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12/07/2019

Cuidar a niños y adultos mayores frena ingreso de mujeres al mercado laboral

Trabajo doméstico, 23% del PIB

Llama Hacienda a invertir en esa tarea para impactar de forma positiva la economía y la recaudación

De no instituirse un sistema de cuidados para menores y adultos mayores difícilmente aumentará la participación de las mujeres en el mercado laboral y se logrará cerrar la brecha laboral, advirtió el titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, Arturo Herrera Gutiérrez. Al inaugurar del foro Hacia la igualdad salarial entre mujeres y hombres, celebrado en la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE), el funcionario advirtió que únicamente 47 por ciento de las mujeres de 15 a 64 años se encuentran en el mercado laboral.
Si este grupo poblacional participara de manera más activa en el mercado de trabajo, habría mejor impacto en la economía y la recaudación. Claramente, el cuidado de los niños es algo que está impidiendo que se incorporen en el mercado laboral. En la medida en que los países se van desarrollando, se necesita mayor inversión en el cuidado de adultos mayores, y en México esta combinación del cuidado de los niños y de los adultos mayores es la que está impactando más.
Herrera Gutiérrez detalló que mientras en 2008 el trabajo doméstico no remunerado representaba 21.7 del producto interno bruto (PIB), en 2018 representó 23 por ciento, es decir, se ha incrementado. Va a ser muy difícil que aumentemos la participación de la mujer en el marcado laboral y cerrar la brecha laboral si no instituimos un sistema de cuidados para menores y adultos mayores. Hay que pensar en cómo poder obtener el recurso para ello.
El titular de la SRE, Marcelo Ebrard, destacó que de cerrar la brecha salarial y crear un sistema de cuidados correctos –empezando por escuelas y guarderías– habremos transformado en esta generación el perfil social de México.
Informó que el país se ha comprometido a presentar el año entrante una política exterior feminista junto a la candidatura mexicana al Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).
Queremos dar una perspectiva a la política exterior feminista desde un país en vías de desarrollo, (sobre) cuáles son nuestras prioridades. Y las vamos a ir a decir y va a ser parte de nuestro programa en el Consejo de Seguridad de la ONU, expuso el canciller.
Por su parte, la subsecretaria para Asuntos Multilaterales y de Derechos Humanos, Martha Delgado, expuso que alcanzar la igualdad sustantiva continúa siendo un reto en México.
Detalló que a escala mundial existe una composición poblacional de 52 por ciento de mujeres y 48 de hombres; sin embargo, ellas sólo ganan 77 centavos por cada dólar que gana cada varón. Esta brecha, al ritmo que llevamos actualmente, tardaría 70 años en cerrarse.

Periódico La Jornada

3/18/2017

Reducir trabajo no remunerado en el hogar y cuidados empodera a mujeres


En Zimbabwe

Constance Huku, de la localidad rural de Masvingo, en el sudeste de Zimbabwe, carga leña.

El canto del gallo despierta a Tambudzai Zimbudzana, de 32 años, quien rápidamente dobla sus mantas y sale de su casa de tres habitaciones, con techo de chapas (lámina), en Masvingo, una localidad rural del sudeste de Zimbabwe.

La mujer recoge unos leños de una enorme pila y prepara fuego para hervir el agua y hacer la comida para que su marido se bañe y coma antes de irse al trabajo en bicicleta.

“¡Shorai! ¡Shorai! ¡Shorai!”, llama Zimbudzana a su hija de 14 años, que aún duerme y debe ayudarla con las tareas diarias.

“Mi día comienza a las cuatro de la mañana. Cocino, enciendo el fuego, voy a buscar agua y paso el resto del tiempo en el campo o el jardín, según el mes”, relata la mujer.

“Mi día a menudo termina a las diez de la noche, ya que tengo que asegurarme de que todo el trabajo doméstico esté hecho, incluso atender a mis seis hijos, antes de poder descansar”, añade en diálogo con IPS. Rara vez le queda tiempo para asistir a actividades comunitarias.

Muchas mujeres y niñas se hacen cargo del trabajo –pesado, desigual y aparentemente natural– que implica cuidar a su familia, algo que pocas veces se aprecia, no resulta financieramente beneficioso y está profundamente arraigado en la cultura de este país del sur de África.

“En los últimos años, considerables evidencias y resultados de investigaciones demuestran que la inversión en el trabajo del cuidado no remunerado – por los gobiernos, la sociedad civil y los empleadores – mejoran el bienestar, el goce de los derechos de las mujeres, el desarrollo económico y reduce la desigualdad”, afirmó Anna Giolitto, de la organización humanitaria Oxfam.

Desde 2014, Oxfam trabaja en Zimbabwe para fortalecer los derechos económicos de las mujeres mediante la recolección de datos sobre los cuidados no remunerados, la innovación en las intervenciones y la influencia en políticas y prácticas para abordar la atención como parte del empoderamiento femenino.

La organización no gubernamental llevó a cabo programas en tres distritos desde 2014 y desarrolló dos herramientas para evaluar el trabajo doméstico no remunerado y el cuidado de las personas en las comunidades, el Análisis de Atención Rápida y la Encuesta sobre el Cuidado en el Hogar.

“El objetivo principal es reducir el tiempo o la labor requeridos para el trabajo doméstico diario y el cuidado de las personas, y así aumentar la participación de las mujeres, su empoderamiento, liderazgo y representación en las esferas públicas y privadas”, explicó Giolitto.

Los resultados de la encuesta mostraron que las mujeres se encargan de hacer de tres a seis veces más horas de trabajo de cuidados que los hombres.

Según ONU Mujeres, el mundo del trabajo está evolucionando, con importantes consecuencias y oportunidades para las mujeres debido a la globalización y las revoluciones tecnológica y digital.

Sin embargo, la creciente informalidad del trabajo, la inestabilidad de los medios de subsistencia y los ingresos, las nuevas políticas fiscales y comerciales y los impactos ambientales tienen un efecto negativo en el bienestar de muchas mujeres en todo el mundo. Como tales, deben abordarse en el contexto de su empoderamiento económico.

Las mujeres que trabajan en la economía informal de Zimbabwe se enfrentan diariamente a la hostilidad del entorno económico y de los funcionarios de seguridad, incluso en las aduanas.

“Nos confiscan los bienes en los puestos fronterizos debido a la cantidad limitada de mercancías que se permite ingresar al país. Acabamos pagando más dinero a los transportistas con el fin de pasar una cantidad razonable por la frontera”, manifestó Lorraine Sibanda, presidenta de la Cámara de Asociaciones de la Economía Informal de Zimbabwe (ZCIEA). Cerca de 65 por ciento de sus integrantes son mujeres, indicó.

Sibanda agregó que las tarifas de los transportistas no son uniformes, por lo que se puede pagar varias veces por las mismas mercancías. Además, tienen que cargar con gran peso durante mucho tiempo, lo que puede tener consecuencias nocivas para la salud de las mujeres involucradas en el comercio transfronterizo.

“Poco o nulo conocimiento de los trámites aduaneros, como la declaración de bienes, también contribuye a que las comerciantes sean víctimas de los transportistas depredadores, del personal de inmigración y otros elementos que rondan los puestos fronterizos para ganarse la vida”, aseguró Sibanda.

La Oficina Nacional de Estadísticas de Zimbabwe señaló que 84 por ciento de la clase trabajadora del país pertenece al sector informal y solo 11 por ciento tiene un empleo formal.

Oxfam no trabaja con mujeres comerciantes transfronterizas en Zimbabwe, pero aplica la estrategia de las “cuatro R” para el cambio en su empoderamiento:

Reconocer el trabajo de cuidados a nivel de las políticas, la comunidad y el hogar, para  hacerlo visible y valorarlo. Cambiar la idea de que se trata solo de una actividad natural de las mujeres. Es trabajo.

Reducir el trabajo de los cuidados mediante el uso de tecnologías y servicios que ahorren tiempo.

Redistribuir la responsabilidad del cuidado de manera más equitativa – de mujeres a hombres, y de familias al Estado y los empleadores.

Representar a las cuidadoras en la toma de decisiones.
“Las mujeres serán capaces de hacer más cuando haya hombres que compartan la responsabilidad en el hogar, así como cuando desempeñen un papel clave en las decisiones en sus hogares”, afirmó Giolitto.

Kelvin Hazangwi, de Padare (Foro de Hombres sobre Género), también enfatizó la necesidad de compartir el trabajo de cuidados no remunerados.

“Los hombres deben tomar la iniciativa para disminuir el peso del cuidado que hacen las mujeres, ya que esto tiene un efecto positivo en el hogar, la comunidad y el país en general”, opinó Hazangwi.

Padare es un foro de hombres que aboga por la igualdad de género en Zimbabwe.

ZCIEA cree que el sector informal es el futuro, y que políticas económicas de inclusión de género, la formalización del comercio informal, la infraestructura digna, la protección social, los servicios de salud, el reconocimiento de los comerciantes informales como actores económicos clave darán lugar a un crecimiento sostenible e inclusivo.

*Este artículo fue publicado originalmente por la agencia internacional de noticias IPS.

Crédito: Sally Nyakanyanga / IPS
Por: Sally Nyakanyanga* Cimacnoticias | Harare.- 

4/14/2015

Cuidado sin paga de enfermos es quinta parte del gasto en salud

 Labor no remunerada de mujeres asciende a casi 190 mil mdp

El trabajo no remunerado que realizan las mujeres en el hogar para el cuidado de personas enfermas equivale a 187 mil 103 millones de pesos (mdp) del gasto en salud en México (20.5 por ciento), informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

 
Lo anterior se desprende de la “Cuenta satélite del sector salud de México 2013”, en la que Inegi reporta que para ese año el gasto del sector salud público y privado fue equivalente a 5.7 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) nacional, es decir 910 mil 850 mdp.
 
De ese monto, 79.5 por ciento fue generado por la actividad de las unidades económicas que integran el sector (hospitales, consultorios, administración pública de la salud, medicamentos y comercio de bienes).
 
Mientras que el 20.5 por ciento del gasto en salud (187 mil 103 mdp) fue generado por el valor monetario del trabajo no remunerado que se realiza en el hogar para el cuidado de las y los enfermos.
 
Es de mencionar que la proporción del trabajo no remunerado en el cuidado de las personas enfermas del hogar creció casi tres puntos porcentuales al pasar de 17.6 a 20.5 por ciento de 2008 a 2013.
 
Estas actividades –explicó Inegi– se conforman por el cuidado de enfermos temporales y crónicos en el hogar, la ayuda a otras y otros para el mismo fin, y representa un desplazamiento del trabajo de mercado hacia la esfera del hogar.
 
Así, el valor económico del trabajo no remunerado en el cuidado de salud ascendió a 187 mil 103 mdp en 2013, lo que  equivale al 1.2 por ciento del PIB nacional.
 
De este valor, 94.4 por ciento corresponde a la atención de las y los enfermos del propio hogar, mientras que el 5.6 por ciento restante es producto del cuidado brindado a enfermos de otros hogares y el trabajo voluntario.
 
Inegi enfatizó que las mujeres realizan 72.2 por ciento del valor económico equivalente del trabajo no remunerado en el cuidado de la salud destinado a miembros del propio hogar, pues ellas son las principales encargadas de la atención de las y los dependientes familiares independientemente del grado de enfermedad o discapacidad que presenten.
 
Cuando se trata de brindar cuidados de salud a personas de otros hogares, la brecha de participación por sexo se acentúa, pues las mujeres contribuyen con 82 de cada 100 horas destinadas a estas actividades, mientras que los hombres participan con 18 por ciento del tiempo de cuidados.
 
Es de mencionar que en el cuidado de personas enfermas del propio hogar, 61.8 por ciento de su valor económico equivalente recae principalmente en la atención a enfermos crónicos o personas con discapacidad.
 
No obstante, en términos del tiempo invertido, seis de cada 10 horas de cuidados se dirigen a personas con enfermedades temporales como tos, fiebre, infección estomacal, entre otros.
 
La “Cuenta satélite del sector salud” también da cuenta de que en México los hogares pagaron alrededor de 403 mil 623 mdp en la adquisición de bienes y servicios de salud durante 2013.
 
Lo que equivale a que cada hogar gastó cerca de mil 95 pesos al mes por estos conceptos, sin considerar el valor monetario del tiempo que destinan al cuidado no remunerado de sus enfermas y enfermos.
 
Así, por cada 100 pesos de gasto en salud de estos hogares, 65 corresponden a la adquisición de medicamentos y materiales de curación; 15.9 pesos se erogan en consultas médicas; y 6.9 pesos se pagan en los hospitales.



Foto: DaniRojinegro
Por: la Redacción
Cimacnoticias | México, DF.- 

6/01/2014

Hogar, amargo hogar


4 Horas más que ellos dedican ellas en labores domésticas al día

113 Minutos al día invierten los hombres en labores domésticas

73 Minutos al día pasan las mujeres en tareas domésticas


Por increíble que parezca, las personas se estresan más al llegar a casa, que en el trabajo. Y las mujeres disfrutan pasar más tiempo en el empleo, que en el hogar, donde tienen su ‘segundo turno’




"Hogar, dulce hogar", se dice cuando se anhela regresar a casa después de una larga jornada laboral o tras un largo viaje.

El hogar suele ser visto como un santuario, un lugar para relajarse, descansar y dejar atrás todo lo que ocupa la mente. O todo lo contrario, al menos si se analizan los niveles de cortisol –la hormona del estrés– de las personas que trabajan tiempo completo, los cinco días de la semana.

Investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania analizaron los niveles de cortisol de 122 participantes, de ambos sexos, a lo largo de cinco días, mientras estaban en casa y, por horas, en el trabajo. Se encontró que tanto hombres como mujeres mostraron menores niveles de estrés al estar en el trabajo. El resultado fue el mismo en personas con y sin hijos.

Sin embargo, fueron las mujeres quienes reportaron sentirse “mucho más felices en el trabajo que en casa”, dijo a The Guardian la socióloga Sarah Damaske, y autora del estudio. Por el contrario, los hombres “solo eran moderadamente más felices en casa que en el trabajo”.
Sarah dijo que los resultados coinciden con evidencia previa que siempre ha sido difícil de conciliar con la idea de que el trabajo es una fuente importante de estrés: “las personas que trabajan tienen una mejor salud mental y física que quienes no trabajan”.
Y cita evidencia de que las mujeres que trabajan tiempo completo a lo largo de su segunda y tercera década de vida reportan una mejor salud física y mental al llegar a los 45 años que aquellas madres que son amas de casa, que trabajan medio tiempo o que experimentan episodios repetidos de desempleo.
Un análisis de 2012 realizado por Gallup a más de 60 mil mujeres estadounidenses de entre 18 y 64 años, reveló que las madres empleadas –con un hijo menor de 18 años en casa– y las mujeres empleadas, de tiempo completo o medio tiempo y sin un hijo menor de 18 años en casa, gozan de una mayor salud mental que las amas de casa.

Los ‘malabares’ de las madres
De acuerdo a Damaske, el hogar per se no es estresante, sino la combinación del empleo y el hogar.
Y “el trabajo remunerado es más valorado en la sociedad”, dijo Damaske a The Wall Street Journal. “El trabajo doméstico es monótono y no muy gratificante”, pues no solo no existe una recompensa monetaria, sino que, a diferencia del empleo, el esfuerzo que se invierte en las labores domésticas no es reconocido.
¿Qué se le dice diariamente a una mamá que, una vez que llega del trabajo, se pone a lavar platos o preparar la comida del día siguiente de los niños?
Esto es precisamente lo que explica por qué las mujeres reportan menores niveles de estrés y una mayor sensación de felicidad en el trabajo.
Y pese a que los roles han cambiado, a nivel global, la división de las tareas domésticas entre las parejas no es equitativa.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dijo en un informe presentado en el 2009 sobre el balance vida-trabajo: “la distribución de las tareas dentro de la familia aún está condicionada por los roles de género: es más probable que los hombres dediquen más horas a un trabajo remunerado y que las mujeres destinen un horario más amplio al trabajo doméstico no remunerado”.
Los hombres de los países miembros de la OCDE trabajan, en promedio, 141 minutos al día sin recibir remuneración.
Las mujeres invierten 273 minutos al día en labores domésticas.
En México, los hombres invierten 113 minutos al día en labores de cocina, limpieza o atención a la familia, cifra menor que el promedio de la OCDE y menos de un tercio del tiempo invertido por las mujeres mexicanas, quienes en promedio invierten 373 minutos al día al trabajo doméstico.
De hecho, un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Michigan, cuyos resultados fueron publicados en el 2011 en la revista científica American Sociological Review, reveló que las mamás no solo hacen más cosas a la vez que los padres en su vida diaria, sino que su estado anímico también se ve más afectado por el multitasking.
Brigid Schulte, quien es reportera de The Washington Post, menciona en su libro titulado  “Overwhelmed: work, love, and play when no one has the time”: “entienda que para la mujer nunca ha habido una historia o cultura del ocio o del juego, al menos que considere que barrer, preparar queso, batir la mantequilla, coser y tejer tu tipo de diversión”.

Balance vida-trabajo
La socióloga Sarah Damaske concluyó que los resultados del estudio indican que una solución para hacer del multitasking una tarea menos abrumadora y, por ende, disminuir los niveles de estrés en el hogar es que las compañías adopten políticas que favorezcan la vida familiar “que permitan a los trabajadores seguir recibiendo los beneficios del empleo para la salud sin dejar de ser capaces de cumplir las responsabilidades en el hogar”.
Puso como ejemplo el modelo “entorno laboral basado en resultados” (ROWE, en inglés) adoptado por la cadena de ropa estadounidense Gap Inc., que permite a los empleados tener más flexibilidad en el tiempo y el lugar de su horario laboral, siempre y cuando hagan su trabajo.
“El teletrabajo, días de baja por enfermedad remunerados, la incapacidad por maternidad, todas son políticas que hacen más fácil que los empleados conserven los beneficios para la salud del empleo, y que las compañías retengan los beneficios financieros de tener empleados leales en lugar de tener que lidiar con la rotación laboral constante”, agregó Damaske.
De acuerdo a la segunda edición del reporte “How’s Life?” publicado por la OCDE en el 2013, al año los mexicanos trabajan en promedio 2 mil 226 horas, cifra mayor que el promedio de la OCDE de mil 765 horas.

Los empleados del país trabajan un promedio de 45 horas a la semana, más que cualquier otro país industrializado.
Aunque el porcentaje de hombres mexicanos (35 por ciento) que trabajan largas horas laborales es mucho mayor en comparación con el de las mujeres (18), ellas dedican diariamente cuatro horas más que ellos al trabajo doméstico. “Los roles de género constituyen un obstáculo para las oportunidades económicas de las mujeres y del país”, señaló el informe de la OCDE. 

3/04/2014

Obligatoria la distribución equitativa de labores de cuidado


NACIONAL
   Ante envejecimiento poblacional urgen nuevas políticas públicas

CIMACFoto: César Martínez López
Por: Anaiz Zamora Márquez
Cimacnoticias | México, DF.- 

Se estima que para 2027 la población en México dejará de ser mayoritariamente joven, ante lo que es necesario repensar las políticas y programas de gobierno e incluso la investigación en materia de trabajo doméstico y de cuidado, para evitar que –como históricamente ha ocurrido– las mujeres absorban la carga de trabajo que implica cuidar a las personas adultas mayores.

Especialistas e investigadores en demografía y trabajo no remunerado se reunieron en El Colegio de México (Colmex) a fin de reflexionar sobre “la agenda futura de investigación sobre trabajo no remunerado y familia”, pues ante los cambios demográficos venideros se vuelve indispensable replantear las políticas de atención a la población y la distribución del trabajo doméstico y de cuidado.

Paulo Saad, jefe del área de Población y Desarrollo del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía de la División de Población de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), sostuvo que al analizar las tendencias demográficas se puede estimar que para 2027 México dejará de ser un país joven, es decir, la mayoría de la población ya no tendrá entre 15 y 24 años de edad.

Cabe recordar que actualmente en nuestro país residen 20.9 millones de jóvenes entre 15 y 24 años, de los cuales 11 millones son adolescentes (15 a 19), y 9.9 millones son “adultos jóvenes” (20 a 24 años). Es decir que las y los jóvenes representan cerca de la quinta parte de la población total.

Este cambio demográfico –abundó– se da ante la persistente desigualdad en la división sexual del trabajo, toda vez que aunque las tasas de ocupación femenina han aumentado, no lo han hecho de manera igualitaria a las tasas de varones.

Paulo Saad recordó que las mujeres continúan realizando la mayor parte del trabajo doméstico y son las que están al frente del cuidado de niñas, niños y personas adultas mayores, sin que por esto reciban algún ingreso, lo que impide a la vez su empoderamiento económico y por tanto sus posibilidades de enfrentar la vida futura.

Cabe recordar que de acuerdo con estudios recientes del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, las mujeres realizan el 79.5 por ciento de tareas domésticas no remuneradas, lo que equivale a una aportación de 11 mil 821 millones de pesos, es decir, una quinta parte del Producto Interno Bruto (PIB).

Saad señaló que ante la transición demográfica se vuelve indispensable “redistribuir el trabajo total entre mujeres y hombres, principalmente el no remunerado y de cuidado”, y además que el Estado asuma su obligación de proveer servicios que permitan solventar las cargas de cuidado que históricamente han asumido las mujeres.

La doctora en Ciencias Políticas y Económicas María Ángeles Durán, destacó que la academia e investigación son campos desde los cuales se puede impulsar que la eliminación de la desigualdad en la distribución del trabajo del hogar formen parte de la agenda política, pues de nada sirven las investigaciones individuales o aisladas que no generen un cambio en la sociedad.

Por lo que invitó a las y los investigadores jóvenes a considerar las transiciones de población dentro de sus proyectos de análisis, y a que acompañen sus indagaciones con una estrategia de posicionamiento político de los temas, pues recordó que muchas de las agendas o plataformas internacionales a favor de la población femenina fueron adoptadas gracias al empuje de movimientos sociales que se acompañan de datos científicos.

Ahora –dijo– es necesario que las necesidades de cuidado, envejecimiento y “el poder de las ideas dentro del campo de población deben estar presentes en la definición de la agenda futura”.