6/21/2026

Samuel García y su clasista síndrome al estilo Susanita

Ana Lilia Pérez

"Con el Gobernador llegado al cargo por Movimiento Ciudadano son más manifiestas las prácticas de clasismo y discriminación promovidas por el propio Gobierno".

Samuel García y su clasista síndrome al estilo Susanita. Por Ana Lilia Pérez

En Nuevo León se observa con mayor nitidez la enorme brecha de desigualdad, uno de los problemas estructurales que enfrentamos en el país: la entidad tiene el municipio más rico de México y de toda América Latina (San Pedro Garza García), y otros donde parte de su población vive en niveles de pobreza extrema, como en General Zaragoza y Mier.

Es más, sin siquiera salir de un mismo municipio se ve ese contraste: en la zona metropolitana de su capital, sólo unas avenidas separan las exclusivas áreas residenciales con sus enormes arbolados terrenos verdes todo el año, las torres de modernos corporativos, lujosos centros comerciales y clubes; y al otro lado colonias y asentamientos urbanos sin siquiera servicios básicos, con calles quebradas y algunas incluso sin pavimentar.

Así de contrastante es la realidad en una entidad en la que algunas dinastías acumulan fortunas de las que se cuantifican entre los billonarios del planeta, y otros muchos viven en condiciones de precariedad, cuya consecuencia es no sólo la desigualdad económica sino la social.

En la entidad hay tal nivel de clasismo que hasta la tonalidad de la piel pesa más que en cualquier otra región del país; es decir, que entre más oscura la tonalidad son menos las oportunidades y mayor la vulnerabilidad. “El color de la piel” tiene un peso que incide en la desigualdad de oportunidades, mucho más que lo que ocurre en otras entidades, así lo concluye un estudio del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, que destaca que la desigualdad es también consecuencia de “una ausencia importante del Estado como mecanismo redistribuidor de oportunidades”.

Así que, independientemente del color de piel o de la cuna en que se nace, es al Estado, mediante sus instituciones de gobierno, a quien compete desarrollar y aplicar políticas públicas enfocadas en acortar esas brechas de desigualdad. Pero el problema se agrava cuando en los niveles de gobierno llegan juniors o mirreyes desconectados de la realidad, o que optan por “tapiarla” para seguir en su frívolo mundillo tiktokero.

Así ha ocurrido en Nuevo León, con su Gobernador Samuel García, y su esposa influencer Mariana Rodríguez, a quien promueve para que le suceda en el cargo, que han hecho de ese gobierno una extensión de su burbuja de socialités, a la que viven dedicados en sus redes sociales, la foto en Instagram, a video tras video de TikTok.

Desde su campaña era evidente que su sello sería la frivolidad, y así lo ha hecho disponiendo de manera discrecional de los recursos para su creciente gasto en su autopromoción y la de su esposa en campañas en redes sociales.

Con el Gobernador llegado al cargo por Movimiento Ciudadano son más manifiestas las prácticas de clasismo y discriminación promovidas por el propio Gobierno, como la más reciente decisión de mandar colocar muros, mallas recubiertas y lonas para ocultar las viviendas en zonas de mayor precariedad económica, aledañas a las avenidas y vías principales por donde transitan los turistas para el Mundial de la FIFA. Ya había mandado instalar macetones para tapar las imágenes que en la Plaza de los Desaparecidos muestran los rostros de personas víctimas de desaparición en Nuevo León.

Su decisión de poner bardas para ocultar viviendas en condiciones de precariedad ante la llegada de turistas y visitantes durante al Mundial, para “maquillar” la realidad de Nuevo León vuelve a evidenciarlo como clasista, discriminador, y lo chatarra y vacuo de su política fosfo fosfo.
Samuel materializó aquello que decía Susanita, el personaje que representa el clasismo, la frivolidad y egoísmo en la icónica historieta "Mafalda", del artista gráfico e historietista argentino Joaquín Salvador Lavado, "Quino".

En una de las viñetas Mafalda y Susanita caminan por la calle y ven a un hombre en situación de pobreza:

–Me parte el alma ver gente pobre– le dice Mafalda a Susanita.

–A mí también– le responde ella.

–¡Habría que dar techo, trabajo y bienestar a los pobres!– enfatiza Mafalda.

–¿Para qué tanto? Bastaría con esconderlos– le responde Susanita.

Lo más lamentable es que esa acción la realice un gobernador cuya tarea debía ser, precisamente, la aplicación de políticas públicas que resuelvan las problemáticas sociales y garantizar los derechos de la ciudadanía, incluido el respeto a la dignidad humana y los derechos a la no discriminación y a la no estigmatización.

Pero su ocurrencia le resultó contraproducente, porque el tema de las bardas generó enorme polémica y una amplia cobertura en medios de comunicación a nivel internacional.

Según publicó el periódico La Jornada, la Comisión Estatal de Derechos Humanos ya abrió una queja contra el Gobierno del estado, por esos hechos. En una entrevista la titular de la Comisión de Derechos Humanos dijo a ese diario que “Debe evitarse generar estigmatización, discriminación o mensajes que puedan asociar a determinadas colonias o comunidades con algo que debe ocultarse o aislarse; la dignidad humana debe ser el criterio central en toda decisión relacionada con el espacio público”.

Hay varios estudios elaborados por economistas, sociólogos y académicos, que evidencian cómo históricamente el grave problema de desigualdad económica y social en Nuevo León en distintos ámbitos tiene un impacto de mucha mayor intensidad para la población que lo que ocurre en otros estados. Incluso algunos de esos estudios fueron recuperados por la Secretaría de Igualdad e Inclusión de esas entidad para decir lo que supuestamente combatirían, pero evidentemente no ocurrirá mientras este en el cargo un perfil como el de Samuel García.

Las finanzas de su Gobierno están también ahora mismo bajo escrutinio en el Congreso de Nuevo León, derivado de que –hace unos días– la Comisión Anticorrupción aprobó el inicio del procedimiento para su juicio político por supuesto peculado y malversación de recursos por la triangulación de millonarios recursos públicos a empresas relacionadas con su familia.

El procedimiento deriva de una denuncia en que se detallan las operaciones mediante las cuales se habría realizado los desvíos de recursos del erario a los despachos jurídicos y de servicios fiscales propiedad de Samuel García y su padre del mismo nombre, mediante un entramado de empresas contratistas y factureras.

Samuel García y su padre Samuel Orlando García, son socios de dos despachos jurídicos dedicados a la recuperación de créditos fiscales constituidos en Nuevo León en los años 2014 y 2017.

Según la denuncia que dio inicio al procedimiento de juicio político, en años previos a que Samuel García asumiera la gubernatura, los ingresos de dichos despachos eran modestos, pero que, a partir del inicio de su campaña a la gubernatura, los ingresos de ambos despachos crecieron de manera exponencial; y que tras asumir la gobernatura los ingresos continuaron incrementándose estratosféricamente, porque provendrían de presuntos desvíos de recursos del gobierno del estado mediante un esquema de triangulación con empresas contratistas.

Se señala a las contratistas más favorecidas por el Gobierno estatal con contrataciones por servicios de alimentación en centros penitenciarios, campos policiales y eventos gubernamentales; otras por adjudicaciones supuestamente para obra carretera; otras más que habrían recibido contratos supuestamente para desayunos escolares y despensas para el DIF estatal, y que, según la denuncia, habrían utilizado factureras para transferir parte de esos recursos a los despachos de los García, y que luego una parte se habría usado para la autopromoción personal del gobernador y de su esposa en redes sociales.

Durante la sesión de la Comisión Anticorrupción del Congreso de Nuevo León en que se discutió el inicio del procedimiento de juicio político contra Samuel García se habló de un patrón continuo de “utilización indebida de recursos públicos”. Se fijó un plazo para que la tarde del 23 de junio Samuel García rinda declaración, ya sea de manera presencial, por escrito o por medio de un abogado sobre los graves hechos que se le imputan. También se requirió a varias dependencias documentos relacionados con las actas constitutivas y accionarias de las empresas, las declaraciones patrimoniales y de conflicto de interés; y de las contrataciones mediante las cuales supuestamente se habrían derivado las triangulaciones.

Según los señalamientos parte de esos recursos son presupuestos federales, por lo que en mayo pasado se habría presentado denuncia de hechos ante la Fiscalía General de la República por posibles conductas constitutivas del delito de peculado.

En las próximos semanas la solicitud de juicio pasaría al pleno, donde se requeriría de al menos dos terceras partes del Congreso para que se declare como procedente de manera definitiva; es decir, se requiere del voto de al menos 28 votos de los 42 diputados y luego se le notificaría al Tribunal Superior de Justicia.

Al parecer la pareja tiktokera que desde octubre del 2021 gobierna Nuevo León, cada vez resultan más parecidos a lo que para Veracruz fueron los Duarte-Macías: Javier y Karime, aquella pareja que repitiéndose aquello del “merezco abundancia” estafaron, malversaron, saquearon los recursos públicos en Veracruz.

El Mundial y la perri… ¡la mascota de Trump!

 Héctor Alejandro Quintanar

"Le salió el tiro por la culata a la perrita de Trump, porque se apersonó en un estadio con miras a atacar y resultó neutralizado".

El Mundial y la perri… ¡la mascota de Trump! Por Héctor Alejandro Quintanar

Esta videocolumna se publica un día antes del partido México contra Corea del Sur en el marco de la Copa del Mundo de 2026. A ese respecto, no se hacen predicciones, porque un análisis serio trata de decir qué ha pasado en vez de qué va a pasar. Quienes tenemos el enorme privilegio de ser voces publicadas, debemos jugar más de historiadores y menos de futurólogos.

Con esa premisa dicha, vale decirse que México jugó contra Sudáfrica con una cautela excesiva, con demasiados pases laterales sin profundidad, y con una generación ofensiva modesta ante un rival que era completamente a modo. Corea del sur tiene un vendaval veloz y muy técnico no por las laterales sino por el centro y buenos disparadores de media distancia, que lograron sacar la victoria ante nuestro querido equipo checo. Ese partido sí pinta para ser un medidor más ponderado de qué alcances, potencialidades y límites tiene nuestra selección.

Dicho esto, van asimismo aquí un trío de elementos qué destacar en este marco que representa el Mundial de Norteamérica 2026, bajo la tesis muy sabida, pero que no está de más recordar, que los campeonatos del mundo no son sólo vitrinas políticas, sino que en sí mismos son política pura, tanto para ocultar las miserias históricas, como pretendió la dictadura argentina que organizó la Copa del Mundo de 1978; como para exacerbar mentiras también históricas, como lo hizo Mussolini al convertir el Mundial de 1934 jugado en Italia en un asunto de Estado para demostrar la supuesta superioridad competitiva del fascismo.

Un primer elemento que debemos destacar es que este Mundial es inédito en un aspecto fundamental. En ediciones pasadas, muchos gobiernos dictatoriales y autoritarios pretendieron usar las Copas del Mundo para simular que los suyos eran países civilizados, incluyentes y respetuosos de los derechos colectivos. Así la Junta Militar liderada por el asesino Videla en Argentina, usó el lema de que en su país eran “derechos y humanos” y engañó a la mirada internacional en el Mundial de 1978 para ocultar la crisis humanitaria que vivía la nación sudamericana producto de la represión brutal; cuestión no muy distinta al Gobierno de Díaz Ordaz que, empecinado en resaltar a México como una especie de potencia periférica, no tuvo empacho en reprimir con brutalidad en las Olimpiadas de 1968 y pavonearse en el Mundial de 1970, jugado en nuestro país.

En este 2026, uno de los organizadores de la Copa, Estados Unidos, aparece como el verdadero país atrasado, porque su gobierno, encabezado por el criminal Trump, no sólo no disimula las bajezas autoritarias, sino que las presume. Es indigno que en una fiesta deportiva que se supone engloba la inclusión, la tolerancia y la unión de la humanidad, el postfascista Trump impide el paso a un país participante -Irán, mismo que Estados Unidos bombardea-, a cuya selección de futbol deja a su suerte en términos de seguridad, que debió asentarse en Tijuana, para hospedarse y entrenar ahí y sólo entrar 24 horas a Estados Unidos para jugar sus partidos y volverse a cruzar la frontera.

Mención similar amerita que negaran la entrada a Estados Unidos a un árbitro avalado por la FIFA, el somalí Omar Artan, arguyendo alguna estupidez racista, y que la máxima institución del futbol mundial no hiciera nada para proteger a su juez, quien debería ser un ejemplo y orgullo para todas las naciones; y lo mismo con el trato migratorio que le dieron tanto a selecciones africanas como a Uzbekistán en la potencia del Norte. La fiesta ha quedado manchada no por la mala conducta de los invitados, sino por la sevicia de uno de los anfitriones, que, volviendo a patrones propios de Orwell, ahora también deniega al español en conferencias de prensa post-partidos, a pesar de ser esa la lengua oficial de uno de los coorganizadores.

Un segundo elemento es el cinismo elitista. Esta columna no es ingenua. Se sabe que los mundiales son fiestas caras por definición. Pero al menos hasta hace poco era relativamente razonable poder contar con un boleto de ingreso y el mayor obstáculo era la fila virtual de las taquillas digitales de la FIFA, pero hoy, con precios impagables, se ha tornado en un espacio excluyente que ensucia el espíritu popular que siempre debe tener el futbol.

Un tercer elemento es más festivo. Y es que dentro de esa parafernalia impopular que se trató de hacer alrededor de la inauguración del Mundial en el Estadio Azteca (sí, ese es el nombre con el que habremos de referirnos a la majestuosa cancha sita en el Sur de la Ciudad de México), cuando, de forma oportunista, un evasor y vendedor de telechatarra, cuyo nombre se puede adivinar, quiso hacer uso del escenario para confirmar su campaña política, al aparecer caminando entre la gente y luego en medio de una zalamera entrevista banquetera que le hizo uno de sus empleados.

Pero donde no hay espacios controlados, usualmente los politicastros suelen terminar perdiendo y exhibiéndose como limitados y autoritarios. Le pasó a Peña Nieto en la Feria del Libro en 2011, cuando no supo nombrar tres tristes libros que hubiera leído en toda su zafia vida; le pasó en la Universidad Iberoamericana en mayo de 2012 cuando no supo afrontar las consecuencias de sus actos y los estudiantes le hicieron ver su suerte; o le pasó también a Díaz Ordaz al recibir abucheos en el Estadio Azteca.

Como no podía ser de otra forma, cuando el usurero evasor, cuyo nombre de poca monta no vale la pena mencionar, hizo aparición en la explanada del Estadio Azteca, recibió timoratos gritos a su favor de algún par de despistados, pero lo único memorable fue cuando, en un acto que quedó registrado en video y viralizado más tarde, un ciudadano le gritó ser “la perrita de Trump”. Es verdad que algún tufo grosero y sexista existe en el grito, que sin embargo se comprende por la actitud vil, con la que el usurero de marras ha tratado de irrumpir en la escena política, que es tan servil a los deseos de un perdulario sucio como Donald Trump.

Y, no puede pasarse por alto, el insulto recibido por el evasor, que a estas alturas su nombre no importa porque su bautizo político ya es ser “la perrita de Trump”, se dio en un espacio futbolero, ese de extracto popular donde a veces las palabras hieren con resabios culturales, pero también desazolvan el alma y a veces son descriptivas. Así, hay que decirlo, llamar a un tipejo “perrita de Trump” por su actitud fascistoide, pendenciera con el de abajo pero servil con el magnate, no es un simple apodo burlón sino toda una categoría descriptiva, que se une a otras igualmente ingeniosas y lúcidas como “Alcaldesa de poca monta”, “saco de pus”, “borolas”, “alto vacío” o “riqui riquín”, empleadas menos para agredir que para denunciar actitudes destructivas y malignas en la política mexicana.

De ese modo, le salió el tiro por la culata a la perrita de Trump, porque se apersonó en un estadio con miras a tratar de atacar y resultó neutralizado con un vocabulario que él usa. Con sus propias armas fue derrotado en un terreno donde él se pensaba ganador indiscutible. Ahí descubrió a la mala, o más bien a la merecida, que las calles no son las redes sociodigitales, y por más cuentas apócrifas y letrinas virtuales, estilo La Derecha diario, "Ventaneando" o "Hechos"; que emplee para ensalzar su apodo amigable, ese que es “tío perrichi”, o algo así, el golpe de realidad ya lo puso en su lugar con su memorable nombre de pila a partir de hoy.

Con esa doble victoria México se alzó el jueves pasado: en la cancha ante un rival que dio poco de sí, como Sudáfrica, y fuera de ella, cuando la gente puso en su lugar a un abusador económico y político serial que quiso llegar al Estadio como goleador batiente para encaminarse a un campeonato y terminó amarrado a un apodo, como mascota que mucho ladra porque sabe que ya no podrá morder.

La humillación a Salinas Pliego

 La humillación a Salinas Pliego

Historia de lo inmediato

Álvaro Delgado Gómez

"El propio Salinas Pliego ha dicho que se identifica con Donald Trump, el fascista Presidente de Estados Unidos".

La humillación a Salinas Pliego. Por Álvaro Delgado Gómez

La única vez que Ricardo Salinas Pliego ha bajado de su helicóptero y su yate para caminar unos metros entre mexicanos, a los que sueña con gobernar con una agenda de extrema derecha, ha sido un desastre para él y su proyecto presidencial. El repudio en su contra en el Estadio Azteca, donde esperaba ser aclamado en la inauguración del Mundial del futbol, se resume en una expresión sexista y misógina, “La perrita de Trump”, pero que corresponde al lenguaje vulgar y escatológico de este magnate que aún debe más de 15 mil millones de pesos de impuestos y a quien el Instituto Nacional Electoral (INE) debe documentar todos sus actos anticipados de campaña.

“La perrita de Trump” es un insulto a Salinas Pliego, pero él ha llamado “perras”, “brujas”, “marranas”, “textoservidoras” y “putonas del bienestar” a las mujeres mexicanas que detesta, define como “zurdos de mierda” a los hombres de izquierda y tiene una fijación con los homosexuales, lo sean o no. A la Presidenta Claudia Sheinbaum le dice, en tono burlón, “Presidente”, término que no usa, en su inmensa hipocresía, con la española Isabel Díaz Ayuso.

El presidente de Televisión Azteca y del Grupo Salinas ha sido siempre, también, un violentador que desafía las leyes y las instituciones, sobre todo desde que se volvió rebelde por no lograr que Andrés Manuel López Obrador y Sheinbaum le perdonaran su multimillonaria deuda de impuestos que no le cobraron los prianistas, y si bien puede considerarse vulgar el grito anónimo de “La perrita de Trump” que escuchó cuando llegó al Estadio Azteca para darse un “baño de pueblo”, rodeado de escoltas, familiares y empleados aduladores que le gritaron “Presidente, Presidente”, no es una expresión mentirosa.

El propio Salinas Pliego ha dicho que se identifica con Donald Trump, el fascista Presidente de Estados Unidos, de cuya toma de posesión fue patrocinador económico y a quien aplaude sus políticas fiscales, militares y migratorias, tanto como lo hacen el argentino Javier Milei, el ecuatoriano Daniel Noboa, el chileno José Antonio Kast y el salvadoreño Nayin Bukele, que son parte de los mandatarios ultraderechistas del “Escudo de las Américas” de América Latina, al que él quiere sumarse desde ahora como abierto aspirante a la Presidencia de México en 2030.

La afinidad de Salinas Pliego con el gobierno de Estados Unidos le viene de su padre, Hugo Salinas Price, quien no sólo nació en ese país, sino que fue parte estratégica de una operación secreta creada, dirigida y financiada por la CIA, en los años sesenta, para combatir a la izquierda en México, en la que participaron empresarios, medios de comunicación, grupos de choque como el MURO y la siniestra Dirección Federal de Seguridad (DFS), según los documentos desclasificados de esa agencia de desestabilización publicados este lunes en SinEmbargoMX.

La “Operación LIHUFF” de la CIA, de la que Salinas Price formó parte, es muy parecida al proyecto que ha articulado Salinas Pliego para ser Presidente de México: Con empresarios de la extrema derecha que lidera Claudio X. González, los principales medios de comunicación radiofónica, impresa, digital y televisiva —sin descartar a Televisa—, así como los académicos e intelectuales que se coaligaron en 2024, sólo que ya abiertamente más radicalizados a la extrema derecha.

En ese sentido, Salinas Pliego reúne los requisitos del modelo de la mejor derecha concebible, que Carlos Monsiváis definió como “estúpida, arrogante, atrasada y represiva”, y él es el mejor candidato posible, con una característica adicional: Tiene más abogados que ideas.

En política, ya se sabe, no hay nada definitivo y la expresión que ha sido tendencia desde el jueves 11 de junio con la etiqueta #LaPerritaDeTrump puede desvanecerse si no pasa de las redes sociales, pero es inobjetable que esa expresión lo ha dejado marcado hacia el futuro, sea o no candidato presidencial. Y si es, no tengo duda de que será un fiasco peor que Xóchitl Gálvez.

Por cierto, aunque afirma que ya no debe nada al fisco, Salinas Pliego tiene pendiente aún liquidar 14 de los 18 pagos mensuales por mil 107 millones de pesos cada uno. Sólo ha pagado los meses de marzo, abril, mayo y junio, así que aún le resta un total de 15 mil millones 498 mil pesos.

Salinas Pliego o “La perrita de Trump”, como ya le llaman sus malquerientes, es también un declarado aspirante presidencial para 2030 y es responsabilidad del INE registrar los actos anticipados de campaña, que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) ha definido como las acciones y mensajes que emiten los aspirantes a un cargo antes del inicio formal de las campañas y cuya finalidad esté relacionado con el llamado expreso al voto en contra o a favor de una candidatura o partido, o la solicitud de cualquier tipo de apoyo para contender en el proceso electoral.

“Hoy gana México 2-1… y en el 2027 y 2030 vamos a arrasar por goleada”, escribió Salinas Pliego en sus redes sociales cuando acudió al estadio a ver el partido de la Selección, que ganó 2-0 a Sudáfrica, y donde vistió una playera con el número 30 en la espalda.

Y luego de que Vicente Fox lo felicitó por el “gran paso adelante”, que representa su proyecto presidencial, Salinas Pliego mintió sobre el apoyo que recibió entre los aficionados: “La verdad es que me sorprendió el apoyo generalizado que sentí ese día. Da gusto ver a la gente animada y con ganas de hacer las cosas para reconstruir México”.

Cuando la democracia abandona al pueblo: una clase sobre política

 Cuando la democracia abandona al pueblo: una clase sobre política

Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"La paradoja es que las derechas hacen todas las trampas posibles mientras la izquierda es la única que cree en la democracia liberal".

Cuando la democracia abandona al pueblo: una clase sobre política. Por Juan Carlos Monedero

A Taty Almeida, madre de la Plaza de Mayo

Cuando se miran los discursos incendiarios de Abelardo de la Espriella en Colombia, de Ricardo Salinas Pliego en México, de Javier Milei en Argentina, de Nayib Bukele en El Salvador, de José Antonio Kast en Chile, de la familia Bolsonaro en Brasil o las extremas derechas españolas, queda claro que dan por amortizada la democracia parlamentaria. Dejan claro que les molesta y que les sobra. Nunca han aceptado perder las elecciones, pero ahora se han quitado los complejos.

Estas derechas amenazan a sus adversarios políticos e, incluso, a sus propios disidentes, señalan y estigmatizan a la izquierda en los medios y redes, los acusan y condenan con jueces prevaricadores, los inhabilitan de sus cargos públicos, los meten sin pruebas en cárceles de alta seguridad, les privatizan la sanidad, la educación, el agua, le entregan la vivienda a multinacionales y plataformas, persiguen a las familias de los líderes de izquierda o simplemente progresistas, limitan las manifestaciones y huelgas, persiguen a los sindicatos, se apoyan en EU para perseguir adversarios y ahora prometen con mandar al paro a una parte importante de la fuerza laboral por el uso de la Inteligencia Artificial.

Los pueblos que perdieron gobiernos progresistas que sacaron a millones de personas de la pobreza y devolvieron la dignidad a los sectores populares y a las clases medias, no están dispuestos a seguir perdiendo derechos y se han echado a las calles en Bolivia, en Argentina, en Chile, incluso en EU, y prometen hacerlo si gana en Colombia el abogado de paramilitares y narcos Abelardo de la Espriella. Porque, además, ese pueblo tiene la sensación de que les roban las elecciones con trampas comprando votos, manipulando los medios de comunicación, confundiendo en las redes, financiando campañas millonarias, acorralando en definitiva a la izquierda.

La pregunta de fondo es ¿con qué fin? Durante la guerra fría entre los EU y la URSS, los servicios secretos occidentales siempre usaron la violencia con falsa bandera para golpear a la izquierda. En Italia era común que atentaran para echarle la culpa a la izquierda, e, incluso, cuando islamistas atentaron en España en 2004, el entonces Presidente José María Aznar dijo que había sido ETA para intentar sacar rédito electoral.

¿Qué tiene que hacer la izquierda en un momento de vaciamiento democrático?

EEU, que se ha deslizado hacia una monarquía teocrática (aunque aún aguantan algunos jueces y algunos congresistas) ha perdido la guerra con Irán, que es una república teocrática. Lo que han acordado es humillante para Trump: reparaciones de guerra, fin de todas las sanciones, incluida las que frenaban la venta de petróleo y control iraní del Estrecho de Ormuz. Todo muy material. Lo único que interesa en este momento histórico son las cosas del dinero. Las cosas de la energía atómica es parte de lo mismo: a Corea del Norte no la tocan porque tiene armas nucleares. Y mientras todo el mundo habla de dinero, la izquierda, que siempre ha hablado de valores, está despistada como una cabra en un submarino.

¿Qué tiene que hacer la izquierda? Buenos diagnósticos y no tomar decisiones apresuradas. Si algo desearía la derecha mundial es que regresara la lucha armada.

Después de la caída de la Unión Soviética, toda la izquierda mundial entendió que la única vía de acceso al poder político era la vía electoral. Una parte importante de la izquierda ya lo había hecho después de la Segunda Guerra Mundial, ayudados por la puesta en marcha de los estados sociales en Europa y los estados desarrollistas en América Latina que justificaban la renuncia al asalto al palacio de invierno y la vía insurreccional. Salvo en los lugares donde la represión y la pobreza no dejaban muchas salidas.

Lo que Gramsci había explicado para los países europeos también vale para América Latina. Decía el político italiano nacido en Cerdeña que no era tan sencillo la toma del poder político como había hecho Lenin en Rusia en 1917. Esa “guerra de posiciones” no era posible en Italia porque la conciencia de los sectores populares era otra. Convenía una “guerra de movimientos” que había que entenderla como un ataque dual a las posiciones del viejo régimen: en primer lugar, un ataque ocupando espacios en el Estado entendido de forma ampliada, es decir, en los espacios más identificables del Estado, como parlamentos, municipios, puestos de funcionarios, judicatura, y también en los medios de comunicación, en la superbowl o en el mundial de fútbol. Esa ocupación paulatina de los espacios del Estado debía acompañarse, de ahí la idea de dualidad, de la lucha de masas en las calles que, hoy diríamos, es igualmente paulatina y va construyéndose en cada manifestación, en cada marcha, en cada protesta, en cada disidencia con voluntad democrática, es decir,  que reclama derechos para todos, no para una minoría, va actuando como una escuela de ciudadanía.

Después de la caída de la URSS, todo cambió. El 4 de febrero de 1992, tiene lugar en Venezuela la “Operación Zamora” o el 4F. El Movimiento Bolivariano Revolucionario- 200, liderado por Hugo Chávez y otros cinco tenientes-coroneles, se alzan contra el gobierno del Presidente Carlos Andrés Pérez, que había llegado al gobierno prometiendo no aplicar ajustes neoliberales y que, no solamente las aplicó, con enormes subidas del precio de la gasolina y de los transportes, sino que ante el levantamiento popular en Caracas, mandó reprimirlo a sangre y fuego en lo que se conoce como el Caracazo. El intento fracasó y los responsables pasarían dos años en la cárcel hasta que el Presidente Caldera los indultó.  El famoso “por ahora” de Chávez sería sustituido por la renuncia a la lucha armada, la presentación a las elecciones y la victoria en 1998.

El primero de enero de 1994, los zapatistas se levantan con las armas en Chiapas contra el gobierno neoliberal del PRI y la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio, que implicaba que los indígenas iban a perder los derechos sobre sus tierras. En San Cristobal de las Casas y en Ocosingo tuvieron éxito, con la toma como prisionero de guerra de un exgobernador de Chiapas, el general Absalón Castellanos Domínguez. Doce días después, y tras una oferta de diálogo del Presidente Carlos Salinas, dejan las armas reales y cargan fusiles de madera, lo que les da la presencia internacional y les llena de legitimidad en sus reclamaciones.

La caída de la URSS no era solamente el fin de cualquier ayuda militar en los levantamientos, sino que se disipó el referente hacia el cual, de manera consciente o inconsciente -porque se buscaba o porque así se lo atribuían los medios-, configuraba el espejo de la izquierda. Incluso en las fuerzas socialistas y comunistas que habían roto con la Unión Soviética, principalmente por el estalinismo, la desaparición de la patria de Lenin implicaba que toda la izquierda iba a ser vista como carente de proyecto alternativo.

Con el cambio de siglo, y desde la victoria de Chávez en 1998, la izquierda latinoamericana deja atrás la lucha armada y empiezan a ocupar los palacios de gobierno antiguos guerrilleros o militares que protagonizaron actos armados: Hugo Chávez en Venezuela, Daniel Ortega en Nicaragua, Álvaro García Linera en Bolivia, Dilma Roussef en Brasil, Salvador Sánchez Cerén en El Salvador, Lucía Topolansky y Pepe Mujica en Uruguay, Gustavo Petro en Colombia. Toda la izquierda asume el nuevo momento: el poder política se gana en las urnas. Y es precisamente el fin de la lucha armada lo que permite que la izquierda empiece a ganar elecciones. En España no hubiera existido el 15M ni Podemos si ETA hubiera seguido matando.

Hay una idea clave: los partidos de izquierda, los viejos y los nuevos, los dirigentes y los militantes, los votantes, los medios progresistas, los intelectuales, toda la familia de la izquierda abrazó el liberalismo político, esto es, la lucha electoral para autorizar a través de elecciones libres a los representantes políticos en el Poder Legislativo y en el Ejecutivo. Ayudó a que la izquierda asumiera esta democracia liberal no solamente que ya no había alternativa en el horizonte -recordemos que Francis Fukuyama publicó en 1992 el cacareado libro El fin de la historia- sino que los gobiernos de la llamada “década del cambio” pudieron cambiar algunas cosas:  juzgaron y encarcelaron a represores, redistribuyeron la renta, acabaron con el analfabetismo, establecieron derechos sexuales a las minorías, fomentaron la igualdad de la mujer, sacaron a millones de personas de la pobreza, abrieron las universidades a los sectores populares, impulsaron la sanidad pública, construyeron vivienda, regularon la economía en favor de los trabajadores y de la soberanía nacional, restablecieron una base fiscal en los Estados, nacionalizaron bienes esenciales, redujeron el poder de las multinacionales… No cambiaron el sistema pero se pudo empezar a hablar de “posneoliberalismo”. Y es aquí donde está la trampa: creyeron que el sistema era verdaderamente democrático.

Pero las élites latinoamericanas que, al igual que las europeas no supieron oponerse a las primaveras ciudadanas y a los levantamientos indignados,  empezaron a reaccionar, ayudados por unos EU que habían visto cómo perdían influencia en lo que siempre había sido su patio trasero y con los que habían sido sus socios privilegiados.

Y pasaron tres cosas:

  • La derecha se fue corriendo hacia la extrema derecha, que es una derecha que ya no está dispuesta a cumplir ninguna regla del contrato social. Allí donde había existido la democracia cristiana o derechas institucionales, dejó paso a Meloni, a Orban, a Macri, a Milei, a Bolsonaro, a AFD, a Noboa, a Narendra Modi, … Es lo que alguna autora ha llamado “nihilismo”, esto es, un momento político donde todo vale para la derecha. Donde se vota a líderes que te autorizan a dejar atrás los escrúpulos. Lo resumía Trump diciendo que podía disparar a alguien en la V Avenida y nadie le diría nada.
  • Esa extrema derecha empezó a hacerse “iliberal” (concepto adelantado por O’Donnell y acuñado por Zakaria), es decir, a cumplir con el requisito de hacer elecciones pero entrampando prácticamente todo lo demás. Incluido hacer trampas en las elecciones.
  • La democracia empezó a vaciarse a pasos agigantados. Colin Crouch lo había visto con claridad en su libro de 2004 “Posdemocracia”. Este politólogo británico sostenía que las democracias occidentales mantienen intactas sus formas externas —elecciones, parlamentos, libertad de prensa— pero han perdido su sustancia: el poder real ha migrado silenciosamente hacia las grandes corporaciones transnacionales (financieras y ahora tecnológicas), que condicionan las decisiones de gobiernos elegidos democráticamente sin responder ante ningún electorado. Este vaciamiento tiene su herramienta en partidos políticos convertidos en maquinarias de marketing sin arraigo social, en la privatización de funciones públicas que crea actores con acceso privilegiado al poder sin ninguna rendición de cuentas democrática (el ejército norteamericano ha nombrado tenientes-coroneles a ejecutivos de Meta, Palantir y OpenAI), y en una política reducida a espectáculo mediático donde el ciudadano es interpelado como consumidor y no como participante. Crouch señala además que la socialdemocracia europea fue cómplice activa de este proceso al aceptar las premisas del neoliberalismo, abandonando a sus bases sociales tradicionales y dejando sin representación a amplios sectores populares. La posdemocracia no es dictadura ni colapso: es algo más perturbador, inquietante. Una democracia que, además, ha encontrado su legitimación afirmando que no hay alternativa, con el populismo, en la lucha contra los inmigrantes, el nacionalismo excluyente o una defensa autoritaria de la seguridad.

La paradoja, como decía, es que las derechas hacen todas las trampas posibles mientras la izquierda es la única que cree en la democracia liberal y que respeta los fundamentos de estos sistemas.

Así tenemos que las derechas controlan la práctica totalidad de los medios de comunicación, además de, ahora, las redes digitales y las granjas de bots; con ayuda de la IA, mandan millones de mensajes personalizados a la ciudadanía; tienen una parte no pequeña de la judicatura (a la que captan con prebendas), de la policía y del ejército, que les ayudan en lo que precisan: el lawfare o la guerra jurídica contra los líderes de la izquierda es una constante en todas las democracias liberales. Con el apoyo de Trump, interfieren en las elecciones prometiendo catástrofes si la gente vota a la izquierda. O manipulan los votos del extranjero a través de los consulados. Manejan enormes cantidades de dinero para comprar votos, diputados, senadores o cargos públicos.  Se cambian las circunscripciones para perjudicar a la izquierda o las leyes electorales no cumplen el principio “un hombre, una mujer, un voto”, sino que se distorsiona para que los puestos de diputados y senadores sean mucho más caros para la izquierda. Se permite la financiación por parte de las empresas de los partidos políticos de la derecha, mientras que se estigmatiza a las fuerzas progresistas con mentiras; se reducen radicalmente la libertad de reunión, el derecho de asilo, el derecho de manifestación, de huelga. Se usan las nuevas tecnologías para vigilar a los ciudadanos.

Esta erosión de la democracia utiliza las herramientas de la democracia —mayorías parlamentarias, legislación ordinaria, nombramientos reglamentarios— para socavar sus fundamentos. No te manifiestas contra el nombramiento de este o aquel Juez, pero cuando dicta una sentencia prevaricando ya es tarde para protestar. No hay un momento de ruptura claro contra el que movilizarse. El sistema está lleno de selectividades, de inercias que la izquierda se había olvidado de que existen. Pero cuidado con otro error: no se trata de que haya un deslizamiento gradual, como sostienen Levitsky y Ziblatt, que impide que la sociedad perciba con claridad lo que ha ocurrido. Claro que esto ocurre, Pero lo relevante es entender que el sistema no está pensado para que gobierne la izquierda y haya un cambio en la composición de clase de nuestros países. Cuando eso pasa, las élites se rebelan y se hacen contrarrevolucionarias, mientras que la izquierda simplemente es parlamentaria. Esto tiene lugar en el ámbito nacional y ahora, con los planes de Trump para el mundo, también en la arena internacional.

Si la izquierda, además de reformista, no vuelve a ser revolucionaria y rebelde, vivirá en esta paradoja democrática. Esto implica que hay que seguir disputando los cargos institucionales con la pelea electoral (es más fácil cambiar al Estado que al capitalismo), pero que hay que acompañarla de una férrea lucha de masas en las calles en consonancia con los derechos y las obligaciones de los marcos constitucionales. Es decir, hay que cambiar la correlación de fuerzas, que es la que permite que puedan cambiarse las inercias en el Estado. Especialmente cuando la derecha quiera recortar derechos e inventar obligaciones.

Y mientras las élites, que son las que se benefician de la imposibilidad de cambios estructurales que brinda la democracia parlamentaria, disparan contra ella, la izquierda, que necesita formas más profundas de democracia que sean realmente participativas, defiende esta democracia demediada y luego se pregunta que cómo es posible que el pueblo vote a sus verdugos. El pueblo vota a sus verdugos porque la izquierda no es capaz de hacerse de una manera clara y decidida profundamente reformista, profundamente revolucionaria y profundamente rebelde.

La mediocridad del futbol mexicano: Parte 2

Mario Campa

"Una liga mediana y exportaciones chatas son causa de una selección nacional desnutrida, y también son efecto de estructuras condicionantes".

La mediocridad del futbol mexicano: Parte 2. Por Mario Campa

Arrancó el Mundial de futbol y, como cada cuatro años, las esperanzas de los mexicanos renacen de las cenizas. El tiempo dirá si “imaginar cosas chingonas” a la "Chicharito", quien envejeció bastante mal, reditúa. Entretanto, la ocasión invita a reflexionar sobre la mediocridad subestimada del futbol mexicano, tesis defendida en la videocolumna anterior (Parte 1). En síntesis, argumento que la prueba de ácido de calidad son los minutos totales de Champions League disputados por nacionalidad. En la pasada edición del torneo élite, Rodrigo Huescas y Obed Vargas apenas sumaron en conjunto 104 minutos para ocupar la nada halagüeña posición 76 en el ranquin de nacionalidades. En un futbol globalizado, el efecto esperado es una debilidad relativa de la selección nacional frente a sus pares, cuyos jugadores compiten al más alto nivel. Toca en esta Parte 2 sondar las causas.

Comienzo por el elefante en la habitación. En principio, poco impide que una liga local fuerte pueda nutrir a una selección nacional como sustituto de la exportación de jugadores a Europa. En el béisbol, por ejemplo, Japón gana Clásicos Mundiales aun con una exigua representación de nipones en Grandes Ligas, si bien la liga japonesa es considerada la segunda mejor y en ella predominan beisbolistas nacionales. Típicamente, en cualquier deporte el mejor reflejo de una liga local poderosa es que aun los contados jugadores exportados triunfen a nivel élite, como es el caso de Ohtani, Yamamoto o Murakami en MLB ahora mismo. Además, Japón paga bien a sus peloteros—segundos sueldos más altos del mundo—y ello no frena la exportación sustantiva. Si la Liga MX tuviera en verdad un alto nivel competitivo, varios futbolistas mexicanos o incluso extranjeros en México descollarían en Champions League. No es el caso.

Una liga mediana y exportaciones chatas son causa de una selección nacional desnutrida, y también son efecto de estructuras condicionantes. En cualquier mercado, un influjo de importaciones desmesuradas tiende a debilitar la capacidad productiva nacional. Incluye las fábricas de jugadores, conocidas como canteras. No obstante, para desenterrar la raíz de la mediocridad, es preciso indagar los motivos que facilitan la importación allende el diferencial de precio entre locales y extranjeros.

Un agente patógeno mayor del malestar del futbol mexicano es la debilidad del trabajo en relación al capital. No existe un sindicato formal. La Asociación Mexicana de Futbolistas (AMFPRO) carece de estatus legal, en buen parte por amenazas de los dueños. En muchas ligas del mundo, los sindicatos son los primeros en protestar contra la entrada masiva de trabajadores extranjeros. Para muestra, el Sindicato de Futbolistas Profesionales de Chile (SIFUP) votó en 2024 un paro indefinido que impidió el inicio del Torneo Nacional luego de que los clubes aprobaron aumentar el cupo de extranjeros de cinco a seis por plantilla. En muchas ligas deportivas, antes de cualquier paro, los dueños negocian las cuotas de foráneos con los sindicatos. Lo normal es la negociación, no la imposición desde arriba. Sin contrapeso al capital, que exprime el negocio como rentas, las utilidades inmediatas vía importaciones de alcance fácil sesgan la dirección del balón.

Esta asimetría de poder tiene otra implicación: una subinversión en las categorías formativas, gimnasios, analítica aplicada al deporte e instalaciones de práctica. Que la selección japonesa haya abandonado en la víspera del Mundial sus entrenamientos en el Centro de Entrenamiento Tigre de Monterrey por las malas condiciones de la cancha es mala señal. Otra muestra es que las categorías juveniles disputan torneos en divisiones etarias discontinuas (sub-15, sub-17, sub-20) por ahorro de costos, cuando Argentina y otros países segregan por años-calendario continuos, dando mejores perspectivas laborales a cientos de aspirantes más versus el modelo mexicano de austeridad abajo.

Otro síntoma de una debilidad del trabajo en relación al capital es la opacidad salarial. A contracorriente de las mejores ligas, en la mexicana la comparación de sueldos es tarea reservada al rumor. Dado que los futbolistas son figuras públicas y es de sobra conocido que ganan bien, la seguridad personal no es justificante convincente. En verdad, los dueños esconden las nóminas para eludir impuestos, evitar la inflación salarial—sana para profesionalizar el deporte—, obstaculizar la agencia libre y prevenir críticas de utilidades excesivas a costa del trabajo. De nuevo, el béisbol ofrece rutas alternativas. Amén de sueldos mínimos dignos y transparentes, MLB comparte por presión sindical las ganancias de postemporada con los peloteros: 60 por ciento de la taquilla de los primeros cuatro juegos de la Serie Mundial alimenta una “bolsa de jugadores” (Players’ Pool).

La opacidad salarial tiene efectos indeseados. En primer lugar, impide al aficionado exigir y premiar al jugador en función del costo. En segundo, obstaculiza a los clubes nacionales y extranjeros evaluar cada año las opciones en agencia libre, muy rígida en México a pesar del presunto fin del infame “pacto de caballeros”—otro abuso del capital frente al trabajo—. En tercero, dificulta emplear tabuladores informales o mecanismos de arbitraje para remunerar de forma justa el trabajo similar. En general, a mayor incertidumbre salarial, el jugador rinde menos y subinvierte en dietas estrictas y entrenadores personales: comunes en la élite deportiva.

Los intereses de los dueños del balón tienen un común denominador que todo lo mancha: una cerrazón crónica típica de mercados oligopólicos. La prioridad es blindar las utilidades inmediatas, no la calidad del espectáculo ni la formación de jugadores. Sin un sindicato fuerte, desplazar franquicias al antojo, como Mazatlán al Atlante, enfrenta pocos obstáculos. Sin jugadores organizados, las ganancias no gotean desde un techo impermeabilizado. Ante la debilidad por diseño del trabajo en relación al capital, frenar el ascenso-descenso enfrenta poca oposición, en detrimento de la movilidad laboral.

Una voz autorizada que no levanta sospechas como zurdo revoltoso ha sido vocal sobre la urgencia de empoderar al trabajo en relación al capital: Hugo Sánchez (ESPN). Si bien el exfutbolista no es el lápiz más afilado del estuche, su intuición es correcta: la unión hace la fuerza como contrapeso a los intereses del oligopolio voraz. Como en cualquier industria capturada, la subinversión en innovación y desarrollo (I+D) resta competitividad. La selección nacional es víctima del corsé de mediocridad.

Dice Juan Villoro: “Si hubiera un Mundial de aficiones, México tiene probabilidades de llegar a la Final”. Discrepo. El rol de las aficiones es apoyar, pero también exigir. Vitorear a una selección nacional es un estándar laxo para la calidad de una porra. Si la afición estuviera involucrada de tiempo completo, y no solo en la fiesta mayor, arroparía al futbolista frente al dueño y demandaría simetría en la relación capital-trabajo. Obsequiar apoyo como un cheque en blanco resulta conveniente a quienes manchan el balón. El aplauso ciego y sumiso deviene en rentismo. Si la afición presiona en cancha completa para romper el pacto de oligopolistas, otro futbol mexicano es posible.

En una tercera y última entrega retomaré aquella célebre pregunta que lanzó Lenin como llamado a la acción: ¿Qué hacer?

El Mundial de la felicidad

 

El primero de junio el magisterio de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) reactivó su huelga nacional, irrumpiendo en las calles céntricas de la Ciudad de México con una marcha enorme. Las maestras y maestros formaban un río de gente que lucha. Sus consignas “si no hay solución, no rodará el balón” hacían eco y llegaban al Palacio Nacional. Cuando arribaron a la calle 20 de Noviembre los muros de acero impedían su paso. La avanzada de los maestros de Guerrero empezó a tratar de entrar, golpeando con palos y marros. Estaban a punto de lograrlo cuando los policías empezaron a disparar gases lagrimógenos y balas de plástico para dispersar a los manifestantes.

Los policías accionaron sus armas directo a los maestros Octavio Romero y Proceso González, para derribarlos y causar terror entre los manifestantes. Proceso quedó tendido en el asfalto por el fuerte impacto de la bala. Sus compañeros lo auxiliaron como pudieron. Blanca, sobrina de Proceso, lo llevó a un hospital privado, pero no tenían equipo para atenderlo. Fue en el hospital del ISSSTE Primero de Octubre donde lo atendieron con engorrosos trámites burocráticos. La presidenta Claudia Sheinbaum justificó la represión policiaca con el argumento de que no tenían razón de ser las protestas del magisterio porque había mesas de diálogo que estaban atendiendo sus demandas.

El 8 de junio las madres y padres de los 43 estudiantes desaparecidos fueron detenidos por un cerco policiaco en la caseta de Tlalpan. Las autoridades estaban empeñadas en revisar los autobuses porque supuestamente traían explosivos. Fue indignante que Rosa Icela, integrante de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, fuera quien revisara las cajuelas de los autobuses, principalmente de las madres. Lo peor fue el papel de policía que desempeñó Arturo Medina, presidente de la Comisión para la Verdad y Acceso a la Justicia del Caso Ayotzinapa (Covaj). De manera directa enfretaban a las madres y padres para no dejarlos pasar ni permitir que realizaran sus protestas.

Con impotencia don Mario González relata el sufrimiento de las “madres que salieron desde las 6 de la mañana de la Normal de Ayotzinapa y que a las 4 de la tarde aún permanecían encapsuladas, sin comer, con enfermedades crónicas y con los problemas del azúcar y la presión altas. Doña Hilda llegó con la presión de más de 200, pero para los funcionarios del gobierno federal (que supuestamente están muy al cuidado de la salud de las madres) les valió un bledo. Este gobierno lo que hace es victimizarse y a nosotros nos pone como los malos. Las víctimas no son ellas ni ellos, somos nosotros. Las víctimas a las que les tiene que dar justicia somos nosotros.

A las madres buscadoras que ahora también están criminalizando y ofendiendo, como lo hizo la secretaria de Gobernación, al afirmar sin pruebas que les dieron dinero para que vinieran a la marcha. La presidenta tiene que saber que hay más desaparecidos, de los que tienen registrados oficialmente”.

Al final las dejaron pasar y los estudiantes regresaron a la Normal de Ayotzinapa. A mediodía las madres y padres, acompañados de la CNTE, realizaron un mitin en el antimonumento por los 43 para denunciar el cerco policiaco y la falta de avances en las investigaciones sobre el paradero de sus hijos. En los cinco días que duró la jornada de lucha, el subsecretario de Gobierno coordinó el operativo policiaco para impedir el paso a las madres y padres de los 43 y bajo ninguna circunstancia permitió que los estudiantes de Ayotzinapa entraran a la ciudad.

El 11 de junio en la inauguración del Mundial las madres y padres se trasladaron a la caseta de Tlalpan para tratar de romper el cerco con los estudiantes normalistas. Unos mil policías antimotines estaban formados con escudos y toletes. A pesar de este blindaje las familias y los normalistas avanzaron 300 metros, la orden que recibieron los policías fue contenerlos. En la caseta de cobro realizaron un mitin, mientras se confrontaban con Arturo Medina para que los dejaran pasar. El funcionario instruyó a los mandos policiacos que revisaran los autobuses. Doña María de Jesús, madre del estudiante desaparecido José Eduardo Bartolo Tlatempa, les respondió que no lo permitirían porque “no somos delincuentes y este gobierno no nos puede condicionar. Queremos verdad y justicia”.

Don Mario González increpó a las autoridades y principalmente a Arturo Medina para que los dejara pasar. “Si no estas a la altura para resolver los problemas dile que venga al que está en el teléfono para que nos deje pasar. Nuestras movilizaciones son pacíficas, sólo queremos pegar la carita de nuestros hijos en la calzada de Tlalpan”.

En el último día de la jornada tampoco dejaron pasar a los normalistas. Los maestros y maestras, así como las buscadoras pudieron entrar a la Ciudad de México, pero en la calzada de Tlalpan se toparon con centenares de policías que se encargaron de encapsularlas. “Les queremos por eso les buscamos”, gritaban. Las lonas y los carteles de sus familiares desaparecidos fueron su bandera de lucha y sus escudos para librar esta batalla contra un gobierno que se obstina en ocultar y negar una realidad que desangra a nuestro país.

Para las madres y padres quedó evidenciada la postura de la presidenta de la República, de privilegiar la fiesta del Mundial y silenciar las protestas y las exigencias de justicia de las madres buscadoras, utilizando los cuerpos policiacos para encapsularlas y reprimirlas. El diálogo que a diario pregona en las mañaneras se transformó en un muro infranqueable y se materializó con gases lacrimógenos y balas de plástico. La Secretaría de Gobernación arremetió contra las madres buscadoras al recurrir al improperio y el subsecretario de Derechos Humanos focalizó sus baterías contra los normalistas de Ayotzinapa al señalar a dos estudiantes del Comité de Lucha como los que coordinan la logística y la elaboración de explosivos. Nuevamente la fuente siguen siendo los aparatos de inteligencia del Estado controlados por el Ejército. La visión conspirativa y contrainsurgente se sigue reeditando en las altas esferas de la 4T.

Por otra parte, la presidenta Claudia Sheinbaum descalificó a la CNTE al asegurar que busca regresar a esquemas del pasado donde las cúpulas sindicales y los gobiernos estatales decidían la asignación y movilidad de las plazas magisteriales. Remarcó que estas prácticas se prestaban a la corrupción, por eso su gobierno consultará directamente a las bases magisteriales. La relación con la presidenta se truncó al desconocer como interlocutora legitima a la Comisión Nacional Única de Negociación (CNUN).

La situación se tensó más con el anuncio que hizo la CNTE este domingo de continuar con sus movilizaciones. “Continuaremos con la huelga nacional”, anunció Yenny Aracely Pérez integrante de la sección 22 de Oaxaca.

“La presidenta dice que está todo tranquilo y que México está de fiesta, que está alegre, pero sólo eso pasa en su entorno. Aquí afuera está la realidad, aquí están más de 130 mil desaparecidos. Aquí están las madres buscadoras que protestan para visibilizar su lucha, para que las tomen en cuenta. A ellas no les interesa boicotear un partido, lo que demandan es justicia y verdad”.

“Nosotros como víctimas tratamos de alzar la voz, pero al gobierno, a la FIFA y las televisoras solo les interesa el negocio del Mundial, que la gente vea los partidos y que consuma todo lo que le anuncian. Ese es el interés de los ricos, pero no se vale que nos tachen de generadores de violencia, que se empeñen en decir que venimos a hacer desmanes, porque sus seguidores lo creen, y empiezan a desprestigiar al verdadero movimiento que no tiene nada que ver con el partido.

El México verdadero es el que lucha para que no haya más desaparecidos. Es el México adolorido que no descansa para dar con el paradero de 130 mil desaparecidos en el país. Lo más triste es que este 12 de junio es mi cumpleaños y recuerdo que la última vez mi hijo me dijo que iba a llegar. Siempre me regalaba algo, me iba a hacer maldades con el pie para que me levantara y empezar a comprar el pastel y la carne para comer. Todos esos recuerdos vienen y ya no aguanto. No les interesa nuestro dolor ¿porqué prefieren a los extranjeros y a nosotros nos dicen que no salgamos para no dar mala imagen? ¿Quién odia a México? ¿Quién odia a los mexicanos?”

Las madres buscadoras mostraron el rostro verdadero de un país marcado por la violencia y la impunidad. Su dolor se convirtió en rabia ante la postura del gobierno federal de priorizar el Mundial en lugar de darle cauce a su reclamo. Los fanáticos de la FIFA desataron las críticas cuando un grupo de aficionados le quitó la lona con rostros de desaparecidos a una madre buscadora para resguardarse de la lluvia.

La presidenta habla de la alegría del Mundial, pero deliberadamente ignora el dolor de miles de familias que llevan años pidiendo encontrar a sus seres queridos.

Lo que más entristeció y causó enojo a las madres y padres que buscan a sus hijas e hijos es que la presidenta Claudia Sheinbaum haya comentado en la mañanera del 12 de junio que “hubo quien quiso mostrar otra imagen de México. Pero la imagen de México es la alegría, la felicidad del pueblo, y de todas y de todos los mexicanos. Fue una fiesta de México, muy hermoso la verdad ver a toda la afición y la no afición celebrar el triunfo de la selección. Quien la pasó mal es quien quiere que le vaya mal a México”.El Mundial de la felicidad

El neocolonialismo en el siglo XXI

 Agenda Ciudadana

Lorenzo Meyer

"La actual administración norteamericana viene a ser su esfuerzo deliberado, y sistemático por detener y debilitar a las fuerzas que buscan combatir al neocolonialismo".

El neocolonialismo en el Siglo XXI. Por Lorenzo Meyer

La pública reafirmación de la agenda política que tiene en mente el Washington de Donald Trump para el continente americano -la llamada “Doctrina Donroe”- básicamente busca mantener e incluso reforzar los aspectos neocoloniales de las relaciones de la gran potencia con los países del continente, Canadá incluido ¿Podremos y querremos neutralizar esta ofensiva? Es pregunta que espero contestemos positivamente.

El concepto de colonialismo puede definirse como el dominio político, económico y cultural que ejerce un país -la metrópoli- sobre otra sociedad -la colonia- situada fuera de sus fronteras y a la que se obliga a participar en el proyecto nacional del país dominante, proyecto que no sólo le es ajeno sino antagónico. En este contexto lo que se conoce como neocolonialismo es la continuidad de la relación de sujeción descrita, aunque bajo formas diferentes, pues el poder del país hegemónico se ejerce de manera indirecta pues teóricamente el país subordinado ya no es colonia sino entidad soberana, pero en la práctica su soberanía está limitada por los intereses y presiones del país más fuerte. Desde esta perspectiva, el sello en nuestro continente de la actual administración norteamericana viene a ser su esfuerzo deliberado, y sistemático por detener y debilitar a las fuerzas que buscan combatir al neocolonialismo. Desde esta perspectiva la política de Trump en el continente consiste en imponer variantes de la relación que ya está construyendo con Venezuela: una que nulifique los esfuerzos de aquellos actores y grupos políticos que en las sociedades subordinadas se esfuerzan por dar un contenido verdadero y progresista a su soberanía modificando las condiciones y estructuras que implican condiciones de dependencia.

Desde hace tiempo la América Latina es un crisol de relaciones neocoloniales lo mismo que esfuerzos nacionalistas por modificar esa relación. El grado y características de los nexos de subordinación política de cada país del continente salvo Cuba respecto de Estados Unidos, es variable pero innegable. Y esa variación ha dependido de la época, de los proyectos nacionales de cada país, de su historial de resistencia o aceptación de dichos designios imperiales y de los cambios políticos y económicos al interior de Estados Unidos, pero en cualquiera de los casos el “factor norteamericano” sigue condicionando el ejercicio de la soberanía de todas las naciones del hemisferio. La importancia y efectos de ese “factor” en la relación de Washington con el resto del continente ha variado no sólo por factores propios de la región sino también por cambios en la naturaleza y los equilibrios de la estructura del poder mundial. Hasta inicios del siglo XX, las influencias de actores europeos en América Latina, sobre todo de Inglaterra, fueron muy significativas y en ocasiones chocaron con las norteamericanas. Sin embargo, tras las dos guerras mundiales la influencia del viejo continente en nuestra región disminuyó mucho salvo por la de Moscú.

Tras la desaparición de la Unión Soviética al final del siglo pasado el sistema internacional que adquirió un carácter unipolar y Estados Unidos fue la única potencia que campeó en la América Latina. Con el ascenso de China esa unipolaridad ya está siendo sustituida por una multipolaridad en formación. En esa circunstancia, el Washington trumpista ha dejado saber que, si bien en otros continentes está dispuesto a negociar su posición con la competencia, en el nuestro no. Y es que según los nada sutiles argumentos expuesto por el gobierno de Trump en su Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de 2025, Estados Unidos va a seguir empeñado en que América sea su esfera de influencia natural y exclusiva.

Esta política norteamericana de corte neocolonial abierto tiene, dentro de ese país, una base social de derecha muy dura y militante. Una encuesta de opinión pública dada a conocer por el Pew Researh Center el 10 de junio sobre las orientaciones políticas norteamericanas clasifica a los entrevistados en nueve categorías ideológicas. Y la derecha extrema calificada por Pew como la No Apologies Right (la derecha militante e intolerante), tiene como característica central la visión de unos Estados Unidos como un país superior a cualquier otro y que es imperativo preservar su estatus de super poder militar y por lo mismo respaldan todas las acciones en el exterior de sus fuerzas armadas independientemente de su legalidad, como fue el secuestro del Presidente de Venezuela. Es verdad que esta derecha extrema representa apenas al nueve por ciento de la población adulta norteamericana, pero es muy activa en la votación, 99 por ciento republicana y es el corazón del Make America Great Again (MAGA), es decir del trumpismo duro. Si a esos 23 millones de ciudadanos extremistas y activos se agregan los de las otras tres categorías que según PEW completan el universo de la derecha norteamericana –First Fait Conservatives (conservadores por motivos religiosos, básicamente evangélicos), Unconventional Right (derecha no particularmente ideológica) y Pragmatic and Polite Right (derecha pragmática)- se tiene que un 44 por ciento de los ciudadanos de Estados Unidos a los que pueden ser considerados como la base social de las decisiones de política exterior que se toman en la Casa Blanca.

Hace ya buen tiempo que Cuba dejó de ser un factor que interfiriera con los objetivos de Estados Unidos en o fuera del hemisferio. Sin embargo, todo indica que en Washington se han vuelto a revivir los planes para recuperar a Cuba como la neocolonia que fue a lo largo de toda la mitad del siglo pasado. Y ni que decir de Venezuela, que tras una operación relámpago y de gran precisión militar, pero totalmente contraria a las normas del derecho internacional, Estados Unidos secuestró a su Presidente y dejó en el Palacio de Miraflores en Caracas a la Vicepresidenta Delcy Rodríguez, una auténtica Quisling (una gobernante local al servicio de un conquistador como en la Noruega de la II Guerra Mundial) que Washington usa para aparentar una “continuidad institucional” local pero es desde Miami que un personaje sin ningún cargo formal pero de la absoluta confianza de Trump y del Secretario de Estado Marco Rubio -Mauricio Claver-Carone- el que vigila a la Presidenta Rodríguez y al proceso político de día a día en Caracas mientras la actividad petrolera del país la supervisa directamente Chris Wright, el Secretario de Energía de Estados Unidos y él decide los procesos de reapertura de refinerías y plantas eléctricas, las ventas de petróleo y gas de PDVSA y del puñado de empresas transnacionales que controlan esa actividad entre las que destaca Chevron. El papel de Claver-Carone como “virrey norteamericano en Caracas” está analizado y destacado en un largo reportaje del Washington Post (25/05/26). Se trata de un abogado y cabildero estadounidense, pero de origen cubano que trabajó en Washington para el Consejo de Seguridad Nacional y para el Banco Interamericano de Desarrollo. Al inicio de la segunda Presidencia de Trump se desempeñó brevemente como enviado especial para América Latina.

Anulada Venezuela como un país que escapaba al control político de Washington y Cuba sometida por décadas a un bloqueo comercial y ahora a uno energético y amenazada con una acción directa para cambiar su régimen, sólo quedan tres gobiernos de peso en el conjunto latinoamericano que se resisten a ser parte del grupo de países abiertamente sometidos a las directivas de la Casa Blanca. Esa tercia la conforman Colombia, Brasil y México.

La coyuntura electoral de Colombia le está permitiendo a Trump pronunciarse abiertamente por el candidato de la derecha extrema Abelardo de la Espriella, un abogado y empresario que se identifica con Trump, Nayib Bukele en El Salvador y Javier Milei en Argentina. De la Espriella que también tiene el apoyo de los grupos evangélicos, propone disminuir el papel del Estado, pero llevar a cabo una política de mano dura contra los grupos armados, el narcotráfico y la delincuencia en general.

En Brasil el Senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro hoy en prisión por haber intentado un golpe de Estado, tiene el respaldo del bolsonarismo, una corriente de derecha que el hijo del expresidente busca convertir de fuerza personalista en una más adecuada para sostener a “nueva derecha” brasileña. La cercanía de la familia Bolsonaro con el Presidente Trump es pública y el bolsonarismo cuadra perfectamente con el trumpismo.

Finalmente, está México. Aquí la izquierda ha derrotado en las urnas a la derecha de manera contundente en 2018 y 2024, está debilitada y además no hay una coyuntura electoral próxima y que Trump pueda aprovechar para revigorizarla, lo que no impide que el trumpismo ya vaya preparando el campo para el 2030. De ahí el empeño de Trump en caracterizar a nuestro país como uno con un gobierno corrupto donde el poder real reside en los grupos del crimen organizado. Desde esta perspectiva una “invasión” de indocumentados y de drogas prohibidas provenientes de México son presentadas como fallas estructurales de los gobiernos del país vecino que afectan la seguridad norteamericana y que podrían justificar como legítima defensa una acción directa cuyas consecuencias podrían descarrilar el proyecto de izquierda de la 4T en favor de la derecha local y de la “Doctrina Donroe”.

Es de desear que el escenario anterior o una variante no se materialice, pero el nacionalismo mexicano debe de estar preparado para esa eventualidad. En cualquier caso, los mexicanos debemos esforzarnos al máximo en “mantener la casa en orden” y no dar a al trumpismo elementos que justifiquen el debilitamiento de la soberanía nacional y el afianzamiento de fuerzas y proyectos neocoloniales.

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