3/15/2026

Teatrocracia, armas y petróleo

                            

"Es falso el argumento que usa Trump de su supuesta intención de combatir a los cárteles".

Narra en sus libros el periodista polaco Ryszard Kapuscinski la vida de un controversial emperador que se hacía llamar Rey de Reyes, el Elegido de Dios, Su Majestad Imperial, que hacían creer a los demás que su sola mirada era un regalo, que para ostentar una superioridad a ojos de sus súbditos tenía en su corte en nivel de ministro a un encargado de colocar un cojín en el trono donde él habría de sentarse porque, al ser de estatura baja, los pies le quedaban colgando; que tenía también un Ministro de la Pluma encargado de apuntar todas sus órdenes y disposiciones, y a quien hacía responsable de la equivocación cuando esas decisiones resultaban impopulares. Parte de su escenografía del ejercicio del poder era la presencia de cortesanos que le decían si a todo más allá de lo racional.

Recordé a este personaje al escuchar el mensaje de Donald Trump en su reunión de Florida en que anunció lo que su gobierno define como “Escudo de las Américas” y los zalameros mensajes de los jefes de Estado de países de centro y Sudamérica que llegaron a rendirle pleitesía mientras él les insultaba por hablar el idioma que él no entiende y ellos le pedían perdón por hablar tal idioma.

Llegaron Javier Milei de Argentina, Nayib Bukele de El Salvador, Daniel Noboa de Ecuador, Santiago Peña de Paraguay, Luis Abinader de República Dominicana, Rodrigo Chaves de Costa Rica, José Raúl Mulino de Panamá, Mohamed Irfaan Ali de Guyana, Nasry Asfura de Honduras, Rodrigo Paz de Bolivia, Kamla Persad-Bissessar de Trinidad y Tobago, y José Antonio Kast de Chile, gobiernos de derecha alineados con el trumpismo.

En esa reunión, como puesta en escena de la teatrocracia, Trump les hacía saber que lo que ellos son, se lo deben a él: “debería cobrar por mi apoyo”, sugirió a manera de broma, subrayando el injerencismo ejercido en esos países disfrazado de coincidencia ideológica.

A la espera del aplauso y halago de parte de quienes allí le acompañaban para validar sus políticas injerencistas, Trump redefinía la geopolítica como un sistema de transacciones donde la soberanía de los aliados quedaba subordinada a su validación, y usó el escenario de Florida para recordarle a esos jefes de Estado su papel de subordinados.

El imperialista que se siente emperador, se dice merecedor del Nobel de la Paz porque dice haber resuelto guerras y conflictos, pero en realidad va por el mundo generando insidia, provocando guerras, derramamiento de sangre y muerte.

Comenzó con bombardeos a embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, que suman 146 personas muertas en 43 ataques. Luego mandó secuestrar al Presidente en funciones de Venezuela y lo llevó a cortes estadounidenses bajo cargos de liderar un supuesto cártel de los soles que –después reconocieron las propias autoridades estadounidenses– no existía, pero para entonces, ya Trump había anunciado que tomaría control del petróleo de Venezuela, que proporcionalmente tiene las mayores reservas probadas, el 18 por ciento de las reservas mundiales.

Luego desató amenazas y chantajes a sus socios de la Unión Europea en su intención de quedarse con Groenlandia.

Después, desde su fastuosa mansión en la dorada playa de Florida, declaró la guerra a Irán, con misiles que estallaron en una escuela primaria en Minab, al sur de Irán, asesinando a 175 personas, 168 de ellas niñas de entre 7 y 12 años de edad, sangre de inocentes que a Trump parece tenerle sin cuidado. Resulta indignante que mientras Melania Trump hace gira para decirse preocupada por el bienestar de la niñez y promover la película sobre su vida, su marido ordene operaciones como la que asesinó de manera impune a las niñas de la escuela Shajareh Tayyebeh en Minab.           

Human Rights Watch ha expresado que el ataque a la escuela primaria debe ser investigado como crimen de guerra, ya que, según la información, videos y fotografías que esa organización analizó, “el patrón de los ataques que impactaron de manera directa en estructuras específicas del recinto, incluida la escuela, así como los puntos de entrada de las municiones que resultan visibles en varios edificios, indican que el ataque se llevó a cabo con municiones guiadas de gran precisión, y no con armas erráticas cuyos sistemas de guiado o propulsión hayan fallado”.

En su comunicado, la organización internacional enfatiza que “las partes responsables de un ataque ilícito deben rendir cuentas y esto incluye el enjuiciamiento de toda persona responsable de crímenes de guerra”; sin embargo, hasta ahora el gobierno estadounidense ha evadido su responsabilidad e incrementó los ataques en territorio iraní que suman más de mil personas muertas.

Los ataques han arreciado en Irán, que es además otro de los países que encabeza la lista de mayores reservas probadas de petróleo.

Trump, el generador de guerras hizo su anuncio más reciente llamándolo “Escudo de las Américas”. Las contradicciones comienzan desde la escenografía: en Florida, caracterizada –desde hace décadas– por ser refugio de dineros con origen criminal y grupos mafiosos a nivel internacional, Trump y su gobierno anuncian una supuesta cruzada contra los cárteles de la droga, que tendría como estrategia operaciones bélicas militarizadas en todo el continente.

Es falso el argumento que usa Trump de su supuesta intención de combatir a los cárteles. Tendría que comenzar por frenar la comercialización y tráfico de armas a México, porque entre el 75 y 80 por ciento de las armas que usan los grupos criminales provienen de la industria armamentista estadounidense.

De manera que en ese país tendría que comenzar por frenarse el flujo de armas ilegales y el lavado de dinero. No lo hará, porque las armas son negocio de empresas estadounidenses financiadoras del Partido Republicano, y el dinero criminal se lava en la economía y circuitos financieros estadounidenses, ya que además en varias de sus regiones y territorios insulares opera como paraíso para esos recursos de origen ilícito.

En su trato a los grupos criminales del narcotráfico, Estados Unidos se ha manejado siempre con un doble discurso: porque las negociaciones que hace con narcotraficantes extraditados son de quedarse con parte de la fortuna acumulada en esos negocios criminales y tener información para los fines que al gobierno de ese país convengan, sin una acción real para desmantelar estructuras criminales, ni las financieras que conforman los circuitos de lavado de dinero, ni mucho menos las de abastecimiento de armas que llegan a manos de esos cárteles.

Lo que se está fomentando es la economía de guerra. El negocio de las armas estadounidense se ha colocado en máximos históricos con un 43 por ciento del mercado mundial.

Se trata de un mercado multimillonario en el que ni a la industria ni a quienes comercializan las armas no le interesa si los compradores son ejércitos formales, ejércitos regulares, o criminales, tampoco el daño que estos pueden generar.

Lo que a Trump le interesa es hacer crecer aún más la industria armamentista estadounidense. Como parte de esos planes de expansión, en febrero firmó una orden ejecutiva relacionada con la estrategia de transferencia de armas, para eliminar las restricciones que durante el gobierno de Biden se habían establecido, al tiempo que se anunció que el gobierno estadounidense venderá de manera más activa armamento y “servicios de defensa” a gobiernos extranjeros y que la industria armamentista incrementará significativamente su producción.

En ese contexto se enmarca el anuncio de su “Escudo”, en que pretende operaciones desde Groenlandia hasta Ecuador y desde Alaska a Guyana, en la reinvención de su Doctrina Donroe que llama Estrategia de Seguridad Nacional.

Con el supuesto combate a los cárteles como pretexto, sus amenazas vuelven sobre México nuevamente, que ha utilizado como botín de campaña y para tiempos en que su popularidad se desploma, como ocurre ahora, en que a toda costa ha intentado además distraer la atención pública del escándalo de los archivos Epstein declarándole la guerra a medio mundo. Aunque ahora, por la crisis que en términos económicos vive su país, sus guerras parecen no convencer a la mayoría de los estadounidenses: las encuestas indican que sólo el 27 por ciento aprueba las acciones militares contra Irán.

La popularidad de Trump se desploma. Lo que crece es el negocio de la guerra, un negocio en que los ganadores son los fabricantes y los traficantes de armas, una industria lucrativa y boyante, el negocio de la muerte.

Ana Lilia Pérez

Periodista, escritora, analista, profesora de periodismo en la UNAM. Se ha desempeñado como periodista de investigación y analista en diversos medios de comunicación nacionales e internacionales. Es a... Ver más

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