Gabriela Rodríguez
Periódico La Jornada

Hermila Galindo consideraba que incorporar a las niñas a la escuela,
impartir educación sexual y abrir el derecho al voto de la mujer era
crucial: “Un pudor mal entendido y añejas preocupaciones privan a la
mujer de conocimientos que no le son sólo útiles, sino indispensables,
los cuales una vez generalizados serían una coraza para las naturales
exigencias del sexo: me refiero a la fisiología y anatomía que pueden
conceptuarse como protoplasmas de la ciencia médica que debieran ser
familiares en las escuelas y colegios de enseñanza secundaria y que se
reservan únicamente a quienes abrazan la medicina como profesión (...)
Es que el instinto sexual impera de tal suerte en la mujer y con tan
irresistibles resortes que ningún artificio hipócrita es capaz de
destruir, modificar o refrenar… (…) justamente la música, el baile, la
poesía, la novela, en una palabra, la vida ideal, la vida del espíritu,
son los más crueles verdugos de la mujer. Si la mujer en vez de exceso
de sensibilidad que preconiza el escritor citado tuviese una buena dosis
de razón sólida y supiese pensar y discurrir justo; si poseyese, como
quiere Stuart Mill, la ciencia del mundo de los hombres y de las fuerzas
de la naturaleza, en vez de ignorar completamente cómo se vive y tener
sólo la forma y la etiqueta de lo bello, la mujer sería más dichosa y el
hombre más honrado. Mientras se descuida y omite el desarrollo de su
razón ella puede padecer una hipertrofia de vida intelectual y
espiritual, y es más accesible a todas las creencias religiosas; su
cabeza ofrece un terreno fecundo a todas las charlatanerías religiosas y
de otro género, y es materia dispuesta para todas las reacciones”
(Hermila Galindo, La Mujer en el Porvenir, Primer Congreso
Feminista de Yucatán, enero de 1916). “Hay que emancipar el sexo débil
de la criminal tutela que hacen pesar sobre él la tradición y el
fanatismo religioso (…) “para liberar a las mujeres de la tutela
clerical e instruirlas en la escuela laica, además de exigir el derecho
ciudadano a tomar parte activa en el movimiento político por ser miembro
integrante de la Patria (Rocha, Ibídem).
Las oportunidades educativas se han equilibrado entre los
sexos, aunque la mitad de la población (de ambos sexos) sigue sin
acceder a la preparatoria y cerca de 80 por ciento sigue excluida de la
formación universitaria. El reto sigue siendo el derecho a elegir a
nuestros gobernantes y la paridad de las mujeres en la política; además,
el derecho a decidir sobre el cuerpo es incipiente y sigue siendo
privilegio de clase. No sólo hay estancamiento, se están sufriendo
retrocesos. Opino que esto se debe a que el sometimiento a las mujeres
es clave para sostener las relaciones de poder. Maquiavelo lo tenía
claro desde el siglo XVI: “el que adquiere una ciudad acostumbrada a
vivir en libertad y no destruye su régimen legal, debe esperar ser
derrocado posteriormente, pues tal ciudad fincará su rebelión en su
libertad y en sus leyes (…) por más que el conquistador se esfuerce, si
no desune a sus habitantes nunca olvidarán la antigua libertad, ni sus
leyes propias, y recurrirán a ellas en la primera oportunidad (Nicolás
Maquiavelo, El Príncipe, Libros de ayer, hoy y siempre, Vol 9, México, 2008).
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