6/21/2012

Cada año, 12 mil veracruzanas emigran a EU


LA OTRA RUTA MIGRATORIA

Abandonan a sus familias en busca de más ingresos

Por Flavia Morales, corresponsal

Xalapa, 20 jun 12 (CIMAC).- A Blanca el corazón se le rompió cuando tomó la decisión de irse a Estados Unidos. Para la madre de dos hijos, dejar una vida atrás para buscar en otro país un futuro le costó meses de tristeza, pero al final reconoce que era la única forma de salir de las deudas.

“Era una presión que no sabíamos qué hacer; lo vimos como la única salida y me fui para acompañar a mi esposo”, explica.

Ser mujer, migrante y madre de familia no es una tarea fácil. A sus 33 años, Blanca se sumó a la estadística de casi 12 mil mujeres veracruzanas madres de familia, que cada año deciden migrar a EU o a la frontera norte del país para sostener a sus hijos, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

De acuerdo con esas cifras, las mujeres que emigran son jóvenes de 15 a 29 años de edad, casi todas madres de familia, quienes han sido colocadas en el eslabón más débil de la migración internacional, vulnerables a violaciones y a las redes de explotación laboral y sexual.

Blanca volvió a Veracruz después de tres años. Entre lágrimas recuerda que dejar a sus hijos de 13 y 8 años fue la prueba más difícil de su vida.

La partida hacia EU la decidió junto con su esposo. El plan era irse tres años, hacer dinero y regresar. Ahorraron 5 mil dólares (68 mil 750 pesos mexicanos al tipo de cambio actual) para pagar al “pollero” (traficante de personas) y emprendieron la aventura.

Blanca sabría después que tendría que enfrentar todavía pruebas más difíciles: cuatro días de viaje, cruzar por el desierto de Arizona en medio de la noche, y entregar su vida a un “pollero” que los mantuvo un día en una casa en medio de la nada.

Cuando al fin llegó a la ciudad de Indianápolis, capital del estado de Indiana, adaptarse a la vida de otro país y a la ausencia de sus hijos fue devastador.

“Fueron seis meses de puro llorar, de acordarme, de pensar día y noche, aunque ahora con la nuevas tecnologías, pues ya podíamos hablar con ellos; nos escribíamos a diario, pero la distancia fue difícil”, narra la mujer.

SEPARACIÓN

Afortunadamente ni ella ni su esposo vivieron discriminación. Con documentos falsos y a través de una agencia de colocaciones, lograron conseguir empleo.

Hubo un momento, relata Blanca, que su familia se desintegró. Sus hijos vivían en casas separadas, su esposo había emigrado a otro estado en EU, y ella se mantenía en Indianápolis.

La mirada se le nubla cuando recuerda que uno de los momentos más tristes de su estancia en EU fue cuando su hijo le anunció que estaba en el cuadro de honor de la escuela: “Me dijo que había cumplido lo que prometió; estaba en el cuadro de honor, pero yo no estaba para verlo”.

Al final, el amor le ganó a la distancia y ya con suficiente dinero ahorrado, Blanca y su esposo decidieron regresar a México. Dice que no olvidará el momento en que volvió a ver a sus hijos. Llegó de sorpresa, a nadie le avisó: “Cuando los vi, supe que nunca volvería a separarme de ellos; lloré mucho, no sé cuánto tiempo”.

En casos distintos al de Blanca, otras mujeres migrantes son atrapadas por las redes de explotación laboral y sexual.

La investigadora Erika Cervantes Pacheco, ex directora del Centro de Psicología y Parametría de la Universidad de Michoacán, afirma que las mujeres migrantes presentan mayor vulnerabilidad por su edad y condición de género.

La autora del estudio “La feminización de los procesos migratorios internacionales” agrega que las migrantes experimentan abuso sexual y psicológico, estrés postraumático, peligro, extorsión, agotamiento físico, contagios sexuales y embarazos no deseados.

La experta explica que organizaciones de Derechos Humanos, como Amnistía Internacional, estiman que hasta seis de cada 10 mujeres y niñas migrantes sufren violencia sexual durante su trayecto hacia EU.

Cervantes Pacheco indica que las mujeres que deciden migrar experimentan sentimientos de culpa, endeudamientos para pagar al “pollero”, temor, crítica social y preocupación por los familiares que se quedan.

La Red Internacional de Migración alerta que la feminización de la migración va en aumento: cada año en promedio mil mujeres se suman a la estadística. Ellas se van por seis meses y hasta un año a EU, algunas para reunirse con sus esposos y otras para buscar un mejor empleo.

Las cifras del Inegi de 2010 son frías: de los 70 mil migrantes que decidieron irse en ese año, 12 mil fueron mujeres; 90 por ciento de ellas con al menos un hijo, y cuyo promedio de estancia en EU o estados fronterizos del norte de México es de seis meses a un año.

De las mujeres migrantes, 73 por ciento tienen personas que dependen de ellas: hijos, hermanos o padres, lo que las hace aún más vulnerables.

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