5/02/2026

Kathryn Bromwich: “Después del Covid siguen sin mejorar las condiciones laborales de las cuidadoras”


La escritora inglesa publica ‘En el límite del bosque’ (Mapa, 2025), una novela introspectiva cuya narradora nos sumerge en los profundos recovecos de su búsqueda de identidad y liberación a través de su nueva vida en el bosque, solitaria y austera.


Kathryn Bromwich.


Licenciada en literatura inglesa, Kathryn Bromwich ha escrito por más de diez años para medios como The Guardian, Time Out o Vice. En el límite del bosque (At the Edge of the Woods en su versión original) es su debut en la novela de ficción. Con referentes como Olga Tokarczuk, Irene Solà, Sara Mesa o Shirley Jackson, la autora británica construye aquí una historia enigmática que explora la feminidad, la enfermedad y la alienación con una prosa íntima que no se asusta ante la vulnerabilidad.

El libro cuenta la historia de Laura, una mujer que está por terminar la treintena que se ha instalado en una solitaria cabaña en las lindes de un pueblito en los Alpes italianos. Laura, la narradora, nos deja saber que es huraña, lleva un estilo de vida austero que le permite no frecuentar demasiado el pueblo ni a sus habitantes, aunque también intenta integrarse con ellos como una vecina más y evita llamar la atención. Sabe que es una forastera y que es atípico que una mujer como ella viva sola en el bosque. En este sentido, hay una búsqueda de calma y anonimato que conecta con la quietud aparente de la vida del bosque, que muchas deseamos frecuentemente. ¿Cuál es el origen de este libro?

Lo escribí en 2021, durante la pandemia y llevando un año y medio enferma con Covid prolongado. Me encontraba muy mal y no sabía si llegaría a recuperarme alguna vez. Todo lo que podía hacer era seguir trabajando a tiempo completo desde casa, y, después, solo me quedaban fuerzas para ver algo en la tele y acostarme. Trabajar y dormir: eso era todo, esa parecía ser toda mi vida. Deseaba muy fuertemente escapar de ese momento, extrañaba mucho estar en la naturaleza. Vivo en el centro de Londres, donde hay muchas casas, coches, gente, y me gusta hacer senderismo y estar en la naturaleza. La escritura de este libro fue una forma de poder volver a experimentar las sensaciones de la naturaleza y el aire libre en un momento en que físicamente no podía hacerlo. Y, además, encontré un motivo para seguir adelante, algo que no era dormir o trabajar. Fue muy interesante escribir en pandemia sobre vivir en la naturaleza.

«Laura se libera del abuso del matrimonio, pero encuentra algo cada vez más salvaje y peligroso»

Una presencia importante en la novela es la enfermedad de la protagonista y narradora. ¿Pensabas en escribir sobre el proceso de la enfermedad?

Me interesaba más describir el desmoronamiento de la mente de Laura, más que su enfermedad física. Quería explorarlo como parte de la trama, pero también porque era lo que estaba pasando en mi vida en ese momento. Escribirlo fue una forma de procesar.

En un momento de la historia conocemos que Laura acaba en ese pueblo porque huye de un matrimonio violento donde el abuso es todo lo que recibe y puede esperar. Al contacto con los habitantes del pueblo, Laura dirá: “Me convierto en la chica dócil que me enseñaron a ser”. En contrapunto, la soledad elegida de su vida en el bosque le permitirá deshabitar la docilidad, des-domesticarla. La montaña y el bosque, además, van integrando a Laura en su ecosistema indómito. Creo que, a lo largo de la historia, es posible vislumbrar las conexiones entre lo femenino-salvaje, contradiciendo y liberando a Laura del mandato de género de la domesticidad. Cuanto más forma parte de la vida en el bosque, más se “asalvaja” y menos se docilita. ¿Cómo entiendes tú estas relaciones?

En cierto modo, el viaje de Laura consiste en pasar de la versión de sí misma que ha construido a lo largo de su matrimonio y su vida en sociedad, donde se ha convertido en el tipo de mujer que se espera que sea. Es una expectativa muy asfixiante, creo que sigue siendo válida hoy en día aunque las diversas olas feministas hayan transformado cosas. Laura se libera del abuso del matrimonio y las expectativas sociales, pero no se trata solo de convertirse en un “yo auténtico” o de “encontrarse a sí misma en la naturaleza porque la naturaleza es maravillosa”, sino que va encontrando algo cada vez más salvaje y peligroso, más poderoso de lo que ella puede manejar.

«El matrimonio violento es una cortina de humo, algo que te distrae como lectora del fantasma verdadero»

En este sentido, creo que este libro tiene una lectura en clave espectral. Se ha hablado de él como una “ópera prima gótica”, pero hay más que una cuestión de estilo: los espectros del bosque dialogan con Laura y la conducen al conocimiento y comprensión de su identidad. La intuición de la protagonista le permite adentrarse en el bosque y ser parte de él, al tiempo que el fantasma de la violencia marital sobrevuela su proceso. ¿Cuáles son las formas en que esto ocurre en la escritura del libro? O, dicho de otro modo, ¿quiénes son los fantasmas que te acompañaron y que aparecen en el libro?

Para mí, el matrimonio violento es una cortina de humo, es decir, algo que te distrae como lectora del fantasma verdadero, que es la infertilidad de Laura. Ella lo acepta y está bien con ello, mientras que su marido y la sociedad la ven como un fracaso y no entienden que ella habría sido feliz así. El fantasma de fondo es aquello que ella deja atrás para irse al bosque, una experiencia que está marcada por la violencia, claro. Lo veo como una cuestión de libertad personal, especialmente para las mujeres y en una época en que había muchas restricciones contra ellas. Contra un sentimiento constante de asfixia y limitación, ella busca la liberación y la amplitud.

«Cuidar y ser cuidade es algo imprescindible para vivir una vida digna, pero no sé si ahora podemos recordarlo»

La búsqueda de la protagonista una vida fuera de su matrimonio y de su feminidad se paraliza cuando una brusca enfermedad se adueña de su cuerpo. En esos días, una buena amiga de su vida pasada ha encontrado la cabaña perdida en la que Laura vive y se ha quedado con ella, cuidándola y manteniéndola con vida. La narración de los cuidados es íntima y hermosa, reconoce la vulnerabilidad de Laura y su necesidad de ser sostenida. Esta importancia de los cuidados, tan invisibilizada desde siempre, se puso de manifiesto durante la pandemia por parte de algunos sectores feministas. En este contexto pospandémico en el que el neoliberalismo fomenta la cultura del individualismo, para ti, ¿cuál es la importancia de una escritura que nos recuerde la fragilidad del cuerpo, la necesidad de cuidarnos desde el reconocimiento de la vulnerabilidad?

El cuidado sigue sin estar suficientemente valorado y sigue colocándose en una importancia menor al trabajo remunerado. La pandemia mostró que cualquiera puede enfermar gravemente con facilidad, que el trabajo de cuidados tan a menudo invisibilizado y feminizado es fundamental para que la sociedad se pueda sostener. No estoy segura de que ahora, casi seis años después de aquello, sigamos recordando esto: que cuidar y ser cuidade es algo imprescindible para poder vivir una vida digna. Después del Covid, aquí en Reino Unido sigue sin haber mejoras en las condiciones laborales y salarios de las personas cuidadoras. El otro día justamente hablaba con amigues sobre los escritos realizados durante la pandemia y cómo muchos de ellos sí pensaron con y sobre el cuidado. Pero no sé si ahora podemos recordarlo, no estoy segura de dónde estamos en ese sentido.

«No quería reproducir la forma masculina de entender la naturaleza y la montaña como algo a cuya cima hay que llegar»

Me gusta pensar que la escritura como acto creativo ocupa un lugar en esto. En tu libro creo que hay una postura sensible, no es un “tenemos que cuidar”, es que según vas leyendo, vas sintiendo la importancia de cuidarnos mutuamente porque somos vulnerables. Y creo que no es casualidad que esto aparezca en un libro escrito por una mujer que ha pasado un proceso largo de enfermedad.

Las personas que siguen hablando de enfermedades, cuidados y fragilidad son mujeres. Existe toda esa cultura muy machista del hombre fuerte, proveedor, que no puede ser vulnerable y nunca llora y nunca está enfermo. Y, así como creo que hay un trabajo que se está haciendo por parte de algunos hombres con esto, también es cierto que hombres como Andrew Tate o Elon Musk están alimentando la fantasía colectiva del hombre agresivo y poderoso. Escribiendo este libro yo no quería reproducir la forma masculina de entender la naturaleza y la montaña como algo a cuya cima hay que llegar, sino pensarlo desde una trayectoria más suave, en la que solo se tratara de conocerla, experimentarla, explorarla o conocerla. He recibido críticas por ello. Pero yo quería escribir sobre vivir, caminar, descubrir.

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