6/14/2026

Días de futbol

 Días de futbol

Ana Lilia Pérez

"Aunque es la disciplina más practicada del planeta, irónicamente es la que menos se trata como tal".

Días de futbol. Por Ana Lilia Pérez

El futbol trasciende el terreno de juego. Ya sea porque se practique, por tradición familiar, convivencia social, afición, filia o fobia, o hasta por simple observación, casi todos guardamos una anécdota vinculada a este deporte, plasmada en las retas de barrio, los torneos escolares o los equipos de oficina, como espectadores en estadios, o porque, en el caso de los periodistas, hemos realizado alguna cobertura.

Aunque es la disciplina más practicada del planeta, irónicamente es la que menos se trata como tal: se ha transformado en un negocio lucrativo, un activo político y el máximo exponente de la mercantilización deportiva.

Hoy el mundo está en "modo futbol" ante la copa que las selecciones cada cuatro años se disputan. Esta vez son 48 selecciones, en un torneo de 104 juegos distribuidos en tres países sede, durante las próximas seis semanas.

El partido inaugural entre la Selección Mexicana y la de Sudáfrica es uno de los 13 que se jugarán en México, y la final –el 19 de julio– será en un estadio en Nueva Jersey, en Estados Unidos.

Así que los contenidos de medios informativos, los de divertimento, los comerciales, todo está en modo futbolero. Pero el negocio es de unos cuántos: la corporación que mercantiliza el evento y sus asociados. Porque hay hasta palabras, frases, imágenes con restricciones, y eso tiene que ver con su negocio: son más de 300 registros de marca, siglas, frases, lemas, logotipos, imágenes, tipografía, registradas por la FIFA y citarlas, comentarlas, proyectarlas, utilizarlas puede generar costosas multas.

Este Mundial 2026 le representará a la FIFA ganancias históricas por más de 11 mil millones de dólares. De ese tamaño será el negocio para la voraz corporación que al mismo tiempo en que habla de un balón y un deporte que “une al mundo”, le dio un premio “de paz” a un promotor y mercenario de guerra, como es Donald Trump –a quien la FIFA distinguió el año pasado, en Washington, durante la ceremonia del sorteo final de la Copa– premio que le fue entregado por Gianni Infantino, quien preside la federación desde hace una década, tras la salida del suizo Joseph Blatter, implicado en el FIFA Gate.

El FIFA Gate es el mayor escándalo de corrupción que ha manchado a esa federación desde que en 2015 se destapó el sistema de sobornos y prácticas fraudulentas de sus altos ejecutivos –encabezados por Blatter, quien dirigía la FIFA desde 1998– a cambio de otorgar lucrativos contratos de derechos de transmisión televisiva, patrocinios, acuerdos de mercadotecnia, y sedes de torneos, incluyendo las de Rusia en 2018, y Qatar en 2022. El escándalo llevó a Blatter y otros directivos al banquillo de los acusados.

Al ser un evento con máxima proyección internacional, los mundiales se han convertido también en espacio y contexto para que, en los países sede se hagan visibles problemáticas locales, conflictos internos, disputas políticas, o fracturas sociales.

Así pasó desde los primeros mundiales; en décadas más recientes así pasó en Alemania 2006 aún y cuando en su momento se le promovió como el Mundial más “blindado y vigilado”; también en Brasil 2014, donde hubo protestas contra el uso ilícito de la fuerza por parte de la Policía en los desalojos forzados en favelas.

Hace cuatro años en Qatar, donde las negligentes prácticas de explotación laboral con que se construyeron los estadios, costó la vida de miles de trabajadores migrantes, haciendo de ese el Mundial más cuestionado del siglo XXI por las violaciones en materia de derechos laborales.

Durante los partidos, varias selecciones manifestaron su desacuerdo por las condiciones de vida de los trabajadores en Qatar y contra la intolerancia hacia las personas LGBTQI+.

Además de manifestaciones de selecciones y aficionados por problemáticas en sus propios países: los iraníes se expresaron contra la represión de su gobierno y por la muerte de Mahsa Amini –una joven kurda de 22 años de edad– bajo custodia de la Policía de la Moral que en Teherán la detuvo por “no llevar el velo correctamente”. Su nombre se convirtió en símbolo de protesta con aficionados en Qatar visibilizando el lema "Mujer, Vida, Libertad" en estadios en los que también se ondeaban banderas palestinas.

Como caja de resonancia a nivel global, este Mundial no será la excepción para manifestaciones y movilización, éstas comenzaron desde semanas previas en los tres países sede de la justa deportiva.

La mayoría de partidos –78 de los 104– serán en Estados Unidos, país que bajo el gobierno trumpista se caracteriza por el control de la opinión pública y de su población, mediante el miedo, por los abusos, represión y violencia letal contra migrantes y contra todo aquel estadounidense que se oponga a las fascistas prácticas del ICE. Por eso fue tan cuestionada la decisión de la FIFA de distinguir a Trump con un premio “de la paz”, a pesar de que es un generador de conflictos, que amenaza a cuanto país se le ocurre y que fomenta y lucra con la guerra.

En marzo Amnistía Internacional publicó el informe que tituló "La humanidad debe triunfar: Defender los derechos y abordar la represión en la Copa Mundial de la FIFA", en el que alertó de la política antimigración del gobierno estadounidense como el mayor riesgo para el evento:

“Quizá la amenaza más clara para los y las participantes tanto locales como visitantes en la Copa Mundial proceda de la maquinaria estadounidense de control abusivo, discriminatorio y mortal de la inmigración y de las detenciones en masa llevadas a cabo allí. El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) y otras agencias estadounidenses se han transformado en unos cuerpos que actúan al estilo paramilitar y en los que agentes federales armados y enmascarados han echado abajo puertas para irrumpir sin orden judicial en hogares, y han detenido, recluido, sometido a abusos arbitrariamente y han matado a miembros de comunidades en todo el país”.

El informe documentó que varias de las ciudades anfitrionas como Dallas, Los Ángeles, Miami, Houston, “se han visto afectadas por la represión de los derechos ejercida por el gobierno estadounidense”.

También alertó de los riesgos para los aficionados que forman parte de la comunidad LGBTQ+, ya que: “El ataque del actual gobierno estadounidense contra los derechos de las personas LGBTQI+, especialmente en relación con las personas transgénero y de género diverso, ha provocado que el principal grupo de aficionados y aficionadas LGBTQI+ de Inglaterra y una red de grupos de aficionados y aficionadas LGBTQI+ europeos digan que no tendrán una presencia visible en los partidos en Estados Unidos”.

Aunado a las severas restricciones de viaje impuestas a 39 países, incluidos cuatro de los que participan en el evento: Irán, Costa de Marfil, Haití y Senegal.

El trato que en Estados Unidos se ha dado a los originarios de esos países ha sido de revisiones discriminatorias e interrogatorios vejatorios, particularmente a la Selección de Irán a la que además de rechazarles visados para parte de su equipo técnico y de su directiva, les retiraron la cuota de boletos que por reglamente de la FIFA se debe asignar a las selecciones que se disputan cada partido.

Ya desde hace unos meses el ICE había extendido sus operativos antimigración en zonas aledañas a los estadios. Y hace unos días el Congreso aprobó otro presupuesto de 70 mil millones de dólares para que el ICE y la Patrulla Fronteriza refuercen sus operaciones.

Respecto a Canadá, el país donde se jugarán 13 partidos, se ha recrudecido la crisis de vivienda y las manifestaciones de personas sin hogar desplazadas. En las ciudades sede –Toronto y Vancouver– albergues para personas sin hogar fueron cerrados.

En su informe, Amnistía Internacional documentó que en Vancouver el número de personas sin hogar ha aumentado de forma constante en la última década, y para desmantelar sus campamentos y eliminar las manifestaciones de personas “sin hogar” las autoridades intensificaron sus operativos.

Respecto a México, país sede para 13 partidos también, destacó el informe sobre las manifestaciones por parte de diversos colectivos:

“En México ha habido una serie de protestas relacionadas con la Copa Mundial centradas en el acceso a la tierra, el agua y la vivienda y en la crítica de la gentrificación, mientras que las mujeres buscadoras siguen pidiendo verdad, justicia y reparación por la desaparición de sus seres queridos. En la ciudad anfitriona de Guadalajara, las autoridades han amenazado con retirar de la ‘Glorieta de las y los Desaparecidos’ los carteles de personas desaparecidas, mientras que la Policía de Monterrey ha intentado detener a buscadoras que exhibían pancartas en un puente”.

Tres meses después de publicado ese informe, llegada la hora del arranque del Mundial crecieron las manifestaciones en las ciudades sede.

En nuestro país algunas movilizaciones derivan de problemáticas internas que, aunque son herencia de anteriores gobiernos, no han tenido tampoco una resolución.

La movilización más numerosa ha sido la del magisterio, que demanda principalmente la abrogación de la lesiva ley del ISSSTE de 2007, con la que en el Gobierno de Felipe Calderón se modificó el sistema de pensiones para eliminar el modelo solidario y cambiarlo por el esquema de cuentas individuales de Afores, el cual además representa uno de los leoninos modelos del neoliberalismo.

Se han sumado manifestaciones por diversas problemáticas: el caso no resuelto de la desaparición forzada de los jóvenes normalistas de Ayotzinapa, que ocurrió en tiempos de Peña Nieto; las demandas de colectivos de madres buscadoras; colonos que se manifiestan contra la gentrificación y contra las mafias inmobiliarias, y otras expresiones de colectivos por visibilizar problemas cuya resolución compete a autoridades de diferentes niveles.

Pero también el contexto comenzó a ser utilizado por los oportunistas políticos prianistas que son parte de la injerencista campaña estadounidense y de la ultraderecha internacional, que incluye a financiadores como el empresario Salinas Pliego, quien a partir de que la Corte determinó desechar sus amparos con los que por décadas estuvo evadiendo impuestos, y se ordenó que, en cumplimiento a la Ley, debe pagar los millonarios adeudos fiscales, como respuesta ha desplegado una feroz y creciente campaña de mentiras, noticias falsas exponenciadas con inteligencia artificial, y amenazas que ya de manera abierta e irresponsable incitan a la violencia.

Más allá de las disputas políticas sistemáticas y crecientes que saturan la agenda pública, en el país arrastramos problemáticas sociales añejas que requieren solución. El reto para el país no se juega en las canchas, o por los reflectores, sino en la capacidad efectiva del Estado y de sus instituciones para resolver de fondo los problemas estructurales que aún obstaculizan transformaciones que beneficien a la sociedad.

En unas horas se escuchará el silbatazo inicial del Mundial, el negocio global de la FIFA y asociados. Sin embargo, al margen de las ganancias billonarias y los acuerdos comerciales de esa corporación, está la esencia del deporte que es el de mayor popularidad en el mundo y lo que representa para quienes lo practican y para su afición.

“El futbol es el deporte más lindo y más sano del mundo”, se le oía decir a Maradona “la pelota no se mancha”, decía, pero hablaba del balón en la cancha, del impacto que puede tener en quienes juegan. Hablaba el Diego que, en los años 80, recién llegado a Italia, en el lodazal de una cancha llanera en el metropolitano municipio de Acerra, en Nápoles, jugó un partido benéfico para un niño que necesitaba de urgencia una cirugía; o que en Buenos Aires jugaba para equipar los hospitales para niños.

Siempre hay alguna anécdota que se vincula con el futbol: hace años, reporteando sobre un refugio para niños y niñas en situación de calle conocí a Maribel, una niña adicta a aspirar “mamilas” de tolueno y thinner, quien víctima de violencia intrafamiliar había huido de su casa. Con los niños que compartía su vida en las calles empezaron a organizar “retas”, y ella se descubrió talentosa, hábil para el goleo.

En aquellos años entre las jugadoras de futbol a nivel profesional destacaba la mexicana Maribel Domínguez, Marigol, y admirando a esa futbolista, su tocaya, la niña Maribel comenzó a dejar la droga para entrenar, motivada porque quería “ser como Marigol”.

Hay historias de vida también como la del talentoso futbolista Carlos Ramírez, un joven originario de Ecatepec, a quien su discapacidad visual no ha frenado: a sus 18 años estudia la preparatoria y es tricampeón de futbol para ciegos. Es con esas historias con las que la frase de Maradona cobra sentido.

León XIV contra Trump y Salinas Pliego: llevar a Dios al otorrino

 Un Quijote en Tenochtitlán

Juan Carlos Monedero

"¿Cómo no valorar que León XIV le haya dicho a Ricardo Salinas Pliego, a Felipe Calderón, a Donald Trump que son malos cristianos?".

https://youtu.be/CDNsGlwMa1g

La Quinta Flota de los EU revienta en pedazos en Bahrein como represalia por los ataques norteamericanos contra Irán. Las bases norteamericanas en la zona son objetivo de guerra alcanzable. La Guardia Revolucionaria afirmó también haber destruido 18 objetivos estadounidenses en las bases aéreas Ali Al Salem y Ahmad Al Jaber, en Kuwait. La estrechez de miras de Trump se hace aún más angosta en el Estrecho de Ormuz, y parece que la capacidad de hacer daño de los EU sólo tiene efecto en países chiquitos como Gaza, Líbano, Honduras o Venezuela. Tanto rezo en la Casa Blanca y tanto rezo en Oriente Medio, con tantos pastores, sacerdotes, clérigos, ayatolás y demás intermediaros de la fe y parece que hay que volver a llevar a Dios al otorrino, algo que en alguna ocasión hizo el Papa Francisco pero que, con tanto dolor en el mundo, no basta porque se han vuelto a llenar de cera los oídos del Señor.

León XIV está de gira por España y lo que más destacan los medios es que se ha puesto una cruz en lo alto de la Sagrada Familia de manera que ya es la iglesia más alta del mundo. La macdonalización del mundo llega a la iglesia: lo importante es la cantidad, no la calidad. El 12 de abril de 1961, el cosmonauta -o astronauta- soviético Yuri Gagarin fue el primer ser humano en viajar al espacio, a bordo de la nave Vostok 1. Gagarin completó una órbita alrededor de la Tierra en un histórico vuelo que duró 108 minutos y se dio el primer paseo por el espacio sin sacar a orinar al perro. Pero como pasear sin orinar parece que queda escaso, las autoridades soviéticas decidieron orinarse en el Vaticano y circularon el bulo de que Gagarin había afirmado: he estado en el cielo y no he visto a Dios por ninguna parte. Dicen las fuentes que lo que realmente dijo fue: “Veo la Tierra. Es hermosa", aunque es evidente que si hubiera visto a Dios, nos lo habría contado de inmediato, más aún siendo como era un cristiano ortodoxo en una Unión Soviética laica.

La presencia de León XIV en España ha generado, como no podía ser de otra manera, controversia. La derecha, que ha sostenido su hegemonía desde siglos sentando en la mesa de los ricos a comer a un cura, está encantada con la visita, pensando que cuanto más católica es la gente menos va a votar a la izquierda, lo que demuestra que siguen pensando más con una cabeza del siglo XIX que con una del siglo XX. La Iglesia católica se inventó con el anterior León, con León XIII, la democracia cristiana, que era una manera de cuidar al proletariado sin que se hiciera comunista, como recogió en su encíclica Rerum Novarum (que significa “De las cosas nuevas”) de 1891.

Hoy la derecha se ha hecho de extrema derecha y deja al Papa muy a su izquierda, sobre todo porque ha disparado León XIV contra el principal asunto del neofascismo: la prioridad nacional, es decir, articular el odio a los extranjeros como cemento nacional, a lo que se suma entender que la gente de izquierda son malos patriotas, sobre todo porque no les dejan robar y hacer de la Patria un rancho particular, y como malos patriotas es como si fueran extranjeros. León XIV se ha reunido con inmigrantes y ha dejado claro que el que no quiere a los pobres y a los inmigrantes es un mal católico.

¿Y qué ha hecho la derecha ante estas palabras? Lo de siempre: mirar para otro lado. Porque una de las diferencias de la derecha con la extrema derecha es que la extrema derecha es nihilista, palabra que viene del latín nihil, que significa “nada”, y que significa que no hay ningún valor por encima del interés propio de los que se sienten autorizados a hacer lo que les venga en gana. El nihilismo es la ideología de los que no están dispuestos a cumplir las normas del contrato social. La ideología de los que no entienden que la libertad de cada uno está en virtud de la libertad de los demás. Es una suerte de “me vale madres todo” que sirve para no pagar impuestos, llamar a marchas y manifestaciones violentas o pedir ayuda a una potencia extranjera para que intervenga en tu país, todo en nombre de tu más particular interés. Es decir, Ricardo Salinas Pliego, Felipe Calderón, Javier Milei, Abelardo de la Espriella, Jair Bolsonaro, Santiago Abascal, Isabel Díaz Ayuso, etc. El nihilismo de la extrema derecha se orina en el pueblo y le dice que llueve. Saquen los paraguas, pobres.

León XIV se ha enfrentado a Donald Trump por los asuntos de la guerra, por la persecución de los inmigrantes con ayuda de la tecnológica Palantir y por su adoración al becerro de oro. También ha llamado la atención en su última encíclica Magnífica Humanidad, a las grandes empresas tecnológicas que sólo piensan en ganar dinero, tener entretenida hasta la imbecilidad a la gente y despedir trabajadores. En su visita a España ha regañado a la derecha que dice “España primero” por su desprecio a los inmigrantes, les ha regañado por polarizar la política cuando no ganan las elecciones y ha afeado que países poderosos, como EU, se metan en los asuntos políticos de otros países. Igualmente ha reconocido la peor lacra de la iglesia católica, que es la pederastia -muy vinculada a la concepción patriarcal católica de la sociedad y su modelo de familia autoritaria donde las mujeres tienen un papel subordinado-. Con todas estas cosas, la izquierda ha estado muy contenta y le aplaudió durante siete minutos en el Parlamento español.

Ahora bien, el Papa, como hacen los Papas, se metió donde no debe, recordando, precisamente en el lugar donde se hacen las leyes sobre la aconfesionalidad del Estado, sobre la educación laica, sobre el derecho al aborto, al matrimonio homosexual, que son malas leyes. El Papa se orinó en el Parlamento español en la soberanía popular española. O como se dice en España, León XIV meó fuera del tiesto.

Es verdad que el Papa no va a ser, al menos en los próximos 20 años, el líder de la izquierda, y que pedirle determinadas cosas es pedirle peras al olmo, que ya se sabe que no da peras sino, algo que no sabe casi nadie, sámaras, que también se comen pero no se venden en los mercados hispánicos.
Conviene aquí recordar la hipocresía de las derechas, que tiene que ver con eso del nihilismo. Se opusieron radicalmente al matrimonio homosexual. Entonces ¿por qué se casan? Se opusieron al aborto ¿por qué abortan las esposas, las hijas y las amantes? Se opusieron al divorcio ¿por qué se divorcian? Y se opusieron a la eutanasia y, seguro, si tienen una enfermedad incurable y doloras, recurrirán a ese derecho que no quisieron que los demás tuvieran.

Es evidente que hay una moralidad muy diferente a la de la doctrina de la Iglesia, y que los españoles, como tantos otros pueblos, han legislado bien lejos de lo que dice León XIV, de lo que dijo Francisco y, de manera aún más evidente, de lo que dijeron Juan Pablo II o Benedicto XVI.

Pero dicho esto: ¿cómo no valorar que León XIV le haya dicho a Ricardo Salinas Pliego, a Felipe Calderón, a Donald Trump, a Cayetana Álvarez de Toleso, a Alberto Núñez Feijóo, a Isabel Díaz Ayuso, a Javier Milei, a Abelardo de la Espriella que son malos cristianos? ¿Cómo no valoras que les ha llamado hipócritas, que les ha afeado sus llamados a la violencia, su desprecio a los humildes, su odio a los inmigrantes, su entrega al becerro de oro, su sumisión a las grandes empresas tecnológicas y su desprecio al humanismo?

El desafío de esa religión del dinero que es el evangelismo neopentecostal se combate con ideas, con valores, con coherencia y con aliados. Quien no tiene firmeza ideológica, quizá tiene miedo a negociar con los que están ideológicamente lejos, pero con esa actitud se está más cerca de una secta, integrada por convencidos -que tampoco está mal-, que de quien quiere hacer política para cambiar las cosas.

Si León XIV quiere llevar a Dios al otorrino, que falta le hace, no le demos gritos que le impidan entender sus dificultades auditivas.

En Coahuila, una golondrina no hace verano

 Puntos y Contrapuntos

Pedro Mellado Rodríguez

"Aunque la oposición echó las campanas al vuelo por el triunfo del PRI en los comicios locales de Coahuila, hay datos que apagan cualquier optimismo".

En Coahuila, una golondrina no hace verano. Por Pedro Mellado Rodríguez

Con una población de tres millones 246 mil 771 habitantes y una lista nominal de dos millones 496 mil 199 personas con credencial para votar, el estado de Coahuila se ubica en el lugar número 15 entre las 32 entidades del país, para una presencia electoral que representa el 2.49 por ciento del total nacional. Por eso es muy aventurado suponer y celebrar, que una golondrina pueda hacer verano en el escenario electoral del país, luego que el PRI ganó las 16 diputaciones locales de mayoría el reciente domingo 7 de junio del 2026.

Un hecho aislado, como los comicios muy locales de Coahuila, en los cuales se renovó el congreso estatal en un proceso ampliamente controlado por la administración que encabeza el priista Manolo Jiménez Salinas, es sólo una excepción en el camino hacia los comicios del 2027 cuando se renovará la Cámara de Diputados de la Federación para elegir 500 legisladores, 300 de Mayoría Relativa y 200 de Representación Proporcional, además de que se sufragará por 17 nuevos gobernadores: 12 entidades gobernadas por Morena, tres por el PAN, una por Movimiento Ciudadano y otra por el Partido Verde.

Los números oficiales del Instituto Electoral de Coahuila dicen que el PRI sumó, individualmente, 639 mil 813 votos, para un porcentaje del 50.45 por ciento, en tanto que su principal rival, Morena, alcanzó individualmente 276 mil 139 sufragios, para el 21.77 por ciento.

Por allá, en el abismo, el PAN tuvo 27 mil 819 sufragios, para el 2.19 por ciento; Movimiento Ciudadano alcanzó 25 mil 579 votos, para un 2.02 por ciento y el Partido Verde Ecologista de México llegó a 34 mil 88 sufragios para el 2.69 por ciento. Por su parte, el Partido del Trabajo tuvo 32 mil 161 sufragios para un porcentaje del 2.54 por ciento. Todos estos partidos perdieron el financiamiento estatal pues no lograron el mínimo del tres por ciento de la votación en la entidad.

Sin embargo, no hay que perder de vista que la contienda por las diputaciones federales en Coahuila suele ser muy diferente, pues la entidad sólo se divide en ocho distritos electorales federales -la mitad de los distritos electorales locales-, de los cuales, en los comicios de junio del 2024 y con una pequeña ayuda de sus amigos de PAN y PRD, el partido tricolor sólo ganó tres, con cabeceras en Monclova, Saltillo y Torreón, pero perdió con Morena y sus aliados cinco distritos que tienen sus sedes en Piedras Negras, San Pedro de las Colonias, Torreón, Saltillo y Ramos Arizpe.

Tampoco hay que perder de vista que en los comicios para diputados federales de junio del 2024 el PRI no ganó, en forma individual y por su propio impulso, alguno de los 300 distritos electorales del país. Y qué Coahuila fue uno de los ocho estados gobernados por la oposición en los cuales se llevó el triunfo la actual Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, que sólo fue derrotada en Aguascalientes, gobernada por el PAN, la única de las nueve entidades administradas por la oposición en la cual sacó una apretada victoria Bertha Xóchitl Gálvez Ruiz.

Pero los datos duros nos dicen que también en esos comicios del 2024, Morena y sus aliados ganaron los senadores de Mayoría Relativa en 30 de las 32 entidades del país, incluyendo Coahuila.

Una golondrina no hace verano y mucho menos cuando en la contienda de junio del 2027 habrá 24 de las 32 entidades del país que estarán gobernadas por Morena y sus aliados, con todas las ventajas que eso representa por su influencia territorial y política. La oposición llegará en condiciones frágiles, que le podrían hacer perder algunas de las ocho gubernaturas que aún le quedan: el PAN podría naufragar en Chihuahua y Querétaro, en tanto que Movimiento Ciudadano podría entregar el gobierno estatal en Nuevo León.

Sin embargo, no se puede descartar que si el PAN y Movimiento Ciudadano se aliaran electoralmente en Campeche y Nuevo León, podrían aspirar a la victoria. Esta posibilidad se reforzaría si se sumara a la coalición el PRI.

Hay precedentes muy duros y difíciles de superar y que no se borran con un hecho aislado y excepcional como el de los comicios en Coahuila. En las elecciones del 2024 hubo 17 estados del país en los cuales la oposición no le pudo ganar ni un sólo distrito electoral federal a Morena y sus aliados. Hubo además otras ocho entidades en las cuales la oposición sólo alcanzó a arrebatarle a Morena y sus aliados un distrito electoral en cada una de ellas: Durango, Estado de México, Michoacán, San Luis Potosí, Tamaulipas, Veracruz y Yucatán.

A pesar de que la oposición echó las campanas al vuelo por el triunfo del PRI en los comicios locales de Coahuila, hay datos que apagan cualquier optimismo rumbo a los comicios del 2027: los siete estados de la Tercera Circunscripción Electoral que incluye Campeche, Chiapas, Oaxaca, Yucatán, Tabasco, Veracruz y Quintana Roo son gobernados por Morena. Y en junio del 2024 la oposición encabezada por el PAN ganó apenas dos de 60 distritos electorales de Mayoría Relativa, con cabeceras en Boca del Río, Veracruz y Mérida, Yucatán.

Los seis estados que integran la Cuarta Circunscripción Electoral están gobernador por Morena: Ciudad de México, Hidalgo, Morelos, Puebla, Tlaxcala y Guerrero. En esta región la oposición sólo le arrebató a Morena y sus aliados cuatro de 61 distritos electorales de Mayoría, todos ellos en Ciudad de México.

Mientras que en la Quinta Circunscripción Electoral, que integran Estado de México, Colima, Michoacán y Querétaro, sólo este último estado es gobernado por la oposición panista. El resto son morenistas. En esta región en la contienda por las diputaciones federales Morena y aliados ganaron 53 de 59 distritos electorales de Mayoría Relativa. La oposición encabezada por el PAN sólo ganó distritos en Morelia, Naucalpan y tres en Querétaro. El sexto distrito lo ganó una candidata independiente en Uruapan, Michoacán.

La consultora Enkoll, en trabajos publicados por el periódico El Universal ya empezó a medir el clima electoral rumbo a la renovación de las gubernaturas en el 2027. El lunes 13 de abril del 2026 reseñó que Morena lleva cómoda ventaja en Baja California; el martes 14 de abril del 2026 señaló que en Tlaxcala Morena no parece terner riesgos; el lunes 11 de mayo del 2026 publicó que en Guerrero Morena podría conservar la gubernatura; el miércoles 20 de mayo del 2026 registró que en Michacán también Morena parece enfilado al triunfo y el lunes 25 de mayo del 2026 dejó constancia que en Sonora también el partido gobernante podría retener el poder estatal.

El pasado martes 26 de mayo del 2026 la consultora Buendía & Márquez publicó en el periódico El Universal una encuesta en la que dice que rumbo a la elección de diputados federales Morena tiene 39 por ciento de respaldo, por 11 por ciento del PAN, 10 por ciento del PRI y nueve por ciento de Movimiento Ciudadano. De los presuntos aliados de Morena, Partido Verde, tendría respaldo del seis por ciento y el Partido del Trabajo tres por ciento.

Mientras que el pasado martes 9 de junio del 2026 el periódico El Financiero publicó su estudio demoscópico sobre los futuros comicios de gobernador en Chihuahua, entidad actualmente en poder del PAN, y concluyó que el 45 por ciento del electorado respaldaría a Morena y sólo 25 por ciento de votos potenciales serían para el partido albiazul, que actualmente gobierna con Maru Campos.

Como usted puede ver, es muy difícil que una sola golondrina haga verano rumbo a la futura contienda electoral y que a pesar del optimismo exagerado de la oposición por la victoria priista en Coahuila, sigue estando muy cuesta arriba y será muy difícil que puedan arrebatarle a Morena la mayoría en la Cámara de Diputados de la Federación, aunque alguna de las 12 gubernaturas que el partido mayoritario pondrá en juego en el 2027 pudiera estar en riesgo.

El regreso de Fox y Calderón al PAN

 Héctor Alejandro Quintanar

"Ni Fox ni Calderón son panistas ya: el primero en 2012 se rindió a los brazos de Peña Nieto [...] y el espurio abandonó el partido en 2018".

El regreso de Fox y Calderón al PAN. Por Héctor Alejandro Quintanar

El 31 de mayo pasado, Chihuahua fue sede de un espectáculo vergonzoso, cuando la cúpula del Partido Acción Nacional decidió dar un espaldarazo incondicional a una persona que ellos mismos deberían considerar problemática: la gobernadora María Eugenia Campos, cuya conducta posiblemente delictiva quedó clara desde permitirles intromisión a agentes de la CIA, y hoy cada que habla da más y más indicios no sólo de que las sospechas sobre ella son fundadas, sino que no tiene bien a bien claro el tamaño de metedura de pata que cometió.

Pero un partido que desde 2018 consolidó una crisis electoral, arrastrada desde 2009, en vez de ver militantes incompetentes en personas como Campos, ven una oportunidad de crispar el debate y organizar una campaña política no con base en un proyecto alternativo de nación, sino en un berrinche victimista donde defienden sus yerros como si fueran aciertos y donde un acto de rendición de cuentas lo tornan en una supuesta persecución política. Campos es sólo el corolario de un mal hábito que ya tiene en personajes siniestros, como Ricardo Anaya o García Cabeza de Vaca, antecedentes y ejemplares notables.

Pero la reunión incondicional panista en Chihuahua a favor de Campos, operada por el dirigente nacional Jorge Romero, capo del cártel inmobiliario en la Ciudad de México, más que una demostración de fuerza fue una exhibición de debilidad. De entrada, sorprendió la escasa convocatoria y la pretensión de hacer todo en epicentros cerrados, a pesar del histrionismo imperante. En un contexto marcado por una reciente manifestación encabezada por Morena contra la Gobernadora chihuahuense, era la oportunidad de oro del PAN de mostrar arrastre y músculo político en las calles, pero su exposición se limitó a una que otra jerigonza banquetera.

Asimismo, la reunión del PAN se dio en un contexto donde las derechas mexicanas están, una vez más, volteando al exterior en vez del interior para encontrar liderazgos y referentes que las saquen del hoyo electoral donde se entierran. Así, en el mismo fin de semana del encuentro en Chihuahua, muchos panistas de facto fueron a servirle de alfombra a la señora Cayetana Álvarez de Toledo en Ciudad de México, donde ella expuso una arenga aberrante en la que se sintió ella, como española, como la verdadera defensora de la soberanía mexicana y emitió un discurso idéntico a las bravatas del franquista José María Aznar en 2006, quien señaló que México se debatía entre la estabilidad o entre el populismo autoritario.

Así, no conformes con el fracaso reciente de la española Isabel Díaz Ayuso en México, como un director técnico necio que no se da cuenta de cómo golean a su equipo y porfía en meter al campo a otro delantero inepto cuando más bien necesita rehacer su estrategia, las hordas de Salinas Pliego arroparon a una rebaba de España que vino sólo a arengar sandeces y torcer conceptos, como el de soberanía -donde ella, en su ceguera o complicidad, no ve riesgos en México ante las bravatas de la geopolítica criminal de Estados Unidos-, y como el de “populismo”, donde la señora repitió las oquedades insustanciales de los que creen que México ya no tiene democracia.

La reunión chihuahuense del PAN, sin embargo, fue más memorable no por su contenido sino por sus asistentes, aunque no precisamente por algo valioso que éstos hayan aportado, porque en la plana mayor del lugar figuraron los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón, este último un espurio que gobernó sin legitimidad de 2006 a 2012. ¿Qué indica la presencia de estos seres en una reunión de ese calado?

En primera instancia, debe resaltarse la desesperación y ambivalencia tanto de la cúpula panista que los invitó y la de los dos exmandatarios. Como se sabe, ni Fox ni Calderón son panistas ya: el primero en 2012 se rindió a los corruptos brazos de Peña Nieto y en fines de ese año no corroboró su afiliación, con lo que, en los hechos, dejó de ser militante. Y el chacal espurio abandonó el partido en fines de 2018, luego de haber apoyado la candidatura presidencial de Margarita Zavala el año previo y que ésta no se concretara. Así, el PAN acude a mala sombra de un par de árboles a cuyo rodeo no crece nada, que, además, han mostrado desdén a su expartido de manera sistemática.

Abrimos un paréntesis aquí para exponer un dato crucial que pinta de cuerpo entero la ambición de estos dos personajes y las pésimas opiniones políticas que emiten los seudoanalistas “liberales” o la comentocracia de derechas. En 2019, por ejemplo, el señor Enrique Krauze expuso por enésima vez su yerro de que quizá López Obrador tendría intenciones reeleccionistas. Dos años después, el señor Luis Carlos Ugalde señaló, en una mesa de análisis con Hernán Gómez, que era probable que López Obrador podría facilitar la imposición de su esposa Beatriz Gutiérrez como candidata presidencial de Morena, a pesar de que ella manifestó múltiples ocasiones su desinterés no sólo a ello, sino a cualquier cargo político en general.

No fue Ugalde el único en espetar ese absurdo de una posible candidatura de Gutiérrez Müller, y tanto él como Krauze, en el fondo, veían lo mismo: sin evidencia alguna imputaban afanes reeleccionistas o de imposición a alguien que nunca dio indicio de cometer esas prácticas autoritarias. Y mientras perdían el tiempo especulando tonterías, a ambos se les pasó de noche que tanto Fox en 2004 como Calderón en 2017 sí pretendieron de forma prepotente que sus respectivas esposas, las impresentables Martha Sahagún y Margarita Zavala, fueran presidentas de la República. En el primer caso, y como documentó en su momento Alfonso Durazo en su carta de renuncia a la secretaría particular del expresidente, Fox perpetró actos ilegales y antidemocráticos, como el desafuero de AMLO, para facilitarle el camino a su cónyuge, mientras Calderón hizo lo propio en el PAN. Como siempre: los panfletistas antiamlo tienen más miedo de sus propias fantasías febriles que nunca se cumplen, en vez de criticar las canalladas autoritarias reales que sí cometen sus secuaces a la luz pública.

Ahí anida otro elemento que adornó la reunión panista en Chihuahua la semana pasada. Hay que recordarlo: en el año 2020, Calderón dedicó en su libro Decisiones difíciles varias líneas a denunciar que Jorge Romero, entonces legislador panista y vicecoordinador de su bancada, era un corrupto no sólo por sus maniobras como líder del delictivo cártel inmobiliario, sino que también traficaba voluntades y dinero con vendedores ambulantes de la demarcación Benito Juárez en la Ciudad de México, que alguna vez gobernó.

Hoy al chacal espurio Calderón se le olvidan sus propias palabras y aparece muy orondo en la reunión con su otrora enemigo Jorge Romero y su detestado Vicente Fox, con quien se conflictuó cuando éste apoyó a Santiago Creel en desmedro de él y tuvieron ambos que tragar sapos y apoyarse mutuamente, de forma corrupta, en el fraude electoral de 2006. Así, el engrudo que une a esta cúpula partidista que convoca a sus expresidentes no es el espanto ante un enemigo común, sino la vulgar hipocresía, capaz de hacerlos omitir sus denuncias mutuas de corrupción tan recientes.

Pero en ese pandemónium lo que más resalta es el cinismo de Fox y Calderón, quienes aparecen en escena para hablar de democracia y seguridad, cuando ambos representan exactamente lo contrario. Hay que decirlo con claridad: el momento más autoritario que ha vivido México en el siglo XXI ha sido el bienio 2004-2006, donde Fox, como Jefe de Estado, empleó instituciones públicas para perseguir ilegalmente y tratar de encarcelar sin motivo a una persona inocente sólo porque ésta, López Obrador, podría ser candidato presidencial. Si bien reculó a medias en su intento prepotente gracias a una democrática movilización popular en 2005, en 2006 se valió de recursos ilícitos para imponer a Calderón como Presidente en uno de los fraudes más documentados de la historia del autoritarismo mexicano.

A resultas de esa elección sin legitimidad, Calderón inició una complicidad con el narcotráfico que empezó con la designación del criminal García Luna en la Secretaría de Seguridad Pública, en vez de escuchar las alertas a ese respecto que le hicieron el general Tomás Ángeles y el comandante Luis Herrera Valles desde 2006, a quienes de forma autoritaria encarceló cuando le previnieron de las andanzas sucias de Genaro García Luna.

Poco después se documentó la razón: de 2006 a 2012, Calderón entregó el Estado al crimen organizado, que hizo suyas para sus perversos fines instalaciones y recursos hasta de Pemex; mientras que la Seguridad Pública la encabezaban delincuentes. Porque no es sólo García Luna, es también su élite de la corporación encargada del presunto combate al narco, como la extinta Policía Federal, cuya plana mayor; Cárdenas Palomino, Pequeño García o Reyes Arzate, hoy se encuentra presa, perseguida o confesa de su condición criminal. Si hay en México un ejemplo nítido de narcogobierno, ese es el que México padeció de 2006 a 2012.

Que esos dos tipos hablen de democracia y de seguridad es algo tan indigno y cínico como si el cura Marcial Maciel apareciera hablando a favor del bienestar de las niñas y niños de México. Ello no sorprende de dos sátrapas sin escrúpulos, como tampoco sorprende que el PAN siga sin ver la honda crisis electoral que vive, lo cual lo obliga a buscar liderazgos en Madrid o sacar momias, que deberían estar en la cárcel, del formol, para tratar de ganar adeptos.

Qué diablos celebran el PRI y Fox

 

Qué diablos celebran el PRI y Fox

Historia de lo inmediato

Álvaro Delgado Gómez

"Lo único que celebran el PRI de “Alito”, sus voceros y Fox son a los mapaches electorales, porque el panorama hacia 2027 les es muy hostil".

Qué diablos celebran el PRI y Fox. Por Álvaro Delgado Gómez

Vicente Fox tiene razón cuando celebra que la victoria del PRI en Coahuila es “como en los viejos tiempos” y literalmente rinde homenaje a los mapaches electorales, porque el actual presidente priista en ese estado, Carlos Robles Loustaunau, alias “El Calolo”, es el mismo que hizo fraude al PAN en Sonora, el 6 de julio de 1988, mediante la “Operación Manitas”, exactamente en la misma fecha en la que él ganó como panista una diputación federal en Guanajuato.

“El Calolo” era el candidato del PRI a presidente municipal de Hermosillo, Luis Donaldo Colosio lo era para Senador y Carlos Salinas de Gortari para Presidente de Mexico cuando, ese día, brigadas de cadetes del Instituto de Policía de Sonora se desplegaron en colonias para robarse las urnas donde iba perdiendo ese partido y para agredir con violencia a los panistas, lo que dio lugar a un histórico conflicto poselectoral como consecuencia del fraude de ese día.

Ante tantas protestas de panistas como Adalberto “El Pelón” Rosas y Ramón Corral Ávila, Robles Loustaunau solicitó licencia como Alcalde y se esfumó del estado, pero no dejó la política. Se fue a Saltillo, Coahuila, y ahora como presidente del PRI, logró el tan afamado “carro completo” que celebra Fox, el impostor que engañó a millones de mexicanos en el 2000.

Sólo que Coahuila no es México, ni por mucho. Sólo los ilusos están desilusionados por los resultados en ese estado, porque estaba previsto que el PRI ganaría todo en una elección a billetazos diseñada por los mapaches del Gobierno estatal y el clan Moreira, incluidos sus partidos paleros locales. Se sabía también que Morena quedaría como la segunda fuerza, aunque con más votos de los que obtuvo. Y también que el PAN mantendría su derrumbe hasta perder el registro. Pero, cuidado, estos resultados son un espejismo, y los ilusionados de hoy serán los desilusionados en 2027.

Sí: Está bien que el PRI y los priistas de todos los ámbitos festejen —les hacía mucha falta después de tantos años de derrotas—, y qué bueno que Vicente Fox celebre la victoria priista “como en los viejos tiempos”, porque una vez más queda evidenciado como el impostor que engañó a millones, pero sobre todo es muy positivo para el país que se desmienta con hechos la narrativa embustera de que México es una dictadura que todo lo controla, hasta los resultados electorales.

También es muy positivo que Fox y Felipe Calderón, como en otros momento Ernesto Zedillo y Carlos Salinas, participen en la vida pública de México criticando al Gobierno de Claudia Sheinbaum y defendiendo a Estados Unidos y a los agentes de la CIA, porque son la prueba de que los derechos de expresión, manifestación, reunión, asociación y todos los que consagra la Constitución están plenamente vigentes, pese a todas las tensiones por los intereses que entran en conflicto.

Es verdad que en Coahuila el Gobernador Manolo Jiménez tendrá una mayoría calificada en el Congreso que le permitirá gobernar sin ningún problema la segunda parte de su sexenio y manejar su sucesión, para que el PRI celebre, en 2029, un siglo ininterrumpido en el Gobierno estatal. Sí hay mal que dura cien años.

El Gobierno estatal utilizó abundantes recursos para comprar votos, sin duda, y también recurrió a los cuerpos policiacos para intimidar e inhibir el voto, pero también algo ha hecho bien, la seguridad, por ejemplo. Morena, en contraste, no fue capaz de neutralizar estos mecanismos ni de animar a más coahuilenses a votar en su favor, por incapacidad, por comodidad o porque le pegó la asociación con el narco que le imputan sus opositores. Me temo que no prosperarán sus quejas ante las autoridades.

Y el PAN pagó las consecuencias de la ineptitud y corrupción en sus gobiernos, pero además porque ató su destino al PRI. Se vendió muy barato. Paso de disputar la gubernatura, en 2017, a convertirse en rémora de este partido y de recibir mendrugos hace tres años, en 2023, pasó a perder el registro. Los partidos Verde y Movimiento Ciudadano tampoco conservarán registro.

Ahora, en lo nacional, la realidad es muy diferente para el PRI: Es el partido más repudiado de todos, igual que su propio dirigente nacional, Alejandro Moreno Cárdenas, quien jamás fue invitado a los mítines de su partido en Coahuila. Si en las elecciones de 2027, logra mantener el nueve por ciento de los votos que logró en 2024, será un éxito, pero su nivel está al del partido Movimiento Ciudadano. Por eso, Coahuila es un espejismo. En cuanto al PAN, si logra superar el 16 por ciento de 2024, será también una hazaña.

Si de por sí el PAN tomó la decisión de ir solo a la elección de 2027, se ve complicado que reconsidere después de que, en Coahuila, el PRI lo aplastó hasta dejarlo sin registro. Al ir separados, pierden también la posibilidad de ganar gubernaturas y alcaldías ante la coalición de Morena.

Y otra mala noticia también para el PRIAN es que el nuevo partido de Claudio X. González, Somos México, les disputará el mismo mercado electoral, con el reto de lograr al menos el tres por ciento de votos para obtener su registro. Lo dicho: Coahuila es un espejismo.

En cuanto a Morena, cuya votación en Coahuila cayó de 27 a 22.5 por ciento en tres años, tiene el reto de mantener la votación nacional de 45 por ciento que obtuvo en 2024, con una alianza con los partidos Verde y del Trabajo que mantengan la mayoría calificada en la Cámara de Diputados.

Por todo lo anterior, lo único que celebran el PRI de “Alito”, sus voceros y Fox son a los mapaches electorales, porque del panorama hacia el 2027 les es muy hostil. En Coahuila, la elección estaba cantada que así sería. En la federal del 6 de junio de 2027, las perspectivas son radicalmente distintas. Lo veremos en un año.

La mediocridad del futbol mexicano: Parte 1

Mario Campa

"Como toda empresa comercial, y en especial una con particular tufo a corrupción, el futbol como actividad económica amerita escrutinio y cuestionamiento".

La mediocridad del futbol mexicano: Parte 1. Por Mario Campa

Se aproxima el inicio de la Copa del Mundo y todos tienen una opinión más o menos formada sobre el formato o la organización del torneo. El panorama cuesta arriba que enfrenta la selección mexicana y la bofetada inflacionaria al aficionado dominan la conversación. Que si la rodilla de Marcel Ruiz estaba sana o rota, que si Irán tendrá buen trato en Tijuana, que si reditúa revender boletos para juegos en Miami, que si el aeropuerto Benito Juárez estará listo a tiempo… son temas que acaparan estos días las sobremesas de los hogares. El nacionalismo deportivo suma niveles de picante.

Y no está mal que todos opinen, para bien o mal. La FIFA y las selecciones participantes reciben facilidades fiscales a cuenta de todos. La medalla de la paz a Trump y los jolgorios de Infantino no se pagan solos. Y en una esfera más amplia, el futbol mexicano granjea subsidios mediante estadios renovados—como el de Mazatlán, exprimido antes de ser desocupado— o nómina policial cubierta por los gobiernos, por dar dos ejemplos. Como toda empresa comercial, y en especial una con particular tufo a corrupción, el futbol como actividad económica amerita escrutinio y cuestionamiento.

Por elección consciente, evito las barras de análisis de TV Azteca o Televisa. No obstante, escucho las mesas de debate de ESPN o Fox y constato que la discusión lleva años estancada en lugares comunes. Que si el descenso y ascenso deben ser reactivados, que si la Selección Mexicana subió un peldaño en un ranquin de selecciones de la FIFA que a nadie importa, que si fulanito está para jugar en algún club de media tabla en Europa, que si los extranjeros sofocan el brote de futbolistas nacidos en México… son asuntos reciclados con cierta periodicidad en la boca de analistas que proyectan aburrimiento propio. No está del todo equivocado el diagnóstico, aclaro. Los intereses de los dueños del balón tienen un común denominador que todo lo mancha: una cerrazón crónica que blinda las utilidades cortoplacistas, semejantes a rentas, en un mercado donde hacen y deshacen al antojo.

Dichos análisis subestiman varios aspectos, entre ellos la falta de competencia a nivel élite de los futbolistas mexicanos. Hay disenso en muchos temas, pero la Champions League no es uno. Es el torneo más competitivo del mundo. En él contienden las nóminas más abultadas y las plantillas más globalizadas. Para muestra, los jugadores brasileños y argentinos—no nacidos en Europa—concentraron 1 de cada 10 minutos disputados en la pasada edición 2025-26. La confederación africana (CAF) es otro ejemplo: de representar el uno por ciento de minutos disputados en 1993-94, sus futbolistas jugaron este año el ocho por ciento del total de minutos desde el primer partido hasta la final en Budapest. Ciertamente, que las 10 nacionalidades más poderosas del balompié mundial—España, Inglaterra, Francia, Brasil, Alemania, Portugal, Holanda, Italia, Argentina y Bélgica—concentren el 60 por ciento de los minutos en juego dice mucho. Con la excepción de la actual Italia, acaparar minutos de Champions se correlaciona muy bien con el éxito histórico en Mundiales de las selecciones.  Y allí hay malas noticias para México.

Para sorpresa de nadie, los futbolistas de nacionalidad mexicana sólo disputaron un total de 104 minutotes en la última edición de la Champions League. El tiempo de juego sumado de Rodrigo Huescas y Obed Vargas ocupó el puesto 76 en la lista de nacionalidades. Por cada minuto de un mexicano, un español disputó 376 y un inglés 253. Sin ánimos de ofender, esos 104 minutos totales mexicanos estuvieron por debajo de los 487 de Irán, 389 de Panamá y 324 de Curazao. Para echar sal a la herida, esos 104 minutos estuvieron alejadísimos de los cuatro mil 105 de Estados Unidos (#24) y los mil 807 de Canadá (#41), cuyos ascensos a nivel individual coinciden en los últimos años con un repunte de calidad de las selecciones.

Ah, pero esta edición de Champions League fue excepcionalmente mala para los mexicanos, dirán algunos. Estás practicando cherrypicking o una selección a modo, dirán otros. Pues bien, al ampliar la muestra a las últimas cuatro ediciones que calzan con el ciclo mundialista 2023-2026, los futbolistas mexicanos sumaron en conjunto apenas dos mil 761 minutos. Puesto en perspectiva, México ocupó el lugar 55 por nacionalidad con el 0.2 por ciento de los minutos disputados en los últimos cuatro años. En cambio, Estados Unidos y Canadá ocuparon los puestos 22 y 35 para consolidar un ascenso innegable.

En resumen, de poco o nada sirve presumir la venta de un jugador mexicano a Europa, por dos motivos. En primer lugar, porque la gran mayoría de los exportados compite fuera de la élite deportiva, capturada bien como proxy—en el argot del economista—por los minutos de Champions League. En segundo lugar, porque la globalización del futbol y el aumento de torneos continentales y partidos por equipo expandió las plantillas y redistribuyó minutos disputados entre una centena de nacionalidades: de acaparar el 97 por ciento de los minutos de Champions en 1993-94, las nacionalidades europeas en conjunto controlaron este año el 75 por ciento (-22 puntos).

Hoy las bancas están más activas y son más internacionales que antes. En otras palabras, no importa si hay más mexicanos en Europa porque también hay más estadounidenses, canadienses, colombianos, ecuatorianos y etcéteras que disputan aún más minutos. Entiéndase de una buena vez: la cifra relativa, no la absoluta, contextualiza el progreso futbolero de un país, atado a su vez a la selección nacional. Bajo ese parámetro, mejor que cualquier clasificación de la inescrupulosa FIFA, México retrocede en calidad.

Duele, sí, pero no maten al mensajero. Los exiguos minutos de Champions League, donde compite la élite, fijan un techo bajo al “Tri”, aunque también son fiel reflejo de factores subyacentes que entorpecen la producción y exportación de buenos futbolistas. Este ejercicio reflexivo sólo intuye que el futbol mexicano es más mediocre de lo pensado, pero desconoce la razón…por ahora. La próxima entrega semanal de esta videocolumna explorará causas. Adelanto que los analistas deportivos también subestiman los débiles contrapesos al capital.

El Mundial

 

El Mundial

Fabrizio Mejía Madrid

"Así llegan los tres países a un Mundial pensado en otro momento, cuando el tratado comercial no implicaba amenazas de anexión, ni existía la guerra".

El Mundial. Por Fabrizio Mejía Madrid

Se inauguró el Mundial con una frase que dijo Lila Downs: “Pueblos del mundo: bienvenidos a México”. Así, entre pirámides, Adelitas, y tambores, Shakira y Los Ángeles Azules, Salma Hayek, quedó en el aire la prohibición de que los futbolistas de Irán durmieran en Estados Unidos y la expulsión de su delegación administrativa en Canadá. Sólo México recibió a los iraníes.

México llega al Mundial en una tensión política con Estados Unidos que no se vivía desde el otro mundial, el de 1986, cuando Ronald Reagan cerró la frontera con México; el Washington Post acusó al Presidente de la Madrid de corrupto mientras estaba de gira por Estados Unidos; y en una audiencia del Congreso se acusó a dos gobernadores, el de Sinaloa y el de Sonora, de ser narcotraficantes. Ahora, es un poco la misma historia aunque con motivos distintos. En aquel momento, Reagan quería beneficiarse de los nuevos pozos petroleros del sureste y apoyar al PAN, que rogaba en Washington por una intervención de los gringos en la elección de Chihuahua. Ahora, los filibusteros de Donald Trump quieren las tierras raras de México y siguen apoyando al PRIAN en su intento por no desaparecer. Entonces, el Embajador era John Gavin que tuvo que salir después de que sus intentos injerencistas le colmaron el plato al Gobierno de De la Madrid. Ahora es Ron Johnson, que ya ha recibido dos regaños presidenciales por no informar de la presencia de la CIA en Chihuahua y por opinar de asuntos internos de México.

Por su parte, Estados Unidos aprovecha este Mundial para publicitar su intolerancia hacia otros pueblos, deportando somalíes, prohibiendo la entrada de la selección de Irán, retiros de visas a la última hora, interrogatorios de horas en los aeropuertos, y reprimiendo las protestas para que la policía migratoria no aproveche la entrada a los estadios para deportar latinoamericanos y hostigar a matrimonios mixtos. Mientras la guerra con Irán no cesa y la guerra contra las minorías adentro de Estados Unidos, escala, la FIFA le regaló al Trump un Premio de la Paz que ni siquiera existe.

Canadá, finalmente, llega al Mundial en medio de desalojos de personas sin casa en el centro de Vancouver, el permiso para que entren los agentes migratorios gringos a los estadios canadienses y la molestia porque 13 partidos en sus estadios costaron al presupuesto público, mil millones de dólares. Por cierto, Canadá también deportó a una parte de la selección de Irán que contaba con visas. México los acogió en Tijuana para que puedan jugar del otro lado y dormir de este.

Así llegan los tres países a un Mundial pensado en otro momento, cuando el tratado comercial trilateral no implicaba amenazas de anexión por parte de Estados Unidos, ni existía la guerra en Asia Occidental, ni el ICE en las calles de las ciudades santuario. Es como si una idea del neoliberalismo triunfante con el libre comercio de América del Norte como algo inatacable, se tuviera que poner en práctica ahora cuando la geopolítica ya no es sólo comercial sino que se re-ideologizó. De la relocalización pasamos a la Doctrina Trumpoe. ¿Qué tienen que ver Enrique Peña Nieto, Justin Trudeau, y el primer Donald Trump con lo que ocurre casi diez años despúes de formalizada la candidatura conjunta? Nada es igual. Trump ha insultado a Canadá diciendo que la va a anexar como un estado más. Canadá ha dicho que ellos no merecen el mismo trato que México. México ha insistido en que no se va a subordinar. Estados Unidos dice que no necesita nada ni de Canadá ni de México. Me recuerda cuando unos novios compraron boletos para ver a Shakira con tanta antelación que, ya cuando fue el concierto, estaban separados. Ni siquiera oyeron el concierto, por estarse peleando por los binoculares. Lo que ha cambiado en los tres países es mucho. Ya no son los países que pidieron ser sedes.

El futbol profesional sigue siendo el mismo: jugadores pobres que, con suerte, se vuelven multimillonarios, dueños de equipos putribillonarios que los usan como marca prestigiosa, y público pobre. En este Mundial, lo que cunde entre las aficiones de los tres países es el descontento por el precio de los boletos y todas las limitaciones para verlo por televisión. Es culpa de la FIFA. Resulta que estrenó una cosa que llama “precio dinámico”, donde no se sabe cuánto cuestan los boletos, sino hasta que haya registrado toda la demanda. Así, un boleto para la final que costaba seis mil dólares, ya va en doce mil sin que nadie sepa a dónde llegará para cuando ocurra. A esto, sumémosle la transa de la FIFA que es acaparar boletos para hacer subir el precio, no “dinámicamente”, sino artificialmente. Ya varias cortes en Estados Unidos están recibiendo demandas de aficionados. Por si esto no fuera una confusión entre precio y subasta, la FIFA tiene su sitio de reventa donde te cobra 15 por ciento extra por sus servicios y aparentemente está también vendiendo boletos inflados en las otras plataformas de reventa como Seat Geek, Stub Hub y Vivid Seats. Hasta aquí, podemos decir que la asistencia a los partidos con boleto es como tener una criptomoneda, es decir, no tener nada. Pero hay más raterías. Resulta que, casi en imitación de la redistritación electoral de Donald Trump para que ganen sólo los republicanos, se remapearon también los lugares en los estadios, de tal manera, que una zona normal se vende ahora como VIP. Pero no hay mapas. No hay precios fijos. No hay plataformas de reventa que se hagan responsables de si compras, puedas entrar. Tener un boleto es como el fin de la guerra: volátil. Y acabarán asistiendo los que tienen dinero, no necesariamente a los que les apasiona ese deporte.

Luego están las transmisiones por televisión. En Canadá, México, y Estados Unidos, sólo dos corporativos por país tienen los derechos exclusivos. En Estados Unidos son Fox Sports y Telemundo. Si no adquieres tus plataformas de pago, no puedes ver el futbol. Los restoranes están pagando, además de la señal del partido, de cinco mil a 20 mil pesos por cada pantalla instalada. Pero no sólo. No se puede transmitir una señal que uno haya comprado como usuario, sino que hay que pagarle a la FIFA “propiedad intelectual”, es decir, una lana por derechos de exhibición comercial. El logotipo oficial del torneo, la tipografía corporativa "FWC 26", el trofeo de la Copa del Mundo, las mascotas, los pósters y las palabras "FIFA", "World Cup", "Copa Mundial", "Mundial 2026" y los nombres de las ciudades sede combinadas con el año, son propiedad intelectual de la FIFA, por lo que nadie más puede usarlos si no se cae con un dinero. La multa por cobrarle a otros para ver un partido que sólo está pagando un usuario en su casa es de 600 mil pesos. Y, en las plazas públicas, sólo las aprobadas por la FIFA como “Fan Fest” no pagan. Todo lo demás es negocio para ese organismo. Es el cielo neoliberal donde nadie regula los precios de los boletos que monopoliza la FIFA, pero está castigado el que los de menos ingresos puedan verlo sin desembolsar. Es puro lucro, nada de arte.

Y explotación. No sé si usted sabe que, hasta 1997, los balones de la Copa Mundial eran cosidos en una sola localidad de Pakistán, Sialkot, donde los niños tenían malformaciones en los dedos por coser pelotas por las que se les pagaba a la familia dos centavos de dólar. Aunque se supone que estos talleres de maquila infantil están prohibidos, se han extendido a la India con las réplicas de balones para mercados locales.

Fue el entrenador argentino, César Luis Menotti, el que habló por primera vez de un futbol de derecha y un futbol de izquierda. En el de derecha, sólo el resultado cuenta y, por lo tanto, los jugadores son reducidos a viles mercenarios obligados a ganar a toda costa. En el de izquierda, se celebra la creatividad y la inteligencia y el juego se convierte en una fiesta. Lo cierto es que el futbol puede ser las dos cosas a la vez: para los dueños, un negociazo corporativo y mediático, y, también, para los aficionados, un espacio de pertenencia cultural, pasiones y belleza. En los Mundiales se pone en juego la cúspide y la base de esa pirámide, el lucro y el arte, y el choque entre ambas es lo que define a ese Mundial en particular. Hasta ahorita sólo hemos visto la especulación en las alturas de los dueños del futbol y nada del arte en la cancha. Esperemos que haya.

Desde sus inicios, el futbol ha sido político. Baste recordar, por poner ejemplos, la protesta contra Pinochet de “Chile sí, Junta no” en el Mundial de Alemania Federal en 1974; las de “Solidarnosc” en el partido entre la URSS y Polonia en 1982 y, cómo olvidar la de los escoceses enfrentando a la misma Unión soviética que decía: “Alcoholismo vs Comunismo”; o la prohibición del dictador Fascista de España, Francisco Franco de que se cantara en catalán o vasco en los estadios. El mismo César Luis Menotti, en 1978, se negó a darle la mano al militar de la Junta, Jorge Rafael Videla, cuando ganó Argentina. En el vestidor dijo una de sus frases claves para el triunfo: “Nosotros no jugamos para los militares que están en el palco. Jugamos para la gente, para los trabajadores, para el pueblo. Vayan y dénles la alegría que este país se merece”. Y ganaron. Su triunfo se quiso enturbiar años después diciendo que su paso a la final contra Perú había estado trucado. Las fake news siempre han existido. Tampoco olvidemos el respaldo de Romario a la Presidencia de Lula en Brasil, o el partido de futbol en las Cañadas de Chiapas entre el Inter de Milán y el EZLN en 2005.

Pero hay compromisos políticos de los jugadores menos declarativos y con consecuencias graves. Está, por ejemplo, el delantero del Saint Pauli, Deniz Naki, que apoyó la resistencia de los kurdos en Turquía. Sufrió un atentado a balazos en Alemania en el 2018, del que sobrevivió, mientras la Federación Turca de Futbol le prohibió volver a jugar. Entonces, Naki se fichó en un equipo de tercera división formado por kurdos. Erdogan lo encarceló por “propaganda terrorista”. O está el caso del palestino Mahmoud Sarsak. En 2009, los soldados de Netanyahu lo detuvieron en una concentración de su equipo en Cisjordania y lo encarcelaron. Luego de tres años de ser considerado un yihadista y no un centro delantero, inició una huelga de hambre que duró tres meses. Al final, tenía problemas del corazón, los riñones y el hígado por desnutrición prolongada. Nunca pudo volver a jugar y se refugió en Inglaterra donde defiende la causa palestina. El portero sirio, Abdul Baset al-Sarout, participó en la resistencia contra el régimen de Assad. La gente de las protestas de 2011 lo llamó “El Guardameta de la Revolución”. Luego, decidió hacerse un combatiente. Resistió el sitio del ejército de Assad contra su pueblo, Homs, donde perdió a su papá y a sus cuatro hermanos. Como comandante del Ejército Libre, murió combatiendo en 2019, a los 27 años de edad. De las protestas anti-gubernamentales en Bahréin, varios futbolistas fueron arrestados en 2011, incluyendo a los jugadores de la selección nacional, Mohamed Hubail y Ali Said, que fueron fueron condenados a penas de prisión, después de sufrir torturas. Están vetados de los equipos de Kuwait, Catar, Arabia Saudita, y el propio Bahréin. Otros jugadores, de la ultraderecha, como en Ucrania, se han sumado al aplauso de la limpieza étnica, o en general en Europa, al acoso contra jugadores de África o que practican la religión del islam.

A estas alturas usted dirá, bueno, eso son posiciones políticas que se deben más al contexto de los jugadores en sus propios países que al futbol mismo. Y tendrá razón. Pero, a lo largo de estos casi dos siglos de futbol profesional, muchos han hecho un trabajo intelectual para rescatar el componente político de la propia dinámica del juego. En América Latina, por supuesto, Eduardo Galeano, Darcy Ribeiro, y Juan Villoro. Pero fue en el XXV encuentro del meditarraneo sobre Albert Camus en 2008, que se invitó a una serie de pensadores anarquistas a escribir sobre el futbol. Todo, a partir de la frase de Camus que dice: “Todo lo que sé con certeza sobre la moral y las obligaciones humanas se lo debo al fútbol”. Wally Rossell, editó un libro al respecto, llamado “Elogio del pase”.

Para terminar esta columna les leo partes de lo pensado por ellos. “El balón no posee poder alguno. El pasador no es dueño del balón; lo tiene sólo en el sentido de Proudhon. El pasador sigue siendo el dueño de la acción. Como en una sociedad anarquista, es libre de hacer lo que quiera. Sin embargo, no puede existir solo, no puede progresar solo, no puede sobrevivir solo. Aquí es donde entra en juego el principio de ayuda mutua. El pase es un acto altruista, en el que la libertad del pasador ("Le doy el balón a quien quiero, en el momento que yo elija") depende enteramente de la existencia de sus compañeros. El acto individual de pasar adquiere su único significado por el propósito que cumple para el grupo. Pasar ("dar") significa afirmar la confianza en los compañeros; expresa la seguridad de que usarán el regalo del pase en beneficio del colectivo. Esta es la esencia del activismo político. Pasar el balón es esencialmente lo mismo que distribuir un panfleto o pegar un cartel: el activista confía en que quienes lo lean lo transformarán en algo útil.

“El acto de pasar el balón es la antítesis de un acto nihilista; es un acto creativo. La técnica es indispensable, como en todas las artes, pero sin creatividad no puede haber pase: las condiciones nunca son exactamente las mismas; cada pase es único.

“Contrariamente a la creencia popular, cuanto mayor es el nivel del juego y más fuerte el rival, mayor es la creatividad individual necesaria para el éxito de un equipo. Es el pase inesperado, improbable, imposible, el que libera a los compañeros y hace avanzar al equipo. Es la capacidad del pasador para comprender el contexto de una situación específica lo que lo convierte en una persona en lugar de un robot”.