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4/23/2020

Medicina y salud



Los antiguos griegos aportaron conceptos de extraordinario valor para enfrentar los retos que se nos presentan en diversos campos de la vida moderna, entre ellos la educación, la salud y la economía. De manera sintética: en economía, la distinción entre ésta y la crematística; en salud, la consideración integral de la persona y su entorno y la simbiosis con la educación, y en educación, la concepción de ésta como paideia, la aspiración del desarrollo pleno de los seres humanos.
Atender estos aportes tan remotos puede contribuir a sentar las bases de las profundas reformas que exigirá la nueva vida una vez pasada la crisis del coronavirus, y a superar el no pensamiento anquilosado dominante en la sociedad contemporánea. En las reacciones de los señores del gran dinero (y sus teóricos, los economistas) se hace hoy evidente la perversión que significa identificar riqueza con dinero, y el abismo al que con ello se conduce a la humanidad; en la salud, se exhibe la barbarie que significa la consideración de los seres humanos como consumidores, como clientes, como oportunidad de negocio, y el condicionar servicios, equipos y medicamentos a las utilidades (o, en el mejor de los casos, a una reciprocidad); y en educación, se hacen evidentes el predominio del valor de cambio pragmático de los conocimientos, y la ausencia de un análisis ético, filosófico, axiológico, humanista, como base de una nueva educación.
La pandemia del coronavirus ha mostrado la urgencia de dejar atrás el enfoque meramente médico curativo de la salud; esto es, abandonar la idea de salud exclusivamente como supresión de la enfermedad, y promover la salud en sí misma como la definió la Organización Mundial de la Salud desde su constitución en 1948: El estado completo de bienestar físico y social de una persona, definición esquemática y ya muy discutida y ampliada, pero que se separa de la visión impuesta durante siglos, y se aproxima al ideal helénico.
En una conferencia realizada años después, la OMS declaró firmemente: la salud, (en tanto) estado de completo bienestar físico, mental y social, y no únicamente la ausencia de afecciones o enfermedades, es un derecho humano fundamental y que el logro del grado más alto posible de salud es un objetivo social sumamente importante en todo el mundo, cuya realización exige la intervención de muchos otros sectores sociales y económicos, además del de la salud. Comprende, cuando menos, las siguientes actividades: la educación sobre los principales problemas de salud y sobre los métodos de prevención y de lucha correspondientes.
En 2000 se realizó en la Ciudad de México la quinta Conferencia Mundial de Promoción de la Salud que produjo una Declaración ministerial de México para la promoción de la salud, una de sus conclusiones subraya: la promoción de la salud debe ser un componente fundamental de las políticas y programas de salud en todos los países, en la búsqueda de la equidad y de una mejor salud para todos.
En dicha conferencia, el doctor mexicano Mariano García Viveros, en ese tiempo responsable del departamento de educación para la salud del Instituto Nacional de Nutrición, tuvo una destacada participación. Al año siguiente (2001) la Universidad de la Ciudad de México abrió sus puertas y García Viveros, con generosidad y entusiasmo, se sumó apoyando la creación en la ahora UACM, de un programa de promoción de la salud que incluye desde entonces una licenciatura en promoción de la salud. Ésta se imparte en cuatro planteles y de ella han egresado varios cientos de universitarios. No son médicos, son licenciados en promoción de la salud. El propósito de esta carrera es formar profesionales en promoción y educación para la salud con una perspectiva interdisciplinaria, capaces de identificar, diseñar y desarrollar modelos que los hagan participar en las acciones del sector salud, social y educativo dirigidos a mejorar la calidad de vida de la población en general.
En el ámbito universitario mexicano, la UACM se adelantó en la implantación de esta carrera profesional, años después se ha establecido en otras instituciones. En otros partes, como Estados Unidos y varios países europeos y latinoamericanos, existe desde tiempo atrás y ellas forman a miles de profesionales que la ejercen con gran beneficio social.
No se trata, como pudiera alguien pensar, de una subprofesión. Una breve mención de algunas de las áreas de formación que comprenden los 10 semestres de duración de los estudios, permite constatar la solidez de la formación que proporciona: materias básicas para el conocimiento del ser humano: química, anatomía, fisiología, sicología, nutrición; teorías epistemológicas y socioeconómicas para la comprensión de la realidad social, factores condicionantes y de riesgo para la salud integral del individuo y de la comunidad en general, metodologías de la investigación social, educativa y de salud pública, paradigmas y tecnología educativa, diagnóstico, políticas, planeación, sobre necesidades y problemas que inciden en la salud integral de individuos y grupos como espacio de integración profesional.
Por supuesto, en todo el mundo también un número considerable de médicos trabaja no únicamente en la curación de enfermedades, sino en la promoción y educación para la salud, y existen dependencias gubernamentales que desarrollan esta trascendental función. Sin embargo, los recursos destinados a ella son minúsculos en comparación con las gigantescas cantidades que absorben los negocios de producción y comercio de medicinas.

4/09/2020

Aritmética, el Covid-19 y el PIB



Hace ya casi 30 años, Inmanuel Walerstein publicó en la revista Revue Économique un ensayo ( A theory of economic history in place of economic theory) en el que sustentaba su insistente llamado para la transformación de las ciencias sociales; advertía que los números y la realidad de los mercados (materia de dichas ciencias, en particular de la economía) debían integrarse en una perspectiva holística, que permitiera hacer efectivo el cambio de ésta realidad. Necesitamos una reorganización de los fundamentos del conocimiento en las ciencias sociohistóricas en una escala global clamaba desde entonces este ilustre pensador, autor de una obra esencial y colaborador de La Jornada hasta poco antes de su fallecimiento en agosto pasado.
El importante llamado de Wallerstein no ha sido escuchado por la mayoría de los economistas, los planteamientos de éstos siguen atados y restringidos al manejo de unos cuantos números, entre los cuales sobresalen, como déspotas dominantes, el Producto Interno Bruto y sus variaciones. Véase si no la prensa de estos días; parece que la mayor preocupación que origina el nuevo coronavirus en muchos comentaristas no es por los enormes y graves perjuicios a la vida de las personas y las familias, sino por lo que puede ocurrir a la economía identificada como el PIB, y por los dineros que serán necesarios para pagar los costos.
Wallerstein mostraba en ese ensayo el hecho de que, en los departamentos de economía de las principales universidades estadunidenses, se daba un desprecio generalizado por la historia económica. Para los economistas puros de esos departamentos, la historia económica no tenía el rango científico que tiene la disciplina que ellos cultivaban (la economía). Estos economistas, dice Wallerstein, ven con desprecio la historia económica porque la consideran meramente empírica, descriptiva, sin bases teóricas y en cierta medida irrelevante.
El señalamiento es pertinente porque los conceptos, enfoques y teorías de esos departamentos de economía de Estados Unidos han tenido y siguen teniendo una influencia determinante en muchos centros académicos de diversas partes del mundo, entre ellos algunos de nuestro país, cuyos académicos y egresados han ejercido considerable poder en la vida pública y en la vida de toda la sociedad. Además, un buen número de funcionarios del llamado sector financiero de nuestra nación (público y privado), han sido formados en esas universidades estadunidenses.
La ciencia económica se define como el estudio de los hechos y procesos económicos, pero como bien dice Wallerstein, No hay fenómenos económicos distinguibles de fenómenos políticos y sociales, el todo es una madeja indivisible (y, podríamos añadir, tampoco ajenos a una dinámica histórica).
La eliminación de la historia del campo de reflexión y análi-sis de la ciencia económica (o su marginación en el currículo, como mero adorno) se suma a la expulsión sufrida de tiempo atrás por la ética y la filosofía. Expulsadas la historia y la ética del campo de la ciencia económica ¿qué queda? ¡aritmética! Principalmente el tamaño de la economía cuyo indicador es el PIB, su variación en el año, en el mes, en el trimestre; las comparaciones entre varias economías, los promedios, las tendencias, el ritmo de aceleración; las previsiones (siempre fallidas) hechas por el gobierno, por el banco central, por los organismos financieros internacionales, por la calificadoras.
Un asunto que debe analizarse es el significado de estas previsiones y su ruidosa publicitación ¿para qué sirve? ¿a quién sirve? Es claro que en muchas ocasiones se usan para descalificar las acciones de los gobiernos a quienes se culpa de la crisis, de la recesión o de la contracción o la depresión, generando discusiones muy poco útiles (excepto por el interesado uso político que le dan los diversos actores).
Enfrentar los retos que origina el Covid-19 en las actividades productivas, en la distribución de bienes, servicios y riqueza, en la reorganización de la sociedad, nos obliga a elaborar un diagnóstico concreto y holístico como el que demandó Wallerstein, que supere los mitos de la economía, entre ellos el de los falsos significados del PIB, y la ideológica y antihistórica concepción de desarrollo.
Sería útil acudir a las múltiples advertencias y críticas que han elaborado autoridades incuestionables, empezando por el propio Simon Kuznets, profesor de la Universidad de Harvard, padre de ese indicador. En Google aparecen miles de sitios para crítica del PIB. Ahí encontré referencias a los trabajos del profesor y político italiano Lorenzo Fioramonti; dos de sus libros tienen títulos elocuentes: The world after GDP y Gross domestic problem. The politics behind the world’s powerfull number (El mundo después del PIB y El problema interno bruto. La política atrás del número más poderoso del mundo).
Con base en un análisis muy sólido y valioso, Fioramionti afirma: más que una simple estadística descriptiva, el PIB es una poderosa institución que da forma al camino en el cual la sociedad ve al valor, al tiempo que moldea las expectativas y conductas de políticos, hombres de negocios y la población en general. En muchos sentidos representa la ideología más poderosa del siglo XX.
Es necesario someter a una critica rigurosa esta ideología y desarrollar información y análisis de la realidad que permita atender los problemas y necesidades que surgirán a partir de los próximos meses. Es resultado de un simplismo disparatado (e interesado) sostener que el crecimiento del PIB por sí mismo se traduce en más empleos y con ello en la prosperidad. La historia económica los ilustra de manera reiterada.

3/26/2020

Economía moral ¿extravagancia?



La Jornada
Manuel Pérez Rocha

El histórico fracaso del capitaltituló el doctor Alejandro Nadal a su último artículo, esclarecedor como todos los suyos, publicado en La Jornada el pasado 4 de diciembre, y reproducido el 17 de este mes como homenaje que aquí retomo.
Nadal, en el espacio que su columna le permite, enumera algunos de los resultados históricos del dominio del capital:El deterioro de los servicios de salud y educación en la mayoría de los países desarrollados es un hecho bien documentado. Finalmente, todo esto se acompaña de un proceso destructivo en todas las dimensiones del medio ambiente. Cambio climático fuera de control, pérdida de biodiversidad, erosión de suelos y contaminación de acuíferos son sólo algunos de los aspectos más claros de este deterioro que hoy es una amenaza para toda la humanidad.
Nadal, científico social cuya perspectiva intelectual sobrepasa el horizonte de laciencia económica, nos explica que esos no son los resultados nefastos de una forma temporal, superable, del capitalismo (el neoliberalismo), sino los efectos propios del capitalismo en su máxima expresión. A estas importantes conclusiones llega Nadal porque su trabajo no es el de uneconomista, sino el de un científico alimentado por el dominio de diversos campos de conocimiento y disciplinas humanas, y por un sólido compromiso social y moral.
Expulsar de las llamadas ciencias sociales a la moral fue el propósito explícito del positivismo, esa doctrina rancia que profesan académicos de muchas instituciones, principalmente los economistas, que de esa manera pretenden hacer de laciencia económicaunaciencia dura. Esa expulsión es también dogma incuestionable para los defensores de la libertad absoluta de los negocios y de la propiedad privada. Ante el llamado del gobierno federal para que la actividad empresarial tenga en cuen-ta las necesidades sociales, vociferantes empresarios dijeron con enojo:no somos hermanitas de la caridad, nosotros hacemos negocios.
En un artículo reciente, Carlos Urzúa, doctor en economía por la Universidad de Wisconsin, ex secretario de Hacienda, y director de una poderosa escuela de negocios (del ITESM), con menosprecio califica demanifiesto políticoel libro de Andrés Manuel López Obrador, tituladoHacia una economía moral; este título, lo juzgaun tanto extravagante, ( ) lo mismo que su contenido. “De economía –dice el doctor en economía– no tiene casi nada (sic), excepto por datos, sobre todo sociodemográficos antes que económicos, regados por aquí y por allá. Por el otro, de tratado moral tiene menos, por lo que supongo que el título del libro debe mucho al empleado por Alfonso Reyes en su Cartilla moral”.
El términoextravagantees el más desafortunado que pudo haber encontrado el ex secretario, basta googlear las expresioneseconomía y ética, oeconomía y moral, por ejemplo, en español e inglés, para constatar que hay varios millones desitios(artículos, libros, ensayos) que abordan el tema. Julio Boltvinic tiene años analizando el asunto desde todos los ángulos imaginables en su columnaEconomía Moral.
¿Qué entiende Carlos Urzúa poreconomía? Por lo pronto, excluye losociodemográfico(¿qué queda?) y promete aclararlo citando a Jean Tirol, premio Nobel de economía, a su juicioel más brillante de los Nobel recientes, pero como se ve a continuación ese galardonado nada define: “la economía –dice Tirol– no está ni al servicio de la propiedad privada y los intereses individuales, ni al de los que querrían utilizar al Estado para imponer sus valores o hacer que sus intereses prevalezcan. Rechaza tanto la supremacía del mercado como la supremacía del Estado. La economía está al servicio del bien común; su objetivo es lograr un mundo mejor”. Evidentemente, señalar su objetivo (imaginario) no nos dicequé es.
Es de suponerse que Tirol y Urzua se refieren a lacienciaeconomics, en inglés) que profesan, cuyo objeto central de estudio es la economía, realidad mítica que disfraza alcapital, ese personaje que tramposamente se esconde tras el cariñoso apodo deeconomía(como mostró Hans Magnus Ensezberger). Pero en parte alguna nos dicen quién es esa señora (la economía) a la cual atribuyen virtudes maravillosas.
Que ni el capital (laeconomía), ni laciencia económicahan tenido los maravillosos frutos que esos dos economistas le atribuyen, es un hecho contundente. El fracaso del capital para resolver los problemas de la humanidad, y el fracaso de loseconomistaspara siquiera describir (ya no se diga explicar o prever) lo que ocurre en el mundo son mostrados por Nadal.
Expulsar del campoeconómicoa la moral es una idea, esta sí, extravagante, poco común en el amplio horizonte histórico del pensamiento social; apenas apareció hace poco más de 100 años, y la sostienen los interesados en beneficiarse de su aplicación. El mismo Adam Smith, considerado indebidamente por loseconomistascomo el padre de su ciencia, sostenía:todo hombre, mientras no viole las leyes de justicia, es libre de perseguir su interés, y para Smith lajusticiaes una de las cuatro virtudes cardinales, una virtud moral, no el mero cumplimiento de las normas jurídicas.
La obra escrita de Alejandro Nadal es amplísima. La atraviesan la permanente mirada ética y crítica, y el rigor científico. Su estudio contribuirá a reincorporar a la moral en el análisis social.

3/19/2020

UACM: nada humano me es ajeno


Nada humano me es ajeno (el lema de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México) expresa un concepto del ser humano diametralmente opuesto a la degradante noción de humanidad que define a la llamada ciencia económica: el homo economicus, el individuo egoísta para quien los intereses, necesidades y derechos de los demás le son totalmente ajenos. También es contrario al concepto de ser humano implícito en el conductismo, dominante en gran parte de la sociedad contemporánea, en especial en el sistema educativo: el individuo como un objeto, una caja negra, cuya vida, emociones, y voluntad nos son ajenas, y susceptible de ser conducidas, con premios y castigos, para alcanzar un propósito también ajeno al sujeto. Degradantes conceptos del ser humano examinados en las dos entregas anteriores (5 y 12 de marzo).
En la ley de autonomía de la UACM se determina que la comunidad universitaria se constituye mediante relaciones de cooperación y apoyo mutuo. En dicha ley queda establecido que tanto estudiantes, como académicos, coordinadores y trabajadores son considerados como personas que valoran al conocimiento y la cultura no por un cálculo egoísta de costos y beneficios sino, antes que nada, porque les permiten desarrollarse como mejores seres humanos, contribuir a la solución de los problemas de la comunidad y de la humanidad, y ampliar su capacidad de apreciar las artes, el valor de la ciencia y todas las expresiones culturales de los demás seres humanos.
En la vida actual de la UACM estos valores de uso de los conocimientos y la cultura (valores prácticos unos, trascendentes otros) están vivos y se manifiestan de diversas maneras. Hay evidencia clara de que el fortalecimiento de una conciencia social, histórica, política y ética que ambiciona el proyecto de la UACM, no se ha quedado en el papel, es una realidad en las motivaciones de estudiantes y maestros.
De forma institucional, se han generado espacios en los que los estudiantes reflexionan acerca del sentido que tiene para ellos haber llegado a la universidad y poder formarse como profesionistas ycomo personas. Esta es una de las funciones del programa de integración (que cursan todos los estudiantes en el primer semestre) y en el cual también su busca subsanar carencias de preparación en áreas básicas (lectura, redacción y matemáticas).
Invitados a expresar por escrito sus ideas, proyectos y aspiraciones, los alumnos dan testimonio de estar motivados por una valiosa conciencia social y ética. De estos logros dan cuenta varios trabajos publicados. Un aporte muy valioso es, por ejemplo, el libro Somos uacemitas: nuestras historias, nuestras vidas (reseñado en este espacio el 21 de abril de 2016) En él se narran 13 historias que son muestra clara de cómo la perspectiva social, histórica y humana se traduce en la perseverancia necesaria para sortear las múltiples dificultades que significan los estudios universitarios.
En un artículo recién publicado, el maestro Aldo Fabián Hernández, del plantel Cuautepec de la UACM, da cuenta de las expresiones de estudiantes de ese plantel a quienes se les preguntó ¿Qué es la UACM? Algunas respuestas fueron las siguientes:
“(…) es mi segundo hogar, un cobijo intelectual y social que ha logrado sacar una mejor versión de mí.” Es un proyecto que le dio cabida a muchas personas como yo, que no tenían esperanza de entrar a la educación superior por el entorno violento, por la familia que no acabó la primaria, por los estigmas sociales y muchas cosas más que condicionan. (...) es para mí una oportunidad de ser un profesionista. La posibilidad de convertirme en una mejor persona. Me dio luz verde cuando no tenía idea de qué hacer, se volvió mi segunda casa, mi maestra en la escuela de la vida. Es un espacio donde se forman personas que van a ayudar a mejorar el mundo (...) Es un gran regalo de la vida. Para mí la UACM llegó a decirme: animo, tú puedes demostrar todo lo que puedes hacer (...) pues entré en una depresión muy fuerte al no quedarme en mis opciones. He aprendido a quererla y sacarle todo el jugo necesario para crecer tanto académica como personalmente. La universidad más noble. (...) no sólo es un proyecto para los que habitan la ciudad. Es el espacio que te permite crecer como un estudiante universitario, como un ser vivo que siente el dolor de otro que no soy yo.
La reflexión acerca del sentido de los estudios universitarios es un camino fértil para lograr no sólo una más rica y sólida conciencia, sino también para fortalecer el trabajo académico de los estudiantes, como lo demuestran experiencias en prestigiadas instituciones de otros países. Pueden verse al respecto las experiencias analizadas en The purposfull graduate, de Tim Clydesdale, y Helping colleges students find purpose, de Robert J. Nash; en ambos libros se muestran experiencias influenciadas por los valores de confesiones protestantes que tienen fuerte presencia en varias universidades estadunidenses. También hay significativas experiencias con una orientación laica como las que analiza el conocido educador estadunidense Alexander Astin, de la Universidad de California en su libro Cultivating the Spirit.
Uno de los estudiantes del maestro Hernández del Plantel Cuautepec dice: la UACM para mí, es ser más humano.

3/12/2020

UACM: nada humano me es ajeno



Como se señaló en la entrega anterior (5 de marzo pasado), para la ciencia económica los seres humanos son máquinas que actúan en función de su personal mayor interés; así, afirma esa ciencia, aumentando el beneficio de una acción determinada, en relación con su costo, se consigue su ejecución, y el control de los seres humanos.
Ciencia económica y conductismo son ideologías hermanas, ambas hijas del positivismo. El positivismo nació a mediados del siglo XIX con la aureola de una teoría científica del conocimiento, pero sus impulsores confesaron sus intereses políticos: contrarrestar el negativismo de teorías y concepciones generadoras de cambios drásticos en la organización social: revolución, socialismo, anarquismo, comunismo, las cuales en esa época tenían creciente número de adherentes. Se trata, declaraba Augusto Comte, el padre de esa ideología, de ayudar a consolidar el orden público, por medio del desarrollo de una prudente resignación y Emilio Durkheim, su entusiasta seguidor, proclamaba que “su método no tiene nada de revolucionario…incluso es esencialmente conservador”.
Ambos pensadores reiteraban que los hechos sociales (entre los cuales se encuentran los ahora llamados hechos económicos) obedecen a leyes naturales y por tanto son inmodificables; axioma contrariado por sus herederas (la ciencia económica y la sicología conductista) puesto que los hechos sociales son, sin duda, resultado de las conductas de los individuos, y esas ciencias consideran viable modificar estas conductas mediante estímulos, monetarios la primera, de diverso tipo la segunda. Hay pues una coincidencia y reforzamiento muto de la ciencia económica y la sicología conductista.
La presencia de toda esta ideología en la vida contemporánea es innegable, incluso cada vez invade más espacios. Por ejemplo, en la teoría del derecho, en las ciencias penales, no son pocos los teóricos (y también los prácticos) promotores de la multiplicación y el incremento de las penas como la solución necesaria y eficaz de la criminalidad; y ahora, con el grave aumento de la violencia en nuestro país y en otras partes del mundo, el clamor incluye la exigencia de imponer la pena de muerte.
Por otra parte, en el espacio educativo, escolar, el conductismo ha sido una postura dominante. Desde hace siglos, están presentes las normas y prácticas que mediante premios y castigos pretenden la mejora tanto de la disciplina de los estudiantes, como de su desempeño académico. Estos recursos para la modificación de la conducta han llegado a extremos deplorables, como los castigos físicos y humillantes, con frecuencia usados como expresión gráfica del aula escolar (la palmeta, las orejas de burro, el rincón de castigo). Ni siquiera el movimiento moderno pro respeto y defensa de los derechos humanos ha logrado extirpar por completo del ámbito escolar estas prácticas inhumanas, crueles y humillantes padecidas por no pocos niños.
En el sistema escolar, el conductismo sobrevive muy sano a pesar de haber recibido demoledoras críticas, no sólo sustentadas en sólidos juicios filosóficos (éticos, pedagógicos), sino también ilustradas con numerosas investigaciones empíricas que muestran los resultados contraproducentes de los premios y los castigos.
En otras ocasiones me he referido al educador estadunidense Alfie Kohn, autor de varios libros sobre educación escolar y educación familiar ( parenting). El título de uno de sus libros más difundidos podría traducirse: Los premios castigan; su convicción, sustentada en una amplísima bibliografía y experiencia personal, es un desafío ineludible para el pernicioso sentido común engendrado por el conductismo, vale la pena recordarla:
“(…) los castigos tienden a generar enojo, despecho y deseo de venganza; más aún, ponen como ejemplo de comportamiento el uso del poder, en vez del de la razón, y rompen la importante relación entre el adulto y el niño; (…) los castigos y los premios en realidad no son opuestos, son los dos lados de una misma moneda, ambas estrategias son formas de tratar de manipular el comportamiento de alguien; (…) si la pregunta es ¿los premios motivan a los estudiantes? la respuesta es: sí, los motiva a obtener premios”.
Coincidentes en su inhumana concepción de los seres humanos y de las explicaciones de sus actos, tanto el conductismo, como la aplicación de la ciencia económica en la persecución del crimen fracasan en su pretensión de solucionar los problemas escolares y los delincuenciales. Son muchos los datos que muestran la ineficacia del aumento de las penas para abatir la delincuencia.
Los premios y los castigos, las motivaciones extrínsecas, los sobornos con estímulos monetarios y de otro tipo, han sido impuestos desde 1982 incluso en la vida universitaria de nuestro país; y en otros momentos, en muchos más países, pues se trata de políticas promovidas por organismos internacionales como la OCDE, el FMI y el Banco Mundial. Sus funestos resultados ahora empiezan a reconocerse, y es de esperarse que los cuerpos académicos universitarios, que hace casi cuarenta años toleraron acríticamente la imposición, ahora la sometan a la indispensable crítica académica.
Revisaremos de manera breve como el proyecto de la UACM y los uacemitas asumen este reto.

3/05/2020

UACM:nada humano me es ajeno



Manuel Pérez Rocha/I

En el lema de la UACM están presentes ideas e ideales de especial valor en estos tiempos en los que el país arrastra graves problemasestructurales(como la pobreza, la desigualdad y la marginación), y al mismo tiempo, con razón, se horroriza por incontables actos de barbarie. Sin duda ambos aspectos de la vida social están interrelacionados. En la estructura del inhumano sistema vigente, para la mayoría de los mexicanos no hay otro destino que ser mercaderes, mercancía o basura.
Un factor común de los crímenes que tanto duelen es el desprecio total por la humanidad y por la vida, la inclemencia ante los cuerpos humanos que el agresor con absoluta frialdad llega a tocar, oler, pesar, oír y destruir. Es obvio, pero es necesario resaltarlo, pues este desprecio por la vida y la humanidad tiene que ser objeto de la reflexión y la acción de todos, de manera particular de los universitarios.
Sin duda, la barbarie y la bestialidad tienen tantas y variadas explicaciones como el número de personas que cometen esos crímenes, sin embargo, tienen factores comunes que están en su origen y que han contribuido a su multiplicación y agravamiento. Un factor es, por supuesto, su imagen de la vida, del mundo, de los demás seres humanos, en suma, la ideología que construyen con sus experiencias y con los mensajes que reciben por diversos medios.
Hay dos componentes de la ideología dominante que sin duda son factor efectivo de la pavorosa deshumanización que padecen el mundo y el país: laciencia económicay el conductismo. Al margen de otras consideraciones, ambas son ideologías que se han desarrollado porque son justificación del capitalismo salvaje. Por tanto, no es previsible que la mera crítica de estas ideologías vaya a generar un cambio efectivo. Sin embargo, la crítica también es necesaria y desempeña una importante función en la lucha que tienen que dar todos los que valoran la humanidad y la vida, recordemos los sabios consejos de Bertolt Brecht.
Antes que nada, quizá es necesario abordar la crítica de laciencia económica. La pretensión de que hay hechos o procesoseconómicos–que pueden ser explicados y juzgados por una ciencia especial, independiente, ajena a cualquier otra ciencia o consideración social, histórica o filosófica–, pasa por alto (no inocentemente) que tales hechos no existen. Todo hecho pretendidamenteeconómico, es un hecho social, un hecho humano, y por tanto en su comprensión, análisis y valoración debe ser incorporada toda la complejidad de los seres humanos como seres sociales e históricos.
Laciencia económica(de muy reciente invención) ignora esa complejidad e ignora los conocimientos que para comprenderla han generado otras disciplinas; así, por ejemplo, con un postulado ridículamente pobre (el homo economicus) pasa por alto lo que durante milenios han aportado al estudio del comportamiento humano la filosofía, la literatura, la historia, la antropología; para laeconomía, la realidad queda reducida a unas cuantasleyes fijas, inamovibles(la oferta y la demanda, la utilidad marginal, el equilibrio de los mercados, esto es, los precios). Esta ignorancia es la madre de la barbarie que hace de los seres humanos un artefacto de calcular beneficios, balances, y reaccionar mecánicamente, paraoptimizarlos beneficios propios, al margen de cualquier otra consideración, al margen de algún criterio ético o moral, al margen de las emociones; así quedan anuladas facetas esenciales de lanaturaleza humanacontemporánea como la conciencia moral, la generosidad y la empatía.
Esta ideología de laeconomíaha sido llevada a su extremo por el neoliberalismo, pero está presente desde el inicio de esacienciaen el siglo XIX. En los manuales escolares deeconomíase ponen como prototipos dehecho económicosituaciones en las que la extrema necesidad de alguien permite a un vendedor aumentar los precios al máximo” (por ejemplo, el precio de un vaso de agua en el desierto). Mediante una lectura interesada de la obra de Adam Smith –otro ejemplo, se considera comoun hecho económico universalsu dicho de que al carnicero le son ajenas, no le interesan, ni la vida ni los problemas de sus clientes– hoy se justifica el egoísmo extremo de capitales que tienen amenazada la supervivencia de la humanidad y arrasan pueblos enteros, o el egoísmo ciego de oligarquías como la mexicana que se opone a todo intento de humanización de la vida nacional
La ideología dominante degrada al ser humano al considerarlo una cosa, y esto es lo que hace laciencia económica. Con ello, se aplica puntualmente la receta que instruyeron los padres del positivismo, sustentoepistemológicode laeconomía, concretamente Durkheim y Comte: debe evitarse todo juicio de valor y considerar a los hechos sociales como cosas. Si los hechos económicos son cosas, quienes participan en ellos, los agentes económicos (todos los seres humanos) somos también cosas ¿puede extrañarnos la deshumanización actual que se manifiesta, entre otras cosas, en horrendos crímenes?

2/06/2020

Artero ataque a la Universidad Nacional Autónoma de México


El pasado mes de enero, un negocio privado de nombre Centro de Estudios Educativos y Sociales (CEES) publicó un documento de 35 páginas con el pretencioso título Análisis de Desempeño de Universidades Públicas Estatales en México (sic). La lectura de este documento permite afirmar que ese título es un engaño. Ese supuesto análisis no es sino un artero juicio sumarísimo de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
De inmediato, basado en ese análisis, el diario Reforma publicó dos escandalosas notas, una titulada Sale cara la UACM y los alumnos no rinden y la otra Salen peor evaluados tras pasar por la UACM; estas notas y el análisis en que se fundan, difaman a esta universidad y afectan los intereses de sus maestros, sus trabajadores y sus estudiantes.
El responsable del documento y director de ese CEES, es economista que ostenta un doctorado por el ITAM y un currículo que incluye altos cargos tanto en el ámbito educativo mexicano, como en el extranjero y en organismos internacionales (durante el gobierno de Felipe Calderón fue subsecretario en la SEP).
La falta de ética del CEES y del staff de Reforma que redactó las notas, es ilustrada, por ejemplo, por el hecho de que ninguno de ellos se dirigió a la UACM, o a alguno de sus responsables, para corroborar la información en que pretenden sustentar sus difamaciones. Ni siquiera sustentan sus dichos en documentos de la propia universidad; en la bibliografía (52 elementos) solamente uno se refiere expresamente a la UACM (su sitio de Internet) y de él no toman la amplísima información que tiene acerca de esta institución, sus fines, su filosofía, la justificación de su proyecto (o modelo).
Tampoco se ocuparon de la ya amplia bibliografía y hemerografía que hay acerca de esta joven institución: libros, ensayos, artículos, tesis de licenciatura, maestría y doctorado de diversas instituciones de reconocido prestigio.
La UACM es una institución pública, abierta como pocas al escrutinio público. Todas las decisiones importantes (tanto académicas como administrativas) se toman en el Consejo Universitario (paritario de maestros y estudiantes) cuyas sesiones son públicas y sus acuerdos se publican en la página de la propia universidad.
Hace poco tiempo, con una apertura poco usual en nuestro medio, la UACM invitó a otras instituciones universitarias a que realizaran una evaluación de su proyecto (de la propia UACM) y de sus realizaciones. Con generoso espíritu universitario ( ad honorem), el Instituto de Investigaciones Educativas (Inide) de la Universidad Iberoamericana respondió afirmativamente y después de un serio, intenso y responsable trabajo académico de cerca de dos años (que incluyó visitas a la institución, entrevistas, investigaciones), produjo un informe de 240 páginas. En ese informe, sin contemplaciones, se señalan los retos de la UACM, sus deficiencias, pero también las virtudes de su proyecto y los indiscutibles resultados que la comunidad universitaria ha logrado, a pesar de las condiciones adversas en las que ha tenido que trabajar, adversidades que tienen como explicación venales intereses políticos que aparecen nuevamente. A este respecto podrían consultar, por ejemplo, el libro La fundación de la UACM, entre la descalificación y el silencio, producto de una tesis doctoral presentada en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Son notables las diferencias (contradicciones, valoraciones) entre las conclusiones de esta evaluación que el Inide de la Ibero hizo de la UACM, y las acusaciones sin fundamento del CEES y el periódico Reforma. Por ejemplo, “La evidencia presentada en este informe –concluye la evaluación del Inide–, permite afirmar que la UACM hace una importante contribución al logro de la equidad en la educación superior si se considera la dimensión del acceso”. Uno de los resultados más notables de la universidad corresponde a la cristalización de su propósito de abrir las puertas de la educación superior a la población que ha padecido, o se encuentra vulnerable de la exclusión educativa (p 37). El documento del Inide da datos contundentes al respecto y muestran que “la experiencia de la UACM revierte de manera significativa la tendencia nacional (p 49).
En cambio, para los analistas del CEES, la UACM ha fracasado en su tarea de atender a la población marginada porque, según ellos, solamente ha logrado atender a un 2 por ciento de la población objetivo y ofrece una educación de mala calidad y muy costosa.
Es evidente que la cobertura lograda por la UACM es proporcional a la magnitud de los recursos que se le han asignado y que a partir de 2016 se le han restringido; y respecto a la calidad de la educación en la UACM, los indicadores que usa el CEES son ridículos: a) la supuesta no correspondencia de los programas de la UACM con los requerimientos de los mercados laborales presentes, y b) la proporción de maestros con doctorado. No valora, en cambio, que como ellos mismos señalan, la proporción de profesorado de la UACM con dedicación de tiempo completo es la más alta entre las universidades comparadas (incluyen a la UNAM, la UAM, el IPN, instituciones en las cuales los profesores por horas son 70 por ciento o más).

5/30/2019

Capitalismo y negocios, verdades y mentiras



El Plan Nacional de Desarrollo (PND) presentado por el gobierno federal al Congreso de la Unión es un documento notable. Algunos economistas se han escandalizado por la falta de cuadros, tablas, gráficas, proyecciones, números. Quizá falten, pero resulta insólito que contenga conceptos éticos.
Debemos combatir el engaño, es una idea central en ese documento. Debemos esforzarnos por reconocer la realidad, tomar conciencia de que la ideología dominante está llena de mentiras, que usa un lenguaje manipulador. “El lenguaje del discurso oficial –se denuncia en el PND– fue sistemáticamente desvirtuado La falsificación regular y sostenida del lenguaje es uno de los factores que explican la bancarrota política en la que desembocó el régimen oligárquico y neoliberal: el escepticismo social ante la palabra de las autoridades terminó convirtiéndose en repudio general porque, a fuerza de mentir, los gobernantes llegaron al total agotamiento de su credibilidad. Esa situación permite aquilatar la capacidad de convocatoria que logró el precepto No mentir, no robar, no traicionar”.
Es atendible el llamado del PND a la restitución de los vínculos entre las palabras y sus significados y el deslinde con respecto al lenguaje oscuro y tecnocrático que, lejos de comunicar los propósitos gubernamentales, los escondía. Con acierto, señala que la corrupción no es únicamente monetaria, sino que conlleva la simulación y la mentira.
El capitalismo neoliberal se sustenta en la falsedad, en la falta de verdad, más bien en varias falsedades, en varias mentiras, por ejemplo: la magnanimidad justiciera de la mano invisible. En el PND se señala que la “idea de que las instituciones públicas debían renunciar a su papel como rectoras e impulsoras del desarrollo, la justicia y el bienestar, y que bastaba ‘la mano invisible del mercado’ para corregir distorsiones, desequilibrios, injusticias y aberraciones, fue una costosa insensatez..., ante la brutal concentración de riqueza generada por sus políticas, los gobernantes neoliberales afirmaban que lo importante era que esa riqueza se generara en la élite de la pirámide social y que ya iría goteando hacia abajo para acabar beneficiando a todos. La afirmación resultó falsa”.
Cifras publicadas por el Inegi demuestran la validez de esta denuncia del PND: Un puñado de empresas y de magnates acapararon el exiguo crecimiento económico y la riqueza jamás llegó a los sectores mayoritarios de la población. Puede afirmarse que más bien ocurrió lo contrario: la riqueza fluyó de abajo hacia arriba, de modo que empobreció más a los pobres y enriqueció por partida doble a los ricos.
Otra falsedad del capitalismo es, por ejemplo, que la competencia da plena legitimidad a las utilidades de toda acción mercantil, de todo negocio, y es una garantía de máxima eficiencia. Por ello es relevante el pronunciamiento del PND: El paradigma que estamos construyendo se basa en la convicción de que es más fuerte la generosidad que el egoísmo, más poderosa la empatía que el odio, más eficiente la colaboración que la competencia, más constructiva la libertad que la prohibición y más fructífera la confianza que la desconfianza. Tenemos la certeza de que los principios éticos y civilizatorios de nuestro pueblo son las claves del nuevo pacto social y del modelo de desarrollo para el México que está renaciendo tras la larga y oscura noche del neoliberalismo.
Las falsedades que sustentan al capitalismo son muchas y constituyen una armazón que debe desmontarse pieza por pieza. Siendo la mentira su sustento, todo se trastoca, todo se deforma, todo se corrompe: se trastocan la vida política, la cultura, las relaciones sociales encuadradas en ese sistema político-económico-social que no se atreve siquiera a decir su nombre y se disfraza con apodos cariñosos: economía de libre mercado, economía abierta, o simplemente la economía (delató Hans Magnus Ensezberger).
¿Puede demostrarse que los sustentos del capitalismo son falsedades? ¿o todo es cuestión de puntos de vista, de meras opiniones igualmente válidas? ¿Cuál sería la verdad? ¿puede demostrarse que algo es verdad? ¿cómo se conoce? ¿cómo conocemos?
El estudio del conocimiento, de su naturaleza y de los métodos para alcanzarlo o construirlo se inició hace milenios. ¿Cómo conocemos? ¿cómo sabemos que lo que afirmamos es verdadero? Hoy siguen muchas discusiones vivas y no pocas preguntas sin respuesta. Pero esto no quiere decir que nada se sepa a ciencia cierta acerca de cómo conocemos los humanos y de los procesos del conocer. Disciplinas completas como la epistemología, la lógica, la sociología del conocimiento, la sicología y otras han aportado conceptos y teorías válidas, científicas, acerca del conocimiento; ahora se suman valiosos avances de las neurociencias.
Pero la ciencia se castra desde el momento en que pretende separarse de su matriz: la historia, la filosofía, la ética. Resulta oportuno recordar la perspectiva propuesta por Bertolt Brecht, dramaturgo, poeta, filósofo, en su breve ensayo Cinco dificultades para quien quiere escribir la verdad. Brecht parte del reconocimiento de que encontrar la verdad requiere de la aplicación de un método. Pero cuidado, dice Brecht, la primera dificultad para encontrar la verdad no está en aplicar el método adecuado, la primera dificultad estriba en tener el valor de reconocer la verdad cuando la encontramos, en estar dispuestos a reconocerla y actuar en consecuencia, modificando incluso nuestra propia vida en la medida en que esa verdad lo exija. Por tanto, acercarnos a la verdad no es únicamente un asunto de racionalidad, es un problema moral, ético.
El Plan Nacional de Desarrollo presenta un reto a la ciencia económica dominante: revisar a fondo sus conceptos básicos, sus categorías; y al gobierno de la 4T el desafío de establecer políticas congruentes con los principios éticos proclamados.

5/02/2019

Para salir del pantano

La Jornada
Manuel Pérez Rocha


La reforma educativa se empantana, entre otras razones, por la falta de atención acerca de lo esencial. La formación integral, intelectual y moral de los niños y jóvenes es un complejo proceso en el que intervienen acciones intencionales –por ejemplo, las de la escuela, las de los padres de familia, los programaseducativosde la radio y la televisión, entre otras–, componentes de la educación formal. Pero en la educación intervienen también, múltiples influenciasno intencionalesde diverso origen: las experiencias de la vida laboral, las experiencias de la vida política, lo que vemos en la calle, laindustria del entretenimiento(televisión, radio, Internet), múltiples aspectos de la llamada educación informal.

La reforma educativa, tan debatida, se ocupa exclusivamente de la educación formal, e ignora por completo la informal (incluso se ocupa sobre todo de cuestiones administrativas del aparato escolar). Se dirá que la educación informal no es responsabilidad del Estado, pero esto es incorrecto pues el descuido de los efectos de la educación informal se traduce en limitaciones o el total fracaso de los proyectos de educación formal y escolar; las posibilidades y resultados de la educación formal (como la lectoescritura) están fuertemente determinados por elementos específicos de la educación informal (por ejemplo, el abrumador predominio de la imagen).

Asuntos tan importantes como las motivaciones de los estudiantes, sus hábitos de pensamiento, su emocionalidad toda, su visión del mundo y de su entorno inmediato, están en gran medida determinados por las experiencias fuera de la escuela, sin responsabilidad de los maestros, y son factores de la personalidad y el carácter de los estudiantes, que condicionan sus posibilidades académicas.
Una de las grandes mentiras de la reforma educativa consiste en señalar a las deficiencias de la educación formal escolar como la causa de las desgracias nacionales (reproduciendo así la decimonónica ideologíaeducacionistahace tiempo rebatida), y otra es cargar la responsabilidad central en los maestros, y afirmar que por eso ameritan un régimen laboral de excepción. Quienes sí ameritarían un régimen especial son quienes influyen, con grave perjuicio, en la educación de niños, jóvenes y adultos con la explotación mercantil irresponsable, sin exageración criminal, de los poderosísimos medios modernos de información, y con la publicidad comercial degradante.
Lo más absurdo de todo el lío de la reforma educativa es su irrelevancia en términos de la educación de los niños y jóvenes mexicanos. Las controversias no han logrado iniciar siquiera una verdadera discusión, pero han puesto en evidencia las meras opiniones y ocurrencias de varios actores (PAN, PRD, e incluso Morena) dominadas por prejuicios, mitos, falsas verdades, y una caricatura ridícula del complejo problema educativo: que los maestrosden clases.
La reforma educativa no ha salido del pantano de lodos nada educativos en el cual está atorada desde hace tiempo. Esto ocurre porque la mayor parte de quienes debaten, pero no discuten (diputados, senadores ypolíticosde todo color), no han prestado la menor atención a los verdaderos problemas educativos, como son, cabe insistir, la motivación de los estudiantes, la definición de los fines de la educación, o el contexto cultural, crecientemente complejo, determinante de los posibles resultados de la labor de la escuela. También porque están interesados en otras cosas menos dignas que la educación y porque quienes sí saben de asuntos educativos –loseducadores– le han fallado al país.
Sin duda,educadoresrelevantes en este asunto han sido los especialistas del Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), organismo encargado de legitimarcientíficamentelas absurdas reformas impuestas de manera despótica por el gobierno de Peña, tarea asumida por ellos con docilidad.
Los pedagogos del INEE fueron incapaces de siquiera iniciar una discusión seria acerca de la educación y su evaluación. Hay nociones clave en toda esta problemática: evaluación, fines de la educación, función del maestro. Pero el propio INEE fue incompetente para aportar siquiera un concepto claro de evaluación; llama evaluación a la aplicación de un examen, confunde evaluación con medición, ha sido incapaz de desarrollar los enfoques y métodos diversos de las imprescindibles evaluaciones educativas a partir del esclarecimiento de sus funciones alternativas: diagnósticas, formativas, administrativas (todas necesarias y válidas). El INEE también fue incapaz de criticar y superar la inane noción de calidad educativa. También fue incapaz de mostrar la complejidad de los procesos educativos y el carácter limitado de la responsabilidad de los maestros, y ha sido incapaz de evidenciar cómo los maestros son víctimas de fenómenos sociales, económicos y políticos no creados por ellos.
Pero para iniciar una fértil discusión (no debate, ni mucho menos controversia) sobre la educación es necesario primero resolver un problema político, auténticamente político, en el mejor sentido de la palabra, un problema de comunicación y concordia: el agravio que recibió el magisterio mexicano de parte del gobierno de Peña Nieto y sus cómplices: los partidos políticos, la dirigencia del SNTE, la OCDE, el INEE, los llamados organismos de lasociedad civil, empezando porMexicanos Primero/Televisa(los mercaderes del entretenimiento enajenante y corruptor).
El desagravio tiene sólo un camino: la desaparición de lamal llamadareforma educativa de Peña y la desaparición total de sus consecuencias; ni un paso firme puede darse mientras un solo maestro esté sufriendo cárcel, despido, o limitación de derechos, resultado de esareforma. Otras víctimas –como las de Nochixtlán– ya no tienen alivio.

4/04/2019

La historia, la economía y la ética



Actuar sensatamente, construir racionalmente el futuro exige comprender el presente y juzgarlo de manera certera. Para ello debe servir la historia, acerca de la cual se ha iniciado en estos días un intenso debate.
Hoy, una realidad evidente es la dictadura universal del capital, que se manifiesta, de manera pública, en acciones de apariencia técnica, pero de innegables implicaciones sociales y éticas (otorgamiento de créditos, definición de las tasas de interés, operaciones bursátiles, calificación de deuda, políticas salariales, políticas de inversión, por ejemplo). Esto no lo ignoran quienes dirigen al mundo, los funcionarios de los organismos financieros internacionales, de los grandes bancos, de las calificadoras, los capitanes de empresa y no pocos gobernantes. Las eventuales objeciones de la ética las resuelven con argumentos técnicos, en los cuales no caben el deterioro del ambiente, la destrucción del planeta, la pobreza de la mayor parte de la población, las guerras y la violencia cotidiana; o las ignoran con un cinismo semejante al para mí, moral es un árbol que da moras, como dijo muy orondo el cacique potosino.
Como legitimación de sus decisiones esgrimen incluso un argumento con máscara de ética: nuestra responsabilidad, dicen a coro, es aumentar la (nuestra) riqueza, la mano invisible se ocupará de que esto beneficie al mayor número. Para ello, afirman, competimos en un juego leal (fair play) legal, y por lo tanto justo. Las utilidades que se derivan de este juego están, así, plenamente legitimadas, no tiene por que haber problemas de conciencia, ni reconocer otra obligación que la de crear esa riqueza.
Basta un poco de información histórica para constatar que ese juego leal (fair play) es un engaño y un autoengaño. Sin duda hay ejemplos de construcción de empresas productivas que con razón enorgullecen a sus creadores, hay incluso casos épicos de fundadores de pymes; pero este no es lo que acontece con el sistema como tal, y mucho menos de los formidables capitales financieros que hoy dominan al mundo. La idea del juego leal, de la libre y justa competencia y de la posterior acción magnánima de la mano invisible para repartir la riqueza es un cuento que, para creerlo, se hace necesario olvidar la historia.
Algunos historiadores contemporáneos reconocen como aportación de Marx la incorporación de la perspectiva económica en el análisis histórico; es necesario reconocerle otra aportación: una visión ética de la historia de la economía. Veamos lo que dice en El Capital:
“Hemos visto cómo se convierte el dinero en capital, cómo sale de éste la plusvalía y de la plusvalía más capital. Sin embargo, la acumulación de capital presupone la plusvalía; la plusvalía, [presupone] la producción capitalista, y ésta, la existencia en manos de los productores de mercancías de grandes masas de capital y fuerza de trabajo. Todo este proceso parece moverse dentro de un círculo vicioso, del que sólo podemos salir dando por supuesto una acumulación ‘originaria’ anterior a la acumulación capitalista (‘previous accumulation’, la denomina Adam Smith), una acumulación que no es fruto del régimen capitalista de producción, sino punto de partida de él. Esta acumulación originaria viene a desempeñar en la Economía política más o menos el mismo papel que desempeña en la teología el pecado original. Adán mordió la manzana y con ello el pecado se extendió a toda la humanidad. Los orígenes de la primitiva acumulación pretenden explicarse relatándolos como una anécdota del pasado. En tiempos muy remotos –se nos dice–, había, de una parte, una élite trabajadora, inteligente y sobre todo ahorrativa, y de la otra, un tropel de descamisados, haraganes, que derrochaban cuanto tenían y aún más. Es cierto que la leyenda del pecado original teológico nos dice cómo el hombre fue condenado a ganar el pan con el sudor de su rostro; pero la historia del pecado original económico nos revela por qué hay gente que no necesita sudar para comer. No importa. Así se explica que mientras los primeros acumulaban riqueza, los segundos acabaron por no tener ya nada que vender más que su pelleja. De este pecado original arrancan la pobreza de la gran masa que todavía hoy, a pesar de lo mucho que trabaja, no tiene nada que vender más que a sí misma; y la riqueza de los pocos, riqueza que no cesa de crecer, aunque ya haga muchísimo tiempo que sus propietarios han dejado de trabajar … (subrayado mío). Sabido es que en la historia real desempeñan un gran papel la conquista, la esclavitud, el robo y el asesinato, la violencia, en una palabra. Pero en la dulce Economía política ha reinado siempre el idilio. Las únicas fuentes de riqueza [para ella] han sido desde el primer momento el derecho y el ‘trabajo’ (…). En la realidad, los métodos de la acumulación originaria fueron cualquier cosa menos idílicos”.
Las decisiones técnicas tienen implicaciones sociales y éticas. Los logros en los negocios, en la contienda comercial, no pueden legitimarse sin más, ni equipararse con méritos. Es tramposo olvidar la historia. Ese hoy del que habla Marx (1867), es también el hoy de 2019. Recordar la historia no tiene sentido para reabrir heridas, pero es indispensable para entender la realidad actual y para juzgar con criterio ético las decisiones económicas. El llamado del gobierno a hacer un uso ético de la riqueza, que vaya más allá del mero cumplimiento de la ley, es pues un acto político legítimo.