3/04/2013

La pederastia, la más infecciosa de las enfermedades padecidas por la humanidad


Nosotros ya no somos los mismos

Ortiz Tejeda
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Unas monjas caminan por la Plaza de San Pedro, en el Vaticano. Con el Papa en jubilación, los cardenales comienzan el viernes el complejo proceso de elegir al sucesor de Benedicto XVIFoto Reuters
Cerré el lunes anterior diciendo que dejaba tres asuntitos pendientes con don Joseph Ratzinger. El primero, el segundo y el segundo. Este errorcillo en la enumeración no evita que los pendientes sigan siendo tres: un primero y dos segundos. A saber: 1. El lobby gay es el exponente máximo de los sepulcros blanqueados. Un clóset ecuménico que se ha convertido en alfombra roja o, dijéramos con mayor precisión, roja y violeta (colores de los arzobispos y los obispos). 2. La galopante pederastia que, como la peste, la enfermedad infecciosa más letal de todas las padecidas por la humanidad, se ha extendido solapada, aPAPAchada, protegida por la alta jerarquía en todos los rumbos del mundo clerical. 3. La corriente que sostiene que el reino anhelado sí es de este mundo y del otro y de todos los que haigan, por eso los grandes negocios del banco Vaticano no tienen giro aborrecido, aunque algunos de ellos no sean precisamente manifestaciones de cristiana caridad.
Resulta que los cardenales Salvatore De Giorgi, Josef Tomko y Julián Herranz (tres nacionalidades diferentes y una sola terrible y fundamentada denuncia verdadera, como a la Santísima Trinidad, digamos), le tomaron la palabra a Benedicto y para complacer el encargo que les había hecho el pasado año emprendieron una investigación a fondo sobre la existencia, dentro de las santas filas vaticanas, de diversos grupos de presión. Como no querían estar expuestos a milagritos, ellos, tan expertos en el tema, no confiaron ni a Mitofsky ni GEA/ISA, los resultados. Directamente entrevistaron a prelados y laicos pertenecientes a diversas congregaciones y nacionalidades. El resultado, más ultrasecreto que la investigación a la guerrera, (todos sometidos a la Ley de la Omertá), desmoronó a don Benedicto que, sabiéndolo todo, no sabía que todos lo sabían.
Uno de esos grupos resultaría totalmente extraño para nosotros. Se trata de una organización muy profesional que selecciona, promueve y proyecta a quienes considera jóvenes promesas. Los adopta, relaciona y acomoda en escaleras que solamente tienen peldaños ascendentes: el que no avanza o resbala, se desploma, y para siempre. En esta academia se forjan, desde temprano, los grandes dignatarios del futuro. El siguiente grupo, al que se definió como una red transversal unida por la orientación sexual de muchos altos prelados, se les acosa y se les hace víctimas de un permanente chantaje a impropriam influentiam (dicen que así se dice, vil chantaje), en razón de esas preferencias sexuales, calificadas suavemente como debilidades, pero más frecuente y cristianamente denostadas como aberraciones.
Sin embargo, de todo lo anterior no puede desprenderse que en el Vaticano toda actividad sexual esté penada. Don Benedicto se opuso terminantemente a las bodas gay alegando que Atacan la verdadera estructura familiar, e hizo un llamado a la intransigente defensa de los valores fundamentales e innegociables para la condición humana, así se tenga para convencer, que incluir el impulso a la acción política. ¡Cuidado Morena! El cardenal Rivera, si le va bien en el Sacro Colegio Cardenalicio, puede regresar decidido a registrar el Partido de la Morenita, porque el impulso a la acción política de su actual partido se ha visto muy menguado.
Pero una cosa es que rechacen las bodas gay, la adopción por parejas del mismo sexo o que, alguien arbitrariamente y sin ningún derecho sobre su cuerpo, se atreva a cambiar el sexo que, por voluntad divina le fue originalmente asignado, o que se siga considerando como crimen supremo el que una mujer no acepte –por las razones más explicables y justas del mundo, empezando por su derecho a decidir– ser madre y, otra, que un prelado tenga que ser indiferente a los efluvios que la efebocracia inevitablemente emana y a ellos, tan sensibles, los estremezca. ¡Pero qué restrictivo y limitado me veo! ¿Efebos? Su devoción es tal, que los pubertos les parecen demasiado creciditos. Al menos así lo considera Alex Gibney, el ganador del Óscar por su documental del año pasado: El silencio en la casa de Dios. Ya lo tengo pedido en Amazon y, de conseguirlo, lo divulgaré como si fuera manda. En el diario Reforma, Manuel J. Jáuregui nos da un adelanto que nos motiva al urgente conocimiento de este documento fílmico. Dice don Manuel: esta película “deja caer una buena parte del estiércol de los casos de pedofilia en la Iglesia en el regazo del cardenal Ratzinger…”. No menos severo en sus juicios es su compañero Jorge Ramos Ávalos. Transcribo simplemente algunas de sus opiniones: “Su silencio destruyó las vidas de menores de edad en todo el mundo. Desde 1981 a 2005 cayeron sobre su escritorio miles de casos de abuso sexual a menores cometidos por sacerdotes. Ni una sola vez –ni una sola– denunció a alguno de ellos”. Por su parte, la Conferencia Episcopal Católica informó que en Estados Unidos, de 1950 a 2002, hubo 4 mil 450 sacerdotes involucrados en casos de abuso sexual a menores. Benedicto XVI lo sabía, pero mostró la misma complicidad que con el alemán Peter Hullerman, pederasta varias veces reincidente, con el mexicano Marcial Maciel, con el cardenal escocés Keith O'Brien, quien fue acusado por cuatro sacerdotes de Edimburgo de haberlos agredido sexualmente, o del célebre cardenal de California Roger Mahony. Todos ellos gozaron de la protección del prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe o, séase, don Benedicto.
Tienen entonces plena razón los miembros de Survivors Network of those Abused by Priests, o sea, los sobrevivientes de los abusos sexuales de los sacerdotes católicos de cinco naciones, que todavía, el último día de gobierno de don Benedicto, reiteraron su protesta e indignación y exigieron a la Organización de las Naciones Unidas una pública censura al Vaticano por la impunidad que ha brindado a cientos de pederastas, a los que su mayor castigo ha sido el cambio de sede, o sea que les ha renovado los paraísos infantiles para que puedan continuar con su labor pastoral.
Y tiene también razón el Centro por los Derechos Constitucionales de Nueva York, al demandar ante la Corte Penal Internacional a don Benedicto, por el ocultamiento y criminal tolerancia con que trató siempre estos casos que, en los primeros años del presente siglo, alcanzaron más de 4 mil denuncias. Y tienen razón, igualmente, los abogados de 575 víctimas que enfrentaron al arzobispo de la ciudad de Nueva York, Timothy Dolan, a quien reclamaron el encubrimiento y protección que otorgó a varios sacerdotes de la arquidiócesis de Milwakee. Dolan es actualmente presidente de la Conferencia Estadunidense de Obispos Católicos y, junto con Roger Mahony, protector ampliamente reconocido de pederastas del estado de California (en Los Ángeles han sido abiertos los expedientes de más de 120 sacerdotes acusados de abuso sexual), será uno de los cardenales que elegirán al nuevo Papa.
En memoria del querido Monsi, documentemos nuestro optimismo: De los 115 electores, ¿cuántos serán doctores en teología pederástica?
El tercero de los grupos mencionados nos da un adelanto de la solvencia religiosa, moral, ética que seguramente distinguirá el proceso sucesorio. Al día siguiente del dedicado al amor, una comisión de cardenales designó a Ernst von Freyberg, presidente del Instituto para las Obras de la Religión, más conocido entre los hampones de cuello blanco como banco Vaticano. La institución maneja 33 mil cuentas entre las que se encuentran las de modestas monjas y pías fundaciones, hasta las de pudientes cardenales y arquidiócesis del primer mundo. El nuevo presidente, a quien el Papa avaló de inmediato, es jefe de una empresa naval que durante la Segunda Guerra fue proveedor de armas para el ejército nazi. ¿Se conocerían allí?
Un último dato: la empresa Pietro Beretta, una de las principales fábricas de armas ligeras en el mundo, es controlada por el Holding Spa Beretta, del cual el segundo accionista es, por supuesto, el Instituto para las Obras de la Religión. El banco Vaticano fue fundado en 1942 por Pío XII y su historia está ligada a los peores fraudes, saqueos, robos y crímenes. Le ofrecieron a Quentin Tarantino la realización de una versión fílmica, pero declinó tan atractiva oferta, por considerar que se trataba de un asunto tan sórdido y violento que rebasaba totalmente su sensibilidad y capacidades.

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