3/15/2026

Irán, David contra Goliat

Luis Hernández Navarro

En 1982, el escritor polaco Ryszard Kapuściński publicó el libro El Sha o la desmesura del poder. Magistralmente, el cronista narra la caída del último sha de Irán, Mohammad Reza Pahlavi, y el nacimiento de la revolución islámica. Desde Teherán, a partir de notas, cintas magnetofónicas, fotos, materiales y la revisión de archivos, analiza la necesidad del cambio en la antigua Persia, tan inminente como necesaria, en un mar de miedo y represión.

Como si fuera un rompecabezas en el que va colocando pieza tras pieza, Kapuściński descifra la evolución del país desde finales del siglo XIX hasta la revolución islámica. Desentraña los orígenes del movimiento chiíta, el triunfo de Jomeini, cómo es que un mundo religioso de fuertes raíces rurales se impone a la promesa del sha de crear una moderna copia de Estados Unidos en apenas una generación, la forma en la que ese ofrecimiento se esfuma, qué espera la gente de esa revolución, y cuál es la situación de Irán después de tanta violencia.

En el libro hay claves fundamentales para comprender por qué la actual apuesta de Washington de un “cambio de régimen” en Irán, exportando la “solución Gaza” para crear una nueva apocalipsis con aviones y misiles estadunidenses e israelíes bombardeando hospitales, edificios residenciales, escuelas y plantas potabilizadoras de agua en todo Teherán, no tiene futuro.

En estos últimos días hemos constatado que más allá de sus contrastes y sus injusticias internas, el régimen iraní es mucho más que el gobierno de los ayatollahs. Forma una especie de alebrije en el que se imbrican economía, sociedad, cultura, información y fuerzas armadas, en un país multiétnico en el que coexisten, bajo una identidad común chiíta, persas, azeríes/azerbaiyanos, kurdos, luros, baluchíes, árabes, turcomanos y diversas tribus nómadas.

Irán es un país muy atractivo para los apetitos neocoloniales y la expansión de los grandes consorcios trasnacionales. Sus recursos petroleros y de gas son muy relevantes. Sujeto a todo tipo de sanciones económicas desde hace 16 años, fue capaz de construir una vigorosa industria manufacturera, bélica y automotriz. Como el mundo lo ha experimentado a raíz del cierre del estrecho de Ormuz, ocupa una posición estratégica en el comercio internacional. Es una región clave en el proyecto de la Ruta de la Seda.

Como lo explica el libro de Kapuściński, hasta 1979, Estados Unidos tenía un gran aliado en Irán. Pero eso cambió drásticamente con la instauración de la República Islámica. Hoy, es socio estratégico de China y Rusia. Lo era de Venezuela.

La operación Furia Épica, que Trump inició el pasado 28 de febrero junto con Netanyahu, y que justificó como una respuesta necesaria a la amenaza nuclear iraní, cambió de objetivos en unos cuantos días. La mutación de sus propósitos, sus mensajes contradictorios y el anuncio de que será una guerra prolongada ha provocado que la mayoría de la población estadunidense desapruebe la aventura. Según un sondeo de CNN, 59 por ciento de los encuestados rechazan la guerra, y sólo 41 por ciento la apoyan. En una encuesta de la agencia Reuters, 43 por ciento se oponen a los bombardeos, frente a 27 por ciento que los aprueban. La llegada a Estados Unidos de los primeros cuerpos de los soldados caídos ha generado aún más malestar. El inevitable aumento en el costo de la vida, provocado por el incremento en el precio del petróleo, disparará aún más la inconformidad.


En un primer momento, Trump advirtió a los ciudadanos iraníes que no salieran de sus casas porque iban a caer muchas bombas y los instó a alzarse para conquistar el control de su país. Sin embargo, sucedió lo contrario. Salvo aisladas manifestaciones de júbilo, la agresión provocó una ola de adhesión nacional contra el ataque. El mandatario modificó sus empeños. Según él, la ofensiva busca ahora destruir la capacidad armamentista de Irán, aniquilar su Marina e impedir que desarrolle armas nucleares y que siga financiando y dirigiendo ejércitos terroristas. La campaña –dijo– puede durar entre cuatro y cinco semanas, aunque luego matizó: “ahora podrían ser más”.

Quien no parece tener dudas sobre el objetivo del ataque es Israel. Para Netanyahu se trata, como programa mínimo, de establecer un escenario de inestabilidad del Estado iraní. Y, como programa máximo, incendiarlo, instalar el caos y balcanizarlo, financiando y armando movimientos separatistas, y contratando mercenarios, tal y como se hizo en Irak, Siria, Libia, Yemen y Líbano.

Como lo ha explicado el analista Moisés Garduño (una de las más esclarecedoras voces para comprender el conflicto) la agresión contra la antigua Persia no tiene justificación. Es un fracaso de la diplomacia. Había un proceso de negociación, mediado por el Sultanato de Omán. De hecho, poco antes de la agresión, Omán declaró que se estaba alcanzando un acuerdo de no acumulación de uranio enriquecido y el compromiso de Teherán de diluir sus reservas.

Lo que está en juego en esta demostración de furia es la expansión neocolonial de Washington y Tel Aviv en Medio Oriente, en donde Israel ocuparía amplias franjas de territorio como lo hace ahora en Gaza y en Líbano. Pretenden convertir aquella región en un territorio ocupado, protegido por fortalezas militares, dentro de “estados-naciones” destrozados por guerrillas separatistas y contratistas militares. De paso, se trata de desincentivar las rutas comerciales construidas con los chinos.

El desenlace de la guerra es incierto. Irán ha mostrado una sorprendente capacidad de respuesta, atacando con eficacia las bases estadunidenses en Medio Oriente y golpeando demoledoramente puntos claves de la traza urbana y las infraestructuras israelíes. Desde el punto de vista informativo, lo que priva es el caos y las fake news. A pesar de ello, al analizar lo sucedido en estos primeros días de la operación Furia Épica, es inevitable asociarlo con la leyenda bíblica de David contra Goliat, o la heroica resistencia vietnamita.

Guerra contra niños

 American curios

David Brooks

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▲ Las principales víctimas de las ofensivas de EU e Israel han sido los pequeños, como en una escuela de Irán, donde murieron unas 170 niñas.Foto ISNA/AFP
El gobierno de Estados Unidos, según investigaciones independientes, asesinó a al menos 168 niñas en una escuela primaria en Irán, es cómplice del asesinato de más de 20 mil niños y niñas en Gaza y hasta la fecha ha secuestrado y encarcelado a casi 4 mil pequeños inmigrantes dentro de su propio país. Es una guerra no declarada contra niños.

“La tolerancia por la matanza de niños parece estar ampliándose”, concluye James Elder, vocero global de Unicef. “Es como si se le está solicitando a la sociedad absorber todo esto y seguir adelante… Pero si un niño puede ser asesinado y no se siente como una pérdida para todos nosotros, creo que hemos perdido más de lo que estamos conscientes”, dijo en entrevista con Al Jazeera.

Estas estadísticas no incluyen a decenas de miles de niños más que han sido heridos por balas y bombas que ahora caen sobre “infraestructura civil” en Irán y continúa en Gaza, ni hablar del impacto sobre la salud mental (los traumas de ser testigo, perseguido o encarcelado a los cuatro, cinco, siete o nueve años).

Altos funcionarios del gobierno como aquellos agentes y soldados y contratistas que implementan estas políticas de guerra contra niños no tienen problema en justificarlo. El embajador estadunidense en Israel dijo que no sabe cuántos niños han muerto en Gaza, pero que muchos de ellos habían sido armados por Hamas, dejando entender que por lo tanto merecen morir. Otros dicen que “el enemigo” usa a niños y otros civiles como escudos humanos.

O mienten. Al comandante en jefe estadunidense y su secretario de Guerra se les preguntó este fin de semana sobre la destrucción de la escuela primaria en Irán después de que algunos medios reportaron que todo indica que fue un ataque estadunidense: no sólo dijeron que el caso aún está bajo investigación, sino que todo indicaba que fue el gobierno de Irán. El jefe del Pentágono aseguró que “nosotros, claro, nunca atacamos objetivos civiles”.

Las que unos momentos antes estaban jugando, bromeando y estudiando hace una semana en la escuela primaria en el sur de Irán ya no podrán soñar. Y el mundo acaba de perder hijas de una de las cunas de la civilización humana que seguramente estaban fascinadas con todo, con letras, números, juegos, chismes y bromas. Algunas seguramente contemplaban ser científicas, poetas, participantes en el gran cine iraní, doctoras, astrónomas, diplomáticas, revolucionarias, ambientalistas, músicas, todo lo que el mundo necesita. Ahora sólo queda la foto de 168 pequeñas tumbas.

En Gaza ya no hay palabras. Todo está más que documentado. Y los gritos no funcionan en este mundo demasiado sordo.

En jaulas disfrazadas de centros de detención en Estados Unidos guardias quitan crayolas a los niños porque empezaron a hacer dibujos tristes sobre su vida junto con sus padres encarcelados acusados de ser “ilegales” y con mensajes preguntando por qué estaban ahí y pidiendo ayuda para poder regresar a sus escuelas y estar con sus amigos. Fueron capturados por hombres enmascarados y armados. Sus padres fueron esposados y a veces golpeados frente a ellos. Los pediatras dicen que padecerán traumas físicos y mentales el resto de sus vidas, y que deben ser liberados de inmediato.

¿De qué vale ser periodista si uno reporta estas cosas y no pasa nada? Dicen que contar y documentar estas cosas es para no permitir que sean invisibles, que sean borradas, de que exista evidencia para, algún día, hacer rendir cuentas a los responsables de todo esto. Ojalá.

No sólo no dejan dormir las notas y audiovisuales de esta guerra, sino también que en Estados Unidos y otros países no hay todavía un ya basta suficientemente masivo y ruidoso como para frenar esta guerra contra el futuro y para que deje de ser noticia.

“Has aventado el peor temor/que jamás se podría aventar/El temor de traer niños a este mundo/Por amenazar a mis bebés/Aún no nacidos ni nombrados/No vales la sangre que corre en tus venas”. Bob Dylan, en Maestros de la guerra.

Country Joe McDonald (QEPD). I feel like I’m fixing to die Rag (en Woodstock). https://www.youtube.com/watch?v=3W7-ngmO_p8

Eddy Vedder. Maestros de la guerra. https://www.youtube.com/watch?v=dwa2jK0xglk

Trump y sus lacayos de América Latina

 Héctor Alejandro Quintanar

"México dio su mensaje con una afortunada ausencia porque no estuvo presente en esa cumbre del conservadurismo continental".

El fin de semana pasado se celebró la llamada Cumbre del "Escudo de las Américas" en Florida, que en los hechos fue una reunión de las derechas gobernantes en América Latina con el Presidente de los Estados Unidos, y, más descriptivamente, se trató de una especie de indigno besamanos latinoamericano hacia ese posfascista peligroso llamado Donald Trump.

La reunión, presuntamente, versó sobre las premisas que deben regir la seguridad como modelo compartido en la región. Pero en realidad se trató de un espacio donde, como refrito de la actitud interventora con que Estados Unidos rigió la segunda mitad del siglo XX, Trump palmeó en público los lomos de sus mascotas más fieles, expuso a la mano dura como un horizonte ideológico común, y, con un tono trasnochado, habló de la influencia China, país que, a diferencia de la potencia norteamericana, nunca ha intervenido con la fuerza en América Latina, como una amenaza regional.

México dio su mensaje con una afortunada ausencia, porque no estuvo presente, por las razones que sean, en esa cumbre del conservadurismo continental. A diferencia de la Conferencia Política de Acción Conservadora, que parece más bien un grupo de autoayuda fascista para procesar las frustraciones de engendros como Agustín Laje y otros agitadores de la “nueva derecha”; esta reunión expuso sin atenuantes los riesgos que se corren cuando gobiernan personajes sin un proyecto claro relativo a la soberanía y el combate a la pobreza.

En lo tocante a nuestro país, fue un gran acierto que la Presidenta Claudia Sheinbaum no sintiera el menor aprecio por esa reunión, donde, además, Trump expuso que México pone trabas a su entendimiento de “combatir los cárteles”, con lo que se desprende que el Gobierno mexicano no permite una injerencia de ese calibre en un tema complejo que no puede resolverse como el vecino del norte entiende las relaciones internacionales, es decir, a través de rupturas del orden y el sentido común; y la exacerbación del crimen político y la sangre, como ocurre hoy en Venezuela e Irán, y como ha ocurrido históricamente cuando se trata del interés geopolítico estadunidense desde el siglo XIX.

Pero de esta reunión, en el aspecto ideológico hay algo que vale la pena subrayar, en razón de la visibilidad de personajes como Nayib Bukele o Javier Milei. Y es que la derecha latinoamericana, aunque tenga una inamovible raíz conservadora, no es igual y tiende a adaptarse, o a sobajarse, con el paso del tiempo.

Ideólogos del conservadurismo mexicano, por ejemplo, en su momento fueron firmes defensores de la soberanía, como fue el caso de don Lucas Alamán en el siglo XIX. E incluso la ultraderecha más obtusa del siglo XX mexicano solía tener exabruptos extraños que, sin embargo, revelaban un mínimo de autodeterminación, como cuando sectores ultracatólicos mexicanos -que terminarían en esa cosa llamada FRENA de 2019-, profesaban un desprecio total a la Revolución Cubana, pero le reconocían gran mérito por haber combatido con éxito al imperio estadunidense en 1959.

Se puede poner en entredicho la lucidez de la ultraderecha católica mexicana, al suponer que más que un tema de soberanía, su postura antiyanqui obedece a un precepto católico. Rechazan la injerencia estadunidense en América Latina no porque ello sea un acto abusivo e indigno en sí mismo que lacera los recursos y autodeterminación de los pueblos, sino porque Estados Unidos representa para ellos la religión protestante, misma que consideran no debe imperar en la América descendiente de la hispanidad católica.

Hoy, a tono con los cambios en las derechas radicales de la región acordes al giro neoliberal de la década de 1970 y la posterior disolución soviética, esta ultraderecha tiene una vocación lacayuna que no oculta, sino presume. Como niño de kínder orgulloso de la estrellita dorada que se le cuelga en la frente, la pléyade de gobernantes latinoamericanos que se sobaja por sí misma ante un personaje envilecido como Trump es de espanto.

Otro elemento digno de reflexión es asimismo la enunciación grotesca de un personaje como Javier Milei, que en medio de la barbarie iniciada por Israel y agravada por Estados Unidos, le dice a todos, casi en el marco de esa reunión, que es el Presidente más sionista del mundo. Buen momento para reflexionar sobre ese exponente de la derecha libertaria argentina, hermanada y con inmersiones de la ultraderecha clásica de ese país, que en el siglo XX fue militantemente judeófoba, y tiene entre sus raíces al nacionalismo católico de Julio Meinville, sacerdote desorbitado que, repitiendo consignas medievales, señalaba al judaísmo como la unión conspirativa de todos los males anticristianos -es decir, iluminismo y comunismo-, y tuvo en la última dictadura militar argentina a personajes formados en esa tradición racista, antilaica y antimoderna, como el capellán de la policía bonaerense Christian Von Wernich, quien en su juventud porril perseguía rectores de universidades para golpearlos sólo por su origen judío.

La mentalidad de la ultraderecha argentina ha cambiado. Si estuviéramos en los años cincuenta del siglo pasado, quizá un Milei de entonces sería un rabioso judeófobo para quien los judíos serían unos zurdos de mierda al servicio de la Unión Soviética. ¿Por qué hoy se postra ante Benjamin Mileikowski? Hay que decirlo, sus simpatías no están con la amplia, laica y multidimensional tradición de la cultura judía, sino con el Estado de Israel y la fuerza genocida que hoy lo rige.

Podrían así buscarse hipótesis en dos elementos. El primero de ellos, el cambio de la mentalidad ultraderechista en occidente a partir del 11 de septiembre de 2001, cuando el objeto de la esencial xenofobia de la posguerra fría se volcó ya no al judío como embozo comunista, sino al musulmán que, en esta manera estrecha de ver el mundo, es sin más un terrorista en potencia.

Y, asimismo, en el supremacismo racista del sionismo religioso, ese que no respeta ni a sus propios muertos y, más que defenderse, busca formar a entes violentos que, ideológicamente, buscan distinguirse y no tener nada que ver con aquella generación de seres humanos que fueron víctimas de un genocidio perpetrado por los nazis a mediados del siglo XX. Ese sionismo religioso y vil -representado por criminales como Mileikowski o Itamar Ben Gvir- que hoy traiciona la historia judía y comete un genocidio ya no es para las ultraderechas un enemigo, sino un ejemplo por seguir. Momento de considerar que, sin más, el hilo conductor de estas derechas es una mezcla paradójica de sadismo, el placer de ver sufrir a otros, y masoquismo, como muestra su actitud de lacayos ante la miseria de Donald Trump.

América Latina no es ajena al caos en Medio Oriente

 Mario Campa

"En el agregado regional, el bajo crecimiento de los últimos años podría acentuarse si el conflicto en Medio Oriente no amaina".

La guerra de Trump y Netanyahu contra Irán está en un lugar recóndito del mundo desde la óptica latinoamericana. Medio Oriente queda lejos. No obstante, la globalización hace que todos los países tengan algún tipo de pellejo en juego, sobre todo los más abiertos al comercio de bienes y al flujo de capitales. Al poner en la balanza el precio de las materias primas, los volúmenes de las exportaciones y la inflación, entre otros, un conflicto prolongado supondría más costos que beneficios incluso para una región donde la mayoría de los mandatarios de peso promueven la paz y pretenden gravitar lo más alejado posible de la órbita estadounidense. Llevados al tablero político, esos costos netos podrían tener eco electoral.

Venezuela es el ganador obvio de la región desde un punto de vista estrictamente económico. Condicionada por la intervención vigilante de Washington, el salto en los precios del petróleo reactivaría una economía aletargada. Venezuela posee las mayores reservas de crudo del mundo, pero es el menor productor entre los 10 mayores poseedores de reservas petroleras; lastra una producción declinante debido a la baja inversión y, sobre todo, a las sanciones contra la petrolera estatal (PDVSA) impuestas por el mismo Trump en su primera presidencia. Tras la captura ilegal de Maduro, las exportaciones de crudo se duplicaron en febrero en relación a enero. No es descabellado pensar que la Casa Blanca atacó primero a Venezuela para asegurar el suministro energético ante una posterior escalada de precios, y así ganar armas para ahorcar a Irán.

Para Brasil, uno de los países de la región más cerrados al comercio internacional, el golpe estaría relativamente contenido. Por una parte, una guerra en Medio Oriente beneficiaría a Petrobras mediante un mejor precio de exportación y un probable premio al petróleo no conflictuado. En cambio, los agricultores brasileños son fuertes importadores de fertilizantes, si bien trasladarían el costo de insumos al exterior. Por otra parte, una demanda débil en China, principal socio comercial, podría afectar las exportaciones brasileñas de soya, hierro y carne, aunque cualquier caída sería menor a la registrada en la manufactura. Finalmente, el alza en los precios del petróleo transferiría recursos productivos del azúcar al etanol para la producción de gasolina, a su vez impulsando el precio de exportación del primero por el tamaño del mercado brasileño. En general, los términos de intercambio de Brasil podrían amortiguar el choque. Por otro lado, Colombia sería el caso más cercano a Brasil, si bien tiene un comercio internacional más dependiente de Estados Unidos que de China.

México estaría más expuesto a una desaceleración de la economía estadounidense bajo un escenario de conflicto alargado que merme las expectativas de crecimiento y engorde las presiones inflacionarias. Actualmente, ocho de cada 10 dólares en bienes enviados al exterior tienen como destino el vecino del norte, y un choque de oferta energético podría trastornar un consumo ya debilitado antes por Trump y visible en el aumento del desempleo. La manufactura, a diferencia de algunas materias primas no industriales, tiende a ser procíclica —bailan al ritmo del crecimiento económico y paran cuando mengua—, en especial en bienes duraderos (como automóviles) y consumo discrecional. Por otra parte, más difusa sería la ganancia de atractivo turístico por la creciente inseguridad relativa de Medio Oriente, en particular para los británicos que visitan Quintana Roo por sol y playa y para los estadounidenses, canadienses, españoles y franceses por arqueología.

Chile y Perú serían los más vulnerables a los vaivenes de la minería. Dependientes del precio internacional del cobre, que en esencia depende de la actividad industrial y no del vuelo al refugio como el oro y la plata, ambos padecerían un menor dinamismo global. El cobre representa cerca de la mitad de las exportaciones chilenas, mientras que genera aproximadamente un cuarto de las exportaciones peruanas. Si bien las políticas de Trump y el protagonismo de los minerales críticos catapultaron el precio del cobre en el último año, la guerra en Medio Oriente podría frenar el ascenso y, en el peor caso, revertir lo ganado. Al sumar que ambas economías andinas son dependientes de las importaciones de gasolina y gas y que además están inmersas en periodos de transición presidencial, si bien de naturaleza muy distinta, la incertidumbre podría trastocar los planes de inversión pública y privada y socavar la agenda de los gobiernos entrantes.

Para Argentina, un conflicto prolongado tiene potencial desestabilizador por la situación crítica de la balanza de pagos y las finanzas públicas. Si bien las ganancias por mejores precios de exportación en Vaca Muerta podrían generar divisas que hoy escasean, un choque energético a nivel global podría revertir la inflación declinante (aunque aún elevada) en la que Milei apostó su programa económico y el futuro político de La Libertad Avanza (LLA). En momentos en que los hogares argentinos registran tasas de morosidad crediticia por los cielos y el desempleo en la manufactura crece, el gobierno tiene estrecho espacio de maniobra para sortear turbulencia financiera global. Medio Oriente, potencial Waterloo de Milei, podría aflojar las pinzas que sostienen la economía entera.

En el agregado regional, el bajo crecimiento de los últimos años por la moderación del ciclo de materias primas y el surgimiento de retadores asiáticos en la manufactura podría acentuarse si el conflicto en Medio Oriente no amaina. En lo inmediato, las implicaciones electorales bailarán al son de Trump. Con las elecciones en Colombia (mayo) y Brasil (octubre) en puerta, cualquier vuelco de sentimiento traería un potencial voto de castigo (ciertamente injusto) contra el progresismo incumbente, si bien la cercanía de ciertos candidatos a Trump podría lastimar sus opciones de triunfo si Washington descarrila la economía mundial. Huelga decir, América Latina no es ajena al caos desatado por Washington y Tel Aviv.

Carlos Spector, el fronterizo justiciero


Víctor M. Quintana S.

Carlos Spector Calderón era un hombre de frontera, abogado muy competente, comprometido con las personas migrantes, desplazadas y explotadas. A ambos lados del Bravo se llora su fallecimiento, el domingo 1º de marzo, y se celebran sus luchas y su vida. Carlos nació en El Paso, Texas, y tenía doble nacionalidad, pues su familia materna provenía de Guadalupe DB, Chihuahua, donde su abuelo fue alcalde. Con orgullo, mencionaba que la gente de ese municipio y del vecino Práxedis G. Guerrero, ubicados en la franja entre el río y las dunas, son mexicanos por decisión propia, pues sus antepasados eligieron migrar al Valle de Juárez luego que el Tratado de Guadalupe Hidalgo los dejó del lado gringo.

Por el lado paterno, el abuelo de Carlos pertenecía a una familia judía rusa de Odessa, que decidió emigrar a Estados Unidos ante las persecuciones antisemitas. Así, Carlos llevaba en su ADN el amor a las dos naciones, la entrega a las mejores causas, la lucha contra el racismo la injusticia y el fascismo.

Estudió sociología en la Universidad de Texas, y para manejar el derecho como arma de lucha eligió la Thurgood Marshall School of Law, de la Universidad del Sur de Texas, en Houston, orientada a las comunidades afroestadunidense e hispana para preparar profesionales que tengan impacto en la vida de sus comunidades. Fue miembro activo de la Liga de Ciudadanos Latinoamericanos Unidos (LULAC, por sus siglas en inglés) y de la Alianza Latino-judía de Texas.

Carlos conoció a su esposa, Sandra Garza Canales, en la defensa jurídico-política de las personas migrantes y de las mujeres obreras. Texana, como él, organizadora sindical, con el mismo espíritu fronterizo y justiciero. Su activismo tiene una fuerte dimensión organizativa y concientizadora para que la gente se apropie tanto de las herramientas jurídicas, como del análisis político para manejar su defensa.

Durante los años 80, Carlos y Sandra defendieron a las personas activistas desplazadas por la represión en Centroamérica. Conforme la violencia criminal y de Estado se fue extendiendo en México, se dedicaron en cuerpo y alma a la defensa y protección de periodistas y personas defensoras de derechos humanos, solicitando refugio seguro para éstas en Estados Unidos. Con varias de ellas fundaron la organización Mexicanos en Exilio.

Uno de los grandes aportes de Carlos fue su acción sistemática de defensa de decenas de personas y familias desplazadas de México por la violencia provocada por Felipe Calderón y su “guerra contra las drogas”. Carlos, Sandra, su hija Alejandra y su equipo llevaron a cabo una labor muy inteligente y sensible para obtener asilo político para las víctimas de la política de Estado y la acción de los criminales.

Fiel a su convicción de que “todo es político”, Carlos y su equipo demostraron ante los tribunales estadunidenses que la petición de asilo de las personas desplazadas de México no era un problema personal o individual, sino que obedecía a acciones, omisiones y colusiones de los diversos poderes y órdenes de gobierno con los grupos criminales. A esta alianza perversa la denominaron “crimen autorizado”. Fue una contundente crítica práctica a la política calderonista de seguridad.

Las acciones jurídico-políticas de Carlos y su equipo lograron salvar la vida de familias enteras, víctimas de asesinatos y amenazas en México, como las familias Reyes Salazar, del Valle de Juárez; la familia Porras, de Villa Ahumada. La familia Alvarado, del ejido Benito Juárez; o el hijo de Marisela Escobedo, asesinada por protestar por el feminicidio de su hija Rubí. Esas luchas han sido retomadas en documentales como El Guardián de la Memoria, de Marcela Arteaga; El Paso, de Everardo González, o Las Tres Muertes de Marisela, de Carlos Pérez.

En estos procesos de defensa jurídico-política hay que resaltar, en primer lugar, que todos fueron realizados pro bono, sin que Carlos y su equipo cobraran un centavo, llegando incluso a aportar ellos en dinero o en hospedaje y alimentación para las personas desplazadas.

En segundo lugar, gracias a la gran pericia jurídica con que se realizó la defensa, concluyó exitosamente en el otorgamiento del asilo político cuando a la mayoría de los solicitantes mexicanos se les niega. Esto contrasta con el asilo que se concede casi automáticamente a quienes provienen de Cuba o Venezuela, cuyos gobiernos son considerados enemigos de Estados Unidos.

Carlos Spector era vital, grandote, mandón. Ni el intenso dolor que le provocó el cáncer con el que lidió más de una década le impedía expresar su gran deseo de irse a defender a la gente que ha sido detenida, acosada o asesinada por el ICE en Estados Unidos. En estos momentos de fascismo trumpiano, la ausencia de personas como Carlos Spector se sentirá más y más.

El gran novelista Cormac McCarthy narra en sus sombrías y bellas novelas el avance del mal y la violencia en estas polvorientas tierras de la frontera Chihuahua-Texas. Con su vida entregada a la justicia y a la libertad, el gran activista fronterizo Carlos Spector hizo posible la resistencia del bien y la solidaridad en estos desiertos. En ellos y en los corazones de quienes salvaron su vida y su libertad gracias a su compromiso, de quienes recibimos su inspiración y su ejemplo, Carlos Spector vivirá siempre.

¿Cómo leer la pobreza multidimensional?

Asa Cristina Laurell


El Inegi acaba de publicar los datos de “pobreza multidimensional” y su desarrollo durante el tiempo transcurrido desde la aprobación de la Ley de Desarrollo Social en 2004, y constitucional sobre derechos humanos de 2009. Como ha ocurrido desde el inicio de esta medición, la fuente de datos es la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) en determinado mes del mismo año. El uso de la misma fuente de datos garantizaría su comparabilidad entre las mediciones. La pobreza multidimensional reflejaría el compromiso del gobierno con las normas y principios nacionales e internacionales de derechos humanos, el reconocimiento constitucional de derechos, así como la existencia y creación de leyes e instituciones específicas.

Interesan los cambios ocurridos en las llamadas “brechas de desigualdad”, que se dan entre diferentes grupos poblacionales, sea por su ubicación geográfica, edad, género, etnia, etcétera. La noción es que midiendo el desarrollo de estas brechas se pueden conocer los cambios positivos o negativos en el desarrollo social. Se supone que este Sistema de Información de Derechos Sociales (SIDS) identifica si las intervenciones públicas materializan los derechos sociales con igualdad y progresividad. Además, permitirían valorar la medida en que el gobierno cumple sus obligaciones en materia de derechos sociales de educación, salud, seguridad social, vivienda y alimentación.

En cuanto al derecho a la salud en 2016, 84.4 por ciento de la población mexicana no presentó carencia por acceso a los servicios de salud, según el SIDS, pero para 2024, este indicador pasó a 65.8 por ciento. Por entidad federativa, en 2024 Nuevo León y Baja California Sur registraron los niveles más altos de población sin esta carencia de 80 por ciento o más; en el extremo opuesto, Chiapas presentó el nivel más bajo a escala nacional, con 36.7 por ciento de su población sin carencia por acceso a servicios de salud, seguido por Puebla, con 52.7por ciento. Es muy probable que este desarrollo negativo tenga que ver con la forma de levantar la encuesta, porque en 2016 estar inscrito el Seguro Popular se tomaba como acceso a los servicios de salud, aunque no fuera el caso.

En este rubro hay, además, un error, ya que el texto del Inegi refiere que el artículo 4 de la Constitución establece que toda persona tiene derecho a la protección de la salud, cuando en realidad se cambió este texto para establecer que es un derecho humano, durante el gobierno de licenciado López Obrador. Con el enfoque de SIDS esto fue un cambio muy importante. También se cambió la Ley General de Salud para que defina un sistema que garantiza la extensión progresiva, cuantitativa y cualitativa para la atención integral y gratuita de las personas.

En el indicador de accesibilidad geográfica a servicios hospitalarios, en 2024, 93.3 por ciento de la población reportó contar con un tiempo de traslado menor a dos horas en caso de requerir atención médica de emergencia. Este porcentaje fue similar al de 2016 (93.9). Sin embargo, las disparidades regionales de nuevo pusieron a Chiapas, Guerrero y Oaxaca en desventaja en este indicador, con entre 86 y 75 por ciento de la población.

En 2024, 51.8 por ciento de la población tenía acceso a la seguridad social, lo que representó un incremento de 5.9 puntos porcentuales respecto a 45.9 por ciento que se registró en 2016. De nuevo, Chiapas, Oaxaca y Guerrero reportaron cantidades inferiores a 27.5 por ciento, sin esta carencia. En contraste, los estados del norte –como Coahuila, Nuevo León y Baja California Sur– presentaron los niveles más altos, con más de 71.4 por ciento, sin carencia por acceso a la seguridad social. Este hallazgo, desde luego, tiene relación directa con el tipo de actividad económica, que da acceso a los sistemas públicos de seguro social.

En 2024, 40.1 por ciento de la población económicamente inactiva (PNEA) de 60 años y más reportó recibir una pensión no contributiva, o actualmente la Pensión de Bienestar. El incremento fue de 7.5 puntos porcentuales respecto a 2016 (32.6). Las entidades federativas con porcentajes más altos de PNEA de personas adultas mayores receptoras de la pensión no contributiva fueron Oaxaca, Chiapas y Guerrero: la incidencia resultó igual o superior a 55.1 por ciento. Asimismo, en 2016, Oaxaca, Chiapas y Michoacán figuraban entre las de mayor cobertura, con 49.1 por ciento o más. Lo que no capta este indicador es que muchos estados habían introducido algún tipo de “pensión”, pero frecuentemente muy bajo.

En 2024, 69.4 por ciento de la población mexicana habitó en hogares con seguridad alimentaria y dieta diversa. El incremento fue de 13.8 puntos porcentuales al comparar con el registro de ocho años atrás. En 2016, los porcentajes estatales de población en esta situación oscilaron entre 29.8 y 70.6; para 2024, el rango se amplió y se desplazó hacia valores entre 47.1 y 83.2 por ciento. Guerrero y Tabasco presentaron los niveles más bajos del país, con porcentajes iguales o inferiores a 51. En contraste, los estados del norte que colindan con la frontera –como Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas– concentraron los porcentajes más altos, con 73.1 o más.

En 2024, 92.1 por ciento de la población mexicana no presentó carencia por calidad y espacios de vivienda, mientras que 85.9 por ciento se encontró sin carencia de acceso a servicios básicos en ella. Al desagregar los datos según entidad federativa, en el caso específico de calidad y espacios de vivienda, los porcentajes de población en Chiapas, Guerrero y Oaxaca oscilaron entre 73.8 y 81.2 por ciento. Por otro lado, en estos mismos estados, los porcentajes de población sin carencia en el indicador de servicios básicos presentaron un rango desde 51.3 hasta 53.4. En 2024, 53.4 por ciento de la población mexicana reportó contar con suministro diario de agua dentro de su vivienda; la disminución fue ligera con respecto al registro de 2016 (54.8).

Sería de suma importancia profundizar en los datos relacionados con las condiciones de salud de la población. Es así porque los elementos utilizados parecen contradictorios, ya que unos indicadores son positivos y otros negativos, lo que no ayuda para la planeación de los servicios.

La guerra escatológica de Donald Trump

Bernardo Barranco V.

Medio Oriente es un polvorín. Donald Trump, presidente de Estados Unidos, se ha embarcado en un peligroso lance. Más allá de las consecuencias militares, económicas y políticas, la guerra que Trump y Benjamin Netanyahu han desatado tiene también connotaciones civilizatorias y religiosas. La mezcla es explosiva: Trump es respaldado por evangélicos radicales supremacistas.

La guerra a Irán incorpora la lucha de tres grandes tradiciones culturales y religiosas del mundo: el islam chiíta, el judaísmo y el cristianismo conservador estadunidense. Pareciera que estoy releyendo el libro Choque de civilizaciones, de 1996, del académico estadunidense Samuel Huntington

Irán es una república islámica. Es un régimen teocrático chiíta establecido en 1979. La máxima autoridad es el ayatollah, líder supremo, quien supervisa todos los poderes: el Ejecutivo, Legislativo, Judicial, mediático y militar. Es un sistema político religioso autoritario con arremedos democráticos. En el nombre de Dios se flagelan derechos y reclamos de una sociedad que aspira a mayor libertad. Este sistema comandado por los ayatollahs garantiza que las leyes iraníes se ajusten a la interpretación del islam, consumando la imbricación entre religión y política desde la revolución islámica. El ayatollah Jomeni se impuso a partir de 1979; así, el poder político se abocó a construir un Estado islámico teocrático. Un régimen altamente represivo e intolerante frente a los derechos humanos. No está de más recordar que la religión de la antigua persa fue el zoroastrismo, con nociones del bien y el mal, la verdad y la mentira. Fundado por el profeta Zoroastro (Zarathustra) hace unos 4 mil años. Se basa en la adoración a Mazda, un dios supremo creador, y se centra en una lucha ética contra el poder del mal. Acentuando el libre albedrío humano para elegir el camino correcto.

Por su parte, técnicamente, Israel no es un Estado teocrático; sin embargo, en la práctica opera con componentes de un Estado confesional. El judaísmo, en los hechos, es la religión del Estado y ocupa un lugar central en la legislación. Gran parte de la política israelí está influenciada por el sionismo religioso que aboga por alinear las leyes del Estado con los principios de la Torá.

El sistema parlamentario israelí requiere coaliciones, lo que a menudo otorga un poder desmedido a pequeños partidos religiosos y de extrema derecha que influyen en la política exterior y de seguridad.

La geopolítica de Israel, desde 1948, se caracteriza por encontrar constantemente seguridad en un entorno regional frecuentemente hostil. Por su pequeño territorio, ha desarrollado alta tecnología militar que le ha permitido disuadir a sus vecinos de lanzar amenazas. Los genocidios en Gaza han tenido un alto costo en la imagen y las relaciones internacionales de Israel no sólo con países, sino con organismos globales.

En Estados Unidos, los cristianos evangélicos son mayoría en el país, seguidos por los católicos como segunda fuerza en el amplio abanico de creencias en el territorio estadunidense. Trump, bautizado y criado en la fe presbiteriana, se presenta ahora como un cristiano estrechamente vinculado con la derecha evangélica, su principal base electoral. Aunque su práctica personal es poco visible y contradictoria, sus mentores evangélicos le perdonan todo con tal de difundir sus valores contra el aborto, divorcio y parejas igualitarias. Ha nombrado asesores espirituales ultraconservadores y los convierte en funcionarios de la fe. Pretende que lo religioso se involucre en tareas de gobierno, gestione la sociedad, que gravite en la política y en la cultura.

Trump ha erosionado la separación Iglesia-Estado. Para su base dura, fomenta la narrativa del pueblo elegido por Dios, como una “nación de creyentes” destinada a salvar al mundo. Ha impulsado políticas para debilitar la relación histórica entre el gobierno y la religión. Ha fomentado la creación de comisiones religiosas y la promoción de oraciones en escuelas, oficinas de gobierno y en los espacios laborales.

Sus críticos señalan que utiliza la religión como herramienta de manipulación, cuestionando la coherencia entre su comportamiento personal y los valores religiosos que pregona. Utiliza la retórica de guerra santa, la incorporó recién; su retórica se torna apocalíptica, ha descrito una guerra santa para “salvar” a Estados Unidos, presentándose como un defensor de los valores cristianos frente a amenazas culturales.

Trump no acepta que la dinastía de los ayatollahs sigan gobernando Irán. Quiere dislocar la teocracia de la república islámica. No reconoce a Mojtaba Jamenei, hijo del asesinado ayatollah Ali Jamenei por ser la continuidad de sello duro de la política clerical de los líderes iraníes. Pero entra en una enorme contradicción, pues aspira imponer en su país los valores del cristianismo supremacista. Quiere fracturar la supremacía religiosa de su enemigo cuando su aliado, Israel, sigue el sionismo y su lectura política del Rollo Torá

La escatología es la ramificación de la teología y filosofía que estudia las “cosas últimas” o el destino final del ser humano y del universo. Abarca creencias sobre la muerte, el juicio, el cielo, el infierno, el fin de los tiempos y la restauración. La cruzada de Trump y Netanyahu es el Armagedón; es decir, el escenario simbólico bíblico mencionado en Apocalipsis 16:16 para la batalla final entre Dios y las fuerzas del mal. Representa el enfrentamiento decisivo al final de los tiempos, donde las fuerzas divinas triunfarán sobre los gobiernos humanos rebeldes.

Trump, como en otras oportunidades, es un manojo de contradicciones.

La SCJN, los derechos indígenas y la impartición de justicia

Francisco López Bárcenas

“No fue una obra de teatro”. Así respondió el ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) a las críticas que se formularon a la primera sesión itinerante que esa institución, realizada en el municipio de Tenejapa, Chiapas, habitada por indígenas tseltales y tsotsiles. Las críticas, en su mayoría, se centraban en que a la sesión pública se convocó a estar presentes a los indígenas que habitan la comunidad, pero muchos de los asistentes no supieron de que se trató, los ministros y ministras que asistieron a la sesión lo hicieron abandonando la toga y portando el típico chuj negro y el bastón indígena, símbolo de la autoridad, y llegaron en camionetas lujosas. Poco se dijo de la inasistencia de tres integrantes de la SCJN, el ministro presidente los justificó afirmando que dos de ellos tenían compromisos previos ineludibles y de una dijo desconocer las razones de su ausencia.

Las críticas anteriores, puede decirse, están cargadas de racismo y buscan evidenciar la cercanía de la mayoría de los ministros de la SCJN a las políticas del poder Ejecutivo. Una crítica más centrada en sus funciones debería analizar lo que en esa sesión pública se resolvió, sus alcances y su posible impacto en la vida de los pueblos indígenas, porque la función principal del máximo tribunal del país es esa: fijar el alcance de las disposiciones constitucionales y de los tratados internacionales sobre derechos humanos y generar condiciones para su aplicabilidad. Si esto se hace en la sede oficial del Poder Judicial Federal o en sede itinerante, si los ministros y ministras portan o no la toga al resolver los casos que se les presentan no constituyen por sí mismos elementos de acercamiento de la justicia a los pueblos indígenas y, por tanto, para los efectos de la justiciabilidad de los derechos indígenas, no deberían ocupar tanto nuestra atención.

En ese sentido, se sabe que, en la sesión pública celebrada en Tenejapa, los ministros de la SCJN analizaron y resolvieron el amparo en revisión 344/2025 promovido por la comunidad tsotsil La Candelaria, que desde 2021 venía pugnando por el reconocimiento jurídico de su autonomía y su autogobierno, para poder acceder de manera directa a recursos federales. Producto de esa lucha había logrado que el Ayuntamiento reconociera su autogobierno y autorizara la transferencia del presupuesto directo, pero el gobierno del Estado se negó a hacerlo, lo que obligó a la comunidad recurrente a solicitar a la SCJN la atracción del recurso de revisión interpuesto y fue sobre el cual se dictó sentencia. De acuerdo con el Colectivo Emancipaciones, que asesora a la comunidad, en su sentencia, la SCJN “reconoce jurídicamente los derechos de libre determinación, autonomía y autogobierno, con la transferencia directa de los recursos públicos que, en este caso le corresponden a la comunidad indígena de La Candelaria”.

Esto merece una observación. La SCJN no puede reconocer jurídicamente el derecho a la libre determinación, autonomía y autogobierno porque eso ya lo hizo el Constituyente Permanente en nuestra Constitución Federal y lo han hecho los congresos de las entidades respectivas, incluida la de Chiapas. Lo que debe hacer es fijar su contenido y alcance; si únicamente se pronunció sobre el acceso de los pueblos indígenas a recursos económicos públicos redujo bastante el derecho, pues de acuerdo con el derecho internacional, en virtud de la libre determinación, los pueblos indígenas “determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural”. De igual manera pronunciarse únicamente sobre la omisión del Estado de Chiapas en fijar mecanismos para el ejercicio del autogobierno, ignorando la del Congreso de la Unión, que lleva más de un año, limita los alcances de su resolución.

Las aportaciones que la Suprema Corte puede hacer para impulsar la efectividad de los derechos indígenas no se agotan en la resolución de problemas de fondo, también es importante atender los criterios para que otros tribunales resuelvan y en estos supuestos existen varios pendientes. Uno de ellos es el criterio emitido por la anterior SCJN afirmando que los tribunales agrarios no pueden anular resoluciones presidenciales, al cual se suma el de un Tribunal Colegiado, que, reduciendo su plena jurisdicción, fija los límites para su actuación, impidiéndoles aplicar el derecho internacional, con enfoque intercultural, como lo han propuestos algunos magistrados de ese tribunal, para atender los reclamos de defensa territorial planteados por miembros del pueblo rarámuri, en el ejido Coloradas de la Virgen, dominado por talamontes, en el estado de Chihuahua, y el más reciente entre los zoques de Chimalapas, en el estado de Oaxaca, donde la creación de varios ejidos le arrebatan su territorio ancestral.

Por la importancia del tema, en otra ocasión volveremos sobre él. Lo que ahora importa es expresar que llevar las sesiones de la SCJN a territorios indígenas y hacerlo atendiendo a cánones indígenas en su actuación, puede ser importante para acercar la justicia a ellos, pero lo verdaderamente importante, son los contenidos de sus resoluciones, sus enfoques y sus alcances. Si se prioriza esto sobre las formas, las aclaraciones de que su actuación no es un teatro salen sobrando. Las sentencias hablarían por la SCJN y mostrarían si la justicia en realidad se acerca a los pueblos o no.

Un viaje a la verdad: lo contraintuitivo

                              Un viaje a la verdad: lo contraintuitivo

                             El Oasis de la Insignificancia

Óscar de la Borbolla

"En algún sentido parecería que la ciencia se ha propuesto llevarle la contra a nuestras intuiciones más ciertas".

Hoy se habla mucho de lo contraintuitivo. Es un concepto que ha puesto de moda la mecánica cuántica en virtud de las propiedades extrañas que ha descubierto en la profundidad de la materia; sin embargo, no la palabra "contraintuitivo", pero sí su necesidad en el vocabulario nació, cuando en el Siglo VI a. C., apareció el primer filósofo: Tales de Mileto. Recordemos que "contraintuitivo" es un adjetivo que sirve para referirse a la incongruencia que se da entre lo que ocurre realmente y la idea que a nosotros nos parece obvia. Lo que suponemos y hasta consideramos evidente no se parece en nada a lo que, en efecto, es o sucede.

Imaginemos a lo contemporáneos de Tales, trasladémonos 27 siglos al pasado cuando la gente, por muy ajena que hoy pueda parecernos, reaccionó exactamente como reaccionamos nosotros ante lo que contradice nuestra más íntima convicción. A todos nos consta la diversidad del mundo: sobre mi escritorio, ahora mismo, están unos libros, una taza, un teléfono celular y un vaso con plumones y bolígrafos, además de mi computadora y mis manos. Cada quien tiene ante sí una diversidad de objetos distintos y, de pronto, a Tales se le ocurre decir que todas esas cosas distintas son lo mismo, que el principio de todo es el agua, que todo lo que está ante nosotros y que distinguimos perfectamente, puesto que se muestra como diversidad, es agua. Hoy sabemos que no todo es agua, pero gracias a esa afirmación, desde entonces, se busca lo que las cosas tienen en común y, gracias a ello, entre otras muchas consecuencias nacieron las ciencias. Hoy la física no afirma que todo sea agua, pero nos dice que TODO son partículas o incluso cuerdas bidimensionales.

A una distancia de 27 siglos, los seres humanos seguimos viendo a nuestro derredor cosas distintas: nadie confunde un semáforo con una manzana; pero ya no nos resulta tan chocante la idea de que haya un componente básico, de que todo sea en el fondo lo mismo. Y es por ello que la afirmación de Tales ya no nos parece tan contraintuitiva como a sus contemporáneos. Con la afirmación de Tales —el acuerdo es unánime— da inicio el conocimiento científico; fue una afirmación que provocó en su tiempo lo que hoy se denomina resonancia cognitiva (una frase elegante para referirse a lo antipático y chocante).

Casi podría decirse que cada avance, en verdad decisivo, de la ciencia resulta contraintuitivo, y es que los seres humanos somos dados a fundar nuestras "verdades" a partir de lo que nos parece obvio o evidente. Por ejemplo, que nuestro planeta está quieto, pues, salvo cuando tiembla, no hay nada más fijo que la Tierra. Yo admito, pero a regañadientes, que la velocidad a la que va nuestro planeta dándole de vueltas al sol es de 30 kilómetros por segundo. Aunque a mí la Tierra me parece quieta. Veámoslo con calma: 30 kilómetros por segundo equivalen aproximadamente a poco más de cien mil kilómetros por hora. 100,000 km/h es una velocidad que no me entra en la cabeza. Yo camino a 4 kilómetros por hora y la velocidad máxima que, como tal, he experimentado es cuando el avión en el que voy de viaje despega. Lo hace a una velocidad entre 250 y 300 km/h, ya luego cuando asciende a lo que se llama "altura de crucero" puede llegar hasta  900 km/h, pero no siento esa velocidad. Según mi experiencia, lo que sí es evidente es el despegue, la velocidad me encaja sobre el respaldo del asiento. ¿Cómo entender que la Tierra recorre su órbita a 100 mil kilómetros por hora y no sintamos nada. Y eso sin sumarle otras velocidades, pues el Sol también está en movimiento, al igual que nosotros orbita el centro de la Vía Láctea a una velocidad de más 800 mil kilómetros por hora, y la Vía Láctea junto con Adrómeda y otras galaxias a su vez orbitan en torno al Gran Atractor. En otras palabras, la velocidad a la que nuestro planeta va persiguiendo al Sol que, a su vez, persigue a la Vía Láctea, que está en movimiento, da una velocidad altísima y esto es una verdad contraintuitiva. Entiendo, la admito; pero para mí, según el sentir de mi cuerpo, el suelo está quieto. En algún sentido parecería que la ciencia se ha propuesto llevarle la contra a nuestras intuiciones más ciertas.

La cuestión más contraintuitiva, sin embargo, con la que me he topado no llegó a mí cuando me asomé a la mecánica cuántica, aunque ahí, en efecto, cada paso pone en crisis la lógica con asuntos como la acción a distancia que viola la velocidad de la luz o la superposición que Shodinger intentó ridiculizar con su famoso experimento mental en el que un gato está vivo y muerto a la vez. No, lo más contraintuitivo fue la respuesta a una pregunta de total sencillez, atribuida al filósofo Berkeley para resumir la tesis central de su filosofía: "el ser es ser percibido". La pregunta es: ¿si un árbol cae en un bosque donde no hay nadie hace ruido? Esta pregunta no pone en duda que el árbol caiga, sino si se produce o no algún ruido. Fue discutida durante un largo tiempo, muchos sostuvieron que sí y otros que no. Hoy sabemos que el ruido, el sonido en general, no es otra cosa que ondas sonoras, ondas que se propagan en el aire o en el agua o en algún medio que ondule y que no suenan, pues el sonido es una experiencia subjetiva que se produce en nosotros, cuando nuestro oído, estimulado por esas ondas, manda unas señales eléctricas al cerebro, y es en nuestra conciencia donde esos estímulos eléctricos son percibidos como sonido.

Y lo mismo sucede con el color. Los colores son ondas electromagnéticas de distinta frecuencia. Ondas que nosotros percibimos como colores: el rojo no es en sí mismo rojo, es una simple frecuencia incolora que se encuentra entre los 400 y los 480 terahercios y que nosotros experimentamos como rojo. E igual pasa con todos los demás estímulos que recibimos por los sentidos. No es que no exista algo ahí, afuera de nosotros, puede ser que sean campos y partículas que se colapsan, como sostiene la física moderna; pero en modo alguno son el mundo tal y como lo percibimos.

De todas las verdades científicas, esta idea es la que más se contrapone a lo que intuitivamente doy por bueno. Racionalmente la acepto, pero me resulta imposible admitir que mi hijo o mi esposa o mis amigos o el motociclista que estuvo a punto de atropellarme hace unos días, no sean lo que mi intuición me dice que son: personas reales; sin embargo entiendo que son campos que vibran, frecuencias electromagnéticas que mi cerebro de un modo aún no del todo comprendido, transforma en experiencias subjetivas. Me resulta inconcebible que nada exista afuera de mí como lo capto dentro de mí o, en pocas palabras, que todo cuanto me rodea sea una ilusión, una alucinación compartida por todos los seres humanos pues, hasta en el caso de que todos alucinemos lo mismo, eso no le quita que lo que llamamos realidad es una alucinación.

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Cuba contra la perversión imperial

Estefanía Ciro*

“No es justo –le dijo Agostino Neto a un funcionario amigo–. A este paso, Cuba se va a arruinar”. Neto fue el líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA), que había pedido ayuda a Fidel Castro para expulsar a los portugueses y liberar a ese país; lo afirmaba divisando al frente suyo todos los barcos anclados en la bahía de Luanda que llegaron con cubanos y cubanas para entrenar y aportar en la liberación y la independencia en 1975. Esta imagen nos la describe Gabriel García Márquez en el recién publicado Operación Carlota: Cuba en Angola, del Fondo de Cultura Económica, en la edición 25 para el 25, que originalmente se divulgó en El Espectador, periódico colombiano, en enero de 1977.

García Márquez redactó esta crónica al calor del fuego de la historia en el momento en que esta advertencia de Neto condensaba la apuesta en vivo de la solidaridad y el compromiso de un pueblo que prefirió la libertad y la independencia frente a los ofrecimientos del Imperio, cuando Nixon y Kissinger buscaban la normalización de las relaciones con Cuba; lentos cambios empezaban a materializarse, como el de la apertura de viajes familiares, aunque se mantenía la prohibición de comercio de alimentos y medicinas.

Kissinger aplicó el “apretón cubano”: el chantaje de detener las negociaciones condicionándolas a que Cuba saliera de Angola; y Fidel Castro reaccionó: “No es que Cuba rechace el ideal de mejorar sus relaciones con Estados Unidos… Estamos a favor de la paz, de una política de tregua, de la convivencia entre estados con diferentes sistemas sociales. Lo que no podemos aceptar son condiciones humillantes; el precio absurdo que Estados Unidos aparentemente quiere que paguemos por mejorar las relaciones”. Cuba no renunció a su principio de solidaridad y libertad.

Mientras tanto, al otro lado del Atlán-tico, la CIA apoyaba al Frente Nacional de Liberación de Angola (FNLA), Zambia la amenazaba con el ejército en cabeza de un mercenario de empresas extractivistas y Sudáfrica la invadía en el sur. García Márquez contó cómo los cubanos montaron cuatro centros de entrenamiento, 16 batallones de infantería y brigadas de médicos y comunicaciones, entre otras cosas. Llevaban su propio combustible y cruzaban el océano en barcos y aviones desactualizados. En África no eran recién llegados; los internacionalistas cubanos habían estado en Argelia, Mozambique, Guinea- Bissau, Camerún o Sierra Leona. El Che ya había estado en el Congo, donde se le conocía con el seudónimo de Tatu, número dos en swahili.

El primer movimiento de la operación Carlota duró 13 días, trasladando a 650 hombres desde La Habana hasta Luanda en aviones descontinuados repletos de armas. El único lugar para cargar combustible era Barbados y aterrizaron con las luces apagadas, con el riesgo de confundir la pista con la de la vecina Kinshasa. La operación, escribió García Márquez, “era un secreto guardado celosamente entre 8 millones de personas”, como todo en la isla. La ruta fue saboteada por Estados Unidos en su esfuerzo por controlar “la contingencia cubana”, lo que forzó a que los revolucionarios normalizaran el cruzar el Atlántico con tan sólo una hora extra de gasolina. Guyana se ofreció a apoyar, pero Estados Unidos la amenazó con bombardear su aeropuerto.

La guerra no fue fácil; apenas aterrizaban los aviones, los y las cubanas se lanzaban al campo de batalla en una guerra en la que Estados Unidos había invertido ya 50 millones de dólares. Además, los internacionalistas tenían que pelear también con “medio milenio de colonialismo” angolés, que jugó en contra de la resistencia. Ante esto se impuso la fiereza cubana y lo que era una guerra de guerrillas se convirtió en una guerra grande, atroz, asumida por Cuba con entereza y sacrificio.

Cuando la victoria del MPLA ya era un hecho, se concretó entre Neto y Castro la salida de las tropas cubanas de Angola. A pesar de esto, Kissinger lo anunció al mundo como un acto de evacuación. Así como el gobierno de Estados Unidos se dio cuenta tarde del traslado de Cuba a Angola de más de 10 mil combatientes; en la victoria ocurrió igual, Kissinger hizo el anuncio cuando ya 3 mil cubanos habían vuelto.

La reacción imperial fue el terrorismo: los exiliados cubanos, con apoyo de ex agentes de inteligencia de Estados Unidos, crearían la Coordinación de Organizaciones Revolucionarias Unidas (CORU), que en 1976 asesinaría, desaparecería y atentaría contra cubanos y sus embajadas en Colombia, México, Argentina, Panamá y Trinidad y Tobago, y detonarían la bomba que mató en Washington a Orlando Letelier, ex embajador chileno. Ese mismo año, plantaron una bomba al avión de Cubana, asesinando a 73 pasajeros; Fidel Castro inmediatamente detuvo cualquier canal de acercamiento con Nixon y Kissinger.

En los reportajes que Luis Hernández nos trae desde Cuba estas últimas semanas, Llanisca Lugo, diputada cubana, dijo en cámaras que “la memoria es el arma más fuerte para disputar la ideología; no somos una nación tan vieja, y tenemos que cuidar mucho la memoria de lo que nos ha pasado”. Abel Prieto vehemente alegó: “quieren lavar la memoria”. En aguas picadas ha navegado esta isla valiente; su virtud estrangulará –como lo ha hecho antes– la perversión imperial.

* Doctora en sociología, investigadora del Centro de Pensamiento de la Amazonia Colombiana A la Orilla del Río. Su último libro es Levantados de la selva