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3/07/2020

Las mujeres y la lucha por la igualdad


Claudia Sheinbaum*

Es totalmente legítima la demanda creciente de erradicar el acoso y la violencia, desmantelar el machismo y garantizar el reconocimiento y el ejercicio de derechos y el acceso a la justicia para las mujeres. Durante muchos años la violencia contra las mujeres no ha sido dimensionada en su real magnitud; incluso el extremo de esa violencia, el feminicidio, tiene apenas algunos años de haber sido reconocido en el Código Penal.

Las mujeres padecemos múltiples violencias. Pongo mi propio caso. A los 12 años comencé a viajar sola en el transporte público y viví, como la mayoría de las niñas, hostilidad y acoso. En la preparatoria, un profesor insinuó que hiciera un viaje con él para obtener una buena calificación. En el mundo académico tuve que batallar con el prejuicio de colegas que consideran a las mujeres menos inteligentes. En la política, la soterrada creencia de algunos que suponen que sólo es capaz de gobernar un hombre. Tengo una hija y, desafortunadamente, ella ha vivido violencias similares.

En efecto, la violencia hacia las mujeres se muestra en nuestra sociedad de muy diversas formas, el piropo agresivo, la mirada y el roce lascivo, el acoso del jefe a las empleadas, el uso de las redes sociales para difundir imágenes y videos sin consentimiento. El catálogo de ofensas es grande. La más abominable es la violencia feminicida, que llega a asesinar a una mujer por el solo hecho de ser mujer. Aún más grave es que en la inmensa mayoría de los casos, el abuso, el acoso, la violación y el feminicidio son perpetrados por personas conocidas, pertenecientes al círculo familiar o cercano.

¿Qué es lo que hay en el fondo de estas agresiones a las mujeres? Muchos años de profunda desigualdad normalizada. Una cultura que invisibiliza a la mujer, que la reduce a la condición de objeto, negándole la dignidad de persona poseedora de derechos y entre nosotras las más expuestas sin duda son aquellas que viven una situación económica más desfavorable. Ángela Davis dijo hace varias décadas que el feminismo es la idea radical de que las mujeres somos personas.

La desigualdad se transmite de generación en generación de muy diversas formas, repitiendo visiones estereotipadas sobre los papeles que deben desempeñar las niñas, las jóvenes, las mujeres adultas, las abuelas, como por ejemplo la idea de que sólo la mujer debe hacerse cargo del mundo doméstico y de los cuidados de la familia, y que al hombre le corresponde ser el proveedor. De esa forma, las mujeres trabajadoras tienen una doble jornada. Como ésta, existe una cadena decostumbresque marginan, cosifican, lastiman y normalizan la exclusión, la desigualdad y la violencia.

Aunque perduran violencias, la lucha de las mujeres tiene décadas y ha conquistado derechos. Retomo de nuevo mi caso personal. Provengo de una familia de clase media, de madre y padre profesionistas. Mi madre abrió brecha como lo hicieron muchas mujeres de su generación. Para mí y para mi hermana, estudiar al igual que mi hermano fue parte de la conquista de mi madre. Muchas mujeres de esa generación abrieron el debate feminista y conquistaron para nosotras el derecho al estudio, al trabajo, a la participación política, consiguieron derechos laborales para madres trabajadoras e incluso el derecho a la interrupción legal del embarazo. Sin embargo, hay muchas mujeres que no tuvieron la posibilidad de estudiar.

¿Qué debe hacerse para atender las desigualdades que se traducen en violencias? 

Desde mi perspectiva hay al menos seis ejes de acción:

 1) Cambios en la legislación que promuevan una vida libre de violencias contra las mujeres, así como el establecimiento de sanciones en el Código Penal que dejen claro que la sociedad considera delitos graves la violencia física y sexual hacia las mujeres; 

2) Acceso a la seguridad y a la justicia para las mujeres y capacitación con perspectiva de género y derechos humanos a policías y ministerios públicos; 

3) Condiciones para disminuir al máximo la violencia en el transporte y en el espacio públicos; 

4) Crear un sistema de protección que atienda a las mujeres en situación de violencia; 

5) Programas que promuevan la autonomía económica de las mujeres, fortaleciendo la libertad que da la capacidad de las mujeres de valerse por sí mismas, y 

6) Educación, cultura y acciones para fortalecer a las niñas y a las mujeres en sus decisiones y formar a los niños y a los hombres en masculinidades alejadas del machismo.

Este es el marco de educación, acceso a la justicia y derechos en el que trabajamos en el Gobierno de la Ciudad, con la plena convicción de hacer todo lo que esté en nuestras manos para erradicar la violencia y promover la igualdad. Por supuesto, el debate está abierto para construir más líneas de trabajo.

Dicho esto, la lucha de las mujeres por la igualdad no puede aislarse de la lucha por una sociedad más justa, por los grandes derechos sociales y humanos. Hemos padecido un modelo económico y social que dejó heridas profundas. Un modelo que al considerar la educación y la salud como mercancías afectó a toda la sociedad, pero especialmente a las y los que menos tienen; que al precarizar el trabajo y reducir el ingreso dejó a hombres y mujeres en una condición de cada vez mayor desamparo; que al elevar a rango de guerra la lucha contra el narcotráfico no tuvo consideración alguna con familias enteras. Un modelo que profundizó las desigualdades económicas y que condenó a millones a la pobreza. Un modelo que al colocar en el centro el dinero, el poder de la fuerza y a la mujer como objeto, negó la dignidad de todas las personas y desvaneció la solidaridad, la justicia y el amor como valores.

Ningún proyecto de ciudad es sólo para las mujeres, pero ningún proyecto de ciudad puede construirse al margen de las mujeres. Estoy convencida de que el movimiento al que pertenezco y sus dirigentes tienen esta convicción y que esto contrasta con otras orientaciones políticas que nunca han defendido los derechos de las mujeres y que han antepuesto sus creencias, privilegios, prejuicios e intereses económicos a los del bienestar general.

Termino esta reflexión con el convencimiento de que las luchas sociales tienen más que ganar cuando son pacíficas y convencen por la vía del debate, la razón y el entendimiento, que cuando se imponen por la vía de la violencia y la destrucción. Las luchas por una vida digna se construyen educando y conquistando conciencias, convenciendo, no doblegando.

El cambio es profundo, la construcción de la democracia y la justicia para todos y todas requiere un cambio de modelo y por eso estoy segura que hoy camina. En ello, la participación viva y activa de mujeres y hombres es trascendental.

Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

En Comunicación e Información de la Mujer A.C (CIMAC) y Cimacnoticias PARAMOS


  • Porque las mujeres de todas las edades son víctimas de diversas violencias en todos los espacios donde desarrollan sus proyectos de vida y se requieren cambios urgentes y de fondo para prevenir y erradicar la violencia, garantizar la no repetición y justicia para las víctimas y sus familias.
  • Porque cada día 10 mujeres son asesinadas de formas crueles frente a una sociedad que se niega a reconocer el riesgo que implica en el mundo ser mujer. Sus cuerpos maltratados son exhibidos en los medios como un producto de consumo y la inoperancia de las instituciones que deberían garantizar nuestra seguridad y, ante la impunidad, otorgan permiso para asesinarnos.
  • Porque cuando comenzamos a documentar la violencia feminicida que azotaba Ciudad Juárez, los medios de comunicación hablaban de “crímenes pasionales”.
  • Queremos honrar la memoria de Lesvy Berlín Rivera Osorio en la Ciudad de México, Emma Gabriela Molina Canto en Yucatán y Alicia Díaz González en Nuevo León, Mariana Lima Buendía en Estado de México y todas las víctimas que hemos acompañado desde nuestro ejercicio periodístico.
  • Estamos convencidas del poder transformador de los medios de comunicación y por ello, trabajamos día a día para erradicar nuestra presentación sexualizada, reproduciendo roles tradicionales de género y que se nos presente en igualdad numérica y con dignidad.
  • Hemos alimentado gratuitamente a más de 300 medios de comunicación, convencidas de que la producción informativa sobre la condición social de las mujeres es un requisito para erradicar las representaciones sexistas de las mujeres en los medios.
  • Porque enseñar que la vida de las mujeres es valiosa, digna y poderosa y que tenemos derecho a una vida libre de violencia, pasa por un cambio en la narrativa de los medios.
  • Aunque somos el 51% por la población, solo estamos presentes en el 24% de las noticias.
  • Después de 30 años de insistencia por incorporar la perspectiva de género en los medios de comunicación, las empresas mediáticas comienzan a cuestionarse su ética frente a los hechos noticiosos.
  • Sabemos que juntas somos más fuertes y que las mujeres periodistas son las actoras clave para transformar las narrativas mediáticas.
  • Porque las mujeres necesitan que no solo un día, si no ser parte de la agenda mediática diaria.
  • Porque tener una sección “de mujeres” no es suficiente, necesitamos que la igualdad de género se adopte como un principio del quehacer periodístico.
  • Porque las periodistas, firmamos el 41 por ciento de las noticias y enfrentamos obstáculos para ocupar cargos de poder y decisión y, además de enfrentar condiciones laborales precarias y desiguales, vivimos tres veces el riesgo al ejercer la libertad de expresión: por ser mujeres, por ser periodistas y por ser defensoras del derecho a la información y a la expresión de otras mujeres.
  • Sabemos que para transitar a la igualdad de género es necesario que las mujeres ocupemos espacios de poder y decisión en las industrias de los medios que nos permitan incidir en las narrativas mediáticas.
  • Porque un día sin nosotras, produciendo noticias para nosotras y para el mundo, impacta en la vida de todas.
  • Porque es necesario producir contenidos sobre el acontecer de las mujeres y porque es urgente ejercer el periodismo de paz para las mujeres, periodismo feminista.
  • ●       Porque la libertad de expresión es fuente de poder para las mujeres y sin las mujeres no hay democracia.

Falta de información sobre feminicidios refleja nulo interés de la autoridad: ONG


Pese a la gravedad de la violencia contra las mujeres en México, las autoridades carecen de cifras confiables y desagregadas al respecto –o no tienen voluntad para darlas a conocer–, lo cual en última instancia les impide diseñar políticas públicas adecuadas para combatir ese flagelo.
Así se advierte en el informe Impunidad feminicida. Radiografía de datos oficiales sobre violencias contra las mujeres (2017-2019), cuyas autoras señalaron que la carencia de información sistematizada sobre esta materia refleja el nulo interés de los diferentes niveles de gobierno para erradicar la espiral de agresiones contra esa población.
En conferencia de prensa, Olga Arnaiz, de la Red Todos los Derechos para Todas y Todos, explicó que el estudio se elaboró con base en datos oficiales obtenidos por medio de solicitudes de información a las fiscalías y al Poder Judicial de las 32 entidades federativas, acerca de los niveles de incidencia de 15 delitos graves, como feminicidios, secuestros, abuso sexual, lesiones y trata.
Uno de los principales hallazgos del informe, indicó, es la carencia de datos, la falta de sistematización adecuada e incluso la negativa a otorgarlos cuando se solicitan. Nos hemos encarado con muchos problemas para hacer el informe, desde la falta de respuesta de las fiscalías y los poderes judiciales, hasta la falta de datos desglosados o la contradicción entre cifras. Esta falta de certeza en los informes oficiales se traduce en falta de acceso a la justicia.
Arnaiz lamentó que hay entidades que no respondieron a ninguna solicitud de información –entre ellas el estado de México, que tiene altos niveles de violencia contra mujeres– y que las bases de datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública no proporcionan las denuncias presentadas por mujeres ni desagrega las cifras por el sexo de la víctima.
Pese a ello, indicó la activista, se lograron identificar algunos datos preocupantes, como el hecho de que los estados con mayores índices de agresiones son Baja California, Chihuahua, Ciudad de México, Jalisco, Nuevo León y Veracruz, o que 34 niñas son víctimas de agresión sexual todos los días, en promedio.
Tenemos 14 años y tres gobiernos de distinto color partidario que se unen en la misoginia. Hay un vaivén, un baile de cifras enfrentadas que muestran la negligencia del Estado mexicano, y la actual violencia es resultado de su inacción, señaló por su parte Lucía Lagunes, directora de la asociación civil Comunicación e Información de la Mujer.
Periódico La Jornada
Jueves 5 de marzo de 2020, p. 3

3/06/2020

Gran OM diseña carteles en apoyo a la lucha feminista en México

Redacción Desinformémonos

Ciudad de México | Desinformémonos. El estudio de artes visuales Gran OM diseñó cinco carteles para apoyar la lucha feminista en contra de la violencia de género y para invitar a las mujeres a unirse a los movimientos que buscan justicia y un cese a los feminicidios, las desapariciones, la criminalización del aborto y la desigualdad.
«Es el tiempo de las mujeres», «Ya es hora de caminar juntas», «Ni miedosas ni obedientes ni sumisas», «Una mujer luchando el futuro de todas está cambiando» y «Les faltarán monumentos si nos cobramos por cada una de las mujeres violadas y asesinadas» son las consignas impresas en los carteles.
El estudio compartió un link de descarga para que los diseños puedan ser replicados en otras partes del mundo.


Este material periodístico es de libre acceso y reproducción. No está financiado por Nestlé ni por Monsanto. Desinformémonos no depende de ellas ni de otras como ellas, pero si de ti. Apoya el periodismo independiente. Es tuyo. 

10/27/2018

Analizar la prostitución en el contexto del patriarcado capitalista

Prostitución & Patriarcado
https://vientosur.info/

Análisis feminista sobre la prostitución teniendo en cuenta la influencia de estructura social patriarcal y la capitalista en su origen y desarrollo.


El registro del sindicato OTRAS (Organización de Trabajadoras Sexuales, Estado español), ha hecho emerger el debate, siempre latente, sobre la prostitución, un debate que abarca muchos aspectos.
En este artículo intento reflexionar sobre qué significa analizar la prostitución como una de las instituciones del patriarcado capitalista o capitalismo patriarcal (con otros ejes de opresión: origen nacional, etnia, orientación sexual... que no incluiré en el análisis), qué debilidades encuentro en los discursos abolicionistas y qué mínimos habría que tener en cuenta para evitarlas.
Hay otros aspectos que son imprescindibles, aunque no son el objeto de este texto: qué papel tiene la prostitución en la opresión patriarcal, tema para el que recomiendo el plural de viento sur "Prostitución: miradas feministas", coordinado por Justa Montero y Begoña Zabala en 2006; qué teorías sobre el sexo son la base de diferentes enfoques de la prostitución, para lo que recomiendo La construcción sexual de la realidad, de Raquel Osborne, que trata el debate sobre pornografía en EE UU. Tampoco voy a entrar aquí en si se debe, ética y políticamente, defender la igualdad y el feminismo quitando derechos a un sector de mujeres, asunto que traté en Sindicación de las trabajadoras sexuales, publicado en viento sur. Como el objeto de este texto no es tratar de si la prostitución debe abolirse, sino plantear algunas cuestiones que, aun si fueran correctas las ideas centrales abolicionistas, deberían tenerse en cuenta, puede parecer que doy por bueno el objetivo abolicionista, aunque no sea así.
He elegido esta perspectiva, porque los textos abolicionistas que he leído las últimas semanas me parece que tratan la prostitución como si no tuviera lugar en un sistema social determinado. Incluso autoras que afirman situar la prostitución en el patriarcado capitalista, no aprovechan la potencia de analizarla de este modo, y por tanto falta el análisis riguroso necesario para elaborar propuestas políticas acertadas (insisto, incluso para los objetivos que declaran perseguir). Puede ser existan análisis así y que no los conozca. En ese caso querría que este artículo sirviera para iniciar un debate con ellos.
Entiendo por prostitución la que se ejerce voluntariamente (con los matices a la voluntariedad en el capitalismo que hacía en ¿Cómo hemos de enfrentarnos a las instituciones patriarcales?). La prostitución forzada necesita una prevención y una intervención específicas y todas estamos de acuerdo en que hay que acabar con ella, lo que requiere análisis correctos y políticas y recursos específicos.
El capitalismo es uno y lo sufrimos la mayoría de las mujeres
En los discursos abolicionistas parece que la prostitución tiene lugar en una burbuja, de manera que no tiene nada que ver el capitalismo en la prostitución con el capitalismo en general. Hay conceptos que son fundamentales en el análisis del capitalismo y que están ausentes en los textos sobre la prostitución. Otros, cuando se aplican a la prostitución tienen significados completamente diferentes a los que tienen en cualquier ámbito y que no son aplicables fuera de ella.
Situar la prostitución en el capitalismo no es usar términos como mercantilización o neoliberalismo. Es hacer un análisis coherente en el que apliquemos a la prostitución las herramientas conceptuales que se utilizan para analizar el capitalismo.
1. Clase
Tener en cuenta que vivimos en una sociedad organizada en clases sociales, no es condición suficiente para un buen análisis, pero sí es condición necesaria. Por eso es importante preguntarse a qué clase pertenecen las mujeres que ejercen la prostitución. Creo que la respuesta no puede ser otra que a la clase trabajadora. Y pertenecen a esa clase mientras no pasen a otra, tanto cuando trabajan de camareras o limpiadoras, como cuando lo hacen en la industria del sexo o cuando están paradas. No van -no vamos- cambiando de clase con cada cambio de actividad. Ni siquiera dejamos de ser de la misma clase cuando nos jubilamos y pasamos a ser pensionistas.
No podemos darles o negarles el permiso para formar parte de la clase obrera. Lo son, como lo somos la mayoría de las mujeres.
2. Trabajo
Para el abolicionismo es central que la prostitución no sea considerada un trabajo. Tanto como para evitarlo por cualquier medio, incluido impedir la formación de sindicatos. Pero, ¿cómo es el trabajo en el capitalismo para la mayoría de la gente?
· No es algo que hacemos para nuestro desarrollo personal sino para ganarnos la vida.
· No elegimos libremente qué queremos hacer y cómo lo queremos hacer, dependemos del mercado de trabajo (que ahora está de rebajas).
· De lo que los clientes pagan por nuestro trabajo, los empresarios se quedan una gran parte. De hecho, se da por supuesto que si no tuvieran beneficios no nos tendrían trabajando para ellos.
· Para soportar el trabajo asalariado, muchas veces es necesario drogarse, con drogas ilegales o con otras legales y prescritas, como muy bien nos han explicado las Kellys.
· Hay trabajo en lo que da beneficios, tanto si es necesario como si es superfluo o incluso perjudicial. Por eso se siguen produciendo armas o kilómetros de AVE. Por eso hay trabajos que consisten en llamarnos para que nos cambiemos de compañía de teléfono. Que algo sea un trabajo no quiere decir que el resultado sea bueno, ni desde luego que deba existir en la sociedad que deseamos. Es más, es urgente una transición ecológica, lo que supone acabar con muchos trabajos que ahora se hacen y crear otros nuevos.
· El trabajo asalariado, con una patronal, es una forma de trabajo característica del capitalismo, pero no la única. Mucha gente que no tiene patronal, sin duda trabaja, desde arquitectas a personas que recogen chatarra. Otra trabaja para patrones que no forman una patronal organizada, como las empleadas de hogar. Más aún, que se considere que una patronal no deba existir no va cambiar el hecho de que algo sea trabajo.
· En un mercado laboral con fuerte segregación horizontal por género, muchos trabajos feminizados reproducen el imaginario patriarcal, desde maestra o enfermera a azafata de congresos o limpiadora.
· La patronal, casi por definición no es buena. La patronal busca su beneficio, sea fabricando armas o desahuciando a 700.000 familias. También casi por definición, los intereses de la patronal y los de las y los trabajadores son más opuestos que comunes.
¿Que todo esto ya lo sabemos de sobra? Cierto, pero prueben a encontrar en los textos abolicionistas alguna señal de que lo saben sus autoras. Tanto es así que Irantzu Varela tuvo que recordarlo, diciendo, entre otras cosas:
"En el mundo en el que yo quiero vivir, las mujeres no hacen por dinero cosas que no harían gratis. Pero eso se llama trabajo asalariado."
Una buena muestra es el artículo de Rosa Cobo "Por qué la prostitución no es un trabajo". Trabajo tiene varios significados en las ciencias sociales y políticas, pero ella parece proponer un significado nuevo según el cual solo es trabajo aquello que creemos que debe ser trabajo. Todo el artículo se basa en una confusión entre lo que es trabajo, algo objetivo, y lo que es socialmente deseable que lo sea. Precisamente pone dos ejemplos que muestran esta confusión: el trabajo infantil y el trabajo esclavo. Los dos son trabajo, evidentemente. De hecho les estamos llamando trabajo infantil y trabajo esclavo. Esos son ejemplos de trabajo que no debería existir. Por cierto, ni siquiera son buenos ejemplos para argumentar que la vía no es la sindicación. En los dos casos, la autoorganización, de ser posible, daría magníficos resultados.
Este concepto de trabajo no se sostiene en el mundo real: decir que no es trabajo lo que no debería serlo, llevaría a privar de derechos laborales a grandes sectores de trabajadoras y trabajadores, que realizan actividades con resultados inútiles, insostenibles ecológicamente... o sin contrato, sin respetar el convenio... Todos esos, ya no serían trabajo. Pero claro, en la vida real sabemos que no sirve con dar a las palabras el significado que queramos, la realidad es terca
Según el concepto general de trabajo que utilizamos en la acción política, el que nos permite organizarnos -el trabajo como una actividad que nos proporciona ingresos que necesitamos para vivir- la prostitución es un trabajo (independientemente que lo deba ser o no). Este es el significado que importa para reconocerlas como trabajadoras, como somos la mayoría.
3. Mercado laboral
La gente que no tenemos medios de vida por nuestro origen de clase, tenemos que ir al mercado laboral. Valoramos nuestras opciones y en función de eso y de nuestras necesidades, tomamos la que nos parece la mejor opción, en la mayoría de los casos una opción entre mala y muy mala. En cambio, en el discurso abolicionista, las mujeres que ejercen la prostitución se mueven por otras razones: están forzadas, alienadas, no tienen capacidad de saber lo que les conviene...
Cuando las mujeres optan por la prostitución o cuando prefieren quedarse en ella a las alternativas que se les pueden ofrecer -incluso con buenas políticas, como las de Nueva Zelanda, que son excepcionales, solo un 10% dejó la prostitución-, en lugar de verlas como seres racionales -una mujer dice en El Salto que su tarifa horaria es más de dieciocho veces lo que ganaba sirviendo palomitas en el cine- , se elabora una interpretación ajena a cualquier ciencia social, no comprobable, y que no se puede aplicar fuera de la prostitución. Esta supuesta y nunca comprobada diferencia sirve de justificación para despojarlas de sus derechos políticos, excluyéndolas como interlocutoras en cualquier asunto que les afecte. El resto somos sujetos políticos, ellas no.
Por el contrario, si miramos como funciona la realidad, seguramente nos daremos cuenta de si se quiere reducir o acabar con el flujo de mujeres a la prostitución habría que escuchar a Johanna Brenner, histórica feminista socialista, que dice en La venta de servicios sexuales:
"Es importante, por tanto, que las feministas que se preocupan por las prostitutas se unan a las mujeres de todo el mundo que luchan por la reforma agraria, por cambios en las leyes de la familia, por los derechos laborales, por el fin de la austeridad, por el aumento salarial, para que el valor del trabajo de cuidados sea reconocido, por acabar con la pobreza."
En caso contrario, lo que ocurre es lo que denuncia el Movimiento de Apoyo y Resistencia de las Trabajadoras Sexuales (SWARM, por sus siglas en inglés):
“Sabemos de primera mano que la pobreza es un factor importante por el que la gente vende sexo. En cualquier caso, no podemos entender por qué criminalizar la fuente de ingresos de la gente que vende sexo se presenta como una ’solución’ a la coerción económica de la pobreza. Si los candidatos son conscientes de que la pobreza le niega sus elecciones a las personas, nosotras sugerimos que una solución real sería aplacar la pobreza, no criminalizar lo que a menudo es el último recurso que tiene la gente para sobrevivir a ella”
Para hacer políticas eficaces es necesario conocer la realidad de por qué las mujeres se dedican a la prostitución. No se puede basar la política en afirmaciones sin fundamento como que la principal causa de que las mujeres fluyan a la prostitución es la trata.
Por otra parte, no se puede excluir a las trabajadoras sexuales como sujeto político basándose en afirmaciones sin fundamento empírico como que sus decisiones responden a motivaciones radicalmente diferentes a las que guían al resto de trabajadoras y trabajadores. ¿No estará más bien la diferencia en las circunstancias en que toman decisiones quienes elaboran los discursos abolicionistas y en las que lo hacen quienes optan por la prostitución? Algo que no puede ser motivo de inhabilitación política.
4. Esclavitud
El término esclavitud, a diferencia de trabajo, no tiene muchos significados literales (aunque lo podemos emplear de forma no literal y decir que nuestro jefe o nuestros hijos nos tienen esclavizadas). La esclavitud como sistema, con respaldo legal, se mantuvo en Europa hasta entrado el siglo XIX, coexistiendo con el trabajo asalariado, que tenía lugar también en condiciones terribles. Sin embargo la diferencia entre proletario y esclavo era fácil de detectar: el segundo no era libre para alquilarse en el mercado de trabajo. Actualmente este sigue siendo un criterio sencillo para diferenciar la explotación -que padecemos todas las asalariadas- de la esclavitud, que padecen algunas personas. Por eso no se habló de esclavitud en las temporeras de la fresa, que padecían unas condiciones terribles, pero que podían abandonar las fincas, tal como hicieron.
En el discurso abolicionista toda la prostitución es esclavitud -por eso no puede ser trabajo-. Pero aquí esclavitud tiene otro significado: una trabajadora sexual es esclava, tanto si la tienen coaccionada a no salir de un prostíbulo como si ella busca donde va a ejercer de manera que gane más y tenga mejores condiciones.
El mensaje que lanza este discurso es terrible: si todas las prostitutas son esclavas, ¿qué más da que sus amos los proxenetas les retiren el pasaporte o las amenacen e incluso agredan? En todo caso es un detalle dentro de la esclavitud. Como que un amo pegue o no a sus esclavos: no cambia lo fundamental. Lo que constituye la esclavitud en cualquier otro contexto, y que es fundamental para la vida de las trabajadoras sexuales, pasa a ser secundario.
En la práctica, este discurso hace que los recursos no se centren en ayudar a las que realmente están coaccionadas, y por tanto no permite políticas eficaces contra la trata. Un periodista cuenta que ayudó, con muchas dificultades, a una mujer víctima de trata a salir de esa situación. Tras ser liberada, a mujer fue deportada a Brasil. Poco después había vuelto y estaba otra vez en situación de trata: para volver a ejercer la prostitución en Galicia, que era lo que quería hacer, tuvo que volver a recurrir a una red de tráfico, y empezar de cero a pagar con trabajo sexual una deuda infladísima. Para un particular la acción de ayudarla a salir fue correcta y encomiable. Las personas nos debemos guiar por la ética. Un gobierno, además de guiarse por la ética, que es imprescindible, tiene que hacer políticas eficaces. Y para eso debe conocer la realidad.
El concepto de esclavitud que se aplica a la prostitución no se sostiene en el resto del capitalismo. En mi ciudad hay muchos talleres -"clandestinos" en el lenguaje habitual- en que se fabrican elementos del calzado en la economía sumergida, sin contrato, en condiciones penosas, jornadas larguísimas... En algunas ocasiones se han encontrado talleres en que había personas retenidas a las que se les había retirado la documentación. Se trató como trabajo esclavo y se tomaron determinadas medidas. A pesar de que la actividad y las condiciones de trabajo fueran muy similares al resto de talleres, a nadie se le ocurrió resolver el problema de los talleres clandestinos con las mismas medidas aplicadas a esos talleres. No se pueden hacer políticas laborales confundiendo esclavitud y explotación, no funcionan. Con la esclavitud se puede y se debe acabar en el capitalismo. Con la explotación, yo desde luego creo que también debemos acabar, pero acabar con ella es acabar con el capitalismo.
En la prestación de servicios sexuales puede haber explotación y esclavitud. Es imprescindible saber distinguirlas para hacer políticas adecuadas a cada situación.
El patriarcado nos oprime a todas
Los discursos abolicionistas no solo presentan la prostitución como si se diera en una burbuja respecto al capitalismo, también la presentan aislada del resto del patriarcado, el que nos oprime al resto de mujeres.
1. Opresión, desigualdad, violencia
Los discursos abolicionistas feministas mencionan a menudo la relación de la prostitución con el patriarcado, sin embargo no aprovechan en sus análisis la potencia de esta constatación. Al tratar de la prostitución utilizan conceptos diferentes o con un significado diferente al que se aplica al resto del patriarcado. Por ejemplo, no se utilizan los conceptos de desigualdad, de opresión o cualquiera de las herramientas conceptuales desarrolladas por las teorías feministas, sino que se utilizan conceptos específicos. Y un concepto que se aplica tanto al patriarcado en general como a la prostitución, el de violencia sexual, cambia totalmente su significado.
La prostitución se dice, es siempre violencia sexual, la actividad sexual en ella es violación pagada. Como ocurre con el concepto de esclavitud, este concepto de violencia lanza un mensaje terrible: no hay gran diferencia entre que una mujer pacte un acto sexual y que sea violada: las dos cosas son violación, solo que una consentida y con dinero por medio. Mucho peor que la ley y el sistema judicial, que reconocen -¿todavía?- esta diferencia. Porque, con este concepto de violación, si te estás dejando violar por dinero, ¿con qué cara vas a ir a denunciar una violación? Así, el "No se puede reducir todo al consentimiento" en realidad significa: "El consentimiento de las trabajadoras sexuales no tiene ningún valor".
Intentar aplicar fuera del trabajo sexual el criterio de violencia sexual que se aplica en la prostitución nos llevaría a un atolladero sin salida. No sería suficiente el sí, habría que examinarlo. Habría que ver si las esposas tuvieron en cuenta el dinero para casarse o si lo tienen en cuenta para mantenerse casadas. Porque entonces quizá todo el sexo marital sería violación. Habría que crear una policía feminista del consentimiento, pero para todas las víctimas del patriarcado. Y por otra parte, si alguien puede cuestionar el sí de una mujer, ¿qué ocurre con el no?, ¿no refuerza eso precisamente a quienes no dan por bueno el no, los agresores y violadores?
Las mujeres necesitamos un concepto sólido y coherente de violencia para oponernos al patriarcado. Un concepto que cambia tanto de significado nos debilita.
2. En el patriarcado, todas las instituciones son patriarcales
Todas y todos vivimos en un patriarcado capitalista, de manera que las instituciones reflejan y a la vez ayudan a perpetuar este sistema. Es casi imposible que alguna institución, desde la universidad a la publicidad, desde el sistema judicial a la literatura, esté realmente al margen del patriarcado. Solo las más privilegiadas pueden, si es que pueden, quedar al margen del patriarcado en todos los aspectos de su vida. En una sociedad que atribuye posiciones diferentes a hombres y mujeres tanto en lo público -mercado de trabajo, política...- como en lo privado -cuidados, trabajo doméstico...- todo el sistema, y no solo una de sus instituciones, contribuyen a reproducirlo. Todo lo tenemos que hacer dentro de ese marco, incluso algo tan íntimo como la maternidad, como muy bien recuerda Carolina del Olmo. Por tanto todas las mujeres nos situamos en un contínuum: no hay unas que son las que reproducen el patriarcado y otras que no, en todo caso unas lo harán más y otras menos.
Sin embargo, en el discurso abolicionista pareciera que hubiera unas mujeres oprimidas por el patriarcado de una manera que las anula como sujeto político, y el resto que padecemos una opresión que no nos incapacita políticamente. Pero no se puede hacer política, gobernar democráticamente, diciendo "A ti te niego la capacidad de hablar. Tú no eres una ciudadana como las demás, no puedes intervenir como actor político". No se puede quitar a nadie ese derecho sin unas razones muy bien fundamentadas en hechos. Es una privación de los derechos políticos sin condena judicial previa ni presunción de inocencia. Y no tiene justificación en un sistema patriarcal del que todas las mujeres somos parte, como víctimas, como partícipes y como resistentes.
Todas las mujeres las mujeres ocupamos la posición de oprimidas en el patriarcado. Eso es lo que nos une y la base para una lucha común, sin exclusiones.
3. El imaginario antiigualitario
Los discursos abolicionistas de estos meses insistían en que la prostitución contribuye al imaginario antiigualitario y patriarcal. Pero la principal contribución al imaginario antiigualitario viene de la propia realidad desigual: con la segregación horizontal y vertical del mercado de trabajo y la consiguiente brecha salarial; con la desigual carga de trabajos de cuidados; con todas las formas de desigualdad que se aprenden en la familia, sobre todo, pero también en las películas, libros de texto, juegos... La realidad que rodea a las niñas y niños ya les educa en la desigualdad, no solo lo hace la prostitución.
Como decía en mi artículo de eldiario.es citado más arriba:
"Más en concreto se dice que la prostitución transmite el modelo de que los hombres tienen derecho a acceder al cuerpo de las mujeres. La institución que de manera más universal -y privilegiada legal y simbólicamente- hace esto es el matrimonio. Hasta hace menos de una generación (y en muchas partes del mundo todavía) el acceso al cuerpo de la mujer formaba parte del contrato matrimonial, por eso era impensable la violación en el matrimonio. Ese modelo está siendo reemplazado por otro igualitario según el cual lo deseable, e incluso un requisito de un buen matrimonio es la satisfacción mutua. Pero la igualdad es superficial, como ponen de manifiesto a nivel simbólico los modelos de esposa o de novia que la presentan siempre dispuesta al sexo, y a nivel material, los datos de violaciones de mujeres dentro del matrimonio."
Tampoco en cuanto al imaginario la prostitución en sí es una institución esencialmente diferente a las instituciones de las que participamos la gran mayoría de mujeres: todas participan en la reproducción de los modelos de género antiigualitarios y patriarcales. Todas las mujeres estamos del mismo lado respecto al patriarcado.
4. ¿Solo la prostitución de las mujeres tiene que ver con el patriarcado?
Me resulta llamativo que el abolicionismo solo se ocupe de la prostitución de las mujeres -el 87 %-, sin hacer siquiera mención a la de personas transgénero -el 6 %- y de varones -el 7 %- (TAMPEP, 2009, pp. 14-15).
¿Tiene algo que ver la prostitución de hombres y transgénero con el patriarcado? ¿Contribuye al imaginario de que los hombres, que en Europa son la gran mayoría de la clientela, tienen derecho a acceder al cuerpo de otras personas mediante pago? ¿Qué tiene que ver la prostitución de hombres y transgénero con la heterosexualidad normativa que es un pilar del patriarcado? Un análisis más amplio podría servir para enfrentarnos mejor al patriarcado.
Por otra parte, si la prostitución es algo que degrada y humilla a las mujeres, que atenta contra su dignidad, que las lleva a la despersonalización, a consumir drogas, a enfermar gravemente -como afirma, por ejemplo, Rosa Cobo en el artículo citado-, ¿qué ocurre con los hombres y las personas trans que ejercen la misma actividad? Porque si les pasa algo de eso, aunque no fuera todo, como feministas, al menos tal como yo entiendo el feminismo, no podemos mirar para otro lado porque no sean mujeres (como no debemos ser indiferentes a que mueran varones intentando acceder a Europa). Si de verdad se piensa que la prostitución produce todos esos males, no veo que sea moral no ocuparse, ni siquiera en menor medida, de las víctimas que no son mujeres.
Un análisis serio de la prostitución en el patriarcado ha de examinar toda la prostitución. Seguramente conocer las semejanzas y diferencias entre la prostitución de mujeres y el resto será muy útil para hacer políticas ajustadas a la realidad.
5. El imaginario y lo material
En general los feminismos tenemos muy claro que no nos basta con que cambien las palabras, queremos que cambie la realidad. Por ejemplo, no vale con el matrimonio ahora sea formalmente igual. No nos basta cuando las mujeres asumen mucho más trabajo de cuidados dentro de él y en muchos casos padecen malos tratos y hasta son asesinadas. Queremos cambios reales. Las palabras son importantes, pero además debe haber hechos.
Sin embargo, cuando se trata de la prostitución, el abolicionismo y el mismo gobierno se centran en las palabras, concretamente en la palabra trabajo. ¿O qué sabemos de sus propuestas para cambiar la realidad?
En el patriarcado real, es necesario cambiar lo material. Incluso para cambiar el imaginario: la desigualdad material refuerza el imaginario patriarcal.
Conclusión
Sin pretender extraer todas las conclusiones de un análisis serio de la prostitución como institución del patriarcado capitalista, quiero resaltar dos cuestiones imprescindibles para elaborar políticas efectivas:
- Se ha de analizar la realidad sin confundir lo que es con lo que pensamos que debe ser. Porque la realidad es muy tozuda y al despertar va a seguir ahí. Para eso se han de utilizar las herramientas conceptuales que los feminismos y las ciencias sociales han desarrollado. Si se quieren utilizar disfemismos [palabra o expresión deliberadamente despectiva o insultante que se emplea en lugar de otra más neutral. Wikipedia], se puede hacer un uso táctico de ellos, pero sin que eso lleve a engañarse sobre la realidad, porque para hacer políticas, hay que conocerla. Y hay que actuar sobre lo material y no solo sobre el imaginario. Si se tuviera en cuenta la base material de la prostitución se podrían dedicar los esfuerzos a hacer políticas que realmente incidieran en ella, y los Presupuestos Generales del Estado son una ocasión excelente para ello.
- No se puede hacer política de gobierno escuchando solo lo que coincide con lo que se quiere oír y negándose a escuchar a quien dice otra cosa, aunque la conozca muy bien. En todo caso así se gobernará una iglesia, pero no se debe gobernar un estado. Es necesario, no solo permitir la organización de las trabajadoras sexuales, sino tenerlas en cuenta en el debate político, como se han de tener en cuenta en una democracia a los sectores implicados en una decisión.

3/10/2018

Paro Internacional de Mujeres 2018


OPINIÓN
   Mujeres Cautivas
Por: Teresa C. Ulloa Ziáurriz*


El Paro Internacional de Mujeres del 8 de marzo de este año es una movilización que tendrá lugar el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Es convocado por organizaciones feministas y aliadas de la lucha por los derechos de las mujeres en todo el mundo. Se espera la adhesión de más de 70 países y una gran cantidad de actividades locales relacionadas.
La movilización es motivada por la lucha contra la violencia machista, la desigualdad de género y las distintas formas de opresión contra las mujeres. La acción internacional simultánea tiene el objetivo de visibilizar la situación de explotación de las mujeres en el ámbito del trabajo y la reproducción social.

ANTECEDENTES
Un primer antecedente histórico se dice que fue la Huelga de Nueva York, de obreras textileras, quienes luchaban por mejores salarios y menores jornadas. Otro antecedente es el paro nacional convocado por el movimiento de mujeres que tuvo lugar en Islandia, el 24 de octubre en 1975, en el que participaron trabajadoras remuneradas y amas de casa. En un aniversario de esa huelga, el 24 de octubre de 2016, las trabajadoras islandesas dejaron sus puestos de trabajo dos horas y veintidós minutos, antes de su hora de salida, como forma de hacer visible la brecha salarial entre hombres y mujeres.
El 3 de octubre de 2016, se realizó una protesta masiva en Polonia, bautizada como "lunes negro", contra un proyecto de ley que criminalizaba el aborto, incluyendo el aborto espontáneo y la interrupción del embarazo como consecuencia de una violación. La gran repercusión de esta protesta frenó la ley en el parlamento polaco. El 19 octubre del 2016, en Argentina, integrantes del movimiento “Ni Una Menos” y de otras organizaciones feministas convocaron a un paro de una hora y a diversas movilizaciones, tras una semana en la que hubo 7 casos de feminicidio.
En este marco de manifestaciones masivas en distintos países, las activistas polacas comenzaron a conectarse y coordinar acciones con movimientos similares de otros países, sumándose inicialmente Israel, Italia, Corea del Sur, Rusia, Irlanda, Brasil y México, para conformar un grupo impulsor del Primer Paro Internacional de Mujeres.
El Primer Paro Internacional de Mujeres, del 8 de marzo de 2017, tuvo presencia en más de 50 países y 200 ciudades alrededor del mundo. El 25 de noviembre del año pasado tuvieron lugar importantes manifestaciones por el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer en varios países, así como una masiva respuesta a la convocatoria de la Women's March 2018 en Estados Unidos. Estas movilizaciones son consideradas por activistas como antecedentes para una segunda convocatoria global al Paro Internacional de Mujeres.

CONVOCATORIA

Bajo lemas como #NosotrasParamos, #WeStrike y “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, los movimientos feministas convocaron a un paro laboral, estudiantil, de cuidados y de consumo. El llamamiento incluye a mujeres asalariadas y no asalariadas, de todas las orientaciones e identidades sexuales.
Una de las principales reivindicaciones es por una sociedad libre de violencia machista, cuya manifestación más visible es la agresión y asesinato de mujeres por el solo hecho de ser mujeres. También se reivindican los derechos laborales de las mujeres, afectados por la precarización, la desigualdad salarial y el acoso sexual en el lugar de trabajo. Asimismo, se denuncian la pobreza, la violencia racial, la persecución a inmigrantes y los recortes de programas sociales y de salud. 

ORGANIZACIÓN

Las movilizaciones previstas para el próximo 8 de marzo se están preparando en más de 70 países por múltiples organizaciones, colectivos y activistas a nivel nacional y local. Mientras que algunos sectores del sindicalismo alegan que una huelga no puede legalmente distinguir entre sexos, el movimiento feminista sostiene que solamente las mujeres deberían parar. Desde esta perspectiva, los hombres deberían acompañar, asumiendo las tareas domésticas y de cuidados que quedarán sin atención, y participar con otro tipo de acciones que contribuyan a visibilizar el protagonismo de las mujeres.

TEMAS QUE DIVIDEN
Aparecieron temas como el “trabajo sexual” y los vientres subrogados, que no tiene el consenso y el de la agenda feminista v.s. la agenda del movimiento trans, que también provoca divisiones entre las feministas.
Bajo el supuesto estandarte del feminismo, reclaman espacio aquellas posiciones o discursos que, cuando se trata de la explotación sexual y reproductiva de las mujeres, califican la misma como un acto de voluntad. El neoliberalismo y las sociedades de mercado han implantado una nueva forma de racionalidad que sublima el individualismo del libre acuerdo donde, deliberadamente, se ignoran los condicionantes sistémicos que determinan esa supuesta libertad.

Ocultan que, para que el consentimiento sea válido ha de ser un acto libre e informado, requiere un yo autónomo no mediado por el abuso de poder, la subordinación y el sometimiento. Por ello, el argumento de la libre elección de las mujeres es una auténtica coartada para el patriarcado. No solo falsea la teoría del consentimiento sino que, en la medida que individualiza la decisión, la despolitiza.
Este año, el Paro Internacional de Mujeres quiere visibilizar la explotación de mujeres y niñas, y para estrechar una solidaridad global más fuerte para exigir poner fin a todas las violencias contra las mujeres, en todas sus formas y modalidades.
El Paro Internacional de Mujeres 2018 es un reconocimiento de que no podemos erradicar la violencia contra las mujeres sin tomar en cuenta la intersección con la pobreza, el racismo, la guerra, el saqueo ambiental, el capitalismo, el imperialismo y el patriarcado. La impunidad vive en el corazón de estas fuerzas entrelazadas.

En México nos levantamos por las desaparecidas, por las víctimas de feminicidio, las víctimas de la delincuencia organizada, las desplazadas, las madres que buscan a sus hijas e hijos, las víctimas y sobrevivientes de trata, de prostitución y otras formas de explotación sexual, las víctimas del trabajo infantil y del turismo sexual y la pornografía infantil, fenómenos que crecen en total impunidad en nuestro país.
*Directora Regional de la Coalición contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC, por sus siglas en inglés).
Twitter: @CATWLACDIR
Facebook: Catwlac Directora

CIMACFoto: César Martínez López
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 

2/03/2018

Alistan segundo Paro Internacional de Mujeres en marzo


Se organizan movilizaciones en 51 países    


Por segundo año consecutivo mujeres, trabajadoras, ciudadanas y feministas de todo el mundo se preparan para participar en el Paro Internacional de Mujeres el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, con el objetico de evidenciar la brecha salarial de género, reconocer el trabajo doméstico no remunerado y protestar por el incremento de la violencia y el feminicidio en todos los países.
Las acciones van cobrando fuerza a lo largo del mundo y ya se hacen visibles en las redes sociales que han contribuido a la organización de las demandas de los grupos feministas de cada país, quienes se están organizando para participar en las movilizaciones masivas.
Diversos colectivos feministas, organizaciones civiles, sindicatos obreros e instituciones alrededor del mundo planean campañas para convocar al paro de mujeres bajo el lema: “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras” que invita a todas las mujeres a frenar labores con el propósito de evidenciar la desigualdad.
Según información del portal #2018M, de La Internacional Feminista, quien trabaja en la coalición y organización de movimientos, redes y colectivos para fortalecer y emprender acciones de la lucha feminista, países como Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, El Salvador, Francia, Guatemala, Honduras, España, Estados Unidos, Venezuela y México se han sumado a la convocatoria.
Se espera que en el paro participen más de 51 países donde ya se celebran asambleas con la finalidad de reforzar el movimiento y planear estrategias de movilización.
A un mes del 8 de marzo se mantiene la expectativa, en particular ante las campañas contra el acoso sexual y la violencia feminicida como el movimiento #Metoo (#YoTambién, en español) que surgió después de que en octubre del año pasado se dieran a conocer casos de acoso sexual contra las actrices de Hollywood.
Aunado a estos casos que salen a la luz hay grupos feministas que señalan las deficiencias de las políticas públicas diseñadas para erradicar la violencia de género alrededor del mundo y las diversas opiniones respecto a las acciones feministas en contra de las violaciones a los derechos de las mujeres y la inseguridad.
El llamado al paro, según las organizadoras, se hace con la intención de visibilizar la importancia de la mujer en todos los ámbitos. Por ejemplo, en el trabajo que realizan dentro y fuera del hogar, que normalmente no es reconocido o es impuesto como un rol de género y las consecuencias que estas asignaciones tienen en sus vidas.
Como parte de las acciones planeadas, las mujeres están invitando a otras a realizar compras de primera necesidad en comercios locales emprendidos por mujeres y boicotear a las empresas que cosifican el cuerpo femenino al recurrir al sexismo y misoginia para hacer rentables sus productos.
Así como el 8 de marzo de 2017 marcó una huella en la historia de la organización y la unidad de las mujeres porque no incluyó a mujeres de varias nacionalidades y provocó la generación de redes y asambleas a nivel mundial, ahora también se espera que resurja el grito frente a la violencia cotidiana. Es por ello, que este 2018 se prevén acciones similares y multitudinarias para lograr respuestas efectivas a las demandas en cada país.
Imagen retomada de Tribuna Feminista
Por: Stephany Reyes Chávez
Cimacnoticias | Ciudad de México.-

3/11/2017

¿Qué significa la huelga de las mujeres?



La huelga internacional de las mujeres busca combatir la degradación provocada por el capitalismo en todas las esferas de la vida.

Organizaciones feministas, de base y socialistas de todo el mundo han convocado para el 8 de marzo una Huelga Internacional de las Mujeres en defensa de los derechos reproductivos y contra la violencia, entendida como violencia económica, institucional e interpersonal.
La huelga se llevará a cabo en al menos cuarenta países; es el primer día de protesta coordinado a nivel internacional a una escala tan grande en años: en términos de tamaño y diversidad de organizaciones y países involucrados, podrá compararse con las manifestaciones internacionales contra el ataque imperialista a Iraq en 2003, y con las protestas internacionales coordinadas bajo la bandera del Foro Social Mundial y el movimiento por la justicia mundial de los primeros años de 2000.
Aunque los movimientos de Occupy Wall Street, los indignados y Black Lives Matter (las Vidas Negras Importan) consiguieron tener un eco internacional y desencadenar manifestaciones, ocupaciones y protestas en una serie de países, hubo escasa conciencia de coordinación internacional entre las diversas organizaciones y grupos implicados. Las revoluciones árabes constituyeron un acontecimiento histórico extraordinario, pero las organizaciones políticas y sociales de otros países brillaron por su ausencia a la hora de impulsar una potente movilización coordinada internacionalmente que les brindara su apoyo.
Si la Huelga Internacional de las Mujeres consigue tener éxito, marcará un salto cualitativo y cuantitativo en el largo proceso de reconstrucción de la movilización social internacional contra el neoliberalismo y el imperialismo, proceso al que han ido dando forma los diversos movimientos de estos últimos años, desde Occupy al Parque Gezi [Estambul], de los indignados a Standing Rock y Black Lives Matter. Indicará asimismo la posibilidad concreta de un movimiento feminista nuevo, poderoso, anticapitalista e internacionalista.
¿Por qué lo llamamos huelga?
Las muchas discusiones habidas sobre la huelga, especialmente en EEUU, se han centrado en si es correcto llamar huelga al 8 de marzo en lugar de manifestación. Pero esta crítica no tiene en cuenta algo esencial. Las huelgas de las mujeres han abarcado siempre mucho más aspectos en sus metas y objetivos que las que se centran en salarios y condiciones de trabajo. En 1975, el 90% de las mujeres de Islandia organizaron una huelga en sus lugares de trabajo y durante un día se negaron a realizar un trabajo reproductivo socialmente no remunerado, para hacer visible el trabajo de las mujeres islandesas y su contribución a la sociedad. Exigieron igualdad de salarios con los hombres y el fin de la discriminación sexual en el lugar de trabajo.
En el otoño de 2016, las activistas polacas adoptaron la estrategia y el mensaje de la huelga de mujeres islandesas de 1975 y organizaron una huelga masiva de mujeres a fin de parar un proyecto de ley en el parlamento que habría prohibido el aborto . Las activistas argentinas hicieron lo mismo el pasado octubre para protestar por la violencia masculina contra las mujeres.
Esos acontecimientos –que impulsaron la idea de una huelga más amplia en el Día de la Mujer- demuestran que la huelga de las mujeres es diferente de una huelga general. Una huelga de mujeres surge de la reflexión política y teórica sobre formas concretas del trabajo de las mujeres en las sociedades capitalistas.
En el capitalismo, el trabajo femenino en el mercado laboral formal constituye sólo una parte del trabajo que ellas realizan; las mujeres son también las principales proveedoras de trabajo reproductivo: trabajo no remunerado que es igualmente importante para reproducir la sociedad y las relaciones sociales capitalistas. Una huelga de mujeres se diseña para hacer visible ese trabajo no remunerado y para hacer hincapié en que la reproducción social es también un lugar de lucha .
Además, debido a la división sexual de la fuerza de trabajo en el mercado laboral formal, una cifra inmensa de mujeres desempeña trabajos precarios, no tienen derechos laborales, están desempleadas o son trabajadoras indocumentadas.
Las mujeres que trabajan en el mercado laboral formal e informal y en la esfera reproductiva social no remunerada son todas trabajadoras. Esta consideración debe ser fundamental en cualquier discusión sobre la reconstrucción del movimiento de la clase trabajadora, no sólo en EEUU, sino también a nivel mundial.
Subrayar la cuestión de la unidad entre el lugar de trabajo y el hogar es fundamental, y un principio organizador central para la huelga del 8 de marzo. Una política que considere seriamente el trabajo de la mujer debe incluir no sólo las huelgas en el lugar de trabajo sino también las huelgas del trabajo reproductivo social no remunerado, las huelgas a tiempo parcial, las peticiones de reducción de la jornada de trabajo y otras formas de protesta que reconocen la naturaleza de género de las relaciones sociales.
La “huelga” se ha convertido el término-paraguas bajo el cual se incluyen todas estas variadas formas de acción porque es el término que mejor subraya la centralidad del trabajo de las mujeres y su autoidentificación como trabajadoras, cualquiera que sea la forma que su trabajo adopte.
Recuperando el derecho a la huelga
Estados Unidos tiene quizás las peores leyes laborales entre las democracias liberales. Están prohibidas las huelgas generales y las huelgas políticas; las huelgas están vinculadas a reducidas demandas económicas dirigidas a los empleadores, y los contratos tienen a menudo cláusulas explícitas que prohíben la huelga, la violación de las cuales puede acarrear que la persona trabajadora pierda su puesto de trabajo y/o que el sindicato que organiza la huelga tenga que pagar multas sustanciosas. Y hay más, varios Estados, como el de Nueva York, tiene leyes que prohíben explícitamente que los empleados públicos hagan huelga.
La discusión sobre cómo revertir esta situación y empoderar a los trabajadores ha sido la preocupación estratégica principal de la izquierda estadounidense en las últimas décadas. Sin embargo, uno de los peligros en esta discusión es el de reducir la lucha de clases sólo a la lucha económica, y el de confundir las relaciones sociales capitalistas con la economía formal en sentido estricto.
La transformación de las relaciones laborales en EEUU requiere no sólo la activación de la clase trabajadora sobre la base de las demandas económicas en el lugar de trabajo, sino mediante su politización y radicalización; es decir, fomentando la capacidad para emprender una lucha política dirigida a la totalidad de las relaciones de poder, instituciones y formas de explotación vigentes.
Esto no puede conseguirse sólo a través de la mejora y ampliación de la organización de base en el lugar de trabajo; uno de los problemas principales a que se enfrenta la organización laboral radical es el de su aislamiento e invisibilidad política y social. Establecer las bases para la revitalización del poder de la clase trabajadora necesitará de actuaciones a diferentes niveles: creando amplias coaliciones sociales que actúen dentro y fuera de los lugares de trabajo y estableciendo vínculos de solidaridad y confianza entre los organizadores y activistas sindicales, antirracistas, feministas, estudiantiles y antiimperialistas. También implica hacer uso de la imaginación social mediante intervenciones creativas, intelectuales y teóricas, así como la experimentación con nuevas prácticas y lenguajes.
En vez de centrarnos estrictamente en las luchas en el lugar de trabajo, necesitamos conectar los movimientos basados en el género, la raza, la etnia y la sexualidad, junto con la organización sindical y el activismo medioambiental. Sólo mediante la creación de esta totalidad colectiva podremos abordar la complejidad de cuestiones y demandas planteadas por estas diversas formas de movilización.
Este es el camino que persigue la Huelga Internacional de Mujeres, con su amplia plataforma e integración.
El 8 de marzo no será una huelga general. Pero sí será un importante paso adelante hacia una nueva legitimación del derecho a la huelga contra la degradación que el capitalismo está haciendo sentir a todos los pueblos en todas las esferas de la vida.
Cinzia Arruzza es ayudante de la cátedra de Filosofía en el New School. Tithi Bhattacharya es profesora adjunta de Historia en la Purdue University.
Esta traducción puede reproducirse libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a las autoras, a la traductora y a Rebelión.org como fuente de la misma.  

Otro 8 de marzo y seguimos igual


Por Regina Tamés

Tras la muerte de dos maestras en su aldea, mujeres piden justicia contra la violencia sexista, plantadas ante la escuela de la localidad, en el estado de Sinaloa, en México. Crédito: Mónica González/IPS
Tras la muerte de dos maestras en su aldea, mujeres piden justicia contra la violencia sexista, plantadas ante la escuela de la localidad, en el estado de Sinaloa, en México. Crédito: Mónica González/IPS

MÉXICO, 5 mar 2017 (IPS) - El 8 de marzo no es un día para regalarles flores a las mujeres, ni felicitarlas ni que todo se pinte de rosa. En esta fecha se pretende que se reconozca la discriminación histórica que han vivido y viven las mujeres en el mundo entero. El objetivo no es colocar a las mujeres en la categoría de víctimas ni condenarlas a generar pena, lástima o empatía. 

Sin duda, muchas mujeres han sufrido violaciones graves a sus derechos humanos, han perdido empleos, han visto morir a sus recién nacidos, han sido violadas sexualmente, han muerto en el parto, reciben sueldos menores que sus colegas hombres o son condenadas a embarazos que no desean.
Pero ninguna quiere que la sociedad sienta lástima, sino que se sumen en la exigencia al Estado de políticas públicas, legislación y presupuesto, que ayuden a prevenir estas injusticias o a encontrar justicia por haberlas sufrido.
La incapacidad social de reconocer la desigualdad entre hombres y mujeres, aunada a la ineficiencia de las autoridades estatales, coloca a las mujeres en una situación compleja pues, en efecto, se han ganado batallas, pero los retos siguen siendo muchos.
Otro 8 de marzo y seguimos igual
La directora de GIRE, Regina Tamés. Crédito: Imer
Los altos índices de pobreza, la inequidad en la distribución de la riqueza, las disparidades en el acceso a la educación y la salud, son algunos de los factores, que afectan de manera diferenciada a las mujeres. De ahí la importancia de hacer un alto este 8 de marzo y analizar la situación en que viven las mujeres.
Hay quienes sugieren que los retos y obstáculos ya han sido superados. Que el panorama no es tan malo y las mujeres exageran. Pero el panorama es devastador. Sí, hemos avanzado, sobre todo en el reconocimiento de los derechos en las leyes, pero la implementación de dicha legislación (que intenta no ser abiertamente discriminatoria como antes) en contextos opresores y misóginos no afecta en la realidad de las mujeres de carne y hueso.

Se han creado instituciones, y se ha sofisticado la discriminación para que no sea tan evidente, pero no sabemos si los resultados son favorables. El impacto de las leyes y políticas debe analizarse de manera urgente para no detener el diseño de burocracia que no ha eliminado la brecha entre mujeres y hombres. Este tema no debe verse desde una posición de privilegio, sino desde la de la mayoría de la población que no tiene acceso a información ni recursos, una mayoría con la cual el Estado está en deuda.
La situación de discriminación no será superada si no se hacen los cruces entre la discriminación por motivos de género o sexo, sumada a otras como las que provienen de orígenes étnicos o nacionales, por condición socioeconómica, edad o preferencia sexual.
Esta doble o triple discriminación afecta de manera distinta a las mujeres indígenas, lesbianas, jóvenes, migrantes o pertenecientes a otros sectores socialmente marginados, colocándolas en una posición de mayor vulneración.

Quisiera invitar a la reflexión sobre un tema puntual que afecta a todas las mujeres que tienen hijos (por elección o no), y que hoy en día aún afecta la posibilidad de que las mujeres ejerzan sus derechos de la misma manera que los hombres.
Hoy por hoy persisten los estereotipos y roles de género en la sociedad, siendo uno de los más fuertes los roles asignados a las mujeres como responsables del hogar y como de cuidadoras y responsables de las hijas e hijos.
Este trabajo no remunerado, sumado al trabajo en el mercado laboral, hace que las mujeres tengan dobles o triples jornadas. Incluso en los hogares en donde otros miembros de la familia participan en estas tareas, existe una carga desequilibrada hacia las mujeres.
Pero la realidad es que esta desigualdad afecta a todas las personas. Las estadísticas indican que por cada diez horas que trabaja una mujer, un hombre trabaja 8,6 (Inmujeres). Es decir que la entrada de las mujeres al mundo laboral remunerado, no ha significado una reducción en las tareas que le han sido tradicionalmente asignadas. Esto afecta sin duda sus posibilidades de crecimiento profesional así como la diferencia salarial que aún existe en el país.

Las jornadas laborales de sol a sol discriminan a todas las personas, pero afectan prioritariamente a las mujeres. Se piensa que el cambio de estructuras y dinámicas laborales puede ser difícil y muy costoso, pero lo cierto es que estos cambios radican principalmente en la voluntad del empleador.
Ejemplo de esto son la adopción de horarios flexibles o escalonados que permitan la convivencia de los tiempos personales, familiares y laborales sin reducir la productividad en el trabajo; horarios cortos de oficina (jornadas de seis horas) o trabajo desde casa, entre otras. Estas modificaciones deben ser para todo el personal, hombres y mujeres, con o sin hijos, enfatizando la necesidad de una corresponsabilidad entre la vida personal y laboral, reconociendo la decisión de reproducirse o no por igual.

Más allá de la responsabilidad de la o el empleador, el Estado debe tomar medidas para fomentar esta corresponsabilidad. En México, la legislación laboral así como la de seguridad social están lejos de cumplir con los estándares internacionales respecto a las licencias de maternidad y paternidad; no se cubre la demanda de estancias infantiles y las reglas para permitir el acceso a hijos e hijas de padres derechohabientes son discriminatorias.
Lo positivo hoy en día es que los derechos de las mujeres tienen más presencia en la sociedad gracias a la suma de voces de mujeres como Emma Watson y Beyoncé. Es una pena que en México las mujeres siguen temiendo declararse feministas. ¡Qué ganas de que mujeres con influencia en las y los jóvenes comprendieran que ser feminista también significa estar consciente de que existe discriminación contra las mujeres y debemos actuar en consecuencia!

Los retos para un mayor reconocimiento y respeto de los derechos de las mujeres no sólo competen al Estado mexicano, sino a todas y todos nosotros desde nuestros diferentes espacios.
Todos tenemos un compromiso con la erradicación de la discriminación hacia las mujeres para lograr una sociedad igualitaria en donde tanto hombres como mujeres gocen plenamente de sus derechos. Esta importante tarea deberá involucrar a diversos sectores gubernamentales y no gubernamentales incluyendo los medios de comunicación, las familias y las escuelas.

El reto es grande y, aunque hemos avanzado mucho, aún queda un enorme camino por recorrer.
Revisado por Estrella Gutiérrez

Paro de Mujeres 8M, fuerza vital que recorrió el país

Vivir sin violencias, en equidad


La fuerza del Paro de Mujeres, que se realizó ayer en decenas de países del mundo, en protesta por la violencia contra las mujeres y en demanda de una vida libre de violencia, se manifestó en México, en prácticamente todas las ciudades del país. De ello dan cuenta las corresponsales y colaboradoras de Cimacnoticias en Oaxaca, Veracruz, Edomex, Chiapas, Puebla, pertenecientes a la Red Nacional de Periodistas con Visión de Género.   

OAXACA TIEMBLA

Amas de casa, activista, familiares de mujeres asesinadas, profesionistas, docentes, jubiladas y mujeres  indígenas de Oaxaca se sumaron al Paro Internacional 8M en conmemoración del Día Internacional de las Mujeres que se realiza el 8 de marzo y marcharon del Monumento a la Madre al Zócalo.

Bajo la jornada “Oaxaca Tiembla, las Mujeres Paramos”, exigieron un alto a la violencia feminicida, al acoso sexual, a las agresiones y a las violaciones a sus derechos. Fueron acompañadas por un contingente Transexual, adultos mayores y ONG.

Denunciaron que durante los primeros 98 días del gobierno actual encabezado por Alejandro Murat Hinojosa, se han acumulado 26 feminicidios y seis casos de violencia política.
    
VERACRUZ, RECLAMO POR AVG 

Las desaparecidas y las víctimas de feminicidio fueron el centro de la misma exigencia: Justicia y Alerta de Género ya.

¡Vivas se las llevaron! ¡Vivas las queremos! ¡No queremos flores, queremos derechos! ¡Basta de simulación queremos acción!, fueron las consignas que lanzaron mujeres, estudiantes, enfermeras, maestras, madres de familia, abuelas, jubiladas, oficinistas, estilistas, vendedoras, empleadas, cocineras, investigadoras, activistas, feministas, quienes caminaron desde el Tranvía del Recuerdo al Zócalo, acompañadas por jóvenes, adultos y la comunidad LGBTTI

Exigieron justicia por los 55 feminicidios y reclamaron al Gobernador Yunes y al Fiscal Wincker que reconozcan solo 10 asesinatos; también demandaron justicia por las 70 mujeres trans víctimas de crímenes de odio, y señalaron la escasa justicia en el caso de los Porkys, violadores de una menor de edad.

EN EDOMEX,  PROTESTA CONTRA EL FEMINICIDIO

El Día Internacional de la Mujer en el Estado de México, no obstante  ser la primera entidad en donde se decretó la Alerta Contra la Violencia de Género (AVG), en once municipios, organizaciones civiles y autoridades municipales aseguran que la violencia y  los feminicidios no cesan.

Diversas actividades se realizaron, en demanda de que se erradique este flagelo, pues cerró el año 2016 con 263 asesinatos de mujeres, de acuerdo con cifras de la  organización “Mujeres en Cadena”.  Ecatepec, uno de los once que mantienen la AVG, encabeza la cifra de asesinatos de mujeres, seguido de Nezahualcóyotl, Atizapán, Naucalpan, Acolman, Chimalhuacán, Toluca, Cocotitlán, Mexicaltzingo, Tezoyuca, Chalco, Nicolás Romero, Tenancingo, Lerma, Ixtlahuaca y Texcoco.

En Naucalpan,  vecinas plasmaron en lienzos blancos sus manos con pintura rosa, sobre las escaleras de la presidencia municipal y exigieron mejores condiciones de seguridad para frenar la violencia en este municipio, que  el año pasado  cobró la vida de 28 mujeres, de acuerdo con las estadísticas de la Fiscalía General de Justicia del Estado de México.

CHIAPAS, ABORTO LEGAL

Para exigir políticas públicas en contra de la violencia hacia las mujeres, este 8 de marzo marcharon en Tuxtla Gutiérrez más de un centenar de mujeres.

La marcha partió del parque de la Juventud –al poniente de la ciudad- y llegó al Congreso del Estado,  donde se hizo un pronunciamiento para exigir el aborto legal en Chiapas, políticas públicas para evitar la violencia en contra de las mujeres, la liberación de presas políticas y mejores condiciones laborales.

Ana Silvia Gómez del Centro de Lengua y Cultura zoque pidió la libertad de su compañera presa Silvia Juárez Juárez del municipio de Tecpatán, que fue encarcelada por diferentes delitos como medida de represión por su lucha en contra de la extracción de hidrocarburos en aquel municipio.
 
PUEBLA, EL RECUENTO DE LA VIOLENCIA


La conmemoración del Día Internacional de la Mujer incluyó conversatorios sobre la violencia de género, la proyección de un documental y un monólogo, una marcha que llegó al zócalo de la ciudad y una actividad para denunciar a los docentes acosadores de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

En la facultad de Antropología, el Centro de Análisis, Formación e Iniciativa Social (Cafis) presentó los resultados de un análisis sobre feminicidios y violencia sexual en Puebla, que hizo de forma conjunta con el portal LADO B.

Entre los hallazgos se encuentran que son mujeres de 21 a 30 años las principales víctimas de feminicidio, en promedio ocurre un feminicidio a la semana en el estado y uno de cada tres victimario resultó ser la pareja sentimental de la víctima.

De los 149 casos de feminicidio que abarcó la investigación de 2013 a 2015, 53 por ciento cumplen con la causal de exposición pública, el 45.6 por ciento con lesiones o mutilaciones infamantes, 28.9 por ciento con lesiones previas, 27.5 por ciento con perfidia o abuso de confianza y 22.8 por ciento con violencia sexual.

*Con información de Citlalli López Velázquez, Sandra Segura, Evelia Barrón, Sandra de los Santos, Samantha Paez Guzmán, Alondra García Lucatero, Ana Alicia Osorio, Juan Ramón Nava

Imagen de Citlalli López Velázquez
Por: la Red Nacional de Periodistas Cimacnoticias | Ciudad de México.-