9/20/2026

El fin del mundo según la inteligencia artificial

 Silvia Ribeiro*

En las semanas recientes hemos oído, nuevamente de parte de las mayores empresas que la desarrollan, afirmaciones megalómanas y grandilocuentes sobre la inteligencia artificial (IA) y sus supuestas capacidades, desde que puede resolver los enigmas matemáticos del siglo hasta que podría terminar con la humanidad en 2030 y muchas otras cosas en el medio.

Como explica Timnit Gebru, directora del Distributed AI Research Institute, se trata de otra cortina de humo para desviar la atención de los graves problemas reales que ya causa la IA, como el uso de armas autónomas, máquinas de matar que se usan en guerras y genocidios o el rol de la IA y estas empresas en empeorar la crisis climática (https://tinyurl.com/gebru-MIT).

Es curioso que la IA, que afirman está por superar la inteligencia de la humanidad, aún no sabe resolver sudokus. O mejor dicho, sólo en cierto porcentaje y, sobre todo, no puede explicar cómo y por qué lo hizo. Y como no sabe la respuesta, la inventa, como suele hacer en otros casos.

Científicos de la Universidad de Colorado, en Boulder, pidieron a varios sistemas de inteligencia artificial que resolvieran juegos de sudokus y explicaran cómo lo hicieron (https://tinyurl.com/IA-sudoku). Las respuestas fueron pobres o falsas, porque los sistemas de inteligencia artificial generativa no tienen lógica (ni ética, ni emociones), son sistemas de lenguaje predictivos y estadísticos.

Los grandes modelos de lenguaje (GML) son la base de todos los asistentes de IA, como chatGPT, Gemini, Grok y similares. Si suenan coherentes en las respuestas que dan a las personas que los usan es porque comparan con miles de millones de posibles respuestas y adecúan su mensaje a quien pone la pregunta, pero no piensan. Son, como afirman Timnit Gebru y Emily Bender “loros estocásticos”, repetidores seleccionadores de frases y textos que no comprenden y que mayormente han tomado sin pedir permiso y sin citar (https://tinyurl.com/lorosIA).

Esta incapacidad que tiene la IA de explicar por qué toma una opción determinada es especialmente grave cuando se usan sistemas de IA automatizados en la asistencia o diagnósticos médicos, para decisiones judiciales y legales, o determinar si una persona o una pequeña empresa recibe o no un crédito, para calificar estudios, o en general para gestiones de gobierno.

Lo anterior es grave, ya que, por un lado, el entrenamiento de esos sistemas se basa en datos que ya están gravemente parcializados en género, raza y clases sociales, y por otro, porque es incapaz de tomar en cuenta factores y contextos que no encajan en su marco de selección predictiva.

Con la proliferación de bots automatizados y maliciosos, también el factor “estadístico” es altamente cuestionable.

Los recientes anuncios apocalípticos de los hombres más ricos del mundo, o que aspiran a serlo, como Elon Musk, Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, el director de Anthropic que posa de sensato, cumplen en este momento funciones claves para asegurar la continuación de sus actividades y de sus ganancias. Como ya mencioné, para empezar, distraernos de los impactos reales que están ocurriendo, como que el uso de IA sigue aumentando su absurda demanda energética, que tiene un rol clave en el empeoramiento del cambio climático y que sus centros de datos disputan a comunidades locales agua, tierra y salud (https://tinyurl.com/IAvoraz).

También para que olvidemos los impactos negativos en educación, las consecuencias nefastas del uso de granjas de bots y campañas masivas para determinar elecciones de gobierno, o que el programa Claude, del sensato Amodei, es responsable de que el Pentágono asesinara a 168 niñas en una escuela en Irán y que empresas de IA son las que automatizaron los asesinatos de decenas de miles de niños, mujeres y hombres en Palestina.

En realidad, la primer pregunta que deberían responder es por qué sus empresas están desarrollando esos sistemas si tienen tantos peligros, y ese tema, para ninguno de ellos, está en la mesa. Lo que plantean es una moratoria (que nadie puede controlar si se cumple) y la autorregulación, controlada por las propias empresas. Como última opción, sentarse a la mesa como iguales a los gobiernos, en un sistema de múltiples partes interesadas en el que de todos modos pueden ejercer el enorme control que tienen sobre los éstos, ya que muchos les han delegado gran parte de su gestión a esas mismas empresas (https://tinyurl.com/ypmrx6p).

¿Se han cumplido las promesas de “progreso” con la IA? Las autoras Emily Bender y Alex Hanna explican que es sobre todo un bombo publicitario. En su libro La estafa de la IA (Paidós, 2026) detallan cómo, más allá de la propaganda de las empresas, son escasos o inexistentes los supuestos beneficios que ha traído a la sociedad, pese a las ganancias sin precedentes para sus dueños.

Lo que es real y altamente difundidos en todas las sociedades son los daños causados: pérdidas de empleo, impactos ambientales, sociales, educativos, a la democracia y a las economías, especialmente en los países que ponen los recursos materiales que mantienen esta industria. Ya es hora de sacudirnos el mito de que la IA es la clave del progreso para todos. Es, por el contrario, una forma eficaz del capitalismo tecnomilitar de mantener la desigualdad, con renovados métodos de vigilancia, represión y guerra.

* Coordinadora de investigación de la Alianza Biodiversidad

La IA y nosotros

 

La IA y nosotros

Fabrizio Mejía Madrid

"La IA se comporta frente al pensamiento como si fuera el precio del mercado, entre oferta y demanda".


La IA y nosotros. Por Fabrizio Mejía

Erasmo de Rotterdam era un monge que vivía entre laicos. Era un hipocondriaco que contaba con cierta justificación porque sus padres habían muerto en una epidemia de peste. Pero, sobre todo, sentía un placer casi sexual por los libros. Erasmo de Rotterdam recomendaba a sus discípulos llevar un cuaderno para ir apuntando citas de los autores que fueran leyendo. A esos cuadernos se les llamó “lugar común”.

Ahora le llamamos “lugar común” a algo que es conocido por las muchas repeticiones que, de tantas, ya nos resultan predecibles y aburridas, pero, en ese inicio, en pleno Renacimiento, la idea era la opuesta: las frases que se guardaban con fascinación. Para ello se anotaban en un cuaderno al que, un siglo después de Erasmo, John Locke le dio un orden basado en las coordenadas de la letra con la que empezaban y la primera vocal, una idea que se convertiría en el “índice temático”. Pero la idea de guardar como un preciado bien las frases tanto como organizarlas para ser usadas con tino fue el origen del lugar común y, también, de por qué otra palabra para diccionario, “tesauro”, proviene de tesoro.

Empecé con Erasmo y los lugares comunes porque, sin analizarla, la idea de entrenar con textos a la IA podría confundirse fácilmente con nuestra ya muy añeja costumbre de anotar, subrayar y comentar los libros. Pero no es así. Lo que están haciendo quienes entrenan a un robot del lenguaje como Gemini, ChatGTP o Claude, es distinto. Esos modelos llamados LLM son un tipo de animal insaciable. Es un sistema operativo que se alimenta de otros textos, libros, y lo que le vayan dando sus creadores. A partir de ello digiere y regurgita una especie de comida rápida, las más de las veces, reconfortante, que se puede tomar con popote. Lo que emerge de sus entrañas es un machote descafeinado y sin fricciones. Alimentado en buena medida con el propio Internet, su validez deja mucho qué desear y es lo más parecido a un consenso. De entrada, no contiene ninguna idea nueva porque es incapaz de otra creación que no sea recombinar, ni una redacción que provoque reflexiones o siquiera emoción. Por ello, la nutrición de estos robots redactores no contiene casi novelas, ni poemas, ni obras de teatro. Se privilegian para entrenarlo los libros de ciencia, técnica, y monografías. Sólo se usan fuentes de alimentación en inglés y, por eso, si uno le pide al robot de X, Grok, que le recomiende una biografía del Che Guevara, sólo aparece la de John Lee Anderson y no tantas otras en español, como la de Paco Taibo o Pacho O´Donnell.

Pero, en seguida, a esta supuesta IA le damos la autoridad epistémica para decirnos qué es verdad. Es un error de nuestra parte darle ese poder de decidir qué es válido como respuesta y que citemos su autoridad como si fuera innegable. Por último está la gran diferencia de que su selección no es, como aconsejaba Erasmo, un impulso de emoción ante las palabras que es lo que sentimos cuando subrayamos o anotamos una frase en un libro. A Claude o a Gemini no las guía emoción alguna sino el término medio de los datos, argumentaciones, y sesgos. Para ellos, una mentira repetida constituye una verdad y, también, un lugar común. Si mucha gente dice que la Tierra es plana o que las vacunas producen autismo, lo considerará como un discurso al mismo nivel que la ciencia. Trabaja sobre algo parecido a un consenso.

Un consenso es un acuerdo donde las partes ceden en aspectos secundarios para llegar a una meta común. Son partes que actúan en igualdad. Aplicar esto al lenguaje es absurdo. Los argumentos en un libro no son iguales en nada. Una teoría de Marx o de Foucault no tiene el mismo peso y profundidad que uno de Paulo Coelho o de Steve Bannon. Pero la IA saca un promedio entre ellos. Sacar la media es uno de los vicios del no-pensamiento, porque es creer que la mitad es más verdadera que los extremos. Esto, a lo que llaman “media aristotélica” jamás fue mencionada por el propio Aristóteles. Él reivindicó siempre que el bien era uno y el mal era otro; que la verdad era una y la mentira era otra. Cuando habla de moral y de ciencia, Aristóteles no propone ver qué hay en los extremos para colocarse en medio y tener la razón. Sólo es en su escala de virtudes donde propone la media: algo entre la temeridad y la cobardía se puede llamar valentía. Pero los modelos lingüísticos de la IA lo hacen con ideas, que no tienen ni escalas ni extremos de ausencia o exceso. Por lo tanto, no sirven para hacerte una opinión verdadera ni para guiar tu conducta. Para uno de estos modelos no existe la verdad o la falsedad. No tienen intenciones, ni conciencia, ni entienden, ni pueden realmente pensar. Como ha dicho el biólogo Matthew Cobb: “Los sistemas modernos de IA basados ​​en 'redes neuronales' afirman tener una arquitectura inspirada en las neuronas, pero guardan con un cerebro real el mismo parecido que el emoji de una nube de lluvia con una fuerte tormenta tropical”. La distancia entre un huracán y un emoji de nube se debe a que nuestro cerebro no es binario ni digital, sino que las sinapsis entre neuronas se debilitan o fortalecen dependiendo de transmisores, moduladores, y hormonas. Y eso es sólo el cerebro. Pensar implica a todo nuestro cuerpo en su medio ambiente, no sólo su cerebro, ni sus conexiones. Implica el pasado y el futuro. Implica la distinción entre bien y mal, entre verdad y mentira. Es justo lo que no tienen los modelos IA, no sólo los LLM, es decir, los del lenguaje. Por su parte, los robots de finanzas se organizaron hace poco para cometer un fraude. Los que manejan drones bombardearon a 120 niñas en un colegio en Irán. Los que predicen la justicia sólo encarcelan negros y mexicanos. Los que quieren resolver problemas matemáticos se roban chats de los científicos implicados en las demostraciones. Estos modelos de IA han sido descritos, más bien, como una especie de virus que entra en su hospedero para aprovecharse de él. En el caso de los modelos lingüísticos, nuestros libros son sus víctimas. Lo que buscan estos modelos es agradar al cliente para que siga conectado. No la verdad o el bien. Buscan su sesgo y lo agudizan. Es en ese sentido, que la IA se comporta frente al pensamiento como si fuera el precio del mercado, entre oferta y demanda, o el centro político, sea socialdemócrata o demócrata cristiano, entre izquierda y derecha. La IA es, pues, libre mercado y buenaondita.

Aquí quiero enfatizar qué es lo que hacemos cuando redactamos por nosotros mismos y no cuando sólo copiamos y pegamos lo redactado por un robot. Narrar es no sólo una disciplina que organiza nuestro pensamiento sino que, a diferencia de sólo hablar, nos confronta con las limitaciones de nuestra propia claridad. Llevar a la hoja una idea es como se produce el pensamiento precisamente porque sólo con una frase después de otra probamos la coherencia, anudamos la consistencia entre lo que decimos que queremos probar y las evidencias, y dejamos expuestos nuestros sesgos de convicciones y creencias. Nos descubrimos. Escribir no sólo es organizar información. Es pensar. Escribir es la disciplina del pensar, no sólo una herramienta para transmitirlo. Pero, también, escribir es sentir incluso cuando no tenemos la intención de divulgar nuestras emociones. Se sabe que un párrafo sentido por el autor revela una interioridad porque contagia al lector que, si las cosas salen bien, lo subrayará o anotará en un cuaderno suyo. Nada de esto realiza un robot del lenguaje. Nada de eso lo conoce el autor. Es un enigma entre el lector y su libro.

La manera en que han alimentado a este Cíclope de palabras llamado LLM es equiparable a la quema de libros de las dictaduras o las distopías de Ray Bradbury donde la disidencia se ve obligada a aprenderse de memoria los los libros porque ya han sido destruidos. Un reportaje aparecido este mes en The New Yorker, firmado por Francesca Mancino, revela el modus operandi de la corporación Anthropic para alimentar a su máquina de algoritmos
llamada Claude. El operativo se llama “Proyecto Panamá” y consiste en adquirir tantos libros como sean posibles, copiarlos, y destruirlos. Cientos de millones. A eso lo bautizaron como “escaneo destructivo” donde el libro desaparece y queda sólo una versión digital del mismo que la compañía Anthropic considera como de su propiedad. Esta es la cara siniestra de las empresas de IA en su carrera por destruir los libros consultables, erigirse en poseedores de la verdad única y, de paso, ser los dueños de las ideas. Ya en la fabricación genética de las semillas, empresas como Monsanto habían registrado como copyright, como derechos de autor, al maíz y al trigo cuyas irreproducibles granos les son vendidos cada año a los campesinos. Ahora se trata de hacer lo mismo con las ideas.

La defensa de Anthropic ha sido que destruye libros que tienen muchos años en las librerías de viejo y que nadie los compra. Son el equivalente en libro a las personas que el neoliberalismo trata como desechables y que la propia IA ha prometido quitarles el trabajo. Son el equivalente a la perorata de Elon Musk de salvar a la élite blanca y milmillonaria y dejar el planeta Tierra a que se pudra en la crisis climática que él mismo ayudó a acelerar. Ahora hay libros desechables.

Crecí en la máxima de los editores independientes de que todo libro apilado todavía no ha encontrado a su lector. Y es que la lectura es uno de nuestros actos de amor. Se establece con el libro, con la imagen que nos hacemos de sus personajes, y hasta con el autor, invisible o muerto. De ahí que un libro jamás ha sido totalmente abandonado. Por eso es una barbarie que las editoriales comerciales, los dos monopolios que se reparten el mercado mexicano, un día le avisen a sus autores que van a guillotinar sus ejemplares porque sobran y ya no tienen espacio para seguirlos almacenando. A mí me ha tocado recibir esas cartas de aviso donde amablemente la editorial te propone que los compres con descuento antes de que sean aniquilados. Lo mismo está haciendo Anthropic. En el caso de las editoriales, después de cinco años, te devuelven la propiedad de tus libros para poderlos imprimir bajo otro sello. En el caso de Anthropic, esos libros no tienen autor y, sin que nadie lo sepa, en el sigilo y el secreto, pasan a formar parte de los derechos de autor de la plataforma.

Cuando Roland Barthes y Michel Foucault escribieron sobre el autor en la cultura occidental, no se referían a esta extracción, destrucción, y apropiación inmoral, sino a un asunto que tenía que ver con el proceso del pensamiento, no con la fabricación de una única voz digitalizada. Barthes escribe en 1968 sobre cómo el autor desaparece para dar lugar al lector. Dice: “Un texto está formado por escrituras múltiples, procedentes de varias culturas, y que, unas con otras, establecen un diálogo, una parodia, una contestación. Pero existe un lugar en el que se recogen todas esas multiplicidades y ese lugar no es el autor, como hasta ahora se ha dicho, sino el lector. El lector es el espacio mismo en que se inscriben , sin que se pierda ni una, todas las citas que constituyen una escritura. La unidad del texto no está en su origen sino en su destino”. Así, Barthes criticaba la propensión de los críticos e historiadores de atribuir un texto a quién lo hizo, en qué siglo, si consumía ajenjo, era parisino, o epiléptico. Dejaba toda interpretación en el lector que es el doble del autor justo cuando una voz en su cabeza le lee las palabras y páginas de un libro. Es por eso que decimos que un libro escrito por nosotros es hasta lo que no escribiste, porque su otra mitad es el lector. 

Por su parte Foucault, un año después que Barthes, y ya pasado el mayo del 68, no habla de la muerte del autor, sino que se pregunta si su nombre es una función que nos permite circularlo, valorarlo, atribuirle cierto estatus, y apropiárselo. En esa conferencia hace dos reflexiones útiles para nuestro momento actual. Una, es cómo la autoría sobre un texto fue primero para tener con un sujeto a quien castigar por blasfemo. Es decir, antes de que el nombre se constituyera como un título de propiedad sobre lo escrito, fue una herramienta inquisitorial para tener a alguien que se hiciera responsable, enjuiciarlo y castigarlo. La IA es una forma de evadir la responsabilidad, sea un bombardeo, un pronóstico del clima, o un argumento. Lo hizo “alguien”, que son unas secuencias de pasos llamados algoritmos. No hay autor al que se le pueda reclamar. Y, en segundo lugar, Foucault habla de que no todos los que firman un texto tienen la misma adscripción cultural. Hay unos textos que se componen de palabras que se fluyen y se van, “una palabra que puede consumirse inmediatamente” ---como escribe--- y otros que demandan del lector una cierta forma de recibirlos precisamente porque su autor tiene una función dentro del sistema de circulaciones, valoración, atribución y apropiación cultural. Así, por ejemplo, Marx o Freud no son simples autores de libros sino que instauraron una posibilidad infinita de otros discursos, a favor, en contra y de regreso, más allá de sus obras. Pero hay otros tipos de textos que no contienen la función del autor. Son los “consumibles inmediatamente”. Se pregunta Foucault al final de su conferencia si es posible imaginar un espacio social sin autores. Escribe: “Es posible imaginarse una cultura en donde los discursos circulen y sean recibidos sin que nunca aparezca la función del autor. Todos los discursos, cualquiera que sea su estatus, su forma, su valor, y cualquiera que sea el tratamiento que se les imponga, se desarrollarían en el anonimato del murmullo”.

Ante lo que estamos con el uso y abuso de los modelos lingüísticos de la IA es frente al “anonimato del murmullo” de Foucault. El lector que acude a estos chats de preguntas y respuestas está en busca de respuestas rápidas, evadir la responsabilidad de una decisión personal, o incluir alguna opción no considerada. Le está dejando al modelo pensar por él cuando atiende su redacción, su lista temática y sus supuestos recomendaciones de lectura, como si se tratara de una autoridad epistémica, como un médico, un abogado, un astrónomo. Está propiciando el mundo transhumano, es decir, de robots, que es la única utopía de los tecnócratas que ahora se han convertido en parte del sistema tecnológico- militar de Occidente.

Ante ello, hay que reivindicar, no lo transhumano, sino lo transindividual. Desde la primera biblioteca pública que hubo en todo el continente americano, la palafoxiana, en Puebla ---tan antes como 1646---, abrir los libros a todos contiene la expectativa de generar una comunidad de lectores. En la donación de los primeros cinco mil libros, Juan de Palafox establece que es para todos: “patente para todas las demás personas eclesiásticas y seculares de esta ciudad que en ella quisieran estudiar y ejecutar las letras a las horas acomodadas, desde las ocho a las once de la mañana y desde las tres a las cinco de la tarde, y copiar los dichos libros los que les pareciere, sin que ninguna suerte se les pueda impedir, porque a este efecto principalmente dirigimos esta donación”.

Copiar para generar mayor conocimiento, no que un modelo matemático degluta un resumen anodino para ser emplastado como un texto que no ha sido pensado por nadie. Pero, en ese instante, me detengo a pensar en todas las veces que se ha recalibrado el ejercicio de la lectura y, como cada vez, se ha pronosticado el final del libro. Nunca ha ocurrido. Quizás sólo sea una recalibración más de los tipos de lectura disponibles, ahora uno donde el lector sólo calca lo que recibe en la pantalla.

Cuando a mediados de los 1800´s se abrieron al público las bibliotecas, hubo una marea de panfletos contra ellas por toda Europa. Lo de menos eran los argumentos de que los libros se iban a maltratar o a desacomodar. Los prejuicios detrás del combate a las bibliotecas públicas era que los trabajadores leerían manifiestos radicales y que las mujeres serían absorbidas por las novelas románticas. Es decir, la lucha contra la democratización de las lecturas. Ahora enfrentamos en los modelos de la IA lo contrario: que tengan una sola voz, meliflua, y sin fricciones, no apta para pensar. Espero que este texto se convierta, con el pasar de los años, en uno más de esos panfletos anónimos.

La IA es nueva, pero hay partes de esta película que ya hemos visto


Alerta. La IA se nos ha ido de las manos. El mensaje nos está llegando por tierra, mar, aire y redes. De ex trabajadores a directivos del sector, las voces de alerta son contundentes. La coordinación también. Hay que prestar atención a ambas, porque en este juego no es fácil dirimir qué es preocupación genuina y qué es interés.

Hay motivos para preocuparse. Primero, porque Trump dice que no hay que preocuparse. Segundo, porque ya han ocurrido incidentes graves, como el ataque autónomo contra la compañía Hugging Face, en la que no participó ningún ser humano. Y tercero, por la velocidad que ha adquirido la “automejora recursiva”, es decir, la capacidad de la IA de crear por su cuenta la siguiente generación de IA sin intervención humana. El riesgo: dejar de comprender y controlar los nuevos sistemas.

En un extenso documento publicado estos días, el director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, ha reclamado frenar el avance de la IA para ganar tiempo y garantizar que se desarrolle de una forma segura. Para lograrlo, articula tres propuestas. Merece detenerse en el texto. En primer lugar, propone que las empresas punteras de IA incorporen auditores externos a sus compañías, de manera que verifiquen que están desarrollando sistemas seguros. En segundo lugar, reclama una “coordinación democrática” entre las empresas de países democráticos. Y en tercero, demanda una coordinación con “gobiernos autoritarios”. Es decir, China.

El golpe de efecto llega cuando dice que Anthropic incorporará unilateralmente auditores externos, aunque deja claro que “controlar el ritmo no significa detener el entrenamiento de los modelos ni el progreso técnico”.

El movimiento es inteligente. No cabe duda de que Amodei conoce la obra de Thomas Schelling, original economista que rompió las costuras de la disciplina y ganó el Premio Nobel en 2005 sin apenas escribir un número. “Si el trabajo de Tom tiene un hilo conductor, es la contraintuición”, dice su pupilo Michael Spence. Una de esas singulares ideas asoma en el anuncio de Amodei: reducir tu margen de acción puede reforzar tu posición. Se le llama estrategia del compromiso y Anthropic la aplica al anunciar la incorporación de verificadores, una medida que establece un estándar que atrae al resto de competidores. ¿Servirán de algo? Es difícil saberlo.

Schelling desarrolló sus teorías en el marco de la guerra fría, un contexto cuyo eco resuena con fuerza en el debate sobre el desarrollo de la IA. El prisionero en su dilema, de nuevo. Yo quiero frenar, sé que debo hacerlo, pero pienso que mi competidor no va a seguir el mismo camino, por lo que acelero. La desconfianza mutua –no cooperar– nos lleva a todos a escenarios peores.

Pero ahora hay un problema añadido, y es que en el caso del bloque que Amodei califica de “democrático”, no hay control público sobre las empresas de IA. Son operadores privados que responden a sus intereses y a los de sus inversores, mientras quien debería atarlos en corto –el gobierno estadunidense– renuncia a hacerlo porque considera que los peligros de la IA no son más que bulos y porque, en realidad, no quiere que China se les adelante. “Nada más importaría” si Pekín toma la delantera en la carrera por la IA, ha dicho Scott Bessent, secretario del Tesoro.

La carrera hacia el abismo, por tanto, es doble en esta ocasión, porque, por un lado, las empresas punteras estadunidenses compiten entre sí, y por otro, EU como ecosistema compite con China.

Cuando habla del gigante asiático, Amodei invoca de nuevo a Schelling al establecer “una analogía con los tratados SALT”, que en los años 70 limitaron parcialmente los arsenales nucleares de Estados Unidos y la URSS a través de un marco negociador inspirado, según la literatura de la época, en las intuiciones del Nobel de Economía. Ese marco resulta ciertamente fascinante y, de nuevo, contraintuitivo. Ambas partes no encontraron el punto de equilibrio tanto en una reducción de la capacidad de destrucción, como en mantener la posibilidad de ser destruidos. Los alicientes para cooperar son mayores cuando uno se sabe vulnerable.

Pero este relato también tiene sus trampas, porque algunas investigaciones recientes, basadas en documentos desclasificados estos últimos años, apuntan a que Estados Unidos –Henry Kissinger, concretamente– negoció varios puntos de los SALT no en busca de una estabilidad global, sino de una posición de superioridad sobre la URSS.

Amodei no se esconde, en este sentido: “Deberíamos abordar cualquier decisión de regulación mundial, sobre todo a corto plazo, de manera que se proteja la ventaja de EU y sus aliados”. ¿Qué alicientes debería tener entonces China para frenar? Pekín lo ha visto venir de lejos y esta misma semana un editorial del oficialista Global Times chino ha señalado la jugada, acusando a las tecnológicas estadunidenses de “poner en marcha el manual de la guerra fría”.

¿Cuál puede ser el punto de compromiso para frenar la IA a nivel global? No lo sabemos. Los Schelling del presente deberían estar pensando en ello. No sabemos quiénes son, pero sabemos que no se llaman ni Amodei ni Altman.

Haces, Monreal, Flores y el signo de la traición

Puntos y Contrapuntos

Pedro Mellado Rodríguez

"El pestilente y agrio tufo de la traición a la 4T gravita en torno a Monreal, y a personajes protegidos y encumbrados por el zacatecano".

Haces, Monreal, Flores y el signo de la traición. Por Pedro Mellado

Es difícil que alguien pueda negar sus afectos, intereses y responsabilidades cuando ha sido factor fundamental para el encumbramiento de algunos personajes que despiertan dudas fundadas con respecto a su lealtad al proyecto de la Cuarta Tranformación o repudian al partido que les dio abrigo y los llevó a las más altas esferas del poder.

Y más se profundizan las dudas sobre la lealtad al proyecto de la Cuarta Transformación cuando ese poderoso personaje, en particular, no ha mostrado la determinación y el arrojo para impulsar que se aplique con energía la Ley a quienes tienen cuentas pendientes y deberían ser despojados de la inmunidad constitucional, del fuero, que les protege para no ser obligados a comparecer ante la justicia, y prefiere negociar para no caer en lo que convenencieramente llama radicalismos, o dialogar hasta con sus rivales o enemigos, para asumirse como el conciliador en las filas de los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheinbaum Pardo.

El domingo 6 de septiembre del 2026, en un evento político realizado en Ixtapaluca, Estado de México, el Diputado morenista Pedro Haces Barba encabezó lo que se denominó Fiesta de los Trabajadores, en la que formalmente anunció el interés de que la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), de la cual él es Secretario General, acepte candidaturas de los partidos políticos que estuvieran dispuestos a respaldarlos para los comicios del 6 de junio del 2027.

El propósito de Haces Barba es formar una bancada sindical, sin importar los colores o ideologías de los partidos que los postulen. “Donde nos abran las puertas, por ahí vamos a ir, somos una verdadera fuerza obrera y social que quiere que sus trabajadores sean representados por los mismos trabajadores”, afirmó Haces Barba.

“La CATEM -agregó el Diputado federal morenista- es y seguirá siendo autónoma y plural. Por eso nuestra fuerza está abierta y seguirá escuchando a todos y cada uno de los que se nos han acercado”. Y precisó: “De eso se trata compañeros, en CATEM no tenemos colores”.

Posaron con el dirigente de la CATEM, el legislador morenista Higinio Martínez Miranda, presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República; y el Diputado federal Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política en San Lázaro y coordinador de los legisladores de Morena en la Cámara Baja.

Lo singular del evento convocado por Pedro Haces Barba es que también estuvo presente el Senador albiazul Enrique Vargas del Villar, que aparece como representante del PAN en la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, quien posó para las fotos con sus presuntos rivales políticos.

Pedro Haces Barba fue encumbrado en la política por Ricardo Monreal Ávila, quien lo ha impuesto, de facto, como vicecoordinador de la diputación federal de Morena. El viernes 11 de octubre del 2024, el periódico La Jornada publicó que “de madrugada, el operador político de Ricardo Monreal, Pedro Haces Barba, impuso las presidencias de 15 comisiones de la Cámara de Diputados, en una sesión privada en la que –detallaron legisladores de Morena– el dirigente sindical recurrió a amenazas, incluso de muerte, contra sus propios compañeros”.

Agrega la nota de La Jornada: “Molestos por las formas en que Haces Barba resolvió los nombramientos, 50 legisladores abandonaron la plenaria, que comenzó a las 3:30 del jueves y concluyó una hora más tarde […]. Después de las amenazas y la imposición de las presidencias, diputados de grupos cercanos a la Presidenta Claudia Sheinbaum y al Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, abandonaron el auditorio Aurora Jiménez de la cámara, entre ellos los vicecoordinadores Gabriela Jiménez y Alfonso Ramírez Cuéllar, así como Guillermo Santiago, Juan Hugo de la Rosa, Manuel Espino y Xóchitl Zagal”.

En su conferencia "mañanera" del miércoles 9 de septiembre del 2026, la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo fue interrogada sobre las ambiciones políticas de Pedro Haces Barba. Respondió: “Bueno, él es Diputado por Morena. Ya le correspondería a Morena [resolver] qué hacer en este caso. A mí no me corresponde, le corresponde en todo caso al partido político, porque entró como Diputado plurinominal de Morena; entonces, Morena [deberá] definir si está haciendo campaña por otro partido, si eso lleva una sanción o no”.

Recriminó la mandataria Sheinbaum Pardo: “No puede ser de un partido político y andar haciendo campaña por otro”.

El mismo lunes 7 de septiembre del 2026, entrevistado sobre las ambiciones políticas de Pedro Haces Barba, el coordinador de Morena, Ricardo Monreal, explicó que la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM) es libre de definir su destino y su futuro.

Dijo el coordinador de los diputados federales morenistas que esperaba que la CATEM llegara a buenos acuerdos con los partidos políticos con los que decida entablar diálogo. Además, Monreal Ávila precisó que Haces Barba no es militante de Morena y que la organización sindical que dirige es, por estatutos, plural y no partidista. Lo que no explicó Monreal Ávila es porque ha consentido que un Diputado federal que no es de su partido, imponga condiciones sobre los diputados federales morenistas, con su autorización y respaldo.

Hugo Erik Flores

El pasado lunes 7 de septiembre del 2026, en un evento realizado en la ciudad de Puebla, el Diputado federal morenista con licencia, Hugo Eric Flores Cervantes, ya en su carácter de dirigente nacional del nuevo partido político Paz, acusó a Morena, su antiguo aliado, que lo llevó a una diputación plurinominal para el periodo 2024-2027, de haber desperdiciado la “legitimidad moral y social” que obtuvo con el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018, al mantener intacto el sistema político que prometió transformar y por contribuir a la polarización del país.

Flores Cervantes pasó de aliado consentido a ingrato rival, luego que encabezó al Partido Encuentro Social (PES) que en 2018 se coaligó con Morena y con el PT para respaldar la candidatura presidencial de Andrés Manuel López Obrador, alianza de la cual se benefició con ocho senadurías y 23 diputaciones federales. También fue dirigente del Partido Encuentro Solidario que en 2021 buscó nuevamente el abrigo de Morena para competir en los comicios para renovar la Cámara de Diputados de la Federación sin ninguna fortuna.

Flores Cervantes sostuvo que sus alianzas anteriores con Morena respondieron a la expectativa de un cambio profundo de régimen, pero aseguró que ese objetivo nunca se concretó. “Nosotros nunca fuimos de Morena, solamente fuimos en una coalición”, explicó. Aclaró que el movimiento que llevó a López Obrador a la Presidencia tuvo en 2018 las condiciones políticas para realizar “transformaciones profundas” que siguen pendientes.

Las críticas de Flores Cervantes a Morena y al Gobierno de la Cuarta Transformación tienen un tono de campaña electoral convenenciero, pues nunca las había expresado, desde el 2018 a la fecha, pero están orientadas a impulsar a su nuevo partido Paz que tendrá que competir solo en 2027, sin alianzas, con la obligación de obtener el 3 por ciento de la votación nacional para poder conservar su registro.

Hombre de extraña conducta, el domingo 30 de agosto del 2026 Flores Cervantes todavía participó en la reunión plenaria de los diputados federales de Morena en el Palacio de San Lázaro, a pesar de que ya había sido nombrado presidente del nuevo partido político Paz. Unos días antes, el lunes 24 de agosto del 2026 la Comisión Permanente del Congreso de la Unión ya había aprobado la licencia del Diputado Flores Cervantes para separarse de su cargo a partir del lunes 31 de agosto del 2026.

Habría que recordar que Hugo Eric Flores Cervantes también era presidente de Comisión Jurisdiccional y de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados, responsable de resolver la petición de la Declaración de la Procedencia de la Acción Penal, para quitarle el fuero al dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, alias “Alito”, solicitada por la Fiscalía de Campeche que pretende ponerlo a disposición de un Juez para ser juzgado por los delitos de enriquecimiento ilícito, peculado, uso indebido de facultades, defraudación fiscal y lavado de dinero, que presumiblemente cometió en su paso por la gubernatura de esa entidad entre 2015 y 2019.

A Flores Cervantes se le ha señalado de negligente en la atención del desafuero de “Alito”, asunto que depende, principalmente, de la anuencia del presidente de la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados, el morenista Ricardo Monreal Ávila. El ahora dirigente nacional Paz llegó a la presidencia de la Comisión Jurisdiccional con la anuencia y el apoyo de Monreal Ávila.

Como se puede observar y percibir, el pestilente y agrio tufo de la traición al proyecto de la Cuarta Transformación gravita en torno a Ricardo Monreal Ávila, y a personajes protegidos y encumbrados por el zacatecano como Pedro Haces y Hugo Eric Flores.

Campañas electorales y políticos desesperados

 

Ana Lilia Pérez

"Ante su incapacidad para competir con una propuesta de partido, la desesperación llevó al PAN a arrancar los tiempos de campaña mediante gira por Europa".

Campañas electorales y políticos desesperados. Por Ana Lilia Pérez

En Estados Unidos, durante la convención del Partido Republicano en Dallas, Texas, en plena campaña electoral, Donald Trump ofreció abiertamente cinco mil dólares a cada ciudadano adulto si los republicanos logran mantener el control del Congreso –la Cámara de Representantes y el Senado– en las elecciones de mitad de mandato en noviembre.

Ni Trump ni su equipo explicaron cómo pretenden financiar esa promesa. La prensa estadounidense calificó la medida como inviable en términos financieros; diversos economistas calculan que incluso la recaudación fiscal actual que ese país tiene sería insuficiente para cubrir el monto total y que esa iniciativa provocaría una grave crisis inflacionaria de deuda.

Más allá de lo inverosímil de ese ofrecimiento, la clara intención de comprar votos evidencia la degradación del sistema político estadounidense. El país que alguna vez se autonombró “el faro de la democracia”, hoy tolera sobornos electorales abiertos. Esto desvirtúa por completo el derecho al ejercicio libre del voto, degradándolo a una mera transacción económica, y convierte las elecciones estadounidenses en un negocio financiero.

No es la primera vez que abiertamente Trump busca coaccionar el voto de manera directa, lo hizo incluso en otros países: lo hizo con los argentinos al advertirles que o votaban para que el gobierno de Milei conservara el control del Congreso en Argentina o no les daría respaldo económico mediante el mecanismo de intercambio de divisas (swap) por 20 mil millones de dólares. Luego hasta se jactó públicamente de que la victoria de Milei para retener el control del Congreso se debió a su intervención.

Anteriormente, Trump también prometió a los estadounidenses que cada uno recibiría un cheque de dos mil dólares financiado con el dinero recaudado por los aranceles comerciales que su gobierno ha impuesto a otros países. Aunque Trump ha mantenido su terrorismo arancelario contra medio mundo, esos cheques que le prometió a los estadounidenses nunca se los envió.

La decisión de Trump de ofrecer incentivos económicos directos a cambio de votos expone su desesperación frente al desplome del Partido Republicano en las encuestas. De mantenerse esa tendencia, los republicanos podrían perder el control del Congreso en las próximas elecciones de mitad de mandato, lo que a Trump dificultaría la continuidad de su plan de gobierno. Este escenario es parte de las consecuencias de la baja aprobación ciudadana hacia su gestión, marcada por severas contradicciones; la más grave, a ojos de los estadounidenses es haber llevado a ese país a otra guerra, a pesar de haber prometido lo contrario durante su campaña electoral.

La guerra declarada contra Irán ha impuesto una carga financiera insostenible para Estados Unidos. El gasto se ha concentrado en el envío de recursos multimillonarios para armamento de alto poder, provocando además una profunda inestabilidad en el mercado energético global. Actualmente los estadounidenses enfrentan las consecuencia de ese prolongado conflicto, a través del deterioro de la economía local y una creciente inflación interna.

Al que sí ha dado enormes ganancias esta guerra es a Trump y su familia, quienes han aumentado su fortuna mediante inversiones en empresas bélicas, especulación con el negocio del petróleo y otros negocios.

Así el panorama, el descontento de la ciudadanía estadounidense se ve reflejado en la intención de voto dándole una ventaja al Partido Demócrata según los sondeos.

La realidad económica suele pasarle factura a los gobiernos en las elecciones de mitad de periodo, donde los ciudadanos hacen patente con su voto su aval para la continuidad, o el “voto de castigo”.

A menos de dos meses de las elecciones en Estados Unidos, los sondeos de opinión reflejan que la principal preocupación de los votantes es el deterioro de la economía interna y el encarecimiento del costo de vida. Como recordaba el estratega demócrata James Carville con su famosa frase “La economía, estúpido”, el impacto directo en el bolsillo es el factor que realmente define el ánimo del electorado estadounidense.

La ciudadanía estadounidense padece las consecuencias de tener un presidente enfocado en su beneficio personal, quien ha involucrado a ese país en un conflicto bélico cada vez más costoso e impopular. Esta gestión se refleja claramente en el desplome de su aprobación dentro de las encuestas de opinión.

Además, aunque la política migratoria le funcionó en el pasado para consolidar su base electoral, las atrocidades de los agentes del ICE contra migrantes y contra ciudadanos estadounidense –asesinados bajo balas de agentes migratorios en las indiscriminadas redadas– han generado un fuerte rechazo de amplios sectores de la población a esa política. Debido a eso, varios candidatos republicanos intentan suavizar sus discursos antimigrantes para atraer el voto de la comunidad latina.

Y es en ese contexto que ya de plano el Presidente de Estados Unidos le ofrece dinero a los votantes, una oferta económica directa a cambio de su voto, por más que quieran matizarlo, llamándolo “Dividendo Trump”. Y aunque las leyes federales estadounidenses prohíben estrictamente realizar pago o promesas financieras con el fin de influir en el voto de los ciudadanos.

De forma paralela, el inicio del Proceso Electoral 2026-2027 en México para renovar la Cámara de Diputados, 17 gubernaturas, congresos a nivel estatal y miles de cargos a nivel local, arrancó con mucha intensidad, y también medidas desesperadas de dirigentes políticos:

Ante su incapacidad para competir con una propuesta de partido para el electorado, la desesperación llevó a la dirigencia del PAN a arrancar los tiempos de campaña mediante una gira por Europa. Durante ese tour Jorge Romero y sus acompañantes se fotografiaron en las instalaciones del Parlamento Europeo, en Bruselas, a donde acudieron también a solicitar la injerencia extranjera en México.

Esta acción emula a los conservadores del siglo XIX, quienes fueron a Europa a pedir una intervención en el país. O como hace de manera reiterada el dirigente del PRI en Estados Unidos. En esta ocasión los panistas no acudieron a Washington debido a que ese recorrido y las escalinatas del Capitolio son la escenografía en la que posa para fotos y videos el dirigente del PRI, Alejandro Moreno, siguiendo las instrucciones de los estrategas estadounidenses a quienes paga por asesorías.

El arranque del proceso electoral tiene ya a todo lo que da campañas salpicadas de noticias y hasta supuestas “encuestas” falsas, que promueven medios de comunicación, en los que alientan de manera irresponsable e irrespetuosa la riesgosa intromisión extranjera en el país.

El inicio del proceso electoral se ensombrece por una oleada de desinformación. Diversos actores políticos y medios de comunicación difunden encuestas apócrifas y contenidos falsos que, alientan una peligrosa injerencia extranjera y vulneran la soberanía nacional. Esta preocupante insidia o carencia de rigor metodológico en los sondeos de opinión pública amenaza con distorsionar la contienda desde sus primeras etapas.

En este vertiginoso escenario, en las urnas no sólo se evaluará el desempeño de las distintas fuerzas políticas por alcanzar puestos de representación, sino que pondrán a prueba la capacidad del partido en el poder para consolidar la continuidad de su proyecto de Gobierno, frente a los intentos de la oposición por persuadir al electorado.

Son 20 mil 109 cargos de elección popular, por los cuales ocho partidos políticos (Morena, PRI, PAN, Partido Verde Ecologista, Partido del Trabajo, Movimiento Ciudadano, y los nuevos Somos y PAZ) se disputarán los votos, algunos de esos partidos en alianzas.

Ya el proceso de selección de candidaturas exhibe el pragmatismo y oportunismo entre la clase política; el evidente reciclaje de políticos, las fracturas internas con inconformes a quienes no favoreció la designación; otros más que por su intensión de enquistarse en el poder mediante sus cónyuges y otros familiares se quitarán la camiseta de un partido, para ponerse otras siglas con tal de mantener sus feudos.

Ante la ausencia de un marco regulatorio estricto y con la complicidad de ciertos medios corporativos, el despliegue masivo de granjas de bots -emulando las cuestionadas estrategias de manipulación digital estilo Fernando Cerimedo- y el uso de Inteligencia Artificial (IA) como estrategias de campañas buscarán incidir en el proceso, por lo que el INE tendría que establecer mayor vigilancia en ese ámbito.

A ese complejo panorama local se suma el factor del vecino del norte, que ha intervenido mediante estrategias digitales en procesos electorales en países de la región, y ahora busca hacerlo en Brasil y también en México.

Metáforas sociales


Dos de las formas en que podemos mirar la propia vida son la escalera y el camino. En una hay que subir hasta el último peldaño, y en el otro, ir eligiendo rutas. Cuando se alcanza la cima de la primera, uno acaso se pregunte para qué todo ese esfuerzo. En el segundo, el camino, la pregunta será en el cruce de rutas donde se tiene que decidir por una y dejar atrás otras posibles: ¿Qué hubiera sucedido de haber transitado por la otra vía? La pregunta de la escalera será, entonces, por el vago propósito. La pregunta del camino será, entonces, por la posibilidad perdida. ¿Para qué escalé? y ¿qué hubiera pasado? Algo de frustración y algo de remordimiento.

Subir una escalera es un acto mecánico, solitario y conciso, como lo describe Julio Cortázar en Instrucciones para subir una escalera, salvo que, como sucede en El Aleph de Borges, en el peldaño 19 te encontrarás con el universo entero. Distinto es caminar porque el errante es tanto del error como de la errancia. La incertidumbre y el azar te acompañan en el trayecto. Hay vericuetos, cruces, encuentros, peligros. Y, como dice Robert Frost en su célebre poema, cuando ya hayas llegado te dirás y contarás que elegiste viajar por el menos transitado, aunque, la verdad, a la hora de decidir, ambos te parecieron iguales. La memoria nos exculpa.

En la escalera hay que ver al peldaño siguiente mientras pisas el actual y sólo sabes que has llegado cuando pones el talón en el final. En el camino, la llegada no es necesaria y el andar se convirtió en la forma en que los hombres experimentaban la modernidad de la ciudad: mirar a los transeúntes. Las mujeres, en cambio, estaban en busca de una habitación propia. Balzac, en su pequeño tratado sobre el andar, colecciona todas las reticencias que se solidificarán, con el tiempo, en los estereotipos de la misoginia, la aporofobia y la discriminación por el aspecto, cuando instruye a las mujeres cómo comportarse en la calle y qué vestir, huye de esos pobretones que andan de prisa porque no se pueden comprar su propio ocio, y condena el caminar de los gordos como no estético. Pero nada en el texto de Balzac nos lleva a deambular. Más bien él se está refiriendo a las calles como escenarios y al andar de los burgueses como coreografías. Una vez que el flâneur llega a su fin, Walter Benjamin ve sus vestigios en el deambulador nocturno y en el convalesciente que sale de la cuarentena, y que pueden ser ese “hombre de la multitud” que tanto miedo le daba a Edgar Allan Poe. El deambular se ha detenido para siempre y jamás fue un recurso para las mujeres.

La escalera, por su parte, termina en una metáfora social: la meritocracia. La escalera se sube solo, es lineal, jerárquica y competitiva. No se puede ascender sin dejar a otros atrás. Supone que todos arrancan del mismo peldaño, aunque haya gente que parte del subsuelo y otros –los que ganarán– que salen desde escalones que están mucho más arriba: los blancos, herederos, varones y urbanos. Al decir que los ganadores lo son por su esfuerzo, trabajo o superioridad intelectual, se legitiman las desigualdades y se destruye a la comunidad porque, en la escalera, pertenecer a la clase trabajadora tiene una sola motivación: huir de ella.

Arriba, el plutócrata se presenta como alguien igual a los demás que trabajan y se esfuerzan, se autopropone como salvador y benefactor de una sociedad víctima del Estado, y exhibe sus riquezas como comprobantes de su astucia y para servir de ejemplo a los que todavía no se esfuerzan. Abajo, el resto es conducido al aislamiento, el quiebre de las redes de apoyo, al “síndrome del impostor” y a una utopía de holgura material que jamás está al alcance. Pero la escalera como metáfora social llevó, sobre todo, a la humillación, el desprecio, y la vergüenza de miles de millones por no ser aptos ni suficientes. Su forma de difusión más acabada fue el reality show en la televisión que mutó en la historia de Instagram. Acumular mercancías fue, a un mismo tiempo, señal de mérito y recompensa por subir la escalera. Las mujeres a las que no se les ofreció ni siquiera una habitación propia fueron convencidas de que el feminismo habría logrado sus metas, y que ya era hora de “empoderarse”. Eso quiso decir hacer las mismas dobles jornadas y, además, vender mercancías en la informalidad llamada “emprendimientos”. Hoy las mercancías son ellas mismas en las redes tipo Only Fans. El trabajo se conectó no a la necesidad, sino a la aspiración de ser como el plutócrata. Si no tienes esa aspiración, también tienes una falla moral. La escalera invirtió los papeles en que nos veníamos leyendo desde el siglo XIX: la clase ociosa ahora ya no son los herederos plutócratas, sino los propios trabajadores y los potentados son los que trabajaban más duro que nadie y, para muestra, nos exhiben sus yates.

El caminar termina en otros dos mapas mentales: el nomadismo de los milmillonarios en sus aviones, yates y helicópteros conectado a sus mercados financieros, y la migración de los que dejan todo para seguir existiendo, desconectados de sus muertos. “Los hombres no tenemos raíces, tenemos pies”, decía la consigna que los globalistas le extrajeron al etnólogo André Leroi-Gourhan. El detalle es que él se refería a que acabaríamos desdentados y sólo con la fuerza suficiente para apretar botones si la tecnología seguía por la ruta que nosotros ya vivimos. El etnólogo murió en 1986, antes de echarle un vistazo a nuestra cultura del teléfono inteligente. Pero los globalistas que necesitaron, en un inicio, que la fuerza de trabajo se desplazara por su propios medios –los pies–, lo sacaron de contexto para alentar una metáfora que hizo de la supervivencia una aventura del espíritu emprendedor. Hasta que las fronteras se volvieron a cerrar y ya los caminantes no pudieron pasar, y fueron perseguidos y encarcelados como delincuentes.

Junto con el globalismo y la pluralidad sin derechas ni izquierdas, Deleuze y Guattari criticaron al árbol como símbolo de jerarquía, autoritarismo y centralización. Como alternativa propusieron la metáfora del “rizoma”, que era muy parecida a las redes digitales donde todo tiene el mismo peso relativo y cuyas conexiones funcionan como intercambios tipo oferta y demanda o izquierda derecha o, incluso, “me gusta/no me gusta”. Pero todavía no recibían noticias de que los árboles se comunican y avisan de peligros de plagas por medio de sus raíces, usando a los hongos como mensajeros. Tampoco se enteraron de que los árboles-madre, los más viejos, socorren a los más jóvenes por medio de esta red subterránea dándoles nutrientes que, por su corta estatura, no alcanzan a sintetizar. Los árboles que ellos veían tan “estatales” son parte de una comunidad llamada bosque o selva o desierto. Están de pie sobre unas raíces que los intersectan. Llevan en sus troncos y ramas no una jerarquía autoritaria, sino todas sus derrotas, fracasos, accidentes, huellas del paso de vientos, inundaciones, sequías e incendios. Son la metáfora social para tiempos venideros: ayudar a crecer a los demás.

Más muescas en el revolver del declive de los EU

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Es muy difícil que los países que durante los últimos 50 años han mantenido una estrecha relación con los EU vuelvan a recuperar esa relación".


Más muescas en el revolver del declive de los EEUU. Por Juan Carlos Monedero

La teoría del declive de los EU tiene un largo recorrido y ha sido defendido por inteligentes analistas. Tiene, eso sí, las mismas características de quienes siempre dicen que va a venir una crisis del capitalismo y, claro, alguna vez aciertan, como los relojes parados que dan bien puntual la hora dos veces cada día. No le quitemos mérito porque es más acierto que el de muchos políticos y periodistas que opinan como si Zeus les hablara al oído. Como los seres humanos sólo tenemos, que se sepa, una vida, los cambios por los que apostamos nos interesa verlos o, al menos, sentir que se aproximan, algo que, en ese caso, llena de sentido a la apuesta vital de, por ejemplo, los que apostamos por un mundo más libre, más justo y con más sentido. Claro que hay momentos de retroceso, pero no saber que las cosas mejoran conduce a una depresión intelectual que hace la vida más gris.

EU tiene muchos elementos para contradecir la tesis del declive: PIB, gasto militar, bases militares, la OTAN, capacidad nuclear, desarrollo tecnológico, IA, empresas multinacionales, el dólar, la capacidad de presión financiera, Hollywood, Netflix, las remesas e, incluso, presidentes que tienen doble nacionalidad y hacen más caso a la norteamericana. Sin embargo, los errores tácticos de Trump parecen acelerar esa tendencia al declive señalada por muchos autores. Hasta el punto de que es muy probable que veamos un punto de inflexión en la política estadounidense y en la política mundial debido, precisamente, a esos errores que incluso los más duros neoconservadores norteamericanos y los más claros defensores del realismo político en la arena internacional interpretan como errores sin solución. El principal, haber elegido a Donald Trump para un segundo mandato.

Mientras en México lanzaba el Grito desde el Palacio Nacional, que recuerda la Independencia de España hace dos siglos, se oían gritos, en este caso de rabia, en el Ala Oeste de la Casa Blanca. Gritos que se han oído hasta en la reunión de los BRICS en la India. EU se está quedando solo. Tiene victorias, pero cada una de esas victorias también es una contradicción (le está pasando en lo electoral). Y su alianza con las extremas derechas empieza a despertar a los pueblos que no quieren dejarse pisotear por alguien a quien desprecian y por unos políticos nacionales sin voluntad propia. La caída de EU no va a ser mañana, pero en un mundo donde se han roto las linealidades, donde un pequeño acontecimiento puede generar una hecatombe, donde las contradicciones del modelo neoliberal dejan a demasiado pueblo sin sociedad, hay mucho partido que jugar. Y ese es el mensaje que tienen que tener en mente las personas decentes que no se resignan.

Creo que es muy difícil que los países que durante los últimos 50 años han mantenido una estrecha relación de confianza económica, militar y diplomática con los EU vuelvan a recuperar esa relación. Incluso aunque ganen los demócratas en noviembre y luego repitan el triunfo en las próximas elecciones presidenciales. Sobre todo porque lo que parecía imposible, que era que el mundo occidental buscara nuevos aliados, lo ha desatado Donald Trump de manera inevitable. Y eso que ya ha empezado no se va a desactivar porque nadie se fía ya de los EU. Alejarse de EU, al menos en lo comercial, es una estrategia de largo plazo para antiguos aliados de Washington.

La alianza de Trump, Marco Rubio y JD Vance con las extremas derechas del mundo está levantando ampollas y generando una enorme reacción allá donde operan. Con lo que hoy sabemos del consultor, asesino y corrupto Fernando Cerimedo y su socio, el oscuro propagandista Javier Negre, propietarios del libelo La Derecha Diario, tenemos que concluir que ganan las elecciones sólo haciendo trampas, principalmente manipulando conciencias, comprando votos y, cuando pueden, manipulando algoritmos.

Esto implica, y es muy importante, que el bloque que da la victoria a la extrema derecha siempre es débil (son falsas mayorías), está nutrido por muchos defraudados por el sistema a los que ha captado la propaganda ultra, y que, cuando vean que no se le da solución, retirarán el apoyo. Mientras que el bloque que adversa a la extrema derecha es mucho más consciente y su voto es mucho más consistente, aunque tiene el problema de las eternas divisiones en la izquierda, que le lleva a la abstención o a probar otras cosas. En la justicia ya sólo cree la izquierda, de manera demasiado ingenua. ¿De qué lado se pondrán los jueces? A ver qué ocurre con lo que se va sabiendo de fraudes en Honduras, en Brasil, en Colombia, en Chile y en Perú. Más de un Presidente debiera acabar en la cárcel. Aunque los jueces son el último bastión del neoliberalismo en todo el mundo occidental, algo muy evidente en el caso de España.

Como decía, cada acción genera una reacción, y la “acción” Trump genera una reacción democrática. De hecho, en las elecciones en Suecia ha vuelto a ganar la izquierda, de la misma manera que las amenazas de Trump desataron el nacionalismo en Canadá, en Panamá o en Groenlandia, Claudia Sheinbaum está más reforzada que nunca por las bravuconadas de Trump, las fuerzas rebeldes han ganado en Yemen, los iraníes no se han doblegado, Jean Luc Melenchon lidera las encuestas en Francia igual que lo hace Lula en Brasil. Y en Irlanda, la Presidenta le he dicho en la cara a Trump que le transmitía “la firme opinión del pueblo irlandés de que la normalización de la guerra y el genocidio nunca puede ser aceptada”. Algo empieza a pasar. Que no es poco.

En el reciente viaje de Marco Rubio a Colombia, Perú y Ecuador, la sorpresa ha sido que, salvo el payaso de De la Espriella, que se hundirá con Trump, tanto en Ecuador como en Perú, y especialmente en este país, han decidido acercarse militarmente a EU pero sin alejarse comercialmente de China. Las relaciones económicas de Perú con China, especialmente a través del puerto de Chankai, son enormes. El puerto de Chancay es probablemente el activo geoeconómico más importante de China en el continente. China ha ayudado a construir un puerto que conecta directamente Perú con Asia. El 36.2 por ciento de las exportaciones peruanas fueron a China, de donde vinieron el 31.3 por ciento de las importaciones.

China no es simplemente un mercado para Perú. Es una pieza estructural de su modelo exportador. Sustituir al principal comprador de una parte gigantesca de la minería peruana no es sencillo. Por mucho que presione Marco Rubio.

Por todo esto, a los republicanos en Estados Unidos se les están complicando las elecciones de noviembre. Las tres grandes promesas electorales de Trump no las está cumpliendo: (1) no ha publicado la lista Epstein, donde él aparece cientos de veces en una trama de pederastia que es inexplicable que no moleste a los evangelistas neopentecostales (a no ser que esos telepredicadores sean unos falsos a los que sólo les interesa el dinero); (2) ha metido al país en una guerra de larga duración que se ha extendido por la zona y que ha logrado que los soldados de Ansar Allah (los “hutíes”) ganen, al menos de momento, la guerra en Yemen; (3) no está mejorando el nivel de vida de los norteamericanos. En ciudades como Raleigh se está dictando el toque de queda para los jóvenes por la noche, como forma de respuesta a un creciente enfado de la juventud afrodescendiente. Las especulaciones sobre una guerra civil en los EU no son una mera ocurrencia. Y Trump suplica a Zelenski que no bombardee centrales de gasoil rusas porque el precio en EU está imposible.

Esta situación de Trump, quien sólo tiene interés en enriquecerse aún más, jugar al golf y pasar a la posteridad como el ser humano más grandioso de la historia, le lleva a la desesperación. De ahí su voluntad de intensificar la Estrategia de Seguridad Nacional o realizar ofertas o acciones espectaculares. Por ejemplo, ofreciendo cinco mil dólares a todos los norteamericanos. Es decir, pretendiendo comprar el voto sin siquiera ocultarlo, además de que no explica de dónde saldría el 1.5 billones de dólares que costaría. Igualmente busca exhibir el control de Latinoamérica como un trofeo (de ahí la gira de Marco Rubio por la región andina) o la enésima repetición de Trump de que les ha robado a los venezolanos 65 mil millones de barriles de petróleo. Donde no toca techo es con Irán. Si ha perdido el Estrecho de Ormuz y está condenando al planeta a una crisis económica, la victoria del grupo Ansar Allah en Yemen, con el control del estrecho de Bab-El-Manded duplica las preocupaciones de Trump. Ninguno de los países árabes tiene razón alguna para mantener el acuerdo que hizo Kissinger de negociar el petróleo con dólares y a cambio recibir protección. ¿Qué protección si todas las bases norteamericanas de la zona han sido bombardeadas e inutilizadas por los iraníes como respuesta al gratuito bombardeo de Trump a Irán?

Por todo esto, hay que considerar que los principales esfuerzos de EU para mantener su status quo van a ir contra América Latina. Porque es donde menos oposición está encontrando, donde más resultados puede ofrecer y donde, por cercanía, sus amenazas son más reales.

Por eso, EU no está intentando simplemente vender más a Colombia, Ecuador y Perú. Está intentando reorganizar las condiciones bajo las cuales esos países comercian, invierten, construyen infraestructura y gestionan sus recursos estratégicos, de modo que China no controle los nodos decisivos de esas economías. Y ahí están los minerales críticos, los puertos, la energía, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y la seguridad, que dejan de ser asuntos separados: forman parte de una misma política de poder. Algo parecido pasa con el T-MEC.

Venezuela, sometida a una suerte de protectorado (sin Ley que lo establezca) y Colombia, como nodo central del control estadounidense de América Latina, son los países más perjudicados. Trump no deja de recordar que, para él, Venezuela es el estado 51 de los EU, que se ha quedado con el petróleo y que la Presidenta Delcy Rodríguez es su mejor aliada, lo que dificulta la reconstrucción del chavismo no ahora, sino en la próxima década y, de no cambiar las cosas, prepara, cuando Trump decida convocar elecciones, la victoria de la oposición genuinamente pro norteamericana de María Corina Machado.

Y de Colombia, no olvidemos dos cosas esenciales: que De la Espriella tiene la nacionalidad norteamericana, y que tiene negocios particulares con Marco Rubio. Si esta apropiación de Colombia para los intereses de Rubio significará un elemento de discordia entre él y Donald Trump es algo abierto. El Presidente Petro ha insistido en que Trump desconocía incluso qué era la OFAC (algo que tampoco es muy convincente), lo que alimentaría la idea de que, en el reparto del botín, a Trump le tocaría Venezuela y a Marco Rubio Colombia.

Las cosas se mueven y el tiempo va contra Donald Trump y sus socios (porque Trump lo que tiene es socios). Por los problemas con sus planes en Oriente Medio, por la creciente articulación de los BRICS, por la fuerte pérdida de aliados internacionales, por la rearticulación ideológica del Partido Demócrata, por la recuperación, aunque lenta, de la izquierda europea (que todavía tiene que pasar por el calvario de la victoria ultra en España y, quizá, en Francia), por la demostración de la injerencia norteamericana en las elecciones en muchos países, por el rechazo mundial al genocidio en Gaza, por la firmeza de Canadá y México, sus dos grandes fronteras, y porque se le han agotado los conejos de la chistera al no solventar la inflación y el precio del gasoil en EU, no hacer pública la lista de Epstein -que le mostrará como un presuntísimo pederasta-, y embarcar al país en guerras que implican un enorme desgaste.

Trump se lo juega todo en América Latina. México ha puesto un freno a sus pretensiones. Brasil también (y todo parece indicar que ganará Lula las próximas elecciones). El pueblo está en la calle en Argentina, en Perú, en Chile, en Colombia. Y no hay que descartar que pase lo mismo en otros sitios, aún más con esas imágenes de soldados yemeníes en chanchlas, en cholas, con un kalashnikov al hombro, que le han parado los pies a Arabia Saudí, a Israel y a los EU. Toda una invitación a la desobediencia. Que los pueblos del mundo están escuchando y les tocará también quitarle la cera de los oídos a los dirigentes que parecen querer seguir escuchando los mandatos suicidas de Donald Trump.

Trump colecciona guerras

 

Mario Campa

"Para los demócratas, la promesa incumplida de Trump de cero guerras nuevas es un valioso activo de campaña".

Trump colecciona guerras. Por Mario Campa

Donald Trump prometió en campaña no abrir nuevos frentes de guerra (“no new wars”). A poco más de un año y medio de haber asumido la presidencia, el republicano traicionó al electorado. La Casa Blanca tiene abiertos varios frentes al interior y al exterior. Ese ánimo belicoso podría motivar un castigo en las elecciones intermedias de noviembre.

En Medio Oriente, Trump libra una guerra de estrangulamiento. Washington gasta de 800 a mil millones de dólares diarios en la campaña militar en Irán. Aunque los ataques son más aéreos y marítimos que terrestres, la sangre derramada supera los miles. La anexión del Estrecho de Ormuz delata una sed de control y reparaciones. Lejos de una capitulación, Irán presenta batalla. El despliegue de personal y portaviones no cesa, ni tampoco amaina el ánimo de venganza de Netanyahu, hoy en hombros de Trump. Como agravante por complicidad, la guerra en Medio Oriente es vista por millones de estadounidenses como apología del horror reinante en Gaza.

En Europa, Estados Unidos disputa una guerra subsidiaria. Mediante financiamiento e inteligencia, y no con botas en territorio ucraniano, Washington opone resistencia a la campaña expansionista de Putin y la malograda defensa de Zelenski. Ciertamente, fue Biden quien aportó más recursos contra los rusos. No obstante, Trump incumplió su promesa de frenar la guerra. Entretanto, las sanciones contra Rusia persisten, la venta de armas a Ucrania fluye y el presupuesto de la OTAN engorda por vía indirecta.

En Asia y allende, la Casa Blanca incuba una guerra fría con China. Fue un Presidente republicano, Richard Nixon, quien abrió el grifo de las inversiones estadounidenses y occidentales a quien hasta entonces era considerado un país apestado, gobernado por comunistas. La condición del acuerdo pragmático entre Nixon y Mao Zedong fue que China cortara lazos con la URSS y que fungiera como contrapeso regional. La realineación fue premiada con capitales que cambiaron una historia que escapó del control de los creadores. Lo que antes hizo Estados Unidos para contener a los soviéticos, hoy lo reactiva para frenar el ascenso de China. En ese fuego cruzado, cualquier guiño a Pekín es hoy visto como traición a Washington.

En Norteamérica, Trump libra una guerra comercial con Canadá. A diferencia de la disputa con China, donde las agresiones incluyen palmos de influencia geoeconómica, listas negras, medición militar y disputa por insumos críticos, las agresiones al aliado norteamericano focalizan el intercambio de bienes. Momentos chuscos como el amague de cambiar el nombre del Lago Ontario a “Lago América” y el afán de reducir a Canadá al estatus de estado 51 desvían la atención de un divorcio traumático por inesperado. Aun si la escalada de amenazas es desmontada con algún acuerdo al límite de la hora, las tarifas a sectores estratégicos como el acero y el aluminio persistirán, como también perdurará la pegajosa incertidumbre del T-MEC. Despechado como el amante que entregó su lealtad sin ser correspondido, Canadá parece indispuesta a quedar de brazos cruzados.

En América Latina, Washington desató una guerra sucia. La caída del consultor Cerimedo desnudó un ejército de bots al servicio de intereses inocultables. Antes, el Hondurasgate había delatado una estrategia diseñada para domesticar naciones díscolas. El llamado de Trump a votar por sus predilectos en Argentina (Milei), Brasil (Bolsonaro) y Colombia (De la Espriella) es otra prueba de injerencia. Por si fuera evidencia insuficiente, el gobierno títere impuesto en Venezuela, el retiro de visas a funcionarios mexicanos y la participación de extremistas regionales en las cumbres de CPAC sólo confirman lo evidente: la Casa Blanca toma bandos y persigue al adversario. Mediante espaldarazos y garantías, las oposiciones afines crecen en la región a costa de la credibilidad democrática.

Al interior de Estados Unidos, la guerra cultural de MAGA atiza lo que algunos republicanos (como Elon Musk) consideran un prolegómeno de guerra civil. Las redadas y asesinatos extrajudiciales del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) dan fe de un abuso sistemático de poder y de una polarización desbordada de cauces democráticos. Detrás de la aparente legalidad de los inquisidores, la pulsión de castigo a la diversidad crece. La agenda antiwoke, donde descansan las más bajas pasiones y los instintos más conservadores, da cuenta de un neomacartismo que nació en las universidades, enraizó en las burocracias y recorre ya las calles.

La colección de frentes abiertos podría obsequiar a los demócratas el control legislativo para obstaculizar a Trump. Si bien la renovación escalonada del Senado dificulta un giro drástico de correlaciones de fuerza, la aprobación presidencial ensancha la pequeña rendija de posibilidad. De lograrlo, la oposición partidista capturaría sin mayor mérito el descontento que el votante carga como daga clavada de la traición. Basta una desmovilización en estados y distritos indefinidos (swing) para que una ola azul capture en las urnas el sentimiento popular antibélico. Para los demócratas, la promesa incumplida de Trump de cero guerras nuevas es un valioso activo de campaña. Si tienen o no la habilidad de capitalizar los errores del rival es una historia distinta.

Illich, Fromm, Méndez Arceo y Cuernavaca

 El Poder del Consumidor

Alejandro Calvillo

"Ahí estaba protegiendo al CIDOC el obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, el Obispo Rojo, la figura más importante de la Teología de la Liberación".


Illich, Fromm, Méndez Arceo y Cuernavaca. Por Alejandro Calvillo

Cuernavaca fue en los años 60 y 70 una de las cunas internacionales del pensamiento humanista, teniendo a algunos de sus máximos pensadores. No fue una situación fortuita que Erich Fromm, Iván Illich y Méndez Arceo coincidieran en esos años en Cuernavaca y que esa ciudad fuera centro de encuentro internacional de una de las corrientes más profundas del pensamiento crítico, que hoy en día cobra relevancia. Sin duda, hoy el pensamiento crítico contra el imperialismo y la neocolonización, contra el productivismo y el sometimiento de la humanidad a los avances tecnológicos, así como el compromiso de la iglesia con los pobres, toma mayor relevancia, tiene un mayor eco que en esos años. La conciencia sobre los peligros de la Inteligencia Artificial, sobre las nuevas formas del imperialismo, sobre la deshumanización tecnológica, por un lado, y la vuelta de parte de la iglesia, al menos su mirada, hacia los pobres, nos hace volver a estos grandes personajes y a todo ese movimiento que tuvo como centro de encuentro la ciudad de Cuernavaca.

Y no podemos hablar hoy de esa ciudad, de ese Estado, sin sentir el dolor de los feminicidios recientes. Leía esta mañana declaraciones de la Gobernadora de Morelos sobre la captura del presunto feminicida de la estudiante española Claudia Tacoronte; se refirió a él como un delincuente “muy trastornado”. Piotr Kropotkin criticaba la teoría positivista de su época que establecía que los criminales eran seres “malos por naturaleza”; para Kropotkin, el delincuente era un producto de su entorno social, un trastornado profundo, es decir, que la criminalidad era la expresión de una sociedad que la producía.

Y justamente, lo que se pensaba, lo que se discutía, y frente a lo que se actuaba en ese grupo de pensadores y activistas que se encontraban en esos años en Cuernavaca era el sentido deshumanizador de la sociedad de la competencia, la desigualdad y el sometimiento humano a las megaestructuras políticas, económicas y tecnológicas que estaban deshumanizando a la humanidad.

Erich Fromm, alemán, reconocido psicoanalista y filósofo humanista, crítico profundo de la sociedad de consumo y la deshumanización capitalista, e Iván Illich, austriaco, teólogo, filósofo e historiador, profundo crítico de las instituciones modernas y el dominio tecnológico de la vida, ambos reconocidos como principales analistas y denunciantes de la deshumanización civilizatoria, coincidieron en la ciudad de Cuernavaca por más de una década. Fromm e Illich compartían lo que el primero llamó el “radicalismo humanista”.

Un pensamiento que se vuelve urgente en los tiempos de la deshumanización extrema que vivimos, marcados por los medios digitales, los algoritmos, el robo de datos, la Inteligencia Artificial y el neocolonialismo corporativo.

Fromm e Illich coincidieron con Sergio Méndez Arceo, quien fuera obispo de la arquidiócesis de Cuernavaca de 1952 a 1982. Iván Illich, sacerdote en ese entonces, se instaló en 1960 en Cuernavaca, al encontrar en Méndez Arceo a un protector y a un aliado ideológico dentro de la Iglesia. Ambos no eran bien vistos por la Iglesia oficial. Los dos coincidían en que la Iglesia no debería ser un instrumento colonial en América Latina al servicio de los intereses de los Estados Unidos y que se debería promover un desarrollo más igualitario que pusiera en el centro la dignidad humana.

Bajo la protección de Méndez Arceo, Iván Illich trasladó a Cuernavaca el Centro de Formación Intercultural (CIF) en 1961, una iniciativa que había fundado en Nueva York 11 años antes, en 1950. En 1966 ese espacio se convirtió en el Centro Intercultural de Documentación, conocido internacionalmente como el CIDOC, por el que desfilarían una serie de pensadores y activistas que con el tiempo tendrían cada vez mayor influencia. Pasaron o tuvieron un fuerte contacto con el CIDOC personajes como el pedagogo revolucionario Paulo Freire; la escritora, filósofa y novelista Susan Sontag; y el pionero de la ecología política André Gorz. Gorz predijo cómo el capitalismo pondría en crisis el planeta y se volvió uno de los principales divulgadores del pensamiento de Illich en Europa.

Erich Fromm llegó a Cuernavaca en 1956, combinando el tiempo entre esa ciudad y la capital del país, donde ingresó como académico a la UNAM. En Cuernavaca inició una rica y creativa relación con Iván Illich, comulgando en su pensamiento crítico contra el imperialismo, las instituciones dominantes y el desarrollo tecnológico descontrolado, al servicio de la usura y en contra de los valores humanos.

El CIDOC, fundado por Illich, se convirtió en un punto de encuentro y contacto entre varios pensadores y activistas. El objetivo inicial del CIDOC fue recibir a misioneros y voluntarios estadounidenses que viajaban a América Latina para transformar su mentalidad, para que aprendieran de las culturas locales y de sus valores comunitarios, y para que las apoyaran a defender sus culturas y recursos. En fin, se trataba de que no llegaran a la región con una mentalidad colonialista.

La actividad del CIDOC no puede entenderse sin el contexto. A finales de los 60 y principios de los 70, Estados Unidos había iniciado una estrategia de combate a las resistencias populares en América Latina frente a los intereses de las corporaciones y su dominio político, enviando masivamente a sectas protestantes de corte evangélico y pentecostal desde Estados Unidos hacia América Latina para frenar esas resistencias y enfrentar la creciente influencia de la Teología de la Liberación. 

La política imperialista estadounidense se remontaba a los años 50, cuando tramó y apoyó el golpe de Estado para derrocar al gobierno democrático de Jacobo Arbenz en Guatemala. La causa de la acción orquestada por la CIA fue que Arbenz había repartido tierras que no estaban produciendo, que eran ociosas, entre los campesinos indígenas. Se trataba de tierras ocupadas por la corporación estadounidense United Fruit Company. La empresa estadounidense llegó a controlar más del 40 por ciento de las tierras cultivables de Guatemala. Las dictaduras que se sucedieron en Guatemala acumularon más de 200 mil muertes.

El derrocamiento de gobiernos elegidos democráticamente por intervención estadounidense y su apoyo al establecimiento de dictaduras se convirtió en una práctica: Brasil 1964, Chile 1973, Uruguay 1973, Argentina 1976, entre otros.

Ese era el entorno en que el CIDOC operaba, pero también había otro entorno: era claro que el modelo de desarrollo, el modelo tecnológico y el modelo institucional eran contraproducentes; el desarrollo del Norte se hacía a costa del Sur, se apoderaba de los recursos, destruía las comunidades. El desarrollo tecnológico, las instituciones educativas y el modelo de consumo no favorecían la convivencialidad, ese concepto difundido por Iván Illich que definía como la autonomía de las personas y la libertad de acción por encima de la dependencia a las grandes tecnologías y a las instituciones burocráticas.

Fromm abordaba la crítica desde la psicología. Para él, la sociedad industrial capitalista tenía un impacto destructivo en la psicología del ser humano moderno. En El arte de amar, El miedo a la libertad, Tener o ser y El corazón del hombre, Fromm responsabiliza a la sociedad capitalista de convertir el amor en una transacción mercantil y transformar al amado en objeto de consumo y desecho; de empujar al individuo a autovalorarse por el tener sobre el ser, por su poder de comprar, de adquirir y poseer. Para Fromm, esta lógica enfrentaba al individuo con sus semejantes en una dinámica permanente de competencia y de individualismo patológico.

Por su parte, Iván Illich puso la atención en las gigantescas burocracias, instituciones y tecnologías que se venían construyendo: las enormes burocracias estatales, los sistemas educativos, las grandes estructuras médico-hospitalarias y las enormes redes de transporte masivo. En sus obras La sociedad desescolarizada, La némesis médica y Energía y equidad, analiza cómo esos sistemas se habían convertido con el tiempo en sistemas contraproducentes. Habían crecido tanto que dejaban de cumplir su objetivo y, de hecho, actuaban ya en sentido contrario.

Y ahí estaba protegiendo al CIDOC el obispo de Cuernavaca, Sergio Méndez Arceo, el Obispo Rojo, la figura más importante de la Teología de la Liberación en el México de ese entonces. El obispo que, después de los 50 años, se convirtió en un ferviente defensor de los trabajadores y de los campesinos, que se comprometió con la lucha por la justicia en este mundo y que le costó el desprecio de la Iglesia oficial. La historia de Méndez Arceo apenas comienza a contarse. No he tenido la suerte de ver el documental Obispo rojo, de Francesco Taboada, pero sé que cuenta parte de esta historia y, en especial, de la trayectoria de Méndez Arceo, que fue fundamental en convertir, en esos años, a Cuernavaca en ese centro de encuentro de pensadores libres, pensadores que hoy en día es obligado recuperar por sus reflexiones poco escuchadas y con mucha carga profética