Este es un artículo de opinión de Kristalina
Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional junto con
Stefania Fabrizio, Cheng Hoon Lim y Marina M. Tavares, las tres
funcionarias del FMI.
Un diseño adecuado de las políticas para impulsar la recuperación
puede mitigar los efectos negativos de la crisis sobre las mujeres y
evitar nuevos retrocesos en la igualdad de género. Lo que es bueno para
las mujeres es, a la larga, bueno para abordar la desigualdad de
ingresos, el crecimiento económico y la resiliencia.
¿Por qué ha tenido la covid-19 efectos desproporcionados sobre las mujeres y su situación económica? Son varias las razones.
En primer lugar, las mujeres tienden a trabajar más que los hombres
en los sectores sociales, como son las industrias de servicios, comercio
minorista, turismo y hospitalidad, que requieren interacciones
personales.
Estos sectores son los más afectados por las medidas de mitigación y distanciamiento social.
En Estados Unidos, el desempleo entre las mujeres fue dos puntos
porcentuales superior al de los hombres entre abril y junio de 2020.
Debido a la naturaleza de sus empleos, el teletrabajo no es una opción
para muchas mujeres.
En ese país, aproximadamente 54% de las mujeres que trabajan en
sectores sociales no pueden hacerlo a distancia. En Brasil, es 67%. En
países de bajo ingreso, como mucho solo aproximadamente 12% de la
población puede trabajar a distancia.
En segundo lugar, las mujeres tienden a trabajar en el sector informal más que los hombres en los países de bajo ingreso.
El empleo informal —que suele remunerarse en efectivo sin ninguna
supervisión oficial— deja a las mujeres con un salario menor, sin
protección de la legislación laboral y sin prestaciones como pensiones o
un seguro médico.
Los medios de vida de los trabajadores informales se han visto muy
afectados por la crisis de la covid-19. En Colombia, la pobreza entre
las mujeres ha aumentado 3,3% debido a la paralización de las
actividades económicas.
La Organización de las Naciones Unidas estima que
la pandemia aumentará en 15,9 millones el número de personas que vive
en condiciones de pobreza en América Latina y el Caribe, hasta situarlo
en 214 millones de personas, muchas de ellas mujeres y niñas.
En tercer lugar, las mujeres tienden a realizar más labores
domésticas no remuneradas que los hombres, unas 2,7 horas al día más
para ser exactos. Ellas soportan la carga de las responsabilidades del
cuidado familiar derivadas de las medidas de paralización, como los
cierres de escuelas y las precauciones para los padres mayores y
vulnerables.
Tras el levantamiento de las medidas de paralización, la vuelta al trabajo de las mujeres está siendo más lenta.
En Canadá, el informe sobre empleo de
mayo muestra que el empleo de las mujeres aumentó en 1,1%, en
comparación con 2,4% de los hombres, debido a que persisten cuestiones
relacionadas con el cuidado de los hijos.
Además, en las familias con al menos un hijo menor de 6 años, es
aproximadamente tres veces más probable que el padre vuelva al trabajo a
que lo haga la madre.
En cuarto lugar, las pandemias suponen para las mujeres un mayor riesgo de pérdida de capital humano.
En muchos países del Sur en desarrollo, las chicas jóvenes se ven
forzadas a abandonar la escuela y trabajar para complementar el ingreso
del hogar.
De acuerdo con el informe del
Fondo Malala, el porcentaje de niñas que no asisten a la escuela
prácticamente se ha triplicado en Liberia tras la crisis de ébola y, en
Guinea, las niñas tienen una probabilidad 25% menor que los niños de
volver a matricularse.
En India, desde que entró en vigor el confinamiento de la covid-19, en los principales sitios web de matrimonios las nuevas inscripciones han registrado aumentos del 30%, debido a que las familias quieren concertar matrimonios que aseguren el futuro de sus hijas.
Sin educación, estas niñas sufren una pérdida permanente de capital
humano, lo que interrumpe el crecimiento de la productividad y perpetúa
el ciclo de pobreza entre las mujeres.
Es fundamental que las autoridades económicas adopten medidas que limiten los efectos prolongados de la pandemia en las mujeres.
Algunas de esas medidas podrían consistir en ampliar el apoyo a los
ingresos de la población vulnerable, preservar los vínculos laborales,
ofrecer incentivos para compaginar el trabajo con las responsabilidades
del cuidado familiar, mejorar el acceso a la atención sanitaria y la
planificación familiar y ampliar el apoyo a las pequeñas empresas y
trabajadores independientes.
También es una prioridad eliminar los obstáculos legales que impiden
el empoderamiento económico de las mujeres. Algunos países no han
tardado en adoptar algunas de estas políticas.
- Austria, Italia, Portugal y Eslovenia han introducido el derecho legal a la licencia (parcialmente) remunerada para padres con niños menores de cierta edad, y Francia ha ampliado las licencias por enfermedad para padres afectados por los cierres de escuelas que no dispongan de formas alternativas de trabajo o de cuidado de los niños.
- Las mujeres líderes latinoamericanas han creado la «Coalición para el empoderamiento económico de las mujeres», como parte de un esfuerzo más amplio a nivel de todo el gobierno para aumentar la participación de la mujer en la recuperación económica tras la pandemia.
- En Togo, 65% de los participantes en un nuevo programa de transferencias monetarias móviles son mujeres. El programa permite que los trabajadores informales reciban donaciones equivalentes 30% del salario mínimo.
A más largo plazo, pueden formularse políticas que aborden la
desigualdad de género mediante el establecimiento de condiciones e
incentivos para que las mujeres trabajen.
Son especialmente eficaces las políticas fiscales con perspectiva de
género, como la inversión en educación e infraestructura, los subsidios
para el cuidado de los hijos y los permisos de parentales.
Estas políticas no solo son cruciales para eliminar factores que
impiden el empoderamiento económico de las mujeres, sino que también son
necesarias para fomentar una recuperación inclusiva tras la covid-19.
RV: EG
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