Agenda Ciudadana
Lorenzo Meyer
"Lo relevante del affaire Epstein es que confirma la teoría de Mills en el aspecto de la socialización entre miembros de las élites del poder".

El caso Epstein no es sólo de interés para las páginas de nota roja lo es también como un caso de estudio para la ciencia política.
Al examinar ciertos aspectos de la naturaleza y efectos del ejercicio del poder político, el enfoque basado en el concepto de élite resulta particularmente útil, sobre todo si se aplica a situaciones concretas. Y lo que llamamos el affaire Epstein ofrece hoy una oportunidad para que las “no élites”, es decir los ciudadanos comunes, nos asomemos al mundo cerrado y excluyente de los privilegiados y poderosos, a lugares donde suelen reunirse algunos de ellos y, entre otras cosas, discutir en torno a temas sobre los que habrán de tomar decisiones que afectan a la sociedad en su conjunto.
José Luis de Imaz tituló un estudio sobre la élite de su país (Argentina) Los que mandan (1964). Esas tres palabras son una buena definición del concepto de élite en el ámbito de lo político, pero la que había ofrecido desde 1956 el sociólogo de izquierda norteamericano C. Wright Mills al examinar el mismo fenómeno en Estados Unidos en medio de la Guerra Fría, también lo es: The Power Élite (La élite del poder). Esa élite “está integrada por personas cuyas posiciones les permiten trascender el entorno ordinario de los hombres y mujeres ordinarios; esas personas están en posiciones que les permite tomar decisiones que tienen consecuencias de gran envergadura”. El conjunto de “tomadores de decisiones” al que se refiere Mills está constituido por quienes ocupan las posiciones de mando en las principales instituciones de la sociedad y que en Estados Unidos se encuentran en el aparato del Estado, en la gran empresa industrial o financiera y en las fuerzas armadas más poderosas del mundo.
Desde luego que a esa trilogía norteamericana de mediados del siglo pasado se le pueden agregar o quitar componentes según el país que se examine y también puede adaptarse a niveles nacional, regional o local e incluso ampliarse al ámbito internacional. En el caso mexicano, por ejemplo, los mandos militares ya no desempeñan el papel que sí mantienen en la estructura de las grandes potencias imperiales o en la de ciertos países latinoamericanos. En otros casos se debe agregar a la élite a quienes controlan los grandes medios de información y difusión, a los altos jerarcas religiosos o incluso a personajes o grupos intelectuales cuyas opiniones en determinadas coyunturas pueden llegar a tener influencia desproporcionada en la formulación de decisiones que afectan a grupos significativos o a la sociedad en su conjunto. Finalmente, y llevada su capacidad de acción al extremo, una élite como la retratada por Mills pueda lograr la captura misma del Estado en que se asienta.
En cualquier caso, la posición y el poder de una buena parte de quienes conforman el grupo selecto que toma las grandes decisiones en las sociedades actuales poco y a veces nada tiene que ver con la voluntad popular, con el control democrático que la sociedad debería tener sobre todos aquellos que toman las decisiones en su nombre.
Los autores clásicos de la teoría de “los que mandan”, Vilfredo Pareto, Gaetano Mosca, Robert Michels o José Ortega y Gasset pusieron su atención en aspectos tales como la circulación de las élites gobernantes, el contraste entre la minoría organizada y la mayoría dispersa, la tendencia a la concentración del poder en cualquier organización incluidas esas con vocación democrática, la diferencia entre masas en rebeldía y minoría “excelentes”, etcétera.
Por su parte Mills subrayó en el examen del caso norteamericano la importancia y efectos de la socialización e interconexión entre los miembros de las minorías poderosas. Para empezar, muchos de “los que mandan” nacieron y se desarrollaron en ambientes exclusivos y con valores similares: colegios privados de alto costo, membresía en sociedades y clubs de igual naturaleza, universidades de excelencia, matrimonios dentro del mismo grupo y participación habitual en círculos sociales muy restringidos. En suma, los integrantes de las diferentes esferas de acción de la élite pueden tener actividades profesionales muy diferentes, pero se conocen, tienen contactos entre sí y en buena medida comparten una visión del mundo.
Pasemos ahora al caso de estudio, al “affaire Jeffrey Epstein”. El personaje, ya se sabe, nació en Brooklyn en el seno de una familia modesta de clase media -su padre fue jardinero y obrero- sin ninguna conexión con los poderosos. Sin embargo, el joven Jeffrey gracias a su habilidad para conectarse con los económicamente acaudalados -habilidad que desarrolló a lo largo de su carrera como empleado del banco Bear Stearns- logró llamar la atención de y hacerse útil para ciertos capitalistas de importancia al punto que se separó del banco y pudo establecer su propia y exitosa firma de asesoría financiera. Al mismo tiempo se dio a la tarea de integrar un círculo social informal propicio para facilitar el encuentro de personajes con poder económico o fama ya establecida en donde estos pudieran disfrutar de encuentros informales cara a cara y en un ambiente de placeres en torno al sexo lo que, usando de nuevo la definición de Mills, les permitían “trascender el entorno ordinario de los hombres y mujeres ordinarios” y donde ricos y famosos pudieran conducirse a sus anchas al margen de las normas legales y morales vigentes.
Y es justamente en este proceso de relación e intercambio entre individuos pertenecientes a diferentes sectores y nacionalidades de los grupos con poder político, económico, artístico y cultural, donde Jeffrey Epstein jugó el papel de articulador. El asesor financiero facilitó la interconexión entre miembros de los diversos círculos de la élite nacional e internacional al dar forma y administrarla membresía de lo que en buena medida fue un burdel exclusivísimo. El ambiente creado por Epstein para sus clientes y amigos propiciaba que los poderosos o famosos pudieran pasarla muy bien juntos y, a la vez, tuvieran oportunidad de abordar en la intimidad y complicidad temas de su interés en tanto poderosos e intercambiar información y favores lejos de la mirada y el juicio de los ciudadanos de a pie.
Unas denuncias por tráfico sexual en 2008 y en 2019 llevaron a que Epstein tuviera que comparecer ante la justicia ordinaria, fuera a prisión y que sus archivos con el registro de sus invitados fueron confiscados y su carrera como financiero y facilitador de la interconexión inter-élite a nivel nacional e internacional concluyera con su suicidio dentro de la prisión y en circunstancias que hasta ahora siguen suscitando fundadas dudas.
Para el análisis político lo relevante del affaire Epstein es que muestra y confirma como caso extremo la teoría de Mills en el aspecto de la socialización e interconexión entre los miembros de las élites del poder. Al salir a la luz pública parte de los archivos de Epstein aparecen los nombres de personajes como el expresidente norteamericano Bill Clinton, del Partido Demócrata y el actual Presidente de Estados Unidos y líder indiscutible del Partido Republicano Donald Trump. En público ambos mandatarios fueron o son abanderados de proyectos políticos nacionales antagónicos y con bases sociales aparentemente muy distintas, pero en lo privado parecieran ser más similares que diferentes. Y lo mismo puede decirse de los ideólogos con posiciones muy opuestas como son los casos de Noam Chomsky -notable lingüista, filósofo y politólogo de izquierda- y Steve Bannon, un fiero ideólogo de derecha y exestratega de Donald Trump.
En ambos casos los aparentemente incompatibles compartieron y disfrutaron del ambiente creado y administrado por Epstein. Banqueros y empresarios fueron los invitados mayoritarios a las fiestas del consultor financiero de Manhattan y “traficante sexual”, pero si bien podían ser esos invitados competidores en sus respectivos campos profesionales, igual aceptaban la oportunidad de “trascender el entorno ordinario de los hombres y mujeres ordinarios” y fuera del ojo público compartir entre ellos el pan y la sal y… algo más.
PD. Que sí Epstein sirvió o no a la Mossad -servicio de inteligencia para el exterior de Israel- y que si sus informes explican en parte la alianza del Presidente Trump con Benjamin Netanyahu Primer Ministro de Israel tal vez el tiempo lo dirá. Lo que es un hecho es que la vida semi secreta de las élites y su interacción puede llegar a tener efectos profundos no sospechados por el ciudadano ordinario.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario