2/22/2026
“Un club de varones multimillonarios”: lo que los últimos archivos publicados sobre el caso Epstein revelan sobre la impunidad de las élites
Cuidado con los cuatreros gringos: siempre regresan
Hablar de imperialismo, dice la posmodernidad, es un recurso perezoso de gente que se niega a asumir que estamos en el siglo XXI. La verdad es que en Europa no se puede hablar democracia si no hablas de antifascismo. ¿Puede hablarse de democracia en América Latina sin ser antiimperialista?
Cuando uno mira la situación política en el mundo, se da cuenta de que estamos en callejones sin salida. Hay una potencia mundial, los Estados Unidos, que en un momento de crisis económica y geopolítica ha llamado a un “liquidador” para que le solvente sus problemas internos cobrándoselos, como siempre, al mundo. Y también como siempre, castigando a los de dentro que protesten. Se trata de una potencia con capacidad nuclear, que gasta en armamento casi un billón de dólares, el 39 por ciento del gasto mundial total, cifra que supera la suma de los siguientes diez países, incluyendo a China y Rusia; que ha solventado históricamente sus problemas con bombas, misiles, mercenarios, golpes de Estado y presiones, que se ha aliado históricamente con dictaduras y que usa el mercado y la democracia parlamentaria siempre y cuando no dificulte su verdadera vocación, que es el dinero. La izquierda hablaba de EU como de una potencia imperialista. Pero ese nombre sonaba a antiguo. Cosas de la vieja izquierda.
Añadido a eso, la Junta de Paz inventada por Trump para sustituir a la ONU y repartirse las ruinas de Gaza, se ha convertido en un espectáculo que, como dice Pedro Brieger, ni siquiera Stalin se habría atrevido a representar con los países satélites de la URSS. Trump se elogió a sí mismo y humilló a los asistentes haciendo que se pusieran en pie como niños en el colegio mientras los nombraba, elogiándoles como idiotas o diciendo que le deben su victoria electoral en sus países. Los países que se ponen de rodillas con Trump reciben humillaciones y los que plantan cara son respetados o aranceleados o bombardeados. Es la “presidencia imperial” de la que hablaba el recientemente fallecido John Saxe-Fernández
Estamos viendo que los países latinoamericanos que mantienen la dignidad y la soberanía están intentando ganar tiempo. El caso más evidente es el de Venezuela, pero vale igual para México, Colombia o Cuba, que está resistiendo con valentía un cerco medieval que bien puede ser un Bahía de Cochinos 2.0.
Ganar tiempo es lo único posible en un escenario donde Trump está proponiendo tres salidas a los desobedientes:
Eliminación física o inhabilitación. En virtud de las circunstancias, cada dirección y país tendrá su trato. En Venezuela, secuestrando al Presidente y prometiendo una tormenta de metralla en caso de respuesta a la agresión. El chavismo podría haber tomado las armas contra los invasores y organizar la resistencia, lo que habría significado, como pasó en Irak, destrucción de la infraestructura, incluidos los pozos petroleros, una guerra que devastaría al país y, finalmente, la victoria de los EU sobre un país con, sin duda, bajas entre los norteamericanos pero muchísimas más entre los venezolanos. Además del destrozo de la economía y la intervención total del país por parte de los norteamericanos.
En otros lugares, Trump buscará derrotar en las urnas a los líderes de la izquierda regando de dinero a la derecha y con amenazas en caso de que gane la izquierda, como hizo en Honduras y, seguro, hará en Colombia y Brasil.
Ofrecer salidas personales a los líderes que se rindan. Roma, en el siglo XXI, sí paga a los traidores. Ahí están Tony Blair, José María Aznar o Durao-Barroso, bien recompensados por permitir el asesinato de cientos de miles de seres humanos en Irak. Trump los maltrata y los desprecia (es evidente con Zelenski, con Milei, con María Corina Machado), pero les da de comer como a los perros fieles. A Nicolás Maduro le ofreció Trump una salida del país para que se pudieran hacer con las riquezas petroleras. Maduro prefirió estar en una cárcel en Nueva York o que le hubieran pegado un tiro.
Negociar sus intereses donde, en virtud de la capacidad estructural de presión del país (no es igual que el 15 por ciento de las exportaciones de EU vayan a México a que dependas económicamente de las remesas de los migrantes), de la correlación de fuerzas y de la personalidad de los dirigentes. En este tercer apartado se está moviendo Delcy Rodríguez, consciente, como el propio Maduro, de que convertir al país en mártir sería inútil. Ahí está Petro yendo a Washington a reunirse con Trump o Claudia Sheinbaum negociando aranceles, mandando ayuda humanitaria a Cuba y discutiendo diplomáticamente para no abandonar a una isla que siempre ha significado, en México y en todo el continente, la dignidad frente al imperio del norte. Groenlandia también ha resistido. De momento se ha “salvado” porque los aliados de la extrema derecha europea de Trump le hicieron desistir del empeño, además de amenazar a la OTAN, esencial en el control de Oriente Medio por las bases norteamericanas en el Mediterráneo.
Todo sigue agravándose día a día. El discurso de Marco Rubio este mes de febrero en la Cumbre de Seguridad de Múnich ha sido otro insulto al mundo, amparado en una de las grandes mentiras de los EU: su compromiso con la democracia al entrar en la Segunda Guerra Mundial. Es mentira: Roosevelt aceptó entrar en la guerra a cambio de que Gran Bretaña le cediera sin aranceles el mercado del imperio británico, además del derecho a establecer bases militares por toda la Commonwealth. La segunda guerra mundial fue una guerra entre imperios y países que para sobrevivir tenían que frenar a los imperios haciendo otro tanto (Rusia y China). Marco Rubio en Múnich ha vuelto a dejar claras las cosas: o estás con los blancos ricos y protestantes norteamericanos o estás contra ellos y así serás tratado.
El diálogo no es sencillo. Porque Marco Rubio, como Trump, dicen que lo mejor de las Américas -recordemos que Marco Rubio es de origen cubano- es que llegaron ahí los europeos, para, inmediatamente, decir que los migrantes de hoy son una amenaza. En el fondo están diciendo algo muy propio del fascismo: ellos y sólo ellos son la medida de las cosas. Los argumentos ya dan lo mismo porque pueden ser contradictorios y les da igual.
El supremacismo de las extremas derechas, expresadas en el gobierno de Trump, sus imitadores y perritos falderos, es esencialmente agresivo con los demás países y, aún más, con quienes expresen un color de piel distinto. Es algo que algunos han sabido desde siempre: el imperialismo, donde algunos países se han creído superiores a otros, es verdad que han existido en otros sistemas económicos, pero es una característica propia del capitalismo.
O, dicho de otra manera, la retórica del mercado libre, de la oferta y la demanda, de la santidad de la propiedad privada, de la autorregulación del mercado y de la crítica al Estado son todo mentiras cuando las élites económicas de un país se ven amenazadas interna o externamente o deciden incrementar su riqueza robando a otros países.
Así que no, hablar de imperialismo no es una cosa vieja propia de
mentes perezosas. Es tan real como el hambre, la sed y la enfermedad que
amenazan a millones de cubanos por culpa de los que lanzaron las bombas
de Hiroshima y Nagasaki.
https://www.sinembargo.mx/4768236/cuidado-con-los-cuatreros-gringos-siempre-regresan/
El despecho
El Código de ética y las leyes en materia de responsabilidades de los servidores públicos mandatan que el servidor público debe desempeñar su empleo, cargo o comisión subordinada al Estado, con una conducta apegada a los principios de legalidad, lealtad, honradez, imparcialidad y eficiencia. Que en su actuar debe imperar un desempeño con ética que responda al interés público; desafortunadamente en muchos casos no ha ocurrido.
El libro del despecho de Julio Scherer Ibarra, que presenta a manera de conversación con el periodista Jorge Fernández Menéndez, quien firma como coautor, evidencia algunas de las carencias principales que ha padecido el servicio público: la falta de vocación y ausencia de principios éticos de muchos de quienes han tenido cargos gubernamentales, y que conciben el puesto como una vía de lucro y negocio personal. Es el propio Scherer Ibarra quien, involuntariamente se muestra como la personificación de ello.
A lo largo de más de 300 páginas da cuenta de anécdotas de su paso por el Gobierno federal y lanza graves acusaciones contra sus excompañeros de gabinete, pero sin presentar evidencia alguna. Al hacer Scherer Ibarra tales señalamientos respecto de quienes formaban parte del gabinete en que él ejercía un cargo de muy alta relevancia, se exhibe por lo menos omiso y negligente dado el cargo que ejercía: como consejero jurídico de la Presidencia, que en la estructura gubernamental tiene alta jerarquía (a nivel de secretario de Estado) e implica también mayor nivel de responsabilidad, toma de decisiones estratégicas y funciones de coordinación y supervisión.
Los funcionarios tienen responsabilidad por acción, pero también por omisión, y Scherer Ibarra se exhibe por lo menos como omiso. Su obligación legal –más allá de lo moral o ético– era que en su momento hubiera denunciado lo que ahora dice que ocurría. No fue así, y ahora que lo dice en su libro tampoco presenta evidencia alguna que respalde su dicho, pese a que como abogado sabe que las pruebas son imprescindibles.
Así que sus acusaciones –sin que en el libro aporte pruebas– parecen más producto de su malquerencia tras haber salido del cargo, cuando se advertía el tsunami de escándalos en que se vería involucrado bajo señalamientos de supuesto tráfico de influencias por sus negocios jurídicos y también sus disputas con el Fiscal Gertz Manero, en uno y otro caso un duelo de egos de personajes que, al parecer hicieron del cargo veta de intereses personales.
En su libro Scherer Ibarra hace eco, además –sin aportar tampoco evidencia alguna– de los mismos señalamientos y acusaciones que miembros del PRI y el PAN han utilizado para pedir a Washington su intervención en México.
Aquel año 2021, desde la conferencia mañanera, Scherer Ibarra hizo pública su salida con un abrazo al Presidente a quien llamaba su amigo, pero por lo que ahora dice en su libro, que es un compendió de reproches y denostación, queda claro también que en realidad no salió en buenos términos.
Por estos días Scherer Ibarra está en gira de promoción del título editorial que llama Ni venganza ni perdón, y que firma en coautoría con Jorge Fernández Menéndez un periodista en la hechura de Carlos Salinas, privilegiado de aquel régimen, y quién desde los espacios de la televisora de Ricardo Salinas Pliego y otros medios validó la llamada “verdad histórica” que el gobierno de Peña dio al caso Ayotzinapa, y a quien se le abrían las puertas del campo militar para “exclusivas” con los militares implicados.
El periodista a quien Scherer Ibarra designó como escribano tiene en sus relaciones personales a un Felipe Calderón y Margarita Zavala que fueron testigos de su boda en tiempos en que Calderón despachaba en Los Pinos. Los Zavala emparentados a su vez con una hermana de Scherer.
Las relaciones de amistades y parentescos no se pueden desvincular del contenido y la intencionalidad de lo que en ese libro se dice y desde dónde se dice: la primer entrevista de promoción la tuvo Scherer Ibarra en el programa que co-conduce Fernández Menéndez en el corporativo mediático que mantiene una campaña contra el expresidente López Obrador y su proyecto de gobierno, a partir de que su dueño Salinas Pliego ha tenido que comenzar a pagar sus adeudos de impuestos.
Como decía el filósofo canadiense y estudioso de los medios de comunicación Marshall McLuhan, “el medio es el mensaje”.
La Consejería Jurídica de la Presidencia es una posición de alta relevancia, cuyo titular tiene entre sus funciones principales revisar, redactar y validar jurídicamente decretos e iniciativas de ley que se proponen desde la Presidencia. El proyecto de Nación con que llegó el Presidente López Obrador, implicaba una reorganización de gran calado en la administración pública, para revertir la desarticulación de las funciones del Estado producto de las políticas neoliberales de sus antecesores y para ir recuperando los derechos sociales, lo que requería revertir las privatizadoras reformas y modificaciones que se habían hecho a la Constitución en los gobiernos del PRI y el PAN desde los años ochenta.
Más allá de su intencionalidad, Scherer Ibarra se muestra ahora como un personaje que no estaba de acuerdo con muchas de las disposiciones que se tomaron en la administración de la que formaba parte, ni con el proyecto de gobierno que planteó una reorganización de la administración pública, lo que terminó por contrapuntearse con sus intereses personales.
En las conferencias mañaneras Scherer Ibarra se decía de acuerdo con las iniciativas, pero ahora sale a criticar varias de las disposiciones más relevantes que durante ese periodo se tomaron, lo que muestra también su incongruencia.
En su relato, Scherer Ibarra tropieza con su propia historia, porque lo que cuenta refleja también que su tránsito por la función pública no fue producto de su trabajo o aptitudes, sino el peso del apellido. Desde sus años en que joven fue contratado como secretario particular del priista Javier García Paniagua, cuando éste ocupaba cargos de Secretario de Estado y luego cuando fue dirigente del PRI.
Su relato es también sumario de el cómo su apellido le abría las puertas para sus relaciones con políticos y funcionarios de los diversos partidos, el apellido como derecho de picaporte, implícitas las influencias. Y del que se había valido también para librarse de cuestionables episodios en que se vio involucrado desde los años noventa acusado de malos manejos cuando fungía como directivo de Grupo Caze, que a su manera cuenta a su amigo Fernández Menéndez; la otra parte de esa historia puede verse en archivos y notas de periódicos publicadas en los años 2000 y 2001 que quedaron como registro histórico de ese escándalo.
Scherer Ibarra pasó por esa forma de gobierno priista donde el lujo, derroche y privilegio conllevaba el cargo, quizá por eso el modelo de administración de un gobierno que propuso la Austeridad Republicana que implicaba la reorganización del gasto público para eliminar el lujo y derroche de los funcionarios se contrapunteaba con su propio estilo de vida.
No le gustaba un proyecto de gobierno que buscara revertir el neoliberalismo porque era ese el sistema que le redituaba sus ganancias. Tampoco le gustaba el impedimento de las puertas giratorias porque ese ha sido su mecanismo.
El Jefe del Ejecutivo decía a los funcionarios que debían vivir en la justa medianía. Pero Scherer Ibarra no estaba habituado a ello, no era ese su estilo de vida.
En su primer declaración patrimonial, que presentó en diciembre de 2018 incluyó en su declaración como parte de su patrimonio diversos vehículos deportivos de lujo que en años anteriores había adquirido de contado. Que en años anteriores también había recibido como herencia obras de arte por ocho millones (en el año 2015); y comprado relojes por un millón 500 mil pesos de contado (en el año 2016).
Ese primer año sus ingresos mensuales por el cargo eran de 174 mil 336 pesos, y 400 mil por “otros” ingresos asociados a sus actividades privadas.
Para el año 2019 ya en su declaración patrimonial decidió no hacer públicos sus datos patrimoniales.
Para 2021 incluyó los mismos bienes, e ingresos anuales por su cargo público por un millón 585 mil 062 pesos y “otros ingresos” por nueve millones 386 mil 554 pesos.
Los señalamientos que a su salida de la Consejería se le harían fueron de supuesto tráfico de influencias vinculado con despachos jurídicos.
Entre acusaciones cruzadas que hoy se escuchan en diversos medios tras la aparición del libro, lo claro es que el servicio público requiere más de personas que reivindiquen la razón de ser del servicio público, que tengan vocación y cumplan con su trabajo a cabalidad y con legalidad. El servicio público requiere más trabajo por el interés colectivo, y menos nepobabys que vean en el cargo la manera de obtener sus beneficios y privilegio personal.
https://www.sinembargo.mx/4767287/el-despecho/
Epstein y Salinas Pliego
El evasor fiscal y dueño de TvAzteca y la tienda Elektra aparece 26 veces en la parte de los archivos del pedófilo y traficante de niñas, Jeffrey Epstein. En todos los casos su nombre aparece relacionado Edge, un club de personajes de depredadores masculinos de ultraderecha convencidos de que sus genes los mandan a someter a los demás, a los débiles e inferiores, como las mujeres, las niñas y los niños. Esa red Edge y la dirigió John Brockman, un pseudocientífico que se dedicó a justificar en supuestos datos científicos la superioridad genética de gente como Epstein, Elon Musk y Bill Gates. Superioridad racial, superioridad por ser varones, superioridad por ser billonarios. Epstein tomó a Edge y la convirtió en el Círculo de las Mentes Brillantes. Salinas Pliego, más pillo, financió lo suyo con recursos públicos a través de la Ciudad de las Ideas en Puebla.
Existen varias formas en que Ricardo Salinas Pliego se vincula con esta red, además de las invitaciones a cenar y su dicho de que sólo habló “quince minutos” con Epstein. Y es John Brockman, un agente literario de toda la basura pseudocientífica de la ultraderecha. De hecho, en su último libro, La Ciencia del Límite, cita a Andrés Roemer, uno de los “intelectuales” de TvAzteca que organizaba La Ciudad de las Ideas en Puebla. Este festival de mesas redondas comenzó justo durante la gubernatura de Mario Marín el “Gober Precioso”. Por si necesitan recordarlo: Andrés Romer está domiciliado en Israel esperando que un Juez firme su extradición a México para ser procesado por las casi cien acusaciones de mujeres por agresiones, acoso, y violaciones sexuales. La FGR tiene 11 carpetas de investigación abiertas en contra suya, además de los 61 testimonios hechos públicos de mujeres violentadas por el conductor de TvAzteca y único beneficiario de las talegas de dinero público de los gobiernos de Puebla. Mario Marín, por su parte, está recluido en un penal de máxima seguridad que antes se llamó Almoloya, por haber torturado a Lydia Cacho, la periodista que reveló la red de trata infantil en Quintana Roo. Parecería que tanto Roemer como "El Gober" que lo acogió en Puebla están relacionados con violación de mujeres y trata infantil. Como Epstein.
Brockman dice del exempleado de Salinas Pliego: “Andrés Roemer es el catalizador que ha permitido que las ideas más complejas de la ciencia y el pensamiento contemporáneo encuentren un hogar en Puebla. Su visión de la Ciudad de las Ideas ha convertido a México en un nodo crucial para el debate intelectual global”. ¿Cuáles son esas ideas tan complejas del nodo intelectual global? En otras palabras, ¿qué piensan estos habilitadores de Jeffrey Epstein de las violaciones de niñas y niños, la violencia contra las mujeres, y la superioridad genética de los blancos sobre todos nosotros? De eso va esta videocolumna.
Empecemos por el enlace entre Epstein con Salinas Pliego. Brockman era el principal enlace entre este evento que todavía sobrevive en Puebla ---y que nos ha costado a los contribuyentes 582 millones de pesos entre 2008 y 2024 --- porque es un agente literario de los supuestos científicos de la derecha fascista mundial, como Epstein. El gobierno del PRI del Gober Precioso, los del PAN de Moreno Valle y Gali Fayad, y los de Morena con Barbosa o Armenta, financiaron esta supuesta intelectualidad sostenida desde Harvard, Pennsylvania, y Rutgers por la red de pedofilia de Epstein. Los invitados del agente Brockman siguen diciendo sandeces en Puebla, a pesar de que Andrés Roemer está detenido en Israel, y el control del festival lo lleva TvAzteca a través de su fundación Salinas Pliego. Pero no me adelanto.
Nos dice Virginia Heffernan en un reciente artículo en la revista The Nerve: “Edge nació en 1996 como una versión en línea de un club que Brockman fundó para promover ideas tecnológicas y oponerse a lo que él llamaba la "sabiduría de flojera" de las humanidades. Las décadas de 1990 y 2000 fueron una época ideal para Edge. El club cobró impulso junto con una avalancha de libros que atacaban duramente la corrección política, el multiculturalismo y a los "obamacratas". Varios de estos libros fueron escritos por hombres del círculo de Edge y de los archivos de Epstein, incluyendo al cerebro de Palantir, Peter Thiel; el zar de la criptografía de Trump, David O. Sacks; y el informático David Gelernter. (Gelernter dejó de dar clases en Yale este mes tras salir a la luz sus lujuriosos correos electrónicos con Epstein)”.
Resulta que Epstein, tras el triunfo de Obama, siente que los blancos están perdiendo relevancia en Estados Unidos, y empieza a financiar con 20 millones de dólares al año estas conferencias con científicos que cumplieran con un requisito: que estuvieran de acuerdo en que la dominación sobre los débiles era de origen biológico. Más aún, en la Universidad de Harvard dicta un par de conferencias en las que ataca que se le den ayudas sociales a los vulnerables, diciendo que se están transmitiendo, a través de sus hijos, los genes de la pobreza. Él, que era un señor rico pero sin formación en medicina, biología, o para estas alturas demografía, fue aceptado en Harvard porque donaba nueve millones de dólares para sostener programas de lo que llaman “psicología evolutiva” y que no es más que la vieja escuela darwiniana del racismo natural. Por eso financió a matemáticos como Martin Nowak, porque creía que se podían ubicar con algoritmos los genes del éxito y reproducirlos en el mundo. De hecho, Epstein habló de que sus violaciones eran para esparcir su genética superior. Siempre los peores criminales necesitan de una justificación sublime para sus reprobables conductas y el caso con Epstein es que rodeaba su tráfico de niñas con el aura de una preocupación científica por la población humana.
También financió a Robert Trivers, un antropólogo que se centró en el supuesto conflicto generacional desde una perspectiva charlantanamente biológica. Invitado recurrente a La Ciudad de las Ideas de Salinas Pliego, Trivers ha defendido la violación de niñas diciendo que son consensuadas. Dijo para Reuters, cuando se le preguntó por Epstein: “A los 14 o 15 años las niñas ya son como mujeres adultas de hace 60 años, por lo que no veo esos actos como algo tan atroz". Así, en 2019, el FBI le abrió una investigación por haber violado a una niña de 15 años. Trivers fue muchas veces a Puebla a dictar conferencias que resultan el trabajo de un embaucador. Habló sobre tres teorías suyas que seguramente hicieron sentir muy cómodo a Salinas Pliego. Una, que las masas se autoengañaban con la división de clases o de raza para no aceptar que las diferencias sociales se debían a las distintas capacidades genéticas, es decir, que un negro podía huir de un león pero no dirigir una orquesta sinfónica. Cuando Roemer decía que había que “pensar fuera de la caja”, lo que implicaba era que la élite de los sabiondos no respetaba las normas morales o sociales porque estaban genéticamente más allá de este tipo de autoengaños. Dos, que el éxito social también dependía de la calidad de los genes. Y tres, que la dominación masculina no era un sistema patriarcal sino resultado de la adaptación evolutiva de los machos alfa.
En los correos que se han dado a conocer entre Trivers y Epstein se proponen que las conferencias en México deben enfatizar que la inteligencia no es social sino biológica. Y, por supuesto, la estrella de estos actos de Puebla y TvAzteca era el charlatán del neoliberalismo biológico, Richard Dawkins, conocido por proclamar el llamado “gene egoísta”, es decir, el que sostiene que el éxito económico es, en realidad, éxito biológico. Dijo en 2008 en Puebla: “La eugenesia de los nazis fue horrible pero eso no quiere decir que no funcione”. Y puso de ejemplo a las vacas.
Otro grande de La Ciudad de las Ideas fue Steven Pinker que sostuvo: “Es un dogma que todos nacemos iguales. La inteligencia se hereda”. Así, para Pinker, como la inteligencia se hereda, y la inteligencia es sólo de las élites, entonces, las jerarquías sociales no son creaciones históricas, sino naturales. Los aristócratas poblanos aplaudieron este orden natural que los validaba por encima de sus trabajadores. Con estas ideas tan “rebeldes”, como las clasificó Andrés Roemer, entendemos por qué Donald Trump siempre está diciendo que él tiene un índice de inteligencia más alto que cualquiera en la historia de la Humanidad y por qué, cuando habla de sus adversarios, siempre dice algún número bajo de IQ. Digo, además de que el IQ hace mucho que no es considerado para medir los muchos tipos de inteligencia que tenemos, si la preocupación de la élite podrida en dinero es encontrar algún orden natural que valide que, de 2000 a la fecha, el uno por ciento de los más ricos concentraran el 45 por ciento de la nueva riqueza global, mientras el 50 por ciento más pobre sólo tenga el 1 por ciento. Tienen billones de dólares porque son más listos que nosotros. ¿Será? ¿O será que están tratando de tapar su origen familiar, social, étnico, de género, y geográfico con una teoría charlatana de la genética?
Y ahí es donde vienen la pseudociencia de los racistas Charles Murray y Robert Kurzban. El primero aseguró en Puebla en 2011, cuando gobernaba Moreno Valle, que las clases sociales son, en realidad, reflejo de las capacidades genéticas. En breve, que los negros y los morenos somos menos listos y que no estamos bien adaptados a lo que los blancos hacen bien, es decir, dinero, empresas e innovación. Trajo a cuento su teoría del “desmoronamiento” que consiste en decir que la élite del IQ se está aislando de los estúpidos, es decir, de los pobres, y que eso está acelerando una brecha biológica de talento que podría ser insalvable. Así, los genes de la élite deberían de ser los que se transmitan y evitar la reproducción de los pobres. La “nueva clase alta” no se debería llamar así sino “nueva élite del coeficiente intelectual”. El segundo, Robert Kurzban, en el mismo 2011 dictó una conferencia que se llamó “¿Por qué los demás son hipócritas?” y sus teorías eran casi tan inútiles como las de Murray. Según este embustero, tenemos un módulo en el cerebro para juzgar la moral de los demás y otro módulo distinto para actuar según nuestro propio interés. Por lo tanto, juzgar a los demás moralmente es una falla de “programación”, así dice, biológica. Es decir, que debiéramos aceptar que los ricos roben, extorsionen, violen niños, y asesinen mujeres porque, dado el caso, nosotros lo haríamos también por interés propio. Por eso todo este club llamado Edge desprecia la flojera que les dan las humanidades porque todos los que las estudiamos y leemos nos preguntamos por cuestiones éticas, dilemas morales, explicaciones históricas, pedagógicas, sociales, de género, emociones, política, y literatura. Poesía. Para ellos eso no existe porque sostienen que ellos detentan un saber más exacto que va de la biología a los algoritmos y que revela que así como están las cosas es la vía de la evolución de los genes. Los de ellos, porque los nuestros, son desechables.
Epstein y Salinas Pliego tienen esta ideología llamada de La Tercera Cultura, que es eliminar las preguntas de las humanidades para darle paso a las supuestas verdades de las ciencias. No todas las ciencias, sólo las que justifiquen el estado de cosas como natural. Que la élite en realidad no es de explotadores sino de talentos de la adaptabilidad biológica. Escribe Virginia H: “Esperaba sembrar la raza humana con su ADN superior al embarazar mujeres en su rancho de Nuevo México. A lo largo de las décadas, según The New York Times, Epstein proclamó esta ambición. Le dijo a al menos un colega eugenista que esperaba congelar su incomparable cerebro y pene al morir, para que sus órganos pudieran ser revividos y utilizados en el futuro en el "transhumanismo". También financió generosamente el trabajo de George Church, el genetista de Harvard y superestrella de Edge, quien desarrolló una aplicación de citas para conectar personas según la aptitud de sus genes. Una joven traumatizada de 16 años, cuyo diario apareció en el último lote de archivos, se autodenomina una "incubadora" de la descendencia de Epstein. Relata el esfuerzo, casi nazi, de Epstein por crear un "acervo genético superior". Con sus puestos en la Ivy League, sus miles de millones y su ADN de élite, los aspirantes a intelectuales del círculo de Epstein convergían nada menos que en la ideología de Mein Kampf”.
Aquí queda la pregunta que me hago como contribuyente y ciudadano: ¿Por qué se financió con dinero público semejante basura intelectual y pseudociencia? ¿Por qué sigue existiendo eso en Puebla? ¿Son sus asistentes afectos a que se les degrade el público al ámbito de la mala genética, la estupidez biológica, y el más duro racismo disfrazado de ideas “rebeldes”? ¿Qué piensa hacer Salinas Pliego difundiendo esa inmundicia en México? Hasta aquí.
https://www.sinembargo.mx/4767893/epstein-y-salinas-pliego/
Junta por la Paz (de los sepulcros)
Los incentivos perversos de las Asociaciones Público-Privadas (APPs)
El difunto economista chileno-mexicano Emilio Ocampo Arenal solía advertir a sus alumnos que las Asociaciones Público-Privadas (APPs) eran “de cuidado”. Cuánta razón tenía. Cuando escuché esta advertencia que sugería conocimiento de la letra chica, este esquema ganaba vitrina en el sexenio de Felipe Calderón. Al poco tiempo, el Presidente enviaría una iniciativa de Ley para promover la proliferación de este esquema. Años después, la cloaca sería destapada y las corruptelas expuestas. Honrando la advertencia del viejo lobo de mar que tuve por maestro, la promesa de “eficiencia” de las APPs no sólo quedó incumplida, sino que mutó hasta destruir riqueza pública y privada.
En su mejor versión, las APPs pueden colmar vacíos de capital. Bajo una presunta “eficiencia operativa” que es más un salto de fe que hecho irrefutable, el sector privado promete facilitar la introducción de tecnología e innovación para mejorar los servicios públicos y liberar recursos estatales limitados. Otra de las ventajas presumidas es la entrega a tiempo y en presupuesto de los proyectos. Pueden también restar incertidumbre mediante horizontes multianuales. Asimismo, los apologetas defienden que el riesgo de diseño, construcción y operación se transfiere al sector privado. Es en este último punto donde descansan las más sucias manchas de estos contratos.
En su peor forma, las APPs ofrecen retornos libres de riesgos y desproporcionados para rentistas y traficantes de influencias. Como advierte el Banco Mundial, “…no hay riesgo ilimitado: las empresas privadas serán cautelosas al aceptar riesgos que escapen a su control... Si asumen estos riesgos, será reflejado en el precio del servicio. Las empresas privadas también querrán saber que las reglas del juego han de ser respetadas por el gobierno, como por ejemplo los aumentos en las tarifas”. En lenguaje llano, el diablo está en el diseño contractual. Para seducir al inversor en un inicio y, después, garantizar la operación de largo plazo del proyecto, el gobierno puede firmar con tinta indeleble la cobertura por imprevistos de faltantes de ingreso. Al mitigar o eliminar por completo el riesgo al privado, que puede perder todo incentivo a innovar y mejorar, algunas APPs privatizan las ganancias y socializan las pérdidas desde el arranque.
En el corazón del abuso está un efecto cobra. En la teoría económica, un incentivo perverso ocurre cuando un mecanismo diseñado para propiciar un resultado específico altera el comportamiento de los agentes racionales de tal manera que terminan produciendo un resultado contrario o indeseable, a menudo empeorando el problema original. El caso epónimo de rica enseñanza sucedió cuando el gobierno colonial británico en Delhi, India, intentó frenar la plaga de cobras venenosas mediante una recompensa monetaria por cada piel de cobra muerta que los ciudadanos entregaran. La gente, respondiendo a impulsos racionales (mas no morales) para maximizar ingresos, comenzó a criar cobras en los hogares para matarlas y cobrar recompensa. Ante el brote de serpientes, el gobierno canceló el programa y los criadores, en respuesta, soltaron las cobras sin valor a la calle. Al final del día, Delhi tenía más cobras que antes de iniciar la campaña de exterminio.
El caso más emblemático de incentivos perversos en México es el contrato del Cefereso Número 12 en Guanajuato, replicado en ocho penales federales adjudicados como APP entre 2010 y 2011. Originalmente en manos de ICA y después vendido a fondos de inversión, el contrato estipula que el gobierno federal debe pagar al operador privado una tarifa mensual basada en la capacidad máxima instalada de dos mil 520 internos, sin importar el número real de reclusos. Aunque el penal operó por momentos al 60-70 por ciento de ocupación, el contrato eliminó el incentivo de “eficiencia” al garantizar desembolsos por ocupación plena. Por el riesgo unidireccional bajo contrato, el gasto público devino en una renta fija (sin contraprestación) para el operador. Un incentivo perverso adicional es que, habiendo el gobierno pagado ya tarifa completa, el operador tiene la continua tentación de racionar comida: cada peso ahorrado engorda la utilidad neta, sin importar la salud y los derechos de los reclusos.
Otro bochorno es el del Viaducto Bicentenario y el Circuito Exterior Mexiquense. Adjudicada a OHL (hoy Aleática) por Enrique Peña Nieto, la obra se convirtió en vaca de ordeña del Grupo Atlacomulco. A diferencia de una concesión normal donde la empresa cobra peaje por 20 años y después se retira, una cláusula garantizaba rentabilidad del 10 por ciento anual real. En esencia, si OHL invertía 10 mil millones de pesos, el contrato prometía una recuperación de ese monto más un 10 por ciento de ganancia anual. Bajo esta modalidad, si en el Año 1 el tráfico defraudaba las proyecciones, como sucedió, y la empresa no ganaba lo suficiente para cubrir la ganancia garantizada (como también pasó), la deuda estatal con el contratista crecía por un monto equivalente a la diferencia. En la práctica, para colmar el faltante, la empresa subió peajes a placer y extendió los años de concesión a más de 60, apuntándose un negocio redondo.
La crítica a las APPs no tiene como destinatario la iniciativa privada per se, sino la codicia de quienes granjean mediante influencias y artimañas utilidades caídas del cielo. Es la corrupción, estúpido. Expoliar al Estado no es sinónimo de talento empresarial, sino de corruptelas y crímenes de cuello blanco. En el caso de muchos contratos leoninos del pasado, el Estado terminó pagando a sobreprecio un caldo con albóndigas de tofu, muy alejadas de la promesa de carne.
Un vuelco político después, el Plan de Inversión en Infraestructura para el Bienestar contempla esquemas de inversión mixta. Una primera diferencia frente a las APPs es el destino de los recursos, habida cuenta que el 70 por ciento financiará proyectos energéticos y trenes. Otra es que el gobierno define y retiene la propiedad accionaria mayoritaria. Una más es la estandarización de costos unitarios para minimizar sobreprecios ocultos.
Como diferenciador sustancial, en el viejo modelo el privado diseñaba, financiaba, construía y operaba, y el gobierno se limitaba a pagar una renta mensual garantizada durante 20 o 30 años de concesión. De facto, el hospital, la carretera o la cárcel eran privatizados. En cambio, en el nuevo modelo el Estado mantiene el control de la infraestructura crítica y el privado aporta capital y tecnología a cambio de una utilidad operativa. Al eliminar las garantías soberanas de rentabilidad, el inversionista privado toma riesgo de mercado, antes diluido en las APPs. En principio, bajo el nuevo esquema, los incentivos perversos quedan eliminados o al menos reducidos.
No todo es dulce miel. Las ácidas hojuelas podrían esconderse en falta de apetito competitivo de los proyectos, en dudas sobre su atractivo comercial o en las condiciones legales que pueda imponer quien aporta el financiamiento. En general, aunque el viraje frente a las APPs es real, el riesgo de ejecución es significativo. Pero si el Estado logra que, en vez de criar cobras en casa, los inversores vigilen a la vista de todos a las serpientes, que las cacen con sus armas y que pierdan dinero si prolifera la especie indeseada, entonces los incentivos perversos podrían ser domados. En ese sentido, el nuevo esquema de inversión mixta promete.
Van por Cabeza de Vaca y “Alito”; ¿y por Adán Augusto?
El cumplimiento estricto de los deberes no implica mérito relevante y por lo mismo, no obliga a algún reconocimiento especial. Cuando la gente elige a un presunto servidor público, lo hace porque supone que está capacitado para realizar la tarea que le será encomendada, que se conducirá con responsabilidad y honradez en el desempeño de sus funciones, al margen de corruptelas y fragilidades de carácter o de principios que pongan en entredicho su honorabilidad. A nadie se le obliga a competir por un cargo o aceptar alguna responsabilidad en el servicio público. Por eso es mayor el compromiso y muy justificada la exigencia de la gente.
De ahí se deriva la demanda de la sociedad de que quienes traicionan su confianza e incurren en corruptelas o delitos deben ser sancionados con energía. Y por eso la sociedad demanda con singular urgencia que las promesas del combate a la corrupción que los gobiernos de la Cuarta Transformación han predicado cotidianamente, se cumplan en los hechos.
La gente observa con mucho interés la petición de extradición formulada por el Gobierno de México al de Estados Unidos, para que el exgobernador panista de Tamaulipas, Francisco Javier García Cabeza de Vaca, sea entregado a autoridades de nuestro país para que sea puesto a disposición de un Juez que decida su culpabilidad o inocencia, luego de ser sometido a proceso.
Pero la gente también espera que se siga el procedimiento obligado para quitarle el fuero, la inmunidad constitucional, al dirigente nacional del PRI, Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido con el apodo de “Alito”, actual Senador de la República, que contamina y envenena con su presencia una de las dos cámaras que integran el Congreso de la Unión y que es reclamado por la Fiscalía General de la República y por la Fiscalía de Campeche, para que responda por los delitos de los que se le acusa.
Y como el buen juez por su casa empieza, sería deseable también que se abriera una carpeta de investigación formal, seria, profesional, para indagar la conducta del Senador de Morena, excoordinador de sus legisladores en la Cámara Alta, Adán Augusto López Hernández, por sus presuntas vinculaciones con el crimen organizado a través de su incondicional exsecretario de Seguridad Hernán Bermúdez Requena, a quien se atribuye la formación y operación del grupo delictivo conocido como La Barredora.
En septiembre del año pasado Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de Seguridad Pública de Tabasco, fue detenido en Paraguay y se profundizaron las dudas sobre la probidad de Adán Augusto López Hernández.
García Cabeza de Vaca
El Gobierno de México ya tramitó la solicitud de detención provisional con fines de extradición contra Francisco Javier García Cabeza de Vaca, exgobernador panista de Tamaulipas, pero, hasta el momento, no hay noticia de que la administración estadounidense haya iniciado el procedimiento, refiere una nota publicada por el periódico Reforma el pasado lunes 16 de febrero, firmada por el reportero Abel Barajas.
La Secretaría de Relaciones Exteriores confirmó al Juzgado Séptimo de Distrito de Tamaulipas la presentación de la solicitud a la Embajada de Estados Unidos en México. Señala la nota del periódico Reforma que fuentes federales indicaron que la Fiscalía General de la República pidió gestionar la solicitud de extradición ante Estados Unidos con base en la orden de aprehensión emitida el 4 de octubre de 2022. Se trata del mandamiento de captura por delincuencia organizada y lavado de dinero, contra García Cabeza de Vaca.
Desde el 2021, cuando era Gobernador en funciones en el estado de Tamaulipas, la Fiscalía General de la República solicitó la Declaración de Procedencia de la Acción Penal, para quitarle el fuero, la inmunidad constitucional, al panista García Cabeza de Vaca, para ponerlo a disposición de una autoridad judicial, acusado por su probable participación en los delitos de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal equiparada.
El desafuero de García Cabeza de Vaca no tuvo efectos porque el Congreso de Tamaulipas, dominado por mayoría del PAN, se negó a respaldar la resolución de la Cámara de Diputados federal para quitarle la inmunidad constitucional y que fuera aprehendido para quedar a disposición de un Juez. Entre amparos y amparos, y triquiñuelas jurídicas, García Cabeza de Vaca no ha pisado la cárcel y ha burlado el largo brazo de la justicia.
García Cabeza de Vaca dejó la gubernatura de Tamaulipas a partir del primer minuto del sábado 1 de octubre del 2022. Desde entonces ha utilizado toda clase de argucias jurídicas para evitar ser detenido y sometido a proceso. Tiene las nacionalidades estadounidense y mexicana, y radica en Estados Unidos. Por eso ya fue solicitada su extradición a México.
El protegido "Alito"
El jueves 31 de julio del 2025 se anunció que la Sección Instructora de la Comisión Jurisdiccional de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión analizaría por segunda ocasión, desde 2022, si existían bases para iniciar un procedimiento legislativo que podría derivar en la Declaración de Procedencia de la Acción Penal en contra del Senador y presidente nacional del PRI Alejandro Moreno Cárdenas y como consecuencia, la pérdida de la inmunidad constitucional que permitiría su detención y encarcelamiento.
La Fiscalía Anticorrupción de Campeche acusó a Moreno Cárdenas, en julio pasado, del presunto desvío de 83 millones de pesos. La primera ocasión en la que la Fiscalía de Campeche solicitó que le fuera retirada la inmunidad constitucional a “Alito” Moreno fue el 17 de agosto del 2022, cuando esa institución, que encabezaba entonces Renato Sales Heredia, promovió ese mismo trámite ante la Cámara de Diputados federal, apoyada en la presunción de que dirigente nacional del tricolor habría cometido los delitos de enriquecimiento ilícito, peculado, uso indebido de facultades, defraudación fiscal y lavado de dinero, durante su gestión como Gobernador en aquella entidad entre 2015 y 2019.
El asunto no prosperó y se quedó en la congeladora debido a que una Diputada del PRI, Yolanda de la Torre Valdez, muy cercana a “Alito” Moreno, presentó la iniciativa que permitió la reforma constitucional, respaldada por el tricolor, para mantener la presencia de las Fuerzas Armadas en labores de seguridad pública hasta el 2028, en apoyo de tareas y combate al crimen organizado, asunto prioritario para Morena y el Gobierno de la Cuarta Transformación. La referida reforma fue aprobada en la Cámara de Diputados y Senadores entre septiembre y octubre del 2022.
El amigo de Adán
Preso ahora en el penal de alta seguridad de Almoloya de Juárez, Hernán Bermúdez Requena, acusado de ser el jefe del cártel La Barredora de Tabasco, sirvió desde 1992 a los gobernadores Manuel Gurría Ordóñez, Roberto Madrazo Pintado y Manuel Andrade Díaz, todos priistas que lo tenían como uno de los suyos.
Pero finalmente Bermúdez Requena se encumbró cuando Adán Augusto llegó a la gubernatura de Tabasco en los comicios del 2018 y luego fue poderoso Secretario de Gobernación de Andrés Manuel López Obrador, para asumir después la coordinador de los legisladores de Morena en el Senado de la República. La seguridad pública se pudrió en Tabasco y Adán Augusto López está obligado, por lo menos, a ofrecer una explicación pública, al margen de que pudieran imputársele otro tipo de responsabilidades o delitos.
Adán Augusto fue invitado a ser Secretario de Gobernación por su amigo Andrés Manuel López Obrador en agosto del 2021 y lo relevó en el cargo de Gobernador de Tabasco Carlos Manuel Merino Campos, quien mantuvo como Secretario de Seguridad a Bermúdez Requena.
De tal manera que mientras Adán Augusto fue Secretario de Gobernación, a partir de 26 de agosto de 2021, y luego frustrado candidato presidencial, Bermúdez Requena permaneció como encargado de la seguridad de Tabasco, hasta que su presencia se convirtió en un problema para la administración estatal, pues el 22 de diciembre de 2023 fue atacada su residencia en el Fraccionamiento Campestre, de Villahermosa, por un grupo armado que pretendía matarlo, integrado por gente del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), luego que se rompió la alianza entre ese grupo criminal y La Barredora. Dos semanas después, en los primeros días del 2024, Bermúdez Requena renunció a su cargo.
Los tres casos son emblemáticos de que la corrupción en México no distingue colores ni partidos. La Administración de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, a quien todavía le restan cinco años en el poder, está obligada a actuar con energía y honradez en contra de políticos marrulleros que han defraudado la confianza del pueblo. Sólo así podría preservarse y legitimarse la permanencia de la Cuarta Transformación en el máximo poder de la República. Porque tanto en la política, como en el amor, los desengaños son muy dolorosos y en ocasiones, fatales.
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