Mostrando las entradas con la etiqueta pederastia clerical. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta pederastia clerical. Mostrar todas las entradas

12/18/2019

Francisco elimina secreto papal en casos de pederastia

La medida, ante descrédito global del clero

Nueva norma prohíbe la imposición de silencio a las víctimas de abusos


Foto
▲ En imagen del 21 de noviembre, el papa Francisco dirige la santa misa en el Estadio Nacional de Bangkok.
Ciudad del Vaticano. En una decisión considerada histórica, el papa Francisco eliminó ayer el secreto pontificio para las denuncias de abusos sexuales, petición de las víctimas que garantizará más transparencia ante una realidad que ha desacreditado de manera grave a la Iglesia católica. Enfrentado a una serie de escándalos de agresiones sexuales en todo el mundo, que mancharon la imagen de la milenaria institución, Jorge Mario Bergoglio da así un importante paso adelante en la lucha contra la pederastia cometida por curas.
Los líderes eclesiásticos deben proteger la información sobre abusos para garantizar su seguridad, integridad y confidencialidad, señaló el pontífice en un nuevo documento. Sin embargo, el secreto pontificio ya no se aplica a las acusaciones, juicios y decisiones tomadas dentro del derecho canónico de la Iglesia católica en casos de abusos.
Además, Francisco amplió de 14 a 18 años el límite de edad en el que el Vaticano considera que las imágenes pornográficas constituyen pornografía infantil.
Las nuevas normas se aprobaron ayer, en el cumpleaños 83 del representante de Roma, quien intenta responder a la explosión global de los escándalos de abusos, a sus propios errores en la gestión del tema y a reclamos de víctimas, instituciones de justicia y católicos de a pie, que piden más transparencia y que se exijan responsabilidades a los agresores.
Las nuevas normas son una nueva enmienda al derecho canónico, código legal que detalla la justicia eclesiástica para delitos contra la fe. En este caso, los cambios afectan a los abusos sexuales a menores o personas vulnerables cometidos por sacerdotes, obispos o cardenales. El peor castigo que puede recibir un sacerdote dentro de este sistema es ser expulsado del clero.
Se trata de una norma histórica que elimina obstáculos e impedimentos, dijo monseñor Charles Scicluna, secretario general adjunto para la Congregación de la Fe y considerado el mayor experto de pederastia en el Vaticano.
El Papa argentino entierra el secreto pontificio para estos casos con una norma de cinco artículos, titulada Instrucción sobre la reserva de las causas. Advierte: no puede imponerse obligación de silencio sobre los hechos encausados al denunciante, a la persona que afirma haber sido perjudicada y a los testigos.
Al terminar con la ley del silencio que reinó por décadas frente a la pederastia de los curas, Bergoglio se compromete también a dar la debida información a la víctima y a las comunidades afectadas, explicó por su parte Andrea Tornielli, director editorial del Vaticano.
Secreto de confesión, vigente
El secreto pontificio se refiere a la confidencialidad en el manejo judicial de los casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes y otros delitos graves de este tipo. La ley no afecta al secreto de confesión, que sigue vigente, explicó Tornielli.
Por ejemplo, por los impedimentos que existían hasta este momento la víctima no tenía la oportunidad de conocer la sentencia que siguió a su denuncia, porque existía el secreto pontificio, añadió.
En un comunicado, el obispo español Juan Ignacio Arrieta, secretario del Pontificio Consejo para los Textos Legislativos, explicó que la abolición del secreto pontificio ante abusos sexuales no supone un  menoscabo al secreto de confesión.
La norma, que entra en vigor de inmediato, facilita la colaboración concreta con los estados donde hay mandatos judiciales, precisó.
Con la nueva disposición, Francisco responde a los pedidos hechos durante la inédita cumbre dedicada a los abusos sexuales y la pederastia celebrada en febrero en el Vaticano.
Tras la cumbre, el Papa divulgó en mayo un motu proprio, una ley que por primera vez imponía a sacerdotes, religiosos y religiosas la obligación de denunciar no sólo los casos de abuso sexual, sino también el acoso y el encubrimiento. Para la irlandesa Marie Collins, víctima y símbolo de la lucha contra abusos de los curas, quien renunció a un comité del Vaticano indignada por su pasividad frente a la pedofilia, se trata de una medida positiva.
Con las nuevas normas el Papa establece también como delitos graves la adquisición, posesión o divulgación, con fines libidinosos, de imágenes pornográficas de menores de 18 años por parte de un clérigo, de cualquier forma y por cualquier medio.
El Papa eliminó también la obligatoriedad de que el abogado y el fiscal de los delitos más graves contra la moral tengan que ser curas.
El papa Benedicto XVI decretó en 2001 que estos casos debían gestionarse bajo secreto pontificio, el grado más alto de confidencialidad en la Iglesia. El Vaticano llevaba tiempo insistiendo en que era necesario para proteger la privacidad de la víctima, la reputación del acusado y la integridad del proceso canónico.
Sin embargo, ese secretismo también sirvió para mantener el escándalo oculto, impedir que las fuerzas de seguridad accedieran a documentos y silenciar a las víctimas. Con frecuencia, muchas sintieron que el secreto pontificio les impedía acudir a la policía para reportar a sus agresores.

Foto Afp
Periódico La Jornada

3/03/2019

Curas cesados por pederastia, bomba de tiempo, afirma SNAP



Foto
▲ Joaquín Aguilar, director de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales por Sacerdotes, señala que el episcopado mexicano debe informar sobre el destino de 152 curas suspendidos, pues se está poniendo en riesgo a menores.

La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) se niega a dar información sobre el destino de los 152 sacerdotes que suspendió por pederastia, y junto con el Estado mexicano están poniendo en riesgo a los menores de México, porque estos ministros de culto son una bomba de tiempo.
Así lo declaró Joaquín Aguilar Méndez, director en México de la Red de Sobrevivientes de Abusos Sexuales por Sacerdotes (SNAP, por sus siglas en inglés) luego de hacer un balance de la Cumbre sobre la Pederastia celebrada en el Vaticano.
En los días recientes, Aguilar Méndez se ha reunido en varias ocasiones con los obispos de la CEM sin obtener resultados acerca de los nombres de esos 152 sacerdotes pederastas suspendidos, ni sobre su destino, por lo que alerta respecto de las consecuencias de este encubrimiento e impunidad.
No se nos ha permitido indagar con ellos (los obispos) lo que sucedió con esos 152 sacerdotes pederastas. ¿En dónde están? ¿Que han estado haciendo? Y lo más importante que necesitamos saber: ¿la CEM está atendiendo a las víctimas?, señala.
Añade: Es tiempo de empezar. En este momento no sabemos nada, se nos ha negado la información. Estamos preocupados porque todo parece indicar que algunos de esos 152 sacerdotes suspendidos por pederastia están dando clases. Algunos de los acusados son ahora maestros en colegios privados debido a la formación que tienen. Y esto pone en riesgo a muchos niños.

Alerta nacional
El pasado 11 de febrero, la CEM reconoció que 152 sacerdotes han sido suspendidos por casos de pederastia. El arzobispo de Monterrey, Rogelio Cabrera López, presidente de la misma, afirmó en una conferencia de prensa que durante los pasados nueve años algunos delincuentes sacerdotes están en la cárcel, otros han sido ya suspendidos de su ministerio sacerdotal.
La primera reacción de las víctimas agrupadas en SNAP México fue de sorpresa, porque nunca fueron notificadas de esta situación, ni tampoco se les solicitó su apoyo para atender a los menores afectados.
Por tanto, Joaquín Aguilar exige ahora dar seguimiento a esta lista de abusadores sexuales con sotana, no sólo en términos eclesiásticos, sino en la aplicación de las leyes: Primero, hay que darle seguimiento, ver qué sucedió con los procedimientos que se deben aplicar a los sacerdotes pederastas. Aquí también tiene que ver el Estado mexicano, insiste.
Explica que es importante ver los archivos sobre estos 152 sacerdotes señalados por pederastia para determinar si la jerarquía católica y el estado mexicano han cumplido con la ley:
Las arquidiócesis donde laboraban los 152 sacerdotes pederastas debieron informar a las autori-dades correspondientes, y si éstas no hicieron nada, no iniciaron una investigación o no les importó, entonces tanto la jerarquía católica como el Estado mexicano son corresponsables de que estos curas pederastas sigan libres e impunes.
Afirma que los obispos deben ceñirse a los nuevos procedimientos civiles para afrontar el crimen de la pederastia clerical: La jerarquía católica está forzada a avisar a las autoridades desde la ley de 2010. Aquí, el Estado tendría que estar actuando. Y no nos han informado a pesar de que tenemos que hacer el acompañamiento de las víctimas de los sacerdotes pederastas.
De acuerdo con los protocolos, señala que el Estado mexicano también tiene una responsabilidad en la rehabilitación de los sacerdotes pederastas en prisión, aunque no se conoce con exactitud su número, pues la CEM argumenta que oculta la lista de los abusadores para no violar sus derechos humanos.
Si los sacerdotes pederastas fueron encarcelados, parte del trabajo del Estado es darles terapia estando en la cárcel para que se puedan readaptar a la sociedad al ser liberados, destaca.

Nuevo protocolo
Ante las revelaciones de la CEM sobre los 152 sacerdotes pederastas suspendidos, Joaquín Aguilar solicitó la lista, pero los obispos argumentan que el nuevo sistema penal acusatorio no permite desvelar públicamente los nombres hasta que no exista una condena contra ellos.
El problema es que los obispos se niegan también en privado a desvelar los archivos de cada caso a pesar de que el papa Francisco se ha comprometido durante la Cumbre sobre la Pederastia, celebrada en el Vaticano, a nuevos protocolos para la atención de este crimen.
Los obispos mexicanos vienen llegando de Roma y están obligados a decir quiénes son esos 152 sacerdotes y qué destino tuvieron y exigir a cada diócesis dar esa información. Esos ministros de culto libres siguen siendo un peligro para la sociedad, reiteró.
Negó que la lucha por esa lista que ha emprendido SNAP México sea una cacería de brujas: Simplemente, si estos 152 sacerdotes no son procesados y condenados, si no están en prisión, estoy seguro de que siguen cometiendo abusos sexuales donde estén, continúan en el mismo círculo abusando de menores.
Explica que si el Vaticano los redujo al estado laical y los retiró del sacerdocio, fue después de un serio proceso canónico: El Papa no los retiró de a gratis, el Vaticano tiene un procedimiento riguroso, es muy estricto en esto; entonces, allá deben tener las pruebas, por eso exigimos a las distintas arquidiócesis donde laboraban estos sacerdotes las notificaciones que hicieron a las autoridades correspondientes.
Advierte que si los obispos y superiores no notificaron a las autoridades de los delitos sexuales de estos 152 sacerdotes, todos podrían ser denunciados por encubrimiento, porque están violando la ley: Aquí hay dos responsables: la jerarquía católica y el Estado mexicano, que han estado actuando para que estos casos no trasciendan ni avancen en sus investigaciones.
Durante las últimas conversaciones que SNAP México y la CEM han sostenido, Joaquín Aguilar abordó el tema de la reparación del daño que la Iglesia debe otorgar a las víctimas de abusos sexuales de sacerdotes y los nuevos protocolos de la prevención de pederastia clerical: Se trata de una campaña de prevención destinada a las iglesias, parroquias y colegios.
Su valoración acerca de la reciente cumbre vaticana sobre pederastia es buena en tres puntos: Primero, este crimen se puso a la vista de todo el mundo y eso es algo que nunca había sucedido. Segundo, tocaron temas que por siglos no se habían abordado, como la formación del sacerdote y hablar de su sexualidad. Y tercero: nos dan la posibilidad de que las víctimas nos sentemos a dialogar con ellos. De hecho, ya están obligados a hacerlo.
La cuestión negativa de la cumbre, dijo, fue que no elaboraron un reglamento para cada uno de los puntos anunciados por Francisco: Un aspecto negativo es que el Papa ha ordenado denunciar a los sacerdotes pederastas ante las autoridades, pero en México cada obispo ha hecho lo que ha querido. Hay obispos que se siguen negando a notificar. Y el Papa ha dicho que todo aquel que encubra estos crímenes está obligado a renunciar.
Y añade: Y aquí nadie lo escuchó. Los obispos y cardenales que han encubierto durante años a los sacerdotes pederastas se han hecho de oídos sordos, como Norberto Rivera, Juan Sandoval Iñiguez, Alonso Garza Treviño, Jonás, Marcelino y muchos otros. En cada caso de pederastia clerical está detrás un obispo encubridor. En México el gran problema sigue siendo el encubrimiento de la propia jerarquía católica.

Foto La Jornada
Periódico La Jornada

3/14/2018

Las debilidades del cura y fotos que hizo a sus víctimas, los niños, sacaron a la luz la red de trata




Además de pederasta, el cura Carlos López Valdez manejaba una red internacional de pornogorafía infantil. Después de la denuncia de una de sus víctimas, un Juez lo condenó a 63 años de prisión, siendo la primera sentencia contra un presbítero en la capital del país. Ahora, exigen, sigue su presunto encubridor: el ex Arzobispo Primado de México, Norberto Rivera Carrera.

Ciudad de México, 14 de marzo (SinEmbargo).- La condena histórica de 63 años de cárcel contra el sacerdote pederasta Carlos López Valdés por los delitos de abuso sexual y corrupción de menores es solo el principio. El proceso continúa y ahora el objetivo serán sus encubridores, encabezados presuntamente por Norberto Rivera Carrera, recientemente jubilado de la Arquidiócesis de México.
¿Quién es el sacerdote Carlos López Valdés? El cura pederasta, de 74 años de edad, no solo abusaba de sus monaguillos y otros niños acólitos, también los fotografiaba para intercambiar las imágenes en una red internacional de pornografía infantil que manejaba desde las parroquias donde oficiaba sus servicios religiosos.
En la imagen, Jesús Romero Colín, aproximadamente en el año 1996. Foto: Especial
“Él tenía un arsenal de fotografías pornográficas. A él le gustaba hacerse fotos cuando abusaba de los niños. También le gustaba tomarles fotos a los niños desnudos. Tenía miles de fotos en su computadora. Cuando dejé la iglesia pude sacar sólo un disco, pero tiene cientos de discos. También tenía fotos en memory stick”, me dijo Jesús Romero Colín en una entrevista incluida en mi libro Prueba de fe: la red de cardenales y obispos en la pederastia clerical, prologado por el Obispo Raúl Vera y cuya edición de bolsillo sale a la venta en estos días bajo el sello de Booket de editorial Planeta.
El CD que Jesús pudo sacar contiene más de 70 imágenes de contenido explícito cuya copia me fue entregada: “El padre Carlos además de pederasta es pornógrafo. Su vida transcurría entre abusos sexuales, material pornográfico y Dios. Él en la mañana me masturbaba, salía, daba misa y las señoras le basaban la mano. ¿Qué pensaría él? Que es omnipotente, que nunca ha hecho mal. La misma gente fomenta a estos sacerdotes, las mismas autoridades que no hacen nada, el gobierno que lo sabe y permanece en silencio sin actuar”, dice Jesús.
Los menores abusados sexualmente por este sacerdote, ahora encarcelado, fueron testigos de cómo manejaba la red de pornografía infantil, intercambiando fotos con gente de México y Estados Unidos particularmente, y relacionándose con homosexuales y otros sacerdotes que tenían las mismas preferencias.
Las fotos no son profesionales, más bien fueron echas sin encuadre, ni enfoque o zoom, a veces sin la suficiente iluminación. Foto: Especial
El material constituyó una prueba demoledora. La identificación de las víctimas y el victimario fue absoluta. Además, existen fotos del sacerdote autorretratándose desnudo en posiciones explícitas de manera exhibicionista. Las imágenes demuestran que él mismo tomaba las fotos de los niños mientras dormían o bien, durante el abuso sexual. Se trata de imágenes domésticas, aparentemente cotidianas, en diferentes estancias como el baño, la sala, el dormitorio, el jardín, la alberca, estancias de su casa o del lugar donde vivía en las parroquias donde ofreció sus servicios sacerdotales durante su carrera eclesiástica.
Las fotos no son profesionales, más bien fueron echas sin encuadre, ni enfoque o zoom, a veces sin la suficiente iluminación. Se trata de imágenes de cuerpos desnudos que muestran la abyección de un adulto abusando de menores. El contenido gráfico en fin, es vulgar, obsceno, repetitivo, soez, infame porque se trata de niños y adolescentes explotados, esclavizados, violados siempre por el mismo hombre que luce complacido posando para la selfie, sonriente, feliz, porque se sabía impune y protegido.
Lo que repugna de estas fotos no es solamente el delito, es también el ensañamiento del agresor. Imágenes que viajaron por Internet para ser intercambiadas, donde según la Interpol, existen más de cuatro millones de zonas que contienen este tipo de material que exhibe el mercado del abuso sexual infantil y del cual, los ministros de culto no están exentos. Un negocio que general miles de millones de dólares anualmente.

SIGUEN LOS COMPLICES

La demanda interpuesta el 17 de agosto de 2007 contra el sacerdote Carlos López Valdés y/o quienes resulten responsables, en particular los protectores del presbítero que ofrecía misa en la Parroquia de San Agustín de las Cuevas en la Delegación Tlalpan, en la Ciudad de México.
A la histórica sentencia se añade que, por primera vez, el sacerdote agresor y sus protectores, en este caso el cardenal Norberto Rivera y la Arquidiócesis de México, fueron demandados para que paguen la reparación del daño que deberá ser cualificada próximamente.
Por primera vez también, la justicia exige la apertura del archivo secreto del Tribunal eclesiástico en poder de la Arquidiócesis primada de México, que en su momento, el cardenal Norberto Rivera prefirió no entregar ni colaborar en este caso, a pesar de habérselo prometido a la víctima.
El juicio incluye el proceso contra los encubridores el sacerdote pederasta: el cardenal Norberto Rivera y los obispos Jonás Guerrero y Marcelino Hernández.
El cura pederasta sentenciado a 63 años, era ecónomo del obispo Jonás Guerrero y ambos trabajaron estrechamente, incluso llevaba a los acólitos a la vicaría y estaba enterado perfectamente de los delitos cometidos por Carlos López Valdés: “En 2004, un ex seminarista fue y le entregó pruebas, mediante fotografías, y el obispo hizo caso omiso y permitió que Carlos Lopez siguiera siendo sacerdote”, dice Romero Colín.
El obispo Marcelino Hernández también estuvo enterado porque fue quien ordenó el ingreso de Carlos López a clínicas supuestamente de rehabilitación que existen en la Ciudad de México: la Casa Rougier, la casa Damasco y una más, ubicada en la colonia Postal. El obispo Marcelino cuando fue notificado de los abusos cometidos por el sacerdote pederasta, dijo que solamente eran “toqueteos”.
Pero el principal encubridor es el cardenal Norberto Rivera a quien los obispos le reportan todo. En 2007 cuando el caso cobra notoriedad al publicarse el libro “Prueba de fe”, el sacerdote Carlos López fue simplemente removido de su parroquia pero siguió en el ministerio sacerdotal, hasta que su caso fue denunciado al Tribunal Eclesiástico y finalmente fue suspendido en 2010, aunque le permitieron continuar oficiando misa en distintas parroquias de la Ciudad de México y Cuernavaca, y siguió conviviendo con menores, según las investigaciones.
En 2015, Norberto Rivera recibió a Romero Colín en su oficina de la Arquidiócesis y se comprometió a cooperar con la justicia, algo que nunca sucedió, al contrario, según denunció, el cardenal continúo ejecutando maniobras judiciales de protección: “La razón más obvia es que no cooperaron con la justicia entregando el expediente eclesiástico porque hay más prelados involucrados dentro e mi caso. Al corroborar los abusos, simplemente no fueron a denunciarlo ante la justicia y eso los convierte en cómplices”.
Mientras sucedían los abusos, Norberto Rivera fue enterado del caso y le dijo al propio sacerdote ahora encarcelado: “Tú estás a cargo de tu obispo, que es Jonás Guerrero. Él verá lo que hace contigo”.
—- ¿Y por qué el cardenal protegió a Carlos López?, le pregunté a Romero Colín en entrevista.
—- Porque es igual que ellos. Si no le pareciera lo que hacen, los hubiera atacado. Si no les dice nada, es porque es igual, porque es también abusador de niños. No hay otra explicación. El padre Carlos nunca tuvo miedo de que sus superiores le hicieran algo; al contrario, era muy descarado. Seguramente porque se sabía protegido”.

2/21/2018

Aguiar titubea ante la pederastia en México


Bernardo Barranco V.

Lamentablemente el nuevo arzobispo metropolitano, el cardenal Carlos Aguiar Retes, entró con el pie izquierdo al espinoso tema de la pederastia clerical en México. Los medios resaltaron que los 15 casos de pederastia de sacerdotes, mencionados por Norberto Rivera, son según Aguiar: caso cerrado.
Desconcertante resultó la afirmación del cardenal, sin facultad jurídica para cerrar casos judiciales. Al escuchar la grabación de la declaración, se trata de una información otorgada por una comisión arquidiocesana –así lo refiere Aguiar– que encabeza el obispo auxiliar Jorge Estrada Solórzano quien, al parecer, le indica que los casos han sido cerrados por la autoridad, por ello el cardenal Aguiar concluye: “La información que he recibido es que estos 15 casos están ya cerrados, es decir, ya fueron resueltos en relación con las autoridades, y ya no me toca a mí, porque ya están definidos. Lo que ya está resuelto, ya está resuelto, ¿no?…” Ante otra pregunta sobre el mismo tema, Aguiar responde: “Desde luego estoy dispuesto siempre a colaborar con lo que las instancias judiciales de nuestro país me pidan. Estos 15 casos ya están cerrados, es decir, ya fueron resueltos por las autoridades y pues ya no me toca a mí, pero de aquí adelante igualmente yo seguiré como lo he hecho esta mañana con mucho dolor…”
La posición de Aguiar tiene dos lecturas, o se quiere deslindar de Norberto Rivera o lo quiere proteger. Sin embargo, el expediente sigue abierto en la Procuraduría General de la República (PGR). La demanda por encubrimiento y ocultamiento de información contra el cardenal Norberto Rivera sigue su curso. Es más, Alberto Athié y sus abogados presentaron con fecha del 20 de febrero una demanda de aclaración a la Fiscalía Especial para Delitos de Violencia contra las Mujeres y Trata de Personas de la PGR. En ella piden que comparezca el nuevo arzobispo para aclarar los 15 expedientes de su conocimiento y aclare los seis casos, como lo había manifestado anteriormente la arquidiócesis. Ante tanta opacidad, de la Iglesia y del gobierno, la sociedad tiene derecho a saber quiénes son los sacerdotes abusadores de niños, cuántos menores han padecido abuso sexual, qué tipo de atención han recibido las víctimas y sus familiares. Los expedientes parecen ser cajas negras. Surgen otras preguntas: ¿han existido demandas? ¿Qué tipo de acuerdos con las víctimas se han operado? ¿Qué castigo o sanción se ha aplicado a estos ministros de culto violadores? La PGR pareciera proteger al cardenal Rivera al no transparentar requerimientos de información de la sociedad.
Carlos Aguiar, siguiendo al papa Francisco, ha prometido tolerancia cero ante la pederastia. Incluso en un comunicado de prensa la arquidiócesis de México reconoce que un sacerdote de la cuarta vicaría ha sido detenido por la policía por haber abusado sexualmente de una menor de edad. La denuncia fue interpuesta por la madre de una menor en la colonia Buenos Aires y la arquidiócesis condena el hecho. Sin embargo, Carlos Aguiar carga con vicisitudes porque no ha sido tan abierto como ahora ofrece. Recordemos uno de ellas, la visita del papa Benedicto XVI a León en 2012. Aguiar entonces era presidente de la CEM. Víctimas y medios de comunicación reprocharon que Benedicto no se reuniera con las víctimas de Marcial Maciel. En descargo, Federico Lombardi, vocero del Papa, en conferencia de prensa descartó todo encuentro con las víctimas de abuso sexual, porque fue un tema que no está en la agenda propuesta por la Conferencia del Episcopado Mexicano. Medios internacionales, por su parte, demandaron al presidente de la CEM por qué no se incluyó en la agenda dicho encuentro. Y en una declaración inaudita, Carlos Aguiar Retes justifica el vacío con las víctimas, de la siguiente manera: No, porque nosotros no podemos asumir el liderazgo de algo que no conocemos, mientras las víctimas no aparecen, no se conocen sus rostros, no sabemos quiénes son, cómo lo podríamos hacer. Agregó: Son visibles para los medios. Insinúa que las víctimas hacen alboroto mediático, al no haber solicitado a tiempo el comentado encuentro, tienen la culpa de no ver al Papa. El entonces arzobispo de Tlalnepantla, Carlos Aguiar Retes, quien no fue buscado por las víctimas, asume con torpeza el rol de monarca, cuándo éstas tocaron la puerta siempre cerrada de la nunciatura para solicitar dicho encuentro. El que escribe, con reproche, entonces señaló: Probablemente Aguiar Retes piense más en su trayectoria como futuro cardenal de México que como pastor compasivo con los sufrimientos de su pueblo (http://www.jornada.unam.mx/ 2012/03/28/opinion/027a1pol).
Siendo la pederastia clerical uno de los mayores escándalos de la Iglesia a escala mundial, la Iglesia católica sigue cometiendo errores para enfrentar los abusos y acusaciones de protección a los abusadores. Actualmente existen muchos reproches al papa Francisco por la manera en que manejó el caso del obispo chileno Juan Barros, durante su visita a Chile, acusado de encubrimiento del depredador Fernando Karadima. Francisco cometió el error de defender públicamente a Barros reabriendo las hondas heridas y rencores en la sociedad chilena. Se increpó tanto el abuso a menores como la complicidad de la jerarquía chilena. En todo el país se enciende la polémica que rebasa a Chile para convertirse en un reproche internacional. Los hechos parecen relativizar la voluntad del pontífice para acabar con este flagelo.
El mismo Papa se disculpó con las víctimas chilenas y envió a Charles Scicluna a reabrir el caso y restañar su deteriorada imagen. Pero son medidas que se antojan aún insuficientes. Especialistas y activistas se preguntan si en verdad combatir la pederastia del clero es una prioridad tanto para Francisco como para la Iglesia. Basados en los siguientes hechos: 1) no acatar como Estado las recomendaciones de la ONU sobre protección a la infancia; 2) el fracaso de la Comisión para la Protección de Menores del Vaticano. Las renuncias y deserciones de laicos víctimas, reprochan falta de voluntad institucional para combatir la pederastia; 3) mantener al cardenal australiano George Pell, número tres del Vaticano, responsable de la reforma financiera, quien ahora enfrenta la justicia de su país por demandas de abusos; 4) innecesaria presencia de Bergoglio en los funerales del cardenal de Boston, Bernard Law, emblema del encubrimiento a la pederastia en Estados Unidos.
Carlos Aguiar deberá ser más agudo ante la escabrosa pederastia. La sociedad civil y las víctimas deberán articularse mejor y para marcar agenda. Esperar que lo haga la Iglesia suena iluso. El ejemplo combativo de los laicos chilenos es una opción más que interesante.

8/23/2017

La pederastia de nuevo azota a la Iglesia



Bernardo Barranco V.
El caso del poderoso cardenal George Pell, número tres del Vaticano, acusado de pederastia y encubrimiento en Australia, ha vuelto a poner sobre la agenda pública el espinoso tema de la pederastia eclesial. Pese a los reiterados llamados al perdón que ha hecho Francisco, la realidad es que no ha avanzado. Palabras y quizá buenas intenciones que no se traducen en acciones o medidas firmes que determinen una postura contundente del Vaticano sobre el abuso a menores por parte de religiosos y sacerdotes. La revolución fallida de Francisco en materia de pederastia es evidente. Si con Benedicto XVI se tomaron medidas insuficientes, con Francisco no ha hecho aún nada contra la pederastia en la Iglesia. Es una patología institucional que ha hecho mucho daño a la autoridad de la institución y ha mostrado que está muy acendrada en la vida de la Iglesia.
Hace un año, el libro Últimas conversaciones, el libro-entrevista de Benedicto XVI, redactado por el periodista alemán y biógrafo del Papa emérito, Peter Sewald, reconoce que el desafío más importante que afrontó en su pontificado, fue la pederastia clerical. Sobre todo, los escándalos que se replicaron a nivel internacional y los niveles de resistencia tanto en la curia romana como en los episcopados locales. Muchos reprocharon que Francisco haya incorporado al cardenal Pell para poner orden en las finanzas de la Santa Sede, con un pasado tormentoso. Hasta que su posición fue insostenible por la demanda de la justicia australiana para que compareciera y enfrentara cargos en Melbourne. En los hechos, se contempla que la lucha contra la pedofilia que ha encarado Bergoglio no ha sido una verdadera prioridad para su pontificado. Ha actuado de manera titubeante y parece haber cedido a las resistencias internas de la curia. Pese a la llamada tolerancia cero que anunció al inicio de su pontificado y los perdones que solicitó a víctimas, el Papa está desilusionando a los movimientos de víctimas y activistas contra la pederastia.
Hace poco, el papa Francisco ha prologado para la versión en español, un libro que recoge el testimonio de una víctima en el libro de Daniel Pittet quien, entre 1968 y 1972, fue violado más de 200 veces por el fraile capuchino Joël Allaz, en Friburgo. El libro se titula: Te perdono padre. El relato conmovió a Francisco que señala en el prólogo, lo siguiente: Se trata de una monstruosidad absoluta, de un pecado horrendo, radicalmente en contra de todo lo que Cristo nos enseña. Y se pregunta: ¿Cómo puede un sacerdote, al servicio de Cristo y de su Iglesia, llegar a provocar tanto mal? ¿Cómo puede haber consagrado su vida para conducir a los niños a Dios, y acabar, en cambio, devorándolos en eso que he llamado un sacrificio diabólico, que destruye tanto a la víctima como la vida de la Iglesia? Es preocupante, porque Francisco que levantó muchas expectativas no sólo en cuanto a la prevención del abuso, sino en lo que atañe al castigo para los encubridores; el Papa está lamentablemente desilusionando.
Por tanto, hay una profunda frustración entre los grupos de víctimas por la ambigüedad de la Iglesia, la oposición abigarrada de la curia romana y la falta de contundencia del papa Francisco; que han sido hasta ahora la tónica del pontificado. También ha calado hondo la aparición del libro de Emliano Fittipaldi, el periodista que encaró un proceso en su contra por el Vaticano por las revelaciones sobre la corrupción económica bajo el actual Papa, sobre todo la trama financiera e inmobiliaria en la que se mueve el dinero de la Iglesia; ahora en la investigación Lujuria, recoge los casos de abuso sexual del clero católico. Los cálculos de pederastia, según el reconocido autor, se extienden a 7 por ciento de los sacerdotes a escala mundial. En cuanto a los abusos a menores, resulta notable cómo se han multiplicado. En el Vaticano se han doblado los casos. Registran unos 400 al año cuando hace poco tiempo estaban en 200. Lo malo, además, es la nula transparencia que se da al respecto, un error político, a mi juicio que demuestra el principio de Lampedusa: que algo cambie para que todo siga igual. Podemos saber quiénes son las víctimas, pero no aquellos sacerdotes implicados, denuncia Fittipaldi. Insistimos: Francisco ha hecho muy poco. El pontífice debe pasar de la palabra a los hechos, de las buenas intenciones a los resultados, pues pareciera que prioriza otros campos de batalla.
Sin duda la trama de la pederastia clerical ha desnudado la fragilidad de Francisco y la flaqueza de sus reformas. Todos los libros arriba mencionados, denuncian la protección y complicidad de un sector del clero ante la pederastia. No todos los curas ni todos los obispos son solapadores, hay en efecto la otra cara de la Iglesia. Pero las inercias continúan y seguirán haciendo daño a la autoridad eclesial.
En el caso mexicano, el cardenal Norberto Rivera pese a haber declarado ante la PGR sigue gozando de la impunidad. La PGR se ha mostrado parcial al negarse a revelar a los demandantes el contenido de la comparecencia. ¿Qué ha declarado el cardenal? Es un misterio. No sabemos qué curas son los abusadores, qué condenas recibieron. Cuáles son las víctimas, cómo se les atendió ni nada. Por la prensa, el abogado Martínez ha declarado que sólo se han presentado seis casos y no todos son de pederastia. ¿Dónde están los 15 casos que el propio Rivera declaró ante la prensa en Navidad de 2016? O van a pretextar como a Miguel de la Madrid, cuando acusó a Salinas, que el cardenal por edad tiene una desfavorable situación de salud y confusión. La curia metropolitana de Rivera, aunque lo niegue y minimice la demanda está preocupada. No es casual que se haya contratado al abogado invicto Juan Velásquez, quien se ha distinguido por atender los difíciles casos de las cúpulas priístas y defender a personajes tan polémicos como los ex presidentes Luis Echeverría, José López Portillo y Carlos Salinas; al ex jefe de la policía capitalina, Arturo El Negro Durazo; a Raúl Salinas acusado del asesinato del diputado priísta en aquel año turbule
nto de 1994. También se encargó de asuntos espinosos como el Pemexgate. Algunos lo llaman el Abogado del Diablo. Sin duda, Dios los hace y ellos se juntan.