9/23/2018

Peña –reconocido como peor gobierno de la historia- debería estar preparado para ir a la cárcel

Pedro Echeverría V.

1, Como si fuera un gran triunfo su gestión política de seis años -no un gigantesco fracaso en todos los frentes-  el presidente Peña Nieto con el apoyo del PRI, ha anunciado que regresará a su estado natal (el de México) a vivir. Sabe que en asesinatos su sexenio brilló, así como en deudas, devaluación monetaria, incremento de la miseria; sin embargo dado que ningún expresidente se ha enviado a la cárcel: ni Calderón, Fox, Zedillo o Salinas, Peña ha dicho muy feliz que regresará a su estado de origen.

2. ¡Qué contento y qué feliz se pondría el pueblo de México si López Obrador hiciera justicia metiendo a la cárcel a todos los políticos y empresarios que han llevado al 80 por ciento de la población a la pobreza y la miseria! Los mexicanos dicen que no alcanzarían las cárceles para encerrar a tantos políticos y empresarios que han desfalcado al pueblo. Yo digo que sí alcanzan si sacamos a las decenas de miles de campesinos y trabajadores que están allí por robarse un pan para comer.

3. Cualquier mexicano atento y honesto –en unos cuantos minutos, porque los conoce de memoria-  haría una lista de políticos y empresarios que hace mucho deberían estar en la cárcel por sus antecedentes y prácticas diarias. Los observadores críticos -por pura lógica- siempre ponen en primer lugar a todos los que fueron presidentes de la República y a los empresarios más millonarios que se han hecho ricos mediante políticas tramposas, la explotación y los negocios.

4. Que México es un país en “bancarrota” en todos sus campos y lo reconoce el 98 por ciento de los mexicanos-  es indiscutible. En vez de buscar los mil lugares donde México está jodido y le sale pus, hay que preguntarle al PRI, PAN y empresarios, en qué parte  buscarle para encontrarle un lugar sano. ¿En endeudamiento, producción, seguridad, migración, empleo? ¿En dónde no hay rompimiento superestructural?

5. Obvio, México no se rompió y se comenzó a descomponer en el sexenio de Peña (2012-18); este desplome acelerado comenzó al imponerse el neoliberalismo y la privatización en 1982 con los gobiernos de De la Madrid y Carlos Salinas. Basta revisar un poquito para ver cómo se retiraron los presupuestos en salud, educación, servicio social, subsidios y cómo las empresas que fueron “paraestatales” y las tierras ejidales se privatizaron.

6. Si el gobierno de López Obrador no aprovecha todo el entusiasmo que tiene la gente esperanzada en que hayan cambios verdaderos; si no aprovecha su enorme mayoría en la cámara baja y alta para cambiar leyes constitucionales; si se sigue entreteniendo en respuestas a críticas distractoras, cuando venga la avalancha de la derecha ya no podrá resistir. Se arrepentirá y al mismo tiempo traicionará a su pueblo por cobardía y blandenguería. (22/IX/18)

http://pedroecheverriav.wordpress.com

alterar26@gmail.com

Los Loret de Mola: Carlos 1, Rafael y Carlos 2, trío de periodistas y escritores muy destacados


Pedro Echeverría V.

1. Tres muy destacados periodistas: padre, hijo y nieto, nacieron en la provincia pero vivieron centralmente en la ciudad de México. Loret de Mola padre nació en Yucatán, pero se desarrolló en su oficio escribiendo y dirigiendo periódicos y noticiaros en el DF y varios estados. Fue, además de periodista, un destacado político del PRI que fue diputado, senador y gobernador (1070-76) Se le acusó de que siendo gobernador de Yucatán en 1974, ser el culpable directo del asesinato de un asesor sindical, “el Charras” Calderón. Yo, aunque no radicaba en el estado, a los 20 años escribí un folleto al respecto.

2. Recuerdo que en 1984, llevando un libro recién concluido bajo el brazo en busca de editor, por intervención de Carlos Capetillo –excompañero de la escuela primaria- visité a Carlos Loret de Mola Médiz periodista, escritor y exgobernador de Yucatán, en su hogar de la colonia Narvarte. El motivo era –que dado que le habían publicado dos libros en la editorial Grijalvo- pedirle que interviniera para que me publicaran mi libro. Había gobernado Yucatán 1970-76 y Grijalvo le estaba publicando sus libros; me prometió que lo haría, pero al final no me publicó la editorial.

3. Las posiciones políticas del exgobernador Loret eran las del PRI en su ala más derechista. Más aún, fue hecho candidato del PRI en 1969 para oponerlo al candidato del PAN derechista (Correa Rachó) que ese año era muy fuerte por haber sido presidente municipal de Mérida. Loret como derechista fue la mejor carta del PRI para contrarrestar el derechismo de Correa del PAN. En sus últimos años de gobierno Loret se confrontó con el presidente Echeverría, con Cervera Pacheco, Sansores Pérez y con todo lo que coincidía con ese régimen a quien dedicó sus libros para despedazarlo.

4. En estos meses he visto y escuchado vía You Tube/Internet más de 20 vídeos de Rafael Loret de Mola –hijo de Carlos 1, el exgobernador- pareciéndome muy buenas exposiciones que he calificado como de centro-izquierda. Sus críticas contra el PRI, al gobierno de Peña Nieto y sus cercanías políticas con López Obrador, me han parecido coincidentes con mis posiciones políticas. Conozco además de él, dos o tres libros, tal como “Destapes” que me han parecido interesantes y muy bien escritos. Alguna vez lo saludé en el aeropuerto de Mérida, cuando los dos escribíamos para el diario Por Esto de Mario Menéndez.

5. Con Carlos Loret de Mola (hijo de Rafael y nieto de Carlos 1) no he tenido contacto personal, pero no he dejado de seguir sus decenas de entrevistas por vía Internet, muchas de sus participaciones en el programa de Televisa, así como sus posiciones escritas en los periódicos. Al parecer, por las décadas en que ha sido un “locutor estrella” de esa gran empresa televisiva, Carlos 2 ha sido el más destacado y conocido, pero comparándolo con su padre Rafael y su abuelo Carlos 1, quizá sea aun ampliamente superado por sus antecesores que fueron periodistas más variados y completos.

6. El sólo hecho de pertenecer a esa poderosa empresa Televisa, que es con mucho la más poderosa de México y quizá América Latina, en la que nadie es nada y todo es lo que ordenan sus dueños, ha hecho inferior a Carlos el Televisa a su padre el escritor y comentarista político independiente. Sin embargo ninguno de los dos ha alcanzado la altura del padre que dirigió periódicos en Tampico, San Luis, Chihuahua, Ciudad Juárez, Aguascalientes, en Excélsior, escribió en la revista Siempre, e hizo un Noticiero en los años 50. El haber sido un destacado político lo colocó en todos esos medios imformativos, pero fue acusado de asesino. (21/IX/16)


AMLO en riesgo de ser arrinconado


Dolia Estévez

En México, los peñistas exprimen el poco tiempo que les queda para poner a AMLO contra la pared. Foto: Cuartoscuro
Washington, D.C.—Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto se han reunido, a solas y con sus respectivos gabinetes, cuando menos tres veces. Entre apapaches y elogios mutuos, se comprometieron a colaborar en un marco de respeto institucional. Pero detrás de la aparente transición de terciopelo, el aún grupo gobernante está concretando amarres con el gobierno de Donald Trump que, intencionadamente o no, van a atarle las manos al presidente entrante.
En otros países los gobernantes salientes usan los periodos de transición para reflexionar y defender su legado. En México, en contraste, los peñistas exprimen el poco tiempo que les queda para poner a AMLO contra la pared. Restringir su campo de maniobra y acrecentar su vulnerabilidad frente Trump. A sabiendas de que su negro legado ya está escrito y de que la historia seguramente no los absolverá, se aferran en concretar pactos irreversibles sobre comercio, inmigración y seguridad.
Es cierto que un representante del presidente electo participó como observador en las conversaciones que produjeron un “entendimiento comercial” sospechoso. El involucramiento de Jesús Seade hace suponer que el equipo de AMLO está de acuerdo. Sin embargo, no está claro si conocen a cabalidad los vericuetos del acuerdo o si tuvieron incidencia en una negociación que, vale subrayar, no ha concluido pese al alboroto de que había concluido. Tan prematuro fue echar las campanas al vuelo que es probable que el texto definitivo no esté listo el día último del mes como marca el calendario legislativo.
Luis Videgaray ha intensificado su ir y venir desde la elección presidencial. Entre el 27 de julio y el 12 de septiembre, ha viajado a Washington mínimamente seis veces. Se desconoce cuantas más en misión secreta. Según versiones ha estado diez veces en la residencia privada de Jared Kushner e Ivanka Trump desde que empezó su peregrinar en 2017. Pasa más tiempo en Washington que en la Ciudad de México. No sólo eso. De las reuniones que regularmente sostiene con la cúpula trumpista se informa muy poco o nada.
Hay signos de que el equipo de AMLO desconoce las intrigas de Videgaray. Tras llamar “positivo” el presunto fin de la negociación, Marcelo Ebrard sólo se refirió a los aspectos en los que, según manifestó, recogen las “principales preocupaciones” planteadas por López Obrador sobre el sector energético, las condiciones laborales y salariales, y el “mantenimiento” de los “espacios trilaterales” para la solución de controversias, así como la certeza en el mediano plazo para el propio tratado. (Sin Embargo, 08 27 2018). Ebrard parece no saber que el acuerdo no tiene “espacios trilaterales”. México fraguó con los trumpistas excluir a Canadá. No es un TLCAN actualizado sino un tenebroso arreglo entre Trump y Peña.
Tampoco es cierto, como afirmó Ebrard, que se mantuvo el mecanismo de resolución de disputas. De hecho, la eliminación del artículo 19 que trata sobre controversias es uno de los grandes obstáculos que impide a Canadá unirse al convenio entre sus dos socios comerciales. A diferencia de México, Canadá rechaza subirse al ring con el bully del vecindario sin armas que le permitan defenderse.
El futuro Canciller–quien se dice ha sido presentado a Kushner por Videgaray en Washington (Ebrard no respondió mi petición de confirmación)–tampoco se refirió al tema migratorio porque quizá ignore que se está negociando paralelamente al comercial. México ha estado considerando durante meses aceptar 20 millones de dólares en asistencia estadounidense para deportar a 17,000 indocumentados de otros continentes que México detiene en territorio nacional (The New York Times 12/09/2018).
La SRE y Gobernación no desmintieron la versión del diario neoyorquino, aunque aclararon que se “continúa evaluando dicha propuesta” (Comunicado conjunto, 13/09/2018). La disposición a cumplir el papel de “filtro migratorio” se da pese a que Ebrard presuntamente le comunicó a Videgaray que no aceptará ningún dinero del gobierno de Trump para sufragar los gastos de la deportación de inmigrantes indocumentados (Proceso, 13/09/2018).
El híper afán por concluir aunque sea a medias la negociación se debe al interés de Trump de firmarlo antes de que inicie el nuevo gobierno. El problema es que la ventana de oportunidad se reduce a 24 horas. De acuerdo con la agenda legislativa estadounidense, nada puede rubricarse antes del 30 de noviembre. Trump está ansioso de hacer alarde de su firma bajo la mirada de un reducido Peña al que sólo le quedaría una bocanada de oxigeno político. Teatro del absurdo.
Hay otra complicación: el lugar. Un desaseado encuentro entre Trump y Peña en las últimas hora del sexenio es poco realista. Trump planea asistir a la cumbre del G20 del 30 de noviembre al 1 de diciembre en Buenos Aires. Hay versiones que podrían firmarlo en la capital argentina. Pero es muy probable que Peña no vaya. En todo caso, sería un despropósito y un insulto a los anfitriones.
El interés nacional estará mejor servido si se pospone indefinidamente la rúbrica del tratado hasta que la letra de lo negociado directa y paralelamente sea evaluada por el próximo gobierno. Estamos ante un instrumento de largo alcance y gran calado que afectará, para bien o mal, a generaciones futuras de mexicanos. México toma precedente sobre el temor de mandar a volar los caprichos de Trump. López Obrador tiene la palabra.
Twitter: @DoliaEstevez

El dinosaurio sigue aquí


Epigmenio Ibarra
No quiero terminar mi vida sin ver cómo se extingue. Foto: Cuartoscuro.
Como una fiera herida, pero todavía con enorme fuerza, el régimen corrupto sigue dando coletazos. Se resiste a asumir la suerte que 30 millones de mexicanas y mexicanos le escrituramos en las urnas. PAN y PRI, aunque tocados por la derrota, mantienen la capacidad ofensiva y tienen de su lado a la mayoría de los medios masivos de comunicación, a presentadores de noticias de radio y TV, y a una amplia gama de los llamados líderes de opinión.
En defensa de este régimen, del que obtuvieron riquezas, poder e influencia se movilizan también grandes empresarios y altos jefes militares. No solo se trata de la presión política y mediática que puede ejercerse contra el nuevo gobierno sino de aplicarle a éste todo el peso del dinero y de la fuerza. El propósito es anularlo aun antes de que tome posesión para propiciar, en las elecciones intermedias dentro de tres años, la restauración.
A la presión política, el descrédito mediático y la coerción económica, que ya están operando contra López Obrador, sumarán la presión militar; lo harán propiciando conflictos y alentando la acción de bandas criminales para presentarse como la única opción posible de contención de la violencia. Cuentan con centenares de millones pesos, mantienen posiciones clave en la política, el aparato gubernamental, la milicia y la banca y creen que la suma de todas sus acciones provocará la derrota temprana del nuevo gobierno.
El mantenimiento de la “normalidad democrática” ha impedido a estas fuerzas, que son legión, desbocarse. Víctimas de la ficción que ellos mismos ayudaron a construir, de la coartada que establecieron para poder delinquir impunemente, de la versión (pura ficción) de que en México existe de verdad una democracia, han debido contener sus llamados y sus iniciativas francamente golpistas y por el momento se concretan a mirar la paja en el ojo de López Obrador después de haber ignorado durante décadas la viga en sus propios ojos.
Es preciso tomar conciencia de que: para el régimen, la democracia era y sigue siendo sólo una coartada; las instituciones de la República, pura fachada; el poder Judicial y el Legislativo, simples peones del Ejecutivo; y los medios, sólo un espejo en el que se miraba el presidente en turno. La abrumadora derrota electoral les ha atado las manos por el momento, pero la inminencia de una derrota definitiva está haciéndoles pensar en que es preciso comenzar a actuar con más descaro y con más eficacia.
Pese a que muchos no alcanzan a verlo aún con claridad porque se compran el espejismo de esa “normalidad democrática”, se ha producido aquí la debacle de un sistema autoritario. No fue esta una elección más, el cambio de un presidente por otro, de unos senadores y diputados por otros, cayó un régimen. Ha llegado a la Presidencia, aunque aún no se ciñe la banda presidencial y faltan para eso todavía 71 largos y peligrosos días, un hombre que ha declarado que aquí el que manda, el único soberano, es el pueblo de México y que sólo ante el habrá de doblegarse.
Este simple dicho de López Obrador resulta para el régimen intolerable. Más intolerables aún las acciones que ha comenzado a tomar y que afectan directamente los bolsillos, los cotos de poder, las influencias de la clase política tradicional y sus aliados en los medios, las empresas y el ejército. Los prejuicios, las banderas ideológicas o la ingenuidad ciegan a muchos que hablan de la muerte prematura de la cuarta transformación. No se dan cuenta de que operan como “tontos útiles” del sistema del que siempre se han dicho opositores.
Hemos sido, las mexicanas y los mexicanos, testigos, protagonistas y corresponsables del derrumbamiento de uno de los regímenes más antiguos, más corruptos, más violentos y más resistentes del mundo. Un régimen que supo transformarse para prevalecer y que tendió lazos de unión tanto con la derecha como con una parte de la izquierda, dejándoles a cambio una parte del botín. Compró el PRI a mujeres, hombres y partidos con nuestros impuestos; los hizo cómplices, los utilizó de coartada. Ha caído un régimen (una dictadura de nuevo tipo, pero sanguinaria y feroz como las otras) que, pese a su descrédito, supo vender, a propios y extraños, la idea de que en este país había una democracia. Y como la democracia, parafraseando a Goya, también engendra monstruos, el régimen puede valerse de ésta para ponerse en pie de nuevo en las elecciones intermedias.
No asaltó el pueblo el palacio de invierno, ni se alzó en armas para derrocar a un tirano; simplemente se organizó y votó por aquél que dijo que acabaría de raíz con la corrupción y transformaría a México. Cuauhtémoc Cárdenas y López Obrador hicieron grandes y aun no reconocidas aportaciones a la paz social en México: el primero al decidirse, tras el golpe de 1988, a fundar un partido y construir una vía democrática; el segundo, por no caer en la tentación insurreccional en 2006 y sobre todo por su terca decisión de cambiar este país llamando a votar masivamente. El dinosaurio no se extinguió como resultado de un golpe asestado con las armas; fue herido de muerte en las urnas, pero sigue aquí, entre nosotros, preparándose para volver.
He conversado con Verónica y con otros compañeros sobre cuál ha de ser el tono de mi voz en esta nueva circunstancia. En las redes me preguntan si he de ser tan crítico con el nuevo gobierno como lo fui en el pasado con los de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.
Yo no soy de esos que callaron cobardemente ante los crímenes de esos dos hombres infames y hoy se presentan como valientes críticos y opositores de López Obrador. Menos soy todavía de aquellos que piensan que todos los políticos son iguales. No votamos este 1 de julio sólo para cambiar de presidente, sino para cambiar de régimen, y ese cambio de régimen es un largo y afanoso proceso al que debemos sumarnos con López Obrador muchos millones de ciudadanos para hacerlo efectivo e irreversible.
Viví con la vergüenza de tener a mis espaldas la pesada lápida del régimen autoritario. No quiero terminar mi vida sin ver cómo se extingue, por más coletazos que dé, ese monstruo que se ha alimentado durante décadas de sangre inocente y que ha dejado al país hecho pedazos. No puedo olvidar a sus víctimas, no debo callar ante sus crímenes. La verdad, la justicia traerán a México la paz y el fin de la impunidad y la corrupción; traerán la prosperidad. Estoy por la cuarta transformación de la vida pública, pero no la tomo como un dogma de fe ni soy su cruzado, la asumo como una causa justa por la que hay que pelear. Al servicio de estos ideales es que he de poner mi voz. No soy imparcial, nunca lo he sido. Ser neutral no es lo mío.
TW: @epigmenioibarra

La oligarquía comentocrática


Hernán Gómez Bruera

El periodismo en México requiere de cambios profundos y está obligado a replantear los términos de su relación con el Estado. Durante décadas, el régimen autoritario ejerció un fuerte control de la prensa a través de la censura y otros mecanismos de sujeción. Con la llamada “transición a la democracia” los mecanismos represivos se sustituyeron por una estrategia más amable, aunque perversa: el uso discrecional del presupuesto en publicidad oficial para premiar a unos medios y castigar a otros de acuerdo a la línea editorial que adoptaban.

A partir del gobierno de Vicente Fox, el gasto en publicidad creció vertiginosamente, haciéndose más abultado en cada administración. Llegamos así al gobierno de Enrique Peña Nieto en que gastó entre 40 y 50 mil millones de pesos en estos fines. La entera discrecionalidad y falta de transparencia con la que se han ejercido estos recursos, generó incentivos perversos y una enorme distorsión en las decisiones que toman las maquinarias mediáticas. Estas decisiones pocas veces siguen criterios periodísticos y muchas veces solo se explican por la forma en que se distribuye el dinero público.

El reino del boletinato en el que hemos vivido, donde el periodismo de investigación es aún muy incipiente, encumbró a una élite de comentócratas que permitió a los medios dotarse de cierto contenido crítico, uno que probablemente no habrían tenido de otra forma. Aunque en esta élite hay figuras notables que en algún momento contribuyeron a la transformación democrática en nuestro país, con el tiempo muchas de ellas se acomodaron al status quo post transición. Al final, esa élite se convirtió en una oligarquía cada vez más alejada de la realidad y las preocupaciones de la gente.

Los defensores de ese status insisten en que la oligarquía comentocrática es plural y diversa, cuando las diferencias entre unos y otros son cosméticas: basta leer sus frases y palabras repetidas. Entre las 40 plumas más conocidas que escriben en nuestros diarios hay mayoritariamente hombres blancos de más de cincuenta años que pertenecen al decil más alto en la distribución del ingreso, sino es que al 1 o 2% (lo digo consciente de mis privilegios).

En un país de Hernández, Ramírez, Gutiérrez y González, las columnas de opinión de los principales periódicos jamás llevan esos apellidos. Financiados generosamente con recursos públicos, las plumas de la oligarquía comentocrática se han convertido cada vez más en un grupo que le habla a una pequeña parte de la élites y difícilmente hace un ejercicio de reflexión pública útil a la sociedad.
El más reciente Barómetro de Confianza publicado por Edelman, a través del cual se mide la confianza en distintas instituciones de varios países del mundo, coloca a la prensa (en todas sus expresiones), en el lugar más bajo, incluso por debajo del gobierno. 48% de los mexicanos desconfían de la prensa, más que en países como Brasil, Colombia, Argentina, Sudáfrica, Rusia y Turquía, por mencionar solo algunos países. Por si eso fuera poco, entre el 76 y el 80 por ciento de los ciudadanos está altamente preocupado por la diseminación de información y noticias falsas. A este respecto México se ubica entre los cinco países con el nivel más alto.

Esa enorme desconfianza puede tener varias explicaciones: que tenemos una prensa muy cercana al poder, alejada de la gente y no ajena a la corrupción; que no existe un verdadero ejercicio del periodismo en el país y que la ciudadanía se ha cansado de escuchar a las mismas voces y ver a las mismas caras. Otra probable razón es la falta de franqueza. Para que exista un diálogo público fructífero hace falta que los opinólogos sean transparentes en sus filias y sus fobias, en lugar de simular una falsa neutralidad o una ilusoria objetividad.

NOTA: Recibí airadas críticas de un grupo de opinadores por mi entrevista a Claudia Sheinbaum, publicada el miércoles. Argumentan mala fe de mi parte al entrevistar a alguien con quien tengo coincidencias políticas y a quien brindé asesoría externa, pro bono, durante la campaña. Es una escuela de periodismo de la que no tenía noticia la que considera que un autor solo puede referirse a temas con los que lo liga una desapasionada neutralidad. La práctica periodística internacional es ser transparente cuando se cubren temas por los que se tienen filias o fobias. No consideré necesario incluir un epígrafe para reiterar las mías en esa entrevista porque considero que mis simpatías son suficientemente públicas y transparentes. Así me he presentado en programas de televisión, artículos periodísticos y participaciones públicas. Por las dudas, aquí lo reitero: Hernán Gómez, analista político, investigador del Instituto Mora y, por las dudas, simpatizante público del obradorismo (no vaya a ser).

Los 19 de Septiembre


Jesús Robles Maloof

Como todo esfuerzo colectivo, contar las historias del temblor del 19 septiembre es un esfuerzo colectivo. Foto: Cuartoscuro
En mi calendario el 19 de septiembre es sin duda el día más emocional del año. Eso era antes del noveno mes de 2017 y con más razón creo lo será en adelante.
En septiembre de 1985, de forma abrupta, crecí. Le conté a Lolita Bosch aquellos días y en un capítulo de su libro “México 45 voces contra la barbarie” (Océano, 2014) lo narra. Los transcribo porque no creo recrearlo de mejor manera:
“Cuando fue el temblor del 1985 Jesús Robles Maloof tenía 13 años. La secundaria a la que iba suspendió actividades a la nueve de la mañana y él tuvo que regresar a casa caminando debido a que el transporte público había quedado inhabilitado. De Mixcoac hasta Balbuena recorrió calles y comenzó a darse cuenta de la gravedad de lo ocurrido, vio caras desencajadas de las personas y mujeres que lloraban al pie de los edificios caídos. Para cuando llegó a la casa, ya había decidido que iba a hacer algo. Se inscribió en una brigada de ayuda y con un grupo de amigos repartieron comida, agua y ropa a los damnificados. Fue la primera vez que manejó un carro. Con esa experiencia entendió que había muchas cosas que podía hacer directamente y en conjunto con otras personas”.
Como todo esfuerzo colectivo, contar las historias del temblor del 19 septiembre es un esfuerzo colectivo. Mi querido padre y maestro Arturo Robles Contreras, en 2012 mientras revisaba fotografías antiguas me dijo; “Quiero escribir mis recuerdos. ¿Dónde lo hago?” Abrí entonces mi blog personal y para cuando regresé había escrito estos hermosos párrafos:
“Mi hijos se hicieron adultos en septiembre de 1985. [Ese año] Fuimos testigos y partícipes de cómo la población civil organizó estaciones de auxilio, y centro de rescate. Tomó las piedras con sus manos y empezó el rescate de los suyos.
Tres días pasaron para que el gobierno de Miguel de la Madrid hablara a la nación. Nunca entendió la magnitud de lo sucedido y de la respuesta organizada de quienes estábamos en marcha. Universidades, escuelas, centros religiosos se pusieron a trabajar. Días más tarde llegó el ejército y solo resguardaba calles y edificios públicos. Poco hizo para ayudar.
En lo personal con ayuda de trabajadores de DINA, encabecé una brigada de 10 personas que durante 30 días dimos servicio en hospitales del Centro Médico Nacional, en instalaciones emergentes a los edificios que quedaban en pie.
Días tristes y amargos que duran toda una vida y que sin embargo te permiten darte cuenta que miles de compatriotas ayudaron a salvar y rescatar a sus semejantes, héroes anónimos que aún perduran en mi mente”. https://roblesmaloof.wordpress.com/2012/09/19/recordando-el-85/
He contado en diferentes espacios la historia de esos días según la viví. En algún momento, conformé pasaban los años y las nuevas generaciones crecían, las anécdotas empezaron a sonar como aquel tío que cuenta una historia tan lejana, como de improbable repetición. Después de décadas los relatos del 85 generaban algo de aburrimiento y muy poco interés. De hecho cinco días antes del sismo del año pasado, contaba en este espacio en La Cultura del Saqueo, uno más de los relatos del tío Robles Maloof, sin saber lo que cinco días después sucedería.
Muy poco de lo que viví en el 1985, me sirvió la mañana de hace un año. Siempre conocedor de lo que hay que hacer, no pude reaccionar a tiempo. Lo que decenas de temblores no habían logrado, el 19 de septiembre de 2017, me devolvió el miedo que sentí de adolescente. Tardé minutos en regresar. Con mi familia, los lanzamos a ubicar a mi padre que trabaja en el epicentro del riesgo, pero a una cuadra de casa, la tragedia nos interpeló. Dejé el auto y corrí hacia el derrumbe, al tiempo que jóvenes albañiles levantaban una enorme loza. No aguanté ni diez minutos con las piedras en la manos.
Me di cuenta que en ese momento mi labor era otra. Tomé mi cámara y mi celular y empecé a informar. Lo hice durante el primer día. Al siguiente ayudé, como en 1985, en el acopio y ahí conocí esas hermosas historias humanas que fueron la tragedia a la respuesta. Mi tarea fue acompañar y narrar esa dignidad del puño en alto. Lo intenté en la medida de mi capacidad. Nunca olvidaré a la joven sorda y a los voluntarios que conocieron el amor en lo escombros.
Tras mi experiencia en el 1985 entendí que puedo, junto con otros, hacer lo necesario directamente ante la omisión del Estado, sin que ello signifique dejar de exigir responsabilidades. Todo lo que vino después en mi vida fue seguir haciendo lo mismo en diferentes espacios, sin pensarlo tanto, como frente a un derrumbe. Si algo injusto me interpela, actúo. Desde ese día soy defensor de derechos humanos.
Entre los muchos pendientes de los 19 de septiembre quedan recuperar aquellas historias para ser contadas. Algunas tan maravillosas como la experiencia de los especialistas en sonido para cine (Sonidistas) que ocuparon sus talentos para escuchar bajo los escombros o como los radio aficionados que ayudaron a restablecer las comunicaciones en la ciudad, relatada por Jacobo Nájera en este texto, por poner solo dos ejemplos. http://editorial.centroculturadigital.mx/articulo/la-participacion-de-radiaficionados-en-el-restablecimiento-de-las-telecomunicaciones-despues-del-19s
Les convoco a rescatar la grandeza de esa respuesta humana ante la tragedia, empezando como mi padre, con su propia historia.
Las prioridades en la exigencia a los gobiernos a un año del sismo siguen siendo; atender las justas demandas de las personas damnificadas, procesar a los responsables de negligencia, rendir cuentas sobre los fondos para la reconstrucción, investigar sus malos manejos y reforzar la cultura de la prevención.
La lección fundamental de los sismos del 19 de septiembre, es recordar una y otra vez de qué lado está el poder y en dónde reside el corazón. Que podemos hacerlo con solo decidirnos.
Qué ese puño en alto que levantamos hace un año nunca se aleje de nuestro corazón siempre que la tragedia y la injusticia nos interpelen.

¿NO ENTIENDEN QUE YA SE ACABÓ?

SATIRICOSAS
– Manú Dornbierer- 

En recuerdo de mi hermano Jacques que nació un día como éste de 1935 y murió hace quince años con gran valentía el 16 de agosto de 2003 de un cáncer irremediable. “Es indudable que las impresiones de la niñez resisten al tiempo, a los dolores y a la convulsiones de la vida”, bien dijo Ignacio M Altamirano. 

*** 

El tiempo a transcurrir de la elección presidencial a la toma de posesión (esta vez entre el 1º de julio el 1º de diciembre de 2018) se dedicaba en el pasado al famoso “besamanos”. Pura y total adulación al nuevo dios dizque electo para obtener puestos y prebendas. Hoy es diferente. Para los perdedores de la actual efectiva elección se trata de seguir combatiendo al ganador , de volcar toda la amargura del sonado fracaso y el coraje por el triunfo de otro sistema de gobierno, emanado ahora sí de una impactante mayoría popular. Es cuestión de utilizar cualquier palabra , errática o no de Amlo , para tildar de pentontos a los más de 30 millones de mexicanos que votamos por él de verdad. Nos creen ignorantes de la situación del país y de lo que requiere . Ellos , los apaleados, “sí saben”. 

Aunque no se haya siquiera sentado aún en La Silla, lo que dice se tergiversa y mucho se considera peligroso. ¿Para qué? ¿Acaso quieren impugnar la elección? Pues lero, lero, no pueden, chicos… de mente. ¿No entienden que YA SE ACABÓ su reinado saqueador del país? 

BANCARROTA.

Hay muchos ejemplos, pero uno en especial suscitó la rabia mal escondida de los más ricotes - mejor dicho de los enriquecidos por el PRI y luego por el PRIAN - . Fue la palabra “bancarrota”, en labios del presidente electo .Se pusieron como locos y dijeron que “se está curando en salud porque no va a poder”. Les dolió porque es desde luego la mayor y veraz crítica hacia el antiguo régimen al que pertenecieron y que los cobijó. Si no es bancarrota la de un régimen que “fabricó” sesenta millones de pobres, que se cargó de deudas y robos multimillonarios en todos los lustros neoliberales ¿qué es? Estado fallido, que antes del neoliberalismo llevó sin embargo a México a crecer mucho más del mediocre 2 % . Fue de 8% en tiempos ¡de Díaz Ordaz! La inútil propaganda actual de Peña Nioeto nos sigue atozando . Pero creen que la población es idiota? 

¿Qué no hay quien sepa y recuerde que se destruyó la industria mexicana verdadera, que las empresas nacionales medias y pequeñas tuvieron que cerrar o venderse en las últimas décadas para dar paso a transnacionales aliadas a los gobiernos mexicanos? Empresarios como Claudio X Gónzalez , que se ha chupado a través de Kimberley Clark el agua del Bajío para fabricar ay, ay, ay , “kleenex” , dijo destilando placer: “López Obrador empieza a matizar que no podrá cumplir con todo porque no hay suficientes recursos” . Pues claro si los recursos se los roban en sueldazos absurdos los funcionarios, se compran como siempre casotas , se alían con extranjeros en la fabricación en Deer Park Texas de gasolina con nuestro crudo (Salinas), si disponen ellos de cualquier dispendio para esquilmarnos mejor, etc. Pero el Peje simplemente se sonó con un conservador kleenex y lo tiró a la basura. De hecho ya se adelantó a cumplir con las promesas de campaña , pero , dijo, la bancarrota no le permitirá hacerlo con todas las demandas de la gente puesto que como bien dice Claudio X. González no hay bstantes recursos por las citadas razones. 

¡PERO LOS BANCOS NO ESTÁN EN BANCARROTA! 

Los que no están en bancarrota son los banqueros “en” México “no de” México, pues casi todos los bancos aquí son extranjeros y ganan mucho más que en su país de origen y que en otros. México es en ese sentido su paraíso. Lo mantenemos nosotros los ciento veintintantos millones de mexicanos que SI estamos en bancarrota ( me apunto) y no obstante nos vemos obligados a pagar SUS bancos por varias generaciones. Fue Felipe Calderón , el presidente espurio (2006-2012) al que el PRIAN escogió finalmente para perpetrar lo que la revista Proceso señaló como “el mayor fraude a la Nación” y debería ir a la cárcel por eso (y mucho más) , sin embargo fue el presidente Ernesto Zedillo el que lo aceptó y también debería ir al bote , pero es gringo y vive en Estados Unidos , protegido por ese país en recompensa de lo que hizo por él. 

FOBAPROA 

Robaproa, término definitorio, es el tema de un libro de Andrés Manuel López Obrador . El México prianista dio la oportunidad a los bancos extranjeros de “salvarnos”, es decir de ganar más dinero a costillas de los mexicanos que en cualquier otro país, incluyendo el original de los propios bancos, repito e insisto. Y hoy son los que opinan y mandan. Que México no está en bancarrota , dicen . Pero no dicen cual México. Por ahí debe tener la editorial Grijalbo (una de las editoras absorbidas por Random House) un libro sobre ese tema gravoso del Fobaproa. Sería bueno releerlo o reeditarlo, es uno de los mayores pesos que cargamos sobre nuestras espaldas todos los mexicanos. Lo pagaríamos por varias generaciones dijo en su estudio Lópe Obrador. ¿En cual generación pagatoria de los bancos extranjeros vamos ya? 



Si no quiere Random House republicarlo pues hoy , hablando de bancos, su director en México se apellida Rothschild, apelemos a la secretaria de la Cultura del nuevo gobierno, Alejandra Frausto, pues es un libro de Historia de México, no de grilla pasajera . ¿Podría revertir el nuevo gobierno esa invasión bancaria del país? librosdemanu@gmail.com

Memoria 1968



Parte de esta iniciativa incluye una exposición física y virtual de documentos y fotografías que estaban en poder de distintas dependencias federales como la Secretaría de Gobernación. Foto: Cuartoscuro
“La sangre, es tinta indeleble que nunca se borra”
El Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales (Inai) dio luz verde a la difusión de información histórica que contiene datos personales de los archivos y fondos resguardados por el Archivo General de la Nación (AGN) relacionados con el Movimiento Estudiantil de 1968.
Parte de esta iniciativa incluye una exposición física y virtual de documentos y fotografías que estaban en poder de distintas dependencias federales como la Secretaría de Gobernación, el Cisen; la División de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia, conocida como el Servicio Secreto, así como la propia Secretaría de la Defensa Nacional.
En sesión plenaria, los comisionados del Inai coincidieron en que la divulgación de la información coadyuvará al conocimiento de la verdad histórica de los hechos para evitar que se repitan tan graves violaciones a los derechos humanos.
Memoria y Justicia
La decisión de no olvidar el 2 de octubre ni las enseñanzas del Movimiento Estudiantil de 1968 ha dado frutos muy importantes, pero poco conocidos debido a que los medios de comunicación masiva y sectores sociales de distinto signo los minimizan, los ocultan e incluso los niegan o deforman.[1]
¿Cuántas personas interesadas en el acontecer nacional saben que el Estado mexicano tuvo que reconocer que su crimen en la Plaza de las Tres Culturas en 1968 constituyó un delito de lesa humanidad tipificado nacional e internacionalmente como genocidio? ¿Cuántas saben que la configuración de ese delito de genocidio fue determinada por el poder judicial en tres resoluciones consecutivas en distintas instancias, y que ya no es posible su revocación?[2] ¿Cuántas saben que Luis Echeverría Álvarez, quien era secretario de Gobernación en 1968 y luego presidente de la República, permaneció dos años y medio en prisión domiciliaria precisamente por estar indiciado en el caso de Tlatelolco?
¿Cuántas saben que Luis Echeverría no ha sido exonerado, que puede ser sentenciado como responsable del genocidio y que obtuvo su libertad sólo de forma condicional? ¿Cuántas saben que la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp) integró 54 investigaciones que incriminan a los altos mandos del Ejército que tuvieron a su cargo distintas tareas para borrar las pruebas del crimen y recoger los cuerpos de las víctimas? ¿Cuántas saben que en el ámbito del Poder Legislativo, el 20 de diciembre de 2011 se logró que se reformara el Artículo 18 de la Ley sobre el Escudo, la Bandera y el Himno Nacional, para que se incluyera como fecha de luto nacional al 2 de octubre: aniversario de los caídos en la lucha por la democracia en la Plaza de Tlatelolco en 1968?[3]
¿Cuántas tienen idea de la importancia simbólica de esa reforma legislativa, la cual implica que “al igual que cada 13 de septiembre, aniversario del sacrificio de los Niños Héroes de Chapultepec, el 2 de octubre el lábaro patrio debe ser izado a media asta en todas las escuelas, templos, cuarteles, guarniciones militares, edificios públicos, embajadas y consulados”, como lo ha señalado el Dr. Raúl Jiménez Vázquez?
Sin duda son muy pocas las personas que –a pesar de ser lectoras de diarios y revistas y seguidoras de noticieros– están enteradas de los logros de quienes han dado batallas en el terreno mismo de los poderes del Estado y también en el de la sociedad.
Lo conseguido hasta ahora tanto en el ámbito del Poder Judicial como en el del legislativo no habría sido posible si miles de miembros de la generación del 68 no hubieran desarrollado distintas actividades para transmitir sus experiencias a las nuevas generaciones y si no se hubieran manifestado en las calles, en las escuelas y en otros espacios para expresar una demanda que se sintetiza en una consigna: ¡Esclarecimiento de los hechos y castigo a los culpables! y lo que debe entenderse como un reto con el que están comprometidos: que el 2 de octubre no se olvide.
Los alcances y los límites de los falsificadores
Pero siendo tantos los miembros de la generación del 68 y de las nuevas generaciones que tenemos una identidad ideológica con esa demanda, con ese compromiso y en general con el movimiento estudiantil de esos años, resulta extraño el desconocimiento de las batallas por la justicia y la verdad al que nos hemos referido. Esta paradoja puede explicarla cualquiera que trate de investigar cuántas notas periodísticas han dado cuenta de la información de lo que aquí se ha dicho al formular las preguntas iniciales.
El ocultamiento en los medios de comunicación de los triunfos parciales obtenidos ha venido acompañado del silencio sobre los reveses que también han infligido a esta lucha los poderes del Estado y los grupos de poder que actúan en México. Aquí me referiré sólo a algunos.
Para dar curso a la impartición de justicia la Procuraduría General de la República debió hacer las consignaciones de las 54 investigaciones ministeriales (a militares), pero en lugar de eso las congeló y además extinguió ilegalmente a la Femospp.[4]
No obstante, la existencia misma de esas investigaciones ministeriales va en contra de quienes le apuestan al olvido, en tanto que el Comité 68 continúa trabajando para que se haga la consignación de los 54 militares indiciados y se reactive el caso de Luis Echeverría.[5]
Aunque los medios de comunicación no recojan las denuncias que hacen los líderes estudiantiles del movimiento del 68 que interpusieron la demanda judicial 30 años después de ocurrido el genocidio, ni las declaraciones de quienes los hemos respaldado, acompañado y hecho nuestra su decisión de avanzar jurídicamente, estamos convencidos de que la verdad y la justicia pueden tardar, pero terminan imponiéndose, más aún porque sabemos que el delito de genocidio “debe ser perseguido independientemente del lugar y la fecha cuando se haya cometido”, de acuerdo con la Convención sobre la Imprescriptibilidad de los Crímenes de Guerra y de los Crímenes de Lesa Humanidad.
Hoy persiste también la intención de quienes han trabajado para que el 2 de octubre sí se olvide o, en su defecto, para imponer una versión distorsionada de lo ocurrido en esa fecha y de las características del movimiento estudiantil. En ese propósito están empeñados no solamente los responsables gubernamentales y sectores de las clases dominantes en México, sino también una serie de personajes que son promovidos para crear opinión.
La presencia en diversos espacios de un grupo de editorialistas que aparecen ante la opinión pública con una imagen de “personalidades académicas críticas y progresistas” ha permitido que “su verdad” niegue hechos tan objetivos como son las resoluciones del Poder Judicial, pero no sólo, también han desplegado sus esfuerzos en promover su versión de los hechos, la cual inicialmente se expresó el 3 de octubre de 1968 y en todo momento se ha evidenciado como falsa.
Se trata de la declaración hecha por uno de los miembros del Consejo Nacional de Huelga (CNH), quien declaró a la prensa que el Ejército se había presentado en Tlatelolco el día anterior sólo para disuadir a los manifestantes para que se retiraran y que los disparos que había lanzado durante la primera media hora eran balas de salva. Esta declaración se publicó en los diarios una semana después.
De los 300 miembros del CNH sólo uno, Marcelino Perelló, afirmó que el propósito del Ejército había sido la persuasión. Después de 10 años de silencio, retomó esa versión y la continuó defendiendo durante las siguientes cuatro décadas. Pero la información en la que basó “su verdad” la obtuvo, según él mismo lo declaró, de lo que le platicó un tal Del Bal quien, por una misteriosa razón, supo cuál era el propósito del Ejército.[6]
Esa versión no logró prosperar ni siquiera en el ámbito del Poder Judicial, aunque él se presentó a ratificarla ante la Femospp, pues los líderes estudiantiles que interpusieron la demanda sí lograron probar palmariamente el propósito de la masacre, por el que se configuró el genocidio.
El fracaso de los falsificadores respecto a lo que llaman “su verdad” es visto por ellos mismos como la pérdida de una batalla, pero creen que podrán ganar la guerra simplemente negando, o al menos ocultando, que el genocidio en Tlatelolco es una verdad jurídica firme y definitiva, por eso es que abiertamente dicen lo que se proponer trabajar sobre los hechos del 1968 es la narrativa”. Esto muestra la enorme importancia política que tiene “la disputa por la historia”.
Versiones sin sustento fáctico en la “disputa de la narrativa”
Es así como han echado a circular la formulación de que “sería un crimen reducir el movimiento estudiantil de 1968 al 2 de octubre”. Con esto pretenden aparentar una originalidad que no es tal y diferenciarse de una posición que no existe, de forma que a los únicos que les pueden ganar con esta “narrativa” son a los monos de paja que sólo están en su imaginación, pues está perfectamente documentado que quienes más han hablado de lo ocurrido en esa fecha en Tlatelolco son también los que más han analizado, documentado, reivindicado y difundido aspectos múltiples del movimiento.  En donde sí se diferencian los defensores de esa particular versión respecto a la casi totalidad de las voces es en que ellos tienen el propósito de que el 2 de octubre se vea como un día más.
Pero también en esto están condenados a fracasar porque hay suficientes elementos para documentar que precisamente el 2 de octubre fue cuando se provocó que la composición del CNH cambiara, debido a la represión que aplastó al movimiento y detuvo a miles de sus participantes, entre quienes se encontraban sus principales líderes, los cuales permanecieron más de dos años en prisión. El rumbo que tomó el movimiento hasta el 5 de diciembre, cuando se levantó la huelga y el peso que tuvieron varios de los nuevos dirigentes en este periodo es un aspecto del que poco se ha hablado, por lo que analizarlo es una tarea pendiente.
Sólo un puñado contra la historia
La versión que sin fundamento alguno se impulsa desde posiciones de poder y con cuantiosos recursos, ha estado presente en las cinco décadas más recientes; sin embargo no ha logrado constituirse en eso que ahora se llama “posverdad”, y que se centra en la idea de que “es más importante que la propia verdad algo que aparente serlo”, lo cual es cierto sólo para efectos de manipulación ideológica y política.
Como todas las posverdades, la que se pretende construir sobre el 68 se ha basado en la máxima fascista de Goebbels, “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”; sin embargo la historia es mucho más que la manipulación circunstancial de la opinión pública y, hasta ahora, ni siquiera esa maniobra se ha impuesto, pero se sigue impulsando con la estrategia de presentarla bajo la autoría de aparentes simpatizantes del movimiento y en esencia se centra en tres puntos fundamentales: 1.- El 2 de octubre fue una masacre, pero la intención del Ejército y de los gobernantes no fue premeditada, por lo que no constituyó un genocidio. Este punto se vincula con el siguiente; 2.- El 2 de octubre fue un día más en el movimiento. Con esto lo que se pretende es desacreditar, o en su defecto, minimizar la importancia de las conmemoraciones de esa fecha emblemática; y 3.- La violencia del Ejército tiene como contrapartida la violencia de sectores del movimiento que desarrollaron una estrategia armada.
El tercer punto corresponde a la “teoría de los dos demonios”, que es la misma con la que en Argentina algunos “intelectuales” intentaron –también inútilmente– justificar a los militares que fueron sujetos a juicio durante el periodo en que gobernó Néstor Kirchner. Vale recordar que el gobierno mexicano nunca logró aportar el menor indicio de la supuesta existencia de columnas guerrilleras en el movimiento estudiantil de ese año, como quiso hacer creer a la sociedad mexicana e internacional para así presentar la matanza en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco como una respuesta obligada del Ejército a los ataques armados de los que había sido objeto.
Como se puede apreciar, los puntos de esta posición política no son recientes ni originales. El primero arrancó desde el 3 de octubre de 1968; el segundo se ha impulsado en sectores estudiantiles desde la década de los 70, cuando se calificaba de “necrófilos” a quienes se movilizaban con la consigna de no olvidar el 2 de octubre y se les atribuía falsamente que no consideraban que el movimiento había sido liberador, alegre y lúdico; en cuanto al tercero, la idea de que en el movimiento estudiantil había prácticas violentas se promovió desde antes de la masacre, no sólo con los discursos del presidente Díaz Ordaz, sino que se esparcía la versión de que había un brazo armado del movimiento.
La “nueva narrativa” lo único que tiene de nuevo son los personajes que se han sumado: se trata de investigadores con influencia política por haber sido formados como académicos; algunos de ellos son agudos críticos del PRI y del gobierno y cuentan con cierta legitimidad social, pues en sectores relativamente calificados se les aprecia porque se les considera democráticos y progresistas. El perfil de éstos ciertamente difiere mucho de los anteriores investigadores, como el del autor de “El Móndrigo”, quien, amparado en un seudónimo, publicó este pasquín en el que presentó a los líderes más destacados del movimiento (sin referirse a ellos por su nombre, sino sólo describiendo sus características físicas y otros detalles) como ejecutores de una supuesta violencia criminal. Los nuevos investigadores encargados de distorsionar lo ocurrido, aunque se vistan de seda, encargados se quedan.
Conclusión
Los archivos del general García Barragán, narrados por Julio Scherer García, en su libro “Parte de Guerra” son clave para comprender lo que sucedió en aquellos meses aciagos del segundo semestre de 1968. Traza un retrato de las principales autoridades de entonces y de la trama, “Misión Azteca” Orden Preparatoria N°1 clasificada como SECRETO 29/07/1968, que tuvieron durante el movimiento estudiantil, incluso en los meses y años que siguieron, cuando se nos disfrazó la verdad, cuando se ocultó la verdad. Una visión bélica que el gobierno de la República tuvo, desde el principio de un conflicto que debió ser solamente estudiantil.
El movimiento estudiantil representa un parteaguas en la historia reciente de México, fundamental porque a partir del 2 de octubre, en que se dio fin a las demandas de justicia de los estudiantes, México fue otro país. Otro, porque se cerraron los conductos de libertad; otro, porque se perpetuo un sistema político que todavía nos asfixia; otro, porque la sociedad quedó herida, lacerada por el asesinato de su juventud; otro, porque nunca se ha podido saber la verdad y el origen de las decisiones de gobierno y tuvimos que conformarnos con declaraciones vanas; otro, porque mientras llorábamos y lloramos a los muertos, se hablaba de salvaguardar a las instituciones.[7]

EN EL UMBRAL DE UN POSIBLE Y ANUNCIADO CAMBIO DE RÉGIMEN, 50 AÑOS DE IMPUNIDAD, SERÍA OFENSIVO E IRRESPONSABLE, MANTENER AL EJÉRCITO EN LAS CALLES, EN ARAS DE BUSCAR LA PACIFICACIÓN DEL PAÍS.

[1] Los textos de esta publicación forman parte de dos libros en proceso por parte de la UNAM y se reproducen con la autorización de sus editores: Aquí y Ahora. A 50 años del movimiento estudiantil de 1968, coordinado por el Dr. Ricardo Valero y México 1968 – 50 años. Imágenes y símbolos contestatarios. Repercusiones del Movimiento estudiantil, coordinado por los maestros Arnulfo Aquino y Jorge Pérez Vega.
* Carolina Verduzco Ríos. Integrante del Comité 68 Pro Libertades Democráticas; profesora de la Escuela Superior de Economía del Instituto Politécnico Nacional; directora general del semanario Corre la Voz durante 14 años.
[2] La última resolución fue dictada por el Quinto Tribunal Colegiado de Circuito en el Amparo en Revisión 132/2007. Esta sentencia puede consultarse en su versión pública en la siguiente dirección electrónica: http://www.dgepj.cjf.gob.mx/internet/expedientes/ExpedienteyTipo.aspTipoAsunto=11&TipoProcedimiento=979&Expediente=132%2F2007&Buscar=Buscar&Circuito=1&CircuitoName=PRIMER+CIRCUITO&Organismo=48&OrgName=Quinto+Tribunal+Colegiado+en+Materia+Penal+del+Primer+Circuito&TipoOrganismo=0&Accion=1
[3] El decreto puede consultarse en:
[4] Dado que esa fiscalía fue creada por un decreto presidencial, la PGR no tenía la facultad de desaparecerla; su extinción sólo hubiera procedido mediante otro decreto presidencial.
[5] Se ha orquestado una campaña para hacer creer que Luis Echeverría fue exonerado, lo cual es falso; su liberación fue condicional, no definitiva, porque aunque el Poder Judicial sentenció que los hechos del 2 de octubre constituyeron un genocidio, y esta verdad ya no es susceptible de revocación, simultáneamente se ha rehusado a procesar a los indiciados por este delito, Echeverría y 54 militares acusados no han sido condenados ni absueltos, hasta ahora.
[6] http://www.proceso.com.mx/124429/marcelino-perello-relata-y-acusa Sesentayocheros.indd 7 15/08/18 22:14
[7] Julio Scherer García y Carlos Monsiváis “Parte de Guerra: Tlatelolco 1968. Documentos del general Marcelino García Barragán. Los hechos y la historia”, Ed. Nuevo Siglo/Aguilar, México 1999. 269 pp.

Políticamente, el movimiento estudiantil del 68 nunca fue vencido: Hernández Gamundi

Su lucha sigue vigente

Pese a la brutal represión ocurrida en Tlatelolco hace 50 años, el movimiento estudiantil de 1968 nunca fue vencido políticamente y su lucha contra la violencia y el autoritarismo sigue vigente hoy en los jóvenes que demandan erradicar a los grupos porriles de los planteles, señalaron integrantes del Comité 68.
En un foro realizado ayer en el Instituto de Investigaciones Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México, Félix Hernández Gamundi, uno de los dirigentes del entonces Consejo Nacional de Huelga (CNH), recordó –ante un auditorio integrado casi en su totalidad por jóvenes– cuáles fueron las condiciones que propiciaron el surgimiento del activismo estudiantil hace medio siglo.
A pesar de que en ese momento la economía del país funcionaba relativamente bien y existía la sensación de que el acceso a la educación superior podía garantizar la movilidad social, también había un fuerte autoritarismo en prácticamente todas las esferas de la vida pública, lo que llevó a los estudiantes a manifestarse para exigir mayores libertades civiles.
Al cuestionar el modelo presidencialista, rememoró Hernández Gamundi, los jóvenes conformaron de manera espontánea un movimiento pacífico, formado en su mayoría por personas sin ninguna militancia previa que fue aplastado militarmente en Tlatelolco, pero no vencido políticamente.
El integrante del Comité 68 enfatizó que al participar en la Marcha del Silencio convocada por el actual movimiento estudiantil contra el porrismo, sintió enorme orgullo y emoción al ver que los jóvenes de hoy siguen alzando la voz contra el autoritarismo y la violencia, dos herramientas que el gobierno nunca ha dejado de utilizar, sino que incluso las sofisticó.
El economista y sociólogo Enrique Leff, también ex integrante del CNH, destacó que además de una reacción al autoritarismo del gobierno de México, el movimiento de 1968 también fue producto del ánimo emancipatorio y de la búsqueda del sentido de la vida de los estudiantes de esa época.
Tomar las calles y manifestarse por más libertades democráticas, recalcó, no sólo era un acto de rebeldía, sino una forma de romper las inercias de un modelo político que oprimía la capacidad de las personas para repensar el mundo.
Ayer también se llevó a cabo el conversatorio A 50 años de la masacre de Tlatelolco: violencia del Estado y derecho a la justicia, en el Museo Memoria y Tolerancia, donde Alan García, representante del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, aseveró que la causa de las garantías individuales en México no podría explicarse sin el movimiento estudiantil de 1968.
Asimismo, García invitó a recuperar el espíritu reflexivo y transformador de esa generación para analizar la vigencia de las formas de control, las violencias y la opresión que aún subsisten, y resaltó que aunque el México de hoy no es el de hace 50 años, es pertinente preguntarse cuál ha sido y es el rol del Ejército.

Fernando Camacho y Ana Langner
Periódico La Jornada

Se necesitaron 12 horas para tomar el Casco de Santo Tomás

El 68 a medio siglo

Fue un enfrentamiento desigual, relata médico testigo de la trifulca


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▲ El Ejército vigilaba la zona aledaña al Casco, después de la toma del 23 de septiembre.

En el asalto militar fueron cercadas las instalaciones politécnicas. Se utilizaron 15 carros blindados y seis transportes con 600 militares, se abrió fuego con ametralladoras, catearon todos los edificios del casco y capturaron, entre culatazos y golpes, a cientos de estudiantes que se encontraban dentro de las instalaciones. Los elementos de la policía judicial ingresaron con rifles M-1 y lanzagranadas. También reapareció el Batallón Olimpia, que tan sólo unos días después, el 2 de octubre en Tlatelolco, tendría un papel central en la matanza.
Oficialmente, en la toma del Casco de Santo Tomás hubo sólo cuatro muertos, dos por bando entre estudiantes y policías, y casi 49 heridos, la mayoría uniformados, de acuerdo con el informe de la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (Femospp). No obstante, se habla de decenas de muertos y desaparecidos esa noche.
¡No salgan, muchachos, no salgan, los van a matar! ¡Por Dios, no salgan!, gritaba desesperada una joven enfermera desde una de las ventanas del último piso del Hospital de la Mujer, ubicado apenas a 100 metros de distancia de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas, donde se desarrollaba el choque principal entre estudiantes y fuerzas de seguridad, según relata Igor de León, médico que tuvo la guardia esa noche en el nosocomio.
En su libro La noche de Santo Tomás ofrece su testimonio y recoge el de sus compañeros, doctores y enfermeras, sobre lo que vivieron y vieron durante esas horas de represión, cuando a sangre y fuego fueron tomadas las instalaciones politécnicas.
“Hoy he visto choques sangrientos, enfrentamientos desiguales: ambos están armados. ¡Pero qué diferencia de armas! Pistolas calibre 22 contra fusiles M-1. ¡Bazukas contra bombas molotov! De un lado están elementos capacitados para el uso de las armas; son técnicos. En cambio, en el otro, apenas si saben usarlas… luego, la cantidad de elementos humanos. ¡Uno contra 10!”, escribió el médico sobre lo ocurrido esa noche en Santo Tomás, uno de los hechos poco divulgados del 68 mexicano.
Esa misma noche, Zacatenco fue tomada sin enfrentamientos pero sí con violencia, en una acción en la que participaron mil soldados trasladados en 13 tanques ligeros y 30 transportes. También fueron usadas 59 patrullas de la policía preventiva y 150 agentes judiciales, quienes rodearon el conjunto de instalaciones educativas.
Casi de manera simultánea, luego de enfrentamientos, elementos militares se apoderaron de la Vocacional 7, de acuerdo con datos de la misma Femospp, que concuerda con los testimonios de ex dirigentes y estudiantes presentes en esos sitios.
La violencia contra la comunidad politécnica fue mucho mayor, señala el documento de la Femospp, el cual también asegura que esa noche se dieron no sólo detenciones, heridos y muertos, sino desapariciones forzadas.
De acuerdo con Hugo Velasco, egresado politécnico y quien vivió gran parte de las primeras horas de aquellos hechos, la comunidad estudiantil se preparaba para resistir ante los elementos policiacos, pero no para enfrentar al Ejército. Ese 23 de septiembre, el rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, presentó su renuncia tras la ocupación de Ciudad Universitaria, cinco días antes. Era previsible que el siguiente paso era la toma del IPN.
La defensa de las instalaciones emprendida por los estudiantes se inició poco después de las 17 horas del 23 de septiembre, cuando ya habían colocado infinidad de camiones de transporte público alrededor de las escuelas a modo de barricadas. En las primeras horas el choque fue contra granaderos y policías, pero la resistencia de los jóvenes, muchos de ellos procedentes del interior del país y que vivían en casas de estudiantes, fue férrea y se prolongó por varias horas. En la refriega se vieron obligados a subir a la azotea del edificio de ciencias biológicas para desde ahí continuar la defensa.
Tuvo que llegar el Ejército en las primeras horas del día 24 de septiembre para poder tomar el Casco de Santo Tomás, última trinchera del movimiento estudiantil, que no se había rendido, pero los días de las manifestaciones de protesta estaban ya contados.

Foto archivo del IPN
José Antonio Román y Arturo Sánchez
Periódico La Jornada

El 68, con letras de oro al muro de honor en San Lázaro

El 68 a medio siglo

La Cámara de Diputados aprobó ayer, por unanimidad de los 453 legisladores presentes, inscribir con letras de oro en el muro de honor la leyenda Al movimiento estudiantil de 1968, que será develada en la sesión solemne del 2 de octubre.
Legisladores de distintos partidos expresaron que no basta recordar la masacre en el muro de honor, sino también es necesario hacer justicia a las víctimas, castigar a los responsables y rescatar la comisión de la verdad, instalada en el sexenio de Vicente Fox pero que se dejó en el olvido.
El diputado Manuel López Castillo fue más allá: exigió que se borren de la memoria nacional, calles y escuelas los nombres de personajes como Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría: “Este pleno debe pedir que se borren los nombres de quienes fueron unos criminales y se pronuncien para que se les llame ‘criminales’, para vergüenza de sus descendientes”.
Ceremonia en el Zócalo
Pablo Gómez Álvarez (Morena) sostuvo que el movimiento fue protagonizado por la juventud intelectual de México de aquel entonces en pro de las libertades democráticas y adelantó que el 2 de octubre se hará en el Zócalo una ceremonia en memoria de los estudiantes asesinados.
Su compañero de bancada, Hirepan Maya Martínez, sostuvo que persiste la deuda histórica del Estado mexicano con los estudiantes de 1968: No basta con unas letras de oro cuando seguimos teniendo avenidas, calles y colonias que ostentan el nombre de los represores del movimiento social y estudiantil.
Para Tonatiuh Bravo (Movimiento Ciudadano), la comisión de la verdad del foxismo efectuó una investigación judicial con limitaciones, por lo que el lunes su bancada propondrá constituir una instancia que llegue al fondo y ayude justamente a la recuperación histórica y a la memoria del movimiento.
Por el PRD, Mauricio Toledo Gutiérrez indicó que no se puede sólo recordar al movimiento con unas letras de oro si no hay justicia, si se pasean por las calles quienes torturaron y mataron y desaparecieron a estudiantes en 1968. Agregó que el mejor recuerdo es que nunca más existan gobiernos autoritarios y represores en México y se esclarezca el asesinato de los estudiantes.

Roberto Garduño y Enrique Méndez
Periódico La Jornada

El 68 y los medios de comunicación: los gritos del silencio

Excélsior.-“Recio combate al dispersar el ejército un mitin de huelguistas”.
El Universal: “Tlatelolco, campo de batalla”.
El Heraldo de México: “Sangriento encuentro en Tlatelolco”. “26 muertos y 71 heridos. Francotiradores dispararon contra el ejército: el general Toledo lesionado.
Novedades: “Balacera entre francotiradores y el ejército, en Ciudad Tlatelolco”.
El Día: “Muertos y heridos en grave choque con el ejército en Tlatelolco”.
El Sol de México: “Responden con violencia al cordial llamado del Estado. El gobierno abrió las puertas del diálogo”.
Como claramente se ve, las palabras “represión”, “matanza”, “ejecución” estaban ausentes de los titulares. El sometimiento de los medios impresos y más el de los electrónicos fue total, no sólo al día siguiente de la matanza del 2 de octubre sino durante toda la cobertura del Movimiento Estudiantil.
No había otra “línea” en las líneas ágata de los periódicos más que la dictada desde las oscuras oficinas de la Secretaría de Gobernación, encabezada por el instigador de la matanza, Luis Echeverría, o la sumisión absoluta al abogado de barandilla Gustavo Días Ordaz transformado en presidente de la República en los momentos más delicados de la nación.
Carlos Monsiváis, en su extraordinario ensayo-crónica El 68, La Tradición de la Resistencia resumió así la situación de un país de la unanimidad con el presidente de la República en los medios informativos:
“En 1968, al sistema informativo de los capitalinos lo norma la prensa (leída por la minoría significativa), la televisión (espacio de la mayoría crédula y distante) y el rumor, ocupado sobre todo en las alzas y las caídas de las fortunas políticas. El periodismo dominante es ‘totémico’, que apenas se lee pero se compra porque defiende las causas del lector. El anticomunismo es parte del sentimiento colectivo y el nacionalismo es todavía la ideología sentimental al uso”.
(Pp. 167-168).
Pequeñas “perlas” de protesta escandalizaron un absoluto divorcio de los periódicos ante la población: el cartón negro de Abel Quezada, con la pregunta “¿Por qué?” le valió una dura reprimenda del gobierno a Julio Scherer. director del Excélsior; la corbata negra, en señal de luto, de Jacobo Zabludovsky en la pantalla le valió una reprimenda del presidente Gustavo Díaz Ordaz.
Un poema de Rosario Castellanos, chiapaneca, priista y respetada fue apenas un destello de lucidez frente a una clase intelectual aplastada y controlada: “la Plaza amaneció barrida; los periódicos dieron como noticia principal el estado del tiempo”; el poeta Octavio Paz renunció a la embajada mexicana en la India, en medio de la indiferencia de los medios, siendo ésta la protesta más fuerte al interior del gobierno.
La indignación silenciada en los medios ante una matanza que excedió con mucho los 27 muertos oficiales (quizá 250 o más de 350, según los cálculos de los testigos) sólo es equiparable con el miedo a una represión más extendida. Sólo se puede contextualizar con la invisibilidad o la sanción en contra de eventos claves como la Marcha del Silencio del 13 de septiembre, la renuncia del rector Javier Barros Sierra el 23 de septiembre ante la ocupación militar de Ciudad Universitaria o la cobertura casi inexistente de los enfrentamientos y los muertos en el Instituto Politécnico Nacional.
Un tremendo silencio fue acrecentando la sospecha generalizada de una matanza de grandes dimensiones. Sólo la prensa extranjera retomó lo ocurrido como una matanza que cortó el vuelo del movimiento estudiantil mexicano, enlazado con el Mayo Francés del mismo año; las protestas por los derechos civiles en Estados Unidos; y lo ocurrido en Praga: la intervención rusa para frenar el intento de reforma del régimen comunista. El periódico británico The Guardian fue el primero en mencionar la cifra de 300 muertos, más decenas de heridos que llegaron a los hospitales capitalinos.
La periodista italiana Oriana Fallaci, presente el día de la matanza, escribió en la revista Look, el 12 de noviembre de 1968, el primer testimonio de una reportera que desmintió la versión oficial del ejército mexicano:
Después del anuncio, una chica de unos 17 o 18 años, con voz como de pajarito, dijo: ‘Quiero pedirles que permanezcan tranquilamente’. Todos aplaudieron. Luego, otro dijo: “Queremos enseñarle al gobierno que sabemos otras formas de lucha. El lunes, iniciaremos una huelga de hambre.
En ese momento, un helicóptero apareció sobre la plaza, bajando, bajando. Unos segundos después, lanzó dos luces verdes en medio de la multitud. Yo grité: ‘Muchachos, algo malo va a pasar. Ellos han lanzado luces’. Me contestaron: ‘Vamos, usted no está en Vietnam’. Pero yo repliqué: ‘En Vietnam, cuando un helicóptero arroja luces, es porque desean ubicar el sitio a bombardear.
No más de tres segundos después, escuchamos el fuerte ruido de carros militares acercándose y estacionándose bajo alrededor de los dos lados de la plaza. Los soldados saltaron con su ametralladora y abrieron fuego inmediatamente. No al aire, como para amedrentar, sino contra la gente. En seguida, nos dimos cuenta que en los balcones habían más soldados con ametralladora y pistolas automáticas. Habían estado ocultos. Me helé. Sócrates, el muchacho que tenía el micrófono, gritaba: “¡Compañeros, no corran, no se asusten. Es una provocación. Quieren atemorizar. No corran!”.
Las armas apagaron su voz. El volvió a gritar: “¡No corran!” y las armas volvieron a disparar. Había mujeres brincando por las escaleras y por las paredes con niños en sus brazos. Yo no tenía idea de a dónde ir y, de repente, escuché un fuerte ruido en las escaleras.
Estaban disparando y fuimos rodeados por policías vestidos de civil. Cada uno de ellos tenía un guante o un pañuelo blanco en su mano izquierda, para que pudieran reconocerse. Saltaron sobre los dirigentes estudiantiles y sobre mí. Uno me jaló los cabellos y me tiró contra la pared. Me golpeé la cabeza, me doblé y caí”.
El relato de Fallaci estremece aún. Fue una de las pocas crónicas periodísticas publicadas días después que rompió con la versión oficial. Líneas abajo, la periodista italiana relató que el tiroteo empezó a las 5:45 de la tarde. Ella fue herida cerca de una hora después. Y permaneció en Tlatlelolco hasta las 8:30 pm. Ella vino a cubrir Las Olimpiadas y se convirtió en una feroz crítica del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y le reclamó al gobierno italiano que retirara su delegación deportiva.
Fallaci no regresó a México. El Sol de México canceló los servicios de la United Press International (UPI) por la cobertura de su reportero Mike Hughes, quien llegó a mencionar la posibilidad de cancelar los Juegos Olímpicos.
Los ocho minutos del noticiario Excélsior
A pesar del férreo control gubernamental, hubo imágenes que no se pudieron evitar. El Excélsior era el responsable del Noticiero de Excélsior que se transmitía en la noche en el canal 2 del entonces Telesistema Mexicano (hasta 1972 se convertiría en Televisa).
Las imágenes eran una secuencia filmada desde el tercer piso del edificio Chihuahua, de Tlatelolco. La cámara estaba a ras del suelo y se veía a los líderes del Consejo Nacional de Huelga, tirados. Se escuchaban las ráfagas. El presentador afirmó que había ocurrido “algo muy grave, hubo un tiroteo”.
Monsiváis recordó en entrevista con Jesús Ramírez Cuevas que “después pasaron como ocho o 10 minutos al aire: se ve la gente tirada, se oyen los gritos, las quejas, los insultos, todos estaban tirados: el reportero que narraba y el camarógrafo. Nadie se levantaba. Luego se ve cuando entra un grupo civil y se lleva a los estudiantes, a los que se ve bajar las escaleras reptando en medio de la balacera. Ahí se interrumpe la transmisión”.
“Monsiváis propone una lectura: nada tuvo la contundencia de las imágenes de los jóvenes tirados en el piso. Ahí se ve a un movimiento pacífico pecho-tierra ante la conversión de la plaza en un campo de batalla. Esos minutos transmitidos por Excélsior fueron importantísimos. Era la prueba más contundente que no habían disparado los estudiantes ni habían resistido” (Masiosare, en La Jornada, 20 de octubre de 2002).
La revista Por qué, del periodista yucateco Mario Renato Menéndez fue la única que publicó un número con fotografías de jóvenes ejecutados, apilados en una barda. En su portada se leía: “La matanza. ¡Asesinos!. ¿Quién manda en México?”. La osadía le valió la cárcel a Menéndez, quien pasó algunos años en Lecumberri por órdenes de Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación.
Menéndez recordó en entrevista con El Mañana que fueron muchos periodistas quienes le dieron sus fotografías. “Todas esas fotografías estaba prohibido publicarlas. ¿Entonces qué pasa, qué ocurrió? Fotógrafos de los distintos medios se sintieron ofendidos y entraban a verme llorando, decían: ‘usted puede publicar, a nosotros nos prohibieron todo esto. Y yo estaba tan alterado también que eché para adelante todo” (El Mañana, 3 de octubre de 2015).
El 4 de octubre, a dos días de la matanza, se aprueba en la Cámara de Diputados un punto de acuerdo del PRI y del PARM que acusa a los estudiantes de ser “marionetas” y justifica la represión en respuesta al “clamor popular de que se mantuviera el orden público”. Incluso, el entonces diputado federal priista Víctor Manzanilla Schaffer, yucateco para mi desgracia, sentencia en la tribuna un silogismo memorable: “preferimos ver los tanques de nuestro ejército salvaguardando nuestras instituciones, que los tanques extranjeros cuidando sus intereses”. Por supuesto, fue la frase más destacada por los medios de comunicación.
La minoría de legisladores del PAN y del PPS, los dos extremos unidos en contra de la represión, rechazan el punto de acuerdo. El diputado panista Gerardo Medina les reprocha: “no hay diálogo, señores, porque las balas nunca han sido un instrumento de diálogo”.
La misma noche del 4 de octubre, Juan García Ponce, Nancy Cárdenas y Héctor Valdés llevan a Excélsior un manifiesto de protesta de la Asamblea de Artistas, Intelectuales y Escritores. Al salir, son detenidos por la policía judicial. Sólo la intervención del director del periódico Julio Scherer los libera horas después. Este manifiesto se convirtió en la primera descripción de lo que realmente sucedió en Tlatelolco:
“1.-El mitin, iniciado alrededor de las 17:30 horas, estaba desarrollándose en perfecto orden.
“2.-El primer orador estableció que después del acto, los asistentes debían retirarse de la Plaza, también ordenadamente.
“3.-No se hizo ningún disparo anterior a la intervención de la fuerza pública
“4.-El ejército no previno a los asistentes en forma alguna antes de la agresión.
“5.-La fuerza pública mantuvo un fuego intermitente.
“6.-La fuerza pública hizo detenciones masivas en forma ilegal.
“7.-Hasta el momento, hay un gran número de desaparecidos que fueron capturados en el lugar de los hechos por la fuerza pública, responsable de su seguridad.
“8.-Se allanó un gran número de hogares con lujo de violencia.
“9.-Ninguno de estos actos delictuosos puede ser justificado por las autoridades ni ha sido explicado legalmente”.
En Excélsior, el periodista José Alvarado publicó un artículo el 12 de octubre de 1968 con estos párrafos notables:
“Había belleza y luz en las almas de los muchachos muertos. Querían hacer de México morada de justicia y verdad: la libertad, el pan y el alfabeto para los oprimidos y olvidados. Un país libre de la miseria y el engaño.
“Y ahora son fisiologías interrumpidas dentro de pieles ultrajadas.
“Algún día habrá una lámpara votiva en memoria de todos ellos”.
El texto fue lo más osado. Sin embargo, “no hay reportajes de investigación, no es posible verificar el número de muertos, los funcionarios no conceden entrevistas, ocupados en pronunciamientos exterminadores”, recordó Carlos Monsiváis en el capítulo “La Prensa y los Poderes”, escrito para Tiempo de Saber, Prensa y Poder en México, en coautoría con Julio Scherer.
“Sólo a partir de 1971 se inicia, y no con rapidez, el conocimiento detallado de la matanza y del Movimiento Estudiantil, abordado en forma extraordinaria por el coro testimonial reunido por Elena Poniatowska en La Noche de Tlatelolco”, sentenció Monsiváis.
El libro de Poniatowska sigue siendo el más leído, vendido y referido para investigar lo ocurrido con el movimiento y con la matanza. Fue el primer material periodístico que rompió el cerco del silencio. Los gritos comenzaron a escucharse desde entonces, a pesar de la segunda matanza que fue el Jueves de Corpus, en el halconazo de 1971.
“La sangrienta conjura contra México” que señaló Gustavo Díaz Ordaz y que se reprodujo al infinito en las notas, artículos, reportajes, comentarios de aquellos años dejó una impronta que esperamos nunca vuelva a ocurrir: la mordaza autoimpuesta para callar la peor matanza de estudiantes en los últimos 50 años del país.
¿Qué le deben los medios mexicanos al 68?
Cincuenta años después, nos encontramos en las antípodas del 68 mexicano con todos sus contrastes. No podemos explicarnos la lenta, pero irreversible apertura de los periódicos mexicanos sin la herencia del 68. El golpe a Excélsior, ocho años después, fue también el mismo gesto represor de Luis Echeverría que dio la orden de correr a Julio Scherer y a su equipo, pero escondió la mano detrás de un supuesto conflicto de la cooperativa.
El “golpe a Excélsior” modificó para siempre el escenario de la prensa capitalina. Surgió el Unomasuno, nació la revista Proceso, considerada heredera de una tradición en contra de la censura diazordacista y echeverrista. En los años ochenta nació La Jornada, en medio de una trepidante batalla por informar más allá de la versión oficial frente a los sismos de 1985, cuyo epicentro trágico también se localizó en Tlatelolco.
La televisión y la radio mexicanas tardaron mucho más en cambiar. Ha sido muy lenta la apertura en los medios masivos mexicanos y muchos los intereses que se agolpan en torno al consenso de la derecha mediática frente a la represión del 68.
En 1969 el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz “castigó” a los concesionarios con un impuesto en especie, el 12.55 de los tiempos oficiales que, en realidad, fue un acuerdo de mutua conveniencia para el gobierno y para la cúpula empresarial de la radio y la televisión, a cambio de una sumisión al presidente en turno.
“Soldados del presidente”. Así describió Emilio Azcárraga Milmo, El Tigre, el mantra de los concesionarios frente al régimen que llegará a su fin el próximo 1 de diciembre.
La libertad de expresión y el derecho a la información, batallas que nacieron en paralelo con el Movimiento del 68, aún tienen nuevas plazas de Tlatelolco y nuevas marchas del silencio que defender y que cubrir. Nunca la libertad de expresión puede ser completa ni el derecho a la información es una causa plena, menos en un sistema que ha decidido sembrar la ignorancia a través de los medios masivos y una generación de jóvenes y adultos que se rebelaron en las redes sociales, pero que aún no encuentran espacios reales de deliberación, de diálogo y encuentro, y no meros desfogues de la ira o del malestar frente al derrumbe de una clase política.
El principal desafío que nos deja el Movimiento del 68 para los periodistas que nacimos después de Tlatelolco y vivimos el ciclo histórico de la próxima transformación es enorme: la historia no se repite de manera exacta, pero las conductas represivas de los poderes y la violencia contra el disidente, el libertario, el rebelde es una constante en una cultura política tan arraigada en el autoritarismo. Para ser jóvenes permanentes que acudimos a nuestra plaza simbólica de las Tres Culturas simplemente debemos tener presente que la mejor tradición que nos deja el 68 no es la del victimismo sino la tradición de la resistencia y de la búsqueda de la verdad.