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7/12/2020

Produce y consume la energía de tu casa


La Jornada

¿Cuál es la fuente de energía más barata para tener energía eléctrica en nuestra casa, oficina o industria? La respuesta es: las energías renovables. En particular, la solar fotovoltaica; es decir, las celdas solares, la del viento o eólica y la geotermoeléctrica –que proviene del agua caliente y vapor de las profundidades del planeta–, así como la energía hidroeléctrica –del agua de los ríos–. Para que no le digan que no le cuenten, los costos son, energía solar fotovoltaica: 0.038 dólares/kWhr, eólica: 0.037 dólares/kWhr, geotérmica 0.037 dólares/kWhr y la hidráulica: 0.037 dólares/kWhr, según el Departamento de Energía de Estados Unidos. Para tener una idea de esta comparación, las centrales más baratas de combustible fósiles, que son las termoeléctricas de gas natural, están en 0.043/kWhr; es decir, ¡son más caras que las energías renovables mencionadas anteriormente! Y la nuclear es todavía más cara.
A lo anterior hay que añadir que en la tercera subasta de largo plazo que realizó la Secretaría de Energía en México en 2017, las renovables en promedio tuvieron un costo de 0.02057 dólares/kWhr, es decir, todavía más baratas que los costos calculados en Estados Unidos. De las fuentes renovables mencionadas, la hidráulica puede provocar desplazamiento de personas y acabar con la flora y fauna del lugar, así que por ello se prefiere usar la mini y microhidráulica. Los aerogeneradores también pueden afectar la avifauna y los murciélago, pero, según los ecólogos, si se destina uno por ciento del costo del aerogenerador es posible tomar medidas de prevención para no afectar a las aves y los murciélagos.
Una vez que sabemos que las energías renovables son más baratas, el argumento de que son varibles ya no se sostiene cuando se añaden a la lista las centrales termosolares con almacenamiento de energía con sales fundidas que proporcionan electricidad las 24 horas; es decir, en todo momento, su costo es de 0.165 dólares/kWhr, pero que se justifica si se piensa que se pueden construir para proporcionar la carga base. Y también hay que mencionar que los costos están disminuyendo rápidamente y requieren una tecnología menos compleja, que se podría desarrollar en México. A este tipo corresponden las centrales eléctricas de heliostatos que concentran el calor en una torre central, las que emplean espejos cilíndricos parabólicos que concentran el calor a lo largo de un tubo y las que emplean lentes de Fresnel. Éstas son las soluciones a gran escala para tener energía a todas horas y todos los días.
Sin embargo, existe otra forma de resolver el problema, y es que cada persona, cada familia, cada casa, cada escuela, cada industria y cada comunidad produzca su energía de manera independiente, bajo dos grandes modalidades: 1) Que la energía que produce la envíe de regreso a la CFE, en cuyo caso, si es suficiente, CFE únicamente le cobrará alrededor de 50 pesos por el manejo de la red. 2) Que sea totalmente autosuficiente; es decir, que emplee paneles fotovoltaicos de día y durante las noches utilice pilas de ion de litio –cuyo costo es de 156 dólares/kWhr (2019) y se espera que en 2023 llegue a 100 dólares/kWhr. En este segundo caso, lospaneles fotovoltaicos duran 25 años, los inversores de corriente –que transforman la energía eléctrica de corriente directa en alterna–, al igual que las pilas duran 10 años.
Esta forma de producir energía eléctrica se llama generación distribuida, porque cada persona puede mandar a la red, en el primer caso, su pequeña contribución de electricidad. Y, lo más sorprendente, es que haciéndolo de esta forma, señala el doctor Antonio del Río, director del Instituto de Energías Renovables, la red se autorganiza; es decir, no le afecta.
Para una casa de consumo medio se necesitan 16 m cuadrados de celdas solares para satisfacer todas las necesidades de energía. Y para una casa grande, 25 m cuadrados. En cuanto, a costos es el equivalente a un automóvil pequeño o uno mediano. Y hay que señalar que la inversión se recupera, cuando más, en siete años.
Con esta solución, usted es el que produce su energía, no necesita ningún combustible porque sale todas las mañanas y, lo más importante, contribuye a hacer menores los efectos del cambio climático para México y para nuestro planeta.
Hoy en México, la Asociación Mexicana de Energía Solar ha estimado que se tienen instalados 3 mil 75 MW de paneles fotovoltaicos. En Alemania, hay un millón 800 mil contratos para generar electricidad de manera independiente. Mientras, en México hasta 2018 eran alrededor de 85 mil.
Finalmente, con este esquema, el gobierno puede instalar pequeñas plantas fotovoltaicas de la generación distribuida para las personas con menos recursos, quienes tendrán energía renovable durante muchos años.
Instituto de Energías Renovables, UNAM

5/25/2020

Energías limpias para bien de la nación



En las últimas semanas se comprobó cuánta razón tenían los especialistas que hace 40 años pedían al gobierno apoyo para impulsar en México las energías limpias. Entendían que los hidrocarburos y las hidroeléctricas cubrirían por largo tiempo la demanda de energéticos. Pero los primeros se agotarían y afectaban al ambiente y la salud pública. Y los enormes embalses de las hidroeléctricas se azolvaban con la tierra de la erosión de las cuencas hidrográficas.
Como expuse el lunes pasado, a fines de 1979 la comunidad científica solicitó apoyo oficial para ahondar en sus proyectos de energías renovables. Lo hizo vía el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). Habían demostrado, por ejemplo, que eran la mejor solución para casi una cuarta parte de la población del país, carente de electricidad en sus hogares y labores agropecuarias. También, ser ventajosa para las ciudades y la industria.
A la primera reunión celebrada sobre el tema en la Universidad Autónoma Metropolitana, unidad Xochimilco (1977), asistieron especialistas de universidades públicas y privadas, del Instituto de Investigaciones Eléctricas (IIE), el más importante en dicha materia, y de la Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas (SAHOP). Un año después, hubo otra más trascendente convocada por el Centro de Ecodesarrollo (Cocodes) y el IIE. Se realizó en la sede de este último, ubicada en Palmira, estado de Morelos. Asistieron 100 especialistas de 30 instituciones de investigación de México y el exterior.
Las conclusiones de ambas reuniones mostraron que México tiene todas las condiciones para establecer energías alternas, comenzando por la solar, pues el país se ubica dentro del cinturón de insolación anual máxima del planeta. Igual en cuanto al viento y cientos de corrientes de agua para producir energía a pequeña escala y sin dañar el ambiente. Y biogás en miles de comunidades pequeñas, aprovechando la biomasa, abundante pero desaprovechada.
Los especialistas de los institutos de Ingeniería, Geofísica, de Materiales y la Escuela de Arquitectura de la Universidad Nacional Autónoma de México; del Centro de Estudios Avanzados del Politécnico Nacional; las universidades Autónoma Metropolitana y de Michoacán; el Tecnológico de Monterrey, la SAHOP, varias organizaciones de la sociedad civil y el IIE exhibieron los diseños ya probados en campo para aprovechar la radiación solar, el viento, las pequeñas corrientes de agua; para obtener biogás. Virtualmente todos tenían en cuenta los logros alcanzados en otros países. En el libro La energía solar en México, los antropólogos Alfonso Castellanos y Margarita Escobedo expusieron la situación y perspectivas de las energías limpias en el territorio nacional.
En esa publicación los especialistas concuerdan en que el Estado debía impulsar y regular la producción de esas energías, sin descartar la intervención de la iniciativa privada. Mas los últimos tres sexenios se hizo lo contrario: entregarlas (en especial la solar y eólica) a trasnacionales con innumerables apoyos y contratos no pocas veces fruto de la corrupción. A la par se desmantelaba la Comisión Federal de Electricidad, convirtiéndola en compradora de la energía de las trasnacionales y grupos privados locales.
De colofón: enriquecimiento de sus directivos y contratistas. Algunos de quienes favorecieron a las trasnacionales, al dejar sus cargos se convirtieron en sus consejeros. Como el ex presidente Felipe Calderón, en Avangrid, filial de la española Iberdrola, principal productora privada de electricidad en México con plantas de ciclos combinados, cogeneración, eólicos y solares. Georgina Kessel, secretaria de Energía en el sexenio de Calderón, también terminó cobrando en Iberdrola. Antes presidió la Comisión Reguladora de Energía. ¿Pago por favores recibidos?
Para terminar con esas irregularidades, el gobierno federal recién publicó un acuerdo para garantizar la eficiencia, calidad, confiabilidad, continuidad y seguridad del sistema eléctrico nacional. Pero lo hizo con gran torpeza, dando a entender su desinterés por las energías renovables, paralizar obras en construcción e incumplir acuerdos internacionales de protección al ­ambiente.
Pronto rectificó. Ahora urge conocer las medidas para impulsar dichas energías en bien de la nación, y especialmente de las comunidades agrarias donde se ubican, por ejemplo, los parques solares y eólicos del sector privado.

7/28/2019

¿Y las energías renovables?



Después de revisar el Programa de Desarrollo del Sistema Eléctrico Nacional (Prodesen) 2019-2033 queda claro que el gobierno no sólo no ha apostado por las energías renovables, sino que lo ha hecho por los combustibles fósiles, principalmente el gas, lo cual demuestra que no le interesa la sustentabilidad que pregona defender.México hoy contribuye con 1.5 por ciento de contaminación mundial del planeta de emisiones de CO2, que si hubiera un compromiso serio con el ambiente podría ser de cero emisiones en los próximos años.
Sin embargo, el gobierno federal mantiene una política petrolera y ha abandonado a las energías renovables. Y también hay que mencionar que las denominadas energías límpias es un término inventado por la administración anterior para incluir a energías que sí contaminan o cuyos residuos son sumamente peligrosos y con ellos se pueden fabricar armas nucleares. Así que las energías límpias, en el mejor de los casos, emplean combustibles que tarde o temprano se van a agotar. Y que potencialmente son muy o poco contaminantes. Con el uranio enriquecido se pueden fabricar bombas nucleares.
El Metrobús, por ejemplo, emplea gas que sí contamina y que se va a acabar. Recordemos que en México había tranvías que inauguró el presidente Porfirio Díaz, un transporte que no contamina. Y también hoy está el Metro.
El Metro es el transporte más adecuado para la Ciudad de México y se deben construir cientos de kilómetros de más instalaciones para que cada persona tenga una estación de este transporte a tres cuadras de su casa, como ocurre en las principales ciudades del mundo. Los demás programas de movilidad pública son demagógicos. Eso es lo que le hace falta a la Ciudad de México.
En el actual Prodesen se observa que las energías renovables crecen en 2019 y 2020, sobre todo la eólica y la fotovoltaica; pero eso se debe a los compromisos del pasado en la contrucción de ambas centrales que se deben de cumplir. Sin embargo, después su uso disminuye abruptamente. La razón la ignoramos. ¡No se apoya la contrucción de plantas con energías renovables!
En cambio, la contaminación con las demás centrales como las de ciclo combinado continúa con el viento a favor; las razones no las conocemos. Llama la atención que las centrales termosolaresni siquiera están consideradas. ¿A quién se deberá tal ignorancia? Y bueno,qué decir de las plantas geotérmicas y la bioenergía, ni siquiera están consideradas en la actual administración, a pesar de que México ocupó alguna vez el tercer lugar mundial en plantas geotérmicas y se cuenta con grandes expertos mexicanos en geotérmia, así como en bioenergía. Pero aún están las hidroeléctricas, cuya aportación, a pesar de las grandes construcciones de los ingenieros cardenistas del siglo pasado, en el sexenio próximo no llegan a los 400 MW.
Y ya ni se diga nada de las nuevas fuentes renovables como los océanos que ni si quiera están consideradas.
En relación a que la gente utilice en sus casas las fuentes renovables de energía como la energía solar –que se ha mal llamado generación distribuida de energía y que nadie entiende y cuyo término causa confusión en la sociedad– pero que se trata de que cada casa produzca su energía eléctrica y la pueda o no regresar a la red eléctrica, parecen existir problemas.
Hoy, quienes le regresan la energía a la CFE les cobran 50 pesos por la transmisión y distribución. Pero hay países en los que si uno genera más energía eléctrica, el Estado le paga una renta por la electricidad extra que produce. Vale la pena pensarlo, dado que si hay pequeños productores de energía eléctrica, se puede beneficiar a la población con menos recursos y se puede incentivar que personas de clase media produzcan energía eléctrica y reciban una pequeña renta por ello, disminuyendo así la producción nacional de electricidad.
En el Prodesen se afirma que quienes hagan “generación renovable intermitente deberán cumplir con el criterio de no afectación a la capacidad del Sistema Eléctrico Nacional, tanto a escala nacional como regional. “ Así que no sólo no se privilegia el que los consumidores particulares generen energía eléctrica, sino que se les castiga. A pesar de ello, naciones como Alemania y España, les pagan sin problema a los productores particulares de energías renovables una renta mensual. Y ¡qué bueno que se incentive, por el bien de México, que la sociedad produzca su propia energía eléctrica! La carga para el Estado cuando crezca esta forma de ver las cosas será menor. Y sólo tendrá que producir energía eléctrica a partir de fuentes renovables a gran escala con la población de menos recursos.
La actual política energética de México demuestra un muy pobre compromiso con el desarrollo sustentable de México y ningún apoyo a las energías renovables. Esperamos que el Presidente se asesore adecuadamente y apoye en serio la contrucción de plantas de energías renovables. Los costos de no hacerlo serán muy graves para el país.

Instituto de Energías Renovables, Universidad Nacional Autónoma de México.