2/05/2010



Utopía

La Constitución de Calderón


Eduardo Ibarra Aguirre


Al señor que juró --rodeado de militares que tomaron el Palacio Legislativo el 1 de diciembre de 2006--, cumplir y hacer cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, no se le puede demandar por su incumplimiento porque no la conoce. O bien, miente en forma deliberada a los gobernados que en número creciente lo impugnan, lo rechazan y hasta empiezan a exigir su renuncia, tanto en Ciudad Juárez, Chihuahua, como las organizaciones de la diversidad sexual.


El jurista más ilustre de la Escuela Libre de Derecho reveló a los colegas japoneses, en Tokio, un descubrimiento: "La Constitución de la República habla explícitamente del matrimonio entre el hombre y la mujer, y ahí hay simplemente un debate legal que tiene que ser resuelto por la Suprema Corte, pero no tiene éste intencionalidad política ni parte de ningún prejuicio".


Más allá de la ignorancia que implica disociar una definición presidencial respecto de lo político, los constitucionalistas no encontraron por ningún lado respaldo, ni en la letra ni en el espíritu de la ley de leyes, al postulado descubierto por Felipe del Sagrado Corazón de Jesús Calderón Hinojosa en un peligrosísimo arrebato para defender sus muy respetables convicciones religiosos, haciendo honor a su nombre bautismal, pero en la misma medida alejado de sus obligaciones como presidente del Estado laico. Aparte está el origen, la ilegitimidad que significa que 3.5 de cada 10 ciudadanos aseguran que el cargo no lo ganó en las urnas.


Especialistas como Miguel Carbonell Sánchez encontraron que en la exposición de motivos para la reforma constitucional de 1974, se detalla que la familia se compone por "madre, padre y pocos hijos. Éste es el modelo ideal de nuestra sociedad futura", pregonaba Luis Echeverría Álvarez con el eslogan "La familia pequeña vive mejor", aunque la suya es demasiado numerosa, para poner en marcha políticas de planificación familiar –a las que se opuso la jerarquía católica-- que disminuyeran el crecimiento de la población, que era un problema grave y urgente de resolver para el gobierno. Y de allí se agarró con desesperación Arturo Chávez Chávez para respaldar con un documento de 110 cuartillas la controversia que interpuso ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación contra de las reformas realizadas por la Asamblea Legislativa para que homosexuales y lesbianas puedan contraer matrimonio y adoptar niños.


Una exposición de motivos no es, ni remotamente, un artículo de la carta magna, como tramposamente sostiene el abogado y economista que optó por conducirse como monaguillo ante una Conferencia del Episcopado Mexicano que acaba de meter reversa en un debate que apenas comienza, pero en el que cosechó muchas críticas por la incapacidad para trascender los dogmas de la fe metamorfoseados en frases hirientes y discriminatorias, frente a una sociedad moderna y diversa como la mexicana, que en su parte mayoritaria aprueba y/o respeta el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo.


Porque finalmente de eso se trata. De ampliar y reconocer derechos ciudadanos a minorías que, en su conjunto, constituyen las grandes mayorías de este país.


Es insostenible, por ello, que Felipe del Sagrado Corazón de Jesús proclame, por una parte: "Yo, desde luego, respeto plenamente las preferencias sexuales de las personas y a las parejas integradas por personas del mismo sexo", y por la otra incorpore al Poder Ejecutivo federal en la defensa de las políticas homofóbicas y misóginas del Vaticano, en plena segunda década del siglo XXI.


Acuse de recibo


"Recordar siempre que el periodismo es, ante todo, un acto de servicio. El periodismo es ponerse en el lugar del otro, comprender lo otro. Y, a veces, ser otro", citó Roberto Rodríguez Baños en su columna Molinos de Viento, del miércoles 3. Añadió: "También estoy seguro de que la mejor candidatura que puede postularse para la vigésimo octava edición del Premio Nuevo Periodismo, cuya convocatoria de registro se conserva en plazo de vigencia, es la revista Forum que dirige Eduardo Ibarra Aguirre. Llegué a esta conclusión al revisar el lunes pasado la edición de la serie Periodistas en el portal http://www.canal21.df.gob.mx/index_periodistas.html (,) donde Sara Lovera, Pepe Reveles y quien esto escribe, conversamos a finales del año pasado con el compañero Ibarra, editor del medio referido, que durante 2009 llegó al último capítulo de una historia de persecución y acoso iniciada desde la burocracia federal mexicana tanto en tiempos del PRI como en los del PAN o, si se prefiere, durante la ininterrumpida hegemonía del binomio PRIAN. Y como estoy convencido de que todo esto ocurre porque Ibarra y sus colaboradores actúan en consecuencia con la fórmula de Tomás Eloy Martínez y la suma de principios de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano referidos párrafos antes, postulo aquí su candidatura al premio anual que esa institución entregará en septiembre próximo. Forum predica con el ejemplo." Muchas gracias, Roberto.


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