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1/02/2019

Tratan de integrar una nueva organización de las Redes en apoyo al CNI y CIG



El segundo encuentro de Redes de Resistencias en apoyo al Congreso Nacional Indígena (CNI) y al Concejo Indígena de Gobierno (CIG) culminó su asamblea plenaria en el nuevo centro zapatista Huellas de la Memoria subcomandante insurgente Pedro cumplió, de la zona Selva Lacandona. El subcomandante insurgente Moisés por parte del anfitrión Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se encargó de la inauguración.
Con la representación de poco más de 10 colectivos y redes, además de casi 350 participantes individuales de 17 estados de la República y la presencia de asistentes de Chile, Guatemala, Grecia, Suiza, Reino Unido, Argentina, Estados Unidos, Brasil, Colombia, Estado español, Perú, Italia, Austria y Francia, esta reunión se desarrolló por la invitación que en agosto hizo el EZLN a responder sus siete preguntas con respecto al apoyo al CIG.
En este nuevo espacio de tierra recuperada a consecuencia del levantamiento indígena de 1994 y colindante a la emblemática comunidad de Guadalupe Tepeyac, entre medianos cerros de esta zona selvática, la reunión que comenzó el 26 de diciembre representó una oportunidad para el diálogo entre los colectivos que realizaron la recolección de firmas para la candidatura independiente de Marichuy antes de la elección presidencial de julio. También como una acción para articular e impulsar la continuidad política de las reuniones de las redes en agosto.
Los colectivos participaron en cinco mesas de trabajo en un formato de asamblea para trabajar los tres temas propuestos por el EZLN en noviembre: las siete preguntas de agosto, el análisis de la realidad política actual y la nueva etapa de lucha.
No sólo los comandantes Tacho y Zebedeo asistieron al encuentro, sino también el ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México Pablo González Casanova, comandante Pablo Contreras, quien en esta ocasión se presentó como parte de la dirigencia del EZLN. Con su pasamontañas se mantuvo sentado y escuchando la reunión durante los cuatro días.
Una nueva organización de la sociedad civil en apoyo al CNI y el CIG intenta nacer a cuestas de la complejidad de territorios y diversidad de los integrantes de sus redes. La inspiración de la Sexta declaración de la Selva Lacandona parece configurar algo nuevo.
Colectivos miembros de las Redes de Resistencia y Rebeldía, como HIJOS, denunciaron que a pesar de que existen 37 mil desaparecidos, familiares de víctimas han cuantificado casi 500 mil. Criticaron la política del nuevo gobierno de Punto Final y refrendaron su consigna de no olvido, no perdón y no reconciliación.
Por su parte, la red de Guanajuato denunció la violencia por el narcotráfico y el robo de combustibles en un contexto de la extracción de las empresas mineras. Destacó los feminicidios, así como los abusos de los desarrollos inmobiliarios, la gentrificación de los barrios.
Desde el contexto de Oaxaca, el colectivo la Escuelita del Hormiguero recordó las intervenciones de la gendarmería y los militares y la matanza de Nochixtlán de 2015. Denunció el recrudecimiento del acoso policiaco de quienes protestan contra las empresas eólicas.
La Red de resistencias y rebeldía Jo' de Mérida, Yucatán, recordó la existencia de la Asamblea de los 28 pueblos mayas; la saludó y denunció la siembra de cultivos híbridos en la frontera con Campeche, el apoyo abierto a agroquímicos del gobierno estatal. Asimismo, destacó el abuso por la construcción de residencias para extranjeros, la creación de cinturones urbanos de miseria, así como la prostitución infantil. Rechazaron tajantemente la construcción del Tren Maya como uno de los megaproyectos propuestos por el gobierno federal mediante la Ley de Consulta Indígena.
Las redes Universitaria, Metropolitana, Ya Basta de Italia, así como representantes del Sindicato Mexicano de Electricistas, contribuyeron a intentar articular la estructura organizativa y de comunicación, además refrendaron su apoyo al CNI y el CIG.
Por su parte un colectivo de mujeres dió nacimiento a la Red de rebeldía y resistencia antipatriarcal y anticolonial, que manifestó una crítica al patriarcado como sistema de dominación que da origen al sistema capitalista. Por otro lado, hicieron una abierta crítica a las redes: Denunciamos la falta de praxis. Exigimos a las redes de apoyo el cumplimiento de lo acordado porque vemos que se siguen repitiendo las prácticas patriarcales.
En la plenaria, se refrendó el apoyo a la liberación de los presos políticos de Llanisco y de la tribu Yaqui. Llegada la noche, este encuentro de redes fue clausurado por el comandante Zebedeo para así proseguir los trabajos de traslado de los asistentes a la conmemoración del 25 aniversario del levantamiento zapatista en el caracol de La Realidad.

10/16/2018

Los pasos del Congreso Nacional Indígena


Magdalena Gómez

La segunda asamblea plenaria del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Concejo Indígena de Gobierno (CIG), con la comandancia del EZLN, se realizó del 11 al 14 de octubre en el Cideci-Unitierra, San Cristóbal de las Casas, Chiapas. Con más de medio millar de asistentes, las dos terceras partes delegadas y delegados y el resto invitados nacionales y 13 internacionales, de Estados Unidos, Italia, Guatemala, Ecuador y Nicaragua. Pese a que no entrañan representación de pueblo o comunidad, suelen destacar las lenguas indígenas presentes: binizaa, chinanteco, chol, chontal, español, ñahñu, kumiai, mame, maya peninsular, mayo, mazahua, meepha, mixteco, nahua, popoluca, purépecha, ra­rá­muri, teenek, tepehuano, tojolabal, to­tonaco, tzel­tal, tsotsil, wirrárika y zoque. Lamenté no aceptar su invitación debido a un compromiso en Temuco, Chile, con la Red Latinoamericana de Antropología Jurídica.
El pronunciamiento del CNI-CIG y el EZLN entraña propuestas que es importante destacar. En primer lugar, se reafirma la urgencia de avanzar y fortalecer la organización. Somos redes en nuestras localidades donde buscamos en colectivo tener una sola palabra que sea espejo de nuestra madre tierra, de su latido y de su vida. Somos redes de redes en nuestras co­munidades y regiones que son colectivos de colectivos, donde encontramos una sola otra palabra, que entre los nuestros escuchamos con atención, porque sigue siendo lo que decidimos libremente ser; eso es nuestra lucha permanente y por eso la respetamos y honramos, haciéndola nuestro gobierno, no ahorita sino siempre, porque de nuestras diferencias surge el acuerdo colectivo. Pese a que llaman a ampliar el trabajo con organizaciones urbanas, prevalece la identidad indígena y la postura anticapitalista. Al señalar que juntos seamos concejo de gobierno con las redes del apoyo al CIG, que se desdoblen con sus propias formas e identidad en el campo y la ciudad sin importar fronteras, acordaron consultar en sus comunidades, pueblos, naciones, tribus y barrios las formas y modos de construirlos.
Respecto de ampliar la organización fuera de las fronteras no pasa desapercibida la complejidad de que, si bien se comparte el impacto neoliberal, los pueblos y sus movimientos guardan historias particulares que es preciso considerar más allá del contacto con alguno de sus representantes en otros países. Justamente en Temuco se hizo presente el contraste entre la persecución, por ejemplo, a Juana Calfunao, quien tiene medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y los esfuerzos autonómicos de una asociación de presidentes municipales que, aclararon, sus titulares son de origen mapuche, juegan en esa cancha para recuperar su identidad.
En el ámbito nacional, analizaron la naturaleza del Estado mexicano, así como la continuidad neoliberal, en los cambios de gobierno, incluido el próximo. Ofrecieron evidencias como la amenaza a los pueblos binniza, chontal, ikoots, mixe, zoque, nahua y popoluca del Istmo de Tehuantepec con sus planes transístmicos y la expansión de las zonas económicas especiales, a los pueblos mayas con su proyecto de Tren Maya que despoja y destruye a su paso la tierra. La anunciada siembra de un millón de hectáreas con árboles frutales y maderables, la ilegal consulta para la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, o la oferta para que sigan invirtiendo las mineras que tienen concesionadas grandes extensiones de los territorios indígenas. En ese recuento, en que las palabras sobran, destacan que sin consultar a sus pueblos el futuro gobierno impone la creación, al estilo del viejo indigenismo, del Instituto Nacional de Pueblos Indígenas, comandado, denuncian, por los desertores de nuestra larga lucha de resistencia. Por si fuera poco incluyen el anuncio de que las corporaciones militares seguirán en las calles y la pretensión de reclutar 50 mil jóvenes para las fuerzas armadas que han servido para reprimir, despojar y sembrar el terror en toda la nación.
Rompen el silencio, guardado los años re­cientes, para recordar la traición: “De aprobarse los acuerdos de San Andrés en el actual contexto, estando vigentes las sucesivas reformas al artículo 27 constitucional, que han transformado la tierra en mercancía y puesto las riquezas del subsuelo en ma­nos de las grandes empresas, sin acabar con las concesiones de aguas, minería, bienes nacionales e hidrocarburos, sin imponer límites al poder imperial derogando el actual tratado de libre comercio y limitando severamente a las grandes corporaciones trasnacionales, sin destruir el control que los cárteles de la delincuencia ejercen, apoyados en los militares, sobre nuestros territorios, estaremos viviendo, en el mejor de los casos, una burda ilusión, que nos oculta la embestida del dinero contra nuestros pueblos”. En efecto, las palabras sobran.

4/27/2018

Resurgimiento del Congreso Nacional Indígena


El triste espectáculo de las campañas electorales –con su derroche grotesco de recursos, la falta de ideas de los candidatos y la ausencia de posiciones claras ante los verdaderos problemas del país– ha copado, como siempre, la agenda de los medios de comunicación.
De por sí, temas torales como el de los pueblos, tribus y naciones indígenas de México están vetados en la mayoría de los mass media. Ninguno de los aspirantes a ocupar la silla presidencial se ha referido con seriedad a los pueblos originarios. Generalmente los mencionan cuando tratan el tema: “grupos vulnerables”. Y lo hacen desde una posición paternalista, lastimera, autoritaria, insultante y en la total ignorancia. No les importan los indígenas. Hacen esfuerzos gestuales para tratar de ocultar su racismo y su desprecio.
Las comunidades indias de este país están viviendo el peor embate desde la época de la Conquista. ¿Sabrán los candidatos y sus ostentosos equipos de asesores, verdaderos aprendices de brujo, cuántos focos rojos encendidos hay en los territorios indígenas? ¿Sabrán cuántas minas, represas, carreteras, desarrollos turísticos, parques eólicos, tienen a otro tanto de comunidades levantadas? ¿Les importará cuántos despojos se están llevando a cabo en estos tiempos?
Más allá del show electoral que –con todo y maquillaje, disfraces y locaciones– se lleva a cabo, y más allá de la tormenta que se cierne sobre el país, también hay esfuerzos, construcciones y logros esperanzadores. En una de las sesiones del Conversatorio “Miradas, escuchas, palabras: ¿prohibido pensar?”, organizado por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y el Concejo Indígena de Gobierno, se dio cuenta del resurgimiento, con fuerza, del Congreso Nacional Indígena (CNI). Se trata de un crecimiento, se valoró, tanto cuantitativo como cualitativo.
Es claro: el Concejo Indígena de Gobierno no alcanzó a recabar el total de firmas requeridas para que el nombre de su vocera, María de Jesús Patricio Martínez, apareciera en las boletas electorales. Tanto el CNI como el EZLN y las organizaciones, colectivos y personas que apoyaron en la recolección de firmas están analizando, criticando, discutiendo los resultados del esfuerzo.
No son condescendientes. Con claridad han dicho que no se logró ese objetivo. Ya sabían que tendrían a todo un sistema en contra, el cual impide que una propuesta surgida de los pueblos indígenas tenga oportunidad real de competir.
Marichuy y los concejales del Concejo Indígena de Gobierno no defraudaron a nadie. Por el contrario, quienes apoyaron esta propuesta pueden sentirse orgullosos de que no hubo una sola falsificación o compra de firmas. La campaña más honesta, más austera, más digna, fue la de quien finalmente no aparecerá en la boleta. Los indígenas jugaron limpio –no podría ser de otra manera– en un terreno de subida, contra oponentes dispuestos a violar todas las reglas y ante árbitros cómplices de los infractores. Una valoración amplia sobre haber participado en estas condiciones vendrá pronto.
Decíamos que no todo el panorama está pintado de negro. Entre los destellos que se observan precisamente está el del regreso del CNI. Sólo este resultado del trabajo de Marichuy y el Concejo Indígena de Gobierno bastaría para considerar que la chinga, como preguntó el subcomandante Galeano a los concejales, valió la pena.
Carlos González, de la Coordinación del Concejo Indígena de Gobierno, informó que, mientras que en mayo pasado se contabilizaban 38 concejales, actualmente suman más de 170 de comunidades de casi todos los estados de la República. Con ello, no sólo se fortaleció el Concejo, sino el propio CNI que hoy cuenta con organización donde nunca antes había tenido. Por lo que se ve, ni la Otra Campaña, encabezada por el subcomandante Marcos en 2006, tuvo tales resultados en materia de alianzas entre los pueblos indígenas.
A decir de Carlos González, el CNI vive hoy su tercera etapa. Listo para pasar a otras acciones.
Considera que la primera inició el 12 de octubre de 1996 (cuando se funda) y concluyó en 2001, luego de la traición de todos los partidos políticos y los tres Poderes de la Unión. En esta etapa, el CNI se trazó como objetivo que los Acuerdos de San Andrés (suscritos por el Ejecutivo federal, los representantes de las cámaras legislativas y el EZLN el 16 de febrero de 1996) se incorporaran a la Constitución y, con ello, se reformara significativamente el Estado mexicano.
Lo que determinaron los tres poderes del Estado mexicano fue que no reconocerían lo que habían acordado con el EZLN en los diálogos de paz. Más aún, que no habría reconocimiento de derechos territoriales ni que se consideraría a las comunidades indígenas como entidades de derecho público.
“El CNI empezó a plantear que la lucha iba tal vez por el otro lado”, dice Carlos González. En la Octava Asamblea que se realizó en noviembre de 2001 se determinó impulsar la autonomía por la vía de los hechos y ya no pedir reconocimiento al Estado mexicano. Para 2006 se realizó el Cuarto Congreso Nacional Indígena y ahí se aprobó suscribir la Sexta Declaración de la Selva Lacandona, con lo que se declaró abiertamente anticapitalista y de izquierda. Fue el inicio de la segunda etapa.
“En esta segunda etapa, gracias a la represión del Estado y a la cooptación de compañeros y compañeras que eran claves en la estructura, se fue debilitando”, reconoce Carlos González. La organización del CNI se mantuvo sólo de manera permanente en la región Centro-Occidente. En 2011 la represión se agudizó y declinó aún más la organización.
La tercera se gesta en 2013 y se lanza en 2016, con la propuesta de formar un Concejo Indígena de Gobierno para México.
“El CNI llega a esta tercera etapa con una lista interminable de presos políticos, desaparecidos, asesinados, tierras despojadas, por proyectos energéticos, mineros, aeroportuarios, de infraestructura carretera y turística, despedazando nuestras comunidades”, señala Carlos González.
La guerra está creciendo exponencialmente contra los pueblos indígenas. Está en juego su sobrevivencia, pero también la del país. Esta tercera etapa será de una nueva disposición de lucha. De los más de 170 concejales y concejalas, en Chiapas tiene 43. Pero ahora ya cuenta con presencia en entidades donde nunca había podido avanzar, como Nayarit, Sinaloa, Durango, Baja California Sur, Tlaxcala y Quintana Roo.
Este fin de semana el Concejo Indígena de Gobierno llegará a conclusiones de los pasos que dará en lo inmediato. Se descarta que se convierta en un partido político o que apoye a alguno de los candidatos a la Presidencia.

2/23/2018

Las victorias del CIG y su vocera Marichuy


Gilberto López y Rivas

En la noche del 19 de febrero pasado, las redes de apoyo a María de Jesús Patricio Martínez, vocera del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), llevaron a cabo en toda la República la jornada postrera para recabar firmas para una candidatura independiente a la Presidencia en un ambiente festivo, cargado de emociones y, sobre todo, la certeza de la tarea cumplida con empeño, entrega y camaradería, así como la idea de continuar cohesionados para nuevas formas de acompañamiento al Congreso Nacional Indígena y al EZLN. Ausente estaba cualquier sentimiento de frustración o desesperanza por no haber logrado, –en un tiempo extremadamente acotado– las cifras estratosféricas impuestas por la partidocracia y la burocracia electoral para cerrar el paso a candidaturas realmente independientes.
Por el contrario, un hecho incuestionable destaca: de todas las campañas para aspirantes independientes a la Presidencia, fue la única con un altísimo porcentaje de firmas ciudadanas obtenidas legal y legítimamente. Como auxiliar de Marichuy, integré parte de un grupo que revisó en el Instituto Nacional Electoral (INE) cuatro mil apoyos ciudadanos con presuntas inconsistencias y errores; al término del escrutinio, se pudieron rescatar 82 por ciento de los mismos. Al 21 de febrero, Marichuy reunía 92.74 por ciento de apoyos válidos, más los que se recatarán en la última sesión que los auxiliares han solicitado al INE para defender el derecho humano de todos y cada uno de los ciudadanos que firmaron. Estos datos demuestran otra práctica política, con ética y principios morales, que contrastan con la opacidad en los procesos de obtención de firmas de quienes llegaron finalmente a la boleta electoral como candidatos falsamente independientes. Igualmente, es un hecho que para el INE no parece interesar los medios para lograr firmas, aunque sean fraudulentos, sino los resultados que, de existir un estado de derecho, merecerían una investigación a fondo y la consecuente descalificación de candidaturas espurias.
Un dato interesante es que en dos estados del país se logró superar 1 por ciento de apoyos ciudadanos requerido por el INE: Chiapas y Nayarit, y aquí habría que enfatizar la congruencia política del EZLN y el entorno de los mayas zapatistas que demostró la importancia otorgada al proceso de la recolección de firmas en Chiapas, y, en el caso de Nayarit, el compromiso y el esfuerzo principalmente del Partido de los Comunistas, que, de igual manera, asumieron la tarea con seriedad y responsabilidad política. Porcentajes significativos de apoyo ciudadano se lograron en Zacatecas, Ciudad de México y Morelos, entre otros. Políticamente, a lo largo de estos meses, el CIG en su recorrido por prácticamente todos los estados del país, logra consolidar y fortalecer al Congreso Nacional Indígena como organización a partir de la cual se conforma el Concejo Indígena de Gobierno. Se vincula estrechamente con la Asociación Civil Llegó la Hora del Florecimiento de los Pueblos, en búsqueda del apoyo a la propuesta del CIG y la precandidatura de Marichuy en medios de comunicación, redes y ámbitos universitarios, intelectuales, artísticos y gremiales de alcance nacional y regional. La Asociación Civil otorgó un modesto apoyo económico que contrastó con los millonarios ingresos de los ahora candidatos independientes y ha brindado asesorías jurídicas y trabajo contable de voluntarios y voluntarias que de manera discreta y eficiente entregaron su tiempo y su conocimiento a una causa justa y libertaria.
Al terminar la recolección de apoyo ciudadano es posible distinguir la trascendencia que este proceso tuvo para llevar el mensaje de los pueblos indígenas a miles de ciudadanos en múltiples y diversos ámbitos rurales y urbanos. Quienes desde cómodas posiciones la calificaron de activismo estatista y afán electorero, no tienen idea de su extraordinaria relevancia política. La obtención de la firma nunca fue un acto mecánico, despojado de contenido ideológico libertario; constituía un notable esfuerzo de comunicación, de diálogo que se emprendía en condiciones muchas veces adversas y hostiles. No fue la acostumbrada prédica entre convencidos, sino una especie de salto al vacío en el que cada día era posible escuchar el memorial de agravios de un país devastado, y, al mismo tiempo, esbozar la perspectiva civilizatoria del México de abajo y a la izquierda. La obtención de apoyo ciudadano organizó a miles de personas en redes, colectivos, simpatizantes de todas las edades y procedencias políticas. Muchas de estas redes se conformaron territorial y sectorialmente. Las redes interuniversitarias, por ejemplo, se distinguieron por su imaginación, trabajo colectivo, perseverancia y jovialidad. Los eventos en Ciudad Universitaria, la Universidad Iberoamericana, la Universidad Pedagógica Nacional y las distintas unidades de la Universidad Autónoma Metropolitana fueron la expresión de una juventud participativa y comprometida socialmente. Se establecieron puntos permanentes de recolección de firmas ganados a pulso, con todo tipo de carteles, mantas, volantes, periódicos murales, dípticos, trípticos, fabricados con austeridad inaudita en los que sobresale la figura de Marichuy, expresión emblemática de la participación de las mujeres. Las guerreras de una lucha por la vida. La actividad de las redes de comunicación cibernética ha sido tan notable como imaginativa. Han tenido lugar innumerables mesas redondas, talleres, conversatorios y conferencias en los que se ha identificado el origen de la propuesta del Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional; se ha descrito su contenido organizativo, su carácter anticapitalista, su alcance estratégico más allá de coyunturas electorales, su trascendencia civilizatoria. Es posible afirmar que en estos meses y, pese a los monopolios mediáticos, el Concejo Indígena de Gobierno, su vocera, Marichuy, y las luchas contra las corporaciones de la muerte de la actual forma de acumulación capitalista, se han dado a conocer a la sociedad mexicana. Así, esta etapa ha sido de victorias del CIG, su vocera, de los mayas zapatistas, y también de quienes sostienen que su voz es mi voz, y están dispuestos a continuar acompañando esta lucha memorable.
A la memoria de Eloísa Vega Castro de la Red Sudcaliforniana de apoyo al CIG

2/20/2018

CIG: hacia el balance de una etapa



Magdalena Gómez


Al cruzar el umbral del 19 defebrero el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y su vocera Ma­richuy, realizarán un balance sobre la búsqueda de que ésta apareciera en la boleta electoral como candidata independiente a la Presidencia de la República, pero sobre todo, acerca del avance logrado en el proceso de organización frente a la embestida neoliberal en curso contra los territorios y los pueblos mismos. A partir de todo ello definirán los rasgos de la siguiente etapa de su lucha, que no se mide con el calendario electoral en curso.

Llegan fortalecidos, con la enorme satisfacción de que recorrieron buena parte del país y en muchas regiones se sumaron concejalas y concejales electos por sus comunidades. Enfrentaron riesgos y siguieron caminando, sin negarse a visitar a comunidades que están asediadas por la violencia de todo tipo y les invitaban, justamente para hacer fuerza con el CIG y resistir.

También llegan con un fuerte dolor por la desgracia que les alcanzó el pasado 14 de febrero, cuando se volcó el vehículo en que viajaban concejales del CIG y de la red sudcaliforniana de apoyo al CIG, en la carretera federal 1, en Baja California Sur. En el accidente falleció la compañera de la red Eloísa Vega Castro; el concejal Francisco Grado es atendido de graves lesiones en tórax y pelvis, mientras que Marichuy sufrió fractura en un brazo que ameritó intervención quirúrgica. El resto de concejales resultaron con diversas lesiones calificadas de leves.

Estos hechos obligaron a suspender el tramo del recorrido previsto para Baja California. Y no por ello disminuyó la tarea de recabar firmas en todo el país, hasta el último minuto del plazo previsto y de pelear por el reconocimiento de cada firma. El pasado 16 de febrero la Asociación Llegó la Hora para el Fortalecimiento de los Pueblos acudió por quinta ocasión a la mesa de control del Instituto Nacional Electoral (INE) para defender firmas ubicadas en Registros no encontrados y en situación sin respuesta con inconsistencia. De 3 mil 999 lograron que se acreditaran 3 mil 283 y dejaron constancia de su objeción a los criterios aplicados para descalificar firmas que redundan en la violación de derechos político-electorales de quienes las emitieron. Justamente debemos evaluar, desde el CIG, la referida asociación y los miles de auxiliares y redes de apoyo para el triunfo que significa que al 17 de febrero se recabaron 255 mil 864 firmas.

No es poca cosa la energía y compromiso desplegados, pese a las limitaciones impuestas por el INE, con su famosa aplicación informática y el costo de los celulares que funcionan con la misma, y sus requisitos para que en las zonas de “alta marginación se obtuvieran en papel, pero eso no es todo, la fotocopia de la credencial debía ser a color. Ya se hará un recuento detallado de las condiciones en que se trabajó por la única aspirante realmente independiente, sin la infraestructura y recursos de quienes forman parte de la clase política aun cuando de momento aparezcan en pleito con sus partidos originarios.

El INE negará el registro como candidata independiente a la Pre­sidencia de la República a María de Jesús Patricio Martínez por no acreditar 866 mil 593 que se dispersaran en 17 entidades de la República y uno por ciento del registro electoral en cada una de ellas. Nosotros tenemos el deber de seguir valorando el significado de lo logrado. Desde un principio se anotó que el objetivo no era sentarse en la silla presidencial, ciertamente era importante aparecer en la boleta electoral el próximo primero de julio. Ya nos corresponderá dar cuenta no sólo de las limitaciones que se han denunciado, sino también de las ­objeciones racistas de la sociedad y de la cultura política electoral dominante, frente al desafío de apoyar con una firma sólo para que apareciera una mujer indígena en la boleta electoral. También nos toca identificar las mecánicas políticas que se activaron mientras se hacía el esfuerzo de recabar firmas y ellas no sólo desde ámbitos urbanos. Ciertamente sorprenden algunos analistas que escandalizados contrastan las cifras de electorado indígena y califican de fracaso que no se tenga a todas y a todos mecánicamente otorgando la firma a una opción que no les ofrece cuestiones materiales a cambio. Pero no se quedará ahí la ofensiva racista, ya se está atribuyendo al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el fracaso de la iniciativa del Congreso Nacional Indígena y su CIG, hay quien dice que dejaron solos a los indígenas, cuando en lo personal he valorado tanto el respeto que manifestaron al acompañar sin hacer presencia. Se cumplieron 22 años de la firma de unos acuerdos, los de San Andrés, que fueron vulnerados y si les hacen falta más datos, el EZLN continúa respetando el cese al fuego aceptado desde 1994.El CIG y su vocera y todos que los apoyamos seguiremos caminando pacíficamente, para lograr lo imposible, porque de lo posible ya se habló demasiado.

In memoriam: Eloísa Vega Castro

8/15/2017

Marichuy, Lupita y la hidra capitalista



Rafael Landerreche*
El 6 de agosto el Concejo Indígena de Gobierno (CIG) anunció la creación de la ONG Llegó la hora del florecimiento de los pueblos, “un paso, legal y necesario… para que el nombre de la vocera del Concejo Indígena de Gobierno, la compañera indígena nahua María de Jesús Patricio Martínez, aparezca en las boletas electorales”. Un par de semanas antes Las Abejas de Acteal habían elegido a su representante, de hecho, la representante mujer de los pueblos tzotziles al CIG. La entrega del bastón de mando a la representante se llevó a cabo en Acteal, en una conmovedora ceremonia en que Las Abejas recrearon sus usos y costumbres dando libre expresión a su peculiar identidad maya-católica. Entre otras innovaciones estuvo el hecho histórico de que es la primera vez que Las Abejas entregan un bastón de mando a una mujer.
La noticia fue recogida y transmitida en las redes sociales y quizá en algún medio local, pero hubo algo a lo que no se le ha dado la atención que merece: la representante o concejala, como se le está llamando, es una sobreviviente de la masacre de Acteal.
Ciertamente, todos los sobrevivientes son algo especial, pero Guadalupe Vázquez Luna lo es todavía más. Lupita era una niña de 10 años cuando ocurrió la masacre. Vio morir a su papá, a su mamá y a cinco de sus 10 hermanos ese aciago 22 de diciembre de 1997. Su padre era el catequista que encabezaba las jornadas de ayuno y oración que aquella comunidad mártir estaba realizando por la paz cuando los paramilitares cayeron criminalmente sobre ella. Veinte años después, aquella niña cuyos ojos vieron lo que el gobierno ha querido callar desde entonces, unirá su voz a la de todos los pueblos indígenas de México para denunciar una política económica que no es más que la prolongación de aquel crimen atroz.
No recuerdo quién dijo por primera vez, hace 20 años, que la guerra de Chiapas era una guerra de símbolos pero es una gran verdad, a condición de que no se pretenda –como alguien ya lo hizo– desfigurar la frase con la insinuación de que es meramente una guerra de símbolos. Y hay que reconocer que para esto de crear y aprovechar los símbolos pocos les ganan a los zapatistas: desde la elección de la fecha del levantamiento el día que entraba en vigor el TLCAN, pasando por los pasamontañas y aquello de que tuvimos que cubrir nuestro rostro para que nos vieran, luego, los miles de zapatistas que recorrieron el país para que la voz indígena se escuchara en los últimos rincones de la nación, hasta la presente propuesta conjunta con el CNI de elegir a una mujer como símbolo para enfrentar a la hidra capitalista, las acciones zapatistas han estado preñadas de un profundo sentido simbólico más allá de su éxito o fracaso político inmediato.
Una de las características más poderosas de los símbolos es que poseen vida propia y hablan, significan, interpelan, más allá de la intención consciente de quienes los crearon; tan es así, que podríamos decir que esos supuestos generadores de los símbolos nada más creyeron que los producían cuando en realidad fueron los símbolos quienes los utilizaron a ellos para ponerse ellos mismos en circulación.
Así, esta última propuesta de elegir a una mujer, vocera-candidata, para enfrentar la nueva acometida del neoliberalismo, eso que los mismos zapatistas han bautizado como la hidra capitalista, tiene, lo hayan pensado así o no sus presuntos creadores, reminiscencias y reverberaciones bíblico-apocalípticas: la mujer indígena y la hidra; ¿Qué es sino un avatar más de la mujer y el dragón que aparecen en el capítulo 12 del Apocalipsis como las dos señales aparecidas en el cielo para representar la gran batalla final? Por lo pronto el dragón, demostrablemente no es más que la transposición a un texto y contexto judeo-cristiano de la hidra griega, toda vez que el texto fue escrito en una isla de Grecia donde las festividades populares reproducían cada año el mito del monstruo que perseguía a la mujer para devorar a su hijo. En cuanto a las características de la hidra-dragón, no hay más que leer las páginas subsiguientes: la Bestia tiene el control del comercio mundial (nadie podrá comprar ni vender si no está marcado con el signo de la Bestia, el logo, diría esa otra profeta judía Naomi Klein), la complicidad de las demás naciones ricas, el control de los medios de información y propaganda, las armas de destrucción masiva, el poder de seducción de los pueblos y la habilidad, como el capitalismo, de recuperarse de lo que parecen crisis terminales y volver a asombrar al mundo con su poder.
Por lo que toca al significado simbólico de la escena apocalíptica, curiosamente –¿quién lo diría?– es un hombre de talante conservador como Benedicto XVI quien, yendo más allá de las interpretaciones eclesiocéntricas, mejor lo ha iluminado: es la alianza de la fe de los pobres de la tierra y de la tierra misma la que va a resistir y finalmente a vencer a los poderes que dominan este planeta.
(Aquí un paréntesis para enfurecer a mis amigos zapatistas después de haberlos elogiado. La grandeza de la concepción simbólica de una mujer indígena para enfrentar a la hidra capitalista es cosa muy aparte de la pertinencia política de la propuesta de una candidatura. ¿Qué tiene de maravilloso aparecer en las boletas del despreciado y desprestigiado INE? ¿Qué caso tiene participar en una elección en la que no se cree y por dos décadas se ha criticado? Ya. Lo tenía que decir por honestidad aunque disguste a muchos, pero ahora vuelvo y termino con los símbolos.)
La niña que sobrevivió a la masacre de Acteal, cuando los paramilitares gritaban ¡hay que acabar con la semilla!, y ahora es parte de la voz de una asamblea de pueblos que se organiza para enfrentar a la bestia capitalista simboliza mejor que nada aquella frase de la sabiduría maya guatemalteca (atribuida al Popol vuh): Arrancaron nuestras ramas, se llevaron nuestros frutos, cortaron nuestro tronco, pero no pudieron arrancar nuestras raíces.
*Asesor de proyectos educativos en Chenalhó (laudatosi.blogspot.es)

7/25/2017

Consejos supremos en tiempos neoliberales



Magdalena Gómez
La Jornada 
El Congreso Nacional In­dígena (CNI) difundió hace tres días la denuncia del Consejo Indígena del Trueque (CIT), sobre la agresión al Tianguis del Trueque en Tianguistenco, estado de México, por parte de un grupo encabezado por un supuesto jefe supremo de Coatepec. El CIT está integrado por nahuas, tlahuicas y otomíes de la región. Asisten cada martes a intercambiar leña por alimentos de primera necesidad. En su relato se asoma la punta del iceberg del neoindigenismo, que pese a ser la versión gatopardista del tradicional, resulta necesario considerar. Más aún, ante la proximidad de un proceso electoral, el de 2018, en el que el CNI y su Consejo Indígena de Gobierno (CIG) han decidido participar, a través de su vocera María de Jesús Patricio, como candidata independiente a la Presidencia de la República.
Así, señalan en la denuncia referida: “El pasado 1° de ju­lio, ante unas 50 personas, en San Nicolás Coatepec, el alcalde de Tianguistenco, tomó protesta al ‘Consejo Municipal Indígena Plu­ricultural de Tianguistenco’, sin consultar a las comunidades, ni contar con actas de asamblea correspondientes, por lo que se agrava la situación en muchos municipios donde han puesto a ‘tlatoanis’ y ‘jefes supremos’ que responden a intereses de partidos y han causado serios conflictos en las comunidades por su desmedida ambición de poder y convertirse en títeres del sistema”.
El gobernador indígena del estado de México e integrante de la CNC es Fidel Hernández, quien junto con Hipólito Arriaga Pote, gobernador nacional indígena, promueve el llamado gobierno nacional de los pueblos indígenas, señalando que son electos por usos y costumbres y dicen ser autoridades ancestrales.
A primera vista, evocan lo que fue en los años setenta el impulso oficial a los llamados consejos supremos, sólo que hoy buena parte de los pueblos indígenas están organizados y resisten el embate de despojo sobre sus territorios, al tiempo que construyen, en los hechos, auténticos espacios de autonomía. También este movimiento, que creó el CNI hace 20 años, si bien tenían trayectorias previas, fue con el alzamiento zapatista y la postura de su dirigencia, que contribuyó de manera decisiva en la lucha por el reconocimiento jurídico a sus derechos como pueblos, expresados en los incumplidos acuerdos de San Andrés.
La paradoja es que la llamada gubernatura cobija su discurso en lo que constitucionalmente logró el zapatismo y el CNI, y que fue objetado por ellos debido a las distorsiones y mutilaciones de lo que se había pactado en los referidos acuerdos. A través de las redes digitales encontramos a dicha gubernatura nacional en la entrega de bastón de mando a su jefe supremo, sí, lo adivinó: Enrique Peña Nieto.
También podemos conocer el discurso de las supuestas autoridades ancestrales, que, nada casual, promueven desde el estado de México su movimiento y, también nada casual, cuentan con el respaldo económico de instituciones federales. Afirman contar con gobernadores indígenas en todo el país, electos por el dedazo, que es uso y costumbre de la clase política. Declaran que luchan por la autonomía que está en la Constitución, en el artículo 2º, y llegan a plantear que son un gobierno nacional paralelo al federal. Su lucha está en dos frentes: los presupuestos que les asignan en las entidades y la exigencia al INE para que les garantice normas especiales de manera directa, sin partidos políticos para acceder a diputaciones federales y estatales y senadurías.
Cuentan con asesores en todo el país que les elaboran documentos jurídicos, donde transcriben cuanta norma existe en materia indígena. Los presentaron recientemente al Foro Permanente de la Organización de las Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas, denunciando al INE. Tienen cerca de cuatro años con su plan, se mueven por todo el país y fuera de él, sin hacer demasiado ruido, hasta ahora.
Sin embargo, en los hechos, usurpan a los pueblos indígenas, distorsionan el sentido y función de los mayores, los sabios, las abuelas, los abuelos y gozan del aval no tan implícito de espacios oficiales. Por ejemplo, el INE acreditó a su membresía nacional la participaron en una consulta sobre distritación electoral indígena, con apoyo de
la CDI, planeada como lo saben hacer, con un protocolo, por supuesto. En fin, todo un escenario de contraste con el CNI, el cual, si bien ha reiterado que no contenderá en la elección, para buscar votos, sí puede verse afectado por el activismo promotor de voto comunitario a cambio de dádivas, provocando divisionismo, como el que representa la gubernatura nacional indígena. La estrategia del CNI es otra, busca dar la voz, a los que desde arriba no se escuchan, menos en tiempos electorales; promover con las comunidades la organización, pero también mostrar a la sociedad, los impactos generalizados del modelo extractivista, no sólo para pueblos indígenas y, de paso, acercarles el espejo del racismo ­prevaleciente.

6/19/2017

El Concejo Indígena, Marichuy y 2018



Carlos Fazio
La Jornada 
En tiempos prelectorales y a la sombra de sendos fraudes de Estado en los recientes comicios para elegir gobernador en Coahuila y el estado de México, el reloj del Congreso Nacional Indígena (CNI) y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) marca la hora de los pueblos en resistencia. La hora de la lucha anticapitalista, abajo y a la izquierda, como forma de seguir construyendo la vida que se hace palabra, aprendizaje y acuerdos colectivos ante tanta muerte, represión y despojo de territorios y recursos; ante tanta destrucción y barbarie.
Se busca desmontar desde abajo el poder impuesto por los de arriba, y para ello, la asamblea constitutiva del Concejo Indígena de Gobierno (CIG), reunida en abril en la Universidad de la Tierra, en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, dio los primeros pasos para profundizar el tejido de una organización colectiva a escala nacional de naciones, tribus y pueblos originarios en rebeldía; a la manera de un autogobierno reunido en un solo concejo, que de forma coordinada represente todas las luchas y resistencias que se oponen a la ofensiva capitalista privatizadora que ha militarizado y paramilitarizado los territorios donde ellos habitan.
En la asamblea participaron mil 252 representantes de pueblos y comunidades indígenas y 230 delegados del EZLN, y como muestra de madurez y de la conciencia que tienen sobre la necesidad de la unidad, decidieron crear un concejo como forma colectiva de gobierno; de democracia directa y protagónica de los pueblos. El Concejo Indígena encarna un proyecto de organización democrática, horizontal y asamblearia en la que todas y todos discutan y decidan, alternativo, por tanto, al cascarón vacío de la democracia liberal representativa, que en nuestros días exhibe en México el agotamiento de la vía electoral.
A corto y mediano plazos, el concejo busca frenar la guerra de tipo contrainsurgente del capitalismo expansionista, criminal y militarizado, y preservar la vida de los pueblos en resistencia ante el despojo violento de la tierra, los bosques, el agua, los bienes comunales y todo lo que es amenazado por los megaproyectos de los dueños del dinero.
Se trata, en definitiva, de la defensa de un modo de vivir y de ser, de relacionarse con la madre tierra, amenazada por los proyectos mineros e hidrocarburíficos; por las grandes corporaciones de la energía en sus modalidades hidráulica, eólica y solar; por la privatización del agua y por nuevas obras de infraestructura en las llamadas zonas económicas especiales (ZEE), que, con epicentro en el istmo de Tehuantepec, abrirán una nueva fase de acumulación por desposesión o despojo neocolonial sobre territorios donde sobreviven formas de propiedad comunal y ejidal de la tierra.
Por decisión de la asamblea, una indígena nahua, médica tradicional y herbolaria, María de Jesús Patricio (Marichuy), de 54 años y oriunda de Tuxpan, Jalisco, será la vocera del Concejo Indígena de Gobierno y candidata a la Presidencia de la República.
Según la perspectiva racista y clasista de algunos tránsfugas de la izquierda clientelar, electorera y parlamentarista, que consideran que los indígenas no deben irrumpir en los espacios considerados exclusivos de una clase política amafiada, la unidad de las izquierdas sólo se puede lograr sumándose de manera subalterna y acrítica a un partido político. Quienes calificaron la iniciativa indígena de divisionista pueden estar tranquilos: no se puede dividir lo que no existe en el ámbito parlamentario. Además, Marichuy no recorrerá el país a la caza de votos, porque la lucha del CNI y el EZLN no es por el poder; no pretenden competir con los partidos y sus políticos, sino que la indignación, la resistencia y la rebeldía figuren en las boletas electorales de 2018.
La vocería de esta mujer que es todo un referente en Tuxpan entre nahuas mestizos, estará dedicada a llamar a los pueblos originarios y a la sociedad civil a organizarse con autonomía para enfrentar a al capitalismo militarizado sin caer en lo electorero; a impulsar una autonomía que tenga como ejes la educación, la justicia y el autogobierno. Su campaña buscará visibilizar y denunciar el dolor y el olvido de los pueblos originarios, y crear y multiplicar formas dignas de resistencia al mal gobierno −cuyo ejército y policías cohabitan o son cómplices del narcoparamilitarismo− y sus patrones, los dueños de las grandes corporaciones, que en su ofensiva depredadora asesinan, desaparecen, esclavizan, despojan, saquean, destruyen y contaminan.
La iniciativa de una candidatura independiente, que desde octubre pasado fue discutida en el seno de 43 pueblos originarios de 523 comunidades de 25 estados del país, deriva de un pensamiento colectivo, de una práctica histórica de los pueblos y naciones indígenas que han utilizado distintas estrategias de lucha para asegurar su continuidad y autonomía.
Al margen de la partidocracia dominante, esos sujetos políticos invisibilizados, negados históricamente en su capacidad de decisión, de hacer política y de pensar un proyecto incluyente, impulsan hoy una alternativa al sistema de representación hegemónico, deslegitimado y en crisis. Buscan construir un nuevo horizonte emancipatorio y cimentar un poder de los de abajo y a la izquierda, con una candidatura que cuestiona el monopolio de la política y de la representación de la sociedad por los profesionales de los partidos electoralistas institucionalizados.
Intentarán profundizar un movimiento nacional para enfrentar de manera pacífica a la clase capitalista trasnacional con sus injustas estructuras de explotación y dominación, pero a la vez, en el contexto de múltiples violencias de Estado signadas por la corrupción, la impunidad y la simulación −como herramientas para la recolonización de territorios−, la propuesta busca abrir un camino a la paz. El problema, pues, no es votar o no, el problema es el capitalismo. Y frente a la cultura de muerte del capital, el camino planteado es el de la resistencia organizada.

9/13/2013

La guerra contra los pueblos y sus resistencias



Gilberto López y Rivas
La reunión del Congreso Nacional Indígena (CNI) realizada en San Cristóbal de las Casas, Chiapas, los días 17 y 18 de agosto pasados, luego del curso de la Escuelita Zapatista, constituyó una dramática denuncia, con testimonios contundentes, de la guerra desatada por el mal gobierno contra los pueblos originarios en todo el país, donde se confunden sus fuerzas represivas con las corporaciones capitalistas que protege, incluyendo las del crimen organizado, dando por resultado la invasión de territorios, el saqueo de recursos, la afectación del medio ambiente, la criminalización de las resistencias y la amenaza a la sobrevivencia misma de la vida comunitaria.
Uno a uno, los delegados de las diversas etnias-pueblos-tribus-naciones fueron exponiendo la naturaleza de los agravios cometidos en su contra, indignados contra los poderosos que no tienen respeto por la palabra, que la traicionan y violentan una y otra vez a lo largo y ancho de este país que se llama México, pero sin asumirse en ningún caso como víctimas inermes o actores sumisos, sino como sujetos pletóricos de esperanza y fuerza para refundarse y reconstituirse en la defensa de sus territorios, identidades, lenguas, modos de vida y organización: Nos reconocemos en el camino de nuestra historia y nuestros antepasados que son presente, futuro y espejo de la autonomía ejercida en los hechos, como única vía del porvenir de nuestra existencia y que se vuelve nuestra vida comunitaria en asambleas, prácticas espirituales, culturales, autodefensa y seguridad, proyectos educativos y de comunicación propios, reivindicaciones culturales y territoriales en las ciudades por los pueblos desplazados o invadidos con una memoria histórica viva (pronunciamiento de la Cátedra Tata Juan Chávez Alonso).
El Congreso Nacional Indígena, surgido al calor de los Diálogos de San Andrés por iniciativa del EZLN, se manifestó por la liberación inmediata de todos los presos políticos en nuestro país, y particularmente por la del tzotzil Alberto Patishtán, quien lleva ya 13 años en prisión injustamente, purgando una condena de 60 años, y que constituye el caso paradigmático y representativo de los numerosos indígenas en el país que purgan condenas o tienen órdenes de aprehensión por defender el territorio, el agua, los bosques, la tierra o los lugares sagrados; por oponerse a la presencia de las corporaciones mineras, eólicas, turísticas, farmacéuticas, constructoras de presas, termoeléctricas, gasoductos y autopistas; por enfrentarse al crimen organizado y los grupos paramilitares como integrantes de policías comunitarias y grupos de autodefensa basados en la organización colectiva; por reclamar sus derechos como pueblos de acuerdo con la Constitución y la jurisprudencia internacional en la materia.
Un común denominador de los cerca de 100 conflictos que se denunciaron ante la presencia de integrantes del Comité Clandestino Revolucionario Indígena-Comandancia General (CCRI -CG) del EZLN lo constituye el hecho de que el Estado mexicano, en sus diversos ámbitos de autoridad y niveles de gobierno, aparece como ejecutor de políticas públicas y acciones ilegales y contrarias al beneficio de los pueblos, y como protector de las corporaciones, en su mayoría extranjeras, y cómplice de los delincuentes en toda la extensión de los territorios; las fuerzas armadas y policiacas se proyectan en la narrativa del CNI como ejércitos de ocupación, más preocupados por mantener bajo control a las policías comunitarias, como en el caso de la CRAC-PC de Guerrero, que a los sicarios mismos, y en algunas regiones, como Michoacán, abiertamente en connivencia con los capos de los cárteles.
Por su parte, la comandanta Miriam, integrante del CCRI-CG, y en nombre de las bases de apoyo, hombres, mujeres, niños y ancianos del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, en su intervención en el Congreso Nacional Indígena, tomó como propios todos los problemas y situaciones en todos los rincones de la patria mexicana expuestos por los delegados, porque son los mismos problemas que padecemos todos, despojándonos de nuestra madre tierra, aire, agua, riquezas naturales. Pero los malos gobiernos neoliberales y las empresas trasnacionales reinan con el dinero, y por eso imponen proyectos de muerte en nuestros territorios. Pero como pueblos originarios y dueños de las riquezas naturales tenemos que defender a como dé lugar, sin importar las consecuencias, porque nuestra madre tierra, con ella vivimos y con ella respiramos... y cuando defendemos nos persiguen, nos encarcelan y nos matan. Nos acusan de transgresores de la ley y nos condenan a muchos años de prisión, como si fuéramos delincuentes. En cambio, ellos son los verdaderos delincuentes, vendepatrias. Ellos están libres, como si no fuera delito todo lo que han hecho con nosotros, por sus leyes que tienen, y con sus leyes se protegen. Los y las zapatistas dejaron claro su mensaje a los malos gobernantes: Que ya no nos dejaremos, como pueblos originarios, que nos quiten nuestra madre tierra y las riquezas naturales. Nosotros como zapatistas luchamos por nuestras 13 demandas para el pueblo mexicano, y también luchamos por la autonomía donde el pueblo mande y el gobierno obedece. Para lograr todo esto se necesita conciencia, voluntad y sacrificio, y resistir todo tipo de agresiones. Compañeras y compañeros, hermanos y hermanas, para poder rechazar todos los planes de muerte que imponen los neoliberales se necesita organizarse, unir nuestras fuerzas, nuestro dolor, unir nuestra rebeldía y luchar por democracia, libertad y justicia.
Las y los delegados decidieron reconocer, apoyar y animar las luchas por la autonomía y libre determinación de todos los pueblos que conforman el Congreso Nacional Indígena, desde la península de Yucatán hasta la de Baja California, haciendo suyo el futuro de sus pueblos.