Leonardo García Tsao
Pues llegamos a la conclusión de que Triet fue quien hizo el trabajo pesado y meritorio. L’inconnue es una pésima variante sobre el tema del intercambio de cuerpos: David (Niels Schneider), un fotógrafo intenso, fornica en una fiesta con la mujer (Léa Seydoux) de sus fantasías. Tras un orgasmo furioso, él despierta con el cuerpo de ella, llamada Eva.
Dicha premisa es bastante común y generalmente se usa para la comedia (hace poco, Bárbara de Regil protagonizó con ese mismo asunto una teleserie en Vix llamada Lalola). Pero Harari es muy pretensioso y hace un giro en el cual el cuerpo de David es ocupado, a su vez, por otra chica llamada Malia (Lilith Grasmug). Entonces la pareja angustiada se dedica a buscar a otras personas que han sufrido el mismo fenómeno.
Uno se queda hasta el absurdo y postergado final en busca de una conclusión coherente. Es inútil. Harari no sabe contar su historia ni dotarla de misterio o convicción. Con L’inconnue, la muy débil competencia ha tocado fondo. ¿Y para esto me desperté a las 7 de la mañana?
Menos mal que llegó el rumano Cristian Mungiu para compensar las cosas. En Fjord confirma ser un cineasta muy apto para plantear dilemas morales que no tienen una fácil solución. En una pequeña comunidad noruega, la pareja formada por el rumano Mihai (Sebastian Stan, casi irreconocible) y la noruega Lisbet (Renate Reinsve) más sus cinco hijos, se dedican devotamente a su religión evangélica. Sin embargo, una de sus hijas muestra huellas de golpes en su cuerpo y eso provoca una desmedida investigación por parte de Protección Infantil.
Debido a esa intervención, los hijos son separados de sus padres (incluyendo al bebé de la familia) y los padres son sometidos a un juicio civil. Es la vecina Mia (Lisa Carlehed) quien decide tomar el caso como abogada. Durante el proceso, es evidente que el matrimonio es acusado tanto por sus creencias religiosas, que sí son conservadoras, como por las nalgadas propinadas a los niños.
Mungiu, ganador de la Palma de Oro en 2007 por Cuatro meses, tres semanas y dos días, es esa rareza, un director de corte preciso y estupendo sentido elíptico cuyas secuencias duran exactamente lo que deben durar. No hay paja en Fjord no obstante una duración de 146 minutos. El drama es complejo pues las emociones humanas que entran en juego así lo son.
Este año el festival ha tenido problemas hasta con sus invitados de honor. Barbra Streisand iba a recibir una Palma de Oro honorífica, pero ya canceló su viaje aduciendo una rodilla lastimada. No quiero ser mal pensado, pero suena a excusa fácil. ¿Se habrá enterado de que antes dieron otra Palma de Oro a John Travolta?
X: @walyder
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