a Odiseo comer flores de Bach y hacer aromaterapia, sino una auténtica malvada que ofrece la inmortalidad para comprarte y que sólo suelta a Odiseo cuando Zeus la obliga, igual que Circe no parecería tonta del bote, sino una hechicera capaz de tomar sus propias decisiones. Salvo Penélope, las mujeres no salen bien paradas en La Odisea de Nolan.
Xi Jiping, Trump, Putin van a ver en esta Odisea cosas diferentes que la izquierda bienpensante. Yo invito a que pensemos al menos una cosa: cuidado con los líderes con pocos escrúpulos que sólo ven en el espejo el reflejo de su gloria. Prefiero un poco de culpa cristiana y recordar al Aquiles que dice que la gloria no compensa la muerte. Que no dejar en las ciudades conquistadas piedra sobre piedra es condenarte al Hades por la eternidad (Escucha Netanyahu). Ulises hoy estaría más cerca de la extrema derecha que de los socialistas norteamericanos. Aunque una película no debe ser un tratado de buen comportamiento.a
En cualquier caso no olvidemos que Trump ha dicho que es más grande que Gengis Kahn, que Alejandro Magno o que Atila. Los más eficaces guerreros de La Odisea apenas mataron a una veintena de enemigos. Hoy, los que asesinan lo hacen por decenas de miles. El mensaje real de La Odisea de Homero es que la gloria no compensa necesariamente la pérdida de la vida y que estar vivo es una condición para regresar, que a su vez es entender para qué estar vivo. Un recordatorio para los que andan buscando mártires.
En el Oráculo de Delfos, en el frontispicio, decía: de nada en demasía, es decir, cuidado con la desmesura. Y, qué duda cabe, se nos está llenando el mundo de desmesura.

Su enojo ya va para ocho años. Y todavía no encuentran consuelo ni recuperan los apapachos que calmen su tremendo abandono y coraje. Y ante la ausencia y el vacío de los generosos estímulos que lubricaban su muy confortable y redituable relación y sometimiento al poder en turno, priista o panista, se han convertido en feroces detractores de los dos recientes gobiernos del proyecto de la Cuarta Transformación y de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien señalan, con dedo flamígero, de amenazar la libertad de expresión de los medios convencionales, que en los más recientes ocho años se han convertidos en trinchera privilegiada de la infamia y la canalla.
A esos intelectuales, académicos y presuntos periodistas, que ahora pretenden convertirse en un faro de luz en la oscuridad, nunca les han importado la libertad de expresión y el derecho a la información, excepto como instrumentos para mentir, difamar, distorsionar la realidad, y proteger los intereses de una clase política y empresarial privilegiada y corrupta, que durante décadas ha lucrado con el dinero y los bienes depositados en manos del Gobierno en turno. Y también, muchos han lucrado ventajosamente con su silencio cómplice.
Lo único que les ha interesado es el dinero, los privilegios, esa insana sensación de restregar sus cuerpos con los poderosos para darse calor, sentir el abrigo de quienes les soban la espalda y les disparan toda una retahíla de elogios sobre su inteligencia, sapiencia y patriotismo. Añoran el paraíso del que fueron expulsados, junto con sus generosos mecenas, por la fuerza de los votos y del hartazgo de generaciones que durante décadas fueron discriminadas, vilipendiadas, burladas exprimidas y defraudadas.
El pasado viernes 24 de julio del 2026 la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones del Gobierno federal puso a consideración de radioescuchas y televidentes su proyecto de “Lineamientos para la Protección de los Derechos de las Audiencias”, sobre el cual podrá opinar cualquier persona que tenga interés en el asunto en un periodo que concluirá el próximo viernes 21 de agosto del 2026.
El documento del Acuerdo para esta consulta, integrado por 30 páginas, que incluyen los Lineamientos para la Protección de los Derechos de las Audiencias, puede ser consultado libremente por todas las personas que lo deseen y quieran opinar, en la plataforma digital de la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones: https://portal.crt.gob.mx/consultapublica.
Y más allá de los ruidos que perturban el buen juicio de la gente en algunas redes sociales y medios convencionales, cualquier persona que lo revise, renglón por renglón y página por página, descubrirá que las disposiciones que obligan a los concesionarios de radio y televisión, que utilizan el espacio radioeléctrico propiedad de la Nación, en ninguna medida comprometen la libertad de expresión o el derecho a la información, al imponer como obligación que los medios deban elaborar y comprometerse con un código de ética, designar a un defensor de las audiencias y cumplir con los términos y plazos legales para responder a las dudas, comentarios, exigencias o reclamos de las audiencias.
Lo demás son sólo ruidos mal intencionados de quienes se sienten expulsados del paraíso y han perdido, dinero y privilegios, al reducir sensiblemente los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheiunbaum Pardo los generosos estímulos publicitarios y de negocios, en medios de comunicación o a través de otras empresas amparadas en el tráfico de influencias de compañías privadas que administra periódicos, grupos radiofónicos o televisoras.
El martes 21 de mayo del 2024 la periodista Monserrat Antúnez, de nuestro diario digital SinEmbargo.mx, entrevistó al escritor Héctor Aguilar Camín, quien encabeza el llamado Grupo Nexos, donde conviven académicos e intelectuales, quien sin ningún rubor habló de las penas que agobian a los integrantes de lo que ellos denominan la comunidad cultural e intelectual, que en el actual Gobierno ha quedado marginada de los privilegios que durante décadas gozó.
Explicó Aguilar Camín lo que ese grupo veía en la candidata de PAN-PRI-PRD, Xóchitl Gálvez Ruiz, para quien pedían el voto en la elección presidencial del 2024: “[Vemos] la oportunidad de devolverle a la comunidad cultural la atención, el cuidado, a veces hasta el apapacho que tenía el Gobierno, pero nada más ni nada menos que lo que la propia Xóchitl promete a todo el país. Un Gobierno de unidad no de división, en donde los valores rectores sean la vida, la verdad y la libertad. Pienso en que había, por ejemplo, una política en materia de cultura profundamente generosa…”.
Señaló Aguilar Camín, atropellado por la nostalgia, que esa generosidad del Gobierno, de los gobiernos panistas y priistas, se expresaba en el financiamiento de sus proyectos, con fondos públicos, propiedad de los contribuyentes: “No había este condicionamiento que hay, por cierto, no sólo con la comunidad cultural, sino quizá mucho más gravemente, con los beneficiarios de los programas sociales, que es ‘te doy para que votes por mí y si no votas por mí te lo voy a quitar o te lo van a quitar’. Ese impudor -advertía el jefe del Grupo Nexos-, ese descaro, esa extorsión no existía en el mundo de los programas sociales de México, ni existía en el mundo de la cultura en sus relaciones con el Gobierno y con el Estado”.
Como dato de referencia, habría que recordar que Jesús Ramírez Cuevas, entonces vocero del Gobierno del Presidente López Obrador, informó en la conferencia "mañanera" del 8 de octubre del 2020 que la revista Nexos, de Aguilar Camín, recibió una inversión gubernamental de 140 millones de pesos, además de 87 millones más por publicidad entre el 2006 y el 2018, en los gobiernos del panista Felipe de Jesús Calderón Hinojosa y del priista Enrique Peña Nieto.
También explicó Ramírez Cuevas que el historiador Enrique Krauze habría recibido 90 millones de pesos para su revista Letras Libres, más de 74 millones de pesos en contratos de publicidad durante las administraciones de Calderón Hinojosa y Peña Nieto.
Las pérdidas para medios de comunicación y periodistas de medios convencionales en el tránsito entre el Gobierno de Enrique Peña Nieto y el de López Obrador fueron brutales, pues mientras que el priista gastó en publicidad oficial nueve mil 226 millones de pesos en 2018, la Administración de Andrés Manuel López Obrador bajó ese gasto a cuatro mil 243 millones de pesos en 2019. Una diferencia de cuatro mil 983 millones y una reducción presupuestal del 54 por ciento, según datos del Informe Publicidad Oficial 2024 elaborado por la organización Artículo 19 y publicado el 22 de octubre del 2025.
El 23 de mayo del 2019 el periódico Reforma, uno de los más sistemáticos críticos de los gobiernos de la Cuarta Transformación, publicó una nota firmada por el reportero Jorge Ricardo, en la cual se advierte que la Presidencia de la República divulgó una lista de 36 periodistas y sus empresas que recibieron contratos durante la Administración de Enrique Peña Nieto por un monto total de mil 81 millones 715 mil 991 pesos por publicidad y gastos de comunicación.
La lista a la que Reforma dijo haber tenido acceso advierte que quien más recursos recibió fue Joaquín López-Dóriga. A través de cuatro empresas recibió 251 millones 482 mil pesos. Las empresas contratadas fueron Ankla Comunicación, Astron Publicidad, Plataforma Digital Joaquín López Dóriga y Premium Digital Group.
En el documento atribuido a la Presidencia de la República por Grupo Reforma, se advierte que estaban incluidos el historiador Enrique Krauze, quien habría recibido 144 millones de pesos para la revista Letras Libres, 87 millones por publicidad para Editorial Clío y 56 millones por otros servicios. En la lista también aparece Beatriz Pagés, con 57 millones; Raymundo Riva Palacio con 31 millones; Ricardo Alemán con 25 millones y Adela Micha con 24 millones de pesos.
¿De qué dimensiones fue el descalabro para medios de comunicación convencionales y periodistas apapachados con recursos públicos? Según estimaciones de las organizaciones Fundar y Artículo 19, durante su sexenio, el panista Felipe de Jesús Calderón Hinojosa gastó en publicidad oficial 56 mil 365 millones de pesos; en el mismo periodo, el priista Enrique Peña Nieto lubricó su buena relación con medios de comunicación a través de 61 mil 614 millones de pesos. López Obrador destinó para ese fin, durante su sexenio, 18 mil 295 millones de pesos. Claro que tienen razones para estar enojados, pues el negocio publicitario con dinero de los contribuyentes prácticamente se derrumbó.
El dato que reveló Antonio Martínez Velázquez, vocero internacional de la organización Artículo 19, el sábado 26 de septiembre de 2015, en el cierre de la Semana de Innovación y Emprendimiento organizada por el Tecnológico de Monterrey, Campus Puebla, es terrible y demoledor: calculaba que en México, el 60 por ciento de los recursos económicos que obtenían los medios de comunicación provenían de publicidad oficial. Es decir, las cantidades descomunales que gastan los gobiernos para dar a conocer sus presuntos logros a la sociedad.
Sí, en las trincheras de la canalla hay mucho enojo. Por eso alimentan la mentira, las calumnia, la desinformación. Y pretenden asumirse como adalides de una libertad de expresión y un derecho a la información que han ejercido ajustado a sus malsanos, perversos y egoístas intereses, cuando han sido en general, mercaderes del silencio cómplice que durante décadas profundizó la corrupción.
https://www.sinembargo.mx/4850154/el-profundo-rencor-de-la-canalla-por-el-paraiso-perdido/

El dos de agosto pasado, la revista Nexos, que dirige Héctor Aguilar Camín, publicó un artículo firmado por Ezra Shabot titulado “Genocidio”. En él, el autor pretende poner en duda que sea ese crimen del título de su libelo el que hoy se perpetra en contra del pueblo palestino. No es la primera vez que esto se hace. Pero la novedad del texto recae hoy en que rebasa límites que no pueden pasar desapercibidos.
Cuando algún autor o autora, sobre todo desde octubre de 2023 a hoy, pretende negar que exista un genocidio en Gaza, lo hace con la trampa de llevar una atrocidad meramente al terreno de los conceptos. Y ni siquiera se hace esto para tratar de entender la atrocidad y con ello buscar resolverla, sino más bien para cambiarle el nombre y con eso restarle gravedad. O a veces, para legitimarla.
Los que niegan el genocidio en Gaza entrampados en una presunta discusión conceptual, en el fondo parecen querer quedar bien con su conciencia, al reducirle responsabilidades al ejército invasor colonialista; y asumir que hay acciones criticables en la decisión de Israel, pero nada más, porque el sufrimiento y las muertes por ese ejército desatadas son inevitables en cualquier guerra.
Los que niegan el genocidio en Gaza, pues, parecen recurrir a un autoengaño semántico para quedar bien consigo mismos cuando cierran los ojos ante lo que está plenamente documentado por todos lados y que desde hace tiempo está fuera de toda discusión: todas las instituciones serias -el informe independiente de la ONU; Human Rights Watch; Amnistía Internacional; la Asociación Internacional de Expertos en Genocidio; la Relatora especial de Palestina- coinciden plenamente en que el crimen inenarrable que comete Israel hoy en Palestina, luego de evaluar la evidencia, no es otra cosa que un genocidio.
Pero el artículo de Shabot tiene una particularidad. El tipo no parece querer negar el genocidio para estar bien con su precaria conciencia y seguir sintiéndose bueno a pesar de negar acciones innegables de criminales. Más bien el señor Shabot da un giro que parece tener otros perversos fines. Si bien su texto está pletórico de mentiras siniestras, aquí sólo vamos a desmontar algunas de ellas.
1. Shabot inicia su texto con el dicho de que hoy muchos banalizan el término de “genocidio” al aplicarlo a situaciones que no lo ameritan porque no tienen una intención sistemática de exterminar a toda una población. Media línea después, el tipo se traga sus palabras porque banaliza él mismo el concepto cuando acusa que el atentado de Hamás el 7 de octubre de 2023 es “genocidio”, cuando la evidencia actual indica que Israel tenía información preventiva al respecto que decidió ignorar y que el ataque único se dio en una franja cercana a la ilegítima ocupación territorial israelí.
2. En su texto, el señor Shabot dice, textualmente, sin matices de ningún tipo, que cuando ocurrió ese ataque, “la franja de Gaza lo celebraba”. Así lo planteó, insinuando que todos los gazatíes celebraron, sin excepción. En ese momento, había poco más de dos millones de gazatíes vivos en la zona. Dudamos mucho que el señor Shabot haya ido a contar uno a uno cuántos celebraron el hecho para de ahí poder hacer una generalización abusiva que, en el fondo, implica decir que al celebrar tal atentado, todos los gazatíes -hombres, mujeres y niños- se merecen la reacción criminal del ejército israelí que vino después.
3. Quizá la mentira más grave entre las muchas que escupe el señor Shabot está la de decir que en Gaza hay alrededor de “50 mil personas muertas”. Poco importa que el autor trate de matizar o fingirse ético al aceptar que entre esos miles puede haber inocentes. Lo resaltable es lo siguiente: en octubre de 2024, es decir, hace ya casi dos años, la prestigiosa revista científica The Lancet expuso que en Gaza había 75 mil personas asesinadas en las acciones invasoras del ejército de Israel. Pero ojo: la cifra de 50 mil aparecía exclusivamente como resultado de los registros de los asediados sistemas de salud gazatíes. Las muertes aún no registradas -de personas en escombros, desaparecidas o fulminadas- podrían hacer que la cifra fuera de 76 mil muertos. Y de este conteo a hoy han pasado ya 22 meses. Miremos un ejemplo: el 5 de agosto pasado fueron sepultados 112 niños gazatíes hallados en los escombros y que escapan a la estadística mortuoria de The Lancet. En suma, es previsible que la cifra de muertes sea mayor a 76 mil.
A eso, añadamos el hecho de que 80 por ciento de los asesinados son civiles y en su mayoría son mujeres, niños y adultos mayores. Pero lo más grave de todo, es que el señor Shabot crea que reducir mañosamente la cifra de muertos le quitará lo grave a la situación. Aunque el número de 50 mil asesinados que usa el miserable panfletista fuera la real, tendría que ser más que suficiente para tenerlo asqueado y denunciando tal atrocidad. Pero no es así, y las intenciones reales del sujeto se aclaran cuando observamos su siguiente mentira.
4. En una parte de su texto, el libelista sin escrúpulos dice, textualmente, lo siguiente: “entre los muertos… encontramos desde miles de combatientes fundamentalistas hasta civiles inocentes pasando por menores transformados en yihadistas, o sea mártires en potencia dispuestos a morir para llegar así al paraíso islámico…”.
El señor Shabot está, abiertamente, justificando el asesinato en masa de menores. Así como los nazis usaban eufemismos malévolos como “solución final” para referirse a un exterminio; el señor Shabot emplea palabras como “menores”, para evadir decir “niños” y los acusa de “mártires en potencia” para evitar decir lo que realmente piensa de esos niños, y es que éstos son terroristas del futuro. No hay forma de justificar esta vileza. Cuando alguien piensa que es válido o entendible o esperable asesinar infantes para evitar lo que hagan en el futuro es un punto de no retorno. Quien lo cruza, se exhibe como un nazi.
5. Como corolario a las bajezas originales del señor Shabot, concurre un par más. En su libelo nauseabundo, el señor Shabot concluye que “la eliminación de la entidad judía conlleva la eliminación de la vida judía”. Así, el autor confunde a judaísmo, una cultura milenaria y diversa, con Estado de Israel, enclave colonial y abusivo de apenas poco más de setenta años, a cuya existencia, por cierto, también se oponen amplias corrientes judías, tanto por razones culturales-religiosas (como la de que el judío es un pueblo diverso y cosmopolita que no requiere de un estado); como la de sectores humanistas e ilustrados de esa cultura que denuncian las atrocidades sistemáticas y coloniales que comete desde su fundación ese enclave.
6. Como no podía faltar, el señor Shabot recurre a una canallada añeja, que es la de sugerir que denunciar al genocidio que perpetra Israel hoy ayuda a “avivar el antisemitismo”. Como siempre, los fascistas son victimarios con discurso de víctimas. En primera instancia, el pueblo palestino pertenece al tronco semítico -donde confluyen los pueblos árabes y hebreos-. Excluir a ese sector árabe de sus raíces y pensar al pueblo judío como monopolio del semitismo es una canallada excluyente que deshumaniza a todo un grupo humano. Además de falsario, en este punto el señor Shabot ni siquiera es original: ese lloriqueo indigno de acusar de antisemitas a los críticos de las atrocidades de Israel es tan viejo, tan falaz y tan incongruente que incluso a intelectuales judíos se les ha endilgado esa etiqueta de antisemitas, como es el caso de Gregorio Selser, Norman Finkelstein, Ilán Pappé, y un larguísimo etcétera.
El texto del señor Shabot es un libelo inadmisible. Al igual que los eufemismos de los nazis, busca restarle gravedad a las cosas renombrándolas u omitiéndolas. Al igual que los nazis, apela a primitivos sentimientos de odio al diferente al identificar a todo el mundo islámico con el atraso y el terrorismo. Al igual que los nazis, ve en “menores” a peligros en potencia; razón por la cual es necesario o inevitable o entendible asesinarlos desde hoy. Quizá sólo Herodes o Hitler dirían atrocidades semejantes. Al igual que la propaganda nazi, el señor Shabot debe recurrir a engaños que tienen meses desmentidos para poder mantenerse en su peligrosa postura.
Con base en lo anterior, es muy ingenua la idea de que el texto de Shabot desató un debate sobre la libertad de expresión. Shabot insinuó tal cual que es comprensible asesinar niños si son terroristas futuros y rodeó esta aseveración repugnante con mentiras añejas. Si no podemos convenir que esto no es parte de la pluralidad sino que es una bajeza peligrosa, estamos en una crisis civilizatoria sin marcha atrás.
Aquí resalta una cuestión. No es la primera vez que se niega un genocidio. Pero hay formas distintas de negacionismo. Por ejemplo, los panegiristas y panfletistas nazis eran mentirosos envilecidos, pero partían de la idea de que un exterminio judío era algo tan moralmente inadmisible, que se dedicaron a esconderlo y negarlo. Su tesis mentirosa parecía ser algo así como “un genocidio es algo muy malo, los alemanes nazis serían incapaces de cometerlo”.
Libelistas sádicos como Shabot envilecen aún más la situación, porque su negacionismo es de otro tipo, ya que su tesis es algo así como “sí hay un exterminio humano en Gaza, pero de algún modo los gazatíes se lo buscaron”. O ya en el colmo del autoritarismo mustio, parecen decir “Sí hay un exterminio en Gaza, pero de algún modo la víctima soy yo”.
Entre todo lo vil del texto de Shabot, su revictimización de los niños asesinados es la más grave de todas. Con ello, la catadura moral de este pobre ser se parece, así, a la de los sacerdotes diabólicos que restaron gravedad a los casos de pedofilia en su iglesia, diciendo que hay niños que provocan a los sacerdotes; como en alguna ocasión dijo el obispo de Tenerife Bernardo Álvarez en 2007; o como seguramente pensarían los fanáticos del criminal Marcial Maciel. Pensar que esas canalladas cercanas a la apología de los peores delitos son parte de la pluralidad, convierte en cómplices a todos los personajillos que salieron a darle espaldarazo al texto repulsivo de Shabot, y con ello defienden no la libertad de expresar ideas inherente a la democracia sino que defienden la libertad de mentir y de criminalizar que pretendería Joseph Goebbels.
Que hoy victimicen a ese personaje supremacista, racista y canalla y lo hagan mártir de la presunta censura es un gesto de complicidad con lo peor del género humano en la actualidad. Pero quizá en algo tienen razón estos agresores con discurso de agredidos. No es conveniente censurar a ascos como Shabot, quien con su texto no sólo le escupe al pueblo palestino, sino que también le escupe a sus ancestros. Es mejor que, al publicarse los señalemos, los desmintamos y los exhibamos. Porque somos nosotros los que tenemos que protegernos de esa gente sádica y sin escrúpulos. Y para ello, siempre será mejor visibilizarlos, para saber de qué son capaces y qué limites éticos quieren seguir quebrando.
https://www.sinembargo.mx/4853209/un-escritor-nazi-en-la-revista-nexos/

En la disputa por las defensorías de las audiencias y los códigos de ética, a los medios de radio y televisión les conviene que no se haga la diferencia entre verdad, opinión, creencia y propaganda porque sólo así podrían hacer pasar todo su revoltijo de conceptos tergiversados, hechos y dichos sin validar, y predicciones fallidas como parte de una supuesta libertad de expresión. Por eso, como dijo célebremente Raymundo Rivapalacio: “La verdad ya es irrelevante”. Sólo así se puede afirmar, como hizo Enrique Krauze, que “a partir de 2024, México será una monarquía”. Se tergiversa el concepto: a pesar de que una monarquía se refiere a la existencia de un rey en el poder, cuya descendencia es la forma de sucesión, digo que México lo será porque me da mi gana. El dicho no se valida con ninguna semejanza entre la democracia en la que votan 36 millones de mexicanos por la izquierda y el dicho del ingeniero Krauze de la monarquía. Y la predicción es fallida porque, en realidad, es propaganda, es decir, se basa en el miedo a lo que va a ocurrir y no en algo que realmente está en marcha en el presente. Es curioso cómo a una conferencia de prensa como La Mañanera se le acuse de propaganda cuando, en realidad, está plagada de datos, hechos, testimonios y hasta denuncias de parte de los reporteros que asisten, los secretariuos de Estado que exponen, y lo que comenta la Presidenta de la República. Y es que decir que La Mañanera es propaganda es una opinión, una creencia, o propaganda, pero no es verdad. Quien así lo sostiene, como Héctor Aguilar Camín, también confesó por escrito jamás haber visto una de esas conferencias a las que calificó de propaganda. No haberla visto sería suficiente como para no poder asegurarlo. Pero no. Por eso quieren confundir opinión, creencia, y propaganda con verdad.
El ataque sobre la verdad ha venido desde muchos flancos. La academia, por ejemplo, tomó aquello de que a una partícula subatómica no se le puede medir, al mismo tiempo, su lugar y su velocidad, y acabó asegurando que nuestra mirada cambia el objeto que se mira. En el caso de los electrones en los átomos esto era tan cierto como falso llevarlo, extrapolarlo, al ámbito humano. Pero, una vez que el principio de incertidumbre de Heisenberg, que era sobre los electrones, se llevó a las ciencias sociales y a las humanidades, ya nuestra mirada era como la luz que se le echaba al electrón y que lo hacía cambiar de rumbo. Como si tuviéramos visión de superhéroe. Esto hacía que ya todo fuera un punto de vista y se perdió la ambición de abarcar la realidad. Esto también le pasó a la literatura que se aburrió de contar historias grandes y las sustituyó por el fragmentismo o la autoficción. Los posmodernos, que fueron los intelectuales del neoliberalismo, criticaron con fuerza lo que llamaban “grandes relatos” por grandes, y los quisieron sustituir por microficciones, que nadie criticó por ser micros. Lo que estuvo detrás de este ataque fue acabar con las explicaciones totales como el marxismo, el psicoanálisis, y la idea del bien y el mal en política. Así la verdad se convirtió en algo personal y sesgado, es decir, en pura opinión. La posmodernidad neoliberal dio origen a algo que llaman posverdad, es decir, el pensamiento débil e incierto, el terror al compromiso político, y a la confusión entre lo real y lo que yo percibo. Ver lo que quiero ver es hedoismo cognitivo. Eso es la posverdad. En breve, fue este tipo de academia muy mediática en Europa y muy apapachada por las universidades en Estados Unidos, la que cimentó una especie de superioridad al hecho de no buscar la verdad, sino a confesar su debilidad, pequeñez, e incertidumbres en favor de mis propios deseos. Buscar la verdad, narrar los hechos para sostener un sentido de lógica y sentido común sociales dejó de perseguirse. Lo que privó fue inventar la realidad para persuadir, sin importar si es real o no. De ahí a tomar como válidas las imágenes o textos de la IA hay sólo un paso. Políticamente, se dejó de tratar de transformar la realidad y todo se enfocó en sustituirla por tus aspiraciones y ascos. La posverdad no sirve para entender y cambiar el presente, sino para que se ajuste a las mentiras que nos contamos. Pero nada tiene que ver con lo real y lo verdadero que, a menos que uno se haya convertido en un electrón de un átomo, siguen existiendo.
Pero el ataque mayor vino de la propia renuncia a buscar la verdad que, como es colectiva, requiere de contar con perspectivas distintas, distintos puntos de vista desde los que también se le busca. Eso nada tiene que ver con confundir muchas opiniones con la búsqueda de la verdad. La verdad no es una suma de gustos y disgustos. Cuando Rivapalacio dice que “la verdad es irrelevante” lo que hace es eliminar las diferencias entre lo que me gusta y lo que existe, es decir, relativizar todo por medio de darle a la falsedad la misma estatura que la verdad. Una cosa es experimentar la razón impura, es decir, aceptar que la búsqueda de la verdad está llena de los puntos de vista que elegimos para construirla y del sentido que le damos a los hechos y eventos y otra muy distinta es renunciar a buscarla porque ya da lo mismo una mentira que una verdad. Al no regular a la tele y la radio con códigos de ética y defensorías de audiencias, obligamos a los ciudadanos a no comprender ya nada y así a renunciar a lo político.
Ahora vayamos a los dos escándalos de la semana. El de Nexos y el de Reforma. La revista de Aguilar Camín publicó un texto de Ezra Shabot donde se justifica el asesinato de niños y niñas en Gaza para evitar que se conviertan en futuros yihadistas que luchen contra el estado de Israel. La idea del texto, amplificado por personajes como Jorge Castañeda, Enrique Krauze, una integrante de Somos Mix, y el propio Aguilar Camín, tiene como propósito sustituir propaganda por una realidad. Su idea es convertir en realidad un acto de propaganda y así trasladar a la verdad hacia un terreno en el que ya sólo es un spot más, un comercial en los anaqueles de las creencias a modo. Pero no funciona así. El genocidio en Gaza ha sido decretado por la ONU, su relatora Francesca Albanese, por y los principales intelectuales del mundo, muchos de ellos judíos. Notablemente Omer Bartov, Raz Segal, Judith Butler, y David Grossman.
Equiparar a un grupo terrorista como Hamas con la totalidad de los palestinos, incluyendo a los niños que serán terroristas en el futuro, es la aceptación misma del genocidio. Es decir, asesinar a un pueblo por pertenecer a ese pueblo es la definición misma de genocidio. Lo son también el atacar hospitales con embriones, destruir los cultivos, la tierra arable y los sistemas de riego, el uso de bombas de fragmentación en zonas pobladas que no son objetivos militares, el asesinato de médicos y la aniquilación de todos los hospitales, y el evacuar a poblaciones enteras para, luego, bombardearlas en su camino. No se trata, pues, de la destrucción de “así son las cosas en una guerra”, sino de la idea de que hasta los propios embriones congelados de una palestina contienen la semilla de un terrorista. Pero la intención de Shabot y de Nexos es rebajar la verdad para que compita con la propaganda sionista, a tal grado, que el texto de la revista Nexos dice que fue genocidio el ataque de Hamas en octubre de 2023. El genocidio de Israel en Gaza es una verdad, no es una opinión.
Y esa es también el propósito del segundo evento, el de Reforma. Resulta que un empleado de TvAzteca, Sergio Sarmiento, reacciona a la prohibición que el INE le hizo a "Alito" Moreno de usar expresiones calumniosas sobre el narco-partido o los narco-políticos en relación a Morena. Frente a esto, Sarmiento en el periódico Reforma argumenta: “la Comisión de Quejas (del INE) no presentó pruebas ni argumentos”. Sabemos que quien tiene que probar un dicho es quien lo asegura, en este caso el PRI. Uno no puede probar que no asesinó a alguien. Lo tiene que hacer quien lo acusa. Imagínese si alguien acusara a Sarmiento de pedófilo, y que él fuera el que tuviera que probar que no tiene relaciones sexuales con niños. ¿Cómo podría probarlo? ¿Poniéndose en un cuarto durante meses con un niño sin ceder a sus inclinaciones delante de una cámara de circuito cerrado? Pues, no ¿verdad? Más bien quién lo acusa tendría que mostrar fotos, testimonios, integrados en una denuncia judicial. Es lo mismo con la etiqueta propagandística de “narco-partido”. No hay prueba alguna salvo la etiqueta. Dice Sarmiento que las pruebas están en la urgente orden de un Juez de Nueva York de detener a Rocha Moya después de que se descubrió que la CIA encabezaba operativos híbridos en Chihuahua. Estados Unidos jamás exhibió las pruebas contra Rocha Moya a pesar de que el Gobierno de México se las pidió. Así que una soilicitud de extradición gringa no es una prueba de nada. Se necesitan testimonios, transferencias, inmuebles, como lo fueron las que sentenciaron a Genaro García Luna que sí perteneció a un narco Estado, el de Felipe Calderón. La idea es, otra vez, que se rebaje la verdad al nivel de la propaganda, es decir, la construcción de la realidad y su sentido a favor del miedo al futuro. Eso es lo que está en juego en este momento y es una batalla que no permitiremos que se pierda.
https://www.sinembargo.mx/4850546/verdad-opinion-creencia-propaganda/
Historia de lo inmediato

Antes y después del boicot publicitario del Presidente priista José López Portillo contra la revista Proceso, desde abril de 1982 —que ratificó tres meses después con la frase de “no te pago para que me pegues” que pronunció el 7 de junio, Día de la Libertad de Expresión—, los gobiernos de México y en realidad todos los poderes y órganos del Estado, de todos los colores partidarios, han hecho y siguen haciendo un uso discrecional de la publicidad oficial, un mecanismo a menudo arbitrario para castigar y premiar con dinero público a la prensa, y sobre lo que propongo una medida radical: no darle ni un solo peso a ningún medio de comunicación televisivo, radiofónico, escrito y digital, ni tampoco a un solo periodista.
Durante los gobiernos del PRIAN fue desmesurado el gasto en medios de comunicación, dinero público hasta la náusea: se pasó de casi 20 mil miles de pesos con Vicente Fox, a casi 60 mil millones con Felipe Calderón y 66 mil millones con Enrique Peña Nieto. Con Andrés Manuel López Obrador se derrumbó el dinero público en este rubro a menos de 15 mil millones en todo el sexenio y con Claudia Sheinbaum cayó a tres mil 400 millones el año pasado.
El dinero público en publicidad oficial fluye también en los poderes Legislativo y Judicial, sino como de organismos autónomos y universidades, pero sobre todo en los gobiernos estatales, incluidos los de Morena. Chihuahua es un ejemplo monstruoso del despilfarro: la Gobernadora prianista María Eugenia Campos ha gastado en su Gobierno al menos tres mil 346 millones de pesos para someter a los medios del estado, equivalente a lo que el Gobierno de Sheinbaum en su primer año.
Por eso, en vez de engordar con miles de millones de pesos a los empresarios y políticos propietarios de los medios, a los golpeadores y zalameros —como los exhibidos en Sonora—, se deben destinar esos fabulosos recursos de las instituciones del Estado mexicano a fines más nobles para los mexicanos, como la salud, la vivienda, la enseñanza y la investigación científica.
Si la mayoría de los medios de comunicación y sus periodistas, opinadores y políticos acusan censura por cumplir un mandato constitucional, como es la consulta en curso de los lineamientos para garantizar el derecho de las audiencias —y porque es una argucia de oposición ante lo que sea—, y si la Presidenta Claudia Sheinbaum afirma que los reclamos son porque su Gobierno ya no da “chayote” —el pago ilegal y subrepticio a los zalameros—, ni asigna publicidad de su Gobierno a algunos medios con base en una decisión discrecional, entonces debe tomarse una decisión de la magnitud del problema: cancelar todos los recursos para la publicidad oficial.
La Presidenta de México admitió públicamente, el miércoles 5, que ha instruido un boicot publicitario a tres medios que, también es verdad, forman parte de una coalición opositora que “no quieren” a su Gobierno, como antes al de Andrés Manuel López Obrador.
“¿Y por qué no lo quieren? Pues porque no damos 'chayote', así, tan sencillo como eso, porque nosotros no le damos dinero a un periodista, a un reportero para que diga lo que queremos que diga. Sí hay recursos que se distribuyen en medios de comunicación a partir de sus audiencias, esencialmente es el esquema que tomamos. Hay algunos a los que no les damos: TV Azteca no recibe, Reforma tampoco, El Universal tampoco... Abiertamente lo digo”.
Eso fue lo que dijo la Presidenta de México. En el caso de la empresa mediática de Ricardo Salinas Pliego, el argumento de Sheinbaum es que debe impuestos —los que corresponden a TV Azteca ya los pagó, sólo están pendientes los de Elektra—, pero en los casos de El Universal y Reforma no queda clara la razón, salvo porque mientan.
Pero no debe olvidarse que, con todas sus límites, está vigente la Ley General de Comunicación Social —la “Ley Chayote” impulsada por Enrique Peña Nieto—, que ordena que todos los entes públicos de todos los niveles de Gobierno (federal, estatal y municipal), así como los poderes Ejecutivo, Legislativo, Judicial y órganos autónomos, asignen la publicidad oficial con los criterios de eficiencia, eficacia, economía, transparencia y honradez, y respete los topes presupuestales, límites y condiciones de ejercicio que establezcan los presupuestos de egresos respectivos.
Están además vigentes los “Lineamientos generales para el registro y autorización de las Estrategias y Programas de Comunicación Social”, publicados el 4 de enero de 2021, impulsados por el Gobierno de López Obrador, cuyo propósito fue de origen establecer las reglas y transparentar el gasto en publicidad oficial del Gobierno federal.
La publicidad oficial en medios de comunicación es útil a los gobiernos para difundir campañas de información sobre programas fundamentales, como la vacunación, las inscripciones para la educación y los apoyos económicos —que claramente los justifican—, pero con las nuevas tecnologías podrían encontrarse mecanismos de difusión al margen de los medios convencionales.
La publicidad oficial ha pervertido su objetivo al usarse para reprimir a medios con la asfixia económica, como ocurrió con López Portillo contra Proceso, que implicó la desaparición de la agencia de noticias y el despido de personal, pero antes al diario Excélsior, dirigido también por Julio Scherer García, una maniobra repugnante a la que se sumaron empresarios encabezados por sus cúpulas y por medios, entre ellos Televisa.
Carlos Salinas de Gortari también hizo uso faccioso de la publicidad oficial y de los propios medios, tanto que privatizó Imevisión a favor de Salinas Pliego. Vicente Fox, el Presidente del “cambio”, inició un boicot contra Proceso que continuó Calderón y luego Peña Nieto, mientras la mayoría de los medios y periodistas callaban porque recibían millonadas. El boicot publicitario iba acompañado del boicot informativo, la hostilidad de funcionarios priistas y panistas a los periodistas que hacían su trabajo y no lloriqueaban.
En realidad, son estos silentes convenencieros en la era del PRIAN los que ahora rezongan sobre la censura y la represión a los “periodistas críticos”. Son los que recientemente han descubierto que matan a periodistas, aunque los patrones no den a sus trabajadores los mínimos de seguridad social, y que el periodismo debe criticar al poder, pero sólo al político, no al económico ni al religioso y menos al mediático e intelectual.
Qué tiempos democráticos aquellos en los que había contrapesos al poder, añoran algunos. Y sí: qué vigoroso e implacable contrapeso ejercía el presidente del órgano de transparencia, Alonso Lujambio, a Felipe Calderón, que hasta lo castigó haciéndolo Secretario de Educación y presidenciable.
Concluyo: si hoy todo está a discusión, incluyendo el periodismo, entonces se debe deliberar, pública y abiertamente, el tema de la cancelación de la publicidad oficial a los medios de comunicación. Si en México hay un marco legal para regular este presupuesto, mejor que se derogue para no simular. Llegará el tiempo de que haya condiciones de discusión racional para acordar y emitir reglas transparentes y verificables para la publicidad oficial. O ya no…