5/21/2011

“Sólo Mujeres” y la muy institucional incorrección política: respuesta a Jordy Melendez

Los papeles se han invertido: ahora la incorrección política es la corrección política y a la inversa. Desde el momento en el que se discutió la pertinencia de las acciones afirmativas en Nexos, una serie de lecturas “críticas” han vociferado su descontento. Tenemos una amplia gama de posiciones que empezaron en el naturalismo y que ahora en una reacción cibernética al número de Nexos Solo Mujeres, considera “feminismo meramente anecdotario”, la experiencia privada del género. Parecen omisos estos insurrectos de lo políticamente incorrecto a que en su argumento, existe el supuesto más políticamente correcto del espectro de lo políticamente correcto; un argumento que ha sido esgrimido para evadir legislar sobre los abusos violaciones de maridos a sus esposas, por ejemplo. Su argumento traza una línea rígida e intransitable en la que de un lado está lo político y del otro lo privado; en el primer lugar lo público y del otro lado las preferencias, como el producto estructural de lo biológico o de lo definido como propiamente político. Para que merezcan el privilegio de ser discutidos en el ámbito de lo público los asuntos deben pertenecer a lo constituido como el ámbito de lo institucionalmente político, dicen. Por ejemplo, la evasión de impuestos del trabajo domestico, la configuración demográfica de las familias, la representación de los partidos políticos. El ámbito de lo público y lo político es equiparado con lo institucional. Hay que desterrar de la discusión política la experiencia privada, parece decir el argumento, “hay que ponerla en términos de políticas públicas”. ¿Hay algo más políticamente correcto que eso?

Está de moda la incorrección política así que ahí les va una: los asuntos privados, de hombres o mujeres, de niños o de ancianos, de empleadas o patronas, de género o de teoría queer implican una inescapable relación de poder que no puede decirse que no sea política. En contraste, su argumento es poco convincente en tanto que plantea una línea rígida de lo que es apropiado a ser discutido públicamente y lo que no. La experiencia privada es parte de lo anecdótico, argumentan.

Sobre el rico artículo de Maite Azuela que describe la situación de subordinación, de dominación de clase y de género Jordy Melendez dice:

Este artículo me llamó mucho la atención por dos cosas: 1) por la forma anecdótica como inicia y se desarrolla la mayor parte del texto, y 2) porque contrario a lo que pensé inicialmente, el artículo no tocaba ninguna cuestión de ciclismo o movilidad urbana. … El artículo y la reflexión final me parecen pertinentes en el contexto del debate de la reforma laboral, sin embargo, desde que lo leí por primera vez, algo no me cuadró del todo: era muy poco espacio para un tema que podría ocupar páginas enteras, se daban pocos datos y, encima, gran parte del texto se iba en descripciones de la infancia de la autora. ¿Por qué? … Nexos se ha reconocido, entre otras cosas, por tomar mes a mes un aspecto, tema o problema nacional o internacional y darle un profundo tratamiento multidisciplinario: los homicidios en México, las clases medias, las crisis económicas y financieras, los enfrentamientos de los partidos políticos, etc. Curiosamente, en el número de abril parece que el problema a debatir no es otra cosa sino “mujeres”. No es algo más específico como “la ley de interrupción legal del embarazo a cuatro años de distancia”, ni “feminicidios”, tampoco el mencionado tema de “trabajadoras del hogar”, ni siquiera “avances y retrocesos de género en México”. No, es “mujeres” y los textos que se han pedido no son los convencionales artículos de fondo, sino ensayos anecdóticos o testimoniales sobre lo bueno, malo o regular de “ser mujer”.

Una discusión titulada “Mujeres” es insuficiente para estos críticos-acríticos, políticamente incorrectos-políticamente correctos. Para esta escuela una discusión debe predicar (es un momento pertinente para reflexionar sobre el doble significado del verbo predicar). Tal pareciera que “mujer” solamente es un sujeto en tanto que parte de un predicado institucionalmente político. Para que valga la pena la discusión debe decir algo así como “Las mujeres y los feminicidios: un asunto de trascendencia nacional” o “La violencia sexual: un problema de la república” o “Políticas públicas progresivas sobre el género y la república” o “Legislaciones de vanguardia sobre problemas de género” ¿Hay que esperar a que se mate sistemáticamente a miles de mujeres o a que sean violadas para poder “subirlo” al debate público? Cuando, como ocurrió esta semana a seis horas del DF se desnudó a una mujer y se le intentó linchar con el lema “aquí mandamos los hombres” ¿el único cargo es homicidio en grado de tentativa?

Decir que discutir la experiencia femenina es digno de la revista Cosmopolitan es muy parecido a decir que a las mujeres les corresponde la cocina o el lavadero. La misma opinión tenía Vicente Fox. Esencializan lo que corresponde a cada género, profieren cuáles son los medios adecuados para que lo acontecido, de las paredes del hogar para adentro, se considere como parte del entramado de las relaciones de poder contextuales. Me imagino que una vez que uno se cree capaz de trazar una línea radical entro lo que es propiamente político y lo que es anecdotario, entre lo biológico y lo cultural, entre las “preferencias” de los hombres y las de las mujeres, uno debe sentirse en capacidad de trazar cualquier otra línea. Por ejemplo lo propio de las mujeres y lo propio de los hombres.

Lo privado (de hombre o mujeres) es indisociable de lo público. Las “políticas públicas” están hechas para incidir en la vida privada y, en una democracia, desde la vida privada, en las sobremesas, se discuten las “políticas públicas”. La fórmula que presentan los insurrectos, nos pide bajar los codos anecdóticos de la mesa de la discusión pública: eso es corrección política y no nada más.

¿Es la primera vez que Nexos tiene números anecdotarios? ¿Por qué no se levantó una crítica igualmente airada cuando se dedico el número al tema Vivir y Beber, por ejemplo? Que no era precisamente una evaluación comparada de la eficacia del alcoholímetro en el DF y en Bogotá. ¿Por qué cuando Jorge Javier Romero publicó un inteligente y divertido artículo sobre el Viagra nadie se escandalizo de que hablara de cosas privadas? ¿Por qué para hablar de la inequidad de género hay que hacerlo en términos institucionales? ¿Solicitar esa mutación de lo anecdotico a lo político no implica una separación inconexa entre ambos? ¿Por qué para hablar de los problemas de género hay que hacer esa “traducción”? Tengo una intuición del por qué que resulta preocupante: quienes así piensan creen que la experiencia de género y la discusión política son idiomas diferentes.

¿De verdad es necesario decirlo? Existir en este mundo como hombre o como mujer, implica la experiencia de una serie de relaciones de poder que subordinan y que mandan, que norman, que predican. Cuando las avestruces meten la cara en la tierra se sienten a salvo, “si no lo veo no existe”. Del mismo modo que antes de madurar el superyó los niños se sienten seguros tras una sabana, “el mundo es todo lo que veo”. La crítica al número de Nexos tiene algo en común con esos ejemplos. Hay una línea rígida que separa y que omite, que incluye y que excluye: que constituye lo político, su adentro y su afuera. Pensar que para que las mujeres hablen de la experiencia de género lo tienen que hacer en términos formales es pensar que las mujeres existen fuera de lo político, detrás de la sábana.

Algunos economistas han hecho estudios que borran esas barreras. En un estudio tan antiguo como 1947, La Contribucion Económica de las amas de Casa que tiene su origen en otro de 1934 Economía de la producción de la casa [1], Margaret Reid borra esta radical separación entre público y privado al hacer un estimado de la producción en el espacio “intimo” y “privado” de la casa y medir en términos de dinero la actividad pública de una ama de casa.

La contribución de las amas de casa es usualmente omitida de los estimados de ingreso nacional por que no existen medios sencillos de calcularla. La de otros trabajadores es computada en dólares recibidos en salarios o de ventas de productos. Al faltar ese indicador para las amas de casa, no es extraño que los que se encargan de calcular el ingreso nacional año tras año no se quieran molestar con lo que sucede al interior de los hogares aparte de los trabajadores pagados. Estimados esparcidos se han hecho en el pasado sobre la contribución de amas de casa de tiempo completo, la mayor parte evalúa los servicios en la base de las ganancias de trabajadores domésticos. Estas medidas de salario pueden difícilmente ser entendidas como una estimado exagerado. Por medio de estas podemos estimar que las amas de casa de tiempo completo contribuyeron por 15 billones de dólares en 1940 y 34 en 1945. De cada 100 dólares de ingreso nacional reportado, estas trabajadoras contribuyeron en 20 en 1940 y 22 en 1945.[2]

La oposición radical y cualitativa entre el hogar y lo público, entre el trabajo del hogar y el de fuera del hogar, la economía informal y la formal se difumina. ¿No influyen las horas de trabajo domestico en el producto del trabajo publico? ¿Lo doméstico y lo público existen autónomamente, o son mas bien indisociables?

La experiencia humana es difícilmente limitable como pública o privada, propiamente discursiva o anecdotaria, como masculina o femenina, como solo el producto de la opresión o como lo que se surja una vez que esa opresión se reduzca. Decir esto tampoco implica una posición en la que se niegue la existencia de los procesos de subjetivación. Al hablar de género hay que tener en cuenta que no es un acto de radical autonomía pero tampoco de radical determinación.

En un famoso artículo, de Iris Marion Young, y su secuela, Lanzando como una niña y su revisión crítica Lanzando como una niña: veinte años después se puede ejemplificar esta separación con claridad. El artículo es crítico respecto de un texto que describe las “diferencias sobresalientes” entre el modo de lanzar una pelota entre una niña y un varón. Una pregunta que puede ser similar a “¿Por qué encontramos menos artículos de mujeres que de hombres en Nexos?” La variación entre mujeres de diferentes contextos hace imposible una explicación solamente biológica. La sorpresa de Young proviene del hecho de que al dudar sobre el origen de esta diferencia el autor de tal descripción la denomina sencillamente “una actitud femenina” y da por valida esa explicación. De este modo, sigue Young, el autor establece la existencia de algo esencialmente femenino. La crítica de Young en ese primer ensayo es a la falta del entendimiento del contexto histórico que condiciona la situación de género.

En el segundo ensayo, entre otras dicotomías, Iris Marion Young critica de su trabajo anterior el entendimiento del cuerpo femenino solamente como oprimido. En el entendimiento del primer ensayo, “las mujeres son inhibidas, dudosas, constreñidas, observadas y condicionadas. Las mujeres aparecen principalmente como víctimas de una cultura patriarcal que les niega la humanidad completa”. Lo que reconoce la autora es que existe una idea esencialista de lo femenino y lo masculino tanto en la descripción negativa (las mujeres en su casa contando anécdotas y llorando) como en lo que se piensa surgirá una vez que ese devele lo que hay detrás de esa opresión (cuando finalmente superemos el estereotipo y surja lo que hay detrás de la opresión, y hablen el lenguaje publico). Lo que se mantiene en la reflexión entre el primer artículo y el segundo es la porosidad en la construcción del género en la que elementos biológicos, psíquicos, sociales, culturales, históricos y económicos intervienen. Se mantiene de igual modo, y como consecuencia de lo anterior, la politicidad de la experiencia femenina.

La crítica a este número de Nexos es sumamente problemática por que plantea no solamente una distinción radical entre lo político y lo no político sino que establece cuáles son las condicionantes para que esto pre-político pueda ser debatido públicamente. No solo eso, sino al plantear cuáles son esos requisitos, mantiene esa diferencia como fundamental. Desde luego que debe haber costos de entrada y un lenguaje compartido en el debate público, el problema está en pensar que la vida privada no pertenece a ese espectro, más bien es justamente eso lo que debatimos. Visto así el argumento es idéntico al de Gonzalez de Alba. Uno sostiene la apoliticidad de la diferencia sexual, el otro la apoliticidad de la experiencia de género. El primero establece esa radical separación como insuperable, el segundo establece cuáles son las condicionantes para superar la separación.

El número de Nexos relata la diversidad de la experiencia, la cual es indeterminable como dada pero también imposible entenderla si no de modo situacional y contextual. Experiencia de la que las candidaturas presidenciales, amamantar, el doble mandato, los cuartos obscuros, forman parte. Es difícil pensar que la falta de personajes históricos femeninos que ha estudiado Gabriela Cano sea meramente anécdota, por ejemplo. A mi francamente me queda a deber el estatus de nuestra incorrección política, muy incorrecta, pero eso sí, muy institucional.

José Ahumada Castillo. Analista político.

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