COMUNICAR IGUALDAD- “Éstos no son los temas que se tratan cuando hay dictaduras y

Barreiro –que investigó en su país la represión de la dictadura de Alfredo Stroessner, que gobernó Paraguay durante 35 años, entre 1954 y 1989- comentó las dificultades de visibilización de la violencia específica de género en el marco de la complejidad y el horror de los delitos de lesa humanidad: “Optamos por reconstruir sólo dos casos de represión por año, eran 70 en total, porque habían sido 35 años de dictadura. Yo no quise hacer más porque quedé lesionada emocionalmente. Y, aun siendo yo una feminista activa, no podía visualizar de la misma forma las represiones a comunistas que las violaciones a mujeres. Es cierto que teníamos menos documentación sobre las mujeres, pero igual nos costaba”.
“Elizabeth Jelin decía que las mujeres entramos a la búsqueda de los desaparecidos por la lógica del afecto y que de esa forma entramos a la lógica política –continuó-. Pero la lógica del afecto no es poca cosa, es la lógica por la que muchas mujeres fueron objeto de violaciones a sus derechos. Y no hablo de la gran tortura, sino de cuando iban a llevar la comida y las tocaban, hubo múltiples formas de violación de los derechos humanos de las mujeres durante la dictadura. En Paraguay una mujer pobre escribió el libro Una rosa y mil soldados; ella fue esclava sexual durante el estronismo y cuenta cómo traían a niñas campesinas para servicio sexual de los jerarcas del régimen. No hay suficiente investigación sobre este tipo de cosas, sobre quiénes no eran militantes o sindicalistas, son personas que no acceden hoy todavía a reparaciones.”

Barreiro también adelantó que dentro del Comité CEDAW están terminando de armar una resolución sobre prevención del conflicto y postconflicto en la que quizá podría aparecer –por primera vez en el marco de CEDAW- la conceptualización específica de la violencia sexual en estos contextos.
Continuidad de la violencia
Rita Segato comenzó su ponencia confesando: “Quiero abandonar todo el tiempo el tema de la violencia y no lo consigo. Trato de buscar temas más felices porque una también tiene que vivir”.
Luego se refirió a las leyes sobre violencia y a la eficacia simbólica del derecho, uno de los

Y vinculando su mirada sobre la violencia al tema del evento, planteó un escenario de continuidad de la violencia desde la época de la conquista de América, vinculado a la modernidad. “Si miramos las cosas desde la perspectiva de las personas pobres y no blancas, y especialmente desde las mujeres, no hay percepción de cambio de la justicia desde la dictadura hasta el presente. No hay un ‘nunca más’. Hay una historia de violencia que viene de la conquista y permanente colonización, primero de los imperios ultramarinos y luego de los estados nacionales, en extremo patrimonialistas en su visión. Cuando la gente no blanca mira hoy al policía, a los organismos que monopolizan la violencia por parte del Estado, los ven con el mismo terror que mirábamos los disidentes en épocas de dictadura. Las democracias que tenemos son sólo las reales, posibles, y son de muy baja potencia.”
Vinculado a la continuidad de la violencia, se refirió a la existencia, en la actualidad, de “escenarios bélicos” no definidos de esa manera. “Hay que pensar en las nuevas formas de guerra que están apareciendo.
Estamos en América Latina en un escenario bélico que no tiene definición, difuso, que se expande en espacios no definidos. Brasil, por ejemplo, se presenta como un país sin guerra, pacífico, pero si se comparan las tasas de homicidios cada cien mil habitantes con las de los 12 países en estado de conflicto interno, Brasil está en segundo lugar luego de Iraq. Y ahí, en medio de esas cifras, están los números de las mujeres asesinadas cada dos horas”.
Al referirse específicamente a la violencia contra las mujeres, cuestionó las leyes sobre el tema que abordan en exclusividad los episodios que suceden dentro de los hogares. “La ley que tenemos en Brasil,
Foto de izquierda a derecha: Rita Segato, María Sonderéguer y Line Barreiro
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