3/29/2026

En peligro la salud mental

 El Poder del Consumidor

Alejandro Calvillo

En peligro la salud mental

"La evidencia sobre los daños a la salud mental y a la vida de millones de personas puede ser ya, en cierto grado, irreversible".

El consumo o uso elevado de “X producto” está directamente relacionado con mayores niveles de ansiedad. Provoca descargas altas de dopamina y placer momentáneo, seguidas de caídas bruscas que generan irritabilidad, fatiga y síntomas de estrés —como taquicardia y liberación de cortisol—, creando un ciclo adictivo que afecta el estado de ánimo y la salud mental.

¿Qué es este “X producto”? ¿Qué es lo que se consume en esta civilización desde muy temprana edad que nos da placer, nos genera adicción, afecta nuestro estado de ánimo y nuestra salud mental, a tal grado de que podemos decir que nos ha llevado a convertirnos en la sociedad de la ansiedad o, más bien, la sociedad de la dopamina-adicción-ansiedad?

Seguramente piensa usted en algo que puede ser ese “X producto”. En primer lugar, hay que decir que no se trata de un sólo producto: se trata de una gran cantidad de productos diseñados para generar esa descarga de placer, provocar adicción y, con ello, capturar y moldear, desde muy temprana edad, a consumidores de por vida. La vida es dominada, en su más íntima dimensión, por la lógica corporativa: que el consumidor que ya consume el producto lo consuma más, y que quien aún no lo consume comience a hacerlo. Y lo mejor para ello es la captura a través de la adicción. Un mundo de dealers que atacan desde la más temprana edad. Y no se trata de adicción solo a productos que comemos, bebemos o inhalamos; se trata de moldear ideológicamente al ciudadano-consumidor, de provocar una percepción ya bien diseñada que sea vivida como realidad, todo al servicio del poder, ya sea económico o político.

Seguramente escuchó usted, en estos días, que una mujer de 20 años ganó una sentencia millonaria en Los Ángeles, California, contra Facebook e Instagram, tras reconocerse que había dañado su salud mental y afirmarse que estas plataformas están diseñadas para crear adicción en sus usuarios. La dimensión del impacto adictivo de estas plataformas puede estimarse cuando consideramos que llegan a gran parte de la humanidad. Facebook tiene aproximadamente tres mil millones de usuarios; por su parte, Instagram alrededor de dos mil a tres mil millones de usuarios activos.

Pongamos como primer “X producto” a las redes sociales. Un producto consumido desde temprana edad que genera una descarga de dopamina, de placer, seguida de una caída de irritabilidad, fatiga y ansiedad. Y esto muy bien lo sabe la corporación. En procesos judiciales contra esta empresa, Meta (Facebook e Instagram), se obtuvo un estudio interno conocido como Proyecto Mercurio, que se enfocó en evaluar el impacto de estas plataformas en la salud mental. En este estudio —encargado por Meta y mantenido como secreto— se realizó un experimento social en el que a un grupo de personas se les desactivaron sus cuentas durante una semana. Estas personas, tras una semana de estar desconectadas de las redes, compartieron que habían bajado sus niveles de ansiedad, soledad, depresión y la práctica de estarse comparando con otros.

La evidencia sobre los daños a la salud mental y a la vida, en general, de millones de personas —al menos dos generaciones— puede ser ya, en cierto grado, irreversible. La pregunta es si se tendrá la capacidad de regular estas plataformas, el uso de la IA, de sus algoritmos, de su robo y captura de los datos, gustos, fobias, fortalezas y debilidades, para hacer uso de ella, para explotarlas comercial e ideológicamente.

En octubre de 2021 publiqué aquí el artículo “Facebook y su algoritmo criminal” (https://www.sinembargo.mx/4040876/facebook-y-su-algoritmo-criminal/), donde daba cuenta de la comparecencia de Frances Haugen, la “Garganta Profunda de Facebook”, ante el Congreso de los Estados Unidos testificando en relación a las acciones de esa empresa e Instagram para incrementar ganancias a través de difundir mensajes de odio, promover las teorías conspirativas y el deterioro psicológico de las y los adolescentes.

Esta extrabajadora de Meta había filtrado a The Wall Street Journal una serie de documentos internos de esta corporación que mostraban su conducta sociópata. A ella se le asignó la tarea de desarrollar un algoritmo que permitiera bloquear mensajes racistas contra la población musulmana y diversas minorías, entre ellas la comunidad LGBT+. De manera abrupta, el proyecto fue cerrado y uno de los directivos de FB justificó que “priorizar la seguridad de grupos marginales sería demasiado político”. No se trata solamente de que no se bloqueen mensajes violentos: el algoritmo tiende a premiarlos y darles mayor difusión. Los documentos demostraron que los algoritmos favorecían los discursos de confrontación, conspiración y violencia que mantenían a los usuarios durante más tiempo navegando y, por lo tanto, eran expuestos a más publicidad. Entre más publicidad, mayor ganancia para la corporación.

Frances Haugen entró a trabajar en Facebook por una razón: porque perdió a su mejor amigo por culpa de esa corporación. Su mejor amigo comenzó a interesarse por las teorías conspirativas y el algoritmo lo ahogó en ellas; no había manera de seguir conviviendo con él si no se estaba de acuerdo con sus creencias. Haugen señaló cómo Meta estaba destruyendo la democracia; ella fue testigo de cómo Facebook fue una herramienta de coordinación para el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, cuando Trump perdió las elecciones frente a Biden. Entre los documentos que Haugen sacó de Meta estaban los reclamos de partidos políticos europeos a estas plataformas acusándolas de generar ambientes políticos de confrontación al darle difusión a los mensajes más violentos. Al convertirse estas plataformas en los principales medios de comunicación, no solamente tienen un impacto adictivo por su formato, sino también un impacto en la gobernanza, en la democracia y los valores, por sus contenidos.

Por otro lado, Haugen mostró cómo estas plataformas se aprovechan de las vulnerabilidades de las personas. Por ejemplo, de manera inmediata, con sus algoritmos, identifican a las jóvenes que viven insatisfechas con su imagen física, llenándolas de publicidad de productos cosméticos, ropa de moda, así como de terapias y consejos chatarra que terminan por hundirlas en esas vulnerabilidades. Así pasa con quienes sufren de otras vulnerabilidades, con quienes tienen una enfermedad crónica, con quienes sufren de alcoholismo, son adictos al tabaco, al vapeo, a la comida chatarra, a los refrescos, a las bebidas energéticas, etcétera, etcétera. 

En esta colaboración hablamos de uno de esos “X productos” que generan adicción y después irritabilidad y ansiedad: hablamos del uso de las plataformas digitales. La frase se puede aplicar a muchos productos, pero, originalmente, se refería a un producto de uso diario y desde edad muy temprana: al azúcar. Este producto adictivo se consume desde muy temprana edad en altas cantidades a través de las bebidas azucaradas. El consumo de estas bebidas azucaradas en México —uno de los más altos en el mundo— provoca cada año 230 mil nuevos casos de diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Hablaremos más de este producto en el contexto de la Copa Cola en otras colaboraciones.

Sin embargo, concluyamos con una buena noticia: la sentencia en Los Ángeles, California, contra Meta, por el reconocimiento de los daños que generan estas corporaciones y la obligación a que comiencen a pagarlos. Esta será la única manera para que sus prácticas, el diseño de sus productos, sean regulados, para lograr que los algoritmos estén diseñados para el bienestar de la población, no para el beneficio de unos a costa del daño a los demás, a costa del diálogo y la democracia.

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