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Canva/ Algunas mujeres en USA y otras partes del mundo piensan que es
momento que los hombres decidan por ellas en cuestiones como el voto.-La
discusión surgida en una cumbre conservadora en Estados Unidos vuelve a
colocar bajo los reflectores al movimiento «tradwife», una tendencia
que romantiza la subordinación femenina.
Lo que durante años parecía una postura marginal en redes sociales comenzó a trasladarse al debate político en Estados Unidos. Durante la Women’s Leadership Summit 2026, organizada por la organización conservadora Turning Point USA en San Antonio, Texas, algunas asistentes afirmaron que estarían dispuestas a renunciar a su derecho al voto o que preferirían que fuera su esposo quien votara en representación de toda la familia.
Las declaraciones reavivaron el debate sobre el llamado «household voting» o «voto por hogar», una propuesta impulsada por sectores ultraconservadores que plantea que elvoto del jefe de familia represente al conjunto del hogar, una idea que organizaciones feministas consideran un retroceso para la autonomía política de las mujeres.
Aunque
esta propuesta no forma parte de una iniciativa legislativa formal,
especialistas advierten que refleja el avance de narrativas que buscan
reposicionar los roles tradicionales de género y cuestionar derechos
conquistados tras décadas de lucha feminista.
¿Qué es el movimiento tradwife?
El debate no surgió de manera aislada. Desde hace algunos años, el movimiento tradwife —abreviatura de traditional wife o «esposa tradicional«— ha ganado presencia en plataformas como TikTok, Instagram y YouTube mediante creadoras de contenido que promueven un estilo de vida centrado en el cuidado del hogar, la crianza de hijas e hijos y la dedicación exclusiva al esposo.
En agosto de 2024, Cimacnoticias documentó que esta tendencia recupera el ideal del llamado «ángel del hogar», un modelo surgido durante la época victoriana que asignaba a las mujeres el deber de ser madres, esposasobedientes y cuidadoras, subordinando su proyecto de vida a las necesidades de los hombres.
El fenómeno alcanzó notoriedad internacional durante la pandemia de COVID-19 y ha encontrado un espacio importante entre influencers que muestran rutinas domésticas altamente estetizadas, donde cocinar, limpiar o criar a los hijos se presentan como la máxima expresión de la feminidad.
Sin
embargo, investigadoras advierten que este contenido suele omitir las
desigualdades estructurales que enfrentan millones de mujeres que
realizan trabajo doméstico y de cuidados sin reconocimiento ni autonomía
económica.
Del hogar al cuestionamiento del voto femenino
Lo que comenzó como una tendencia en redes sociales ha evolucionado hacia discursos políticos más amplios.
Durante la cumbre organizada por Turning Point USA,
algunas participantes defendieron que el hombre debe ser el líder del
hogar y que un solo voto familiar sería suficiente para representar los
intereses de toda la familia. Estas posturas fueron difundidas
ampliamente en redes sociales y medios de comunicación, generando
críticas por representar un cuestionamiento directo al sufragio femenino.
El
planteamiento retoma una visión jerárquica de la familia donde la
autoridad masculina concentra la representación política, una idea que
diversos sectores consideran incompatible con los principios de igualdad y ciudadanía individual.
Los algoritmos también amplifican estas narrativas
Especialistas han señalado que la expansión del movimientotradwife no puede entenderse sin el papel de las plataformas digitales.
Los
algoritmos de recomendación favorecen contenidos aspiracionales y
estéticamente atractivos que presentan la vida doméstica como una
elección libre y deseable, mientras invisibilizan las relaciones de
poder que históricamente limitaron la participación social, económica y
política de las mujeres.
Como lo hemos documentado en Cimacnoticias este discurso suele apoyarse en el llamado «feminismo de elección», es decir, la idea de que asumir roles tradicionales siempre constituye una decisión individual, sin considerar las condiciones económicas, sociales o culturales que atraviesan esa elección.
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you have the internet coming after you. You have them slandering your
name. You have them saying all this trash about you. And what do you do?
You wake up that next morning.
El derecho al voto de las mujeres en Estados Unidos fue reconocido en 1920 con la aprobación de la Decimonovena Enmienda a la Constitución. En México, el sufragio femenino fue reconocido constitucionalmente en 1953, mientras que las mujeres participaron por primera vez en una elección federal en 1955, un hecho que marcó un cambio en la representación democrática del país.
La
19.ª Enmienda convirtió en ley el sufragio femenino a nivel nacional,
pero mucho antes de su ratificación, las mujeres solteras que poseían
propiedades en Nueva Jersey ya podían votar entre 1776 y 1807, y así lo
hicieron.
La
mayoría de los jóvenes de todas las regiones del mundo coinciden en sus
deseos de formar parejas y tener hijos, y señalan como obstáculos
principales la falta de dinero y de vivienda. Por ello, una encuesta del
Fondo de Población de las Naciones Unidas desmonta mitos como el de que
el descenso de la tasa de la natalidad obedezca al auge del feminismo o
que las sociedades se encaminan hacia un precipicio demográfico.
Imagen: Unfpa.- Corresponsal de IPS
NACIONES UNIDAS – Las tasas de natalidad disminuyen en el mundo,
pero son falsos mitos que eso se deba al feminismo, a rechazo de los
jóvenes al matrimonio y la maternidad, o que las sociedades se dirijan
hacia un precipicio demográfico, mostró un nuevo estudio del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa).
Diene Keita, directora ejecutiva del Unfpa, observó que “algunas
personas asumen que las generaciones más jóvenes han renunciado por
completo al matrimonio y a los hijos. Nuestra encuesta cuenta una
historia diferente. La mayoría de los encuestados afirma que su relación
ideal incluye el matrimonio”.
Y el estudio, al cuestionar los señalamientos sobre el feminismo como
causa de la disminución de las tasas de natalidad, afirma que “las
mujeres no se niegan a tener hijos. Ellas, al igual que los hombres,
enfrentan obstáculos para tenerlos. Los más citados son la seguridad
financiera, el empleo estable y la vivienda”.
Otro dato es que las tasas de fertilidad adolescente están
disminuyendo, pero “eso representa un éxito para la salud pública: más
chicas pueden terminar sus estudios y evitar las consecuencias para la
salud de un embarazo precoz; muchas de ellas, aun así, llegarán a ser
madres”, apunta el estudio.
Unfpa publicó los resultados de su Encuesta sobre el Futuro Demográfico,
una de las más grandes y con mayor cobertura geográfica realizadas
hasta la fecha para explorar las aspiraciones de los jóvenes adultos
respecto a su futuro reproductivo.
Se preguntó a más de 108 000 jóvenes adultos con acceso a internet,
de entre 18 y 39 años, y procedentes de 73 países, qué desean en cuanto a
relaciones, hijos y futuro, y cuáles obstáculos consideran que se
interponen en su camino.
Los jóvenes, de todas las regiones geográficas, mostraron una notable
coincidencia en cuanto a lo que les impide formar parejas y tener
hijos: el dinero y la vivienda.
De los cinco mitos que examina el estudio, el primero, el del
feminismo como causa, utiliza datos producto de décadas de trabajo para
mostrar que, en realidad, las mujeres a menudo no pueden ejercer control
sobre sus cuerpos y su reproducción.
Aproximadamente una décima parte de ellas no pueden tomar decisiones
sobre anticoncepción, una cuarta parte no puede decidir sobre su propia
salud, y otra cuarta parte no puede decir no a las relaciones sexuales.
“Esa información, por sí sola, nos da motivos para cuestionar la
afirmación de que la disminución de la fertilidad mundial es culpa del
feminismo o del empoderamiento de las mujeres”, expone el Unfpa.
Según la encuesta, la mayoría de las personas, hombres y mujeres,
desean tener hijos. Dos es el número ideal en la mayor parte del mundo, y
en algunas regiones, la gente en promedio desea tener más de dos.
“Las mujeres no se niegan a tener hijos. Ellas, al igual que los
hombres, enfrentan obstáculos para tenerlos. Los obstáculos más citados
son la seguridad financiera, el empleo estable y la vivienda”, apunta el
informe.
Cada obstáculo para tener hijos (preocupaciones económicas,
infertilidad, problemas de salud) fue considerado más importante por las
mujeres que por los hombres.
Eso sugiere, según el análisis, que la disminución de las tasas de
fertilidad no es culpa del feminismo ni de las actitudes de las mujeres,
sino de las dificultades que enfrentan todos los jóvenes adultos, las
cuales suelen ser desproporcionadamente pesadas para las mujeres.
En otro mito “desde las mesas de las cocinas hasta los grupos de
expertos y los parlamentos, muchos dan por sentado que los jóvenes
rechazan tanto el matrimonio como la maternidad”, pero la encuesta “nos
muestra que el matrimonio y la paternidad siguen siendo metas muy
extendidas”, dice el informe.
Más de dos tercios de los encuestados consideran el matrimonio como
su ideal. Casi 80 % de los encuestados afirma que la pareja es un
requisito fundamental para ser padre o madre, lo que coincide con lo que
el Unfpa ha observado en sus programas para jóvenes.
Sin embargo, no todos encuentran pareja. De todos los encuestados de
entre 25 y 39 años, una cuarta parte afirma querer tener pareja, pero
actualmente está soltera y no tiene citas. Los hombres fueron más
propensos a decir esto que las mujeres.
¿Y cuáles son los mayores obstáculos para contraer matrimonio o
mantener una relación de convivencia estable? La mayor parte de los
encuestados, 57 %, mencionó las limitaciones económicas y de vivienda.
Oro mito abordado es el de que el desplome de las tasas de natalidad
adolescente es un problema para las sociedades, expresado con tono
alarmista: algunos incluso afirman que esa disminución amenaza a la
humanidad con la extinción.
El Unfpa sostiene que esa disminución representa un éxito para la
salud pública y “al fin y al cabo, el objetivo no debería ser cambiar la
opinión de las personas sobre cuándo y si quieren ser padres, sino
crear las condiciones que les permitan cumplir sus aspiraciones de forma
responsable y en sus propios términos”.
Según la encuesta, la seguridad financiera, el empleo estable y la
preparación psicológica y emocional son las tres condiciones previas más
importantes para la paternidad.
Para satisfacer esas necesidades, los responsables políticos deberían
trabajar entonces sobre áreas específicas, como las políticas
educativas, la seguridad laboral y la protección del empleo, y los
servicios de salud comunitarios.
Otros mitos, relacionados, afirman que los adultos jóvenes son
demasiado egoístas para tener hijos, y que las personas no tienen
suficientes incentivos para ser padres.
El primero supone que los jóvenes adultos están demasiado centrados
en sí mismos -quizás muy ocupados divirtiéndose- como para asumir la
ardua tarea de la crianza, y el segundo supone que las recompensas de la
paternidad deben ser materiales.
Pero la razón más común que dieron los encuestados para convertirse
en padres es la alegría y la felicidad que aportan los hijos. La mayoría
ya tienen hijos, y la gran mayoría de los que no los tienen, entre los
35 y los 39 años (79 % de los hombres y 72 % de las mujeres) todavía
desean ser padres.
La mayoría de las personas no se niegan a ser padres por egoísmo, ni
esperan tener hijos para obtener una mayor rentabilidad. Entre todos los
encuestados, de todas las edades, 80 % afirmó que la alegría de la
paternidad es un factor clave.
Tener hijos por razones utilitarias, como el apoyo gubernamental o la
necesidad de incorporar niños al mercado laboral del futuro, fue la
motivación menos importante para quienes desean ser padres.
“Los jóvenes, del norte al sur y del este al oeste, ya han hablado.
Es hora de escuchar. Y es hora de ayudar a crear las condiciones que les
permitan tomar decisiones reales, formar las familias que desean y
hacer realidad sus esperanzas y aspiraciones”, concluyó Keita.
La propuesta de Claudia Sheinbaum busca homologar el delito en todo el país con condenas de 50 a 70 años de prisión.
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, envió este miércoles 12 de julio una histórica
iniciativa de ley al Congreso de la Unión destinada a unificar la
persecución y sanción del delito de feminicidio en el territorio
nacional. La propuesta de Ley General de Feminicidios reglamenta una reforma
constitucional previamente aprobada en abril de este año para
establecer penas homogéneas de entre 50 y 70 años de privación de
libertad.
Sheinbaum firmó la normativa en rueda de prensa y destacó la necesidad de que este crimen de odio se investigue con los mismos estándares en las 32 entidades federales. El proyecto legislativo busca unificar los criterios penales e institucionales para que las fuerzas de seguridad actúen de forma articulada en la erradicación de la violencia patriarcal que golpea a las mujeres mexicanas.
Por su parte, la consejera jurídica de la presidencia, Luisa
María Alcalde, denunció la existencia de graves fallas técnicas y
procesales en las investigaciones locales que realizan las fiscalías
estatales. La funcionaria del Ejecutivo federal señaló que las
deficiencias radican principalmente en la incorrecta clasificación
jurídica de los homicidios y en la ausencia de protocolos obligatorios
para salvaguardar a las víctimas indirectas.
La iniciativa estipula detalladamente que comete feminicidio
todo aquel que prive de la vida a una mujer por razones de género,
definiendo diez causales específicas de violencia en el texto legal. Entre las causales tipificadas destacan la presencia
de signos de violencia sexual, los antecedentes de maltrato familiar,
los crímenes por prejuicios y los contextos de asimetría o abuso de
poder.
Las alarmantes estadísticas oficiales del Sistema Nacional de Seguridad Pública revelan que en el país norteamericano se cometen diariamente un promedio aproximado de 1,8 feminicidios con total impunidad. No obstante, diversas organizaciones feministas y agencias de derechos humanos advierten que si se contabilizan todas las muertes violentas de mujeres, la cifra real supera los 10 asesinatos cotidianos.
Con este paso legislativo, el Gobierno de México reafirma su
compromiso político de combatir las estructuras machistas y garantizar
el acceso inmediato a la justicia para las víctimas de la violencia de
género. La discusión de la Ley General de Feminicidios en el Parlamento mexicano representa un avance fundamental en la defensa de las conquistas civiles y humanas de la nación azteca.
Giorgio Trucchi. La Nueva Nicaragua y Más. Resumen Latinoamericano,
En los últimos cinco años, la región ha registrado más de 19.000
feminicidios. Honduras y Guatemala se encuentran entre los países más
afectados, mientras que más del 90% de las muertes violentas quedan
impunes. Las organizaciones feministas denuncian la ineficacia del
endurecimiento de las penas y reclaman prevención, investigaciones
eficaces y políticas integrales contra la violencia de género.
El Observatorio de Igualdad de Género de la Comisión Económica para
América Latina y el Caribe (Cepal) de las Naciones Unidas ha registrado
19.254 feminicidios en los últimos cinco años, es decir, 11 muertes
violentas de mujeres por motivos de género al día, una cada dos horas.
En 2024, 14 de los 25 países con las tasas de incidencia
relativa de feminicidios más altas del mundo se encuentran en América
Latina y el Caribe (ONU Mujeres y CEPAL), encabezados por Honduras, con
4,7 víctimas por cada 100.000 mujeres, Guatemala (1,9) y la República
Dominicana (1,7). Todo ello sin tener en cuenta el enorme subregistro de
datos, debido principalmente al miedo o a la imposibilidad de denunciar
y, muy a menudo, a la falta de confianza en las fuerzas de seguridad y
en los operadores de justicia, considerados indiferentes, arrogantes o,
incluso, cómplices de los delincuentes.
Estas cifras superan con
creces la media ponderada de la región, que oscila entre 1 y 1,3 casos
por cada 100.000 mujeres. Brasil y México encabezan la lista de países
con el mayor número absoluto de feminicidios, con 1.568 y 768
asesinatos, respectivamente (2025). El 42% de los ataques mortales los
comete la pareja o la ex-pareja, y el entorno doméstico constituye el
principal foco de riesgo, en particular para las mujeres de entre 21 y
30 años (22% de los feminicidios).
En 2025, en Honduras, el Observatorio del Centro de Derechos de
Mujeres (Cdm) registró 936 agresiones contra mujeres y niñas, entre
ellas 412 delitos sexuales y 262 feminicidios. Esto significa que en
Honduras una mujer o una niña es asesinada cada 33 horas. El 46 % de las
personas agredidas tiene entre 11 y 39 años, lo que supone un aumento
del 49% con respecto al año anterior.
La mayoría de los agresores formaban parte del círculo más
cercano de las víctimas. Por primera vez, los delitos sexuales (44%)
superan a los delitos contra la vida (31%), afectando principalmente a
niñas y jóvenes (297). Las denuncias por violencia doméstica ascendieron
a 41.895 y las de maltrato familiar a 48.642.
En los primeros
seis meses de 2026, la situación no ha cambiado. El Observatorio ha
registrado 126 muertes violentas de mujeres, una cada 34 horas. En mayo
fueron asesinadas 8 mujeres en solo cuatro días, cuatro de ellas menores
de edad.
Ante la gravedad de la situación y el enorme subregistro de casos, el
Cdm y una veintena de organizaciones, colectivos y plataformas de
mujeres y feministas han tomado posición exigiendo un enfoque integral
de la violencia contra las mujeres.
«Estas cifras no son estadísticas abstractas, son vidas arrebatadas,
familias destrozadas, hijos e hijas que crecen sin sus madres. Cada
cifra tiene un nombre, una historia y una comunidad que llora su
ausencia. Ante esta realidad, ninguna organización comprometida con los
derechos de las mujeres puede permanecer en silencio», advierten en una
declaración conjunta.
En 2013, tras una larga lucha, el movimiento de mujeres hondureño
logró un éxito histórico: la tipificación del delito de feminicidio. A
pesar de ello, como acabamos de ver, la emergencia no ha cesado y las
cifras ponen de manifiesto una situación extremadamente preocupante.
El nuevo Congreso, controlado por las fuerzas ultraconservadoras del
bipartidismo tradicional como resultado de unas «elecciones
fraudulentas» y fuertemente condicionadas por la injerencia
estadounidense y las denuncias de fraude, ha aprobado una reforma que
endurece las penas por el delito de feminicidio (de 25 a 30 años) y por
el feminicidio agravado (entre 40 y 60 años) y crea órganos judiciales
especializados.
Para las organizaciones que luchan por los derechos de las mujeres,
esta medida no solo no es suficiente, sino que representa un débil
paliativo, una especie de «populismo punitivo» que se está extendiendo
de la mano del avance de la derecha en el continente latinoamericano.
«No sirve de nada aumentar las penas si no se promueven políticas de
prevención, ni se aborda seriamente la impunidad que afecta a más del
90% de las muertes violentas de mujeres», explica a Pagine Esteri, Erika
García, coordinadora del programa de justicia y litigio estratégico
feminista del Cdm. Se ponen así en el punto de mira al sistema judicial
y a la falta de un enfoque integral ante el drama de la violencia de
género.
Además de esto, continúa García, las organizaciones denuncian la
falta de refuerzo del proceso de investigación, la reticencia
sistemática de quienes administran justicia a aplicar el tipo delictivo
de feminicidio, así como la complicidad de las fuerzas de seguridad,
integrada en su mayoría por hombres.
Tras las elecciones de 2021, ganadas por Xiomara Castro y el partido
Libertad y Refundación (Libre), varias organizaciones impulsaron una
propuesta de ley especial integral contra la violencia hacia las
mujeres. La entonces oposición bipartidista mayoritaria, con el apoyo de
los sectores religiosos fundamentalistas y del aparato mediático
controlado por los grupos de poder económico y político, se opuso
enérgicamente a su presentación en el pleno y el proyecto quedó
engavetado. La reciente reforma sigue siendo, por tanto, más un acto
mediático improvisado que una respuesta global e integral a la
problemática.
«Desde que tomaron posesión las nuevas autoridades han puesto una
bandera del movimiento pro-vida tanto en el hemiciclo parlamentario como
en los distintos ministerios. Además —continúa la abogada del Cdm—
nunca han querido escuchar la opinión de aquellas organizaciones que
llevan años en primera línea apoyando a las mujeres, y que conocen muy
bien las dinámicas que permiten que la violencia se reproduzca y se
refuerce. Son muchos, demasiados, los ejemplos de incoherencia de esta
gente».
También hay fuertes críticas contra el doble rasero de la mayoría
parlamentaria, que, por un lado, dice querer defender la vida de las
mujeres, pero, por otro, aprueba leyes que la ponen seriamente en
peligro. «Han aprobado normativas que blindan las actividades agroindustriales,
que criminalizan la defensa de la tierra y los bienes comunes, que
despojan a las comunidades de sus tierras, que reactivan el empleo a tiempo parcial,
precarizando aún más el mercado laboral y desmantelando los derechos.
Las mujeres son las principales víctimas de estas leyes», advierte
García.
Por último, denuncian la hipocresía de la agenda ultraconservadora
que ha legislado la prohibición total y absoluta del aborto, blindándola
con una reforma que solo permite su modificación con el voto favorable
de tres cuartas partes de los diputados, y que conspira, junto con el
integralismo religioso, para negar los derechos sexuales y reproductivos
de las mujeres. «La deriva fundamentalista religiosa y su incidencia en
los derechos de las mujeres es una constante global que va de la mano
de la radicalización hacia la derecha de los gobiernos de la región,
convirtiéndose en uno de sus instrumentos privilegiados», concluye la
abogada del Cdm.
También es muy grave la situación que viven las mujeres en Guatemala,
país que ocupa el segundo lugar entre los que tienen el mayor índice
relativo de feminicidios. En 2025, se registraron 595 muertes violentas,
lo que supone un aumento del 6% con respecto al año anterior, de las
cuales 206 fueron feminicidios (+14,4%). Las denuncias por violencia de
género ascendieron a 17 al día, con una tasa de 402,2 denuncias por cada
100.000 mujeres (fiscalía general). A pesar de ello, solo el 9% de las
personas que sufren violencia denuncian los abusos. Este subregistro
afecta especialmente a los pueblos indígenas, que en Guatemala
representan el 46,3% de la población total (Revista Puentes de
Diálogos).
En lo que respecta a la violencia sexual, la fiscalía general
registró 9.649 denuncias, de las cuales el 60% (5.834 víctimas)
correspondían a violaciones y el 29% (2.839 víctimas) a agresiones
sexuales. La mayoría de las víctimas son niñas y jóvenes (65,9%). La
violencia provoca, además, un aumento exponencial de los embarazos
adolescentes e infantiles, con 2.101 partos de madres de entre 10 y 14
años en 2024, lo que supone un incremento del 8% con respecto al año
anterior (Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva).
A pesar de que en 2008 las organizaciones de mujeres y feministas
lograran la aprobación de normativas especiales contra el feminicidio y
otras formas de violencia contra las mujeres (Decreto 22-2008), con
penas de entre 25 y 50 años, y para la búsqueda inmediata de mujeres
desaparecidas (Decreto 9-2016), Guatemala sigue siendo uno de los países
del mundo donde más mujeres mueren y desaparecen. Se calcula que al
menos 13.800 mujeres desaparecieron en los últimos siete años, es decir,
casi cinco al día.
«Debemos volver a la historia de Guatemala, un Estado con
características coloniales que siempre ha representado los intereses de
las oligarquías nacionales y del capital multinacional, excluyendo
sistemáticamente a los pueblos indígenas y a las mujeres. Un Estado que,
además, oculta esta realidad tras una falsa narrativa de defensa de los
derechos de las personas», explica a Pagine Esteri, Virginia Gálvez,
miembro de la Colectiva feminista Actoras de Cambio.
Los 36 años de conflicto armado interno y de represión feroz, con más
de 200.000 víctimas y al menos 45.000 desaparecidos, así como la
influencia directa de Estados Unidos en las políticas
contrainsurrecionales, han utilizado la militarización y el control
masculino de los territorios, así como la violencia sexual, como armas
contra los pueblos, contra las mujeres mayas y las mujeres organizadas.
«Fue una auténtica institucionalización de la violencia sexual, que
ha permanecido en una impunidad casi total y que se ha reforzado con el
paso de los años. Nos encontramos, por tanto, ante una auténtica
deshumanización de la mujer, sobre todo de la mujer indígena, cuyo
cuerpo se convierte en una extensión del territorio que hay que
controlar e invadir, o en un objeto que hay que explotar sexualmente»,
señala Gálvez.
Diversas organizaciones de mujeres y feministas señalan la atención a
las supervivientes, el litigio estratégico y la lucha contra la
impunidad, la sanación ancestral y comunitaria y la labor de
sensibilización política como los principales elementos de una
estrategia integral para hacer frente al flagelo del feminicidio y la
violencia de género.
Para la activista, es fundamental hacer que el Estado asuma sus
responsabilidades, denunciando su hipocresía, legitimando el trabajo de
las organizaciones, creando mecanismos de respuesta y reparación, de
sanación y recuperación de las mujeres, y generando condiciones sociales
que impidan la repetición.
«Hay condiciones estructurales que deben cambiarse, pero también
debemos avanzar en la lucha contra la impunidad, en la denuncia de la
falsa protección por parte del Estado, rompiendo el silencio,
reapropiándonos de nuestra voz, de nuestro cuerpo, de nuestra historia»,
concluye.
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Canva / La ODI sostuvo que las medidas ordenadas por la CNDH tras el
caso del Jardín de Niños "Andrés Oscoy" aún no garantizan la protección
de niñas y niños.-La
Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia afirmó que la
Comisión Nacional de los Derechos Humanos dio por cumplida una
recomendación sobre el caso del Jardín de Niños «Andrés Oscoy» .
La
Oficina de Defensoría de los Derechos de la Infancia (ODI) cuestionó la
decisión de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) de dar
por concluida la Recomendación 76/2012 relacionada con el caso del
Jardín de Niños «Maestro Andrés Oscoy Rodríguez», al considerar que no existen garantías suficientes para evitar que hechos deviolencia sexual contra niñas y niños vuelvan a ocurrir en las escuelas.
La organización señaló que el organismo nacional cerró el expediente tras considerar cumplidas las medidas dirigidas a la Secretaría de Educación Pública (SEP),
pero sostuvo que dicha determinación se basó principalmente en la
revisión de documentos y no en una evaluación del impacto real de las
acciones implementadas para proteger a la infancia.
Caso evidenció violencia sexual contra menores en un preescolar
Entre 2010 y 2011, servidores públicos del Jardín de Niños «Maestro Andrés Oscoy Rodríguez», ubicado en la alcaldía Iztapalapa, cometieron actos de violencia sexual contra niñas y niños en edad preescolar.
Ante
estos hechos, en noviembre de 2012 la CNDH emitió la Recomendación
76/2012 dirigida a la SEP, al acreditar violaciones a los derechos de 15
niñas y niños, entre ellos su integridad personal, libertad sexual, derecho a la educación y al sano desarrollo. La recomendación contempló medidas de reparación para las víctimas y acciones institucionales para evitar la repetición de estos delitos.
Entre las medidas propuestas figuraban la capacitación obligatoria del personal educativo para prevenir e identificar casos de abuso sexual infantil, la revisión de las instalaciones escolares para detectar zonas de riesgo, la adopción de criterios de contratación que garantizaran perfiles adecuados para trabajar con niñas y niños, así como fortalecer las investigaciones sobre maltrato y abuso sexual infantil.
ODI afirma que las medidas siguen sin aplicarse de forma obligatoria
De
acuerdo con la organización, aunque la SEP presentó documentación sobre
diversas acciones realizadas, la CNDH no verificó si estas realmente
cumplían el objetivo de prevenir nuevas agresiones sexuales en los
centros educativos.
La ODI sostuvo que actualmente la capacitación sobre violencia sexual no es un requisito obligatorio para ingresar o permanecer en cargos educativos; tampoco existen criterios obligatorios de evaluación psicológica para el personal ni mecanismos permanentes para revisar espacios escolares considerados de riesgo.
Además,
señaló que algunas acciones únicamente se implementaron en determinados
planteles o alcaldías y durante periodos específicos, por lo que no
constituyen una política nacional ni garantizan su permanencia en el
tiempo.
Persisten casos de violencia sexual en escuelas
La organización advirtió que, pese a las recomendaciones emitidas por la CNDH desde hace más de dos décadas para prevenir la violencia sexual en escuelas, este tipo de agresiones continúan registrándose en distintos estados del país.
Como ejemplo mencionó el caso del Colegio Carrusel Magone, en Puebla,
donde se denunció un espacio oculto conectado con una vivienda
particular en el que se cometían agresiones contra niñas y niños.
También recordó que, en mayo de este año, la Fiscalía General de la
República informó sobre una sentencia condenatoria contra dos servidores
públicos del sector educativo por violencia sexual cometida en un
jardín de niños de Iztapalapa.
Piden revisar nuevamente la recomendación
Ante este panorama, la ODI solicitó a la CNDH reconsiderar el cierre de la Recomendación 76/2012 y realizar una evaluación sustantiva sobre el cumplimiento de las medidas de reparación y de no repetición, con base en sus resultados y no únicamente en la existencia de documentación administrativa.
Asimismo,
llamó a la Secretaría de Educación Pública a cumplir plenamente con las
obligaciones de reparación del daño pendientes y a fortalecer las acciones encaminadas a prevenir la violencia sexualen los entornos escolares, a fin de garantizar la protección efectiva de niñas, niños y adolescentes.
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Web/ El actual gobierno ha cortado subsidios destinados a los derechos
reproductivos y dado marcha atrás a lo ya votado con anterioridad.-No sólo “los hombres son creados iguales” como lo marca la declaratoria de Independencia de losEstados Unidos de América(USA), hace 250 años.
Las mujeres y los hombres son iguales, eso es lo que se debe de destacar en esa declaratoria. Norah O´ Donnel, escritora y corresponsal en jefe de CBS asegura lo anterior en la la revista The TIME, al tiempo de precisar que las
mujeres han estado en el centro de lo mejor de América: en las batallas
tanto morales como políticas y ha estado peleando en todos los 250
años.
La revista en cuestión llevó a cabo un sinnúmero de
entrevistas y pasajes más sobresalientes de esta época y en ella,
destaca la singular e importancia presencia de las mujeres. No obstante
de este singular e importante celebración, opiniones diversas de mujeres
entrevistadas por Cimacnoticias durante esta
semana, explican que cómo una nación formada por inmigrantes, en estos
momentos, miles de inmigrantes e incluso ciudadanos, viven temerosos de
ser detenidos por agentes de ICE y sentir temor por todo lo que ven en los medios de comunicación y en las redes sociales. “No se puede celebrar nada sí”, afirmó la señora López.
Es de destacar que durante la administración actual, los logros de las mujeres a los largo de su participación política y en búsqueda no sólo de la igualdad, sino de los derechos intrínsecos de las mujeres.
El actual gobierno ha cortado subsidios destinados a los derechos reproductivos y dado marcha atrás a lo ya votado con anterioridad. De su lado la revista Ms., trae consigo un artículo en español, de Allyson M. Poska y Antonia DelgadoPoust, titulado “ Este país también es nuestro”. En el cual destaca “la herencia duradera de las mujeres hispanohablantes en la América Colonial”.
A la letra dice: En las resientes redadas y medidas severas emprendidas por agentes de inmigración en los Estados Unidos, ICE y la CBP han detenido a más de 20 mil mujeres, mayoritariamente latinas, y muchas de ellas residentes legales. Como respuesta en las manifestaciones contra ICE y No Kings,
las comunidades latinas y otras personas marginadas y desalentadas han
reivindicado su lugar en la sociedad estadounidense con letreros que
anuncian ¡”Este país también es nuestro!”
En otro de sus artículos, la revista Ms titula otro artículo: ¿Quién cumple en América 250? lo que se traduce los logros para las mujeres desde el derecho al voto hasta la libertad reproductiva.
Lo cual, es un trabajo aun no terminado. Siendo, la democracia
inseparable en todo, sigue siendo un trabajo aun sin terminar por el feminismo.
El artículo de Jennifer Weiss-Wolf, destaca como las mujeres han participado más activamente que lo hombres en la vida política de América, especialmente desde la elección de 1980.
Las mujeres afroamericanas han tenido gran presencia en la arena política. Aquí, con fecha de 1973 destaca la afirmación de laSuprema Corte de Justicia del derecho al aborto de Roe v. Wade. Y como aún ese trabajo no se ha terminado totalmente, dado que hace cuatro años la desaprobó.
La pregunta en el aire es a 250 años de la celebración de la Independencia: ¿Sigue siendo América el país en donde existe la libertad de soñar que hombres y mujeres tienen los mismos derechos?
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Canva/ Miles de mujeres migrantes que trabajan como empleadas
domésticas en Arabia Saudita continúan enfrentando explotación laboral.-La
organización advierte que las reformas impulsadas por Arabia Saudita no
han protegido a las mujeres migrantes, quienes continúan sometidas a
explotación laboral, violencia de género e impunidad.
Las trabajadoras domésticas filipinas que migran a Arabia Saudita continúan enfrentando graves violaciones a sus derechos humanos, entre ellas explotación laboral, confinamiento, violencia física y agresiones sexuales, denunció Amnistía Internacional
en un nuevo informe que evidencia que las reformas emprendidas por el
gobierno saudí han sido insuficientes para proteger a las mujeres
migrantes.
El documento, titulado «Once We Step in Their Homes, We Are No Longer Human» (Cuando entramos a sus casas dejamos de ser humanas), recoge los testimonios de mujeres filipinas en Arabia Saudita entre 2023 y 2026, quienes relataron haber vivido condiciones de trabajo degradantes y, en algunos casos,violencia sexualpor parte de sus empleadores.
La
investigación muestra que, una vez dentro de los hogares donde
laboraban, muchas mujeres quedaron completamente bajo el control de sus
empleadores, quienes decidían sobre sus horarios, alimentación, descanso e incluso sobre la posibilidad de abandonar la vivienda.
Jornadas extenuantes, encierro y violencia sexual
Las entrevistadas describieron jornadas laborales de hasta 16 o más horas diarias, ausencia de días de descanso, privación de alimentos, confiscación de pasaportes y teléfonos celulares, además de restricciones para comunicarse con sus familias o salir de la vivienda.
Varias
mujeres denunciaron haber sido víctimas de agresiones sexuales o de
constantes situaciones de acoso por parte de sus empleadores, mientras
que otras señalaron haber sufrido violencia física, insultos y humillaciones.
Una
de las sobrevivientes relató que, al intentar regresar a Filipinas, fue
sometida a una revisión corporal invasiva para demostrar que no había
tomado pertenencias de la familia empleadora.
De acuerdo con Amnistía Internacional,
estos abusos ocurren en un contexto donde las trabajadoras domésticas
permanecen prácticamente invisibles para las autoridades debido a que
desarrollan su labor dentro de domicilios particulares, lo que dificulta
la supervisión y el acceso a mecanismos de denuncia.
Un
nuevo informe de Amnistía Internacional documenta que trabajadoras
domésticas filipinas continúan enfrentando jornadas extenuantes,
explotación laboral, restricciones a su libertad, trato degradante y, en
algunos casos, violencia sexual en Arabia Saudí.
La organización…
— Amnistía Int. México (@amnistiamexico) July 9, 2026
El sistema kafala mantiene a las trabajadoras en situación de vulnerabilidad
La organización atribuye buena parte de estas violaciones al sistema kafala,
un modelo de patrocinio laboral que continúa otorgando a los
empleadores un amplio control sobre la situación migratoria de las
personas trabajadoras.
Aunque Arabia Saudita ha implementado algunas reformas laborales en los últimos años, Amnistía señala que las trabajadoras domésticas
han quedado excluidas de muchas de estas modificaciones y siguen
enfrentando obstáculos para cambiar de empleo o abandonar el país sin
autorización de sus empleadores.
La confiscación de documentos de
identidad, el desconocimiento del idioma y el aislamiento incrementan la
dependencia hacia quienes las contratan y dificultan escapar de
situaciones de violencia.
Mujeres migrantes enfrentan una violencia marcada por género y origen
El
informe subraya que la mayoría de las personas empleadas en el trabajo
doméstico en Arabia Saudita son mujeres migrantes provenientes de Asia y África, quienes enfrentan formas múltiples de discriminación por razón de género, nacionalidad, condición migratoria y ocupación.
Amnistía
Internacional sostiene que estas violencias no son hechos aislados,
sino consecuencia de un sistema laboral que facilita la explotación y
favorece la impunidad cuando ocurren abusos dentro de los hogares
privados.
La organización recuerda que en 2025 documentó patrones similares de violencia contra trabajadoras domésticas provenientes de Kenia,
lo que evidencia que las afectaciones alcanzan a mujeres de distintas
nacionalidades que migran en busca de mejores oportunidades económicas.
Amnistía exige desmantelar el sistema de patrocinio
Frente a este panorama, Amnistía Internacional pidió al gobierno saudí investigar todas las denuncias de abuso, incluidas las agresiones sexuales, sancionar a los responsables y garantizar mecanismos efectivos de protección para las trabajadoras domésticas migrantes.
Asimismo, llamó a desmantelar por completo el sistema kafala,
incorporar plenamente a las trabajadoras domésticas a la legislación
laboral y garantizar que puedan cambiar de empleo o abandonar el país
sin depender de la autorización de sus empleadores.
La
organización advirtió que migrar para trabajar no debería significar
renunciar a los derechos humanos ni convertirse en una apuesta donde la
seguridad y la vida de miles de mujeres queden sujetas a la voluntad de
quienes las contratan.
. Entre 2024-2025 Argentina, Panamá y Ecuador eliminaron sus Ministerios de la Mujer.-El Mundial está por concluir y, aunque la atención estuvo focalizada en el futbol, durante apenas un mes de partidos los derechos humanos de las mujeres enfrentaron importantes amenazas en distintas regiones del mundo.
En una entrevista que realice recientemente a la Doctora Patricia Olamendi, experta en derechos políticos y electorales, explicó que cuando el movimiento sufragista luchó porque las mujeres accedieran a cargos de representación política, pensaron en “todas las mujeres” más allá de posiciones ideológicas de izquierda o derecha, fronteras que hoy son cada vez más difusas.
Con esa convicción se legisló la paridad.
Gracias a la lucha feminista, muchas mujeres llegaron a espacios de
poder, aunque muchas de ellas desconocen el movimiento que las llevó al
sitio que hoy ocupan.
Resulta paradójico que la mayor presencia de
las mujeres en espacios de decisión no se ha traducido, necesariamente,
en mejorar los derechos de las mujeres porque, como bien lo señala la
periodista especializada en política Cecilia Lavalle “llegan las mujeres cómodas al patriarcado”. Es decir que el movimiento feminista a través de la lucha sufragista abrió camino para todas las mujeres,
el sistema permite la llegada a personas que le son útiles para
fortalecer el mismo sistema aunque esto signifique que las mujeres no
gobiernen o usen sus liderazgos para mejorar las condiciones de vida de
las mujeres.
Como si se tratara de una novela de ciencia ficción, Erika Kirk líder conservadora estadounidense, representa uno de los ejemplos más claros de la expresión de la misoginia. Durante la Cumbre de Liderazgo Femenino 2026, organizada por el movimiento Turning Point,
reafirmó la maternidad como un valor central de la feminidad cristiana
que promueve su movimiento, además de expresar que las mujeres podrían
renunciar al voto e impulsar el “voto familiar”.
Además, con la llegada de Donald Trump a su segundo período presidencial, hoy 14 estados de Estados Unidoshan dado pasos atrás para los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. En 14 estados donde antes era posible acceder a la interrupción legal del embarazo, hoy está prohibido el aborto bajo cualquier causal.
Estos retrocesos no son exclusivos de Estados Unidos, como si se tratara de Gilead en la novela El cuento de la criada de Margaret Atwood, se observan en otras regiones del mundo.
Por ejemplo, desde
febrero de 2026, la violencia contra las mujeres está permitida por ley
en Afganistán, reforzando la opresión y el silenciamiento de las
mujeres.
En Pakistán, el 25 de junio pasado, la médica y defensora de derechos humanos Mahrang Baloch, fue declarada culpable de terrorismo. Baloch, encabeza el Comité de Unidad de Baluchistán (BYC) y ha dedicado su vida a denunciar las desapariciones forzadas y las ejecuciones extrajudiciales. Su condena representa también un ataque directo a la libertad de expresión y al derecho a defender derechos humanos.
En México pareciera que vamos en ese camino. Las buscadoras de desaparecidos no son recibidas, contrario a ella, son criminalizadas y la Secretaría de las Mujeres permanecerá sin titular hasta septiembre, lo que va mostrando la falta de prioridad de los derechos de las mujeres para un gobierno liderado por una mujer.
Ni que decir de la abierta oposición al aborto de Delcy Rodríguez, presidenta de Venezuela o de Keiko Fugimori, presidenta de Perú. Así como sus homólogos de Argentina, Javier Milei y de Colombia, Aberlado de la Espriella. En México no nos salvamos, aún no logramos sacar el aborto del Código Penal.
Otra
muestra de que ocupar espacios de poder siendo mujer no implica hacerlo
con perspectiva de derechos de las mujeres nos la ofreció la Suprema
Corte de Justicia de la Nación. De nueve integrantes, cinco son mujeres y
fueron ellas quiénes votaron en contra de la protección para una mujer
periodista y sus dos hijas. Fueron los ministros Espinoza, Guerreo y
Aguilar quienes se posicionaron a favor del caso de Myrna Gómez
por ser mujer, vivir el riesgo de ser periodista, tener discapacidad
como resultado del riesgo que vive y el interés superior de sus hijas
menores.
Quizá por eso Audre Lorde, la filósofa y activista lesbiana afroamericana y feminista aseguraba que «las herramientas del amo nunca desmontarán la casa del amo». No se trata de llegar a ocupar el poder en masculino, sino de transformar la manera de ejercer el poder.
En
el mismo sentido, Carla Lonzi, feminista italiana, quién cuestionó la
trampa de la igualdad y se pregunta si las mujeres deseamos esa igualdad
que aspira a la mitad de un poder concebido bajo parámetros masculinos,
violentos y opresores.
Para ambas, la respuesta a la
opresión no es ocupar la mitad del poder que se ha construido en
masculino, si no en pensar nuevas formas de organización desde la
autonomía de las mujeres.
Solo así podremos librar otras
trampas de la cultura androcéntrica, esa que encuentra otras formas de
abrirse camino como las tendencias de esposas tradicionales “trad wifes” o la llamada “girlficación”, estrategias para anclar los estereotipos de género que reducen a las mujeres a seres serviciales, inferiores e indefensos.
La apuesta feminista no es solo por ocupar espacios de poder si no por transformar las estructuras que producen desigualdad, violencia y exclusión. Logramos la representatividad numérica, se cerró la brecha, ahora vamos por el sesgo, que sea a favor de nosotras.
Jessica Mouzo, Brenda Valverde Rubio , Ana Fernández Velasco
La medicina
lleva siglos invisibilizando, cuando no ninguneando, la salud de las
mujeres; encerrando sus males bajo mil candados de prejuicios;
callándolas a base de normalizar o ignorar sus pesares. Y eso ha dejado
gravísimas consecuencias, heridas transgeneracionales que no terminan de
cicatrizar: desde la investigación más básica hasta la consulta cara a
cara, lo que les ocurre a ellas se investiga menos, se banaliza más, se
diagnostica mal y tarde, y se trata peor.
Da igual la disciplina o la enfermedad. El ninguneo es transversal y la historia está repleta de ejemplos. Cuenta la oncóloga Elisabeth Comen en su libro No seas exagerada
que, a mitad del siglo pasado, a una joven con incontinencia y cistitis
crónica —probablemente tenía endometriosis—, le quitaron los dientes
porque pensaban que le estaban dañando los riñones. Y a una chica
catalogada de “ninfómana” le inyectaron cocaína en los genitales para
reparar una supuesta “adherencia del clítoris”. En nombre de la
medicina, también se encerró en manicomios a miles de mujeres, muchas
sanas, con diagnósticos como “locura genital” o “melancolía”; se
pretendieron curar dolores menstruales con un matrimonio temprano y se
trató el vaginismo con sumisión química (se recomendaba drogar a las
pacientes con éter para que no tuviesen dolor con el coito y los maridos
pudiesen satisfacer sus deseos sexuales).
Pasó y sigue pasando.
No hay que irse siglos atrás para retratar la discriminación y la
violencia que sufren las mujeres en materia de salud. Los sesgos de
género se han perpetuado y todavía hoy atraviesan todas las capas del
sistema sanitario. Hay una medicina de talla única alicatada en los
libros y en las consultas: el modelo de hombre blanco sano de mediana
edad es el que manda y todo lo que salga de ahí es “atípico”. Aunque esa
atipicidad implique a la otra mitad del planeta.
A las mujeres nos han puesto muchos adjetivos y han
caricaturizado muchas cosas que nos pasan para invisibilizarnos y
hacernos callar.
Gemma Parramon, psiquiatra
Foto: Massimiliano Minocri
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A continuación, va a explorar el informe médico de una
mujer. De ninguna en particular y de cualquiera. Este es el relato de
una brecha de género en la medicina que ha comprometido la salud, cuando
no la vida, de las mujeres.
informe médico
paciente:
Edad:
01 Exploración
Con las gafas del patriarcado, las mujeres siempre han sido consideradas el sexo débil, inestables, malditas, hasta sacos de microbios.
Y todo se justificaba desde la biología. En realidad, el ser humano es
química y biografía: en la salud y en la enfermedad influyen la genética
y las hormonas, por supuesto, pero también el contexto, el dónde y cómo
vivimos, incluso desde antes de nacer. Las mujeres también quedaron en
ese aspecto relegadas a un rol secundario, de cuidadoras, sumisas,
cualquier cosa sin voz. Y todo eso ha marcado la mirada de la medicina
sobre la salud femenina.
“No me encuentro bien”
Desde la misma puerta de entrada al sistema
sanitario, nada más abrir la boca, las mujeres sufren la mirada hostil
de la medicina. No se les escucha. Ni poco ni bien. Y eso condiciona
todo el recorrido diagnóstico posterior. “Según la pose, lo que dice y
cómo empieza a hablar, se activa un chip en el profesional y ya la
catalogan como paciente psiquiátrica”, conviene la endocrinóloga Carme
Valls.
"Me duele la cabeza”
Cuando una mujer llega al médico con dolor, el
prejuicio de género puede llevar a pensar que lo simula, que lo
ficciona. O que es algo de origen psicológico. No se busca más allá y
eso, además de torpedear un diagnóstico acertado y retrasar el mejor
abordaje terapéutico, genera la impresión en la paciente de que su
malestar se ignora o se minimiza.
"Me duele la regla”
La anestesióloga Elena Casado cuenta que, desde ese
pecado original del “parirás con dolor” que decía la Biblia, la forma en
la que se ha conceptualizado este síntoma ha atravesado la mirada
médica y social. Y de aquellos barros, estos lodos: como la opinión
pública ha asumido la idea de que la regla causa dolor, toca aguantarse.
Así, por la normalización de este síntoma, la endometriosis, que afecta
al 11% de las mujeres en edad reproductiva en el mundo, puede tardar
más de una década en diagnosticarse.
“Tengo vómitos y me noto acelerada”
Quizás el arquetipo de los sesgos de género en salud
son los infartos: a ellas se les diagnostica más tarde y se les trata
peor. Si los síntomas no encajan exactamente con ese clásico dolor
torácico que irradia al brazo, ni se plantea que puedan estar sufriendo
un infarto. De hecho, en la consulta persiste cierta tendencia a
etiquetar el cuadro como ansiedad, sin más exploraciones. La cardióloga
Antonia Sambola dice que “hay que destruir el mito de que hombres y
mujeres tienen síntomas diferentes”. No es del todo cierto. “El dolor
torácico, ese peso en medio del pecho, es el síntoma más frecuente en
ambos sexos. Lo que ocurre es que las mujeres también pueden tener
sudoración, náuseas y que el dolor va más arriba, hacia el cuello”.
A veces, es en la propia consulta donde se acaba abonando la idea de que todo está en sus cabezas. El dolor
es el gran paradigma. Históricamente, se ha creído psicosomático y se
ha silenciado con ansiolíticos y sedantes, cuenta la endocrinóloga Carme
Valls, pero hay un ecosistema de biología y contexto que explica su
origen y frecuencia entre las mujeres. Muchas enfermedades vinculadas a
este síntoma, desde la fibromialgia y la migraña a dolencias reumáticas o autoinmunes, son más frecuentes entre el sexo femenino. Pero también el dolor, dice Valls en su libro Mujeres invisibles para la medicina, “se ha encarnado en el cuerpo” a
través de abusos y agresiones psíquicas, físicas y sexuales desde la
infancia, a través de “condiciones ergonómicas de trabajo que torturan
con la monótona repetición de movimientos”, a través de “una represión
emocional que contrae la musculatura del trapecio hasta producir cambios
en los discos vertebrales”, a través del sesgo de género en
investigación médica, a través de la falta de escucha y del error
diagnóstico y de tratamiento.
Se ha vinculado a la mujer con aguantar. Y si esa
narrativa cultural se integra en la medicina, el dolor de la mujer deja
de ser una señal de alarma. Se le otorga un componente más emocional que
orgánico y eso cambia la atención en la consulta y cómo se diagnostica y
se trata.
Elena Casado, anestesióloga y especialista en dolor
Con el infarto pasa algo parecido. Ellas tienen un 50% más de probabilidades
de ser diagnosticadas erróneamente después de un ataque cardíaco.
También, ante una parada cardíaca en la calle, a ellas se les realiza menos reanimación que
a ellos. Y los motivos son desde la sexualización del cuerpo de la
mujer (temor a que los acusen de tocamientos, por ejemplo), hasta la
sensación de fragilidad del cuerpo femenino y la percepción de poca
gravedad de los síntomas.
El resultado de todos estos sesgos de género puede ser fatal. Según la cardióloga Antonia Sambola, la mortalidad por infarto en mujeres en España es del 14%, el doble que entre hombres.
Las mujeres no tienen conciencia de enfermedad
cardiovascular y minimizan los síntomas, pero no solo es culpa suya. El
profesional sanitario tiene que aprender a interpretar correctamente sus
síntomas y descartar con exploraciones si tiene angina de pecho,
infarto u otra enfermedad.
Antonia Sambola, cardióloga
El desconocimiento no siempre es accidental. En el
siglo XIX, el médico Robert Latou Dickinson creía poder identificar
mujeres “masturbadoras” por la forma de sus genitales. Y no hace tanto, a
principios de los 2000, recuerda la psiquiatra Gemma Parramon, un
ginecólogo le dijo algo parecido cuando ella empezaba su residencia:
“Cuando entran por la puerta de la consulta, yo ya sé si son histéricas o
no”.
La estética de la paciente y cómo refiere los síntomas
todavía condicionan la respuesta médica, explican las expertas
consultadas. En su libro El corazón de las mujeres, Sambola ha
llegado a trazar una guía para mujeres de cómo comunicar los síntomas en
las consultas para que se les preste atención y sean “creíbles”.
02 DIAGNÓSTICO
La invisibilización en la consulta aboca a diagnósticos erróneos o tardíos, y también a silenciar realidades médicas complejas y poco estudiadas. Un estudio danés
señaló que la mayoría de dolencias se diagnostican más tarde en
mujeres: el cáncer, por ejemplo, tarda 2,5 años más en detectarse en su
caso y la diabetes, casi un lustro. Los autores no tenían claro si estas
diferencias en la trayectoria diagnóstica se debían a la genética, al
entorno, a los criterios de detección o una combinación de todos estos
factores.
A veces, ellas mismas, por los roles de género adquiridos, camuflan los síntomas.
Pasa con los trastornos del espectro autista, donde las niñas con casos
más leves aprenden a enmascarar el cuadro clínico —mejorando la
comunicación no verbal, por ejemplo— para encajar socialmente; y
ocurre también con dolencias neurodegenerativas como el alzhéimer: es
1,7 veces más frecuente en mujeres, pero a veces hay retraso diagnóstico
porque las mujeres tienen más capacidad lingüística y memoria verbal,
cuenta la neuróloga Susana Arias.
Ese lastre de los roles de
género también explica que ellas, aunque en general acostumbran a
visitar más los servicios sanitarios, retrasen la búsqueda de atención
médica ante algunos síntomas, como los del infarto.
“Las mujeres pueden retrasar la búsqueda de tratamiento hasta tres
horas o incluso hasta cinco días. A menudo se perciben a sí mismas con
bajo riesgo de enfermedad cardiovascular y priorizan las
responsabilidades familiares o las tareas domésticas”, apunta un estudio.
Las
mujeres viven con síntomas e incertidumbre más tiempo, cuenta Carina
Escobar, presidenta de la Plataforma de Organizaciones de Pacientes:
“Tardamos casi el doble en ser diagnosticadas porque los síntomas son
diferentes, pero también la escucha”. Ella, con enfermedad de Crohn, lo
sabe de buena tinta: “En los ochenta, para el Crohn o las enfermedades
inmunomediadas, te veía el digestivo y el psiquiatra porque se entendía
que era psicosomático”, relata. Conseguir ponerle nombre a lo que
ocurre, la etiqueta diagnóstica y el aval científico, es un alivio
porque favorece la comprensión de los demás, asegura.
0
Esos son los años que las mujeres pasan con mala salud, un 25% más que los hombres.
0%
Es la prevalencia global de absentismo laboral y escolar relacionado con la menstruación.
0
Son los años que puede llegar a tardar en diagnosticarse
la endometriosis. El tiempo medio para detectar esta enfermedad o la
adenomiosis oscila entre 5 y 12 años y puede implicar visitas a ocho
profesionales de la salud diferentes.
0%
Es la prevalencia de dolor crónico entre mujeres; en hombres es del 21,3%.
0%
Las afectadas por fibromialgia son casi en su totalidad mujeres.
0
Las mujeres tienen entre 1,5 y 2 veces más probabilidades que los hombres de experimentar depresión y ansiedad.
Durante mucho tiempo, el útero y las hormonas se creyeron el origen de todos los males
de las mujeres. Histeria deriva de la palabra útero en griego. Y bajo
esa etiqueta se perpetraron algunas de las mayores violencias médicas de
la historia, como el internamiento forzoso en hospitales psiquiátricos.
La
histeria se quiso tratar con hipnosis, con electrochoque y con curas de
reposo, que eran semanas enteras en la cama, alimentación forzosa y
prohibición de leer, escribir o pensar mucho. También se probó con
alcanfor, con extracto de opio y con el matrimonio. Se propuso incluso
golpear los ovarios de las pacientes o que el médico le estimulase los
genitales hasta llegar al orgasmo.
'El baile de las locas'. En el
hospital La Salpêtrière de París, el neurólogo Jean-Martin Charcot llegó
a hacer exhibiciones y ensayos públicos con las internas para mostrar
los síntomas de la histeria, que él decía ser capaz de provocar y frenar
con hipnosis. Cada año se celebraba 'el baile de las locas', un evento
para la élite parisina donde las mujeres ingresadas desfilaban
disfrazadas en una mezcla de espectáculo y demostración médica. Era, en
palabras de la escritora Marisol Donis, un “zoo humano”.
Elizabeth Packard. En 1860, su
marido, un respetado pastor calvinista, decidió ingresarla en un
manicomio. ¿El motivo? “Había empezado a pensar por sí misma”, cuenta la
psiquiatra Gemma Parramon. Resulta que Packard preguntaba, leía y
discrepaba sobre ciertas interpretaciones de la Biblia. En su
internamiento le prohibieron leer y escribir, le pusieron camisas de
fuerza y la trataron con éter y cloroformo. Estuvo internada tres años
hasta que su hijo mayor cumplió 21 años y solicitó su libertad. Nunca
tuvo un diagnóstico médico. A su salida del sanatorio, se convirtió en
una defensora de los derechos humanos de las personas internadas.
Mary, la tifoidea. En realidad se
llamaba Mary Mallon. Esta cocinera irlandesa migrada a Estados Unidos
fue la primera portadora sana conocida de la bacteria que causa la
fiebre tifoidea, aunque quizá ella nunca lo supo exactamente. Se pensaba
que Mary contagiaba la enfermedad por falta de higiene en su trabajo y
la confinaron. Pasó buena parte de su vida en cuarentena, aislada y bajo
una campaña mediática brutal: la acuñaron como Mary, la tifoidea y la
catalogaron como una amenaza pública. “En lugar de involucrarla en sus
cuidados médicos, le dan órdenes y la castigan cuando no obedece”,
cuenta la oncóloga Elisabeth Comen. Mallon no fue un caso excepcional de
portador asintomático de la enfermedad. Hubo más, pero ella sí fue la
única encerrada por ello. “Soy un ser humano inocente. No he comentido
ningún crimen y me tratan como si fuera una paria, una criminal. Es
injusto, indignante e incivilizado”, dijo.
Las voces silenciadas de Conxo. En
el hospital psiquiátrico de Conxo, en Santiago de Compostela,
ingresaron muchas mujeres con un dudoso diagnóstico de locura a finales
del siglo XIX y principios del XX. Una exposición en el Arquivo de
Galicia y el libro 'As tolas que non o eran', de Carmen V. Valiña,
reconstruyen la huella de unas cuantas. Los antecedentes recogidos en
los informes médicos lo dicen todo: una era “terca”, que “no se
humillaba fácilmente”; otra, “histérica y muy aficionada a los hombres”;
una más, “abandonada en las laboras de casa” y “muy callejera”. Padres,
maridos y vecinos construían su relato. “La vida propia contada por
otros”, dice Valiña. A Juana, jornalera de 50 años, la ingresaron por un
supuesto trastorno depresivo persistente, aunque luego se sabrá que
probablemente fuera por desacato a la autoridad. “Su locura fue decir
'no' en un tiempo en el que las mujeres estaban obligadas a asentir”,
reflexiona la autora. FOTO: ROCÍO CIBES
El “todo está en tu cabeza” sigue martilleando a algunas mujeres desde las consultas.
Pasa aún con los síndromes de sensibilización central, como la fibromialgia. Mucho más prevalente en mujeres, esta dolencia, que también tiene un componente de dolor sin causa orgánica aparente, ha sido denostada
por buena parte de la comunidad médica, negándola o reduciéndola
durante mucho tiempo al espectro emocional. Ahora se está empezando a
investigar si hay alteraciones en mecanismos neurobiológicos y
autoinmunes que influyan en la fibromialgia. Pero la ciencia a su
alrededor todavía es muy incipiente.
También los trastornos de la
conducta alimentaria, más prevalentes en mujeres, siguen
“minusvalorados”, arguye la psiquiatra Marina Díaz, y eso hace “que se
deriven más tarde”. Lo mismo pasa con las adicciones: ellas están
“infratratadas”, dice, porque el imaginario colectivo asocia estas
dolencias más con hombres que con mujeres.
Foto: Santi Burgos
Las mujeres convivimos con síntomas e incertidumbre
más tiempo. Cuando no son entendidas, las patologías generan aislamiento
porque te producen culpa.
Carina Escobar, plataforma de organizaciones de pacientes
El legado de la histeria sigue muy presente y todavía hay diagnósticos erróneos
fruto del prejuicio. Parramon señala, por ejemplo, que se etiqueta como
trastorno límite de personalidad los síntomas de mujeres que, en
realidad, tienen un trastorno de estrés postraumático complejo
relacionado con “todas las violencias repetidas que han ido viviendo a
lo largo de su historia”. “¿Por qué casi un 80% de mujeres con trastorno
de personalidad tiene antecedentes de violencia sexual, física y
psicológica? ¿No es importante esto?”, cuestiona.
Junto a los
errores está la invisibilización. La medicina ha situado a las mujeres
en los márgenes y eso tiene un precio: se paga con enfermedades
silenciadas y procesos fisiológicos fundamentales poco estudiados.
El placer, negado
Las mujeres tienen un órgano destinado íntegramente al placer, el clítoris. Sin embargo, la ciencia nodescribió con precisión
su anatomía hasta 1998, anteayer en la escala del tiempo. Este órgano
siempre ha estado en el punto de mira. En un documento del siglo XV lo
describen como “el pezón del diablo” y advertían de que las mujeres que
lo tuviesen eran brujas. El desconocimiento y los prejuicios alrededor
del clítoris llevaron a la medicina a proponer su extirpación quirúrgica
como medida preventiva contra la histeria o la epilepsia, entre otras
dolencias.
Carme Valls sostiene que la mujer solo ha sido visible
“en el proceso del embarazo y del parto”, como un “objeto reproductor” y
estudiado de forma muy superficial. La sexualidad femenina apenas
existía o lo hacía en función de la masculina, abunda la sexóloga
Francisca Molero: “El placer siempre ha estado negado para las mujeres. Y todavía hoy nos cuesta dejarnos llevar porque seguimos con la idea de control, favorecer y agradar”.
Las hormonas, ¿culpables de todo?
Las hormonas juegan un rol fundamental en la salud y, aunque se han empleado históricamente como arma arrojadiza para tratar a las mujeres de inestables y vulnerables, no se entienden sin un contexto.
En el postparto, por ejemplo, hay 22 veces más de posibilidades de
que una mujer acabe ingresada en una unidad de psiquiatría. La
fluctuación hormonal influye, sí, pero también la carga mental y social
de los cuidados, explican las expertas consultadas.
La menopausia
también se ha movido durante muchos años entre el silencio y el miedo a
ser consideradas viejas o incapaces. Desde ese prisma, se ha pasado de
publicitar el tratamiento hormonal sustitutivo como un elixir de la
eterna juventud —“Feminine forever”, se decía— y recomendarlo
para todas sin excepción; a denostarlo y apelar al abanico como una
única solución para tratar los síntomas vasomotores (sofocos y sudores)
que, en algunos casos, son tremendamente invalidantes. En medio de ese recorrido pendular,
marcó un punto de inflexión una investigación en la que se identificó
un aumento de riesgos cardiovasculares y cáncer asociado a estos
medicamentos. Este estudio luego se matizó (el riesgo estaba en mujeres
más mayores y que tomaban un tipo de hormonas concreto), pero el mal ya
estaba hecho y la sombra de la duda no ha abandonado a la terapia hormonal.
El
desconocimiento alrededor del rol de las hormonas en la vida de la
mujer ha provocado que la medicina baile entre dos extremos, señala
Parramon en su libro Será por las hormonas: o bien “banaliza el
sufrimiento ligado a los ciclos hormonales tachándolo de ‘cosas de
mujeres”, o “sobrediagnostica experiencias normales como si fueran
enfermedades”.
Son fenómenos comunes —y no patológicos— tener
cierta irritabilidad antes de la regla, sufrir un leve bajón anímico
tras el parto o experimentar niebla mental en la menopausia. Lo que no
es benigno es, por ejemplo, la depresión posparto; o el trastorno
disfórico premenstrual, una dolencia con un impacto comparable al de
otras depresiones graves, que afecta a entre un 3% y un 6% de las
mujeres, y que solo aparece en la fase lútea del ciclo menstrual y
desaparece con la menstruación. En todo influyen los cambios hormonales,
pero también “la historia personal, la vulnerabilidad biológica y el
entorno vital”, subraya Parramon.
El poso de la violencia obstétrica
Ni
siquiera en el papel de reproductora al que históricamente se relegó a
las mujeres, la mirada androcéntrica de la medicina y del mundo cuidó de
la salud femenina.
Hasta hace pocos años, la mujer no podía
participar de ninguna decisión en su propio parto. “No se entendía que
era un proceso fisiológico”, cuenta la matrona Vanessa Bueno. “No
estaban acompañadas, tenían dolor. No se les dejaba estar con su hijo en
el momento del nacimiento...”.
Hoy, hay planes de parto que, al
menos, recogen las preferencias de la gestante, como si quiere epidural
para mitigar el dolor, y el recién nacido está siempre con la madre.
Pero hay agravios que persisten. La anestesióloga y especialista en
dolor Elena Casado recuerda que la cesárea
es la única cirugía mayor que no tiene baja médica: la mujer solo tiene
permiso de maternidad para cuidar del bebé —como el padre, que no ha
pasado por esa operación—, pero no le dan ningún día para la
recuperación postoperatoria.
Cáncer: más allá del lazo rosa
El cáncer de mama
es el más frecuente entre las mujeres, el más estudiado. Y eso es
positivo porque la supervivencia, de las más altas, no para de crecer.
Pero el peso de este tumor en el imaginario colectivo puede impedir
mirar más allá, como si otros cánceres no fuesen posibles en la mujer.
Un ejemplo paradigmático es el cáncer de vejiga: hay retrasos diagnósticos en hombres y mujeres, pero en ellas más. Un estudio
señala, por ejemplo, que el tiempo medio entre una consulta por sangre
en la orina y el diagnóstico es de 85 días en mujeres y 74 días en
hombres. Además, las mujeres tuvieron 2,3 veces más probabilidades de
ser diagnosticadas inicialmente de infección urinaria.
03 HISTORIA CLÍNICA
En una medicina de talla única,
la brecha alcanza a la investigación más básica. Históricamente, los
estudios científicos se han realizado empleando modelos animales
masculinos y más hombres que mujeres (o solo varones) en los ensayos
clínicos. Las fluctuaciones hormonales de
la mujer eran, para los científicos, un problema y, en lugar de tenerlo
en cuenta, las borraron de la ecuación en los estudios. Eso ha
provocado que los resultados en salud y la evidencia acerca de la
eficacia de los tratamientos esté completamente distorsionada.
La cardióloga Bernadine Healy pone nombre al sesgo de
género en salud: síndrome de Yentl, en referencia a una película del
mismo nombre donde la protagonista se hace pasar por hombre para poder
estudiar. Con este nombre, la médica describe el fenómeno por el que las
mujeres reciben diagnósticos y tratamientos erróneos, a menos que los
síntomas sean similares a los de los hombres.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de EE UU
(FDA, por sus siglas en inglés) exige desde esa fecha la paridad de
género en los ensayos clínicos.
La uróloga Helen O’ Connell publica el primer estudio detallado de la anatomía del clítoris.
En ese año se realizó un estudio
que analizó más 16.000 imágenes de 12 manuales de anatomía de
prestigiosas universidades. La investigación reveló que en los libros
predominaban las imágenes de hombres blancos como “modelo universal” del
ser humano.
Se descubre el origen de la hiperémesis gravídica, que
provoca vómitos excesivos (hasta 50 veces al día) durante el embarazo.
Históricamente se pensó que las afectadas lo hacían para abortar, llamar
la atención o por histeria. La causa real es genética.
El sexo y el género imponen diferencias fisiológicas y
neurobiológicas que pueden ser fundamentales en la salud y la
enfermedad. La psiquiatra Gemma Parramon pone un ejemplo a propósito del
dolor: “Las vías del dolor son diferentes para hombres y mujeres, como
también es diferente entre mujeres pre y postmenopáusicas. La cuestión
es que hemos estudiado el dolor en hombres, pero no tenemos ni idea de
cómo es en mujeres en edad fértil”.
La falta de conocimiento
alrededor de las particularidades de la mujer y la construcción de una
ciencia a partir del modelo masculino ha provocado resultados
devastadores en salud femenina, con efectos secundarios inesperados y
eficacia terapéutica limitada.
La farmacocinética, que es el
camino que sigue el fármaco en el organismo, es diferente en hombres y
mujeres, explica María Antonia Mangues, especialista en Farmacia
Hospitalaria. Pero eso no se ha tenido en cuenta hasta hace bien poco.
Se presumía que las mujeres eran “hombres en pequeñito”, dice, y lo que
servía para ellos, para ellas también. “En las mujeres, el medicamento
se absorbe más lento. También cambia cómo el fármaco se distribuye por
el cuerpo, si tienen más apetencia de agua o de grasa, porque las
mujeres tienen más adiposidad que los hombres. Y sobre cómo se elimina
también hay diferencias: el motor que destruye el fármaco es el hígado,
pero las tijeras que van cortando ese medicamento funcionan diferente en hombres y en mujeres”, señala.
Los sesgos de género alcanzan también al proceso formativo.
Se ve en los libros de anatomía, donde históricamente el modelo
masculino se ha asimilado al arquetipo de ser humano. Otro ejemplo: la
mayoría de los maniquíes en los que se enseña reanimación cardiopulmonar
tienen torso masculino, explica Blanca Coll-Vinent en el libro Ets una exagerada.
Y
una muestra más: hay equipos diagnósticos, como los
electrocardiogramas, que miden la conductividad del corazón, que están
calibrados solo para parámetros masculinos, anota Comen. Y pasa lo mismo
con los respiradores, por lo que cuando se conectan a una mujer “es
complicado saber a ciencia cierta si están recibiendo el volumen
adecuado de oxígeno”.
Foto: Albert Garcia
Hay que reescribir la medicina entera. En la puerta
de la consulta, la mujer es más vulnerable porque se interviene más
tarde y peor. Harían falta cinco generaciones para que esto se
normalizara y se hiciera bien.
Maria Antonia Mangues, doctora en Farmacia
El vacío de conocimiento sobre el cuerpo de la mujer
está en el origen de muchos de los males de la medicina. Cuenta
Elisabeth Comen en su libro que mientras los médicos aprenden durante su
formación académica “a reconocer la diversidad de formas y tamaño
considerados normales de otras partes del cuerpo —el pene en
particular—”, no se reconoce igual la diversidad de los genitales
femeninos. Ese desconocimiento ha llevado a patologizar los cuerpos
diversos, aunque sean sanos, y a catalogar partes funcionales del
organismo como deformidades “para legitimar una cirugía”.
“Vulvas civilizadas”
Está creciendo, por ejemplo, la medicina estética genital
femenina. La labioplastia, conocida como “vulva de Barbie”, es un caso
paradigmático de todo esto. Es la solución quirúrgica a algo que, dice
Comen, hasta hace poco tiempo no era un problema: la diversidad de sus
genitales, con labios menores asimétricos o más largos.
Se sigue buscando lo que ella llama la “vulva civilizada”.
Un concepto, señala, impregnado de misoginia y racismo y que, durante
siglos, ha borrado la diversidad corporal hasta el punto de
patologizarla. La autora relata que, no hace tanto, en 1975, el
británico Norman Jeffcoate, antiguo presidente del Real Colegio de
Obstetras y Ginecólogos, comparó los labios menores alargados con orejas
de perro y concluyó —erróneamente— que las mujeres se causaban a sí
mismas ese trastorno masturbándose en exceso.
Las mujeres viven más años, pero con peor calidad de vida. La revista científica The Lancet recordaba hace unos meses que las mujeres pasan nueve años de su vida con mala salud, un 25% más de tiempo que los hombres.
Los
sesgos de género persisten en la asistencia, pero también a la hora de
elegir las prioridades científicas que alumbrarán el conocimiento del
futuro. Un ejemplo: el síndrome premenstrual, que provoca una colección
de síntomas diversos (ansiedad, sensibilidad en los senos, dolor de
cabeza, insomnio, etc) y afecta al 90% de las mujeres. Según recoge
Caroline Criado Pérez en su ensayo La mujer invisible, hay cinco veces más estudios sobre la disfunción eréctil que
sobre el síndrome premenstrual. Y ese desdén científico en investigarlo
se traduce en muchas preguntas sin respuesta y un arsenal terapéutico
muy limitado, tanto que el 40% de las mujeres que lo sufren no responden
a los tratamientos disponibles.
La anestesióloga y especialista en dolor Elena Casado lanza otro ejemplo en su libro Ser mujer es perjudicial para la salud
de esa falta de perspectiva de género en ciencia: “La viagra consiguió
más investigación en una década que la endometriosis en un siglo”.
El historial médico de la mujer sigue repleto de agravios, pero algunos ya se están empezando a resarcir. Una muestra es el cambio de nombre del
llamado síndrome de ovario poliquístico. Ahora se llama síndrome
ovárico metabólico poliendocrino. ¿Por qué es importante esta
transformación semántica? Porque la comunidad científica ha
reinterpretado la dolencia como un cuadro sistémico, con implicaciones
metabólicas, endocrinas, cardiovasculares y de salud mental, no solo
ginecológicas.
La carrera apenas acaba de empezar. Siglos y
siglos de desprecio médico y científico a la mitad del planeta no se
resuelven de la noche a la mañana. Tampoco hay recetas mágicas. ¿Cómo se
combate la brecha de género en salud? La respuesta de las expertas se
sintetiza en las palabras de la anestesióloga Elena Casado: “Hablando,
quejándonos, visibilizando. Hay que hacer notar todo esto y ser
incómodas”.
Créditos
Desarrollo: Alejandro Gallardo
Diseño: Ana Fernández
Formato: Brenda Valverde Rubio
Texto: Jessica Mouzo
Fuentes y bibliografía
Gemma Parramon, psiquiatra del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
María Antonia Mangues,
doctora en Farmacia, exdirectora del servicio de Farmacia del Hospital
Sant Pau de Barcelona y presidenta de la Sociedad Catalana de Salud con
perspectiva de sexo y género.
Antonia Sambola,
directora Unidad Enfermedad Cardiovascular en la Mujer Clinica Sagrada
Familia y coordinadora del Grupo en Enfermedad Cardiovascular de la
Mujer de la Sociedad Española de Cardiología.
Marina Díaz, presidenta de la Sociedad Española de Psiquiatría.
Vanessa Bueno, matrona en el hospital Vall d’Hebron de Barcelona.
Francisca Molero, directora del Instituto Iberoamericano de Sexología y sexóloga clínica en la Clínica Máxima de Barcelona.
Carme Valls, endocrinóloga y directora del programa ‘Mujer, Salud y Calidad de Vida’ en el Centro de Análisis y Programas Sanitarios (CAPS).
Susana Arias, vocal de la Sociedad Española de Neurología.
Elena Casado, anestesióloga y especialista en dolor.
Carina Escobar, presidente de la plataforma de Organizaciones de Pacientes.