Ana Lilia Pérez
La decadente gira
"No es nuevo el entreguismo de políticos de infame trayectoria, para con gobiernos extranjeros, es más, lo rastrero es su esencia".
Suena a parodia de televisión, pero ocurre que, ante su incapacidad de generar una propuesta de proyecto político, a la derecha prianista apadrinada por empresarios evasores de impuestos, encabezados por Salinas Pliego, se les ocurrió organizarle una gira a la ultraderechista Isabel Díaz Ayuso, que se lleva a cabo desde el pasado domingo, y durante 10 días en los que, en ciudades con alcaldes y gobiernos prianistas le hacen homenajes y pleitesía a la española que, con aires y desplantes vulgares y de un colonialismo trasnochado, lanza insultos y ofensas contra nuestro país, contra la Presidenta Sheinbaum, contra los pueblos originarios, contra los programas sociales, contra todo lo que signifique progresismo.
Con esa gira en la que prianistas y asociados abren foros y micrófonos a la ultraderecha internacional para que repita groseros discursos de odio elitistas y clasistas, nuevamente los prianistas y patrocinadores reafirman su miopía política y su incapacidad de una propuesta propia, y que, ante el descrédito que arrastran, su estrategia con que buscan regresar al poder va de clamarle al gobierno de Trump su injerencia en nuestro país, o traer a la ultraderecha internacional que se ha ido reposicionando en varios países también con la intromisión abierta del gobierno estadounidense.
Apenas en abril, en los mismos días en que en Barcelona tenía lugar la convención de gobiernos progresistas, desde Madrid, Díaz Ayuso lanzaba insultos, vociferaba vulgaridades contra nuestro país y contra la Presidenta Sheinbaum, y organizaba actos para condecorar a María Corina Machado y para ofender a los presidentes progresistas que estaban reunidos en Barcelona convocados por Pedro Sánchez.
Ahora los prianistas en su tremenda decadencia trajeron a Díaz Ayuso para que repita los mismos mensajes de odio que, de tan predecibles, suenan a reproducciones en magnetófono en tono lilitellizado sólo que más aderezados con vocablos y expresiones anacrónicas de rancio origen como el de escribir el nombre de nuestra Nación con "J", como hacían los españoles en el siglo XVI, incapaces de hacer el esfuerzo en pronunciar la "X".
Escribir el nombre correcto de un país es respetar su identidad, y el de nuestro país se escribe con "X". Explica la Academia Mexicana de la Lengua que mantener la "X" en el nombre de México es un acto de respeto al origen náhuatl y a la identidad nacional. No se trata de cuestiones ortográficas, sino de respeto a la identidad.
Escribió el abogado, periodista y diplomático Manuel Revilla en el año 1911 en su texto titulado Por qué no escribo México con J, que la "X" en el nombre del país es una letra consagrada por larga tradición, que “tiene algo de hierático y sagrado”. Alterar el nombre, dice, “parece una especie de profanación contra lo que protesta el sentimiento”. Que, “quitarle a México la 'X' es como si al águila de nuestro escudo se le suprimiese el índico nopal o la ondulada culebra; o como si a nuestra Bandera se le cambiara alguno de sus tres emblemáticos colores”.
El planteamiento de Revilla se cita en varios libros, incluido el titulado Minucias del lenguaje, de José Moreno de Alba, publicado por el Fondo de Cultura Económica (1992), que en un amplio capítulo “Sobre la ‘X’ de México”, cita también a autores como el diplomático y escritor Alfonso de Rosenzweig Díaz, quien en su texto Mexicanidad de México, (1956) escribió que más allá de lo fonético está la grafía para los nombres, y así, dice, “México se escribirá siempre con 'X', por tradición, por costumbre e, incluso, por política".
Así que no son minucias del lenguaje, sino que, por parte de Díaz Ayuso al usar la "J" en el nombre de nuestro país, es el signo de un pensamiento rancio que espera que sus vasallos mejicanos, con "J", le rindan pleitesía, aquellos que le aplauden sus anacrónicos discursos, los mismos que la trajeron para homenajear a Hernán Cortés en el mismo recinto donde en 1939 se anunció la fundación del Partido Acción Nacional.
Para los prianistas, recurrir a narrativas de odio se convirtió en su único activo: discursos como los que enuncian desde el Congreso, que vociferan desde las redes sociales, que diseminan también en foros del extranjero.
Hacen mal los prianistas y la derecha de nuestro país en aliarse con políticos extranjeros que ni siquiera respetan el nombre del país, como la política española de ultraderecha a la que trajeron a hacer política precisamente por los mismos días en que en México conmemoramos una de las más relevantes batallas por nuestra soberanía.
La larga gira que los prianistas le organizaron a Díaz Ayuso le ha generado toda clase de críticas en su país por ausentarse tantos días de su cargo como Presidenta de la Comunidad de Madrid, pero también por la opacidad de sus gastos y por los recursos públicos destinados a esa gira. La prensa en España publicó los costos que la presencia de Díaz Ayuso en eventos como la Feria de San Marcos, en Aguascalientes, tuvo para los españoles. A ello habría que sumar lo que los gobiernos prianistas están gastando.
No es nuevo el entreguismo de políticos de infame trayectoria, para con gobiernos extranjeros, es más, lo rastrero es su esencia. Esos decadentes “homenajes” con que los prianistas encubren que trajeron a Díaz Ayuso a hacer política me recuerdan a los años del panismo en el Gobierno federal cuando en tiempos de Fox y de Calderón ilegalmente desmantelaban el sector eléctrico para entregárselo a empresas españolas principalmente.
Calderón tenía una obsesión con que Juan Camilo Mouriño le sucediera en la Presidencia promoviéndolo en España como una especie de virrey –dado su origen español- y con los panistas de aquellos años, como pajecitos, entregados a la monarquía española y las empresas bajo su cabildeo.
Fue en esos años que, a costa de desmantelar la CFE y extinguir Luz y Fuerza, México fue usado como principal veta de negocios para empresas españolas vinculadas algunas directamente con la monarquía que tenía a sus integrantes como consejeros, cabilderos y gestores.
De aquellos años, en Campeche se recuerdan anécdotas de cómo cuando varios integrantes de la realeza, infantas y otros acompañantes visitaron México, para agasajarles y hacerles reverencias políticos panistas de Campeche y sus esposas ridículamente se mandaron hacer trajes estilo corte virreinal, con terciopelos bordados, casacas y corsés. Empresarios del sector contaban los detalles de esas reuniones porque para sufragar los “gastos”, esos políticos les pasaban la charola.
En esos años publiqué amplios reportajes en los que revelé el tráfico de influencias que en los gobiernos de Fox y Calderón se hacía para favorecer a esos corporativos españoles en los que también integrantes de la Corona española tenían negocios.
Los ilegales beneficios de Calderón a los consorcios españoles, primero como Secretario de Energía, le granjearon que José María Aznar le diera su apoyo y en actos injerencistas hiciera proselitismo a su favor para la elección de 2006.
Tiempo después, aunque la barroca idea calderonista de un futuro neovirreinato que proyectaba con los Mouriño, acabó por desplomarse debido al fallecimiento de Juan Camilo, a las compañías españolas (y las de los Mouriño) el Gobierno de Calderón les entregó cada vez más negocio del sector eléctrico, para eso ordenó la extinción de Luz y Fuerza, que entonces tenía toda la cartera de clientes de la zona centro del país, que a partir de su extinción fueron negocio de los privados.
Su desnacionalización de una amplia fracción del sector eléctrico bajo figuras eufemísticas, le ganó que en España a él y a su esposa les colgaran medallas, les hacían distinciones, honores y pomposas cenas en el Palacio Real. No se trataba sólo de cuestiones ideológicas, sino de lucrativo negocio para los miembros de esa “realeza” que eran “consejeros” o gestores de esas empresas.
No fue coincidencia que a Calderón lo contratara como “consejero” uno de los consorcios españoles favorecidos de su Gobierno. Tampoco que se mudara a España apenas iniciado en Estados Unidos el juicio contra su Secretario de Seguridad, Genaro García Luna, por narcotráfico.
Ni fue casual que en 2022, con apoyo de Aznar, le dieran permiso de residencia y trabajo en ese país, porque es uno de los bastiones desde donde la ultraderecha internacional organiza estrategias para torpedear a gobiernos progresistas, mediante narrativas de odio y mentiras que diseminan voceros como la madrileña que hoy sigue en gira homenajeada por los prianistas. Aunque, ni esta nueva ocurrencia los sacará del basurero de la historia en el que se encuentran.


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