



Ciudad de México, 29 de agosto (SinEmbargo).- Aunque el caso de Fernando Cerimedo genera millones de interacciones en redes sociales en México y otros países donde el consultor argentino ha sido señalado por operar sistemas de desinformación, los grandes medios nacionales han optado por no tocar el tema, advirtió Carlos Augusto Jiménez Zárate, doctor en Ingeniería y especialista en investigación y análisis de datos, redes, sistemas complejos y neointeracción socio-digital.
“Resulta altamente significativo que se habla de Cerimedo en los países donde él ha estado operando, es decir donde ha estado emitiendo sus noticias falsas y sistemas de desinformación", pero no lo hacen los medios masivos. Estamos hablando de Colombia, Argentina, México, España, Chile, incluso Brasil, con 8.4 por ciento de la interacción, explicó el especialista en entrevista con Alejandro Páez y Álvaro Delgado en el programa de "Los Periodistas" que se transmite a través del canal SinEmbargo Al Aire por la plataforma de YouTube.
Jiménez Zárate expuso que, al analizar las cuentas y conversaciones que han dado seguimiento a la detención de Cerimedo y los cateos realizados posteriormente en sus propiedades, encontró un dato relevante: ninguno de los grandes medios masivos de comunicación aparece entre quienes están impulsando la conversación sobre el caso.
“También es curioso, porque me puse a descargar pues quiénes son las cuentas que están hablando del tema, que no hay ningún medio de estos importantes hablando del tema, es decir para ellos el tema Cerimedo no es relevante y los que están hablando pues son personajes que han denunciado que ese tipo de medios pues son plataformas de desinformación masiva”, agregó.

Para el especialista, el silencio resulta más llamativo porque la conversación en redes no es marginal. Desde el 18 de agosto, fecha de la detención de Cerimedo, hasta el corte realizado el 28 de agosto al mediodía, contabilizó 1.7 millones de interacciones directas —comentarios, republicaciones, “likes”, respuestas y citas—, mientras que el engagement alcanzó 5.5 millones.
México, añadió, concentra 16.9 por ciento de esas interacciones, sólo por debajo de Colombia, con 22.8 por ciento, y Argentina, con 17 por ciento. Es decir, el caso sí está siendo discutido por la audiencia mexicana, pese a que no ocupa un espacio proporcional en los medios tradicionales.
“Quiere decir que en México sí ha sido un tema relevante”, afirma. “Lo curioso es eso que mencionábamos, que las cuentas que están mencionando el tema no de los grandes medios, me refiero a los grandes medios que siempre habían dominado la escena mediática en México, los televisivos y radiofónicos, esos que se han autodefinido como garantes de la libertad de información; pues vemos que aquí no están ofreciendo la información pese a ser un caso de relevancia internacional por el efecto que está teniendo en varios países esta gran red de desinformación”, consideró Carlos Augusto Jiménez.
Al preguntarle por qué la prensa, la radio y la televisión convencionales, han decidido no abordar el caso, Jiménez Zárate planteó que puede deberse a una especie de acuerdo implícito entre ellos para no afectar sus propios intereses.
“Sí, puede ser como una alianza no escrita de decir: 'no nos atacamos entre nosotros ni a aquellos que usan estos medios y plataformas de desinformación'”, respondió.
El especialista explicó que buena parte de las campañas de desinformación que han adquirido relevancia en México durante los últimos años han surgido de medios nativos digitales y plataformas relativamente nuevas. Sin embargo, sus contenidos terminan siendo retomados por los medios tradicionales, lo que les permite alcanzar una audiencia mucho mayor.
“Recordemos que muchas de las grandes oleadas que se han dado en los últimos años en México provienen de plataformas relativamente nuevas, es decir, medios nativos digitales, pero que los grandes medios retoman noticias de estas pequeñas plataformas y es ahí donde se hace ya una noticia enmascarada, se presenta la audiencia como hechos”, explicó.
En ese contexto, consideró que los grandes medios de comunicación también forman parte de un bloque político que se opone a los movimientos progresistas y de izquierda. “Entonces, estos medios masivos de comunicación, en realidad también hay que decirlo, pertenece a este bloque opositor de los movimientos progresistas y izquierda”, agregó.
Jiménez Zárate vinculó esa dinámica con las redes de bots y trolls que, afirmó, han operado en distintos países de América Latina. Mencionó los casos de Argentina, Colombia, Bolivia y Perú, donde estas estructuras han buscado influir en la conversación pública.
“Estas granjas que existen en Argentina, en Colombia, en Bolivia, en Perú tratan de manipular y no les ha resultado en México. Creo que eso para ellos ha de ser muy frustrante porque luego se vanaglorian en decir: 'influimos en Bolivia, influimos en Argentina, pusimos un Presidente en Colombia. La Derecha Diario, nuestro medio, fue causa o parte de ese triunfo electoral'. Pero en México no han podido. Entonces, quizás todavía estemos todavía vacunados contra la desinformación”, expuso.

Para el especialista, la respuesta de la audiencia mexicana frente a estas campañas puede explicarse por una combinación de factores. Uno de ellos sería la transformación política que, a su juicio, ha experimentado el país. “Yo creo que es una vacuna de alta dosis de realidad; es decir, finalmente el pueblo mexicano ha entendido que hubo un cambio de régimen, no solamente de gobierno, de partido, de pintar en otros colores las instituciones públicas y los vehículos, sino simplemente es un cambio de régimen profundo, la justicia social, las políticas sociales ahí están, son innegables, eso es la realidad”, sostuvo.
A ello suma la comunicación cotidiana del Gobierno federal a través de las conferencias matutinas. “El otro factor, según mi hipótesis son las mañaneras porque ese espacio funciona como un dique de contención diario; todos los días desde el Presidente Andrés Manuel López Obrador y ahora con la Presidenta Claudia Sheinbaum se lleva a cabo este ejercicio comunicacional que yo creo es enfrentar estas oleadas de desinformación”, consideró.
Finalmente, el experto colocó como otro elemento el crecimiento de los medios digitales que han permitido que voces que antes quedaban fuera de los espacios tradicionales tengan acceso a audiencias nacionales. “Hace 10 años era impensable que yo estuviera hablando en algún medio de alcance nacional como la televisión, ahí sí había censura. Todas las voces que no estaban de acuerdo con el modelo neoliberal, pues no tenían cabida ni en la televisión ni en la radio, a veces en los periódicos o algunas revistas porque los medios digitales no existían”, reflexionó.
Para Jiménez Zárate, las mediciones que ha realizado no muestran que
las redes vinculadas con Cerimedo hayan conseguido hasta ahora alterar
de manera significativa la opinión pública mexicana. Sin embargo,
advirtió, eso no significa que el fenómeno deba minimizarse. “Las
mediciones indican que, al menos contrastándolas con episodios
electorales recientes, no ha habido este enturbiamiento de la opinión
pública o manipulación que estos medios están sembrando continuamente.
Eso no quiere decir que no representan un riesgo, al contrario: han ido
creciendo en algunos segmentos”, concluyó.
"Es tarea del área de fiscalización del INE auditar el manejo que las dirigencias de los partidos políticos hacen de los recursos públicos que reciben".

Arrancó la danza de los millones rumbo a 2027. La cuantiosa asignación presupuestal que el Instituto Nacional Electoral (INE) transferirá a los partidos políticos para el año próximo se proyecta en 10 mil 800 millones de pesos, que se asignarán a los ocho partidos que hoy tienen registro a nivel nacional, tanto para sus gastos ordinarios y los de las campañas del proceso electoral federal 2026-2027 que formalmente arranca el 10 de septiembre y que convoca a las urnas en junio próximo.
El millonario monto para los partidos políticos se estipuló en el anteproyecto de presupuesto que el INE remitió al Poder Ejecutivo para su inclusión en el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2027.
Año con año crece el monto de recursos públicos que se asigna para financiamiento a los partidos políticos, una enorme bolsa para su gasto ordinario, además de partidas presupuestales para rubros específicos y, en periodos electorales –como será el próximo año– también dinero adicional para campañas.
El monto de la asignación presupuestal para los partidos políticos se cuantifica conforme a la fórmula establecida en el Artículo 41 de la Constitución, que es una fórmula mixta en que se toma como referencia el número total de ciudadanos inscritos en el padrón electoral, y el indicador económico UMA (Unidad de Medida y Actualización) asignándose un 30 por ciento de manera igualitaria y un 70 por ciento de manera proporcional de acuerdo al porcentaje de votos que cada partido obtuvo en la elección anterior.
Para el año 2027, los 10 mil 800 millones de pesos que irán a los partidos políticos se distribuirían en la siguiente forma: a Morena más de dos mil 600 millones de pesos para su gasto ordinario y más de 805 millones para gastos de campaña; el segundo monto en proporción será para el PAN con más de mil 300 millones para gasto ordinario y casi 400 millones para gastos de campaña; luego el PRI con más de mil millones para gasto ordinario y 302 millones para campaña; para Movimiento Ciudadano, 995 millones para gasto ordinario y 298 millones para gastos de campaña; para el Partido Verde Ecologista serán 854 millones para gasto ordinario y 256 millones para gasto de campaña; y para el Partido del Trabajo, 688 millones para gasto ordinario y 206 millones para campaña. Además, los dos nuevos partidos: PAZ y Somos Mx, recibirán 157 millones para su gasto ordinario y 47 millones para sus gastos de campaña.
Dice la Constitución que los partidos políticos tienen como fin promover la participación de la ciudadanía en la vida democrática, “fomentar el principio de paridad de género, contribuir a la integración de los órganos de representación política, y como organizaciones ciudadanas, hacer posible su acceso al ejercicio del poder público, de acuerdo con los programas, principios e ideas que postulan y mediante el sufragio universal, libre, secreto y directo, así como con las reglas que marque la Ley Electoral para garantizar la paridad de género, en las candidaturas a los distintos cargos de elección popular”.
Aunque la estructura legal en nuestro país en letra plantea un retrato idílico sobre el papel de los partidos políticos, definiéndolos como entes encargados de promover la vida democrática, integrar la representación ciudadana y de paridad de género, pero lo que ocurre en la realidad es distinto. Hay una enorme brecha entre el “deber ser” de los partidos según lo que mandata la Carta Magna, con lo que ocurre en la práctica cotidiana.
Incluso hay una enorme contradicción entre los postulados y estatutos de los partidos, y lo que sus dirigencias hacen en realidad. Uno de los problemas radica precisamente en el manejo que esas dirigencias hacen del presupuesto que reciben los partidos, porque hay partidos que han dejado de ser canales de representación ciudadana, para convertirse en cotos de negocio o franquicia de sus dirigentes.
En parte amparados en una fiscalización que resulta a todas luces deficiente e insuficiente, diversas cúpulas partidistas operan y manejan esas agrupaciones como patrimonio privado o franquicias de negocio familiar.
Y ahora hasta utilizan los partidos como instrumento personal para acudir ante gobiernos extranjeros a pedirles su intervención en el país, como lo hace Alejandro Moreno con el PRI, cuyos recursos, que son recursos públicos, utiliza para sus frecuentes viajes al extranjero, principalmente a Washington, y para contratar agencias de publirrelacionistas estadounidenses, y para su permanente campaña de autopromoción a cuenta de las prerrogativas y asignaciones presupuestales que recibe el PRI.
Utilizar el financiamiento público para buscar la injerencia de un gobierno extranjero en los asuntos internos de México, y hasta para denunciar a los consejeros del INE ante el Departamento de Estado de Estados Unidos, como hizo el dirigente del PRI, representa una clara perversión del uso de los recursos públicos que se otorgan al partido que Alejandro Moreno maneja a su antojo.
Es tarea del área de fiscalización del INE auditar el manejo que las dirigencias de los partidos políticos hacen de los recursos públicos que reciben, lo grave es también que en muchos casos anteriores donde se ha detectado y comprobado el manejo ilegal del presupuesto que reciben los partidos, esos casos han quedado en la impunidad, como simple anécdota.
Cito uno de esos casos: el de la contratación que el CEN del PAN hizo en el año 2015 de GLAC, una de las empresas del narcotraficante Genaro García Luna. En su momento el área de fiscalización del INE calificó como graves las irregularidades que detectó en esa contratación, pero el caso quedó impune.
La vigilancia y fiscalización del gasto ordinario que reciben los partidos le corresponde a la Unidad Técnica de Fiscalización de la autoridad electoral. Respecto a ese gasto los partidos tienen obligación de acreditar documentalmente cómo utilizan esos recursos y deben ser gastos relacionados con la finalidad del partido; lo cierto es que hay un enorme manejo discrecional de esos recursos, por eso es también que crear un partido se ve como una veta de negocio.
La Ley establece que en el año posterior al cierre de una elección presidencial federal se puede solicitar el registro para un nuevo partido político nacional.
Y crear partidos políticos es para algunos un negocio corporativo altamente rentable, porque una vez que se obtiene el registro, la asignación de recursos públicos está garantizada, sin importar la eficiencia, o si los partidos cumplen su finalidad, o si cuentan o no con la aprobación social.
Así, entre los años 1991 a 2024, 26 partidos políticos perdieron registro por no obtener la votación mínima requerida para conservarlo, pero en su momento significaron la asignación presupuestal millonaria, otra burocracia dorada. Cito el nombre de algunos de los partidos políticos con la vida más efímera:
Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas, Partido Humanista, Fuerza Ciudadana, Partido Liberal Mexicano, México Posible, Democracia Social, Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), Partido de Centro Democrático, Partido Democrático Mexicano, Partido Revolucionario de los Trabajadores, Partido Encuentro Solidario (PES).
De algunos de esos efímeros partidos salieron los beneficiarios de los nuevos registros: el Somos Mx que surgió de la sociedad de lo que quedó del extinto PRD con exconsejeros del INE y el grupo de Claudio X. González; y el PAZ, el tercer partido de Hugo Erick Flores, quien antes tuvo dos versiones del PES y perdió ambos registros por no obtener suficientes votos.
En su momento cada uno de sus partidos recibió asignaciones presupuestales millonarias: el Partido Encuentro Social (PES) tuvo registro de julio de 2014 a septiembre de 2018. Recibió el registro en julio de 2014 y una asignación de más de 31 millones para sus actividades ordinarias; para 2015, 78 millones; en 2016, 224 millones; para 2017 se le asignaron 230 millones para actividades ordinarias; y en el año 2018, 250 millones.
Luego para el Partido Encuentro Solidario, en el ejercicio fiscal 2021 se le asignó un monto de 105 millones para su gasto ordinario. Y ahora es con el PAZ -la nueva versión de los PES-el membrete con el que su dirigente Hugo Erick Flores, espera la próxima millonaria asignación presupuestal. Se trata del mismo político que como presidente de la Sección Instructora de la Cámara de Diputados mantuvo en la congeladora el caso de desafuero de Alejandro Moreno.
Fernando Buen Abad Domínguez
Importa denunciar en pie de lucha cultural el nombre de los mercenarios, sus contactos influyentes, sus amigos presidentes, ministros y empresarios. La operación golpista decisiva, por eso, no reside no sólo en cuántos bots existen: está en comprender qué relaciones corruptas necesitan de los bots para que su financiamiento parezca natural. El artificio adquiere eficacia cuando encuentra una sociedad previamente fragmentada, fatigada, insegura, endeudada, atravesada por desigualdades y disponible para transformar su malestar en hostilidad horizontal. La tecnología proporciona velocidad, la estructura social proporciona combustible. El odio fabricado funciona mejor cuando encuentra resentimientos verdaderos a los que ofrece dirección falsa, sometida por la dictadura de las desigualdades.
Esa delincuencia ideológica tecnificada aparece entonces como modalidad de administración de la percepción. No necesita inventar problemas, le basta con seleccionar qué sufrimientos merecen indignación, cuáles deben ser ridiculizados, cuáles pueden convertirse en espectáculo y cuáles deben desaparecer del campo visual. El algoritmo tiene ideología de clase; la adquiere a través de los criterios económicos, institucionales y culturales que organizan aquello que premia, amplifica, entierra o vuelve viral. Cada clic parece una decisión individual, mientras millones de decisiones son conducidas por arquitecturas que conocen nuestras vulnerabilidades con una precisión que ninguna vieja maquinaria propagandística habría imaginado.
Es el capitalismo de plataformas que ha llevado sus antiguas técnicas de poder, espionaje y opresión a una escala nueva: convertir la atención humana en territorio de distorsiones rentables. Además de saquear tierras, fábricas, rutas comerciales y materias primas, ahora también se disputa la capacidad de una población para mirar, recordar, asociar ideas y sostener una conversación sin ser interrumpida por estímulos corruptos calculados. El recurso estratégico puede ser el segundo de atención. Quien administra ese segundo esclaviza una porción de la conciencia ajena. Multiplicada por millones, esa posesión adquiere dimensión política y lo convierten en un gran negocio.
Por eso la guerra semiótica no ocurre únicamente en las pantallas de los celulares. Penetra las relaciones laborales, las familias, las aulas, las calles y los afectos. Un trabajador puede terminar odiando al desempleado porque una cadena de contenidos le ha enseñado que la pobreza es una elección. Una mujer puede ser presentada como amenaza al orden familiar porque su autonomía altera una distribución histórica del poder. Cuando la raíz material de su ofensiva se encuentra en un mercado laboral que convierte vidas enteras en mercancías remplazables, la perspectiva de género permite descubrir una operación esencial: el poder patriarcal no sobrevive únicamente mediante leyes o instituciones, también se reproduce enseñando a las personas a interpretar las relaciones de dominación como conflictos naturales entre individuos, y un pueblo puede ir a votar contra sus más preciados intereses y derechos.
Según le convenga, la ideología dominante disfrazada de bots puede presentarse como ausencia de ideología. Sus valores aparecen como sentido común, sus intereses como eficiencia, sus privilegios como mérito, su historia como naturaleza humana. El truco es antiguo, sólo que disfrazado de moderno. Así se produce una de las formas más refinadas de dominación: lograr que las causas desaparezcan y sobrevivan únicamente las culpas individuales.
Y la conciencia crítica comienza exactamente ahí, cuando las víctimas descubren que también están dentro de la escena. Y esa revelación transforma la mirada: el problema ya no consiste únicamente en distinguir verdad y mentira, realidad y propaganda, humano y bot. Consiste en comprender quién tiene capacidad para fabricar las condiciones bajo las cuales una mentira puede resultar socialmente verosímil y rentable. Cuando esa pregunta se vuelve colectiva, la semiótica deja de ser una ciencia de los signos para convertirse en una ciencia de las relaciones de poder. El signo revela entonces su secreto: nunca estuvo solamente representando el mundo, también estaba ayudando a producirlo. Y cuando una sociedad aprende a leer esa producción, comienza a recuperar algo que ninguna granja de bots puede automatizar por completo: la facultad de imaginarse diferente de aquello que el poder le había enseñado a considerar inevitable.
Todas las granjas de bots de la derecha pueden reforzar esa operación hasta producir una especie de teatro ontológico. No se limitan a decirnos qué pensar: escenifican quién existe. Fabrican mayorías falsas, enemigos imaginarios, consensos instantáneos, indignaciones multitudinarias. El ciudadano entra a la plataforma y encuentra un mundo donde aparentemente todos están furiosos, todos sospechan, todos compiten por demostrar pureza, todos reaccionan antes de comprender; reflejos de neonazifascismo. La pantalla revela una humanidad deformada por el dispositivo que la observa. Después, esa imagen se incorpora con todo género de odios a la conducta cotidiana. La perversión de las fábricas de bots y sus estadísticas terminan produciendo consecuencias materiales. Hoy está todo a la vista de todos, y veremos si eso alcanza para organizar alguna respuesta seria: un desafío para la revolución de las conciencias.