5/24/2026

79 festival de Cannes : La cosa no levanta cabeza


Lo siguiente va a sonar a sacrilegio, pero esta edición de Cannes va a ser recordada en parte por estrenar la más fallida realización, a la fecha, del estimable cineasta japonés Hirokazu Koreeda. Hasta ahora, su cine se ha caracterizado por un estilo realista, especialmente enfocado a la familia y los niños. Esto último sigue siendo cierto de Hako no naka no hitsuki ( Oveja en la caja), pero su género es la ciencia-ficción y creo que allí está la razón del traspié.

Situada en un futuro cercano, la película plantea una realidad donde se puede conseguir una réplica androide de un niño. Eso es lo que hace la familia Komoto, cuyo hijo desapareció en circunstancias misteriosas. Sobre todo, Otone (Haruka Ayse), la madre, se entusiasma con la idea de recuperar a su retoño, Kakeru (Rimu Kuwaki), aunque sea un robot. El padre (el cómico televisivo Daigo) es más reticente y lo llama una mezcla entre Tamagotchi y Rumba.

Con un discurso largo y lleno de divagaciones, reforzadas por la encimosa música de Yutah Bando, el cineasta no consigue darle un sentido coherente. Uno supone que está en contra de la inteligencia artificial en tanto los robots de los niños abandonan a sus padres antes de tiempo. ¿O eso es una ventaja?

Mejor fue la aportación del español Rodrigo Sorogoyen, El ser querido, un entretenido ejemplo del cine visto por el cine que se sostiene en las persuasivas actuaciones de Javier Bardem, como el arrogante y temperamental director Esteban Martínez, y la actriz de moda Victoria Luengo, como su hija Emilia, que acepta trabajar bajo las órdenes del padre que la abandonó de niña.

Foto
▲ La actriz australiana Cate Blanchett durante su arribo a la proyección de Paper Tiger y Javier Bardem, en la presentación de El ser querido. El español defendió su derecho a expresar su punto de vista en temas de política o de actualidad internacional, y aseguró que incluso lo “están llamando más todavía” para trabajar. “Considero importante poder expresar tu punto de vista, sabiendo que habrá gente que estará de acuerdo y quien no”, dijo el oscarizado actor. “Pero tengo ese derecho, igual que lo tiene un fontanero o un camarero”, añadiò el artista de 57 años.Foto Afp

La película peca de formalismo por la manera en que Sorogoyen utiliza más close-ups que Sergio Leone, vira al blanco y negro sin decir agua va, cambia el tamaño del cuadro, entre otros recursos más bien distractores. Pero encuentra su mejor secuencia cuando una toma se arruina tras otra, por la risa incontrolable de los actores y provoca la furia de Martínez, causando una crisis.

Por alguna razón extraña, los franceses le rinden culto al director estadunidense James Gray, invitado frecuente a la competencia sin que parezca justificarlo. (Será un poco como lo sucedido con Jerry Lewis). Esta vez, Gray ha presentado Paper Tiger ( Tigre de papel), thriller dramático situado en Queens en 1986.

La historia se centra en la familia Pearl, cuando el pudiente Gary (Adam Driver), ex policía, invita a su hermano Irwin (Miles Teller) a una ambiciosa obra de drenaje que involucra a una compañía rusa. Adivinaron: la tal compañía esun frente de la temible mafia rusa. Pronto Irwin, su mujer Hester (Scarlett Johansson) e hijos adolescentes (Roman Engel, Gavin Goudey) son amenazados en su propio hogar por los peores hampones. Gary intenta arreglar las cosas.

En su primera parte, la película interesa por su tensa descripción de como una típica e inofensiva familia gringa ve en peligro su integridad y su futuro por una avalancha de infortunio (para colmo, a Hester se le encuentra un enorme tumor cerebral). Sin embargo, Gray, quien también escribió el guion, arruina todo con una resolución simplista y harto predecible.

X: @walyder

79 Festival De Cannes : En polos opuestos, Arthur Harari y Cristian Mungiu

Leonardo García Tsao

En efecto, ya no se puede confiar en nadie. Nos acercamos a la proyección de L’inconnue (La desconocida) con ciertas esperanzas pues su director y guionista, Arthur Harari, había sido coautor, junto con su esposa, Justine Triet, del guion de Anatomía de una caída, el thriller francés que en 2023 obtuvo la Palma de Oro y al año siguiente un Oscar al mejor guion.

Pues llegamos a la conclusión de que Triet fue quien hizo el trabajo pesado y meritorio. L’inconnue es una pésima variante sobre el tema del intercambio de cuerpos: David (Niels Schneider), un fotógrafo intenso, fornica en una fiesta con la mujer (Léa Seydoux) de sus fantasías. Tras un orgasmo furioso, él despierta con el cuerpo de ella, llamada Eva.

Dicha premisa es bastante común y generalmente se usa para la comedia (hace poco, Bárbara de Regil protagonizó con ese mismo asunto una teleserie en Vix llamada Lalola). Pero Harari es muy pretensioso y hace un giro en el cual el cuerpo de David es ocupado, a su vez, por otra chica llamada Malia (Lilith Grasmug). Entonces la pareja angustiada se dedica a buscar a otras personas que han sufrido el mismo fenómeno.

Uno se queda hasta el absurdo y postergado final en busca de una conclusión coherente. Es inútil. Harari no sabe contar su historia ni dotarla de misterio o convicción. Con L’inconnue, la muy débil competencia ha tocado fondo. ¿Y para esto me desperté a las 7 de la mañana?

Menos mal que llegó el rumano Cristian Mungiu para compensar las cosas. En Fjord confirma ser un cineasta muy apto para plantear dilemas morales que no tienen una fácil solución. En una pequeña comunidad noruega, la pareja formada por el rumano Mihai (Sebastian Stan, casi irreconocible) y la noruega Lisbet (Renate Reinsve) más sus cinco hijos, se dedican devotamente a su religión evangélica. Sin embargo, una de sus hijas muestra huellas de golpes en su cuerpo y eso provoca una desmedida investigación por parte de Protección Infantil.

Debido a esa intervención, los hijos son separados de sus padres (incluyendo al bebé de la familia) y los padres son sometidos a un juicio civil. Es la vecina Mia (Lisa Carlehed) quien decide tomar el caso como abogada. Durante el proceso, es evidente que el matrimonio es acusado tanto por sus creencias religiosas, que sí son conservadoras, como por las nalgadas propinadas a los niños.

Mungiu, ganador de la Palma de Oro en 2007 por Cuatro meses, tres semanas y dos días, es esa rareza, un director de corte preciso y estupendo sentido elíptico cuyas secuencias duran exactamente lo que deben durar. No hay paja en Fjord no obstante una duración de 146 minutos. El drama es complejo pues las emociones humanas que entran en juego así lo son.

Este año el festival ha tenido problemas hasta con sus invitados de honor. Barbra Streisand iba a recibir una Palma de Oro honorífica, pero ya canceló su viaje aduciendo una rodilla lastimada. No quiero ser mal pensado, pero suena a excusa fácil. ¿Se habrá enterado de que antes dieron otra Palma de Oro a John Travolta?

X: @walyder

Pasajero. Masculinidades tóxicas

Rafael Aviña

La masculinidad tóxica, la violencia sexual, el sadomasoquismo, la sumisión, la baja autoestima y la búsqueda del amor son algunos de los elementos esenciales de un filme insólito y original: Pasajero (Irlanda-Gran Bretaña, 2025), del debutante Harry Lighton; una suerte de extraño, inquietante y delirante coctel entre Nacidos para perder (Tom Laughlin, 1967) y Easy Rider/Busco mi destino (Dennis Hopper, 1969) con Portero de noche (Liliana Cavani, 1974) y Furyo/Feliz Navidad Mr. Lawrence (Nagisa Oshima, 1983).

Pillion, el título original de la película, hace referencia al asiento trasero de una motocicleta donde viaja el pasajero o el acompañante de quien conduce. Inspirada libremente en la novela breve Box Hill (2019), de Adam Mars Jones, ambientada en la Gran Bretaña de los años 70 y adaptada a una época más contemporánea por el propio realizador, narra la conflictiva y transgresora relación de sumisión y dominio entre Colin, un apocado y tímido joven gay de 18 años miembro de un coro familiar y Ray, un agresivo, carismático y atractivo hombre mayor, líder de una banda de motociclistas que practican el BDSM.

El reciente estreno de Pasajero coincide a su vez de manera curiosa con la también miniserie británica Half Man/Hombre a medias (2026), de HBO, creada, dirigida y protagonizada por Richard Gadd, el mismo creador del exitoso serial Baby Reindeer/Bebé Reno (2024). La serie, al igual que el filme de Lighton, explora la toxicidad de las relaciones varoniles, la lealtad masculina y la manera en que los hombres se perciben a sí mismos por conducto de aquellos que admiran (o aman en silencio), a partir de una complicada relación cargada de sumisión y testosterona; en este caso, entre dos medios hermanos: un jovencito gay, sensible y temeroso y un violentísimo sicópata provocador con constantes idas a prisión y cuyas madres de ambos mantienen una relación lésbica.

Para aumentar el realismo del filme, el director Harry Lighton convivió un fin de semana con los integrantes del Gay Bikers Motorcycle Club, quienes a su vez fungieron como asesores e incluso aparecen en Pasajero como miembros de la ruda banda de motociclistas gays. Lo mismo sucedió con Paul Tallis, motociclista gay galés con quien el actor Harry Melling pasó un día con él montado en la parte trasera de su moto como “ pillion” para involucrarse en serio en esa comunidad BDSM, lamiendo botas y manteniendo un comportamiento de sumisión.

Pasajero es un filme en suma complejo, incluso incómodo en el retrato de sus emociones, que se apoya en una intrigante banda sonora y en un inquietante suspenso emocional que crece en cada secuencia. No obstante, el alma del relato radica, por supuesto, en el trabajo de sus dos intérpretes, en un filme que no deja nada a la imaginación ni se acompleja al presentar imágenes sexuales gráficas y contundentes (en particular las escenas de felación y la primera penetración a Colin).

Si la presencia física y dominante de Alexander Skarsgard resulta impactante –vestimenta de cuero incluida– en las secuencias de la primera cita, el entrenamiento de lucha libre, la cena con los padres de Colin, “el paseo” de celebración sadomasoquista con los bikers en el bosque y sobre todo la escena en el cine que parece un homenaje a la secuencia en la sala fílmica de Midnight Cowboy/ Perdidos en la noche (John Schlesinger, 1969), que continúa en una plaza comercial y en un parque. Quien se lleva la película es sin duda Harry Melling –sorprendente ex niño obeso de la saga Harry Potter– que se trastoca en un personaje divertido, sensible y temeroso con una autoestima por los suelos.

Su papel de “esclavo” sumiso resulta desconcertante en una película que más allá de sus referencias sadomasoquistas localizadas en otras obras excepcionales: las citadas Furyo y Portero de noche, así como la La pianista, de Michael Haneke, o la cinta coreana Gojitmal/Mentiras, de Jan Sun-Woo, plantea un complejo relato sobre las dinámicas de poder, la manera en que se asume la sexualidad y la búsqueda y recuperación del amor propio como la mejor manera de encontrar la felicidad.

Pasajero se exhibe en Cinépolis, Cinemex, Cineteca Xoco, Cine Tonalá y la Casa del Cine.

79 Festival de Cannes : De torturas nazis, una alcohólica y monstruos extraterrestres


Tocó el turno de concursar al cineasta húngaro László Nemes, quien en dos largometrajes ha sobresalido como un esteta del sufrimiento. Se recordará que fue históricamente el primero en recrear visualmente, en su primer largometraje, El hijo de Saúl (2015), el exterminio en un horno crematorio de Auschwitz. Ahora con Moulin, coproducción franco-belga, describe los últimos días en la vida de Jean Moulin (Gilles Lellouche), líder de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra.

Bajo el seudónimo de Jacques Martel, el héroe opera en Lyon cuando es capturado por la Gestapo, para luego ser interrogado por Klaus Barbie (Lars Eidinger), sin duda uno de los peores seres humanos que jamás han existido. Por suerte, casi no hay escenas de tortura física, siendo más numerosas y terribles las de intención sicológica. La desesperanza es la misma que la del clásico El ejército de las sombras (1969), de Jean-Pierre Melville, e incluso Lellouche recuerda un poco a Lino Ventura en su sobrio heroísmo.

Nemes filma muy bien el clima de paranoia de la primera parte en un ambiente casi siempre nocturno y luego nos sumerge en la pesadilla del personaje epónimo, quien sabe que no podrá resistir demasiado ante la tortura sin hablar.

En un giro violento, la siguiente concursante –francesa, para no variar– trata sobre una joven actriz alcohólica llamada Garance (Adèle Exarchopoulos), quien depende del trago para superar sus temores e inseguridades.

La película, dirigida de forma impersonal por Jeanne Herry, sigue la fórmula del drama de adicciones con una conclusión optimista. Gracias, sobre todo, a la comprensión de su pareja, la tímida Pauline (Sara Giraudeau), al cuidado de su hermana cancerosa y la intervención de un doctor sabio, Garance podrá dejar el vicio. Si se deja ver algo tan convencional y rutinario es sólo por la presencia siempre carismática de Exarchopoulos.

La tercera del día, la sudcoreana Hope, de Na Hong-jin, indica qué tan desesperados estaban los programadores de la competencia. Normalmente hubiera sido seleccionada, si acaso, para una de las sesiones especiales de la sección oficial. Pero en tiempos de escasez todo se vale.

Es una aventura de monstruos extraterrestres que atacan a la población del pueblo fronterizo llamado Hope, y ésta se defiende como puede. Eso es todo. No hay subtramas ni subterfugios. Son 2 horas 40 minutos de ver cómo los humanos –dos policías y civiles armados– se la pasan echando tiros y granadas para ver si logran matar a unos gigantes humanoides casi indestructibles, creados digitalmente.

Es un espectáculo tan ruidoso como cualquier blockbuster, pero está filmado con una técnica irreprochable. Na conoce su oficio. Lo que no sabe es controlar a sus actores para que no digan todos sus diálogos a puros gritos de groserías y gestos bufonescos. Eso, a la larga, se vuelve monótono y cansino.

X: @walyder

79 festival de Cannes : El ruso Zvyagintsev y el español Almodóvar


Foto
▲ El actor estadunidense Andy Garcia llega a la proyección de la película Diamond en la 79 edición del Festival de Cine de Cannes .Foto Afp

Con películas como Sin amor (2017) y Leviathan (2014) el director ruso Andrei Zvyagintsev se había distinguido como uno de los pocos en su país aún preocupado por hacer un cine ambicioso, de cualidades formales muy evidentes. Por desgracia, enfermó de gravedad con el covid y eso lo mantuvo alejado de las cámaras hasta ahora que ha realizado Minotaur.

La película se sitúa en un pequeño pueblo ruso en 2022, el año de la invasión a Ucrania, para describir la crisis laboral y personal de un influyente ejecutivo llamado Gleb (Dimitri Mazurov). En medio de recortes y peticiones gubernamentales de reclutar a empleados para llevarlos al frente de combate, el hombre averigua que su atractiva esposa Galina (Iris Lebedeva) lo engaña con un joven fotógrafo. Gleb acude a su departamento y lo mata a sangre fría, ocultando el cadáver en un riachuelo. La policía investiga, pero Gleb se sale con la suya.

Lo que ha hecho Zvyagintsev no es otra cosa que el remake ruso de La mujer infiel (1969), el clásico de Claude Chabrol. Igual que en la cinta francesa, Minotaur muestra el esfuerzo del marido cornudo por limpiar las manchas de sangre, eliminar pruebas en la escena del crimen y deshacerse del cuerpo de la víctima. Sin embargo, el cineasta ha querido filtrar un comentario crítico sobre Ucrania y se ven y escuchan imágenes y sonidos alusivos a la guerra. Francamente, en el contexto de la intriga principal, eso se siente como un pegote añadido para darle relevancia política.

Por otra parte, también se exhibió en concurso Amarga Navidad, la más reciente realización del español Pedro Almodóvar, estrenada en su país desde principios de año, suscitando comentarios elogiosos o escépticos. Me incluyo en el segundo grupo.

La película es estilísticamente impecable, está actuada por un reparto (Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, Aitana Sánchez-Gijón) muy profesional, ostenta la inventiva cromática de su autor, hace un homenaje –doble– a Chavela Vargas… pero no funciona. Su eje narrativo es una llamada autoficción escrita por el personaje de Sbaraglia, sobre el de Lennie e inspirado por el de Sánchez-Gijón. Se supone debe operar como cajas chinas, sin que eso suceda. Salvo unos detalles chispeantes al principio, Amarga Navidad aburre y eso no es digno de Almodóvar.

En una secuencia, Sbaraglia pronuncia diálogos que suenan a un cineasta haciendo autocrítica. Quizá sean los únicos momentos veraces.

Ya en los últimos días del festival, vamos a los números. Hasta ahora, la concursante que ha ganado en el aplausómetro es Fjord, del rumano Cristian Mungiu con doce minutos de ovación. En las calificaciones de la crítica internacional, de un total de cinco puntos sólo dos títulos han ganado tres puntos: Fatherland, de Pavel Pavlikowski con 3.3, y De repente, de Ryusuke Hamaguchi, con 3.1. De las peor calificadas están La oveja en la caja, de Hirokazu Koreeda con 1.4, Historias paralelas, de Asghar Farhadi, con 1.7, y Garance, de Jeanne Herry, con 1.7. Conste que no me he puesto de acuerdo con mis colegas.

Mis lectores sabrán disculpar que no puedo comentar sobre S eis meses en el edificio rosa con azul, de Bruno Santamaría Razo, el otro largometraje mexicano en todo el festival, además de Ceniza en la boca, de Diego Luna. De alguna manera, la programación de la sección oficial se las arregla para estrangular a las secciones paralelas. Es una estrategia buscada y ejecutada con malicia. Hasta ahora, no he podido ver una sola proyección de la Quincena de Cineastas o de la Semana de la Crítica, donde se seleccionó la película de Santamaría. Ya la veré en México.

X: @walyder