3/14/2026

Gobierna una mujer


Hoy nos parece de lo más natural, pero hace unos pocos lustros ni siquiera sería imaginable; tenemos en México una presidenta con A mayúscula, que preside, que gobierna, titular del ejecutivo federal, atenta, se comunica diariamente con los gobernados y está considerada entre las tres o cuatro mujeres con más poder en el mundo.

Se ha dicho que estamos en tiempo de mujeres y es cierto; me consta, soy integrante del Tribunal de Disciplina Judicial, una institución novedosa en nuestro flamante sistema judicial, que formó parte de la reforma judicial aprobada recientemente, como parte de la transformación profunda del Poder Judicial, propuesta por Andrés Manuel López Obrador poco antes de que concluyera su mandato como presidente de la República.

No tengo la menor duda, México se encuentra en medio de una gran transformación histórica, la cuarta, de gran trascendencia. Como parte de ella, destaca la creación del Tribunal de Disciplina Judicial. Al respecto cabe aclarar que no se trata de una “cuarta instancia” en los procesos penales, civiles, familiares o administrativos. Lo sustantivo, el meollo de las facultades de este tribunal es otro, consiste en velar por la buena conducta de los juzgadores: ministros, magistrados o jueces, tanto frente al personal a su cargo, como frente a quienes acuden a solicitar justicia y ante cualquier autoridad o ciudadano.

Para mí no hay la menor duda de que nos encontramos ante una importante transformación, la cuarta en nuestra historia. Y se aclara; este tribunal no es para resolver los juicios o controversias ni es una especie de cuarta instancia, tiene la misión o encargo de juzgar acerca de la buena o mala conducta de los juzgadores federales y también si es procedente sancionarlos por actos indebidos contra su personal, o con las “partes” en los juicios a su cargo y, asimismo, si es explicable o no lo es, su fortuna personal; es decir, si hay congruencia entre su patrimonio y sus ingresos.

El Tribunal de Disciplina al que me refiero en esta colaboración, acorde con los tiempos que vivimos, está integrado por tres mujeres y dos hombres, y quien lo preside por ahora es precisamente una jurista, una mujer.

Importa también recordar que en varias secretarías de Estado y en otros altos cargos del servicio público, encontramos mu-jeres al frente de responsabilidades y tareas de mucha importancia. Creo justo destacar el desempeño eficaz y discreto de la secretaria de Gobernación; tampoco dejo de recordar a los lectores que al frente de nuestro diario La Jornada se encuentra con vocación, inteligencia y mano firme de otra mujer, doña Carmen Lira Saade.

Estas reflexiones sobre la importante presencia del género femenino en la vida pública y cultural de México traen a cuento la errática y arbitraria actitud de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, quien abusa del poder y ha provocado en varias partes del mundo, lo mismo en Medio Oriente que en Venezuela y Cuba, injerencias injustas; en estos lugares y en otros se han llevado a cabo acciones como bombardeos a escuelas y hospitales, con cientos o miles de víctimas inocentes; se ha secuestrado al presidente de un país soberano y, en otro caso, se ha puesto en graves aprietos al pueblo y al gobierno de Cuba.

Lo anterior viene a cuento con motivo de las recientes intervenciones y actitudes de nuestra Presidenta. Como político y colaborador de La Jornada y como simple ciudadano, he sido crítico y no soy proclive a las alabanzas, pero procuro ser justo y objetivo. Me refiero a algunas acciones y palabras de nuestra Presidenta, de la que no podemos menos que enorgullecernos por la línea adoptada. Ante los ataques inhumanos en Irán, la opinión de la Presidenta es que la ONU ha dejado de cumplir su principal labor, que es la de buscar la paz y la resolución pacífica de los conflictos; en ese y en otros casos, sólo se confirma la doctrina y posición que siempre ha adoptado.

La actitud de nuestra Presidenta, a la que me refiero en esta colaboración, no es sólo un asunto de declaraciones. Ha reclamado con firmeza por los niños que el ICE encarcela junto con sus padres; ha opinado en contra de la política intervencionista y ha defendido nuestra soberanía y la de otros países de América Latina. También ha sabido actuar, cuando así ha sido necesario y lo ha hecho con valor en foros internacionales, en sus visitas a los estados fronterizos y diariamente en los informes mañaneros al pueblo que gobierna.

No se trata de palabras, de principios y de convicciones, principalmente es un asunto de congruencia. Así lo demuestra el envío de barcos mexicanos cargados de alimentos y otros enseresque Cuba necesita, también, debemos recordar, el envío valiente de petróleo que requiere con urgencia el pueblo de la isla, con el que México comparte lengua, historia y cultura. Gobierna una mujer y no sólo con palabras; recordemos el dicho: “hechos son amores y no buenas razones”.

8-M: logros, pendientes y amenazas

EDITORIAL LA JORNADA

La conmemoración del 8 de marzo en México y en el resto del mundo hace pertinente señalar algunos de los logros y de los pendientes en la lucha por la igualdad sustantiva, la eliminación de las violencias y la superación de la opresión patriarcal que ha padecido durante milenios la mitad de la humanidad.

Por lo que hace a nuestro país, es innegable que la presencia de una mujer en la Presidencia con un programa de gobierno claramente feminista, la creciente participación femenina en altos cargos en los tres poderes y en los ejecutivos estatales, así como la aplicación de programas sociales específicamente destinados a mujeres, han contribuido, en mucho, a la dignificación, el empoderamiento y el ejercicio de derechos de género. Mucho más lentamente de lo que sería deseable, pero en forma sostenida, tales circunstancias han ido transformando la moral social, y son cada vez mayores los sectores de la sociedad que consideran impresentables las expresiones de discriminación, machismo y violencia en contra de las mujeres.

Al mismo tiempo, debe reconocerse que tales miserias persisten, que aún falta un largo camino para cerrar la brecha entre el discurso y la práctica, y que en los hechos todavía quedan grandes zonas de impunidad en la aplicación de un marco legal cada vez más avanzado. Basta con revisar el alud de relatos divulgados en el curso de las movilizaciones de ayer para hacerse una idea de las violencias familiares, escolares, laborales y médicas que siguen padeciendo las mujeres, así como de las inercias administrativas, policiales y judiciales que impiden sancionarlas, por no mencionar el número de víctimas femeninas que se sigue cobrando la delincuencia organizada en sus diversas expresiones. Eso explica la exasperación que caracterizó a la movilización de ayer en Cuernavaca, en la que proliferaron las protestas por los recientes feminicidios de Kimberly Joselin Ramos Beltrán y Karol Toledo Gómez, ambas estudiantes de la Universidad Autónoma del Estado de Morelos.

En el ámbito internacional, el avance político y mediático de la derecha y la ultraderecha constituye, sin duda, la principal amenaza de regresión en la situación de las mujeres en el mundo. Por lo general, ese fenómeno se traduce en la reducción, e incluso supresión, de derechos reproductivos, programas de acción afirmativa y políticas públicas de impulso a la igualdad sustantiva, y suele ir acompañado de posturas ideológicas inherentemente asociadas al chovinismo masculino –y misóginas, por ende–, racistas, clasistas, homofóbicas, aporofóbicas y belicistas que alientan, a su vez, violencias en contra de las mujeres, especialmente de las más desfavorecidas, marginadas y vulnerables.

En este contexto, resulta imprescindible recordar que el 8 de marzo no es un día de fiesta, sino una jornada de conmemoración, reflexión, movilización y lucha, y que la causa feminista camina siempre con las mejores causas.

Día Internacional de la Mujer: ocho medidas para un mundo más igualitario


Durante casi una década al frente de Naciones Unidas, he visto cómo nuestro mundo ha sido puesto a prueba una y otra vez: crisis climáticas, aumento de la pobreza, conflictos violentos y reducción del espacio cívico. Pero también he sido testigo de cómo muchas soluciones han arraigado. Todas ellas tenían un denominador común: las mujeres.

Mientras el mundo celebra el Día Internacional de la Mujer, ha llegado el momento de reconocer que la desigualdad de género es el mayor desafío de nuestro tiempo para los derechos humanos y que promover la igualdad constituye uno de los motores más potentes del desarrollo sostenible y la paz.

A continuación, presento ocho medidas extraídas de mi propia experiencia e inspiradas en la labor del sistema de Naciones Unidas y los movimientos de la sociedad civil de todo el mundo, con el fin de promover los derechos de la mujer y obtener resultados.

1. Superar la brecha energética

La igualdad de género es una cuestión de poder. Pero nuestro mundo sigue estando configurado por instituciones dominadas por los hombres. La creciente ola de autoritarismo está agravando estas desigualdades, revirtiendo medidas de protección que tanto ha costado conseguir –desde prácticas laborales justas hasta derechos reproductivos– y afianzando los sesgos raciales y de género que frenan el avance de las mujeres. La igualdad de género mejora las sociedades. Cuando se comparte el poder, la libertad aumenta.

2. Hacer de la paridad una prioridad

Las mujeres están muy poco representadas en los gobiernos y los consejos de administración de todo el mundo. En Naciones Unidas, nos propusimos hacer de la paridad de género una prioridad, comenzando por el personal directivo superior. Lo hicimos ampliando la búsqueda de candidatos y candidatas cualificados, no rebajando los criterios de selección. La ONU se ha fortalecido gracias a ello, con una mejor cultura de trabajo y unos procesos de toma de decisiones más inclusivos. La lección es clara: cuando las instituciones optan por la igualdad, los resultados no se hacen esperar.

3. Apostar por la inversión de mayor rendimiento

La inversión en las mujeres genera rendimientos extraordinarios. Cada dólar gastado en la educación de las niñas reporta casi el triple de beneficios, mientras la salud materna y la planificación familiar multiplican por más de ocho los beneficios. Las políticas de apoyo a las familias, como el cuidado infantil y el cuidado de personas mayores, fortalecen las comunidades y potencian aún más el crecimiento. En conjunto, estas medidas sientan las bases para reducir las brechas de género, lo que puede aumentar el ingreso nacional hasta un 20 por ciento.

4. Hacer un hueco en las negociaciones de paz

Los acuerdos de paz son más duraderos cuando las mujeres participan en su negociación y aplicación. Sin embargo, en demasiados conflictos, como en Gaza, Ucrania y Sudán, las mujeres han quedado prácticamente excluidas de las negociaciones, a pesar de que son ellas las que sufren las consecuencias más graves de la guerra. En un momento de creciente inestabilidad, la inclusión no es algo simbólico, sino la vía más rápida para estabilizar nuestro mundo fracturado.

5. Acabar con la discriminación en las leyes

A nivel mundial, las mujeres sólo disfrutan de 64 por ciento de los derechos que se le reconocen a los hombres. En demasiados lugares, no pueden poseer bienes, trabajar libremente ni pedir el divorcio. Incluso cuando existen medidas de protección, las mujeres se enfrentan a mayores obstáculos para acceder a la asistencia jurídica o a los tribunales. Todos los países deben comprometerse a derogar las leyes discriminatorias y a hacer valer los derechos en la práctica.

6. Demostrar tolerancia cero con la violencia de género y poner cero excusas

La violencia contra las mujeres es una emergencia mundial, arraigada en la desigualdad y secundada por el silencio. Todas las mujeres y niñas tienen derecho a vivir sin miedo. Sin embargo, la violencia de género –incluida la explotación y los abusos sexuales– sigue siendo una grave afrenta a la confianza y a la humanidad. Debemos combatirla en todas partes aplicando una tolerancia cero, exigiendo plena responsabilidad y apoyando incondicionalmente a las víctimas.

7. Eliminar los sesgos en la tecnología

Dado que las mujeres sólo representan una de cada cuatro personas en el sector tecnológico, los sesgos se están integrando en los sistemas que configuran la vida cotidiana. Entretanto, la misoginia se está disparando en Internet. Las empresas tecnológicas y los gobiernos deben actuar conjuntamente para crear espacios digitales seguros e inclusivos, y el mundo debe hacer mayores esfuerzos para eliminar las barreras que impiden a las niñas acceder a la ciencia y la tecnología.

8. Incorporar las cuestiones de géne- ro en el plan sobre el clima

El cambio climático es sexista. Las mujeres suelen ser las últimas en recibir comida en las crisis alimentarias y sufren un mayor peligro en las situaciones de emergencia. Las niñas están más expuestas a contraer matrimonio infantil cuando los medios de subsistencia se derrumban. Pero las mujeres también están liderando las soluciones climáticas: promoviendo legislación ecológica, impulsando movimientos globales y propiciando cambios sobre el terreno. Un planeta habitable exige políticas climáticas que respondan a las cuestiones de género, lo que abarca el acceso igualitario a empleos verdes, una mejor protección en situaciones de emergencia y la plena participación en la adopción de decisiones sobre el medio ambiente.

En todo el mundo, he visto cómo se aplican estas ocho soluciones: en zonas de guerra y en procesos de recuperación, en parlamentos y en aulas, en organizaciones y en comunidades.

Si quienes ocupan puestos de liderazgo se toman en serio la igualdad de género y se comprometen a lograrla, cambiaremos el mundo, para las mujeres y las niñas, y para toda la humanidad.

* Secretario general de la Organización de Naciones Unidas

Exilio forzado: violencia digital contra la defensa de mujeres y niñas

La Jornada

En la última década, la violencia digital se ha convertido en una de las herramientas más eficaces para neutralizar la defensa de los derechos humanos. Lo que en apariencia comienza como ataques aislados en redes sociales, suele convertirse en campañas sistemáticas de difamación, desinformación y hostigamiento dirigidas a desacreditar a quienes representamos a víctimas de violencia de género y a comunidades históricamente excluidas.

Esta forma de agresión no es espontánea ni marginal. Se trata de un mecanismo contemporáneo de control que opera a través de plataformas digitales para construir narrativas destinadas a destruir reputaciones, intimidar y aislar a defensoras y defensores de derechos humanos. En particular, las mujeres abogadas que litigamos casos de violencia contra mujeres y niñas enfrentamos una violencia específica: campañas misóginas que buscan deslegitimar nuestra voz profesional y quebrar la confianza pública en nuestra labor.

El efecto que se produce no es únicamente personal. La violencia digital genera un profundo efecto inhibidor en la abogacía. Cuando una defensora es atacada de manera sistemática, lo que realmente se intenta es anular la representación legal de las víctimas y desalentar a otras personas a asumir casos que desafían intereses de poder. Así, el hostigamiento digital se convierte en una forma indirecta de impedir el acceso a la justicia.

Mi experiencia profesional en México ilustra con claridad este fenómeno. Durante años he representado a mujeres y niñas víctimas de violencia, así como a comunidades vulnerables que históricamente han enfrentado enormes barreras para acceder a la justicia. Sin embargo, esa labor también me colocó en el centro de campañas coordinadas de difamación digital que durante más de un año buscaron desacreditar mi trabajo y destruir mi credibilidad profesional.

Estas agresiones no se limitaron al ámbito virtual. Las narrativas construidas en redes sociales derivaron en amenazas directas y en un clima de hostilidad constante que terminó afectando tanto mi seguridad personal como la continuidad de mi trabajo. Finalmente, me vi obligada a suspender mi práctica en México y continuar mi labor desde Madrid. Mi salida del país no fue una decisión profesional voluntaria, sino la consecuencia directa de una violencia sistemática que convirtió el ejercicio de la defensa en un riesgo permanente.

Este fenómeno revela una realidad preocupante: la violencia digital se ha convertido en una forma de violencia institucional indirecta. A través de la desinformación y el hostigamiento coordinado se logra aquello que en otros contextos requeriría mecanismos más visibles de represión: silenciar voces incómodas y debilitar la defensa de los derechos humanos.

Las consecuencias trascienden a la persona atacada. Cuando una defensora es desplazada o silenciada, también se debilita la posibilidad de que las víctimas encuentren representación legal efectiva. El mensaje que se envía es claro: quien desafíe estructuras de poder puede ser destruido públicamente sin que existan mecanismos suficientes de protección.

Frente a este escenario, los estados tienen la responsabilidad de reconocer que la independencia de la abogacía y la libertad de defensa son pilares esenciales de cualquier sistema democrático. Proteger a quienes ejercen la defensa de derechos humanos no es una concesión: es una condición indispensable para garantizar el acceso a la justicia.

Si la violencia digital continúa siendo tolerada como una forma de hostigamiento sin consecuencias, el resultado será la erosión silenciosa del estado de derecho. Defender a quienes defienden no es solo un deber institucional: es una garantía mínima para que la justicia siga siendo posible.

Mujeres, tiempos políticos distintos

Columna Otredades. 

Por José Sobrevilla

Toda la vida dedicada a ellas. Piezas poéticas, literarias, musicales han ensalzado su presencia tanto para bien como para mal, por aquello de los despechos, pero su participación social, especialmente en el reconocimiento de sus derechos políticos −en el mundo− ha sido muy dispar. Por ejemplo, el primer país que otorgó voto a las mujeres en elecciones nacionales fue Nueva Zelanda, en 1893; después vino Australia, en 1902, aunque inicialmente excluyó a las mujeres indígenas. En 1906 Finlandia fue el primer país europeo en permitir el sufragio femenino y sus candidaturas; y fue hasta 1915 cuando Dinamarca les reconoció el voto en elecciones parlamentarias.

Tres años después, en 1918, con ciertas condiciones, el Reino Unido concede el voto a mujeres mayores de 30 años, pero fue hasta 1928 cuando igualaron sus derechos con los hombres. Fue hasta 1920, cuando nuestros vecinos del norte, Estados Unidos, aprobaron la 19ª Enmienda garantizando voto sin importar sexo; pero fue Ecuador el primer país latinoamericano que les reconoció el sufragio, en 1929. España lo hizo hasta 1931, durante la Segunda República; y Francia, en 1945, tras la Segunda Guerra Mundial. El país mexicano reconoce hasta 1953, plenamente, el derecho de las mujeres a votar y ser votadas en elecciones federales; mientras que Suiza lo hizo en 1971; y −muy rezagado− Arabia Saudita,
en 2015 permitió por primera vez que sus mujeres votaran y se postularan para elecciones municipales.

A estas alturas, con el triunfo de @ClaudiaShein_ en la presidencia del país, ha sido recurrente escuchar “Es tiempo de mujeres” y “llegamos todas”, y desde ese momento, en su primer grito de independencia, en 2025, después de las loas tradicionales a Hidalgo, Morelos, Allende, incluyó a mujeres que jugaron papeles principales en la lucha independentista, y que, durante mucho tiempo, habían sido relegadas en la memoria oficial: Josefa Ortiz de Domínguez (también llamada Josefa Ortiz Téllez-Girón), Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y Manuela Medina; pero además, extendió el homenaje a mujeres anónimas e indígenas que
participaron en la causa de la independencia.

Sí, es ‘tiempo de mujeres’, pero desde que asumió la presidencia del país (octubre de 2024) hasta marzo de 2026, ¿cómo han evolucionado los reportes oficiales de agresiones en su contra? Los datos disponibles más recientes provenientes de fuentes como el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), que publican cifras periódicas sobre violencia de género, feminicidios y delitos sexuales, no han sido tan halagadoras.

En 2025, el SESNSP reportó un promedio de 9 a 10 feminicidios diarios en México, cifra que se mantiene estable respecto a años anteriores. En cuanto a violencia sexual, acoso y violación, las denuncias han mostrado un incremento sostenido en 2025, con más de 30 mil carpetas de investigación abiertas en el año. Mientras que la violencia familiar sigue siendo lo que más han denunciado las mujeres con más de 280 mil casos en 2025, lo que representa un aumento respecto a 2024. Incluso, todos fuimos testigos de cuando la propia presidenta
Sheinbaum fue víctima de acoso en vía pública (noviembre de 2025) por un sujeto llamado Uriel Rivera Martínez, lo que visibilizó la persistencia de la violencia hacia las mujeres en todos los niveles sociales.

Los datos oficiales son publicados con rezago; por ejemplo, las cifras de 2026 aún no están disponibles en su totalidad; y los registros reflejan denuncias formales,por lo que, pese a ser ‘tiempo de mujeres’ existe un subregistro significativo debido a la falta de confianza en las instituciones o miedo a represalias. Las organizaciones civiles señalan que la violencia contra mujeres se mantiene en niveles críticos, pese a los programas federales y estatales de prevención. 

En resumen: desde la llegada de Sheinbaum a la presidencia, los indicadores oficiales muestran que la violencia contra las mujeres no ha disminuido y se mantiene en cifras alarmantes, con feminicidios diarios y un aumento en denuncias por violencia familiar y delitos sexuales.

Por ejemplo, de enero a febrero (2026) ha habido cincuenta y cuatro feminicidios (enero) concentrados en Sinaloa, CDMX, Estado de México y Tamaulipas, sin embargo, aún son datos parciales, y las organizaciones reportan repunte en violencia contra mujeres. La Reforma al Código Penal aprobada en febrero, señala que el abuso sexual se perseguirá de oficio y se endurecen penas; no obstante, los primeros meses del año muestran repunte de asesinatos y violencia extrema. 

Ante esto, el gobierno mexicano, en los dos últimos años, ha implementado una serie de medidas para enfrentar el feminicidio y la violencia contra las mujeres; sin embargo, los resultados siguen siendo mixtos: hay avances normativos y de coordinación institucional, pero también críticas por falta de recursos y por el impacto de la militarización y la austeridad.En 2024 se han reforzado los protocolos de atención y prevención; se fortalecieron mecanismos de respuesta inmediata, acompañamiento y reparación del daño para mujeres en situación de violencia. Estos protocolos buscan garantizar atención física, emocional y psicológica con perspectiva de género; también se han implementado sistemas de colaboración entre los tres órdenes de gobierno y los poderes de la Unión, con el objetivo de que cada institución pública asuma corresponsabilidad en la lucha contra los feminicidios.

También la aplicación de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (LGAMVLV), misma que ha sido el marco central para prevenir, sancionar y erradicar la violencia en todas sus formas. Se han promovido acciones para fortalecer su implementación en estados y municipios. Organismos internacionales y colectivos feministas han señalado que los recortes han debilitado a organizaciones de mujeres y limitan la efectividad de las políticas públicas.

A pesar de las medidas, la violencia feminicida sigue en niveles alarmantes, lo que ha generado movilizaciones sociales y críticas de colectivos feministas. La paradoja es que, aunque hay avances legales y normativos, la violencia contra las mujeres sigue en niveles epidémicos. Pero tan es tiempo de mujeres que, este viernes 6 de marzo, La Jornada de Aguascalientes, LJA.MX da a conocer que por presiones en redes sociales y colectivos feministas, se revocó la convocatoria del Ayuntamiento de Santo Domingo Tehuantepec, Oaxaca para realizar un taller de cómo elaborar un “kit forense en caso de desaparecer”.

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Tu compañía en la eternidad

 Timbre

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▲ Para dar continuidad a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer, futbolistas convirtieron ayer el Zócalo en una cancha donde organizaron Las Retas del 9M, en apoyo a todas las mujeres que participan en este deporte.Foto Roberto García Ortiz

El mural se llama Las mariposas y lo pintó la artista Rocío Martínez (@FunnyGraff) en noviembre 2022, para las jornadas Sie7e Días de Activismo de la UAM-Azcapotzalco. La imagen, que cubre una pared cercana a la Biblioteca Central, en el corazón del campus, reproduce los rostros de tres de sus alumnas víctimas de feminicidio: Liliana Rivera Garza, Edna Reyes Gutiérrez y Karen García Alemán, quienes estudiaron arquitectura, sociología e ingeniería respectivamente. Nunca se conocieron, pero sus miradas –brillantes, traviesas, soñadoras– me hacen pensar que forman un equipo afectuoso y vivaracho en esa eternidad que es la muerte. En El invencible verano de Liliana jugué con la idea de que Liliana conviviría con River Phoenix y Selena, fallecidos más o menos por los mismos años a fines del siglo XX. Luego imaginé que, de coincidir, se volvería amiga de Lesvy Berlín Rivera Osorio, víctima de feminicidio en 2017 en la UNAM. En un día lleno de sol y viento, estática frente al mural que comisionó la UAM, tuve que aceptar que Liliana estaba en buena compañía ahí, flanqueada por esas dos chicas jóvenes y hermosas. No es una cosa menor elegir bien con quién pasaremos la eternidad. Como lo aseguraba Juan Rulfo, vamos a pasar mucho tiempo enterrados.

Cruentación es una creencia que data de la Edad Media, que aseguraba que un cadá-ver volvería a sangrar en presencia de su asesino, ayudando de esta manera a identificarlo. En Hydra Medusa, el libro que el poeta japonés-americano Brandon Shimoda publicó en 2023, el término reemerge, revisado. Aquí, la sangre se vuelve memoria para explicar que lo que forja esa relación vinculante entre víctima y victimario no es otra cosa que la impunidad. El silenciamiento forzado de historias de violencia de género, especialmente el feminicidio, que es su forma más letal, ha obligado a la comunidad de sufrientes a transmitir estos relatos de generación en generación a murmullos, casi en secreto, como si se tratara de una mancha. En contraste, ese mismo silenciamiento ha permitido que ellos –los familiares que protegieron al feminicida, los amigos o colegas que no lo denunciaron, los vecinos que se hicieron de la vista gorda– continúen viviendo sin tener que admitir el crimen, prolongando con su cotidianeidad como si nada hubiera pasado.

Reflexioné mucho sobre el vínculo que genera la impunidad desde que le conté a mi hijo la historia del feminicidio de Liliana, mi hermana menor y su única tía. Imaginé desde entonces que una escena parecida se suscitaría en el futuro, cuando mi hijo le contara esta historia fundamental y estructurante a sus propios hijos y estos a los suyos. También pensé, no tuve alternativa, en la ignorancia que la impunidad les regalaba a las comunidades del feminicida: tanto sus hijos como los hijos de sus hijos podrían obviar esta historia, puesto que ningún sistema de justicia los llamaría a atestiguar o los obligaría a reconocer su parte en el crimen.

Por los siglos de los siglos

En un libro subsecuente, The Afterlife is Lettingo Go, el mismo Shimoda sostuvo que detestaba la idea de que la muerte impune de sus seres amados los condenara a pasar una eternidad cerca del acoso y la violencia de sus asesinos. Decía que deseaba con todo el corazón que, en la muerte, pudieran por fin hallarse fuera del alcance de sus atormentadores. Por eso es importante que, aunque mencionados, los nombres de los asesinos no se conviertan en protagonistas en las narrativas de feminicidio –en un sistema con más de 95 por ciento de impunidad no se necesita mucha imaginación para saber por qué los feminicidas no se detienen. En la calle de Mimosas 66, a una cuadra de donde vivió Liliana, en la colonia Pasteros, se encuentra una placa de cerámica que la poeta Martha Mega (@viboradelamar) elaboró en 2023 para celebrar su paso por la tierra. En aquel momento, agregó con pintura y directamente sobre la pared una advertencia: que el nombre del feminicida debería perderse en la ignominia. El tiempo le ha dado la razón: ese texto ha sido borrado por los elementos.

A un lado del mural de Las mariposas se encuentra otra placa, ésta hecha de metal, que la familia de Karina le dedica. Ahí, su madre advierte: justicia sería que mi hija estuviera viva. Sayuri Herrera, la ex fiscal de feminicidios de la Ciudad de México, lo decía de esta manera: justicia es que esto no vuelva a ocurrir nunca más. En eso pienso mientras las observo en su mural. En eso, y en que, estén donde estén, mi deseo es que sigan rodeadas por siempre de amigas, de sustento, y de esta luz radiante y tibia que es la memoria cuando la construimos todas. Sin cesar.

Agradezco a Guadalupe Zaragoza, estudiante de maestría y trabajadora en la oficina de espacios físicos de la UAM, los datos sobre el mural Las mariposas.

Del tráfico a la desaparición

Jorge Durand

Hace ya unos años, asistí a una conferencia de la Caravana de Madres Centroamericana de Migrantes Desaparecidos. Era una jornada de lucha por el terrible mal que nos aqueja, no sólo de la violencia y la muerte, sino de lo que es mucho peor, la desaparición. Pero a pesar de lo terrible de la situación, hay esperanza, es una búsqueda desesperada, pero también esperanzada; de encontrar al hijo que puede estar en la cárcel, en el hospital, en una casa de seguridad o que lo hayan secuestrado, esclavizado. Finalmente, queda la posibilidad de encontrar al cuerpo, que diera fin a la angustia, al duelo interminable.

Esas madres tenían la esperanza en el rencuentro, confiaban en que algo había sucedido para que se silenciara su voz, se cortara la llamada. Pensaban, que más que muertos, estaban perdidos, que los habían secuestrado y quedaba un rayito de esperanza para encontrarlos. Y, de hecho, en varios casos, los encontraban.

En ese momento me surgió la pregunta de por qué esos migrantes dejaban de hablar, de comunicarse, más aún en un tiempo donde la comunicación no sólo es fluida, sino impresionantemente barata y accesible. Algo había tenido que pasar. Y la respuesta que me dieron, fue simplemente la de la vida y sus recovecos, sus miedos y vergüenzas, sus temores, angustias y resquemores. No son propiamente decisiones racionales, son cosas que pasan y que, con el correr del tiempo, se hace más difícil explicar lo inexplicable; porque la cotidianidad del migrante diluye los contactos con el lugar de origen y, la lucha por sobrevivir, no da tiempo, ni deja espacio para el recuerdo o la nostalgia.

Y todo esto me hizo recordar una lectura, una tesis, donde se narraba la historia de una madre migrante que dejó a sus hijos con la abuela en Honduras y la vida la fue llevando, de tumbo en tumbo, por caminos no deseados ni queridos, pero donde lo pesado del lodo la atrapaba y le impedía escapar. Y en eso, esa madre migrante quedó embarazada y embarcada en una nueva y tortuosa relación y simplemente dejó de llamar, de decir mentiras, de inventar excusas. Ya no tenía cara para enfrentar, ni siquiera para disculparse ante su madre, ante sus otros hijos. Y es ahí donde el desarraigo cobra presencia y se convierte en decisión de cortar con los lazos que quedaban, de esconderse, de desarraigarse.

El amor y la esperanza de una madre son una fuerza centrípeta que quiere acoger hacia el núcleo, hacia el centro familiar, a los miembros dispersos; mientras la migración y el desarraigo son fuerzas centrífugas que se alejan del centro, del núcleo; que se fugan, a veces sin decir nada y eso genera esa búsqueda desperada.

Los malandros que quitan la vida de alguien, por cualquier razón, porque ya no se puede hablar de un “móvil”, no sólo son asesinos, son cobardes que saben que, si no hay cuerpo, ni arma, no hay delito. La cobardía también implica a aquellos que utilizan a menores para cometer sus fechorías. Todo un mundo de cobardes, armados hasta los dientes, por aquella enmienda, del otro lado, que permite vender todo tipo de armas, a cualquier persona. Y por un sistema de justicia, de este lado, que solapa y facilita la impunidad.

En el caso de los migrantes se han dado desapariciones y ejecuciones masivas, como la de San Fernando, en Coahuila, en 2010, donde fueron ajusticiados 72 migrantes de diferentes nacionalidades. La matanza se atribuyó al cártel de Los Zetas. Diez años después, en 2021, ocurrió la matanza de Camargo, donde fueron ajusticiados 17 migrantes guatemaltecos y luego los calcinaron. En este caso la responsabilidad cayó en el cuerpo de élite de la policía de Tamaulipas. Una trágica conclusión, donde ambos bandos parecen ser iguales.

Paradójicamente, la muerte, extorsión y desaparición de migrantes se terminaron con la política antimigratoria de Donald Trump, que cerró la frontera. Los números dan cuenta de ello, mientras en 2024 la Patrulla Fronteriza capturó a más de 1.2 millones de migrantes, en 2025 tan sólo fueron 25 mil. Una vez terminado el periodo trumpista, muy posiblemente se reactivarán los flujos, las mafias y, lamentablemente, las desapariciones.

¿Qué luchas de mujeres decide ver Occidente?

 Orientalismo, feminismo e invisibilización en Palestina, Irán y el Sáhara Occidental

Fuentes: Alkarama

En los últimos años algunas luchas de mujeres en el Sur Global han sido ampliamente celebradas en medios de comunicación, redes sociales y espacios feministas internacionales, donde se presentan como símbolos de emancipación y resistencia. Sin embargo, otras luchas igualmente profundas, prolongadas y decisivas permanecen en gran medida invisibles o son reducidas a relatos humanitarios que borran su dimensión política.

Este contraste no tiene que ver con el valor de unas luchas frente a otras. Lo que revela es algo distinto: la existencia de una mirada selectiva en la forma en que Occidente reconoce —o decide no reconocer— las luchas de las mujeres fuera de su propio contexto cultural y político.

Cuando se observa con atención, aparece un patrón bastante claro. Algunas experiencias son convertidas en símbolos globales del feminismo contemporáneo, mientras que otras —especialmente las que emergen del mundo árabe o musulmán— permanecen ignoradas, simplificadas o despolitizadas.

Este fenómeno puede observarse al analizar cómo se representan internacionalmente las luchas de mujeres en contextos tan distintos como Palestina, Kurdistán, Irán o el Sáhara Occidental.

Orientalismo y construcción selectiva de las luchas de mujeres

Este patrón no es casual. Forma parte de una tradición más amplia que el intelectual palestino Edward Said definió como orientalismo: una forma de mirar y representar a las sociedades del llamado “Oriente” a través de categorías construidas desde Occidente, donde la complejidad de esas sociedades queda reducida a estereotipos culturales, políticos o religiosos.

Dentro de esta lógica, las mujeres del mundo árabe y musulmán han sido históricamente representadas de dos maneras opuestas pero complementarias: o como víctimas pasivas que necesitan ser salvadas, o como excepciones admirables que parecen confirmar los valores occidentales.

En ambos casos, lo que desaparece es su condición de sujetas políticas autónomas, capaces de definir por sí mismas los términos de su lucha.

La fascinación mediática por algunas luchas

En los últimos años, la experiencia de las mujeres kurdas en el norte de Siria ha recibido una atención extraordinaria en los medios occidentales. Las combatientes kurdas fueron presentadas en numerosos reportajes como símbolo de emancipación femenina y resistencia revolucionaria.

Su imagen —mujeres jóvenes armadas, uniformadas y combatiendo al fundamentalismo— se convirtió rápidamente en un icono global. Diversos análisis sobre la cobertura mediática de este fenómeno han señalado cómo esa fascinación estuvo marcada por una mezcla de admiración, exotización y simplificación política.

Reconocer esta dinámica no implica negar la importancia de la experiencia política de las mujeres kurdas ni el valor de su organización. Su papel en procesos de autogobierno y transformación social merece ser estudiado con seriedad.

La cuestión es por qué esa visibilidad extraordinaria convive con la invisibilización de otras luchas igualmente profundas.

Las mujeres iraníes y la instrumentalización mediática

Un caso particularmente claro de esta dinámica es el de las mujeres iraníes. Sus movilizaciones y protestas reciben una enorme cobertura mediática internacional cuando encajan en relatos geopolíticos que confrontan al Estado iraní con Occidente.

Sin embargo, esa visibilidad suele estar profundamente mediada por intereses políticos. La complejidad de las luchas de las mujeres iraníes —sus debates internos, su diversidad ideológica, su historia política y su participación en movimientos sociales— tiende a simplificarse en relatos que las presentan exclusivamente como víctimas que necesitan ser salvadas.

La antropóloga Lila Abu-Lughod ha señalado cómo el discurso de “salvar a las mujeres musulmanas” ha sido utilizado históricamente para justificar agendas políticas e intervenciones externas en el mundo musulmán.

En ese proceso, las mujeres dejan de aparecer como sujetas políticas complejas y pasan a convertirse en símbolos dentro de un relato más amplio sobre civilización, modernidad y libertad.

Las mujeres palestinas frente al colonialismo de asentamiento

La invisibilización de las mujeres palestinas resulta aún más significativa si se tiene en cuenta el contexto en el que desarrollan su lucha.

Las mujeres palestinas viven y organizan su resistencia bajo un sistema de colonialismo de asentamiento, ocupación militar y apartheid que condiciona todos los aspectos de la vida cotidiana. La fragmentación territorial entre Gaza, Cisjordania, Jerusalén, los territorios ocupados en 1948 y la diáspora impone enormes obstáculos a la organización social y política.

En muchas zonas enfrentan simultáneamente múltiples formas de violencia estructural: puestos de control militares, confiscación de tierras, demolición de viviendas, arrestos masivos, desplazamiento forzado y severas restricciones a la movilidad.

A pesar de estas condiciones extremas, las mujeres palestinas han desempeñado un papel central en la organización comunitaria, la educación, la resistencia popular y la defensa de la vida social bajo ocupación.

La historia de su participación política forma parte también de una tradición más amplia de feminismo anticolonial. Desde las primeras organizaciones de mujeres durante el Mandato británico hasta su papel en las distintas fases de la resistencia palestina, la lucha por los derechos de las mujeres ha estado profundamente vinculada a la autodeterminación y a la liberación nacional del pueblo palestino.

Para muchas activistas palestinas, la emancipación de las mujeres no puede separarse del fin del colonialismo, del retorno de las personas refugiadas y del derecho del pueblo palestino a vivir libre de ocupación.

Las mujeres palestinas y la invisibilización política

Este contexto colonial explica también por qué la dimensión política de la participación de las mujeres palestinas ha sido tan frecuentemente invisibilizada en los relatos dominantes sobre Palestina.

La historia de las mujeres palestinas en la lucha anticolonial se remonta al menos a comienzos del siglo XX. Ya en 1929 se celebró en Jerusalén el Congreso de Mujeres Árabes Palestinas, una expresión temprana de organización política femenina vinculada al movimiento nacional.

Desde entonces, las mujeres palestinas han desempeñado un papel central en la resistencia contra el colonialismo, la ocupación y el desplazamiento. Han sido organizadoras comunitarias, militantes políticas, educadoras, presas políticas, combatientes, defensoras de la tierra y pilares de la vida social bajo ocupación.

Durante la Primera Intifada de 1987 su participación fue masiva y decisiva en la organización popular, la educación clandestina, la movilización social y el sostenimiento de la vida cotidiana bajo la represión militar.

A pesar de esta larga trayectoria, durante décadas el relato dominante en Occidente redujo a las mujeres palestinas a dos imágenes aceptables: la víctima humanitaria o la madre doliente. Su papel político y su agencia revolucionaria fueron sistemáticamente minimizados o directamente ignorados.

La jerarquía implícita del reconocimiento feminista

Este contraste revela la existencia de una jerarquía implícita en la forma en que el feminismo liberal occidental reconoce las luchas de mujeres fuera de Europa y Estados Unidos.

Las experiencias que resultan culturalmente legibles para Occidente —seculares, visualmente espectaculares o alineadas con narrativas geopolíticas occidentales— tienden a recibir mayor reconocimiento.

En cambio, las luchas de mujeres que emergen del mundo árabe o musulmán, o que confrontan directamente estructuras de poder sostenidas o respaldadas por Occidente, suelen ser ignoradas, simplificadas o reducidas a discursos humanitarios.

Este patrón no se limita al caso palestino.

Las mujeres saharauis: resistencia invisibilizada

Una situación similar puede observarse en el caso de las mujeres saharauis. Durante décadas han desempeñado un papel fundamental en la organización social y política del pueblo saharaui, especialmente en los campamentos de refugiados donde han sostenido estructuras educativas, sanitarias y administrativas en condiciones extremadamente difíciles.

A pesar de este papel central, la lucha de las mujeres saharauis rara vez ocupa un lugar destacado en el imaginario feminista internacional.

Su experiencia demuestra hasta qué punto algunas luchas permanecen fuera del radar mediático global, no por falta de relevancia, sino por su posición dentro de los equilibrios geopolíticos internacionales.

Cuando la causa de las mujeres se convierte en instrumento geopolítico

Existe además otra dimensión incómoda que rara vez se aborda en los debates internacionales sobre los derechos de las mujeres en el Sur Global: la instrumentalización política de algunas luchas por parte de las potencias occidentales.

A lo largo de la historia contemporánea, los derechos de las mujeres han sido utilizados en numerosas ocasiones como argumento moral para legitimar agendas geopolíticas, sanciones económicas o intervenciones políticas en países considerados adversarios de Occidente.

En ese contexto, ciertos discursos feministas pueden ser incorporados —de manera consciente o inconsciente— dentro de narrativas que responden a intereses estratégicos más amplios.

En muchos contextos del Sur Global, diversas activistas han desarrollado lo que algunas teóricas denominan feminismo de liberación nacional, una perspectiva que entiende que la emancipación de las mujeres no puede separarse de las condiciones políticas, económicas y coloniales en las que viven sus pueblos.

Desde esta perspectiva, la lucha contra el patriarcado se articula con la lucha contra el colonialismo, el racismo estructural, la ocupación militar o la dominación imperial.

Separar artificialmente ambas dimensiones no solo distorsiona la realidad histórica de esos movimientos. También puede contribuir —de manera involuntaria— a debilitar luchas colectivas por la liberación de los pueblos.

Islam, secularismo y reconocimiento selectivo

Existe además otro elemento que atraviesa estas dinámicas: la relación entre feminismo occidental, secularismo e islamofobia.

Incluso cuando las mujeres palestinas o árabes logran visibilidad internacional, se observa una tendencia clara: las figuras más aceptadas suelen ser aquellas percibidas como seculares o culturalmente cercanas a los códigos occidentales.

Las mujeres musulmanas visibles —especialmente aquellas que llevan hiyab— continúan enfrentando sospecha, paternalismo o invisibilización.

Esto revela hasta qué punto el reconocimiento internacional de las luchas de las mujeres sigue condicionado por criterios culturales profundamente marcados por el orientalismo.

La pregunta que queda abierta

Quizá la cuestión no sea cuál lucha de mujeres merece mayor admiración.

La cuestión es otra: ¿por qué algunas son celebradas mientras otras permanecen invisibles?

Responder a esa pregunta exige reconocer que el reconocimiento internacional de las luchas de las mujeres sigue profundamente condicionado por el orientalismo, el colonialismo y la islamofobia.

Mientras esa mirada no cambie, muchas mujeres que luchan por la liberación de sus pueblos seguirán siendo ignoradas incluso dentro de espacios que se presentan como feministas.

Más allá de los símbolos mediáticos

Las luchas de las mujeres en Palestina, Kurdistán, Irán o el Sáhara Occidental no pueden comprenderse fuera de los procesos políticos y coloniales que atraviesan a sus pueblos.

Analizarlas únicamente desde categorías culturales o identitarias, ignorando esas condiciones históricas, reproduce precisamente la mirada orientalista que dice querer superar.

La cuestión no es qué mujeres luchan más o mejor.

La cuestión es quién decide qué luchas merecen ser visibles y cuáles deben permanecer en silencio.

Responder a esa pregunta implica mirar de frente a la estructura de poder que produce esos relato: una estructura marcada por el orientalismo, el colonialismo, la islamofobia y la hegemonía mediática occidental.

Y también implica reconocer algo fundamental: las mujeres que luchan por la liberación de sus pueblos no necesitan el reconocimiento de Occidente para que su lucha sea legítima ni para definir por sí mismas los términos de su emancipación.

Jaldía Abubakra es integrante del Movimiento de Mujeres Palestinas Alkarama y activista por los derechos del pueblo palestino.

Fuente: https://alkarama.eu/que-luchas-de-mujeres-decide-ver-occidente-orientalismo-feminismo-e-invisibilizacion-en-palestina-iran-y-el-sahara-occidental/

De cómo se utiliza el feminismo israelí para justificar guerras genocidas

 Por Lubna Masarwa, Maha Nazih al-Hussaini

Fuentes: Voces del Mundo [Foto: mujeres pilotos de combate israelíes. Imagen compartida en redes sociales esta semana por el político israelí Yair Golan (X)]

Cuatro pilotos israelíes de pie, con las viseras bajadas y los brazos cruzados, delante de un avión de combate en una pose clásica de destreza militar al estilo Top Gun, pero con un toque diferente. Las cuatro pilotos son mujeres, con el pelo largo cayéndoles sobre los hombros por debajo de los cascos. Es una imagen que lleva años circulando y que resurgió en los primeros días del ataque estadounidense-israelí contra Irán.

La participación de mujeres pilotos de combate en la operación en curso ha sido motivo de autocomplacencia para el ejército israelí y un motivo de orgullo y reivindicación para muchos israelíes. «Aproximadamente 30 mujeres miembros de la tripulación, incluidas pilotos y navegantes, participan en ataques aéreos sobre Irán como parte de la Operación ‘León rugiente’», publicó el ejército israelí en redes sociales el lunes.

El mensaje también fue retomado por Yair Golan, líder del partido izquierdista Demócratas, quien compartió la imagen de las pilotos de combate en una publicación en redes sociales. “La participación de decenas de mujeres tripulantes en los complejos ataques en Irán como parte de la Operación ‘Rugido del León’ es una prueba irrefutable de que la audacia, la profesionalidad y el patriotismo no tienen género”, escribió Golan.

Para muchos israelíes que se encuentran una vez más en guerra, estos sentimientos transmiten un mensaje claro sobre los valores —liberales y feministas— que creen representar, así como aquellos contra los que afirman luchar.

Encuadre engañoso

Más del 90% de los judíos israelíes, que abarcan todo el espectro político, desde la izquierda y los liberales hasta la base de extrema derecha del Gobierno de coalición, apoyan el ataque militar contra Irán, según una encuesta reciente del Instituto para la Democracia de Israel, un centro de investigación independiente.

En entrevistas callejeras, publicaciones en redes sociales y debates televisivos, las mujeres israelíes reiteran el mismo argumento: están dispuestas a vivir bajo los bombardeos si eso significa ayudar a los iraníes —y en particular a las mujeres iraníes— a alcanzar la libertad. «Les escribo desde los refugios, mientras los ecos de las explosiones en el exterior me recuerdan a cada momento la crucial conexión entre nuestra libertad aquí y la libertad del pueblo de Irán», escribió Yasmine Sayeh, una israelí de ascendencia iraní, en una publicación compartida en un grupo feminista israelí de Facebook.

El domingo 8, Día Internacional de la Mujer, ofreció otra oportunidad a los líderes militares y políticos israelíes para transmitir el mensaje. “En este Día Internacional de la Mujer, reconocemos a las mujeres que hacen posible cada misión”, decía una publicación en la página de Facebook del ejército israelí, acompañada de un vídeo en el que se homenajeaba a las pilotos y navegantes “que llevan a cabo misiones en los cielos de Irán con precisión, concentración y valentía”.

El ejército israelí también publicó cifras que revelan que más del 21% de los combatientes son mujeres, lo que supone un fuerte aumento con respecto al 7% registrado en 2015. El ejército declaró: “Las mujeres han servido en las Fuerzas de Defensa de Israel desde su creación, y su servicio constituye una contribución significativa al logro de sus objetivos. Incluso hoy, en la Operación ‘León Rugiente’, son una parte integral de la actividad operativa de las Fuerzas de Defensa de Israel, tanto en las líneas del frente como en el frente interno”.

El domingo el líder de la oposición israelí, Benny Gantz, compartió una imagen estilizada de una piloto de combate sobrevolando un horizonte en llamas mientras unas mujeres protestaban en primer plano, una de ellas quitándose el pañuelo y levantándolo en el aire, y otra sosteniendo una pancarta en la que se leía ‘WOMAN LIFE FREEDOM’ (Mujer, vida, libertad). «En el Día Internacional de la Mujer, honramos a las mujeres de todo el mundo que defienden y luchan por la libertad», escribió Gantz.

Los líderes israelíes suelen enmarcar su conflicto con Teherán como una lucha contra el régimen y no contra el pueblo iraní y vinculan este relato con la idea de liberar a los iraníes, especialmente a las mujeres, de la opresión.

En un discurso público dirigido a los iraníes hace más de un año, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, invocó el grito de guerra del movimiento de protesta liderado por mujeres que surgió tras la muerte de Mahsa Amini, declarando que ‘Mujer, Vida, Libertad es el futuro de Irán’ e instando a los iraníes, en particular a las mujeres, a levantarse contra sus gobernantes. En consonancia con esto, ha resurgido una corriente familiar del feminismo militarizado israelí que promueve la participación de las mujeres en la maquinaria de la guerra y celebra su implicación como un indicador de igualdad.

El ejército israelí lleva mucho tiempo haciendo gala de sus credenciales feministas. El servicio militar es obligatorio tanto para las mujeres como para los hombres en Israel, y se calcula que las mujeres constituyen aproximadamente una quinta parte de los soldados de combate.

Las publicaciones del ejército israelí en las redes sociales suelen destacar el papel desempeñado por las mujeres soldado en las guerras de Gaza y otros lugares. Los medios de comunicación israelíes se hicieron eco de las hazañas de una tripulación de tanques formada íntegramente por mujeres que “atropelló a decenas de terroristas de Hamás” durante los ataques del 7 de octubre de 2023. Y el mes pasado, el ejército anunció la formación de una nueva compañía de combate integrada exclusivamente por mujeres y estacionada en la frontera con el Líbano.

“Hombro con hombro”

Tras las críticas a una comandante de infantería en un reportaje del Canal 14, un portavoz del ejército israelí publicó recientemente en las redes sociales una foto de sí mismo con su hija, oficial de la Armada israelí. “La contribución de las mujeres al combate no es un eslogan… Es un hecho operativo demostrado”, escribió el general de brigada Effie Defrin. “A lo largo de los años, y especialmente desde el 7 de octubre, las combatientes femeninas han soportado el peso de los combates codo con codo”, afirmó Defrin. “Operan en las líneas de contacto, cruzan las líneas enemigas, lideran operaciones ofensivas, luchan en Gaza, Siria, Cisjordania y el Líbano, y también operan lejos de las fronteras del país, corriendo riesgos personales y salvando vidas”.

Sin embargo, estas declaraciones suenan especialmente huecas cuando se comparan con el creciente número de víctimas mortales y la violencia diaria infligida a mujeres y niñas en todo Oriente Medio por la maquinaria bélica israelí. En Gaza 33.000 mujeres y niñas han sido asesinadas y más de 75.000 han resultado heridas desde octubre de 2023, lo que llevó a la relatora especial de las Naciones Unidas sobre la violencia contra las mujeres y las niñas, Reem Alsalem, a acusar a Israel en julio de 2025 de llevar a cabo un “femigenocidio” contra las palestinas. “Lo que les está sucediendo a las mujeres y niñas palestinas no es un daño colateral de la guerra”, afirmó Alsalem. “Es la destrucción intencionada de sus vidas y sus cuerpos, por ser palestinas y por ser mujeres”.

Más de un millón de mujeres y niñas viven en tiendas de campaña o en ruinas, privadas de alimentos y medicinas. Las mujeres que antes compartían las responsabilidades domésticas pasan horas al día haciendo largas colas en comedores sociales, cargando pesados contenedores de agua por barrios devastados, recogiendo leña o restos para cocinar y buscando los escasos suministros disponibles, y todo ello mientras cuidan de niños y familiares ancianos traumatizados.

Patrón de violencia

Muchas mujeres palestinas recluidas en prisiones israelíes han descrito patrones de violencia y abusos por motivos de género en los centros de detención israelíes. Algunas mujeres denunciaron haber sido torturadas o haber sufrido abusos sexuales debido a presuntos vínculos familiares con personas acusadas de afiliación a grupos armados. Otras describieron actos de violencia sexual o amenazas explícitas de violación como herramientas de intimidación y coerción contra ellas y sus familias.

De igual manera, hombres palestinos detenidos han denunciado haber sido amenazados con la violación de sus esposas o hijas como medio de tortura psicológica durante los interrogatorios, utilizando los cuerpos de las mujeres como instrumentos de presión y humillación.

Otro patrón inquietante documentado durante la guerra fue la entrada de soldados israelíes en hogares palestinos en Gaza y la exhibición pública de ropa interior femenina de forma humillante, con imágenes y vídeos que circularon por Internet. Estos actos no solo tienen por objeto la burla, sino también despojar a las mujeres de su dignidad y violar deliberadamente barreras sociales y culturales profundamente arraigadas, convirtiendo los espacios privados en escenarios de degradación pública. Quienes afirman estar “liberando a las mujeres” no las convierten en instrumentos de chantaje, coerción o tortura psicológica.

Sin embargo, mientras las mujeres palestinas soportaban estas privaciones, los legisladores israelíes se centraban en garantizar la comodidad de sus propias mujeres soldado. En julio de 2025, durante la guerra en Gaza, miembros del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa del parlamento israelí insistieron en que se proporcionara a las mujeres soldados uniformes y equipos de protección diseñados para su cuerpo, de modo que pudieran servir con comodidad y eficacia en combate.

Mientras tanto, las mujeres en Gaza se enfrentaban a ataques directos contra todos los aspectos de su feminidad. Durante meses, las autoridades israelíes impidieron por completo o restringieron severamente la entrada de compresas higiénicas para las mujeres que soportaban los ataques de las mismas mujeres soldados que se encontraban tan cómodas en el campo de batalla. Muchas mujeres y niñas palestinas tuvieron que recurrir a paños o incluso a trozos de pañales de bebé para gestionar su menstruación, al tener que enfrentar una agresión directa sobre sus necesidades corporales más básicas.

Mujeres y niñas palestinas extienden sus ollas vacías para recibir arroz cocido de un comedor social en la ciudad de Gaza el 23 de agosto de 2025 (AFP).

Para las mujeres embarazadas y los recién nacidos, las consecuencias han sido particularmente catastróficas. El ataque israelí ha devastado el sistema sanitario de Gaza, con hospitales y maternidades destruidos, trabajadores sanitarios asesinados y el bloqueo de la entrada de suministros humanitarios y médicos al territorio. Como resultado de los ataques y la hambruna sistemática impuesta por Israel, 2.600 mujeres embarazadas sufrieron abortos espontáneos. Tras dar a luz, muchas lucharon por mantener con vida a sus recién nacidos, ya que la desnutrición severa provocó que se secara la leche en sus pechos.

Ahora, en otros países también se repite el patrón. En el Líbano, la organización humanitaria ActionAid ha advertido de que mujeres embarazadas, niñas y bebés recién nacidos se encuentran entre las decenas de miles de personas obligadas a huir debido a la escalada de la guerra de Israel contra Hizbolá en el sur del país.

“Las mujeres y las niñas tienen necesidades especiales”, declaró Marianne Samaha, representante de la organización de ayuda Basmeh y Zeitooneh. “Obviamente, muchas mujeres están embarazadas, muchas mujeres están amamantando y han tenido que huir con sus recién nacidos, con bebés, con niños. Necesitan espacios seguros donde poder quedarse. Y, específicamente, las mujeres y las niñas tienen una gran necesidad de kits de higiene, kits de dignidad y compresas sanitarias”.

Otra Gaza

En Irán, donde las pilotos de combate israelíes participaron con orgullo esta semana, el número de muertos supera ya los 1.000. Esto incluye a 165 personas, casi todas niñas de entre siete y 12 años, que murieron en el bombardeo de una escuela en la ciudad sureña de Minab. Ni Estados Unidos ni Israel han admitido su responsabilidad, aunque The New York Times informó que el ataque tuvo lugar en una zona donde operaban fuerzas estadounidenses.

Pero ¿cómo pueden los israelíes hablar de liberar a las mujeres iraníes cuando la guerra se ha cobrado la vida de tantas niñas? Sus vidas ya se han visto truncadas en la misma operación que ahora se presenta como un acto de liberación.

Cuando las mujeres israelíes celebran su inclusión en roles de combate, la conversación se detiene en el punto de igualdad. Las implicaciones políticas de esa igualdad —los objetivos, la destrucción, los civiles bajo las bombas— desaparecen de la vista.

El feminismo israelí se ha arraigado en la normalización de la guerra genocida contra los palestinos y la devastación infligida al Líbano e Irán, donde mujeres y niñas son a la vez liberadas y asesinadas por las bombas que caen.

Dadas las similitudes en la formulación de los objetivos de las guerras en Gaza e Irán, y el uso de técnicas casi idénticas para devastar ambas regiones, cabría imaginar que el resultado de esta guerra podría dejar a Irán como otra Gaza. Si eso ocurriera, las mujeres de Gaza está viviendo ya el futuro que las mujeres iraníes podrían tener que afrontar, una realidad que una mujer palestina resumió sucintamente: “Nos han hecho retroceder otros cien años”.

Lubna Masarwa es periodista y directora de la oficina de Middle East Eye en Palestina e Israel, con sede en Jerusalén. Maha Nazih al-Hussaini es una periodista palestina, activista por los derechos humanos, directora de estrategias del Monitor Euromediterráneo de Derechos Humanos en Ginebra​ y miembro de la Red Marie Colvin de Mujeres Periodistas. Comenzó su carrera periodística cubriendo la campaña militar de Israel en la Franja de Gaza en julio de 2014.

Texto en inglés: Middle East Eye, traducido por Sinfo Fernández.

Fuente: https://vocesdelmundoes.com/2026/03/09/de-como-se-utiliza-el-feminismo-israeli-para-justificar-guerras-genocidas/

Brecha digital de género en América Latina refleja discriminaciones a mujeres

 Este artículo es parte de la cobertura de IPS del Día Internacional de la Mujer, cuyo lema este año es: “Por un mundo digital inclusivo: Innovación y tecnología para la igualdad de género”.

El acceso de las mujeres a las tecnologías digitales y el desarrollo de sus habilidades para el uso y aprovechamiento de sus beneficios en favor de su empoderamiento y ejercicio de derechos, es una vía para evitar la profundización de la brecha digital de género en América Latina. En la imagen una de las actividades de capacitación que con ese objetivo realiza la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones con mujeres de la región. Foto: APC  Mariela Jara

LIMA – La brecha digital de género es multifactorial en América Latina y mientras los países no enfrenten la discriminación a las mujeres, la desigualdad se va a reflejar en el ecosistema digital dejándolas fuera del acceso a oportunidades y disfrute de sus derechos.

Así se pronunció a IPS Karla Velazco, coordinadora de incidencia política del programa de derechos de las mujeres de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones (APC), una red internacional de organizaciones de sociedad civil que promueve el uso estratégico de las tecnologías de información y comunicación en países de América Latina, Asia y África.

La pobreza en la región afecta al 32 % de la población, pero con un claro sesgo de género y etnia, al registrar tasas más altas las mujeres y las personas de pueblos indígenas y afrodescendiente, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Esta desventaja, se subraya, impacta en su menor acceso, uso, manejo y control de las nuevas tecnologías en perjuicio de su desarrollo.

Velazco es parte también de Comité Consultivo Permanente de la Comisión Interamericana de Telecomunicaciones, desde el que trata de promover el derecho de las mujeres en el acceso a internet y en general a las nuevas tecnologías, explicó por videoconferencia desde su oficina en Ciudad de México.

Con ocasión de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer que este año tiene como lema “Por un mundo digital inclusivo: Innovación y tecnología para la igualdad de género”, la especialista llamó la atención sobre la falta de datos centralizados y actualizados sobre este tema que permita a los Estados avanzar con políticas claras.

El estudio de la Cepal, titulado “Digitalización de las Mujeres en América Latina y el Caribe: Acción urgente para una recuperación transformadora y con igualdad” y publicado en 2022, refiere que cuatro de cada 10 mujeres en la región no acceden a internet, con base a 11 países que acreditan información al respecto.

Pero Velazco sostiene que la cifra no aporta aspectos cualitativos ni tampoco aborda la brecha en entornos urbanos y rurales.

“No hay una medición sobre cómo las mujeres están usando las tecnologías y tampoco sobre cómo afectan sus vidas. Vemos por ejemplo mucha violencia digital de género y casi no tenemos reportes”, dijo.

Karla Velazco, de la de la Asociación para el Progreso de las Comunicaciones, una red internacional de organizaciones de sociedad civil, considera que es importante contar con data actualizada sobre los diferentes factores en torno a la brecha digital de género en América Latina, para que los países puedan actuar con políticas públicas. Foto: Cortesía Karla Velazco

La cifra en todo caso sirvió de referencia para asumir un compromiso de reducir la brecha digital de género, durante la consulta regional  realizada en febrero, para fijar la posición al respecto en la  67° reunión de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer (CSW, en inglés) que va a coger la sede de las Naciones Unidas de Nueva York desde este lunes 6 y hasta 17 de este mes de marzo.

Los 11 países cuyos datos hicieron posible el cálculo fueron Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, México, Paraguay, Perú y Uruguay.

Velazco sostuvo que las mujeres no adoptan a 100 % las tecnologías porque mientras persistan las desigualdades estructurales de género en lo laboral, educativo, económico y social, entrecruzadas además con discriminaciones por la etnia, la posición económica, la orientación sexual o la edad, estas se van a replicar en el espacio digital.

“Como tiene diferentes factores, la brecha digital de género es muy difícil de medir, pero es una responsabilidad que toca asumir a los Estados para que las mujeres no queden excluidas de los avances e innovaciones tecnológicas y por el contrario se beneficien de ello para su empoderamiento y ejercicio de derechos”, remarcó.

La abogada peruana Elizabeth Mendoza, de la no gubernamental Hiperderecho, 
 sostiene que en Perú es muy complicado denunciar la violencia de género 
 en línea. En entrevista con IPS en las oficinas con sede en la capital Lima, 
mostró el espacio digital Tecnoresistencias generado para promover la 
navegación segura de niñas y mujeres y prevenir la vulneración de sus derechos. 
Foto: Mariela Jara / IPS

Es complicado denunciar la violencia de género en línea

Elizabeth Mendoza es abogada y coordinadora legal de la no gubernamental Hiperderecho, institución peruana con 10 años de trabajo en los derechos y libertades en contextos tecnológicos.

“Existen desventajas en el uso y disfrute de internet. Al navegar nos encontramos con situaciones o personas que intentan vulnerar nuestros derechos aprovechándose de la tecnología y es lo que conocemos como la violencia digital de género”, dijo a IPS en una entrevista en la sede de la oenegé en Lima. 

Perú cuenta desde el 2018 con el Decreto Legislativo 1410, que reconoce cuatro delitos de violencia de género en línea: acoso, acoso sexual, chantaje sexual y difusión de contenidos e imágenes audiovisuales a través de medios tecnológicos.

Hiperderecho analizó la eficiencia de la norma y encontró que la ruta de denuncia y atención no se conoce y que la acción del Estado es muy deficiente.

“Muchas personas experimentan violencia de género en línea y no saben que se trata de un delito denunciable; en los casos en que sí se ha hecho la denuncia no es recibida por los efectivos policiales y la fiscalía tampoco tiene la competencia para investigar adecuadamente y llevar a juicio el caso”, refirió la abogada.

Esta situación es así por falta de capacitación a operadores del Estado en el conocimiento y comprensión del delito, en el manejo del enfoque de género para entender la experiencia de vivir la violencia digital y en el enfoque de tecnología para poder investigar y armar el caso.

“Lo que prevalece es que te digan: si te molesta bloquéalo, si tienes un problema cierra tu cuenta. En este tipo de delitos lo que se busca es actuar de forma diligente y rápida porque los agresores eliminan el contenido, el mensaje, la cuenta y nos podemos quedar sin pruebas”, describió.

De los casos que han acompañado el común denominador es la revictimización a la denunciante. “En plena audiencia nos encontramos con un abogado defensor que decía: por qué haces tanto problema si mi defendido tiene un futuro por delante, esto es solo un caso de acoso y está arrepentido. Es complicado denunciar la violencia de género en línea en Perú”, comentó.

Para contribuir a proteger los derechos de las niñas y mujeres en el uso del espacio digital, han creado el centro de autocuidado Tecnoresistencias donde brindan información orientadora para identificar la violencia de género en internet, resistir y saber cómo proceder, y poder denunciar.

Se puede encontrar guías de autocuidado, los modos de la violencia de género en línea y las vías disponibles para la denuncia. También se responde a las consultas.

«Al principio solo usaban el celular para hablar, ahora es un 
medio para enfrentar la pobreza que se agudizó en la pandemia», 
cuenta Rosy Santiz, una mujer maya de la localidad de San Cristóbal 
de las Casas en el estado mexicano de Chiapas, en relación a las 
mujeres bordadoras y tejedoras que usando la tecnología han podido
 capear la crisis económica y social que enfrentan.
 Foto: Cortesía de Rosy Santiz

Usar aplicaciones del celular para capear la crisis

En el otro lado de la moneda, el positivo, el uso del internet y el acceso a las nuevas tecnologías significó la posibilidad de capear la grave crisis económica y social que el covid-19 acentuó entre un colectivo de mujeres maya de la ciudad de San Cristóbal de las Casas, en el estado de Chiapas, al sur de México.

“La pandemia nos dificultó mucho, no teníamos avances en el acceso a la comunicación porque hay poco internet aquí en San Cristóbal de las Casas y nos vimos en la necesidad de aprender”, afirma desde esa localidad Rosy Santiz, mujer maya promotora de derechos y capacitadora.

Ella integra el Centro de Formación y Capacitación para Mujeres K´inal Antsetik, que en lengua tzeltal significa tierra de mujeres. Surgido en 2014, acompañan a colectivos y una red de cooperativas de mujeres bordadoras y tejedoras.

“Sabíamos manejar el celular, pero para mantener nuestro trabajo teníamos que aprender otros programas como el Zoom. Era difícil, pero la única forma de poder comunicarnos y trabajar desde casa. Aprendimos cómo seguir nuestras reuniones y coordinaciones para continuar difundiendo, porque en la pandemia también seguíamos intercambiando experiencias”, recordó.

En las comunidades donde viven las mujeres que integran los colectivos y la cooperativa es escasa la señal de internet por lo que decidieron capacitarlas en el uso del aplicativo WhatsApp. La directiva que reside en San Cristóbal de las Casas recibe los pedidos de la clientela y los canaliza a las mujeres bordadoras y tejedoras enviando las especificaciones y fotografías por esa vía.

“Al principio solo usaban el celular para hablar, ahora es un medio para enfrentar la pobreza que se agudizó en la pandemia, es una de las ventajas que aprovechamos de la tecnología” expresó.

ED: EG

Sheinbaum firma acuerdo con Google, Meta y TikTok para combatir violencia digital contra mujeres

 

Ciudad de México.- En el marco de las acciones por el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, el Gobierno de México, dio a conocer el acuerdo de colaboración para prevenir, atender, la violencia digital en el espacio virtual que incluyo a las principales plataformas y redes sociales: Google, Meta y TikTok.

Este acuerdo llega en un contexto del incremento de violencia digital contra mujeres en México, ya que el pasado 25 de noviembre en el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, ONU Mujeres informó que más de 10 millones de mexicanas han enfrentado agresiones en entornos digitales, esto lo señaló durante el lanzamiento de la campaña “Es Real #EsViolenciaDigital”.

De las personas usuarias 18.1 millones manifiestan haber tenido algún tipo de violencia o ciberacoso en el espacio digital: 10 millones de ellas mujeres y 8 millones hombres.

Resaltó que en el caso de las mujeres, el 57.7 por ciento son menores de 29 años quienes vivieron ciberacoso. Dicha violencia incremente en edades más tempranas y se manifiestan con: insinuaciones y propuestas sexuales; recibir contenido sexual, suplantación de identidad; rastreo de cuentas o sitios web; críticas por la apariencia o por la clase social; publicación o envío de información personal como fotos o videos; publicación o venta de imágenes o videos de contenido sexual.

También mencionó que en los últimos 4 años ha ido aumentando la violencia en el espacio digital.

La Secretaria de las Mujeres, Citlalli Hernández, reconoció el activismo de mujeres en México que ponen este tema como pioneras en varios mecanismos regionales como lo fue la Ley Olimpia, ejemplo para combatir la violencia digital, impulsada por la defensora Olimpia Coral Melo y las Defensoras Digitales.

El acuerdo

Citlalli Hernández recalcó que el acuerdo entre el Gobierno de México y las plataformas y redes sociales de Google, Meta y TikTok se basa en nueve acciones en materia de prevención y siete acciones en materia de atención que se detallan de la siguiente manera:

Para prevenir:

1.- Las y los firmantes de acuerdo tendrán una mesa para poder seguir revisando estas normas que ya existen para fortalecerlas.

2.- Difundirán conjuntamente la Cartilla de Seguridad Digital para difundir las normas de convivencia que deben normalizarse cada vez más, lejos del odio y de la violencia.

3.- Las plataformas realizarán campañas para posicionar más mensajes educativos y formativos dirigidos a la buena convivencia. Y cada 25 de mes, todas las plataformas van a generar difusión de estos contenidos que abonen a una cultura digital mucho más pacífica y armónica.

4.- Las plataformas incentivarán la denuncia ante hechos de violencia y que ocupen las herramientas de reporte.

5.- Campañas informativas en el espacio digital, para generar la convivencia libre de violencia, para fomentar mayor denuncia, para proteger a las mujeres contra contenido y contactos no deseados. Para notificar a las personas usuarias que, si incurren en alguna violación de estas normas, puede haber consecuencias no solo como usuarios en las plataformas, sino incluso vinculada a alguna autoridad.

Campañas también que provean fuentes de información confiables, es decir, contra las fake news.

6.-El fortalecimiento de todas estas herramientas derivado de la revisión para prevenir mejor y atender estas violencias.

7.- Educar el ecosistema de personas creadoras, este es un compromiso de las plataformas. Tienen vínculo con varios creadores de contenido, y lo que han planteado es, justamente, fomentar que estos generadores de contenido ligado a varias plataformas generen contenidos que fomenten un entorno digital seguro.

8.- Generar información accesible para hablar del uso responsable de la tecnología.

9.- Fortalecer las estrategias de prevención en una mesa de diálogo constante con las autoridades del Gobierno de México.

Acciones de atención:

1.- Se activarán medidas inmediatas para atender casos de violencia a través de la definición conjunta. Fortalecerán política y restricciones con la prohibición de publicaciones con material de abuso y explotación sexual para que exista una actuación inmediata por parte de las plataformas, sobre todo cuando se trata de menores de edad con información que alerte a usuarios sobre las consecuencias por el delito.

Implementarán y difundirán herramientas, controles de seguridad y privacidad que permitan a una víctima bloquear la cuenta de la persona agresora y restringir comentarios, como parte de una medida cautelar.

Implementar políticas y procedimientos internos para dar respuesta a las medidas de protección y otras solicitudes de cumplimiento de la ley. A veces todavía hay una distancia entre lo que se decide en el espacio jurídico cuando una mujer denuncia y lo que pasa en el espacio virtual, y lo que pretenden es que se actúe de manera rápida coordinada.

2.- Crearán una guía para que las y los usuarios sepan cómo reportar contenidos, cómo usar las herramientas que ya existen y las fortalecerán para combatir las violencias.

3.- Generarán mejores mecanismos de reporte y de denuncia a perfiles que a veces ya son muy conocidos, que difunden contenidos sexuales o que han sido constantemente reportados por violar estas normas en las redes sociales.

4.- Vincularán todos estos mecanismos de reporte de la violencia habilitados, a la línea 079 opción 1, para que haya un primer auxilio emocional y canalizar a alguna autoridad de inmediato.

5.- Cooperación permanente con las autoridades para la investigación y atención a víctimas a través de enlaces y contactos directos entre las empresas de plataformas digitales, las Fiscalías, Ministerios Públicos o las Policías Cibernéticas.

6.- Colaboración estratégica para retirar contenidos violentos o íntimos, con nuevas herramientas y políticas accesibles que permitan atender de manera mucho más efectiva el acoso y otras conductas de abuso y odio que afectan a las mujeres.

7.- Iniciarán mesas de trabajo para establecer una ruta de cooperación entre autoridades, instituciones académicas expertas en derechos digitales y organizaciones sociales, que fomentan los derechos digitales y combatan la violencia digital.

Por su parte, la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, señaló que el acuerdo tiene como objetivo prevenir y atender la violencia digital en contra de mujeres y niñas a través de una colaboración voluntaria con las plataformas.

“Es un primer acuerdo, es voluntario, pero nos permite que la Secretaría de la Mujer o de las Mujeres esté en contacto permanente con las plataformas. Ustedes saben que hay distintas formas de violencia en las plataformas digitales contra las mujeres y el objetivo es ir atendiendo, y que las plataformas, a través de estos protocolos, vayan bajando imágenes o publicaciones que tengan que ver con violentar a una mujer. Entonces, es un primer acuerdo; es muy bueno para el país y es muy bueno para las mujeres mexicanas”, resaltó Sheinbaum Pardo.

La Jefa del Ejecutivo Federal indicó que, para erradicar la violencia contra las mujeres, la estrategia se enfoca en atender las causas a través de la educación en igualdad y campañas, así como el indispensable reconocimiento del papel de las mujeres en la historia de México y en todos los ámbitos de la vida pública, aunado a la cero impunidad para sancionar delitos penales como el abuso sexual, el acoso y el feminicidio.

Las normales actuales

Citlalli Hernández, Secretaria de las Mujeres, dijo que Google, Meta y TikTok ya realizan algunas acciones como: normas comunitarias que manifiestan estar en contra de algún tipo de violencia o intimidación; han desarrollado guías especializadas para prevenir las violencias y el uso de algunas herramientas; ofrecen herramientas y recursos para apoyar a víctimas de violencias, ofreciendo líneas de ayuda o algunas otras acciones que nos han mostrado en las plataformas; las usuarias pueden reportar fácilmente conductas o contenidos que violen las normas. Acciones que pidió fueran fortalecidas.

Las Defensoras Digitales señalaron que durante años las plataformas ya cuentan con herramientas de seguridad, pero estas siguen siendo poco conocidas por las personas usuarias lo que limitan su efectividad por lo que instaron a la difusión y accesibilidad de estos mecanismos como una demanda central.

También advirtieron que actualmente existen barreras institucionales que impiden a las víctimas acceder a la justicia como sistemas probatorios insuficientes, falta de capacidades de peritaje forense digital y obstáculos para obtener información de las propias plataformas. Sobre este último, apuntaron que la investigación y la reparación integral dependen, en gran medida, de la cooperación de estas empresas quienes por años asumieron un papel neutro, pero permitiendo la automatización, amplificación y monetización de la violencia sexual en internet.

«Reconocemos este acuerdo como un primer paso importante, especialmente porque desde Defensoras Digitales fuimos de las primeras en exigir que las plataformas asumieran responsabilidad frente a la violencia digital. Sin embargo, también lo decimos con claridad: si todo se queda en acuerdos voluntarios, la justicia para las víctimas nunca llegará plenamente. El debate que viene es más profundo.» -Defensoras Digitales.