10/10/2026

A dos años de Sheinbaum, la igualdad para las mujeres enfrenta el reto del presupuesto

 

A dos años de que Claudia Sheinbaum Pardo asumiera como la primera mujer en la Presidencia de México, su gobierno ha colocado la igualdad sustantiva, el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y los cuidados dentro de la agenda institucional.

Durante este periodo se modificó la Constitución para incorporar la igualdad sustantiva y el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia; se creó la Secretaría de las Mujeres y se impulsaron reformas a leyes secundarias relacionadas con igualdad, violencia, justicia y brecha salarial.

Sin embargo, el segundo aniversario del gobierno federal también ocurre en medio de preguntas sobre qué recursos tendrán esas políticas, cómo llegarán al territorio y cuándo los cambios legales se traducirán en condiciones concretas para las mujeres.

El presupuesto para 2027, la operación de los refugios, la construcción de un sistema nacional de cuidados, la prevención de las violencias y el acceso efectivo a la justicia forman parte de los pendientes que marcarán la segunda mitad del sexenio.

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Las y los presidentes de México solo pueden tener una bandera, una patria y un pueblo al que deben representar y rendir cuentas. pic.twitter.com/rDAfo8airK— Claudia Sheinbaum Pardo (@Claudiashein) September 30, 2026

De los derechos reconocidos a su cumplimiento

Uno de los principales cambios durante los primeros dos años de gobierno ocurrió en el terreno normativo.

En noviembre de 2024 se publicó la reforma constitucional que modificó siete artículos de la Carta Magna para fortalecer la igualdad sustantiva de las mujeres. Entre otros aspectos, incorporó el derecho a una vida libre de violencias y estableció la obligación de garantizar que a trabajo igual corresponda salario igual.

Un mes después se reformaron siete leyes secundarias para armonizar el marco jurídico en materia de igualdad, violencia contra las mujeres, justicia y derechos laborales.

En 2025 también comenzó a operar la Secretaría de las Mujeres, creada como dependencia federal encargada de conducir y coordinar la política nacional en materia de mujeres, igualdad sustantiva y prevención, atención y erradicación de las violencias.

Para 2026, el gobierno federal puso en marcha el Programa Nacional de Proyectos Estratégicos para la Igualdad Sustantiva entre Mujeres y Hombres, con seis objetivos, 39 estrategias y 254 líneas de acción que involucran a 73 dependencias y entidades de la Administración Pública Federal.

El reto ahora es que este entramado institucional no se quede únicamente en leyes, programas y estructuras administrativas.

La propia presidenta ha reconocido que, pese a una reducción de los casos de feminicidio que atribuye a la estrategia de seguridad, estos delitos continúan ocurriendo y muchos siguen sin sanción.

Presupuesto para mujeres, uno de los pendientes

La discusión del Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 coloca en el centro una pregunta fundamental: ¿con cuánto dinero se implementarán las políticas destinadas a garantizar los derechos de las mujeres?

El gobierno federal ha propuesto para el próximo ejercicio un Anexo Transversal 31 para identificar recursos relacionados con el Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados. La propuesta contempla más de 475 mil millones de pesos, distribuidos en 74 acciones transversales, 56 programas presupuestarios y 22 ramos de la Administración Pública Federal.

El monto representa un esfuerzo por visibilizar recursos relacionados con los cuidados, pero también plantea el desafío de identificar cuánto de ese dinero corresponde efectivamente a políticas nuevas, cuánto ya se ejercía anteriormente y qué resultados concretos producirá para las mujeres.

La discusión presupuestaria también alcanza a los refugios para mujeres víctimas de violencia.

La Red Nacional de Refugios informó que el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 contempla 518.4 millones de pesos para refugios, frente a los 515 millones aprobados para 2026. Para la organización, el incremento nominal de 0.66 por ciento está por debajo de la inflación proyectada de 3 por ciento, por lo que no representaría un crecimiento real de los recursos.

Entre enero y agosto de 2026, la Red reportó la atención de 6 mil 84 mujeres, niñas, niños y adolescentes. También señaló que en 84 por ciento de los casos de niñas, niños y adolescentes atendidos, la persona agresora era la misma que ejercía violencia contra su madre.

La organización ha planteado que los recursos para refugios sean suficientes, progresivos, oportunos y trazables, además de que se reconozca su papel dentro de una política integral de cuidados y protección.

Los cuidados, del discurso a una política permanente

La creación de una política nacional de cuidados constituye otro de los grandes pendientes de la administración.

El gobierno federal ha reconocido que las tareas de cuidado recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres y ha comenzado a construir un Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados. En julio de 2026, la Secretaría de las Mujeres informó que inició una ruta de trabajo con los 32 DIF estatales y las Instancias de las Mujeres en las Entidades Federativas para avanzar en su implementación territorial.

Los datos disponibles muestran por qué esta política resulta central.

La Encuesta Nacional sobre Uso del Tiempo 2024, del INEGI, documentó que las mujeres continúan teniendo una participación mayor que los hombres en distintas formas de trabajo no remunerado. En ese año, 51.1 por ciento de las mujeres participó en actividades de cuidado de integrantes del hogar, frente a 43 por ciento de los hombres.

Además, el trabajo doméstico y de cuidados tiene un peso económico que permanece mayoritariamente sostenido por las mujeres. El INEGI estimó que, en 2024, cada mujer aportó al bienestar de su hogar el equivalente a 82 mil 339 pesos anuales por el trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados.

Por ello, uno de los desafíos para la segunda mitad del sexenio será pasar de reconocer los cuidados como un derecho y una responsabilidad social a garantizar servicios públicos suficientes, accesibles y con cobertura territorial.

Más atención, pero todavía no suficiente cobertura

En materia de atención a las violencias, la Secretaría de las Mujeres reportó para 2026 la operación de mil un Centros LIBRE, distribuidos en el 40 por ciento de los municipios del país.

La dependencia informó que estos espacios habían atendido a más de medio millón de mujeres mediante más de un millón de servicios gratuitos. También reportó acciones relacionadas con la Línea de las Mujeres 079, una Red de Abogadas de las Mujeres y la articulación con Centros de Justicia y refugios.

La expansión de servicios representa un cambio institucional relevante, pero el dato de cobertura territorial también muestra el tamaño del desafío: los Centros LIBRE alcanzan actualmente a cuatro de cada diez municipios, por lo que todavía existe una parte importante del territorio sin esta presencia directa.

En el caso de los refugios, durante 2026 se otorgaron subsidios a 90 proyectos especializados para mujeres víctimas de violencia, sus hijas e hijos, con una asignación federal de 515 millones 33 mil 87 pesos.

El pendiente será garantizar que estos servicios puedan sostenerse y ampliarse, particularmente en contextos donde las mujeres enfrentan violencia extrema y requieren protección especializada.

Autonomía económica y brechas que persisten

La igualdad jurídica tampoco elimina por sí misma las desigualdades económicas.

Los datos del CONEVAL muestran que la división sexual del trabajo continúa condicionando las oportunidades económicas de las mujeres. En su sistema de indicadores sobre pobreza y género, con información hasta 2022, el organismo documentó que las mujeres dedicaban más tiempo al trabajo doméstico no remunerado y menos al empleo remunerado que los hombres.

El mismo análisis identificó diferencias en ingresos, seguridad social y participación laboral, particularmente entre mujeres en situación de pobreza.

Estos indicadores corresponden a un periodo previo al actual gobierno y no permiten atribuir esos resultados directamente a la administración de Sheinbaum. Sí muestran, en cambio, la dimensión estructural de las brechas que las políticas públicas deben modificar.

La reforma constitucional que reconoce el principio de salario igual por trabajo igual establece una base jurídica, pero su cumplimiento requiere mecanismos de vigilancia, transparencia salarial, acceso a empleos formales y políticas que permitan que las mujeres puedan incorporarse y permanecer en el mercado laboral sin que los cuidados recaigan exclusivamente sobre ellas.

El reto para la segunda mitad del sexenio

El gobierno de Claudia Sheinbaum llega a sus dos primeros años con un andamiaje institucional más amplio para las políticas de igualdad: una Secretaría de las Mujeres, reformas constitucionales y legales, un programa nacional de igualdad, Centros LIBRE y una ruta para construir el Sistema Nacional y Progresivo de Cuidados.

Pero la segunda mitad del sexenio plantea un desafío distinto: demostrar que esos cambios pueden transformar las condiciones cotidianas de las mujeres.

Eso implica presupuesto suficiente y progresivo para refugios y servicios de atención; presencia territorial; prevención y sanción efectiva de las violencias; acceso a la justicia; corresponsabilidad en los cuidados; y condiciones económicas que permitan a las mujeres ejercer su autonomía.

La propia información gubernamental reconoce que la construcción del sistema de cuidados apenas se encuentra en una etapa de implementación territorial.

De las brigadas del 68 a las colectivas feministas

 

Cada 2 de octubre, la memoria del movimiento estudiantil de 1968 vuelve a las calles. La fecha recuerda la masacre de Tlatelolco, pero también permite mirar hacia quienes participaron en aquella movilización y cuya presencia durante décadas quedó relegada en los relatos históricos.

Las mujeres estuvieron ahí.

Fueron brigadistas, participaron en asambleas y mítines, repartieron volantes, recaudaron dinero, realizaron tareas de difusión y contribuyeron a mantener la organización estudiantil en las calles.

Sin embargo, su participación no siempre tuvo el mismo reconocimiento que la de sus compañeros hombres.

La propia Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) ha documentado que las estudiantes participaron activamente en el movimiento, aunque muchas veces sus tareas quedaron opacadas por el protagonismo masculino. Dentro de las organizaciones mixtas también se reprodujeron roles de género: a algunas mujeres se les asignaban actividades de cuidado, preparación de alimentos y limpieza, mientras que eran menos quienes llegaban a los espacios de toma de decisiones.

Mujeres que también hicieron posible el movimiento del 68

Las brigadas fueron uno de los principales espacios de participación. Las estudiantes salían a las calles para explicar las demandas del movimiento, repartir propaganda y buscar respaldo entre la población.

Una de ellas fue Alcira Soust Scaffo, poeta uruguaya que participó en las brigadas y repartía volantes y poemas. Durante la ocupación militar de Ciudad Universitaria permaneció escondida varios días en los baños de la Torre de Humanidades.

La participación femenina también quedó registrada en los archivos universitarios.

Este 2026, el Archivo Histórico de la UNAM recuperó la historia de cinco mujeres que ayudaron a preservar documentos del movimiento. Ana Ortiz de Ruiz y Esther Montero, estudiantes y activistas, reunieron volantes y carteles; Justina Lory Méndez Martínez documentó fotográficamente asambleas y manifestaciones de su Facultad de Medicina; Ethel Villanueva fotografió un mural realizado por estudiantes y Ana Rosa Carreón recopiló material hemerográfico durante los años en que estuvo al frente del Archivo Histórico.

Sus archivos permiten mirar el 68 desde una perspectiva distinta: no solamente desde sus dirigentes o desde la represión del 2 de octubre, sino también desde quienes participaron en la organización cotidiana y conservaron su memoria.

La experiencia también transformó a las estudiantes

El movimiento estudiantil representó para muchas jóvenes una experiencia de participación política que cuestionó los papeles tradicionales asignados a las mujeres.

Pero también evidenció sus límites.

La historiadora Marta Lamas ha documentado que, aunque las mujeres participaron en distintos niveles del movimiento, fueron mayoría en las brigadas, tuvieron menor presencia en las asambleas y fueron pocas las que llegaron al Consejo Nacional de Huelga.

Esa experiencia contribuyó posteriormente a la formación de organizaciones feministas. La Coordinación para la Igualdad de Género de la UNAM señala que, después del 68, algunas de las mujeres que participaron en el movimiento formaron grupos propios, entre ellos Mujeres en Acción Solidaria, creado en 1971.

Así, la participación estudiantil también se convirtió en una puerta hacia nuevas formas de organización política de las mujeres.

De las brigadas a las colectivas feministas

Más de cinco décadas después, las estudiantes continúan utilizando la organización colectiva para cuestionar las condiciones dentro de las universidades.

Un ejemplo se encuentra en la propia UNAM.

Durante el proceso de organización feminista de 2019 y 2020, estudiantes impulsaron paros y espacios separatistas para denunciar la violencia de género y exigir transformaciones institucionales. En 2025, durante un conversatorio sobre estos procesos, participantes recordaron que las asambleas mixtas también podían reproducir violencia política de género y relegar las demandas de las mujeres.

La desaparición de la estudiante Mariela Vanessa Díaz, así como otras experiencias de violencia dentro de la comunidad universitaria, fueron señaladas como parte de los acontecimientos que impulsaron la organización de mujeres en espacios autónomos.

El activismo estudiantil feminista consiguió colocar la violencia de género como un problema que también debía ser atendido dentro de las instituciones educativas.

La UNAM reconoce que las movilizaciones de mujeres organizadas contribuyeron a impulsar transformaciones estructurales y normativas y a la creación de la Coordinación para la Igualdad de Género (CIGU).

Los retos siguen dentro de las universidades

La organización de las estudiantes ha producido cambios, pero no significa que la violencia y las desigualdades hayan desaparecido.

En 2025, la UNAM reconoció que todavía es necesario fortalecer la prevención y atención de la violencia de género, así como las estructuras responsables de atender estos casos. La institución también señaló como tareas pendientes la construcción de espacios universitarios seguros y el fortalecimiento de las redes comunitarias contra la violencia y la discriminación.

El reto, entonces, no es solamente que las mujeres puedan participar.

También implica que puedan hacerlo sin ser silenciadas, sexualizadas o violentadas y que sus demandas tengan un lugar efectivo en las decisiones de las instituciones.

La experiencia de las estudiantes de 1968 muestra que las mujeres no llegaron recientemente a los movimientos sociales. Ya estaban en las calles, en las brigadas, en las asambleas y documentando lo que ocurría.

Las estudiantes de hoy continúan esa historia, aunque sus demandas se han transformado.

De exigir libertades políticas y enfrentar la represión, las nuevas generaciones han pasado también a cuestionar la violencia de género, el acoso, la discriminación y las desigualdades que persisten dentro de los espacios educativos.

A 58 años del 2 de octubre, recuperar la participación de las mujeres permite ampliar la memoria de aquel movimiento y reconocer una continuidad: las estudiantes no solamente han sido parte de las transformaciones universitarias; también han impulsado algunas de las preguntas que obligan a las instituciones a cambiar.

La historia del 68, vista desde las mujeres, no termina en Tlatelolco. Continúa en cada asamblea, cada colectiva y cada estudiante que decide organizarse para disputar un espacio en el que también tiene derecho a participar, decidir y ser escuchada.

Edomex avanza en sanciones de hasta 36 años por violencia ácida contra mujeres

 

Las comisiones del Congreso del Estado de México aprobaron reformas para incrementar las sanciones contra quienes ejerzan violencia ácida o química contra mujeres, niñas y adolescentes, con penas que podrían alcanzar hasta 36 años de prisión en los casos de mayor gravedad.

El dictamen fue avalado el 28 de septiembre por las comisiones legislativas y plantea modificaciones al Código Penal del Estado de México y a la Ley de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia. Sin embargo, la reforma todavía deberá ser discutida y votada por el Pleno del Congreso mexiquense antes de entrar en vigor.

La propuesta deriva de distintas iniciativas presentadas por las diputadas Zaira Cedillo Silva y Nelly Brígida Rivera Sánchez, de Morena; por integrantes del PRD, así como de una iniciativa ciudadana impulsada por la Fundación Carmen Sánchez y mujeres sobrevivientes de violencia química.

¿Qué sanciones plantea la reforma por violencia ácida?

El dictamen contempla sanciones diferenciadas de acuerdo con las consecuencias de la agresión y las circunstancias en las que ocurra.

De acuerdo con el Congreso mexiquense, las penas podrían llegar hasta 36 años de prisión cuando el ataque ponga en peligro la vida de la víctima y además sea cometido por una persona servidora pública o por alguien con quien exista una relación de parentesco, convivencia sentimental o afectiva, laboral, docente, de subordinación, confianza o responsabilidad y cuidado.

La propuesta busca incorporar de manera expresa la violencia ácida o química dentro de las conductas sancionadas por la legislación estatal. Entre las sustancias contempladas se encuentran ácidos, sustancias corrosivas, químicos y otros agentes capaces de provocar lesiones.

Una de las consecuencias consideradas por la reforma es la desfiguración permanente o la pérdida de un órgano, circunstancias que implicarían un incremento de las sanciones.

El Congreso estatal informó que el objetivo es fortalecer la respuesta institucional frente a ataques que afectan de manera grave la integridad física de las mujeres.

Violencia ácida: una agresión que puede dejar daños permanentes

Los ataques con sustancias corrosivas no sólo pueden provocar lesiones inmediatas. Las sobrevivientes pueden enfrentar quemaduras profundas, cicatrices, pérdida de órganos o funciones corporales y alteraciones permanentes en su apariencia.

Por ello, organizaciones y sobrevivientes han insistido en que la respuesta institucional no puede limitarse al castigo penal.

Durante el proceso legislativo en el Estado de México, activistas como Carmen Sánchez y Ximena Canseco señalaron la necesidad de que estos casos sean investigados adecuadamente y de que las víctimas tengan acceso a una atención integral.

La discusión sobre la violencia química también ha incluido la necesidad de garantizar atención médica especializada, acompañamiento jurídico, reparación integral del daño y medidas que permitan a las sobrevivientes reconstruir sus proyectos de vida.

 Avanzan reformas para incrementar sanciones por violencia ácida

•En comisiones unidas del #CongresoEdomex se avalaron reformas que permitirían alcanzar sanciones de hasta 36 años de prisión para quien cometa el delito de violencia ácida o química contra mujeres.
•La pena… pic.twitter.com/xW3UUuTldg— Congreso del Estado de México (@CongresoEdomex) September 29, 2026

Sobrevivientes piden una respuesta más allá de las penas

El avance legislativo ocurre después de meses de discusión sobre cómo debe reconocerse y sancionarse este tipo de violencia en la entidad.

En abril de 2026, durante un foro realizado en el Congreso mexiquense, sobrevivientes, activistas, instituciones y personas defensoras de derechos humanos plantearon la necesidad de reconocer la violencia ácida o química y establecer mecanismos específicos para enfrentarla.

La Fundación Carmen Sánchez ha participado en este proceso legislativo junto con mujeres sobrevivientes de ataques con sustancias químicas. Una de las propuestas ciudadanas analizadas por el Congreso fue presentada desde noviembre de 2025.

El debate también ha puesto sobre la mesa una diferencia relevante: mientras algunas propuestas buscaban crear un delito autónomo de violencia ácida o química, el dictamen aprobado en comisiones optó por incorporarla como una forma agravada del delito de lesiones.

¿Qué sigue para la reforma en Edomex?

El dictamen aprobado por las comisiones legislativas deberá ser llevado al Pleno del Congreso del Estado de México, donde las y los legisladores deberán votar las modificaciones.

Por ahora, los 36 años de prisión corresponden a la pena máxima prevista en el dictamen, no a una sanción que ya se encuentre vigente.

El avance representa un nuevo paso en la discusión sobre cómo sancionar los ataques con sustancias corrosivas contra mujeres, pero la atención a las sobrevivientes permanece como uno de los temas centrales: además de investigar y sancionar a los agresores, las políticas públicas deben contemplar atención médica especializada, acompañamiento y reparación integral para quienes enfrentan las consecuencias de una agresión que puede modificar sus vidas de manera permanente.

Mujeres y niñas enfrentan impactos diferenciados ante la desaparición forzada: ONU

 

El Comité contra la Desaparición Forzada de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) reconoció la desaparición forzada de mujeres y niñas como una de las formas más brutales de violencia de género y llamó a los Estados a responder con perspectiva de género e interseccional.

En su Observación general núm. 2 (2026), relativa al impacto de la desaparición forzada en mujeres y niñas, el Comité señala que este crimen tiene consecuencias diferenciadas para ellas, tanto cuando son víctimas directas como cuando se convierten en buscadoras de familiares desaparecidos.

El documento, fechado el 24 de septiembre de 2026, fue elaborado a partir de cinco consultas regionales y más de 130 contribuciones de Estados, organizaciones de la sociedad civil, academia e individuos.

Desaparición de mujeres ocurre en contextos de violencia de género

De acuerdo con el Comité, las desapariciones forzadas de mujeres y niñas se producen en contextos de múltiples violencias preexistentes vinculadas con la discriminación estructural de género.

El organismo señala que pueden ocurrir durante conflictos armados, situaciones de represión estatal, violencia política, inseguridad y movilidad humana, así como en contextos de persecución y contra mujeres defensoras de derechos humanos, periodistas, activistas y opositoras políticas.

Además, advierte que las mujeres y niñas pueden ser sometidas durante su desaparición a violencia sexual, trata, esclavitud sexual y trabajo forzoso. En las rutas migratorias controladas por grupos armados también pueden enfrentar violencia de género y explotación sexual.

El Comité destaca que la tecnología puede ser utilizada para facilitar la captación de mujeres y niñas con fines de explotación o trata, así como para encubrir una desaparición mediante contenido manipulado o generado con inteligencia artificial.

Falta de datos invisibiliza las desapariciones

Uno de los problemas señalados por el organismo internacional es la falta de información confiable sobre mujeres y niñas desaparecidas forzadamente.

El Comité identifica distintas causas: ausencia de registros únicos con datos desglosados por sexo y edad; falta de tipificación adecuada de la desaparición forzada; inexistencia de bancos de datos genéticos suficientes; clasificación de casos bajo otros delitos y un alto subregistro.

A ello se suman barreras lingüísticas, culturales, económicas y geográficas, además de estereotipos que pueden llevar a considerar que una mujer o adolescente se ausentó voluntariamente.

La respuesta institucional también puede verse afectada por prejuicios sobre la vida personal, sexual o social de las víctimas. El Comité advierte que estas prácticas pueden retrasar la búsqueda, culpabilizar a las mujeres y normalizar formas extremas de violencia de género.

Por ello, plantea que los Estados deben contar con registros unificados, actualizados e interoperables y publicar estadísticas desglosadas y anonimizadas. Estos registros deben incorporar información como sexo, edad, nacionalidad, origen étnico, discapacidad, situación migratoria, lugar y circunstancias de la desaparición.

Mujeres buscadoras enfrentan una triple carga

La Observación General también pone el foco en las mujeres que buscan a sus familiares.

El Comité reconoce que, ante la falta de respuestas estatales y la impunidad, son principalmente las mujeres quienes asumen las labores de búsqueda, en parte debido a los roles de cuidado que históricamente les han sido asignados.

El organismo reconoce a las mujeres buscadoras como defensoras de derechos humanos y constructoras de paz, y señala que su labor trasciende el ámbito familiar al contribuir a la verdad, la justicia, la reparación y las garantías de no repetición.

Pero esa búsqueda también tiene consecuencias económicas, laborales y personales. Las mujeres pueden convertirse en el principal sostén económico del hogar, asumir tareas de cuidado y, al mismo tiempo, buscar a la persona desaparecida. El Comité define esta situación como una triple carga: cuidados, responsabilidades laborales y búsqueda.

Además, las buscadoras enfrentan amenazas, hostigamiento, vigilancia, represalias y violencia. En los casos más graves, estas agresiones pueden llegar al secuestro, asesinato o desaparición forzada con el objetivo de detener la búsqueda.

El Estado debe buscar de inmediato

La Observación establece que la búsqueda de una mujer o niña desaparecida debe comenzar sin dilación, sin imponer plazos de espera ni trasladar la responsabilidad a las familias.

El Comité pide activar mecanismos de alerta temprana desde el reporte de la desaparición, incluso cuando todavía no exista una denuncia penal. También señala que la búsqueda debe realizarse bajo la presunción de vida y considerando el riesgo agravado de que las mujeres y niñas sean víctimas de violencia de género, sexual o feminicida durante las primeras horas.

La participación de las mujeres buscadoras, subraya el organismo, no libera al Estado de su obligación. Por el contrario, las autoridades deben proporcionarles seguridad, acompañamiento médico y psicosocial, herramientas para evaluar sus riesgos y apoyo para evitar que los costos materiales y organizativos de la búsqueda recaigan sobre ellas.

El Comité también pide investigar las desapariciones junto con otras posibles violencias, como violencia sexual y reproductiva, feminicidio, trata de personas y apropiación de niñas y niños. Las investigaciones, señala, deben desarrollarse sin estereotipos de género y de manera coordinada con la búsqueda.

En ese sentido, la Observación General plantea una obligación que va más allá de localizar a una persona: los Estados deben prevenir, buscar, investigar, sancionar y reparar las desapariciones forzadas de mujeres y niñas, además de proteger a quienes las buscan.

El Comité sostiene que cumplir estas obligaciones requiere instituciones con personal especializado, recursos técnicos, financieros y logísticos, así como capacitación obligatoria y permanente para autoridades policiales, militares, médicas, judiciales, fiscales, forenses y de frontera.

La Observación concluye que combatir la desaparición forzada de mujeres y niñas exige transformar los estereotipos y las prácticas institucionales que permiten que la búsqueda y la exigencia de justicia recaigan sobre ellas.

Trabajadoras del hogar: la formalidad no llega y la brecha salarial se profundiza

 Escrito por Georgina Monroy Vázquez 

El trabajo del hogar remunerado dejó de ser, al menos en la legislación, una excepción al derecho laboral mexicano. La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) declaró inconstitucional su exclusión de la seguridad social, el Congreso reformó la Ley Federal del Trabajo en 2019 y México ratificó el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo en 2020.

Sin embargo, el reconocimiento legal no se ha traducido en condiciones laborales equivalentes.

El informe «Sosteniendo el cambio, por un trabajo justo para las trabajadoras del hogar de México« de UNIDAS aborda las condiciones de las trabajadoras del hogar donde el 96.6% del sector permanece en la informalidad, mientras apenas 1.6% de las personas ocupadas cuenta con contrato escrito. Entre las mujeres, la proporción es todavía menor: sólo 1% tiene contrato, frente a 9% de los hombres.

El estudio, elaborado a partir de microdatos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), registros del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), solicitudes de información y trabajo cualitativo con organizaciones de trabajadoras, plantea una distancia persistente entre los derechos reconocidos en la ley y su ejercicio efectivo.

Durante la presentación del informe estuvieron presentes, Verónica Rodríguez, Consultora Programática de Fundación Avina; Néstor Génis, Coordinador de Inclusión y Desarrollo Sostenible de Ethos Innovación en Políticas Públicas; Gabriela Alejandra Rodríguez Cárdenas de Lúminas; María de la Luz Padua Orihuela de SINACTRAHO y Mercedes Ramírez, Oficial de Análisis e Incidencia de ProDESC.

La paradoja de la formalidad patronal

Uno de los hallazgos que plantea el informe es una contradicción en los hogares que contratan trabajo doméstico.

De acuerdo con la investigación, 73.3% de las personas empleadoras cuenta con estudios de nivel medio superior o superior y cerca de ocho de cada 10 tienen un empleo formal. Entre quienes son personas subordinadas, nueve de cada 10 cuentan con contrato escrito y reciben al menos una prestación de ley.

En contraste, las personas que trabajan en sus hogares enfrentan condiciones muy diferentes: su ingreso mediano ronda los 5 mil 160 pesos mensuales, frente a unos 20 mil pesos de las personas empleadoras.

El informe denomina a esta situación “la paradoja de la formalidad patronal”: personas que conocen y ejercen derechos laborales en sus propios empleos reproducen dentro de sus hogares relaciones de informalidad y desprotección.

La investigación señala que el incumplimiento no puede explicarse únicamente por desconocimiento de la ley o incapacidad económica. También identifica barreras culturales y una percepción del trabajo del hogar como una relación personal o familiar, en lugar de un vínculo laboral con obligaciones patronales.

La expresión “eres parte de la familia”, documentada en los testimonios, adquiere así una dimensión laboral: la cercanía se utiliza para desdibujar la relación de trabajo, pero los derechos dejan de ser reconocidos precisamente cuando deben hacerse efectivos.

Condiciones laborales: la mayoría no recibe prestaciones

La falta de contratos es sólo una parte del problema.

El informe señala que 60.69% de las personas trabajadoras del hogar no recibe ninguna prestación de ley. La desigualdad también aparece entre hombres y mujeres: mientras alrededor de 53 de cada 100 hombres reciben alguna prestación, entre las mujeres la proporción es de apenas 38 de cada 100.

Las consecuencias se extienden a derechos como vacaciones, seguridad social, vivienda y retiro.

En un sector donde 84.53% de las mujeres son madres, únicamente 6 mil 859 trabajadoras tienen acceso a una guardería. Además, aunque las aportaciones al INFONAVIT son obligatorias desde 2024, la intermitencia de los empleos y las bajas cotizaciones dificultan que las trabajadoras acumulen el puntaje necesario para acceder a una vivienda.

El retiro representa una de las mayores deudas: sólo 0.73% de las trabajadoras cuenta con un fondo de retiro, frente a 9% de los hombres del sector. Y como las semanas de cotización no pueden recuperarse retroactivamente, el informe advierte que se trata de una pérdida acumulada durante décadas.

El problema adquiere mayor dimensión porque 54.3% de las trabajadoras tiene más de 45 años. Es decir, una parte importante del sector se acerca al final de su vida laboral sin una protección suficiente para la vejez.

Una brecha salarial de 34.8% entre mujeres y hombres

Las desigualdades también aparecen en los ingresos.

El ingreso promedio mensual de las personas trabajadoras del hogar es de 6 mil pesos, pero existe una diferencia considerable por sexo: los hombres reciben en promedio 8 mil 855 pesos mensuales y las mujeres 5 mil 770 pesos.

Esto representa una brecha salarial mensual de 34.8%.

Cuando se observa el ingreso por hora, la diferencia disminuye: los hombres reciben 57.71 pesos por hora y las mujeres 53.73, una brecha de 6.9%.

La diferencia entre ambos indicadores es relevante porque muestra que el problema no está únicamente en cuánto se paga por una hora de trabajo, sino también en cuántas horas remuneradas pueden acumular las mujeres.

El informe identifica dos factores principales: la segregación ocupacional y la carga de trabajo de cuidados no remunerado.

Mientras 77% de los hombres se desempeña en ocupaciones consideradas especializadas —como conducción, jardinería o vigilancia—, sólo 14% de las mujeres realiza actividades fuera del trabajo doméstico general o de cuidados.

A esto se suma la diferencia en los días trabajados: los hombres laboran de manera remunerada 5.11 días por semana en promedio, frente a 4.17 días de las mujeres. La investigación vincula esta diferencia con la carga desproporcionada de cuidados que ellas realizan en sus propios hogares.

Así, la llamada “flexibilidad” del trabajo del hogar puede convertirse en una trampa: jornadas fragmentadas que permiten conciliar responsabilidades familiares, pero que también reducen el ingreso y dificultan el acceso a la seguridad social.

Tres años de esquema obligatorio: estancamiento y una brecha que crece

En 2023 comenzó el esquema de incorporación obligatoria de las personas trabajadoras del hogar al IMSS. Tres años después, el número de afiliaciones prácticamente no ha crecido.

El seguimiento realizado por el informe entre mayo de 2023 y junio de 2026 muestra que la afiliación se mantuvo entre 57 mil y 63 mil personas, menos de 3% del sector.

La situación es todavía más desigual para las mujeres.

Aunque representan 91.9% del sector, las mujeres concentran entre 65% y 68% de las afiliaciones al IMSS. Su participación, además, ha disminuido gradualmente durante el periodo analizado.

Pero el dato que más llama la atención es la evolución de la brecha salarial dentro del propio esquema de seguridad social.

El salario base de cotización casi se duplicó para mujeres y hombres, pero la diferencia entre ambos se cuadruplicó: pasó de oscilar entre 2% y 5% a finales de 2023 a superar 20% de manera sostenida desde 2025.

Es decir, la incorporación obligatoria al IMSS no sólo no alcanzó a la mayoría del sector: dentro del universo que sí logró incorporarse, la distancia salarial entre hombres y mujeres se amplió.

La formalidad tampoco garantiza una cobertura completa

El informe identifica además problemas en el propio diseño del esquema de seguridad social.

Cuando las trabajadoras cotizan bajo la modalidad “por día”, la cobertura médica puede quedar limitada a los días registrados como laborados. Esto resulta particularmente problemático para un sector caracterizado por jornadas parciales y empleos distribuidos entre distintos hogares.

La investigación también señala un sobrecosto en esta modalidad: el pago por día es superior al equivalente diario de una cotización mensual, debido a la incorporación proporcional de descansos y vacaciones, pero ese costo adicional no se traduce necesariamente en más días de atención médica efectiva.

El resultado es una paradoja adicional: la formalización existe en la norma, pero el diseño institucional no siempre se adapta a la forma en que realmente trabajan las mujeres del sector.

Una informalidad que también tiene un costo para el Estado

La exclusión laboral no sólo tiene consecuencias para las trabajadoras.

El informe estima que, considerando aproximadamente 2.24 millones de trabajadoras no afiliadas, la recaudación patronal no percibida alcanza 46 mil 88 millones de pesos anuales sólo por cuotas del IMSS.

Al sumar las aportaciones obligatorias al INFONAVIT, la estimación asciende a 56 mil 671 millones de pesos al año. Se trata de una estimación mecánica basada en los patrones de jornada observados y las tarifas vigentes, por lo que el propio documento advierte sus alcances.

Para las autoras y autores del informe, esta situación genera una transferencia de costos: las trabajadoras absorben gastos de salud, maternidad y vejez con salarios bajos, mientras el Estado termina destinando recursos públicos para atender parte de las consecuencias de esa desprotección.

Un trabajo que sostiene los cuidados, pero permanece invisible

Detrás de las cifras laborales existe otra dimensión: las trabajadoras del hogar también sostienen sus propias familias.

Una trabajadora dedica en promedio 26.62 horas semanales a labores domésticas y de cuidados no remunerados en su propio hogar, además de su trabajo remunerado. Las personas empleadoras destinan 14.05 horas a esas mismas tareas.

Por cada hora que una persona empleadora dedica al trabajo doméstico y de cuidados en su casa, una trabajadora del hogar dedica 1.89 horas.

El informe plantea que la contratación de trabajo del hogar no elimina la carga de cuidados de la sociedad: la desplaza hacia hogares con menores ingresos, donde las mujeres vuelven a absorberla sin remuneración.

Por ello, las condiciones laborales de quienes limpian, cocinan y cuidan en otros hogares no pueden analizarse únicamente como un problema de empleo. También forman parte de la crisis de cuidados y de la desigual distribución del tiempo y los recursos entre mujeres.

El documento concluye que el avance normativo de la última década no ha sido suficiente para transformar las condiciones materiales del sector. Con 96.6% de informalidad y una afiliación al IMSS estancada, la investigación identifica una brecha entre el reconocimiento de derechos y las condiciones reales para ejercerlos.

En ese sentido, el reto no se limita a que las trabajadoras conozcan sus derechos. El informe plantea la necesidad de modificar los mecanismos de inspección, registro patronal, afiliación, justicia laboral y protección social para que el cumplimiento deje de depender de la voluntad de quienes contratan.

Caso Cornell: protestas y presión pública llevan a universidad a revisar denuncia de violación grupal

 

La Universidad de Cornell, en Nueva York, designó este martes a Sally Yates, exvicefiscal general de Estados Unidos, para encabezar una revisión independiente sobre la manera en que la institución respondió a las denuncias de violencia sexual en el campus, después de la controversia generada por la denuncia de una violación grupal ocurrida en 2024.

El nombramiento ocurre después de semanas de presión pública sobre la universidad, una demanda civil presentada por la denunciante, la reapertura de la investigación penal y una manifestación multitudinaria realizada el lunes 5 de octubre por estudiantes y miembros de la comunidad universitaria.

Yates deberá revisar cómo Cornell investiga las denuncias de agresión y acoso sexual, sus procedimientos disciplinarios, la actuación de la policía universitaria y la supervisión de las fraternidades y otras organizaciones estudiantiles. La revisión tendrá carácter independiente y será supervisada por un comité especial de la Junta de Síndicos de Cornell.

El caso se remonta a octubre de 2024, cuando una estudiante identificada públicamente como Jane Doe denunció haber sido agredida sexualmente por varios integrantes de la fraternidad Chi Phi.

¿Qué pasó con la denuncia de violación grupal en Cornell?

19 de octubre de 2024: ocurre la agresión

Jane Doe sostiene que durante la madrugada del 19 de octubre de 2024 fue víctima de una agresión sexual en la casa de la fraternidad Chi Phi, en Ithaca, Nueva York.

Según su denuncia posterior, se encontraba intoxicada y fue presionada para consumir alcohol y drogas. La joven sostiene que perdió la capacidad para consentir y que fue agredida sexualmente por varios estudiantes.

Noviembre de 2024: denuncia ante la policía de Cornell

Tres semanas después de los hechos, la estudiante acudió ante la policía de la Universidad de Cornell y rindió entrevistas durante dos días.

De acuerdo con transcripciones que posteriormente fueron conocidas por medios estadounidenses, Jane Doe describió la agresión y afirmó ante los investigadores que podía decir con certeza que había sido violada. También habló de coerción y de su estado de intoxicación.

Cornell abrió entonces una investigación bajo el procedimiento de Title IX, mientras las autoridades locales analizaban si existían elementos para presentar cargos penales.

Cornell students took to a campus plaza to protest the university’s response to allegations of sexual assault at a fraternity house, and the school’s main administration building was splashed with graffiti and damaged overnight. pic.twitter.com/8NLjI3dcg2— The Associated Press (@AP) October 6, 2026

2024-2025: Cornell sanciona a estudiantes y cierra Chi Phi

La universidad llevó a cabo una investigación interna que terminó con diferentes sanciones para los estudiantes señalados.

Dos fueron expulsados y otros recibieron suspensiones u otras medidas disciplinarias. La fraternidad Chi Phi fue suspendida y posteriormente cerrada en el campus.

Sin embargo, la investigación penal no avanzó inicialmente hacia la presentación de cargos.

Septiembre de 2026: una demanda vuelve a poner el caso bajo los reflectores

El 16 de septiembre de 2026, Jane Doe presentó una demanda civil contra la Universidad de Cornell, los siete estudiantes señalados y otras personas e instituciones relacionadas con el caso.

La demanda, de más de 100 páginas, cuestionó la actuación de la universidad y aportó nuevos detalles sobre lo ocurrido durante la noche de octubre de 2024 y sobre la respuesta institucional posterior.

La demanda hizo que un caso que permanecía prácticamente fuera de la conversación pública volviera a ocupar titulares nacionales en Estados Unidos.

28 de septiembre: se reabre la investigación penal

Después de la presentación de la demanda, la Fiscalía del condado de Tompkins anunció que revisaría nuevamente las acusaciones.

El caso había sido inicialmente cerrado sin cargos, pero la aparición de nueva información provocó que las autoridades retomaran la investigación.

La decisión también puso bajo escrutinio la manera en que la Fiscalía había recibido y analizado la información proporcionada por la policía de Cornell.

Nueva York interviene en el caso Cornell

1 de octubre: Letitia James es nombrada fiscal especial

La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, decidió retirar el caso de las autoridades locales y designó a la fiscal general del estado, Letitia James, como fiscal especial.

La orden ejecutiva señala que existían dudas sobre la investigación inicial, entre ellas que la Fiscalía del condado había decidido no presentar cargos sin entrevistar directamente a Jane Doe y utilizando, al menos en parte, un resumen de su declaración ante la policía universitaria que presuntamente no incluía algunos elementos de su relato.

James confirmó que su oficina realizará una investigación criminal y determinará, con base en las pruebas y la legislación aplicable, si corresponde presentar cargos.

El caso también reavivó el debate sobre las leyes de Nueva York relacionadas con intoxicación y consentimiento sexual, particularmente sobre las dificultades para procesar agresiones cuando la persona había consumido voluntariamente alcohol o drogas.

5 de octubre: estudiantes protestan en Cornell

La presión sobre la universidad aumentó el lunes, cuando cientos de estudiantes, profesores y miembros de la comunidad participaron en una protesta dentro del campus.

Las personas manifestantes exigieron justicia para Jane Doe, mayores sanciones contra los estudiantes señalados, cambios en los protocolos de violencia sexual y una revisión de las políticas de Cornell.

También hubo llamados a la renuncia del presidente de la universidad, Michael Kotlikoff, cuya administración ha quedado bajo fuerte escrutinio.

La protesta se produjo después de que aparecieran pintas contra la universidad y daños en una de las instalaciones administrativas del campus.

NOW: Thousands march through Cornell University campus, demanding Justice for Jane Doe and "Tear Down the Fkn Frats!" pic.twitter.com/es7v60IIFU— Oliya Scootercaster  (@ScooterCasterNY) October 5, 2026

6 de octubre: Cornell designa a Sally Yates

Este martes, la Universidad de Cornell anunció que Sally Yates encabezará una revisión independiente de su actuación frente a las denuncias de violencia sexual.

Yates fue vicefiscal general de Estados Unidos entre 2015 y 2017 y previamente se desempeñó como fiscal federal en Atlanta. También encabezó una investigación independiente sobre denuncias de abuso y conducta sexual inapropiada en la National Women’s Soccer League, que concluyó en 2022 con hallazgos de abuso sistémico.

La investigación en Cornell analizará no solamente el caso de Jane Doe, sino los procedimientos institucionales para prevenir y responder a denuncias de acoso y agresión sexual.

La universidad ha reconocido que enfrenta un momento crítico. Su presidente, Michael Kotlikoff, calificó el caso como un “momento definitorio” para Cornell y afirmó que la institución debe mejorar su respuesta.

¿Qué investigaciones siguen abiertas en el caso Cornell?

Actualmente, el caso tiene varias vías paralelas.

Por un lado, continúa la demanda civil presentada por Jane Doe contra Cornell, los siete estudiantes señalados y otras partes.

Por otro, la Fiscalía General de Nueva York, encabezada por Letitia James como fiscal especial, lleva la investigación criminal sobre los hechos ocurridos en 2024.

Finalmente, Cornell tendrá una revisión independiente, encabezada por Sally Yates, sobre la manera en que la universidad investigó y respondió a las denuncias.

Por ahora, no se han presentado cargos penales contra los estudiantes señalados. El proceso permanece abierto y las acusaciones deberán ser determinadas conforme a las investigaciones correspondientes.

Abortar en prisión: mujeres privadas de la libertad, una población olvidada

 Mientras los registros federales no desagregan cuántas mujeres en esta condición accedieron a un aborto ni en qué reclusorio, la Ciudad de México cuenta con un protocolo para la atención de la interrupción legal del embarazo en el Hospital Torre Médica Tepepan, que forma parte del Centro Femenil de Reinserción Social del mismo nombre.

Autor:Marcela Nochebuena
Publicado:07 de Octubre, 2026
Abortar en prisión: mujeres privadas de la libertad, una población olvidada¿Qué pasa con las mujeres privadas de la libertad que quieren interrumpir un embarazo? Foto: Gobierno CDMX

Cuando se habla del acceso al aborto en México, generalmente se abordan las barreras legales y de atención que en general persisten; sin embargo, poco o nada se sabe sobre lo que pasa con las mujeres privadas de la libertad que quieren interrumpir un embarazo.


Mientras que en los registros federales el nivel de desagregación de los sistemas de salud no permite conocer cuántas mujeres en reclusorios han accedido a estos servicios, en la Ciudad de México aseguran que la incidencia es de cero, dado que en dichos lugares no se practica la Interrupción Legal del Embarazo (ILE).

En respuesta a una solicitud de información pública, las autoridades de salud proporcionaron una copia del protocolo institucional para la atención de la interrupción legal y voluntaria del embarazo del Hospital General Torre Médica Tepepan, que forma parte de las instalaciones del Centro Femenil de Reinserción Social del mismo nombre. Los protocolos a seguir para que las mujeres privadas de la libertad accedan al servicio de aborto corresponden al Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva. Foto: Cuartoscuro

“Toda mujer privada de la libertad que manifieste deseo de interrumpir su embarazo deberá ser canalizada sin demora al área médica correspondiente. La solicitud deberá registrarse en el expediente clínico. No deberán establecerse requisitos administrativos adicionales que no sean indispensables para la seguridad y atención médica. El lineamiento señala que no deben imponerse prerrequisitos que retrasen injustificadamente la prestación del servicio”, asevera el documento.

El protocolo contempla dos rutas, la A, que es la atención resolutiva en el Hospital General Torre Médica Tepepan, y la B, que es la atención mediante referencia a otra unidad, la cual —según el documento— sólo es necesaria cuando la edad gestacional excede la capacidad resolutiva, existen comorbilidades, inestabilidad hemodinámica, sepsis, se requiere intervención quirúrgica, o no se cuenta con personal ni con equipamiento suficiente.

En tanto, como parte de su respuesta, la Secretaría de Salud capitalina informó que en la unidad médica que se ubica en el interior del Centro Femenil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla únicamente se recibe la solicitud de interrupción legal del embarazo de las mujeres privadas de la libertad.

“Si esta presenta menos de doce semanas de gestación, de manera inmediata se realiza la referencia al Hospital Materno Infantil Xochimilco o al Hospital Materno Infantil Inguarán, lugar donde se lleva a cabo la valoración médica, consejería, elección de método y seguimiento de la paciente”, precisa el oficio en respuesta a una solicitud de información pública.


No obstante, consultadas al respecto, mujeres privadas de la libertad en reclusorios de la Ciudad de México aseguran que una de las deficiencias en el acceso al servicio es precisamente la exigencia de ingresar un oficio, el cual puede tardar semanas en definirse, con lo que muchas veces se termina venciendo el plazo legal de 12 semanas. Esto ocurre aunque el aborto es una elección minoritaria entre quienes se encuentran en prisión, en parte por los beneficios, personales e institucionales, que encuentran en la maternidad.

En 2021, la última versión de la Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad reveló que 3 de cada 10 mujeres que estuvieron embarazadas en prisión reportaban haber tenido un aborto en el último año, con el grupo de entre 40 y 49 años en la primera posición. Sin embargo, desde entonces no fue posible conocer si habían sido espontáneos o voluntarios, ni qué tipo de atención recibieron del personal de salud de los centros penitenciarios. Los 261 abortos en números absolutos incluían registros en la Ciudad de México y el Estado de México.

Sin embargo, consultada respecto al registro de interrupciones legales del embarazo en los reclusorios de la capital entre el 1 de mayo de 2007 —fecha de su despenalización en la entidad— y el 31 de agosto de 2026, la Secretaría de Salud local aseguró: “se realizó una búsqueda exhaustiva, razonable y localizada en los Subsistemas de Información de esta Secretaría, cuyo resultado numérico es de cero registros toda vez que dentro de los centros penitenciarios no se realiza la interrupción legal del embarazo”.

En tanto, a nivel federal, la Secretaría de Salud afirmó que “no se cuenta con el nivel de desagregación solicitado, particularmente respecto de la identificación del centro penitenciario en el que se hubiera realizado una Interrupción Legal del Embarazo (ILE), ni respecto de la vinculación de una defunción con un procedimiento de ILE realizado específicamente dentro de un centro penitenciario”.

Agregó que, por lo que respecta a la información sobre las mujeres que hubieran accedido a la Interrupción Legal del Embarazo, sus subsistemas “no permiten identificar que un procedimiento haya sido realizado específicamente dentro de un centro penitenciario, ni identificar el centro penitenciario correspondiente”.

En tanto, sobre los protocolos a seguir para que las mujeres privadas de la libertad accedan al servicio de aborto, señaló que las atribuciones técnico-normativas para la rectoría, emisión de lineamientos, guías y estrategias nacionales en materia de salud sexual, reproductiva y equidad de género corresponden al Centro Nacional de Equidad de Género, Salud Sexual y Reproductiva, que es un órgano desconcentrado. En CDMX una de las deficiencias para acceder a la Interrupción Legal del Embarazo es la exigencia de ingresar un oficio que puede tardar semanas en definirse. Foto: Especial

“El tiempo pasa muy distinto adentro”: una experiencia de acompañamiento

Al relatar su experiencia en un taller de formación al interior de un centro penitenciario en el estado de Hidalgo, un colectivo de acompañantes de aborto prefiere reservar su identidad y la ubicación del reclusorio al que ha tenido acceso.


Al centro penitenciario llegaron para dar pláticas sobre otros temas, no sobre el aborto, y descubrieron que pocas mujeres decidían recurrir al aborto, en buena medida por una persistencia fuerte de prejuicios y estigmas, pues “el tiempo pasa muy distinto adentro”.

Su trabajo de acompañamiento inició hace aproximadamente un año y medio. Una de las activistas explicó que el acercamiento formal para abordar el aborto ocurrió tras una solicitud del área de trabajo social del propio centro, para replicar un taller que la colectiva ya impartía fuera de los reclusorios.

“Se enteraron ellos de que estábamos haciendo una escuela de acompañamiento del aborto. Y nos la pidieron, la trabajadora social nos la pidió para el Cereso. Entonces, fue una sorpresa muy grande de nuestra parte”, afirma.

Pudieron hacer “una escuelita” que duró un mes, a la que se inscribieron entre 18 y 20 internas —un número significativo de la población total—, de las cuales dos concluyeron por completo la formación registrada ante una instancia del gobierno local. De acuerdo con la activista, la percepción inicial sobre el tema enfrentaba prejuicios morales arraigados dentro del penal.

Poco a poco, entre las internas se fue hablando del tema. Para la integrante de la colectiva, se trata de un trabajo de largo aliento porque muchas situaciones están normalizadas, como tener parejas conflictivas o ser violentadas durante la visita conyugal. Al irlas conociendo, incluso llegaron a cambiar algunas de sus opiniones sobre las agendas feministas.

“Algo que es muy cierto es que el tiempo pasa muy distinto dentro de la cárcel y afuera. Creo que afuera ya tenemos una idea muy distinta sobre el aborto, y adentro todavía hay ideas muy conservadoras”, sostiene. Sin embargo, con el desarrollo de los talleres, mujeres de diversas edades, incluidas adultas mayores de 60 años que inicialmente mostraban oposición, se integraron en diversos momentos al proceso formativo.

En Hidalgo, el aborto está despenalizado desde 2021. Por lo tanto, el procedimiento institucional establece el traslado a un hospital general tras notificar al personal de trabajo social. “Lo ideal para ellas es que ellas den aviso a trabajo social y las puedan llevar al hospital general de aquí”, señala.

Aunque después del proceso formativo la agrupación suministró a las participantes del taller medicamentos para abortar, la mayoría de los casos de los que tuvieron conocimiento resultaron en canalizaciones para la atención en hospital. Además, precisa, la labor de acompañamiento en prisión se realiza en un entorno de estricta supervisión institucional sobre la información que difunden las activistas.

Por lo tanto, la vigilancia de las autoridades penitenciarias limita la divulgación. “Entendemos, desde el momento en el que empezamos a trabajar, que no es algo que podamos platicar mucho, contar detalles, por ejemplo, esta es la primera vez”, apunta.

Como parte de ese contexto de reservas y discreción, subraya el aislamiento que prevalece en los centros penitenciarios, particularmente en el caso de las mujeres, que reciben escasa visita, y que dificulta tanto la información como el acceso a derechos sexuales y reproductivos.

La falta de información y la poca presencia de organizaciones externas profundizan la marginación de las mujeres en reclusión que llegan a solicitar el servicio de aborto. “Casi no se trabaja, es una población muy olvidada y es como muy reservado todo. Todo lo que puedes hablar o comentar es muy hermético”, asegura.

“Tenemos alguna idea, por algunas chicas que transfirieron, que cambiaron de cárcel y después regresan. Nos dicen que en la que estamos trabajando es una de las más laxas, donde están mucho más libres, si puede caber, dentro del encierro: pueden trabajar, tener pareja y actividades como las que llevamos… Si no tienes acceso a la información, menos probablemente vas a poder abortar, incluso utilizar algún método, está mucho más limitado”, añade.

Capital semilla busca abrir camino a la autonomía económica de 4 mil mujeres en CDMX

 Escrito por Georgina Monroy Vázquez

Iniciar un taller mecánico, comprar herramientas para abrir una carpintería, fortalecer la producción de muñecas artesanales o comenzar un negocio de alimentos son algunos de los proyectos que emprenderán mujeres de distintas edades y condiciones con el apoyo de Capital Semilla para la Autonomía Económica de las Mujeres en la Ciudad de México.

El Gobierno capitalino entregó el segundo paquete de Capital Semilla correspondiente a 2026, con el que mil 109 mujeres de la tercera generación recibieron un apoyo único de 25 mil pesos no reembolsables.

Con las tres generaciones, el programa suma cerca de 4 mil mujeres beneficiarias y una inversión de alrededor de 100 millones de pesos, de acuerdo con las autoridades capitalinas. Las dos primeras generaciones reunieron a 2 mil 831 emprendedoras, quienes posteriormente pudieron avanzar hacia un esquema de microcréditos mediante una alianza con el Fondo para el Desarrollo Social de la Ciudad de México (Fondeso).

Durante la clausura de la tercera generación, realizada en el Teatro de la Ciudad, la jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, planteó que el propósito del programa es que las mujeres puedan generar ingresos propios y tomar decisiones sobre su futuro.

“Tenemos ya 4 mil historias, 4 mil proyectos caminando y 4 mil mujeres diciéndole a esta ciudad: yo puedo producir, yo puedo emprender, yo puedo generar mis propios ingresos y yo puedo decidir mi futuro”, expresó.

Una ciudad feminista se construye cuando las mujeres tienen las herramientas para decidir sobre su presente y su futuro.

En el @GobCDMX, encabezado por la #JefaDeGobierno, @ClaraBrugadaM, impulsamos el Programa de Autonomía Económica de las Mujeres. pic.twitter.com/3Fba9KQMgV— Secretaría de las Mujeres (@SeMujeresCDMX) October 7, 2026

Capital para emprender sin comenzar con una deuda

Una de las características del programa es que el apoyo económico no llega como un crédito que las beneficiarias deban devolver. La estrategia parte de entregar primero capital semilla y posteriormente ofrecer alternativas de financiamiento a quienes necesiten consolidar sus negocios.

Brugada Molina explicó que una segunda etapa contempla financiamientos de entre 10 mil y 100 mil pesos para mujeres que ya tienen un negocio y requieren recursos para fortalecerlo.

La diferencia, señaló, es comenzar el proceso sin obligar a las emprendedoras a endeudarse desde el inicio.

El programa contempla además un proceso de formación en economía, finanzas personales, contabilidad, mercadotecnia, inteligencia artificial, derechos, liderazgo, autoestima y empoderamiento. De acuerdo con las autoridades, la asistencia a las sesiones semanales de esta generación alcanzó 89 por ciento.

La Secretaría de las Mujeres capitalina ha planteado la autonomía económica como un proceso que combina recursos, capacitación, acompañamiento y construcción de redes. Un modelo de la dependencia contempla, además del capital semilla y el microcrédito, mentorías feministas para las participantes.

Mujeres que emprenden pese a las desigualdades

La entrega de recursos ocurre en un contexto en el que las responsabilidades de cuidado continúan representando una barrera para la autonomía económica de las mujeres.

Según María Elena Esparza Guevara, coordinadora general del programa Capital Semilla, 75 por ciento de las beneficiarias de esta generación tiene responsabilidades de cuidados, mientras que 88 por ciento son jefas de familia, de acuerdo con las cifras presentadas durante el acto.

Esparza detalló que, entre las mil 109 mujeres de la tercera generación, 19 por ciento vive en Territorios de Paz; 15 por ciento pertenece a comunidades indígenas, pueblos originarios o es afrodescendiente, y 14 por ciento son adultas mayores.

También forman parte del programa madres buscadoras y mujeres que buscan reconstruir su vida económica después de haber estado privadas de la libertad.

Para la secretaria de las Mujeres, Daptnhe Cuevas Ortiz, el objetivo no es únicamente entregar dinero, sino que las participantes desarrollen habilidades y redes que les permitan avanzar en sus proyectos.

Carpinteras, mecánicas y artesanas

Los proyectos apoyados también muestran una diversificación de las actividades económicas en las que participan las mujeres.

Entre las beneficiarias se encuentra Samantha, de 23 años, quien utilizará el recurso para poner en marcha un taller mecánico y Concepción, de 83 años, vecina de Tepito, quien iniciará un negocio de ropa y accesorios.

También está Francisca, artesana tsotsil y mazahua de 58 años, quien fortalecerá la producción de muñecas Lele.

Otra de las beneficiarias es Silvia, quien después de haber estado privada de la libertad comenzará un negocio de alimentos en Milpa Alta.

Los proyectos de la tercera generación incluyen también reparación de motocicletas, bicicletas, celulares y computadoras, arquitectura digital, laboratorios de impresión 3D y educación canina.

Para Brugada, estas experiencias muestran que el emprendimiento femenino no se limita a actividades tradicionalmente asociadas con las mujeres y que los recursos pueden contribuir a preservar saberes y abrir oportunidades para mujeres de distintas edades.

La mandataria también señaló que el gobierno capitalino buscará convertirse en un aliado para la consolidación de estos negocios, incluso mediante la compra de bienes y servicios producidos por las beneficiarias y el acompañamiento para su formalización.

El reto: que los proyectos puedan sostenerse

El programa contempla que las mujeres que concluyan esta primera etapa puedan avanzar hacia otros mecanismos de financiamiento. Las primeras generaciones ya comenzaron ese proceso mediante microcréditos en alianza con Fondeso.

Brugada adelantó además que se buscará organizar una feria para que las beneficiarias puedan exhibir y comercializar sus productos en espacios públicos como el Zócalo, el Monumento a la Revolución o la Magdalena Mixiuhca.

La apuesta, de acuerdo con las autoridades, es que los 25 mil pesos sean el punto de partida y que los emprendimientos puedan convertirse en fuentes sostenibles de ingresos.

El programa parte así de una premisa: para que las mujeres puedan ejercer plenamente su autonomía, no basta con reconocer su capacidad para emprender. También se requieren recursos, formación y condiciones que permitan que esos proyectos sobrevivan y crezcan.