La Organización Internacional del Trabajo (OIT) en el informe Tendencias Sociales y del Empleo 2026 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicado
a principios de año, señaló que tras analizar la situación de las
mujeres migrantes en Estados Unidos, determinó que su situación las deja
más propensas a caer trabajos forzosos y contratación abusiva. Incluso
en retención de salario o amenazas. En la misma información colocó al
servicio doméstico en el área de explotación con jornadas laborales
excesivas.
Laura es una de estas mujeres migrantes mexicanas
quienes llegaron a Estados Unidos en la era de Trump y lo hicieron sin
documentos de estancia legal. Ellas emprendieron un proceso migratorio
para contrarrestar la situación de precariedad con la que viven en sus
comunidades pero al llegar al lugar de destino las condiciones de
vulnerabilidad con las que viven, las hacen susceptibles a la
explotación laboral.
Laura es mexicana, nombre al azar, pidió no
ser identificada por razones de seguridad. Emigró a este país por la
pobreza con que se vivía en la Costa Chica, de Guerreo.
Ahora
Laura, quien ya se quiere regresar a México, se encuentra en un dilema
porque logró obtener un trabajo remunerado en Estados Unidos y puede
enviar remesas a sus hijos pero a costa de explotación laboral. Además
enfrenta un miedo latente a las detenciones por elementos de el Servicio
de Control de Inmigración y Aduanas, mejor conocido como ICE ya sea en
su empleo, en un aeropuerto o incluso si decide emprender el viaje de
retorno a casa.
La precarización
Laura
habla de su estancia, de sus primeros días en Nueva York: —Aquí no es
fácil encontrar trabajo. Le hace uno de todo. Hasta que encuentra.
Actualmente,
los precios de la gasolina aumentaron 21.2% en Estados Unidos tras las
intervenciones militares que ha tenido ese país en otros territorios del
mundo. Situación no se veía desde 1967. El galón de gasolina está a
4.35 dólares, frente a 2.98 dólares del día anterior al que comenzara la
guerra.
Además, el Departamento del Trabajo, explicó que los
precios al consumidor, subieron 33 por ciento. Comparado con el mismo
mes del año pasado. Este es un incremento que no se había presentado
desde 2004.
Esto también viene a cuentas, dado que Laura, quien ante la falta de empleo que enfrentó, señala:
—Empecé
con mi negocio—Vendía tortas por la Quinta Avenida de Brooklyn.
Caminando. Nos iba más o menos. Días que no se terminaban. Sacaba uno la
pura inversión y no había ganancia.
—¿Cuánto invertía?
—Invertia como 70 dólares
—¿Cuántas tortas hacía?
—20 ó 25. Las daba a ocho dólares.
—¿Quiénes eran sus clientes?
—Las personas que caminaban en la calle, principalmente hispanas.
—¿A qué hora salía?
—Temprano
unos días desde las siete de la mañana o siete y media. Muy tarde a las
ocho. Y terminábamos a las dos o una de la tarde.; siete o seis horas.
Pero el clima cambió
—Cuando se pone frío o nieva ya no pude caminar por mucho tiempo. Por el frío y la migra.
—¿Cuánto paga de renta?
—Al
principio estábamos por la Quinta, rentando con mi hermana. Ella
también vendía y hacíamos la lucha de pagar la renta. Pero
lamentablemente nos cobraban caro.
Por un cuarto pequeño nos
cobraban mil dólares. Había momentos en la que la vimos difícil. No
encontramos para pagar la renta porque lo que vendíamos a veces, no nos
alcanzaba.
Con el frío se vino todo abajo. Ya no salía a vender. Teníamos muy poca venta.
— Y, ¿también migración, verdad?
—Exacto,
así es. Ya en el transcurso que andábamos vendiendo había personas que
nos decían:”a ustedes fácilmente las van a agarrar”. Entonces, decidimos
buscar otro tipo de trabajo.
En febrero de este año, La
Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) informó que las
deportaciones, se cuadruplican y los arrestos del Servicio de Control de
Inmigración y Aduanas (ICE) en la vía pública aumentan once veces, de
acuerdo con un estudio del Proyecto de Datos sobre deportaciones,
conocido por su nombre en inglés, Deportation Data Proyect.
Las
conclusiones claves de este documento señalan que: (1) las
deportaciones de personas arrestadas dentro de Estados Unidos se
cuadruplicaron. (2) Las nuevas tácticas de control migratorio, menos
centradas en personas con antecedentes penales, provocaron un aumento de
11 veces en arrestos en la vía pública. (3) La probabilidad de ser
liberado de la detención dentro de los 60 días posteriores al arresto
disminuyó del 16 por ciento al 3 por ciento. (4) Las salidas voluntarias
entre personas detenidas aumentaron más de 21 veces, ya que más
personas están abandonando sus casos de inmigración.
La explotación laboral
La
necesidad, se hizo presente y con ella la explotación laboral. Para
Laura, su salario por hora inició con 5 dólares, trabajaba 13 horas, de
las 8 de la mañana a las 9 de la noche. Así le daban 540 dólares a la
semana. Logrando más tarde que le pagaran 650 dólares la semana.
—¿Ya les alcanza?
— Ahorita, este día estoy de vacaciones. Ya nos pagaron. Ya más o menos nos alcanza. Nos cooperamos entre las dos.
—¿Y ya les manda a sus hijos?
—Pues sí, lo que nos sobra se los mandamos.
—¿Es mucho lo que hace?
—Sí. Entramos a las ocho de la mañana y salimos a las nueve de la noche.
—¿Qué hace?
—Limpiamos,
acomodamos las camas, rapeamos, aspiramos, lavamos los baños la cocina,
planchamos. Hacemos de todo. Estoy con otra chica, también está de
interna. Hacemos todo. A veces una se aguanta, son muchas horas.
Laura está buscando trabajar en un lugar donde no la exploten.
—¿No conoce a más gente que la pueda ayudar?
—
Hace uno días platiqué con unos hermanos. Porque yo soy cristiana. Y
les di mi número de teléfono por si hay una posibilidad de cambiar de
trabajo. Porque eso de estar encerrada pues una se deprime.
Aquí
no gano ni el mínimo son 15 dólares la hora. Haciendo cuentas por los
seis días de trabajo de ocho a nueve de la noche. Serían ….
—¿Y qué tal su inglés?
Cuando puedo tomo clases de inglés, los miércoles. No sé mucho. Se me ha dificultado. No se si sea por la edad.
—¿Cuánto tiempo piensa quedarse aquí?
Laura
— Yo pienso quedarme aquí, unos cinco años. Pero creo que no vale la
pena quedarse tanto tiempo. Antes decían que se ganaba mucho, pero la
realidad es otra. Aquí se batalla para encontrar trabajo y tengo mis
hijos adolescentes. Ellos me necesitan. Quiero estar más tiempo con
ellos.
—¿Ya pagó lo que le prestaron?
—Sí, ya salí de mi deuda. Pagué los 200 mil pesos mexicanos. Que son diez mil dólares.
El cruce
—Dejé mi Costa Chica de Guerrero por pura necesidad.
El
gobierno de Guerrero ha estado tratando de cerrar la brecha de
desigualdad que existe en esta zona con los programas del bienestar y
obras en la región de Costa Chica, para este año informes estatales
indican que hay una inversión histórica de mil 900 millones de pesos.
Con todo y su empeño, la emigración se ha incrementado en la última
década.
La migración femenina de Guerrero, se da por razones
económicas, inseguridad e incluso desplazamiento forzado. Una vez que se
han instalado en el nuevo territorio, las mujeres inmigrantes de la
región envían sus remesas y están consideradas como pilares en el sostén
de sus hogares. En su gran mayoría son mujeres afrodescendientes e
indígenas.
Laura es viuda y con tres hijos que dejó encargados a su mamá.
—Soy viuda.
Hace
dos años llegó a Estados Unidos y cualquiera diría que ante los cambios
pregonados de bienestar de la Cuarta T de “por el bien de México
primero los pobres” era cierta, a medias.
Laura indica que en su pueblo hay mucha pobreza. “Si hay beneficios, sí. Pero no llega para todos”.
—Me
vine con una cuñada a Puebla. Ahí, una señora nos prestó la mitad del
dinero para venirnos, cien mil pesos de 200 mil que pagué. Eso se paga
por cada persona. 200 mil pesos.
Laura explica que en el cruce de la frontera entre México y los Estados Unidos de América (USA):
—Me
dio mucho miedo. No recuerdo mucho. Primero en Puebla nos subimos a un
bus y nos trajo a Nogales en Sonora. Crucé el muro. Tardamos una semana
para poder tener el cruce y sí, nadie se imaginaba que uno iba a pasar
por ahí. La verdad.
—Y ¿cómo fue? ¿De eso si se acuerda bien?
—Una cosa es lo que dicen y otra muy diferente la realidad. Una emigra por necesidad.
Llegamos
a Nogales en compañía del coyote. Y pensamos que el coyote era el que
nos iba a pasar, pero no es así. Él no se arriesga. Ellos tienen a otras
personas que te llevan y te cruzan y te llevan a una casa y de ahí te
transportan otro carro para llegar al muro. Y en el camino no sabes con
qué clase de persona vas a ir. En el transcurso iban tres hombres y yo
sola. Arriesgando mi vida. Y ellos drogándose en el camino.
—¿La lastimaron?
—
No. Estuvimos cerca del muro esperando a que los de migración se
fueran. Cuando ellos se fueron, dijeron: ya, ya, ya. Rápido, rápido.
Pusieron una escalera de lado de Nogales, para que subiera alto, como
una altura de dos pisos o más. Y ya en la punta, miré del otro lado y
miré, no había ni con qué bajarse. Ellos solo ponían sus manos para que
yo pusiera el pié. Eso no basta para salvarte la vida. Sólo le pedía a
Dios que me cuidara.
Porque no es todo como te cuentan. Arriesgas tu vida.
—¿Finalmente bajó?
—Sí,
bajé y corrí hacia los arbustos. Entre las espinas. Ellos se comunican
con un celular. A mi me dieron uno. Y ellos a alguna altura te hablan.
Te maltratan. Te dicen groserías. En una ocasión me dijeron escóndete.
Están buscando los de la migra. Te hablo dentro de 20 minutos.
—¿Fue de día?
—
Sí, era de día. Yo me escondí en medio de un arbusto. Del pasto alto. Y
fue en el tiempo en el que salen las víboras cascabel. Yo tenía miedo
de que hubiera una ahí, pero nada pasó.
Me quedé escondida por un buen rato. Después de dijeron por dónde caminar y que vendría un carro por mi.
—¿Estabas sola?
—Sí, sola.
Al otro lado pasó un carro por mi. A eso le llaman: “el aventón” así es como le dicen.
Ahí
fue donde me dijeron ponte bien. Vienen por ti. Sales caminando y te
subes. Llegó la camioneta. Con mucho miedo me subí. Con pánico al saber
que me iban a agarrar. Ya subí y me llevaron a un terreno de carros. Ahí
me subieron a otro carro. Y cuando llegué habían muchas personas. No
era la única. Ahí, una chica estaba llena de sangre. Se había lastimado
con el alambrado que ponen en el muro.De ahí esperamos un rato. Vino una
mujer en un carro y con ella nos fuimos tres mujeres con ella.
Y
ella le dijo a una chica que estaba un poquito mas blanca que se fuera
con ella adelante. Y le dijo que se pusiera, que se arreglara. Y así
fue. Solamente llevábamos mucho miedo las tres. Nos decía: no tengan
miedo, todo va a salir bien. En una ocasión venía una patrulla detrás de
nosotros.
Agáchense, viene migración atrás, nos dijo la señora.
Gracias a Dios que no, que no nos vieron. La verdad yo no sé que rumbo
agarramos. No pasamos por retén y llegamos a Fenix, Arizona. Nos
trasladaron con otra persona. Nos llevaron a un trailer y más personas
estaban ahí. A Fenix, llegamos como a las doce de la noche. Ahí nos
ofrecieron comida y bebida.
Trump
—A todo esto, qué piensa del gobierno de México. Decían que ya no se venía gente para acá.
Laura
— El gobierno de México siempre va a decir. Te hablan con bonitas
palabras para que uno no emigre. Te dicen que todo está de maravilla.
Lamentablemente las cosas no suceden como ellos dicen. Tal vez sí
sucede, pero para pocas personas. Porque nosotros estamos en un pueblo
chico: la Costa chica. A veces los recursos del gobierno no llegan
allá.
—Y el gobierno de Estados Unidos
— Y el gobierno de
aquí, me encantaría que tuviera otra forma de darnos la oportunidad como
mexicanos, nosotros solo venimos a trabajar.
—¿Qué siente cuando dice que los mexicanos son criminales?
—Miedo, no sé como que nos intimidan. Pero no somos criminales. Simplemente venimos a trabajar.
—¿Qué piensa del presidente Trump en términos generales?
—Pienso
que por una parte, está mal porque no nos da la oportunidad por lo
menos que nos diera la oportunidad de trabajar un tiempo. De que el
gobierno dijera a los mexicanos, tienen permiso para trabajar por lo
menos dos o tres años.
Mucha gente no expondría su vida, no se arriesgaría por cruzar.
—¿Siempre pensó que iba a llegar aquí?
—No.
En mi mente no estaba venir a los Estados Unidos, Nunca me imaginé que
iba a llegar a ese lugar. Pero la ocasión y el destino me hizo llegar
aquí. Yo creo que si mi esposo estuviera con vida, yo no estuviera aquí.
—Si la llegaran a detener, ¿firmaría para irse?
Llegamos
ilegalmente y no se qué vaya a pasar. Ya no sé qué. Sé que no es fácil
irse así nada más. Como está migración en los aeropuertos no sé.
—Se iría ya…
—Mis hijos me necesitan mucho y pues el dinero no lo es todo en la vida. Pero sí, ya me quiero ir.
¿Usted,
podría investigarme todo lo que se tiene que hacer y ver que no me
vayan a detener? Que nos detengan a mi hermana y a mi. Por favor. Se lo
encargo.