2/06/2016

Invisibles necesidades de las refugiadas en la ayuda humanitaria


   No se garantiza la protección de su dignidad en Europa: ONU

“El avance del Estado Islámico (EI) me aterraba. Me despedí de mi esposo y vendí el negocio para escapar con mi hija. Deseaba que ella pudiera continuar sus estudios de Derecho y que tuviera una buena vida en paz. Luego de años de conflicto e inestabilidad en Siria, todo eso se ha tornado imposible”, dice Sawsan, de 48 años y oriunda de Hama, Siria.

Ella se encontraba en la frontera entre Grecia y la ex República Yugoslava de Macedonia, esperando en la fila con su hija Rafa y miles de otras personas que buscan asilo, en el centro de recepción para refugiados de Gevgelija. Ha transcurrido una semana desde que escapó de su hogar asolado por la guerra en busca de seguridad y un futuro mejor.

Sawsan y su hija se encuentran entre los más de un millón de personas migrantes y solicitantes de asilo provenientes de los países más devastados por la guerra que emprendieron camino por mar hacia Europa Occidental en 2015.

Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), casi uno de cada cinco solicitantes de asilo que llegan a Serbia y Macedonia son mujeres.

Sin embargo, según un examen de género reciente efectuado por ONU-Mujeres sobre la crisis migratoria y de refugiados en ambos países, sus necesidades y vulnerabilidades específicas muy pocas veces ocupan un lugar preponderante en la planificación e implementación de la respuesta humanitaria.

ONU-Mujeres realizó un examen en octubre y noviembre de 2015 para tener una mejor comprensión de las necesidades, prioridades y factores de riesgo específicos que enfrentan las mujeres y las niñas, y el alcance en esos países de las respuestas actuales a dichas necesidades.

Durante tres semanas, informantes clave de 48 organizaciones y entidades fueron entrevistados en profundidad, entre ellos, funcionarias y funcionarios de gobierno, personal y dirigentes de organismos de la ONU, grupos civiles y organizaciones voluntarias internacionales y locales, así como mujeres y hombres migrantes y refugiados.

“Los organismos de las Naciones Unidas y organizaciones no gubernamentales han hecho un tremendo esfuerzo bajo una presión enorme para responder a la mayor crisis de personas refugiadas en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”, declara Ingibjorg Gisladottir, directora regional de ONU-Mujeres para Europa y Asia Central.

“Pero las mujeres y niñas refugiadas que se desplazan por la ruta de los Balcanes occidentales tienen necesidades, prioridades y derechos específicos referidos a la protección de su dignidad que no están siendo atendidos de forma completa”.

Los problemas específicos en el desplazamiento incluyen la separación de la familia, estrés y traumas psicosociales, complicaciones de salud, daños físicos y heridas, y riesgos de explotación y violencia de género.

Las barreras de idioma y los factores culturales, sumados a la intención de las y los solicitantes de asilo de desplazarse a través de los países de tránsito con la mayor rapidez posible, dificulta aún más la tarea de los actores humanitarios para prestar servicios esenciales, así como para identificar y asistir a los grupos especialmente vulnerables.

Una de las refugiadas a las que se entrevistó para el examen en Macedonia era una mujer de 33 años proveniente de Ihsan: “Lo más espantoso del largo viaje fue la travesía por mar, con muchísimos riesgos especialmente con dos niños”.

La entrevistada era gerente de banco antes de que los intensos ataques de artillería causaran una destrucción masiva donde ella vivía en las afueras de Damasco, la capital siria, por lo que la familia se vio forzada a huir.

Dijo que las mujeres viajan durante días, a veces por meses, y casi nunca cuentan con acceso a espacios limpios y seguros para higienizarse y descansar. Afirmó también que carecen de información sobre las rutas que toman y los servicios disponibles.

En 2015 en Macedonia y en Serbia, gobiernos locales y organizaciones nacionales e internacionales se vieron obligados a incrementar rápidamente los esfuerzos a medida que el número de personas refugiadas y migrantes aumentaba hasta alcanzar casi las 10 mil nuevas llegadas diarias.

Según estadísticas de ACNUR, desde el 1 de enero de 2015 hasta un 42 por ciento de esas personas son mujeres (17 por ciento) y niñas y niños (25 por ciento).

Algunas de las buenas prácticas que han ayudado a numerosas mujeres y niñas de ambos países son las siguientes: la identificación rápida de grupos vulnerables, entre ellos las mujeres, en los centros de registro; la distribución de kits de higiene y ropa para las mujeres; la prestación de servicios de salud sexual y reproductiva; la recopilación y elaboración de informes con datos desagregados por sexo y edad; y refugios para mujeres y bebés.

Sin embargo, pese a estas buenas prácticas con sensibilidad de género, el examen encontró que la planificación de las respuestas, los servicios, la capacidad de protección y la información aún no alcanzan para atender las necesidades de las mujeres y las niñas y abordar sus vulnerabilidades diferenciadas.

En particular, destacó la necesidad de ampliar o establecer servicios específicos para mujeres y niñas, incluyendo un mayor seguimiento de la protección; la prevención de la violencia de género y los servicios de respuesta; el apoyo psicosocial y asistencia psicológica para traumas; espacios exclusivos para mujeres; capacidad local de registro en los centros de tránsito, y puntos de entrada para poder recolectar datos pormenorizados desagregados por sexo y edad; y servicios de salud sexual y reproductiva disponibles las 24 horas en los centros de tránsito y recepción.

*Este artículo fue retomado de la agencia internacional de noticias Adital.

Foto: UNPhoto/MarkGarten
Por: la Redacción*
Cimacnoticias | Fortaleza, Bra.-

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