Polymarket: los países que siguen
La edición digital de Bloomberg de ayer enlista los siete países que han sufrido algún ataque en el primer año del presidente estadunidense: Siria, Irak, Irán, Nigeria, Yemen, Somalia y Venezuela. ¿Quién sigue en 2026? La firma de predicciones y apuestas Polymarket, citada por Bloomberg, menciona seis países que probablemente serán atacados en 2026: en primer lugar, Irán, con 56 por ciento de posibilidades y en segundo, México, con 40 por ciento. Los restantes son: un nuevo golpe en Venezuela, 31 por ciento; Cuba, 26 por ciento; Groenlandia, 20 por ciento, y Colombia, 12 por ciento. Polymarket es una firma que tiene al hijo del presidente, Donald Trump Jr, como asesor y accionista. El mundo no se rije por predicciones y apuestas; sin embargo, la firma acertó al vaticinar el triunfo electoral de la presidenta Sheinbaum.
Los objetivos
Habrá que pensar en personajes a los que insistentemente se ha señalado por estar involucrados con el narcotráfico. Uno de ellos sería el jefe del ex secretario de Seguridad Genaro García Luna. Suena lógico que el ex presidente Felipe Calderón estuviera al tanto de sus actividades. Otro probable objetivo podría ser el Señor Mencho, Nemesio Oseguera Cervantes, líder del cártel Jalisco Nueva Generación. Las autoridades estadunidenses ofrecen una recompensa de 15 millones por su captura. Su hijo, Rubén Oseguera, conocido como El Menchito, cumple una condena de prisión perpetua en el país vecino. Algunos gobernadores y ex gobernadores de todos los partidos políticos han sido señalados por estar vinculados con el narcotráfico.
La independencia no es negociable
La presidenta Sheinbaum ya introdujo en su discurso la palabra “independencia”. Hablando en Petatlán, Guerrero, dijo:“Hay algo que no está en negociación, y eso es la independencia y la soberanía de nuestra patria”. No se trata solamente de defender los intereses comerciales del país en la negociación del T-MEC, está previendo algo más grave. Ha dado instrucciones al canciller Juan Ramón De la Fuente de comunicarse con el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y “estrechar” la relación. De estas conversaciones podría resultar un encuentro personal Sheinbaum-Trump. Hay un acuerdo en materia de seguridad entre ambos países que debe observarse.
Por otro lado, es alentador que un grupo de 72 congresistas de Estados Unidos haya hecho un llamado a su presidente para que no agreda a México por las consecuencias graves que tendría no sólo para nuestro país, sino para Estados Unidos. Es una fortuna que una mujer de convicciones firmes, amor a la patria, preparada y valiente como Claudia Sheinbaum tenga el bastón de mando en estos complejos y peligrosos tiempos para nuestro país y el mundo.
Díselo a Claudia
Asunto: Elsa Aguirre
Par de hermosas. La primera actriz Elsa Aguirre y nuestra Presidenta @Claudiashein, símbolos de lo grandioso que es ser mexicano. Abrazo fuerte a las dos.
AnaLuna @analuna74
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Alcaldesa morenista de Acapulco @AbelinaLopezR acusa que la atacan por ser popular.
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El más reciente episodio de esta índole se ha producido a partir de los instantes en que la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, habría dejado de saludar al titular de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, en un acto público. Tal hecho fue ansiosamente convertido en redes sociales en una prueba de que el gobierno claudista “se desmorona”, que los conflictos internos son ya “inocultables” y que es inminente un relevo en Bucareli.
Ayer mismo, el secretario García Harfuch puntualizó que de Rosa Icela Rodríguez sólo ha tenido “muchísimo apoyo” desde que trabajaron en el gobierno capitalino encabezado por Claudia Sheinbaum y hasta ahora en el plano federal. Dijo estar muy agradecido con ella. Pero, más allá de estas palabras, señaló algo contundente: “Ese día, yo creo, ya nos habíamos saludado unas 10 veces (...) El gabinete de seguridad empieza a las 6 de la mañana, nosotros siempre llegamos a las 5:30, y para ese momento (el del breve video que generó interpretaciones: acotación astillada) ya nos habíamos saludado varias veces”.
Por otra parte, es probable que el integrante de la administración Sheinbaum que mejores bonos esté alcanzando en la oposición sea Omar García Harfuch, el máximo jefe policiaco federal, apreciado de manera alta y temporal en parte de la élite de Estados Unidos (así sucedió en su momento con Genaro García Luna), y tempranamente mencionado como virtual precandidato presidencial para 2030.
Habrá de verse si ese coqueteo opositor con la opción más de derecha del espectro claudista (o menos progresista, si se prefiere usar otra lente; o con menos definición ideológica expresa, si se prefiere un enfoque más benevolente) se mantiene igual conforme avanza el proceso de investigación del asesinato de Carlos Manzo, quien fue presidente municipal de Uruapan, Michoacán.
Las aprehensiones y los indicios hasta ahora realizados por la secretaría federal de seguridad apuntan hacia un traicionero entorno propio y una sugerente infiltración relacionada con grupos del crimen organizado. Fue detenida y luego liberada quien fungió de secretaria particular de Manzo y posteriormente de la viuda sucesora; y ayer se informó de otras aprehensiones, entre ellas la de un ex director de relaciones públicas del citado municipio.
Con los avances judiciales reportados hasta ahora, se va erosionando la en su momento tan vigorosa campaña nacional opositora que pretendió endilgar el citado crimen a una confabulación 4T del más alto nivel. Sumamente excitados, diversos opositores (Ricardo Salinas Pliego entre ellos) corrieron a colocarse un sombrero para hacerse ver solidarios de un movimiento que ¡otra vez! supusieron que significaría el fin del régimen morenista. Y, ahora, García Harfuch…
Y, mientras Donald Trump sigue barajando desde su sitial caligulesco las siguientes opciones de agresión, ya sean en Irán, Cuba, Colombia (aunque un telefonema parecería haber instalado una pausa) o México, país éste que trataría de evitar el zarpazo directo en suelo patrio mediante mejores ofrendas en materia de crimen organizado y la gran “cooperación” con las agencias y fuerzas armadas gringas, ¡hasta mañana, con el secretario de la Defensa Nacional asegurando que “no ha habido sobrevuelos de aeronaves extranjeras en territorio nacional”!
X : @julioastillero Facebook: Julio Astillero juliohdz@jornada.com.mx
La cabeza visible del cártel de la Casa Blanca permanentemente amenaza a naciones de los cinco continentes; bombardea, invade, asesina, secuestra, saquea y lo que le venga en gana. Más allá de su constante agresión a Latinoamérica, en los últimos días apunta en cinco direcciones (que no son mutuamente excluyentes): acción militar contra México y Colombia, profundizar el aislamiento de Cuba con miras de invasión, engullir Groenlandia y aumentar la presión contra la Europa comunitaria, acciones que al final de cuentas convergen en la violación de sendos mecanismos de “defensa”, más un tratado de asistencia recíproca, de los que Estados Unidos es miembro activo.
En el caso del nuestro continente, la carta fundacional de la OEA (apéndice del Departamento de Estado) establece que “la agresión a un Estado americano constituye una agresión a todos los demás estados; si la inviolabilidad o la integridad del territorio o la soberanía o la independencia política de cualquier Estado americano fueren afectadas por un ataque armado o por una agresión que no sea ataque armado, o por cualquier conflicto extracontinental o por un conflicto entre dos o más estados americanos o por cualquier otro hecho o situación que pueda poner en peligro la paz de América, los estados americanos, en desarrollo de los principios de solidaridad continental o de la legítima defensa colectiva, aplicarán las medidas y los procedimientos establecidos en los tratados especiales, existentes en la materia”. Es decir, Trump descaradamente viola tales principios y las naciones firmantes de dicho organismo están obligadas a actuar en contra del agresor (México y Colombia son miembros activos, Cuba no y Venezuela se mantiene en una entelequia).
Lo mismo en el caso del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, 1947), el cual establece que toda agresión de un Estado contra la inviolabilidad del territorio o contra la soberanía o la independencia política de un Estado americano será considerada un acto de agresión contra los demás estados, de tal suerte que éstos deberán intervenir para la defensa común. Desde 2002, con Fox, México dejó de formar parte de este mecanismo; Colombia y Venezuela son miembros activos. Estados Unidos, sí, desde luego, pero, por ejemplo, en la guerra de las Malvinas apoyó a Gran Bretaña, no a Argentina.
En el caso de la OTAN, el compromiso fundacional estipula que las partes firmantes “acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado un ataque dirigido contra todas ellas, y en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas (…) ayudará a la parte o partes atacadas, adoptando (…) las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte”. Para estos efectos, “se considerará ataque armado contra una o varias de las partes el que se produzca contra el territorio de cualquiera de las partes en Europa o en América del Norte; las partes se consultarán cuando, a juicio de cualquiera de ellas, la integridad territorial, la independencia política o la seguridad de cualquiera de las partes fuese amenazada”.
Entonces, Donald Trump se ha pasado por el arco del triunfo el TIAR, a la OEA (que es no es novedad) y a la OTAN. Estados Unidos es fundador de esos tres organismos, y en todos los casos no sólo ha violado sus principios, sino que ha sido el agresor: recientemente, México, Colombia, Cuba, Venezuela y Panamá. Por lo que toca a la alianza atlántica, el delirante cherife naranja viola el acuerdo fundacional y agrede a Dinamarca (Groenlandia es nación constituyente de esta nación y el rey Federico X es su jefe de Estado).
En el papel, los países de América y de la Europa comunitaria deberían actuar en consecuencia para detener la enloquecida carrera emprendida por el magnate que devino en inquilino de la Casa Blanca. Pero no: cada cual intenta defenderse en lo individual y como pueda. ¿Hasta cuándo?
Las rebanadas del pastel
Tic, toc: a Salinas Pliego le restan 19 días para pagar los impuestos.
El oro y la plata, metales considerados de refugio (relativo) ante la inestabilidad cambiaria cumplen ya una década de revalorización casi constante y con un disparo espectacular en 2025, año en el que el oro pasó de 2,641 dólares la onza a 4,341 dólares, una ganancia de 64.37%; y la plata de 29.24 dólares la onza a 70.60 dólares, una ganancia de 141.46% (gráfico 2).
El dólar tuvo en 2025 un mal año cambiario (aunque dio competitividad a los productos y servicios de EU) al devaluarse -13.06% frente al euro y -7.25% frente a la libra (gráfico 3). Contra el dólar se devaluaron el peso argentino -37.26% y la rupia india -5.70, y se revaluaron el peso chileno 8.07%, el peso mexicano 13.40, el real brasileño 10.69, el rublo ruso 23.02, el yen japonés 0.22, y el yuan chino 4.20%
El peso tuvo un año de "fortalecimiento" y con ello abaratamiento de lo importado y menos pesos por lo exportado, el turismo y las remesas. Se revaluó frente al dólar 13.40%, el euro 1.75, el yen 13.08, la libra esterlina 6.96%, el yuan 8.88%, y el DEG 8.89% (gráfico 4).
La especulación (manipulación del mercado para comprar barato y vender caro) tanto financiera como de toda índole es el eje funcional del capitalismo. El ciclo especulativo peso-dólar es ilustrativo: al cierre de 2021 el tipo de cambio era de 20.47 pesos por dólar, en 2022 de 19.47, en 2023 de 16.97, en 2024 de 20.88 y en 2025 de 18.01. Es indudable la estabilidad económica de México, pero ésta poco tiene que ver con los flujos especulativos que determinan el tipo de cambio, mismos que impulsan y ganan con la volatilidad monetaria y que debemos atajar para acercarnos a una estabilidad cambiaria realista (gráfico 5).
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En la ceremonia oficial pública de la inauguración del alcalde de Nueva York, el joven socialista democrático, inmigrante y musulmán Zohran Mamdani, se incluyeron segmentos simbólicos y discursos novedosos que anunciaban la llegada de un cambio generacional a la izquierda en varias partes de Estados Unidos. Pero fue una canción que ilustró el momento nuevo y viejo: Pan y rosas.
Al otro lado del país, esa misma semana pasada, otra nueva alcalde joven y también socialista democrática fue inaugurada en Seattle. Katie Wilson, en su primer discurso, habló de elevar la calidad de vida para todos, una ciudad que crea “belleza y comunidad”, ya que “necesitamos pan, pero rosas también”.
Esa frase se volvió demanda en la huelga textilera histórica de Lawrence, Massachusetts, en 1912, una acción laboral que ha sido llamada “la huelga cantante”. Y triunfaron. Este lunes es el 114 aniversario del inicio de esa lucha.
El 12 de enero de 1912, miles de trabajadores hicieron el paro que todos pensaban era imposible. La mayoría eran mujeres inmigrantes principalmente de la diáspora europea (algunas eran de Cuba) en lo que era el epicentro de la industria textilera. La huelga estalló cuando los patrones bajaron los salarios sólo para asombrarse con la respuesta de 25 mil de sus trabajadores. Las asambleas del comité organizador fueron traducidas en 25 idiomas.
“Si los trabajadores del mundo quieren triunfar, todo lo que tienen que hacer es reconocer su propia solidaridad. No deben hacer más que cruzar sus brazos y el mundo se detendrá”, declaró Joseph Ettor, de la gran organización anarcosindicalista Industrial Workers of the World (IWW) a los huelguistas. La legendaria líder laboral del IWW, la irlandesa Elizabeth Gurley Flynn, se convirtió en la dirigente de la huelga después del arresto de los otros. Entre otras cosas, organizó un “éxodo de los niños” para proteger a los hijos e hijas de los huelguistas, enviándolos a familias de trabajadores en Nueva York y Filadelfia, entre otras ciudades, donde había comités de solidaridad con la lucha de Lawrence.
Nueve semanas después de represión violenta, intimidaciones, arrestos y más, los empresarios aceptaron la mayoría de las demandas de los huelguistas que ya no se limitaban a salarios, sino a las condiciones de trabajo. “Ustedes son el corazón y alma de la clase trabajadora… ganaron contra el poder opositor de la ciudad, el estado y el gobierno federal, contra la oposición de las fuerzas combinadas del capitalismo y enfrentando las fuerzas armadas”, declaró el líder nacional del IWW, William Big Bill Haywood. Eugene Debs, el dirigente nacional y candidato presidencial del Partido Socialista de Estados Unidos –en cierto sentido, el abuelo de los que se llaman “socialistas democráticos” hoy–, proclamó que ese triunfo fue histórico.
Fueron las canciones que se volvieron el idioma común. La demanda de pan y rosas se podía traducir en cualquier idioma: pan para el sustento material y rosas por la dignidad y belleza de la vida.
El poema vuelto canción incluye estos versos: “Al marchar, marchar / en la belleza del día / un millón de cocinas oscuras / almacenes de fabricas textil grises / Son tocadas con el resplandor que revela de repente un sol /Porque la gente nos escucha cantando: ¡Pan y Rosas!, ¡Pan y Rosas!.. Al ir marchando, marchando, traemos los días más grandiosos / El levantamiento de las mujeres implica el levantamiento de la raza humana… Un compartir de las glorias de la vida. Pan y rosas… Los corazones pasan hambre igual que los cuerpos; pan y rosas, pan y rosas”.
Una vez más, en medio de tanta cosa fea, se empiezan a oír estos versos de costa a costa.
Judy Collins. Bread and Roses. https://www.youtube.com/watch?v=YsvGPj0LH0M&list=RDYsvGPj0LH0M&start_radio=1. Y en la inauguración de Mamdani por Lucy Dacus: https://www.youtube.com/watch?v=ftVpyoSUpt8&list=RDftVpyoSUpt8&start_radio=1
Se requiere de alguien que concite nuevas formas de entendimiento entre la militancia y su dirigencia. La importancia de Morena en el futuro inmediato será más importante de lo que muchos, hasta dentro del partido, suponen.
El hoy gobernador de Sonora, Alfonso Durazo, que muy pronto dejará el cargo, podría ser, por experiencia y fuerza política, el presidente que Morena ha buscado. No se necesita de un análisis muy profundo para entender lo que es muy obvio: Morena no funciona y requiere un cambio urgente.
El partido está en un punto de inmovilidad producto de la falta de rumbo, de su incoherencia política, que lo ha borrado de las discusiones trascendentes para el país, pero en su lugar ha colocado a una pila de personajes respondones que no dejan pasar ningún chisme relacionado, principalmente, con algunos de sus militantes.
Para algunos miembros del organismo el asunto es que el partido no ha cambiado, que se concibió como una máquina sin moral cuyo objetivo es ganar elecciones a como dé lugar, y que esa premisa impide establecer un perfil claro para el partido.
En ese sentido, esos mismos militantes advierten que la actual dirigencia nada decide porque no está ahí para eso, sino para obedecer órdenes, aunque no saben con claridad de dónde provienen los mandatos; pero además, porque hay un enorme desconocimiento e incapacidad en la cúpula del partido.
Entonces, de ninguna manera se trata de una ocurrencia decir que el hoy gobernador de Sonora podría hacerse de la presidencia de Morena. Esto, que ya se ha discutido entre algunos morenistas, no es tan descabellado si tenemos en cuenta que la trayectoria política de Durazo alcanza para llegar a la dirección partidista.
En la actualidad, Durazo es el presidente del Consejo Nacional de Morena, así que conoce bien los problemas que aquejan al organismo y también sabe lidiar con una militancia tan desigual como la de ese partido.
Durazo ha sido senador, secretario de Seguridad, diputado al Congreso de la Unión y también secretario particular de Vicente Fox cuando este pasó por la Presidencia de la República. Su labor en partidos políticos encaja muy bien en Morena. Fue priísta, de los duros, de 1978 a 1999; de 2000 a 2004 se vistió de azul para desempeñarse como panista, pero un año después cambió de casaca y se enfundó en el amarillo del PRD, pero cambió en 2012 a Movimiento Ciudadano y luego se trepó a Morena.
Su huella por la labor política nos dice que ese puede ser el hombre que por fin le dé congruencia a Morena, que hoy, digan lo que digan, está deshilachado y muy lejos del trabajo que en bien de la sociedad debería cumplir.
Y para Durazo, que ya acumula muchos años de labor, sería un excelente cargo para difundir sus experiencias. Aunque es muy difícil que cambie Morena en lo inmediato, sobre todo porque se tienen encima las elecciones intermedias, bien valdría la pena intentar hacer, por fin, de Morena un partido político, aunque existan quienes supongan que no se necesita más que la máquina. Aguas.
De pasadita (I)
Con la finalidad de dar continuidad a la campaña que se ha desatado en contra de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, se hizo circular la especie de que la funcionaria mostró en público su disgusto con el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch.
Quienes difundieron la falsa información no tienen idea de quién es la secretaria y tampoco García Harfuch. Baste decir que entre ella y él existe una coordinación de trabajo muy estrecha, muy clara y muy eficaz. Eso es todo.
De pasadita (II)
Es español, se llama Josu Jon Imaz. El sujeto fue miembro del Parlamento Vasco y antes del Parlamento Europeo, hoy pertenece a la compañía Repsol y es el mismo que le dio las gracias a Donald Trump por lo hecho en Venezuela.
Mientras los representantes de las firmas más importantes del sector petrolero –Chevron, Exxon Mobil y Shell, entre otras–, reunidos con el agente naranja en la Casa Blanca, dudaban del éxito que pudieran lograr sus inversiones en Venezuela, el español aplaudía a Trump y se declaraba, junto con la empresa a la que representa, listo para invertir. Así no se puede.
La directiva de los Rayados quizás se arrepiente de no haber dejado ir al técnico Domenec Torrent, pues de nuevo quedó de manifiesto que los engreídos jugadores lo desdeñan, lo minimizan, lo siguen viendo como el acólito de Pep Guardiola, cuyo máximo galardón es haber sido entrenador del año en 2018 en la Liga de Estados Unidos (MLS), inexistente para los orgullosos europeos. Incluso lo irrespeta Gerardo Arteaga, quien le hizo grosero reclamo porque lo sacó de cambio el sábado ante los Diablos Rojos y, enfadado, se fue directo al vestidor… Otro becado de altísimo salario es Sergio Canales, quien al fallar un tiro penal vistió de héroe a Hugo González. Toluca estrenó su corona de bicampeón con soberbio gol de Helinho…
Cruz Azul olvidó que primero se hace la casa y después se amuebla; olvidó que el muerto y el arrimado a los tres días incomodan al dueño, causa molestias, estorba. La UNAM echó a los celestes de fea manera del estadio México 68, con claro afán de escarnecer y desquitarse por haberla puesto en líos de tribunales. El certero golpe no sólo fue para el directivo Víctor Velázquez y su errante equipo, también noqueó a la fanaticada, ésa que sufrió el deceso del barrista Rodrigo Mondragón, presuntamente a manos de elementos de seguridad auriazules. Ahora la Sangre azul y demás grupos de animación deberán hacer el gasto para trasladarse cada 15 días a la ciudad de Puebla a ejercer su falsa condición de local.
Increíble que una de las principales empresas cementeras de Latinoamérica haya sido incapaz de edificar su propio estadio. Hace décadas, en 1996, Guillermo Álvarez Cuevas salió del estadio Azteca tras 25 años de rentar, enojado porque en sus partidos se anunciaba cemento de una marca rival, empezó a hablar de edificar un estadio propio; ¡cuentos chinos! no hizo nada… Hoy la directiva encabezada por Víctor Velázquez sigue sus pasos, ha derrochado una fortuna adquiriendo refuerzos a tontas y locas, dejándose manejar por los turbios intereses de Iván Alonso… De lo lindo le vio la cara el Necaxa, vendiéndole jugadores que no impidieron el revés ante el León… El miércoles se estrenan como anfitriones en el Cuauhtémoc. El reto es igualar a las chicas que llenaron el Centenario de Morelos.
Sicológicamente ¿qué tan importante será para los jugadores saber quién es su patrón, percibir si hay solvencia y tener una seguridad hacia el futuro?… En ese sentido América, Mazatlán y Puebla están hermanados. Los amarillos han sido desvinculados legal y financieramente de Televisa; no obstante, existe un nexo inmanente. Cierto, hay un nuevo e importante socio en Estados Unidos, los jugadores escuchan versiones y hablar de cifras de varios ceros, mas desconocen la realidad. Es un equipo de prosapia sin figuras, el dinero pasa frente a sus narices, pero no hay refuerzos bomba como antaño… Los cañoneros agonizan y los de la franja saben que Ricardo Salinas Pliego está hasta el cuello de deudas.
¿Será que le construyen una imagen? Primero soltaron el rumor de ofertas para jugar en Europa; luego, en el partido frente a Xolos, destacan la imagen de Álvaro Fidalgo entonando claro y fuerte el Himno Nacional… Es decir, se debe pensar que el mediocampista español ha desechado ofertas y prioriza mantenerse con América, que de ninguna manera es un vulgar mercenario, un futbolista que se naturaliza únicamente para ir al Mundial, sino que a fuerza de vivir en México ha caído seducido y está embelesado de ver tanto primor… A Fidalgo le restan escasas semanas para completar su naturalización.
La hostilidad de Washington hacia La Habana, que desde hace tres cuartos de siglo se ha mantenido en niveles inaceptables bajo los estándares del derecho internacional, ha alcanzado el paroxismo desde que la política exterior estadunidense es conducida por Rubio, ultraderechista descendiente de cubanos que forman parte del ala más recalcitrante del exilio radicado en Miami. Desde el secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, y su traslado ilegal a Estados Unidos, Trump y Rubio han insistido en la idea de un inminente colapso de la revolución cubana, con una siniestra ambigüedad acerca de si creen que ésta se producirá espontáneamente o se están preparando para precipitarla mediante una intervención.
En este contexto, la “broma” del mandatario constituye la enésima agresión de su régimen contra Cuba. Debe recordarse que en sus dos periodos en la Casa Blanca, Trump ha impuesto presión máxima para destruir la isla, en la que se incluyen prohibición de viajes en cruceros y aviones privados; limitación de remesas a mil dólares por trimestre; cierre forzoso de las operaciones locales de Western Union; sanciones a quien le suministre petróleo; prohibición de hacer transacciones con toda empresa que, a juicio del Departamento de Estado, sea controlada por las fuerzas armadas cubanas; inclusión en la lista de países patrocinadores del terrorismo; sanciones a quienes hagan convenios de prestación de servicios médicos con la isla; bloqueo de toda plataforma de pagos digitales que transfiera fondos allí, y castigos a toda naviera que atraque en puertos cubanos, entre muchas otras.
Está claro, y el trumpismo es transparente al respecto, que estas medidas tienen el deliberado propósito de rendir por hambre al país y devolver a Cuba a la condición colonial a la que estuvo sometida hasta el 31 de diciembre de 1958. Pocos pueblos han sido tan castigados como el cubano por no someterse al dominio imperial; por empeñar sus fuerzas en la defensa de la soberanía, y pocos han sido objeto de una guerra de desinformación tan virulenta para culpar a quienes resisten de los males que infligen los agresores. El bloqueo impuesto por Estados Unidos desde hace más de siete décadas puede compararse con el que Francia estableció contra Haití para obligarla a pagar a los esclavistas una indemnización por cada uno de los esclavos liberados, acto de inhumanidad que marcó para siempre a la mitad occidental de La Española y la puso en la trayectoria que la mantiene como la nación más pobre del hemisferio occidental. Lejos de denunciar el sadismo de los imperios, las derechas y no pocas seudoizquierdas persisten en trasladar la responsabilidad por las penurias económicas de los pueblos a quienes se plantan por la libertad.
Por ello, la decisión del gobierno mexicano de proseguir los envíos habituales de petróleo acordados con la isla debe ser motivo de orgullo para todos los mexicanos, por pertenecer a una sociedad que no da la espalda a los damnificados del colonialismo y que mantiene su independencia diplomática y económica en un escenario tan desafiante como la aplicación trumpiana de la doctrina Monroe.

Hilda Navarrete Gorjón, Pilar Noriega García, Enrique González Ruiz y Nicomedes Fuentes García
Venezuela es ensayo de nuevas formas de dominación, asegura
La incursión del comando Delta en Caracas no fue un evento aislado de política exterior; fue la ejecución material de la Estrategia de Seguridad Nacional de la administración Trump. La “forma” –una irrupción nocturna quirúrgica que removió a un jefe de Estado en minutos– desmantela la noción de soberanía westfaliana para los países del área de influencia estadunidense. El “fondo” es una demostración de fuerza dirigida no sólo a Caracas, sino a Pekín, Moscú y Teherán.
Estados Unidos ha dejado de advertir por la vía diplomática para operar por la vía de los hechos. Al ejecutar esta acción, Washington ha trazado una línea roja en el mapa: América es su área de influencia, y en este espacio, el mando es unitario. La advertencia es clara: la presencia de activos estratégicos, energéticos o militares de potencias extrarregionales en suelo latinoamericano será tratada como una amenaza directa a la seguridad nacional de la superpotencia.
Resulta paradójico que, tras la captura, la Casa Blanca haya relegado a María Corina Machado y prácticamente ignorado a Edmundo González Urrutia. Sin embargo, desde la óptica del realismo político y la economía de escala, la decisión es de una lógica matemática aplastante.
Donald Trump no es un ideólogo de la democracia liberal; es un negociador de activos. En la “concepción más cruda del Estado”, la oposición venezolana posee legitimidad moral y arrastre popular, pero carece de poder real. No controlan los pozos petroleros, no tienen el mando de las fuerzas policiales, ni gestionan la burocracia, no recaudan impuestos, no reparten dinero.
Por el contrario, el grupo encabezado por Delcy Rodríguez –imagino, razonablemente aterrado y operando bajo una diligencia forzada– retiene los hilos operativos de la nación. Para Washington, es mucho más rentable negociar con una estructura de poder establecida que ya conoce los mecanismos de control, que “regalarle” el país a un grupo que, aunque legítimo, carece de la infraestructura para garantizar los intereses transaccionales inmediatos de Estados Unidos. El objetivo, como bien señaló Trump al New York Times, es que Venezuela sea “rentable”.
El “gatopardismo” –cambiar algo para que todo siga igual en la estructura de mando– es la ecuación que mejor sirve a los intereses estadunidenses.
Desde la perspectiva mexicana, este evento debe servir como un baño de realidad. Seguir analizando la relación bilateral bajo las categorías de “izquierda o derecha” es un error táctico que podría costar puntos del PIB y soberanía territorial. Estamos lidiando con el actor político más disruptivo del último medio siglo, cuya brújula no es el consenso, sino la rentabilidad política o económica.
La captura de Maduro es el prólogo de lo que vendrá para México en la revisión del T-MEC. Si el criterio para Venezuela fue la rentabilidad y la seguridad nacional, para México la métrica será la misma.
El “elefante en el cuarto” ya no es sólo la migración o el fentanilo; es la exigencia de una alineación absoluta que excluya la influencia china en sectores estratégicos y una colaboración en seguridad que no admita matices.
La era de la ambigüedad estratégica en América Latina ha terminado. La administración Trump ha sustituido la promoción de la democracia por la gestión de áreas de influencia. Para México, la tarea urgente es despojarse de los anteojos ideológicos y adoptar una postura de pragmatismo técnico. Debemos entender que, en este nuevo orden, la soberanía se defiende con eficiencia económica y una lógica geopolítica.
Los libros de historia del siglo XIX son tan útiles como dedicarle una hora y media a la película The apprentice.
No hay una lucha democrática, no hay valores de Occidente; hay una estrategia en marcha para recuperar la hegemonía perdida en los últimos 30 o 40 años. Geopolítica pura que esta generación no estaba preparada para experimentar en carne propia.
Son muchas las razones, y no parece haber consenso. Lo que ha sucedido a partir del día en que el mandatario venezolano fue secuestrado, con el argumento de que es un dictador –que lo es–, y por añadidura, un narcotraficante, abre muchas interrogantes. El Departamento de Justicia parece haber encontrado la respuesta a la medida de las intenciones del presidente: “dado que Maduro es acusado de narcotráfico, la justicia estadunidense se avocó el derecho de capturarlo (secuestrarlo) para juzgarlo en un tribunal estadunidense sin importar la violación de la soberanía de Venezuela”. De tal explicación se pueden derivar al menos dos conclusiones: la soberanía de las naciones no cuenta en la normatividad jurídica estadunidense, y en cualquier momento puede ser violada con la excusa de que en ellas vive una persona que, según el Departamento de Justicia, es un delincuente. A partir de esa explicación, y con base en ese curioso marco jurídico, es válido que Rusia invada Ucrania porque considera que parte de su territorio le pertenece, China alega que Taiwán es parte de su territorio y le asiste el derecho de invadirla, Israel, invade a sangre y fuego la franja de Gaza porque, según Netanyahu, le pertenece. El derecho internacional, Naciones Unidas y la soberanía de las naciones son una entelequia. En esa lógica, en muy poco tiempo el mundo retrocederá varios siglos y se convertirá en botín para el más fuerte, con el agravante de que hoy los países que se ostentan con el derecho de invadir otros mediante la fuerza, en algunos casos poseen armas nucleares capaces, no sólo de invadirlas, sino borrarlas del mapa.
La semana pasada, el presidente Trump concedió una interesante entrevista a un grupo de reporteros del New York Times. Expresó su visión del derecho que regula las relaciones internacionales y el que rige las normas entre sus propios conciudadanos. Uno de sus más contundentes y temerarios asertos fue que sus decisiones están enmarcadas y determinadas por “su propia moral”. No está claro cuál es esa moral, pero por la forma de conducirse se caracteriza por una laxitud imposible de encuadrar en algún marco normativo por ser errática, incierta y frecuentemente contradictoria. De lo que no parece haber duda es que en su conduta prevalece una buena carga de xenofobia, y fariseísmo que, en última instancia, deriva en el beneficio familiar y personal. Esto último se deduce por su queja de que en su primer periodo como mandatario, donó su sueldo y evitó que su familia se mezclara en negocios internacionales (sic) cosa que nadie le reconoció. Esta vez, agregó, no está dispuesto a cometer ese error, ya que a la postre nadie le agradeció su magnánimo gesto. Otro elemento que deriva de la entrevista es su necesidad de reconocimiento como presidente. Ha inscrito su nombre en algunos edificios públicos y está construyendo un gigantesco anexo en la Casa Blanca que perpetuará su paso en ese recinto. Expresó resentimiento porque logró terminar con varias guerras (¿?), y pese a eso se le negó el premio Nobel de la Paz. En cambio, se le otorgó a Obama, quien –según afirmó– ni siquiera supo por qué se lo dieron.
La entrevista, que duró dos horas aproximadamente, ha permitido aclarar algunas dudas sobre sus intenciones, pero también dejó una sensación de vacío e incertidumbre acerca de la forma en que conducirá a la nación en el futuro inmediato, según han comentado un sinnúmero de articulistas.
Como trasfondo de la entrevista, causaron indignación las declaraciones de Kristi Noem, secretaria de Seguridad Interna, y Stephen Miller, asesor del presidente, que, sin pruebas, aseguraron que la muerte de una ciudadana indefensa en un suburbio de Minesota, a manos de un agente del ICE, fue en respuesta a un acto de terrorismo. Las pruebas que hasta ahora se han difundido revelan claramente que no existió dicho acto terrorista y que los disparos que causaron el deceso fueron injustificados.
¿Será que la espiral de violencia está nuevamente a las puertas de Estados Unidos?
¿Alguna pregunta? Ninguna. Visto para sentencia. Los medios de comunicación internacionales que cubren el hecho, validan y reproducen el relato. No fue una invasión, sino una operación de extracción relámpago, no fue un secuestro, sino la captura de un dictador. Y lo más destacado, se menciona un proyecto de transición democrática a medio plazo. Sin embargo, esta descripción tiene muchos flecos. Veamos: ¿los soldados que resistieron, tiraban sus proyectiles al aire, mientras las fuerzas de ocupación lo hacían al cuerpo? ¿los asaltantes no tuvieron ninguna baja? ¿Es la traición la explicación o más bien una distracción para enturbiar el análisis? ¿Podía la administración Trump imponer un presidente o por el contrario, el secuestro del mandatario pone en funcionamiento el artículo 233 de la Constitución que otorga el poder a la vicepresidenta? ¿Qué sentido tiene meter en la ecuación a María Corina Machado? ¿Venezuela impedía el comercio de petróleo con las empresas extranjeras de hidrocarburos o eran causa de las sanciones impuestas? ¿Los políticos presos lo eran arbitrariamente? ¿Reabrir relaciones diplomáticas con Estados Unidos es una reivindicación unilateral? Estas y otras interrogantes son despreciadas, dando por buenas las declaraciones de Donald Trump, los secretarios de Estado y de Guerra, y miembros del staff de la Casa Blanca. Agencias de noticias, youtubers, influencer y tertulianos las difunden.
¡Bienvenida sea la captura y detención de un dictador! La violación del derecho internacional, es cuestión menor y puede ser utilizada a posteriori por países que no condenan el secuestro ni piden la liberación inmediata de los detenidos. Comunicado de la Unión Europea por ejemplo. ¿Acaso no era posible que los países de la Unión Europea declarasen a los embajadores de Estados Unidos, persona non grata y llamasen a consulta a los suyos en Washington?
Y mientras tanto se oculta: ¿Qué piensan en Venezuela sus dirigentes, líderes sindicales, movimientos sociales ¿Y la dirigencia del Partido Socialista Unido de Venezuela? ¿Cuál es el análisis al interior de los movimientos populares, sus fuerzas armadas y poder comunal? Si bien en un primer momento el shock por los bombardeos y secuestro paraliza, las decisiones del gobierno venezolano van en dirección contraria y parecen desmentir la versión de la Casa Blanca.
La guerra neocortical tiene en Venezuela su laboratorio. Los servicios de inteligencia, las agencias de contrainformación, los tanques de pensamiento están en ebullición. La facultad de pensar, inherente al ser humano, es objeto de ataque. Así, las ciencias sociales, instrumentalizadas desde los centros de poder elaboran escenarios futuribles de control social para destruir la resistencia cognitiva a decisiones que atentan contra la dignidad humana, como sucede con la invasión a Palestina y la agresión a Venezuela.
Occidente está en crisis. Vivimos un tiempo de guerra global declarada unilateralmente por la potencia líder, Estados Unidos, que se niega a perder el control ante la emergencia de nuevos actores internacionales, el BRICs y China, capaz, bajo nuevos parámetros de intercambio, redefinir el orden mundial. La agresión a Venezuela, la petición de comprar Groenlandia, la amenaza de actuar en territorio mexicano, para Estados Unidos es cuestión de sobrevivencia. Los países aliados, su población son sus objetivos a neutralizar y someter. La guerra neocortical es una guerra global, en la cual, la sicología conductista, las neurociencias, las tecnologías de la información (cibernética y teorías de la complejidad) y la inteligencia artificial, producen armas “buscando regular la conciencia, las percepciones y la voluntad de liderazgo del adversario (…) su objetivo es paralizar en el adversario el ciclo de observación, orientación, decisión y acción… en suma, anular la capacidad de comprender”.
De esta forma se quiebra la voluntad hasta la derrota global del pensamiento crítico. En este contexto, corren malos tiempos para la dignidad, la democracia y la paz mundial.
También al final de la década un actor sin empleo: Ronald Reagan, se enfiló a lograr el más importante: en la Casa Blanca, desde donde después su esposa Nancy, emprende la lucha contra las drogas, cuando ella era una adicta. Es Reagan, antes que Trump, el que promete regresarle la grandeza a su país, y convertirlo en el faro de la libertad mundial. Y algo absurdo: una película mediocre, Rocky, se alzó con el Oscar y con los premios de mejor director, mejor edición y mejor guión. Relegadas quedaron las clásicas Todos los hombres del presidente, Taxi driver, Poder que mata y Esta tierra es mía.
Pero también en esa década en el país vecino ocurre un hecho importante durante el mandato de Nixon: la creación, en 1970, de la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés). Fue el resultado del consenso entre los representantes republicanos y demócratas ante el clamor de los centros de investigación, los especialistas más destacados en salud y la población, sobre la necesidad de regular las emisiones de los vehículos automotores, evitar la contaminación del agua por desechos industriales de todo tipo, destacadamente algunos altamente tóxicos, y garantizar un aire más limpio de partículas y otros contaminantes. Uno de pésima calidad, el que se respiraba en la ciudad de Los Ángeles.
La protección del medio ambiente se convirtió a principios de esa década en una prioridad nacional. Mas no fue fácil de establecer, pues las industrias más contaminantes (las de hidrocarburos y el carbón, en primer lugar) influyeron en el Congreso y en Nixon, y en sus sucesores Gerald Ford y Jimmy Carter, para reducir los alcances de las nuevas regulaciones de la EPA. Alegaron que los costos de garantizar menos contaminantes eran muy elevados y se reflejarían en los precios de sus productos. También pagaron a “expertos” en medio ambiente para demostrar que sus factorías no contaminaban. O que sus desechos eran inocuos.
Pero con el ascenso de Reagan a la Casa Blanca en 1981, la obligación de proteger la salud pública comenzó a reducirse porque el mandatario la veía como un serio obstáculo para lograr un aumento de las actividades económicas y garantizar la supremacía en los mercados. Y a ese propósito se oponían las regulaciones establecidas en las administraciones anterior en torno al medio ambiente. En varias ocasiones sostuvo que el aumento del gasto público y la excesiva regulación del gobierno al sector empresarial, como era el caso de las que más afectaban el medio ambiente, habían frenado la prosperidad.
Su principio sobre todo lo anterior lo resumió en el dicho de que “el gobierno no era la solución a todos los problemas del país, sino el problema”. Eliminó entonces la oficina de cumplimiento de la EPA para limitar la “regulación innecesaria”. Abarcó a 80 por ciento de las medidas para hacer cumplir las regulaciones ambientales. Y para completar el cuadro negativo, designó al frente de la EPA a Anne Gorsuch Burford, una legisladora estatal de Colorado, que siempre se opuso con su voto a la limpieza de los residuos tóxicos y a los controles para reducir la contaminación vehicular.
El principio de adelgazar al máximo la intervención gubernamental en temas del medio ambiente y la salud lo siguieron con sus variantes las administraciones presididas por el partido Republicano. Y con mayor rigor las dos de Trump, que ha disminuido drásticamente el papel de la EPA. Con ello ha aumentado los daños a la salud pública y al medio ambiente de Estados Unidos y el mundo, como veremos el lunes próximo.
Las compañías petroleras estadunidenses le han respondido con frialdad, ya que invertir miles de millones de dólares para restaurar operaciones en Venezuela no estaba en su mira. En realidad, Estados Unidos no necesita el petróleo venezolano. Dice Omar Ocampo en Foreign Policy in Focus: “al fin y al cabo, Estados Unidos es el mayor productor mundial de petróleo, con una media récord de 13.5 millones de barriles diarios en 2025 y es un exportador neto”, y la “demanda mundial de petróleo no supera actualmente a la oferta mundial y los precios están bajando y (…) no se vislumbra una escasez de suministros energéticos globales” (https://tinyurl.com/3vytzkvz).
Mientras casi la mitad de la población estadunidense carece de necesidades básicas, Trump ha dado prioridad a esta guerra ilegal, presuntamente para ayudar a las empresas petroleras. Pero esto está pegando duro incluso a votantes republicanos, a los que Trump prometió “América primero” y poner fin a guerras. Su conflicto contra Venezuela le está resultando un tiro por la culata.
Sin embargo, el petróleo sí es un factor importante de la invasión. De acuerdo con el secretario de Estado, Marco Rubio, a quien Ocampo cita: “no vamos a permitir que la industria petrolera de Venezuela sea controlada por adversarios de Estados Unidos (…) ¿Por qué China, Rusia e Irán necesitan su petróleo? Ni siquiera están en este continente”.
Más allá del sonado interés petrolero, Trump tiene la mira puesta en la minería. De acuerdo con nuestro colega Edgardo Lander, de la Universidad Central de Venezuela, el país cuenta sobre todo al sur del río Orinoco con mucho oro y otras minerales que Trump necesita para enfrentar a China, quien controla los minerales críticos para la inteligencia artificial y producción de armamento. “Si Trump perdiera las elecciones intermedias de este año, comenta Lander, necesita acelerar su agenda al máximo posible en los próximos meses por que quedaría como un pato cojo” ( lame duck). Además del oro, Venezuela es rica en uranio, bauxita, coltán, torio, y otros “minerales raros” también codiciados por Rusia, Turquía e Irán, entre otros.
Los agentes usureros del arbitraje internacional también reaccionan con cautela ante la captura de Maduro y lo que esto puede significar para los acreedores que buscan cómo cobrar de Venezuela miles de millones de dólares en compensaciones por expropiaciones directas e indirectas pasadas. Un artículo de Global Arbitration Review (https://tinyurl.com/493tbwj7) cita a la Asociación Internacional de Abogados, la cual afirma que la intervención estadunidense “plantea serias dudas en virtud del derecho internacional”, señalando que los estados miembros de la ONU tienen prohibido utilizar la fuerza contra la independencia política de otro Estado. Esa es una premisa y justificación con la que se creó el hoy muy cuestionado sistema de solución de controversias inversionista-Estado después de la Segunda Guerra Mundial.
Hay decenas de acreedores que esperan pagos pendientes por parte de Venezuela. ¿Qué va a pasar con todos estos? Venezuela ha sido obligada a pagar al menos 19 mil 775 millones de dólares (cálculos propios con base en datos de UNCTAD) en 20 demandas en el CIADI del Banco Mundial o la Corte Penal de Arbitraje de La Haya. Tan sólo Conoco-Phillips es acreedora a 8 mil 366 millones de dólares. Estos pagos están siendo procesados por cortes en Estados Unidos o Europa. Y Venezuela enfrenta demandas pendientes por cantidades astronómicas como la de la minera estadunidense Gold Reserve, por 7 mil millones de dólares. Sin embargo, el prospecto de un nuevo gobierno en Venezuela, anima a algunos abogados a pensar que la recuperación, monetización y financiación de las demandas contra Venezuela y su empresa petrolera PDVSA, podrían aumentar.
Dada la historia de nacionalización de activos petroleros y la larga y costosa trayectoria de recurrir a procesos arbitrales supranacionales, las empresas estadunidenses se mantienen escépticas ante la ofensiva de Trump de recolonizar a la fuerza a Venezuela y su desvencijada industria petrolera. La minería es otro tema. Ese país sudamericano tiene, además, más de 31 toneladas de oro depositadas en cámaras acorazadas del Banco de Inglaterra, equivalente a 15 por ciento de sus reservas extranjeras, congeladas desde 2018 por el gobierno del Reino Unido, bajo imputación de la validez de las elecciones presidenciales de ese año y el reconocimiento del Reino Unido a Juan Guaidó como presidente interino.
La ministra de Asuntos Exteriores del Reino Unido, Yvette Cooper, ha dicho ante el Parlamento que se continuará desconociendo a un nuevo régimen venezolano y que el oro permanecerá sin ser devuelto. (Ver The Guardian https://tinyurl.com/muzwe6k6). Dada la invalidación de las elecciones presidenciales de Venezuela también en julio de 2024, surge la pregunta si la vicepresidenta Delcy Rodríguez tendrá legitimidad ante Estados Unidos para negociar con las empresas acreedoras, cuando ella también emanó de elecciones supuestamente ilegítimas.
En contraste, la publicación de GAR, arriba citada, resalta que los tribunales de protección de inversiones (como el Ciadi) “(habían) sostenido sistemáticamente que la administración de Maduro sigue siendo el representante adecuado del Estado a efectos de defender las reclamaciones derivadas de los tratados”. Pero la temeridad con la que Trump ha invadido a Venezuela ha arrojado a todos, desde los pueblos a grandes corporaciones a un mar de incertidumbre en el que Estados Unidos navega a la deriva y sin amarres, al haber desatado además a esa nación norteamericana de todo tratado internacional posible y donde la ley del más fuerte y de la fuerza bruta impera, tanto en Caracas como en las calles de Minnesota y toda esquina en Estados Unidos.
*Institute for Policy Studies (www.ips-dc.org)
El acontecimiento arbitrario e inesperado ha causado asombro y sacudido a todo mundo, pero no sólo por lo ya sucedido. El precedente no puede ser admitido de ningún modo; lo que sabemos es que el presidente de Estados Unidos, uno de los países más poderosos del mundo, tuvo la ocurrencia de ordenar y llevar a cabo el secuestro de otro presidente, sin que mediara declaración de guerra ni reclamación formal; se dio la orden y un comando armado y bien entrenado la ejecutó a mansalva, con lujo de violencia y decenas de muertos y heridos de por medio. Fue un descaro entrar violentamente a un país soberano, secuestrar a su mandatario, llevarlo a Nueva York y someterlo a juicio; es algo que no sucede todos los días y no puede dejarnos impávidos; tenemos que debatir el punto, independientemente de lo malo o terrible que pudo haber sido el secuestrado.
El sistema jurídico internacional, que se ha sostenido con mucho trabajo y altibajos desde la fundación de la ONU en 1945, quedó destrozado por el golpe de mano de un país poderoso. Las reglas de derecho internacional fueron burladas y la libertad de una persona fue atropellada sin más, en un acto arbitrario que debe preocuparnos mucho y a todos.
La Iglesia católica, por voz del papa León XIV, pide por “el bienestar de los venezolanos, que debe estar por encima de cualquier otro interés”. El pontífice hizo hincapié en dos puntos muy importantes, la necesidad de garantizar la soberanía y respetar el estado de derecho. Lo dijo tras el rezo del Ángelus, desde la ventana del Palacio Apostólico. Varios países latinoamericanos, entre ellos México, Colombia, Costa Rica y otros, junto con España, también señalaron lo grave del incidente. Nuestra presidenta, Claudia Sheinbaum, fue oportuna y prudente al reprobar lo sucedido.
La Guerra Fría que siguió a la Segunda Guerra Mundial fue un periodo durante el cual hubo un equilibrio que impedía el enfrentamiento entre los estados socialistas encabezados por la entonces denominada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y los países del libre mercado encabezados por Estados Unidos; se mantuvo por mucho tiempo y permitió que el mundo tuviera una paz relativa, aun y cuando se daban algunos enfrentamientos; los más graves, recientemente, la invasión de la franja de Gaza por Israel y el choque entre Rusia y Ucrania.
Para nosotros, los mexicanos, no debiera de tratarse de una sorpresa. Lo que ahora vemos se parece a hechos similares acontecidos a través de la historia; recordemos la expedición punitiva del ejército gringo, durante el gobierno de Carranza, para perseguir al revolucionario mexicano Pancho Villa, que había tenido la osadía de tomar durante muy breve tiempo la ciudad estadunidense de Columbus, muy cercana a la frontera. Otro hecho, sin duda muy doloroso, en el siglo XIX, fue la injusta guerra que culminó con la pérdida de una gran parte del territorio mexicano, que si bien se encontraba despoblado en buena parte, nos pertenecía legalmente y nos fue arrebatado por la fuerza; de ese hecho quedan como recuerdos “en el otro lado” los nombres de Nuevo México y los de San Francisco, Los Ángeles, San Antonio y otros menos conocidos. (No dejo de mencionar una población que ni siquiera tengo la certeza de que exista: “Falfurrias”, Texas)
Pero para redondear esta colaboración, referida a un hecho preocupante de actualidad, recuerdo precedentes medio olvidados, al inicio del siglo XIX, concluidas ya las guerras de Independencia para separarnos de España, se intentó formar una “liga y confederación perpetua” de la que fueron protagonistas México y la entonces Gran Colombia, que abarcaba a Venezuela y otros estados como Centroamérica, aún no convertida en un mosaico de pequeñas autonomías, Perú y Chile.
Simón Bolívar fue uno de los promotores de este intento, junto con varios enviados del gobierno de Iturbide; el asunto iba bien, sus objetivos eran lograr una unidad defensiva de la independencia recién obtenida, para frenar la ambición de países que como Inglaterra y Francia, veían en nuevos estados latinoamericanos un posible botín, una oportunidad para sus ambiciones imperialistas; países, Belice y las Guayanas, “son polvos de aquellos lodos”.
El esfuerzo parecía que iba bien encaminado, pero fue evidente que los invitados no deseados de Estados Unidos e Inglaterra lo consideraran (para ellos), peligroso e impidieron que se llegará a buen fin. La primera reunión fue en Panamá, la segunda sería en Tacubaya, pero no pudo efectuarse por obstáculos e intrigas de las potencias mencionadas. Así que abusados.
Tales cambios llevan hoy a conformar un escenario cada vez más conflictivo y peligroso. Las noticias fluyen de modo rápido y constante. Hay mucha información, de distinto origen y calidad, generada con diferentes intenciones. Hay sesgos ideológicos, políticos y económicos de diversa naturaleza e intención, que representan incluso modos de manipulación. Las formas predominantes de comunicación en línea se prestan de modo muy ágil para que todo eso se conforme y reproduzca.
Están los hechos y las interpretaciones; los principios ideológicos y un entramado de mecanismos e instrumentos de poder para avanzar todo tipo de intereses, unos legítimos y otros no. No es sencillo determinar su sustento y su utilidad para comprender lo que pasa.
El mundo aguanta muy poco sin guerras, sean locales o regionales, y enfrenta el creciente riesgo de una conflagración mundial de una altísima fuerza destructiva. B. F. Braumoeller sostiene en su libro titulado Sólo los muertos: la persistencia de la guerra en la era moderna: “Cuando las cosas parecen ir mejor, no es porque la humanidad se está volviendo intrínsecamente más civilizada, sino porque las mayores potencias han ordenado sus asuntos de un modo que hace la guerra menos probable”. Esta aparentemente simple fórmula apunta a que el conflicto prevalece y las pugnas del poder se enfrentan con distintas medidas y, finalmente, con las armas.
Es diversa la localización geográfica del conflicto y no faltan las causas para ejercer la violencia. La paz es frágil en última instancia. Siempre habrá una justificación basada en que finalmente lo que cuenta son los hechos y la manera en que se consuman.
Una forma primaria e ineludible de confrontar estas cuestiones y su significado es la perspectiva individual. ¿Dónde nos situamos y cómo apreciamos lo que ocurre? ¿Cómo conformamos nuestra visión y entendimiento de lo que pasa a nuestro alrededor? ¿Qué densidad tienen los hechos, cómo se articulan y cómo los asimilamos?
El mundo es diferente y las manifestaciones de esta condición seguirán apareciendo de modo rápido. Es complicado filtrar la información y los análisis que se proveen. Cada uno decide qué lee, escucha o ve y arma una determinada interpretación acerca de lo que pasa, la cual puede ser fugaz o más elaborada. Cabe también, por supuesto, la indiferencia.
Este es el sustento para un segundo nivel de consideración, que es el político. Se conforma como una aproximación derivada de determinados criterios, creencias y conocimientos, siempre desde una cierta perspectiva ideológica, cultural y también religiosa, ya sea explícita o no. De tal forma se generan los diversos relatos sobre el origen y las consecuencias de los hechos que van ocurriendo y cómo se entrelazan; de ahí se va desprendiendo la postura que se toma.
El tercer nivel es el de la ética. ¿Con qué parámetros consideramos la virtud o falta de ella de los hechos que enfrentamos? Éste es un terreno peliagudo, que deriva de su propia naturaleza. La combinación de la postura individual, la política y la ética exhibe un necesario grado de complejidad, puesto que los asuntos que se enfrentan no se expresan en blanco y negro, sino en una gama extensa del gris. Lo bueno y malo no puede ser siempre identificado directamente y en ocasiones ocurre que los dos polos de un conflicto pueden representar el mal. Admitir esta situación es, por decirlo de un modo llano, complejo; pero también necesario.
En momentos de alta tensión en las relaciones internacionales, cuando se yuxtaponen diversos tipos de conflictos internos que se desbordan a la arena global, tiene que considerarse la cuestión cultural. Ésta se ha ido redefiniendo de modo relevante, formándose un entorno que se recrea y extiende mediante los modos de comunicación que se agrupan en las redes sociales y su complejo entramado. La cuestión tiene que ver con la manera en se genera una determinada densidad cultural y el tipo de referencias comunes que producen. Se trata de la cohesión social, que ahora se asocia con una creciente acumulación de datos de la gente por las empresas tecnológicas y replantea de modo radical la cuestión de la privacidad y la homologación de las referencias comunes. De ahí es de donde han surgido nuevas formas de ejercer la influencia sobre determinados grupos en materia comercial, pero de modo más relevante en el campo de la política.
Otra dimensión de la aceleración en curso es la pérdida de referencias de una estructura legal e institucional que enmarque las pautas de los sensibles cambios y modos de operar en la sociedad. Este factor aviva las pugnas y tiende a acrecentar los conflictos.
Lo que llamamos fascismo es un rasgo del siglo XX, derivado de la plebeyización del poder, cuando los reyes y la aristocracia fueron desplazados por nacionalistas fanatizados en Italia, Alemania y Austria. No eran nobles ni especialmente bien educados; militares hasta cierto punto, cobardes como soldados, demagogos. Benito Musolini y Adolfo Hitler tenían creencias esotéricas, les venía bien la irracionalidad y arbitrariedad en sus órdenes y acciones. Resultaban útiles a los banqueros y grandes empresarios, y razonables a seguidores que crecieron como espuma después de 1920. Se hicieron del poder en sus naciones, los nazis por las urnas, con un discurso basado en supersticiones, fobias y lecturas simplonas de la Historia que adornaron y fundamentaron su propio mito de Poder Imperial con proclamas heroicas, hipertrofiadas e inverosímiles.
A la vista de sus paisanos y del mundo pusieron a rodar la maquinaria de la locura sádica y la destrucción que conocemos. Las “potencias” del “mundo libre” toleraron su militarismo. Firmaron tratados, pactaron fronteras y negocios con ellos a sabiendas de que no eran de fiar. Hitler y sus Goebbels, Goering, Von Ribbentrop, Himmler y demás eran sólo unos patanes, líderes de bandas y cofradías fanáticas. Similar gentuza había tomado el poder en Italia. Todavía mi generación creció con el relato de los Juicios de Nuremberg y la experiencia global de la Segunda Guerra. Conocimos a los oficiales de Hitler con uniforme de gala, y también ahorcados con la lengua de fuera.
Había trivia de la guerra que se vio, y crecía la mitificación de la guerra escondida: el Holocausto de judíos, gitanos, personas con discapacidad, comunistas y anarquistas. Muchos olvidaron que aquel “mal absoluto” encontró gobiernos colaboracionistas en toda Europa, con excepción de Londres, Moscú y un par de tibios “neutrales”. El rasgo racista, fundamentalista y patriotero de los “arios” se les dio muy bien a eslavos, escandinavos, magiares y latinos. Todos entregaron judíos y opositores. El Führer encontró simpatizantes y cómplices en Estados Unidos y el Cono Sur, lo cual resultaría conveniente para el exilio transformista de los nazis que la libraron. La familia extendida por así decir, que bajita la mano llegaría pronto a Israel, aunque a Hannah Arendt la funaron por recordarlo.
Tampoco cayó en gracia a los sionistas que ella concluyera que los nazis no eran el mal absoluto, sino meros matones y burócratas empoderados. Lo supo desde el principio, al igual que Bertolt Brecht, Anna Seghers, Walter Benjamin, Hermann Broch y George Grosz. El hipercrítico de Viena Karl Kraus vio venir el delirio con la misma claridad que tuvo dos décadas atrás ante la tontísima Primera Guerra europea. Escribe en 1933: “No se me ocurre nada sobre Hitler”. Será la primera línea de La tercera noche de Walpurgis (1936), un libro con más de 300 páginas donde parodia, desmonta y ridiculiza los dichos y hechos de la pandilla de mediocres que se hizo del poder en Alemania. No vivió para verlos arrasar el continente y causar decenas de millones de muertes. No vivió para morir en una cámara de gas.
Una miserable pandilla de miserables conchabados es todo lo que se necesita. Cambien el nombre. Rodéenlos de brujas rubias. Pónganles saco y corbata. Óiganlos ladrar. Durante décadas hemos vivido cómodamente en la reprobación de aquellos malvados, en el “compulsivo uso de la palabra fascismo como un intento… de corrección efectiva del que estamos presos” (Gerchunoff). Lo que Maciek Wisniewski llama cul-de-sac: comparar trumpismo y sionismo con fascismo.
Debemos atender consideraciones claves. Lo que vemos como hegemonía autoritaria reloaded en Occidente procede de la mayor potencia militar, que ahora enfrenta una crisis económica profunda, pero no derrotada como la que alimentó al Tercer Reich. Pretende una reconfiguración del mundo en el cual el nuevo líder de la grandeza recuperada se cree con el orbe en un dedo como el dictador de Chaplin, pero se mueve en una inmensa nación multirracial. Cuenta con aliados estratégicos en materia de chantaje y belicismo, particularmente Israel. Pongan al ICE o a los colonos sionistas en lugar de los camisas pardas. Sus formas y pobres contenidos son equivalentes. Y tienen a millones aplaudiendo. Por ahora.
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