2/14/2015

Programa Tiempo de Mujeres en CFRU la radio de la Universidad de Guelph sabado 14 febrero

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MUJERES POR LA DEMOCRACIA


Bienvenida al programa de hoy
Noticias de Género en la Red



Género en la mira con

 Daniela Villegas
Un trapeador, una regla y un gancho de ropa
hoy egénero en la mira el espacio de nuestra amiga y compañera la maestra en estudios de género Daniela Villegas quien se encuentra en Sydney Autralia nos habla sobre el caso de la trabajadora domestica indonesa que gano un juicio de explotacion laboral en Japon, ganar un juicio asi es un triunfo personal, pero en estos casos lo es tambien para la poblacion en general, el avance en los derechos laborales de las trabajadoras domesticas en todo el mundo, una reivindicacion a la lucha no solo por mejoras laborales sino tambien por el respeto a sus DH, 

Y es la organizacion la que sirve precisamente para estas luchas por los derechos de todas y cada una tenemos la historia de mujeres extranjeras en Libano que buscan sindicalizarse , El objetivo del sindicato es, además de  regularizar las condiciones de trabajo y vida de las empleadas inmigradas, darles voz para que defiendan sus derechos y crear un espacio para construir una red de solidaridad y apoyo mutuo. Una labor que se lleva tiempo haciendo de manera informal

Es nota de la semana la proyeccion de la pelicula las 50 Sombras de Grey una pelicula que ha levantado diversas criticas de grupos de defensa de los derechos de las mujeres es esta pelicula una apologia de la violencia sexual? , cansadas estamos de ver historias de mujeres sumisas princesas de cuentos que se enamoran de principes encantadores millonarios, sea como lo envuelvan estas historias estan muy alejadas a la realidad que vivimos en donde la violencia contra la mujer ha sido declarada por Organismos Internacionales como una pandemia , necesitamos una pelicula que nos exponga a ser mas vulnerables en el mundo donde reina la violencia? 
Y hablando de violencia sexual un ejemplo con el material de Radio Canada Internacional de una entrevista de la periodista Leonora Chapman a la investigadora colombiana Luz María Londoño Fernández quien nos explica en pocos minutos el drama del cual son victimas mujeres latinoamericanas en zonas de conflictos armados y las estrategias que ellas desarrollan para lograr que la justicia se haga, Luz María Londoño Fernández recibió la Medalla de Oro al Mérito de la Mujer, de la Alcaldía de Medellín por su investigación que ha permitido a las víctimas del conflicto armado hablar sin miedo 


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La piedrita en el zapato

María Teresa Priego

Pintora: Marie Bashkirtseff (1858-1884)
Sabina Kilimanjaro en el salón de su casa en la colonia Santa María de la Ribera.

Pintora: Marie Bashkirtseff (1858-1884)
  

(Nota: Sabina Kilimanjaro no existe en la realidad. Pero Sabina sí existe. En ésta y otras ciudades, en otras colonias, en otros países. Quizá la historia concreta de esta Sabina pueda parecer un exceso. No lo es. Y –además- habría que mirar de cerca -¿no sería un interesante ejercicio?- esos rasgos suyos que podríamos traer dentro. Sí, nosotras las mujeres tan libres del siglo XXI).

Esta es la historia de un hombre que encierra a una mujer y de una mujer que permite que la encierren.

Podríamos, por supuesto, discutir por horas lo que significa: “permitir”.

Digamos que existe entre ellos un pacto doloroso y –observado desde afuera- terrible.

Un pacto de dominación-sumisión. 
Un pacto de amo y esclava. 
Expresarlo así es una simplificación notable. 
Como si se tratara de una película y estuviera yo encargada de escribir el avance para Netflix.

Algo así: descriptivo y preciso. 
Pero por algún lado tengo que comenzar la narración de algunos fragmentos de la vida de Sabina Kilimanjaro.
 No, no se apellida Kilimanjaro, pero desde niña renunció al apellido de su padre, a quien le gustaba muchísimo –los fines de semana- atarla a una silla.

Era una silla de madera y mimbre. 
Una silla de comedor. 
Sólo sucedía cuando Sabina “lo merecía”.
 Y parece que “lo merecía” con frecuencia.
 Su madre miraba hacia otro lado.
 Temía cada vez que la silla le tocara a ella.
 Su madre siempre miraba hacia otro lado.

La maestra de geografía –en la primaria de Sabina- les habló de una montaña elevada y bellísima en Tanzania.
El Kilimanjaro en Tanzania. Y una jirafa.
 Cerca de ella, los animales corrían en libertad. Sabina se emocionó tanto que la maestra le regaló una postal que le había enviado años antes su novio, un piloto aviador. También le dio a leer: “Las nieves del Kilimanjaro” de Hemingway.

La maestra la quería muchísimo: “Eres tan inteligente Sabina, harás tantas cosas cuando crezcas”.
 Y le acariciaba despacito los moretones en sus brazos. 
En silencio –sin aviso y sin registro civil- Sabina cambió para sí misma, su apellido.
Después sus padres murieron: él de las bilis que hizo “ante tantas desobediencias e ingratitudes”, dijo la madre. 
Y la madre de “tantas tristezas”, dijo la tía. 
Les muestro la tarjeta postal que la maestra de Geografía le regaló a Sabina durante su infancia:
 El Kilimanjaro en Tanzania. Y una jirafa.
 Sabina heredó la casa. Grande y vacía. La casa con todos sus demonios adentro.
 Sabina padeció un miedo infinito y sin tregua.
 Un miedo cósmico.
 El miedo de despeñarse desde las Barrancas del Cobre que nunca ha visitado. 
Cuando la casa y el pánico al exterior comenzaron a devorarla, Sabina encontró un marido. 
El señor Fernández, oriundo de Jalapa, Tabasco. Fanático seguidor de una secta de “salvadores” iluminados. También, excelente cerrajero. 
No sé si antes de a Sabina, el señor Fernández ya había salvado a alguien. 
En todo caso, fue a ella y sólo a ella a quien dedicó los más intensos esfuerzos de su vida.

SABINA KILIMANJARO AMENAZADA DE PERDICIÓN Y DESVARÍO, Y SU INTRÉPIDO     
     “SALVADOR” EL SEÑOR DON BENITO EFRAÍN FERNÁNDEZ.
(Cerrajero de oficio)

Esta es –también- la historia de un sótano húmedo y frío en el que esa mujer a veces duerme cuando la castiga su marido.
Él, como su padre, la castiga para educarla. 
Como todo hombre justo: sólo cuando se ve obligado.
 Sabina duerme junto a su perrita que se llama Esperanza Desgraciada y En El Bordecito Mismo de las Barrancas del Cobre.
 Como el nombre es muy largo, ella la llama sólo Esperanza.
 No crean que en el sótano duermen al ras del suelo.

Aunque el lugar es-ciertamente- inhóspito, su marido el señor Fernández le instaló un catre, que si bien no es muy cómodo, podría ser a la larga beneficioso porque le mantiene recta la espalda. Las camas, dice él -quien duerme todos los días en una cama- terminan por ablandar el cuerpo y el alma. La comodidad te arrebata el temple.

Te reblandece, pues. 
Él quiere que ella “se crezca al rigor”. 
Les explico sus palabras: El “rigor” es la única manera en la cual las mujeres “se crecen”.
 Sabina no sabe si “se crece”.
Hay demasiadas cosas que Sabina no sabe ni quiere saber. 
Su vida es la de una mujer del siglo XXI a la que le dijeron que traía el demonio adentro.
 Le dijeron que era muy mala -¿acaso no como casi todas?- y que traía en la piel la marca de la perdición y el desvarío. 
Se lo dijeron y se lo creyó.
 Les explico de nuevo: Hay edades en las que una podría creerse cualquier cosa.
 También hay ciertas “técnicas educativas” implacables.
 Su vida entonces podría ser la de una mujer del siglo XIX.
 Una mujer encerrada en un claustro, con un dragón elegido que protege la puerta.
 “Él me salva”, piensa Sabina. “Él sí que sabe cómo salvarme”.
 Y –a veces- hasta sonríe agradecida y aliviada, mientras borda.
 Sabina extraña el periódico, el cine, los libros. Extraña muchísimo leer libros que no sean misales.
 Los acaricia en su memoria, los libros.
 Y recuerda cantidad de películas de amor como: Los girasoles de Rusia, El doctor Zhivago.
 Películas de grandes amores y mujeres abandonadas: “por libertinas”, dice su marido.
 Por eso, por los ejemplos decadentes y podridos no van al cine.
Kiosco morisco. Circa 1910. Colonia Santa María de la Ribera.

 Pero a veces salen a caminar y él la lleva al Kiosco Morisco y la toma de la mano o le pasa el brazo por los hombros, y Sabina siente que él la quiere.

Aunque a veces le aprieta tanto el brazo que le saca moretones.
“Te pega porque te quiere”, le decía su madre. Muy aliviada de que Sabina recibiera ese cinturón oscuro que de otra manera, tal vez, le hubiera estado dirigido.
El Kiosco Morisco en el cual el señor Fernández –de vez en vez- toma la mano de su esposa legítima (así le gusta decir a él: “legítima”) Sabina Kilimanjaro de Fernández.


Kiosco morisco. Circa 1910. Colonia Santa María de la Ribera.
 

 En la casa de la colonia Santa María de la Ribera sí hay teléfono, pero tiene un candado.
 El señor Fernández guarda la llave. 
El señor Fernández posee un inmenso manojo de llaves de varias formas y tamaños (creadas con meticulosidad por él mismo): La del teléfono, la de los armarios, la de las puertas, la de las ventanas.
 También posee una llave que cierra el candado del corazón y de la inteligencia de Sabina.
 De su fuerza y de su posibilidad de ser libre.
 Pero esa es una llave invisible.
Una llave que Sabina misma le entregó sin saberlo. 
¿Quizá a veces lo sabe, Sabina? 
Sabina en ocasiones mira con codicia esas llaves: ¿Y si se las robara? 
“Las niñas buenas” no roban. 
¿Y si se escapara? 
“Las niñas buenas” no escapan. 
Sabina se sienta frente a la ventana (cerrada) y a través de las cortinas (casi imposibles de atravesar con la mirada desde afuera)  mira los vaivenes de la calle. 
Se dice que allá afuera caminan la tentación y la desgracia. 
Los peligros. 
No va a robarse esas llaves, sería como condenarse. 
Se repliega –entonces- en su silla y se felicita –desde su cárcel- de ser una mujer tan protegida y afortunada.

Les digo: Es una historia que sucede en alguna esquina de la ciudad, me imagino una casa antigua en la colonia Santa María de la Ribera. No recuerdo las calles. Una casa que me gusta mucho frente a una pequeña rotonda. Es una historia minúscula entre el mar de historias que suceden todos los días. No es lo que podríamos llamar “relevante”. No es noticia. Nadie –sino quienes la viven- saben de qué se trata. Pero si me detengo a pensarlo, es posible que tampoco quienes la viven sepan con claridad de qué se trata. Esa cotidianidad que es la de ellos. Secreta y oculta.  Oscura.

Esa cotidianidad oculta que sucede a la vista de todos. 
El señor y la señora Fernández son conocidos en la calle. 
Se les aprecia. 
El señor y la señora Fernández son conocidos en el barrio.
 Sobre todo él.
 A ella se le ve poco y siempre con su marido a su lado.
Es por supuesto, una mujer de reputación intachable.
Él siempre dice la primera y la última palabra.
Tengo la impresión de que es él también, quien dice la mayor parte de las palabras comprendidas entre la primera y la última
Sabina se lo agradece.
Le teje chalecos para el frío. Confecciona los trajes de él y los vestidos de ella. Los manteles, las sábanas, las cortinas, los edredones, los cubre camas. 
También borda muchísimo: En las almohadas y cojincitos escribe palabras que quisiera imaginar le están dirigidas al señor Fernández. No entro en detalles. El señor Fernández coloca las almohadas y los cojincitos en su camioneta de la cerrajería y sale a venderlos en unas tiendas de diseño. 
Nunca le da un quinto a Sabina, ni por su trabajo en el hogar, ni por el producto de la venta de su trabajo de bordados y tejidos.
“El dinero corrompe”, dice el señor Fernández. “Sobre todo en las manos de una mujer. Son muy tontas y manirrotas. La ruina de los hombres si uno se deja. Pero yo no me dejo de cualquier tonta con ricitos”. 
Sabina se sorprende y se inquieta, porque si bien ella tal vez es tonta, y en una de esas hasta manirrota, de lo que sí está segura es de que desde su cabeza no cae ni un solo ricito. 
Se mira en el espejo para constatar. El único espejo pequeñísimo que esconde debajo del refrigerador: ¿Será por eso que su marido legítimo desaparece en las noches? Ella lo escucha, desde el sótano Esperanza al borde De las Barrancas del Cobre y ella lo escuchan: Los pasos en la recámara, los pasos que bajan por la escalera, la puerta de la calle que se abre. La puerta de la calle que se cierra.
Sabina y su serie de unicornios cautivos. 
Crack. Crack. Crack. 
Triple llave. 
Una muestra del cojín bordado por Sabina Kilimanjaro (antes del relleno) se ve así:
 Sabina y su serie de unicornios cautivos.

 A la historia que les cuento, llegué por boca de los niños del barrio. Ya saben cómo son los niños de disruptivos y mirones. Me llegó en el mercado de la colonia Santa María de la Ribera. Ellos me mostraron la casa. La ventana. Esa silueta que apenas se percibe mañanas y tardes a través de la ventana. Por los visillos he conversado con Sabina.
 Hemos intercambiado cartas. Hasta me mostró unas fotos suyas de infancia: Ella con las muñecas atadas al cabezal de la cama y rodeada de muñecas de porcelana con las que no puede jugar.
 Se la tomó su papá en su cumpleaños, la foto. 
Era retratista su papá.
Sabina sólo veía a sus muñecas rodeándola en los días de su cumpleaños. 
Luego su madre las guardaba en el baúl de los “objetos imposibles”. 
Era un gran baúl en el que Sabina observó como iban guardando su infancia.

Me lo contó, tal y como se lo cuento. 
La foto es tal y como la describo. 
Dada la longitud de este texto me detengo.

En la siguiente entrega ofreceré más detalles de todo cuanto lea y escuche de la letra y boca de Sabina Kilimanjaro.
La traduciré fielmente.
 Como si fuera su mejor y única amiga. 
Quizá podríamos planear su liberación. 
Ser sus mejores y únicas amigas. 
“¿Quieres tu libertad, Sabina?”. 
“No”. 
“Pero, ¿por qué?” 
“Porque yo no sé vivir”. 
“Pero todas/os sabemos más o menos vivir”.
 “Yo no. Porque traigo una piedrita en el zapato”.
 “¿Una piedrita en el zapato? Podrías ir al cine y al parque con tu perrita, y vender tu misma tus almohadones, recuperar tu casa, tener amigos, y comprar libros. ¿Quieres tu libertad, Sabina?”
 “No”.
 El próximo martes en La Silla Rota: “Cuando Sabina Kilimanjaro entendió que no necesitaba a nadie para 'salvarse' de sí misma”. 

Un trapeador, una regla y un gancho de ropa




Ayer fue un día victorioso para la joven de Indonesia Erwiana Sulistyaningsih. Activistas, trabajadoras del hogar y demás manifestantes la acompañaron a las afueras del palacio de justicia de Hong Kong

Tras una largo juicio Law Wan-tung, una mujer de 44 años fue acusada de 18 cargos de violencia en contra de su entonces empleada del hogar, Erwiana Sulistyaningsih quien en 2013, por un periodo de 8 meses fue privada de su libertad, abusada físicamente y golpeada con diversos artículos del hogar, entre ellos un trapeador, una regla y un gancho para la ropa, como refirió la joven de 23 años en entrevistas.

Como muchas otras mujeres jóvenes en Indonesia Erwiana tuvo que renunciar a la educación superior al encontrarse falta de recursos para solventarse sus estudios, lo que la llevó a pedir un permiso como trabajadora migrante en Hong Kong a través de la empresa PT Graha Ayu Karsa, la cual la ubicó como empleada del hogar el 27 de mayo de 2013.

Sin embargo su empleadora Law Wan-tung, la hacía dormir en el suelo, trabajar 21 horas al día y la golpeaba sin razón alguna. En el transcurso de 8 meses tras varias lesiones no atendidas perdió fortaleza al grado de no poder caminar, lo cual generó que su empleadora la mandará de vuelta a Indonesia bajo amenaza de que si revelaba los abusos se vengaría con los padres de Erwiana.

Pese a las amenazas la joven indonesa presentó cargos lo que llevó a la detención de su ex empleadora en en el aeropuerto internacional de Hong Kong cuando intentaba abordar un avión a Tailandia. Ella fue acusada en un tribunal de lesiones corporales graves y cuatro cargos de intimidación criminal.

Este incidente puso de relieve la preocupación existente en relación con el tratamiento de las trabajadoras domésticas en Hong Kong. En noviembre de 2012, Amnistía Internacional condenó a Hong Kong e Indonesia por las pésimas condiciones laborales que hicieron especialmente vulnerables a las mujeres a la explotación, incluidas las restricciones a las libertades, la violencia física y sexual, la falta de alimentos, y largas horas de trabajo.

Como lo refiere la periodista Dewi Anggraeni en su libro Dreamseekers: Indonesian Women as Domestic Workers in Asia (2006) "alrededor del 80 por ciento de los trabajadores que abandonen el país son mujeres que buscan trabajo como empleadas domésticas. Y en la última década, según la Comisión Nacional sobre la Violencia contra la Mujer de Indonesia, los incidentes de violencia contra las mujeres indonesias han incrementado".

De igual manera se encontró que muchas mujeres indonesas fueron explotadas por las agencias de contratación y colocación que se apoderaron de sus documentos y les cobraron tarifas excesivas, con falsas promesas de altos salarios y buenas condiciones de trabajo.

Un factor importante a resaltar es la relación empleadora-trabajadora en la dinámica del trabajo del hogar. se llega a establecer una relación de poder y dominación entre ambas mujeres, donde la empleadora llega a justificar su autoridad sobre su “subordinada” puesto que la está “educando” en lo concerniente a las tareas hogareñas y la trabajadora acepta las condiciones por su necesidad de empleo.

En una suerte de relación colonizadora y colonizada, la relación entre ambas partes suele reproducir las más rancias y dicotómicas estructuras clasistas en que a falta de valorización de la labor doméstica no existe un avance por la dignificación de estas tareas.

¿Será el carácter de lo sucio, lo húmedo, lo desechable en la limpieza que se avista una relación metafórica entre la mujer dedicada a la limpieza y la suciedad, lo que genera este sea un trabajo menos valorizado? 

exclamando. "Somos trabajadoras, no somos esclavas, justicia para Erwiana, enjuicien a Law Wan-tung".

La palabra a las víctimas de los conflictos armados.


Luz María Londoño Fernández en compañía de un niño kankuamo del Resguardo de Atanquez
Crédito de la foto: Paola Andrea Díaz Bonilla

Por Leonora Chapman | amlat@rcinet.ca

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Acceso a la justicia de mujeres indígenas y campesinas en Colombia y Guatemala es una investigación que fue co-dirigida por Luz María Londoño Fernández, del Instituto de Estudios Regionales de la Universidad de Antioquia en Colombia, con financiamiento del CRDI, el Centro de Investigación para el Desarrollo  Internacional de Canadá. Tomaron también parte en este trabajo un grupo de investigadoras de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales, de la Universidad Javeriana de Bogotá, y otro del Equipo de Estudios Comunitarios y Acción Psicosocial (ECAP), de Guatemala.

Grupo de investigadores con Markus, del CRDI, en Atanquez © Paola Andrea Díaz Bonilla
La investigación se centró  en las estrategias y  mecanismos de acceso a la justicia de mujeres indígenas y campesinas en zonas de conflicto armado como en Colombia o de transición a una situación de posconflicto como en Guatemala.
La investigadora destaca  que los impactos del conflicto en poblaciones campesinas e indígenas son innegables y que las mujeres sufren además el flagelo de la violencia sexual. Y a eso dice, hay que agregarle el silencio, motivado por el miedo, la amenaza.

nullTendrán que pasar años en Colombia para que se conozca la magnitud del problema de la violencia sexual contra las mujeres durante el conflicto armado. Porque las mujeres quedan silenciadas por temor a la violencia, al repudio de sus comunidades y por temor a represalias de los perpetradores, dado que el conflicto no ha terminado.  Son crímenes cuya real magnitud se demora años en salir a la luz.

La importancia de los procesos organizativos

Luz María Londoño Fernández  destaca el impacto que tiene en las mujeres todo proceso de organización que las lleva finalmente a su empoderamiento.  Ella indica que las mujeres de Guatemala han tenido un acompañamiento de años tanto social como jurídico, y que son mujeres muy organizadas que han sido capaces de llevar sus casos a juicio por genocidio en Guatemala. Son mujeres que se han empoderado mucho, muy persistentes en su lucha y muy apoyadas.
Lisiana Collazos en el encuentro de mujeres en Valledupar, Colombia © Paola Andrea Díaz Bonilla
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Las mujeres de Colombia, con conflictos más recientes y con menos apoyo, están menos organizadas. Y esa falta de organización y acompañamiento fracciona mucho la lucha de las mujeres.

Los investigadores identificaron y compararon las estrategias colectivas adoptadas por las mujeres para obtener reparación por la violación de su derecho a la vida, la propiedad de la tierra, la seguridad física y la integridad psíquica y moral, y formularon recomendaciones de políticas para mejorar el acceso de esas mujeres a la justicia.
El dolor de mujeres indígenas de Guatemala ©  Paola Andrea Díaz Bonilla
Luz María Londoño Fernández recibió la Medalla de Oro al Mérito de la Mujer, de la Alcaldía de Medellín por su investigación que ha permitido a las víctimas del conflicto armado hablar sin miedo.

La palabra ha orientado nuestro trabajo investigativo. Una se da cuenta en este tipo de investigaciones que trascienden con mucho la producción de conocimiento y se vuelven unos espacios demasiado importantes para la recuperación emocional y social de las mujeres víctimas de los conflictos armados. Y esto se logra justamente a través de la palabra.

Creo profundamente que Colombia debería llenarse de centros de escuchas y de procesamiento de los dolores de la guerra.


‘50 sombras de Grey’: ¿Violencia sexual?


                   El estreno de la película enciende el debate: hay quienes dicen que ‘glorifica el abuso sexual y emocional como si fuese amor’

Por:   Agencias

MÉXICO, D.F.- Con látigos y cadenas en medio de una relación sexual basada en la dominación y la sumisión, la primera entrega de la trilogía “Cincuenta Sombras de Grey”, del escritor E. L. James, parece encaminarse hacia un éxito similar al que obtuvieron los libros que han vendido más de 100 millones de copias en todo el mundo.

Su llegada a los cines estadounidenses este viernes, por contra, ha sembrado un debate nacional sobre la violencia sexual y el abuso doméstico en EU, salpicado por incidentes en la Liga de Fútbol Nacional y la Universidades del país durante 2014 que provocaron un mensaje de Barack Obama en contra de la violencia de género durante la última ceremonia de los premios Grammy.

Por su parte, la protagonista femenina del filme, Dakota Johnson ha dicho que los espectadores deberían ver la película antes de llegar a esa conclusión mientras que la directora, Sam Taylor-Johnson, ha destacado que siente que ha “empoderado a esta mujer” y le ha dado “la última palabra” de una forma “muy clara”.

“50 dólares, no 50 Sombras”

Antes aún del estreno, un movimiento de base estadounidense está pidiendo a los espectadores que envíen 50 dólares a un refugio para mujeres en lugar de ver la película, al tiempo que una liga de protección para la infancia del Medio Oeste sostiene que la película desdibuja las líneas de lo que es saludable o perjudicial en el sexo.

La historia sigue los pasos de una ingenua estudiante de 21 años, Anastasia Steele, que vive un despertar sexual en manos del multimillonaro seductor Christian Grey, de 27, que practican la esclavitud y la dominación en una relación sexual consensuada.

“Se trata de un depredador con experiencia que es un acosador, un abusador y un sádico, focalizado en una mujer mucho más joven”, ha explicado el profesor de sociología en Wheelock College de Boston y fundador del movimiento ‘50 dólares, no 50 Sombras’, Gail Dines, que ha matizado que se trata de ‘un cuento de hadas en el sentido de que no es ral’ pero, en realidad, ‘es una historia de horror que viven muchas mujeres’”.

La reacción se organiza en las redes sociales

Los principales grupos en defensa de los derechos de la mujer han permanecido en silencio. Sin embargo, hashtags como #50SombrasesAbuso han ganado adeptos en Twitter y los detractroes de la película están utilizando las redes sociales para organizar protestas en cines locales.

La Liga de Protección de la Infancia de Minnesota dijo este miércoles que la película “glorifica el abuso sexual y emocional como si fuese amor” y ha lanzado la campaña ‘50 Sombras, la promesa’ para ofrecer recursos a los padres para que disuadan a sus hijos en su intención de ver la película.

Asmismo, el grupo británico “Cincuenta Sombras es abuso doméstico” tiene previsto manifestarse en la premier de la película este jueves en Londres y está animando a sus adeptos a boicotear la película y donar el precio de la entrada a organizaciones para víctimas de abusos.

A pesar de la controversia, la web Boxoffice.com proyecta que la película obtendrá 89 millones de dólares en su primer fin de semana en Estados Unidos y Canadá, lo que será un récord para el puente del Día del Presidente. 

¿Qué dice la crítica?

Justin Chang, uno de los críticos de Variety, ha dicho sobre la adaptación de la novela erótica de E. L. James que no le parece del todo inteligente. “Sin embargo, en muchos aspectos es una mejora significativa de la novela. El elenco es brillante, pero llega a convertirse en un lastre”, ha opinado Chang que compara esta cinta con Nueve semanas y media.

“Es un ejercicio muy cuidadoso que gestiona la excitación mucho mejor que otras películas para adultos. Sin embargo, la provocación es demasiado leve para los tiempos que corren”, concluye el periodista de Variety.
El New York Post ha otorgado a 50 Sombras de Grey 3 de 4 estrellas y la ha calificado de “humeante”, “cursi” y “obligada a complacer”. “Lejos han quedado los aspectos más terribles del libro”, ha escrito Sara Stewart en el Post. Para ella la mayor sorpresa es que Ana y Christian han desarrollado sentido del humor y que la película en ningún momento pretende ser otra cosa que lo que es: “Una película de porno suave para señoritas”.

La crítica más vehemente la encontramos en Fox News de la mano de Justin Craig que compara al protagonista Christian Grey con el secuestrador de Cleveland Ariel Castro. “La diferencia entre el galán enigmático Christian Grey y Ariel Castro es un traje gris y unos cuantos miles de dólares”, sentenció Craig en Fox.

“El resultado es un aburrido calabozo sexual a menudo denigrante. Esta película, sin duda, hará mucha taquilla el día de San Valentín”, concluye el periodista de la Fox.

Sheri Linden de The Hollywood Reporter dice que la película es a la vez “empalagosa y provocativa”. Elizabeth Weitzman, en The New York Daily elogia a la directora: “Lo que mejor hace Sam Taylor Johnson es crear la atmósfera equilibrada para cada acción”.

Juego escolar causa alarma

Un grupo de padres de Pensilvania en EU están furiosos porque se repartieron juegos para adivinar palabras a sus hijos de secundaria basados en la novela erótica “50 Sombras de Grey”.

Los estudiantes recibieron los juegos, conocidos popularmente como sopa de letras, con términos que incluyen “nalgadas”, “sumiso”, “esposas de cuero” y “esclavo”. Las autoridades del Distrito Escolar de Monessen dijeron que no sabían quién entregó los juegos o cuántos estudiantes los tenían. Los padres se quejaron el martes por la noche en una junta escolar.

La superintendente Leanne Spazak dijo que están investigando el incidente.

Amar sin violencia

“La historia enseña a las mujeres que el dolor y la sumisión son eróticos, y a los hombres que las mujeres quieren un hombre que las controle e intimide. La gente es libre de ver o no una película que no solo no tiene nada que ver con el amor, sino que disfraza como amor tanto a Grey como a sus sombras personales. 

“Quizás merezca la pena no contribuir al negocio de tanta sombra. Una manera de denunciar la violencia contra la mujer podría ser también el boicot al filme.

“Es poco eficaz hablar de tolerancia cero frente a la violencia contra la mujer si a la vez se hace tanta publicidad sin crítica a una película que convierte dicha violencia en una fantasía sexual, un producto de consumo sexual”, escribió Jokin de Irala en el sitio Aceprensa, la cual se ha viralizado en redes sociales.                          

La tragedia de ser una chica en India


Asesinadas o sometidas al tráfico humano

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Se dice que India es “el país más peligroso del mundo para ser una chica”, una controvertida conclusión de las Naciones Unidas basada en varias estadísticas sociales desazonantes arraigadas en los prejuicios de género y de casta, cuyos orígenes se pueden rastrear en la mayoría de los casos en el colonialismo del siglo XVIII y en la destructiva metodología del “divide y vencerás” empleada por los británicos.
En todo el país y a lo largo de toda la escala de clase y de casta la alegría de la paternidad o maternidad está condicionada por el sexo del bebé. Si nace un niño, toda la familia se alegra; si nace una niña, la familia siente ansiedad y desilusión. La única razón de ello es económica: cuando las chicas se casan (aproximadamente un 70% de los matrimonios siguen siendo acordados en India), la familia de la novia debe pagar una cantidad de dinero a la familia del novio, tanto si puede pagarla como si no. Se trata del tristemente célebre sistema de dote, un corrupto método ilegal de explotación financiera y de violencia que, como muchas otras cosas en este extraordinario país, está santificado por las aguas de la tradición y de la cultura (un término manipulado que a menudo se emplea para mantener un condicionamiento social perjudicial y resistir al cambio), y que fue prohibido por el gobierno indio en 1961. Y, sin embargo, como tantas declaraciones legislativas liberales de intención, el sistema de dote continúa incólume. 

Sigue sin aplicarse la “Ley de prohibición de la dote” que estipula claramente que cualquier persona que dé o reciba una dote se enfrenta a cinco años de cárcel y a una fuerte multa. En 1986 se añadió una enmienda que estipulaba que todo caso de muerte o de violencia contra una esposa en los siete primeros años de matrimonio se trataría como violencia de dote. La indiferencia, la apatía y la corrupción abundan en todas las áreas de los muchos y variados departamentos y oficinas del gobierno. La gente no confía en la policía ni en el sistema judicial y a consecuencia de ello, no se denuncia la inmensa mayoría de los crímenes de dote, lo mismo que todos los crímenes contra las mujeres. 

Orígenes coloniales corruptos

Cuando los británicos fueron entronizados en India promulgaron diferentes normas para controlar y dividir a la población. Dos de estas herramientas legislativas de represión se asientan en las venenosas raíces del sistema de dote y más ampliamente de la violencia de género. En 1793 el Gobernador General Británico Lord Cornwallis introdujo “el Acuerdo Permanente de Bengala”, una ley conocida como el Código Cornwallis. En los Estados afectados proporcionó un medio para recaudar impuestos y en muchos casos permitió por primera vez la propiedad privada y la mercantilización de la tierra (“Teóricamente, la tierra pertenecía al rey y no se podía desalojar a nadie de ella”, afirma Veena Talwar Oldenburg en Dowry Murder: The Imperial Origins of a Cultural Crime). Los británicos esperaban que el Acuerdo fomentaría una buena administración entre los terratenientes y fortalecería la precaria economía agraria. 

Sin embargo, se incrementó la división social, se maltrató y explotó a los campesinos que estaban a merced de los terratenientes, la propiedad de la tierra se volvió hereditaria (y, por lo tanto, exclusiva), el pago de tasas se hizo obligatorio sin tener en cuenta la abundancia o el hambre. Antes de esta ley injusta se permitía que el consejo comunal (Panchayat) se quedara con un 10% de los ingresos de los impuestos para utilizarlo a beneficio de sus habitantes. El pueblo “funcionaba basándose en un sistema de reciprocidad que actuaba como un elemento de cohesión social. Después de este cambio [impuesto por los británicos], un hermano ya no quería compartir nada con otro hermano”[, señala Veena Talwar]. ¡Divide y vencerás!

Al mismo tiempo, la falta de visión de futuro, la codicia y el desconocimiento de la sociedad india por parte de los británicos permitieron que se aprobara una ley que prohibía a las mujeres poseer tierra y propiedades. Al otorgar a los hombres tanto derechos exclusivos sobre la tierra y las propiedades como la responsabilidad del cobro de impuestos e ingresos se creó un fuerte desequilibrio entre ambos géneros, se marginó a las mujeres y se instauró al varón indio como sujeto jurídico y social dominante, lo que creó el país patriarcal que conocemos hoy.

Esto supuso un mazazo para las mujeres. En los tiempos anteriores a la colonización habían participado en los acuerdos sobre la posesión de la tierra y es de suponer que elegían a sus maridos, recibían y conservaban la dote, la cual se describía “en la década de 1870 como una colección de regalos voluntarios, entre los que había joyas, artículos para la casa y dinero ofrecidos a la novia por la familia y amigos en la boda de la chica”[, afirma Veena Talwar]. Esto proporcionaba independencia económica a las mujeres, al tiempo que creaba un fuerte grado de equilibrio social. Con los cambios en los derechos de propiedad, los hombres y sus familias consideraron a las chicas y las mujeres (futuras esposas) como ingresos potenciales, se creó la codicia y la división social, y los chicos se convirtieron en una baza financiera y las chicas en una carga económica. “El recién revalorizado valor de los hijos hizo que las familias exigieran dinero, joyas o caros bienes de consumo duraderos, y esta situación ha ido empeorando continuamente”, afirma claramente Veena Talwar.

Como se les negó todo acceso a los recursos económicos, muchas mujeres se quedaron sin hogar, todas ellas se volvieron completamente dependientes de sus maridos y en el caso de padecer malos tratos de sus maridos o de tener algún conflicto con ellos no tenían posibilidad de recurrir a la ley. A consecuencia de ello se desencadenó una corriente de abusos sociales basados en el género y la casta que hasta el día de hoy causa estragos por todo el país y provoca un sufrimiento extremo a millones de chicas y mujeres.

Aunque en 1956 se reformaron las leyes que regulaban la herencia, hasta 2005 no se estableció por ley la paridad entre hombres y mujeres. Con todo, debido a la escasa educación solo un 22% de las mujeres conocen su derecho legal a heredar tierras y propiedades, según cifras de ONU Mujer* . 

Efectos devastadores

Una compleja serie de consecuencias interrelacionadas tiene su origen en las injusticias sociales perpetradas contra las mujeres jóvenes en el siglo XVIII: aborto de los fetos femeninos, infanticidio, tráfico de mujeres, matrimonios forzados y todo tipo de abusos sexuales, incluida la violación, dentro tanto en el hogar como en la comunidad, así como el abandono por parte de los padres y la servidumbre doméstica.

Debido al hecho de que se considera que las chicas son una carga económica y los chicos una fuente de ingresos, en India se ha abortado a millones de fetos femeninos y asesinado a millones de niñas, lo que supone infanticidio de niñas o generocidio. The Lancet calcula que cada año se abortan en India 500.000 fetos femeninos. A consecuencia de ello, “se calcula que en India ‘han desaparecido’ entre 25 y 50 millones de mujeres, si se compara con la proporción de mujeres de la población de otros países”, según BBC. Unicef da la escalofriante cifra de 10 millones de chicas asesinadas por sus padres en los últimos treinta años.

El infanticidio (el asesinato intencionado de un niño o niña en el primer año de su vida) es ilegal en todo el mundo. Los británicos lo prohibieron en India en 1870, pero es una práctica extendida (la ONU calcula que se produce en un 80% de los Estados indios) y con la introducción de las ecografías en la década de 1980 este crimen bárbaro no ha hecho más que aumentar. Es ilegal que las clínicas o los médicos digan a los padres el sexo del feto, pero muchos lo hacen. Si es una niña, su suerte es incierta y si es un niño los padres sienten alegría y alivio. Cuando el gobierno colonial prohibió el infanticidio señaló que las dos causas principales de este acto inhumano “eran el orgullo y el bolsillo. ‘El bolsillo’ se refería a la dote, ‘el orgullo’ al orgullo de las castas y tribus superiores que preferían asesinar a las niñas a entregarlas al grupo [casta o tribu] siquiera en matrimonio” [, afirma Veena Talwar].

Las niñas que sobreviven al embarazo y cuyos padres las conservan suelen padecer malos tratos y falta de cuidados. Muchas de ellas están desnutridas (según datos de Unicef, India tiene las cifras más altas de desnutrición infantil del mundo) y se les niega la atención médica. A las niñas se les da de mamar menos tiempo y menos cantidad “porque temen que si se las alimenta bien llegarán antes a la pubertad y a un matrimonio costoso. Mientras que a los niños se les lleva rápidamente al hospital, en el caso de las niñas enfermas se espera porque sus familias no tienen el mismo interés en que sobrevivan”, afirma Ranjana Kumari del Consejo para Investigación Social. Si hay escasez de comida, son las chicas quienes se quedan con hambre y padece desnutrición que a menudo suele acabar en anemia y raquitismo los cuales, a su vez, son causa tanto de la muerte de madre e hijo como de la falta de peso en los recién nacidos. 

Los padres de las chicas son reticentes a enviarlas a la escuela ya que temen que si la escuela está lejos de casa y los maestros son hombres padezcan ataques sexuales con lo que se suelen quedar en casa y se las obliga a ocuparse de las tareas domésticas. Esto ha llevado a que India tenga unos de los niveles más bajos de alfabetismo femenino del mundo, un 67%, frente a un 82% en el caso de los hombres. La falta de educación afecta directamente a la capacidad para criar bien a los hijos y provoca que estos reciban escasa atención. Una consecuencia del analfabetismo es la desnutrición y un alto índice de mortalidad infantil ya que las madres no entienden ni practican aquellas conductas que promueven una buena salud, como la inmunización y una buena higiene personal. 

Asesinadas o sometidas al tráfico humano

UNICEF afirma que el asesinato de las bebés ha llegado a unas proporciones genocidas. Es una práctica común “desde hace mucho tiempo en India central, donde las madres solían alimentar a las niñas con sal para matarlas”[, señala Veena Talwar]. Se utilizan otros muchos métodos horribles de asesinato, muchos de los cuales se remontan al siglo XVIII: llenar la boca de la bebé con granos bastos de arroz lo que provoca que se ahogue y muera, envenenamiento, utilizar productos químicos orgánicos o inorgánicos, ahogamiento, asfixia, matar de hambre y romper la columna vertebral, lo mismo que enterrar vivas a las bebés. Es de creer que el acto criminal de infanticidio es traumático para los padres, que se enfrentan a un distorsionado sistema de dote basado en la explotación y la codicia, y no ven más salida que asesinar a sus hijas y por millones, lo que provoca en todo el país un grave desequilibrio de géneros con consecuencias atroces. Según The Huffington Post, en 1991 “había 947 chicas por 1000 chicos”, en 2012 “la cifra descendió a 914 y según ciertas fuentes la cifra desciende hasta 700 chicas por cada 1000 chicos en todo el país. Los estado de Punjab y Haryana en el norte están particularmente afectados”. Según la BBC, “tienen el índice más alto de niñas desaparecidas al nacer. Las ciudades ricas y modernas como Delhi, Chandigarh y Ahmadabad tienen los peores índices” y en unos 3.600 pueblos de Gujarat, “hay menos de 800 niñas por cada 1000 niños menores de seis años”, según The Telegraph. En un pueblo hay cuatro chicos por cada chica.

Este desequilibrio regional provoca cada año el secuestro y tráfico de decenas de miles de chicas y mujeres jóvenes desde un Estado en el que relativamente hay más chicas (Bengala Oeste, por ejemplo, donde en 2011 desaparecieron más de 11.000 chicas) a otra parte del país donde haya déficit debido al infanticidio femenino endémico. Y las cifras aumentan. Se secuestra a mujeres jóvenes, a menudo adolescentes, se las aleja cientos de kilómetros de casa y se las obliga a casarse (y a menudo a ser ‘compartidas’ por hermanos) o se trafica con ellas para entregarlas a la prostitución, como Rukshana, que contó a la BBC cómo había sido secuestrada por tres hombres cuando iba a la escuela. “Me enseñaron un cuchillo y me dijeron que me cortarían en pedazos si me resistía”, afirmó. Después de un espantoso viaje de tres días llegaron a una casa en el Estado indio de Haryana al norte donde Rukhsana fue vendida a una familia de cuatro miembros, la madre y tres hijos. No se le permitió salir durante un año. Afirma que el mayor de los tres hijos, que se llamaba a sí mismo su “marido”, la humillaba, la pegaba y violaba rutinariamente.

Millones de chicas como Rukshana son las víctimas inocentes de unas prácticas sociales corruptas que se remontan al siglo XVIII, prácticas que una sociedad fuertemente patriarcal ha manipulado para controlar y suprimir a las chicas y a las mujeres, especialmente a las que pertenecen a las castas inferiores. Todos los sistemas y convenciones sociales en la India fluyen entorno a un núcleo divisivo fundamental que es la casta y las mujeres dalit y advivasi (indígenas) lo padecen especialmente.

El sistema de dote se arraiga en el centro podrido de muchos de los problemas interrelacionados a los que se suelen enfrentar las chicas, las mujeres y las familias. Aunque es difícil acabar con las llamadas prácticas culturales antiguas (independientemente de lo destructivas que sean), es evidente que el trato criminal que padecen las chicas y las mujeres en India es una crisis nacional y exige que se emprendan urgentemente acciones. Se debe acabar con la exigencia de la dote (también es la principal causa de la escalada de suicidios entre los pequeños agricultores). La dote no es sino una extorsión financiera, es un acto criminal que debería ser considerado como tal y habría que llevar ante los tribunales a las familias que insisten en que se pague la dote. El gobierno indio aprueba alegremente todo tipo de leyes, pero hasta que no haya voluntad política de hacerlas cumplir siguen siendo simples gestos carentes de significado.

* ONU Mujer es la entidad de la ONU para la Igualdad de Género y el Empoderamiento de la Mujer creada en julio de 2010 por la Asamblea General de las Naciones Unidas. (N de la t.).

Graham Peebles e s periodista freelance y director Create Trust. Su correo es: [email protected]