5/04/2026

La única salida


Viri Ríos

El mensaje de la Presidenta ante el caso Rocha Moya fue impecable. Enfatizó lo necesario sin dejar de decir lo obvio. Sheinbaum fue clara en que no dudará en ir en contra de un miembro de su propio partido si la evidencia es fehaciente, pero también clarificó lo que todos sabemos: que EU ha usado, una y otra vez, acusaciones judiciales para influir hostilmente en la política de otros países.

Retirar a Rocha Moya del cargo como gobernador también fue correcto. Tenerlo al mando invitaba a una crisis de relaciones públicas y gobernabilidad.

El dilema ahora consiste en qué sigue: extraditarlo a EU, juzgarlo en México o dejarlo ir.

Extraditarlo no es el camino. Hacerlo mandará una señal de debilidad de la que Trump se aprovechará. Creerá la sensación de que México no puede hacer justicia por sí solo. Y abrirá una posible cacería de brujas hacia otras figuras públicas porque Rocha Moya tendrá incentivos a declarar lo que sea que Trump quiera escuchar con tal de reducir su condena.

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La probabilidad de que, si México no extradita a Rocha Moya, EU venga por él, como hizo con Maduro, es muy remota. México no es Venezuela y EU no tiene interés en que la relación bilateral implosione.

Aun en el caso de que sucediera, la acción terminaría favoreciendo a la Presidenta, pues el rechazo nacional hacia EU sería unánime. El mexicano promedio no quiere justicia extraterritorial. El 81% tiene una desfavorable imagen de Trump y el 76% piensa que debemos proteger la soberanía y no permitir que EU se meta, según encuesta de El Financiero.

La única salida real a este embrollo es juzgar a Rocha Moya en México con un proceso auténtico.

Enfatizo auténtico, porque juzgarlo para solo dejarlo ir tampoco es el camino. Ello refrendará la idea de que Morena no tiene interés en luchar contra la corrupción y de que se ha podrido. La mayoría de los votantes de Morena creen que la corrupción debe reducirse y entre los militantes existe un sentimiento similar. El mexicano promedio quiere ver justicia.

Es claro que un ala minoritaria, pero influyente dentro de Morena, cree que juzgarlo sería un error. Su temor es que, de hacerlo, EU continuaría solicitando más y más extradiciones, empujando a que Morena tenga que juzgar a más y más gente, y con ello destrozando la popularidad de Sheinbaum y la capacidad del partido de ganar elecciones.

No puede descartarse que Trump busque destruir a la Presidenta, pero me parece poco probable. México no tiene una oposición real. Desestabilizar al partido en el poder implicaría sumergir a todo el país en una crisis política y de gobernabilidad.

México tiene herramientas para presionar a EU que no ha usado por miedo o cautela. En un momento extremo podrían usarlas y son poderosas.

Más aún, Morena no tendría por qué reaccionar a todas las peticiones de EU por igual. Donde la evidencia sea sólida, se puede proceder; donde no, se pueden dar explicaciones que justifiquen la defensa. El electorado entenderá la injerencia de EU y la rechazará si sucede con demasiada frecuencia.

Lo que EU busca no es destruir a Morena, sino evitar que sea un partido de izquierda. La forma más fácil de lograrlo es que se avale a un candidato presidencial que no lo sea. Es ahí donde deberían prenderse las alertas. 

Lo contenido en este texto es publicado por su autora en su carácter exclusivo como profesionista independiente y no refleja las opiniones, políticas o posiciones de otros cargos que desempeña.

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