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2/18/2020

Pablo González Casanova: el amor y la lucha



Muchos años han pasado ya desde que, en 1950, al terminar sus estudios de doctorado en la Sorbona de París, Pablo González Casanova (donde obtuvo la mention très honorable) solicitó su ingreso al Partido Comunista Francés. Los comunistas galos le respondieron que, ya que no iba a vivir en ese país, mejor se incorporara al partido de la hoz y el martillo de México.
Más allá de la formación y los valores éticos que adquirió en el seno de su familia, su conocimiento del marxismo era anterior a su estancia parisina. “Cuando estaba yo estudiando en la Escuela Bancaria y Comercial –le contó a Claudio Albertani–, recuerdo que una vez pusimos, un amigo tranviario y yo, un letrero que decía: ‘El comunismo os salvará de las garras asquerosas del capitalismo.’”
Sin embargo, sería cursando la carrera de historia en El Colegio de México, como profundizó su conocimiento de este tema, de la mano de Wenceslao Roces (el traductor de El capital al español) y del cubano Julio Le Riverend, un marxista-leninista que lo acercó a José Martí, una de las influencias seminales en la formación política de don Pablo.
En Francia, González Casanova estudió dialéctica con Jean Hyppolite y conoció la obra de Antonio Gramsci, cuando Vicente Lombardo Toledano le obsequió las obras del autor de Cuadernos de la cárcel en italiano. El teziuteco era tío de su primera esposa, Natacha, y los visitaba en París, camino a Moscú o Roma. Pero su influencia en el escritor de La democracia en México –libro que el Fondo de Cultura Económica se negó a publicar– fue mucho más allá de las relaciones familiares. Lo consideraba un hombre brillante, que le dio al nacionalismo revolucionario mexicano una política exterior universal impulsando las relaciones con la Unión Soviética y el apoyo a los movimientos de liberación en América Latina.
Sin embargo, su visión del materialismo histórico poco tenía que ver con la de Lombardo o con la de la izquierda ortodoxa de aquellos años. Para él, el quid del pensamiento crítico y del marxismo no está en la economía, la dialéctica o en otra estructura de la sociedad, “la clave –asegura–, desde el Manifiesto el Partido Comunista, es la categoría de relaciones de explotación. No hay que dejarse marear: toda la diferencia con las ciencias y el pensamiento capitalista radica en asumir las relaciones de explotación en el centro de la acción y del pensamiento”.
Pese al consejo de sus camaradas franceses, a su regreso a México en 1950, el doctor Casanova no ingresó al Partido Comunista Mexicano (PCM), que en aquellos años vivía una crisis interminable. Por el contrario, entabló con sus dirigentes una larga y difícil relación, que duraría hasta la disolución del partido. Lo descalificaban considerándolo demócrata, no revolucionario.
El partido desempeñó un papel importante en la crisis en la UNAM de 1972, que llevó a don Pablo a renunciar a la rectoría (ante la inminencia de la entrada de la policía a la institución), por su negativa a reconocer al sindicato de trabajadores de esa casa de estudios la cláusula de exclusión (figura que permitía pactar en los contratos colectivos la facultad para pedir al patrón la separación del empleo del trabajador expulsado del sindicato al que pertenece).
A principios de la década de 1980, Arnoldo Martínez Verdugo, desde los 60 el más importante dirigente de los comunistas mexicanos, propuso a don Pablo ser su candidato a la Presidencia de la República. Él no aceptó.
–Ahora que estamos haciendo lo que tú nos dijiste, nos dices que eso está mal –le reprochó en una ocasión un comunista amigo suyo.
–Perdóname –le reviró– yo no estaba hablando de que ustedes renunciaran a los proyectos socialistas.
Siempre –explica el autor de Sociología de la explotación, libro que fue prohibido en Argentina– había sostenido la necesidad de combinar el socialismo con la democracia. Incluso, consideré la democracia como la primera lucha, pero no como la única. Pensaba que podíamos comenzar por ella –y tal vez era lo mejor, porque en un país como éste sin democracia era muy difícil– o por los pueblos indios. Pero no podemos olvidar, y no como una muestra de eclecticismo, que para la solución de todos los problemas –sean del socialismo o de la democracia– tiene que eliminarse la explotación, vinculada a la opresión.
A diferencia de su rechazo a ser candidato a la Presidencia por la izquierda institucional, el 21 de abril de 2018, González Casanova, con 96 años en ese momento, se convirtió en el comandante Pablo Contreras del CCRI-EZLN. Para ser zapatista –explicó el comandante Tacho– hay que trabajar y él ha trabajado para la vida de nuestros pueblos. No se ha cansado, no se ha vendido, no ha claudicado.
Cuando, hace dos años, en la presentación de uno de sus libros pidieron a don Pablo que compartiera su receta para llegar a los 96 con tal fuerza intelectual, respondió: Luchar y amar. Participen. Nos toca un periodo sin precedente en la historia de la humanidad. Nuestra lucha ya no es sólo por libertad, justicia y democracia, es de hecho por la vida misma.
Lo nuevo –explicó hace años el ex rector– no es ser moderado, de izquierda o ultra. Lo nuevo es la coherencia. Si algo ha sido don Pablo en la vida es ser un hombre nuevo, es decir, coherente.

Twitter: @lhan55

4/08/2019

A dónde va México


Pablo González Casanova
La Jornada


Estas no son afirmaciones que se puedan calificar de centro, derecha o izquierda o con mescolanzas de esas posiciones. Las tesis que se sostienen son de un conocimiento riguroso. Su carácter científico, crítico del sistema en que vivimos, puede dar pie a descalificaciones que se basen en mitos, ideologías e intereses con que los aludidos se nieguen a conocer la verdad sobre lo que hacen y de que por su parte son responsables en tanto sometan la lógica de sus esperanzas a la lógica del sistema.
Una de las formas de dominación del imperialismo neoliberal y neoconservador es la privatización del sector público de los estados metropolitanos y periféricos en procesos que al realizarse incrementan la corrupción y la criminalidad organizada, con ésta bajo la sombra de corporaciones y estados, o contratada, en caso necesario, para actos criminales contra pueblos, comunidades o personas, en acciones destinadas a despojarlos de sus propiedades, de su libertad o de su cuerpo.
Con el propio acto de privatización, el neoliberalismo ha hecho de los funcionarios públicos agentes de ventas de las propiedades nacionales y sociales o cómplices pasivos de la corrupción y la represión de que a menudo se sirven para incrementar su personal patrimonio y poder.
Neoliberalismo y corrupción están a la orden del día, tanto en la periferia económica del mundo, y en no pocos países del centro, en los que tienen como antecedente el famoso gangsterismo de Chicago y las mafias de Italia. En cuanto a los países de origen colonial o semicoloniales y periféricos, son actores de permanente uso los grupos de matones al servicio de sus amos y caciques o de las compañías trasnacionales, como la Compañía de Indias inglesa o la Mamita Yunai, estadunidense.
Esos integrantes del “crimen organizado” se articulan hoy en sistemas globales dominados por las corporaciones financieras y sirven o se asocian con funcionarios que se han vuelto también empresarios, que si ayer decían estar al servicio de la evangelización, de la civilización, del progreso o del desarrollo, hoy hacen de la función pública una actividad en que el funcionario se pone al servicio de la empresa privada, mediante la coima (mordida), motor del sistema y por la que los funcionarios se vuelven socios no pocas veces mayoritarios.
En las nuevas circunstancias, como los antiguos y nuevos ricos, el “crimen organizado” combina sus conocimientos políticos con los económicos, y todos con los criminales y tecnológicos. Participa así en la dominación de un mundo en que se exige la práctica de la normativa moral en los tratos interpares de accionistas y de grandes propietarios, en que al mismo tiempo se urden medidas de especulación y depredación, que estructuran en el propio siglo XXI nuevas formas de acumulación primitiva, despojo, así como, de esclavismo, de servidumbre, de tributación y de salarios o ingresos de hambre que en gran parte del mundo pesan sobre la inmensa mayoría de una población a la que habiendo despojado de sus tierras y territorios, dejan en plena miseria, sin asomo de trabajo y sin los más elementales recursos para vivir, para comer, beber, curarse o enterrar a su muertos. De tales hechos –difíciles de contar y de escuchar– proviene el éxodo más impresionante de la historia humana, un éxodo global en que muchos son los que mueren al atravesar selvas, desiertos y mares… Entre las varias formas de descubrir a los verdaderos responsables de esos hechos y el dolor de que son beneficiarios, se encuentran los fabricantes de armas y los comerciantes en grande de narcóticos, quienes con las corporaciones y la gran banca actúan en un sistema cuyo atractor principal es la maximización de poder, riquezas y utilidades, en el que dominan con gobernantes y funcionarios, con legisladores y jueces que se asocian a sus proyectos entre mediaciones y represiones, que se apoyan en la cooptación o sometimiento de los propios líderes de los pueblos y se apoyan cada vez que es necesario en las fuerzas militares y paramilitares, con los que practican la supuesta persecución del “crimen organizado” en el que de vez en cuando sacrifican a algunos chivos expiatorios, y con el que empresarios, militares, policías y judiciales están profundamente articulados.
La comedia trágica llega al extremo de ajusticiar y desaparecer a los defensores de los pueblos en una política en que reinan la mentira y la confusión con la inmoralidad como práctica cosificadora. Un indicador de tal comportamiento del sistema es que hasta hace poco el comercio de armas ocupaba el primer lugar y que ahora lo suplanta el narcotráfico.
Los fabricantes de armas están entre quienes actúan en un sistema cuyo atractivo principal es la maximización del poder. Foto Marco Peláez
Es en ese mundo en el que vive hoy la República Mexicana, donde tras la victoria electoral más impresionante de la historia, de éste y muchos otros países, la ciudadanía ha puesto a la cabeza del Estado a un presidente que no sólo aparece en la escena política como famoso por su honradez, sino por su valentía y habilidad política, innegables.
A la euforia causada por semejante triunfo electoral se ha añadido otra, con el entusiasmo que ha despertado la firme tesis del elegido de que en su gobierno va a emprender la Cuarta Transformación de México, siendo que las tres primeras fueron la Independencia de México, encabezada por el cura Hidalgo; la Reforma, que con Juárez creó el Estado laico y republicano, y la Revolución Mexicana, que culminó con el gobierno agrarista, obrerista y popular que nacionalizó el Petróleo y repartió el mayor número de tierras entre los campesinos beneficiados como comuneros, ejidatarios y pequeños propietarios.
En nuestros días, a tan democráticos, justicieros y revolucionarios hechos de la Tercera Transformación, se añadió un sabor de alivio al pensar que ya no iban a estar al frente del gobierno una serie de políticos que desde los dos principales partidos –PRI y PAN– habían hecho del gobierno una fuente de enriquecimiento personal de sus jefes, que llegó a alcanzar proporciones escandalosas con los sucesivos presidentes y gobiernos para los que se volvió norma inteligente de “saber y gobierno” aquella frase que salió del decadente Atlacomulco, de que “un político pobre es un pobre político”, y con la que el presidente saliente Peña Nieto revistió orgulloso su enriquecimiento y el de la inmensa mayoría de sus colaboradores.
El triunfo colosal de López Obrador con 53 por ciento de los votos, generó un entusiasmo nacional poco común, que se hizo extensivo a buena parte de la izquierda mexicana, incluso a la que proviene del extinto Partido Comunista. Y aunque no dejó de preocupar a buena parte de los ricos y poderosos, pronto varios de los más acaudalados y famosos se integraron a un nuevo Consejo Asesor Empresarial del Presidente.
La historia de las contradicciones que en el nuevo gobierno surgieron se hizo inevitable, y si en la izquierda gubernamental se arguyó con la lógica de que no se podía ir más lejos, en la banca y las corporaciones por su parte se acentuaron medidas de presión tanto con los valores financieros, como con la moneda, y con la gasolina y el petróleo, que parecieron retar al nuevo gobernante, a confirmar su firmeza, o a negociar lo no negociable.
La primera respuesta del Presidente pareció que los actos de gobierno confirmaban su firmeza al anular un proyecto de aeropuerto en Texcoco, lugar próximo a la Ciudad de México, que no sólo había sido considerado inviable por diferentes expertos, sino al que se habían opuesto, una y otra vez, los pueblos aledaños, con tenacidad y valentía impresionantes.
La crítica de la derecha a la liquidación de la obra no se hizo esperar, lo que le valió al Presidente todo tipo de ataques por cuanto medio pudieron lanzar los inversionistas afectados y sus cómplices, quienes tacharon de irresponsable al Presidente al no tomar en cuenta que ya se habían invertido cientos de millones de pesos que él tiraba por la borda como si todavía estuviera en la campaña electoral y no se diera cuenta de su responsabilidad de gobernar.
Fue así como empezó a darse abiertamente –en las palabras y las decisiones– la lucha por definir al nuevo gobierno. En ella pareció ir triunfando el verdadero poder de la derecha, no sin escollos oficiales que frente a crecientes presiones el Presidente luchó por vencer. La destreza con que enfrentó a ese y otros problemas planteados pareció advertirse en las concesiones que hizo a uno y otro embates, entre críticas y asentimientos con que fue respondiendo a los ricos y poderosos y a la izquierda que lo acompaña.
Del conjunto de sus actos derivaron nuevas críticas a los ex presidentes neoliberales del PRIAN y a la corrupción que los caracterizaba, y críticas no menos firmes a la izquierda que no lo apoyaba acusándola, en forma visceral, de hacerle el juego a los “conservadores”.
A semejantes luchas verbales, el Presidente añadió, por un lado, la decisión de seguir construyendo dos termoeléctricas, un acueducto y un gasoducto. Aquéllas iban a operar en zonas de por sí carentes de agua y a las que las empresas les quitarían gran cantidad de “aguas vivas” para devolvérselas como “aguas muertas” imbebibles e inútiles para el riego de sus campos y el mantenimiento de su vida… En cuanto al gasoducto le confirmaron también lo que a las poblaciones y al propio gasoducto dañaría, pues el gasoducto había sido trazado para pasar por tierras volcánicas y estaría expuesto a violentas rupturas y explosiones de que haría víctimas también a sus vecinos.
Si contra el informe de los especialistas y contra el sentir de los pueblos, el Presidente optó por apoyar a los voraces empresarios, a esa lamentable decisión añadió una curiosa forma de pedir a la oposición que no fuera a “politizar la muerte” (así dijo) de quien había sido asesinado a balazos: el dirigente Samir Flores, respetadísimo líder de los pueblos que encabezaban la oposición al proyecto, y que no “murió”, como dijo el Presidente, sino al que a tiros mataron y de ese modo acallaron, buscando intimidar de paso a los sobrevivientes.
Tal vez esa decisión y esa forma de eludir la palabra exacta, marcan la posición que, en los hechos, iría tomando el nuevo Presidente. Juntos, actos y expresiones verbales irían definiéndolo más que los meros calificativos. La sola enunciación de los mismos reveló que el gobierno del nuevo Presidente estaba o está en las antípodas de una Cuarta Transformación liberadora.
Del poco esperado y verdadero caminar se darían en la campaña electoral varios ofrecimientos que no cumplió, como el Proyecto Integral Morelos ya señalado, y la falta de una verdadera reforma educativa que sustituya a la mal llamada “reforma educativa” del régimen anterior, que en realidad busca reformar la educación “a modo de los empresarios” y controlar a los profesores con exámenes que se les aplican con base en algoritmos de una educación y un profesorado al servicio de las empresas y corporaciones, y frente a la cual puso como secretario de educación a quien siendo secretario de Gobernación con el presidente Zedilllo, que entre otras medidas autoritarias y represivas se negó a firmar los acuerdos de San Andrés, ya aprobados y firmados por sus representantes, y por todos los partidos políticos institucionales, así como por los rebeldes del EZLN que luchaban en busca de que los derechos de los pueblos indios para que fueran parte de la Constitución real y formal de la República, y que siguen luchando por que se respeten sus derechos a organizarse como comunidades realmente autónomas que practiquen la distribución del poder y el genuino respeto de la libertad y la democracia de las comunidades y redes de comunidades.
A la definición del actual gobierno con decisiones contrarias a los ofrecimientos de campaña al sentir, pensar y actuar de los pueblos y los trabajadores intelectuales con éstos que son los maestros urbanos y rurales atacados por la derecha desde los cristeros, se añadieron proyectos en que no fueron atendidas las experiencias históricas, ni los informes de los expertos, ni quienes ven en ellos amenazas para los pueblos comprobadas en la historia de México, de América Latina, e incluso de Estados Unidos.
Para la aprobación de varios de esos y otros proyectos que son objeto de diferencias se realizó una “consulta” legalmente obligatoria, pero simulada con encuestas de individuos que no representan el sentir ni la voluntad de las comunidades, ni su costumbre de “tomar acuerdo”. Los símiles de “consultas” en realidad se llevan a cabo con “muestras aleatorias” de “individuos”, seleccionados en formas que carecen de todo rigor técnico y científico, y que en términos de los especialistas en la materia no son ni “confiables” ni “válidas”.
Se trata de proyectos como el Tren Maya y el Corredor Interoceánico que corresponden a una larga historia de nuestro continente, particularmente dolorosa. El proyecto del Tren Maya nos hace recordar que –como es bien conocido– el desarrollo de los ferrocarriles en Estados Unidos está estrechamente vinculado a la geografía de la desaparición de los pueblos indios….
En cuanto al Corredor Interoceánico, sin duda antecedente de un canal acuático que dados los costos mucho menores de transporte, es perfectamente previsible en un futuro inmediato. El proyecto, nos recuerda que su predecesor –el Canal de Panamá– fue causa determinante para arrebatar un inmenso territorio a la República de Colombia con la que se fundó la República de Panamá. Las políticas de balcanización han sido preferentes en la política expansionista estadunidense, con Vietnam del Sur y del Norte, Corea del Sur y del Norte, o con los países centroamericanos que se desprendieron de la antigua capitanía de Guatemala, o la destrucción de Yugoslavia y su transformación en un conjunto de republiquetas. A semejantes desastres se añade el de los “two Méxicos” que el historiador y antropólogo Lesley Byrd Simpson distinguió hace mucho tiempo en su libro titulado Many Mexicos... Su previsión ha sido confirmada recientemente por la titular de la Secretaría de Gobernación, que en su plática en Miami con la secretaria de Seguridad Interior de Estados Unidos, Kirstjen Nielsen, le hizo ver, que ahora Estados Unidos va a contar con dos fronteras para la contención de las “bandas de tráfico de seres humanos” desplazados de los países centroamericanos y el Caribe…
A semejantes proyectos de pérdida de la soberanía, en México se añade el de un incremento de las “zonas económicas especiales”, cuya geografía, hasta ahora, es la que conviene al comercio internacional de puerto a puerto entre el Pacífico y el Golfo, y que puede crecer y articularse en forma de “nodos” que dominen algo más que la industria y el comercio y desde luego un mercado hasta hoy nacional en el que van a instalar redes fabriles y comerciales de corporaciones de Estados Unidos a los que la Ley Federal de Zonas Económicas Especiales, publicada el 1º de junio de 2016, otorga derechos y privilegios de que gozarán los sectores privado y público y en que sus delegados ejercerán su autoridad soberana.
Hechos y medidas no menos importantes son los que se presentan a la ciudadanía como muestra del valor físico y cívico del presidente López Obrador y su decisión de no quedarse en el poder aunque muchos lo censuren. Es el caso, por un lado, de dar término al Estado Mayor Presidencial con el mensaje de que él es un Presidente que se cuida solo o a quien lo cuida el pueblo y, por otro, de que propone una reforma legislativa que dé el derecho a la ciudadanía para la remoción del mandato y el mandatario cuando así lo juzgue el pueblo, medidas admirablemente democráticas, pero que dejan mucho que desear en términos de la estabilidad del país y de una facilidad creciente con que podrá derrocarse al jefe de Estado. A esas medidas y otras con que parece legitimarse el presidente López Obrador, y que en lo concreto afectan la estabilidad del Estado mexicano, se añaden otras, como la creación de una Guardia Nacional, cuyo proyecto original del Ejecutivo era del todo militarista y que sólo dejó en parte de serlo por una inmensa corriente en contrario de la opinión pública.
El Estado Mexicano era un Estado antigolpe, y si desde Guadalupe Victoria el Presidente disponía de una Guardia Presidencial, que más tarde se convirtió en Estado Mayor Presidencial bajo las órdenes directas del Presidente, en tiempos del general Ávila Camacho, el Estado Mayor Presidencial llegó a tener la misma capacidad de fuego que el Ejército nacional. La estabilidad del gobierno no sólo dependía de la lealtad de las fuerzas armadas sino, también, de la estructuración para el control de sus fuerzas. Ahora y en el futuro sólo dependerá de la lealtad de los militares, como en todos los estados de América del Sur, lo que por la experiencia histórica hasta hoy da a la política del imperio mucho mayor posibilidad de intervención abierta o encubierta.
Es el caso que, para sorpresa de muchos, la restructuración del poder como su ejercicio, cuando se les analiza en su conjunto y en sus partes, tienen más que ver con el neoliberalismo populista en sus explicaciones y en sus reformas o proyectos de reforma institucional, y que no es exagerado afirmar que estas reformas son neoliberales tanto cuando dan más importancia a la corrupción que al capitalismo como causa de la inmensa desigualdad, criminalidad y amenazas de ecocidio con sus proyectos de muerte tanto aislados como sumados que se atribuyen a la corrupción y no al modo de dominación y acumulación movido por la maximización de poder y riquezas del capitalismo, y en la inmensa mayoría de las medidas que el Ejecutivo toma para un desarrollo con políticas de muerte que de lo micro a lo macro que están llevando al término de la vida en la Tierra.
Por pequeña que parezca hoy, tarde o temprano, el EZLN, el Congreso Nacional Indígena y la Red de Redes Nacional de Pueblos y Comunidades serán quienes logren la Cuarta Transformación, con la democracia basada en el poder distribuido entre pueblos y trabajadores formales e informales, quienes como quiso la izquierda de la Revolución Francesa asuman la soberanía para el logro concreto de la independencia, la libertad y el socialismo que en México quisieron y quieren los antiguos y nuevos descendientes de Zapata.

3/06/2018

La pelea ya no es por la justicia, es por la vida: González Casanova

En Minería, el ex rector de la UNAM reveló su secreto de fuerza intelectual: luchar y amar

Presentó su libro más reciente, el cual plantea retos que deben enfrentar las ciencias sociales

En este país y en el continente vemos una gran alternativa de emancipación humana, apuntó


Foto En la imagen, en el orden de costumbre, Luis Hernández Navarro, coordinador de Opinión de este diario, el antropólogo Jaime Torres Guillén, don Pablo González Casanova y Gilberto López y Rivas, durante la presentación de Explotación, colonialismo y lucha por la democracia en América Latina

En la presentación de su libro Explotación, colonialismo y lucha por la democracia en América Latina, Pablo González Casanova entusiasmó al público con la fortaleza de sus ideas, sobre todo cuando le pidieron que compartiera cuál ha sido su receta para llegar a los 96 años con tal fuerza intelectual.
Luchar y amar, respondió el ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), quien de inmediato exhortó a sus lectores: Participen. Nos toca un periodo sin precedente en la historia de la humanidad. Nuestra lucha ya no es sólo por libertad, justicia y democracia, es de hecho por la vida misma. Tan sólo la basura, por ejemplo, está destruyendo al mundo para aumentar la ganancia.
Publicada por Ediciones Akal, la obra que se comentó el jueves en la edición 39 de la Feria Internacional del Libro de Palacio de Minería (FILPM) plantea retos que deben enfrentar las ciencias sociales, en particular en este país y en el continente donde estamos viendo una gran alternativa de emancipación humana, agregó González Casanova.
Acompañaron al autor Gilberto López y Rivas, Jaime Torres Guillén y Luis Hernández Navarro, quien moderó la presentación del libro que, dijo, recupera textos claves en los cuales don Pablo ha construido conceptos para pensar la realidad actual, incluyendo una pequeña parte autobiográfica.
Explotación, colonialismo y lucha por la democracia en América Latina tiene una introducción de Marcos Roitman, quien se encarga de ordenar las distintas etapas del pensamiento de González Casanova.
En la Capilla del Palacio de Minería se dieron cita sobre todo jóvenes, en un encuentro intergeneracional en el que el maestro González Casanova explicó que comprendió la clave de su pensamiento al escribir su último artículo, una introducción al Capital de Karl Marx.
Detalló que la clave del pensamiento crítico y del marxismo no está en la economía, la dialéctica o en otra estructura de la sociedad, “la clave, desde el Manifiesto el Partido Comunista, es la categoría de ‘relaciones de explotación’, sí, las viejas relaciones, por ejemplo, entre amo y esclavo, señor y siervo, patrón y obrero. No hay que dejarse marear: toda la diferencia con las ciencias y el pensamiento capitalista radica en asumir las relaciones de explotación en el centro de la acción y del pensamiento”.
Por supuesto, don Pablo habló de México, de sus revoluciones y el zapatismo, temas con los que siempre ha estado comprometido: La contribución de nuestros pueblos al cambio social es enorme. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional es un referente mundial tan importante como fue y es la revolución cubana. Su manera de negociar la paz sin concesiones es una lección magistral de hacer política. Y no es casual. México ha estado en la punta del cambio. La Revolución Mexicana impactó al mundo y la Constitución de 1917 era incluso más avanzada que la rusa soviética.
Pablo González Casanova advirtió que “el temperamento mexicano es engañoso, porque la historia nos enseña que aguantamos y aguantamos hasta que decimos: ‘¡ya!’, y entonces sí, ¡cuidado!”
En su turno, el antropólogo Gilberto López y Rivas destacó que la obra de Pablo González Casanova, seleccionada y prologada por Marcos Roitman, “constituye un instrumento indispensable para enfrentar, desde el pensamiento crítico y la coherencia ética, los retos de una ciencia social comprometida con los pueblos en la acuciante realidad que vive la humanidad, en particular, nuestra América, en la trasnacionalización capitalista neoliberal.
Don Pablo representa ese vigía que los zapatistas describen como el centinela de la reflexión crítica, que sabe distinguir los cambios, que mira los indicios, los valora y los interpreta, que no se cansa y señala los peligros, las tormentas, sin consignas, autos de fe ni modas de la academia extractivista o la intelectualidad al servicio del poder.
El también antropólogo Jaime Torres Guillén, autor del libro Dialéctica de la imaginación: Pablo González Casanova, una biografía intelectual publicado por La Jornada/Demos (2014), insistió en el papel del ex rector de la UNAM no sólo como analista de la realidad mexicana y latinoamericana, sino como elaborador de conceptos científicos y críticos para comprender esta realidad, así como la importancia que ha dado no sólo a hablar de la explotación, sino, por ejemplo, a mostrar cómo en el capitalismo actual y en países como México sigue habiendo esclavos.
En México hay aproximadamente un millón de personas que trabajan como esclavos, apuntó don Pablo.
Luego de 10 minutos de preguntas y respuestas, González Casanova se retiró entre aplausos, con el ánimo y la gentileza de detenerse con quienes le solicitaron una selfie.

Foto cortesía de la FILPM
Mónica Mateos-Vega
 Periódico La Jornada

5/14/2017

México: los legados de la izquierda



Participación en Seminario “Los muros del capital, las grietas de la izquierda”, 15 de abril de 2017

En primer lugar una excusa, porque el día de ayer estuve tratando de terminar, y terminé, una ponencia que les iba a leer y que ahora pensé que era mejor no leer... Porque, había yo traído tres textos a Chiapas, pensando que iba hablar al principio de la reunión, del encuentro, y resulta que me invitaron para el final del encuentro, y lo que pensaba decir no venía al caso. Entonces decidí hacer... acordarme del maestro Alfonso Reyes, que me decía que cuando pudiera dar una conferencia sin leer, sería mucho mejor darla sin leer, y que si la leía viera más... al público que al papel. Aquí puedo ver un poco, en medio de la oscuridad, al público, y decirle que pensé en la conveniencia de definir qué es la izquierda para... en parte, contradecir a quienes nos están acusando de dividir a la izquierda. Y me pareció que ese problema es interesante traerlo aquí, y entonces se me ocurrió ver cómo ha definido el pueblo mexicano a la izquierda a lo largo de su historia.
Empecé a pensar en los curas rebeldes que se vinieron huyendo de la inquisición y del cristianismo de Carlos V y Felipe II. Y esos curas rebeldes son el principio de un proceso que corresponde a la emancipación humana; y que naturalmente incluye una categoría que no existía en las ciencias sociales, o que no era central en las ciencias sociales, y que es central en la vida humana; que es la categoría de la explotación de unos hombres por otros.
Esa categoría no existía antes, pero no es la única que hace suyo el pensamiento emancipador; es decir, no puede haber emancipación humana si hay explotación de unos hombres por otros, eso es absolutamente claro, pero acabar con la explotación no es suficiente porque la emancipación humana es mucho más que eso. Entonces, a partir de esta toma de posición, me pareció que aquellos curas; aquel cura que se subió al púlpito en la isla de Santo Domingo y ante la furia, la rabia desatada de los conquistadores, declaró o dijo en su sermón que los indios tienen alma; es decir, que no son animales...aquel cura exigió respeto a ellos por su dignidad humana. Y los conquistadores se pusieron furiosos, y bueno, en realidad eran herederos del Aristóteles que manejó la inquisición, aquél que le recomendó a Alejandro el Grande, un discípulo suyo, cuando se fue a conquistar Asia; y le dijo: "a los griegos trátalos como ciudadanos y a los bárbaros como animales o como plantas"...
Entonces, el respetar al ser humano, el respetar la dignidad del ser humano, es una lucha muy grande que se sigue dando hasta hoy; y la palabra, el término dignidad, es parte de la terminología más cara para nosotros.
Yo acabo de mandar a la Enciclopedia Marxista de Ciencias Sociales de Alemania un trabajo sobre la dignidad, y allí cito a esos curas rebeldes que defendieron vigorosamente la dignidad de los indios. Pero como se ve, esta lucha siguió hasta nuestros días y entre los teólogos apareció la teología de la liberación con Gustavo Gutiérrez, en Perú; con varios teólogos notables y pensadores políticos en Brasil, como Leonardo Boff, o como Frei Betto, a quien me he encontrado muchas veces en Cuba, y que está luchando ya no sólo por reconocer la dignidad humana de los nativos sino por el socialismo.
Una primera definición entonces de izquierda sería esa: la que lucha por la dignidad humana de cuanto ser humano es oprimido y discriminado.
Una segunda, es la lucha por la independencia, una lucha a la que no se le dio la importancia que tenía, y que tiene, sino hasta años muy recientes; hasta hace unas cuantas décadas con Fanon, en que el hombre colonial --el que vive en los países coloniales--apareció como un hombre oprimido, y bajo una opresión y una forma de dominación y de desprecio, y de privación, especiales; y tan especiales, que ahora vemos por ejemplo con lo que está ocurriendo en África. En 7 países de África, están por morirse, o ya murieron o se están muriendo varios millones de habitantes, de hambre; cosa que ocurrirá si lo que nos contaba ayer, según me dijeron, ¡Magdalena Gómez, que ocurre en México, donde no sólo nos están quitando los recursos como el petróleo, la electricidad, etcétera, sino las tierras, el agua y el subsuelo, y donde se están creando “enclaves coloniales! como los que ella mencionó.
Entonces sigue siendo un problema especial el estar contra el colonialismo, que más tarde se va a vincular al capital monopólico y va a adquirir otro nombre, el de imperialismo, y de eso hablaré un poco después. La lucha por la independencia además, unió a los pueblos indios con los líderes de la Independencia... Cuando Guadalupe Victoria le propuso a Morelos, perdón a Hidalgo, el dirigir la guerra, Hidalgo, según me contaron, le respondió: "No, ésta es una guerra del pueblo"; y parece que en la guerra había más pueblos indios luchando por la independencia que mestizos, o blanquitos. Entonces, los indios han estado insertos en nuestra historia, desde que nació este país como un país independiente, y hay que darse cuenta que lo que ahora se está haciendo es volviendo a decir eso; volviendo a expresar la estrecha vinculación, la total vinculación, que en México tiene el indio y el que no es indio. También, de ese par de curas que eran Hidalgo y Morelos, aparte de hacer la guerra del pueblo, uno de ellos, Morelos hizo la primera comunidad que se autogobernaba, y esa es otra forma de definir a la izquierda. Con comunidades y redes de comunidades autogobernadas y autosuficientes.
Y ahora paso a un legado más sobre el que, quienes manejaban ese marxismo un poco elemental de que no quiero acordarme, decían: que era una revolución burguesa, etcétera; pero no, es otra forma, otro legado de la emancipación la, que va a realizar Don Benito Juárez. ¿Emancipación de qué?, de la utilización de la religión para oprimir; y de la alta jerarquía eclesiástica, que junto con muchos de los ricos de la época colonial fueron los que se quedaron con el poder y las riquezas cuando España ya no los pudo retener; y fue una gran virtud de Juárez, el hacer "La Reforma", como se le llamó, la más profunda de toda América Latina, quitándole al clero sus inmensas propiedades, y estableciendo la educación laica y el derecho a pensar sin que le invocaran a uno a Dios para decirle que estaba equivocado. Entonces ese es otro legado que define a la izquierda, y a la lucha por la emancipación humana.
Con los liberales también, aparecen otras formas más de emancipación. Una es la que se da por la Autonomía Universitaria; la gran lucha que ocurre a lo largo del siglo XIX y XX, y que exige la independencia del Estado para que el pensamiento oficial no intervenga en lo que los profesores y los alumnos enseñan y aprenden. Fue y es una lucha maravillosa, que se sigue dando a lo largo de todos los años y que nos va a entregar hasta el "68" mucho de lo que la emancipación humana es.
Y en esa corriente, en ella, destaca alguien que no nació en México, pero que es latinoamericano, y que es uno de los escritores más notables de la lengua castellana, que es José Martí. Y Martí representa un liberalismo radical, de una profundidad verdaderamente extraordinaria, porque por un lado le da una fuerza, una importancia central, a la moral como poder; y por otro, denuncia, con su riquísima pluma, al imperialismo naciente; y por otro más..., organiza una lucha revolucionaria en la que invita a formar parte de la dirección revolucionaria a un comunista. Todo este liberalismo radical de fines del siglo XIX es el antecedente de la única revolución que subsiste en este momento de todas las luchas que se hicieron en busca del socialismo; y quiere decir que quienes rechazaban, o nos pedían incluso que no habláramos de moral, no entendían que no estábamos hablando de moralina, como con justa razón la denominó Benedetti, sino que estábamos hablando de moral de lucha, de moral de cooperación y de una palabra que siempre me sale en rojo en la computadora porque todavía no la acepta la Academia Española y que la inventaron aquí, los compañeros zapatistas, que es la que nos permite destacar la moral de compartición... Entonces moral de lucha, moral de cooperación, moral de compartición aclaran de qué moral estamos hablando y que buscamos tenazmente practicar; y ambas aclaraciones acaban completamente con los planteamientos absurdos, y con los silogismos falsos, que padeció una gran corriente anarquista, y acaban también con la simulación de los que hablan de moral nada más para engañar y pretender que son lo que no son...
Así las contribuciones a la izquierda de las corrientes liberales son muy fuertes; y van a llegar hasta nuestros días en que se enriquecen mucho con incontables experiencias y prácticas que comprueban su fuerza en el poder de movimientos y colectividades...
Pero, voy a seguir más o menos el curso de la historia de los legados y me voy a pasar a la Revolución Mexicana, en la que México también es el que hizo la reforma agraria más profunda de toda América Latina, una reforma revolucionaria en la que participaron los campesinos y los pueblos indios de México muy activamente, sobre todo con el zapatismo histórico, con el primer zapatismo, y fue una revolución de esas que se menospreciaron en cierto momento como burguesas por quienes incluso también califican de burguesas a las revoluciones del socialismo de Estado, en un modo de pensar bajo estereotipos que nos impiden ver la evolución de las luchas y de las acciones revolucionarias y contrarrevolucionarias. Y son las luchas en su accionar histórico las que realmente definen los procesos... En efecto, la Revolución Mexicana no fue una Revolución que hubiesen hecho los obreros solos, y es más, el comunismo no se había difundido tanto como el anarquismo entre los trabajadores. Pero los trabajadores participaron en esa guerra, y activamente; y participaron los campesinos y los pueblos indios y la pequeña burguesía, y se hizo una Revolución que logró esa Constitución de 1917 que estaba mucho más avanzada que la de la Unión Soviética, con principios de política de libre autodeterminación de los pueblos y de no intervención, realmente extraordinarios, y con derechos de los trabajadores, de los campesinos... y todo eso ocurrió en procesos en los que parece que por un momento la burguesía se alía con las fuerzas populares para los objetivos que éstas buscan pero poco a poco esas alianzas se van echando a perder, y las burguesías vuelven a recuperar su avidez; y su egoísmo y el proceso funciona de la manera más perversa... Se da un fenómeno que hemos visto recientemente con la mayoría de los nuevos gobiernos progresistas de América Latina. Es un fenómeno que se repite y se va a repetir cada vez que pueda, si no nos preparamos para enfrentarlo en cuanto aparezca. Y ese proceso se dio con la Revolución Mexicana de entonces, que vemos cómo tuvo momentos de definición de izquierda realmente extraordinarios. Su política, por ejemplo, de recibir a Trotsky, fue realmente de un talento muy, muy grande para explicar realmente cuál era nuestra posición; porque por otro lado estaba la alianza con Lombardo y con los trabajadores, una alianza de clases que Lombardo llevó demasiado lejos y que se desprestigió, pero que en un momento dado le ayudó a radicalizar muchas de las posiciones del propio cardenismo. Entonces, en México vemos una de las revoluciones, que a nivel mundial lleva al nacionalismo revolucionario, a las más profundas reestructuraciones de la soberanía nacional, del derecho a la tierra de los campesinos, de los ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios, del derecho de los obreros a organizarse para defender sus valores e intereses. Y esa revolución, como muchas otras, sufre un proceso de recuperación que la lleva primero a establecer gobiernos de tipo llamado populista, con un populismo en el que empieza la falta de moral pública a prevalecer, pero no al grado que va a dominar hoy. Realmente hay un salto cualitativo en la desvergüenza, y en este momento este salto se ha dado y uno ve que la impunidad y la exhibición de la riqueza obtenida ilegalmente, coinciden con el empobrecimiento del pueblo y del país.
Entonces ese populismo va a dar tumbos y va a ir perdiendo fuerza, y ahí entra el gran proyecto de dominación y acumulación a nivel mundial del neoliberalismo globalizador. Y ese proyecto ha alcanzado un nivel mundial porque estaba ocurriendo algo semejante en la Unión Soviética y en China; a tal grado que Kissinger organizó muy bien a la llamada ultraizquierda que en Perú hizo estragos y acabó con muchos cuadros del Partido Comunista, que era pro-soviético. Y en el caso del presidente Allende..., yo estuve allá cuando fue el compañero Fidel Castro y estaba operando la política de desestabilización en que al mismo tiempo que subían los precios, se ocultaban los víveres y se agitaban los provocadores, en verdad desatados; y muchos de ellos eran genuinos, no eran agentes de la policía, pero se creían más revolucionarios y tenían luz verde como consecuencia de la plática previa de Mao Tse Tung y Kissinger. Y así, vimos y vemos un proceso muy, muy doloroso, en el que fue inútil el discurso, el discurrir y razonar de Fidel.
Yo lo oí ahí, estuve en varios actos a los que fue Fidel, y en uno de ellos estábamos en el Palacio de Gobierno de la Ciudad y ellos --Allende y Fidel--estaban en el balcón central, y yo estaba un poco a la izquierda, y.… bueno, a la izquierda físicamente, ¿no? Y entonces Fidel pronunció un discurso maravilloso, en verdad; y de pronto cuando ya tenía cautivado a todo su auditorio, dijo: - “¿Y ustedes creen, ustedes creen... que el pueblo se equivoca?” y entonces todos en la plaza gritaron: -“¡No, no se equivoca!” - “¡Pues fíjense que si!” ... Y aquélla fue la risa más fuerte que yo he oído en mi vida. Y entonces lo que él trataba de explicarles es que la correlación de fuerzas que tenía Allende, no la podían desconocer, y que Allende no podía ir más lejos, ni más aprisa, y que la estaban tratando de llevar más lejos para tirarlo; porque a una gente que va corriendo, lo puede uno tirar de dos maneras: metiéndole el pie, o empujándolo por la espalda. Y era lo que estaban haciendo.
Entonces ahí tenemos otro problema, otra forma de definir a la izquierda en el sentido de que tiene uno que calcular con mucho cuidado el tipo de alianzas que se hacen, y que siempre hay posibilidades de error, pero que pensar en términos de una sola corriente es completamente contradictorio y la unidad en la diversidad se impone necesariamente.
Hay un elemento más al que querría referirme y es el que concierne al enriquecimiento de los valores, o de las metas por los que la izquierda lucha. Ese enriquecimiento se dio de una manera notable en el caso de Cuba, donde es auténticamente cierto que el maestro, o el autor intelectual de la Revolución... es Martí, y donde vemos que realmente se trata de otro socialismo. Y basta ver el papel que juega el Partido Comunista Cubano, que no es un partido que domine la verdad y que sea el vocero de la conciencia del proletariado; sino que es un partido que orienta y que aprende. Y nosotros vemos ahí una enorme importancia que define a la izquierda con la pedagogía de la liberación de Paulo Freire y con los discursos de Fidel, que son realmente ejemplares para transmitirle el poder al pueblo; porque es muy, muy lindo pensar que el pueblo gobierne, pero ¿sabe hablar, sabe oír? No, pero se le puede enseñar, y al enseñarle uno, también uno puede aprender. Y eso es lo que les pasó a los dirigentes de la Revolución del 26 de julio, que aprendieron mucho. Entonces, ahí aparece una nueva revolución, que vemos que tiene una capacidad de resistencia que las otras no tuvieron, y que será el tema final al que me refiera; porque antes querría decir algo más en relación a los nuevos valores, a las nuevas metas que definen a la izquierda y a la emancipación humana. Y una se refiere justamente a lo que dijo la compañera: a la mujer, al homosexual, al transexual; a una serie de valores que no se reconocían y que de pronto surgen en un primer plano con sufrimientos espantosos que no nos habíamos percatado de su existencia, y eso ocurre en el 68 con los movimientos estudiantiles. Y como la población antes tenía una esperanza de vida mucho menor, por ejemplo, yo no estaría hablando aquí si estuviéramos en el siglo XIX; pues aparece un nuevo personaje muy importante en las revoluciones, que es la juventud. Y la juventud cumple un papel de vínculo entre todas las edades y trae estas nuevas, estos nuevos valores a un primer plano; y los trae por ejemplo con otro movimiento sumamente original del que voy a hablar con mucho cuidado porque no quiero, este... elogiar demasiado a mis huéspedes, que me dan esta hospitalidad fraternal; pero lo que ha ocurrido en la Lacandona, yo creo que es el principio de un proyecto de Democracia Universal.
Si el imperialismo, si el capital monopólico, si los complejos empresariales, militares, políticos y mediáticos tienen un proyecto de globalización neoliberal, yo creo que nosotros tenemos un proyecto aquí, que nació aquí en la Lacandona, que no sólo es nacional, que es universal y que va a ser universal si la humanidad se salva. Porque ese es el último problema que les quería tratar. Y es que estamos viendo una efectividad tremenda de las nuevas formas organización que están usando dos técnicas, o dos tecnologías científicas, muy eficaces. Una de ellas está relacionada con las ciencias de la comunicación, de la información, de los mensajes, de la lectura del mensaje y de la ejecución del mensaje. Otra está vinculada con la existencia, o la modelación y escenificación, de sistemas que se llaman inteligentes y que buscan alcanzar un objetivo. Y todo ese conjunto está dominado por un sistema completamente tonto, que es el capitalismo, y que está negando la validez... el valor de las propias ciencias que cultiva en cuanto estas dicen que algo que afecta su avidez de poder, de riquezas y de utilidades.
El problema es que en la vida académica hay una...eh, un temor, una actitud de cautela, un miedo que les impide a sus miembros decir que realmente no hay solución para resolver problemas vitales dentro del capitalismo. Que... y esto lo dice lo dije la vez pasada que estuve aquí; que todas las medidas que el capitalismo ha tomado con anterioridad para resolver sus crisis y los problemas que le plantea a la humanidad y a la tierra, a la vida en la tierra, están en crisis, pero muchos especialistas no se atreven a decirlo y les doy un ejemplo: Hace poco, Trump negó que el cambio climático se debiera a los gases de las industrias y volvió a echar carbón y demás contaminantes; y desconoció el valor de la ciencia, y el presidente de la Academia de Ciencias de los Estados Unidos hizo una carta protestando muy fuertemente; pero al final de la carta, él mismo dice que la ciencia abrió la caja de Pandora; es decir, pensar esta gente, que el capitalismo es el origen de su propia muerte y de la muerte de sus propios herederos les resulta imposible, y son tontos y necios, y se ponen furibundos; como los habrán visto ustedes si se les dice una cosa que es absolutamente elemental. Es como si se enojara uno porque existe la ley de la gravedad y se pusiera uno furioso.
Entonces, nos encontramos en una situación realmente delicada en la que movimientos como el zapatista son importantísimos; y para mí, tanto Cuba como la Lacandona, son la esperanza para la humanidad. Porque en ambas se dan todos los valores de la emancipación humana en potencia, y se da un hecho en el que debemos reparar con cuidado, y es que, en otros países creímos que se estaba yendo al socialismo, y yo por lo menos nunca me imaginé que íbamos a regresar al capitalismo; y el capitalismo fue restaurado y está gobernando ahora en Rusia, en China y en Occidente. Entonces, la responsabilidad de nuestro proyecto es inmensa porque da los elementos para pasar de la idea de la Democracia, a la idea de la democracia con el poder distribuido entre todo el pueblo. Hay la posibilidad de pasar de la pura retórica a la democracia de todos, con todos y para todos, y a un mundo en el que quepan todos los mundos. Se puede pasar en la realidad a eso que podría quedarse nada más en una frase, en un conjunto de palabras, en un conjunto de conceptos; se puede pasar a la realidad por las técnicas de que hoy disponemos y por la moral de lucha, de cooperación y de compartición que sustentamos. Entonces..., ahora sí tenemos una ventaja, y es que lo que antes se tenía que quedar en la retórica, ahora se puede volver real y debemos aprovecharlo y tener la capacidad de aumentarlo; tenemos que aumentar nuestra capacidad de comunicar nuestros proyectos con el resto del mundo, empezando por nuestro país. Por eso la decisión que ha tomado el EZ con el Congreso Nacional Indígena, de participar en las elecciones, y de hacerlo en la forma en que ha planteado su ingreso, a sabiendas de que los procesos electorales han servido exclusivamente para mediatizar las luchas de clases y las luchas de los pueblos, ahora está entrando, no para jugar ese papel mediatizador y no para ocupar puestitos públicos, sino para hacerse de un espacio de lucha ideológica que abra la conciencia de muchos mexicanos más, de los que hablan lenguas originarias, que es así como podemos definir mejor a los pueblos indios, por sus idiomas. Y ahora sí, desde el principio, se nos plantea el problema de impedir la restauración, y para eso hay un teórico Durito; el teórico Durito que nos dijo algo que es muy importante y es que hay que enterrar al capitalismo boca abajo para que si se quiere salir se meta más y más y no regrese. Gracias. 

11/27/2016

Lecciones de Fidel


Realizar el sueño de Martí anunciando que venía “una revolución nueva” fue un decir y hacer del Manifiesto del Moncada y del proceso revolucionario cubano. Desde entonces las expresiones personales o colectivas de Fidel y sus compañeros del 26 de Julio, y, después, del nuevo Partido Comunista Cubano, lograron una identidad entre la palabra y el acto que es necesario entender, pues si no, no se entiende nada.

La realidad es más rica que la palabra, y ya enriquecida, ésta vuelve a enriquecerse con lo nuevo que deja ver el pensarla y hacerla. Así, en la expresión del párrafo anterior se trae a la memoria un sueño, el de José Martí, quien será realmente considerado como “autor intelectual de la revolución cubana”.
Es un sueño del pasado, pero es un sueño que anunció una revolución nueva en la que, con otros héroes e intelectuales cubanos, tendrían también fuerte presencia Marx y Lenin, y en que al socialismo de estado, encabezado entonces por la URSS, la República Popular China y múltiples movimientos de liberación nacional, Fidel y la Revolución Cubana añadirían objetivos y valores fundamentales –martianos-, en los que no sólo destaca la moral como reflexión ética sino como moral de lucha, como arma contra la corrupción, como meta para la cooperación, la solidaridad, y la mente. Esos sueños, renovados una y otra vez, buscaron y buscan superar, en todo lo que se puede, el “individualismo”, el “consumismo”, el “sectarismo” y la “codicia”, enemigos jurados de los oprimidos y explotados de la Tierra.
En algo no menos importante se diferenció la Revolución Cubana, y es que en su paso por el socialismo de estado, siempre se empeñó en lograr que sucediera a la insurrección y a la guerra de todo el pueblo un socialismo de estado de todo el pueblo. Ese objetivo planteó varios problemas ineludibles, entre ellos, la necesidad de combinar las organizaciones jerárquicas centralizadas y las descentralizadas, con las autónomas y horizontales, en que las comunidades del pueblo ejercieran una democracia directa y otra indirecta nombrando a candidatos que sin propaganda alguna merecieran la confianza de quienes los conocían.
Allí no quedó el empeño. Como reto para realizarlo se planteó, ante la opresión y la enajenación, la necesidad de animar los sentimientos, la voluntad y la mente de los insumisos, para que hicieran suyo el nuevo arte de luchar y gobernar. Al mismo tiempo las propias vanguardias buscaron liberarse de los conceptos dogmáticos que sujetaban al pensamiento crítico y creador.
Al desechar el “modelo de la democracia de dos o más partidos entre los que elegir”, un “modelo” que originalmente sirvió a aristocracias y burguesías, para compartir el poder, el Partido Comunista Cubano tampoco siguió los modelos de la URSS y China. A impulsos del Movimiento del 26 de Julio, que a raíz de su triunfo decidió disolverse, al Partido Comunista Cubano le fue asignado el objetivo de asegurar y defender la Revolución de todo el pueblo, con la participación y organización de sus trabajadores, campesinos, técnicos, profesionales, estudiantes y en general con la juventud rebelde.
La lógica de organizar el poder del pueblo estuvo muy vinculada con la de hacer fracasar cualquier intento de golpe de estado, invasión o asedio, lo que se probaría a lo largo de más de medio siglo, frente a las reiteradas incursiones del imperialismo y frente al criminal bloqueo que habría hecho caer a cualquier gobierno que no contara con la inmensa mayoría del pueblo organizado.
Si en la invasión de Playa Girón y a lo largo de su desarrollo Cuba contó con el apoyo de la URSS y del campo socialista, ni la estabilidad de su gobierno ni las reformas y políticas revolucionarias que logró emprender se habrían realizado si el gobierno de todo el pueblo hubiera sido suplantado por un régimen autoritario, burocrático o populista. El gobierno del pueblo cubano no sólo mostró ser una realidad militar defensiva, sino particularmente eficaz en el impulso a la producción, a los servicios –que en medio de grandes trabas y errores inocultables—logró grandes éxitos, muchos de ellos reconocidos como superiores a los de países “altamente desarrollados”.
A las garantías internas y externas de la democracia de todo el pueblo, de su coordinación y unidad necesarias, se añadió el carácter profundamente pedagógico y dialogal del discurso político, y todo un programa nacional de educación, que iba desde la alfabetización integral –literal, moral, política, militar, cultural, social, económica y empresarial- hasta la educación superior y el “impetuoso desarrollo de la investigación científica”.
Es cierto que en todos esos ámbitos, el movimiento revolucionario enfrentó problemas que no siempre pudo resolver, o resolver bien; pero en medio de los más de 50 años de criminal bloqueo y de incontables asedios por parte del poderoso vecino del Norte, de las corporaciones imperialistas y su complejo militar-empresarial, político y mediático, y tras la restauración del capitalismo en el inmenso campo socialista, Cuba fue y es el único país que mantiene su proyecto socialista de un “mundo moral”, o de “otro mundo posible” como se acostumbra decir, o de “otra organización del trabajo y la vida en el mundo” como dijo el clásico.
Entre las nuevas y viejas contradicciones, Cuba sigue hasta hoy poniendo en alto un socialismo que, con Martí presente, es respetuoso de todos los humanismos laicos y religiosos. Es más, Cuba sigue haciendo suya la lucha contra el poder de los dictadores y contra la opresión y explotación de los trabajadores, sin que por ello haya olvidado la doble lucha, que sus avanzadas propusieron desde el l959: “una rebelión contra las oligarquías y también contra los dogmas revolucionarios”.
Si en tan notables batallas hay contradicciones innegables, no por eso han dejado de oírse, y en parte de atenderse, enérgicas reconvenciones que con frecuencia han hecho Fidel y numerosos dirigentes históricos de la Revolución contra corrupciones, incumplimientos, abusos, que con la economía informal y el mercado negro, han sido y son –hoy más que nunca- el peligro estructural e ideológico más agresivo, que renueva y amplía la cultura de la tranza, del individualismo y el clientelismo, de la corrupción, la cooptación y la colusión.
No es cosa de referirse aquí a todo lo que frente a las incontables ofensivas, nos enseñan Fidel y la Revolución Cubana para la emancipación de los seres humanos y para la organización del trabajo y de la vida en la tierra. Ni es cosa aquí de profundizar en las lecciones que nos da un líder como Fidel que se negó a que se hablara de “castrismo”, y que logró frenar todo culto a la personalidad. Pero si hasta para sus enemigos a menudo resulta imposible acallar el respeto que se ven obligados a tenerle, no son de olvidar tantos y tantos actos de su vida que se inscriben en un reconocimiento necesario.
Este enunciado de algunas lecciones de Fidel que aparecen en sus discursos y no sólo en sus numerosas contribuciones a la Revolución Cubana, quiere ser más bien un ejercicio de pedagogía por el ejemplo, un llamado que preste atención a aquéllos modos de pensar, actuar, construir, luchar y expresarse, que permiten comprender por qué, tras la restauración del capitalismo en el “campo socialista”, con la firmeza de Fidel y del pueblo cubano, sólo la pequeña Isla de Cuba ha logrado mantener la verdadera lucha socialista, que incluye la democracia como gobierno de todo el pueblo, y como reorganización de la vida y el trabajo por una inmensa parte de trabajadores y ciudadanos organizados. Y en esa lucha, que va a las raíces de la condición humana, se cultiva y defiende el respeto a los distintos modos de pensar y creer de laicos y religiosos, con búsqueda permanente de la unidad en medio de la diversidad de insumisos y rebeldes y con una clara postura martiana y marxista.
Precisar –con otros muchos-- los pensamientos compartidos por Fidel y por las masas revolucionarias del pueblo cubano, es adentrarse en una historia particularmente rica de un pueblo en lucha por la emancipación. Fidel, el “Movimiento 26 de Julio” y el pueblo cubano son sucesores de vigorosas proezas rebeldes en las que destaca, la de Maceo, héroe primero de la larga lucha por la independencia y por la libertad, a la que siguió, como gran revolucionario, muerto en batalla, uno de los pensadores más profundos y precisos de la historia universal, como fue José Martí, expresión máxima del liberalismo radical, pues no sólo fue uno de los primeros en descubrir el imperialismo como una combinación del colonialismo y el capital monopólico, sino en descubrir los lazos de los movimientos independentistas de su tiempo con las luchas de los pobres y los proletarios, posición que lo hizo sumarse a los homenajes póstumos a Carlos Marx por haber sido éste, como dijo “un hombre que se puso del lado de los pobres”.
Fidel, y el Movimiento 26 de Julio vienen de esa cepa. En su pensar y luchar los acompaña incluso la inteligencia de aquellos teólogos que destacaron en la Habana de fines del siglo XVIII y principios del XIX, y que son un antecedente de la teología de la liberación… En las conversaciones de Fidel con Frei Betto y en numerosos actos en que el problema religioso se planteó, Fidel dio amplias muestras de un gran respeto al humanismo que se expresa en la religión cristiana y en otras religiones. Ese respeto es hoy más necesario que nunca, pues corresponde a una de las viejas y nuevas formas de la liberación humana, en lucha por el derecho a lo diferente, por la igualdad en la diversidad, ya sea de religiones o de posiciones laicas, o de variaciones de razas y de sexos o de afinidades sexuales, o de edades y nacionalidades. Bien lo dijo Fidel muchas veces: “No somos antiamericanos. Somos antiimperialistas”
Orientarse en las lecciones de Fidel para entender y actuar en la emancipación humana, contribuye a desentrañar lo que sus palabras tienen de ejemplar y de actos para pensar y actuar en circunstancias similares, captando lo parecido y lo distinto, e incluso el quehacer del “hombre concreto que se es y que se descubre a sí mismo”, como dijo Armando Hart.
Con ese objetivo de comprensión y acción, cabe señalar --a manera de profundizar en el hilo del pensamiento--, lo que las lecciones de Fidel tienen de metas y valores: 1º para la organización, 2º para la estrategia y la táctica, y 3º para el juicio favorable o contrario a la emancipación en que se defienden y renuevan concretamente las verdaderas metas de la lucha.
El discurso político de Fidel ha sido –insistimos y precisamos otra gran tarea-- para que pueblo y trabajadores puedan defender y participar cada vez más, en la organización y marcha de un estado de todo el pueblo. El objetivo de organización se mantuvo y mantiene en más de medio siglo de bloqueo del imperialismo, y se inscribe en una cultura de la confrontación y de una concertación, que sin aferrarse a la lucha abierta, y sin ceder en los principios en “la lucha suave”, parece caracterizar a los procesos revolucionarios de nuestro tiempo. Tanto la práctica de la confrontación como la de la concertación implican medidas de organización de la moral, de la conciencia y de la voluntad colectivas. Suponen también un claro planteamiento de que la concertación puede darse en medio de conflictos y en medio de una lucha de clases que sigue incluso cuando parecen predominar los consensos. La experiencia de Cuba a ese respecto es inmensa, y no sólo en defensa de su propia revolución y por los variados enfrentamientos y acuerdos con Estados Unidos, sino por haber participado en la guerra de Angola contra el ejército del antiguo país colonialista y racista de África del Sur, --el más Poderoso del Continente-, y tras haber ayudado a su derrota, y haber logrado que se sentara en la mesa de negociaciones hasta llegar a un compromiso de paz. Si la historia de la guerra y de la paz en África, con un inmenso destacamento de fuerzas cubanas dirigidas por Fidel desde La Habana, es una de esas formas de la realidad que superan la imaginación, también es otra experiencia, que junto con la resistencia inconcebible a un bloqueo de más de cincuenta años confirma la capacidad de Cuba para actuar en una historia en que como la de Colombia, también combina un proceso revolucionario que alterna confrontaciones y concertaciones. Si semejante posibilidad está y estará llena de incógnitas, nada impide explorar los nuevos terrenos de la guerra y la paz en un mundo cuyo sistema de dominación y acumulación se encuentra en crisis terminal.
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Las lecciones Fidel en el juicio de las conductas seguidas son también particularmente creadoras y fecundas en la crítica de aciertos y desaciertos, y no sólo de conductas políticas o morales --con llamados de atención, dictámenes favorables o desfavorables, aprobaciones y reprobaciones, elogios y estímulos, sino, con sus reflexiones sobre las mejores formas de actuar para alcanzar las metas emancipadoras.
En cualquier caso es indispensable tener presente que las lecciones de Fidel, incluso cuando a primera vista suenen a veces como meras formas de hablar, obvias o elementales, encierran a menudo formas de incesante conducta real antes desacostumbrada, antes desentendida y desoída como guía de la acción que se vive, y que sólo aparece con la vinculación de la palabra y el acto. Con esa amalgama se hace la historia.
En aquél discurso que Fidel pronunció la noche del 8 de enero de 1959, a su llegada a la Habana, dijo entre sus primeras palabras: “…la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa…Y sin embargo queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil: quizás en lo adelante todo sea más difícil…” Y a esa afirmación que podía frenar el ilimitado entusiasmo reinante añadió, más como explicación que como excusa: “Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario…” Aclaró lo que entraña no engañar ni engañase. “¿Cómo ganó la guerra el Ejército Rebelde? Diciendo la verdad. ¿Cómo perdió la guerra la tiranía? Engañando a los soldados.” El mensaje era la primera lección del arte revolucionario de gobernar para ganar. No engañar al pueblo ni dejar que el pueblo se engañe con los triunfos. Y tras narrar, como ejemplo, en qué forma, decir la verdad, había servido para el triunfo del ejército rebelde, concluyó: “Y por eso yo quiero empezar –o mejor dicho, seguir—con el mismo sistema, el de decirle al pueblo siempre la verdad.”.
La práctica de la verdad y la práctica de la moral serían los valores y los medios de una lucha revolucionaria, que además organizaría su legítima defensa, frente a las tradicionales ofensivas de “la zanahoria y el garrote”, de la corrupción y la represión permanentemente renovadas y armadas por la oligarquía y el imperio. Tanto la verdad como la moral practicadas serían constitutivas de un proceso que necesariamente tendría que armarse para defenderse.
En aquel discurso en la Plaza de la Revolución en que Fidel empezó a definir cómo sería la democracia en Cuba, y en aquella plaza donde había un inmenso “lleno” de guajiros y de trabajadores de la caña, de las fábricas y de los servicios, Fidel le preguntó al pueblo: “En caso de tener que escoger, ¿qué preferirían? ¿Un voto o un rifle?” Y se oyó un grito gigantesco: “¡Un rifle!” El clamor vehemente y el gozo inmenso de la multitud, determinó la meta y la organización de un ejército y un estado del pueblo y de los trabajadores. De paso expresó la temible dificultad que para los imperialistas presentaría invadir a Cuba…Fue esa una de las primeras clases para aprender a tomar decisiones. Planteó, además, uno de los más difíciles problemas a resolver: el de la lucha política y armada de todo el pueblo, y el de la construcción de un estado de todo el pueblo, con mediaciones que de por sí eran distintas a las mediaciones de los estados de corporaciones y complejos, pero que requerían combinar a la vez los conocimientos especializados que se trasmiten en institutos y universidades con el saber de los pueblos. Lograr una decisión acorde con el proyecto del estado del pueblo, y lograrla con el saber del pueblo y con el uso óptimo de los conocimientos técnicos y científicos más avanzados sería a lo largo de toda la historia cubana, una de las principales tareas de toda la población militante y trabajadora con sus distintas especialidades y conocimientos. En ella el aprender a aprender fue y es una experiencia muy rica para cada uno y todos los participantes. En ella también destaca la organización de un estado y un sistema político que para ser de todo el pueblo y para ser a la vez eficaz en la defensa, en la producción, en la distribución, en el intercambio, en los servicios tiene que plantearse constantemente el problema de la libertad y la disciplina sin que una avasalle a la otra ni disminuya su respectivo peso en las argumentaciones y las decisiones. A ese objetivo –que necesariamente debe vencer muchas contradicciones-- se añaden combinaciones de estructuras y comportamientos que tradicionalmente se plantearon como opuestos. Para funcionar en el interior de la Isla y en sus relaciones internacionales, el estado del pueblo revela una necesidad ineludible el combinar las organizaciones coordinadas con las jerárquicas centralizadas y descentralizadas; el combinar la democracia directa con la democracia representativa, de donde deriva el problema del Estado de todo el pueblo y del Partido Comunista de la Revolución Nueva, Martiana y Marxista, con militantes cuyos méritos comprobados puedan ser confirmados una y otra vez y cuya misión consiste en lograr el mejor funcionamiento y coordinación de las fuerzas y empresas estatales, y en la defensa e impulso de una revolución democrática y socialista, de veras nueva por sus prácticas y principios, por su moral comprobada en la conducta, y por “su hablar a la conciencia del hombre, al honor del hombre, a la vergüenza del hombre…”
Las contradicciones que en el proceso necesariamente aparecen corresponden por un lado a las de una “clase subordinada” –como diría Gramsci-; pero subordinada al Poder del Pueblo y no al de las corporaciones, y en que al motor moral e ideológico de exigencias ejemplares en sus miembros, se añaden los oídos y los ojos del propio pueblo, organizado desde las asambleas locales hasta la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Si en todo este proceso, la moral de lucha y cooperación es fundamental, precisamente lo es porque se trata de hacer una “revolución nueva” como dijo el Manifiesto del Moncada, cuyo propósito vital consiste en “realizar el sueño irrealizado de Martí”, y en la que “…lo decente y lo moral es raíz fuerte y poderosa de lo revolucionario recordando que la base de la moral está en la verdad” como también señaló Fidel en su lección sobre la vanguardia. “La vanguardia – sostuvo—trasmite con su acción y su pensamiento, la teoría, la ideología revolucionaria que viene de un marxismo no sólo aprendido de los libros sino de las experiencias propias en la vida”. Y en relación al conocimiento, desde los inicios de la Revolución, Fidel precisó que como parte esencial, el método del saber y el hacer se apoya en el saber anterior del pueblo y en el que adquiere en el curso de la lucha, como había dicho el “Ché”.
Es cierto que al destacar palabras y actos a los que ninguna revolución había dado semejante peso ni en sus teorías, ni en sus ideologías, ni en su práctica, es necesario añadir dos comentarios más que de ellas derivan: uno es que representan no sólo a la nueva revolución que se inicia en Cuba, sino a la que debe plantearse en el mundo entero –con el pensar y el hacer de la inmensa variedad de pueblos, naciones y condiciones en la lucha de clases.
Dominar totalmente la actual desesperanza que deriva del fracaso de reformas y revoluciones que dieron al traste con la moral como filosofía vital y como práctica colectiva e individual, es sin duda el camino que habrá de seguir la Humanidad para salir de esa terrible desesperanza que señaló recientemente Noam Chomsky en palabras precisas.
Superar la desesperanza es la nueva batalla y en ella Fidel con Cuba tienen otra gran experiencia que ofrecer a la Humanidad. A partir de movimientos como el de Cuba, y tomando en cuenta el estado actual de las luchas, de las organizaciones y de la conciencia rebelde, como en el llamado del Moncada, se ha vuelto necesario plantear en el mundo entero una Revolución realmente nueva. Y si en Cuba encontramos logros increíbles alcanzados en la lucha por una independencia, un socialismo, una democracia y una libertad de veras, y vemos que en ella hay aún serias limitaciones a superar, en ella encontramos también lo más avanzado que en la organización del trabajo y la vida ha alcanzado la Humanidad. Cualquier intento por salir de la desesperanza necesitará más pronto de lo que nos imaginamos tomar en cuenta las aportaciones de Cuba para la organización de otro mundo posible Y al hacerlo encontrará confirmada la aportación de Cuba a una nueva revolución democrática y socialista, leyendo la sentencia que se dictó contra los intentos conspirativos de un grupo que bajo los auspicios de la URSS pretendió organizar un Estado y un Partido como los que –en su largo ocaso—la URSS implantó en los países satélites y en su propia tierra.
Abordar el problema en relación al debate que se da sobre la democracia directa y la representativa, y de la Revolución social en que los pueblos se organicen en formas puramente horizontales, es fundamental para advertir el sentido que Fidel ha dado a una y otra posición en el curso de sus palabras y sus juicios.
Entre los problemas que plantea la alternativa uno es el que se refiere a las limitaciones y contradicciones internas de los propios partidos y organizaciones comunistas, socialistas, populares y de liberación nacional o regional. Es cierto que el control de los gobiernos por los pueblos es la solución fundamental pero que su organización debe hacerse, a sabiendas –entre otras fuentes—de lo que le dijo Fidel en Chile a una inmensa multitud, cada vez más presionada por los agentes provocadores de la CIA, por los “maoístas”, ya infiltrados de arriba abajo, y por organizaciones supuestamente más radicales que la Unidad Popular encabezada por el Presidente Allende. Cuando Fidel, tras un emocionante discurso en la Plaza Municipal de Santiago, ya tenía ganada a la multitud y levantando la mano y la voz le preguntó animoso: “¿Ustedes creen que el pueblo se equivoca?” y el pueblo le contestó con un clamoroso ¡NOOOOOO! Fidel le contestó a toda voz, como si estuviera conversando: “Pues fíjense que sí”. A lo que sucedió una inmensa risa solidaria contra los provocadores del golpe, y en apoyo a Fidel y la Unidad Popular.
Tiene razón Marta Harnecker cuando en su América Latina y el socialismo del siglo XXI a diferencia de lo ocurrido en el XX afirma que “debe ser la propia gente la que defina y fije las prioridades”, la que controle eficiencia y honestidad de un trabajo “no alienado” y de cualquier vicio burocrático, administrativista, centralista y autoritario. Ella misma hace ver que no estamos contra la democracia representativa sino contra  la que no es representativa de los trabajadores y las comunidades. Marta Harnecker recuerda que Marx plantea que hay que descentralizar todo lo que se pueda descentralizar, y sostiene con razón que el estado que tiene fines sociales lejos de debilitarse se fortalece con la descentralización. Hoy, en México, el zapatismo por su lado ha realizado el máximo empeño para que los pueblos y comunidades aprendan a gobernar y para que el estado del pueblo se integre de tal modo al pueblo que ya no se pueda hablar del estado sin referirse al pueblo, y a las comunidades, no sólo organizadas en formas coordinadas y jerárquicas, sino en redes de resistencia, cooperación y “compartición”, que dominen las artes y las ciencias así como el saber popular, y que a la cultura general del aprender a aprender y a informarse añadan conocimientos especializados, que puedan cambiar si lo quieren a lo largo de la vida. Por su parte ese gran pensador que fue el comandante bolivariano Hugo Chávez hizo particular énfasis en que “sin la participación de fuerzas locales, sin una organización de las fuerzas desde abajo, de los campesinos y los trabajadores por ellos mismos, es imposible el construir una nueva vida”. La Venezuela del Presidente Nicolás Maduro hizo realidad ese objetivo, al organizar sus fuerzas desde abajo, dispuestas a dar la vida para defender su independencia, su libertad y su proyecto socialista…Por eso precisamente la oligarquía y el Pentágono, no pudieron realizar el “golpe blando” que tanto prepararon en todos los terrenos contra el pequeño pueblo del Caribe, rico en petróleo…
En el párrafo citado, Chávez recuerda que el proyecto del control del poder por las comunidades, fue el de los soviets con que Lenin quiso estructurar el estado de los trabajadores y las comunidades de la Unión Soviética, y añadió con razón que con el tiempo, la URSS “se convirtió en una república soviética sólo de nombre” y, ahora, hasta el nombre se ha quitado.
Si tras esta exploración del cuerpo político y revolucionario del siglo XXI volvemos a las lecciones de Fidel, recordamos aquélla, entre muchas, más con que queremos dar término a este breve recuento. En el juicio a Escalante y a propósito de las intromisiones de la Unión Soviética -que en tantos otros casos apoyó a Cuba, pero que no por su solidaridad tenía derecho alguno de patrono-, el pensamiento de Fidel, del Fiscal, del Partido, y de Cuba Revolucionaria precisó claramente lo que la Revolución en esa Isla es dentro de la historia universal y por lo que puede contribuir tanto --con sus experiencias—a la historia universal.
Con el juicio a Escalante y su grupo se derrotó deliberadamente la intención de hacer de Cuba un satélite de la URSS. La sentencia del Fiscal expresó todas las lecciones de Fidel al rechazar las falsas acusaciones de Escalante y su “grupo de conspiradores” que se habían vuelto agentes de la Gran Potencia. El Fiscal, en su sentencia, negó terminantemente la falsa acusación de los conjurados contra el gobierno cubano de que estaba persiguiendo a los miembros del antiguo Partido Comunista, antes llamado Partido Socialista Popular, y afirmó que no sólo gozaban éstos de todo respeto sino que se les consideraba como miembros activos de la Revolución. El Fiscal denunció calumnias miserables, como que había un frente antisoviético y tachó de serviles a quienes lanzaban tales infundios. Y lo más importante, se expresó en un párrafo en que se advierte que las lecciones de Fidel ya se habían vuelto lecciones de colectividades, Ese párrafo decía “Lo que no nos perdonan estos enanos es ser capaces de pensar y actuar independientemente, al apartarnos de los clisés de los manuales, lo que no nos perdonan es la fe en la capacidad de nuestro pueblo para seguir su camino, la decisión de dar nuestro aporte a la causa revolucionaria.” Y añadía: “Nadie puede endilgarnos el calificativo de satélites y por eso se nos respeta en el mundo. Y ésta nuestra práctica revolucionaria, es una actuación conforme al marxismo—leninismo, a la esencia del marxismo-leninismo”, una esencia que concretamente deriva de la acción y la reflexión del pensar y el hacer revolucionario en el acá y el ahora y no en el antes y el  allá.
Si la situación crítica del mundo y de sus alternativas ha sembrado la desesperanza, hay grandes experiencias para la organización de la libertad, de la vida y el trabajo en otro mundo posible y necesario. Entre ellas destaca la Cuba marxista y martiana.
Podríamos detenernos en muchas otras lecciones fundacionales, precisarlas y ampliarlas, pero en la imposibilidad de incluir su inmenso número y de analizar con detalle las formas de actuar a que las lecciones conducen, voy a destacar algunas más, relacionadas con las motivaciones y acciones conducentes al logro de las metas revolucionarias.
Fidel –en sus reflexiones y acciones- plantea una lucha, una construcción y, una guerra integral que incluye los problemas empresariales, militares, políticos, ideológicos y culturales, así como los de la comunicación y la información. Aquí las lecciones adquieren un carácter de tal modo colectivo que sólo se pueden expresar como obra de la Revolución y de las crecientes avanzadas de un pueblo que venía del “Estado del Mercado  Colonial” y del “Complejo empresarial-militar-político y mediático” y que así como lo dejaron, con la cultura que lo dejaron, con la moral que en a muchos de sus miembros enajenados dejaron --a muchos de sus miembros enajenados--, con el analfabetismo integral que a tantos de ellos la opresión les impuso, y, eso sí y también con numerosísimos contingentes de admirable resistencia moral, intelectual y colectiva, que entre todas esas desigualdades, frenos y también virtudes innegables, inició la marcha de la emancipación y aprendió, con las juventudes revolucionarias, a aprender mucho de lo que su memoria y saber ignoraban, y que él y las juventudes fueron haciendo suyo.
La construcción del nuevo poder se inició al mismo tiempo en el estado, en el sistema político, en la sociedad, en la defensa integral, en la cultura y la economía, en la información y la comunicación, el arte y la fiesta. Adentrarse en ella puede empezar por la construcción y la transición a un estado del poder del pueblo. En ese terreno Ricardo Alarcón de Quesada ha escrito –con toda experiencia- un libro sobre Cuba  y su lucha por la democracia. En ese y muchos otros escritos puede verse que al objetivo de la democracia como poder (Kratia) del pueblo (Demos) en un Estado-Nación corresponde necesariamente a una variante historia de la lucha de clases y por la independencia. Entre las variaciones más profundas de esa historia se encuentra el “Período Especial” tras la disolución del bloque socialista, y el que hoy vive Cuba con el paulatino cese del Bloqueo a que la sometió Estados Unidos.
Hoy, más que nunca, la principal defensa del proceso revolucionario cubano consistirá en la atención creciente a la democracia integral, y en ella a la organización permanente del diálogo y la interacción entre sus miembros, como tarea prioritaria. Nuevamente, la democracia de todo el pueblo será el arma más poderosa con que cuente Cuba. ¡Vencerá! ¡Venceremos!
- Pablo González Casanova es Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

10/24/2016

Crisis: tendencias y alternativas


Pablo González Casanova 

El sistema de dominación y acumulación en que vivimos -conocido como Capitalismo- tiene como atractor principal: la acumulación de poder y riquezas. En su comportamiento actual, para lograr sus fines el sistema emplea todos los modos de producción que lo precedieron. Combina el trabajo asalariado con el esclavismo, y uno y otro con el trabajo del siervo y con las nuevas formas de tributación y despojo, que hoy se ocultan en deudas impagables y réditos usureros, que los acreedores cobran con bienes y territorios por las buenas o por la fuerza.

A los países endeudados, cuando les llega la hora de pagar y no tienen con qué, los hacen acumular deuda sobre deuda y pagar más y más intereses hasta que por fin los embargan y los obligan a desnacionalizar y privatizar propiedades nacionales y estatales… es decir, los despojan. Esa es la nueva acumulación primitiva o por desposesión en una de sus muchas variantes. Todo ocurre en un conocido proceso por el que los gobiernos deudores someten sus decisiones, su dignidad y sus políticas a las corporaciones y complejos acreedores, que son quienes realmente mandan.
Los políticos colaboracionistas creen que ser un buen político es obedecer a esos que mandan, es enriquecerse con los que mandan, y es llegar a ser como los que mandan. Piensan que así es la vida, y hasta dicen y se dicen, que la historia también es así, y que quienes no entienden los cambios actuales se están aferrando a un pasado que ya no existe, y se ocultan los avances con sus necios prejuicios.
Piensan también que en este mundo, aunque no lo digamos, todos somos sinvergüenzas, pero que ellos -los políticos distinguidos, y que mandan queramos o no- son más inteligentes y eficaces que quienes los critican. Ganas tuvieran sus opositores de ser como ellos. Así piensan.
Todo lo anterior parecería anecdótico si no sirviera para darnos cuenta que la crisis que vivimos es una crisis económica, moral, intelectual, política y social. Es una crisis que abarca todas las actividades de la vida humana, incluso las del conocimiento de lo que pasa y de lo que va a venir en el mundo y el país, en que sus trabajadores de tierra, mar y aire, sus campesinos, agricultores y mineros, sus comunidades indígenas y no indígenas, sus sectores medios y sus juventudes, tendrán más posibilidades de defenderse, y de ganar, si a una organización de organizaciones sectoriales, regionales, fabriles, comunales, barriales, añaden la organización desde abajo y con los de abajo de su voluntad colectiva y personal; la organización de su conocimiento y del saber, la organización de su conciencia para mejor lograr lo que los trabajadores y los pueblos quieren, y para impulsar -lo que es fundamental- el fortalecimiento y organización de nuestra moral de lucha, de nuestra moral de cooperación, de compañerismo, y, también, de concertación de voluntades tanto para resistir, como para luchar, y construir las relaciones y estructuras de otro mundo posible y necesario en que, con la democracia-como poder del pueblo- éste organice la vida y el trabajo para alcanzar esa emancipación, esa libertad y ese respeto a las diferencias de raza, edad, sexo, religión, filosofía, para las que la humanidad dispone hoy de conocimientos y técnicas que consoliden la emancipación humana, Si los sueños del pasado se quedaron en sueños -y los sueños, sueños son-, hoy, con las técnicas de organización de que disponemos y una fuerte moral colectiva, se pueden realizar, si no cejamos en nuestra decisión de lucha y nos organizamos en redes, en coordinadoras, en colectividades, en colectivos, en comités de fábrica, de barrio, de calle y en otros enlaces presenciales y a distancia, que constituyan un nuevo tipo de partido capaz de construir las bases de otro mundo posible.
Hoy, podemos hacer que nuestra lucha solidaria de pueblos y trabajadores viva ese paso de lo ideal que se vuelve real. Sí se puede. Y aunque estemos en plena tormenta, o por eso mismo.
La crisis en que vivimos es una crisis que rompe muchas de las tendencias que se daban, en particular las que buscan su solución dentro del actual sistema de dominación y acumulación capitalista, con sus mentirosos actos caritativos, generosos, humanitarios, y hoy, hasta dizque para salvar la tierra que ellos mismos están con su entrañable codicia, destruyendo.
Las grandes crisis de este sistema de dominación y acumulación movido por el afán de poder, de riquezas y utilidades no sólo obedecen a que baja la tasa de utilidades de las compañías, o a que hay problemas de sobreproducción o de subconsumo. No sólo se deben a especulaciones de unos cuantos banqueros que quiebran a miles de deudores, como la crisis que se desencadenaron en 2008 y que sirvió de detonador de la que el mundo todavía no sale.
Las crisis se producen también deliberadamente por las corporaciones financieras para maximizar su poder, sus riquezas y utilidades, para debilitar a los trabajadores y hacerlos que pierdan sus derechos y bajen la fuerza de sus demandas y, que hasta para comer se sometan a toda suerte de tiempos, ritmos, riesgos, salarios de hambre, enfermedades seguras, y daños incurables.
Las crisis provocadas, inducidas, sirven a la vez para que las grandes corporaciones hagan negocios a costa de medianas y pequeñas empresas, y hasta de países a lo que sacan fuera de los mercados nacionales e internacionales, o a los que entre deudas, presiones y colusiones someten, suplantan o integran a sus propias compañías privadas, -como es el caso del petróleo mexicano-, o de inmensas regiones del territorio nacional que pasan y pasarán a ser “enclaves coloniales”. Las crisis inducidas se enfocan también contra los servicios públicos que los grandes capitales quieren privatizar a toda prisa, o en incesantes acometidas, como ocurre con las universidades, los hospitales, las pensiones… y con la educación toda, que buscan desmoronar para transformarla en negocios de unos cuantos. En los servicios públicos codiciados incluyen hasta las pensiones y jubilaciones y el conjunto de la seguridad social. Todas esas actividades en vez de ser una carga fiscal aumentan sus haberes y poderes. Así como patrones de la educación forman estudiantes mental y materialmente eficaces y eficientes para los servicios que requieren, y como patronos de los hospitales estimulan tratamientos y medicamentos que duran tanto como lo que permiten los recursos y seguros de los clientes…
Empeñados en tan fieros empeños, los grandes patrones ni por asomo piensan en las personas a las que despojan y ponen en la calle, sanos o enfermos, y que de la noche a la mañana se quedan sin recursos para sus gastos elementales de salud, educación, pensiones, producción, comunicación, servicios, alimentación y hasta de agua para beber. Es más a quienes se vuelven vendedores de la calle, cuidadores de automóviles, boleros, plomeros, relojeros les quitan sus trabajos con persecuciones de la policía o con productos que ya no tienen compostura, o que “compactos” salen de las grandes fábricas y cuando una pieza no sirve se van a la basura.
La variada ofensiva afecta a grandes y pequeños países, campos y ciudades, montes y lagos, ríos y mares, suelos y subsuelos, lo cual significa una creciente disminución de los empleos y de las fuentes de trabajo, medidas a las que acompañan con macropolíticas de represión y corrupción que no sólo incluyen la violación de los derechos nacionales sobre el territorio, la población, la soberanía, sino los derechos humanos que ellos mismos dicen defender y que de por sí ya están muy limitados.
Entre sus agresiones destaca el incesante ataque a los derechos agrarios de las comunidades, y el despojo por narcos y mafiosos de los recursos y las tierras de ejidatarios, comuneros y pequeños propietarios. La ofensiva no sólo incluye los derechos sociales y los de agricultores y campesinos sino los derechos sindicales, y los derechos ciudadanos… Es más a la devaluación de la moneda, a la inflación creciente que prepotentemente juraron controlar, añaden la congelación de salarios en moneda y especie, o en servicios y mercados antes subsidiados y hoy desaparecidos o por desaparecer a favor de la megaempresas que todo lo producen y todo lo venden hasta las semillas de que la vida no nace, y los remedios que desatan pandemias.
Mientras eso y más ocurre -y al mismo tiempo- los hacedores de tanto daño, y que a tantos dañan, se pasean y pavonean haciendo como que son grandes señores, respetables funcionarios, responsables y seguros empresarios, eficientes y eficaces hombres de Estado. A su pública apariencia añaden un doble teatro que también pone en crisis la realidad… desapareciéndola… ¡La realidad no aparece!
De un lado si el éxito de la dominación en crisis se debe a la cooptación y colusión de cuadros y clientelas subordinadas y subrogadas que circulan a través de todo el sistema gubernamental abierto y encubierto, de otro se debe al arte maravilloso de la televisión, de la propaganda a la sociedad de consumo, combinada con mezclas, alianzas y amalgamas de una macropolítica de corrupción y represión que funciona desde los grandes mandos de la globalización neoliberal y “desde la sombra” hasta los gobiernos y grupos criminales abiertos y encubiertos que juegan sus respectivos papeles entre autonomías y sujeciones, entre soberanías y servidumbres, amalgamadas o coludidas…. Con razón muchos autores no sólo hablan de una crisis del capitalismo sino de una crisis de la civilización.
Algo de eso es lo que está pasando aquí y en el mundo que domina el complejo empresarial-militar-político y mediático de Estados Unidos y de la Unión Europea, con sus redes de aliados, socios y subordinados de una globalización que se distingue de la política imperialista anterior, por lo menos en dos terrenos: Uno consiste en que más que dominar a los Estados-Nación desde un centro rector, las sedes imperiales están organizando una burguesía global, cuyos enlaces consolidados reciben el apoyo necesario para enriquecerse y acumular, siempre que del ingreso nacional total, las corporaciones se queden con la mayor parte. A esas medidas que organizan la lucha de clases global, quienes de veras mandan añaden otras por las que regularmente dominan a sus socios periféricos. Consisten éstas en darles “luz verde” en la corrupción y la represión, una corrupción y represión de las que se benefician en grande las Metrópolis y que la banca mundial oculta, cuando en realidad son ellas y ella quienes hacen del narcotráfico y el terrorismo uno de los principales negocios del “enlace globalizador” de las corporaciones financieras, armamentistas, mineras, agroindustriales, constructoras, y de los variados servicios que les dan para la construcción de infraestructuras y meganegocios en las ciudades y territorios de la periferia, al tiempo que los gobiernos nativos adquieren cuantiosas deudas interiores-exteriores, que no destinan al desarrollo del país, sino a la importación de materiales y productos que los prestamistas producen y de que se deshacen en ventas negociadas para el descomunal enriquecimiento y la buena marcha de las corporaciones y sus deudores. La creciente deuda externa no se emplea así para adquirir bienes de producción que les hagan competencia en medio de la crisis sino para la adquisición de bienes de consumo que las corporaciones no tienen a quien vender.
A tan nuevas y renovadas medidas se añade otra más que es importante señalar y es la que concierne a la organización global de la lucha de clases, que corresponde a la impresionante novedad de los llamados “golpes de estado blandos” aplicados sobre todo contra los llamados “gobiernos progresistas” o “de izquierda”. En la lucha global de clases se usan, con beneficios sin cuento, los vínculos entre el crimen organizado y el gobierno local, asesorado e informado éste por el gobierno global y apoyados abiertamente por las burguesías nacionales. En la lucha se combinan las guerras “internas”, reales, con las virtuales, con o sin uso de los militares, y mediante la combinación de la inflación con el desabasto, de la publicidad y la propaganda con los agentes provocadores… La novedad prevaleciente se basa en el uso de las contradicciones de clase de pueblos y trabajadores que tiran a los gobiernos progresistas con el apoyo del poder legislativo y el judicial y a veces con el del segundón en el poder ejecutivo, todo en medio de un ejército que defiende el orden legal existente... La globalización es otro imperialismo, muy otro, en Occidente y también en Oriente; en el neoliberalismo de aquí y en el estatismo no menos sofisticado de allá.
En cuanto a los gobiernos que luchan eficaz y eficientemente en las redes de lo socios comprometidos y leales, la globalización neoliberal apoya su fidelidad siempre que le den más y más de lo que les piden o que no incurran en desobediencias. En ambos casos se les amenaza con denunciarlos y, si es necesario, cuando ya no le sirven, las propias corporaciones y complejos apoyan las denuncias de latrocinios y crímenes, y les aplican los calificativos de “gobiernos fallidos” o de “gobiernos canallas”. Así es el arte de gobernar “eficientemente”, así se ejerce una llamada “democracia” que ha sido privatizada por las grandes corporaciones y utilizada por clase política para ocupar puestos jugosos de elección popular y disponer de las ventajas y concesiones de que se sirven sus jefes políticos y clientelas.
En México el sistema político, con sus sindicatos y organizaciones del antiguo sector popular, obrero y agrario actúa en un mundo fantasmagórico en que las mutuas acusaciones de corrupción o violencia criminal, individual y colectiva, generalmente son inconsecuentes, y “allí quedan” -en meras denuncias-; mientras los partidos políticos, a más de sus luchas internas y de sus alianzas desideologizadas entre los que se dicen de derecha o de izquierda, más que presentar y defender un programa alternativo socialdemócrata, o reformista, o que retome como programa la Constitución que ya se deshizo, se dedican a acusaciones personales de latrocinios, crímenes, y flaquezas, con un agravante más: que cuando presentan un programa para la solución de los problemas nacionales y sociales, su candidatos, una vez elegidos casi siempre se olvidan de las promesas, y muestran, con variados tonos, su pobre y elocuente deterioro moral.
En medio de tan grave situación se dan dos circunstancias a nivel mundial que hacen cada vez más necesaria la organización de los pueblos y los trabajadores: la amenaza a la vida en la tierra si el capitalismo subsiste, y el horror sistémico que vive la humanidad con la actual organización del trabajo y de la vida.
Para la solución de todos esos problemas y para el establecimiento de una democracia desde abajo y con los de abajo, el papel de los trabajadores va a ser crucial y a su presencia como actores fundamentales de la emancipación quiero dedicar unas palabras finales, a reserva de referirme en otra ocasión al reciente Congreso Nacional Indígena y del EZLN con su extraordinario acuerdo de consultar a sus comunidades sobre la posibilidad de librar la lucha electoral con todos los mexicanos que se sumen al proceso emancipador, y que para ello funden el poder del pueblo mexicano. Los trabajadores cumplirán en éste y en todos los proyectos emancipadores un papel fundamental para su organización y éxito.
De hecho, todos los problemas referidos incluyen la presencia activa de los trabajadores en su sentido más amplio, que es el correcto y, al mismo tiempo hay otros problemas que directamente les conciernen y de que me gustaría hablar, así como, de los retos que se les presentan para una organización y una lucha que puedan hacer de la clase obrera y del pueblo trabajador, uno de los actores que con su vanguardias construya la democracia, es decir, la soberanía del pueblo sobre la de monarcas, oligarquías, burocracias y corporaciones.
La crisis está afectando en el mundo y en nuestro país a los trabajadores como a la inmensa mayoría de los seres humanos y amenaza con afectarlos como a todos los seres vivos y al planeta tierra. Esto es científicamente exacto. Pero por lo que se refiere a los trabajadores, algunos datos y cifras pueden ser muy ilustrativos, y son esenciales para darnos cuenta de la urgente tarea de organizarnos y de las mejores formas de hacerlo.
Empleo un estilo telegráfico para dar cuenta de algunos. Según la Organización Internacional del Trabajo 25 millones de personas son víctimas de trabajo forzado. Según la “Walk Free Foundation” el número de esclavos en México es de 376,800 personas. Los peligros de desempleo por la robotización y el uso de nuevas tecnologías y de “sistemas inteligentes” varían en las distintas regiones y en una misma región. El riesgo de la automatización del trabajo en los países de la OCDE alcanza 9%. Parece estar subestimado… Una investigación de la Universidad de Oxford calcula que los trabajos en alto riesgo de perderse alcanzan al 47% en Estados Unidos. En todos estos casos se habla de trabajos que pueden ser automatizados en una década o dos. La mayoría corresponden a transportes, labores de producción y también de trabajo administrativo y de oficina. Otra amenaza más se refiere a los desplazados por la violencia, que según el Consejo Noruego para refugiados en México llegan por lo menos a 281,400 internos con unos que son masivos -es decir de 10 o más familias-, y en que destacaron 15 estados. De 2007 a 2011 se estima que pasaron a Estados Unidos ll5mil personas de las 254 mil que querían entrar sólo en Ciudad Juárez. Como la ayuda a los campesinos ha sido totalmente abandonada de acuerdo con la política neoliberal globalizadora 11millones trescientos mil mexicanos se encuentran en la extrema miseria, cifra proporcionada por Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, el CONEVAL. Entre trabajadores, periodistas, estudiantes, líderes comunales y muchos otros, como víctimas se registran más de 100, 000 homicidios intencionales de 2006 a 2012, según el Informe Especial de la ONU sobre ejecuciones extrajudiciales, sumarias o arbitrarias. Según cifras estimadas de organizaciones de la sociedad civil el promedio anual de migrantes indocumentados que ingresa a México puede llegar a 400 mil. Y hay migrantes que llegan de Asia, África, el Caribe, Sudamérica, que tratan de pasar a Estados Unidos como indocumentados por ciudades del Este y el Oeste. La emigración actual es inmensa; la del futuro tiende a ser mayor.
No puede uno ignorar que todos estos datos son muy “incómodos” para los ricos y los poderosos y para quienes los encubren y ensalzan, o simplemente, no quieren oír nada del mundo desagradable. Pero son muy importantes para quienes creemos que otro mundo es posible y luchamos poco o mucho para que hasta lo que parece imposible sea posible como decía aquél letrero del 68. Y querríamos terminar este recuento refiriéndonos a los jóvenes que son quienes van a vivir en el futuro inmediato como trabajadores manuales e intelectuales. Sobre todos ellos pesa el peligro de la privatización de escuelas y universidades. Al conflicto magisterial que la llamada reforma educativa alentó se añaden crecientes daños y amenazas a las escuelas y universidades públicas. En ambos niveles, niñez y juventud viven problemas que parecen identificarse con una política expresa -y no sólo indirecta-de desarrollo del subdesarrollo. No debemos nada más enfrentar esa política sino acrecentar las fuerzas de pueblos y trabajadores y de las organizaciones que con ellos y para ellos luchan por otra organización del trabajo y de la vida.
Ser trabajador es ser obrero, campesino, empleado, profesor, ingeniero, médico, abogado, y profesionista en el uso de las manos y la inteligencia. Si en los trabajadores productivos se encontró por la teoría crítica al protagonista de la emancipación, la historia fue mostrando varios hechos significativos que es necesario llevar a la conciencia y a la acción. Uno de ellos es que a los trabajadores de la producción industrial se tienen que añadir hoy los de la agricultura, los de las comunidades, los desplazados, los sin papeles y también los de la distribución, los transportes y servicios, así como los trabajadores que viniendo de las clases subalternas y de los sectores medios viven en carne propia y en su conciencia, la irracionalidad de un sistema dominado por quienes están enfermos de poder, utilidades y riquezas, a tal grado que se ocultan el estado universal de barbarie y de inmoralidad que el sistema dominante impone, amenazando hoy la existencia de la propia vida de sus beneficiarios y la de sus descendientes, hechos todos que no son producto de mentes deprimidas a las que acusan de catastrofistas, sino de quienes, junto con los pueblos y los trabajadores organizados en su moral de lucha, de cooperación y de compartición, lidiaremos y venceremos.
19/10/16
- Pablo González Casanova es Ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Texto presentado en el Foro Público: “Crisis Global y Nacional: Las Perspectivas Estratégicas de L@s Trabajador@s”.