9/17/2020

Pandemia: un índice y una encuesta

Jorge Eduardo Navarrete

Con el último tercio del año de la pandemia –que da muestras de iniciar, en este final de verano, una segunda oleada– apareció la versión 2020 del Índice de Progreso Social. El IPS es la más minuciosa y compleja de las mediciones de las condiciones sociales y ambientales que, más allá de los factores económicos, prevalecen en 163 países. Se le concibe como un complemento de los indicadores tradicionales de éxito nacional, centrados en general en la evolución del producto interno bruto. El IPS reúne 50 indicadores, organizados en 12 capítulos y tres dominios: necesidades humanas básicas, fundamentos del bienestar y acceso a oportunidades. En 2020 el IPS permite, por primera vez, efectuar análisis temporales, a lo largo del último decenio. Añade una encuesta acerca del primer efecto de la pandemia sobre las prioridades de la gente y sus apreciaciones respecto de su profundidad y permanencia. Los indicadores del IPS y los capítulos en que se agrupan guardan estrecha relación con las metas de desarrollo sustentable de Naciones Unidas. El índice y la encuesta son construidos por Ipsos, conocida firma global de estudios de opinión, y por una ONG con sede en Estados Unidos, Social Progress Initiative, en cuyos portales (www.ipsos.org y www.socialprogress.org) se localizan ambos documentos.

En más de un sentido, el IPS puede considerarse como una versión compleja y ampliada del Índice de Desarrollo Humano, construido por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. Treinta años después de su primera elaboración, inspirada en el trabajo pionero de Mahbub ul-Haq, muy distinguido economista paquistaní ya fallecido, el IDH parece haber sido suprimido de los temas prioritarios del programa y la última edición de su informe anual, correspondiente a 2019, parece ya no estar disponible en la página web del PNUD.

El IPS 2020 muestra que el progreso social mundial ha sido hasta ahora claramente insuficiente para prever que las metas de desarrollo sustentable se alcancen, como está previsto, en 2030 “…si las actuales tendencias continúan, el mundo no alcanzará esas metas sino en 2082”.

Otro aspecto destacado que revela el IPS 2020 es el hecho de que, con relación al puntaje de 2014, todos los países examinados, excepto tres, registraron algún avance en esta medición compleja del progreso social. Estados Unidos, Brasil y Hungría son los únicos que muestran descensos y las declinaciones de los dos últimos son muy inferiores a la del primero. A EU corresponde en 2020 la posición 28, con puntaje de 85.71 y descenso desde la 19 en 2011. Como era de esperarse, los cinco IPS más elevados corresponden a Noruega (92.73), Dinamarca (92.11), Finlandia (91.89), Nueva Zelanda (91.64) y Suecia (91.62). Y los tres más deficientes a Sudán del Sur (31.16), Chad (31.29) y República Centroafricana (31.62).

La riqueza del índice se revela al examinar a fondo un caso nacional. A México le corresponde en 2020 un IPS de 73.52, que lo coloca en el rango global 62. Para cada uno de los tres dominios, México obtiene en necesidades humanas básicas, 82.54 puntos y el rango 84; para fundamentos del bienestar, 74.67 puntos y rango 70, y puntaje de 63.36 y rango 57 para el acceso a oportunidades. Los indicadores por capítulo que en el caso de México revelan un comportamiento más desfavorable son los relativos a seguridad personal, con posiciones entre los peor evaluados: rango 123 en tortura y asesinatos politicos y 133 en homicidios. En cambio, la nación ocupa buenos rangos, entre los primeros 50, en acceso a servicios eléctricos, aceptación de preferencias de orientación sexual, calidad de la educación universitaria y reducción de muertes prematuras por enfermedades transmisibles.

La encuesta complementaria planteó dos asuntos: 1) con la experiencia de la pandemia, su país debería priorizar a) la salud y el bienestar o el desarrollo económico; 2) cuando haya quedado atrás, cuál debería ser la prioridad, el progreso social o el desarrollo económico. Los resultados indican que 1) en general, 72 por ciento respondió que la prioridad debería corresponder a salud y bienestar, y 25 por ciento priorizó al desarrollo económico. Después de la pandemia, para 53 por ciento debe mantenerse la prioridad para el progreso social y el resto considera que debe trasladarse al desarrollo económico. Este acento en lo económico tras la pandemia fue mayoritario en Australia (60 por ciento), Sudáfrica (58), México (57), Italia (54), EU (52) y Reino Unido (51 por ciento). El grupo de edad que en mayor medida consideró que, después de la pandemia, el progreso social debe considerarse prioritario fue el menor de 24 años(66 por ciento), seguido por el de 25 a 34 (58 por ciento) y el de 35 a 49 (54 por ciento). Sólo el segmento de más de 50 años consideró que la prioridad debería corresponder al desarrollo económico (60 por ciento). Cabría preguntarse si la distinción entre prioridad social y económica puede darse de manera tan excluyente como se plantea en la encuesta.

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