Álvaro Delgado Gómez
"¿Por qué tienen que cargar los miembros y simpatizantes de Morena con los corruptos y estar como perros acosados por unos cuantos?".
Es grotesco que quien mata niñas, viola mujeres, invade naciones, secuestra presidentes y usa el cargo para enriquecerse, Donald Trump, le exija cuentas a México y es más grotesco aún que los presidentes de los partidos más corruptos de la historia del país y ellos mismos con larga cola, Alejandro Moreno Cárdenas y Jorge Romero Herrera, tengan como perros acosados a Morena y a sus gobiernos. Pero ese es el costo de la impunidad a la que la Presidenta Claudia Sheinbaum debe ya poner fin en definitiva para no ser vulnerable a la ultraderecha nacional y trasnacional, que incluye a los muy corruptos medios de comunicación, intelectuales y empresarios como Ricardo Salinas Pliego y Claudio X. González.
Es sabido desde 2018 que la ola del movimiento fundado por Andrés Manuel López Obrador fue tan gigantesca que arrastró mucha basura política y empresarial, cuyos excesos han venido comprometiendo el proyecto que se propuso la regeneración de la vida pública de México para arrancar de raíz los que, sin embargo, siguen siendo dos problemas estructurales de la nación: La corrupción y la impunidad.
Es sabido también que desde 2018 se comenzó a desmontar la red de complicidades que vienen desde Carlos Salinas de Gortari, el fundador del PRIAN —cuando se hicieron las grandes fortunas del país con los recursos de la nación, se asesinó a opositores de izquierda y se establecieron vínculos con los grupos del narcotráfico— y se instauró un nuevo modelo de desarrollo que ha sacado de la pobreza a 13.5 millones de mexicanos y puso fin a los privilegios de las élites, como lo ilustra el caso del propio Salinas Pliego y el pago de los impuestos que está pagando.
López Obrador públicamente dijo que prefería ver para adelante y no emprender ninguna acción jurídica contra saqueadores, incluyendo los expresidentes de México. Pero las condiciones internas y externas han cambiado y exigen a la Presidenta Sheinbaum una limpia radical de políticos y empresarios corruptos, de dentro y de fuera de su gobierno y de su partido, y de los de antes —incluyendo a Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón—, con todos los instrumentos jurídicos, institucionales, políticos, legislativos y judiciales que tiene. Sólo falta que tome la decisión, si es que no la ha tomado ya, a partir de que Ernestina Godoy llegó a la Fiscalía General de la República (FGR) en sustitución de la nulidad que fue Alejandro Gertz Manero.
¿Por qué tienen que cargar los miembros y simpatizantes de Morena con los corruptos y estar como perros acosados, arrinconados y con la cola entre las patas, por unos cuantos? Carlos Castillo Peraza tomó el título del libro de Anna F. Krakowsky, Como perros acosados, para describir que desde el gobierno había una narrativa “para que el panista se sienta apenado de ser panista”. Y hoy, los del PRIAN tienen el mismo objetivo: Que los de Morena sientan vergüenza, porque son tan corruptos como los prianistas. En una batalla de narrativas que está en curso hacia la elección de 2027 y que Estados Unidos se entrometió indebidamente con su acción contra los ´10 de Sinaloa.
“En Morena los corruptos no tienen cabida”, dijo la nueva dirigente nacional del partido de la Presidenta Sheinbaum, Ariadna Montiel, lo que representa una señal para no sumar a candidaturas a quienes no tienen “una trayectoria impecable”, sino para apartar a quienes están en posiciones de poder y que tienen reputación de corruptos. Pero siendo correcto que discursivamente se inicie una nueva etapa en Morena, lo sustantivo está en el terreno del Gobierno federal para que haya una reafirmación de principios y una depuración de hombres y de mujeres, como decía Daniel Cosío Villegas en La crisis de México.
A diferencia de López Obrador, también, la Presidenta Sheinbaum tiene todos los instrumentos legales, institucionales y humanos para ir por los corruptos, como el propio “Alito” Moreno Cárdenas, dueño de una fortuna hecha sólo desde la política y cuyo desafuero fue un cuento, y Romero Herrera, el jefe máximo del cártel inmobiliario extendido a todo el país. Si hay pruebas, que vayan a la cárcel. Si no las hay, también debe decirse. Lo indebido es no hacer nada, porque los corruptos seguirán haciendo escarnio de la corrupción, aunque no tengan razón.
Para atacar la corrupción pública y privada, tan repugnante una como la otra, el Gobierno federal que encabeza Sheinbaum tiene a la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno, encabezada por Raquel Buenrostro, pero también dispone de la Unidad de Inteligencia Financiera, la Procuraduría Fiscal y el Sistema de Administración Tributaria (SAT) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP). Estas instancias son las que presentan las denuncias ante la FGR, cuyo equipo pertenece al mismo proyecto político, aunque siga como fiscal anticorrupción María de la Luz Mijangos, herencia de Gertz.
Tampoco existen obstáculos en el Poder Judicial de la Federación, cuya Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) está completamente renovada con ministros afines —capturada, dice la derecha que por décadas capturó todo este poder del Estado—y la mitad de los magistrados y jueces federales fueron electos por voto popular.
El nuevo titular de la Auditoría Superior de la Federación (ASF), un órgano de la Cámara de Diputados para prevenir y sancionar la corrupción con el dinero público federal, es Aureliano Hernández Palacios Cardel, identificado con Sheinbaum desde que fue Jefa de Gobierno. Y en la Sala Superior del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA), donde los corruptos suelen hacer enjuagues multimillonarios con despachos a menudo asociados con magistrados y magistradas, también la Presidenta de México propuso a su presidente, José Ramón Amieva.
Otra cosa: Si las leyes vigentes son laxas con los corruptos, porque efectivamente durante décadas se construyó un andamiaje para la impunidad, entonces la Presidenta de México tiene la mayoría en el Congreso para reformar la Constitución y las leyes que hagan falta para tener instrumentos jurídicos más eficaces. Ni siquiera necesita de la oposición. Todo está en sus manos y en su voluntad.
Ir contra los corruptos es una definición histórica que consolidará la autoridad moral y política de la Presidenta y de su Gobierno, que además le dará mayor dignidad y fortaleza a la nación ante los embates de Estados Unidos y de los vendepatrias que repugnan la soberanía nacional y, aunque de dientes para afuera lo nieguen, se le han arrodillado a Trump.
Los mexicanos estamos hasta el gorro de los corruptos e impunes, políticos y empresarios, de antes y de ahora. Muchos, por la prescripción de los delitos, ya no recibirán castigo, pero ahí están Peña Nieto por transferencias documentadas, Calderón por el regalo que hizo en obras, como los penales, y el criminal Rápido y Furioso, así como personajes como Francisco Javier García Cabeza de Vaca, Diego Sinhué Rodríguez, Enrique Alfaro, Adán Augusto López Hernández, Américo Villarreal, Roberto Gil Zuarth, Ricardo Monreal, Pedro Haces…
Ni modo que la panista María Eugenia Campos resulte impune por la relación de su gobierno con la CIA, sólo porque Estados Unidos la protegió con el escándalo de Rubén Rocha Moya. O que el Gobernador de San Luis Potosí, Ricardo Gallardo, y su operador, Héctor Serrano, sigan tan campantes con sus 20 mil operadores electorales y el reparto de un millón 200 mil despensas al mes, para garantizar la gobernatura quitando de en medio, de todas las maneras posibles, a quien se les oponga. Así no hay cambio verdadero ni segundo piso de la transformación…

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