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7/19/2025

Reconstruirse tras liberarse de Boko Haram. Mujeres sobrevivientes de guerra en Nigeria

 

Es importante señalar que este mecanismo de control mediante el uso de violencia sexual, no es exclusivo de Nigeria, de acuerdo con  la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hay un incremento de este tipo de delito que usa a las mujeres como botín de guerra y que también ha sido una característica común en el conflicto armado del país.

Las mujeres y las niñas en tiempos de guerra son tratadas muchas veces como “botín”. La violación es una táctica utilizada como estrategia de terror y como forma de tortura. Las consecuencias físicas y mentales de estas agresiones dejan huellas emocionales y físicas imborrables. Esta forma de agresión también puede ser utilizada como parte de una limpieza étnica, tal y como se vio con las violaciones sistemáticas y los embarazos forzosos de la antigua Yugoslavia en los años noventa. Las violaciones, la esclavitud sexual y otras formas de violencia sexual cometidas en el contexto de un conflicto armado son crímenes de guerra. Mireya Cidón, Aminstía Internacional España

Las niñas y las jóvenes que huyeron del cautiverio de Boko Haram en el noreste de Nigeria continúan abandonadas a su suerte por las autoridades del país. En junio de 2024, Amnistía Internacional publicó el informe ‘Help us build our lives’: Girl survivors of Boko Haram and military abuses in north-east Nigeria, en el que documentaba cómo estas niñas y jóvenes pedían apoyo para tratar de sanar y reintegrarse a la sociedad.

Ahora, las sobrevivientes han dicho a Amnistía Internacional que el gobierno sigue sin proporcionarles servicios adecuados para su reintegración y que no pueden sostenerse a sí mismas ni a sus familias.

Nigeria se encuentra en África Occidental, bordeando el Golfo de Guinea, y limita con Benín al oeste, Níger al norte, Chad y Camerún al este, y el Océano Atlántico al sur. Está conformada por 36 estados y el territorio de la capital federal, cuya capital es Abuya. Tiene una población de 237 millones de personas aproximadamente de las cuales 112 millones 676 mil 013 son mujeres, lo que la convierte en el país más poblado de África y el sexto más poblado del mundo.

Desde 2009, el noreste del país vive un conflicto armado entre facciones de Boko Haram y las fuerzas del Estado nigeriano. Esta guerra ha generado secuestros generalizados, violencia sexual sistemática contra mujeres y niñas, asesinatos masivos de civiles y el desplazamiento interno de más de dos millones de personas. Las hostilidades han dado lugar a una crisis humanitaria prolongada, marcada por crímenes de derecho internacional y violaciones graves a los derechos humanos cometidas por todas las partes involucradas.

Boko Haram como mecanismo de control, suele capturar a mujeres durante redadas. Amnistía Internacional entrevistó a 32 niñas y mujeres jóvenes sobrevivientes de este grupo y quienes relataron su secuestro.

Los secuestros de Boko Haram ocurrían, generalmente, durante los ataques a pueblos, cuando las niñas intentaban esconderse y huir. Muchas de ellas permanecían escondidas por días o semanas, hasta que finalmente eran capturadas.

“Cuando Boko Haram llegó a Gulak, corrimos montaña arriba y vivimos con mi tío. Él nos daba de comer, pero al cabo de un mes nos quedamos sin comida. Dos primos y yo bajamos de la montaña para buscar alimentos. Boko Haram nos atrapó y nos llevó. Nos trasladaron a Madagali, donde nos casaron a todos”. Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

Cuando la niñas y mujeres jóvenes son jóvenes, el Boko Haram busca adoctrinarlas con su ideología extremista, obligándolas a vivir bajo reglas estrictas que eliminan cualquier tipo de libertad de movimiento. Aquellas que intentan desobedecer se enfrentan a castigos físicos como azotes, flagelaciones o incluso largos periodos de encierro. Muchas son también forzadas a presenciar ejecuciones, amputaciones y otras formas de castigo como método de control y disuasión.

Una vez que las niñas y mujeres logran salir de los territorios controlados por Boko Haram, o son liberadas de los centros de detención militar o centros de tránsito que en muchos casos equivalen a detención arbitraria, deben enfrentar el reto de reconstruir sus vidas en campamentos de personas desplazadas, en medio de una crisis humanitaria que, hasta abril de 2024, ha dejado a unas 8.3 millones de personas en esa situación.

Las y los niños nacidos producto de la violencia sexual también enfrentan múltiples formas de discriminación, rechazo e incluso violencia. En 2015, varias organizaciones defensoras de derechos humanos documentaron casos de infanticidio perpetrados por madres que, presionadas por el estigma social, consideraban que no tendrían posibilidad de sobrevivir. Un estudio realizado por UNICEF e International Alert en 2016 reveló que, en muchas comunidades, era recién nacidos considerados como “mala sangre” por tener vínculos biológicos con combatientes de Boko Haram.

Un defensor de derechos humanos entrevistado por Amnistía Internacional aseguró que este estigma persiste. Algunas personas en las comunidades creen que los hijos de combatientes heredan rasgos violentos y podrían convertirse en una futura generación de extremistas.

Para muchas entrevistadas, las necesidades inmediatas seguían siendo la prioridad. Algunas identificaron el acceso a alimentos como la urgencia más apremiante, mientras que otras mencionaron la necesidad de recibir tratamiento médico para diversos padecimientos.

“La mayor ayuda para mí ahora mismo sería garantizar mi educación, porque quiero ser médica cuando sea mayor. Quiero olvidar que una vez viví con Boko Haram. Quiero salir de este campamento y empezar de cero” Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

Matrimonio forzado

Aunque la Ley de Derechos del Niño de 2003 establece que la edad mínima para contraer matrimonio es de 18 años, el matrimonio infantil y precoz sigue siendo una práctica generalizada en Nigeria. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), más de cuatro de cada diez niñas se casan antes de los 18 años. Un estudio de Save the Children realizado en 2021 encontró que en el estado de Borno, casi el 90 % de las participantes, todas mujeres, se casaron antes de cumplir los 15 años.

En Boko Haram, el matrimonio forzado es una práctica común. El grupo considera que una niña está lista para casarse desde los primeros signos de la pubertad, incluyendo la primera menstruación o incluso antes. La diferencia de edad entre las niñas secuestradas y sus captores suele ser considerable.

Algunas niñas fueron secuestradas directamente de sus aldeas y trasladadas al bosque, donde fueron encarceladas y posteriormente casadas a la fuerza. Otras fueron obligadas a casarse dentro de sus propias comunidades una vez que Boko Haram tomó el control de la zona, para luego ser llevadas a otras áreas bajo dominio del grupo.

Esclavitud sexual

Al menos 33 sobrevivientes de matrimonio forzado contaron a Amnistía Internacional que sus «esposos» ejercían violencia sexual sistemática contra ellas. En muchos casos, estos hechos ocurrieron antes de la primera menstruación de las niñas o poco después. Si alguna se negaba a mantener relaciones sexuales, los combatientes informaban a sus superiores, lo que desencadenaba represalias como más violencia, encarcelamiento, amenazas o incluso tortura.

“Cuando me casé, si mi esposo quería tener intimidad conmigo y yo me negaba, él me denunciaba ante los demás combatientes. Entonces me llamaban y me azotaban”. Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

De las personas entrevistadas por Amnistía Internacional, al menos 28 afirmaron haber tenido hijos producto de esta violencia sexual. La mayoría de ellas no contaba con acceso a servicios de salud sexual, reproductiva o materna, y dieron a luz en condiciones extremadamente precarias. Una adolescente relató: “Estaba sufriendo mucho. Una vecina me ayudó a dar a luz. Éramos solo nosotras dos”.

A pesar del miedo y los riesgos, casi cincuenta niñas y mujeres jóvenes compartieron historias sobre cómo lograron escapar de Boko Haram, arriesgando sus vidas y las de sus hijos, y enfrentándose a la posibilidad de ser recapturadas y castigadas.

Algunas engañaron a sus captores con excusas para obtener permiso de salir en busca de leña o comida, y aprovecharon para huir. Otras pagaron por ayuda y, en dos casos, sobornaron a sus vigilantes. Una joven de 19 años que logró escapar en 2019 relató:

“Una noche, otras mujeres y yo decidimos escapar, pero nos atraparon y nos encerraron. Dijeron que nos iban a matar. Después de dos días, sobornamos al guardia con la ropa que llevábamos cuando intentamos huir… y nos dejó salir”. Testimonio anónimo para Amnistía Internacional

8/10/2019

Arabia Saudita permitirá a mujeres viajar sin autorización de un hombre


Tutor masculino aun autorizará si estudian, se casan o viven solas 


El 2 de agosto Arabia Saudita anunció que se aprobó una serie de reformas para garantizar más derechos a las mujeres, entre ellos poder viajar sin el permiso de un hombre; sin embargo, aún deben tener un tutor masculino que les autorice estudiar, casarse o vivir solas.
Este mes el periódico oficial del reino musulmán informó que las mujeres tendrán derechos en el sector laboral y para realizar diversos trámites. Entre las modificaciones legales, que entrarán en vigor a finales de este mes, ahora las mujeres mayores de 21 años podrán obtener un pasaporte para viajar al extranjero sin necesidad de contar con el consentimiento de un tutor masculino.
Otra reforma indica que ahora tendrán derecho a recibir documentos oficiales de la familia; podrán registrar el nacimiento de sus hijas e hijos, también tendrán la oportunidad de vivir separadas de sus esposos, ser elegibles como tutoras de los menores de edad y podrán registrarse como co-jefas de hogar junto con su esposo.
Un aspecto más que se modificó y busca brindar mayores oportunidades fue en el sector laboral. De acuerdo con el plan “Visión 2030”, creado por el príncipe heredero y presidente del Consejo de Asuntos Económicos y de Desarrollo, Mohammad bin Salman bin Abdulaziz Al-Saud, el principal objetivo de este plan es diversificar la economía para hacerla menos dependiente del petróleo.
Uno de los elementos centrales de esta estrategia es abrir espacios laborales a las mujeres para que se integren a más áreas y no sólo a la educativa. Para lograr esto, se tiene el objetivo de incrementar del 22 al 30 por ciento el empleo en este sector y con ello explotar el talento universitario, el cual está representado en un 50 por ciento por mujeres, de acuerdo con información documentada para la elaboración del proyecto.
Sin embargo, de acuerdo con medios locales, estas medidas no fueron bien recibidas por diversos sectores de la población, quienes afirmaron que las reformas “perjudican el papel tradicional de la mujer”.

VIOLENCIA HISTÓRICA  

La artista y activista saudita Ms Saffaa, expresó a través de Twitter: "antes de comenzar a regocijarnos por estas reformas, necesitamos recordar que el gobierno saudita ha impuesto expectativas tan bajas para los Derechos Humanos que cualquier reforma menor siempre parecerá monumental".
Pese a estas reformas, el gobierno saudita aún mantiene lineamientos que reprimen a las mujeres. Tal es el caso de la figura del tutor masculino en aspectos como el tema educativo. Es decir, para que las mujeres puedan estudiar en el país o en el extranjero, requieren el permiso de su padre, marido, hermano o incluso de sus hijos.
Aunque se han reducido las represiones violentas públicas en ciudades como Riad, en otras ciudades las autoridades continúan patrullando las calles para reprender a las mujeres que no se encuentren lo suficientemente cubiertas o que son vistas con las uñas “muy brillantes”.
Sumado a esto, Arabia Saudita se ha caracterizado por perseguir a mujeres que huyen de la represión que sufren en su país y por encarcelar a defensoras que por años han exigido derechos mínimos como los que recientemente se aprobaron y mucho más.
Tal es el caso de su lucha por el derecho a obtener una licencia de manejo. En ninguna ley se prohibía de forma expresa esto; sin embargo, las autoridades no permitían a las mujeres realizar este trámite.
Fue hasta el 24 de junio de 2018 cuando formalmente se comenzaron a otorgar permisos para conducir a las mujeres, un logró que antes de ser alcanzado provocó detenciones arbitrarias.
Como protesta, en 2014 la joven saudí Loujain Hathloul condujo desde Dubái hacía Arabia Saudita. Al ingresar a territorio saudí inmediatamente se le confiscó el pasaporte y su coche y fue detenida. Al día siguiente detuvieron a Maysaa Alamoudi, una amiga suya que acudió en coche a llevarle comida y agua.
De acuerdo con la interpretación del islam de los saudíes, permitir que las mujeres conduzcan incitaba al “libertinaje”. Debido a esto, Hathloul, de 25 años, fue enviada a un correccional de menores de Al Ahsa. Y Alamoudi, de 33, a la prisión central de la misma localidad, en la Provincia Oriental.

Actualmente, varias mujeres enfrentan cargos relacionados con su trabajo en favor de los Derechos Humanos, como “promover los derechos de las mujeres” y “pedir el fin del sistema de tutela masculina”. Tres de ellas, Loujain al-Hathloul, Samar Badawi y Nassima al-Sada, continúan encarceladas, y varias más han sido puestas en libertad temporalmente, pero siguen sometidas a juicio, como detalló en un comunicado Amnistía Internacional (AI).
Además, al menos 14 personas que han apoyado el movimiento por los derechos de las mujeres, entre ellas familiares hombres de algunas defensoras, se encuentran recluidas sin cargos desde que fueron detenidas en abril de 2019.
Por ello, AI instó al gobierno de Arabia Saudita a dar continuidad a las reformas anunciadas, así como poner fin a la persecución de quienes defienden sus derechos y dejar en libertad a las mujeres que se encuentran detenidas por su activismo pacífico.
“Estos cambios constituyen un claro testimonio de la campaña incansable emprendida por quienes defienden con su activismo los derechos de las mujeres para combatir la discriminación imperante en Arabia Saudí durante decenios”, concluyó la directora de investigación para Oriente Medio de Amnistía Internacional, Lynn Maalouf.

Imagen retomada de Amnistía Internacional
Por: Berenice Chavarría Tenorio
Cimacnoticias | Ciudad de México

5/07/2016

Violencias patriarcales en las instituciones


   DESDE LA LUNA DE VALENCIA
Por: Teresa Mollá Castells*


 Podríamos pensar que las instituciones están para defender los intereses del conjunto de la ciudadanía. Podríamos pensarlo si tuviéramos la ingenuidad de no saber lo que ocurre cada día en ellas y por ellas.

En una semana, en una sola semana, he visto con estupefacción a lamentables ejemplos de cómo funcionan las cosas de los dineros públicos cuando de mujeres se trata. Y voy a compartirlo.

El caso de Susana Guerrero es muy conocido, pero no por ello queda invalidado como ejemplo de este tipo de violencias. Susana esconde a su hija para no entregársela a su padre que está condenado por violencia machista e imputado por abusos sexuales.

Aun así desde la Audiencia de Toledo, y a sabiendas que este energúmeno va a perjudicar a esa niña de 10 años, no atiende a la petición de la madre de no entregar a su hija.

Como todo el mundo sabe no soy jurista, ni entiendo demasiado de leyes, pero lo que sí entiendo es la interpretación patriarcal que se está haciendo de esas leyes sin tener en cuenta el bien de esta menor.

Y por mucho que me lo expliquen no le encuentro ningún sentido a nada que no sea dejar a la niña que crezca segura. Algo que al lado de este tipo maltratador seguramente no va a ocurrir.

La institución, una vez más, se pone de parte del patriarcado más feroz que sin duda acabará dañando a la niña que tiene derecho a vivir segura y crecer en paz. Pero, al menos de momento, la están obligando a vivir su particular calvario junto a su madre coraje, Susana.

Otro ejemplo de cómo van las cosas fue la respuesta de Gabriela Bravo, consejera de Justicia, Administración Pública y Reformas Democráticas de la Generalitat Valenciana a esta pregunta parlamentaria:

“¿Por qué no ha incluido a ninguna mujer en la Comisión para el Estudio de la Reforma de la Función Pública Valenciana, que ya se ha constituido bajo su presidencia?”.

La respuesta de la consejera a algunas nos dejó ojipláticas porque se quedó tan ancha al responder literalmente lo siguiente: “Soy la primera en lamentar la nula presencia de mujeres en la comisión técnica que nos asesora en la reforma de la ley de gestión de ordenación de la función pública valenciana.

“El motivo es que el derecho administrativo es un campo científico en el que la presencia de la mujer es escasa y poco relevante. A la hora de diseñar esta comisión hemos valorado el currículum de todos los candidatos, la calidad de su formación, sus conocimientos, su experiencia, y todo ello ha sido materia de estudio y ha sido, en fin…, en base a ello hemos concluido que las personas elegidas eran las más apropiadas para esa comisión técnica específica”.

Y se quedó tan a gusto. Y es que por lo visto para esta señora que fue presidenta de la Unión Progresista de Fiscales y vocal y portavoz del Consejo General del Poder Judicial antes de formar parte del Govern Valencià, las mujeres como científicas de derecho administrativo no sabemos, no estamos, ni se nos espera ya no sólo en territorio autonómico, sino tampoco en el ámbito estatal. Como dije, ojipláticas nos quedamos muchas al enterarnos de la respuesta.

Y sabemos que tenemos derecho a tener días malos y respuestas inadecuadas en algún momento de nuestras vidas, pero creo que en este caso a la consejera le falló el subconsciente y en su respuesta afloró la tan temida idea del “estoy aquí por mis propios méritos”, sin valorar el esfuerzo de tantas y tantas mujeres, en este caso juristas que lucharon y lo siguen haciendo para que unas cuantas estén donde están.

Pero por lo visto a algunas se les olvida que se deben no sólo a la ciudadanía sino al esfuerzo de muchas otras que actúan a veces en silencio y otras veces alzando la voz.

La respuesta de la consejera fue una bofetada en toda regla no sólo a todas las mujeres juristas, sino también a todas las empleadas públicas de la Generalitat Valenciana (entre las que me encuentro), puesto que tengo dudas sobre si nuestras necesidades y problemas específicos como empleadas públicas estarán salvaguardados en la pretendida reforma.

Dos claros ejemplos de cómo la violencia patriarcal se nos cuela en las instituciones, sean del signo político que sean. Y todo ello sin hablar del soporte político e incluso económico que se está dando al congreso internacional de SAP y custodia compartida de León y al congreso de custodia compartida de Alicante, que esos eventos merecerían artículo aparte.

Y es que como ya he dicho en algunas ocasiones, el patriarcado sabe mutarse y sabe camuflarse para mantener sus privilegios.

Y para ello se aprovecha de las propias mujeres para retroalimentarse haciéndonos creer que estamos en los espacios de poder por nosotras mismas, que hemos sido “elegidas” y por ello les debemos pleitesía. Debemos acatar sus imposiciones que, a su vez, imponen un determinado orden simbólico de la sociedad que implica un espacio de violencia institucional para las mujeres y las niñas como acabamos de ver.

Poco le importa el dolor o la frustración que sus decisiones puedan generar en las mujeres o en las niñas. Lo importante es mantenerse. Y si para ello se han de inventar un síndrome que provoque más dolor a las mujeres y a sus hijas e hijos, pues no sólo se lo inventan, sino que lo fomentan por juzgados y tribunales y lo alimentan con congresos pagados con dineros públicos.

Y si para subsistir ha de “colar” en sus filas y en sus espacios a algunas mujeres, pues lo hace pero las alecciona para que sigan sirviendo a sus propios intereses.

Pero eso sí, en su actual y feroz ofensiva neoliberal, no va a dejar de sembrar diferencias entre nosotras para que nos mantengamos “entretenidas” entre nosotras en si somos de este u otro color, en si hemos de estar o no en algunos espacios, es si somos homo u heterosexuales y cuáles son las prioridades en cada caso, en si hemos de militar en organizaciones mixtas o sólo de mujeres, en cuáles son o han de ser los objetivos del o de los feminismos, en si existe una o varias corrientes, en si bla, bla, bla, bla.

Y en esto andamos mientras nos siguen asesinando, violando, recortando derechos y dineros para prevenir estas agresiones. Pero eso sí, cada vez que denunciamos estas cosas resulta que somos feministas radicales o “feminazis” o exigentes por demandar una democracia paritaria e igualitaria.

Somos malas compañeras de filas de organizaciones cuando exigimos ser escuchadas y ser partícipes en plenitud de condiciones en dichas organizaciones o incluso lo que es peor, tener que escuchar que “la sociedad, la organización o el espacio que sea, no está preparado para ser gobernado o dirigido por una mujer”.

O como lo que me ocurrió personalmente cuando alguien me dijo en su momento que no me votó cuando me presenté como candidata a la alcaldía de mi pueblo porque era “demasiado feminista”. ¡¡¡¡Hay que fastidiarse!!!! ¡¡¡¡Y las malas, “feminazis” o exigentes somos nosotras!!!!

El grado de violencias patriarcales es de tal envergadura y lo tenemos tan interiorizado que a veces cuando me pongo a analizarlo me saltan todas las alarmas. Pero están ahí. Forman parte de la estructura social e institucional, y el patriarcado lo sabe y se sabe seguro en ese orden de cosas porque se retroalimenta de él.

Pero en esos momentos me vienen a la mente muchos nombres de mujeres que forman parte de organizaciones e instituciones que no dudan en anteponer su condición de luchadoras y feministas a su condición de parte de esas organizaciones e instituciones. Y eso me reconforta. Ellas saben quiénes son y los jirones de piel que se dejan cada día por ser coherentes.

Para ellas, para todas ellas que afortunadamente son muchas, mi admiración y mi respeto. Y mis ánimos para las que vienen detrás, puesto que algunas vienen con paso firme y seguro.

Estoy segura que juntas y sororales podremos plantarle cara al patriarcado asesino.

tmolla@telefonica.net

*Corresponsal en España. Comunicadora de Ontinyent.
  
CIMACFoto: César Martínez López
Cimacnoticias | España.-

1/17/2016

Refugio, islamofobia y violencia patriarcal en Alemania



R. Aída Hernández Castillo*
Periódico La Jornada
Viajar en Alemania en estos tiempos de racismo exacerbado y tener un fenotipo muy parecido al de las mujeres de Medio Oriente me ha hecho reflexionar mucho sobre las vulnerabilidades que enfrentan las miles de mujeres refugiadas en este país. Después de enfrentar múltiples violencias para llegar a tierras teutonas, ahora sufren las consecuencias de los actos de violencia sexista cometidos por varios de los hombres de sus propias comunidades.
Las agresiones cometidas por un grupo de jóvenes de apariencia árabe contra 379 mujeres alemanas, que incluyeron dos violaciones, hostigamientos sexuales y robo en la ciudad de Colonia, el 31 de diciembre pasado, han venido a fortalecer las posturas racistas y antimigrantes de un importante sector de la sociedad alemana. En medio de la celebración pública de la Noche Vieja en la plaza central de Colonia, hombres alcoholizados rodearon y agredieron a muchas de las mujeres participantes en la celebración. Los titulares de los principales periódicos alemanes se referían a Miles de refugiados musulmanes atacando a mujeres alemanas, a pesar de que entre los 32 sospechosos detenidos, están dos alemanes, un serbio y un norteamericano, y de que no existe ningún registro de la filiación religiosa de los atacantes.
El hecho de que hubiera 22 solicitantes de asilo entre los sospechosos ha sido suficiente para estigmatizar a toda la población refugiada y para que se demande a través de los medios de prensa y con manifestaciones públicas un endurecimiento de las políticas migratorias de asilo político.
La llegada de casi un millón de refugiados durante 2015 ha tenido como reacción la formación de grupos antimigrantes como los Patriotas Europeos contra la Islamización de Occidente (Pegida, por sus siglas en alemán). A pesar de que los activistas alemanes solidarios con los refugiados habían logrado contrarrestar la influencia ideológica de estos grupos, las agresiones de fin de año dieron un nuevo impulso al discurso anti-migrante. Pegida ha encabezado marchas en distintas ciudades del país bajo lemas como Rapefugees not welcome, juego de palabras en inglés con el mensaje de bienvenida a los migrantes para acusarlos de violadores.
Políticos, comentaristas de prensa y activistas antimigrantes enarbolan un discurso anti-musulman para vincular los actos de violencia sexista con los valores religiosos y culturales de los refugiados. Nuevamente el argumento cultural se utiliza para argumentar el peligro que los refugiados representan para los valores occidentales.
Las activistas feministas alemanas han condenado públicamente las agresiones, pero también han recordado que organizaciones de mujeres que trabajan con refugiadas como Mujeres Bajo Asedio (Women Under Siege) han reportado que cientos de refugiadas han sido violadas por oficiales migratorios, contrabandistas y por otros refugiados, sin que nadie haga nada ante sus denuncias. Lauren Wolfe directora de este programa señalaba hace unos meses: Cada mujer refugiada que entreviste para nuestro informe describió o aludió a una violación, ya fuera de ellas mismas o de alguna conocida, a lo largo de su recorrido o estancia en Alemania. Los oficiales migratorios parecen compartir una cultura de sexismo y violencia patriarcal y no los valores islámicos a los que los antimigrantes adjudican la violencia sexual sufrida por las mujeres de Colonia.
Visitar el Museo del Holocausto en Berlín, y el Museo de los Pueblos Sinti y Romanies en Heidelberg y leer la manera en que la prensa alemana contribuyó a la construcción de estereotipos culturales que justificaron el genocidio, me hizo pensar en la importancia de confrontar el nuevo racismo cultural que está resurgiendo en distintas regiones del planeta.
El presentar a los refugiados como un grupo homogéneo de violadores en potencia, atrasados culturalmente y al Islam como una ideología fundamentalista, violenta y machista, que no permite la integración de los refugiados musulmanes a Alemania, reproduce los mecanismos racistas usados contra judíos y contra los pueblos sinti y romanies (mal llamados gitanos), que dieron sustento ideológico al holocausto, tan presente aún en la memoria colectiva de los alemanes.
La violencia cometida contra las mujeres alemanas en Colonia debe de ser castigada con todo el peso de la ley, al igual que cualquier tipo de violencia cometida contra las mujeres refugiadas de cualquier nacionalidad. No es el Islam o las tradiciones culturales sirias o afganas, sino las ideologías sexistas y machistas presentes tanto en las sociedades de origen como en las de destino de las y los refugiados, así como el racismo y la xenofobia, los que representan un verdadero peligro para cualquier sociedad que se pretenda democrática.
*Investigadora del CIESAS