8/19/2017

Programa Tiempo de Mujeres en CFRU radio comunitaria-universitaria en Guelph ON CA sab 19 ago 2017


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TIEMPO DE MUJERES
Desde cfru 93.3 fm la Radio de la Universidad de Guelph
en Ontario, Canadá
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MUJERES POR LA DEMOCRACIA
Bienvenida al programa de hoy

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Noticias de Género en la Red
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Los grados de violencia contra las mujeres no sólo en espacios privados sino también públicos nos hacen meditar en crear medidas de seguridad, el acoso sexual callejero es el más común e inicia desde muy temprana edad, niñas, adolescentes o adultas son agredidas en calles, trasporte público, escuelas, oficinas, no existen lugares completamente seguros donde no se sufra de violencia, pensamos en nosotras y pensamos en las otras, las hijas, hermanas, sobrinas, amigas todas han sufrido esta violencia 

Y hablando de espacios, de respeto de convivencia, tenemos de nuevo al feminista Miguel Lorente que recién saco un artículo sobre violencia de género que nos dice que " en una sociedad desigual estructurada sobre referencias masculinas asignando a los hombres esa capacidad de interpretar y dar significado a la realidad, y de manera muy especial a la posición, comportamiento, conductas y actitudes de las mujeres, o lo que es lo mismo, desde la desigualdad y el machismo,cuando se habla de violencia de género lo que se pretende es buscar esa confusión esencial para que no haya reacción social ni respuesta institucional ante ella, y así permanecer en esa desigualdad que tanto bien les ha hecho a algunos hombres y tantos privilegios les ha dado a todos"género. 

En Montevideo hubo un seminario internacional sobre los efectos de la objeción de conciencia en el acceso a servicios de salud sexual y reproductiva. este congreso reunió a 50 expertos de 20 de países de África, Europa y las Américas para compartir sus experiencias respecto al aborto, sabemos que en nuestra región hay enormes rezagos en los derechos reproductivos, hay muerte y cárcel, una criminalización al género y la pobreza, tenemos una entrevista que Sputnik le hiciera a Lilián Abracinskas, directora de la organización Mujer y Salud en Uruguay (MYSU), una de las instituciones que organizó el encuentro, y con Marina Davidashvili, encargada de políticas de desarrollo del Foro de Parlamentarios Europeos sobre Población y Desarrollo para esa zona.

Otra forma de violencia es la laboral, la brecha salarial, también en la región persisten prácticas que no nos permiten la igualdad, la democracia, como mujeres participamos en la economía, tenemos obligaciones pero no igualdad de derechos, aún cuando tengamos mejor o mayor capacitación que los hombre no ganamos igual, y en las exportaciones el rezago es evidente, tenemos un entrevista también de Sputnik con Perla Buenrostro, abogada mexicana, consultora empresarial y de empoderamiento de mujeres que habló sobre el aporte de las mujeres al sector. 

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Objeción de conciencia, "una restricción a las mujeres, y sobre todo a las más pobres”


Gobiernos de derecha e izquierda obstaculizan
 el derecho al aborto en América Latina

Montevideo fue sede de un seminario internacional sobre los efectos de la objeción de conciencia en el acceso a los servicios de salud sexual y reproductiva. El congreso reunió a 50 expertos de 20 de países de África, Europa y las Américas para compartir sus experiencias respecto al aborto.

© AFP 2017/ Elmer Martinez

En países donde la interrupción voluntaria del embarazo es un derecho de larga trayectoria, las mujeres se encuentran con obstáculos al momento de solicitarlo, como el rechazo de profesionales que niegan atenderlas por estar personalmente en contra de la práctica, o sea, alegando objeción de conciencia.


El seminario que se realizó en Uruguay buscó abrir el debate sobre esta realidad. En Zona Violeta conversamos con Lilián Abracinskas, directora de la organización Mujer y Salud en Uruguay (MYSU), una de las instituciones que organizó el encuentro, y con Marina Davidashvili, encargada de políticas de desarrollo del Foro de Parlamentarios Europeos sobre Población y Desarrollo para esa zona.

"La objeción de conciencia existe también en el servicio militar. Pero hay una gran diferencia. Cuando una persona se niega a realizar el servicio militar comparece delante de un comité para explicarse, y después tiene que dar otro servicio a su país, como un servicio social. En el caso de los médicos que son objetores, no son ellos las víctimas de su negación, sino las mujeres que no reciben el tratamiento".

En México 66 de cada 100 mujeres es violentada


EdoMex, CDMX, Chihuahua entre otras, por encima de la media 

 De las 46.5 millones de mujeres mayores de 15 años que habitan en México, se estima que un 66 por ciento (30.7 millones) ha enfrentado al menos un incidente de violencia emocional, económica, física, sexual o discriminación en su espacio laboral, familiar, escolar o en su relación con pareja, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
 
Como cada cinco años el Inegi presentó la cuarta edición de la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016. En este periodo la violencia de pareja tuvo un decremento de menos del 3 por ciento, pasó de 2011 con 46.1 por ciento a 43.9 por ciento este último año.
 
Los datos del censo revelan que 10 entidades están por encima de la media nacional de cualquier tipo de violencia contra las mujeres cometida a lo largo de su vida: el Estado de México, Jalisco, Ciudad de México, Aguascalientes, Querétaro, Chihuahua, Yucatán Durango, Coahuila y Baja California.
 
La Endireh tiene como objetivo dimensionar la violencia que enfrentan las mexicanas, tanto en sus hogares como en espacios públicos, e identificar la frecuencia con la que es cometida cualquier tipo de agresión como amenazas, coerción, intimidación, privación de su libertad o abusos sexuales, verbales, físicos, económicos o patrimoniales.
 
Después de la violencia familiar, de acuerdo con el Inegi, el segundo ámbito donde las mujeres experimentan mayor violencia es en la calle, el transporte, entre otros lugares públicos por personas desconocidas. De las mujeres entrevistadas 38 de cada 100 fue víctima de violencia.
 
La violencia sexual es la principal agresión en el ámbito público, 34.3 por ciento de las mujeres de más de 15 años fueron víctimas de acoso, abuso o una violación sexual.
 
En el ámbito laboral de las mujeres que trabajan o trabajaron alguna vez, un 26.6 por ciento ha experimentado algún acto de violencia sobre todo de tipo sexual y discriminación por razones de género o por un embarazo a través de humillaciones e intimidaciones.
 
La violencia laboral contra las mujeres aumentó tres por ciento en estos últimos cinco años, en 2011 se registró que un 23.7 por ciento de mujeres que trabajaba sufrió algún tipo de incidente violento. 
 
Lo mismo sucede en el ámbito escolar, tan sólo en 2016 de las mujeres que asistieron a la escuela 10 de cada 100 fueron agredidas sexualmente.
 
La Endireh indica que de las mexicanas que han asistido a la escuela 16.7 por ciento fueron agredidas físicamente y 10.9 sexualmente.  



CIMACFoto: César Martínez López
Por: la Redacción Cimacnoticias | Ciudad de México.- 

La violencia no tiene género. El género sí tiene violencia


Violencia & Género
TribunaFeminista

" El posmachismo, es decir, la visión camuflada del machismo, sólo se queja cuando las medidas se dirigen a las mujeres, aunque el problema les afecte a ellas".

"Los postmachistas nuncan han propuesto nada para acabar con las otras violencias, y tampoco con la violencia que sufren los hombres, que es producida mayoritariamente por otros hombres, no por las mujeres".


Quien no quiere cambiar una realidad ventajosa utiliza una doble estrategia de efecto exponencial, por una parte la niega y por otra la difumina… y entre lo que borra y lo que emborrona permite que la vida continúe en la zona gris y sombría del desconocimiento, para así mantener sus privilegios. Es la forma de no posicionarse frente a una realidad concreta con la apariencia de que se está en contra de ella…

Imaginen las siguientes respuestas ante las preguntas que se hacen: ¿Qué le parece la guerra de Siria?… Todas las guerras son malas. ¿Qué le parece el problema del SIDA?… Todas las enfermedades son terribles. ¿Qué le parecen las muertes por accidente de tráfico?. Todas las muertes accidentales son tristes… Sería absurdo intentar ocultar una realidad concreta, con sus causas y sus características específicas, en una generalidad con la que comparte el resultado y el marco conceptual, pero que es completamente diferente en sus circunstancias, pues aparte de esconderla no se resolvería jamás…
Pues bien, ante la situación de la violencia de género, con más de 700 mujeres asesinadas por los hombres con quienes compartían su relación en los últimos diez años, y con 600.000 casos de maltrato al año, el posmachismo responde que “todas las violencias son malas”. Algo obvio, y lo hacen porque lo que busca es que no se haga nada contra la violencia que sufren las mujeres, y no al contrario. Pretender presentar sus ataques a las medidas dirigidas a erradicar la violencia de género como una reivindicación para que se adopten medidas contra todas las demás violencias, al tiempo de insinuar que no las hay, es una falacia.

Y lo es, primero, porque para hacer algo contra otras violencias no exige dejar de hacer contra la violencia que sufren las mujeres, y segundo, porque no proponen nada, sólo que se acabe con la Ley Integral. Ahora bien, no todo puede beneficiarse de esta estrategia del “borrar y emborronar”. Está claro que si alguien intentara negar hoy, por ejemplo, los accidentes de tráfico, los problemas de la situación económica, el envejecimiento de la población… no lo iba a tener fácil, aunque lo intentara. La “estrategia de la negación y confusión” funciona con situaciones estructurales que han formado parte de la “normalidad” histórica de la sociedad, de aquello que se entendía propio de determinadas circunstancias habituales y promovidas desde la misma organización social, y además, funciona cuando a través de esa estrategia se defienden y reivindican determinados valores, no cuando se busca reordenar u organizar de otra manera determinadas cuestiones formales.

Por eso desde las posiciones clásicas de una sociedad desigual estructurada sobre las referencias masculinas, y asignando a los hombres esa capacidad de interpretar y dar significado a la realidad, y de manera muy especial a la posición, comportamiento, conductas y actitudes de las mujeres, o lo que es lo mismo, desde la desigualdad y el machismo, cuando se habla de violencia de género lo que se pretende es buscar esa confusión esencial para que no haya reacción social ni respuesta institucional ante ella, y así permanecer en esa desigualdad que tanto bien les ha hecho a algunos hombres y tantos privilegios les ha dado a todos.
“La violencia no tiene género” dicen, y es cierto, lo hemos comentado, repetido y escrito multitud de veces, aunque el posmachismo no le interesa mostrar cómo desde la igualdad se rechaza y condena todo tipo de violencias. Algo muy diferente y, precisamente, lo que quieren borrar y emborronar es que “el género sí tiene violencia”. La construcción cultural de lo que significa ser hombre y mujer en cada contexto social, es decir, lo que se espera de cada hombre en cada lugar a través de su comportamiento y actitud, y de cada mujer en esos mismos términos, aquello por lo que los hombres son reconocidos o cuestionados como hombres y las mujeres como mujeres, que es lo que conforma el “género”, es lo que ha atribuido una serie de funciones a los hombres que llevan a decidir qué es lo correcto dentro de sus relaciones de pareja y familia, y a corregirlo cuando se desvía o no se cumple, recurriendo incluso a la violencia, es decir, a la violencia de género.

Esta construcción cultural aplicada a la sociedad es la que permite decir a las mujeres que sufren la violencia aquello de “mi marido me pega lo normal”, a un arzobispo lo de “cásate y se sumisa”, al Tribunal Supremo sentenciar que “si una violación es habitual, no es violación” o a un grupo musical hacer una canción y un video banalizando el femicidio. Y todo ello, en lugar de dar lugar a una revolución y a la insumisión ciudadana, lo que hace es reforzar esa normalidad construida sobre las referencias de lo que significa ser hombre y ser mujer. Es decir, la construcción de los géneros desde la visión androcéntrica de una cultura desigual basada en la imagen de los hombres.

Estas circunstancias y características son las que dan lugar la violencia que sufren las mujeres a manos de los hombres en la sociedad y dentro de las relaciones de pareja o familia, o sea, la violencia de género. No a otras violencias, y mucho menos la violencia que sufren los hombres a manos de las mujeres, ni las que padecen los niños y niñas o los ancianos a manos de hombres y mujeres. Nadie dice “mi mujer me pega lo normal”, ni se escriben libros dirigidos a los hombres titulados “cásate y sé sumiso”.
Al posmachismo no le interesa nada de esto, como no lo ha interesado nunca al machismo las violencias que sufrían menores, ancianos y hombres, puesto que respondían a un criterio de “ordeno y mando” impuesto desde su modelo basado en una estructura jerarquizada sobre el poder. Nunca han propuesto nada para acabar con las otras violencias, y tampoco con la violencia que sufren los hombres, que es producida mayoritariamente por otros hombres, no por las mujeres.

Lo único que plantean es acabar con los instrumentos e iniciativas que la sociedad española se ha dado para acabar con la violencia que sufren las mujeres, especialmente con la llamada Ley Integral contra la Violencia de Género, que recordemos fue aprobada por unanimidad en el Parlamento, lugar donde reside la soberanía popular.
A ellos les da igual, dicen que es inconstitucional, aunque el Tribunal Constitucional ha dicho que es constitucional, dicen que produce el 90% de denuncias falsas, cuando la Fiscalía General del Estado establece que representan el 0’01%, dicen que detienen a los hombres injustamente, cuando en ninguno de sus artículos habla de detenciones tras las denuncia…

Y callan que el 80% de las mujeres que sufren violencia por sus parejas no denuncia, y que el 80% de las mujeres asesinadas tampoco había denunciado a pesar de que la violencia era tan grave que terminó en el homicidio de la mujer, y que el 20% de las mujeres asesinadas, a pesar de denunciar (algunas hasta 11 veces) no obtuvo una protección suficiente y también fue asesinada. ¿Ustedes creen que todo eso va contra los hombres en general, o lo hace contra los hombres violentos? ¿Ustedes creen que callar ante esta violencia, mirar para otro lado o mezclar todas las violencias para que no ser resuelva ninguna es querer a los hombres? ¿Ustedes creen que establecer medidas para que los hombres violentos no puedan someter, maltratar y poder llegar a matar a las mujeres con las que conviven, y en ocasiones a sus hijos e hijas, es odiar a los hombres?…

Yo sinceramente creo que no. Creo que acabar con la violencia de género y con las circunstancias que llevan a los hombres a entender que su uso está justificado es querer a los hombres y querer una sociedad donde la convivencia se base en la paz y en el respeto, o lo que es lo mismo, en la Igualdad.
Y todo ello es compatible con el resto de medidas dirigidas a cada violencia,como lo es realizar campañas contra el cáncer de pulmón y otras contra el infarto de miocardio, sin que nadie se sienta discriminado; o como lo es realizar campañas contra los accidentes de tráfico y otras contra la siniestralidad laboral….

Nadie se queja de esas iniciativas, el posmachismo, es decir, la visión camuflada del machismo, sólo se queja cuando las medidas se dirigen a las mujeres, aunque el problema les afecte a ellas. Su visión de la posición que ocupan las mujeres no sólo refleja que no les importan mucho como personas, sino que no las ven como parte de la sociedad, puesto que si se resuelve un problema grave que afecta al 50% de la sociedad, es la propia sociedad la que mejora y gana. Pero ellos como siempre a lo suyo, es decir, sólo a lo suyo…

Fuente:http://www.tribunafeminista.org/2017/08/la-violencia-no-tiene-genero-el-genero-si-tiene-violencia/ 

Por cielo, metro y tierra ¡Estamos hartas del hostigamiento sexual!


 Lenguantes
Por: Cynthia Híjar Juárez*

A los 12 años escuché por primera vez la opinión que un par de desconocidos tenían sobre mi cuerpo y descubrí cómo el hecho de ser una niña parecía permitirles emitir esta opinión de la forma más cobarde y violenta. Era un par de hombres que, envalentonados por el camión que conducían, me lanzaron uno de esos mal llamados piropos. Ese día grité todas las groserías que podía enunciar. Grité con todas mis fuerzas y mi madre, que caminaba conmigo en ese momento, me dijo que le preocupaba que después de defenderme los agresores volvieran a atacar con mayor intensidad.
 
Han pasado 17 años y aún ahora que mi madre se ha asumido feminista, sé que tiene miedo de que algo me suceda. Ella y yo sabemos que la autodefensa es necesaria, pero que sería mejor vivir en un lugar donde, como dice la sabiduría feminista, no necesitáramos ser valientes sino libres de violencia. A veces también me llaman amigas, primos, o cualquier persona que me ha querido y me pide que me cuide. Yo sé que sabes defenderte, me dicen, pero no sé qué haría si algo te pasa.
 
Gracias al feminismo sé que no soy la única a la que se le pide cuidarse en un mundo donde no se pide a los hombres que dejen de agredir, de violar, de matar, de creer que su opinión es necesaria.
 
El transitar de las mujeres está siempre sometido a descargas de violencia que, podamos o no verlo, condicionan nuestro estar en los espacios. Pienso, por ejemplo, en el acoso sexual callejero, que te sorprende a los 12 años y en cómo nadie nos enseña que estamos en riesgo y cómo podemos actuar en una situación de peligro o de hostilidad normalizada para salir avante de todas las cosas que condicionan nuestro estar en el mundo.
 
El piropo es el eufemismo de la violencia sexual que los hombres ejercen en cualquier lugar que una mujer transita, pero mi ejemplo de piropo es quizás muy corto ante lo que leo todos los días en mi transitar y el de otras. Me refiero, desde luego, las mujeres. A nosotras, a nuestros cuerpos leídos con la carga de debilidad y despojos que se nos han impuesto.
 
Pienso en mis sobrinas, en mis amigas trans agredidas y excluidas de los espacios como baños públicos incluso por otras mujeres, en las desconocidas que veo caminar por la calle y con quienes me enseñaron que debía competir. Pienso en todas las disidentes de la heteronorma y en les otres, que han rechazado la categoría de hombre. ¿Cómo se sobrevive en este mundo? ¿Cómo se sobrevive a transitar en él?
 
La semana pasada, por ejemplo, escuché en una cena que había que boicotear a UBER por los casos de agresión sexual difundidos en redes sociales. Una chica decía que ella no tenía aún una mejor forma o más segura que usar este servicio para volver a casa cuando es de noche o ha bebido. Pienso entonces en las agresiones a ciclistas, que se realizan desde una profunda idea patriarcal de quién merece el espacio en la calle (quien tenga más lámina y pueda pagarla) y en el riesgo que implica para una mujer caminar sola de noche por cualquier calle este país podrido de machismo.
 
Pienso en Lesvy, que no pudo estar a salvo del machismo feminicida ni siquiera en la Ciudad Universitaria que tanto se jacta de ser un lugar seguro. Pienso en lo injusto que ha sido su caso y tengo una desconfianza terca ante las medidas que puedan tomar las autoridades universitarias para criminalizar estudiantes en lugar de generar estrategias de cuidado colectivo y respetar los derechos de las mujeres que transitamos CU.
 
Pienso también en las agresiones a las automovilistas, el terror de cuando se te poncha una llanta de noche. Pienso en Isabel Otero que vuela a lado de violadores en potencia en Interjet. Ruedas, aire, tierra: ¿acaso todos son para nosotras espacios de riesgo potencial?
 
Hace un par de semanas Renata Villareal denunció mediante un video que el conductor del UBER en el que se trasladaba hacia su casa miraba pornografía en su teléfono mientras conducía. No tenemos tregua. Nuestro derecho de ocupar el espacio público se ve obstaculizado con cada agresión. Pareciera que a cada paso que damos, vamos confrontando una situación de riesgo, incluso en los servicios que pagamos para estar seguras.
 
Por otra parte, viene a la discusión el tema de la seguridad. Queremos estar seguras pero ¿qué significa eso para nosotras? Pienso esta vez en Atenco. La policía, llena de criminales y violadores definitivamente no es una opción.
 
Necesitamos hablar de nuestra situación, de los riesgos reiterados, de las estrategias de autodefensa y huida. Necesitamos comenzar a plantearnos la posibilidad de formular cuadros de autodefensa en los espacios cotidianos, con nuestras amigas, familiares, con las compañeras del trabajo y de la escuela. Necesitamos hablar con las niñas de nuestra situación. No estamos solas, pero es seguro que contamos solamente con nosotras mismas.
 
*Cynthia Híjar Juárez es educadora popular feminista. Actualmente realiza estudios sobre creación e investigación dancística en el Centro de Investigación Coreográfica del Instituto Nacional de Bellas Artes.
 
CIMACFoto: César Martínez López
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 

Mujeres exportadoras, también discriminadas


Contante y Sonante

El instituto de promoción de exportaciones de Uruguay presentó un estudio y brindó un taller  mujeres para fomantar su rol en el comercio exterior.

Perla Buenrostro, consultora especializada en el tema, habló con Sputnik sobre la situación en la región.

En el país del Cono Sur las mujeres tienen una participación en la fuerza laboral de las más altas de la región, pero aún persiste la brecha salarial y la discriminación vertical. Más allá de que el nivel de formación es en promedio más alta que la de los varones, las mujeres siguen relegadas. En el rubro exportador este rezago también es evidente.
Perla Buenrostro, abogada mexicana, consultora empresarial y de empoderamiento de mujeres habló con Sputnik sobre el aporte de las mujeres al sector.

"Esto ya se ha ido probando, sobre todo en Estados Unidos y en Europa que la diversidad en los negocios y en la exportación aporta mucho valor. Si siempre tienes a los mismos tomando las decisiones y siempre son varones, tienes nada más una manera de pensar y de hacer las cosas. La mujer en la fuerza laboral incorpora otras perspectivas y otras formas de negociar y liderar".

Tortura sexual: la lógica de guerra


Quinto Poder 
Por: Argentina Casanova*

En el sistema social patriarcal en el que se institucionaliza la asimetría derivada de las diferencias de género (roles y estereotipos ligados a la genitalidad) entre las mujeres y los hombres, con desigualdades para las primeras, las sociedades desarrollan en sus instituciones una “lógica de violencia” en el trato hacia las mujeres durante los conflictos armados, pugnas entre comunidades con las autoridades y/o entre un pueblo y otro, en violencia vertical y horizontal.
 
La Resolución 1820/2008 de la ONU ya reconoce y establece compromisos para los Estados parte, y dice: “Las mujeres y las niñas son especialmente objeto de actos de violencia sexual, incluso como táctica de guerra destinada a humillar, dominar, atemorizar, dispersar o reasentar por la fuerza a miembros civiles de una comunidad o grupo étnico, y que la violencia sexual utilizada de esta manera puede en algunos casos persistir después de la cesación de las hostilidades”.
 
En la misma, en el párrafo 4, hace un llamado claro sobre la gravedad de la violencia sexual ejercida en contextos de conflictos armados:
“…para que cumplan con su obligación de enjuiciar a las personas responsables de tales actos, y garanticen que todas las víctimas de la violencia sexual, particularmente las mujeres y las niñas, disfruten en pie de igualdad de la protección de la ley y del acceso a la justicia, y subraya la importancia de poner fin a la impunidad por esos actos como parte de un enfoque amplio para alcanzar la paz sostenible, la justicia, la verdad y la reconciliación nacional”.
 
Sin embargo, a pesar de este y otros documentos que a últimas fechas se han emitido, la violencia es el instrumento de control; y la intención de perpetuación sobre un pueblo empieza por la intención del sometimiento sobre el cuerpo de las mujeres. Así se construye la lógica de guerra del adversario que no es de una comunidad, sino contra las mujeres mismas, que son a la vez –dentro del sistema patriarcal- extensión del territorio geográfico y de la propiedad de los hombres, la representación del honor y la capacidad/incapacidad de los hombres de un pueblo de “defender lo que es suyo”.
En esa construcción, la violencia-tortura sexual no solo es la forma más explícita de ejercer el control sobre el cuerpo de las mujeres, es también la disciplina a la transgresión y es la violencia simbolizada sobre el adversario a quien se doblega al mismo tiempo que a la mujer-cuerpo-tierra.
 
En los conflictos derivados de la violencia horizontal, es decir, la que se da entre la misma población, entre pares, entre pobres, entre la misma sociedad civil y sus poblaciones vueltas grupos armados, o crimen organizado; pero también está la violencia vertical desde las jerarquías hacia el pueblo y contra él, en ambas manifestaciones de violencia en conflictos las mujeres son –en la óptica patriarcal- una extensión del otro, la propiedad del enemigo, una parte tangible con la que se daña al adversario.
 
Es así que tanto en los enfrentamientos entre grupos sociales contra el Estado y sus instituciones, entre pueblos con diferencias étnicas y/o económicas, en medio de los conflictos armados las mujeres y las niñas son inevitablemente -en el sistema patriarcal-, un daño colateral, botín de guerra.
 
La lógica de guerra del adversario contra un pueblo o de una comunidad supone que en medio de un conflicto ciertas reglas o medidas de disciplina y castigo están permitidas, más cuando tienen un propósito “aleccionador”, pero también de dominación, sometimiento de toda la comunidad cuando se ejerce la violencia sexual en el cuerpo de las mujeres de esa comunidad.
 
El Estatuto de Roma (ER) es el instrumento más socorrido para entender, reconocer, prevenir y sancionar los crímenes de naturaleza sexual que se cometen en los escenarios de conflictos armados entre pueblos/países con fronteras geográficas, sin embargo, resulta difícil aún reconocer contextos de “guerra” y sus lógicas contra las mujeres en situaciones de violencia horizontal y/o del Estado contra su propia población.
 
En la “lógica de guerra del adversario”, la tortura sexual no se comete contra las mujeres, ellas no existen, en realidad ellas no son personas, no son “el enemigo” ni externo ni interno, son más bien una propiedad del enemigo, como la tierra y sus recursos naturales en una representación social de la mujer-cuerpo-tierra con la que se afrenta al enemigo. No es casual que se “profanar un extraño enemigo con su planta, tu suelo”, es la violación del territorio como una metáfora de la violencia sexual.
 
* Integrante de la Red Nacional de Periodistas y del Observatorio de Feminicidio en Campeche.
CIMACFoto: César Martínez López Cimacnoticias | Campeche, Cam.-