El Sol de México
En un radio de hasta 16.4 kilómetros alrededor del Estadio Akron, sede de la Copa del Mundo 2026, colectivos y autoridades han localizado fosas clandestinas. La búsqueda se extiende del campo a la ciudad: en calles y plazas, las familias colocan miles de fichas para visibilizar a las personas desaparecidas, mientras en los mismos territorios utilizan varillas metálicas para rastrear indicios bajo la superficie. Guadalajara se prepara para recibir a selecciones y aficionados; el rastreo no se detiene
El olor bajo la tierra del Akron
Aldo Canedo y Juan Carlos Rodríguez
La varilla entra en la tierra con un movimiento seco. Quien la sostiene se inclina apenas y presiona hasta hundirla unos centímetros. Luego la retira con cuidado y la acerca al rostro. El gesto es breve, casi mecánico: buscar olor.
No hay cámaras ni acordonamientos: solo pastizales, caminos de terracería y el silencio de una zona donde, según colectivos de búsqueda, han sido llevadas personas que no volvieron a salir. Aquí, en las inmediaciones de Zapopan, el primer indicio de una fosa clandestina no es visible: se detecta en la punta de una varilla.
A 7.9 kilómetros del Estadio Akron —una de las sedes del Mundial de Futbol 2026— la escena se repite. También a 12.5, a 12.9 y hasta 16.4 kilómetros. Los puntos no están aislados: forman un mismo perímetro.
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Mientras Guadalajara se prepara para recibir al mundo, bajo su superficie persiste otra búsqueda.
La búsqueda no comienza en el campo. Empieza en la ciudad.
En el centro de Guadalajara, los rostros están pegados en postes, bolardos, muros y monumentos. Son hojas con fotografías, nombres, edades y señas particulares: “Desaparecido”, “Ayuden a localizarlo”, “Tu mamá te busca”. La mayoría pasa sin detenerse. Algunos miran de reojo. Otros siguen de largo.
No es una campaña oficial. Las fichas no las coloca el gobierno, sino los propios colectivos de búsqueda que, desde hace años, han convertido el espacio público en un mapa improvisado de ausencia. Cada domingo, desde octubre de 2021, grupos como Luz de Esperanza han pegado entre dos mil y cinco mil cédulas en distintos puntos de la ciudad.
Akron fosas
Auxiliadas de una varilla adaptada para acompañarlas en su largo peregrinar, las familias que buscan a sus seres queridos en fosas clandestinas han aprendido a reconocer el olor a muerte
Un jueves al mediodía, en la Plaza de Armas, dos turistas se detienen frente a los bolardos cubiertos de fichas. Observan en silencio.
—¿Saben qué son? —se les pregunta.
Se miran entre ellos antes de responder:
—No.
—Son personas desaparecidas.
La respuesta los detiene. Vuelven a mirar las hojas, ahora con atención.
—¿Todos?
Alrededor, la gente sigue caminando.
Detrás de cada hoja hay una historia que no terminó.
Una pareja de turistas franceses observan las cédulas de búsqueda de personas desaparecidas en el centro de Guadalajara
El 18 de mayo de 2021, Héctor Daniel Flores Fernández fue presuntamente detenido por elementos de la Fiscalía de Jalisco a unas cuadras de La Minerva. Desde entonces no se sabe dónde está. Su padre, Héctor Flores, dejó su vida anterior para buscarlo.
"Es un acto de búsqueda en vida"
Héctor Flores, integrante del colectivo Luz de Esperanza
—No es lo que quisiéramos, pero hemos encontrado personas gracias a estas cédulas.
Torre Centinela, el tecnológico brazo de la ley
Con el tiempo, la rutina se volvió método. Identificar puntos de alta circulación, dividir zonas, regresar a pegar fichas donde han sido retiradas. La ciudad como territorio de rastreo.
En Jalisco, más de seis mil personas siguen desaparecidas desde 2018, de acuerdo con registros oficiales. A nivel nacional, la cifra supera las 130 mil.
Esa normalidad que Héctor se resiste a aceptar se ha visto trastocada por un episodio que puso la atención en Jalisco, pero, sobre todo, en la zona metropolitana de la capital, Guadalajara: un operativo federal que derivó en la captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Héctor Daniel Flores Fernández desapareció el 18 de mayo de 2021, luego de que presuntamente fue detenido por elementos de la Fiscalía de Jalisco
Faltaban poco más de 100 días para el inicio del Mundial de Futbol 2026.
Desde las primeras horas de ese 22 de febrero, la entidad se convirtió en zona de bloqueos. Camiones incendiados cerraron accesos y la circulación se volvió intermitente. En algunas zonas, los comercios bajaron cortinas. Las calles, incluso en áreas habitualmente concurridas de Guadalajara, se vaciaron.
El gobierno estatal activó el Código Rojo, suspendió clases y actividades públicas, y llamó a la población a permanecer en casa.
El padre de Héctor Daniel es integrante del colectivo Luz de Esperanza, uno de los más de 20 que operan en Jalisco
En ese contexto, los colectivos también se detuvieron.
Por primera vez en más de tres años, algunos grupos dejaron de salir a pegar fichas de búsqueda. Jornadas de campo en zonas donde se habían recibido denuncias sobre posibles fosas clandestinas fueron canceladas.
La búsqueda, que ya depende en gran medida de las propias familias, también queda a merced de la violencia.
Para quienes buscan, el riesgo es una condición permanente en el proceso para encontrarlos.
La distancia entre la ciudad y las fosas no siempre se mide en kilómetros. A veces basta salir del perímetro urbano para que el paisaje cambie.
Hacia el poniente de la zona metropolitana de Guadalajara, el concreto cede paso a caminos de terracería, terrenos baldíos y extensiones de pastizales. La señal de teléfono se vuelve intermitente. Las referencias son escasas: un cruce de caminos, una barda, un grupo de árboles.
En esta zona de Zapopan, el Estadio Akron aparece y desaparece en el horizonte. Desde algunos puntos se alcanza a ver su estructura blanca, elevada sobre el terreno. Desde otros, queda oculto por la vegetación y la irregularidad del terreno.
Es el mismo territorio.
Una casa de seguridad fue localizada a menos de 1.9 kilómetros del Estadio Akron, una de las tres sedes mundialistas en México, en febrero pasado
Fueron localizadas cadenas y esposas, lo que hace creer que en este lugar se mantenían personas privadas de la libertad
Esta casa de seguridad permanece abandonada
A partir del descubrimiento de este sitio, colectivos han localizado fosas clandestinas en un radio de hasta 16.4 kilómetros
Aquí, las motocicletas con jóvenes recorriendo caminos y avenidas son una constante. Pasan una y otra vez, como vigilando. A los costados de algunas carreteras aún quedan restos de vehículos calcinados, huellas recientes de los bloqueos.
A menos de 1.9 kilómetros del estadio, autoridades localizaron en febrero pasado una casa de seguridad con indicios de privación ilegal de la libertad. A partir de ahí, en un radio que se extiende hasta los 16.4 kilómetros, colectivos y autoridades han documentado la existencia de fosas clandestinas en distintos puntos.
No se trata de un solo hallazgo. Es una concentración.
Las Agujas, a 7.9 kilómetros del estadio, es uno de los puntos más relevantes. Entre febrero y septiembre de 2025, autoridades y colectivos reportaron 270 bolsas con restos humanos. Al corte de enero de 2026, la autoridad reconocía 62 víctimas, de las cuales 23 habían sido preidentificadas.
Más hacia el norte, en Arroyo Hondo, a 12.5 kilómetros del Estadio Akron, una fosa localizada en un antiguo taller derivó en la recuperación de 47 bolsas con restos humanos. De ellas, 15 víctimas habían sido identificadas.
En Lomas del Refugio, a 12.9 kilómetros, autoridades y colectivos recuperaron 72 bolsas con restos humanos correspondientes a 24 personas entre diciembre de 2024 y enero de 2025.
Y en Plan de la Noria, a 16.4 kilómetros del estadio, los hallazgos se repiten en medio de caminos estrechos y terrenos abiertos.
Los puntos no están aislados entre sí.
Están dentro de un mismo radio.
Entre febrero y septiembre de 2025 fueron localizadas 270 bolsas con restos humanos en fosas clandestinas en Las Agujas, a 7.9 kilómetros del Estadio Akron
La referencia no está en un mapa.
“Solo nos dieron como referencia esos árboles”, dice Carmen, mientras señala un grupo de troncos que sobresalen entre los pastizales. No hay señalamientos, ni cercas, ni marcas visibles.
Para llegar al punto, hay que desviarse de la avenida y tomar una vereda de no más de dos metros de ancho. El trayecto obliga a avanzar despacio durante varios minutos. Alrededor no hay casas habitadas. De vez en cuando pasa una motocicleta. El resto es silencio.
En Plan de la Noria, a 16.4 kilómetros del estadio, colectivos de búsqueda también han localizado restos humanos
Carmen tiene 26 años y forma parte del colectivo Manos Buscadoras de Jalisco. Busca a Víctor Hugo Meza. Desde hace meses, ese terreno forma parte de su rutina. Lo conoció por denuncias anónimas: personas que vieron cómo otros eran llevados hasta ahí y no regresaban.
A su lado camina su madre, Virginia, también integrante del grupo.
Patrocinio: el mayor campo de exterminio en México y la búsqueda que no termina
El procedimiento es siempre el mismo.
La varilla entra en la tierra, se retira, se acerca al rostro. Buscar olor. Repetir.
Así comenzaron.
Con el tiempo, el terreno dejó de ser solo una sospecha. Entre septiembre y noviembre de 2025, colectivos y autoridades localizaron en este punto 89 bolsas con restos humanos, correspondientes a 16 personas. Siete de ellas habían sido preidentificadas.
El trabajo terminó, oficialmente, a finales de noviembre.
Pero para ellas no.
Carmen, integrante del colectivo Manos buscadoras de Jalisco, introduce una varilla en el terreno, busca algún indicio positivo para restos humanos
—Es una tristeza verlos en pedacitos —dice Virginia—. Nosotras los tuvimos en el vientre.
El terreno sigue ahí.
Sin resguardo permanente.
Los restos de cinta amarilla, rotos, apenas señalan el perímetro que alguna vez fue asegurado.
No hay una marca que indique lo que ocurrió.
A 16.4 kilómetros del Estadio Akron.
La varilla no es un instrumento improvisado.
Para los colectivos, es una herramienta de búsqueda construida con la experiencia: una varilla metálica, en forma de T, con una punta que permite penetrar la tierra unos centímetros, lo suficiente para detectar lo que no se ve.
La superficie no es lisa: tiene una textura similar a la rosca de un tornillo que, al retirarla, puede arrastrar restos como cabello y permite insistir en puntos donde el olor ha sido alterado.
Con palas, picos y varillas familiares de personas desaparecidas continúan buscando a sus seres queridos
El procedimiento se ha ido afinando con la práctica. Insertar, retirar, observar. Buscar indicios: restos de cabello, fragmentos, alteraciones en el color de la tierra. Y, sobre todo, olor.
Es el primer paso de un protocolo construido por los propios colectivos: introducir la varilla en la tierra, retirarla y llevarla al rostro.
El pico metálico se coloca cerca de la nariz. Ahí buscan lo que —en cualquier otra circunstancia— nadie quisiera encontrar: olor a muerte.
A partir de ese indicio, se determina si es posible que bajo la superficie haya restos humanos.
"El olor de un humano es mucho más fuerte que el de un animal"
Raúl Servín, integrante del colectivo Guerreros Buscadores de Jalisco
—A veces no basta con el olor, otras veces sí. Hay lugares con basura o comida echada a perder que pueden confundir, pero con el tiempo se aprende a distinguir.
Raúl busca a su hijo desde 2018. Antes de eso no tenía experiencia en trabajos forenses ni en excavaciones. Lo más cercano, dice, fue un empleo breve como albañil.
Empezó solo, entrando a casas abandonadas en Tlajomulco, revisando habitaciones, patios y terrenos. Luego se sumó a otros familiares. Así se formaron los colectivos.
Hoy coordina búsquedas, acompaña a familias y participa en operativos donde se han localizado decenas de cuerpos. Su conocimiento no viene de manuales, sino del terreno: en la forma en que se hunde la tierra, en cómo responde al golpe de la pala, en lo que revela al tacto.
En su casa, en un fraccionamiento popular, guarda fotografías de su hijo en una habitación que convirtió en altar. Afuera, en un cobertizo, tiene el equipo listo: varilla, pala, pico, rastrillo y ropa para trabajo de campo.
La rutina se repite, aunque el impacto no desaparece.
Vicky y Carmen, madre y hermana de Víctor Hugo Meza Ponce, forman parte del colectivo Manos buscadoras de Jalisco /
—Lo más duro es ver cómo los dejan —dice—. Amarrados, con las manos, con la boca tapada. La cabeza empieza a pensar mil cosas. Que podría ser él.
Aun así, vuelve.
—Yo voy con la ilusión de encontrarlo. O de encontrar a alguien más para regresarlo con su familia.
A menos de dos kilómetros en línea recta de donde se han documentado casos de privación ilegal de la libertad, se levanta el Estadio Akron. Su estructura blanca, visible desde distintos puntos de Zapopan, será uno de los escenarios del Mundial de Futbol 2026.
En ese recinto, con capacidad para casi 50 mil personas, están programados cuatro partidos de la fase de grupos, incluido uno de la Selección Mexicana. Durante semanas, la ciudad recibirá a selecciones internacionales, equipos técnicos y miles de aficionados.
Sin experiencia en técnicas forenses ni excavaciones, Raúl Servín, integrante del colectivo Guerreros Unidos, busca a su hijo desaparecido desde 2018
La lógica del evento es otra: accesos controlados, operativos de seguridad, rutas de transporte, zonas de hospitalidad.
Pero el territorio es el mismo.
Durante el proceso para confirmar a Guadalajara como sede del Mundial, autoridades estatales incluyeron en su diagnóstico un apartado sobre derechos humanos. El documento, fechado en 2022, reconoce que en Jalisco existe un alto número de personas desaparecidas y fosas clandestinas, y advierte que este fenómeno se ha agravado en los últimos años.
El informe también señala que algunos casos de secuestro y desaparición han involucrado a personas extranjeras, tanto en la zona metropolitana como en destinos turísticos del estado.
La advertencia es explícita: existe un alto riesgo de que esta situación pueda afectar el desarrollo del evento, particularmente si se presenta un incidente con visitantes internacionales.
Este padre buscador montó un altar en la habitación de su hijo, Raúl Servín Galván, quien forma parte de las más de 6 mil personas desaparecidas en Jalisco
No es una denuncia. Es un diagnóstico incorporado en el propio proceso de organización del Mundial.
Consultado sobre los riesgos en la entidad, el Comité Organizador señaló que la FIFA trabaja en coordinación con autoridades de los tres niveles de gobierno para garantizar la seguridad de participantes, asistentes y población en general.
“Es un tema profundamente doloroso para Jalisco y para el país”, dijo Montserrat Hidalgo, responsable de la sede Guadalajara. “Las investigaciones corresponden a las autoridades competentes. Desde la organización, lo que nos toca es asegurar que los estándares de seguridad y derechos humanos se cumplan”.
Añadió que el organismo contempla protocolos de atención en caso de manifestaciones sociales durante el evento.
Algunas personas siguen su andar sin inmutarse ante las fichas de desaparecidos, pero para quienes buscan a sus familiares visibilizar sus casos es indispensable
El Mundial avanza.
El diagnóstico también.
Para quienes buscan a sus familiares, el Mundial no es una prioridad.
—No es que estemos en contra del evento —dice Héctor Flores—. Pero está fuera de contexto. Hay muchas crisis que se están viviendo en el país. Lo que se va a gastar debería invertirse en seguridad y en atender la crisis forense.
En el terreno, la preocupación es más inmediata.
—Si el estado no puede cuidar a su propia gente, ¿cómo va a cuidar a los extranjeros? —cuestiona Carmen, integrante de un colectivo de búsqueda.
La ciudad de Guadalajara es fiel reflejo de las heridas abiertas en miles de familias jaliscienses, que buscan visibilizar la crisis de desapariciones colocando las fichas de sus seres queridos en espacios públicos /
Su madre, Virginia, lo plantea en otros términos:
—Ellos van a festejar un gol, y nosotros tenemos una tristeza enorme —dice Virginia—. Si todo lo que se va a gastar allá nos ayudara con herramientas, con lo que nos hace falta…
"Deberíamos estar festejando a nuestros hijos con vida y no goles"
Virginia, del Colectivo Manos Buscadoras de Jalisco
En Jalisco operan más de 20 colectivos de búsqueda. La mayoría coincide en dos ideas: la falta de condiciones para enfrentar la crisis de desapariciones y el temor de que, en el contexto del Mundial, el problema sea desplazado del espacio público.
—Nosotros no vamos a parar —dice Raúl Servín—. Con Mundial o sin Mundial, la búsqueda sigue.
La preocupación no es solo la violencia. También es la posibilidad de que deje de verse.
En los últimos meses, colectivos de Jalisco han denunciado el retiro sistemático de fichas de búsqueda en espacios públicos. Las hojas que aparecen pegadas un día, desaparecen al siguiente. En algunos casos, son cubiertas con pintura o arrancadas durante la noche.
Para las familias, no es un detalle menor. Es parte del proceso de búsqueda.
—Pegamos fichas todo un domingo —explica una integrante de colectivos de búsqueda—, y al día siguiente ya no están. O aparecen tachadas.
El fenómeno encendió alertas en el Congreso local, donde comenzó a discutirse una iniciativa relacionada con la regulación de estos materiales en el espacio público. Lo que en un primer momento planteaba sanciones por el retiro de cédulas de búsqueda derivó en una propuesta que abría la posibilidad de limitar los lugares donde pueden colocarse.
Familiares y colectivos de búsqueda en Jalisco están decididas a visibilizar la crisis de desapariciones en la entidad durante el Mundial de la FIFA 2026
La diputada Tonantzin Cárdenas, presidenta de la Comisión Especial de Personas Desaparecidas, ha documentado en recorridos con colectivos que las fichas colocadas en espacios públicos son retiradas o intervenidas en cuestión de horas.
—Esto es revictimizante —señala.
Para los colectivos, la señal es clara.
—Están limpiando la ciudad —dice Virginia—. Pero no entienden que esas fichas son lo único que tenemos para encontrar a nuestros hijos.
La preocupación se acentúa en el contexto del Mundial.
La Concordia, de las llamas al valor de la empatía
—Hay una intención de que esto no se vea —señalan integrantes de colectivos—. De que la gente que venga no se entere de lo que está pasando.
En una ciudad donde la búsqueda depende en gran medida de la visibilidad, retirar las fichas no elimina el problema.
Solo lo oculta.
En Guadalajara, hablar del tema no siempre es una opción.
En el centro de la ciudad, a unos pasos del Congreso local y del Palacio de Gobierno, un comerciante explica que la cautela es parte de la rutina.
Tonantzin Cárdenas, diputada y presidenta de la Comisión Especial de Personas Desaparecidas en el Congreso local, ha documentado que las cédulas de búsqueda colocadas en espacios públicos son retiradas
—No sabes quién está escuchando —dice—. No sabes si preguntar de más puede meterte en problemas.
La lógica se repite en la periferia. En zonas como Las Agujas, Arroyo Hondo o Plan de la Noria, el consejo es el mismo: no hacer preguntas, no detenerse demasiado, no llamar la atención.
Algunas personas prefieren no hablar. Otras responden con evasivas.
—La gente sabe lo que pasa —dice una fuente que ha trabajado en esas zonas—, pero también sabe que es mejor no decirlo.
Vigilancia constante, seguimiento de movimientos, control del territorio.
En ese contexto, quienes salen a buscar —a pegar fichas, a excavar, a preguntar— operan en una línea delgada entre la visibilidad y el riesgo.
—Los que buscan son los más valientes —dice el comerciante—. Los demás aprendemos a mirar a otro lado.
La varilla entra en la tierra.
Se retira.
Se acerca al rostro.
El gesto se repite.
A unos kilómetros, el estadio se prepara.
Aquí, la búsqueda no se detiene.
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