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6/08/2025

Naomi Klein analiza el “fascismo del fin de los tiempos” de Trump, Musk y otras figuras de la extrema derecha mundial que “no creen en el futuro”


La alianza entre la extrema derecha y la oligarquía de Silicon Valley está dando lugar a un “fascismo del fin de los tiempos”, según el análisis de la periodista Naomi Klein, quien recientemente ha publicado un ensayo en coautoría con Astra Taylor que describe cómo muchas élites ricas se están preparando para el fin del mundo al tiempo que contribuyen a la creciente desigualdad social, inestabilidad política y crisis climática. Klein señala que, en tanto los multimillonarios sueñan con escapar a enclaves fortificados e incluso al espacio exterior, el presidente Donald Trump y otros líderes de derecha están convirtiendo sus países en fortalezas militarizadas para impedir la inmigración del extranjero e incrementar el control autoritario dentro de sus propias fronteras.
“El fascismo siempre tiene cierto tono apocalíptico, pero el fascismo de los años 30 y 40 tenía como horizonte” un futuro utópico, explica Klein. Hoy, por el contrario, “nos enfrentamos a personas que apuestan activamente en contra del futuro. Pero no solo apuestan activamente contra el futuro, sino que provocan los incendios que están consumiendo el mundo”.

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el informativo de guerra y paz. Soy Amy Goodman.

https://www.democracynow.org/es/2025/5/5/naomi_klein_trump_silicon_valley

Terminamos el programa de hoy con la galardonada periodista y escritora Naomi Klein, quien acaba de publicar un extenso artículo, junto con Astra Taylor, para el periódico The Guardian, titulado “El auge del fascismo del fin de los tiempos”, que analiza el fervor apocalíptico de la extrema derecha. En él, ambas escriben: “Las personas más poderosas del mundo se están preparando para el fin del mundo, un fin que ellos mismos están acelerando frenéticamente. Eso no está muy alejado de la visión más publicitada de naciones fortificadas que se ha apoderado de la [extrema] derecha a nivel mundial, desde Italia hasta Israel, de Australia a Estados Unidos: en un momento de peligro incesante, movimientos abiertamente supremacistas en estos países están posicionando a sus Estados relativamente ricos como búnkeres armados”, escribe Naomi Klein.

Klein es también profesora de justicia climática en la Universidad de British Columbia y codirectora y fundadora del Centro para la Justicia Climática de esa misma universidad. Su último libro es “Doppelganger: Un viaje al mundo del espejo”.

Bienvenida de nuevo a Democracy Now! Es un placer tenerla con nosotros. ¿Puede comenzar hablando sobre su artículo y a qué se refiere exactamente cuando habla sobre el fascismo del fin de los tiempos?

NAOMI KLEIN: Bueno, estoy muy contenta de estar con usted, Amy.

Este no es el artículo más alegre que he escrito, junto con Astra Taylor, una colaboradora muy cercana, fundadora del sindicato Debt Collective. Y estábamos tratando de mapear las similitudes y las diferencias entre el tipo de política de extrema derecha que estamos viendo hoy. Y debería decir que el artículo no solo es sombrío. También analiza lo que esto puede significar para una respuesta a esta forma particular de fascismo, porque no podemos combatirlo si no lo entendemos. Entonces, creo que hay muchas investigaciones muy buenas tratando de entender el autoritarismo actual, ya sea el de Trump o el de figuras como Duterte o Modi, que han analizado las similitudes entre estas figuras de extrema derecha y, digamos, Mussolini o Hitler, y, las han comparado, como en una especie de lista, para ver lo que es similar al pasado. Y creo que hay mucho valor en eso. Pero el riesgo de eso es que no se fija en lo que es nuevo y particular de nuestro tiempo.

El fascismo siempre es un intento de la derecha de resolver una crisis de su propia era, ¿verdad? En la década de 1930, estaban tratando de resolver en Alemania las humillaciones de la Primera Guerra Mundial y los impactos de la Gran Depresión, y estaban proponiendo una unidad frente a eso para un grupo exclusivo. Pero nuestro momento es diferente, y una de las cosas que lo hace diferente es… si piensas en el fascismo de la década de 1930, eso era antes de la bomba atómica. Antes de que entendieran el cambio climático. Y estamos en un momento en el que nuestras élites, lo admitan o no, entienden que nuestro modelo económico —y he escrito libros sobre esto y he hablado al respecto con usted en el pasado— está en guerra con la vida en la Tierra. Y están avanzando a toda velocidad por este camino de más y más extracción de combustibles fósiles y todo tipo de… básicamente, cualquier cosa que puedan extraer de esta Tierra y convertirlo en energía y dinero, particularmente ahora con la IA, que es un pozo sin fondo de energía y recursos: agua, gas natural licuado, minerales críticos, todo.

Entonces, estamos tratando de entender cómo esto está conformando el tipo de fascismo que estamos viendo, y también estamos tratando de entender qué es lo que unifica este tipo de extraña coalición Frankenstein que representa Trump, en la que está juntando a las personas más ricas del mundo que jamás hayan existido con mucha gente de clase trabajadora; entonces, ¿qué une esta visión?

Y lo que abordamos en este artículo, o la idea que proponemos, es que todos ellos han renunciado a este mundo. Todos han caído en una especie de fiebre apocalíptica, ya sea Elon Musk o Jeff Bezos y sus inversiones en el espacio exterior, como dando por perdido este planeta; ya sea la IA, que está dispuesta a sacrificar este mundo viviente con el fin de construir un mundo artificial; o ya sea esta visión populista del movimiento MAGA del Estado nación como una fortaleza que viene de pensar: “Bueno, sabemos que cada vez vendrá más gente. Sabemos que el desastre está por llegar”. Escuché mucho a Steve Bannon cuando estaba escribiendo “Doppelganger”, y todo está muy enfocado hacía la supervivencia. Todos los comerciales, o casi todos, están vendiendo oro, porque la economía va a colapsar, y cosas como comidas listas para consumir durante 90 días, porque nunca se sabe lo que va a pasar. Por lo tanto, la gente con esa mentalidad ve a la nación y al grupo como un búnker, y luego expulsa al grupo externo a todos estos territorios sin ley de los que han estado hablando en el programa. Entonces, no es la misma visión, pero comparte esta fiebre apocalíptica.

Y luego, por supuesto, todo sigue una estructura similar, una estructura narrativa, al arrebatamiento bíblico. Y, por supuesto, hay personas que creen en eso dentro de la coalición de Trump, gente que son cristianos sionistas, como Mike Huckabee y Pete Hegseth, que creen que el verdadero fin de los tiempos está llegando, y piensan que todo va a suceder en Israel. Y todos los horrores sobre los que ustedes informan tan bien y de forma tan comprometida en el programa, todo eso son señales positivas si crees en el arrebatamiento, porque significa que el fin está llegando, y los fieles van a ser llevados a una ciudad dorada en el cielo. Así que, ya saben, lo que estamos viendo es algo así como la versión religiosa de esa historia, la versión religiosa y fundamentalista de esa historia, según la cual literalmente crees que vas a ser salvado y llevado al cielo, pero también la visión secular, en la que tu riqueza te protege, o tu nacionalidad te protege, y obtienes tu propia versión de esa ciudad dorada y llena de búnkeres.

AMY GOODMAN: Usted mencionó Gaza, y acaba de llegar de la conferencia de Voz Judía por la Paz en Baltimore, donde varios miles de personas de todo el país se reunieron. Nuestro último titular describe cómo el ejército israelí está llamando a decenas de miles de reservistas al tiempo que el gabinete de seguridad de Israel acaba de aprobar este fin de semana por unanimidad los planes para ampliar su asalto a Gaza, donde Israel ya ha matado a más de 52.000 palestinos, aunque esa cifra sea en realidad mucho mayor, en los últimos 18 o 19 meses. Israel ha matado a más de 2.400 palestinos desde que rompió el alto el fuego en marzo. Y, mientras tanto, el devastador bloqueo israelí a la ayuda alimentaria ha entrado en su tercer mes. Funcionarios de salud palestinos dicen que 57 palestinos ya han muerto de hambre. Según UNICEF, más de 9.000 niños han sido admitidos para recibir tratamiento por desnutrición aguda en lo que va del año. Y organizaciones de ayuda humanitaria, como el Consejo Noruego para los Refugiados, han criticado la nueva propuesta israelí para tomar el control de la distribución y poner a contratistas de seguridad de EE.UU. a cargo de esa distribución. ¿Puede hablar, como lo hace tan a menudo, sobre lo que está sucediendo en Gaza y Cisjordania y sobre cuál es la relevancia de Israel para el presidente Trump y el actual Gobierno de Estados Unidos, a pesar de que también era relevante en la visión del mundo y en el enfoque de la política exterior del expresidente Biden?

NAOMI KLEIN: No creo que haya una sola respuesta para entender cuáles son las fuerzas impulsoras. Y eso es a lo que estamos tratando de llegar, al hecho de que hay una especie de superposición de estas diferentes cosmovisiones apocalípticas. Algunas son religiosas, y algunas de ellas son seculares. Entonces, creo que las personas que forman parte de esto, como aquellos que creen en la versión literal del arrebatamiento piensan que todo esto es una buena noticia, en el sentido de que, según la historia en la que creen, los israelitas tendrán que regresar al Gran Israel. Esas son las condiciones previas para el regreso del Mesías. Tienen que reconstruir el Tercer Templo. Así que vemos esta convergencia de intereses entre los extremistas religiosos y el Gobierno de Netanyahu, que están absolutamente comprometidos con la reconstrucción del Tercer Templo. Realmente quieren hacerlo. Quieren destruir Al-Aqsa. Esta es la razón por la que hay tanta atención sobre ella.

Pero, entonces, ¿Trump cree eso? No creo que Trump crea eso. Lo que ve para el futuro de Gaza son recursos. Ve el dinero. Ve un resort privado, ya saben.

AMY GOODMAN: Un resort.

NAOMI KLEIN: Exactamente. Pero esto es algo que he estado diciendo desde el principio. Creo que los intereses han sido bastante consistentes en términos de lo que es el objetivo final, que es la despoblación de Gaza, la expulsión de los palestinos, ya sea por muerte o por exilio forzado, o ya sea a través de la limpieza étnica. Y durante el Gobierno de Biden se negó que eso era lo que estaba pasando. Y durante el Gobierno de Trump todo ha sido expuesto. Así que esto es lo que está pasando.

Y creo que hay diferentes razones que explican eso. Pero parte de lo que Astra y yo estamos abordando en el artículo es que hay una confluencia de intereses en términos de lo que Israel representa. Algunos de los partidarios del Gobierno Trump en la industria de la tecnología están hablando de que quieren ciudades de la libertad, por ejemplo, ciudades corporativas privatizadas. Y hablan de esto como sionismo tecnológico. Tienen mucha admiración por la idea de que Israel fue creado en base a un libro, los libros de Theodor Herzl. Y dijeron: “¿Por qué no podemos empezar nuestro propio país, nuestros propios países privados? ¿Por qué tenemos que acatar las reglas del Estado nación?”.

Así que creo que parte del apoyo a Israel no es solo nuestro entendimiento clásico ya sea del sionismo judío o del sionismo cristiano, aunque eso es algo que está pasando, absolutamente. Pero también está esta idea de un país muy tecnológicamente avanzado creado como un emprendimiento empresarial. E Israel se ha promocionado a sí mismo de esa manera. Y muchas de estas empresas de tecnología quieren hacer eso en San Francisco. Quieren expulsar a todos los que no estén de acuerdo con ellos, cualquiera que sea pobre, que tenga más necesidades, y crear su propia especie de utopía corporativa y privatizada. Y no estoy diciendo que esta sea una agenda coherente, sino que hay muchas historias superpuestas que siguen una estructura similar y comparten objetivos similares, si eso tiene sentido.

AMY GOODMAN: Claro, sí, obviamente no es fácil darle sentido a todo esto.

NAOMI KLEIN: Ajá, sí.

AMY GOODMAN: Y la mayoría de los partidarios de Trump no son ricos ni son cristianos sionistas. Entonces, ¿por qué están respaldando todo este enfoque?

NAOMI KLEIN: Bueno, no está claro hasta qué punto lo respaldan activamente, pero creo que ven una afinidad con el etnoestado, ¿verdad?, porque muchos partidarios de Trump están adoptando cada vez más posturas del nacionalismo cristiano en su visión de Estados Unidos. Y esto ha sido fomentado cuidadosamente por figuras como Steve Bannon. Entonces, cuando miran a Israel, ven un país que es abiertamente un etnoestado que se está protegiendo a sí mismo en un mar de enemigos y quieren hacer algo similar. Y están compartiendo tecnologías. Están compartiendo herramientas y precedentes legales. Así que existe una afinidad. Y ahora estamos viendo lo mismo en India con sus ataques contra Cachemira, siguiendo nuestro ejemplo, usando técnicas similares a las que Israel ha usado en Gaza. Hay una especie de solidaridad entre los etnoestados. Y están compartiendo… incluso están intercambiando objetos como buscapersonas dorados o motosierras. Y esto es algo que nosotros… Cuando uno está dentro del crisol que es Estados Unidos bajo Trump, es difícil ver hasta qué punto esto es un proyecto internacional de la derecha y que hay una influencia mutua.

AMY GOODMAN: Y lo que los une, en cuanto a esta mentalidad defensiva, es ese odio a los inmigrantes. Vimos…

NAOMI KLEIN: Sí.

AMY GOODMAN: … al presidente Trump decir hace poco que ni siquiera sabe… dijo que no es un abogado y por lo tanto no sabe si debe defender la Constitución.

NAOMI KLEIN: Sí. Ese es el punto al que quiero llegar cuando hablo de ser conscientes de que estamos en una era de consecuencias, de que cuando no tomamos medidas ante la crisis climática, luego de décadas de advertencias por parte de los científicos, cada vez más partes del mundo se vuelven inhabitables, y ¡oh, sorpresa!, la gente se desplaza para buscar seguridad debido a las guerras, debido a la insuficiencia económica y debido a los desastres ecológicos.

Así que esa fortificación del Estado nación, y esto es lo que creo que Israel ha llegado a representar: una nación muy pequeña que está extremadamente fortificada, ¿verdad?, ya sea con muros reforzados con alta tecnología, como la Cúpula de Hierro. Trump dice ahora: “No quiero una Cúpula de Hierro, sino una cúpula dorada”, ¿verdad?

AMY GOODMAN: Aquí [en EE.UU.]

NAOMI KLEIN: Aquí. Todo esto es, ya sea que se indique explícitamente o no…

AMY GOODMAN: Y un desfile militar que costará decenas de millones…

NAOMI KLEIN: Sí.

AMY GOODMAN: … de dólares, incluso mientras hace recortes a las agencias del Gobierno, para su cumpleaños, en junio.

NAOMI KLEIN: Sí. Entonces, el patrón es proteger el grupo interno y expulsar y eliminar los grupos externos. ¿Verdad? Creo que eso es… Si hay un apoyo hacia Israel dentro del movimiento MAGA, no es tanto por amor a Israel sino por un sentimiento de afinidad, algo así como: “Ellos están haciendo lo que queremos hacer aquí”.

AMY GOODMAN: Usted escribe muchas cosas en su artículo, y quiero hablar sobre una de ellas. Cuando usted habla sobre la visión apocalíptica de Musk, y también al describir el fascismo del fin de los tiempos, se refiere a este tema del auge de la ciudad Estado, la ciudad Estado corporativa. Creo que este es un concepto nuevo para muchas personas que no sabrán de qué está usted hablando.

NAOMI KLEIN: Sí.

AMY GOODMAN: En el sur de Texas está Starbase. Un grupo de personas, que en su mayoría son trabajadores de SpaceX, acaban de votar para establecer una ciudad allí mismo.

NAOMI KLEIN: Sí. Y hemos tenido una especie de… Bueno, la idea de una ciudad empresarial no es del todo nueva, ¿verdad? Disney tuvo Celebration, en Florida, y hay antecedentes para esto, antecedentes coloniales. Como sabe, yo vivo en Canadá, que comenzó como la Compañía de la Bahía de Hudson. Así que era una empresa antes de ser un país. Entonces hay un precedente para esto.

Pero creo que esto es… He estado siguiendo esto de manera discreta, Amy, porque esto es lo que los libertarios han estado buscando por mucho tiempo. Peter Thiel ha estado obsesionado con esta idea. Y es algo que cada vez se conoce más como una salida, salir de la nación y comenzar tu propio país, donde puedes establecer tu propio nivel de impuestos, puedes establecer tus propias regulaciones.

AMY GOODMAN: O no.

NAOMI KLEIN: O no. Y estos pequeños países corporativos competirán entre sí para tratar de atraer capital, ¿verdad? Entonces, en cierto modo, es una extensión de la zona franca, en cuanto a que, de alguna manera, es un país desnacionalizado dentro de un país. Trump comenzó a plantear esto en 2023, la idea de que crearía diez “ciudades de la libertad”, durante su campaña presidencial. No creo que sus seguidores supieran mucho de lo que estaba hablando. Pero ahora vemos a todos estos cabilderos que están totalmente dispuestos a seguirlo en esa propuesta. Y también vemos cómo esto empieza a manifestarse con esta ciudad de SpaceX.

AMY GOODMAN: Usted también escribe sobre el Centro de Confinamiento del Terrorismo de El Salvador, CECOT, la tristemente célebre prisión a la que cientos de personas han sido enviadas desde Estados Unidos. Mientras tanto, en las últimas 24 horas, el presidente Trump ha dicho que quiere reabrir la famosa prisión de Alcatraz,…

NAOMI KLEIN: Sí.

AMY GOODMAN: … una isla en San Francisco. ¿Puede hablar sobre la prisión como modelo para lo que Trump quiere implementar, y particularmente en relación con el tema de los inmigrantes, que tanto motiva sus políticas?

NAOMI KLEIN: Bueno, esa es una visión increíblemente sombría. La represión siempre es una gran parte de cualquier tipo de proyecto fascista. Necesitas contener al grupo externo. Necesitas hacer desaparecer al grupo externo. Así que esta parte no es nueva. Pero creo que lo que me parece bastante problemático es que Trump fue elegido tras prometer todo tipo de cosas a sus seguidores, ¿verdad? Prometió eliminar la inflación. Prometió traer al país muchos puestos de trabajo importantes. No está cumpliendo nada de eso. Por lo tanto, la parte sádica de su proyecto es en realidad lo único que tiene para ofrecer.

Creo que una de las cosas más escalofriantes que he visto en Estados Unidos fue a Trump compartiendo aquel video en un mitin lleno de sadismo para celebrar sus primeros 100 días, mientras la gente veía a los prisioneros, como entretenimiento, siendo afeitados, encadenados, exhibidos. Y no ha cumplido la promesa de reducir el precio de los huevos. Y no está cumpliendo su promesa sobre los trabajos, por cierto, porque le está apostando todo a la inteligencia artificial. Los trabajos que está recuperando parecen ser principalmente para robots y no en realidad para sus seguidores. Y esto aumenta la necesidad del sadismo y de estos espectáculos. Y creo que eso es lo que algo como Alcatraz representa. Trump es un productor de televisión, antes que nada. Está produciendo espectáculos. Y entre menos tenga para ofrecer en materia económica, de forma tangible y material, más recurrirá al sadismo.

AMY GOODMAN: En su artículo, usted escribe: “La ideología gobernante de la extrema derecha […] se ha convertido en un supervivencialismo monstruoso y supremacista. […] Nuestra tarea es construir un movimiento tan fuerte como para detenerlos”. ¿Cómo sería ese movimiento o qué cree que está tomando forma ahora?

NAOMI KLEIN: Lo que estamos haciendo en este artículo, al exponer esta perspectiva tan sombría… Cuando digo “sombría” me refiero a que es algo que va más allá de lo que hemos visto antes, porque siempre hay una cualidad apocalíptica en el fascismo, pero el fascismo de los años 30 y 40 hablaba de un horizonte. Es decir, después del apocalipsis, la gente tenía la promesa de un futuro, un pequeño pedazo de tierra apacible y pacífico donde podrían vivir sus vidas. Pero, a pesar de que Trump habla sobre una era dorada, realmente no hay un futuro en el que su base crea. Y esto es lo que he aprendido tras consumir tanto contenido del movimiento MAGA, Amy. Imaginan un futuro de guerras interminables. Y es por eso que se están atrincherando. Es por eso que compran raciones de comida preparada. Es por eso que están comprando oro y criptomonedas. Piensan que todo va a colapsar. Entonces…

AMY GOODMAN: Y es por eso que Elon Musk está intentando tener tantos hijos y tiene al menos 14 ahora. De hecho lo ha expresado explícitamente en mensajes de texto, al decir: “Tenemos que hacer esto mucho más rápido”, hablando con una de las mujeres con las que tiene hijos, a la que le propuso empezar a usar madres sustitutas.

NAOMI KLEIN: Ellos no creen en el futuro, esa es la conclusión. Y esa es… Creo que he estado en muchos espacios progresistas en los últimos meses donde hemos hablado de construir estas coaliciones bastante amplias, incluso con personas con las que no estamos del todo en desacuerdo. Nunca me he encontrado con una posible coalición más amplia que la que tiene esta idea de, ¿qué tal si creemos en este mundo?, ¿qué tal si creemos en el futuro? Porque nos enfrentamos a personas que están apostando activamente contra el futuro. No solo apostando activamente en su contra…

AMY GOODMAN: Nos quedan 20 segundos.

NAOMI KLEIN: …sino alimentando el fuego que está quemando este mundo, avivándolo actívamente. Entonces, creo que si tenemos de verdad la valentía de ver el futuro sombrío en el que creen, que es un futuro apocalíptico, entonces tenemos un gran desafío por delante al ser las personas que realmente creemos en esta realidad, en este mundo, en la belleza de la creación y de cada uno de nosotros.

AMY GOODMAN: Naomi Klein, muchas gracias por acompañarnos, periodista galardonada, escritora, columnista. Enlazaremos a su artículo, que escribió con Astra Taylor, “El auge del fascismo del fin de los tiempos”. Soy Amy Goodman. Esto es Democracy Now!

Traducido y editado por Iván Hincapié y Democracy Now! en español

6/18/2020

Distopía de alta tecnología: la receta que se gesta en Nueva York para el post-coronavirus.

Por Naomi Klein

En este revelador artículo para The Intercept, la periodista canadiense Naomi Klein analiza el fichaje del ex Ceo de Google Eric Schmidt para encabezar una comisión para «reimaginar la realidad post-Covid» en Nueva York donde, dice, comienza a gestarse un futuro dominado por la asociación de los estados con los gigantes tecnológicos: “Pero las ambiciones van mucho más allá de las fronteras de cualquier estado o país”. Klein define una Doctrina del Shock pandémico, a la que llama el nuevo pacto o New Deal de las Pantallas (Screen New Deal).
Plantea el riesgo liso y llano de que esta política de las corporaciones amenace destruir al sistema educativo y de salud.
El rastreo de datos, el comercio sin efectivo, la telesalud, la escuela virtual, y hasta los gimnasios y las cárceles, parte de una propuesta “sin contacto y altamente rentable”.
La cuarentena como laboratorio en vivo, un «Black Mirror», y la aceleración de esta distopía a partir del coronavirus: “Ahora, en un contexto desgarrador de muerte masiva, se nos vende la dudosa promesa de que estas tecnologías son la única forma posible de proteger nuestras vidas contra una pandemia”.
Cuáles son las dudas (de siempre) y cómo, bajo el pretexto de la inteligencia artificial, las corporaciones vuelven a pelear por el poder de controlar las vidas. (Traducido por Agencia Lavaca.org).

Por Naomi Klein para The Intercept
Eric Schmidt, ejecutivo de Google, habla observado por el gobernador del estado de Nueva York Andrew Cuomo.

Durante la sesión informativa diaria sobre coronavirus del gobernador de Nueva York Andrew Cuomo el miércoles, la sombría mueca que llenó nuestras pantallas durante semanas fue reemplazada brevemente por algo parecido a una sonrisa.
La inspiración para estas vibraciones inusualmente buenas fue un contacto en video del ex CEO de Google Eric Schmidt, quien se unió a la reunión informativa del gobernador para anunciar que encabezará una comisión para reimaginar la realidad post-Covid del Estado de Nueva York, con énfasis en integrar permanentemente la tecnología en todos los aspectos de la vida cívica.
«Las primeras prioridades de lo que estamos tratando de hacer», dijo Schmidt, «se centran en telesalud, aprendizaje remoto y banda ancha… Necesitamos buscar soluciones que se puedan presentar ahora y acelerar la utilización de la tecnología para mejorar las cosas». Para que no haya dudas de que los objetivos del ex CEO de Google eran puramente benevolentes, su fondo de video presentaba un par de alas de ángel doradas enmarcadas.
Justo un día antes, Cuomo había anunciado una asociación similar con la Fundación Bill y Melinda Gates para desarrollar «un sistema educativo más inteligente».
Al llamar a Gates un «visionario», Cuomo dijo que la pandemia ha creado «un momento en la historia en el que podemos incorporar y avanzar en las ideas [de Gates] … Todos estos edificios, todas estas aulas físicas, ¿para qué, con toda la tecnología que se tiene?» preguntó, aparentemente de modo retórico.
Ha tardado un tiempo en edificarse, pero está comenzando a surgir algo parecido a una doctrina del shock pandémico. Llamémoslo «Screen New Deal» (el New Deal de la pantalla).
Con mucho más de alta tecnología que cualquier otra cosa que hayamos visto en desastres anteriores, el futuro que se está forjando a medida que los cuerpos aún acumulan las últimas semanas de aislamiento físico no como una necesidad dolorosa para salvar vidas, sino como un laboratorio vivo para un futuro permanente y altamente rentable sin contacto.
Anuja Sonalker, CEO de Steer Tech, una compañía con sede en Maryland que vende tecnología para el auto estacionamiento de vehículos (self parking), resumió recientemente el nuevo discurso que genera el virus. «Hay una tendencia definida a la tecnología sin contacto con humanos», dijo. «Los humanos son biopeligrosos, las máquinas no lo son».
Es un futuro en el que nuestros hogares nunca más serán espacios exclusivamente personales, sino también, a través de la conectividad digital de alta velocidad, nuestras escuelas, los consultorios médicos, nuestros gimnasios y, si el estado lo determina, nuestras cárceles.
Por supuesto, para muchos de nosotros, esas mismas casas ya se estaban convirtiendo en nuestros lugares de trabajo que nunca se apagan y en nuestros principales lugares de entretenimiento antes de la pandemia, y el encarcelamiento de vigilancia «en la comunidad» ya estaba en auge.
Pero en el futuro, bajo una construcción apresurada, todas estas tendencias están preparadas para una aceleración de velocidad warp (forma teórica de moverse más rápido que la velocidad de la luz).
Este es un futuro en el que, para los privilegiados, casi todo se entrega a domicilio, ya sea virtualmente a través de la tecnología de transmisión y en la nube, o físicamente a través de un vehículo sin conductor o un avión no tripulado, y luego la pantalla «compartida» en una plataforma mediada.
Es un futuro que emplea muchos menos maestros, médicos y conductores. No acepta efectivo ni tarjetas de crédito (bajo el pretexto del control de virus) y tiene transporte público esquelético y mucho menos arte en vivo.
Es un futuro que afirma estar basado en la «inteligencia artificial», pero en realidad se mantiene unido por decenas de millones de trabajadores anónimos escondidos en almacenes, centros de datos, fábricas de moderación de contenidos, talleres electrónicos, minas de litio, granjas industriales, plantas de procesamiento de carne, y las cárceles, donde quedan sin protección contra la enfermedad y la hiperexplotación.
Es un futuro en el que cada uno de nuestros movimientos, nuestras palabras, nuestras relaciones pueden rastrearse y extraer datos mediante acuerdos sin precedentes entre el gobierno y los gigantes tecnológicos.
Si todo esto suena familiar es porque, antes del Covid, este preciso futuro impulsado por aplicaciones y lleno de conciertos nos fue vendido en nombre de la conveniencia, la falta de fricción y la personalización.
Pero muchos de nosotros teníamos preocupaciones. Sobre la seguridad, la calidad y la inequidad de la telesalud y las aulas en línea. Sobre autos sin conductor que derriban peatones y aviones no tripulados que destrozan paquetes (y personas).
Sobre el rastreo de ubicación y el comercio sin efectivo que borra nuestra privacidad y afianza la discriminación racial y de género. Sobre plataformas de redes sociales sin escrúpulos que envenenan nuestra ecología de la información y la salud mental de nuestros hijos.
Sobre «ciudades inteligentes» llenas de sensores que suplantan al gobierno local. Sobre los buenos trabajos que estas tecnologías eliminaron. Sobre los malos trabajos que producían en masa.
Y, sobre todo, nos preocupaba la riqueza y el poder que amenazaban a la democracia acumulados por un puñado de empresas tecnológicas que son maestros de la abdicación, evitando toda responsabilidad por los restos que quedan en los campos que ahora dominan, ya sean medios, minoristas o transporte.
Ese era el pasado antiguo conocido como «febrero». Hoy en día, una gran ola de pánico arrastra a muchas de esas preocupaciones bien fundadas, y esta distopía calentada está pasando por un cambio de marca de trabajo urgente.
Ahora, en un contexto desgarrador de muerte masiva, se nos vende la dudosa promesa de que estas tecnologías son la única forma posible de proteger nuestras vidas contra una pandemia, las claves indispensables para mantenernos a salvo a nosotros mismos y a nuestros seres queridos.
Gracias a Cuomo y sus diversas asociaciones multimillonarias (incluida una con Michael Bloomberg para pruebas y rastreo), el estado de Nueva York se está posicionando como la brillante sala de exposición para este sombrío futuro, pero las ambiciones van mucho más allá de las fronteras de cualquier estado o país.
Y en el centro de todo está Eric Schmidt. Mucho antes de que los estadounidenses entendieran la amenaza de Covid-19, Schmidt había estado en una agresiva campaña de lobby, presiones y relaciones públicas impulsando precisamente la visión de la sociedad del Black Mirror (o Espeo Negro, por la serie inglesa) que Cuomo acaba de darle poder para construir.
En el corazón de esta visión está la perfecta integración del gobierno con un puñado de gigantes de Silicon Valley: con escuelas públicas, hospitales, consultorios médicos, policías y militares, todas las funciones principales se externalizan (a un alto costo) a empresas privadas de tecnología.
Es una visión en la que Schmidt ha estado avanzando en sus funciones como presidente de la Junta de Innovación de Defensa, que asesora al Departamento de Defensa sobre el mayor uso de la inteligencia artificial en el ejército, y como presidente de la poderosa Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial, o NSCAI, que asesora al Congreso sobre «avances en inteligencia artificial, desarrollos relacionados con el aprendizaje automático y tecnologías asociadas», con el objetivo de abordar «las necesidades de seguridad nacional y económica de los Estados Unidos, incluido el riesgo económico».
Ambas juntas están llenas de poderosos CEOS de Silicon Valley y altos ejecutivos de compañías como Oracle, Amazon, Microsoft, Facebook y, por supuesto, los colegas de Schmidt en Google.
Como presidente, Schmidt aún posee más de 5.3 mil millones de dólares en acciones de Alphabet (la compañía matriz de Google), así como grandes inversiones en otras empresas tecnológicas, esencialmente ha estado llevando a cabo una reestructuración con sede en Washington en nombre de Silicon Valley.
El objetivo principal de las dos cámaras empresarias es solicitar aumentos exponenciales en el gasto del gobierno en investigación sobre inteligencia artificial y en infraestructura que permita tecnologías como la 5G, inversiones que beneficiarían directamente a las compañías en las que Schmidt y otros miembros de estos grupos tienen amplias participaciones.
Primero en presentaciones a puertas cerradas para legisladores y más tarde en artículos de opinión y entrevistas públicas, el argumento de Schmidt ha sido que, dado que el gobierno chino está dispuesto a gastar dinero público ilimitado para construir la infraestructura de vigilancia de alta tecnología, mientras permite a las empresas tecnológicas chinas como Alibaba, Baidu y Huawei obtener los beneficios de las aplicaciones comerciales, la posición dominante de los EE.UU en la economía global está al borde del colapso.
El Centro de Información de Privacidad Electrónica recientemente obtuvo acceso a través de una solicitud de la Ley de Libertad de Información a una presentación realizada por el NSCAI de Schmidt hace un año, en mayo de 2019. Sus diapositivas plantean una serie de afirmaciones alarmistas sobre cómo la infraestructura reguladora relativamente laxade China y su apetito sin fondo por la vigilancia está haciendo que se adelante a los EE.UU. en varios campos, incluyendo la inteligencia artificiaal para diagnóstico médico, vehículos autónomos, infraestructura digital, ciudades inteligentes, viajes compartidos y comercio sin efectivo.
Las razones dadas para la ventaja competitiva de China son innumerables, desde el gran volumen de consumidores que compran en línea; «La falta de sistemas bancarios heredados en China», lo que le ha permitido saltar sobre efectivo y tarjetas de crédito y desatar «un enorme mercado de comercio electrónico y servicios digitales» utilizando «pagos digitales»; y una grave escasez de médicos, lo que ha llevado al gobierno a trabajar estrechamente con compañías tecnológicas como Tencent para usar la AI (inteligencia artificial) como medicina «predictiva».
Las diapositivas señalan que en China, las compañías tecnológicas «tienen la autoridad de eliminar rápidamente las barreras regulatorias, mientras que las iniciativas estadounidenses se ven envueltas en el cumplimiento de HIPPA y la aprobación de la FDA».
Sin embargo, más que ningún otro factor, el NSCAI señala la voluntad de China de adoptar alianzas público-privadas en la vigilancia masiva y la recopilación de datos como una razón para su ventaja competitiva.
La presentación promociona el «apoyo y participación explícita del gobierno de China, por ejemplo, en el despliegue del reconocimiento facial». Sostiene que «la vigilancia es uno de los ‘primeros y mejores clientes’ para Al» y, además, que «la vigilancia masiva es una aplicación asesina para el aprendizaje profundo».
Una diapositiva titulada «Conjuntos de datos estatales: vigilancia = ciudades inteligentes» señala que China, junto con el principal competidor chino de Google, Alibaba, están corriendo por delante.
Esto es notable porque la empresa matriz de Google, Alphabet, ha estado impulsando precisamente esta visión a través de su división Sidewalk Labs, eligiendo una gran parte de la costa de Toronto como su prototipo de «ciudad inteligente».
Pero el proyecto de Toronto se cerró después de dos años de controversia incesante relacionada con las enormes cantidades de datos personales que Alphabet recolectaría, la falta de protecciones de privacidad y los beneficios cuestionables para la ciudad en general.
Cinco meses después de esta presentación, en noviembre, el NSCAI emitió un informe provisional al Congreso que suscitó la alarma sobre la necesidad de que EE.UU actúe frente a la adaptación China de estas tecnologías controvertidas. «Estamos en una competencia estratégica», afirma el informe , obtenido a través de FOIA por el Centro de Información Electrónica de Privacidad. “La inteligencia artificial estará en el centro. El futuro de nuestra seguridad y economía nacional está en juego ”.
A fines de febrero, Schmidt estaba llevando su campaña al público, tal vez entendiendo que el aumento de presupuesto que su junta directiva estaba pidiendo no podría aprobarse sin una mayor aceptación.
En un artículo de opinión del New York Times titulado “Silicon Valley podría perder frente a China», Schmidt pidió «asociaciones sin precedentes entre el gobierno y la industria» y, una vez más, haciendo sonar la alarma de peligro amarilla:
AI (inteligencia artificial) abrirá nuevas fronteras en todo, desde biotecnología hasta banca, y también es una prioridad del Departamento de Defensa. … Si las tendencias actuales continúan, se espera que las inversiones generales de China en investigación y desarrollo superen a las de Estados Unidos dentro de 10 años, aproximadamente al mismo tiempo que se proyecta que su economía sea más grande que la nuestra .
A menos que estas tendencias cambien, en la década de 2030 competiremos con un país que tiene una economía más grande, más inversiones en investigación y desarrollo, mejor investigación, un mayor despliegue de nuevas tecnologías y una infraestructura informática más sólida. … En última instancia, los chinos están compitiendo para convertirse en los principales innovadores del mundo, y Estados Unidos no está jugando para ganar.
La única solución, para Schmidt, era un chorro de dinero público. Elogiando a la Casa Blanca por solicitar una duplicación de la financiación de la investigación en inteligencia artificial y ciencia de la información cuántica, escribió: “Deberíamos planear duplicar la financiación en esos campos nuevamente a medida que creamos capacidad institucional en laboratorios y centros de investigación. …
Al mismo tiempo, el Congreso debe cumplir con la solicitud del presidente para obtener el nivel más alto de financiamiento de I + D de defensa en más de 70 años , y el Departamento de Defensa debe capitalizar ese aumento de recursos para desarrollar capacidades innovadoras en inteligencia artificial, cuántica, hipersónica y otras prioritarias áreas tecnológicas «.
Eso fue exactamente dos semanas antes de que el brote de coronavirus se declarara una pandemia, y no se mencionó que el objetivo de esta vasta expansión de alta tecnología era proteger la salud de los estadounidenses. Solo que era necesario evitar ser superado por China. Pero, por supuesto, eso pronto cambiaría.
En los dos meses transcurridos desde entonces, Schmidt ha sometido estas demandas preexistentes, para gastos públicos masivos en investigación e infraestructura de alta tecnología, para una serie de «asociaciones público-privadas» en inteligencia artificial y para el aflojamiento de innumerables protecciones de privacidad y seguridad, a través de un ejercicio agresivo de reposicionamiento discursivo.
Ahora, todas estas medidas (y más) se están vendiendo al público como nuestra única esperanza posible de protegernos de un nuevo virus que nos acompañará en los próximos años.
Y las compañías tecnológicas con las que Schmidt tiene vínculos profundos, y que pueblan las influyentes juntas asesoras que preside, se han reposicionado como protectores benevolentes de la salud pública y generosos campeones de los «héroes cotidianos» de los trabajos esenciales (muchos de los cuales perderían sus empleos si estas compañías se salieran con la suya). Menos de dos semanas después del cierre del estado de Nueva York, Schmidt escribió un artículo de opinión para el Wall Street Journal que estableció el nuevo tono y dejó en claro que Silicon Valley tiene toda la intención de aprovechar la crisis para una transformación permanente.
Al igual que otros estadounidenses, los tecnólogos están tratando de hacer su parte para apoyar primera línea de respuesta a la pandemia. …
Pero cada estadounidense debería preguntarse dónde queremos que esté la nación cuando termine la pandemia de Covid-19. ¿Cómo podrían las tecnologías emergentes desplegadas en la crisis actual impulsarnos hacia un futuro mejor? … Empresas como Amazon saben cómo suministrar y distribuir de manera eficiente.
Tendrán que proporcionar servicios y asesoramiento a los funcionarios del gobierno que carecen de los sistemas informáticos y de la experiencia.
También deberíamos acelerar la tendencia hacia el aprendizaje remoto, que se está probando hoy como nunca antes. On line, no existe un requisito de proximidad, lo que permite a los estudiantes obtener instrucción de los mejores maestros, sin importar en qué distrito escolar residan …
La necesidad de una experimentación rápida a gran escala también acelerará la revolución biotecnológica. … Finalmente, el país está atrasado hace tiempo en infraestructura digital real … Si queremos construir una economía futura y un sistema educativo basado en tele-todo, necesitamos una población totalmente conectada y una infraestructura ultrarrápida.
El gobierno debe hacer una inversión masiva, tal vez como parte de un paquete de estímulo, para convertir la infraestructura digital de la nación en plataformas basadas en la nube y vincularlas con una red 5G.
De hecho, Schmidt ha sido implacable en la búsqueda de esta visión. Dos semanas después de la aparición de ese artículo de opinión, describió la programación ad hoc de educación en el hogar que los maestros y las familias de todo el país se vieron obligados a improvisar durante esta emergencia de salud pública como «un experimento masivo en el aprendizaje remoto».
El objetivo de este experimento, dijo, era «tratar de descubrir: ¿cómo aprenden los niños de forma remota? Y con esos datos deberíamos ser capaces de construir mejores herramientas de aprendizaje a distancia que, cuando se combinan con el maestro … ayudarán a los niños a aprender mejor ” Durante esta misma videollamada, organizada por el Club Económico de Nueva York, Schmidt también pidió más telesalud, más 5G, más comercio digital y el resto de la lista de deseos preexistente. Todo en nombre de la lucha contra el virus.
Sin embargo, su comentario más revelador fue el siguiente: “El beneficio de estas corporaciones, que amamos difamar, en términos de la capacidad de comunicarse, la capacidad de lidiar con la salud, la capacidad de obtener información, es profundo. Piensa en cómo sería tu vida en Estados Unidos sin Amazon «.
Agregó que la gente debería «estar un poco agradecida de que estas compañías obtuvieron el capital, hicieron la inversión, construyeron las herramientas que estamos usando ahora y realmente nos han ayudado».
Es un recordatorio sobre que, hasta hace muy poco, el rechazo público contra estas corporaciones estaba creciendo. Los candidatos presidenciales discutían abiertamente la caída de la gran tecnología.
Amazon se vio obligado a abandonar sus planes para una sede en Nueva York debido a la feroz oposición local. El proyecto Sidewalk Labs de Google estaba en una crisis perenne, y los propios trabajadores de Google se negaban a construir tecnología de vigilancia con aplicaciones militares.
En resumen, la democracia se estaba convirtiendo en el mayor obstáculo para la visión que Schmidt estaba promoviendo, primero desde su posición en la cima de Google y Alphabet y luego como presidente de dos poderosas juntas asesorando al Congreso y al Departamento de Defensa.
Como revelan los documentos de NSCAI, este inconveniente ejercicio del poder por parte del público y los trabajadores tecnológicos dentro de estas megaempresas, desde la perspectiva de hombres como Schmidt y el CEO de Amazon, Jeff Bezos, desaceleró enloquecedoramente la carrera armamentista de la inteligencia artificial, manteniendo flotas de automóviles y camiones sin conductor potencialmente mortales fuera de las carreteras, evitando que los registros de salud privados se conviertan en un arma utilizada por los empleadores contra los trabajadores, evitando que los espacios urbanos se cubran con software de reconocimiento facial, y mucho más.
Ahora, en medio de la carnicería de esta pandemia en curso, y el miedo y la incertidumbre sobre el futuro que ha traído, estas corporaciones ven claramente su momento para barrer todo ese compromiso democrático.
Para tener así el mismo tipo de poder que sus competidores chinos, que ostentan el lujo de funcionar sin verse obstaculizados por intrusiones de derechos laborales o civiles.
Todo esto se está moviendo muy rápido. El gobierno australiano ha contratado a Amazon para almacenar los datos de su controvertida aplicación de seguimiento de coronavirus.
El gobierno canadiense ha contratado a Amazon para entregar equipos médicos, generando preguntas sobre por qué omitió el servicio postal público. Y en solo unos pocos días a principios de mayo, Alphabet ha puesto en marcha una nueva iniciativa de Sidewalk Labs para rehacer la infraestructura urbana con $ 400 millones en capital semilla.
Josh Marcuse, director ejecutivo de la Junta de Innovación en Defensa que preside Schmidt, anunció que dejaría ese trabajo para trabajar a tiempo completo en Google como jefe de estrategia e innovación para el sector público mundial, lo que significa que ayudará a Google a sacar provecho de algunas de las muchas oportunidades que él y Schmidt han estado creando con su lobby.
Para ser claros, la tecnología es sin duda una parte clave de cómo debemos proteger la salud pública en los próximos meses y años.
La pregunta es: ¿estará la tecnología sujeta a las disciplinas de la democracia y la supervisión pública, o se implementará en un frenesí de estado de excepción, sin hacer preguntas críticas, dando forma a nuestras vidas en las próximas décadas?
Preguntas como, por ejemplo: si realmente estamos viendo cuán crítica es la conectividad digital en tiempos de crisis, ¿deberían estas redes y nuestros datos estar realmente en manos de jugadores privados como Google, Amazon y Apple?
Si los fondos públicos están pagando gran parte de eso, ¿el público no debería también poseerlo y controlarlo? Si Internet es esencial para muchas cosas en nuestras vidas, como lo es claramente, ¿no debería tratarse como una utilidad pública sin fines de lucro?
Y aunque no hay duda de que la capacidad de teleconferencia ha sido un salvavidas en este período de bloqueo, hay serios debates sobre si nuestras protecciones más duraderas son claramente más humanas.
Tomemos la educación. Schmidt tiene razón en que las aulas superpobladas presentan un riesgo para la salud, al menos hasta que tengamos una vacuna. Entonces, ¿no se podría contratar el doble de maestros y reducir el tamaño de los cursos a la mitad? ¿Qué tal asegurarse de que cada escuela tenga una enfermera?
Eso crearía empleos muy necesarios en una crisis de desempleo a nivel de depresión y les daría mayor margen a todos en el ambiente educativo. Si los edificios están demasiado llenos, ¿qué tal dividir el día en turnos y tener más educación al aire libre, aprovechando la abundante investigación que muestra que el tiempo en la naturaleza mejora la capacidad de los niños para aprender?
Introducir ese tipo de cambios sería difícil, sin duda. Pero no son tan arriesgados como renunciar a la tecnología probada y verdadera de humanos entrenados que enseñan a los humanos más jóvenes cara a cara, en grupos donde aprenden a socializar entre ellos.
Al enterarse de la nueva asociación del estado de Nueva York con la Fundación Gates, Andy Pallotta, presidente de United Teachers del Estado de Nueva York, reaccionó rápidamente: “Si queremos reimaginar la educación, comencemos por abordar la necesidad de trabajadores sociales, consejeros de salud mental , enfermeras escolares, cursos de artes enriquecedores, cursos avanzados y clases más pequeñas en distritos escolares de todo el estado «, dijo.
Una coalición de grupos de padres también señaló que si realmente habían estado viviendo un «experimento de aprendizaje remoto» (como lo expresó Schmidt), los resultados fueron profundamente preocupantes: «Dado que las escuelas cerraron a mediados de marzo, nuestro la comprensión de las profundas deficiencias de la instrucción basada en pantalla solo ha crecido «.
Además de los obvios sesgos de clase y raza contra los niños que carecen de acceso a Internet y computadoras en el hogar (problema que las compañías tecnológicas están ansiosas por cobrar, mediante grandes ventas tecnológicas), hay grandes preguntas sobre si la enseñanza remota puede servir a muchos niños con discapacidades, como lo exige la ley . Y no existe una solución tecnológica para el problema de aprender en un entorno hogareño superpoblado y / o abusivo.
El problema no es si las escuelas deben cambiar ante un virus altamente contagioso para el cual no tenemos cura ni vacuna. Al igual que todas las instituciones donde los humanos actúan en grupos, las escuelas cambiarán. El problema, como siempre en estos momentos de conmoción colectiva, es la ausencia de debate público sobre cómo deberían ser esos cambios y a quién deberían beneficiar.
¿Empresas tecnológicas privadas o estudiantes?
Las mismas preguntas deben hacerse sobre la salud. Evitar los consultorios médicos y los hospitales durante una pandemia tiene sentido. Pero la telesalud pierde en gran medida frente a la atención persona a pesona. Por lo tanto, debemos tener un debate basado en la evidencia sobre los pros y los contras de gastar recursos públicos escasos en telesalud, en comparación con enfermeras más capacitadas, equipadas con todo el equipo de protección necesario, que pueden hacer visitas a domicilio para diagnosticar y tratar pacientes en sus hogares.
Y quizás lo más urgente es que necesitamos lograr el equilibrio correcto entre las aplicaciones de seguimiento del virus, que con las protecciones de privacidad adecuadas tienen un papel que desempeñar, y los llamados a un Cuerpo de Salud Comunitario que pondría a millones de estadounidenses a trabajar no solo haciendo seguimiento de contactos sino asegurándose de que todos tengan los recursos materiales y el apoyo que necesitan para estar en cuarentena de manera segura.
En cada caso, enfrentamos decisiones reales y difíciles entre invertir en humanos e invertir en tecnología. Porque la verdad brutal es que, tal como están las cosas, es muy poco probable que hagamos ambas cosas.
La negativa a transferir los recursos necesarios a los estados y ciudades en sucesivos rescates federales significa que la crisis de salud del coronavirus ahora se está convirtiendo en una crisis de austeridad fabricada.
Las escuelas públicas, universidades, hospitales y tránsito se enfrentan a preguntas existenciales sobre su futuro. Si las compañías tecnológicas ganan su feroz campaña de presiones y lobby para el aprendizaje remoto, telesalud, 5G y vehículos sin conductor, su Screen New Deal, simplemente no quedará dinero para prioridades públicas urgentes, sin importar el Green New Deal (el Nuevo Pacto Verde) que nuestro planeta necesita con urgencia.
Por el contrario: el precio de todos los brillantes dispositivos será el despido masivo de maestros y el cierre de hospitales.
La tecnología nos proporciona herramientas poderosas, pero no todas las soluciones son tecnológicas. Y el problema de externalizar decisiones clave sobre cómo «reimaginar» nuestros estados y ciudades a hombres como Bill Gates y Eric Schmidt es que se han pasado la vida demostrando la creencia de que no hay problema que la tecnología no pueda solucionar.
Para ellos, y para muchos otros en Silicon Valley, la pandemia es una oportunidad de oro para recibir no solo la gratitud, sino también la deferencia y el poder que sienten que se les ha negado injustamente. Y Andrew Cuomo, al poner al ex presidente de Google a cargo del cuerpo que dará forma a la reapertura del estado, parece haberle dado algo cercano al reinado libre.

4/10/2020

Naomi Klein: "La crisis del coronavirus es una oportunidad para construir otro modelo económico"

La periodista y escritora vuelve a ver la misma película del 2008, cuando "las consecuencias de la crisis las pagó la gente".

Angela Mauro (HuffPost Italia)

“Atentos a la austeridad después de la emergencia”. Naomi Klein está convencida de que estamos viviendo la misma película que cuando estalló la crisis financiera en 2008, con los picos de 2009 y 2010. Se gastó “mucho dinero para salvar el sistema financiero y la cuenta la pagó la gente corriente con la austeridad”, explica la activista, periodista y escritora canadiense en esta entrevista con la edición italiana de HuffPost. Pero algo se puede hacer, argumenta la autora, que se hizo famosa en todo el mundo con el libro No logo, en pleno auge de los movimientos antiglobalización. 

Klein, de 50 años, siempre crítica con el modelo capitalista, busca la respuesta en el activismo social más que en la acción de los gobiernos que, junto con las multinacionales, “podrían utilizar esta emergencia para crear más desigualdades e injusticias”. ¿Qué puede hacer uno confinado en casa? “Usar esta fase temporal para prepararnos lo mejor posible para la movilización en la siguiente fase”, responde, evitando el error cometido en el pasado: más allá de la protesta contra la austeridad, hace falta “una propuesta” para otro modelo económico. 

Empecemos con un pronóstico: ¿El mundo será mejor o peor después de la crisis del coronavirus?

Podemos aprender mucho de esta emergencia pero no hay ninguna garantía de que lo vayamos a hacer. Estoy de acuerdo con Arundhati Roy (escritora y activista india) que hace un par de días escribió que esta fase es como una puerta: caminamos hacia un punto muy diferente del que nos encontrábamos antes. Puede ser mejor o peor, seguramente será diferente, pero cómo será depende de nosotros. No hago pronósticos. Solo digo que esta es una fase de profunda transformación: estamos cambiando por culpa de esta emergencia. La cuestión es que las estructuras del sistema, ya sea en América o Europa, podrían utilizar esta emergencia para crear más desigualdades e injusticias. Este virus lo han expandido alrededor del mundo viajeros mayoritariamente ricos que viajan por conferencias o cruceros. Pero, naturalmente, son los pobres, los migrantes, los que serán culpados y los que una vez más pagarán las consecuencias por culpa de la xenofobia y del racismo, abocados a aumentar en esta fase de militarización de las fronteras. Ya lo estamos viendo: las industrias que más contaminan el planeta o las compañías aéreas están utilizando la crisis para conseguir regulaciones más flexibles y favorables para ellos. Lo he escrito durante muchos años, todo esto es predecible. La cuestión es qué hacemos nosotros.

Ahora hemos adquirido conocimientos irrefutables: conocemos el lado bárbaro de la austeridad, sabemos lo que significa infravalorar la importancia del sistema público sanitario y la seguridad de los trabajadores. Quien tiene hijos es consciente del increíble papel que desarrollan los profesores en escuelas a menudo abandonadas a sí mismas por los gobiernos, incluso ahora los docentes hacen lo que pueden para continuar desarrollando su trabajo a distancia. Y además hemos aprendido la lección de que es posible coexistir con las especies animales con la condición de respetarlas. Pensemos en la imagen de los delfines que vuelven a Venecia: viene a decir que los humanos son el virus porque se comportan mal, no respetan e medio ambiente, ocupan todo el espacio posible con coches y medios contaminantes. Si nos damos cuenta de la importancia de todo esto, entonces debemos refundar nuestra economía colocando en el centro estos valores. Y entonces sí se podrá decir que tenemos una oportunidad. 

Las estructuras del sistema podrían utilizar esta emergencia para crear más desigualdades e injusticias"

Pero en esta fase los gobiernos están gastando más en el sistema público sanitario o en combatir las consecuencias de la crisis sobre el empleo. Se están endeudando. Y todo esto sin tener en cuenta el hecho de que todavía no se sabe cuándo y en qué condiciones se devolverá la deuda, que es la discusión que está destrozando la Unión Europea. ¿De verdad no tiene esperanzas en que desde aquí se pueda progresar en la protección del interés público?

Es difícil. Después de la crisis del 2009, se gastó mucho dinero en salvar el sistema financiero pero la cuenta la pagó la gente corriente porque, después de haber gastado, se intentó imponer la austeridad. Creo que la crisis del coronavirus es una oportunidad para construir otro modelo económico. Todo es posible. Pero la verdad es que el coronavirus no es la única emergencia que estamos combatiendo. La crisis climática también es una emergencia que requiere el mismo tipo de tratamiento que se ha adoptado para el COVID-19. Entonces debemos reconocer esta emergencia, pero estar atentos para que no se abuse y se utilice para suspender la democracia, violar los derechos humanos o normalizar la vigilancia de masas, sino para que se utilice para renovar nuestros hospitales, escuelas y para que nos lleve hacia una transición energética no contaminante, porque la contaminación hace que nuestros cuerpos sean más sensibles a epidemias como el coronavirus.

Una de las cosas más evidentes en Estados Unidos es que los afroamericanos están muriendo más que los blancos. La razón es que viven en las zonas más contaminadas de Estados Unidos, porque las fabricas que más contaminan se construyen en las zonas más pobres del país y parece que es ahí donde el coronavirus golpea más porque las deficiencias respiratorias son mayores. 

¿Pero cómo podemos ejercer el activismo social confinados en casa? Las redes no son suficiente. Si echa un vistazo a los chalecos amarillos en Francia, no es que solo se hayan enviado mensajes de WhatsApp...

Esta es una situación temporal. Creo que debemos utilizar esta fase de reclusión para prepararnos lo mejor posible para la movilización en la siguiente fase. Es cierto que es difícil protestar ahora, pero no es imposible. En Estados Unidos los trabajadores de los supermercados, del servicio postal y las enfermeras, irán a la huelga para pedir seguridad en sus puestos de trabajo, mascarillas y protección. Son los trabajadores que hasta ahora han sido peor tratados por nuestro sistema económico, no se les ha valorado lo suficiente, se les ha pagado poco. Piden más derechos. Estos trabajadores guiarán la futura movilización. La gente debe prepararse para cuando se puedan volver a tomar las calles. Ahora hay muchas cosas en la red: videoconferencias, asambleas online para ver qué se puede hacer, cómo organizarse. Existe la posibilidad de construir una movilización con una participación más amplia de la que hubo después de la crisis de hace más de diez años. También existen otros instrumentos más allá de las huelgas: educación política, la construcción de relaciones y esto ya está sucediendo. Debemos insistir y lograr que este activismo nos resulte útil cuando podamos salir: está situación de confinamiento no es eterna. 

Pero nunca antes la gente había estado tan deprimida y ‘objetizada’, totalmente dependiente de la actuación de los gobiernos

Sí, pero debemos aprender de los fallos de 2009, 2010 y 2011. En la fase poscrisis en Europa hubo una gran protesta contra la austeridad, pero no hubo propuestas políticas y económicas. Hubo protesta, pero no la propuesta para construir un modelo económico no basado en el consumo, sino en el bienestar, en la protección del ciudadano y el medio ambiente. Este es el momento para ser ambiciosos: no debemos limitarnos a decir no a la austeridad que podría llegar en un futuro, sino construir un modelo diferente. 

El Green Deal parece olvidado en esta fase de la emergencia

Depende de si nosotros nos olvidamos. El Green Deal se diseñó antes de la crisis del coronavirus como un simple plan de relanzamiento de la economía. Inspirémonos en el New Deal de Roosevelt que ofrecía un empujón más fuerte, como el que necesitamos ahora con esta crisis. El New Deal se concibió en los años 30 en medio de una depresión económica y de una crisis ecológica, y tenía como objetivo revitalizar la economía. Un ‘new deal verde’ es todavía más importante en esta fase. Pero debemos creer e insistir, demandarlo. Porque seguramente los gobiernos y multinacionales intentarán utilizar esta situación como una excusa para continuar haciendo las cosas como hasta ahora. 

¿Es pesimista sobre el futuro de la democracia liberal?

No. Los países que mejor han gestionado la pandemia no han sacrificado su democracia. Por ejemplo Nueva Zelanda, Islandia o Corea del Sur. Debemos prestar mucha atención a la hora de decir que hace falta un liderazgo autoritario para gestionar la crisis. China, por ejemplo, escondió información sobre la propagación de la epidemia y no podemos fiarnos de Pekín. Muchos líderes autoritarios han sido lentos en la gestión de la crisis y han escondido información. En China, en Estados Unidos, en Israel con Netanyahu, Orban en Hungría, Bolsonaro en Brasil, Duterte en Filipinas, Modi en India: todos han utilizado la crisis para reforzar sus poderes, pero no hay ninguna prueba de lo que estén gestionando mejor. Es más, es al contrario, lo están gestionando peor. 

¿Entonces la crisis del COVID-19 podría revelarse como un boomerang para los líderes autoritarios? ¿Cerramos la entrevista con este ápice de optimismo?

(Ríe) Tenemos que ser claros sobre esto: es posible tratar la crisis como una emergencia que debe gestionarse con líderes fuertes pero democráticos, que no tengan una agenda oculta, sin chivos expiatorios, que no violen los derechos y que gobiernen con el consenso. Y existen, especialmente entre las mujeres.

Esta entrevista fue publicada originalmente en la edición italiana de El HuffPost y ha sido traducida y adaptada al castellano por Uxía Prieto.

3/15/2020

El desastre perfecto: Naomi Klein y el coronavirus como doctrina del shock


La periodista Naomi Klein, autora de libros como No Logo y La doctrina del shock, analiza en esta entrevista con Vice las especulaciones en torno a la pandemia, el rol de Estados Unidos y cómo salir de la emergencia diaria para pensar más acá de la vida: «Lo que un momento de crisis como este revela es la interrelación entre nosotros. 

En lugar de acaparar y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables».

VICE: Empecemos con lo básico. ¿Qué es el capitalismo del desastre? ¿Cuál es su relación con la «doctrina del shock»?

La forma en que defino el «capitalismo de desastre» es muy sencilla: describe la forma en que las industrias privadas surgen para beneficiarse directamente de las crisis a gran escala. 

La especulación de los desastres y de la guerra no es un concepto nuevo, pero realmente se profundizó bajo la administración Bush después del 11 de septiembre, cuando la administración declaró este tipo de crisis de seguridad interminable, y simultáneamente la privatizó y la externalizó – esto incluyó el estado de seguridad nacional y privatizado, así como la invasión y ocupación [privatizada] de Irak y Afganistán.

La «doctrina del shock» es la estrategia política de utilizar las crisis a gran escala para impulsar políticas que sistemáticamente profundizan la desigualdad, enriquecen a las elites y debilitan a todos los demás. 

En momentos de crisis, la gente tiende a centrarse en las emergencias diarias de sobrevivir a esa crisis, sea cual sea, y tiende a confiar demasiado en los que están en el poder. Quitamos un poco los ojos de la pelota en momentos de crisis.

VICE: ¿De dónde viene esa estrategia política? ¿Cómo rastrea su historia en la política americana?

La estrategia de la doctrina del shock fue una respuesta al programa del New Deal por parte de Milton Friedman. 

Este economista neoliberal pensaba que todo había salido mal en USA bajo el New Deal: como respuesta a la Gran Depresión y al Dust Bowl, un gobierno mucho más activo surgió en el país, que hizo su misión resolver directamente la crisis económica de la época creando empleo en el gobierno y ofreciendo ayuda directa.

Si usted es un economista de libre mercado, entiende que cuando los mercados fallan se presta a un cambio progresivo mucho más orgánico que el tipo de políticas desreguladoras que favorecen a las grandes corporaciones.

 Así que la doctrina del shock fue desarrollada como una forma de prevenir que las crisis den paso a momentos orgánicos en los que las políticas progresistas emergen. 

Las elites políticas y económicas entienden que los momentos de crisis son su oportunidad para impulsar su lista de deseos de políticas impopulares que polarizan aún más la riqueza en este país y en todo el mundo.

VICE: En este momento tenemos múltiples crisis en curso: una pandemia, la falta de infraestructura para manejarla y el colapso del mercado de valores. ¿Puede esbozar cómo encaja cada uno de estos componentes en el esquema que esboza en La Doctrina del Shock?

El shock es realmente el propio virus. Y ha sido manejado de una manera que maximiza la confusión y minimiza la protección. No creo que eso sea una conspiración, es sólo la forma en que el gobierno de los EE.UU. y Trump han manejado -completamente mal- esta crisis.

 Trump hasta ahora ha tratado esto no como una crisis de salud pública sino como una crisis de percepción, y un problema potencial para su reelección.

Es el peor de los casos, especialmente combinado con el hecho de que los EE.UU. no tienen un programa nacional de salud y sus protecciones para los trabajadores son muy malas (N.T: por ej. la ley no instituye el pago por enfermedad). 

Esta combinación de fuerzas ha provocado un shock máximo. Va a ser explotado para rescatar a las industrias que están en el corazón de las crisis más extremas que enfrentamos, como la crisis climática: la industria de las aerolíneas, la industria del gas y el petróleo, la industria de los cruceros, quieren apuntalar todo esto.

VICE: ¿Cómo hemos visto esto antes?

En La Doctrina del Shock hablo de cómo sucedió esto después del huracán Katrina. Grupos de expertos de Washington como la Fundación Heritage se reunieron y crearon una lista de soluciones «pro mercado libre» para el Katrina.

 Podemos estar seguros de que exactamente el mismo tipo de reuniones ocurrirán ahora, de hecho, la persona que presidió el grupo de Katrina fue Mike Pence (N.T: el que ahora preside el tema del Coronavirus). 

En 2008, se vio esta jugada en el rescate de los bancos, donde los países les dieron cheques en blanco, que finalmente sumaron muchos billones de dólares. Pero el costo real de eso vino finalmente en la forma de programas extensivos de austeridad económica [más tarde recortes a los servicios sociales]. 

Así que no se trata sólo de lo que está sucediendo ahora, sino de cómo lo van a pagar en el futuro cuando se venza la factura de todo esto.

VICE: ¿Hay algo que la gente pueda hacer para mitigar el daño del capitalismo de desastre que ya estamos viendo en la respuesta al coronavirus? ¿Estamos en mejor o peor posición que durante el huracán Katrina o la última recesión mundial?

Cuando somos probados por la crisis, o retrocedemos y nos desmoronamos, o crecemos, y encontramos reservas de fuerzas y compasión que no sabíamos que éramos capaces de tener. 

Esta será una de esas pruebas. La razón por la que tengo cierta esperanza de que podamos elegir evolucionar es que -a diferencia de lo que ocurría en 2008- tenemos una alternativa política tan real que propone un tipo de respuesta diferente a la crisis que llega a las causas fundamentales de nuestra vulnerabilidad, y un movimiento político más amplio que la apoya (N.T: Naomi Klein apoya a Bernie Sanders en las internas americanas).

De esto se ha tratado todo el trabajo en torno al Green New Deal: prepararse para un momento como este. No podemos perder el coraje; tenemos que luchar más que nunca por la atención sanitaria universal, la atención infantil universal, la baja por enfermedad remunerada, todo está íntimamente relacionado.

VICE: Si nuestros gobiernos y la élite mundial van a explotar esta crisis para sus propios fines, ¿qué puede hacer la gente para cuidarse unos a otros?

«Yo me ocuparé de mí y de los míos, podemos conseguir el mejor seguro privado de salud que haya, y si no lo tienes es probablemente tu culpa, no es mi problema»: Esto es lo que este tipo de economía de ganadores pone en nuestros cerebros.

 Lo que un momento de crisis como este revela es nuestra interrelación entre nosotros. Estamos viendo en tiempo real que estamos mucho más interconectados unos con otros de lo que nuestro brutal sistema económico nos hace creer.

Podríamos pensar que estaremos seguros si tenemos una buena atención médica, pero si la persona que hace nuestra comida, o entrega nuestra comida, o empaca nuestras cajas no tiene atención médica y no puede permitirse el lujo de ser examinada, y mucho menos quedarse en casa porque no tiene licencia por enfermedad pagada, no estaremos seguros. Si no nos cuidamos los unos a los otros, ninguno de nosotros estará seguro. Estamos atrapados.

Diferentes formas de organizar la sociedad promueven o refuerzan diferentes partes de nosotros mismos. 

Si estás en un sistema que sabes que no cuida de la gente y no distribuye los recursos de forma equitativa, entonces la parte que acapara de ti se reforzará. Así que ten en cuenta eso y piensa en cómo, en lugar de acaparar y pensar en cómo puedes cuidarte a ti mismo y a tu familia, puedes hacer un cambio y pensar en cómo compartir con tus vecinos y ayudar a las personas que son más vulnerables.

https://www.lavaca.org/notas/el-desastre-perfecto-naomi-klein-y-el-coronavirus-como-doctrina-del-shock/

9/03/2017

Harvey no salió de la nada



Naomi Klein
La Jornada 
Ahora es el momento de hablar sobre el cambio climático y todas las demás injusticias sistémicas –desde realizar detenciones e interrogatorios basados en el perfil racial hasta la austeridad económica– que transforman desastres como Harvey en catástrofes humanas.
Busquen la cobertura mediática sobre el huracán Harvey y las inundaciones en Houston, y oirán acerca de cómo este tipo de lluvia no tiene precedente. Escucharán acerca de cómo nadie lo vio venir, así que nadie se podía preparar adecuadamente.
De lo que oirán muy poco es acerca de por qué estos eventos climáticos sin precedentes, históricos, ocurren con tanta regularidad, que decir histórico ya se volvió un cliché meteorológico. En otras palabras, no escucharás hablar mucho, si es que algo, sobre el cambio climático.
Esto, nos dicen, es porque se busca no politizar una tragedia humana que todavía está en desarrollo, lo cual es comprensible, pero aquí está el detalle: cada vez que hacemos como que un suceso meteorológico nos llega de la nada, como alguna acción de Dios que nadie pudo predecir, los reporteros toman una decisión extremadamente política. Es la determinación de no herir sentimientos y evitar la controversia, a costa de la verdad, por más difícil que sea. Porque la verdad es que estos eventos fueron predichos desde hace mucho tiempo por los científicos climáticos. Los cada vez más cálidos océanos crean tormentas más poderosas. Los cada vez más altos niveles de los océanos implican que esas tormentas entran a sitios que antes no alcanzaban. Las temperaturas cada vez más calientes ocasionan precipitaciones pluviales cada vez más extremosas: largos periodos de sequía interrumpidos por masivas tormentas de nieve o lluvia, en vez de los estables y predecibles patrones con que la mayoría de nosotros crecimos.
Los récords que se rompen año con año –ya sea de sequía, de tormentas, fuegos incontrolados o simplemente calor– ocurren porque el planeta está notablemente más caliente, más que nunca desde que comenzaron a llevarse registros. Cubrir sucesos como Harvey mientras se ignoran esos hechos, no ofrecer una plataforma para que los científicos climáticos puedan explicarlo con sencillez, mientras no se menciona la decisión del presidente Donald Trump de retirarse de los acuerdos climáticos de París, implica fracasar en el más básico deber del periodismo: ofrecer hechos importantes y contexto relevante. Deja al público con la falsa impresión de que estos desastres no tienen un origen, lo cual también implica que no se pudo haber hecho algo para prevenirlos (y que no se puede hacer algo para evitar que en el futuro sea peor).
También vale la pena señalar que la cobertura mediática de Harvey ha estado altamente politizada desde mucho antes de que la tormenta tocara tierra. Ha habido eternas conversaciones acerca de si Trump tomaba suficientemente en serio la tormenta, largas especulaciones acerca de si este huracán será su “momento Katrina” y se han ganado puntos políticos (con justificada razón) con el hecho de que muchos republicanos votaron contra el apoyo a Sandy pero ahora sí atienden a Texas. Eso se llama hacer política de un desastre –es el tipo de política partisana que está en la zona de confort de los medios convencionales, una política que, de forma oportunista, no toma en cuenta el hecho de que anteponer los intereses de las empresas de combustibles fósiles a la necesidad de un decisivo control de la contaminación es un asunto profundamente bipartisano.
En un mundo ideal, todos deberíamos de poder poner en pausa lo político hasta que la emergencia haya pasado. Luego, cuando todo mundo estuviera a salvo, tendríamos un largo, meditativo e informado debate público acerca de las implicaciones para las políticas de la crisis que acabábamos de presenciar. ¿Qué debería implicar para el tipo de infraestructura que construimos? ¿Qué debería implicar para el tipo de energía de la que dependemos? (Una pregunta con tremendas consecuencias para la industria dominante en la región, a la que le está pegando más duro el huracán: la petrolera y la del gas). La hipervulnerabilidad a la  tormenta de los enfermos, los pobres y los de la tercera edad, ¿qué nos dice acerca del tipo de redes de seguridad que tejemos, dado el escabroso futuro que ya aseguramos?
Dado que hay miles de desplazados, podríamos incluso discutir los innegables vínculos entre la alteración climática y la migración –desde el Sahel a México– y aprovechar la oportunidad para debatir la necesidad de una política de migración que comience con la premisa de que Estados Unidos tiene una buena parte de la responsabilidad de las principales fuerzas que sacan a millones de sus hogares.
Pero no vivimos en un mundo que permite ese tipo de debate serio y mesurado. Vivimos en un mundo en el cual los poderes gobernantes se han mostrado demasiado dispuestos a explotar el desvío de atención de una  crisis de gran escala; y muchos están dispuestos a usar las emergencias de vida o muerte para imponer sus políticas más regresivas, políticas que nos llevan más por el camino correctamente descrito como una forma de apartheid climático. Lo vimos después del huracán Katrina, cuando los republicanos no perdieron el tiempo y promovieron un sistema de educación completamente privatizado, debilitaron la legislación laboral y fiscal, incrementaron las perforaciones petroleras y de gas y la industria de la refinación, y abrieron las puertas a compañías mercenarias como Blackwater. Mike Pence fue un artífice clave de ese proyecto inmensamente cínico y no deberíamos esperar menos después de Harvey, ahora que él y Trump están al mando.
Ya vimos a Trump usar como tapadera al huracán Harvey para lograr el muy controversial indulto de Joe Arpaio y una mayor militarización de las fuerzas policiales estadunidenses. Se trata de movimientos especialmente ominosos, en el contexto de que los puestos de control migratorios siguen operando aún con las carreteras inundadas (un serio desincentivo para que los migrantes evacuen), así como en el contexto de los funcionarios municipales hablando acerca de aplicar las penas máximas a los saqueadores (vale la pena recordar que después de Katrina, varios residentes afroestadunidenses fueron baleados por la policía en medio de este tipo de retórica).
En pocas palabras, la derecha no desperdiciará el tiempo para explotar a Harvey y ningún otro desastre como ese para diseminar ruinosas y falsas soluciones, como la policía militarizada, más infraestructura petrolera y de gas y sistemas privatizados. Lo cual significa que la gente informada y a la que le importa tiene el imperativo moral de nombrar las verdaderas raíces de esta crisis –conectar los puntos entre la contaminación climática, el racismo sistémico, los reducidos fondos de los servicios sociales y los excesivos fondos para la policía. También necesitamos aprovechar el momento para proponer soluciones intersectoriales, que dramáticamente reduzcan las emisiones mientras batallamos contra toda forma de desigualdad e injusticia (algo que hemos intentado plantear en The Leap (https://theleap.org/), y que grupos como la Alianza por la Justicia Climática (www.ourpowercampaign.org/cja) han impulsado durante mucho tiempo).
Y tiene que ocurrir ahora mismo –justo cuando los enormes costos humanos y económicos de la inacción están en plena luz pública. Si fracasamos, si dudamos debido a una errónea idea de lo que es apropiado durante una crisis, dejamos la puerta abierta a que despiadados actores exploten este desastre para obtener predecibles y perversos fines.
También es una dura verdad que la ventana para tener estos debates es cada vez más estrecha. No tendremos ningún tipo de debate de política pública después de que pase esta emergencia; los medios regresarán a cubrir obsesivamente los tuits de Trump y otras intrigas palaciegas. Así que, si bien parecería ser indecente estar hablando acerca de las causas primordiales mientras la gente aún está atrapada en sus hogares, este es, siendo realistas, el único momento en que tenemos la atención de los medios como para tratar el tema del cambio climático. Vale la pena recordar que la decisión de Trump de retirarse del acuerdo  climático de París –acción que va a repercutir a escala global durante décadas– recibió más o menos dos días de cobertura decente. Luego regresaron a hablar de Rusia las 24 horas.
Hace poco más de un año Fort McMurray, pueblo en el corazón del auge de petróleo de arenas bituminosas en Alberta, casi quedó reducido a cenizas. Durante un tiempo el mundo estuvo pasmado por las imágenes de los vehículos que iban en fila, sobre una carretera, con las llamas acercándose por ambos lados. En aquel momento nos dijeron que era insensible y sólo se buscaban chivos expiatorios si se hablaba acerca de cómo el cambio climático exacerbaba fuegos incontrolables como este. Era todavía más tabú hacer cualquier conexión entre nuestro mundo, cada vez más caliente, y la industria que da energía a Fort McMurray y que daba empleo a la mayoría de los desalojados, que produce una forma de petróleo particularmente alta en carbono. El momento no era el adecuado; era el de mostrar compasión, brindar apoyo y no hacer preguntas difíciles.
Pero, claro, ya para cuando era apropiado plantear esos asuntos los reflectores de los medios hace mucho que se habían ido. Y hoy, mientras Alberta intenta conseguir al menos tres nuevos oleoductos para cubrir sus planes de incrementar la producción a partir de bituminosas, ese terrible incendio y las lecciones que podría haber aportado casi no se mencionan.
En ello hay una lección para Houston. La ventana para proveer un contexto significativo y sacar conclusiones importantes es reducida. No podemos arriesgarnos a echarla a perder.
Hablar con honestidad acerca de qué fomenta esta época de desastres seriales –incluso mientras ocurren– no falta al respeto a la gente que está en el sitio en cuestión. De hecho, es la única manera de en verdad rendir tributo a sus pérdidas, y nuestra última esperanza para prevenir un futuro con incontables más víctimas.
* Naomi Klein es autora de Esto cambia todo: el capitalismo contra el clima. Su nuevo libro es No, no es suficiente: Resistir las políticas del shock de Trump y ob
tener el mundo que necesitamos@NaomiAKlein
Traducción: Tania Molina Ramírez
Este artículo fue publicado en The Intercept.