9/19/2010

La fiesta efímera


Utopía

Eduardo Ibarra Aguirre


Hace un siglo, recuerda la historiadora Patricia Galeana Herrera, la gesta libertaria la conmemoró la dictadura de José de la Cruz Porfirio Díaz Mori con grandes obras: la Universidad Nacional de México, el Palacio de Correos y Comunicaciones y la Columna de la Independencia.


Una centuria después, erogados 3 mil millones de pesos de los que será posible conocer su uso y abuso hasta el año 2022 y designado el quinto funcionario que despacha como responsable de coordinar los esfuerzos de la fiesta bicentenaria, ninguna de las pequeñas obras planeadas por el gobierno de Felipe de Jesús Calderón Hinojosa fue concluida a tiempo. Pero gracias a la magnanimidad informativa de Alonso José Ricardo Lujambio Irazábal ya podemos saber en que se gastaron 700 millones de pesos.


Eso sí, para organizar un espectáculo “casi hollywoodense. O sin el casi” (Ilán Semo Groman dixit), resultaron mejores los del grupo gobernante que los dueños del duopolio televisivo, sólo que éstos involucran al auditorio como componente de la escenografía, los ponen a hacer olas, aplaudir a rabiar y poner cara de felicidad en el momento en que la cámara los filma.


Por el contrario, Calderón Hinojosa, centro de “la fiesta efímera, de la que nada quedó”, o “un espectáculo televisivo, donde a falta de pan, circo” –como dice la doctora Galeana--, fue a 70 metros lo más cerca que estuvo desde el balcón presidencial de los 50 mil afortunados que, previo acatamiento de los objetos que les prohibieron portar y una revisión minuciosa, accedieron a la plancha del Zócalo, en la que caben 70 mil personas sin incluir a las cuatro calles que lo rodean.


En el torneo de lugares comunes que entablaron los conductores de la televisión los días 15 y 16, excepción hecha de Canal 22, destacaron dos estrellas: Joaquín López-Dóriga Velandia y Adela Micha, conductora que se presenta en su página electrónica como “La periodista más reconocida de México”. El primero se declaró impresionado, conmovido por “un Zócalo pletórico de gente”.


Aquellos 70 metros quisieron ser borrados en Dolores Hidalgo, Guanajuato, con un “baño de pueblo”, que no durmió gracias a que dos horas antes concluyó el baile con la Banda del Rocodo y la Sonora Santanera.


Merced a la magia de la teledictadura --como la llamó Andrés Manuel López Obrador y por ello la concentración y grito en la Plaza de las Tres Culturas no existió para Televisa y TV Azteca--, observamos pese a la desvelada a un alegre, feliz michoacano de Morelia que repartía besos de mejilla a diestra y siniestra, conversaba con niños de preprimaria y risueños nativos por el gusto de verlo, de saludarlo. Los “¡Uleeeero… uleeeero!”, “¡Viva El chapo!”, “¡Muera el mal gobierno!” (Verónica Espinosa, de Apro); “¡Culeeero!” (Ciro Pérez Silva, de La Jornada) sencillamente no existieron porque así lo dispuso el duopolio.


Fue en la ceremonia del Ángel de la Independencia donde la cruda realidad se impuso. Manlio Fabio Beltrones Rivera y Jorge Carlos Ramírez Martín, presidentes del Senado y de San Lázaro por el partido cogobernante, el mismo que hizo posible la materialización de la máxima autoritaria del Haiga sido como haiga sido, tal y como se lo recuerdan con cinismo inaudito cada vez con mayor frecuencia, le reprocharon la conducción del país. Y el abogado, economista y administrador público hizo gala de sentido del humor y recogió el reto no sólo “por ser mi más profunda convicción democrática, sino porque sé que México hoy lo necesita”.


Y nuevamente trajo a cuento la cantaleta de la unidad nacional. Ésa que llevó sólo a Carlos Salinas de Gortari y Vicente Fox Quesada a Palacio Nacional. Los dos hombres que como presidentes más dividieron y confrontaron a los mexicanos.

Acuse de recibo


El reportero Ramsés Ancira afirma: “Me gustó el tema y el tratamiento que le diste a “¿Seguiremos Informando?” (15-IX-10), pues me parece que al final lo que se descubre es que los delincuentes no son más que vulgares extorsionadores. Lo que sí queda de manifiesto es la pobreza de recursos del Estado mexicano, ¿así quieren que les creamos que capturan narcotraficantes gracias a un trabajo de inteligencia?... Y José Luis Ortiz Santillán, economista y colaborador de las revistas Libertas y Forum, concluye: “Bien Eduardo. De alguna manera esto muestra la vileza de su familia (de Diego Fernández de Cevallos) y de sus correligionarios”... Una queja llega desde Comalcalco, Tabasco: “Más que festejo de la independencia, parece carnaval de la independencia”, la suscribe Antonio del Campo Gordillo… Finalmente, Fernando Carmona Bolaños comenta: “(…) la insistente propaganda muy al estilo de Goebbels de machacar con la esperanza de transformar una mentira en verdad, de que el Ejército Mexicano es bien visto en todas partes, cosa que un general y un coronel y otros similares, se la pasaron insistentemente en trasmitir, obliterando la multitud de denuncias que en diversas comisiones para salvaguardar los derechos humanos, han hecho del Ejército el campeón de denuncias por sus abusos”.

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