11/07/2026

Elecciones intermedias en Estados Unidos ponen a prueba la agenda de Trump y los derechos de las mujeres

 

Foto: Canva

El control del Congreso, las políticas migratorias, el acceso al aborto y la economía figuran entre los temas que marcarán la jornada electoral.

Este 3 de noviembre, Estados Unidos celebrará elecciones intermedias, una jornada que definirá la composición de las dos cámaras del Congreso y permitirá renovar 36 gubernaturas. El proceso electoral representa una prueba política para el presidente Donald Trump y su administración, en un contexto de inconformidad por el costo de vida, las políticas migratorias y las restricciones al acceso a la salud reproductiva.

Para las mujeres y organizaciones feministas estadounidenses, estos comicios también representan una oportunidad para colocar en el debate público demandas relacionadas con la igualdad, la participación política, la autonomía reproductiva y los derechos económicos y sociales.

La discusión sobre el acceso al aborto continúa siendo uno de los asuntos centrales desde que la Suprema Corte de Estados Unidos eliminó en 2022 la protección constitucional federal que existía para este derecho, lo que permitió a los estados establecer sus propias restricciones y prohibiciones.

En este escenario, la participación electoral de las mujeres y de las nuevas generaciones adquiere relevancia, particularmente entre las comunidades latinas, cuyo peso demográfico y electoral ha aumentado.

Demócratas buscan recuperar el control del Congreso

Uno de los principales objetivos de la jornada será definir qué partido controlará el Congreso estadounidense. Actualmente, el Partido Republicano mantiene la mayoría en ambas cámaras, aunque los pronósticos electorales anticipan una contienda competitiva, especialmente en el Senado.

En la Cámara de Representantes se renovarán los 435 escaños. Al inicio de la jornada electoral, la composición es de 218 integrantes republicanos, 214 demócratas, una persona independiente y dos vacantes.

En el Senado se disputarán 35 de los 100 escaños, incluidos 33 correspondientes a elecciones ordinarias y dos a comicios especiales. Actualmente, los republicanos cuentan con 53 integrantes, mientras que el bloque demócrata reúne 47, incluidos dos senadores independientes que votan junto con esa bancada.

Para recuperar el control del Senado, las y los demócratas necesitan obtener una ganancia neta de cuatro escaños. En la Cámara de Representantes, en cambio, su principal objetivo es conseguir los lugares necesarios para desplazar a la mayoría republicana.

De acuerdo con un análisis de Reuters publicado el 2 de noviembre, las candidaturas demócratas parten con mejores perspectivas para recuperar la Cámara Baja, mientras que la disputa por el Senado dependerá de los resultados en estados con contiendas particularmente cerradas, entre ellos Alaska, Iowa, Kansas, Maine, Ohio y Texas.

Financiamiento millonario en las campañas

La disputa electoral también ha estado marcada por el financiamiento de las campañas y la participación de grandes fortunas en la contienda política.

De acuerdo con información de The Washington Post, Elon Musk aportó alrededor de 446 millones de dólares durante el ciclo electoral de 2026, principalmente para respaldar candidaturas republicanas y favorecer la permanencia de su partido en el Congreso.

Por su parte, el empresario y exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, destinó decenas de millones de dólares a respaldar candidaturas demócratas. Reuters reportó que su apoyo financiero rondaba los 80 millones de dólares para las campañas de septiembre y octubre.

El gasto electoral refleja la importancia que ambos partidos atribuyen a la jornada del 3 de noviembre, en la que no solamente estará en juego la distribución del poder legislativo, sino también la capacidad de la administración Trump para impulsar su agenda política durante la segunda mitad de su mandato.

Treinta y seis estados elegirán gubernatura

Además de la renovación del Congreso, 36 estados celebrarán elecciones para elegir a sus próximas personas titulares del Ejecutivo estatal.

Entre las contiendas que concentran atención se encuentran Alaska, Georgia, Iowa, Kansas, Michigan, Nevada, Ohio, Texas y Wisconsin.

En Texas, la candidata demócrata Gina Hinojosa buscará desplazar al actual gobernador republicano Greg Abbott, quien aspira a la reelección. La contienda representa uno de los escenarios importantes para medir el respaldo al Partido Republicano en un estado donde las políticas migratorias y el costo de vida forman parte del debate electoral.

En Alaska, el demócrata Jonathan Kreiss-Tomkins también buscará conquistar la gubernatura frente a candidaturas republicanas.

Michigan representa otra disputa relevante. En la elección para gobernador, la demócrata Jocelyn Benson se enfrenta al republicano John James. Mientras tanto, para el Senado, el demócrata Abdul El-Sayed compite contra el republicano Mike Rogers, en una contienda distinta.

En Ohio, la campaña por la gubernatura ha estado marcada por la controversia en torno a un anuncio del republicano Vivek Ramaswamy contra su contrincante demócrata, la médica Amy Acton.

El promocional utilizó declaraciones de Donna Arthur, madre de Acton, quien aparece calificando a su hija como mentirosa y llamando a no votar por ella. La difusión del anuncio provocó críticas de figuras políticas de ambos partidos, debido a que ambas mujeres permanecen distanciadas desde hace décadas, después de que Acton denunciara abusos sexuales durante su infancia.

El anuncio dejó de transmitirse el 29 de octubre, después de generar cuestionamientos por el uso de la historia familiar de la candidata como recurso de confrontación política.

Jóvenes latinos y mujeres, en el escenario electoral

La participación de las nuevas generaciones constituye otro elemento importante de estos comicios. De acuerdo con el Pew Research Center, más de cuatro millones de personas latinas nacidas en Estados Unidos cumplieron 18 años entre 2022 y 2026, lo que amplió el número de jóvenes que podrán ejercer por primera vez su derecho al voto.

El crecimiento de este sector representa una oportunidad para las organizaciones que buscan incrementar la participación política de la comunidad latina y colocar sus demandas en la agenda pública.

Un reportaje publicado por El País recuperó el testimonio de Madeline Cortez, una joven de 19 años de origen mexicano que votará por primera vez. Para ella, dos asuntos resultan fundamentales: las políticas migratorias de Donald Trump y el derecho al aborto.

Cortez explicó que el regreso de Trump a la presidencia modificó su percepción sobre la importancia del voto, particularmente después de observar las consecuencias de las políticas migratorias en la vida cotidiana de las familias.

La joven también manifestó su preocupación por la protección de los derechos reproductivos y las legislaciones estatales relacionadas con el aborto.

Su testimonio refleja algunas de las preocupaciones que atraviesan a una parte de las nuevas generaciones latinas, para quienes las decisiones políticas tienen consecuencias directas en sus derechos, sus familias y sus proyectos de vida.

Economía, migración y salud, entre las preocupaciones del electorado

El descontento con las condiciones económicas también forma parte del escenario electoral. El aumento del costo de los alimentos, la vivienda, los combustibles, los servicios y la atención médica se ha convertido en una de las principales preocupaciones de la población.

Una encuesta del Pew Research Center, publicada el 16 de octubre de 2026, encontró que 86 por ciento de las personas latinas registradas para votar considera que la economía es un asunto muy importante al momento de elegir a sus representantes en el Congreso.

El mismo estudio identificó que 80 por ciento considera muy importante el acceso a los servicios de salud; 75 por ciento, la educación; 69 por ciento, el futuro de la democracia, y 64 por ciento, la migración.

Asimismo, 74 por ciento de las personas latinas encuestadas consideró que las políticas económicas de Donald Trump han empeorado las condiciones del país.

Estos datos muestran que la decisión electoral no se limita a una identificación partidista, sino que también está relacionada con las condiciones materiales de vida, el acceso a derechos y las consecuencias de las políticas gubernamentales.

En este contexto, las elecciones intermedias representan una oportunidad para que las demandas de mujeres, jóvenes y comunidades latinas tengan mayor presencia en las decisiones políticas de Estados Unidos.

El resultado determinará no solamente la correlación de fuerzas en el Congreso y el rumbo de las gubernaturas, sino también el margen de acción que tendrá la administración Trump para continuar impulsando su agenda durante los próximos dos años.

Voto de mujeres latinas será clave en las elecciones intermedias de Estados Unidos

 

Este martes 3 de noviembre, Estados Unidos celebra elecciones intermedias en las que se renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 del Senado y 36 gubernaturas. En este proceso, el voto latino representa un factor relevante para definir el equilibrio político del país y el rumbo de la segunda administración del presidente Donald Trump.

De acuerdo con estimaciones del Pew Research Center, alrededor de 39 millones de personas latinas tienen derecho a votar en estos comicios. Este grupo representa el 16 por ciento del electorado elegible y constituye uno de los sectores más jóvenes de la población votante estadounidense, debido a la incorporación de nuevas generaciones.

La participación de las mujeres latinas adquiere especial importancia en una elección marcada por debates sobre economía, salud, educación, migración y derechos. Estos temas tienen implicaciones directas en sus condiciones de vida, el acceso a servicios y el ejercicio de sus derechos.

En este escenario también destacan las candidaturas de Xavier Becerra, en California, y Gina Hinojosa, en Texas, quienes buscan llegar a las gubernaturas de sus respectivos estados. De resultar electos, sus triunfos representarían un avance en la presencia de personas de origen latino en los espacios de mayor poder político.

Por su parte, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, reconoció durante su conferencia matutina la participación de Becerra y destacó que las comunidades mexicoamericanas forman parte de la vida social y política de Estados Unidos. Asimismo, señaló la importancia de combatir el clasismo y el racismo.

Otro elemento de la jornada es la difusión de información electoral en español. Organizaciones y activistas han promovido líneas telefónicas de asistencia para orientar a quienes enfrentan dificultades para ubicar sus centros de votación o ejercer su derecho al sufragio.

La información en distintos idiomas resulta relevante para garantizar que las barreras lingüísticas no se conviertan en un obstáculo para la participación política de las comunidades latinas, incluidas las mujeres que acuden a las urnas.

Aunque las primeras proyecciones podrían conocerse durante la noche de este martes, algunas contiendas cerradas podrían tardar más tiempo en definirse. La integración de la Cámara de Representantes, el Senado y las gubernaturas permitirá conocer el alcance de la participación ciudadana y el peso que tendrá el voto latino en el escenario político estadounidense.

María Montserrat Alvarado, la mexicana que hace historia como primera mujer al frente de la comunicación del Vaticano

 

La mexicana María Montserrat Alvarado asumió el 1 de noviembre de 2026 la dirección del Dicasterio para la Comunicación del Vaticano, con lo que se convirtió en la primera mujer laica en encabezar uno de los organismos de mayor responsabilidad dentro de la Curia romana, estructura administrativa de la Iglesia católica.

El nombramiento, anunciado en junio por el papa León XIV, representa un precedente en una institución históricamente dirigida por hombres, donde la participación de las mujeres en los espacios de decisión ha enfrentado distintas barreras.

Alvarado, de 39 años, nació en la Ciudad de México y creció en Miami, Estados Unidos. Antes de llegar a la Santa Sede, se desempeñó como presidenta y directora de operaciones de EWTN News, división informativa de Eternal Word Television Network, una de las principales cadenas católicas de televisión estadounidense.

En una entrevista con EWTN News, la ejecutiva explicó que su designación no fue resultado de una candidatura o un proceso de selección convencional, sino de una decisión directa del pontífice.

¿Qué funciones tendrá María Montserrat Alvarado en el Vaticano?

Como prefecta del Dicasterio para la Comunicación, Alvarado tendrá bajo su responsabilidad la coordinación de los principales medios y servicios informativos de la Santa Sede.

Entre ellos se encuentran Vatican News, Radio Vaticana y el periódico L’Osservatore Romano, además de los servicios de prensa, radio y televisión del Vaticano.

El cargo tiene un rango equivalente a la dirección de un ministerio dentro de la estructura administrativa de la Iglesia católica, por lo que su nueva responsabilidad implica participar en las decisiones sobre cómo se comunica la institución con millones de personas en distintas partes del mundo.

Su experiencia profesional incluye 14 años de trabajo en Becket Fund for Religious Liberty, organización estadounidense dedicada a la defensa de la libertad religiosa. Posteriormente, desde 2023, encabezó EWTN News, donde supervisó plataformas informativas que producen contenidos en siete idiomas para televisión, prensa, radio, medios digitales y redes sociales.

Mujeres en los espacios de decisión de la Iglesia católica

La llegada de María Montserrat Alvarado también marca un precedente por su condición de mujer laica, es decir, una persona que no pertenece al clero ni forma parte de una congregación religiosa.

Su antecesor, Paolo Ruffini, fue nombrado en 2018 por el papa Francisco y se convirtió en el primer laico en dirigir un dicasterio. Con la designación de Alvarado, el papa León XIV mantiene la incorporación de personas laicas a puestos de alta responsabilidad dentro de la estructura eclesiástica, pero abre por primera vez este espacio a una mujer.

Para Lucetta Scaraffia, historiadora y fundadora de la revista vaticana Mujeres Iglesia Mundo, el nombramiento reconoce las competencias profesionales de Alvarado y puede aportar una perspectiva distinta e internacional a la comunicación de la Santa Sede.

La designación ocurre en un contexto en el que persiste el debate sobre la participación de las mujeres en la estructura de la Iglesia católica y su acceso a puestos desde los cuales se toman decisiones institucionales.

Aunque el nombramiento no modifica por sí mismo las restricciones que enfrentan las mujeres dentro de la jerarquía eclesiástica, sí representa un avance en su incorporación a responsabilidades de dirección.

Sin sistemas públicos de cuidados, mujeres absorben la demanda de una población que envejece

 

El envejecimiento de la población en las Américas incrementará la demanda de cuidados de larga duración, pero la falta de sistemas públicos suficientes mantiene a las familias como principales responsables de atender estas necesidades, una carga que recae desproporcionadamente en las mujeres.

Para 2050, se estima que 306 millones de personas en la región tendrán 60 años o más, es decir, más de una de cada cuatro habitantes. Este escenario plantea desafíos para los sistemas de salud y protección social, así como para las políticas públicas dirigidas a quienes realizan trabajos de cuidado.

De acuerdo con un informe conjunto de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), aunque 88 por ciento de los países de las Américas ha incorporado los cuidados de larga duración en sus leyes, políticas o planes, únicamente 15 de los 35 Estados miembros de la OPS cuentan con un sistema formal financiado con recursos públicos.

Esta brecha provoca que las familias deban cubrir las necesidades de atención mediante trabajo no remunerado o con recursos propios para contratar servicios privados.

Mujeres sostienen los cuidados sin suficiente respaldo

La distribución de estas responsabilidades no es neutral en términos de género. Las mujeres continúan asumiendo la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados no remunerado, lo que puede limitar sus oportunidades laborales, su autonomía económica y su tiempo de descanso.

El informe estima que el valor económico de los cuidados informales de larga duración representa entre 0.8 y 4.9 por ciento del producto interno bruto (PIB) anual de los países.

Pese a esta contribución, el reconocimiento de los derechos de quienes cuidan sigue siendo limitado. De los 27 países que respondieron a una pregunta específica del estudio, solo siete informaron contar con reconocimiento legal para las personas cuidadoras informales y disposiciones sobre su derecho a recibir apoyo.

La OPS y el BID identifican la fragmentación de los servicios y la insuficiencia del financiamiento público como obstáculos para garantizar una atención continua. Con frecuencia, los servicios de salud y protección social funcionan de manera independiente, sin evaluaciones coordinadas ni planes integrales de cuidado.

Uruguay, una experiencia de coordinación

Entre las experiencias regionales, Uruguay estableció en 2015 su Sistema Nacional Integrado de Cuidados, que articula a instituciones públicas, gobiernos locales y organizaciones de la sociedad civil para coordinar políticas, servicios y financiamiento.

El modelo contempla evaluaciones para identificar las necesidades de atención, financiamiento público y requisitos de formación y certificación para las personas trabajadoras del sector.

Por su parte, la OPS impulsa la Política Regional de Cuidados de Larga Duración 2025-2034, que busca mejorar la coordinación, el financiamiento y la calidad de los servicios, además de brindar respaldo a quienes realizan estas tareas.

El envejecimiento poblacional exige que los países fortalezcan sus sistemas de protección social y reconozcan que los cuidados no pueden continuar siendo una responsabilidad individual o exclusivamente familiar. Su distribución requiere la participación del Estado, las comunidades, las familias y el sector privado.

El 70.1% de las mujeres en México ha vivido violencia a lo largo de su vida

La violencia contra las mujeres no termina cuando logran pedir ayuda. Para muchas, el proceso de denunciar, obtener medidas de protección y acceder a la justicia implica enfrentar nuevas barreras institucionales, cuestionamientos y prácticas que pueden convertirse en otra forma de violencia.

En vísperas del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, que se conmemora cada 25 de noviembre, Repara Lumea A.C. llamó a colocar a las sobrevivientes en el centro de las políticas públicas y garantizar que las instituciones respondan a las agresiones sin revictimizar a quienes buscan ayuda.

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 70.1 por ciento de las mujeres de 15 años y más en México ha experimentado al menos un incidente de violencia a lo largo de su vida. La psicológica es la más frecuente, seguida de la sexual.

Esta realidad evidencia que las agresiones no se limitan al ámbito de la pareja ni a las manifestaciones físicas. También ocurren en espacios familiares, laborales, educativos, comunitarios y digitales, donde el control, el hostigamiento, la intimidación y el abuso pueden normalizarse.

Para Flor Rodríguez, directora ejecutiva y vocera de Repara Lumea, uno de los principales desafíos es evitar que las mujeres tengan que enfrentar solas las consecuencias de denunciar.

“Una mujer que decide denunciar no debería encontrarse con nuevas barreras, cuestionamientos sobre su conducta o instituciones que minimicen lo que vivió. La responsabilidad de las autoridades es escuchar, investigar, proteger y garantizar el acceso a la justicia”, señaló.

La organización advirtió que no basta con contar con leyes y mecanismos de atención si las sobrevivientes desconocen sus derechos, no encuentran acompañamiento o reciben respuestas institucionales que minimizan las agresiones.

Por ello, consideró necesario fortalecer la capacitación del personal que atiende a las víctimas, garantizar información accesible y ofrecer acompañamiento jurídico y psicológico, además de medidas de protección frente a posibles represalias.

También planteó que las autoridades deben evaluar qué ocurre después de recibir una denuncia: si las mujeres obtienen protección, si sus casos son investigados y si acceden a servicios especializados que les permitan reconstruir sus vidas sin temor a nuevas agresiones.

Violencia digital también requiere respuestas institucionales

Las agresiones contra las mujeres también se reproducen en internet mediante amenazas, acoso, difusión de imágenes íntimas sin consentimiento, suplantación de identidad y contenidos sexuales manipulados con inteligencia artificial.

Frente a estas manifestaciones, Repara Lumea sostuvo que las instituciones deben desarrollar respuestas que comprendan las particularidades de la violencia digital y eviten responsabilizar a las víctimas por su presencia en redes sociales o el uso de plataformas tecnológicas.

“Lo digital no es un espacio separado de la vida real. Una amenaza en redes, la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento o una campaña de hostigamiento pueden afectar la seguridad, la salud emocional, el trabajo y la libertad de una mujer”, afirmó Rodríguez.

La organización señaló que atender estas violencias requiere la participación de autoridades, plataformas tecnológicas e instituciones educativas, así como mecanismos efectivos para reportar e investigar las agresiones.

Justicia más allá del 25N

Como parte de su posicionamiento, Repara Lumea llamó a impulsar cinco compromisos: garantizar el acceso efectivo a la justicia, establecer medidas de protección adecuadas, ofrecer atención jurídica y psicológica integral, fortalecer la prevención desde la educación y transparentar los resultados de las instituciones frente a las denuncias.

El llamado coincide con la campaña de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, que comienza el 25 de noviembre y concluye el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos. Este año, el eje internacional pone énfasis en garantizar justicia para las sobrevivientes y terminar con la impunidad.

Para la organización, el reto es que las acciones no se limiten a las fechas conmemorativas, sino que se traduzcan en respuestas sostenidas y mecanismos que permitan a las mujeres ejercer sus derechos.

“La pregunta no debe ser por qué una mujer no se fue antes, por qué tardó en denunciar o por qué no pidió ayuda. La pregunta es qué estamos haciendo como sociedad e instituciones para que pueda vivir sin violencia y para que, cuando busque ayuda, encuentre una respuesta real”, concluyó Rodríguez.

Periodismo feminista busca transformar las estructuras de poder y las narrativas en los medios

 

El periodismo feminista enfrenta el desafío de transformar las estructuras de poder dentro de los medios de comunicación, combatir las violencias contra las periodistas y construir narrativas que permitan colocar los derechos de las mujeres en el centro de la agenda pública. Estas fueron algunas de las reflexiones que reunieron a periodistas, editoras y comunicadoras durante el 1er Encuentro Internacional de Medios Feministas, realizado los días 4 y 5 de noviembre.

A lo largo de dos jornadas, el encuentro abrió un espacio de diálogo sobre la historia, los avances y los retos de un ejercicio periodístico que, durante décadas, ha buscado visibilizar las desigualdades de género y cuestionar las representaciones tradicionales de las mujeres en los medios de comunicación.

Las actividades comenzaron el miércoles 4 de noviembre con el diálogo magistral La urgencia de un periodismo feminista, seguido de dos mesas de discusión. La primera abordó los 100 años de periodismo feminista y su contribución a la construcción de una agenda informativa desde las experiencias y demandas de las mujeres.

Posteriormente, en la mesa Retos actuales del periodismo feminista: sexismo, desigualdad y violencia, las participantes reflexionaron sobre las condiciones que enfrentan las periodistas para ejercer su labor, en un contexto donde las desigualdades estructurales y las violencias continúan presentes tanto dentro como fuera de las redacciones.

La jornada también incluyó talleres simultáneos sobre herramientas digitales y recursos para afrontar situaciones de riesgo, con el propósito de fortalecer las capacidades de las comunicadoras frente a los desafíos de su trabajo.

Durante la mesa “100 años de periodismo feminista”, las ponentes reflexionaron sobre el papel histórico de las periodistas feministas que, abrieron espacios para visibilizar y poner en la agenda pública

El jueves 5 de noviembre, las discusiones se centran en las transformaciones necesarias dentro de los medios de comunicación. En la mesa Cambios de poder en los medios, las participantes analizaron la importancia de que más mujeres ocupen espacios de dirección y toma de decisiones, particularmente en proyectos que incorporen una perspectiva de género.

Como parte de las actividades del segundo día, también se realizaran talleres sobre herramientas jurídicas y estrategias para enfrentar las violencias digitales, problemáticas que afectan la libertad de expresión y la seguridad de quienes ejercen el periodismo.

A través de estos diálogos, el 1er Encuentro Internacional de Medios Feministas permitió reconocer en estos dos días de trabajo que el periodismo feminista no solo implica incorporar la perspectiva de género en las coberturas, sino también transformar las relaciones de poder, las condiciones laborales y las formas de producir información.

Migrar no debería significar vivir con miedo

 

Cada 25 de noviembre volvemos a hablar de la violencia contra las mujeres, recordamos a quienes ya no están, reconocemos las luchas de quienes han sobrevivido a distintas formas de violencia y exigimos que los Estados, las instituciones y la sociedad asuman su responsabilidad. Sin embargo, hay historias que todavía necesitan mayor atención. Entre ellas, las de miles de mujeres migrantes que, además de enfrentar las dificultades propias de dejar su país y reconstruir su vida en otro lugar, deben hacer frente a distintas formas de violencia, discriminación y explotación.

Para muchas mujeres, migrar representa una oportunidad de encontrar un trabajo, reunirse con sus familias, escapar de situaciones de violencia o construir un futuro con mayores posibilidades. Pero ese camino no siempre está lleno de oportunidades, en ocasiones, la necesidad de encontrar un lugar donde vivir, conseguir ingresos o regularizar su situación migratoria las coloca en relaciones de dependencia que pueden convertirse en escenarios de abuso.

La violencia que enfrentan las mujeres migrantes no comienza al llegar al país de destino. Está presente antes de salir de sus lugares de origen, durante el tránsito y también después de establecerse en una nueva comunidad. Puede manifestarse en situaciones de violencia institucional, trata de personas, explotación laboral, violencia de pareja, acoso, amenazas, discriminación racial y xenofobia. También puede aparecer en espacios que deberían ofrecer protección, como los lugares de trabajo o los espacios de alojamiento.

Cuando una mujer migrante vive una situación de violencia, pedir ayuda puede ser mucho más difícil de lo que imaginamos. El miedo a ser deportada, la falta de información sobre sus derechos, las barreras de idioma, la dependencia económica, la ausencia de redes familiares y el desconocimiento de las instituciones pueden convertirse en obstáculos para denunciar y acceder a protección.

Pensemos, por ejemplo, en una trabajadora del hogar que depende de su empleador no solamente para recibir un salario, sino también para tener un lugar donde vivir; o en una mujer que soporta situaciones de violencia familiar porque desconoce si su situación migratoria puede afectar sus posibilidades de acceder a protección; o en quienes atraviesan rutas migratorias expuestas a redes de explotación y extorsión, sin contar con mecanismos seguros para pedir ayuda. No son situaciones aisladas o problemas individuales, son expresiones de desigualdad estructural que se profundizan cuando el género, la nacionalidad, la condición económica y el estatus migratorio se cruzan.

Por eso, hablar de violencia contra las mujeres migrantes exige incorporar una mirada interseccional. No todas las mujeres viven la violencia de la misma manera, ni cuentan con los mismos recursos para enfrentarla. La experiencia de una mujer migrante afrodescendiente, una mujer indígena, una trabajadora migrante, una mujer refugiada o una mujer que viaja sola puede estar atravesada por distintas formas de discriminación que no pueden abordarse con respuestas generales.

También necesitamos cuestionar algunas ideas que siguen presentes en nuestras sociedades. La situación migratoria de una mujer no determina su dignidad, no reduce sus derechos y mucho menos justifica que sea sometida a explotación o violencia. Ninguna mujer debería tener que elegir entre denunciar una agresión y conservar su posibilidad de permanecer en el país donde está intentando reconstruir su vida.

En este sentido, las respuestas institucionales deben ir más allá de la atención de emergencia. No basta con recibir una denuncia si después no existen condiciones para garantizar protección, acompañamiento jurídico, atención psicológica, acceso a salud, vivienda segura y alternativas económicas. Tampoco basta con tener leyes si las mujeres no pueden acceder a ellas por miedo, desconocimiento o discriminación.

Pero hay algo más que no debemos perder de vista, las mujeres migrantes no son solamente personas que necesitan protección. Son trabajadoras, madres, estudiantes, lideresas, cuidadoras, profesionales, defensoras de derechos, mujeres que sostienen familias, comunidades y economías, y que también construyen formas de resistencia frente a las desigualdades que enfrentan. Reducir sus historias a la violencia que han vivido sería desconocer su autonomía y su capacidad de decidir sobre sus propias vidas.

Este 25 de noviembre, cuando levantemos la voz contra la violencia hacia las mujeres, hagamos también el ejercicio de preguntarnos si nuestras sociedades están garantizando esa misma protección a quienes vienen de otros países, porque no podemos hablar de una vida libre de violencia mientras la nacionalidad o el estatus migratorio sigan siendo motivos de exclusión.

¿Está llegando a su fin (sin gloria) el sesgo de género en la ONU?

Imagen: ONU
Thalif Deen

NACIONES UNIDAS – En una época ya pasada, la paridad de género era algo desconocido en la Organización de las Naciones Unidas (ONU): las mujeres que trabajaban en el organismo mundial solían ser contratadas principalmente como secretarias y taquígrafas en una Secretaría dominada por los hombres.

Quizá el mejor ejemplo lo ilustra una anécdota que circuló ampliamente en las décadas de los 70 y los 80 del siglo pasado, sobre una aspirante con sólidas credenciales académicas de una prestigiosa universidad de la Ivy League (la liga de las ocho principales universidades privadas del noreste de Estados Unidos) que se presentaba a una entrevista de trabajo en la Secretaría de la ONU,

El alto cargo masculino que entrevistaba a la candidata echó un vistazo a sus credenciales y le preguntó: «ero, ¿sabes mecanografiar?».

Quizá una de las quejas más recurrentes haya sido el sesgo de género generalizado y la disparidad de género, especialmente en los nombramientos de mujeres para algunos de los puestos de alto rango en la jerarquía de la ONU, incluidos los de directores (D1-D2), secretarios generales adjuntos (ASG) y subsecretarios generales (USG), clasificados como el tercer puesto de más alto nivel, justo por detrás del secretario general y del secretario general adjunto (DSG).

Sin embargo, según un reciente panel de control de la paridad de género de la ONU,  ahora existe paridad de género, ya que entre 45 % y 56 % de los puestos los ocupan mujeres, incluidos los de P1 a P5, directores 1 y 2, ASG y USG, en todo el sistema de la ONU y en sus entidades 

En 2025, la proporción de mujeres en los puestos del cuadro profesional y de categoría superior alcanzó 50,4 %, lo que se ha calificado como «un hito histórico».

La representación de las mujeres en las categorías del cuadro orgánico y superiores en el sistema de las Naciones Unidas aumentó de 47 % a 48,8 % entre 2021 y 2023.

En cuanto a la cuestión de género, el secretario general de la ONU, António Guterres, afirmó la última semana de octubre que las Naciones Unidas «han alcanzado la paridad en todos los puestos de alta dirección, así como en todo el personal de la sede y del cuadro orgánico. Lo hemos conseguido no rebajando los estándares, sino aumentando las oportunidades».

De cara al futuro, el secretario general señaló que deben protegerse los avances en materia de género y los conocimientos especializados, y que la lucha contra el racismo debe seguir siendo una prioridad; además, las decisiones sobre contratación, promoción, asignación de funciones y retención deben ser transparentes, coherentes y libres de sesgos

Como parte del compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas, el panel interactivo de paridad de género muestra los datos más recientes sobre el equilibrio de género correspondientes a la Fase I de la Estrategia. El panel se centra en la población objetivo del personal internacional de la Secretaría de las Naciones Unidas, únicamente, tal y como se define en la Estrategia.

Purnima Mane, exdirectora ejecutiva adjunta (Programas) y subsecretaria general (ASG) del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), dijo a IPS que, dado que los prejuicios de género, la desigualdad y la discriminación son una realidad en la mayoría de los países —a pesar de años de campañas y programas—, «no es de extrañar que la ONU y sus organismos especializados hayan puesto en marcha varios acuerdos y compromisos clave para trabajar en pro de la igualdad de género y luchar contra los prejuicios y la discriminación de género».

«Los datos del panel de control de paridad de género de la ONU para el personal internacional de la organización muestran un panorama interesante. Las cifras sugieren que, en general, las mujeres representan casi 46 % del personal y están bien representadas en los niveles directivos», dijo.

Sin embargo, añadió, «los datos sobre el terreno muestran que aún queda mucho por hacer para alcanzar la paridad, al menos en cuanto a cifras y rangos, y quizá sea aquí donde la ONU deba centrar sus esfuerzos de mejora».

Por supuesto, las cifras solo reflejan una parte de la realidad, subrayó.

«Es necesario evaluar las condiciones laborales, las oportunidades de trabajo y las prestaciones laborales de las mujeres para profundizar en la paridad de género en el siguiente nivel de análisis», evaluó.

Y agregó: «Sí, hay pruebas que demuestran que hay muchas mujeres competentes a las que se asignan funciones de liderazgo en todos los niveles de la ONU; y, sin embargo, los miembros de la ONU nunca han elegido a una mujer para el cargo de secretario general y, francamente, hasta hace poco ni siquiera se la había considerado seriamente».

El cuadro de mando podría servir como herramienta para ayudar a los Estados miembros a reconocer que la ONU practica lo que predica y como recordatorio de la realidad de la competencia de las mujeres, especialmente ahora que pronto se celebrará una votación en la ONU para elegir a su líder, afirmó Mane.

La antigua alta funcionaria de la ONU también ha ocupado altos cargos en la Organización Mundial de la Salud, Onusida, el Fondo Mundial de Lucha contra el Sida, la Tuberculosis y la Malaria y el Population Council, y, más recientemente, ha sido presidenta y directora ejecutiva de Pathfinder International.

Shihana Mohamed, presidenta del Asia Global Forum y becaria del programa «Public Voices» de Estados Unidos con The OpEd Project y Equality Now, dijo a IPS que el secretario general ha realizado una labor ejemplar a la hora de lograr la paridad de género en los puestos de alto nivel.

Esto resulta especialmente evidente en el nombramiento de los subsecretarios generales (USG) y los secretarios generales adjuntos (ASG), que es competencia exclusiva suya. También desempeña un papel significativo en la selección de los coordinadores residentes.

«Sin embargo, sigo siendo escéptica sobre cómo se logró la paridad de género en los niveles profesionales en 2026», dijo Mohamed.

En comparación con las estadísticas oficiales de la ONU de 2025 sobre la composición de la Secretaría, el logro comunicado refleja un aumento anual del 2 % o más en la representación femenina en los niveles P-5 y D-1, señaló.

«Sinceramente, tras más de 20 años trabajando en el análisis de género en la Secretaría de la ONU y en la Comisión Administrariva Pública Internacional, la Capi, sé a ciencia cierta que un aumento tan significativo es casi imposible de lograr de forma orgánica en el plazo de un año», dijo.

A su juicio, «el aumento de la representación de las mujeres profesionales en la Secretaría de la ONU se debe principalmente a los recientes recortes presupuestarios».

«Los despidos masivos afectaron de manera desproporcionada a los hombres, lo que incrementó artificialmente la proporción de mujeres en la plantilla. La contratación, por su parte, siguió siendo mínima. Las reducciones de personal fueron aún más severas en las operaciones de paz, donde los hombres han estado significativamente sobrerrepresentados», argumentó.

Históricamente, dijo Mohamed, «las mujeres han estado más representadas en los niveles P-2 y P-3, pero tienden a permanecer en estos niveles durante más tiempo, sobre todo si proceden del Sur global».

«El mismo patrón afecta a la mayoría de los hombres del Sur Global. Por lo tanto, los recientes avances en la paridad de género en los niveles P-4 y P-5 no han beneficiado necesariamente a las mujeres de la ONU, que siguen concentradas en los niveles profesionales inferiores», afirmó.

Además, aproximadamente 20 países no están representados y 30 están infrarrepresentados en la ONU, incluidos países de la región de Asia-Pacífico. Esto plantea la pregunta: ¿a qué regiones representan estas mujeres?

«Un punto importante es que muchos de estos responsables de contratación proceden ellos mismos del Sur global. Sin embargo, algunos parecen dispuestos a hacer lo que sea necesario para complacer al Norte global y a sus influyentes redes. Su objetivo parece ser sobrevivir y ascender dentro de la ONU», planteó Mohamed.

Los esfuerzos genuinos por alcanzar la paridad de género deben comenzar ya en la fase de contratación y selección, señaló.

«Es aquí donde los responsables de contratación ejercen su autoridad delegada de manera imparcial y defienden los valores y disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas para contratar, seleccionar y ascender a mujeres, incluidas las del Sur global. Este es el paso en el que también deben comenzar los esfuerzos contra el racismo. Sin embargo, ese no es el caso dentro de las Naciones Unidas», dijo.

El secretario general por sí solo no puede lograr la paridad de género ni hacer frente al racismo y la discriminación racial dentro de la ONU, consideró Mohamed.

«Una acción real requiere un esfuerzo colectivo. Todos los responsables con autoridad delegada en la gestión de recursos humanos deben marcar la misma pauta que el secretario general. Esta es la única forma de construir una ONU verdaderamente inclusiva y justa», remarcó.

Lamentablemente, esa no es la realidad dentro de la ONU.

«Espero que el secretario general reconozca esta verdad ahora que se dispone a concluir su mandato», afirmó Mohamed, quien también es miembro fundador y coordinador de la Red de las Naciones Unidas para la Diversidad y la Inclusión en Asia, además de una comprometida activista por los derechos humanos y un firme defensor de la igualdad de género y el avance de las mujeres.

Por su parte, en un discurso dirigido al personal de la ONU, Narda Cupidore, presidenta del Sindicato del Personal de las Naciones Unidas (UNSU), afirmó que abordar la desigualdad, históricamente compleja y profundamente arraigada, especialmente allí donde se cruzan los factores de origen étnico y género, requiere tanto valor institucional como un compromiso sostenido.

«Al reflexionar sobre la trayectoria de la Secretaría, es importante reconocer los cimientos que se han sentado», dijo.

En los últimos años, destacó, la Organización ha prestado mayor atención a las desigualdades raciales sistémicas, ha ampliado los espacios de diálogo en el lugar de trabajo, ha realizado esfuerzos concertados para promover la representación de las mujeres en los puestos de alta dirección y ha introducido nuevos marcos de rendición de cuentas a través del Plan de Acción Estratégico para Combatir el Racismo y la Estrategia a Nivel de todo el Sistema sobre Paridad de Género.

«En nombre del personal, acogemos con satisfacción estos pasos fundamentales», afirmó.

Agregó que el personal de todos los lugares de destino desea que el liderazgo institucional tenga éxito, ya que el éxito de la dirección a la hora de erradicar la discriminación refuerza la integridad y la eficacia de todo el sistema de las Naciones Unidas.

Al mismo tiempo, «debemos ser sinceros sobre el camino que nos queda por recorrer: aún queda mucho trabajo por hacer», dijo.

«La discriminación por el color de la piel y la desigualdad de género no son incidentes aislados, sino retos sistémicos arraigados en nuestra estructura organizativa que no pueden abordarse plenamente mediante medidas a corto plazo, campañas de sensibilización o eventos aislados», aseguró la presidenta del sindicato del personal.

El establecimiento de marcos normativos, la organización de sesiones de escucha y la implantación obligatoria de módulos de aprendizaje en línea generan la concienciación necesaria, pero la concienciación es solo el punto de partida.

«En toda la Secretaría persiste una brecha notable entre las evaluaciones administrativas de los avances y la realidad cotidiana que vive el personal sobre el terreno», remarcó Cupidore.

A su juicio, cuando los representantes elegidos del personal y las redes de justicia de base participan principalmente al final de los debates sobre políticas, en lugar de ser incluidos como coartífices desde el principio, nuestra respuesta institucional sigue siendo incompleta.

Para seguir construyendo sobre los cimientos ya establecidos, consideró la presidenta del sindicato, es necesario pasar de iniciativas a corto plazo a reformas normativas duraderas en cuatro áreas operativas.

En primer lugar, sijo, los esfuerzos por promover el liderazgo y la representación de las mujeres deben extenderse a toda la pirámide de grados.

Si bien alcanzar la paridad de género en los niveles más altos es un hito vital, la verdadera equidad interseccional requiere mirar más allá de los rangos ejecutivos, abundó.

«En toda la Secretaría, el personal del Servicio General y los funcionarios nacionales —que son en su mayoría mujeres y colegas del Sur global— realizan una labor operativa y sustantiva indispensable, pero siguen viéndose limitados por la restrictiva barrera del examen de acceso de la categoría G a la P», detalló.

Para Cupidore, «un cambio institucional duradero implica eliminar los techos profesionales artificiales, introducir evaluaciones de competencias anónimas y establecer vías basadas en el mérito para acceder a la categoría profesional».

En segundo lugar, prosiguió, «el refuerzo de las medidas de rendición de cuentas debe traducirse en resultados verificables».

«La incorporación de cláusulas sobre la dignidad en el lugar de trabajo en los acuerdos de los altos directivos constituye una base importante, pero dichos acuerdos solo son tan sólidos como su aplicación», dijo.

Añadió que «una reforma sostenible requiere integrar en las evaluaciones de liderazgo una retroalimentación ascendente obligatoria y anónima de 360 grados, así como establecer consecuencias administrativas claras cuando los directivos fomenten o toleren entornos discriminatorios».

En tercer lugar, Cupidore colocó «la ampliación de las oportunidades de diálogo debe ir acompañada de mecanismos de justicia seguros y accesibles».

«Los compañeros con contratos de duración determinada o temporales siguen mostrándose reacios a denunciar sesgos raciales o de género sutiles debido a los elevados umbrales probatorios en las investigaciones formales de supervisión y al temor a que no se les renueve el contrato de forma silenciosa», afirmó.

A su juicio, establecer una capacidad especializada para atender casos de discriminación sistémica, reequilibrar la carga de la prueba en las revisiones de represalias y garantizar la estabilidad contractual provisional durante los procedimientos de reclamación en curso proporcionará al personal la seguridad necesaria para alzar la voz.

En cuarto lugar, Cupidore colocó «una reforma normativa eficaz requiere datos precisos y transparentes».

«Basarse en agrupaciones regionales y de nacionalidad generales como indicadores sustitutivos de la raza oscurece dónde se encuentran los obstáculos profesionales a los que se enfrentan las mujeres de color y el personal marginado», dijo.

Y agregó: «La introducción de un seguimiento demográfico voluntario y desglosado por grados y modalidades contractuales permitirá a la Organización medir el impacto real en lugar de los datos procedimentales».

Cupidore aseguró que «se han sentado las bases, y el lenguaje de la equidad y la inclusión forma ya parte integrante de nuestro discurso institucional. La prueba de nuestro valor y nuestro compromiso radica en si ahora traducimos esas bases en garantías permanentes y exigibles».

Pero planteó que «el cambio institucional duradero no puede lograrse únicamente mediante programas impuestos desde arriba; se forja a través de una participación efectiva y una colaboración colectiva en el Comité de Personal y Administración, donde se negocian conjuntamente las políticas de recursos humanos, las disposiciones administrativas y las condiciones de servicio».

«Un legado no se mide por programas a corto plazo ni por la elocuencia de nuestros compromisos, sino por si cada miembro del personal, independientemente de su categoría, tipo de contrato, raza y género, disfruta de oportunidades equitativas, protección y dignidad en el trabajo», dijo Cupidore.

La presidenta del sindicato de personal concluyó: «Hoy puedo confirmar con confianza que los representantes del personal, los sindicatos y las federaciones de personal están dispuestos a colaborar con los dirigentes como socios en pie de igualdad para hacer realidad la visión de unas Naciones Unidas libres de discriminación».

Cuauhtémoc Cárdenas y las mujeres: la democracia que también estaba pendiente

Escrito por Lucía Lagunes Huerta 
.-En la historia política de México hay preguntas que el paso del tiempo no debería borrar. Una de ellas es qué lugar ocuparon los derechos de las mujeres en los proyectos de transformación democrática que se construyeron en el país durante la década de los ochenta. Recuperar la figura de Cuauhtémoc Cárdenas desde una mirada feminista permite volver a una época en la que la democratización del sistema político era una exigencia central, mientras las feministas insistían en que la democracia no podía limitarse a cambiar a quienes ocupaban el poder: también debía transformar las relaciones de desigualdad entre mujeres y hombres.

Para entender esa discusión hay que regresar a un México en el que la violencia contra las mujeres permanecía, en buena medida, confinada al ámbito privado; el aborto estaba penalizado, las trabajadoras enfrentaban discriminación laboral y la maternidad seguía considerándose un destino antes que una decisión.

Mientras los partidos debatían sobre la sucesión presidencial, el autoritarismo y la necesidad de abrir el sistema político, las feministas llevaban años colocando sobre la mesa asuntos que buena parte de la política consideraba secundarios: el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, la atención a las mujeres víctimas de violencia sexual, la igualdad salarial, el acceso a guarderías y el reconocimiento del trabajo doméstico y de cuidados. No eran demandas nuevas ni concesiones que las mujeres esperaran recibir de un gobierno progresista; eran reivindicaciones construidas mediante años de organización, movilización y debate.

En 1987, cuando Cuauhtémoc Cárdenas rompió con el Partido Revolucionario Institucional y comenzó a articular una alternativa política que desembocaría en su candidatura presidencial de 1988, México vivía una coyuntura de reacomodo político. La candidatura cardenista logró convocar a sectores sociales diversos, entre ellos mujeres de organizaciones populares, sindicalistas y feministas.

Sin embargo, la participación de las mujeres en aquella movilización no significó que sus demandas ocuparan necesariamente un lugar central en el proyecto político. Investigaciones sobre el movimiento amplio de mujeres documentan precisamente esa tensión: muchas participaron en la construcción de la alternativa democrática, aunque el discurso de campaña y el programa político del Frente Democrático Nacional no incorporaron de manera explícita la problemática de las mujeres.

Esta contradicción merece ser revisada sin simplificaciones: la apertura democrática representaba una oportunidad política, pero no garantizaba por sí misma el reconocimiento de la desigualdad de género.

La historia de aquella relación también obliga a mirar las diferencias entre los ideales generales de igualdad y su traducción en compromisos concretos.

Hablar de democracia, justicia, libertad y dignidad era indispensable frente al régimen autoritario; sin embargo, para las feministas esos principios debían tener consecuencias en la vida cotidiana.

¿Qué significaba la igualdad para una trabajadora despedida por estar embarazada? ¿Qué justicia podía ofrecer un Estado que no reconocía adecuadamente la violencia sexual? ¿Qué libertad tenían las mujeres si no podían decidir sobre su maternidad o si dependían económicamente de sus parejas? ¿Qué democracia podía considerarse completa cuando las mujeres seguían cargando con la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidados, además de enfrentar obstáculos para participar en las decisiones públicas?

Estas preguntas no eran ajenas a la política: señalaban sus límites y exigían ampliar el significado de los derechos.

Volver hoy sobre Cuauhtémoc Cárdenas y el movimiento feminista de los años ochenta no implica juzgar el pasado con la comodidad de las conquistas posteriores ni desconocer la importancia de aquella coyuntura en la historia de la oposición política mexicana.

Implica reconocer que las mujeres también fueron protagonistas de la democratización y que sus demandas no siempre encontraron el mismo espacio que las reivindicaciones políticas y económicas consideradas prioritarias.

La memoria feminista sirve justamente para eso: para recuperar las aportaciones de quienes abrieron camino y examinar, al mismo tiempo, las deudas que permanecieron. Porque una transformación democrática no se mide únicamente por la posibilidad de cambiar al partido gobernante, sino por su capacidad para modificar las estructuras que reproducen la desigualdad.

Esa fue una de las lecciones que las feministas plantearon entonces y que sigue siendo pertinente para cualquier proyecto político que aspire a construir una sociedad más justa. 

Angela Davis, la estanquera de Saigón

Fuentes: El diario [Foto: Angela Davis. EFE]

Angela Davis introdujo la perspectiva de raza y clase en el análisis feminista, anticipando la interseccionalidad pero sin dejar de lado la cuestión de la discriminación judicial y el poder policial sin control

“Han cambiado las sábanas por los uniformes; han cambiado los sabuesos por perros de policía”, dice Malcom X a los suyos a lo largo de un acto, según registra el biopic 

Malcom X de Spike Lee. Aunque no fuera precisamente ese el día en el que Angela Davis escuchara a quien, según cuenta, representa uno de los referentes de la juventud, la frase pronunciada por el activista negro es uno de los ejes de la lucha que aún enfrenta a Davis con el poder.  

¿Los motivos? Hoy, en Estados Unidos la policía, las fuerzas de seguridad, el ICE, siguen activos, sin reparos, contra el diferente. 

Hace unos días, el dominicano Óscar Bengal fue tiroteado en el Bronx, al norte de Manhattan, mientras conducía su coche en compañía de su hijo de cinco años. Un agente del ICE le disparó siete veces y una bala atravesó su cuello. Desde entonces está recluido en régimen de aislamiento en el Centro de Detención Metropolitano de Brooklyn. Su defensa asegura que aún tiene alojada la bala en el cuello, sin poder comer y solo bebe agua del lavabo debido a las condiciones carcelarias. El alcalde Zohran Mamdani, como siempre en estas situaciones, ha sido claro: “Sabemos que el ICE está podrido hasta la médula. El tiroteo de hoy [se refiere al día ocho] no hace más que confirmar, de forma aún más devastadora, lo que sabemos desde hace tiempo: que el ICE actúa con total impunidad, que siembra el caos y el terror en todo el país y que ha matado a muchos más de nuestros vecinos de los que jamás podría afirmar haber salvado”. 

No lo dejó ahí: “La ciudad de Nueva York no se quedará de brazos cruzados mientras agentes del ICE disparan contra los neoyorquinos, y no vamos a cejar en nuestra exigencia, que tantos, incluido yo, hemos planteado una y otra vez: esta es una agencia que debe ser abolida”. Esto último, la abolición policial, es algo presente en el pensamiento histórico de la académica y activista Angela Davis. 

Davis nació en Birmingham, Alabama, en la década del cuarenta del siglo pasado, sus padres eran docentes y activistas a favor de los derechos civiles, lo cual influyó en su carácter al igual que el barrio de su infancia, Dynamite Hill [Colonia Dinamita], que debe su nombre al constante asedio del Ku Klux Klan que volaba constantemente las casas de sus moradores afroamericanos, según cuenta Davis en una temprana autobiografía. En aquel tiempo aún se imponían las sábanas tal y como recordaba Malcom. 

Davis, en su juventud, vivía como una contradicción provenir de un entorno intelectual de clase media; sentía una gran presión por demostrar su carácter revolucionario, involucrándose en los problemas de la calle y tratando de huir de la torre de marfil, tal y como veía al campus.  

A finales de los años sesenta, siendo profesora de filosofía en la Universidad de California, fue despedida por su vínculo con el Partido Comunista. El claustro no aceptó esta discriminación, fue readmitida pero Ronald Reagan, entonces gobernador de California y, por este cargo, autoridad competente en la universidad, consiguió un nuevo despido. Por aquel entonces, Davis tenía relación con un trío de reclusos negros llamados Hermanos de Soledad (en referencia al nombre de la cárcel donde estaban detenidos) acusados de matar a un guardia de prisiones blanco. Davis tenía relación con uno de ellos, George Jackson, un activista y escritor, al que conoció al unirse a un comité que negaba los cargos contra los tres activistas. La cosa se complicó porque los Hermanos de Soledad tomaron un juzgado empuñando armas de fuego y en el tiroteo hubo varios muertos. Davis fue acusada de facilitar las armas y fiel a su temperamento, se dio a la fuga. Una fuga hacia el fulgor porque a partir de allí su imagen comenzó a brillar en todas partes. 

El FBI tenía al mando por entonces, nada menos que a J. Edgar Hoover, y el país, a alguien que no cae en el olvido, Richard Nixon. Les llevó dos meses encontrarla en un motel de Nueva York. Nixon felicitó a Hoover por detener a “una peligrosa terrorista” (los tiempos, como queda claro, no han cambiado tanto), pero como Davis había estudiado en Europa sin dejar de militar a favor de las Panteras Negras y del movimiento contra la guerra de Vietnam, se convirtió en una presa política con un eco global. Un año y medio después, libre de cargos, recuperó la libertad para seguir usándola y convertirse en un símbolo de resistencia. Hace unos años, Los Chikos del Maíz, le hacen un homenaje al mencionarla en su canción La estanquera de Saigón, mencionando, precisamente su actitud frente a Nixon y parafraseando la película de Eloy de la Iglesia, en la que la estanquera de Vallecas se entiende mejor con los ladrones que con los policías. 

Davis puso su mirada en un caso de 1974 en el que Joan Little, una joven negra de veinte años quien, siendo reclusa, asesinó a un funcionario que la violó. La acusación argumentó que un hombre blanco jamás violaría a una mujer negra; el contacto sexual solo podía ser posible si ella lo seducía. Si el sentido no fluye racionalmente en la primera lectura, se puede volver a leer el argumento otra vez. Es lo que hay. Literal. Angela Davis se sumó a la defensa y en un caso que aún se considera más un relato de Ray Bradbury que un episodio judicial estadounidense, Little fue declarada inocente. 

Más allá del resultado, allí confluyeron los movimientos de derechos civiles, el feminismo y los que impulsaban la reforma penitenciaria. Davis, entonces, atenta a esta intersección de propósitos, acaba publicando Women, Race & Class [Mujeres, raza y clase] en 1981, un ensayo en el que vuelve a su experiencia en la cárcel y al caso de Joan Little. Dice Davis: “Ese libro recoge una serie de posturas de personas que tenían un análisis más amplio, mucho más de lo que significa luchar por la igualdad de género», afirma. «Cuando lo escribí, me interesaba señalar que el género no tenía por qué verse en competencia con la raza. Que los problemas de las mujeres no eran exclusivos de las mujeres blancas de clase media. En muchos sentidos, esa investigación consistía en sacar a la luz las contribuciones de mujeres que habían sido completamente marginadas por la historia del movimiento feminista, especialmente las mujeres negras, pero también las latinas y las de clase trabajadora».

Angela Davis introdujo la perspectiva de raza y clase en el análisis feminista, anticipando la interseccionalidad pero sin dejar de lado la cuestión de la discriminación judicial y el poder policial sin control. 

En la visión de Davis siempre ha estado como tema central la reinvención de la labor policial y el encarcelamiento. En su libro Are prisons obsolete? [¿Son obsoletas las prisiones?], defendió que «el reto más difícil y urgente hoy en día es el de explorar de forma creativa nuevos terrenos de justicia, en los que la prisión ya no sirva como nuestro principal punto de referencia». En una entrevista con el escritor y periodista cultural Nelson George, dice: “La mayoría de nosotros hemos dado por sentado en el pasado que, en lo que respecta a la seguridad pública, la policía es la encargada. Cuando se trata de problemas de daño en la comunidad, las prisiones son la respuesta. Pero, ¿y si imagináramos formas diferentes de abordar el daño, formas diferentes de abordar la seguridad y la protección?»

En las últimas elecciones de Estados Unidos, Davis apoyó a Joe Biden y actualmente es promotora de las cuatro diputadas progresistas Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Ayanna Pressley y Rashida Tlaib. 

Ilham Omar nos hace volver al principio del artículo (en realidad el problema del abuso policial y la persecución del otro es un bucle). Un grupo de agentes de Investigaciones de Seguridad Nacional (HSI, por sus siglas en inglés), una división del Servicio de Inmigración y el ICE, registraron su vivienda en Washington hace unos días como corolario a los insultos y amenazas permanentes de Donald Trump. La principal acusación contra Omar es su origen somalí, del mismo modo que en su día el presidente amenazara con la deportación al alcalde Zohran Mamdani por el simple hecho de que hubiera nacido en Uganda.

La participación en la conversación pública de Angela Davis, a sus ochenta y dos años, sigue siendo tan necesaria como en los días de Nixon. Estos son los tiempos de MAGA, de Vox, de partidos de la derecha tradicional lobotomizados con ideas xenófobas sin otro fin que ocupar todo el espacio. Sin los otros. Sin nosotros. 

Borges observa a una pantera y nos dice, en un poema, que “es una y eterna”. Al describirla la proyecta en el mundo de las ideas y de los sueños. Angela Davis simboliza ambas cosas. Una pantera negra sin miedo. 

Miguel Roig. @miguelroig

Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/angela-davis-estanquera-saigon_129_13591736.html

Afrofrailescanidades: crónica de un encuentro contra el olvido en Horizonte

 

Lo que aquí les cuento sucedió hace unos meses en una comunidad del municipio de Villaflores, en Chiapas. Un grupo de mujeres y hombres afrodescendientes, la mayoría de Chiapas, nos reunimos para conversar, convivir, hablar de lo que nos mueve, de lo que nos preocupa, de aquello que nos afecta y también de lo que nos alegra. Nos reunimos para imaginarnos e inventarnos.

Quiero contarles de ese encuentro, de las conversaciones que tuvimos y de algunas de las reflexiones que me traje de regreso a Tuxtla. 

Reconocerse como afrochiapaneca significa en ocasiones dar muchas explicaciones. Somos pocas las personas que nos reconocemos y nombramos como tales, afortunadamente, cada vez más. Durante mucho tiempo nuestra presencia ha quedado fuera de la historia que nos contamos sobre Chiapas. Y cuando una no se encuentra en esa narración, cuando no aparecen los rostros, las historias o las experiencias que le permitan reconocerse, termina haciéndose muchas preguntas, a veces sin saber con quién compartirlas.

Por eso hay algo muy poderoso en encontrarse con otras personas que llevan tiempo haciéndose preguntas parecidas. En reconocerse en el rostro de la otra, en los “colochos” del cabello, en las historias familiares y en ese deseo de saber de dónde venimos. 

Quiero contarles de la alegría que hay en estos encuentros. Venimos de una historia atravesada por el racismo, la discriminación y el sufrimiento, pero nuestra identidad no puede reducirse únicamente a eso. También tenemos historias de resistencia, de reivindicación y de mucha alegría. No podemos dar testimonio solamente de aquello que nos duele. También queremos hablar de lo que nos gusta, de lo que soñamos y de lo que estamos construyendo.

Este 4 de noviembre, Día de las Mujeres Afromexicanas, quiero volver a aquel encuentro en Villaflores. A las personas que conocí, a las conversaciones que tuvimos y a las preguntas que todavía me acompañan. Si algo me traje del encuentro fue la certeza de que no somos una isla desierta y que en estos encuentros vamos construyendo otras maneras de contarnos nuestra propia historia.

UNO

Llegué a la estación de autobuses y la vi de lejos. Estaba acomodando su mochila después de un viaje de doce horas desde la capital de Oaxaca hasta Tuxtla Gutiérrez. Dos estados que en el mapa se ven tan cerquita, pero que en la realidad están separados por varias horas de camino.

Yo sabía que buscaba a una mujer llamada Lina, pero cuando la tuve enfrente me di cuenta de que era la misma Lina que había conocido hacía más de veinte años, cuando coincidimos trabajando en una campaña sobre mortalidad materna en varios estados del sur de México.

Lina Rosa Berrio Palomo es una mujer negra colombiana-mexicana, especialista en antropología médica e investigadora del CIESAS en Oaxaca. Nos conocimos en Guerrero y ahora, más de dos décadas después, nos estábamos encontrando en Chiapas para participar en una reunión de personas afrodescendientes. Nos abrazamos, nos dio mucho gusto vernos y celebramos la bonita coincidencia.

En el camino de Tuxtla Gutiérrez a Horizonte, en Villaflores, comenzamos a platicar sobre lo que cada una estaba haciendo. Lina me habló de la investigación que realiza con parteras afrodescendientes en algunas comunidades de Oaxaca y yo le conté sobre las acciones afirmativas para la población afromexicana y, en particular, afrochiapaneca.

Platicamos muy sabroso. A ella le interesó mucho conocer sobre las acciones afirmativas, las posibilidades que podrían abrirse si logramos tener espacios de representación política y lo que desde ahí se podría impulsar. A mí me interesó muchísimo el trabajo que realiza con las parteras afrodescendientes, la recuperación de sus conocimientos, sus experiencias y el lugar que ocupan en sus comunidades. Ella desde la antropología médica y yo desde la participación política, pero las dos hablando de las mujeres afrodescendientes.

Creo que una buena conversación comienza por el interés genuino de conocer y escuchar a la otra persona. Conversar nos ayuda a encontrar aquello que tenemos en común, pero también dejar espacio para los desacuerdos y las sorpresas. Hay conversaciones que nos permiten confirmar lo que pensamos y otras que nos hacen cuestionar aquello que creíamos tener tan claro.

Creo que eso fue lo que pasó durante aquel trayecto. Las dos teníamos mucho que contar y muchas ganas de escuchar. Veníamos de experiencias y campos de trabajo distintos, pero encontramos formas de mirar asuntos que nos interesan. Y así, entre una cosa y otra, fuimos haciendo camino hacia Horizonte.

DOS

Horizonte es una comunidad ubicada a unos 15 kilómetros de la cabecera municipal de Villaflores, en la región Frailesca de Chiapas. Es una localidad pequeña, a la que se llega por un camino que siempre me ha parecido muy bonito. Durante mucho tiempo recorrí aquellos rumbos varias veces al año y me dio gusto ver que no han cambiado demasiado. El ganado sigue apareciendo a los lados de la carretera, las aves, las personas en su cotidianidad del campo. Hay un tramo en el que los árboles extienden su follaje sobre el camino y casi lo cubren por completo.

Seguramente para algunos ojos no es una tierra extraordinaria. A mí siempre me ha parecido que la Frailesca tiene algo que llama, sobre todo a quienes son de aquella región. Hay algo en sus paisajes, en sus caminos y en la vida que transcurre por ahí que es lindo quedarse a observar. 

Era junio y había llovido. El lugar donde nos reunimos estaba rodeado de árboles y había un montón de aves. Me pareció ver un momotus mexicano, que es mi ave favorita, pero capaz y me lo imagine o quise verlo como señal de buen augurio de aquel momento. También vi otras especies, de esas sí estoy segura, que no alcancé a identificar. Durante buena parte del encuentro los pájaros estuvieron cantando. Había tantos sonidos de la naturaleza que, por momentos, me distraía tratando de descubrir de dónde venían.

Desde que llegamos nos recibieron como si nos conociéramos de toda la vida. Había un ambiente de confianza, de ganas de conversar. Me llamó la atención esa facilidad con la que comenzamos a relacionarnos. Bastaba llegar para saber que algo teníamos en común, aunque muchas de las personas que estábamos ahí nunca nos hubiéramos visto.

En la entrada había un árbol del que colgaban varias fotografías. Eran imágenes de las propias personas que habían participado en los talleres de Afrofrailescanidades y de sus familiares afrodescendientes. Durante los talleres habían ido interviniendo esas fotografías, trabajando sobre sus propias imágenes y recuerdos familiares.

Afrofrailescanidades es un proyecto promovido por la investigadora María Guadalupe Ruiz Coutiño, originaria de esta región, y que busca recuperar las memorias y la presencia afrodescendiente en la Frailesca a través del arte y del trabajo comunitario. Una tarea que tiene mucho sentido en una región donde las historias de las familias afrodescendientes pocas veces han encontrado lugar en las narraciones sobre Chiapas.

A veces pienso que andamos tan ocupadas en nuestras propias cosas que dejamos de mirar lo que tenemos alrededor. Los lugares, las personas que los habitan y las historias que se cuentan. Nos hace falta detenernos más a mirar y escuchar. La manera en que nos relacionamos con las otras personas, cómo las recibimos, qué nos interesa de ellas y qué estamos dispuestas a compartir también dice cosas de nosotros y del mundo en el que queremos vivir.

Y eso fue parte de lo que me gustó de Horizonte. Habíamos llegado para hablar de nuestras historias y de las cosas que quisiéramos cambiar. Pero también para disfrutar de estar juntas y juntos, para reírnos, conocernos y pasarla bien. Me gusta que estos encuentros tengan espacio para todo eso. Que entre tantas cosas que nos duelen y nos preocupan, todavía tengamos muchas ganas de encontrarnos y de imaginar lo que viene.

Tres 

El encuentro se organizó como un rally. Había diferentes estaciones por las que las personas participantes iban pasando para conversar y realizar distintas actividades. A algunas personas (que somos afrodescendientes…pero no de Villaflores) nos habían invitado para acompañar esas estaciones, proponer dinámicas y compartir lo que sabíamos sobre determinados temas. A mí me tocó la de los derechos políticos.

Quería que habláramos de la participación política de las personas afrodescendientes, pero sobre todo que nos imagináramos ocupando los espacios donde se toman las decisiones. Así que la dinámica giraba alrededor de una silla y una pregunta: ¿qué harían si tuvieran el poder de decidir?

Les pedíamos que imaginaran que podían ocupar esa silla y que, desde ahí, tenían la posibilidad de proponer una iniciativa de ley, impulsar una política pública o realizar alguna acción para cambiar las cosas. Que pensaran que tenían todas las gemas del infinito o que acababan de encontrar la lámpara maravillosa. Que por un momento no se preocuparan por los obstáculos y se permitieran imaginar.

Y comenzaron a surgir las propuestas.

“Que se prohíba alaciar el pelo a las niñas y que quienes lo hagan sean sancionadas”.

La compañera que lo propuso no dudó ni un segundo en su propuesta. Era evidente que llevaba tiempo pensando en ello. Me quedé dándole vueltas a lo que había dicho. A todo lo que puede haber detrás de una propuesta así, a las niñas que crecen escuchando que su cabello tiene que ser distinto, que sus “colochos” deben desaparecer para parecerse a una idea de belleza que pocas veces las incluye.

La mayoría de las propuestas tenían que ver con la educación. Querían que la historia de la población negra en Chiapas formara parte de los programas de estudio, que las niñas y los niños conocieran la presencia afrodescendiente en nuestro estado, que supieran de esa tercera raíz que, para muchas y muchos de nosotros, es la primera. También hubo propuestas para promover el reconocimiento de nuestra identidad y para que las personas afrodescendientes pudiéramos encontrarnos en la historia de los lugares donde nacimos y vivimos.

Otras personas hablaron de la representación política. De la necesidad de establecer mecanismos que impidan la simulación en las candidaturas reservadas para personas afrodescendientes. 

Me gustó escuchar las propuestas, pero también las razones detrás de ellas. Había preocupaciones que se repetían, otras que no había considerado y algunas que me hicieron pensar en asuntos que damos por resueltos cuando todavía tenemos mucho por discutir.

Durante la dinámica, varias compañeras me devolvieron la pregunta: ¿y tú qué harías si estuvieras en un espacio de toma de decisiones?

Me di cuenta de que llevo mucho tiempo haciéndome esa pregunta. Que tengo una lista mental de cosas que me gustaría cambiar, de propuestas que quisiera impulsar y de asuntos que considero que todavía nos debemos como sociedad cuando hablamos de la población afrochiapaneca.

Tal vez ha llegado el momento de bajar esa lista al papel.

Cuatro

Desde aquel encuentro en Horizonte han pasado otras cosas que también quisiera contarles. Hemos seguido encontrándonos, conversando, haciéndonos preguntas y pensando en lo que podemos construir. Tengo muchas notas, ideas y reflexiones que todavía no he logrado ordenar. La vida no me ha dado para sentarme a escribir todo lo que quisiera, pero ya habrá tiempo para hacer algo más largo.

Pienso mucho en las mujeres afrochiapanecas. En lo complicado que resulta a veces reconocernos en una historia que durante tanto tiempo ha prescindido de nosotras. En las preguntas que nos hacemos sobre nuestras familias, nuestras ancestras, nuestros cuerpos y nuestra identidad. Pero también en todo lo que estamos haciendo para encontrarnos, para ocupar espacios, para que nuestras voces sean escuchadas y para que las niñas que vienen  puedan reconocerse en una historia que también les pertenece. 

No quería que pasara este 4 de noviembre, Día de las Mujeres Afromexicanas, sin compartirles algo de lo que vivimos en Horizonte. Me importa que quede registro de estos encuentros. Que dentro de algunos años podamos volver a ellos, saber quiénes estuvimos, qué nos preocupaba, de qué nos reíamos, qué queríamos cambiar y qué estábamos haciendo para lograrlo. Nos reunimos mujeres y hombres de los municipios chiapanecos de  Villaflores, Villa Corzo, Cintalapa y Pijijiapan, pero también vinieron personas de otros estados como Guerrero y Morelos. Y también países como Cuba y Ecuador. Durante mucho tiempo otras personas contaron la historia de Chiapas sin nosotras y no quisiera que también se perdiera la historia de lo que hoy se está haciendo.

A veces pienso que buena parte de nuestra lucha es contra el olvido. Que esa tercera raíz deje de permanecer enterrada. Que podamos encontrarla en nuestra historia, en nuestras familias, en nuestros rostros y reconocerla como nuestra.