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12/07/2013

La reforma migratoria, un asunto feminista



mail:daniela.villegas@24-horas.mx Daniela Villegas

El 19 de noviembre la aclamada feminista estadunidense Gloria Steinem visitó a activistas que están a favor de la reforma migratoria y que se encuentran en huelga de hambre desde el 12 de noviembre en el National Mall de Washington D.C., para presionar a la Cámara de Representantes a que aprueben este año una ley integral que detenga las deportaciones y de certeza legal a los 11.5 millones de migrantes que se encuentran en Estados Unidos.

En esa ocasión que coincidió con la entrega a la activista de 79 años del reconocimiento “Medalla de la Libertad” en la Casa Blanca por sus contribuciones a la lucha por los derechos de las mujeres, hizo saber a decenas de activistas que “La inmigración es un asunto feminista porque alrededor de las tres cuartas partes de los inmigrantes que se encuentran ilegalmente en EU son mujeres y niños”.

Justo el feminismo es la lucha contra la inequidad, la explotación, violencia e ignorancia que existe en la sociedad hacia los grupos más desprotegidos de la población, especialmente las mujeres y sobre todo aquellas que por su inestable condición migratoria se ven más vulnerables.

Las mujeres que se encuentran indocumentadas en Estados Unidos se enfrentan a retos aún mayores que sus homólogos masculinos. La paga por su trabajo es menor y se ven obligadas a laborar en ambientes inseguros y a verse sometidas a acoso sexual por parte de los empleadores. Viven en una situación en que tienen poco o nulo acceso a recursos jurídicos para denunciar abuso físico, emocional y sexual cometidos contra ellas ya que temen ser arrestadas o deportadas, lo que las sitúa en gran indefensión.

El sistema de protección para las mujeres por el cual las feministas estadunidenses han trabajado duro durante muchos años se ve totalmente socavado por el sistema actual de inmigración en Estados Unidos, y es por eso que como bien señalara Steinem la reforma migratoria es un tema feminista, que debe ser abordado y apoyado desde diferentes frentes.
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Gloria Anzaldúa, la teórica chicana feminista, señala de manera acertada esta situación de vulnerabilidad en su libro Borderlands. The New Mestiza=La Frontera: “Vivir en la frontera de nadie, atrapad@ entre ser tratad@s como criminales y ser capaz de comer, entre la resistencia y la deportación, l@s refugiad@s ilegales son algún@s de l@s más pobres y l@s más explotad@s de cualquier pueblo en EU”.

Estados Unidos necesita un plan que proporcione acceso a la educación pública, apoya la unificación de las familias, ofrezca vías realistas para la ciudadanía legal y el trabajo, y le dé a los inmigrantes indocumentados la inmunidad de deportación cuando denuncian abusos en el trabajo o en otras áreas de sus vidas.

Aunque el proyecto de reforma migratoria se ha estancado ante la negativa del líder republicano en la Cámara de Representantes, cámara baja del Congreso, John Boehner, de dialogar con la cámara alta del Congreso, el Senado, para una reforma integral migratoria, grupos de mujeres activistas cohesionadas en el grupo We Belong Together, han luchado intensamente por  centrar la atención en el impacto negativo que tiene en las mujeres la falta de una reforma migratoria.

Según datos de We Belong Together,  las mujeres constituyen aproximadamente el 51% de la población inmigrante. “Un voto en contra de la reforma de inmigración, o la falta de acción en este tema”, dijo Pramila Jayapal, co-presidenta del grupo de inmigración de We Belong Together, “es en realidad un voto en contra de las mujeres, los niños y las familias”.

Pese a las presiones de las y los activistas pro inmigración, la Cámara de Representantes que tiene mayoría republicana ha evitado tratar una iniciativa integral migratoria. Si no han querido entablar un diálogo, mucho menos una votación. Esta situación deja en la inestabilidad la reforma que el presidente estadunidense Barack Obama prometiera se cumpliría este 2013.

Parece que de nuevo esta reforma quedará sin aterrizar, hecho que ha dejado mermada la credibilidad de Obama y esto lo podemos constatar con la interrupción que el activista indocumentado Ju Hong de la Universidad de California en Berkeley hizo durante un discurso del presidente estadunidense en San Francisco la semana pasada,  al demandarle se detengan las deportaciones: “Por favor, use una orden ejecutiva para detener las deportaciones; necesitamos que nos ayude ahora”.

Esta petición responde a que en los últimos años Obama ha deportado a un millón de indocumentad@s, lo que lo sitúa como el presidente estadunidense que ha hecho más deportaciones en la historia de Estados Unidos. Cada día, 100 mil inmigrantes son deportados por las medidas anti inmigratorias bajo la administración Obama, lo que ha afectado de manera exponencial a las mujeres, al fragmentar a las familias y poner en una situación aún más frágil su situación económica y legal.

El apoyo de Steinem aunque no es decisivo en el Congreso, es simbólico y de gran contundencia, ya que ella como una de las más importantes líderes del movimiento feminista estadunidense posibilita mediante su apoyo y presencia, como modelo a seguir, que otros grupos de mujeres que se encuentran en situación de vulnerabilidad se sientan respaldadas y empoderadas y por lo mismo se ponga en relevancia lo que muchas y muchos activistas trabajan por el progreso de una de las naciones que si bien suele olvidarlo, se ha cimentado en el hecho de ser un país construido a base de la riqueza en la multiplicidad de las procedencias migratorias de sus habitantes.

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7/03/2013

La frontera invisible y el chantaje de la reforma migratoria






Hace un par de semanas Arcelia, una de las estudiantes más brillantes que he tenido en mis clases, me invitó a la graduación del estudiantado latino en la Universidad de California, San Diego. La “graduación de la Raza” es un evento siempre entrañable y extraordinario, organizado afuera de la masificada ceremonia general de la universidad, para que los padres de estas y estos estudiantes, en su mayoría de extracción humilde, puedan celebrar que sus hijos e hijas sean los primeros de la familia en obtener un título universitario.

  En la mesa de Arcelia me encuentro con dos de sus amigos Carlos y Roberto (por razones obvias los nombres no necesariamente coinciden con los nombres reales). Al principio la conversación transcurre entre bromas y chascarrillos, mientras esperamos la comida, las actuaciones musicales y el momento en que Arcelia pronunciará su discurso. Pero a medida que avanza la noche empezamos a discutir más en serio con Carlos y Roberto sobre el papel que han jugado los latinos y latinas en la última elección de Obama; coincidimos en la necesidad de que la mayoría latina deje de ser una clase en sí misma, para transformarse en una clase para sí misma, apropiándonos de la conocida formula de Marx. Somos el gigante dormido, pero no somos conscientes de nuestra fuerza, del potencial político que tendría que habláramos con una sola voz y actuáramos con un solo corazón. Pero la unidad y la conciencia se hacen difíciles cuando el miedo a la deportación y la falta de oportunidades acosan constantemente.

Y es que la frontera no sólo es el aparato de vigilancia militar con sus cámaras infrarrojas, sus alambradas electrificadas y sus estructuras policiales; la herida que separa, por ejemplo, San Diego y Tijuana. Es también una frontera psicológica que acompaña al migrante cuando cruza la frontera, una barrera internalizada e invisible que, sin embargo, contribuye decisivamente a la producción de cuerpos dóciles, moldeados por el terror cotidiano que impone la violencia de las políticas migratorias de los Estados Unidos y sus fuerzas estatales y paramilitares.

A medida que avanza la noche la conversación se hace más íntima y más intensa, tanto que Roberto se siente con la confianza de decirnos que es uno de los once millones de indocumentados que viven y trabajan dentro de las fronteras de los Estados Unidos. Lo más llamativo es que, desde fuera, entre Carlos y Roberto no hay prácticamente ninguna diferencia. Los dos tienen el mismo brillo de la juventud en los ojos, son articulados, inteligentes, incisivos transitan sin problemas de inglés al español y hacen chistes en la frontera entre los dos idiomas como buenos chicanos que son. La única diferencia entre ellos es que uno tiene papeles y el otro no. Esta realidad es, como ya he señalado, una frontera invisible que el indocumentado carga sobre sus hombros todos los días, una libertad restringida y sometida permanentemente al miedo y el peso de ser deportado a un país que, siendo el propio de origen, no deja de ser relativamente extraño pues muchos de los migrantes de esta generación de “dreamers”, literalmente soñadores en referencia al “Dream act” que nunca pasó, vinieron a los Estados Unidos muy jóvenes, incluso recién nacidos.

Roberto nos explica, por ejemplo, como tuvo que renunciar a ir a una de los campus del sistema de la Universidad de California, porque estaban demasiado lejos de su casa y a su madre le daba pavor que lo deportaran. De casa a la universidad y de la universidad a casa por calles conocidas y familiares siempre con la vista puesta en la migra o en el recientemente creado ICE (Immigration Custom Enforcement por sus siglas en inglés), sin poderse tomar una cerveza a la noche, por si le piden los papeles a la salida de un bar o una discoteca, sin poder ser irresponsablemente joven como cualquier joven. Sí, la frontera se traga casi todas las ilusiones y los sueños, también los de la juventud. Los comportamientos y las expectativas que asumimos como naturales, los rituales inconscientes, los movimientos más inocuos y banales se tornan privilegios inasumibles para el que vive en el espacio liminal y subhumano de la no ciudadanía. Las cosas más sencillas, incluso venir a San Diego desde Los Angeles para la graduación de una amiga son un potencial riesgo, porque en San Clemente, en la autopista 5, hay un control de la patrulla de inmigración donde te podrían parar y deportar.

Pese a todo, Roberto consiguió graduarse con su título en historia, pero no puede conseguir un trabajo al nivel de sus estudios, porque tiene un número de la seguridad social falso que sólo puede utilizar en ciertos trabajos, generalmente los peor pagados, porque el terror no responde a la maldad congénita de los gringos, es una estructura de poder destinada a facilitar la explotación de las y los trabajadores migrantes. Esta situación de terror psicológico que produce la frontera interna, el incesante ritmo de deportaciones acontecido desde la llegada de Obama a la Casa Blanca (más de medio millón, más que ningún otro presidente anterior), ha sido maravillosamente capturada en el video del grupo californiano Santa Cecilia. El video titulado “Ice/El hielo” está dirigido por Alex Rivera --autor de uno de una de las mejores películas sobre la frontera, Sleep Dealer-- y en el aparecen distintos migrantes indocumentados que son miembros de la organización, “Not One More”, ni un deportado más [1].

De la opresión y la miseria también pueden brotar la belleza y la dignidad, pruebas de que, pese a todo, el espíritu de la “raza” se mantiene vivo y de que, a pesar de las intolerables condiciones de opresión en que viven, los migrantes indocumentados se niegan a ser simplemente víctimas pasivas. De hecho, como se relata en un programa de la radio pública, This American Life, hay jóvenes indocumentados como Viridiana Martínez o Jonathan Pérez que han llegado incluso a autodenunciarse, arriesgándose a ser deportados, para que les lleven a un centro internamiento de inmigrantes y así poder denunciar desde dentro los abusos e incumplimientos de la ley [2]

Este es el contexto de la reciente reforma migratoria que aprobó el Senado la semana pasada, pero pese a las celebraciones, la reforma, como dice el compañero de Unión del Barrio, Harry Simón, es una píldora envenenada. A cambio de regularizar a parte de los 11 millones de Latinos indocumentados (no se trata de darles inmediatamente la ciudadanía, sino de administrársela a cuentagotas en función de su comportamiento, vale decir de su docilidad), el senado se compromete a gastar 46 billones, con be, de dólares en la militarización de la frontera. Ese dinero será utilizado para construir 700 millas más de frontera con sistemas de vigilancia hipertecnológicos, promover el uso de vuelos no tripulados y elevar el número de agentes de inmigración hasta llegar a los 40,000, mucha más presencia militar, por cierto, que en la frontera entre las dos Coreas. Por mucho que insistan en la retórica de la doctrina de seguridad surgida después de los atentados del 11 de septiembre, la militarización de la frontera no tiene nada que ver con la seguridad de los ciudadanos de los Estados Unidos, sino que se trata más bien de un negocio y un dispositivo de poder que sin ningún lugar a dudas va traer más muerte y más violencia a una región ya de por sí marcada por el sufrimiento y la muerte que provoca la maquina exterminadora de la frontera.

Desde que Clinton implementara la “Operación Guardián” en los años noventa, lo único que se ha conseguido con la militarización de la frontera es que mueran cada año más personas bien por la dureza de las condiciones para cruzar por el desierto de Arizona bien por la acción directa o indirecta de las patrullas migratorias y de grupos paramilitares como los Minutemen. Uno de los ejemplos más flagrantes de lo que digo es el caso de Anastasio Hernández Rojas. Hernández Rojas llegó a los Estados Unidos a los 16 años y trabajó durante 27 años en la construcción hasta que el estallido la burbuja inmobiliaria le dejó desempleado en el 2008. Anastasio, casado y con cinco hijos, fue arrestado por un robo menor en una tienda y deportado al verificarse que no tenía papeles. Como muchos otros migrantes que tienen una vida hecha de este lado de la frontera, Anastasio cruzó de vuelta a los pocos peses y fue detenido de nuevo por la patrulla del ICE e internado en uno de los múltiples centros de inmigración que existen en el país.

 Estos centros, como la frontera, son espacios regidos por el “estado de excepción”, es decir, espacios donde las garantías legales están suspendidas y el Estado asume su derecho a almacenar cuerpos y decidir sobre la vida y la muerte de los mismos. De acuerdo con esta lógica, Anastasio fue maltratado en el centro de inmigración y cuando trató de hacer valer sus derechos y pedir el nombre del agente que lo había golpeado, se encontró con que éste se encargo de conducirlo personalmente y arrastras hasta el cruce de San Isidro para deportarlo. Un nuevo documental de la cadena PBS muestra un estremecedor video filmado por varios testigos en el que se ve el cuerpo de Anastasio rodeado por una veintena de agentes de la migra pateando su cuerpo e infringiendo sobre él múltiples descargas eléctricas con pistolas laser que acabaron con su vida.

Anastasio Hernández fue linchado por los agentes de la migra del lado de México. Lo que podemos esperar de la militarización de la frontera es más Anastasios, más muertes, más linchamientos y más deshumanización de los pueblos migrantes, culpables solamente de tratar de escapar de una situación de miseria en sus países causada en buena medida por los mismos que les esperan del otro lado de la frontera para mercantilizar su vida o lincharles si desobedecen o se les ocurre luchar por sus familias y sus derechos. El problema es cómo explicarles a los 11 millones de indocumentados que hay compromisos que matan, literalmente. Adriana Jasso, militante de Unión del Barrio, me cuenta lo difícil que es para esta y otras organizaciones posicionarse en relación a la cuestión de la reforma migratoria, ¿cómo decirle a Roberto que siga cargando con la frontera invisible a cuestas, que siga siendo menos que humano, que viva con la incertidumbre pisándole los talones, porque su libertad es a cambio de más muerte y más miseria para los que vendrán después y para los que ya están? ¿Con que derecho le pedimos a toda una generación que esperen para poder vivir con dignidad?
Y, sin embargo, la reforma migratoria es un chantaje sangriento, incluso en su versión actual, porque cuando se coteje con la versión del congreso, dominada por los republicanos, será incluso más regresiva.

La prueba de que es un chantaje es que quienes la lideran son los congresistas cubanoamericanos Bob Menéndez y Marco Rubio, personas cuyas trayectorias como “refugiados políticos” con papeles y privilegios nada tiene que ver con las vidas de Anastasio Hernández, Roberto, Viridiana Martínez o Jonathan Pérez. Podrán hablar la misma lengua y tener el mismo color de piel, pero están en esto por las comisiones del complejo industrial militar y porque su partido necesita el voto latino para poder volver a gobernar. Y, sin embargo, sigue siendo difícil posicionarse contra la reforma y su “peor es nada” diseñado para dividir a la raza. No deja de ser común escuchar a quiénes ya agarraron papeles decir, “es que ya somos muchos”, como si no tuvieran derecho a ser más, a venir todos a una tierra que hasta el despojo de 1848 era México. Es difícil sacar conclusiones categóricas frente a la reforma migratoria, pero si podemos evocar aquí la poesía futurista del artista “undocuqueer”, Yosimar Reyes, “One day they will know our names”, “un día se sabrán nuestros nombres”:
“One day they will know our names
One day they will look back at their history
Read about the atrocities,
the things they said about us,
the way they treated us
They will examine the detention centers
Their laws, their very system
We will become chapters on a textbook,
Another story to tell,
Another civil rights movement,
They will give us holidays,
Declare parades
Call us American heros,
They will shout our names
Their hearts will be filled with hope
When they sing our songs
They will call us martyrs and freedom fighters
And they still won´t get it.
They won´t understand that we have been fighting this war for more than 500 years."

Algún día se sabrán nuestros nombres,
Algún día se volverán a mirar su historia,
Leerán sus atrocidades,
Las cosas que dijeron de nosotros,
Como nos trataron,
Examinarán los centros de detención,
Sus leyes, su propio sistema.
Nos transformaremos en capítulos de libros de texto,
Otra historia que contar,
Otro movimiento de derechos civiles
Declararán vacaciones en nuestro nombre
Nos llamarán héroes,
Gritarán nuestros nombres,
Sus corazones rebosarán esperanza
Cuando canten nuestras canciones
Nos llamaran mártires y combatientes de la libertad,
Y no entenderán nada,
No entenderán que hemos estado luchando esta guerra durante más de 500 años” [4]
Sin pasado no puede haber futuro, sin memoria no habrá justicia, no podemos querer simplemente un futuro con una escuela que se llame Anastasio Hernández Rojas, no queremos sus migajas, sus monumentos inertes destinados a lavar su culpa, no podemos desear una libertad asentada sobre otras muertes futuras. Deberíamos aspirar a defender vidas dignas para quiénes ayer, hoy y mañana se ven obligados a malvivir por no tener un trozo de papel o de plástico en el bolsillo. Tal vez eso no se pueda lograr con una reforma, tal vez haga falta una revolución para que seamos nosotras y nosotros quienes recordemos nuestros nombres y los escribamos en los anales de la historia.
N.B. Escrito desde el sur austral, pero con la mirada y el corazón puestos en el norte. Para Rosi Escamilla por enseñarme tantas cosas ahora y siempre, para Adriana Jasso, Harry Simón, Luis Barco, Florencia Orlandoni, Roberto, Arcelia Gutiérrez y tantas otras. No hablo por ellos, pero sus voces están no sólo en esta crónica, sino en mí… para siempre. Venceremos.

[1]E http://www.youtube.com/watch?v=0lNJviuYUEQ
[2] http://www.thisamericanlife.org/radio-archives/episode/498/transcript
[3] http://www.pbs.org/wnet/need-to-know/security/pasarse-de-la-raya-en-la-frontera-crossing-the-line-at-the-border/13691/
[4] Texto con imágenes y música aquí: http://vimeo.com/22100472

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


6/27/2013

Da EU un trato cruel y degradante a deportados



Familias separadas, la constante: estudio


Fernando Camacho Servín
 Periódico La Jornada
Jueves 27 de junio de 2013, p. 5

Los inmigrantes indocumentados que expulsa el gobierno de Washington –como parte de su política de deportaciones masivas– son sometidos en su mayoría a tratos crueles, inhumanos o degradantes, entre ellos permanecer recluidos en condiciones indignas, ser separados de sus familias y firmar con engaños algunos documentos que les impiden regresar legalmente a Estados Unidos.
Tal fue una de las principales conclusiones del estudio Violaciones a derechos humanos de personas migrantes mexicanas detenidas en Estados Unidos, realizado por diversas organizaciones sociales que brindan ayuda a los migrantes que regresan a México en condiciones de gran precariedad, entre ellas la Coalición Pro Defensa del Migrante, Derechos Humanos Integrales en Acción y el Centro de Recursos para Migrantes.
En conferencia de prensa, las autoras del estudio explicaron que el documento está basado en una serie de entrevistas realizadas en 2011 y 2012 en Mexicali, Tijuana, Agua Prieta y Ciudad Juárez, en las cuales los migrantes de retorno denunciaron posibles violaciones de sus derechos en los centros de detención, así como faltas al debido proceso y ataques a la unidad familiar.
Sobre el primer punto, muchos indocumentados refirieron que la temperatura de las celdas donde permanecen detenidos es extremadamente baja –con el pretexto de que ya está predeterminada de esa forma o que es necesario mantenerla así para matar bichos– y no les dan cobertores, por lo que muchos se ven obligados a saltar o ejercitarse para mitigar el frío.
Además, en dichos centros los migrantes no tienen privacidad en los sanitarios, nunca les son devueltas sus pertenencias (incluidos teléfonos celulares), los alimentos son de mala calidad y se usan esposas durante los traslados.
“Creemos que todas estas son lecciones que quiere dar el gobierno de Estados Unidos para decirle a la gente ‘no regreses, porque si lo haces te va a volver a pasar esto’’’, señaló Blanca Navarrete, coordinadora ejecutiva de la Iniciativa Frontera Norte de México.



Condenan académicos la propuesta de sellar la línea divisoria

Reforzar la valla fronteriza anula avances de la reforma migratoria

Es una decisión ‘‘terrible y poco amistosa’’ de Washington, coinciden

Carolina Gómez Mena
 Periódico La Jornada
Jueves 27 de junio de 2013, p. 5

Expertos en temas migratorios calificaron de una ‘‘contradicción’’ la enmienda que propone sellar la frontera con México, de cara a la discusión que se realiza en el Congreso estadunidense en torno a la iniciativa de reforma migratoria, la cual podría ser aprobada esta semana.

Durante la presentación del libro México ante los recientes desafíos de la migración internacional, en El Colegio de México (Colmex), Elaine Levine Leiter, del Centro de Investigaciones sobre América del Norte (Cisan), perteneciente a la UNAM, señaló que esta decisión es ‘‘terrible’’ y añadió que contradice la postura que ha manifestado dicho país en cuanto a la existencia de ‘‘muros en otras latitudes y en otros momentos’’.

La investigadora añadió que la enmienda, que además del reforzamiento del muro fronterizo propone incrementar la cantidad de elementos policiacos a 38 mil agentes e instalar sensores nocturnos, ‘‘no es signo de amistad ni de buena vecindad’’, y lamentó que la reforma esté ‘‘tomando un camino desafortunado’’, pues aspectos como la citada enmienda ‘‘alteran el sentido original de la propuesta migratoria’’.

A su vez, Mercedes Guillén Vicente, subsecretaria de Población, Migración y Asuntos Religiosos de la Secretaría de Gobernación (SG), comentó a La Jornada –en entrevista posterior a la presentación del libro– que ‘‘las fronteras no deben separarnos; no debemos hablar de un sellamiento como una separación, las bardas separan’’. Añadió que la postura de Gobernación es la misma que la expresada el martes por el canciller José Antonio Meade, quien aseguró que las bardas no unen ni son solución al aspecto migratorio.

Acotó que ‘‘los temas son los que nos deben unir y estamos trabajando en asuntos conjuntos todo el tiempo; esperamos que la agenda que nos une sea la que nos permita andar’’. Agregó que en medio de esta situación el gobierno mexicano confía en que el Congreso estadunidense apruebe una reforma migratoria ‘‘beneficiosa’’ para los connacionales que han determinado dejar su lugar de residencia para buscar mejores condiciones económicas en Estados Unidos. Indicó que ‘‘estaremos pendientes y veremos en qué momento habrá que acompañar a los connacionales’’.

Carlos Heredia, del Centro de Investigación y Docencia Económicas (Cide), dijo que reforzar la barda fronteriza es una actitud ‘‘totalmente contradictoria con el espíritu que debería prevalecer entre dos países que son socios económicos’’, y que acordaron durante la visita del presidente Barack Obama al país, en mayo pasado, impulsar un bloque regional.

Indicó que ‘‘evidentemente está resultando muy alto el precio de la reforma migratoria’’, y lamentó que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) ‘‘no haya incluido en su momento la movilidad laboral y humana’’, lo cual es una ‘‘limitación estructural’’ del acuerdo comercial.