De mirada penetrante, analítica, pero poseedora de una presencia serena,
Natalia Botero** es una fotoperiodista con más de 20 años de
experiencia. Sus fotografías se insertan ya en la historia reciente de
Colombia, su país natal.
Originaria de Medellín, Natalia creció en un clima violento: “Medellín
era una de las ciudades más impactadas y más permeadas por el
narcotráfico. Inclusive a dos cuadras de mi casa, en la plaza de toros
se soltó la famosa bomba de La Macarena (17 de febrero de 1991)”.
“Cuando hablamos de ‘el conflicto’ nos referimos al conflicto armado que
se vivió entre paramilitares (conformados por el Estado, el Ejército,
la policía y gente de la élite. Su existencia fue reconocida desde 1992)
que entraron para repeler a la guerrilla, que era lo que le
correspondía al Estado y no lo estaba haciendo. Paralelamente a eso, el
narcotráfico permeó los dos grupos. Entonces se convirtió en una guerra
de cuatro: narcotráfico, paramilitares, guerrilla y el Estado”.
Las de la también fundadora del proyecto “Focos Narrativos” son imágenes
que provocan un vuelco en el corazón, sin embargo las historias que hay
detrás de esas fotografías son aún más impactantes.
A pesar de ser testigo de muchas muertes violentas, lejos de
transformarse en una fotógrafa inmune al dolor, “el conflicto” la ha
convertido en una mujer sensible y comprometida con la construcción de
la memoria de las familias que han sufrido la desaparición forzada de un
o una familiar.
“Yo valoro mucho haber pasado por el fotoperiodismo y por los medios.
Eso me dio mucha responsabilidad social y una mayor comprensión del
país, de los actores, de los victimarios y del dolor de las víctimas.
Pero después de un tiempo me di cuenta que el día a día no te permite
hacer la elaboración de discursos, de reflexiones de investigaciones más
profundas.
“Decidí retirarme de los medios para emprender un camino en solitario
para replantear el ejercicio de la fotografía en el ámbito periodístico
hacia una fotografía que se volviera facilitadora para que los otros se
pudieran expresar a partir de la fotografía”.
FOTOGRAFÍA, MEMORIA Y DESAPARECIDOS
“Entonces me dediqué a estudiar lo que yo había hecho en 15 o 20 años de
cobertura del conflicto, para lograr una reflexión profunda de lo que
había hecho. Encontré que era un país al que se le había golpeado muy
duro en lo administrativo y en las vidas de los involucrados. Yo no
podía seguir registrando eso.
“Había que darle la vuelta para ver cómo aportaba para que esos
escenarios de dolor se pudieran sobreponer, resignificar y transformar a
partir de la fotografía.
“Empecé a estructurar los espacios y los ejercicios de memoria; de
construcción de la memoria para reivindicar a los vivos, reivindicar las
resistencias y para ayudar a las víctimas a que, a partir de la
fotografía, ellos pudieran entender lo que les había sucedido. Ayudarlos
a no culparse. Porque muchos de ellos tenían esa sensación de culpa”.
Natalia Botero habla también de la “egofotografía”, aquella que
caracteriza al fotoperiodista que antepone primero su cámara ante la
imagen, que ante la persona que está fotografiando, que sufre por la
pérdida de un familiar. Pero, entonces ¿cómo debe ser un/una
fotoperiodista?: “Debe ser humilde, honesto/honesta consigo mismo y con
su trabajo. Debe ser sagaz, prever la foto”, responde.
Y habla Natalia Botero, la docente de fotografía y fotografía documental
de la Universidad de Antioquia: “Más que saber manejar una cámara, debe
tener mucha calidad humana. Porque si el fotoperiodista no sabe
aproximarse al otro, está generando una barrera que le impide
fotografiar la realidad que está sucediendo frente a él y corre el
riesgo de interpretarla.
“Obviamente la mirada del fotógrafo es una interpretación y no hay una
objetividad porque es el sujeto quien construye la imagen. Pero la
objetividad sucede con la cercanía del tema, en el respeto y en la ética
que estar presente al momento de hacer una imagen. La cámara es un
instrumento que me sirve para relatar lo que el otro me está contando.
Pero no por tener una cámara, el otro está obligado a decirme o
mostrarme algo”.
–Osiris Aquino: ¿Qué significa México para ti?
– Natalia Botero: Siento una gran admiración por los mexicanos. El
momento álgido que ustedes están pasando, nosotros lo vivimos hace 20 o
15 años. Nosotros ya reelaboramos el discurso, ya entendimos cómo había
que abordarlo y enfrentarlo.
“Siento una gran atracción hacia México por la relación que tienen con
la muerte. Creo que podría aprender mucho de esto porque me da la
sensación de que en México el sentido de la muerte es pragmático: hay
fiestas a la muerte y siento que tienen una relación muy fuerte con el
rito de la muerte.
“Quisiera saber cómo viven ese duelo. Me gustaría pasar un tiempo en
México, no para establecerme, sino para poder aprender mucho y también
poder darle lo que yo tengo”.
**Fotoperiodista. Corresponsal de la Revista Semana. Ha colaborado con
el Museo Casa de la Memoria, y el programa de víctimas de la alcaldía de
Medellín. Su más reciente proyecto es el taller de elaboración del
“Álbum de Familia. Relato de Memoria”, y la exposición “Al Sol y Al
Viento”, en Bogotá.
| Foto: Osiris Aquino/Enheduanna
Por: Osiris Aquino
Cimacnoticias/Enheduanna | Bogotá, Col.-
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