8/22/2011

Una vista al drama de la deuda


Samuel Schmidt
schmidt@mexico.com


Tenga usted cuidado de los análisis que comparan su deuda personal con la de los estados, que ni siquiera son de los gobiernos. En primer lugar no es la misma lógica de ambos momentos, ni la misma racionalidad y tampoco representan la misma presión aunque ambas parten del mismo principio: uno pide prestado cuando no le alcanza con sus ingresos y piensa que en el futuro su situación va a mejorar y podrá pagar. Los gobiernos se endeudan pensando en el largo plazo.

La próxima generación debe pagar los préstamos de hoy, aunque se deben poner las bases para que se produzca en el futuro y se pueda pagar. Si un gobierno pide prestado para hacer un puente, la mejoría en las comunicaciones generará actividad económica para que en el futuro se paguen más impuestos de donde se pague el puente.

Si todo está tan bien pensado, ¿por qué los gobiernos caen en situaciones de bancarrota? Simplemente porque no hay sistemas perfectos y hay actores político-económicos que dan al traste con el mejor diseño aprovechando egoístamente las oportunidades.
La política fiscal tiene dos grandes apartados: ingresos (impuestos, servicios, multas) y egresos (gasto –sueldos y salarios-, inversión –construir puentes-, servicio a la deuda).

Si las predicciones económicas se mantienen la gente puede pagar los impuestos calculados por el gobierno, pero no todos son conscientes de cumplir con esa obligación y evaden su responsabilidad; mientras más crece este grupo más desajuste existe; si las políticas no varían las previsiones del gasto, se mantiene la planeación, pero si un gobierno decide, por ejemplo, hacer la guerra, desajustara la planeación del gasto.


Como todos los sistemas humanos son imperfectos, hay que considerar que un gobierno puede desquiciar lo previsto, por ejemplo, puede hacer crecer demasiado la burocracia de alto nivel, la que recibe altos salarios, beneficios elevados (pago de celulares, ayuda para renta, seguros médicos, bonos especiales, vehículo, gastos de representación –un secretario de Hacienda de México se hizo construir un gimnasio y tenía gastos de comida de alrededor de 300 dólares diarios) y puede generar actividades (guerras) que desajustan la economía. Tomemos el caso de la seguridad social en Estados Unidos.

Durante el nuevo trato (new deal) se creó una política de bienestar que se ha ido ampliando. Haber generado el seguro de desempleo era muy inteligente, el gobierno asistía a los desempleados, frenaba la caída en la calidad de vida, y lanzaba dinero al mercado para evitar una espiral descendiente que generara más contracción económica, más desempleo y menos impuestos.
Pero cambió la dinámica económica mundial.

Los productores estadounidenses fueron a buscar mano de obra barata para conquistar al mercado mundial, generaron desempleo, menos impuestos y más gasto de bienestar, mientras que el gobierno tenía que educar gratuitamente a sus hijos y a los de los desempleados que quedaban detrás, así como continuar la asistencia de salud (mental en muchos casos para cubrir los estragos de las varias guerras y que le dieron a ganar una fortuna a la industria bélica). Esto se complicó con la llegada a edad de jubilación de una generación masiva de la posguerra (baby boomers) que reclamaba los fondos para retirarse que había generado en su vida productiva.


Cuesta trabajo determinar un solo factor de desequilibrio, varios analistas se inclinan por las guerras. La guerra ayuda a producir productos de destrucción rápida que requieren reposición. La segunda guerra mundial ayudó a sacar a Estados Unidos de la recesión de 1929 porque ayudó a reconvertir la economía, pero las guerras de este siglo, no reclaman grandes contingentes de trabajo porque son de alta tecnología, generan un peso desmedido sobre el gasto público, sin que ayuden a compensar con una masa de consumidores o de impuestos que permita equilibrar porque le pagan excesivamente a sus ejecutivos.


En los impuestos está una de las claves. Warren Buffet dice que se ha apapachado a los ricos, los que encuentran las vías de la exención o evasión de impuestos, mientras que el mayor peso cae sobre los empleados, impactándose su capacidad de compra en el mercado.

Estos no son todos los factores. Hay que tomar a las calificadoras de deuda que tienen todo menos objetividad y generan impactos indeseados y desafortunados. En el peor momento de la crisis griega se apresuraron a degradar la deuda griega apresurando la crisis. Esa calificación obliga a que los gobiernos tengan que pagar mayores intereses para colocar sus bonos. Ya hoy ciertos gobiernos sospechan que no son del todo limpias, o se equivocan o tienen intereses ocultos.

Esta crisis debilitará gobiernos, dañara sociedades, afectará a la democracia y consolidará a los que más tienen, pero que carecen de corazón, solidaridad y compromiso nacional y propiciará polarizaciones tan graves como las que ya vemos en Europa.

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