5/17/2026

Los consulados como arma de la revolución

Fabrizio Mejía Madrid

"El autor, sin decencia, llama a esto: arma de inmigración masiva, que va con la desproporción de llamar arma de destrucción masiva al fentanilo".

Los consulados como arma de la revolución. Por Fabrizio Mejía

¿Qué tienen en común China, México, Barack Obama y el Papa? Que según los conspiranoicos de MAGA alientan la inmigración sin papeles a su inmaculado y virginal país para cumplir un propósito malévolo: cambiar la cultura de Estados Unidos, cualquiera que eso sea. Esto lo han dicho muchos y su teoría conspirativa explica cosas que parecerían no estar vinculadas como el reciente ataque de Marco Rubio a la existencia de 52 consulados mexicanos, la pelea que Trump empezó contra el Papa, y la visita de la élite tecnológica a China. Pero me voy a referir a un sólo libro de Peter Schwizer llamado The invisible coup, el Golpe de Estado invisible, por varias razones. La primera es que fue el título más vendido en la lista del New York Times en febrero de este año. La segunda es su portada. Es la foto que viralizó Elon Musk durante las protestas contra el ICE en junio de 2025 en Paramount, Los Ángeles, exigiendo que reprimiera la Guardia Nacional porque eran de “extranjeros”. En esa foto, un encapuchado se para sobre un vehículo autónomo de Waymo que se está incendiando y agita una bandera mexicana. En la parte de abajo de la portada hay varios retratos: Claudia Sheinbaum, Xi Jinping, y los demócratas Alexandria Ocasio-Cortez, Barack Obama, y Joe Biden. Tiene un subtítulo como gancho: “¿Cómo las élites estadounidenses y los poderes extranjeros usan la inmigración como arma política?” La tercera razón es que, viendo el ataque a los consulados mexicanos, los insultos al Papa de un Donald Trump que se autorretrata como Jesucristo, y la reciente visita de éste mismo a China, me parece que las teorías de la conspiración, con toda su falsedad, se convierten en reales precisamente porque las implementan los republicanos como políticas públicas. Es decir, las políticas de la segunda gestión de Trump son delirios con mucho presupuesto.

El autor de este panfleto fascista es quien le escribía algunos discursos a George W. Bush y es ahora un analista frecuente de Fox News. Su propósito es crear una mitología de dioses malos que quieren robarle el alma a los estadunidenses a través de la inmigración sin papeles. Estos dioses están adentro y son dos expresidentes demócratas y dos activistas del progresismo, Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, aunque también aparece por ahí Zohran Mamdani, el Alcalde de Nueva York. Afuera, ya dijimos, están por México, el Presidente López Obrador y la Presidenta Claudia, pero ---cosa sorprendente--- también personajes como Loret de Mola, Catón del periódico Reforma, Jorge Ramos de la televisión gringa, y hasta Ernesto Zedillo---, del lado chino, todo el Partido Comunista, Cuba, Lula, Nicaragua y Chávez. Pero, también el Papa Francisco y el nuevo, León XIV. Hacen breves apariciones la Hermandad Musulmana de Estados Unidos, la ONU, y Fidel Castro. Pero antes de revisar esta mitología de los dioses malos, quiero empezar por el final, que son las propuestas de política pública que hace Schweizer y que podemos ver en la realidad con este segundo Donald Trump. Lo que este neofascista propone son cinco puntos: prohibir la doble nacionalidad porque no se puede ser la leal a dos naciones; someter a los inmigrantes a un “escrutinio ideológico” ---así lo llama Schweizer--- para saber si respetan los valores estadunidenses; prohibir lo que él llama “turismo para dar a luz”, que según él explica por qué las inmigrantes tienen tasas de natalidad superiores a las blancas de MAGA; cerrar los consulados mexicanos porque defienden a sus migrantes; prohibir la participación política de extranjeros; revisar ideológicamente a los que tengan becas para estudiar, especialmente para buscar anti-semitas entre rusos, iraníes, norcoreanos, y chinos; y revisar que los nuevos ciudadanos no tengan compromisos para votar por el Partido Demócrata.

Una de los rasgos más distintivos de los delirios conspirativos es que tratan de sintetizar en unos cuantos enemigos lo que, en realidad, son procesos complejos y bastante inciertos, como la migración. Cuando el ensayista italiano Roberto Calasso escribe sobre la paranoia política le interesa ese aspecto: su rigidez. Escribe Calasso: “es la petrificación del mundo paranoico en oposición al mundo de las metamorfosis”. Como decimos, es el delirio el que estabiliza el abismo entre nuestro imaginario y la realidad cuando estos distan mucho entre sí y propone rigidizar todo lo que le parece incierto, cambiante, desconocido en un mapa de dioses malos. El trumpismo como una solución simple para problemas históricos, estructurales, intrincados y múltiples. La migración, como sabemos todos, tiene origenes en la necesidad de poblaciones enteras de huir de la marginación, sea económica, política o criminal, o de las guerras, hambrunas, genocidios, o de los fenómenos climáticos asociados al calentamiento del planeta. No en balde la migración que le preocupa a Schweizer es la post-pandemia y post-huracanes en el Caribe y en Centroamérica. Pero, para él, hay un plan diseñado por los gobiernos comunistas de América Latina y por los progresistas de Estados Unidos para que llegue mucha gente y cambiar la esencia de su cultura. El problema con su enfoque es que la gente que migra es precisamente incontrolable, desde que los humanos abandonamos África para ir a Eurasia hace 70 mil años. El otro problema es que sólo él puede asegurar que las personas llevan el supuesto comunismo en la sangre o en el ADN. Para él lo llevan adherido a “la cultura”. Para él sería la misma si viene de los países árabes, que de China, que de América Latina. Es una manera no muy brillante de encubrir su racismo desbocado. Lo que piensa es que él no quiere inmigrantes morenos, ni de otras religiones que no sean las cristianas, ni que hablen otros idiomas, coman otros productos que no sean las hamburguesas industriales, tengan otro talante frente a la injusticia, pero no lo dice así, sino que lo enmascara diciendo que “el choque de civilizaciones” que Huntington había previsto entre Occidente y el Islam, se da dentro de los Estados Unidos. Pero su siguiente problema es cuando trata de definir qué sería esa cultura estadunidense que él tanto quiere proteger. Schweizer acaba diciendo que es el libre mercado, es decir, que la idiosincracia de los gringos es ideológica, no cultural. Consciente de su deficiencia, la deja sin abordar y, entonces, el lado maldito de la humanidad, el que viene de México, China, Cuba, y los católicos romanos, ya tampoco es realmente cultural sino también sólo ideológico: son más comunitaristas y anti-individualistas. Así de frívolo es el disfraz que le pega con masking tape a su racismo desbordado. Lo dice en este garabato de argumento: “A mayor inmigración, mayor voto por los demócratas”. Para este fascista Estados Unidos es sólo para los que piensan como Marco Rubio y JD Vance. Todo el resto, que es la mayoría, debería de callarse, no votar, o irse deportado a una cárcel de Bukele en El Salvador.

Ahora sí, vayamos a lo que cuenta este panfleto fascista. Lo primero que asegura Schweizer es que la inmigración es subversión. Quien no sabe qué es un levantamiento insurgente, una motín o una revolución, le puede parecer que esas personas que cruzan las altas temperaturas de frontera mexicana con sólo lo puesto, esos que van en llantas de hule sorteando el mar, aquellos que han caminado y corrido miles de kilómetros con miedo, pueden ser calumniados por un profesor de Stanford. Su argumento descansa en lo que dijo un Juez de apelaciones para los migrantes sin papeles nada más ni nada menos que Aaron Petty que, a su vez, asegura sin presentar pruebas que: “Los movimientos migratorios internacionales suelen ser impulsados, alentados o impedidos por gobiernos o fuerzas políticas. Las migraciones masivas no ocurren por sí solas; con frecuencia, se provocan”. De ahí, Schweizer tortura un poco más la realidad para decir que son los gobiernos o los partidos políticos extranjeros o el Papa los que promueven la migración con fines electorales. Para hacer su argumento creíble inventa dos cosas. Una, que México promueve desde que José Vasconcelos era el Secretario de Educación de Álvaro Obregón hace ya un siglo, la idea de reconquistar sus territorios perdidos en la guerra de 1847 contra Estados Unidos. Para ser impulsado por “fuerzas políticas”, como dice el Juez Petty pues han sido un poco ineficaces, porque ya van casi dos siglos. Y que China, a su vez, prepara lo que llama “una generación Manchuria” que consiste en matricular estudiantes en sus universidades, llevar a parir a mujeres chinas en su territorio, para que, voten ya como ciudadanos por quien les ordene el Partido Comunista Chino. Delirios que son políticas públicas. La de la “reconquista” de territorio es por no poder pensar que entre ambos países, a ambos lados de la frontera, se han dado procesos culturales, industriales, y comerciales intrincados en la trama de las familias. Schweizer se escandaliza de la frase “no crucé la frontera, la frontera me cruzó a mí”, que no inventaron Los Tigres del Norte en 2001, ni Andrés Manuel en 2018, sino que es parte de la cultura popular de aquellos trabajadores que son tratados como extranjeros en una tierra que ya era de sus ancestros. Pero Schweizer no ve en eso cultura y un sentimiento sino ideología. De ahí que proponga el cierre de los consulados. El autor, sin decencia alguna, llama a esto: arma de inmigración masiva, que va muy bien con la desproporción de llamar, por ejemplo, arma de destrucción masiva al fentanilo o grupos terroristas a inventos de Trump como el “Cartel de los Soles”. Dice, ya instalado en el melodrama vaquero que esa migración es peor que Pearl Harbor o que el 11 de septiembre. Así: lo dice para generar un terror que lo exenta de aportar un sólo dato. Según él, desde que Fidel Castro dejó salir inmigrantes a Miami desde Puerto Mariel en 1980, base de la historia de Cara Cortada de Brian de Palma, América Latina ---lo cito--- ha emprendido “la exportación estratégica de criminales violentos, psicópatas, agentes de inteligencia y narcotraficantes para desestabilizar el territorio estadounidense”. Basado en la misma película con Al Pacino, el catedrático se atreve a asegurar sin ningún dato o evidencia que los cárteles de la droga controlan el tráfico humano y que ---y ojo con esta afirmación del todo irresponsable---: “Y el flujo constante de dinero que los migrantes envían a sus familiares en sus países de origen sirve de tapadera para el blanqueo de capitales procedentes del narcotráfico, que se trasladan desde Estados Unidos a América Latina”. Hay que estar atentos a esta criminalización de las remesas porque significarían un nuevo despojo a los más pobres de México de un dinero que han ganado con mucho esfuerzo para sus parientes.

En cuanto a la supuesta “generación Manchuria” de China, Schweizer asegura que el Partido Comunista de Xi Jingpin tiene una política de enviar mujeres embarazadas o comprar úteros en territorio estadounidense para fabricar ciudadanos con derecho a voto. De ahí la iniciativa de Donald Trump de reformar la Enmienda 14 para que los nacidos en ese territorio no obtengan la ciudadanía por nacimiento, sino que conserven la de los padres. También de ahí la propuesta de prohibir la doble nacionalidad. Todo viene de inflar un caso de una compañía china de fertilidad que se instaló en California y cuyas oficinas fueron abiertas por la policía encontrando a una decena de mujeres embarazadas esperando dar a luz. De ahí, Schweizer saca que es una “política del Partido Comunista”. Escribe: “Especialmente en China, el turismo de maternidad está altamente organizado, cuenta con el apoyo del Partido Comunista Chino y quizás representa un método encubierto para introducir millones de 'ciudadanos' en Estados Unidos".

Pero a lo que va el facho de Fox News es contra las ciudades santuario que fueron creadas por iglesias católicas para darle asilo a los refugiados de las guerras en Centroamérica durante los años ochentas. La primera fue San Francisco en 1986. Pero para Schweizer, la culpa es del Vaticano, en especial del Papa Francisco, aunque en ese entonces, los ochentas, el Papa era el ultraconservador Juan Pablo II que ayudó a la extinción del bloque socialista. Pero ya sabemos que la historia no es lo de los fachos. Si no pregúntenle a Ayuso o a Martín Moreno. Lo que quiere el autor es alegar sobre los vínculos entre la ciudades santuario, los demócratas, y el caso de Ábrego García, un ciudadano estadunidense que él acusa de ser tanto del Frente Farabundo Martí de El Salvador como de la pandilla MS-13 y que Trump insistió en deportar a una prisión de Bukele. Escribe: “Los inmigrantes ofrecen oportunidades tanto para los movimientos radicales extranjeros como para los progresistas estadounidenses de demoler los fundamentos estadounidenses de la ley y el orden, el individualismo y el gobierno limitado”.
Y todo esto es culpa del recién fallecido Papa. Escribe: “Bajo el pontificado del papa Francisco, la Iglesia católica romana se unió a sus filas, con la esperanza de transformar la cultura estadounidense para que se ajustara a los preceptos de la Teología de la Liberación. Francisco se alió con aquellos con quienes aparentemente compartía muy poco en común, salvo un profundo y constante deseo de alterar radicalmente los cimientos de la sociedad occidental. El Papa Francisco estaba transformando radicalmente el catolicismo, elevando una fe con tintes marxistas al centro de la Iglesia”. Pero en el empeño de embarrar a todos sus adversarios políticos en el mismo mapa de dioses malos, Schweizer asegura que, en una reunión de movimientos sociales en Roma en 2014, se propuso la canonización del militante italiano Antonio Gramsci. Como en el caso de la famosa “reconquista” de México de sus territorios perdidos, a Schweizer le estorba la ironía y el sentido del humor. Nadie pidió la canonización de un ateo comunista sino que el líder de los Sin Tierra de Brasil, Joao Pedro Stédile, se refirió al “santo súbito” para resaltar la vigencia que todavía tenía el pensamiento de Gramsci.

La vileza es lo de los fachos contemporáneos. Así, este, además de culpar al Papa muerto y a Andrés Manuel López Obrador por la migración, se atreve a sostener sin ningún tipo de evidencia: “Debido a que los migrantes que viajaban con niños recibían un trato preferencial tanto en México como en Estados Unidos, surgió un mercado negro donde se prestaban o alquilaban niños para aumentar las probabilidades de que un migrante pudiera entrar y permanecer en Estados Unidos. Algunos migrantes abandonaban a sus hijos una vez que cruzaban la frontera. Otros niños eran víctimas de trata sexual”. Lo escribe quien defiende a Trump, quien ha conseguido ocultar lo medular del caso de tráfico sexual de niñas en su propio país.
En cuanto a México y la llamada “reconquista”, por supuesto, cualquiera que sea mexicano entiende el sentido metafórico de eso. Nadie en su sano juicio lo confundiría con una política del Estado mexicano desde Vasconcelos hasta Claudia Sheinbaum, es decir, un siglo donde han desfilado presidentes tan distintos como Cárdenas, Alemán, Díaz Ordaz, Fox, y AMLO. Schweizer llega a acusar hasta a una publicidad del Absolut Vodka que traía un mapa de México anterior a 1847. Pero el señor vuelve sobre las remesas que ya ve acumuladas para financiar el salón de baile, la estatua dorada, y las películas de Trump y su esposa Melania. Escribe contra la idea de que los migrantes mexicanos tengan una biculturalidad: “Los mexicanos que viven en Estados Unidos y que desarrollan un aprecio por nuestro país serían mucho menos propensos a enviar dinero a su país de origen”. Desde su mesita de Fox News, Schweizer no entiende de lazos familiares y comunitarios. Él que cree ser gringo es ser individualista y emprendedor. Tampoco entiende o se hace el significado de ser migrante en un país que, de pronto, te detiene sin órdenes de arresto por un grupo de encapuchados del ICE, te encañonan, esposan, y te llevan a un centro privado de detención sin derecho a abogados. Sólo así me explico que escriba escandalizado que: “Las organizaciones hispanas sin fines de lucro se registraron y coordinaron con los consulados mexicanos para luchar contra leyes de inmigración como la Proposición 187 en California y la Ley de Protección Fronteriza, Antiterrorismo y Control de la Inmigración Ilegal de 2005. Incluso formaron comités de acción política para apoyar a candidatos que fueran "afines a la causa de los latinos y los inmigrantes indocumentados. Hasta han creado campañas para capacitar a las personas para que estuvieran informadas y preparadas en caso de deportación”. ¡Qué malditos comunistas! ¿Cómo piden asesoría a sus consulados para que no les violen sus derechos humanos? Pero si ellos son como Al Pacino en Cara Cortada diciendo mientras dispara: “Say hello to my Little friend”. El autor insinúa que los derechos humanos son comunistas y si un consulado trata de garantizarlos en medio de un clima de Gestapo como el que desató el ICE en las ciudades santuario, entonces está colaborando con la reconquista de México o con el Partido Comunista Chino.

A lo que va es a denunciar a los demócratas en vísperas de la elección de noviembre. Este panfleto tiene caducidad y le llegará en seis meses. En su vileza, Schweizer jamás se hace una pregunta: ¿Quién en su sano juicio podría luchar para que ser estadunidense fuera abrazar la causa de los anti-derechos, el racismo, la ignorancia, la conspiración y el delirio? Porque, al final, el panfleto es un llamado a la defensa de esos gringos. Espero que sus delirios paranoides no se sigan convirtiendo en políticas públicas.

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