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5/22/2024

Liderazgos evangélicos despistados y Xóchitl


Ofrecen lo que no está en sus manos dar. Liderazgos evangélicos que apoyan la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez magnifican una representación que no tienen, y a la vez le prometen apoyo en las urnas que muy difícilmente podrán hacer efectivo.

De acuerdo con el censo de 2020 la población protestante/evangélica del país fue de 11.2 por ciento. Al realizar readscripciones que el diseño del cuestionario del Instituto Nacional de Estadística y Geografía coloca en otras posibilidades de responder sobre preferencia religiosa, es probable que el porcentaje de quienes son integrantes del abanico que caracteriza al mundo protestante y evangélico sea en la actualidad de 15 por ciento, incluso más.

El cristianismo evangélico mexicano forma un abanico muy amplio. En él coinciden distintas vertientes confesionales que comparten un núcleo de creencias que las hace diferentes del catolicismo romano. Las afirmaciones centrales del movimiento son, en general, las enarboladas por Martín Lutero, y otros reformadores, en el siglo XVI: Sólo Cristo, la Escritura [Biblia] sola, la gracia sola, la fe sola, la gloria de Dios sola, énfasis a los cuales hay buena base para añadir el sacerdocio de todos los creyentes (C. René Padilla, El legado de la Reforma para América Latina. Riesgos, desafíos y oportunidades , Ediciones Kairós, Buenos Aires, 2017, p. 9). Le adiciona el activismo para ganar conversos y la integración de los mismos a una comunidad de fe en la cual ser discipulados.

Teniendo en cuenta lo anterior es necesario, también, enfatizar que hay varios modelos de bajar, por así decir, los principios mencionados a la realidad organizativa de cada expresión eclesiástica que se reconoce como protestante/evangélica. Lo mismo sucede en asuntos éticos y de preferencias políticas/electorales. Por tanto, es un desatino proyectar el voto protestante corporativo en favor de una opción partidista en las elecciones del 2 de junio.

Los liderazgos que se reunieron ayer con Gálvez, por muy rimbombantes títulos que se adjudican, sólo pueden expresar de manera personal su compromiso con la candidata; es un error pretender que tras ellos haya millones de posibles votantes favorables a la Coalición Fuerza y Corazón por México.

Unos 500 líderes acudieron a la convocatoria para reunirse con Xóchitl Gálvez. Varios fueron a escuchar, sin comprometerse a respaldar la candidatura del personaje que prometió, de llegar al poder, impulsar reivindicaciones pretendidamente protestantes/evangélicas. La reunión contó con el patrocinio de Kingdom Life México (KLM), agrupación que busca reproducir aquí las posiciones de la matriz con sede en Washington, cuya meta es llevar a instancias de poder y representación popular a hombres temerosos de Dios.

KLM ha organizado el que denomina Desayuno Nacional de Oración, el más reciente tuvo lugar el 30 de enero, en el exclusivo hotel St. Regis de la Ciudad de México, acto privado que reunió a líderes empresariales, funcionarios de gobierno, legisladores locales y federales, embajadores, sociedad civil y eclesiásticos de nuestro país con un único objetivo: construir en unidad la mejor versión de México (https://acortar.link/380znf). Kingdom Life, la matriz estadunidense, forma parte del evangelicalismo conservador que vitorea las políticas de Donald Trump. No ahondo más en esta organización, sino que remito a lo escrito en estas páginas por Bernardo Barranco (https://acortar.link/Ec6zCW).

Uno de quienes acordó la reunión con el equipo de Xóchitl anunció que ante un liderazgo [político] caótico y con falta de valores, y que como se hizo a las iglesias a un lado de las cuestiones políticas, ese campo lo tomó mucha gente sin valores ni principios, y ese es el resultado que tenemos hoy en día, en el que nuestra nación ha sido muy dañada. Propone una solución: que lleguen a puestos de poder muchos ministros [que] son profesionales y muy talentosos, los que podrían representar un liderazgo valioso para la nación si fueran candidatos, pero como la ley en México lo prohíbe, no se puede. Desde su óptica lo conducente es cambiar la ley (https://acortar.link/bg00Dy). ¿Estará enterado de la desastrosa actuación de los políticos evangélicos en los países de América Latina donde las leyes facultan su acceso al poder?

Las palabras citadas son de Carlos Gordillo, presidente de la Coalición Internacional Mexicana de Apóstoles. Él y otros que se hacen llamar apóstoles y/o profetas creen que son una casta especial, por lo cual sus feligreses deben obedecerles. Poner en cuestionamiento sus alucines, así como pedirles explicaciones de su pretendida condición cuasi divina, puede desatar estigmatizaciones contra los rebeldes. Muy su gusto electoral el de los personajes que ofrecieron apoyo a Xóchitl. Otra cosa es que la promesa fructifique en el diversificado abanico evangélico/protestante mexicano, el cual mostrará en las urnas su pluralidad política/electoral.

9/09/2020

El PES, segunda temporada



Regresa con las mismas iniciales y propósitos que en su primera temporada. El reciclado Partido Encuentro Social perdió el registro en las elecciones de 2018, por no haber alcanzado el porcentaje mínimo que le habría permitido permanecer en el abanico electoral. Con las mismas iniciales y un ligero cambio en el significado de la última, hoy es Partido Encuentro Solidario, tiene como meta levantar sufragios entre la creciente población evangélica y no le suceda lo de la primera temporada.
En las elecciones de 2015 el PES obtuvo ocho diputaciones federales. Fue resultado de haberse presentado como partido de inspiración evangélica, lema que se difundió eficazmente entre las comunidades religiosas adscritas a la confesión objetivo. Fue allí donde más estuvo laborando para cosechar votos en las elecciones del 7 de junio del año mencionado. Encuentro Social logró que liderazgos, sobre todo neoevangélicos, transmitieran eficazmente que la organización promovería los valores bíblicos desde las posiciones de representación popular.
Para posicionarse de manera importante entre el electorado evangélico, desde el inicio el PES fue pensado para ganarse la simpatía y confianza de tal sector de la población. Por eso el nombre y logo inicial de la organización evocaban un acrónimo de un vocablo griego ( icthus, literalmente pez), cuya primera letra de cada palabra dieron pie a una confesión del cristianismo primitivo: Iesous Xristos Theou Yios Sotare, cuya transliteración al español es Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador (https://bit.ly/2F3CfG5). Por lo cual PES funciona como un código que entiende bien un muy amplio sector del pueblo evangélico, que tiene como símbolo de su fe al pez de la Iglesia primitiva, incluso más que a la cruz.
Desde que en 2001 el PES original obtuvo registro en Baja California hasta 2108 hizo alianzas electorales prácticamente con todo el espectro partidista del país. Lo mismo ha ido con el PRI que con Nueva Alianza, Convergencia y el conservador Partido Acción Nacional. Con este último, en 2006, la directiva pesista, observó con agudeza Luis Hernández Navarro, viró radicalmente en sus alianzas y convino un acuerdo electoral con los adversarios ideológicos del cristianismo evangélico mexicano. El 28 de febrero de 2006 se anunció el pacto con el Partido Acción Nacional para apoyar la candidatura [a la Presidencia de la República] de Felipe Calderón (http://www.jornada.unam.mx/2007/12/24/index.php?section=opinion&article=010a1pol). ¿Qué pensarán ahora en el neo-PES de la forma en qué Calderón se hizo del poder presidencial, lo ejerció y los catastróficos resultados de su sexenio?
Hugo Eric Flores Cervantes, líder/fundador del PES, estuvo solamente seis meses (de diciembre de 2006 a junio de 2007) como oficial mayor de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales. Su salida fue, por decir lo menos, un tanto accidentada. Tiempo después pudo recolocarse y fue parte del equipo de Marcelo Ebrard como director general en la Secretaría de Gobierno del Distrito Federal.
En las elecciones de 2018 el PES apoyó la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. Dado el amplísimo margen con el cual AMLO ganó la Presidencia de la República, con 53 por ciento de los sufragios y más del doble de lo obtenido por el segundo lugar (Ricardo Anaya, con 22.27 por ciento), fue más lo que él aportó al PES que éste al triunfador indiscutible de la jornada electoral.
En términos porcentuales al PES le fue peor que en las elecciones federales de 2015 para diputados. Entonces obtuvo un millón 325 mil 447 votos, 3.5 por ciento de las preferencias electorales. En 2018 la ciudadanía que votó en el casillero respectivo a la Presidencia del país por el PES alcanzó un millón 530 mil 101 votos (2.7 por ciento). En cuanto a diputados federales, Encuentro Social obtuvo un millón 353 mil 941 votos –2.4 por ciento– (https://bit.ly/3bFvxBL). Tampoco en votación para senadores el PES llegó a 3 por ciento. ¿Qué pasó, por qué el electorado natural (protestantes/evangélicos) del PES no le otorgó el sufragio en el porcentaje esperado y hasta celebrado anticipadamente por los pesistas? ¿No acaso en la negociación con Andrés Manuel López Obrador el liderazgo del PES calculó (¿acaso prometió?) que le aportaría por lo menos 2 o 3 millones de votos?
El PES pudo recuperar el registro que antes ostentó con la S de Social. Sus cuadros no son exclusivamente evangélicos, pero sí buena parte de quienes los conforman pertenecen a tal confesión. Consideran parte toral de su agenda impulsar principios valorativos/identitarios dominantes en el protestantismo evangélico, sobre todo en el sector de perfil constatiniano, y van a continuar buscando redefinir la laicidad del Estado para hacerlo, desde su punto de vista, menos restrictivo. ¿Será capaz de mantener el registro después de las elecciones de 2021?

8/12/2020

Encierro y libros




Leer libros para leer la vida. El sencillo y maravilloso acto de leer hace menos torturante el encierro. Con la posibilidad de hacer la mayoría de actividades laborales desde casa, oportunidad negada para millones de conciudadanos, es posible invertir en la lectura el tiempo antes dedicado a traslados de un lugar a otro.
Hoy más que nunca hallo sabiduría y acicate en el soneto La torre, de Francisco de Quevedo, cuya primera estrofa es la más conocida y citada: Retirado en la paz de estos desiertos, con pocos, pero doctos libros juntos, vivo en conversación con los difuntos, y escucho con mis ojos a los muertos. Porque la lectura es un diálogo, en el cual lo leído nos cuestiona sobre asuntos fundamentales de la vida. Es así cuando la obra que nos cautiva inquiere sobre nuestra identidad y propósito vital, y no necesariamente de manera explícita, sino que los cuestionamientos están imbricados cuando el autor cuenta literariamente una historia.
La conversación con los difuntos, nos recuerda Quevedo, es posibilitada mediante el prodigio de las líneas plasmadas en poemas, cuentos, novelas, estudios históricos y en otros campos de las ciencias sociales. De nueva cuenta Juan Rulfo me ha sacudido con las breves narraciones de El llano en llamas, al describir con genialidad y puntillosas palabras la condición marginal de los personajes que pueblan los cuentos de su libro publicado en 1953. En Es que somos muy pobres Rulfo desnuda la tragedia que se agiganta cuando las víctimas son damnificados desde su nacimiento. Él describe literariamente los estragos causados por el sistema posrevolucionarios en vidas de mujeres y hombres, despojados de esperanza y convidados de piedra en la mesa del supuesto desarrollo nacional. ¿Cómo no ver vigencia hoy en Es que somos muy pobres, cuyo rotundo inicio perfila desolación: Aquí todo va de mal en peor? ¿Y qué decir de No oyes ladrar los perros, búsqueda infructuosa de ayuda para salvar la vida?
La segunda estrofa de Quevedo, Si no siempre entendidos, siempre abiertos, o enmiendan, o fecundan mis asuntos; y en músicos callados contrapuntos al sueño de la vida hablan despiertos, alecciona sobre el efecto de lo dialogado en la lectura. La lectura inyecta vida a letras inertes, las líneas resucitadas por los ojos que las recorren infunden, o debieran infundir, nuevas perspectivas en quien lee. Su efecto es ver lo mismo con otros ojos (enmiendan o fecundan mis asuntos), alcanzar a mirar otros horizontes donde todo parecía carente de perspectiva.
Durante el enclaustramiento se han cumplido aniversarios luctuosos de personas entrañables. Algunas de ellas publicaron prolijamente. Otras, como mi padre y mi madre, desbrozaron caminos para que su progenie tuviese mejores condiciones que las vividas por ellos en su respectiva orfandad y pobreza. Frente a tantas desventajas supieron leer la vida, conjugar en su favor las adversidades. Tuvieron sagacidad para, después del punto y seguido, continuar cincelando la conclusión de la nueva narrativa por la que denodadamente trabajaron en favor de sus hijos. Supieron poner, cada uno en distinto momento, punto final a la siembra del árido campo que recibieron, para entregar otro, lleno de benditos frutos. Las grandes almas, que la muerte ausenta, escribió Quevedo en la tercera estrofa, son resucitados por la docta imprenta, y si no escribieron por las líneas pergeñadas en las vidas de otros.
Además de leer volúmenes relacionados con los temas que investigo, y son insumos informativos/reflexivos para redactar ensayos y libros, he dedicado jornadas para volver a los clásicos. ¿Cuál es un libro clásico? Al respecto adopto lo escrito por Manuel Rodríguez Rivero: “De entre todas las definiciones acerca de lo que sea un clásico, siempre he preferido la más subjetiva y arbitraria: un clásico es una obra que cambia tu vida, como cambió antes la de otros. Algo que enlaza con aquella definición de Italo Calvino (en Por qué leer los clásicos, Tusquets): ‘Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él’” (https://elpais.com/cultura/2015/04/08/babelia/1428501186_478970.html).
Lectura y vida son vasos comunicantes. Leer por mero ejercicio académico, sin conectar con las entrañas, puede suministrarnos datos, pero dejar intacto el corazón. Bien lo dijo Gabriel Zaid: Lo que vale de la cultura es qué tan viva está, no cuántas toneladas de letra muerta puede acreditar.
Una de las debacles heredadas por quienes depredaron salvajemente a México es que la lectura consuetudinaria es asunto de un bajo porcentaje de la población. Salvo valiosas excepciones, tal pareciera que el sistema educativo mexicano está diseñado para ahuyentar de la lectura al estudiantado. Tal vez tendríamos mejores herramientas para leer qué lecciones nos deja la pandemia de Covid-19 si nuestra sociedad, por fin, hiciera suya la revolución del alfabeto.

7/29/2020

El Presidente, la Biblia y el cubrebocas




Al presidente le gusta citar la Biblia. Lo hace no nada más por gusto literario, sino que menciona pasajes de la obra para justificar algunas decisiones como titular del Poder Ejecutivo. Lo singular de su caso es que, durante su larga trayectoria política, muy enfáticamente ha expresado admiración por Benito Juárez en cuanto a la decidida lid que dio el personaje por separar la Iglesia y el Estado.
A diferencia de sus recientes antecesores en el cargo presidencial, Andrés Manuel López Obrador sí es lector. Tiene un amplio abanico de lecturas, particularmente le interesa documentarse sobre historia de México y, dentro de la misma, tiene fuerte inclinación por los liberales del siglo XIX. Respecto de la Biblia, en contraste con Enrique Peña Nieto, quien dijo que la Biblia era uno de los libros leídos por él, López Obrador sí deja ver que no solamente lee, sino que ha estudiado bastantes pasajes bíblicos y los toma para normarse ­conductualmente.
Un ejemplo reciente del conocimiento que tiene de la Biblia salió a relucir en la conferencia del 20 de julio. Aseguró que no variará la estrategia de cómo está enfrentando al crimen organizado: Yo sigo sosteniendo lo mismo, a portarnos bien, que sean abrazos, no balazos; eso de que no me va a temblar la mano, el ojo por ojo, diente por diente, la ley del Talión, eso está en el Antiguo Testamento. En el Nuevo Testamento, ya es otra doctrina. Me adhiero a lo que está en el Nuevo Testamento, no coincido con la ley del Talión, si a esas nos vamos, nos vamos a quedar tuertos o chimuelos. Además de haber citado implícitamente Éxodo 21:24 y Mateo 5:38-42, Andrés Manuel evocó el comentario de Mahatma Gandhi sobre la ley del Talión: ojo por ojo y el mundo acabará ciego.
AMLO bordeó un tema que tiene larga historia y un gran número de intérpretes, la imagen del Dios iracundo veterotestamentario que parece contraponerse a la del Dios compasivo y tierno de la encarnación que refleja el Nuevo Testamento. Hay hermeneutas que señalan franca oposición entre uno y otro. Algunos más consideran que no hay contraposición, sino transformaciones en la que llaman historia de la salvación y revelación progresiva. Ésta consiste, según la narración bíblica, en el aumento gradual de la luz hasta llegar a su máxima intensidad en lo que el Evangelio de Juan llama el Verbo encarnado, es decir, Jesucristo. Por lo que dijo, el Presidente no es ajeno a tareas exegéticas y hermenéuticas de los textos bíblicos. Puede que le interese el libro de John Dominic Crossan, Cómo leer la Biblia y seguir siendo cristiano. Luchando con la violencia divina desde el Génesis hasta el Apocalipsis (Editorial PPC, Madrid, 2016).
Nuestro Presidente sostuvo que la política para hacerle frente a la desmedida violencia de los cárteles tiene sustento en enseñanzas del Nuevo Testamento, en consecuencia tal vez podría hacer lo mismo con el uso del cubrebocas. Hay tres pasajes neotestamentarios que podría sopesar para revalorar su decisión de no usarlo, y la repercusión que tal decisión tiene en un gran sector de la población que le reconoce, me incluyo, amplio poder para moldear conductas personales/sociales.
Como bien saben los lectores de la Biblia, y el Presidente lo es asiduamente, Jesús gustaba enseñar mediante parábolas y tomando elementos de la vida cotidiana. En el capítulo 16 del Evangelio de Lucas, conversando con sus discípulos, refirió una historia sobre congruencia/incongruencia, y concluyó: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto (versículo 10). En otra ocasión, esta vez confrontando a fariseos y escribas, les aclaró que era una falsa disyuntiva oponer el piadoso cumplimiento de las leyes religiosas y hacer a un lado la solidaridad y la justicia social: Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello (Mateo 23:23). Finalmente, los contemporáneos de Jesús creían que actuaban correctamente si no dañaban a otro(a)s, él fue más allá y cambió la norma: Así que en todo traten ustedes a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes. De hecho, esto es la ley y los profetas (Mateo 7:12).
Por la posición que tiene Andrés Manuel López Obrador haría bien si hace a un lado la práctica de no usar cubrebocas. Llevar el pequeño artefacto en sus actos públicos sería un poderoso mensaje de que también tiene particular cuidado en los detalles (ser fiel en lo poco). Está bien, como dice el Presidente, que él guarda la sana distancia, pero ello no tiene por qué contraponerse a llevar cubrebocas (hacer esto sin dejar de hacer aquello). Por último, Andrés Manuel daría muestra de solidaridad y compasión (ponerse en los zapatos de otro/as) que, a diferencia de él, no tienen un entorno controlado, sino que deben arriesgarse todos los días y usar el transporte público para ir a sus actividades. Se le conoce como la regla de oro, hacer a otros el bien que deseamos para nosotros.

7/15/2020

Covid-19: primeros saldos


Carlos Martínez García
Nadie estaba preparado para una pandemia de ciencia ficción. El mal nos tomó por sorpresa y sin bagaje para comprender sus alcances. Con ciertos matices, en unos lugares más que en otros, pero las reacciones han sido similares en los países que conforman la villa global.

Cuando los contagios explotaron en China, fuera de virólogos que visualizaron la dimensión de lo que podría diseminarse, las autoridades de cada nación carecían de información comprensible para quien no es científico y consideraron lejana la posibilidad que a su territorio llegase con fuerza devastadora la nueva peste. Por tanto, no informaron sistemáticamente a la población sobre la imperiosa necesidad de comenzar a prevenirse rediseñando los hábitos personales y comunitarios.

Sé bien que la experiencia personal no puede ser normativa. A menudo, por aquí y por allá, incurrimos en generalizar lo vivido y pretendemos absolutizar lo que nos sucedió para extenderlo, como regla, a los demás. Dicho lo anterior, relato una vivencia: a principios de enero estuve una semana en Nueva York. El motivo era participar en un congreso de historiadores. La sede fue un hotel situado en el corazón de Manhattan. Aunque habían quedado atrás las fiestas de fin de año, la ciudad continuaba con el alumbrado público de Navidad y Año Nuevo. Impresionaba ver pletóricas de gente Times Square, Rockefeller Center, el Museo Metropolitano de Arte, la Torre Trump (en cuya entrada personas hacían fila para tomarse fotos) y las avenidas que confluyen al Central Park, y, particularmente, las tiendas de todo tipo. Para entonces el Covid-19 ya estaba causando estragos en China. Nueva York continuaría con el ajetreo descomunal que la caracteriza y pronto estaba registrando el mayor número de contagios en Estados Unidos. Con todos los recursos a su disposición, en EU no hubo la capacidad para prever el cataclismo que irrumpió sembrando muertes. Lo mismo pasó en otras pares de la aldea global.

Pese a contar con medios para explicar continuamente la naturaleza del Covid-19, ser eficaces en transmitir datos duros con el objetivo de hacer dominante la narrativa científica y, por tanto, poner en marcha campañas pedagógicas para que la gente comprendiera la complejidad del virus en términos asequibles a su universo semántico, en unos lugares más que en otros los políticos y especialistas fallaron en cumplir la tarea. Es cierto que tal ejercicio informativo no era, ni es, sencillo de llevar a cabo porque el flagelo estaba en desarrollo y no se tenían antecedentes como para enfrentar algo similar; sin embargo, hoy más que nunca es posible alcanzar a casi toda la población a través de medios tradicionales y las redes sociales. Pese a estos recursos, es de llamar a reflexión la causa por la cual en segmentos importantes de la ciudadanía fructifican explicaciones conspiracionistas y mágicas acerca del origen y alcances de la pandemia, y no son pocos quienes niegan la existencia del virus. En pleno siglo XXI sigue reverdeciendo el árbol de lo misterioso y taumatúrgico.

En el caso mexicano la letalidad del virus encontró muy debilitado al sistema de salud pública. La herencia maldita de anteriores administraciones en este rubro, al igual que en otros, evidenció agujeros inmensos. Hospitales, incluso los de especialidades, con escasa infraestructura y poco personal bien capacitado para enfrentar al diminuto monstruo (sólo por su tamaño, mide 80-120 nanómetro, y un nanómetro es la milmillonésima parte de un metro), debieron toparse con un adversario eficaz en sus demoledores daños y echar mano de valor e ingenio para intentar ponerle freno a los estragos. Además de la histórica debilidad hospitalaria, el sector salud padeció en el nuevo año disminuciones presupuestales, despidos de médicos y enfermeras, lo que debió remediarse bajo presión de la inminente llegada del virus. La falta de implementos y equipos adecuados ha sido exhibida por trabajadores de la salud, y tal insuficiencia es real más allá de quienes magnifican el problema motivados por intereses políticos.

Si en el momento de proferir que el Covid-19 era enfermedad de ricos la declaración fue completamente ridícula, hoy el gobernador de Puebla, Luis Miguel Barbosa, debe engullir cotidianamente sus palabras porque, de acuerdo con Héctor Hernández Bringas, del Centro Regional de Investigaciones Multidisciplinarias de la UNAM, autor de Mortalidad por Covid-19 en México. Notas preliminares para un perfil sociodemográfico, 71 por ciento de los decesos por la pandemia han sido de personas con escolaridad primaria o menor. El virus se ha ensañado con los más pobres, porque sus condiciones de vida son desventajosas y por ello tienen mayor vulnerabilidad.

No debemos quedarnos en el recuento de los daños y cuáles fueron sus causas. El examen tiene que servir para reconstruir el entramado nacional, de tal forma que los desprotegidos de siempre no sean víctimas propiciatorias.

7/01/2020

Iglesias y Covid-19


Actitudes y respuestas han sido plurales. Ante la pandemia de Covid-19 las asociaciones religiosas de diferentes confesiones tienen explicaciones y activismo de variados talantes. Como a la sociedad en general, los colectivos religiosos debieron desarrollar objetivos sobre la marcha, dado lo inédito del flagelo y las consecuencias con que ha golpeado al orbe entero.
En cuanto a intentar explicar por qué se desató la nueva plaga, el abanico de respuestas, interpretaciones y respuestas es muy amplio. Sobran los videntes que reivindican haber advertido sobre la irrupción del mal y muestran fantasiosas evidencias que convencen a quienes previamente están dispuestos a creer en personas que, supuestamente, tienen poderes sobrenaturales. Otros y otras, particularmente en el mundo evangélico y posdenominacional, creen encontrar profecías en la Biblia que adelantaban la presencia y rápida extensión de la calamidad como consecuencia de la rebeldía del género humano.
Abundan las argumentaciones apocalípticas, de las que echan mano lectores superficiales de la última sección del Nuevo Testamento. Recordemos que el autor de Apocalipsis, Juan (distinto de quien redactó el cuarto Evangelio), era un judeocristiano que parece haber emigrado de Palestina en los años de guerra y convulsiones de 67 a 73 dC y probablemente se integró a círculos cristianos en Éfeso (Xabier Pikaza, Gran diccionario de la Biblia, segunda edición, Editorial Verbo Divino, 2015, p. 94). Se encontraba en la isla de Patmos, desde donde escribió las visiones que tuvo y posteriormente comunicó a las comunidades cristianas. Apocalipsis es más un mensaje para infundir esperanza en comunidades que confrontaban peligros, que un conjunto de predicciones en torno a la consumación de los tiempos.
El teólogo costarricense Juan Stam nació en Estados Unidos, pero con tantas décadas de residir en Costa Rica prefiere ser presentado como tico, es autor de un comentario monumental sobre Apocalipsis, tanto por el número de páginas como por la erudición expuesta (cuatro tomos), ha explicado detalladamente las claves para comprender fondo y forma de las últimas páginas del Nuevo Testamento. En octubre de 2002 Stam incluso tuvo una larga conversación sobre el tema con Fidel Castro. Participaba en La Habana en un encuentro sobre la Reforma protestante. Junto con pastores, fue invitado a conversar con Castro. Cuando el comandante preguntó: Ustedes que son pastores, ¿cómo entienden el Apocalipsis? Las miradas de los invitados se dirigieron al teólogo y él tomó la palabra. Stam comenzó por aclarar que el término “no significa catástrofe, hecatombe o calamidad, sino la manifestación (el significado de apocalipsis) de esperanza en Cristo Jesús”. Después enfatizó que uno de los propósitos del escrito era llamar a la conversión y a la conciencia para seguir el ejemplo de Cristo. Concluyó llamando la atención a las fuertes críticas que Juan de Patmos lanza contra el imperio romano, sobre todo por sus injusticias económicas, su sangriento militarismo y su idolatría (https://protestantedigital.com/sociedad/40867/La_noche_que_a_Fidel_Castro_le_predicaron_el_Evangelio).
Mientras un sector de líderes e iglesias se han dedicado a diseminar temor, incertidumbre y proferir amenazas porque la ciudadanía no sigue lo que enseñan, en otros espacios eclesiásticos los proyectos de servicio tienen repercusiones importantes. La flexibilidad de redes, sobre todo de grupos con mayor horizontalidad, menos centrados en figuras carismáticas y centralizadoras, estimula movilizaciones hormiga que contribuyen a paliar necesidades urgentes de correligionarios pero también de la población en general. No hay forma de conocer el alcance social de estas iniciativas solidarias. Sin embargo, su existencia es señal de compromisos de fe que tienen expresiones muy concretas en tiempos en que palabras de consuelo y el respaldo con víveres y medicinas se conjugan para enfrentar menos desfavorablemente los estragos de la pandemia.
La vida litúrgica de las iglesias, la mayoritaria y las minoritarias, también ha cambiado drásticamente. Particularmente en las que los congregantes tienen intensa participación en reuniones generales y/o distintos cursos de capacitación. Facebook, Zoom y otras plataformas son usadas por agrupaciones religiosas de todo tipo para transmitir servicios de oración, cultos dominicales, talleres educativos y hasta ceremonias funerarias, por las restricciones sanitarias no es posible asistir a despedir víctimas fatales del Covid-19.
Los daños económicos igualmente alcanzan a las iglesias. Sea porque una considerable parte de la feligresía se ha quedado sin o pocos ingresos, sea debido a que, al no asistir físicamente a los templos, los aportes monetarios dejan de darse, lo cierto es que la vida de los colectivos eclesiásticos se ha trastocado y, parece, traerá transformaciones más allá de la coyuntura presente.

6/03/2020

Trump y la Biblia como amuleto


La foto de Donald Trump con la Biblia forma parte de su estrategia mediática para enfrentar las movilizaciones que considera terroristas. Para caminar hacia donde la fotografía sería tomada, la Iglesia Episcopal de San Juan, el presidente no vaciló en ordenar a fuerzas de seguridad que dispersaran, con gases y balas de goma, a quienes protestaban en las afueras de la Casa Blanca contra el sistema que violenta reiteramente a grupos de la población estadunidense.
Trump sabe bien que la imagen levantando la Biblia tiene valor para segmentos importantes del pueblo. Enarboló el libro como amuleto para conjurar las vigorosas movilizaciones ciudadanas que se activaron a consecuencia del asesinato de George Floyd, acto que con saña perpetró el policía Derek Chauvin. La imagen elegida por Trump es otra afrenta a la memoria de Floyd y artero golpe simbólico a millones de afroestadunidenses que tienen la Biblia como elemento central de su identidad y forma de situarse ante el mundo.
Ha estado circulando una fotografía de Floyd en que tiene la mano derecha en alto y sostiene una Biblia. Le acompañan integrantes de la Iglesia Resurrección donde se congregaba en Houston, Texas. De acuerdo con Patrick Ngwolo, quien fue su pastor, Big Floyd fue clave para promover acciones de servicio eclesial en el conflictivo barrio Cuney Homes y lo recordó como un hombre de paz. ¿Conocía Trump la fotografía de Floyd con la Biblia? ¿Al hacerla propia, el presidente quiso contraponer la suya a la de Floyd, y así intentar anotarse una victoria en el terreno simbólico?
En la historia del pueblo afroestadunidense la Biblia ha sido herramienta de emancipación. No por casualidad los blancos esclavistas prohibieron la lectura bíblica o bien expurgaron la obra de pasajes peligrosos, como en los que se habla de igualdad del género humano, derechos de los trabajadores, denuncias de los profetas contra el pecado estructural convertido en sistema y que sólo habrá paz si reina la justicia.
En la obra de la escritora afroestadunidense Toni Morrison está la influencia de la Biblia no sólo en títulos de sus novelas y nombres de los personajes, sino que las Escrituras aparecen como intertexto en la trama narrativa y las claves interpretativas presuponen cierto conocimiento bíblico (Shirley A. Stave, editora, Toni Morrison and the Bible: Contested Intertextualities, New York, Peter Lang Publishing, 2006). Una de las tradiciones de las iglesias afroestadunidenses es el sermón que dialoga con sus oyentes, les incluye y desafía para que tomen distintos compromisos y desarrollen determinadas acciones. Las características anteriores estaban presentes en las predicaciones y discursos políticos del pastor bautista Martin Luther King. Toni Morrison utiliza tal herencia expositiva y la incluye notablemente en dos de sus novelas más conocidas: Song of Solomon y Beloved (Christopher Connell, Comparing two Christian Sermons: Morrison’s Song of Solomon and Beloved, Cleveland, John Carroll University, 2017).
Morrison es representativa de una cultura permeada por la Biblia. Bien lo afirma Jeroslav Pelikan cuando escribe que es difícil imaginar una cultura impregnada de mayor sentido bíblico que la de los esclavos africanos en América. Para los afroestadunidenses “la Biblia se convertiría en parte integrante de sus vidas, como quedaría plasmado con increíble profundidad en la música indígena de los ‘espirituales’. Además, los temas de la cautividad y la liberación del libro del Éxodo expresaron en esta tradición una profundidad de sufrimiento y de fuerza desconocida hasta entonces” ( Historia de la Biblia. Barcelona, Editorial Kairós, 2008, pp. 267 y 268). Sí, los afroamericanos son los hijos de la esclavitud. Y la Biblia, como ningún otro libro, es el libro de los hijos de la esclavitud, e inspirados en la obra han creado portentosas expresiones culturales (Allen D. Callahan, The Talking Book. African Americans and the Bible, New Haven-London, Yale Universsity Press, 2006).
En la campaña por la presidencia de EU, Trump aseveró que era asiduo lector de la Biblia. No lo es, echó mano del engaño para cautivar a un importante sector del electorado con el fin de atraerse votos. El presidente es dado a los rituales y expresiones de religiosidad que no lo comprometen éticamente. Ahora, con la argucia de levantar la Biblia, busca conjurar la indignación que con sus acciones y amenazas él mismo ha desatado.
Aprovechando que Trump dice venerar la Biblia tal vez podría leer los siguientes pasajes: Isaías 1:10-20; los nueve capítulos del profeta Amós, que en la English Standard Version tiene ocho páginas y la predicación libertaria de Jesús, Lucas 4:16-20. Por cierto que después de la predicación, iracundos nacionalistas le llevaron hasta la cumbre del monte sobre el cual estaba edificada la ciudad de ellos, para despeñarle.

5/20/2020

Rediseñar la conferencia mañanera



Tal vez sea hora de rediseñar el principal instrumento comunicacional del Presidente. La conferencia de prensa diaria le permitió a López Obrador, desde la época en que encabezó el Gobierno de la Ciudad de México, fijar agenda política y ganar espacio para su proyecto en distintos medios informativos. La desde entonces llamada mañanera resultó muy creativa y rompió moldes para dar a conocer desde el gobierno puntos de vista y acciones emprendidas.
La cuestión ahora es, me parece, revaluar la conferencia cotidiana, su dinámica, pertinencia y efectividad. Nadie tiene la capacidad comunicativa de Andrés Manuel López Obrador, ni en las filas de su administración y menos en las menguadas fuerzas opositoras. En la última campaña presidencial, con pocos recursos para posicionarse en la prensa tradicional, encontró formas de hacer llegar mensajes a la población que después eran replicados en las que denominó benditas redes sociales. La magra inversión lopezobradorista en prensa fue milagrosamente multiplicada gracias a ejercicios difusores realizados por una buena parte de la sociedad civil.
El Presidente ha continuado con su modelo de comunicación y el mismo comienza a evidenciar puntos débiles, que de solucionarse podrían inyectarle nuevos bríos a la conferencia mañanera. Una manera de hacerla más dinámica es delimitar el tiempo que dura el encuentro con reporteros y reporteras. Frecuentemente AMLO está en el atril y el micrófono más de una hora y, en no pocas ocasiones, ha excedido 90 minutos. Bien podría ceñirse máximo a una hora, anunciar que, cumplido el periodo, termina la conferencia y si quedan temas pendientes informar mediante comunicados escritos, boletines de prensa.
Directamente proporcional a la extensión temporal de las mañaneras es la probabilidad de divagar e incurrir en dislates y gazapos. Además el Presidente es dado a improvisar, externar pareceres y estados de ánimo que no coadyuvan a mantener la ecuanimidad ni estimulan el análisis detenido de un equis tema sobre el cual fue preguntado. Andrés Manuel López Obrador es instintivamente hábil ante los cuestionamientos y podría obtener mayor ventaja de tal habilidad de no extenderse, ni ser reiterativo, al responder preguntas recurrentes y fuera de lugar.
Al Presidente le gusta el beisbol y sabe, como buen conocedor del deporte brillantemente narrrado por el Mago Septién, que un buen bateador no le tira a todas las bolas. Unas hay que dejarlas pasar, otras evitar que lleguen a zona de strike y unas más saber leerlas para pegar de hit o saborear la gloria del jonrón. Tirarle a lo que venga es ponerse de pechito ante quienes buscan el ponche. Prácticamente AMLO responde, o intenta hacerlo, a todas las preguntas que le lanzan. En muchas ocasiones es mejor dejar pasar la interrogante o comentario a que son dados varios asistentes cotidianos a la mañanera. Nadie puede tener datos acerca de todo, y es temerario intentar siquiera bosquejar respuestas carentes de sustento. López Obrador con frecuencia cita la Biblia, posiblemente podría recordar para sí mismo, cuando alarga el tiempo y es prolijo en palabras, dos citas de Proverbios: El que mucho habla, mucho yerra; el que es sabio refrena su lengua (10:19) y El que retiene sus palabras tiene conocimiento, y el de espíritu sereno es hombre entendido (17:27, Nueva Versión Internacional).
Es frecuente que durante las conferencias de prensa diarias AMLO abra frentes que disminuyen su atención de asuntos más urgentes para la ciudadanía. En distintas ocasiones, perdiendo el timing político, ha caracterizado erróneamente causas y movilizaciones ciudadanas y al hacerlo siembra justificadas molestias en el colectivo estigmatizado. Fue el caso de las vigorosas demostraciones de las mujeres antes de la emergencia sanitaria causada por el Covid-19, que minimizó en lugar de reconocerles la justeza por la cual salieron masivamente a las calles. Después, en pleno enclaustramiento para intentar disminuir el contagio de la pandemia, el Presidente, contradiciendo datos de su propio gobierno y abundante información de organizaciones que acompañan a mujeres víctimas del machismo, declaró que no había aumentado la violencia doméstica. Fue más allá, e hizo una descripción idílica del núcleo familiar mexicano: La familia en México es excepcional, es el núcleo humano más fraterno, esto no se da en otras partes, lo digo con todo respeto. Entonces si queremos medir violencia familiar en México con los mimos parámetros de otras partes del mundo no aplica del todo. Sin duda hay familias fraternas, otras son nidos de alacranes.
AMLO tiene abundantes herramientas para reorientar las mañaneras, hacerlas más llamativas y menos rijosas. Si bien es cierto que tiene adversarios que usan distintas tribunas para difundir fake news, el Presidente posee reservas morales para saber confrontarles sin soltar una y otra vez adjetivaciones que se desgastan de tanto usarlas.

5/06/2020

Profeta apocalíptico



Hace dos días habría cumplido años. Nuestro mayor profeta, Carlos Monsiváis, tiene casi ya una década de haber fallecido. Al decir que tenía dones de profeta no me refiero a que hiciera vaticinios sobre acontecimientos por venir, tampoco visiones vedadas a los demás y solamente asequibles a él. Más bien a su capacidad de saber leer los tiempos, sacar lecciones de esa lectura y anticipar posibles desenlaces.
Carlos leyó asiduamente la Biblia. Siempre aclaró que su traducción preferida era la Biblia del Oso, cuya primera edición es de septiembre de 1569. La tradujo al español, del hebreo y griego, Casiodoro de Reina, ex monje agustino convertido al protestantismo. Reina salió de España para huir de la Inquisición y tras 12 años de exilio pudo completar la traducción bíblica. Monsiváis leyó desde la infancia la versión antigua, la revisión de 1909 que puso al día términos en desuso pero conservó la elegancia del trabajo hecho por el traductor original.
Uno de los libros bíblicos más citados por el profeta de Portales fue el Apocalipsis. En ocasiones mencionó explícitamente la última sección del Nuevo Testamento, en otras implícitamente recurrió al imaginario apocalíptico y el mismo fungió como palimpsesto sobre el que Carlos plasmó crónicas acerca de la Ciudad de México.
Para lectores de la Biblia era reconocible la actualización o metáfora monsivaisiana del Apocalipsis. La fascinación literaria de Monsiváis por el segmento final del Nuevo Testamento lo llevó a relaborar en varias ocasiones un texto que primero tituló Patmos esquina con Eje Central (https://www.nexos.com.mx/?p=4934). Patmos es la isla desde la cual Juan escribió el Apocalipsis, en los años finales del primer siglo. Por su parte, el émulo joanino redactó el neoapocalipsis en San Simón número 62, a pocas cuadras de la estación del Metro Portales.
Aquí las primeras líneas de Patmos esquina con Eje Central: Bienaventurado el que lee, y más bienaventurado el que no se estremece ante la espada aguda de la economía, que veda la entrada al dudoso paraíso de libros y revistas, en estos años de ira, de monstruos que ascienden desde el mar, de blasfemias y de dragones a quienes seres caritativos filman el día entero para que nadie se llame a pánico y se les considere criaturas mecánicas y no anticipos de la feroz desolación. El paralelismo con el escritor de la primera centuria de nuestra era es manifiesto, y es mayor conforme avanzamos en la lectura de la visión de Carlos respecto de la monstruosidad de la capital.
El rescritor, así conocido por su obsesión de corregir, ampliar y revisar constantemente lo redactado a mano, extiende el artículo de Nexos y lo incorpora como capítulo final de Los rituales del caos (1995). Cambia el título por el de Parábola de las postrimerías. El Apocalipsis en arresto domiciliario. La urbe se va ampliando y asimila todo en este proceso, en el cual la constante es el tan acelerado crecimiento geográfico y la explosión poblacional que la macrópolis, visiona Monsiváis, ya llegaba por un costado a Guadalajara, y por el otro a Oaxaca.
El recurso apocalíptico para describir la singularidad de la ciudad es, nuevamente, evidenciado por Monsiváis en un largo escrito publicado en el suplemento literario y cultural de La Jornada. Aquí entrelaza datos devastadores e imágenes esperanzadoras de la metrópoli. Por medio de cuatro ángeles (noticiarios del Apocalipsis) que revelan datos y cifras del gigantismo capitalino, el cronista traza un panorama desolador en algunos puntos por el deterioro de la vida cotidiana de sus habitantes. Lo azaroso de la convivencia en la ciudad (la escatología urbana prodiga imágenes del Apocalipsis privatizado, o secuestrado en los domicilios), su martirio consuetudinario para millones de todas maneras sigue atrayendo multitudes: Y debido al funcionamiento imprevisible de la urbe, o a la certidumbre secreta (utopía urbana es sobrevivir a diario en la catástrofe, es multiplicar familias en los resquicios del trazo apocalíptico), todos se quejan pero pocos se van, y no por una banalidad como el arraigo, sino tal vez por un motivo metafísico como el presentimiento del Juicio Final (https://www.jornada.com.mx/1999/04/04/sem-monsi.html).
Monsiváis, es bien sabido, era ávido lector. En la mejor tradición protestante ejerció el sacerdocio de la lectura, puso sus hallazgos y análisis al servicio de la colectividad. La voraz lectura de libros y revistas le aportó a la matriz cultural en la que se formó instrumentos para leer la realidad y vislumbrar en ella transformaciones socioculturales embrionarias que después se asentaron en el país. Él percibió con agudeza cómo reivindicaciones que inicialmente movilizaban a pequeños grupos iban ganando conciencias en la sociedad mexicana. Sobre el tópico es aleccionador su Entrada libre: crónicas de la sociedad que se organiza (1987). ¿Qué cambios germinales podemos ver por la pandemia del Covid-19?

4/08/2020

El bálsamo de la lectura




La Jornada: 
Carlos Martínez García


Enclaustrado pero en múltiples lugares a la vez. Mediante la lectura de artículos y libros se me ha concedido traspasar el encierro recomendado por las autoridades. Sé que otros millones de ciudadano(a)s no pueden guardar la cuarentena porque deben salir a procurar el sustento cotidiano, evaden el resguardo dado que carecen de alternativas viables para obtener ingresos. Es un drama que nos debe llevar a replantear el modelo de sociedad al que aspiramos.
Hace tiempo y en estas páginas referí cómo fue que me hice lector tardío (https://bit.ly/3bXDQI4). En mi hogar no había libros y el descubrimiento de la lectura aconteció en la adolescencia. Desde entonces leer forma parte de mi cotidianidad, no para saber más sino para ignorar menos, como habría dicho Sor Juan Inés de la Cruz. De forma paulatina fui percibiendo que la lectura es un acto personal pero no solitario. Es, por lo menos, un diálogo con el autor(a), que puede ampliarse a una comunidad que en diversos lugares y momentos expresa su parecer sobre una determinada lectura común.
Al igual que para el enorme poeta Jaime Sabines, mi libro de cabecera es la Biblia, en la traducción de Casiodoro de Reina (1569) y revisada por Cipriano de Valera (1602). La versión que uso es la conocida como revisión de 1960. Por la lectura, que permite viajar en el tiempo, he podido estudiar la Epístola a los romanos junto con comentaristas de la misma de distintos milenios: San Agustín (siglo IV), Martín Lutero (XVI) y Karl Barth (XX). El escenario del encuentro con dichos gigantes ha sido mi mesa de trabajo.
El valor de los libros no es tanto la información que nos dejan al leerlos, sino su potencial para ayudarnos a descubrir nuestra grandeza y/o fragilidad humana, nuestra estupidez pero también aumentar el ánimo para gastar la vida de otras formas. La lectura, cuando marca sus improntas en nosotros, nos permite mirar la vida desde nuevos ángulos y posibilidades.
Un gran lector, José Emilio Pacheco, acertó al escribir queNo leemos a otros: nos leemos en ellos. Leer no puede ni debe ser un sustituto de la vida. Encerrarse en páginas y páginas de papel, o en formato electrónico, para evadir sistemáticamente la realidad es practicar un aislacionismo que reduce nuestro potencial humano, porque nos forjamos mejor en contacto con los otros, ya sean parecidos o completamente distintos a nosotros. Bien lo dice Marguerite Yourcenar en Memorias de Adriano:Mucho me costaría vivir en un mundo sin libros, pero la realidad no está en ellos, puesto que no cabe entera.
De otra manera lo plasmó José Emilio Pacheco en un, para mí, conmovedor poema, Literatura y realidad, que reproduzco sin estrofas:El tremendismo de la realidad, su incurable tendencia al melodrama y a lo absurdo. La realidad es psicópata: jamás se compadece de sus víctimas. Hace trampa al jugar con la esperanza. Todo lo escribe mal con letras chuecas llenas de errores de sintaxis. Ignora el ritmo, el tono, la armonía. Confunde los papeles asignados. Olvida lo que dijo en la otra página. Debería entrar en un taller literario, aprender cuando menos rudimentos de verosimilitud, coherencia y orden. Sin embargo posee en alto grado una virtud artística suprema: no se repite nunca, siempre es nueva, siempre nos deja con la boca abiertaLos días que no se nombran. Antología personal, Ediciones Era, 2014, p. 414).
En estos días de confinamiento leer es un bálsamo. No debe ser mecanismo de evasión ni negación de la realidad, sino posibilidad de mirarnos de tal manera que, tal vez, estimule la construcción de entramados personales y comunitarios. Porque la lectura es uno de los factores que fortalecen la ciudadanía. Ayuda a conformar una personalidad democrática, aunque, debemos decirlo, no lo hace de forma automática. La búsqueda constante de información, ideas, propuestas y nuevos horizontes es una característica de quienes buscan construir democracia en todos los órdenes de la sociedad.
Los lectores que combinan libros y vida, a diferencia de aquellos a quienes pareciera sólo interesarles sumar páginas consumidas a su currículo, están mejor capacitados para contagiar a otros la pasión de multiplicar los espejos milenarios, centenarios, de hace unas décadas o de hoy que están por muchas partes. Espejos en espera de alguien que quiera contemplarse y, así, contribuir a que más busquen asomarse a la aventura de verse reflejados sin, como Narciso, quedar absortos e inmovilizados por lo que vieron. No espejos que inmovilizan, sí libros que amplían los senderos de la vida.
Sí, la lectura es bálsamo,sustancia medicinal aromática que se aplica sobre la piel para curar heridas, llagas y otras enfermedades, dice el diccionario. Es ejercicio de introspección, tiempo para examinarnos. Ya lo dijo bien el Eclesiastés, “todo tiene su tiempo […] Tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar”.

3/25/2020

Jugársela en la calle

La Jornada: 
Carlos Martínez García
Mi padre y mi madre eran vendedores ambulantes. Lo recuerdo con sentimientos encontrados en estos días en que se hacen llamados a permanecer en casa. Como ellos antes, hoy millones de personas en el país deben salir a procurarse ingresos para hacer frente a gastos de la vida cotidiana.

Mis padres tuvieron que buscar cómo emplearse desde la infancia, ambos quedaron huérfanos de padre (ella porque el suyo murió, y él debido a que su engendrador huyó de cualquier responsabilidad paterna). Desde entonces aprendieron aceleradamente a ganar magros recursos que compartían con otros integrantes de sus respectivas familias. Mi padre alcanzó a concluir la primaria en el Centro Escolar Revolución, escuela donde aprendió el oficio de impresor. Pudo entrar a laborar en la Editorial Novaro, que publicaba libros y buen número de revistas y cómics.

Mientras, su esposa combinaba el trabajo del hogar y el cuidado de sus primeros hijos con pequeñas ventas de distintos artículos a familiares y amistades. Él dejó su empleo, y ambos decidieron vender una amplia gama de mercancias afuera de escuelas, por entrega a domicilio y, finalmente, en tianguis.
Al inicio dije que durante mi confinamientio preventivo en estos días del Covid-19 me ha llegado con sentimientos encontrados el recuerdo del autoempleo que se procuraron mis padres. Un sentir es de muy profundo agradecimiento, porque la esforzada pareja siempre nos dijo a mis hermanos y a mí que fuéramos responsables en los estudios escolares, que si ellos salían todos los días a realizar ventas callejeras no era por mero gusto, sino porque anhelaban que sus hijos tuvieran un mejor horizonte y, remarcaban, estudiar era la salida que a nosotros se nos ofrecía si sabíamos perseverar.
Sin saberlo, mis padres estaban transmitiendo a su parentela un consejo, exhortación, que la memoria me trae al momento de teclear lo redactado y que leí en estas páginas. Luis Hernández Navarro, con una cita que hizo, le dio palabras certeras a lo que mis padres me imbuyeron con su ejemplo de vendedores ambulantes para que yo pudiese tener –me decían– mejores oportunidades laborales:Cuando se nace pobre, estudiar es el mayor acto de rebeldía contra el sistema. El saber rompe las cadenas de la esclavitud, Tomás Bulat (https://www.jornada.com.mx/2016/10/25/opinion/017a2pol).
Además del agradecimiento que crece cada día, otro sentimiento y reflexión me ha movido estos días a ponerme en los zapatos de mis padres, y en los de millones que, como ellos, sólo tienen espacio laboral en las calles. Los millones de conciudadanos que se mueven en la economía informal no pueden aislarse y guardar cuarentena, porque, de hacerlo, ¿cómo van a cubrir los gastos diarios?, ¿qué opciones viables tienen si se confinan en sus pequeñas casas, o cuartos, y carecen de ingresos para enfrentar la emergencia sanitaria? No es irresponsabilidad lo que les impele a salir y ofrecer alguna mercancía o servicio, es que no tienen eso que se llama libertad, si definimos ésta como la existencia de opciones reales ante las cuales una persona puede elegir.
Ya era sabido que nuestro país tiene alto porcentaje de población en la informalidad. De acuerdo con cifras de 2018, de cada 100 pesos que se generaban en México, 77 eran producto de empleos formales y 23 de la economía informal. Hace dos años –y los porcentajes son prácticamente los mismos hoy– más de la mitad de los mexicanos estaban empleados en actividades no reguladas o bien en empleos que no generaron prestaciones, apoyos económicos, ni otro incentivo marcado en la ley, informó el Instituto Nacional de Geografía y Estadística” (https://www.jornada.com.mx/ultimas/economia/2018/12/17/economia-informal-emplea-a-57-de-la-poblacion-en-mexico-7985.html).
En tiempos de pandemia, la población que vive al día está más expuesta a los estragos del Covid-19.
El tiempo apremia para poner en práctica políticas que protejan a los desprotegidos de siempre. Los golpes brutales a la población que sobrevive en la informalidad económica solamente pueden ser aminorados con programas urgentes que tengan en cuenta subsanar necesidades básicas para evitar pánico, exasperación y consecuentes acciones desesperadas. La tarea no es para nada fácil, requiere creatividad y atinada estrategia por parte del gobierno federal, pero también comprensión y apoyo de la sociedad que no está en condiciones de sobrevivencia sino que, a pesar de todo, puede hacerle frente con mejores recursos a los estragos demoledores de la pandemia.
Una vez que salga el sol, porque saldrá nuevamente, como nación tendremos que replantearnos el modelo de sociedad que debemos construir para disminuir paulatinamente los índices lacerantes de la economía informal. Es inaplazable sentar bases para la creación de empleos estables y las prestaciones que conllevan. Acerca de todo esto, y un poco más, he reflexionado conmovido al recordar que mis padres fueron vendedores ambulantes.

3/14/2020

Y retembló en sus centros la tierra



Los sonidos de la furia y el silencio retumbaron por todo el país. Las movilizaciones de las mujeres demuestran tanto el hartazgo contra la violencia que las oprime como su decisión de transformar drásticamente la estructura social y cultural que sistemáticamente las pone en peligro.
Las multitudinarias marchas dominicales que tuvieron lugar por todo el país conjuntaron mujeres de muy distintas edades, condiciones económicas, sociales, religiosas y escolares. Porque todas ellas enfrentan cotidianamente agresiones simbólicas y físicas que las unen en el clamor contra el entorno que las hostiliza. Un entorno meticulosamente construido para favorecer el predominio masculino y sobajar a la población femenina. El domingo salieron a las calles y plazas para gritar su deseperación, para con estridencia hacerse oír y rubricar un hito en las movilizaciones que marcan fin de época e inician otra. El machismo, fuertemente arraigado estructural y culturalmente, inició una cuenta regresiva por la demostración de las mujeres que atiborraron arterias de las ciudades mexicanas.
Los interminables contingentes femeninos dieron portazo a las explicaciones conspiracionistas de todo tipo. Hubo quienes, sin sonrojarse, afirmaron que detrás de las protestas había financiamiento extranjero y/o nacional. También, que todo estaba armado por interesados en debilitar políticamente al gobierno. Ni el supuesto financiamiento, ni los interesados en acarrear beneficios políticos para su causa, tienen el poder de convocatoria para concitar movilizaciones masivas como las que abarrotaron las calles. El conspiracionismo de distinto perfil es ofensivo porque sigue perpetrando un discurso que tiene a las mujeres en capitis deminutio, en incapacidad permanente para por ellas mismas tomar el rumbo que deseen dar a sus vidas. Desde la óptica conspiracionista, las mujeres movilizadas son mentalmente menores de edad y requieren ser auxiliadas por los que sí tiene luces para ver los hilos que las controlan y manipulan.
Las reivindicaciones por las que claman las mujeres son de distinto tipo. Un sector es feminista de larga data, o herederas de luchas por derechos que les han sido negados y buscan hacerlos vigentes en las leyes e instancias judiciales. Otra parte es la conformada por las más jóvenes que todos los días experimentan las desventajas sistémicas que les dificultan el desarrollo personal. Unas más, miles, perdieron terriblemente a una hija o pariente y se han topado con el páramo que acalla sus desesperados gritos. Pero todas ellas tienen un denominador común: la violencia que las acecha y se cierne sobre ellas en cualquier lugar, a toda hora y la impunidad de los agresores. Impunidad que multiplica la repetición de los ataques.
Si los clamores del domingo fueron estruendosos, no lo fue menos la ausencia de millones de mujeres de los lugares de trabajo, escuelas, centros de diversiones, calles, parques y otros espacios por los que se mueven todos los días. Su ausencia logró evidenciar dramáticamente lo esencial de su presencia. Sin estar, estuvieron más presentes que nunca. Se hicieron más visibles, a pesar de que no fueron vistas en los lugares donde están cotidianamente.
¿Y ahora, como socidad, qué sigue? Es impostergable el cambio para construir un entorno social, cultural, judicial, económico e incluso religioso que no sea amenazante para las legítimas aspiraciones de las mujeres a vivir en un entorno libre de violencia sistémica. En esta tarea es necesario el cambio de paradigmas mentales que edifiquen un entramado distinto al que han padecido las mujeres mexicanas. Las ideas visualizan nuevos horizontes, pero por sí mismas no transforman el entorno; hace falta institucionalizar el nuevo orden mental en las instancias del Estado y la sociedad civil. Al mismo tiempo, si bien las ideas emancipatorias pueden ir sedimentando el terreno social y cultural, hay reformas normativas y la consecuente práctica eficaz de ellas que contribuyen a cambiar conductas lesivas y a crear nuevo piso cívico, ya sea por convicción o mediante la constatación a que llegan los agresores de que sus acciones difícilmente quedarán impunes.
La estrujante y conmovedora movilización del domingo en la Ciudad de México es, estoy convencido, esperanzadora. Anunció que el atroz invierno machista debe quedar definitivamente atrás. Fue el vislumbre de la primavera. Un color de camiseta que vistieron miles de mujeres, el morado, se confundió con las jacarandas que comienzan a renacer en las calles de la urbe. Una imagen, a la vez, de protesta vivificante y poética. Las coloridas jacarandas fueron el marco por el que transitaron niñas, adolescentes, madres, abuelas contra el entorno opresivo que busca imponer el machismo monocromático. Las jacarandas han florecido, y con ellas la primavera que anuncia nueva vida. A las flores les abrió paso el caminar de las mujeres que hizo retemblar en sus centros la tierra.

2/12/2020

Infierno carcelario



En mi historial de vida tengo varios ingresos al Reclusorio Sur de la Ciudad de México. Ha sido mi experiencia más cercana del infierno. Durante un trimestre visité a un amigo que debió seguir su proceso judicial encarcelado por un sistema que, de entrada, le dio trato de culpable. Pude conocer los mecanismos de castigo, control, extorsión y toda clase de abusos sufridos por los internos. También vi de lejos los privilegios de quienes tienen para pagar tratos diferenciados a los que padece el resto de la población.
En los últimos días de enero se fugaron tres internos del Reclusorio Sur, presuntos integrantes del cártel de Sinaloa y que serían extraditados a Estados Unidos. Autoridades penitenciarias y del gobierno capitalino debieron reconocer que los fugados tuvieron cómplices entre los guardianes de la cárcel, lo que explica la facilidad con la cual evadieron las instalaciones. El asunto debe clarificarse plenamente, de tal forma que sean exhibidos el entramado y los responsables que se prestaron para ser el canal de la evasión del trío delictivo.
La gran mayoría de los habitantes del Reclusorio Sur, y otros semejantes en el país, no cuenta con recursos para comprar trato preferencial por parte de custodios y directivos del centro carcelario. Su camino al infierno comienza desde que un juez, al que casi nunca ven, determina que el señalado de cometer un delito debe ingresar preventivamente a la cárcel, no podrá seguir el proceso en libertad y lo que sigue es enfrentarse a la lentitud y cruenta severidad del sistema judicial que los trata, sin haber demostrado serlo, como delincuentes.
En el caso que me llevó a ingresar un buen número de veces al Reclusorio Sur, el amigo al que visitaba tuvo el infortunio de ser acusado falsamente por una persona prepotente que se deleitaba, con perversidad, en sobajar a un sencillo trabajador. Un día me avisaron que Áxel (no es su verdadero nombre) estaba detenido y lo iban a presentar ante el Ministerio Público. Acompañado de otros amigos comunes de Áxel y míos fuimos con el fin de conocer la causa de su detención. Mediante un mensajero, nos comunicaron que para evitar que Áxel fuera recluido los ministeriales estaban dispuestos a facilitar el asunto vía un generoso donativo. Los familiares de Áxel carecían de la suma solicitada y el círculo de amigos decidió contratar a un abogado que durante todo el proceso cumplió honradamente con el trabajo de evidenciar la inocencia de la víctima del abusivo acusador y acosador.
De forma por demás rápida y sospechosa (así pasa con quienes no facilitan lo solicitado en el Ministerio Público), el querido Áxel fue trasladado al Reclusorio Sur. Como era muy estimado por gente del barrio debido a su gentileza y laboriosidad, coincidimos en los juzgados varias personas interesadas en el futuro del arbitrariamente acusado. Después de tres audiencias, en las que nunca estuvo el juez, sino que fueron presididas por una secretaria, Áxel recibió la ignominiosa orden que consistía en seguir su proceso judicial encarcelado.
Por lo menos una vez a la semana, en compañía de un buen amigo, visitamos al entrañable Áxel en el Reclusorio Sur. Él vivió un trimestre de horror. Con tal de no dejarlo solo y transmitirle algo de fuerza para soportar las infernales condiciones del Reclusorio Sur aguantamos la abulia o franca grosería de funcionarios y vigilantes carcelarios. Nos negaron ingresar alimentos que cumplían con la normativa y cuando nos defendimos de su autoritarismo nos intimidaron, dieron largas para ver si desistíamos de nuestro intento de compartir la comida con Áxel y otros reclusos con quienes hizo amistad, pero no desistimos. Los visitantes disimulábamos la indignación que nos invadía al comprobar el deterioro del Reclusorio Sur, la suciedad que se desbordaba, pestilencia por todas partes y conocer de primera mano la exigencia de cuotas a los internos y las golpizas por no cooperar.
Los irónicamente llamados Centros de Readaptación e Inserción Social en la práctica tienen objetivos punibles y hacen sufrir cotidianamente a quienes están hacinado(a)s. Funcionarios venales, custodios corruptos y la ley del más fuerte se conjugan para vejar sin miramientos a los más vulnerables. Para nada son lugares en los que se prepare a sus habitantes para reinsertarse socialmente. Las instancias judiciales recluyen por meses o años a personas que deberían seguir su proceso en libertad. Las autoridades se confabulan con los grupos que dominan las cárceles y envilecen, martirizan hasta la indecencia a los desdichados que día con día ingresan a crujías en las cuales cada metro cuadrado ya está habitado por alguien.
Parte de la radiografía de la sociedad, el funcionamiento de sus entrañas es mostrada en el sistema carcelario. El nuestro es ignominioso, una tortura no solamente para los encarcelados, sino igualmente para sus familias, sobre todo de los más pobres. Ingresar allí es lo más parecido a estar en el averno.

1/29/2020

Sobrexposición mediática de AMLO



Al mejor comunicador se le va la liebre, o suelta un gazapo. El presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) es un maestro en atraer la atención de la prensa y redes sociales. Es capaz de fijar cotidianamente agenda sobre los temas a ser discutidos públicamente. Es un torbellino que dificulta el seguimiento de sus actividades y declaraciones a reporteros y articulistas. No solamente están atentos a sus declaraciones en el círculo rojo, sino que despierta interés en amplios sectores de la sociedad.
El círculo rojo, que a menudo es confundido con el pulso de la sociedad toda, o la mayoría, “es aquella amalgama de personajes de la política, de negocios, mediática o social que por su liderazgo tiene la capacidad de crear y diseminar entre la sociedad estilos de hacer y de pensar […] Son las llamadas élites que buscan –a través de los llamados influencers– hacer valer sus visiones por encima del llamado círculo verde, que son las mayorías populares” (https://codigomagenta.com.mx/articulo/que-alguien-me-explique/alerta-en-circulo-rojo).
López Obrador pudo y supo construirse una imagen de outsider del sistema político mexicano. Logró atraer la esperanza de millones de electores comunicando con nitidez una y otra vez que los grandes problemas nacionales tenían responsables: las élites políticas y económicas que depredaron el país. Su estilo directo y capacidad para dejar en sus oyentes frases ingeniosas que apuntalaban el mensaje le fueron dejando crecientes porcentajes de simpatizantes. Sin duda, AMLO fue, y es, el principal personaje que sacó del círculo rojo el debate sobre el futuro nacional, para estimular una conversación más amplia y deseos de incidir en cambiar el ominoso estado del país.
Sus conocidas conferencias mañaneras son el mayor activo que tiene para opinar sobre los temas que considera relevantes, o bien fijar postura ante los cuestionamientos que le hacen distintos representantes de la prensa tradicional y otros medios, sobre todo sitios de Internet y canales que transmiten en diversas plataformas. No solamente AMLO posiciona su parecer en las conferencias, sino que marca línea a quienes integran su gabinete sin que ellos y ellas hayan tenido conocimiento previo del sendero a caminar.
La cuestión es, me parece, que la sobrexposición mediatica de AMLO acrecienta las posibilidades que incurra en opinar sin tener los elementos informativos sólidos para diseccionar un tema. En su afan de ser panóptico (capaz de ver y vigilar todo) crece el riesgo de no percibir los matices existentes en la sociedad y las acciones derivadas de tal diversificación. Es dado a esquematizar, simplificar la realidad y presentarla en polos inamovibles e irreconciliables. AMLO insiste machaconamente en que la sociedad mexicana tiene solamente dos bandos: el mayoritario, que apoya las transformaciones que impulsa desde la Presidencia de la República, y el de los conservadores, cómplices del antiguo régimen que devastó el país. Frente a su interpretación vale recordarle que durante los gobiernos de un personaje al que dice admirar en gran medida, Benito Juárez, un sector de liberales que dieron heroicas lides junto con el reformador oaxaqueño no estuvieron de acuerdo con él y, desde la izquierda, señalaron otras posibilidades para construir el horizonte de la nación.
La tribuna de la que dispone López Obrador en las conferencias mañaneras es exclusiva de él, incluso cuando hace uso de ella algún funcionario(a) para posicionar las acciones desarrolladas por la dependencia que encabeza. Centraliza la opinión gubernamental y, en no pocas ocasiones, ha desconcertado a secretario(a)s y/o subsecretario(a)s que deben improvisar para no aparecer ante la opinión pública como desinformados de las instrucciones presidenciales.
Desde el estrado mañanero el Presidente ha proferido varios gazapos, por su inclinación a no dejar pasar preguntas u observaciones de quienes cubren sus conferencias. En ocasiones son simpáticas las declaraciones que comparte, pero otras veces diagnostica o descalifica sin datos precisos, concisos y macizos. Un caso reciente es lo que declaró sobre la marcha encabezada por Javier Sicilia y Julián LeBarón. Usó duros e injustos términos para referirse a quienes caminaron contra la violencia y una salida integral a este flagelo.
Javier Sicilia dignamente y en reiteradas ocasiones señaló el entramado de complicidades que durante el (des)gobierno de Felipe Calderón resultaron en la descomposición del tejido social y violencia criminal. Lo sostuvo en las plazas y también se lo dijo de frente a Calderón (https://www.proceso.com.mx/460527/felipe-calderon-hombre-pesadilla).
El poeta y activista igualmente denunció la inacción de Peña Nieto. Por ello que AMLO haya sostenido, sin nombrarlo, que Sicilia antes calló y ahora exige pronta solución es, por lo menos, falta de información y consecuencia de expresar su opinión sin la verificación informativa debida.

12/04/2019

Leer sin comprender



Carlos Martínez García


Un título en la primera plana de La Jornada de ayer es devastador:En dos décadas, sin avance la lectura de alumnos mexicanos. En páginas interiores, Laura Poy Solano informa queen las pasadas dos décadas México no tuvo avances significativos en la mejora de los aprendizajes de lectura en los alumnos de 15 años que concluyeron su formación básica.
Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), mediante su Programa Internacional para la Evaluación de los Alumnos (PISA, por sus siglas en inglés), el país ocupa el penúltimo lugar en comprensión lectora de los 37 que conforman el organismo. En el alumnado de 15 años que terminó la formación escolar básica, 55 por ciento obtuvoel mínimo de competencias para identificar la idea principal de un texto de longitud moderada. Es decir, no adquirieron las habilidades que les permitan dialogar con lo leído, hacer interrogantes, sacar conclusiones, tener una posición argumentada y apropiarse de la información para generar conocimientos.
La fortaleza de un sistema educativo debe reflejarse en la creación de comunidades lectoras. Este ha sido uno de los retos permanentes que ciclo tras ciclo de la historia nacional se presenta y sobre el que se hacen diagnósticos y buscan soluciones. Sin embargo, en México, lo sabemos, la lectura consuetudinaria es una práctica de un bajísimo porcentaje de la población.
Las razones por las que una sociedad lee más que otra, incluso teniendo similares indicadores de bienestar económico y social, son variadas y no es posible responder mecánicamente ni dar recetas aplicables en cualquier contexto. Por ejemplo, en¿Por qué es un problema la lectura?Este País, enero de 2012), Juan Domingo Argüelles consigna la que algunos llamanfalta de disposición de los mexicanos para leer buenos libros. Critica dicha óptica voluntarista y la contrasta con el caso español, dondesólo 3 por ciento de sus alumnos [alcanza] el nivel más alto de resultados de la prueba OCDE-PISA, en destreza lectora, y el hecho de que su índice de lectura esté a la cola de Europa. O sea, mayor escolaridad y capacidades económicas para hacerse de libros no necesariamente resultan en amplios porcentajes de quienes leen por el gusto de hacerlo.
El gusto por la lectura es posible de ser adquirido en el entorno familiar mediante el sencillo ejemplo de ver leer a otros, escuchar cuentos y fábulas, tener acceso a unos cuantos libros. Pero, ¿y si, como en la mayoría de los hogares mexicanos, los menores no tienen a su disposición estos recursos que podrían socializarlos y naturalizar el hábito lector? De ser así, como lo es en millones de niños y niñas, entonces el otro espacio vital para contagiar la práctica lectora cotidiana es la escuela. ¿Y qué si los centros escolares no fomentan en el alumnado leer para ir haciendo crecer el cúmulo epistemológico que permite relacionar nuevos conocimientos con otros ya internalizados? Bien sabemos que, en general, la orientación escolar nacional va por favorecer una pedagogía memorizadora y no un enfoque activo, en el cual se aprenda a construir conocimientos con el sencillo arte de hacerse preguntas. Aprender a cuestionar abre nuevos cauces cognitivos.
Entender lo que se lee es una habilidad que se da, supuestamente, de forma acumulativa conforme se avanza en la pirámide escolar. Es verdad, relativamente. Múltiples investigaciones muestran que alumnos de bachillerato y universitarios entienden fragmentariamente lo que leen y sin comprensión de lo que se les pregunta son vacilantes en las respuestas. Aprender a leer es, entre muchas otras cosas, multiplicar el conocimiento de términos que nos permiten comprender con mayor precisión lo expuesto en un escrito. Una cosa es descifrar palabras, muy otra desentrañar conceptos y categorías explicativas.
Leer, dialogar y comprender bien lo que leemos tiene relación ineludible con la vida cotidiana, entre la comprensión lectora y la experiencia de vivir hay vasos comunicantes. Para ilustrar lo anterior comparto con el estudiantado de mis cursos un breve texto que de forma hilarante plantea la relación entre entendimiento de las palabras y acción/inacción:¡Arriad el foque!, ordena el capitán. ¡Arriad el foque!, repite el segundo. ¡Orzad a estribor!, grita el capitán. ¡Orzad a estribor!, repite el segundo. ¡Cuidado con el bauprés!, grita el capitán. ¡El bauprés!, repite el segundo. ¡Abatid el palo de mesana!, grita el capitán. ¡El palo de mesana!, repite el segundo. Entretanto, la tormenta arrecia y los marineros corremos de un lado a otro de la cubierta, desconcertados. Si no encontramos pronto un diccionario, nos vamos a pique sin remedio(Ana María Shua,Naufragio, en Lauro Zavala, Relatos vertiginosos: antología de cuentos mínimos, Alfaguara, México, 2007, p. 68).
Nos estamos yendo a pique. Urge enderezar la nave para que los navegantes divisen otros horizontes.