7/05/2026

Monsiváis y la calumnia de las derechas

Héctor Alejandro Quintanar

"Desde la primera lectura, cualquier persona emocionalmente sana se hubiera dado cuenta de que la entrevista de marras era una completa falsedad".

Monsiváis y la calumnia de las derechas. Por Héctor Alejandro Quintanar

Hace una semana, el periódico El Universal publicó una calumnia inusitada. Presuntamente reeditó una entrevista de un tal Edmundo Cázarez al gran escritor Carlos Monsiváis, misma que supuestamente fue hecha en 1999 y publicada ese año en el periódico El Sol de México. En el dizque refrito, expuesto en la plataforma digital de El Universal hace unos días, resaltó que Monsiváis, según, acusó hace 27 años que AMLO estaba loco y que pretendía ser un émulo de Nerón o Julio César, y se insinuó mediante el gran escritor, que había huido de Tabasco porque asesinó a su hermano y, en tono ya de prensa amarillista estilo el Óóórale, se insinuó también que el expresidente había pasado noches “divertidas” con el escritor.

Desde la primera lectura, cualquier persona emocionalmente sana se hubiera dado cuenta de que la entrevista de marras era una completa falsedad. No vamos a ahondar en las toneladas de evidencia que, desde un inicio, restaban credibilidad al libelo. Ya el historiador Harim Gutiérrez se dedicó a desmentir todo con una rigurosa, pero sencilla visita a la hemeroteca donde encontró lo obvio: en 1999 Monsiváis no dijo nada sobre AMLO y lo publicado por El Universal es, sin más, una calumnia, cuestión que la familia del escritor mexicano, fallecido en 2010, también denunció en estos días y se arrogó el legítimo derecho a optar por la vía legal para sancionar el infundio.

A los pocos días sucedió lo esperable. El periódico debió eliminar la publicación y ofreció disculpa a sus lectores por mentir. Responsabilizó, sin embargo, a Cázarez y prometió ser más cuidadoso en su edición en el futuro. El diario empero no expuso disculpas a López Obrador, uno de los agraviados, y aseguró que el autor del bulo “no pudo probar” sus dichos. Dejó así cierto pábulo a que se pensara que la entrevista era real, sólo que no se había encontrado la grabación que la sustentaba.

Mucho se ha dicho ya respecto a ese tema. Así que esta columna sólo hará dos apuntes pertinentes.

El primero de ellos es que Edmundo Cázarez no es ninguna excepción, sino la regla. En el establo de los medios tradicionales mexicanos, periodistas intelectualmente corruptos, mentirosos, calumniadores y sucios hay por montones. Hoy este tipo está ya en un oprobio absoluto del que nadie lo va a salvar. Pero habría que exhibir a otros que deberían andar en las mismas.

Empecemos por Salvador Garcia Soto, también panfletista de El Universal, quien apenas ocurrido el escándalo fue a defender a Cázarez y le dio espacio en su programa. Ahí, en una sandez digna de Laura en América, el chimolero Cázarez se puso a llorar y acusó que lo amenazaron de muerte, sin que probara sus dichos, porque tampoco presentó la supuesta evidencia de ello.

Pero el entrevistador resultó tan vil cómo su entrevistado, cuando le dio la razón, le creyó sus patrañas de forma incondicional y agregó otra, porque en algún momento de la entrevista, García Soto insinuó que AMLO había asesinado a su hermano “en un partido de béisbol”, tontería que no merece ninguna respuesta más que la burla.

Pero echemos la mirada atrás. Hay otros bocones que merecerían el mismo oprobio y la misma ignominia que hoy padece Cázarez. Pensemos por ejemplo en León Krauze, quien en enero de 2018 se aventó la alucinación macartista de que Putin cometía una injerencia en la campaña de AMLO en ese año mediante John Ackerman e Irma Sandoval. López Obrador desmintió de inmediato eso con una magistral ironía al bromear con que esperaba en Veracruz a un submarino ruso con el nombre Andresmanuelóvich, y el tiempo hizo lo obvio: dejar a Krauze como un charlatán anclado en la Guerra Fría, o más bien, anclado en el sucio “haiga sido como haiga sido” de 2006. Putin nunca hizo injerencia alguna en 2018, todo fue producto de la febril imaginación de Krauze, quien hoy sigue campante e impune publicando en Letras Libres y El Universal.

Pensemos también en el gestor de la campaña goebbelsiana de la Operación Berlín, un porro de baja estofa llamado Fernando García Ramírez, quien lideró una campaña sucia de memes y seudo revelaciones periodísticas, todas ellas hechas con un dispendio absolutamente ilegal, contra López Obrador y su familia, que, en ese momento, eran civiles sin ningún cargo público, a los cuales, sin embargo, la campaña les significó espionaje y amedrentamiento.

En 2019 se descubrió de forma incontestable, a través de revelaciones de Tatiana Clouthier y evidencia incontrovertible provista por Ricardo Sevilla, que García Ramírez era un tipejo sucio, a la altura de los autores de El móndrigo, aquel panfleto apócrifo y mentiroso confeccionado por las cañerías del poder en 1968 para desacreditar el movimiento estudiantil de ese año. Hoy, García Ramírez sigue campante publicando vulgaridades en Letras Libres y la Aurora de México, y, hasta hace poco, en el periódico El Financiero.

En ascos de la misma ralea quedan gente como Carlos Alazraki, que señaló que AMLO había tenido una hemiplejia en 2023; o Leopoldo Mendívil, que en 2011 inventó que AMLO tenía diabetes; o el periódico salinista La Crónica de Hoy, que en 2006 alucinó que Chávez estaba detrás de la campaña del candidato del PRD, o él víbora Rivapalacio, quien entre sus tantos delirios ha acusado que Irán financió al tabasqueño en 2006 y que tuvo un infarto en 2023. La verdad ya es irrelevante para este sector, pero no deja de asombrar cómo hasta para mentir son malos.

Así, la pregunta que surge es por qué si esta gente ha sido tan vil y mitómana como Cázarez, sus amasijos calumniosos no han tenido el mismo destino del basurero de la historia y siguen aún ahí orondos contaminando el debate público.

Pregunta parecida surge con aquellos que, pese a su evidente falsedad, dieron por buena la entrevista delirante de Cázarez y después persistieron en darle crédito, como fue el señor Héctor de Mauleón (aunque después haciéndose tonto se desdijera); la politicastra Lili Téllez, el panfletista garcialunista Francisco Calderón, José Antonio Crespo o la mascotita de Trump, cuyo nombre no mencionaremos.

Ahí queda un esbozo de respuesta. Veamos la conducta del evasor del Ajusco, quien organizó hordas de umpa lumpas digitales para confeccionar memes homofóbicos, imágenes calumniosas, chistes fachos con base en el material brindado por esa entrevista falsa, cuyo contenido alegró a esa recua de asnos del mismo modo que la basura alebresta y excita a las cucarachas.

Esa es pues la función de estas noticias falsas o paparruchas. Como se sabe, en tiempos que corren una falsedad corre veinte veces más rápidamente que su desmentido. Esa es la apuesta de quienes recurren a estas bajezas para tratar de deturpar a la llamada Cuarta Transformación, aunque desde 2006 debieron aprender la lección: estas campañitas goebbelsianas son antidemocráticas tanto por sus contenidos mentirosos como por sus efectos, ya que no sirven para construir mayorías, sino para fanatizar a lo peor de la opinión pública mexicana.

A Samuel García se le acabó la party

Ana Lilia Pérez

"A inicios de junio, con toda simpleza y desfachatez Samuel García se declaró en 'modo party' por un mes".

A Samuel García se le acabó la party. Por Ana Lilia Pérez

Con el partido entre las selecciones de Países Bajos y Marruecos, el lunes en Monterrey se jugó el cuarto y último partido del Mundial en que Nuevo León fue sede. Se jugaron allí tres partidos correspondientes a la fase de grupos y uno de los de dieciseisavos de final, de eliminación directa, que se definió por penales, y en el cual la selección de Marruecos derrotó a la emblemática Naranja Mecánica.

El evento futbolístico fue ampliamente utilizado por el Gobernador Samuel García también para su estrategia de promoción personal (autopromoción que ha mantenido prácticamente durante todo su gobierno). Como marketing aprovechó la coincidencia del color del uniforme de la selección neerlandesa, con el mismo color del partido político al que representa, el fosfo fosfo, alardeando incluso que pintaría de naranja Nuevo León para un récord, con la Orange Party y la tradicional Orange Fun Walk, para las que incluso su gobierno repartió miles de playeras y gorras color naranja.

A inicios de junio, con toda simpleza y desfachatez Samuel García se declaró en “modo party” por un mes: “Un mes, pausa, disfruten, no todo es jalar, a partir de hoy en la noche yo me pongo en modo party, botas, sombrero y no voy a contestar ni el celular, para que sepan, eh”.

Y se dedicó a la fiesta, estuvo en los desfiles del Orange Bus haciendo videos para sus redes sociales, “esto es la fiesta naranja, modo party”, decía, al tiempo en que anunciaba su “noticia bomba”: la cerveza gratis, “pura party, modo party”, decía video tras video, como si el cargo de un Gobernador no exigiera de atender sus obligaciones.

Así, mientras estaba en modo party, se cumplió la fecha en que debía responder al Congreso por las imputaciones a partir de las cuales comenzó el proceso de juicio político en su contra.

Como expliqué en este espacio: en junio la Comisión Anticorrupción del Congreso de Nuevo León aprobó el inicio del procedimiento para su juicio político por supuesto peculado y malversación de recursos por la triangulación de millonarios recursos públicos a empresas relacionadas con su familia.

El procedimiento deriva de una denuncia en que se detallan las operaciones mediante las cuales se habría realizado los supuestos desvíos de recursos del erario mediante un entramado de empresas contratistas y factureras, a los despachos jurídicos y de servicios fiscales que son propiedad de Samuel García y su padre Samuel Orlando García.

Según la denuncia que dio inicio al procedimiento de juicio político, en años previos a que Samuel García asumiera la gubernatura, los ingresos de dichos despachos eran modestos, pero a partir del inicio de su campaña a la gubernatura, los ingresos de ambos despachos crecieron de manera exponencial; y que tras asumir la gubernatura los ingresos continuaron incrementándose estratosféricamente, y es que se señalan supuestos desvíos de recursos del gobierno del estado mediante un esquema de triangulación con empresas contratistas.

El 23 de junio Samuel García envió su respuesta por escrito: un documento en 248 páginas, que está ahora bajo análisis de la Comisión Anticorrupción del Congreso de Nuevo León, que desahoga también la etapa de diligencias, que incluye la recepción y revisión de la documentación de actas constitutivas, declaraciones patrimoniales, contrataciones, para escrutar en la trama entre proveedores que recibieron millonarios contratos de los cuales -según la denuncia- una parte de recursos terminaría por trasladarse a las arcas de los despachos de la familia de García, y otra parte utilizada para la campaña de autopromoción del Gobernador.

A partir de los resultados se elaboraría el dictamen que pasaría al pleno del Congreso en agosto próximo.

Bajo revisión están también sus declaraciones patrimoniales y de conflicto de interés; así como las actas constitutivas y accionarias de las empresas de Samuel García y su familia.

Según sus declaraciones patrimoniales, Samuel García ha obtenido más ingresos por actividades adicionales, a lo que obtiene en su cargo como Gobernador.

En su declaración patrimonial más reciente (fechada el 31 de mayo), cuyos datos corresponderían al periodo del 1 de enero al 31 de diciembre de 2025, declaró ingresos anuales por cinco millones 168 mil 913 pesos, de los cuales por su cargo público obtuvo un millón 384 mil 484 anuales; otros dos millones 400 mil por “servicios profesionales, consejos, consultoría y/o asesorías”, el resto: 835 mil por arrendamiento y 549 mil 429 por actividad financiera.

Cuando asumió como Gobernador, en su declaración inicial, presentada en noviembre de 2021 declaró que había percibido ingresos anuales por dos millones 861 mil 756 pesos, de esos por servicios profesionales por un millón 730 mil; y sus remuneraciones como Senador un millón 100 mil 834 pesos.

De 2022 declaró ingresos anuales por cuatro millones 235 mil 442 pesos, de los cuales un millón 132 mil 006 fueron por su remuneración, dos millones 370 mil por “servicios profesionales, consejos, consultorías y/o asesorías”, y 733 mil 436 por actividad financiera.

De 2023 declaró ingresos por tres millones 858 mil 812, de los cuales dos millones fueron por “servicios profesionales, consejos, consultorías y/o asesorías” y 856 mil 944 por actividad financiera.

De 2024 declaró ingresos por siete millones 071 mil 691, de los cuales un millón 311 mil 610 fueron por las remuneraciones de su cargo; dos millones 150 mil por “servicios profesionales”, dos millones 573 mil 528 por arrendamiento; y un millón 036 mil 553 por actividad financiera en fondos de inversión.

En cuanto a los inmuebles que ha declarado, hay inconsistencias en los inmuebles que declaró como de su propiedad.

Porque en su declaración inicial que presentó el 29 de noviembre de 2021, declaró sólo una casa de 359 metros de construcción sobre un terreno de mil 012 metros, valuada en ocho millones 600 mil pesos que le fue donada el 22 de febrero de 2017. La misma incluiría en sus declaraciones de los años 2022 y 2023. Pero en su declaración del año 2024 declaró dos casas más, de las cuales puso como fecha de adquisición el año 2014: una de 388 metros de construcción sobre un terreno de mil 371 metros, valuada en nueve millones 087 mil pesos adquirida de contado el 23 de diciembre de 2014. Y la segunda casa de mil 004 metros de construcción sobre un terreno de mil 587 metros, valuada en 19 millones de pesos pagada de contado y registra como fecha de adquisición el 30 de mayo de 2014.

Por la fecha de adquisición dichas propiedades debió incluirlas desde la declaración inicial de 2021, pero no aparecen en esa declaración.

El antecedente de esos inmuebles son los datos que había incluido en una declaración que presentó en abril de 2016, en sus años como Diputado local, en la que registró una casa de 650 metros de construcción en un terreno de 757.65 metros que obtuvo por 15 millones que registró como “traspaso”, y un terreno de 830.22 metros por 4 millones, ambos en 2014, según esa declaración.

En cuanto a las empresas y sociedades en las que es accionista: en su declaración de intereses para funcionarios y personas de interés público, en 2016 declaró que desde el año 2004, era accionista (con 33 por ciento de las acciones) de García Mascorro Abogados; accionista también desde mayo de 2014 de Firma Jurídica y Fiscal, S.C. y de Firma Contable y Fiscal (con 50 por ciento de las acciones en cada una).

En su declaración inicial como Gobernador, en 2021 declaró que de García Mascorro no recibía remuneración; que de Firma Jurídica y Fiscal recibía 120 mil mensuales; que de Firma Contable y Fiscal recibía 60 mil mensuales.

En ese mismo documento declaró su sociedad (con 35 por ciento de participación) en Saga Tierras y Bienes Inmuebles, SA de C.V, sin remuneración por su participación.
En su declaración presentada en 2022 agregó que era socio en otras empresas: Firma de Auditoria, Contabilidad y Dictámenes, SC (50 por ciento de participación); Firma Jurídica y Derecho Administrativo FJDA, S.C. (50 por ciento de participación); Firma Jurídica y Electoral, SC (50 por ciento de participación); García Sepúlveda Inver, SA de CV (10 por ciento de participación); Saga Bienes Internacionales, SA de CV (30 por ciento de participación); Saga Comercio, Construcción y Transporte, SA de C.V. (30 por ciento de participación); Samal Mar, SA de CV (70 por ciento de participación). De todas esas declaró que no recibía remuneración.

Y en su más reciente declaración, la que presentó el 31 de mayo, registró “baja” en cada una de esas sociedades, excepto en Saga Tierras y Bienes Inmuebles que registró “sin cambio”. De los movimientos que registra como “baja” en la versión pública de esa declaración de situación patrimonial no se precisan mayores datos.

En documentos inscritos en el Registro Público de Comercio de la Secretaría de Economía aparece que Saga Tierras y Bienes Inmuebles fue constituida en mayo de 2016, y como accionistas: García Mascorro Abogados Firma Jurídica y Fiscal, S.C., Firma Jurídica y Fiscal Abogados, Firma Contable y Fiscal Contadores y Financieros, Samuel Alejandro García Sepúlveda y Samuel Orlando García Mascorro.

García Sepúlveda Inver, SA de CV, se creó en 2021, y en esta son socios la familia García Sepúlveda y las empresas Firma Jurídica y Fiscal Abogados; Firma Contable y Fiscal Contadores Financieros.

La empresa Saga Bienes Internacionales se constituyó el 20 de septiembre de 2021, y como accionistas Samuel Alejandro García Sepúlveda, Samuel Orlando García Mascorro, Saga Tierras y Bienes Inmuebles, Firma Jurídica y Fiscal, y Firma Contable y Fiscal Contadores y Financieros.

Saga Comercio, Construcción y Transporte se constituyó el 20 de septiembre de 2021 con los mismos accionistas y en el mismo porcentaje que Saga Bienes Internacionales.

En Saga Comercio, Construcción y Transporte, según el acta constitutiva, se designó como Administrador único a Samuel García Sepúlveda y como apoderado a Samuel Orlando García Mascorro.

Para esos momentos ya era Gobernador electo y estaba en marcha el proceso de transición para el cargo que asumiría en el mes de octubre.

El mismo 20 de septiembre de 2021, constituyeron también la empresa Samal-Mar, SA de CV., con Samuel García Sepúlveda y Mariana Rodríguez Cantú.

Esas son algunas de las empresas cuyas operaciones están bajo revisión como parte de la indagatoria que se sigue en el procedimiento de juicio político al Gobernador, dadas las acusaciones en su contra que refieren desvíos para las empresas vinculadas con su familia.

Está por verse si se llega hasta el fondo en la indagatoria. Por lo pronto el fosfo fosfo se apagó en el Mundial: la selección neerlandesa cayó ante Marruecos; a Samuel se le acabó el pretexto para la fiesta.

Santi en el Estadio

 Fabrizio Mejía Madrid

"Los Santis en el Estadio son producto de un intercambio mercantil entre riqueza y belleza. De estados financieros por medidas corporales".

Santi en el Estadio. Por Fabrizio Mejía Madrid

Viendo los partidos de la Selección nacional de futbol por la televisión, una antropóloga se quejó: “Tantos estudios sobre el racismo y el clasismo en México, y miren: bastó que la FIFA pusiera los precios por las nubes para tener un estadio completo como muestra”. A lo que se refería la antropóloga era a la similitud de la apariencia física de los ricos. En otras palabras, la poca variedad entre los que pagaron boletos para ver partidos en un estadio. Otra colega me dijo: “Hay puro Santi”, refiriéndose al nombre que la élite le puso preferentemente a sus hijos varones desde 2010 a la fecha: Santiago. Dentro de los estadios del Mundial se puede apreciar esa uniformidad de pigmentación que es propia de nuestro país colonial: el color de la piel asociado a la riqueza. De esto trata esta columna, de la estratificación social de la apariencia física.

Es necesario comenzar, por supuesto, con el sistema de castas colonial. Todos hemos visto las pinturas pero casi nunca asumimos las consecuencias personales, familiares y laborales que realmente tuvo para la mayoría de los mexicanos durante los 300 años de Colonia. La Iglesia católica llevaba registros de nacimientos por separado: españoles, indios, negros. Así, si un mestizo tenía algún padre o madre mulata, por ejemplo, su matrimonio con una blanca podía ser prohibido legalmente por los padres de la novia. Ciertos gremios eran sólo para españoles, como el de boticario. Así tenemos casos como el de José de Sevilla que pretendía acceder a ese gremio vía un matrimonio con una española pero estaba registrado en el libro de los mulatos. Su profesión y su estatus social dependieron de su apariencia física y la sanción que de ella hacía el poder de la Iglesia. Otro caso muy conocido del siglo XVIII es el de la oposición de un director italiano de teatro, Marini, al matrimonio de su propio hijo con una mexicana, Bárbara Álvarez, sobre la base de que “manchaba” la pureza de sangre de su familia. La mamá de Bárbara le respondió al italiano que él seguramente tenía sangre musulmana o turca. Tanto Bárbara como su madre jamás se sometieron a enseñar sus actas bautismales que comprobaran alguna casta y el asunto acabó, como muchos, en una pobre historia de amores rotos. Este uso de la apariencia física como sustento legal de las oportunidades o barreras sociales y familiares todavía existe, aun después de que Morelos nos decretara a todos como igualmente americanos o de que Juarez le quitara a la Iglesia católica la facultad de registrar nacimientos, casamientos y muertes. Sigue vivo entre la gente que tiene supuestos escudos de armas de sus apellidos en el bar de la sala o en la insistencia en hacer linajes familiares para demostrar su parentesco final con algún aristócrata de naftalina y corsé.

De las muchas encuestas de movilidad social o discriminación del INEGI, sabemos que un nueve por ciento de todos los mexicanos tiene la piel blanca. El resto somos morenos. Pero, a la hora, de medir a los más ricos resulta que ahí el 26 por ciento es blanco. Entre los más pobres, la apariencia se invierte y resulta que ahí sólo el siete por ciento es blanco. Hay pues una jerarquía del color de la piel. Los morenos oscuros, por ejemplo, según estas encuestas, permanecen en la pobreza y la falta de oportunidades de ir a la escuela, mientras que los blancos permanecen en la riqueza y la educación superior. La posibilidad de que un blanco baje de clase social es tan poco probable como que un moreno oscuro suba. El sistema de castas inamovible, extinto hace 200 años, sigue su curso por otras vías.

Las vías son las de la apariencia como poder. Los Santis en el Estadio son producto de un intercambio mercantil entre riqueza y belleza. De estados financieros por medidas corporales. De capacidad de consumo por rasgos de la apariencia. En México, la belleza sigue siendo lo rubio, ojos claros, esbelto y juvenil. En esto tienen la responsabilidad los medios de comunicación, la mercadotecnia y las propias familias. Si sólo el nueve por cinto de la población es blanca, el restante 90 por ciento lo tenemos como estándar de deseabilidad, aceptabilidad social, y poder social. Es un poder social precisamente porque le atribuimos a unos rasgos que no tienen ningún significado, el sentido de lo agradable, lo bueno, agraciado, y al final, de ser mejores. De la misma forma, por ejemplo, le atribuimos seriedad a la voz más ronca. Le atribuimos capacidad a alguien más alto. Y, al contrario, moralizamos a alguien obeso como falto de voluntad, indisciplinado o negligente, y a un niño de baja estatura no lo escogen para ningún equipo de futbol. Esas atribuciones existen sólo porque las aplicamos porque los rasgos no significan nada: los pies compactados por vendas de los japoneses ni los aros en los cuellos de los africanos son menos disparatados que el estándar de buen cuerpo de Marilyn Monroe o, ahora, el de las modelos que tienen 30 por ciento menos masa corporal que el resto de las mujeres.

Al estándar de belleza inalcanzable para la mayoría lo hemos convertido en estatus social. Volvamos al estadio de los Santis. Sus padres, supongo financieros o habitantes de la burbuja de la rancia élite mexicana, se casaron con los signos de ese poder de la apariencia y, ahora, tienen esos rasgos blancos y rubios reproducidos en sus hijos. Los hombres que no son guapos pero tienen recursos económicos pueden optar por casarse con las mujeres más guapas que puedan permitirse.

Tener parejas atractivas dice algo positivo entre las élites. Indica que deben tener algo que ofrecer —especialmente si ellos no somos atractivos— para haber conseguido parejas tan atractivas. Contar con una pareja atractiva es señal de poder social. Si sus parejas atractivas poseen todas esas cualidades maravillosas que le solemos atribuir a las personas de buen físico como carisma, personalidad, poder social, o destreza sexual, y mantienen una relación sentimental con ellos, eso demuestra que son personas valiosas. Son las llamadas “esposas trofeo” porque, en efecto, se portan y muestran como un valor agregado al éxito corporativo. Eso es lo que vemos en el Estadio: un mercado matrimonial y, al mismo tiempo, un enorme anuncio publicitario de la riqueza como superioridad moral y “estética”, como le gusta decir a los teóricos de la ultraderecha, que son incapaces de reconocer que ese estándar es tan obtuso como cualquier otra construcción de la mercadotecnia.

Los Mundiales son momentos para tratar de esconder a los pobres, feos, gordos, discapacitados, menesterosos. En 1986, Miguel de la Madrid entabló cuadras enteras para que los vistantes no vieran los campamentos de daminificados por el terremoto del año anterior que todavía no accedían a una nueva vivienda. En Monterrey del 2026, el Gobernador Samuel García colocó bardas de concreto, mallas ciclónicas, y lonas para ocultar los asentamientos populares, de tal manera que no los vieran quienes iban del aeropuerto al estadio. Su acción recuerda las leyes contra la fealdad impuestas después de 1864 en San Francisco, California, y que cundieron por todo Estados Unidos, en Chicago, Pensilvania, Portland y Nuevo Orleans. Según estas leyes, la pobreza no debería ser visible. Tras la guerra civil en EU, había muchos limosneros y hombres mutilados a raíz de la furia de los enfrentamientos. Pero no sólo encarcelaban a sus veteranos y a sus empobrecidos vecinos, sino que prohibieron lo popular, en general: los mercados ambulantes, bailes plebeyos, demostraciones de embriaguez pública, y hasta usar plumas en el cabello. Los muros para tapar la pobreza tienen el mismo sentido que la gentrificación de los barrios populares o el diseño hostil del urbanismo que impone, por ejemplo, bancas de parques donde es imposible acostarse a dormir o sentarse a platicar por más de una hora, por la incomodidad. Otros ejemplos son las quejas continuas de los que ven fealdad en los tianguis, advierten amenazas a su integridad si una persona en situación de calle ronda el vecindario, o ven un peligro en más de tres adolescentes juntos en un parque. Pero lo que nunca habíamos visto hasta ahora fue la gentrificación de los estadios de futbol.

En México no existen estadísticas de la relación entre fealdad, es decir, pobreza, color de piel, gordura, pelo chino, y estatura pero en Estados Unidos es brutal. Pongo algunos ejemplos que da la ensayista allá de este mismo tema, Bonnie Berry: los gerentes de Wall Street son más altos que el promedio de varones en Estados Unidos y ganan 800 dólares extra al año por cada pulgada más. Las rubias delgadas ganan cinco por ciento más y las negras gordas un nueve por ciento menos. No se diga, la realidad laboral de los adultos mayores. La edad, que es una característica a la que los patrones le atribuyen incapacidad, lentitud, falta de innovación es quizás la más fuerte de las discriminaciones en el empleo formal. La gordura y cualquier otro aspecto relacionado con la apariencia física nada tiene que ver con la capacidad de trabajo. Sin embargo, vemos que actrices y actores, auxiliares de vuelo, entrenadores personales, dependientes de tiendas departamentales, y otros profesionales son juzgados según criterios de apariencia física ajenos a las exigencias de su labor. Las redes han aumentado esa discriminación disfrazándola de número de seguidores que, en plataformas como Tik Tok, Instagram y no se diga Only Fans, tienen sólo el valor de calentar al respetable con la apariencia. De ahí la fiebre de las dietas, suplementos, gimnasios, y cirugías plásticas estéticas. De ahí la dismorfia corporal de gente que se ve más gorda, chaparra, prieta o chueca de lo que la ven los demás.

En el imaginario del género mexicano por excelencia, la telenovela, los morenos y morenas son sirvientas, choferes, narcotraficantes. Es decir, el 90 por ciento de la población a la que van dirigidos. Los medios nuevos, como Netflix, además de servir para lavarle la cara a políticos corruptos como Carlos Salinas, perpetúan esa superioridad moral de lo rubio sobre lo moreno. Esto caló en una parte de las familias clasemedieras mexicanas que pretenden casar a sus hijos con mujeres que “blanqueen” a la familia o que piensan que existe un Primer Mundo o que brincan a la primera sospecha de que el mestizaje en su país de origen fue entre distintos pueblos indígenas y no con españoles. Ese pequeño porcentaje que le va, como el Gobernador de Nuevo León, a Holanda, no sólo porque el color de su camiseta sea el mismo que el de su partido político, el MC, sino porque viajó en un helicóptero Black Hawk para ir a recibir a los fanáticos holandeses en la frontera, mientras que no hizo lo mismo con el equipo que lo enfrentaría: el de Marruecos.

Dicho todo esto, me parece crucial definir de qué estamos hablando cuando hablamos de estratificación social por vía de la apariencia física. En realidad estamos hablando de una forma de control. El mito de la belleza socialmente aceptada legitima, justifica, las discriminaciones porque se toma como algo que es natural, que viene de nuestros deseos reproductivos o de cualquier otra esencia que se le quiera atribuir. Mantiene en el poder a los machos, blancos, adinerados y hace girar a las mujeres, a los morenos, más pesados, más bajos de estatura en torno a sus criterios inventados. Provoca que los no favorecidos por esa construcción de élite de lo deseable, tengan que trabajar el doble para demostrar sus capacidades en el trabajo, la familia, y la esfera pública. Si se usa para organizar las jerarquías sociales, también puede ser un arma contra las mujeres. Como ha escrito la socióloga, Naomi Wolf, el aspecto bello en las mujeres, tras la tercera ola de feminismo que produjo equidad en algunos puestos de trabajo, ahora es usada en su contra diciendo que sólo tener buena apariencia es sólo el punto de partida. Por eso sigue existiendo esa sospecha del machismo más recóndito de insinuar que los puestos que tienen las mujeres son sólo por su apariencia. La belleza estandarizada y uniforme tiene ese componente de arma política que sigue en manos de los ricos, blancos, que no saben que la Sierra Morena del Cielito Lindo no está en España sino en Veracruz. Era la Sierra de Zongolica y ahí se escapaban los afromexicanos que escapaban de la esclavitud de las plantaciones de caña y tabaco. Los veracruzanos les llamaban “morenos”, no negros, y así esa sierra de la canción que tanto cantan en los estadios habla de una mujer afromexicana que viene bajando hacia las ciudades de los blancos y mestizos. Nada más ni nada menos que la afromexicana sobre la que Santi canta a voz en cuello.

250 años ¿de qué?

Magdiel Sánchez*

La administración de Donald Trump, en sus más altos rangos civiles y militares, dirige acciones militares genocidas en contra de Cuba, Irán y Palestina. Sostiene distintas formas de guerra, intervencionismo, colonialismo o neocolonialismo en más de 80 países de los cinco continentes. Al interior de su país, ejecuta políticas discriminatorias en contra de la población no blanca y sostiene una política de terror en contra de los migrantes.

En ese contexto y en el marco de los 250 años de la firma del acta de Independencia de ese país, la administración trumpista ha anunciado una serie de celebraciones bajo el lema “Libertad 250”. Más allá del cinismo y de las evidentes contradicciones del lema con el gobierno actual ¿Qué se puede conmemorar en esos 250 años de existencia? ¿Las múltiples guerras e invasiones a lo largo de los 250 años son apenas accidentes en el despliegue de esa nación? ¿Dónde queda la historia de su pueblo?

Como parte de la cultura e ideología dominantes se podrá encontrar el justo medio entre el cúmulo de crímenes y sus grandes aportes. Más de una persona resaltarán aspectos positivos y sucesos que, sin la impronta americana, mostrarían una historia contemporánea insuficiente, incompleta o defectuosa. Se calificará como injusto y severo el más mínimo asomo por poner en cuestión la historia de una nación y de un pueblo, tan sólo por algunos crímenes y personajes nefastos.

En sus tesis sobre el concepto de historia, Walter Benjamin planteó que “No hay documento de cultura que no sea a la vez un documento de barbarie” (Tesis 7). Bajo su óptica, aquello que explica el desarrollo histórico como un continuum de sucesos bajo los cuales la historia humana avanza, no puede explicarse sin la carga inherente de violencia y destrucción bajo las cuales se someten a los oprimidos de todas las épocas.

Sus tesis, escritas en un momento en que el ascenso del fascismo amenazaba con triunfar, el pensador judío-alemán tuvo la capacidad para formular una concepción de la historia crítica que hace saltar por los aires las nociones de equilibrios y contrapesos propios de la visión de mundo burgués occidental, que mira el resultado dominante de la historia como lineal y perfectible.

Si siguiéramos a Benjamin para pensar los 250 años de EU, tendríamos que comprender que su nacimiento es indisociable del genocidio de la población nativa y de la piratería comercial. País que antes de proclamar su independencia priorizó crear su cuerpo de marines. Nación que reconoció en su Constitución el derecho de sus ciudadanos a portar armas 75 años antes de abolir la esclavitud.

Esa mirada crítica permitiría mirar en George Washington al modelo de político emprendedor yanqui: un especulador de tierras y dueño de plantaciones basadas en el trabajo esclavo; en Thomas Jefferson al fundador de la política exterior del país al definirla como un “imperio extensivo y autogobierno”; y en Abraham Lincoln al ideólogo de su política migratoria cuando, al enfrentar el problema de la esclavitud, pensó que la mejor salida sería expulsar a los negros del país para que poblaran Belice y las Guayanas.

La fortaleza de ese país no se puede explicar sin su precocidad para iniciar guerras de invasión y despojo. Tenía 36 años como nación cuando dirigió su primera invasión a otro continente, (contra Indonesia y las islas polinesias). A sus 47 años proclamó la Doctrina Monroe afirmando que todo el continente americano y el Caribe le pertenecían. A sus 70 años inició el despojo de la mitad del territorio mexicano (el mayor robo territorial cometido contra un país).

La antigua colonia emergió como una nueva potencia al calor de su participación en las guerras mundiales. Así se consagró como el nuevo hegemón imperial. Para sostenerse así, sostiene una guerra multidimensional permanente contra todo esfuerzo multipolar.

Después de la Segunda Guerra Mundial, EU ha invadido o intervenido 96 países. Desde 2001, so pretexto de su guerra contra el terrorismo, ha desplegado operaciones bélicas en 85 países. Según la fundación filipina IBON, los saldos humanos de las agresiones militares de Estados Unidos en todo el mundo pueden ascender hasta los 32 millones de personas.

Además, mantiene el control político, económico y militar sobre 14 colinas (eufemísticamente les llama “Territorios no incorporados”). Aquello que en los 250 años de Estados Unidos “aparece como una cadena de acontecimientos –parafraseando a Benjamin– realmente corresponde a una catástrofe única” (Tesis 9).

¿Es injusta o desproporcionada esta visión? ¿Acaso cancela la posibilidad de reconocer los esfuerzos de abajo para que ese país tenga otra historia?

Benjamin escribió también “sólo a la humanidad redimida se le ha vuelto citable su pasado en cada uno de sus momentos. Cada uno de sus instantes vividos se convierte en un punto en la orden del día” (tesis 3).

* Filósofo, coordinador de las Obras escogidas de Fernando Martínez Heredia   

Los clubes también monetizan el Mundial

Mario Campa

"El monto final que recibe un club por futbolista es calculado sumando todos los días que el jugador permanece concentrado".

Los clubes también monetizan el Mundial. Por Mario Campa

Las pausas de hidratación del Mundial de futbol despertaron rechifla y rechazo. A contrapelo de la historia deportiva, la FIFA convirtió las mitades en cuartos con recesos de tres minutos. La razón descansa más en el dinero que en las presuntas olas de calor, a grandes rasgos ausentes. También apodadas “pausas de monetización”, fueron un trueque con las televisoras a cambio de una mayor compensación por los derechos de transmisión, ya de por sí inflados por la expansión a un formato de 48 selecciones. “Jugar cuatro tiempos en lugar de dos altera la concepción que culturalmente se había construido para interpretar el futbol”, declaró el seleccionador de Uruguay, Marcelo Bielsa, uno de los pocos insiders críticos en un mar de quejas del exterior.

El tema generó acalorados debates. En casi todos, la FIFA queda como villana, aunque poco se ha discutido sobre los dueños de los clubes y las recompensas por seguir el juego. A fin de cuentas, alguien más que la FIFA tiene que monetizar: sin reparto, no hay acato. La televisión es la candidata evidente. Con 104 partidos calendarizados, sólo las cadenas estadounidenses como Fox Sports obtendrían 250 millones de dólares en ingresos adicionales por las 10 horas de publicidad premium añadidas al torneo. Del otro lado de la ecuación, ese dinero aceita la maquinaria que mantiene viva a la FIFA. Los dueños de los clubes, alejados de los reflectores, reciben una jugosa recompensa por prestar sus activos al torneo. En México y en China, costoso ausente del Mundial, el pantalón largo está lejos de ser una dama de la caridad.

Allende los ingresos de Televisa y TV Azteca por anuncios publicitarios, que se cuecen aparte, el botín del Mundial potenciado por las pausas de monetización nutre los bolsillos de la cúpula oligárquica. En esencia, las ganancias que los clubes mexicanos extraen de la Copa del Mundo provienen de cuatro fuentes: el reparto de premios a la Federación, las tarifas que la FIFA paga a cada club por jugador prestado, la apreciación de cartas de traspaso por el efecto vitrina y, en el caso de los países anfitriones, el alquiler de estadios e instalaciones de entrenamiento. Es posible calcular el tamaño de la piñata colmada de dulces a partir del supuesto razonable de que la Selección Mexicana termine su participación en octavos de final, en el “quinto partido”, el domingo 5 de julio en el Estadio Azteca—monetizado bajo el nombre “Banorte”.

Como base de cálculo tarifario por el alquiler de seleccionados, la Liga Mx aporta un total de 26 jugadores a la Copa del Mundo. Estos futbolistas se encuentran distribuidos en varios equipos nacionales. Doce convocados de la Selección Mexicana juegan en la liga local, destacando el aporte de las Chivas de Guadalajara con cinco. Amén de los jugadores del Tri, otros 14 futbolistas militan en clubes mexicanos y representan a diversas selecciones, como Alejandro Zendejas (América) con Estados Unidos, Adalberto Carrasquilla (Pumas) con Panamá y Camilo Vargas (Atlas) con Colombia. Esa base de 26 jugadores nacionales y extranjeros compone la primera bolsa de reparto.

La FIFA paga a los clubes una tarifa fija mínima de cinco mil dólares diarios por cada jugador convocado al Mundial. El pago comienza dos semanas antes del partido inaugural y se mantiene hasta el día posterior a la eliminación de su selección. El monto final que recibe un club por futbolista es calculado sumando todos los días que el jugador permanece concentrado. Si la Selección Mexicana es eliminada en octavos, la FIFA pagaría a cada club mexicano un total de 40 días de concentración por jugador. Es decir, cada franquicia de la LigaMx obtendría 200 mil dólares por seleccionado. Asumiendo que Estados Unidos, Uruguay, Ecuador, Colombia y otros representativos con jugadores registrados en el futbol mexicano concentren en promedio 30 días monetizables a sus futbolistas, los 26 mundialistas de la Liga Mx significarían un pago de cuatro millones 500 mil dólares por el préstamo de jugadores. Chivas (5) y América (4) concentran más de un tercio del pago por alquiler de servicios.

Adicional al reparto directo a los clubes, el Mundial entrega a las federaciones premios que derraman a discreción. En su 76º Congreso, la FIFA aprobó una bolsa total de 871 millones de dólares (mdd) para ser repartida entre las 48 selecciones participantes. En la fase de preparación, cada equipo recibió 2.5 mdd. Por disputar la fase de grupos del torneo, cada selección aseguró 10 mdd. Los pagos crecen en función de las rondas logradas. Al asumir de nuevo que la Selección Mexicana termine su participación en octavos de final, sumaría cinco mdd adicionales. Es decir, en el escenario base de una eliminación en el quinto partido, la Femexfut obtendría 17.5 mdd sólo en premios. En el deseable—aunque improbable—caso de que la Selección Mexicana avance a cuartos, el botín crecería en cuatro mdd más. En cualquier escenario, la Federación convidará el botín con los equipos locales bajo acuerdos cupulares opacos.

Ciertamente, es preciso descontar a la cifra bruta la tasa fiscal, el costo del desarrollo o la compra de jugadores para una posterior exportación o venta local, el reparto a los seleccionados—magro en México—y cierta retención de premios para el desarrollo de las selecciones menores y el bienestar de la burocracia dorada de la Femexfut. Con todos los descuentos sumados, el monto resultante (neto) sigue siendo generoso aun sin considerar el efecto vitrina. Para muestra, lo invertido en el desarrollo de Gilberto Mora es mínimo en relación al alquiler de sus servicios en el Mundial y la apreciación de su carta, monetizable en una venta futura.

En pocas palabras, el grueso del botín del Mundial fluye como ganancias extraordinarias a los clubes. Algunos decretarán un dividendo a los accionistas. Otros reinvertirán en activos fijos, como estadios o canchas de entrenamiento, o bien en activos intangibles, como las cartas de traspaso de los jugadores. En definitiva, con los antecedentes del futbol mexicano, donde la voracidad del pantalón largo es el faro que guía los pasos de un mercado de características oligopólicas, agosto llegó temprano para los dueños del balón. Olvidados los errores del ciclo mundialista, la temporada de monetización sana hoy heridas y congela para mañana las intrigas en la corte del rey llamado futbol. Cash-in cash-in ra-rá.

Marxismo para pobres. ¿Malos tiempos para la izquierda?

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"Identificar el dolor social y convertirlo en conciencia. La conciencia sabe quién es el causante y no echa la culpa a quien no la tiene".

Marxismo para pobres. ¿Malos tiempos para la izquierda?

En Europa, en concreto en España, aguanta Pedro Sánchez, con cada vez más dificultades y, sobre todo, más que por lo que hace por sus discusiones con Donald Trump. También están Dinamarca y Malta, países pequeños. Considerar de izquierdas al partido laborista inglés es un exceso. Hay algunas pequeñas victorias, como en la Alcaldía de Graz, la segunda ciudad más grande de Austria, pero el mapa europeo está lleno de banderas de la extrema derecha.

En América Latina resisten -digo resisten porque les atacan constantemente- México, Brasil, Uruguay con Yamandú Orsi y Guatemala con Bernardo Arévalo. El resto da susto. Como se está repitiendo en las redes: un acusado de pederastia en EU, un abogado de mafiosos en Colombia, un Presidente con una familia vinculada al narco en Ecuador, la hija de un genocida en Perú, un psicópata en El Salvador, el hijo de un nazi en Chile, un demente que no siempre se medica en Argentina…

Dice Boaventura de Sousa Santos que por izquierda debemos entender “toda resistencia colectiva -yo añadiría, o individual- organizada contra la injusticia social, la desigualdad y la discriminación causadas por las principales formas de dominación de la era moderna: el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado”.

La resistencia está complicada. No solamente por leyes mordaza que silencian con multas, porras y gases las manifestaciones, marchas y protestas; también por la creciente represión; por la estigmatización social de la protesta en medios y redes; por la pérdida de gobiernos progresistas. Y no en último lugar, porque la ciudadanía está debilitando su conciencia crítica. Está comprando el marco neoliberal que dice que no hay alternativa y está perdiendo de vista que su enemigo no es su compañero de trabajo, ni el que es más pobre que él ni el inmigrante ni el sindicalista, el “zurdo”, el de izquierdas, la feminista, las mujeres en general o las personas de otra raza o etnia que reclaman su lugar en la sociedad.

Estos decenios de neoliberalismo nos han ido hurtando la capacidad de imaginar mundos alternativos, nos han convencido de que no hay sociedad para todos y que, por tanto, hay que pelear por recursos escasos. Una sociedad Mad Max. Cuando la educación, la sanidad, el transporte, el trabajo, la vivienda se van volviendo artículos de lujo, la sociedad neoliberal nos pone a luchar a todos contra todos, nos hace protagonistas involuntarios de Los juegos del hambre y nos lleva a votar a rudos, a canallas, a gente sin escrúpulos que nos autorizan también a nosotros a comportarnos como capataces en una plantación de esclavos. Por eso Dios debe ser cada vez más complaciente con nuestros deseos y menos exigente con cualquier compromiso.

Ya la democracia liberal nos había engañado diciéndonos que todos somos iguales. Una gran mentira. Es verdad que el voto de un rico se cuenta igual que el voto de un trabajador pobre. Pero la capacidad de influencia de uno y otro no se pueden comparar. Si con el voto autorizamos a los políticos, unos autorizan más que otros.
Es evidente que los intereses y deseos de los ricos se cumplen con más facilidad que los de los pobres. Si hablamos en lenguaje marxista clásico, la voluntad de la burguesía como clase se aplica con más frecuencia que la voluntad de la clase trabajadora. Tampoco es tan extraño. Cuando los ricos quieren algo, ponen sus recursos en funcionamiento para que eso salga adelante. Saben, además, que el dinero que inviertan lo van a recuperar o, por lo menos, les va a ayudar a reducir pérdidas.

Por supuesto, lo que quieren siempre es funcional al mantenimiento de su statu quo. Los ricos no van a poner a los partidos políticos en los que invierten, a los medios de comunicación que controlan, a los bots que costean, a los intelectuales que están en nómina, a las universidades que financian, a los religiosos que subvencionan, a los clubes de futbol que patrocinan, a los jueces que pagan, a los militares y policías que ensalzan, y a todo el entramado que llamamos “sociedad civil”, para que les perjudiquen económicamente. Por eso, que haya en nuestras sociedades con mucho dinero daña a la democracia; que haya gente con intereses económicos que sea dueña de medios de comunicación, daña a la democracia; que las empresas puedan financiar a los partidos políticos, daña a la democracia; que las empresas se inmiscuyan en las universidades, daña a la democracia; que el dinero decida los galardones, los premios Nobel, las distinciones y reconocimientos, daña a la democracia.

Si los trabajadores necesitan algo, sólo pueden recurrir a los sindicatos. Los sindicatos, a su vez, a la presión de sus delegados, a protestas parciales, quizá a hablar con algún medio progresista que no reciba publicidad de esa empresa, a una huelga en su fábrica o en el lugar de trabajo; a, llegado el caso, una huelga general. Todo con cada vez mayores dificultades.

A la gente de dinero le basta descolgar el teléfono. Saben al abogado a quien llamar, a la consultora que participó en el proceso, al político que elabora la ley, a los medios de comunicación que construyan el marco y pongan a la opinión pública en una dirección o en otra, al Presidente de este o aquel partido, a un Ministro o al Presidente del gobierno. Incluso pueden llamar a los secretarios generales de los sindicatos, sabiendo que algunos van a ser amables a sus peticiones. Y, por supuesto, a otros empresarios, a los banqueros o a la patronal para que defiendan los intereses particulares frente a las exigencias colectivas. En muchos lugares, entonces, también a los policías y a los militares.

Este trabajo puntual, siempre viene acompañado de un trabajo diario donde van convenciendo a la población de que el pez grande tiene derecho a comerse al pez chico, de que hay jerarquías sociales, de que hay un orden social y familiar donde las mujeres, los indígenas, los negros, los inmigrantes, los hijos tienen menos derechos, que lo público funciona peor que lo privado (un paréntesis: como no tienen escrúpulos, han aprovechado los terremotos en Venezuela para disparar contra la Gran Misión Vivienda que puso en marcha Chávez y que dio techo a cinco millones de venezolanos, diciendo que se habían caído esas viviendas, cuando más del 90 por ciento de las casas derruidas han sido de construcción privada, incluido el Hotel Marriot de Playa Grande); decía que van bombardeando con su discurso contra lo colectivo, contra la solidaridad, contra lo público, contra el Estado social (no tienen problema con el gasto en policía, jueces y militares). Y, sobre todo, contra los líderes de la izquierda, a los que acosan, denuncian, juzgan, estigmatizan, tergiversan su imagen y discurso (ahora con Inteligencia Artificial), dividen ofreciendo dádivas a los menos honestos, y, al final, invalidan con la suma de todos estos asuntos junto al discurso de que todos los políticos son iguales.

Una de las herramientas más poderosas del marxismo para sacar a los trabajadores de la miseria en la que estaban en el siglo XIX (y hacia la que vuelven a caminar muchos lugares del mundo) era pensar dialécticamente. Algo que después de Marx, Lenin aplicó para poner en marcha la revolución rusa. Pensar dialécticamente debía funcionar como esas apps que enseñan a hacer taichi en una silla o a meditar adecuadamente. Sería dialéctico usar una app de Apple para superar el capitalismo o, al menos, sus efectos más dañinos sobre los países, la gente y la naturaleza.

“No existe – decía Lenin- un sólo fenómeno que no pueda en ciertas condiciones transformarse en su contrario". Todo está en movimiento. Debemos pensar en el eslabón, en la cadena entera y en una cadena más compleja que la que forja el herrero. No hay reglas matemáticas ni recetas que se puedan aplicar siempre y en todo lugar. Por eso hay que detenerse a pensar. La dialéctica nos ayuda a entender que Trump genera lo que acabe con Trump y que lo que está haciendo Claudia Sheinbaum en México -por ejemplo, ser Presidenta-, en otras circunstancias y con otros actores podría volverse en contra de las mayorías (Una presidencia enemiga del pueblo). Por eso hace falta que la gente consciente se junte en un sitio que no se aleje del pueblo, con la intención de hacer constantemente análisis concretos en situaciones concretas y poner ese asunto concreto en relación con el conjunto. Es decir, crear un partido-movimiento.

Decía Lukács interpretando a Marx y a Lenin: “aprender a encontrar lo particular en lo general y lo general en lo particular, gracias al análisis concreto de la situación concreta; a encontrar en el momento nuevo de una situación lo que la vincula al proceso anterior y en las leyes del proceso histórico lo nuevo que va surgiendo una y otra vez; a encontrar en el todo la parte y en la parte el todo; a encontrar en la necesidad de la evolución el momento de la acción eficaz y en el hecho, la vinculación con la necesidad del proceso histórico”.

Si cualquier fenómeno puede transformarse en su contrario bajo ciertas condiciones, la tarea política es doble. Por un lado, identificar las condiciones bajo las cuales la contradicción interna de lo existente puede producir su inversión emancipatoria (es el gran reto en México, por ejemplo, con la seguridad, que debe solventarse para dar respuesta a una reclamación urgente, pero que no de paso a una política y a unos políticos autoritarios). También vigilar permanentemente las condiciones bajo las cuales lo que nos tiene que hacer libres no puede invertirse y convertirse en opresión.

Identificar el dolor social y convertirlo en conciencia. La conciencia sabe quién es el causante del dolor y, por tanto, no echa la culpa a quien no la tiene. Leer el momento, de donde se viene, a dónde se quiere ir y a dónde se puede ir. Volver a pensar colectivamente. Y salir de la trampa del pensamiento para pobres. Porque el que sabe las causas de sus dolores sociales, sabe que siempre son colectivos y, por tanto, se vuelve inmensamente rico en la voluntad de superarlo.

¿Nos estamos quedando solos?

 

¿Nos estamos quedando solos?

Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer

"El proyecto imperial de Trump para reafirmar a su país como el gran e indiscutible poder dominante en el hemisferio pareciera imponerse sin grandes problemas".

¿Nos estamos quedando solos?. Por Lorenzo Meyer

No sería la primera vez que México tendría que recorrer en solitario el camino político que demanda la defensa de la soberanía frente a Estados Unidos -lo hizo durante la Revolución- pero es de desear que las próximas elecciones en Brasil no le entreguen el poder a la derecha para que México pueda mantenerse en compañía de ese país en el empeño por hacer frente a la política imperial de Donald Trump.

Pese a lo asimétrico del choque, los indicadores llevan a concluir que en el Medio Oriente los Estados Unidos y su aliado Israel no han ganado la guerra que ellos mismos desataron contra Irán en febrero. Y esos indicadores no son otros que los objetivos públicamente anunciados por los propios atacantes y que hasta hoy no han alcanzado plenamente o que de plano ya fracasaron. Lo que el Presidente norteamericano se propuso lograr al anunciar al mundo su decisión de atacar a Irán era la rendición incondicional de ese país, la destrucción total de sus instalaciones nucleares, la destrucción del arsenal y de las fábricas de misiles balísticos iraníes, poner fin al apoyo de ese país a los grupos armados en la región -Hezbolá, Hamás y los hutíes- y, finalmente, cambiar el régimen teocrático de la antigua Persia por uno más afín a Washington.

Sin embargo, ahora lo que Trump intenta es algo menos espectacular: apenas negociar los términos de una tregua para evitar una crisis de la economía mundial por la disminución en el suministro de petróleo proveniente del Golfo Pérsico. Es evidente que Washington ha causado y puede seguir causando un gran daño a la infraestructura militar y civil de Irán, pero no ha logrado cabalmente ninguno de sus objetivos iniciales. Por otro lado, es claro que la resistencia de Irán ha modificado la configuración política de la región y no en el sentido deseado por los gobiernos de Washington y Tel-Aviv y que era poner fin al papel de ese país como potencia regional.

En términos humanos el costo pagado por Irán y sus aliados en el Líbano ha sido alto: tres mil 400 muertos en Irán y alrededor de cuatro mil el Líbano. Sin embargo, Irán ha sabido usar muy bien sus misiles y drones contra las bases norteamericanas en la región y, sobre todo, ha mostrado su capacidad para interrumpir el suministro de petróleo y fertilizantes al mercado mundial. Por eso y contra su voluntad, Trump se ha visto obligado a olvidar sus demandas de rendición incondicional y cambio de régimen y hoy se limita a buscar un acuerdo sobre cómo reducir el proyecto atómico del país de los ayatolas.

En contraste con lo que está ocurriendo en el Medio Oriente, en el hemisferio occidental, particularmente en la América Latina, el proyecto imperial de Trump para reafirmar a su país como el gran e indiscutible poder dominante en el hemisferio pareciera imponerse sin grandes problemas, lo que para México no es una buena noticia. Veamos.

En Venezuela la “Presidenta encargada”, Delcy Eloína Rodríguez, cumple sin chistar lo que Washington le ordena sobre todo en materia petrolera. En Colombia el candidato presidencial de derecha recibe las felicitaciones de Trump y su Secretario de Estado, y al felicitarle le han asegurado todo el apoyo de Washington pues como le expresó Marco Rubio:“El futuro de Colombia está por venir”. Obvio que todo futuro está por venir, pero lo sustantivo de ese futuro es que el derechista De la Espriella, que como Trump transita sin escalas de empresario a Presidente, tiene como tarea impedir que Colombia quedara en manos de personas como Iván Cepeda, que según Trump es “un marxista radical”, y en cambio marche por el camino que ya recorren Argentina, Ecuador, El Salvador y que Chile también ya inició guiado por un personaje identificado con el pinochetismo. Y eso no es todo, sino que también el Perú que será gobernado por Keiko Fujimori también es candidato para añadirse a ese grupo en la medida en que el fujimorismo es un movimiento personalista y populista de derecha, aunque ante la señora Fujimori tendrá que mostrar que puede mantenerse al frente de una Presidencia particularmente inestable como es la peruana.

En fin, que en el futuro inmediato el proyecto que tiene como bandera a la llamada “Doctrina Donroe” tiene frente a sí un horizonte mucho más propicio que el que enfrenta en el Medio Oriente. Y vale cerrar este recuento reconociendo el creciente daño del bloqueo energético norteamericano a Cuba y el cerco que la derecha local apoyada por el Departamento de Estado a construido en torno a la Presidencia de Bernardo Arévalo en nuestra vecina Guatemala.

Fijemos ahora la atención en Brasil. Un eje Brasil-México englobaría al 51.3 por ciento de la población de América Latina y El Caribe y a dos de las economías más importantes de la región. Luis Inacio Lula da Silva es el Presidente latinoamericano con mayor experiencia para el cargo pues el actual es su tercer mandato, su ideología es de una izquierda moderada, Brasil es fundador del grupo de los BRICS y por ello y otras cosas se ha enfrentado a Trump y mantiene una buena relación con el Gobierno de México. Lula, pese a su edad -80 años- va en busca su cuarta reelección no consecutiva en este octubre. Y para ello tendrá que vencer al “bolsonarismo”, un movimiento de derecha encabezado por Flavio Bolsonaro, el hijo del expresidente Jair Bolsonaro -hoy en prisión por pretender dar un golpe de Estado contra Lula- y que según las encuestas es una corriente política en ascenso. En cualquier caso, la familia Bolsonaro mantiene relaciones personales con Trump y el apoyo abierto del mandatario norteamericano al vástago del expresidente golpista es un factor que sin duda jugará en la elección de octubre.

Bueno, ahora veamos a México. Desde la perspectiva del Gobierno de la 4T, al mal tiempo político para la izquierda continental debe ponérsele no una “buena cara” sino una batería de acciones que activen y refuercen la base de apoyo social al régimen. Hay que insistir en lo mucho que está en juego en la defensa de ese “primero los pobres” y de la soberanía mexicana frente a la avasalladora ofensiva del trumpismo. Hay que fortalecer las bases de la 4T con el discurso, pero sobre todo con la selección de buenos candidatos para las elecciones intermedias y con acciones eficaces y bien difundidas en materia de seguridad y combate a la corrupción, incluida la que se da dentro del partido en el poder. Hasta hoy, la derecha mexicana no encuentra un liderazgo y un proyecto nacional a la altura de su meta -poner fin al proyecto lopezobradorista- pero ya cuenta con la formación de un nuevo partido de cuadros, con el apoyo de los medios tradicionales de información, con la renuencia del gran capital mexicano a invertir más para sacar a la economía de su estancamiento y finalmente también cuenta con la presión sistemática de Washington sobre el Gobierno de Claudia Sheinbaum para hacerlo aparecer como débil e incapaz. La derecha mexicana y el gobierno de la potencia del norte van a insistir en minar al régimen de la 4T con la esperanza de transformar a México en una pieza más del proyecto trumpista en el hemisferio occidental.

Desde el 2016, al inicio de su primera campaña presidencial Trump encontró políticamente redituable caracterizar a México como un peligro para la seguridad y bienestar de su país. El hombre de negocios inmobiliarios neoyorkinos transformado en Presidente de la mayor potencia señaló como peligros para su país a la amplia y “desprotegida” frontera sur y al empleo de millones de indocumentados como la explicación de la pérdida de empleo de trabajadores norteamericanos, también del tráfico en gran escala de drogas ilegales aunque sin mencionar el papel central que jugaban tanto la demanda masiva de mano de obra indocumentada por parte de los empleadores norteamericanos como la demanda de drogas por los adictos en ese país ni la voluntad de sus vendedores para proveer de armas a los ejércitos privados de los carteles mexicanos. La caracterización inicial de Trump del peligro que viene del sur se mantiene hasta hoy como un elemento de cohesión que presenta al trumpismo como la única fuerza capaz de enfrentar y someter al peligro mexicano.

Finalmente, por lo que respecta al Tratado de Libre Comercio Trump lo caracteriza como un instrumento para “robarle” empleos a su país sin considerar que la enorme corriente de exportaciones mexicanas a Estados Unidos está básicamente en manos norteamericanas y que el gran crecimiento de esas exportaciones tiene lugar al mismo tiempo que el crecimiento del PIB mexicano se ha estancado, lo que indica que los más beneficiados por ese intercambio están al norte del Bravo.

En enero Trump declaró “vamos a empezar a atacar por tierra a los carteles [del narcotráfico]. Los carteles están controlando México”. Luego, el 6 de mayo afirmó que si México no hacía su trabajo en este campo Estados Unidos lo haría. Y el 17 de junio en la reunión del G7 (Estados Unidos, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia y Canadá) insistió en que México estaba “controlado por los carteles” y su Presidenta era “una mujer muy asustada.” ¿La pregunta que cierra esta columna es: ¿a dónde busca el autor de la “Doctrina Donroe” llevar su presión sobre México?

Es claro que el discurso de Trump -prepotente y brutal- y sus acciones no siempre se corresponden, pero a veces sí. La incertidumbre en la relación es entonces la norma y por eso es justo caracterizar a la actual como “La Era de la Mala Vecindad”. Si en el Medio Oriente la hegemonía norteamericana va en retirada, en nuestro continente no.

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A 43 años de la huelga del Sutin

Antonio Gershenson

Artículo póstumo escrito poco antes de su fallecimiento el 5 de junio

Han pasado más de cuatro décadas desde aquel esperado estallido de la huelga del Sutin. Un gran logro y también el resultado del trabajo organizado y disciplinado que siempre procurábamos. Una manifestación de lucha que, hoy, una pequeña parte de la población recuerda todavía. Entre ellos, los involucrados en el tema de la energía nuclear en nuestro país. Una huelga única en su clase y que pudo haber cambiado el rumbo del sustento energético en México.

En 1983, el 30 de mayo, trabajadores del sector nuclear, Sindicato Único de Trabajadores de la Industria Nuclear (Sutin) levantaron la voz en protesta por las pésimas condiciones laborales, pues en aquel entonces, el ex presidente Miguel de la Madrid Hurtado y el Poder Legislativo habían expuesto la integridad de los trabajadores del Sutin. Obreros, investigadores, científicos, entre otros, defendieron los derechos laborales que les correspondían por ley, sin embargo y no obstante el éxito organizativo de la huelga, ésta fue diezmada por el gobierno neoliberal en turno.

Pero, la derrota no fue sólo para el Sutin, fue un gran golpe para el desarrollo de la industria y soberanía energética de México. El resultado fue que nuestro país continuó sumergido, aún más y hasta la fecha, en el consumo y dependencia total de los combustibles fósiles.

¿Cómo impactó la derrota de la huelga del Sutin? En pocas palabras y en boca de los que estuvimos presentes en aquel movimiento sindical, fue como ver una puerta enorme cerrándose en nuestras narices. El gobierno, fiel a las órdenes del gobierno de Estados Unidos, cumplió con las medidas impuestas por aquel gobierno para hacer del nuestro, un país dependiente de la industria de los hidrocarburos. Como país petrolero, importaba ser sustentable en la producción de una energía no renovable, aunque menos limpia e independiente.

En resumen, se sabe bien que la soberanía económica de México ha sido destrozada desde los gobiernos del PRI y posteriormente del PAN. Vendiendo a diestra y siniestra las empresas nacionales y los recursos naturales de nuestro país. Los beneficiados han sido, como ya lo sabemos, las industrias privadas extranjeras y algunas del país. Pasó con los ferrocarriles nacionales, minería, teléfonos de México, televisoras del Estado y claro, la desaparición de la empresa paraestatal Uramex, entre otras. Pero, hoy empezamos a contar otra historia.

El Sutin en aquel entonces sabía por dónde era la jugada de aquel mandatario y su gobierno autoritario y represor. En principio, acabar con los movimientos democráticos sindicalistas, pues eran un verdadero peligro para el México capitalista que ellos defendían. Su tarea principal: golpear al sector nuclear. Pues se sabe bien que México depende en su totalidad de la energía de combustibles fósiles y, en este caso, la energía nuclear era un obstáculo para las alternativas de suministro energético, ya que la dependencia del petróleo, así como el gas natural eran un negocio muy ambicioso que tanto empresas privadas como los gobiernos en turno presionaban a México para que sólo fueran este tipo de energéticos los que se utilizaran abierta y libremente como la únicas fuentes de energía.

Si aquella huelga del Sutin hubiera tenido éxito, México tendría hasta la fecha otro panorama. Pero nunca es tarde. Aquella manifestación de legítima lucha organizada nos deja, no una, sino varias lecciones de aprendizaje. Las tareas continúan: la lucha sigue, lograremos una transición energética limpia y barata que mejorará las condiciones de vida para la población mexicana.

Del festejo a la violencia: el alcohol

El Poder del Consumidor

Alejandro Calvillo

"El deporte no genera violencia por sí mismo. Lo que ocurre es que el alcohol amplifica las emociones y reduce los mecanismos de autocontrol".

Del festejo a la violencia: el alcohol. Por Alejandro Calvillo

Con la colaboración del Mtro. Norberto Hernández-Llanes

El Mundial es un evento que despierta pasiones. Con cada victoria de la selección mexicana, diversas imágenes en los medios de comunicación y las redes sociales se repiten de forma inquietante. Miles de personas salen a las calles para celebrar, las plazas se llenan de banderas tricolores, la euforia colectiva parece convertirse en un momento de unidad nacional y vemos a la gente que se encuentra, se comunica, juega en conjunto con desconocidos y se divierte.

Sin embargo, conforme avanza la noche, la celebración suele transformarse en algo muy distinto: peleas, agresiones, vandalismo, daños al mobiliario urbano, comercios, accidentes. Los testimonios de esto, durante las celebraciones por los triunfos de México en las inmediaciones del Ángel de la Independencia, son compartidos en las redes.

Los medios de comunicación hicieron eco de estas peleas campales, agresiones contra mujeres, destrucción de espacios públicos y enfrentamientos con las autoridades, contrastando con festejos de unidad y juego colectivo, aunque varias veces peligroso. Y, como ocurre cada vez que hay un episodio de esta naturaleza, ya sea una fiesta tradicional en un pueblo u otros eventos deportivos, el debate público se concentró en la aplicación de la "ley seca" y en reforzar la presencia policial.

Pero esa discusión, aunque necesaria, vuelve a quedarse en la superficie. La pregunta que realmente deberíamos estarnos haciendo no es cómo controlar los daños después de que el problema ya estalló. La pregunta debe ser por qué seguimos organizando eventos masivos bajo la premisa de que el alcohol es el ingrediente indispensable, esencial, de cualquier celebración colectiva.

Durante décadas, la industria alcoholera ha construido una cultura donde resulta casi imposible separar el deporte del consumo de sus bebidas. Una industria que sabe que gran parte de sus ganancias las obtiene de los altos consumidores de alcohol y que se lava la cara con mensajes de “consumo responsable” que sabe bien que no tiene ningún efecto frente a sus estrategias publicitarias que aumentan su consumo.

El vínculo aparece en la forma de publicidad en los estadios, en las transmisiones deportivas, ofreciendo promociones de sus productos, en los patrocinios y el uso de figuras deportivas para mostrar una publicidad que asocia sistemáticamente la cerveza o los destilados con la amistad, el éxito, la masculinidad, la victoria y el orgullo nacional. El mensaje es constante: celebrar implica beber.

Y cuando ese mensaje se repite miles de veces, deja de parecer publicidad para convertirse en una norma cultural. Sin embargo, la evidencia científica cuenta una historia muy distinta.

El alcohol afecta los procesos cerebrales relacionados con el juicio, la regulación emocional, la toma de decisiones y el control de impulsos. Disminuye también la capacidad para evaluar riesgos, reduce la inhibición frente a conductas agresivas y aumenta la probabilidad de responder con violencia ante situaciones de frustración o conflicto.

Pero es importante destacar que, aunque no toda persona que bebe se volverá agresiva, cuando el consumo, sobre todo en exceso, ocurre en contextos donde ya existen emociones intensas, como un partido de fútbol, una rivalidad deportiva o una celebración multitudinaria, las probabilidades de que aparezcan conductas violentas aumentan de manera significativa. Y estos trastornos en la percepción y el comportamiento que genera el consumo de alcohol se potencian cuando el consumo es colectivo, en masa.

La investigación internacional ha documentado este fenómeno desde hace años. Diversos estudios muestran incrementos en las agresiones físicas, la violencia interpersonal e incluso la violencia familiar durante temporadas deportivas o después de partidos de alta intensidad emocional. El deporte no genera violencia por sí mismo. Lo que ocurre es que el alcohol amplifica las emociones y reduce los mecanismos de autocontrol precisamente cuando las personas experimentan niveles elevados de excitación colectiva.

Y lo que nos preocupa es que, frente a esta evidencia, la respuesta del gobierno continúa siendo reactiva. Ante cada episodio de violencia en los estadios se producen las mismas propuestas de siempre: reforzar operativos policiacos, limitar temporalmente la venta de alcohol en ciertas zonas o pedir a la ciudadanía que consuma "con responsabilidad". Esto último, de la mano de la industria alcoholera, la cual no tiene descaro en culpar al "consumidor individual" y decir que la solución es el consumo "responsable" o "moderado".

Después, cuando la atención mediática desaparece, todo vuelve a la normalidad. Y en la siguiente celebración se repetirá exactamente el mismo patrón. Como si no hubiera ninguna alternativa. Pero existe una enorme diferencia entre administrar una crisis y prevenirla.

Organismos internacionales han señalado que las políticas públicas más efectivas para reducir los daños asociados al alcohol son conocidas desde hace años, e incluso forman parte de los planes internacionales y compromisos-país firmados ante estos organismos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) han identificado un conjunto de medidas altamente costo-efectivas que reducen los problemas asociados al consumo de alcohol: limitar su disponibilidad mediante controles sobre horarios, control de la densidad de puntos de venta y acceso; restringir la publicidad, particularmente aquella dirigida a población joven; eliminar el patrocinio deportivo; establecer etiquetados sanitarios con advertencias claras sobre los riesgos para la salud; y aumentar los impuestos a las bebidas alcohólicas para reducir su asequibilidad. En México, es más barato comprar una bebida alcohólica que una barra de pan; es decir, es más asequible el alcohol que el pan. El precio de la cerveza es uno de los más bajos en América Latina en relación al salario, al igual que las bebidas de muy alta graduación alcohólica que se venden en las tiendas de conveniencia, las cuales han disparado los puntos de venta de estos productos en todos los barrios donde antes eran pocos los puntos autorizados a vender alcohol de alta graduación.

Estas medidas no buscan prohibir el consumo. Buscan disminuir los daños que dicho consumo ocasiona sobre quienes beben y, sobre todo, sobre quienes no eligieron hacerlo pero terminan padeciendo sus consecuencias. Porque el problema del alcohol nunca afecta únicamente a quien consume. En una de estas celebraciones murieron cuatro personas en la Ciudad de México, estableciendo un récord mortal en todas las Copas Mundiales de fútbol. El daño lo sufren las personas atropelladas por un conductor intoxicado. Lo viven las familias que enfrentan violencia dentro del hogar después de un partido, como reportan informes de Naciones Unidas: la violencia en las familias aumenta, gane o pierda el equipo, y es mayor cuando pierde. Lo padecen las mujeres que son agredidas durante concentraciones masivas. Lo sufren las personas que sufrieron una caída. Y estos daños los pagamos todos los mexicanos con nuestros impuestos: los servicios de emergencia, los hospitales, las policías, los municipios que deben reparar el mobiliario urbano y, en última instancia, toda la sociedad.

Aun así, México continúa sin contar con una política nacional integral sobre alcohol. Resulta insuficiente responsabilizar únicamente a quienes participaron en los disturbios del Ángel de la Independencia. Las personas son responsables de sus actos, por supuesto. Pero una política pública seria no puede limitarse a señalar culpables individuales mientras ignora el entorno comercial, regulatorio y cultural que favorece la repetición de estos episodios.

Las celebraciones mundialistas deberían dejarnos una lección que va mucho más allá del fútbol. o se trata de estar en contra de la celebración ni de prohibir que las personas adultas consuman alcohol. Se trata de reconocer que la violencia que aparece una y otra vez después de grandes celebraciones no es producto del azar ni una característica inevitable de la pasión deportiva. Es el resultado de una combinación predecible entre disponibilidad prácticamente ilimitada de alcohol, mercadotecnia intensiva, regulación insuficiente y una cultura que sigue equiparando embriagarse con la celebración. Y esto tiene que ver con la ausencia de una política nacional sobre consumo de alcohol.

La pregunta ya no es si volverá a ocurrir. La pregunta es cuánto tiempo más estaremos dispuestos a aceptar que el costo de celebrar sea poner en riesgo la salud, la seguridad y la vida de otras personas. Hasta cuándo tendremos una política nacional sobre consumo de alcohol que transforme la norma social que los intereses comerciales han establecido con todos estos costos.