En los últimos años algunas luchas de mujeres en el Sur Global han
sido ampliamente celebradas en medios de comunicación, redes sociales y
espacios feministas internacionales, donde se presentan como símbolos de
emancipación y resistencia. Sin embargo, otras luchas igualmente
profundas, prolongadas y decisivas permanecen en gran medida invisibles
o son reducidas a relatos humanitarios que borran su dimensión
política.
Este contraste no tiene que ver con
el valor de unas luchas frente a otras. Lo que revela es algo distinto:
la existencia de una mirada selectiva en la forma en que Occidente
reconoce —o decide no reconocer— las luchas de las mujeres fuera de su
propio contexto cultural y político.
Cuando se observa con atención,
aparece un patrón bastante claro. Algunas experiencias son convertidas
en símbolos globales del feminismo contemporáneo, mientras que otras
—especialmente las que emergen del mundo árabe o musulmán— permanecen
ignoradas, simplificadas o despolitizadas.
Este fenómeno puede observarse al
analizar cómo se representan internacionalmente las luchas de mujeres en
contextos tan distintos como Palestina, Kurdistán, Irán o el Sáhara
Occidental.
Orientalismo y construcción selectiva de las luchas de mujeres
Este patrón no es casual. Forma
parte de una tradición más amplia que el intelectual palestino Edward
Said definió como orientalismo: una forma de mirar y representar a las
sociedades del llamado “Oriente” a través de categorías construidas
desde Occidente, donde la complejidad de esas sociedades queda reducida a
estereotipos culturales, políticos o religiosos.
Dentro de esta lógica, las mujeres
del mundo árabe y musulmán han sido históricamente representadas de dos
maneras opuestas pero complementarias: o como víctimas pasivas que
necesitan ser salvadas, o como excepciones admirables que parecen
confirmar los valores occidentales.
En ambos casos, lo que desaparece
es su condición de sujetas políticas autónomas, capaces de definir por
sí mismas los términos de su lucha.
La fascinación mediática por algunas luchas
En los últimos años, la experiencia
de las mujeres kurdas en el norte de Siria ha recibido una atención
extraordinaria en los medios occidentales. Las combatientes kurdas
fueron presentadas en numerosos reportajes como símbolo de emancipación
femenina y resistencia revolucionaria.
Su imagen —mujeres jóvenes armadas,
uniformadas y combatiendo al fundamentalismo— se convirtió rápidamente
en un icono global. Diversos análisis sobre la cobertura mediática de
este fenómeno han señalado cómo esa fascinación estuvo marcada por una
mezcla de admiración, exotización y simplificación política.
Reconocer esta dinámica no implica
negar la importancia de la experiencia política de las mujeres kurdas ni
el valor de su organización. Su papel en procesos de autogobierno y
transformación social merece ser estudiado con seriedad.
La cuestión es por qué esa visibilidad extraordinaria convive con la invisibilización de otras luchas igualmente profundas.
Las mujeres iraníes y la instrumentalización mediática
Un caso particularmente claro de esta dinámica es el de las mujeres
iraníes. Sus movilizaciones y protestas reciben una enorme cobertura
mediática internacional cuando encajan en relatos geopolíticos que
confrontan al Estado iraní con Occidente.
Sin embargo, esa visibilidad suele estar profundamente mediada por
intereses políticos. La complejidad de las luchas de las mujeres
iraníes —sus debates internos, su diversidad ideológica, su historia
política y su participación en movimientos sociales— tiende a
simplificarse en relatos que las presentan exclusivamente como víctimas
que necesitan ser salvadas.
La antropóloga Lila Abu-Lughod ha
señalado cómo el discurso de “salvar a las mujeres musulmanas” ha sido
utilizado históricamente para justificar agendas políticas e
intervenciones externas en el mundo musulmán.
En ese proceso, las mujeres dejan
de aparecer como sujetas políticas complejas y pasan a convertirse en
símbolos dentro de un relato más amplio sobre civilización, modernidad y
libertad.
Las mujeres palestinas frente al colonialismo de asentamiento
La invisibilización de las mujeres
palestinas resulta aún más significativa si se tiene en cuenta el
contexto en el que desarrollan su lucha.
Las mujeres palestinas viven y
organizan su resistencia bajo un sistema de colonialismo de
asentamiento, ocupación militar y apartheid que condiciona todos los
aspectos de la vida cotidiana. La fragmentación territorial entre Gaza,
Cisjordania, Jerusalén, los territorios ocupados en 1948 y la diáspora
impone enormes obstáculos a la organización social y política.
En muchas zonas enfrentan
simultáneamente múltiples formas de violencia estructural: puestos de
control militares, confiscación de tierras, demolición de viviendas,
arrestos masivos, desplazamiento forzado y severas restricciones a la
movilidad.
A pesar de estas condiciones
extremas, las mujeres palestinas han desempeñado un papel central en la
organización comunitaria, la educación, la resistencia popular y la
defensa de la vida social bajo ocupación.
La historia de su participación
política forma parte también de una tradición más amplia de feminismo
anticolonial. Desde las primeras organizaciones de mujeres durante el
Mandato británico hasta su papel en las distintas fases de la
resistencia palestina, la lucha por los derechos de las mujeres ha
estado profundamente vinculada a la autodeterminación y a la liberación
nacional del pueblo palestino.
Para muchas activistas palestinas,
la emancipación de las mujeres no puede separarse del fin del
colonialismo, del retorno de las personas refugiadas y del derecho del
pueblo palestino a vivir libre de ocupación.
Las mujeres palestinas y la invisibilización política
Este contexto colonial explica
también por qué la dimensión política de la participación de las mujeres
palestinas ha sido tan frecuentemente invisibilizada en los relatos
dominantes sobre Palestina.
La historia de las mujeres
palestinas en la lucha anticolonial se remonta al menos a comienzos del
siglo XX. Ya en 1929 se celebró en Jerusalén el Congreso de Mujeres
Árabes Palestinas, una expresión temprana de organización política
femenina vinculada al movimiento nacional.
Desde entonces, las mujeres
palestinas han desempeñado un papel central en la resistencia contra el
colonialismo, la ocupación y el desplazamiento. Han sido organizadoras
comunitarias, militantes políticas, educadoras, presas políticas,
combatientes, defensoras de la tierra y pilares de la vida social bajo
ocupación.
Durante la Primera Intifada de 1987
su participación fue masiva y decisiva en la organización popular, la
educación clandestina, la movilización social y el sostenimiento de la
vida cotidiana bajo la represión militar.
A pesar de esta larga trayectoria, durante décadas el relato
dominante en Occidente redujo a las mujeres palestinas a dos imágenes
aceptables: la víctima humanitaria o la madre doliente. Su papel
político y su agencia revolucionaria fueron sistemáticamente
minimizados o directamente ignorados.
La jerarquía implícita del reconocimiento feminista
Este contraste revela la existencia
de una jerarquía implícita en la forma en que el feminismo liberal
occidental reconoce las luchas de mujeres fuera de Europa y Estados
Unidos.
Las experiencias que resultan
culturalmente legibles para Occidente —seculares, visualmente
espectaculares o alineadas con narrativas geopolíticas occidentales—
tienden a recibir mayor reconocimiento.
En cambio, las luchas de mujeres
que emergen del mundo árabe o musulmán, o que confrontan directamente
estructuras de poder sostenidas o respaldadas por Occidente, suelen ser
ignoradas, simplificadas o reducidas a discursos humanitarios.
Este patrón no se limita al caso palestino.
Las mujeres saharauis: resistencia invisibilizada
Una situación similar puede
observarse en el caso de las mujeres saharauis. Durante décadas han
desempeñado un papel fundamental en la organización social y política
del pueblo saharaui, especialmente en los campamentos de refugiados
donde han sostenido estructuras educativas, sanitarias y administrativas
en condiciones extremadamente difíciles.
A pesar de este papel central, la
lucha de las mujeres saharauis rara vez ocupa un lugar destacado en el
imaginario feminista internacional.
Su experiencia demuestra hasta qué
punto algunas luchas permanecen fuera del radar mediático global, no por
falta de relevancia, sino por su posición dentro de los equilibrios
geopolíticos internacionales.
Cuando la causa de las mujeres se convierte en instrumento geopolítico
Existe además otra dimensión incómoda que rara vez se aborda en los
debates internacionales sobre los derechos de las mujeres en el Sur
Global: la instrumentalización política de algunas luchas por parte de
las potencias occidentales.
A lo largo de la historia
contemporánea, los derechos de las mujeres han sido utilizados en
numerosas ocasiones como argumento moral para legitimar agendas
geopolíticas, sanciones económicas o intervenciones políticas en países
considerados adversarios de Occidente.
En ese contexto, ciertos discursos
feministas pueden ser incorporados —de manera consciente o
inconsciente— dentro de narrativas que responden a intereses
estratégicos más amplios.
En muchos contextos del Sur Global, diversas activistas han
desarrollado lo que algunas teóricas denominan feminismo de liberación
nacional, una perspectiva que entiende que la emancipación de las
mujeres no puede separarse de las condiciones políticas, económicas y
coloniales en las que viven sus pueblos.
Desde esta perspectiva, la lucha
contra el patriarcado se articula con la lucha contra el colonialismo,
el racismo estructural, la ocupación militar o la dominación imperial.
Separar artificialmente ambas
dimensiones no solo distorsiona la realidad histórica de esos
movimientos. También puede contribuir —de manera involuntaria— a
debilitar luchas colectivas por la liberación de los pueblos.
Islam, secularismo y reconocimiento selectivo
Existe además otro elemento que atraviesa estas dinámicas: la relación entre feminismo occidental, secularismo e islamofobia.
Incluso cuando las mujeres
palestinas o árabes logran visibilidad internacional, se observa una
tendencia clara: las figuras más aceptadas suelen ser aquellas
percibidas como seculares o culturalmente cercanas a los códigos
occidentales.
Las mujeres musulmanas visibles
—especialmente aquellas que llevan hiyab— continúan enfrentando
sospecha, paternalismo o invisibilización.
Esto revela hasta qué punto el
reconocimiento internacional de las luchas de las mujeres sigue
condicionado por criterios culturales profundamente marcados por el
orientalismo.
La pregunta que queda abierta
Quizá la cuestión no sea cuál lucha de mujeres merece mayor admiración.
La cuestión es otra: ¿por qué algunas son celebradas mientras otras permanecen invisibles?
Responder a esa pregunta exige
reconocer que el reconocimiento internacional de las luchas de las
mujeres sigue profundamente condicionado por el orientalismo, el
colonialismo y la islamofobia.
Mientras esa mirada no cambie,
muchas mujeres que luchan por la liberación de sus pueblos seguirán
siendo ignoradas incluso dentro de espacios que se presentan como
feministas.
Más allá de los símbolos mediáticos
Las luchas de las mujeres en
Palestina, Kurdistán, Irán o el Sáhara Occidental no pueden comprenderse
fuera de los procesos políticos y coloniales que atraviesan a sus
pueblos.
Analizarlas únicamente desde
categorías culturales o identitarias, ignorando esas condiciones
históricas, reproduce precisamente la mirada orientalista que dice
querer superar.
La cuestión no es qué mujeres luchan más o mejor.
La cuestión es quién decide qué luchas merecen ser visibles y cuáles deben permanecer en silencio.
Responder a esa pregunta implica mirar de frente a la estructura de
poder que produce esos relato: una estructura marcada por el
orientalismo, el colonialismo, la islamofobia y la hegemonía mediática
occidental.
Y también implica reconocer algo
fundamental: las mujeres que luchan por la liberación de sus pueblos no
necesitan el reconocimiento de Occidente para que su lucha sea legítima
ni para definir por sí mismas los términos de su emancipación.
Jaldía Abubakra es integrante del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama y activista por los derechos del pueblo palestino.
Fuente: https://alkarama.eu/que-luchas-de-mujeres-decide-ver-occidente-orientalismo-feminismo-e-invisibilizacion-en-palestina-iran-y-el-sahara-occidental/