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2/21/2026

Teatro UNAM presenta Hasta encontrarte, una obra sobre madres buscadoras

 

El montaje explora la desaparición a través del incesante viaje de Alma, una madre en la búsqueda de su hija. Se trata de un viaje de transformación en el que, al aprender a vivir en un estado de dolor e incertidumbre interminable, Alma lentamente también desaparece.

Hasta encontrarte surgió del proyecto de investigación Los desaparecidos (The Disappeared) respaldado en 2022 por el programa International Collaboration Grants del British Council, del cual derivaron dos piezas sonoras — disponibles en español e inglés en plataformas— basadas en entrevistas a familiares de víctimas de desaparición forzada, autoridades, periodistas, colectivos de búsqueda y defensores de derechos humanos.

“Creo que la mirada del público alimenta la obra. Con el paso de las funciones hemos comprobado su pertinencia, su necesidad y la fuerza que tiene la historia para mover a los espectadores”, compartió Vicky Araico. Este diálogo constante con la audiencia ha permitido que este unipersonal de teatro físico evolucione sin perder su cuidado ni su profundidad.

Este unipersonal, coproducido por Teatro UNAM, Ad Infinitum (Reino Unido) y El Ingenio del Caldero (México), aborda el tema de la desaparición de personas desde la perspectiva de las familias que buscan a sus seres queridos.

Hasta encontrarte se presentó en 2024 en el Teatro Santa Catarina de la UNAM, donde ofreció una temporada con funciones de localidades agotadas. En 2025 fue reconocida por la Asociación de Críticos y Periodistas de Teatro (ACPT) como Mejor Unipersonal del Año, además, Vicky Araico recibió los premios a Actriz en Rol Principal y Coreografía/Movimiento Escénico. Asimismo, en los Premios del Público Cartelera de Teatro, obtuvo los galardones a Mejor Actriz y Mejor Dramaturgia, consolidándose como una de las propuestas escénicas más destacadas.

El año pasado se presentó en el 43° Festival de Otoño de Madrid, donde su encuentro con públicos internacionales permitió realizar ajustes sutiles que reforzaron su alcance:

“Hicimos modificaciones muy sencillas en el final, sólo para ubicar la relación de la audiencia con el fenómeno de las desapariciones. En Madrid fue muy claro comprobar la universalidad del tema; al finalizar el público estaba profundamente conmovido, incluso impactado”, señaló la creadora. Esta conexión con espectadores de distintos contextos, explica Araico, se sostiene en elementos universales como la pérdida, el duelo y la necesidad de alcanzar el sosiego.

El unipersonal busca contribuir a la sensibilización sobre el fenómeno de las desapariciones, visibilizando la huella de dolor que permanece en la vida de las familias de las víctimas. Entre las reacciones que más han marcado a Vicky Araico se encuentran las de personas buscadoras que han asistido a las funciones: “Son las más confrontativas. Me recuerdan la importancia del trabajo y la necesidad de hacerlo. Aunque para ellas es muy fuerte, siento calma al saber que consideran que la obra les representa dignamente y da visibilidad a su dolor”.

Sostener en el tiempo una obra que aborda un tema tan doloroso ha implicado un compromiso ético permanente, como aseguró su intérprete: “El motor es el respeto; y en mi caso, mi porcentaje de derechos de autor está destinado a familiares de personas desaparecidas”. Así, Araico refuerza el vínculo entre la creación artística y la responsabilidad social; además, dentro de su trayectoria, esteunipersonal le ocupa hoy un lugar central, asegura que, hasta ahora, es el trabajo artístico que más la ha retado.

Hasta encontrarte cuenta con un lenguaje de teatro físico; dirección escénica y dramaturgia de Nir Paldi, diseño de espacio y vestuario de Aldo Vázquez Yela, diseño de iluminación de Xóchitl González Quintanilla, con la asistencia de Sara Alcántar y diseño sonoro de Dan Pollard; así como la producción de Mia Lake, con asistencia de Teresa Cedillo y la asistencia de dirección en México de Sofía Guerrero.

El regreso a la UNAM tiene para Vicky Araico, directora artística de El Ingenio del Caldero A.C., un significado especial: “Me siento muy contenta de volver a Teatro UNAM, mi alma máter. Las personas que no han podido ver la obra tendrán la oportunidad de hacerlo en el Centro Cultural Universitario y a precios muy accesibles”, finalizó.

Hasta encontrarte se presenta en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz (Insurgentes Sur 3000, Centro Cultural Universitario) del 31 de enero al 28 de febrero, con funciones los jueves y viernes a las 20 horas, sábados a las 19 horas y domingos a las 18 horas. Las localidades tienen un costo general de $150, con 50% de descuento para estudiantes, docentes con credencial vigente, exalumnos de la UNAM y personas beneficiarias del INAPAM. Los #JuevesPUMA el precio es de $30 para el público en general.

“Bajo esta piedra hundirás tu iglesia”, teatro que denuncia caso del albergue Ciudad de los Niños

 

La propuesta escénica cuenta con el apoyo de la convocatoria del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de Guanajuato 2025, se estrenó el 7 de febrero en el Centro de las Artes de Guanajuato, en Salamanca, tras lo cual, Teatro UNAM la albergará como parte de su programación del 19 al 22 de febrero en el Teatro Santa Catarina y, posteriormente, dará una función el 27 de febrero en el Teatro de la Ciudad de Irapuato.

Bajo esta piedra hundirás tu iglesia, parte de una investigación profunda y una dramaturgia de archivo, para visibilizar uno de los casos más dolorosos y silenciados de violencia sistemática contra niñas, niños, adolescentes y personas adultas con discapacidad intelectual, en el que se documentaron tortura, violencia física y sexual, así como apropiación ilegal de menores. Aunque las primeras denuncias surgieron en 2008 y se confirmaron los abusos entre los años 2016 y 2020, las acciones legales fueron tardías e insuficientes.

El sacerdote murió en 2020 sin enfrentar justicia, dejando una herida abierta que hoy el teatro nombra.

La obra cuestiona los vínculos entre el Estado y la Iglesia, evidencia la impunidad estructural y reivindica el arte como espacio para imaginar otras formas de justicia que no revictimicen:

“Con este proceso seguimos explorando las formas en que el arte puede constituir un gesto de reparación y transformación de los tiempos: Mudarse a la grieta como oportunidad de incidencia en lo presente, pasado y futuro, conjugando disciplinas artísticas, profanaciones de lo eclesiástico, lo jurídico y la imaginación política”, explicó Sara Pinedo.

Cuenta con una instalación escénica y una dramaturgia de archivo que entrelaza lenguajes poéticos, lúdicos, jurídicos, religiosos, mediáticos y de protesta, cuya base conceptual es la noción de diagrama del artista y crítico cultural Marcelo Expósito (España) y del Atlas Mnemosyne del historiador de arte Aby Warburg (Alemania).

“En nuestra profanación de estos conceptos proponemos una escena que superpone imágenes y otras textualidades, sonoras, corporales, verbales, entre otras, de distintos tiempos y espacios, principalmente clericales y jurídicas, para mostrar relaciones que quizá no se advierten en un orden lineal. Aparecen también figuras de poder y heroínas reales, como la periodista Kennia Velázquez quien dio a conocer el caso, un coro, ballet folklórico y una banda de ‘palomas blancas’ que cantan y bailan por justicia. El trabajo corporal se desarrolla a partir de la piedra de molino como metáfora de aquello que parece inamovible, y que al ser intervenido revela su posibilidad de transformación desde una ética de la liberación”, detalló.

La obra se nutre con un archivo amplio y heterogéneo: documentos jurídicos, materiales audiovisuales, discursos públicos y registros históricos, resignificados desde el arte como un espacio de ternura rebelde, donde conviven danzas regionales y música pop de los años ochenta, noventa y dosmiles.

El diseño sonoro de Homero Guerrero reinterpreta este acervo musical para situarlo en presentes disruptivos y utópicos, mientras que el vestuario y las máscaras de Eva de la Rosa transitan entre lo folklórico, lo distópico y lo icónico de la cultura pop.

“El albergue Ciudad de los Niños contaba con amplia variedad de actividades artísticas, además de las eclesiásticas, como danza regional, teatro, banda, mariachi, y canto coral; las cuales fueron uno de sus principales distintivos. Luego sabríamos que en muchos casos la participación era obligada al grado de la violencia física; además, se percibían recursos que no llegaban a beneficiar a las personas habitantes del albergue”, detalló la dramaturga.

Sara Pinedo añadió que en Bajo esta piedra hundirás tu iglesia las coreografías, recitales y cantos no son solo un recurso escénico; sino una forma de compartir testimonio y documento: “La única forma de hacerle frente a un tema tan doloroso y complejo como éste era recordar que la imaginación, la memoria, la colectividad y el juego son territorios de resistencia que compartimos con la niñez y acudimos a ellos como un gesto poético de restitución”.

La iluminación y el espacio, diseñados por Diana Echaury, proponen dispositivos escénicos no convencionales y lúdicos. A lo largo del proceso, talleres abiertos impartidos por Alfonso Carrillo y José Juan González fortalecen el trabajo comunitario, integrando a niñeces y a vecinas y vecinos del barrio.

El equipo creativo —Alejandro Carrillo, Cuauhtémoc Vázquez y Sara Pinedo— consolida así un proceso de creación colectiva que articula investigación, producción y diseño artístico para el estreno y su primera y breve temporada.

Bajo esta piedra hundirás tu iglesia, con la participación en escena de Fernanda Escobedo, Juan Manuel Pérez, Soledad Escobedo, Miguel Field, Cuauhtémoc Vázquez y José Juan González Arredondo, invita al público a mirar de frente aquello que ha sido ocultado, a compartir la memoria como acto colectivo y a preguntarse, desde el teatro, qué significa hoy la justicia y cómo podemos imaginarla de otro modo.

“Ciudad de los Niños ha sido un tema silenciado al menos por un lustro -desde que murió Pedro Gutiérrez-, y decidimos abrir el proceso en Salamanca a través de una charla y posteriormente el estreno, con el deseo de continuar dialogando sobre los hallazgos de la investigación. El público nos regaló imágenes, indignación, un pañuelo púrpura, pero sobre todo nos dio el reconocimiento de hacer del teatro un espacio necesario para mostrar la herida, la impunidad y para aportar a la no repetición”, destacó Sara Pinedo.

Este montaje es el primer capítulo de la “Trilogía del Simulacro”, proyecto desarrollado por la creadora escénica, gestora y artivista Sara Pinedo en el marco del Sistema Nacional de Creadores de Arte (2023–2026), donde la investigación y la creación escénica se entrelazan para explorar cómo el arte puede funcionar como un gesto de reparación simbólica y una herramienta para transformar nuestra relación con el tiempo, la memoria y la ley.

Un Colectivo apuesta por la creación colectiva, la práctica documental y comunitaria, procesos antropológicos y pedagógicos, la exploración de la escena liminal, y el arte crítico y participativo. Su trabajo ha circulado por el país y el extranjero; además de festivales nacionales e internacionales.

Forma parte del programa Voces del Sur del Fringe Festival de Edimburgo. Desde el 2014 colabora en proyectos de arte comunitario en el estado de Guanajuato, con Teatro del Puerto (Salamanca, Gto.) y Lxs de Abajo (San Juan de Abajo, León).

Bajo esta piedra hundirás tu iglesia se presenta en el Teatro Santa Catarina (Jardín Santa Catarina 10, Coyoacán, cerca del metro Viveros) del 19 al 22 de febrero, con funciones jueves y viernes a las 20 horas, sábado a las 19 horas y domingo a las 18 horas.

Los boletos tienen un costo de $30 el #JuevesPUMA para público general y $150 el resto de los días, con 50% de descuento para estudiantes, docentes, exalumnos y personas con discapacidad.

6/15/2025

Un musical sobre el 68

Elena Poniatowksa

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▲ Omar Olvera es autor y director de la puesta en escena Para la libertad: México 68, que se presenta en el Nuevo Teatro Libanés.Foto cortesía de la producción

–Me llamo Omar Olvera y soy el autor de la obra Para la libertad: México 68, musical que se estrenó en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hace casi 15 años, y que ahora puede verse en el Nuevo Teatro Libanés. Mi proyecto se inició en el teatro Carlos Lazo en la Facultad de Arquitectura de la UNAM con el título Barquito de papel, en un formato escolar en el que resolvíamos la producción con recursos personales y el dinero que nos prestaban. La UNAM nos prestó el teatro y así pudimos hacer una primera temporada; el éxito de aquel entonces me motivó a darle continuidad ahora.

–¿Cuántos años tiene tu obra, Omar?

–La escribí hace 15 años y la obra tiene 13 años de vida frente a un público entusiasta y generoso que quiere saber qué pasó en 1968.

–¿La escribiste cuando eras estudiante?

–Así es. Yo tenía 20 años y estaba en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, que hoy es la Facultad de Arte y Diseño en Xochimilco. Como la Academia de San Carlos es la madre de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, pudimos representar la obra varias veces en encuentros con artistas, en exposiciones y en actos que conmovían a los espectadores. Mi historia empieza en la Academia de San Carlos, que nos escogió como la obra conmemorativa de sus 50 años.

–¿Y la UNAM?

–En 2018, hicimos una gira por las facultades de la UNAM. Hasta ahora nos habíamos sostenido con apoyos independientes de la misma UNAM y del Museo Memoria y Tolerancia, pero hoy día celebramos que Morris-Gilbert Mejor Teatro nos cobije en este escenario profesional y comercial frente a un público multitudinario. Gracias a Morris Gilbert, tenemos la posibilidad de llegar a más gente.

–¿Cuánto tiempo estarán en cartelera?

–Depende del público. Queremos que muchos vengan a vernos y se enteren de lo que fue la matanza de Tlatelolco, porque de su asistencia depende la duración de nuestra temporada.

–Omar, ¿cómo concebiste esta defensa teatral de los estudiantes que fueron perseguidos y encarcelados?

–Muy niño, vi en la televisión en un horario nocturno una breve nota en Canal Once. Mi papá, quien tenía 18 años en el 68, me contó lo que él vivió. Mi papá no terminó el Poli, pero conservó a sus amigos de la Prepa 4 y estuvo muy al tanto del movimiento estudiantil, que lo apasionó, como a muchos. Me contó que mi abuela no lo dejó asistir a marchas y mítines, porque se decía que era muy peligroso. Luego, cuando yo entré a la Prepa 5, me tocó vivir en primera persona la represión, porque a pesar de estar en 2003 (mi generación es 2003-2006), muchos habían padecido enfrentamientos con Los Lagartos, porros de la Prepa 5, que atacan uniformados con casacas especiales para identificarse. Nos taloneaban y golpeaban, y se encargaban de la famosa novatada, en la que además de raparte a navajazos te golpean a muerte. Los Lagartos sólo son de la Prepa 5, se llaman así por una piedra en forma de lagarto que está dentro de su plantel. Cada que hay alguna manifestación estudiantil, aparecen y la policía interviene a macanazos. Me tocó ver a mis compañeros lastimados con las rondanas de las bombas caseras que lanzaban Los Lagartos. En esos enfrentamientos sólo podíamos salvar la vida echándonos a correr. ¡Córrele porque ahí vienen los porros! Cuidarnos de ellos era algo normal en la vida estudiantil, porque nos taloneaban o robaban nuestros útiles, cuadernos, mochila, chamarra, gorra... todo lo que poseíamos.

–¡Qué horror!

–Después entré a la Escuela Nacional de Artes Plásticas en Xochimilco y empezamos a vivir algo que me atemorizó porque el maltrato iba in crescendo. La represión se hizo costumbre. Sucedió lo del hijo de Javier Sicilia en Cuernavaca, y eso nos afectó a todos. En 2010 asistí a la primera marcha de mi vida y vi a miles de personas desfilar vestidas de blanco. Vinieron de Cuernavaca al Zócalo. Después de las elecciones de 2012, surgió el movimiento del que provengo, #YoSoy132, en la Ibero, y participé con pasión en mítines y conferencias. Fui testigo de la violencia en la toma de protesta de Peña Nieto; después vino la represión que subió hasta Ayotzinapa en 2014; los jóvenes teníamos necesidad de manifestarnos y el gobierno nos reprimía. Por eso escribí la obra y encontré en el teatro la posibilidad de denunciar y comparar la actualidad con lo que sucedió en 1968. Nos preguntamos por qué la gente no se enteraba de lo que vivíamos en la preparatoria y en la universidad; por qué la sociedad ignoraba lo que sucedía a sus hijos.

–Todos nos enteramos de lo del hijo de Javier Sicilia, y lo acompañamos…

–Yo seguí este movimiento iniciado por el poeta. Sus cartas públicas fueron muy conmovedoras, sobre todo la que leyó en el Zócalo. De todo eso está llena mi obra musical sobre el 68. Además, me interesaba mucho hablar sobre la homofobia y la transfobia, ese odio a las personas que se identifican con su mismo género y lo manifiestan en público. Quise documentar la situación de un hombre que se viste de mujer y así vive su vida.

–Hace años, Luis Buñuel fue sumamente empático y comprensivo con los homosexuales de la Crujía J, en la cárcel preventiva de Lecumberri, cuando visitamos al preso colombiano Álvaro Mutis…

–En mi familia tuvimos un caso cercano, muy triste. Uno de los mejores amigos de mi madre fue encontrado asesinado en su departamento; yo tenía 8 años y mi mamá, en su preocupación porque yo fuera también homosexual, me contó lo que ella había visto y eso fue muy duro para mí. Ahora tengo 37 años. Cuando escribí la obra, tenía 20 y una necesidad apremiante de denunciar estas injusticias, este dolor que he vivido tanto en mi familia como en la escuela con varios compañeros. Incluí canciones de Joan Manuel Serrat, a quien escuchaba en mi casa y de quien tomé sus canciones para contar mi visión del 68. Algunas letras son de Miguel Hernández, otras de Federico García Lorca y de Antonio Machado, y otras de Serrat. Escribí con la intención de que las nuevas generaciones se indignen con lo que ocurrió en Tlatelolco, esa herida histórica que nos cambió, porque el movimiento estudiantil del 68 sigue vigente en muchos jóvenes. El mundo se indignó: Brasil, China, América Latina, Estados Unidos, en Berkeley, donde empezó la protesta. Pulí y mejoré la obra, y ahora tenemos la gran fortuna de integrarnos a Mejor Teatro Morris-Gilbert. Nos llena de gusto haber logrado llegar hasta ahí y ver cómo la gente se conmueve. Ahora mismo la Nacha, gran líder estudiantil del 68 nos acompaña y es nuestra heroína. Como somos de la Academia de San Carlos, también queremos evidenciar nuestra participación en la lucha social, por eso me motiva mucho poder especializarme en teatro musical y reflejar el heroísmo del movimiento al denunciar en una obra la masacre del 2 de octubre de 1968.

2/02/2020

Chicago, ácido atrás de la miel

Arte y tiempo

Foto
▲ Escena de Chicago.Foto Medios y Media
Quien se conforme únicamente con la superficie, disfrutará sin duda de Chicago, la estupenda comedia musical escrita por Bob Fosse, quien también creó la coreografía y se encargó de la dirección, apoyándose en la música de John Kander y el libretista Fred Ebb. Sucederá así porque Chicago tiene todos los ingredientes para hacer de ella lo que se espera de una comedia musical –llamadas ahora más sencillamente musical o el musical– o sea, música pegajosa, despreocupada, gran boato, estupenda coreografía, vistosos bailables, enorme colorido y despliegue de luces, lujo, alegría, en fin, todo aquello que hace de su presentación algo espectacular y muy fácil de digerir. El argumento puede ser insustancial o así lo vuelve la forma en que está presentado, porque se trata de entretener y divertir, y de ninguna manera causar preocupación.
Esto es precisamente lo que sucede en Chicago que, si se ve a mayor profundidad, pone al descubierto todo un sistema judicial sumamente permeable y unos medios de comunicación masiva capaces de trastocar toda realidad y convertir a un criminal cualquiera en un héroe. En este caso, a dos asesinas en heroínas. Que sean culpables o no, que el sistema sea corrupto o maleable, que abogados mercenarios sean capaces hacer ver lo que no existe, etcétera, eso no es cuestión de Chicago, el musical. Su tarea es ser el gran espectáculo y, hay que admitirlo, la cumple a cabalidad.
Basada en hechos reales, la historia de Chicago es por demás interesante, ya que arranca de la cobertura periodística que la reportera Maurine Dallas Watkins hizo de los casos de Beulah Annan y Belva Gaertner, a quienes se acusaba de homicidio y resultaron inocentes, pese a las pruebas en su contra.
Según reportó Watkins, en el importante Chicago Tribune, Beulah Annan se puso largo tiempo a escuchar música después de matar a su amante, quedándose en el lugar del crimen y antes de llamar a su marido para que acudiera en su ayuda. El amante de Gaertner fue encontrado muerto por arma de fuego en el coche de ella. Dos policías declararon bajo juramento que habían visto a una mujer dentro del vehículo poco antes de escuchar más de un disparo, pero al llegar ya sólo estaba el cadáver. Gaertner juró que su amante se había suicidado. Las dos mujeres fueron absueltas y convertidas en estrellas del espectáculo por el manejo que hizo la prensa de sus casos. Todo esto sucedió en 1924.
Los reportajes de Watkins tuvieron tal éxito que dos años después ella los convirtió en obra de teatro y fue sensación en Broadway; 50 años después, en 1975, a instancias de su esposa, Bob Fosse la convirtió en comedia musical, y en esta forma ha recorrido el mundo. A México llegó por primera vez en 2001 y volvió a finales del año pasado presentando la versión que se estrenó en Broadway en 1996, la que más éxito ha tenido de las muchas que se han dado en diferentes países.
Pese al oropel que las encubre, la denuncia y crítica están allí. No de balde la autora de la primera versión teatral vivió los hechos como testigo privilegiada y supo plasmar en ella, para decirlo de la manera más suave, lo dúctil del sistema y sus panegiristas.
Ese mismo sistema es el que ha creado esta, por demás disfrutable aunque descafeinada, versión musical del Chicago de las primeras décadas del siglo XX, que actualmente se presenta en el teatro Telcel de Polanco, de jueves a domingo.

1/19/2020

El Círculo Teatral circula de nuevo

Arte y tiempo
Raúl Díaz

Rodolfo Usigli, Padre fundador del teatro moderno mexicano, se encargó de dejar asentado que Un pueblo sin teatro es un pueblo sin historia. La desaparición de un teatro es, en consecuencia, un hecho lamentable que afecta no únicamente a sus dueños y a los que en él laboran o puedan trabajar, sino a toda la sociedad, ya que, como también se dice, un pueblo sin teatro es un pueblo sin verdad. Por eso, la historia que sigue.
Seriamente afectado por el terremoto de 2017, al igual que otros miles de mexicanos que aún no han recibido la atención debida de las autoridades, El Círculo Teatral se vio obligado a suspender sus actividades materiales, pero los conocidos actores y promotores teatrales Víctor Carpinteiro y Alberto Estrella porfiaron en su propósito de renacerlo de las ruinas.
Durante dos años buscaron, removieron lápidas de escritorios y conciencias, apelaron a la solidaridad de los desposeídos, actores, cantantes, danzantes, músicos poetas, periodistas, dramaturgos, toda esa fauna que arribamos al teatro y que en El Círculo Teatral encontramos una plácida bahía. Con ellos como pivote, la utopía se sostuvo. Galeano, claro, siempre estuvo allí.
FotoTenía que ser así porque El Círculo Teatral fue durante toda su primera existencia un nicho en el que podía recalarse con confianza, siempre y cuando se tuviera un proyecto interesante para el teatro, lo cual, por supuesto, excluía la valoración monetaria, pues lo que importaba y para lo cual el Círculo fue concebido era el teatro.
▲ Afuera del Círculo Teatral, manifestantes contra el cierre del recinto, en 2017.Foto Medios y Media
Así se mantuvo durante sus primeros 15 años, como espacio abierto a los teatreros y creadores en general que tenían algo importante que decir. Fue escuela formal, pero, en un sentido amplio –mucho más importante– fue escuela de vida en cuanto lugar de encuentro, aprendizaje extra aulas, trabajo y de qué y cómo hacer en torno a la escena y también donde surgieron buen número de complicidades que fueron fecundas. Acaso no al frente de todo esto, que sólo pudo ser abatido físicamente por un terremoto, estaba una complicidad que ni éste pudo acabar y tan no pudo, que sigue, heroicamente necia, la complicidad imbatible de Estrella y Carpinteiro que, junto con la espléndida, solidaria, combativa y creativa comunidad artística e intelectual, ha echado a andar de nuevo El Círculo Teatral.
Para anunciar y celebrar esta nueva vida que será únicamente la de muchos proyectos y creadores y la de nuevos aprendices y maestros, la dupla necia cómplice organizó un festejo de fin e inicio de año, acto de todos que se prolongó durante horas y en el que el teatro, desde luego, fue señor y la música reinó al tiempo que la poesía y la reflexión intelectual. Zaide Silvia Gutiérrez, Mauricio Jiménez, Ángeles Marín, Ofelia Medina y, comprometiéndose motu proprio para que en febrero ya haya condiciones para empezar a andar, César Cravioto, responsable por parte de la Ciudad de México para la reconstrucción, a voz en cuello, expresaron el anhelo colectivo ¡Larga nueva vida al Círculo Teatral!

12/08/2019

Le no show

Arte y tiempo

Concebida y escrita por los canadienses de habla francesa Alexandre Fecteau, Hubert Lemire y Francois Bernier, la comedia Le no show ( El no show) es simpática, agradable, en general bien escrita y bien adecuada a nuestro medio, lo que le permite, manteniendo la estructura original, ser totalmente accesible al público nacional. Sin embargo, no es del todo original como publicitariamente se insinúa, ya que utiliza recursos conocidos que en anteriores ocasiones han producido buenos resultados. El más evidente es el de la interacción con el público, invitar a uno o dos asistentes a subir al escenario o bajarse los actores a, desde su butaca, hacer participar a alguien. Lo que sí es totalmente novedoso (y posteriormente sirve al montaje para hacer avanzar la acción) es el sistema de pagos ya que, entre un mínimo de 70 y un máximo de 700 pesos, el asistente escoge con absoluta libertad la cantidad que desea pagar. El monto de lo pagado no otorga privilegio ni preferencia alguna sobre el lugar a ocupar. Así, alguien con boleto de 70 pesos puede ocupar, por ejemplo, un asiento en la quinta o sexta fila al centro, y uno que pagó 700 puede quedar en la orilla de la fila 20. Con el resto de las cantidades pagadas ocurre igual. Lo importante de esto no es tanto el lugar que se ocupe por lo que se pagó, sino lo que a los actores les permite hacer y lo que implica en y para el desarrollo de la obra.
En general, la historia nos relata las vicisitudes de siete actores, hombres y mujeres, que poco a poco van desgranando hechos de su vida artística y personal y recalcando una y otra vez su inmenso amor al teatro, amor que colocan sobre todas las cosas, justificando así sus veleidades al haber tenido que incursionar en otras esferas del espectáculo, como la televisión.
Conocer sobre la vida e intimidades de un artista ha sido siempre atractivo para el grueso público, y esa curiosidad –morbo en buena cantidad de casos– se utiliza bien aquí en una mezcla atractiva de realidad-ficción en la que, por ejemplo, una actriz cuenta sobre sus experiencias conversatorias con los choferes de los taxis que toma, mientras un actor habla del embarazo de su mujer y nacimiento de su primer hijo. Ambos casos e historias pueden ser ciertos o no, pero están contados de tal manera que se dan por reales. Esto habla de lo bien escrita que está la comedia en el original y de la correcta adaptación que efectuó la compañía mexicana El Ingenio del Caldero que agrupa a los actores, productores y demás gente necesaria para poder realizar un montaje.
Bajo la dirección de Alexandre Fecteau, que entendió bien los gajes de adaptación, las acciones-narraciones van y vienen en colectivo o individuales, involucrando al público en cuestiones que rozan el peligro (no en el aspecto físico de sufrir un golpe, por ejemplo) del rechazo o incomodar más allá de lo prudente, como en el momento en que pasan el sombrero y más de uno aporta, pero otros rechazan porque, por mínimo que haya sido, pagaron previamente un boleto. Igual sucede cuando se pide a alguien que invite, desde su celular, a otra gente a asistir al teatro. Este momento puede ser hasta chusco pero, igualmente, puede convertirse en muy incómodo y provocar reacciones no muy positivas que digamos. Empero, esto es parte del juego que nuestros jóvenes actores aceptan con plena conciencia lo que da verosimilitud al trabajo escénico.
Tenemos así una obra y montaje un tanto distintos que, acorde al tema, da de comer (bien, esperamos) a un grupo de actores y gente de teatro en general, que divierte, entretiene y, una vez más, pone sobre el tapete que, en esto del espectáculo y el teatro, no todo es glamour ni rica bohemia.

11/24/2019

Una bestia en mi jardín

Arte y tiempo

Damián vive en una casa con nombre, por eso mismo es distinta a las demás, aunque sea igual. La diferencia que le da el nombre El Descanso hace también que sus ocupantes, iguales a los demás hombres y mujeres del pueblo, sean también distintos, porque, a diferencia de los vecinos de siempre, por lo menos los que Damián conoce –porque solo tendrá unos seis o siete años–, siempre son diferentes: un día son Pablo y Juan, al otro son Pedro y María o Jacinta y Sebastián; de todos modos Damián los recuerda a todos y, para él, siempre están presentes, aunque estén ausentes. En su corazón de niño los guarda a todos, y es que en otro lado no cabrían. Como no sabe contar, ni le preocupa, no sabe que, a sus poquitos años, ha conocido a cientos, quizás hasta miles de Juanes, Pedros, Jacintas o Emilias, ya que cada día pasan otros y otros; algunos hasta se quedan por días, pero, como los demás, se ausentan, pero a él no se le olvidan y puede decir quién era quién.
Son los mismos o, si no lo son, por lo menos son iguales, todos traen la misma camisa, pantalón o falda, y los mismos tenis. Todos andan cargando el mismo miedo, la misma hambre y la misma ilusión de que al llegar allá todo eso va cambiar y van a poder comer sin que un policía, narco o soldado los mate o los aprese. Todos son iguales y sienten igual porque las condiciones de donde vienen son iguales y su ilusión es idéntica en todos.
Muchos, cientos, miles a lo largo de los años se encaraman en La Bestia, que con su rugido aterrador pasa diariamente a pocos metros de la casa de Damián, disminuyendo apenas su velocidad, también tremenda, momento en que su mamá aprovecha para lanzarles paquetes de comida que, con su peculio y el de otras generosas matronas como ella, prepara día a día para aliviar, así sea mínimamente, el hambre de los migrantes que, perdida toda esperanza de mitigarla en su lugar de origen, se lanzan a la tenebrosa aventura de buscar una hipotética vida mejor allá en el norte.
Ignoran, y si no lo ignoran tampoco les importa ni los detiene, que cientos de otros como ellos no llegaron jamás a su destino. Las turbulentas aguas del río divisorio, las candentes arenas del desierto o las balas oficiales o ilegales se encargaron de truncar su vano sueño.
Pero Damián no sabe nada de esto, él sólo sabe que Juan, Pedro, María o Raquel son sus amigos. Efímeros, cierto, pero amables, gratos para él y agradecidos con su madre que les proporciona El Descanso.
Poesía hecha teatro, bello canto de solidaridad humana presentado de manera sencilla y entendible para todos sin importar que tan pequeños sean. Los Damianes que conozcan esta bestia puede que no comprendan a cabalidad la enorme generosidad que nos platica, pero sus padres sí, necesariamente, tendrán que acusar recibo.
Hermosa narrativa de conducta hermosa y generosa la de estas mujeres a las que, sin decirlo, está dedicada esta obra: Las Patronas, chiapanecas que no atrapan a La Bestia pero, sin duda, la atemperan, la humanizan.
Teatro que lo es en todo momento, que para nada roza el panfleto y, sin embargo, habla claramente de un estado de cosas existente que no nos es ajeno, al contrario, está allí pero que, magia del teatro, nos es presentado en una forma que sólo es merecedora de aplausos.
Con la dramaturgia y dirección de Valentina Sierra y producción de la Compañía Puño de Tierra, Una bestia en mi jardín no puede dejar de verse aunque sólo tiene dos funciones a la semana, sábados y domingos a las 12:30 del medio día en el teatro Isabela Corona, de Tlatelolco.

10/27/2019

El teatro marca la grandeza o descenso de un país

Arte y tiempo

El Teatro, como acertadamente afirmaba Federico García Lorca, es el termómetro que marca la grandeza o descenso de un país. El teatro, acentúa también el enorme poeta y dramaturgo, es una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equívocas, y explicar con ejemplos vivos normas eternas del corazón.
El Teatro es el gran, extraordinario y humano vehículo, pero hacia dónde vaya es responsabilidad de quien lo guíe. El instrumento está allí y por milenios ha demostrado su eficacia de herramienta insuperable. Ahora, los resultados que su uso produzcan no son responsabilidad del instrumento como tal, sino de quien lo utiliza, lo maniobra. Por eso, como asevera el divino Lorca, puede tener hermosas alas y elevar al infinito o convertir las alas en pezuñas y hundirnos en el estercolero. La responsabilidad de los teatristas es enorme.
Y es aquí donde aparece el primer actor Héctor Bonilla quien, enhorabuena, ha sido declarado por las autoridades respectivas como Patrimonio Cultural Vivo de la Ciudad de México. Hecho inédito, nombramiento nunca antes otorgado, que yo sepa. Los merecimientos artísticos del laureado no tienen posibilidad de discusión, pero más importante que eso es qué ha hecho con sus grandes atributos. Es aquí donde las premisas lorquianas cobran vida, porque Héctor Bonilla ha estado siempre ampliando y batiendo enormes alas para que el teatro alcance más y más alturas.
No es cuestión aquí de recitar su currículum, que es enorme y cualquiera puede consultar en Internet. De lo que se trata es de subrayar su eterno compromiso ético, ese que lo ha llevado siempre a hacer teatro de calidad, nunca una chapucería.
Su inmensa calidad de actor lo llevó del teatro al cabaret, al cine y la televisión. Se convirtió en figura, en nombre. Pudo, sin duda, ganar mucho dinero como tantas otras figuras de la televisión, principalmente, pero a cambio de achabacanar su profesión, de abandonar el espíritu engrandecedor del teatro para convertirse, tristemente, en un mercachifle del espectáculo como hay tantos.
No sucedió así, porque a su calidad de actor aúna su calidad moral, esa que ve y va más allá del filón de oro que, muchas veces, resulta no ser tan rico como aparenta. Esta calidad produce congruencia no sólo en lo profesional, sino en todos los órdenes de la vida, por eso el maestro Bonilla, congruente con su pensar, ha regido su actuar a estar siempre con lo que es justo y, consecuentemente, al lado de las mejores causas populares que, por supuesto, actúan a favor y búsqueda de la justicia, la solidaridad, la libertad.
Estos valores éticos, artísticos y humanos que produjeron una carrera impecable son los que hacen ser a Héctor Bonilla Patrimonio Cultural Vivo de la Ciudad de México. ¡Aleluya!
Ante estas dimensiones de quien, auténticamente, sobre los escenarios ha recorrido de la A hasta la Z, qué pequeñito, qué enano se vio el acto en que el reconocimiento se le entregó. Qué pena que la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México no haya podido imaginar y poner en marcha algo realmente digno de la cumbre del arte de la actuación que es el maestro Héctor Bonilla.

8/18/2019

Amor oscuro

Arte y tiempo
Raúl Díaz

Un tema con tratamiento diferente aborda y expone el dramaturgo judío-mexicano Isaac Slomianski en su obra Amor oscuro.
Si bien a estas alturas a nadie espanta la exposición de algo que ha existido desde siempre, pero también desde siempre se ha pretendido ocultar, su exhibición en escena las más de las veces ha sido desafortunada, lo que no es en este caso, sino todo lo contrario. Hablo de la preferencia sexual femenina por el mismo sexo. Es decir, en esta ocasión, del lesbianismo o predilección lesbiana que si ahora ya es hasta jurídicamente aceptada, por lo menos en la Ciudad de México, ha sido tabú por los siglos de los siglos y, en algunas regiones y mentalidades retrógradas sigue siéndolo.
Una etapa particularmente oscura en la historia de la humanidad fue la del predominio de la Santa Inquisición, que condenaba todo y, por supuesto, una relación lésbica que de sólo pensar que existiera condenaba al fuego eterno. Los sacerdotes verdugos, enfermos mentales todos necesariamente y precursores del nazismo, perseguían a los de sangre impura, lo que de inmediato situaba como blanco predilecto a los judíos. Con estos antecedentes se entenderá lo condenable y demoniaco de una relación lesbiana que, además, se producía entre una judía y una gentil es decir, una no judía y, claro, católica, apostólica y romana.
Pues bien, de este caso, el del amor incontenible e incontrolable entre una judía menor de edad, huérfana y habitante de un asilo, y la gobernanta del asilo, española pura y hermana del Gran Inquisidor, trata la obra de Slomianski, dirigida por Víctor Weinstock y las actuaciones de Ana Karina Guevara (Doña Inés de Manríquez), Gastón Yanes (Don Rodrigo de Mendoza, médico de la Inquisición) y Fernanda Albarrán (María de Talavera). La sencilla pero inteligente escenografía así como la iluminación son de Patricia Gutiérez Arriaga y los adecuados vestuario y maquillaje, de Brisa Alonso.
La inquisitorial Gestapo sospecha que en el asilo que dirige Doña Inés se esconde una judía y se propone descubrirla, y desde luego, condenarla. ¿Por qué?, ¿ha cometido algún delito por mínimo que sea? No, para nada, pero es judía y para la santa depredadora con eso basta.
Doña Inés, perdidamente enamorada de María, echa mano de todos sus recursos para protegerla, y entre esos recursos está Don Rodrigo, a su vez locamente enamorado de doña Inés, quien, naturalmente, ni por asomo intuye la real relación existente entre las dos mujeres.
Lo que pasa a partir de la sospecha sobre María constituye el cuerpo de la trama y las acciones que van dejando al descubierto la represiva ominosa situación que la sociedad de ese tiempo padecía. El final puede considerarse inconcluso, pero –creo– es intencional por parte del dramaturgo y, si es así, es un final inteligente.
Excelente, la actuación de Gastón Yanes con los 100 y un matices y tempí por su personaje requeridos. El enamorado a distancia, el correspondido, el que se sabe usado, el que brutalmente despierta a una realidad, cada uno está allí. Bien, muy bien, Ana Karina Guevara; su Doña Inés es real y convincentemente cambiante acorde con cada situación. En contraposición, plana, sin matices, sin entender nunca que cada momento es distinto, creyendo que hacer el amor y mostrar miedo es lo mismo, Fernanda Albarrán, quien jamás tuvo un momento de verdad escénico. El director es responsable.
Amor Oscuro, que vale la asistencia, se presenta en el Foro Lucerna, los viernes a las 20:30, los sábados a las 18 y a las 20 horas y los domingos a las 18 horas.

7/21/2019

Maduras, solteras y desesperadas

Arte y tiempo

La sociedad moderna permite que, sin maledicencias, tres mujeres solteras de edad madura puedan vivir juntas en un departamento que, a su vez, les renta una cuarta, igualmente sin pareja, pero cinco minutos más joven que sus inquilinas. De la necesidad que estas mujeres sienten por tener una pareja trata la ¿comedia? Maduras, Solteras y Desesperadas de Óscar Rubí, montada en el Teatro Xola Julio Prieto.
El tema pudiera no ser banal puesto que el ritmo y condiciones de la vida actual produce fenómenos que antes se desconocían, uno de estos es la permisividad y facilidad del divorcio, y la autosuficiencia lograda por las mujeres, lo que les permite realizar su vida por sí mismas y no tener que permanecer sujetas a un matrimonio no deseado. Cantidad de mujeres maduras, solteras y autosuficientes (inteligentes hay que agregar), para nada están desesperadas y, si bien es cierto que desean un compañero, lo eligen cuidadosamente y para nada tiene que ser el primero que llega a la puer-ta o se les atraviesa en el camino.
Este segmento femenino de solteras es real, existe y no es tan pequeño como alguien pudiera pensar. El tomarlo, entonces, para hacer sobre él una obra de teatro, pudiera resultar muy interesante e ilustrativo. La cuestión, pues, es el tratamiento que al tema se le dé.
En este caso, el autor optó por la frivolidad y su narración va encaminada hacia la justificación del título, sus mujeres no sólo son maduras y solteras sino que están desesperadas por, literalmente, conseguir un hombre, un macho de la especie, un semental.
No dudo que este tipo de mujer exista, como también su equivalente masculino, sin embargo, también existe el otro y creo que es mayoritario, el de las mujeres que, con criterio e inteligencia labran su propio camino y cuyo objetivo central en la vida no es apresar un semental.
Pero éstas no son consideraciones que preocupen al autor, el va a lo primario, a la epidermis, a la conquista (lo que consigue, hay que admitirlo) de la risa fácil, del chiste predecible y el albur blando.
Aunado a esto el autor, que es también el director y productor, se permite en un par de momentos lanzar mensajes de reflexión y profundidad como, palabras más o menos, no estamos solas, nos tenemos las unas a las otras, lo más valioso es la amistad.
La puesta en escena es correspondiente al texto y en ella participan las muy experimentadas Luz María Aguilar, Norma Lazareno, quien logra el mejor momento de todo el montaje al bailar mambo, y Raquel Pankowsky, a las cuales confieso tenía tiempo de no ver sobre el escenario, y la cinco minutos menos experimentada en teatro, Maribel Fernández. El galanazo objeto de los deseos de las tres desesperadas es Rafael Nieves, a quien no recuerdo de nada anterior.
Estas féminas con las que algunas otras se sentirán identificadas pero creo que la mayoría no, exponen sus deseos de jueves a domingo en los horarios de costumbre.

3/31/2019

El beso de la mujer araña (un musical)

Arte y tiempo
Raúl Díaz

Cuando en 1976 Manuel Puig publicó su novela El beso de la mujer araña, se convirtió de inmediato en éxito de librerías, desde España, donde apareció, hasta el fin del Cono Sur, así como en países de otros continentes.
Muchas razones había para ello, pero entre las fundamentales estaban la temática que hablaba de la realidad que vivía la mayoría de los países latinoamericanos, sus dictaduras y sus métodos represivos; el tratamiento, con un lenguaje nuevo, cinematográfico de alguna manera, dado a estos aspectos, así como su combinación con un asunto poco tratado y, sobre todo, nunca antes expuesto de manera clara y directa: la relación posible entre un homosexual y un homofóbico obligados a compartir a diario el reducido espacio de una celda.
Con tales antecedentes, nada de extraño tiene que el cine y el teatro prontamente hicieran sus propias versiones igualmente exitosas y que, poco después, el teatro se arriesgara aún más, con libreto de Terrence McNally, letra de canciones de Fred Ebb y música de John Kander, para convertirla en comedia musical, misma que actualmente se presenta en el teatro Hidalgo-Ignacio Retes.
Como corresponde a toda comedia musical, El beso de la mujer araña ofrece una gran producción, con orquesta en vivo, lujoso y variado vestuario; coro; escenografía; iluminación, así como parafernalia de boato y gran despliegue de todos estos y demás elementos. Se trata, pues, de un gran espectáculo y el público así lo disfruta.
Empero, como en el fondo sigue residiendo la novela, no puede evadirse la problemática, y es así como de nuevo vuelve a recordarse el periodo negro de la dictadura militar argentina, su represión bestial a las luchas populares; los asesinatos y desapariciones forzadas, que se dieron por miles, así como la tortura cruel que se aplicó a muchos más todavía. Todo esto encarnado en Valentín, guerrillero urbano caído prisionero y colocado en una celda con Molina, homosexual apolítico, cinéfilo empedernido, preso por abuso de menores. El objetivo de las autoridades al unirlos es que Molina logre lo que no consiguió la tortura: descubrir secretos y contactos de Valentín.
Este último es un obsesionado por su causa, aunque poco preparado políticamente y, desde luego, no marxista. Es también un homofóbico furibundo que, literalmente, pinta su raya en la pequeña celda para mantener fuera de su espacio a Molina.
Así, se entenderá fácilmente que un hombre tal para llegar a tener una relación carnal con otro hombre y posteriormente, anímica, tiene que sufrir un proceso de transformación muy, muy profundo; naturalmente, este cambio debe verse y sentirse. Nada de esto ocurre con Jorge Gallegos, a quien se encargó este personaje que, evidentemente, le quedó inmenso. A esto debe agregarse que el señor Gallegos tampoco sabe cantar, por lo que toda su actuación es mala.
No mejoran mucho las cosas con la señora Chantal Andere, la protagonista central, Aurora, la mujer araña. Ella cumple bien su rutina, canta y baila como le dijeron que lo hiciera, pero es de una frialdad escalofriante; no trasmite nada, nada.
En contraposición, para alivio del público, el trabajo lleno de verdad escénica, puntual y matizado como su personaje exige, Rogelio Suárez, ofreciendo un Molina digno de todo elogio.
Con su profesionalismo de siempre y sólo lamentando lo limitado de su papel, Olivia Bucio, sin duda, merece mejores oportunidades, e igual reconocimiento al trabajo agotador del coro.

1/20/2019

El diccionario

Arte y tiempo

Foto
▲ Escena de la obra escrita por Manuel Calzada.Foto cortesía de la Secretaría de Cultura
La vida de la bibliotecaria española María Moliner hubiera sido tan anodina como la de cualquiera otra mujer sencilla de su tiempo a no ser porque, con un tesón infinito, una voluntad de acero, una disciplina férrea y un trabajo casi increíble que ocupó los más y mejores años de su vida, se dedicó a realizar, en palabras de García Márquez, “una proeza con muy pocos precedentes: escribió sola, en su casa, con su propia mano, el diccionario más completo, más útil, más acucioso y más divertido de la lengua castellana. Se llama Diccionario de uso del español; tiene dos tomos de casi tres mil páginas en total que pesan tres kilos”.
Una hazaña, sin duda, sobre todo considerando que, como afirma el Nobel, no fue un trabajo colectivo sino unipersonal. Lo hizo en su casa, no en ninguna institución u oficina destinada a este tipo de menesteres, y teniendo como única herramienta para escribir una vieja Olivetti y, además, en las pocas horas que le dejaba su trabajo remunerado y el cuidado de su familia compuesta por su esposo y tres hijos.
No obstante todos estos inconvenientes, la monumental obra vio, después de más de 14 años de trabajo, su primera edición en 1966, 15 años antes de la muerte de su autora, ocurrida en 1981.
Aparte de la proeza, sencilla y hasta gris en su cotidianidad, la vida de María Moliner es tomada por su paisano Manuel Calzada en su obra El Diccionario que, para abrir su año de actividades, restrenó la Compañía Nacional de Teatro en su sala Héctor Mendoza, en Francisco Sosa 159, en la alcaldía de Coyoacán.
Esa vida sencilla, sin embargo, es presentada de manera tan hábil por Calzada, que aquello se vuelve un continuo disfrute a lo largo de toda la presentación en la que, además de la rutina cotidiana, vamos conociendo su entorno, el ascenso del fascismo al poder con Franco a la cabeza, la noche de profunda oscuridad que significó su largo reinado de 36 años, no obstante lo cual, María y su esposo, el también intelectual Fernando Ramón Ferrando, deciden permanecer en España, y el paulatino declive de la diccionarista que muere sufriendo una demencia senil total.
A la estupenda factura de lo escrito se aúna la magnífica puesta en escena en la que el trabajo actoral juega un papel fundamental que es desplegado en forma verdaderamente elogiable por todos los participantes. La vida diaria cobra así una dimensión superior y alcanza la categoría mayor de arte.
Ya no es, entonces, solo el intrascendente hecho de hablar de coser calcetines, tarea que, como buena ama de casa de entonces, cumple María con agrado; de las pocas discusiones con el marido, o de las necesarias y cada vez más frecuentes visitas al médico, sino del hecho de colocar ante nuestros ojos la posibilidad real de convertir una acción vanal en algo superior, y develar no solo ante la vista sino frente a todos los sentidos una existencia excepcional capaz de realizar la tarea de elaborar el diccionario de uso del español más completo que se conozca en condiciones que cualquiera otro hubiera considerado imposibles.
Imprescindible, entre aplausos, mencionar a todos los participantes, de acuerdo con el orden en que aparecen el en programa de mano: Eduardo Candás, Israel Islas, Luis Huertas, Óscar Narvaez, Antonio Rojas y Roberto Sosa. Igualmente al director, Enrique Singer y a su equipo técnico: Auda Caraza, Atenea Chávez, Víctor Zapatero, Estela Fagoaga, Antonio Fernández, Maricela Estrada y Paloma de la Riva.
El Diccionario, de jueves a domingo; entrada libre, sólo hay que llegar temprano.

11/25/2018

Arte y tiempo : Hello, Dolly



La Comedia Musical (o simplemente el musical como ellos lo llaman), es la gran aportación estadunidense al espectáculo teatral. Surgida en los primeros años del siglo pasado, la comedia musical es la respuesta de los grandes capitalistas del espectáculo a la situación social que después de la primera Guerra Mundial vivía el pueblo de Estados Unidos. Su función principal era –y es– divertir, distraer, alejar de la problemática real de la vida cotidiana. Para cumplir su propósito, la comedia musical ha de ser ligera, ágil, intrascendente y digerible para todo público, de música entre más pegajosa mejor y, en toda la acepción de la palabra, espectacular.
En consecuencia, el montaje de una comedia musical es, necesariamente, caro: si no se tiene el dinero suficiente no se puede montar como corresponde. Más de un intento fallido conocemos al respecto de productores que, sin entender a cabalidad qué es este género, tratan de abordarlo sin los recursos necesarios y sólo consiguen un remedo.
No es este el caso de Hello, Dolly, obra original de Jerry Herman, con libreto de Michael Stewart, estrenada mundialmente en 1964 y que, por tercera ocasión, presenta temporada en nuestro país. El argumento, acorde a las características del género, es insustancial: una viuda madura que ha sobrevivido 10 años ejerciendo toda clase de menesteres, busca un millonario, el que sea, para casarse con él y resolver para siempre su situación. Dos o tres historias igualmente inanes correspondientes a otros tantos personajes complementan la historia. Como se ve, nada digno de figurar en los anales.
¿Qué hace entonces que Hello, Dolly (y la comedia musical en general) perdure y cumpla aquí tres temporadas (1968 con Libertad Lamarque, 1995 con la gran Silvia Pinal) y siga atrayendo a tanta gente? Sin duda, su música, sus canciones, sus danzas y su grandiosa producción. En efecto, Hello, Dolly tiene música y canciones de enorme facilidad auditiva, agradables y fácilmente recordables. Su principal número, Hello, Dolly, por ejemplo, es uno de esos que la gente tararea sin tener idea de dónde viene y sin preocuparse por ello. Entre otras luminarias la grabaron Louis Armstrong, Frank Sinatra, Liza Minnelli y Barbra Streisand. Sus coreografías son sensacionales y requieren un cuerpo de baile de por lo menos 20 integrantes. Las luces juegan un papel central y la escenografía ofrece múltiples espacios que se llenan con, por lo menos, 40 personas en escena que tienen que cambiarse el sensacional vestuario cuidado hasta en los mínimos detalles. Es, pues, de presentar un espectáculo grandioso como corresponde a toda comedia musical que se respete.
Los principales protagonistas de la actual temporada, que se presenta en el teatro Insurgentes, son Daniela Romo, quien vuelve a los escenarios después de una larga ausencia; cumple bien su cometido, pero en la función que vi, la segunda del día, acusando un cansancio que impedía la total brillantez. Jesús Ochoa ratifica su gran calidad actoral y versatilidad. El resto del elenco, que tiene un trabajo de órdagos, el cual desarrolla con una condición física envidiable, merece un aplauso colectivo por su desempeño, mismo que no puede ser igual para la no muy afinada orquesta de 15 atrilistas y su director. Así, en la inteligencia de que no es la gran obra de teatro, pero sí el gran espectáculo, Hello, Dolly es algo que vale la pena ver.

10/08/2016

“Las Misèrables” propuesta de teatro feminista, regresa a el Vicio


Reinas Chulas” quieren romper estereotipos en torno a feministas

Por: Lucía Lagunes Huerta

“Las Reinas Chulas” buscan editarle la plana a “los padres de la democracia”

 ¿Cómo recorrer 350 años en un ratito para salvar de la guillotina a la democracia? Pasar del Siglo XIX al XXI del brazo de cinco damiselas muy bien vestidas, que usando al escritor francés Víctor Hugo y su obra “Los Miserables”, buscan reeditar la Revolución Francesa, pero en femenino, en la plena era de la paridad y en la Ciudad de México.
 
“Las Reinas Chulas” buscan editarle la plana a “los padres de la democracia”, de entonces y de ahora, para recordarles que en este mundo a las mujeres casi no se les cuenta, pero cuentan mucho.
 
Cecilia Sotres, quien da vida a la personaja de “Miss Cosette” dice que “mientras este mundo no sea igual para mujeres y hombres a los dos les va mal”. Por ello es necesario, agregó, “en tiempos de regresiones y malos entendidos sobre ciertos términos, como el feminismo, seguir luche y luche” para lograr la igualdad.
 
Sin tirarse al drama, reconociendo lo que sí se ha avanzado en materia de igualdad, pero poniendo el dedo en lo que falta por lograr, es que la Compañía Cabaret “Las Reinas Chulas”, reestrenan este 7 de octubre la obra de teatro “Las Misèrables”, que sólo estará 6 semanas en el Teatro Bar el Vicio.
 
La obra recrea vestuario de la época y fue escrita por las cuatro integrantes de la compañía “Las Reinas Chulas”: Ana Francis, Cecilia Sotres, Marisol Gasé y Nora Huerta
 
“Este es el feminismo de Las Reinas Chulas”, asegura Sotres en entrevista con Cimacnoticias. Con esta obra queremos “salir del clóset feminista, romper con la urticaria que provoca aún el término feminista en algunos sectores que no acaban de comprender lo más básico del feminismo, porque el sistema se ha encargado de generar un estereotipo sobre las feministas”, que “Las Reinas Chulas” quieren romper.
 
“Las Misèrables” es la obra con más producción que han realizado a lo largo de sus 50 obras originales, que desde 2005 presentan en el Teatro bar el Vicio.
 
“Si hacer teatro en México es difícil, hacer teatro feminista no ha sido fácil  -explica Sotres- la primera puesta en escena de Las Misèrables costó trabajo, pero cuando la gente la ve, regresa una y otra vez”, asegura.
 
La obra recrea vestuario de la época y fue escrita por las cuatro integrantes de la compañía “Las Reinas Chulas”: Ana Francis, Cecilia Sotres, Marisol Gasé y Nora Huerta, quienes invitaron a la comunicadora Fernanda Tapia, a sumarse para formar el quinteto por la democracia y la igualdad de las mujeres.
 
 
Bajo las personajas “Miss Cosette”, “Sra. De Pardiu”, “Many y Pedi Curie” y “Coco Chanel”, pretenden mostrar que “el feminismo no es aburrido ni feo, ni que las feministas están enojadas con el mundo” y que en estos tiempos tan difíciles para las mujeres lo que no se puede perder es la esperanza.
 
Con el préstamo que obtuvieron del Instituto Nacional de Bellas Artes, “Las Misèrables” se mostrará “más teatral y menos cabaretoso” sin perder la esencia del cabaret, explicó Sotres.
 Cimacnoticias | Ciudad de México.-

12/25/2015

El arte del teatro callejero


Tepito Arte Acá es una compañía de teatro que se aleja de los grandes escenarios y monta sus obras de conciencia social en pequeñas vecindades del barrio bravo de Tepito en la Ciudad de México

Tepito suena peligroso. Eso hace que el lugar parezca lejano, pero el barrio bravo está ubicado en el corazón de la Ciudad

Todos los asistentes a esta noche de teatro son afortunados de poder ver al gigante comercial dormido

“Queremos integrar a la comunidad y que forme parte de estos eventos culturales”Roberto Galicia

Por Sergio Almazán
En Tepito a la 13 de Bartolomé también se le conoce como El Palacio de los Cilindros, pues en esa vecindad vive, desde hace muchos años, la señora Silvia Hernández, quien encabeza un negocio de préstamo de cajas musicales. 
Ella se los renta todos los días a los cilindreros que recorren las calles del centro de la Ciudad de México pidiendo monedas enfundados en sus uniformes color caqui, mientras hacen sonar las cajas con música melancólica. 
 Este colectivo que cumple 35 años de conformación esta noche ha regresado a su casa para montar la obra “El País de Tanpendécuaro”.
La noche cae y los vecinos de la vecindad Bartolomé 13 comienzan a acomodarse en el patio para convertirse en espectadores de esta pieza teatral escrita por Virgilio Carrillo y Susana Meza.
La primera presentación de una obra de la compañía teatral Tepito Arte Acá sucedió en 1980 en el teatro El Galeón, del Centro Cultural del Bosque. 
El colectivo fundado en el corazón del barrio bravo presentó en aquel entonces “Benito Gómez o el paraíso de los pobres”, una visión tepiteña de la realidad mexicana. De Tepito para el Mundo. 
Tres décadas después la compañía sigue vigente y esta noche han regresado a su casa.
La alfombra roja
Tepito suena peligroso. Eso hace que el lugar parezca lejano, pero el barrio bravo está ubicado en el corazón de la Ciudad. 
Tepito está muy cerca de la Alameda Central, pero llegar al número 13 de Bartolomé para disfrutar de la presentación de la obra “El país de Tanpendécuaro” no es tan sencillo. 
Los promotores del colectivo sirven de guías por un día y ayudan a que los espectadores externos se internen en las calles donde en un día normal se vende de todo y prolifera el comercio informal. 
La mala reputación del barrio lo precede y esto hace que los organizadores tomen precauciones para evitar un incidente incómodo para los externos. 
“Hay muchos robos en Tepito, pero la gente del barrio es tranquila, los ratas viven en la Morelos”, asegura uno de los actores de Tepito Arte Acá.
Los guías no tienen que manejar mucho. Desde la estación del metro Garibaldi se recorre Reforma, una vuelta a la derecha, otra más a la izquierda y rápidamente aparecen los tubos y las lonas de los cientos de puestos ambulantes que caracterizan a la zona.
Faltan pocos días para la gran venta de Navidad y el barrio descansa en espera de la temporada alta. 
Todos los asistentes a esta noche de teatro son afortunados de poder ver al gigante comercial dormido. 
“Es muy raro ver al barrio sin los puestos”, cuenta Roberto Galicia, “El Lucas”, encargado de la logística del evento y quien está próximo a inaugurar “La Tranza”, una revista escrita para y por Tepito.
Galicia es un orgulloso tepiteño y admirador de los fundadores de Tepito Arte Acá. 
“Antes de ser mexicano soy de Tepito y queremos revivir el movimiento cultural que se originó en la década de los setenta con Armando Ramírez y Daniel Manrique”, comenta emocionado el promotor.
“Queremos integrar a la comunidad y que forme parte de estos eventos culturales”. 
Sin embargo, para Galicia, el renacer de Tepito dista mucho de algunas visiones
“Tenemos un problema con los tours. Si nos gusta que venga la gente y conozca el barrio, pero el Safari en Tepito organizado por Daniel Giménez Cacho no nos late porque no somos animales”. 
Aplausos
A las siete de la noche todo está listo para que inicie la obra en la vecindad de la 13 de Bartolomé.
Los actores de Tepito Arte Acá están listos para entrar, la gente está en sus lugares y los vecinos de Bartolomé 13 siguen entrando y saliendo. 
Algunos llevan comida, otros visitan a algún amigo, pero el movimiento no para en el barrio tepiteño.
Un grupo de jóvenes que se había ubicado en la tercera fila, decide que será más cómodo ver el espectáculo desde las alturas y cuando suena la tercera llamada, se apresuran hacia la escalinata en forma de ye. 
La música comienza a sonar. Un hombre orquesta es el encargado de tocar la guitarra, los teclados y cantar a través de un micrófono amarrado a su cuello. 
Por la escalinata bajan cuatro actrices transformadas en cabareteras. Visten mallas transparentes y vestidos sugerentes. 
Los jóvenes que huyeron hacia las alturas ahora se sienten con la libertad de gritar al ver las piernas de las bailarinas.
“¡Ay mamá, ay mamá!”, le gritan los chavos.
La obra no es particularmente brillante y es condescendiente por momentos. 
Pero la intención es clara: Presentar diferentes segmentos de comedia y al final invitar a la reflexión política de los vecinos.
Antes de la función, Susana Meza, la otra escritora de la obra, educada en la escuela de Teatro de la UNAM, se quejaba de lo restringido que puede resultar el teatro académico. 
“No hay libertad para improvisar, para jugar con la gente, para decir groserías. Aquí queremos hacer otra cosa”, comenta Meza. 
Y eso es el mayor triunfo de Tepito Arte Acá. La compañía sabe que el teatro es un arte vivo y que sin la emoción de los espectadores no hay espectáculo. 
Tan vivos como los regulares del Globo en Londres en la época isabelina o de la Comedia Francesa en París en los tiempos de Moliere.
El público y Tepito triunfan en una noche de teatro sin reglas ni restricciones.