La CIA en México y sus cómplices
Historia de lo inmediato
Álvaro Delgado Gómez
"La CIA ha contado por décadas con cómplices en México para inmiscuirse en asuntos que les importan, lo de menos es si son narcotraficantes, ladrones...".

Hace exactamente un año, el 15 de mayo de 2025, Ronald Johnson llegó a México como Embajador de Estados Unidos tras una larga carrera en la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y a partir de entonces la operación de sus agentes, como los fallecidos Richard Later Johnston y John Dudley Black en acciones ilegales en Chihuahua, se ha intensificado notablemente, en un accionar que evoca las alianzas que este organismo hizo en los sesenta con autoridades, policías, grupos de choque y empresarios de extrema derecha como el padre de Ricardo Salinas Pliego, Hugo Salinas Price, para infiltrar, desestabilizar y alinear al país a los planes de dominación estadounidenses.
Esta ofensiva del gobierno de Donald Trump que México enfrenta, con el pretexto del tráfico de drogas de organizaciones clasificada como terroristas, tiene el propósito de someter a la Presidenta Claudia Sheinbaum, en el contexto de la revisión del tratado comercial trilateral que está en curso y la infiltración de criminales en Morena y en sus gobiernos, que allá y acá tratan de equipararlo al caso de Genaro García Luna, el narcotraficante mano derecha de Felipe Calderón.
Sólo los corruptos defienden a los corruptos y en Sinaloa, como en cualquier lugar, deben ser sancionados quienes se amafian, sean servidores públicos o del sector privado. Un país y un gobierno se vuelven vulnerables cuando se encubre a criminales, los de los cárteles y los delincuentes de cuello blanco, que a menudo no se diferencian.
La presencia de cuatro agentes de la CIA en Chihuahua en un operativo, con la complicidad del Gobierno que encabeza la prianista María Eugenia Campos, y el reportaje de la televisora CNN sobre cómo miembros de la agencia de inteligencia de Estados Unidos hicieron estallar un vehículo con narcos —información que sólo podría proceder de esa misma instancia— es sintomático de las presiones al Gobierno de México para que se deje actuar a los agentes de ese país, como lo hacían antes.
Pero también significa que la presencia y acción de la CIA en México es mayor a la que reconoce el Gobierno de la Presidenta Sheinbaum, cuyos agentes deben estar debidamente registrados ante las secretarías de Relaciones Exteriores y Seguridad Ciudadana, como lo establece la Ley de Seguridad Nacional, que en su artículo 71 norma su actuación en territorio mexicano. No es de su inconveniente que haya agentes extranjeros, sino que hagan lo que les viene en gana, como lo hicieron por años.
La CIA cuenta y ha contado por décadas con cómplices en México para inmiscuirse en los asuntos que les importan, lo de menos es si son narcotraficantes, ladrones, torturadores o asesinos, como Fernando Gutiérrez Barrios y Miguel Nazar Haro, titulares de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) e identificados plenamente como agentes de inteligencia de Estados Unidos desde la década de los sesenta, como parte de la operación LITEMPO.
Otros cómplices fueron quienes participaron en la operación LIHUFF, cuyo propósito era infiltrar, reclutar y financiar grupos de choque de la extrema derecha contra la izquierda en los ámbitos universitarios y de gobierno, como el Movimiento Universitario de Orientación a la Renovación (MURO) y el Frente Universitario Anticomunista (FUA), que además de ser controlados por la organización secreta de Los Tecos y El Yunque, antes y después de su ruptura, actuaban por órdenes de la CIA.
Alfonso Rudolph Wichtrich, un mexicano de origen estadounidense que era vicepresidente de la Cámara de Comercio México-Estados Unidos, y Agustín Navarro Vázquez, fundador del Instituto de Investigaciones Sociales y Económicas (IISE), eran los líderes de este plan de la CIA, cuyos documentos desclasificados los identifican respectivamente con los criptónimos LIHUFF-1 y LIHUFF-2. Los detalles de las acciones de estos personajes, a quienes la propia agencia de inteligencia de Estados Unidos les decían cómo reclutar adeptos y hasta cómo elaborar los volantes contra la izquierda, está documentada en el libro Derecha, poder, corrupción y engaño, escrito en 2024 por Alejandro Páez Varela y yo.
Wichtrich y Navarro Vázquez están muertos, pero Salinas Price vive y él mismo ha confesado en su libro de memorias Mis años con Elektra que financió a MURO, a la Unión Nacional Independiente Democrática (UNID) y al Partido Nacionalista Mexicano (PNM), así como las revistas Nacional y Espejo, organismos y publicaciones que el segundo creó como agente de la CIA, junto con otras figuras de la extrema derecha nazi-fascista, como Jorge Siegrist y Jorge Prieto Laurens.
La relación de Navarro Vázquez con Salinas Price no terminó en los años sesenta: Cuando Carlos Salinas de Gortari cedió TV Azteca a la familia en los años noventa, él y Fernando Baños Urquijo, expresidente de MURO, trabajaron con él para definir la línea editorial de la televisora que dirige Ricardo, quien aspira a ser Presiente de México y ha desplegado una campaña que recuerda la acción de la CIA.
Así como la CIA controlaba a los grupos de choque de la extrema derecha en México, los gobiernos y hasta la policía política, la DFS, ahora también la agencia de inteligencia de Estados Unidos tiene la complicidad de gobiernos estatales, como el de Chihuahua, de Nuevo León o de alguno de Morena, y sin duda hay empresarios que apoyan este tipo de operaciones contra la izquierda, ahora en el Gobierno de la República.
Recordemos: Trump indultó al narcotraficante Juan Orlando Hernández, el expresidente de Honduras sentenciado a 45 años de cárcel por traficar más de 400 toneladas de cocaína, para una operación contra los gobiernos progresistas de América Latina, entre ellos los de Sheinbaum y Gustavo Petro, con un medio desde Estados Unidos financiado por los presidentes de Argentina, Javier Milei, y del país centroamericano, Nasry Asfura, según las grabaciones del Hondurasgate.
En esta trama que tiene “el apoyo de algunos republicanos para poder atacar y extirpar el cáncer de la izquierda de ahí de Honduras y de toda Latinoamérica”, según Hernández, emerge un personaje de México. El expresidente y exrecluso en EU confesó: “Le contaba al Presidente Asfura que pudimos hablar con Javier Milei y él está apoyando con 350 mil dólares también. También otro gran amigo de nosotros de México está apoyando ya para el tema de los mexicanos”.
¿Con la CIA en acción en México esto es fortuito? No lo creo. La CIA tiene muchos cómplices en México y habrá que sacarlos de su escondrijo.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario