Bajo el seudónimo de Jacques Martel, el héroe opera en Lyon cuando es capturado por la Gestapo, para luego ser interrogado por Klaus Barbie (Lars Eidinger), sin duda uno de los peores seres humanos que jamás han existido. Por suerte, casi no hay escenas de tortura física, siendo más numerosas y terribles las de intención sicológica. La desesperanza es la misma que la del clásico El ejército de las sombras (1969), de Jean-Pierre Melville, e incluso Lellouche recuerda un poco a Lino Ventura en su sobrio heroísmo.
Nemes filma muy bien el clima de paranoia de la primera parte en un ambiente casi siempre nocturno y luego nos sumerge en la pesadilla del personaje epónimo, quien sabe que no podrá resistir demasiado ante la tortura sin hablar.
En un giro violento, la siguiente concursante –francesa, para no variar– trata sobre una joven actriz alcohólica llamada Garance (Adèle Exarchopoulos), quien depende del trago para superar sus temores e inseguridades.
La película, dirigida de forma impersonal por Jeanne Herry, sigue la fórmula del drama de adicciones con una conclusión optimista. Gracias, sobre todo, a la comprensión de su pareja, la tímida Pauline (Sara Giraudeau), al cuidado de su hermana cancerosa y la intervención de un doctor sabio, Garance podrá dejar el vicio. Si se deja ver algo tan convencional y rutinario es sólo por la presencia siempre carismática de Exarchopoulos.
La tercera del día, la sudcoreana Hope, de Na Hong-jin, indica qué tan desesperados estaban los programadores de la competencia. Normalmente hubiera sido seleccionada, si acaso, para una de las sesiones especiales de la sección oficial. Pero en tiempos de escasez todo se vale.
Es una aventura de monstruos extraterrestres que atacan a la población del pueblo fronterizo llamado Hope, y ésta se defiende como puede. Eso es todo. No hay subtramas ni subterfugios. Son 2 horas 40 minutos de ver cómo los humanos –dos policías y civiles armados– se la pasan echando tiros y granadas para ver si logran matar a unos gigantes humanoides casi indestructibles, creados digitalmente.
Es un espectáculo tan ruidoso como cualquier blockbuster, pero está filmado con una técnica irreprochable. Na conoce su oficio. Lo que no sabe es controlar a sus actores para que no digan todos sus diálogos a puros gritos de groserías y gestos bufonescos. Eso, a la larga, se vuelve monótono y cansino.
X: @walyder
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