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7/18/2026

Trabajadoras domésticas filipinas denuncian explotación y violencia sexual en Arabia Saudita: Amnistía Internacional

Las trabajadoras domésticas filipinas que migran a Arabia Saudita continúan enfrentando graves violaciones a sus derechos humanos, entre ellas explotación laboral, confinamiento, violencia física y agresiones sexuales, denunció Amnistía Internacional en un nuevo informe que evidencia que las reformas emprendidas por el gobierno saudí han sido insuficientes para proteger a las mujeres migrantes.

El documento, titulado «Once We Step in Their Homes, We Are No Longer Human» (Cuando entramos a sus casas dejamos de ser humanas), recoge los testimonios de mujeres filipinas en Arabia Saudita entre 2023 y 2026, quienes relataron haber vivido condiciones de trabajo degradantes y, en algunos casos, violencia sexual por parte de sus empleadores.

La investigación muestra que, una vez dentro de los hogares donde laboraban, muchas mujeres quedaron completamente bajo el control de sus empleadores, quienes decidían sobre sus horarios, alimentación, descanso e incluso sobre la posibilidad de abandonar la vivienda.

Jornadas extenuantes, encierro y violencia sexual

Las entrevistadas describieron jornadas laborales de hasta 16 o más horas diarias, ausencia de días de descanso, privación de alimentos, confiscación de pasaportes y teléfonos celulares, además de restricciones para comunicarse con sus familias o salir de la vivienda.

Varias mujeres denunciaron haber sido víctimas de agresiones sexuales o de constantes situaciones de acoso por parte de sus empleadores, mientras que otras señalaron haber sufrido violencia física, insultos y humillaciones.

Una de las sobrevivientes relató que, al intentar regresar a Filipinas, fue sometida a una revisión corporal invasiva para demostrar que no había tomado pertenencias de la familia empleadora.

De acuerdo con Amnistía Internacional, estos abusos ocurren en un contexto donde las trabajadoras domésticas permanecen prácticamente invisibles para las autoridades debido a que desarrollan su labor dentro de domicilios particulares, lo que dificulta la supervisión y el acceso a mecanismos de denuncia.

El sistema kafala mantiene a las trabajadoras en situación de vulnerabilidad

La organización atribuye buena parte de estas violaciones al sistema kafala, un modelo de patrocinio laboral que continúa otorgando a los empleadores un amplio control sobre la situación migratoria de las personas trabajadoras.

Aunque Arabia Saudita ha implementado algunas reformas laborales en los últimos años, Amnistía señala que las trabajadoras domésticas han quedado excluidas de muchas de estas modificaciones y siguen enfrentando obstáculos para cambiar de empleo o abandonar el país sin autorización de sus empleadores.

La confiscación de documentos de identidad, el desconocimiento del idioma y el aislamiento incrementan la dependencia hacia quienes las contratan y dificultan escapar de situaciones de violencia.

Mujeres migrantes enfrentan una violencia marcada por género y origen

El informe subraya que la mayoría de las personas empleadas en el trabajo doméstico en Arabia Saudita son mujeres migrantes provenientes de Asia y África, quienes enfrentan formas múltiples de discriminación por razón de género, nacionalidad, condición migratoria y ocupación.

Amnistía Internacional sostiene que estas violencias no son hechos aislados, sino consecuencia de un sistema laboral que facilita la explotación y favorece la impunidad cuando ocurren abusos dentro de los hogares privados.

La organización recuerda que en 2025 documentó patrones similares de violencia contra trabajadoras domésticas provenientes de Kenia, lo que evidencia que las afectaciones alcanzan a mujeres de distintas nacionalidades que migran en busca de mejores oportunidades económicas.

Amnistía exige desmantelar el sistema de patrocinio

Frente a este panorama, Amnistía Internacional pidió al gobierno saudí investigar todas las denuncias de abuso, incluidas las agresiones sexuales, sancionar a los responsables y garantizar mecanismos efectivos de protección para las trabajadoras domésticas migrantes.

Asimismo, llamó a desmantelar por completo el sistema kafala, incorporar plenamente a las trabajadoras domésticas a la legislación laboral y garantizar que puedan cambiar de empleo o abandonar el país sin depender de la autorización de sus empleadores.

La organización advirtió que migrar para trabajar no debería significar renunciar a los derechos humanos ni convertirse en una apuesta donde la seguridad y la vida de miles de mujeres queden sujetas a la voluntad de quienes las contratan.

5/03/2026

La primavera laboral frente al neoliberalismo


El Primero de Mayo no es una fecha cualquiera. Es memoria viva. Es el legado de mujeres y hombres que lucharon –y muchos dieron su vida– para conquistar derechos que hoy son fundamentales: la reducción de la jornada laboral, el salario digno y la libre organización colectiva.

En México, esa lucha encontró eco en episodios fundamentales como Cananea y Río Blanco, donde la dignidad obrera se levantó frente a la injusticia. Esos momentos marcaron una época y sembraron las bases de los derechos laborales que hoy defendemos. Sin embargo, durante décadas, con el neoliberalismo, esos derechos fueron debilitados. Este modelo económico dejó una profunda huella de desigualdad. Una muestra clara: durante más de 30 años el salario mínimo perdió 77 por ciento de su poder adquisitivo.

El neoliberalismo no fue sólo un modelo económico, también fue una forma de gobernar. Una autoridad indolente que dio la espalda a las y los trabajadores. Ahí está, como herida abierta en la memoria nacional, el caso de Pasta de Conchos. En 2006 los mineros fueron abandonados a su suerte. Las familias quedaron en el dolor, sin justicia, sin verdad y sin el respaldo del Estado.

Hoy, en cambio, con los gobiernos de la Transformación, se asume una responsabilidad histórica: el rescate de los mineros, la dignificación de sus familias y el compromiso de que nunca más el Estado será indiferente ante la tragedia de sus trabajadores. El resultado: 28 mineros rescatados. Ese contraste no es menor. Es el reflejo de dos proyectos de país radicalmente distintos.

El neoliberalismo se volvió insostenible. Por ello, tras una larga lucha, el pueblo de México decidió cambiar el rumbo del país en 2018. Con la llegada de la Cuarta Transformación, los derechos laborales se colocaron en el centro de la política pública. Iniciamos un viraje profundo: de la precariedad a la dignificación del trabajo.

Este cambio de ruta se sustenta con resultados concretos. Una de las primeras acciones al llegar los gobiernos de la Transformación fue incrementar 16 por ciento el salario mínimo. A partir de entonces, han sido ocho años de aumentos de doble dígito, para pasar de 88.36 pesos diarios a 315.04 pesos por día. Es decir, 256 por ciento más, logrando revertir la pérdida del poder adquisitivo de 77 por ciento de los gobiernos neoliberales para llegar hoy a 154 por ciento de recuperación.

También hemos corregido con firmeza otros abusos del periodo neoliberal como la imposición de la subcontratación abusiva, una forma para evadir responsabilidades laborales, precarizar el empleo y negar derechos básicos a millones de trabajadores. Con la reforma impulsada por los gobiernos de la Transformación, esta práctica fue regulada y corregida: más de tres millones de trabajadoras y trabajadores fueron reconocidos por sus verdaderos empleadores, adquiriendo así derechos, seguridad social y condiciones laborales dignas.

En el pasado neoliberal, el reparto de utilidades se convirtió en una simulación que limitaba el acceso de los trabajadores a este derecho constitucional. Hoy, como resultado directo de la reforma de subcontratación, el PTU se ha fortalecido de manera histórica: mientras antes se distribuían alrededor de 87 mil millones de pesos, actualmente el monto alcanza los 259 mil millones.

Bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, el proceso de transformación de los derechos laborales se consolida hoy como una etapa histórica de expansión y modernización: nuevas reformas que saldan deudas históricas con los trabajadores y los sectores olvidados. Menciono algunos ejemplos contundentes: la reforma para dotar de seguridad social a las y los trabajadores de plataformas digitales, la instauración paulatina de la semana laboral de 40 horas, la creación del Certificado Laboral para la Agroexportación y la fundación del Centro de Atención Integral para Trabajadores Agrícolas. Se trata, en conjunto, de una ruta precisa: pasar de rescatar derechos a ampliarlos, consolidando un modelo donde el trabajo digno es eje del desarrollo y del bienestar.

A diferencia del pasado neoliberal, esta nueva etapa histórica de nuestro país, que diversos sectores han tenido a bien llamar la primavera de los derechos laborales, se ha construido con el diálogo social permanente entre trabajadores, empleadores y gobierno.

Está claro que el Primero de Mayo nos recuerda de dónde venimos, pero también, como una luz redentora que emana del pasado, nos marca el camino hacia dónde vamos. México avanza con paso firme hacia una realidad laboral más justa, más digna y más humana. Reconozcamos y recordemos a quienes con su esfuerzo han luchado y defendido los derechos que hoy hemos logrado consolidar y gozar. Sigamos construyendo, juntas y juntos, un México donde el trabajo no sea sinónimo de precariedad, sino de bienestar compartido.

* Secretario del Trabajo y Previsión Social

X: @marathb

5/02/2026

Nuestro día inicia 4 am y guarderías abren a las 8. Trabajadoras por un Sistema de Cuidados inclusivo

 

mujeres de sectores precarizados advierten que la política pública no responde a su realidad.

Ciudad de México,.– En el marco del Día del Trabajo, la Coordinadora Nacional de Defensoras de Derechos Humanos Laborales (CNDDH) advirtió que el Sistema Nacional de Cuidados no puede construirse sin la participación directa de las mujeres trabajadoras, quienes sostienen cotidianamente el trabajo de cuidados en el país.

Integrada por mujeres trabajadoras del campo, la maquila, artesanas, del comercio, las plataformas digitales, los mercados públicos, concentraciones y el trabajo de cuidados, la organización señaló que el diseño del sistema debe incluir de manera permanente su participación en todas sus etapas: desde la planeación hasta la evaluación.

“El sistema sólo será efectivo si se construye desde un enfoque de justicia social y laboral, reconociendo las condiciones de precarización, informalidad y desigualdad en las que trabajamos millones de mujeres”, señalaron en su pronunciamiento.

Una de las principales preocupaciones expresadas por las trabajadoras es la falta de servicios que respondan a sus jornadas laborales.

“Nuestra jornada empieza a las cuatro de la mañana y las guarderías abren a las ocho. Este servicio no responde a nuestras necesidades. Tenemos que dejar a nuestros hijos con familiares o pagar a alguien que los cuide, lo que implica trabajar más para poder cubrir ese gasto”, explicó una trabajadora jornalera.


Esta realidad obliga a muchas mujeres a combinar simultáneamente el trabajo y las labores de cuidado en sus propios espacios laborales, como ocurre con las trabajadoras de mercados, quienes frecuentemente atienden a sus hijas e hijos mientras realizan sus actividades, reflejando cómo las responsabilidades de cuidado continúan recayendo de manera desproporcionada sobre las mujeres.

Las integrantes de la CNDDHL subrayaron que el reconocimiento del cuidado debe ir acompañado de cambios estructurales:

 “El cuidado debe ser reconocido como un derecho universal y como un trabajo con valor económico, con acceso a la seguridad social y condiciones laborales dignas, así como una redistribución social y estatal de estas responsabilidades”.

Asimismo, insistieron en que el Sistema Nacional de Cuidados debe contar con financiamiento público suficiente, progresivo y sostenible, para evitar que el costo continúe recayendo de manera desproporcionada en las mujeres, las juventudes y los hogares en situación de pobreza.

De acuerdo con estimaciones derivadas de la Encuesta Nacional para el Sistema de Cuidados (2022) del INEGI, entre el 70% y el 75% de las personas que realizan trabajo de cuidados en México son mujeres. Sin embargo, el gasto público destinado a servicios de cuidado —incluyendo guarderías del IMSS, ISSSTE y programas de atención infantil— representa menos del 1% del PIB, lo que evidencia una fuerte dependencia estructural del trabajo no remunerado sostenido principalmente por ellas.

La Coordinadora reconoció los avances en la construcción del Sistema Nacional de Cuidados, pero subrayó que aún es necesario fortalecerlo para que responda de manera efectiva a la realidad de las mujeres trabajadoras.

Reiteraron que, con participación vinculante, financiamiento suficiente y un enfoque de justicia laboral, este sistema puede convertirse en una política transformadora capaz de garantizar condiciones de vida dignas y avanzar hacia una redistribución real de las responsabilidades de cuidado en México.

Kathryn Bromwich: “Después del Covid siguen sin mejorar las condiciones laborales de las cuidadoras”


La escritora inglesa publica ‘En el límite del bosque’ (Mapa, 2025), una novela introspectiva cuya narradora nos sumerge en los profundos recovecos de su búsqueda de identidad y liberación a través de su nueva vida en el bosque, solitaria y austera.


Kathryn Bromwich.


Licenciada en literatura inglesa, Kathryn Bromwich ha escrito por más de diez años para medios como The Guardian, Time Out o Vice. En el límite del bosque (At the Edge of the Woods en su versión original) es su debut en la novela de ficción. Con referentes como Olga Tokarczuk, Irene Solà, Sara Mesa o Shirley Jackson, la autora británica construye aquí una historia enigmática que explora la feminidad, la enfermedad y la alienación con una prosa íntima que no se asusta ante la vulnerabilidad.

El libro cuenta la historia de Laura, una mujer que está por terminar la treintena que se ha instalado en una solitaria cabaña en las lindes de un pueblito en los Alpes italianos. Laura, la narradora, nos deja saber que es huraña, lleva un estilo de vida austero que le permite no frecuentar demasiado el pueblo ni a sus habitantes, aunque también intenta integrarse con ellos como una vecina más y evita llamar la atención. Sabe que es una forastera y que es atípico que una mujer como ella viva sola en el bosque. En este sentido, hay una búsqueda de calma y anonimato que conecta con la quietud aparente de la vida del bosque, que muchas deseamos frecuentemente. ¿Cuál es el origen de este libro?

Lo escribí en 2021, durante la pandemia y llevando un año y medio enferma con Covid prolongado. Me encontraba muy mal y no sabía si llegaría a recuperarme alguna vez. Todo lo que podía hacer era seguir trabajando a tiempo completo desde casa, y, después, solo me quedaban fuerzas para ver algo en la tele y acostarme. Trabajar y dormir: eso era todo, esa parecía ser toda mi vida. Deseaba muy fuertemente escapar de ese momento, extrañaba mucho estar en la naturaleza. Vivo en el centro de Londres, donde hay muchas casas, coches, gente, y me gusta hacer senderismo y estar en la naturaleza. La escritura de este libro fue una forma de poder volver a experimentar las sensaciones de la naturaleza y el aire libre en un momento en que físicamente no podía hacerlo. Y, además, encontré un motivo para seguir adelante, algo que no era dormir o trabajar. Fue muy interesante escribir en pandemia sobre vivir en la naturaleza.

«Laura se libera del abuso del matrimonio, pero encuentra algo cada vez más salvaje y peligroso»

Una presencia importante en la novela es la enfermedad de la protagonista y narradora. ¿Pensabas en escribir sobre el proceso de la enfermedad?

Me interesaba más describir el desmoronamiento de la mente de Laura, más que su enfermedad física. Quería explorarlo como parte de la trama, pero también porque era lo que estaba pasando en mi vida en ese momento. Escribirlo fue una forma de procesar.

En un momento de la historia conocemos que Laura acaba en ese pueblo porque huye de un matrimonio violento donde el abuso es todo lo que recibe y puede esperar. Al contacto con los habitantes del pueblo, Laura dirá: “Me convierto en la chica dócil que me enseñaron a ser”. En contrapunto, la soledad elegida de su vida en el bosque le permitirá deshabitar la docilidad, des-domesticarla. La montaña y el bosque, además, van integrando a Laura en su ecosistema indómito. Creo que, a lo largo de la historia, es posible vislumbrar las conexiones entre lo femenino-salvaje, contradiciendo y liberando a Laura del mandato de género de la domesticidad. Cuanto más forma parte de la vida en el bosque, más se “asalvaja” y menos se docilita. ¿Cómo entiendes tú estas relaciones?

En cierto modo, el viaje de Laura consiste en pasar de la versión de sí misma que ha construido a lo largo de su matrimonio y su vida en sociedad, donde se ha convertido en el tipo de mujer que se espera que sea. Es una expectativa muy asfixiante, creo que sigue siendo válida hoy en día aunque las diversas olas feministas hayan transformado cosas. Laura se libera del abuso del matrimonio y las expectativas sociales, pero no se trata solo de convertirse en un “yo auténtico” o de “encontrarse a sí misma en la naturaleza porque la naturaleza es maravillosa”, sino que va encontrando algo cada vez más salvaje y peligroso, más poderoso de lo que ella puede manejar.

«El matrimonio violento es una cortina de humo, algo que te distrae como lectora del fantasma verdadero»

En este sentido, creo que este libro tiene una lectura en clave espectral. Se ha hablado de él como una “ópera prima gótica”, pero hay más que una cuestión de estilo: los espectros del bosque dialogan con Laura y la conducen al conocimiento y comprensión de su identidad. La intuición de la protagonista le permite adentrarse en el bosque y ser parte de él, al tiempo que el fantasma de la violencia marital sobrevuela su proceso. ¿Cuáles son las formas en que esto ocurre en la escritura del libro? O, dicho de otro modo, ¿quiénes son los fantasmas que te acompañaron y que aparecen en el libro?

Para mí, el matrimonio violento es una cortina de humo, es decir, algo que te distrae como lectora del fantasma verdadero, que es la infertilidad de Laura. Ella lo acepta y está bien con ello, mientras que su marido y la sociedad la ven como un fracaso y no entienden que ella habría sido feliz así. El fantasma de fondo es aquello que ella deja atrás para irse al bosque, una experiencia que está marcada por la violencia, claro. Lo veo como una cuestión de libertad personal, especialmente para las mujeres y en una época en que había muchas restricciones contra ellas. Contra un sentimiento constante de asfixia y limitación, ella busca la liberación y la amplitud.

«Cuidar y ser cuidade es algo imprescindible para vivir una vida digna, pero no sé si ahora podemos recordarlo»

La búsqueda de la protagonista una vida fuera de su matrimonio y de su feminidad se paraliza cuando una brusca enfermedad se adueña de su cuerpo. En esos días, una buena amiga de su vida pasada ha encontrado la cabaña perdida en la que Laura vive y se ha quedado con ella, cuidándola y manteniéndola con vida. La narración de los cuidados es íntima y hermosa, reconoce la vulnerabilidad de Laura y su necesidad de ser sostenida. Esta importancia de los cuidados, tan invisibilizada desde siempre, se puso de manifiesto durante la pandemia por parte de algunos sectores feministas. En este contexto pospandémico en el que el neoliberalismo fomenta la cultura del individualismo, para ti, ¿cuál es la importancia de una escritura que nos recuerde la fragilidad del cuerpo, la necesidad de cuidarnos desde el reconocimiento de la vulnerabilidad?

El cuidado sigue sin estar suficientemente valorado y sigue colocándose en una importancia menor al trabajo remunerado. La pandemia mostró que cualquiera puede enfermar gravemente con facilidad, que el trabajo de cuidados tan a menudo invisibilizado y feminizado es fundamental para que la sociedad se pueda sostener. No estoy segura de que ahora, casi seis años después de aquello, sigamos recordando esto: que cuidar y ser cuidade es algo imprescindible para poder vivir una vida digna. Después del Covid, aquí en Reino Unido sigue sin haber mejoras en las condiciones laborales y salarios de las personas cuidadoras. El otro día justamente hablaba con amigues sobre los escritos realizados durante la pandemia y cómo muchos de ellos sí pensaron con y sobre el cuidado. Pero no sé si ahora podemos recordarlo, no estoy segura de dónde estamos en ese sentido.

«No quería reproducir la forma masculina de entender la naturaleza y la montaña como algo a cuya cima hay que llegar»

Me gusta pensar que la escritura como acto creativo ocupa un lugar en esto. En tu libro creo que hay una postura sensible, no es un “tenemos que cuidar”, es que según vas leyendo, vas sintiendo la importancia de cuidarnos mutuamente porque somos vulnerables. Y creo que no es casualidad que esto aparezca en un libro escrito por una mujer que ha pasado un proceso largo de enfermedad.

Las personas que siguen hablando de enfermedades, cuidados y fragilidad son mujeres. Existe toda esa cultura muy machista del hombre fuerte, proveedor, que no puede ser vulnerable y nunca llora y nunca está enfermo. Y, así como creo que hay un trabajo que se está haciendo por parte de algunos hombres con esto, también es cierto que hombres como Andrew Tate o Elon Musk están alimentando la fantasía colectiva del hombre agresivo y poderoso. Escribiendo este libro yo no quería reproducir la forma masculina de entender la naturaleza y la montaña como algo a cuya cima hay que llegar, sino pensarlo desde una trayectoria más suave, en la que solo se tratara de conocerla, experimentarla, explorarla o conocerla. He recibido críticas por ello. Pero yo quería escribir sobre vivir, caminar, descubrir.

2/14/2026

«Las mujeres son pobres de tiempo». Ley laboral 40 horas de Sheinbaum, no elimina brechas

 

Hay que recordar que el día de ayer, por unanimidad de votos, las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, Trabajo y Previsión Social y de Estudios Legislativos del Senado de la República aprobaron la reforma y por eso ahora se encuentra por ser votada.

Para la diputada Patricia Mercado, lo que está en juego con esta iniciativa es el uso del tiempo sobre todo para las mujeres a quienes describe como «pobres de tiempo» debido a que son ellas quienes asumen las tareas del trabajo no remunerado como el cuidado y las actividades domésticas. Además, señala que el sistema de jornada laboral extendida planteado por Sheinbaum es un esquema obsoleto enfocado en los hombres trabajadores dejando de lado a las mujeres, quienes reparten su tiempo entre el trabajo remunerado y el no remunerado.

Además, mientras al interior del Senado, las comisiones unidas de Puntos Constitucionales, Trabajo y Previsión Social y Estudios Legislativos se dedicaban a aprobar la iniciativa, afuera del recinto se congregaron más de 100 mujeres y hombres pertenecientes del Frente Nacional por las 40 horas. Particularmente las mujeres de la organización denunciaron que «en tiempo de mujeres» la agenda política no está priorizando los cuidados y la eliminación de la brecha salarial.

Tan solo los datos de la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo (ENUT) 2025, evidencian que las mujeres dedican el 33.3% de su tiempo al trabajo para el mercado, mientras que el 64.8% está destinado al trabajo doméstico, de cuidado, comunitario y voluntario. Los resultados presentan diferencias abismales en comparación con los hombres, quienes solo destinan 66.7% de su tiempo al trabajo remunerado y 30.9% al no remunerado.

En palabras de Patricia Mercado, los resultados y mediaciones del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) indican que «las mujeres somos pobres de tiempo», lo que no permite que puedan integrarse por completo al mercado laboral y aceptar empleos a tiempo completos que no sean precarizados para poder cumplir con todas las actividades que realizan día a día.

La propuesta de Sheinbaum se centra en que México pueda implementar las 40 horas de trabajo semanales de forma gradual hasta el 2030 modificando el artículo 123° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos en las fracciones IV y XI.

También plantea que exista un día de descanso por cada seis días de trabajo, y el aumento de horas extra de trabajo límite pagadas a un salario menor, sin tomar en cuenta sanciones y vigilancia a quienes la incumplan, según señaló el Frente Nacional por las 40 horas.

CIMAC Foto

La legisladora también ha expresado en diversas ocasiones que reducir las jornadas laborales ayudará a disminuir las brechas salariales e impulsar a las mujeres para entrar al mercado laboral como se prometió con la aprobación de la reforma a la igualdad sustantiva, la cual entró en vigor en enero de 2026 como parte del compromiso de la presidenta por mejorar las condiciones de igualdad de las mujeres en varios ámbitos, uno de ellos el laboral.

Anteriormente, Patricia Mercado compartió con Cimacnoticias que la aprobación de las 40 horas con dos días de descanso era el primer paso para que las mujeres pudieran alcanzar el autocuidado, uno de los tres ejes del derecho al cuidado definido por la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) como un conjunto de acciones que preservan el bienestar humano, incluida la asistencia a quienes se encuentran en una situación de dependencia o requieren apoyo, de manera temporal o permanente; por lo que, es esencial para asegurar las condiciones de atención mínimas y dignas.

El derecho al cuidado se divide en tres dimensiones: ser cuidado, implica que todas las personas tienen algún grado de dependencia con otras, y por ende, tienen que recibir atenciones de calidad, suficientes y adecuadas para vivir con dignidad; cuidar, consiste en brindar cuidados en condiciones dignas ya sea de manera remunerada o no remunerada; y el autocuidado, procurar el propio bienestar y atender sus necesidades físicas, mentales, emocionales, espirituales y culturales.

Patricia Mercado apuntó la necesidad de trabajar paralelamente las políticas y legislaciones sobre el trabajo de cuidado para construir un Sistema Nacional de Cuidados.

La discusión al exterior del Senado

El Frente Nacional por las 40 horas también acusó a las senadoras y senadores que rechazaron el diálogo con las organizaciones de la clase trabajadora para seguir con la aprobación de la reforma de Sheinbaum, por lo que decidieron mantener un bloqueo en paseo de la Reforma y llevar a cabo un mitin en donde integrantes de la organización expusieron sus posturas sobre la reforma.

Apuntaron que dicha iniciativa es la reforma más importante de su sexenio con la que podrá ser recordada «como una traición» a la clase trabajadora o como un primer paso para hablar de derechos laborales. Por otro lado, indicaron que el salario México es uno de los más bajos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y a la vez de los países que más horas destina al trabajo.

«Somos uno de los países que más trabaja en el mundo y necesitamos reducir la jornada laboral porque tenemos derecho al descanso. No pueden tomar decisiones sin nosotros. Con la clase trabajadora todo, sin ella nada» -Frente Nacional por las 40 horas.

Crédito: @yoxlas40horas en Instagram

A la discusión se sumó la postura de las y los integrantes de la Mesa de Diálogo Sindical, Asociación General de las y los Trabajadores de la Unión Nacional de Trabajadores conformados por 28 organizaciones y colectivos quienes reconocieron la prohibición de disminuir salarios y prestaciones, así como prohibir a las personas menores de edad integrarse al trabajo extendido como parte de una demanda histórica del movimiento sindical.

No obstante, se opusieron al diseño actual de la iniciativa de Sheinbaum, ya que no solo no garantizaba los dos días de descanso y desplazaba la implementación de la reducción laboral de forma inmediata, sino que impone un esquema de explotación y precarización laboral porque permite a las empresas extender las horas de trabajo en tiempos extras que se pagan el doble y no al triple como actualmente se hace.

A esto se añade que, el concepto de jornada laboral se cambió de tal manera que solo será considerado como trabajo el tiempo efectivo, es decir, el tiempo neto destinado al trabajo incluso estando en el centro laboral lo que dejaría fuera el tiempo para ir al baño o incluso comer; mientras que la definición de patrón y empleado se modificó para agregar la palabra «contrato» lo que implica el desplazamiento de quienes no cuentan con un contrato físico llevando a estas personas que no se puedan defender ante un juicio.

«Sostenemos que la reducción de la jornada debe traducirse en más descanso, mejor salud, mayor productividad sostenible y vida digna, no en mecanismos de flexibilización que prolonguen. indirectamente el tiempo de trabajo ni debiliten derechos individuales y colectivos.» -la Mesa de Diálogo Sindical, Asociación General de las y los Trabajadores de la Unión Nacional de Trabajadores.

1/10/2026

Persisten malas condiciones laborales y desigualdad contra mujeres jornaleras en México: Defensoras

 

De acuerdo con cifras documentadas, se estiman que hay 368 mil trabajadoras agrícolas que representa el 12.7% de la población total en el sector, de las cuales el 48% de las trabajadoras se encuentra en situación de pobreza multidimensional, 33.9% en pobreza moderada y 14.5% en pobreza extrema.

Este panorama es consecuencia de la violación de los derechos laborales de las trabajadoras agrícolas, el cual comienza desde su “proceso de reclutamiento”. Las entrevistadas comentaron que, generalmente, pactan verbalmente sus condiciones laborales con diversos tipos de intermediarios como camioneros, anotadores, mayordomos, jefes de cuadrilla; sin embargo, en muy pocas ocasiones se les entrega un contrato a firmar.  

Las empresas agrícolas que emplean a las trabajadoras se aprovechan de su inexperiencia y necesidad para ofrecer pésimas condiciones laborales o mentir sobre estas, por lo que mayoría en el sector no accede a vacaciones, pago de prima vacacional, aguinaldo y utilidades (o parte proporcional, según corresponda).

La carencia de contratos se replica en todo el país, se estima que alrededor del 90% de las personas trabajadoras en el campo no cuentan con un contrato, según datos recopilados por el Instituto Nacional de Desarrollo Social. Esta problemática es aún más común para las trabajadoras migrantes e indígenas, pues las empresas se aprovechan de su situación de vulnerabilidad, el desconocimiento de sus derechos laborales y la carencia de otras oportunidades laborales.

Asimismo, las empresas no cumplen con su obligación de brindar seguridad social a sus trabajadoras; por ello, a lo largo de su trayectoria laboral, las mujeres jornaleras, tienen más empleos sin seguridad social. Incluso cuando los empleadores ofrecen brindan seguridad social, en realidad otorgan “pases” u “órdenes” para la atención médica en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), crenado una falsa sensación de aseguramiento, ya que solo proporciona atención médica eventual y no cuentan con cotizaciones para pensión, según denunció la Red.

Mujeres jornaleras de San Quintín salen a exigir mejores condiciones laborales – cimacnoticias.com.mx

Feminización de sus labores y brecha salarial

De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), el promedio del pago del jornal es de 228 pesos para hombres y 201 pesos para mujeres. Esta desigualdad se presenta, aunque las mujeres trabajan igual que los hombres. Aunque ellas tienen que demostrar constantemente su valía, creando un ciclo constante de presión para mantener o superar su productividad.

Esta persistencia de brecha salarial, explica el informe, es consecuencia de la distribución diferenciada de tareas según el género. De acuerdo con los testimonios, el acceso a determinados puestos o actividades está condicionado por estereotipos sobre las habilidades “naturales” de hombres y mujeres. 

Por ejemplo, a los hombres se les asignan labores que implican fuerza física o el uso de maquinaria, mientras que a las mujeres se les excluye de estas funciones y se les destina a tareas como la recolección de frutas o la limpieza, bajo el argumento de que su “delicadeza” las hace más aptas para ese tipo de trabajo.  Ante ello, las trabajadoras relatan que las tareas que realizan los hombres son más valoradas y, por tanto, mejor pagadas; mientras tanto, las actividades reconocidas como “feminizadas” y “aptas” para mujeres tienen menor remuneración.

Además, dentro de sus hogares los trabajos asignados por su género no terminan. Las trabajadoras agrícolas, en su mayoría, tienen a su cargo el cuidado de sus hijas e hijos y, algunas veces, también cuidan de sus madres o padres, lo cual les genera una doble jornada de trabajo, afectando su crecimiento en la empresa y sus ingresos económicos. La inasistencia de las niñas y niños a las guarderías debilita sus oportunidades de desarrollo y de inserción en educación inicial, incrementando el riesgo de que se inserten en dinámicas de trabajo infantil, perpetuando ciclos de pobreza.

Maternar dos niñas como mujer jornalera, la historia de Ana – cimacnoticias.com.mx

Asimismo, ante la ausencia de políticas de cuidado, hay mujeres que no logran compaginar sus responsabilidades domésticas y laborales, por lo que suelen renunciar a sus trabajos para dedicarse por completo al cuidado. Cabe señalar que de 2012 a 2024 el número de guarderías de campo se redujo en un 50%, pasando de 13 guarderías en enero del 2012 a 7 guarderías en enero del 2024, según indica el informe de la Red.

Violencia y acoso

Sumado al incumplimiento de sus derechos laborales, el informe refiere que las mujeres jornaleras entrevistadas denunciaron la existencia de un ambiente generalizado de acoso y hostigamiento en sus lugares de trabajo. Se trata de una consecuencia ante la ausencia de medidas efectivas por parte de las empresas para prevenir, atender y sancionar la violencia contra las mujeres, situación que ha marcado el trabajo agrícola por casos de acoso laboral y sexual constantes.

“Le digo a mi esposo que a mí me da miedo que vaya a trabajar por eso, le digo de que a veces los hombres malinterpretan las cosas y eso, pero me dice él que no”, declaró una trabajadora agrícola de manera anónima.

Las jornaleras refieren que esta problemática la enfrentaron en distintos momentos de su vida laboral y en diversas empresas. Muchas de las trabajadoras no recurren a mecanismos de justicia oficiales, ya sea por desconfianza, miedo, desconocimiento o inexistencia de protocolos adecuados de atención o debido al riesgo que implica para la continuidad de sus labores.

Asimismo, se enfrentan a la indiferencia y omisiones de sus compañeros de trabajo y supervisores, ya sea porque estos son los sus agresores o asumen que no habrá consecuencias. El temor se agrava ante las amenazas de represalias, que pueden ir desde la asignación de tareas más pesadas o traslados a zonas lejanas, hasta despidos injustificados, siendo las trabajadoras más jóvenes o con menor antigüedad quienes suelen estar más en riesgo de estas situaciones de vulnerabilidad.

La obligación patronal bajo vigilancia

Para abordar estas barreras y garantizar el trabajo justo, la Red de Mujeres por el Trabajo Justo exige vigilar y sancionar el incumplimiento de la obligación patronal de entregar contratos escritos y de llevar el padrón de trabajadoras temporales; además de realizar campañas informativas masivas y culturalmente pertinentes (incluyendo lenguas indígenas) sobre los derechos laborales (contrato, seguridad social, salario, jornada, etc.) y los mecanismos existentes para denunciar violaciones (incluyendo canales para denunciar corrupción de funcionarios).

Además, investigar a fondo y sancionar la práctica de emitir “pases” de salud en lugar de afiliación formal, incluyendo la colusión de funcionarios del IMSS, así como capacitar al personal del IMSS en derechos humanos, perspectiva de género e interculturalidad para brindar atención digna y de calidad, eliminando barreras lingüísticas y discriminación.

Junto con ello, aumentar significativamente la oferta y cobertura geográfica de las “Guarderías de Campo” del IMSS, asegurando que sus horarios y calendarios se adapten a los ciclos agrícolas. Promover activamente su uso entre padres y madres trabajadoras, eliminando sesgos de género en la comunicación.

Para erradicar la violencia, recomendaron solicitar que las empresas agrícolas desarrollen e implementen protocolos basados en el Convenio 190 de la OIT, para prevenir, atender y sancionar el acoso y la violencia contra las mujeres, con canales de denuncia confidenciales, seguros, accesibles y considerando diversidad lingüística.

12/20/2025

Mujeres trabajadoras de la limpieza denuncian condiciones laborales precarias

 

Amelia, nombre ficticio utilizado con fines editoriales para resguardar su identidad, relató en entrevista que formó parte de las personas que participaron en esta manifestación, a la cual fue convocada por sus propios compañeros de trabajo, con el objetivo principal de solicitar la asignación de un “dígito”, requisito indispensable para poder pertenecer a un sindicato y con la expectativa de mejorar sus condiciones laborales, principalmente en lo relacionado con el salario y las prestaciones

Sin embargo, la afiliación sindical no garantiza, por sí sola, el fin de la precarización laboral, pues Martha, otro nombre ficticio empleado por razones editoriales y de protección, madre autónoma y trabajadora del sector de limpieza desde hace diez años, señala que, pese a contar con un sindicato, los salarios continúan siendo bajos en relación con las jornadas extenuantes y el desgaste físico que implica su trabajo cotidiano.

Cabe señalar que, de acuerdo con datos del gobierno de México, el salario de las mujeres trabajadoras de la limpieza en el sector formal oscila entre 5 mil 200 y 7 mil 300 pesos mensuales, mientras que el de los hombres va de 4 mil 900 a 7 mil 700 pesos; estas diferencias dependen, entre otros factores, del nivel de escolaridad con el que cuenten.

En el caso de Martha, su jornada laboral comienza a las 6 de la mañana, por lo que debe salir de su hogar cuando aún no ha amanecido. En una ciudad como la capital del país, donde las mujeres no cuentan con condiciones de seguridad adecuadas, trasladarse en esos horarios expone a mayores riesgos en la calle, lo que se vuelve una amenaza constante para las trabajadoras de limpieza.

Asimismo, aunque el horario habitual de Martha es matutino, señala que en festividades o eventos especiales se les solicita laborar en turnos vespertinos, lo cual, si bien ocurre de manera ocasional, implica enfrentar nuevamente la falta de transporte y los riesgos e inseguridad presentes en la vida nocturna, que continúan siendo una preocupación constante

Sumado a ello, aunque cuentan con un horario fijo de entrada, no existe un horario definido de salida. Martha señala que pueden retirarse una vez que terminan de limpiar la zona asignada; sin embargo, hay ocasiones en las que esto ocurre hasta las 4 de la tarde, lo que implica jornadas de hasta 10 horas antes de poder dejar su carrito de limpieza y regresar a casa.

Maternidad 

Esta situación se vuelve todavía más extenuante si se toma en cuenta que la labor de limpieza es un trabajo físico que exige permanecer de pie durante largas jornadas, en muchos casos bajo el sol y sin espacios dignos para el descanso, lo que genera un desgaste acumulado con el paso del tiempo.

Además, muchas de las mujeres que realizan este trabajo son madres, por lo que al concluir su jornada laboral su carga de trabajo no termina, sino que se extiende al ámbito doméstico, como ocurre en el caso de Martha, quien se encarga por completo del cuidado de sus hijos, lo que hace que el descanso no sea una opción para ella.

“Es pesado porque prácticamente pasas la mitad del día en el trabajo y, cuando llegas a casa, sigues con las labores del hogar”, expresó Martha.

Cabe señalar, que en México, en 2024, por cada 100 horas de trabajo total por semana, las mujeres destinan 62 a trabajo no remunerado de los hogares (TNRH) y solo 35.8 horas al trabajo remunerado, mientras que los hombres concentran 71.1 horas en el mercado laboral y apenas 24.6 horas en actividades de cuidado,de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Asimismo, maternar mientras se trabaja en el sector de limpieza no ofrece condiciones laborales adecuadas, ya que a las trabajadoras que acaban de ser madres se les otorgan únicamente 40 días de incapacidad y, una vez concluido ese periodo, deben reincorporarse a sus labores; sin embargo en su zona de trabajo no existen espacios como lactarios, zonas indispensable durante esta etapa. 

Riesgos adicionales 

Sumado a todo ello, se enfrenta a un riesgo biológico constante debido a la exposición a diversos agentes patógenos, ya que de manera cotidiana manipula residuos de todo tipo, lo que puede provocar infecciones, alergias y otras enfermedades. Además, existe el riesgo de sufrir heridas graves, pues con frecuencia los usuarios desechan materiales peligrosos, como vidrio, sin tomar las precauciones necesarias.

Si bien Martha señala que, cuando enfrentan este tipo de situaciones, se les otorga una incapacidad médica, esta no va acompañada de ningún tipo de indemnización, a pesar de que su salud se ve comprometida. A ello se adhiere que deben invertir tiempo y recursos en acudir a realizarse exámenes médicos para descartar posibles contagios o enfermedades.

En muchas ocasiones, explica, son las y los propios compañeros quienes reúnen dinero para apoyar a la persona que resulta lesionada, ya que, aunque no se les descuente el salario durante la incapacidad, al dejar de asistir al trabajo también dejan de percibir las propinas que otorgan los usuarios, lo que afecta de manera directa sus ingresos por un periodo de tiempo.

Esta es la realidad que enfrentan las mujeres trabajadoras de limpieza, una labor que no solo permanece invisibilizada sino que se desarrolla en condiciones de precariedad, con entornos laborales que siguen siendo poco óptimos, a lo que se suma la doble carga de trabajo que muchas enfrentan al ser madres, profundizando las desigualdades que atraviesan su vida cotidiana.

Asimismo, pese a las exigencias físicas y los riesgos que implica su labor, ambas trabajadoras señalan que el trabajo de limpieza continúa siendo poco valorado socialmente y profundamente estigmatizado, pues quienes lo realizan suelen enfrentar miradas de desprecio y actos de discriminación por desempeñar una labor asociada con la basura.

Ante este panorama, las trabajadoras demandan condiciones laborales justas, acordes con la carga de trabajo que realizan, así como el cumplimiento de los derechos establecidos en las condiciones generales de trabajo y en la legislación vigente.

12/13/2025

¿Exhausta? Mujeres destinan 62 horas por semana a cuidados sin paga. Hombres solo 24

 

En 2024, la población que realizó trabajo no remunerado de los hogares (TNRH) se compuso mayoritariamente de mujeres, con 53.9 % del total; a su vez, los hombres representaron 46.1%. Sin embargo, al medir este trabajo en número de horas y en valor económico, las mujeres aportaron casi tres cuartas partes del total de esta actividad.

Esto deja ver que el trabajo de cuidados es uno de los principales pilares del mundo, ya que está presente en la vida de todas las personas y sostiene a las economías y a las comunidades. Sin embargo, históricicamente se ha reforzado la idea de que los cuidados son “cosa de mujeres”, lo que limita sus derechos y oportunidades.

Seguir delegando estas tareas únicamente a las mujeres reduce el tiempo que pueden dedicar a estudiar, acceder a un empleo remunerado digno, participar en la vida pública o simplemente descansar.

Siguiendo con el informe, el valor económico de las labores domésticas y de cuidados no remunerados realizadas por la población de 12 años y más fue de 8 billones de pesos, cifra equivalente al 23.9 % del Producto Interno Bruto (PIB) nacional.

De ese monto, las mujeres contribuyeron con 72.6 %, mientras que los hombres aportaron 27.4 %. En conjunto, las labores domésticas y de cuidados realizadas por mujeres generaron 2.7 veces más valor económico que las que desempeñaron los hombres.

El valor económico neto anual fue de 60 mil 379 pesos, en promedio, por persona. De ese total, cada mujer realizó rabajo no remunerado de los hogares (TNRH), equivalente a 82 mil 339 pesos anuales. Por su parte, cada hombre realizó actividades similares por un monto promedio de 34 mil 695 pesos.

Según el informe, al desglosar el total del trabajo no remunerado de los hogares (TNRH), por tipo de actividad, la limpieza y mantenimiento de la vivienda representaron 26.8% del valor económico total; las actividades de cuidados y apoyo contribuyeron con 23.6%; las de alimentación, con 23.0%; las compras y administración del hogar, con 10.4%; la ayuda a otros hogares y trabajo voluntario, con 8.7%, y la limpieza y cuidado de la ropa y calzado, con 7.5%.

Por tipo de función, las mujeres contribuyeron más en actividades como la alimentación, con 82.0 %, y la limpieza y cuidado de la ropa y calzado, con 78.1%. La participación de los hombres fue mayor en compras y administración del hogar, con 41.4 %, y en ayuda a otros hogares y trabajo voluntario, con 35.4%.

Asimismo, cada niña entre 5 y 11 años destinó 4.6 horas a la semana a las labores domésticas y de cuidados del hogar, mientras que los niños colaboraron con 3.6 horas. En la población de 12 años y más que realizó trabajo no remunerado de los hogares (TNRH), incluyendo cuidados emocionales, las mujeres realizaron 39.7 y los hombres 18.2 horas a la semana.

Los estados que aportaron los niveles más altos del valor económico del trabajo no remunerado de los hogares fueron Estado de México, con 11.6 %; Ciudad de México, con 6.7 %; Jalisco, con 6.6 %; Veracruz, con 6.3 %, y Nuevo León, con 5.6 %.

Por su parte, al revisar el valor del trabajo no remunerado de cada entidad federativa respecto del PIB que generaron se observa que las entidades con los niveles más altos fueron Chiapas, con 58.4 %; Guerrero, con 50.3 %; Tlaxcala, con 46.9 %; Oaxaca, con 42.9 %, e Hidalgo, con 38.9 %.

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Sistema Nacional de Cuidados

Persiste la negativa a delegar el trabajo de cuidados a alguien que no sean las mujeres, siendo el Sistema Nacional de Cuidados una alternativa para ellas. Este modelo quedó incluido como parte de las promesas de campaña y de los 100 compromisos de Claudia Sheinbaum Pardo, pero no será una realidad en este sexenio.

La actual titular de la Secretaría de las Mujeres, Citlali Hernández, declaró que en esta administración México no contará con un Sistema Nacional de Cuidados porque “requiere años de planeación política y recursos que probablemente no alcancen a estar cubiertos en este sexenio”.

Pese a ello, es importante insistir en que un sistema de cuidados que funcione adecuadamente debe reconocer los cuidados como un pilar de sociedades prósperas e igualitarias desde una perspectiva de género. También implica reducir las tareas domésticas y de cuidados no remuneradas, que requieren gran esfuerzo, mediante el uso de infraestructura y tecnología, y redistribuir estas responsabilidades de manera más equitativa entre mujeres y hombres, hogares y Estado, así como entre familias, comunidades y empresas.

Además, un sistema de cuidados efectivo debe compensar a quienes realizan esta labor con un salario justo, protección social y condiciones de trabajo dignas; garantizar su participación en el diseño de políticas y en espacios de toma de decisiones que afectan sus vidas; y asegurar que existan recursos para sostener estos sistemas mediante fondos públicos destinados a políticas, servicios, infraestructura, normas y capacitación.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) señaló durante la pasada Conferencia Regional sobre la Mujer que un SNC debe:

Diseñar sistemas integrales de cuidados desde una perspectiva de género, interseccionalidad, interculturalidad y derechos humanos; promover la corresponsabilidad entre mujeres y hombres, Estado, mercado, familias y comunidad; e incluir políticas articuladas sobre el tiempo, los recursos, las prestaciones y los servicios públicos universales y de calidad para atender las distintas necesidades de cuidado de la población como parte de los sistemas de protección social.

Trabajadora ¿Vives violencia laboral? Publican guía para saber cómo denunciar

 

De acuerdo con la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares (ENDIREH) 2021, del 79.3% de las mujeres que alguna vez han trabajado en su vida, el 27.9% experimentó algún tipo de violencia en el ámbito laboral, 18.1% experimentó discriminación laboral, 14.4% vivió situaciones de violencia sexual, 12.2% violencia psicológica y 1.9% violencia física.

Los principales agresores son compañeros (34.2%), jefes o patrones (21.7%), así como supervisores, capataces o coordinadores (10.7%). Esto es relevante, ya que enfrentan limitaciones para conseguir un ascenso, les pagan menos que a sus compañeros, han recibido menos prestaciones, han dudado de sus capacidades, no permiten su desarrollo profesional, les solicitaron una prueba de embarazo, son juzgadas por su edad o estado civil, y algunas fueron despedidas por embarazarse.

En la presentación de la guía participaron especialistas como Claudia Domínguez Hernández, abogada y autora de la guía; Denice Marlen Zetina Díaz, Subprocuradora de Atención a Mujeres de la Procuraduría de la Defensa del Trabajo (CDMX); Taidé Alejandra González Baca, Secretaria General de FSUCROM; Karina Muñoz, Secretaria de la Mujer de SÚMATE Jalisco, CROC; y representantes del órgano colegiado de la Red de Mujeres Sindicalistas.

Las mujeres participantes aseguraron que dicho documento es un avance feminista que nace de la necesidad de deconstruir el derecho laboral, el cual históricamente no ha considerado la perspectiva de género. Por ello, con un lenguaje sencillo y accesible, la guía es una herramienta que invita a las trabajadoras a denunciar sin miedo, orientándolas y haciéndolas sentir acompañadas en el proceso.

Para su elaboración, se tomó en cuenta la realidad sindical mexicana. De acuerdo con los datos de la RMS, en 2019 las secretarías sindicales ocupadas por mujeres representaron solo el 13.43%. Pero desde la implementación del principio de representación proporcional de género establecido en la Reforma Laboral de 2019, incrementaron a 26.22% en 2023, sin embargo, para la RMS esto no es suficiente tomando en cuenta que ellas ocupan el 46% de empleos.

Aumentan lideresas en sindicatos. Aún no es suficiente: Red de Mujeres Sindicalistas – cimacnoticias.com.mx

Crédito: Red de Mujeres Sindicalistas

Denunciar la violencia laboral, paso a paso

Ante este panorama, la «Guía para documentar casos de discriminación y violencia laboral contra mujeres» funciona como una herramienta no solo para identificarla, sino para documentarla y conocer los procesos de denuncia. En primera instancia, el documento ofrece una perspectiva para diferenciar la discriminación, la violencia, el hostigamiento, hostigamiento sexual, acoso sexual y acoso laboral, ya que, si bien todos son ejemplos de violencia contra las mujeres, las circunstancias en las que ocurren pueden ser diferentes.

Asimismo, si estas viviendo una situación de violencia, la RMS recomiendan recomienda reflexionar las alternativas antes de tomar de tomar la decisión de renunciar a tu centro de trabajo ya que solo abona a un ambiente de impunidad y a la falta de recursos para que las trabajadoras obtengan justicia. Por ello, la organización apunta a cuatro pasos importantes a seguir: narrar los hechos por escrito o grabación precisando los datos, seguido de identificar a la persona agresora, revisar si existe un protocolo contra el hostigamiento violencia y construir una red de apoyo.

La RMS enfatiza que la recopilación de pruebas es una etapa crucial, ya que estas pueden variar entre testigos, documentos, fotografías, correos electrónicos, mensajes, publicaciones en redes sociales o hasta informes periciales, que deben ser evaluadas mediante un mecanismo administrativo o un tribunal judicial laboral. En cada caso, el informe da una serie de recomendaciones para documentar cada tipo de prueba de la mejor forma posible.

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Posteriormente, la organización indica una serie de estrategias de acción para presentar una queja formal o una queja anónima. En todo momento, la RMS indica que debe existir respeto, confidencialidad, colaboración y escucha activa. Por el contrario, quienes denuncian deben estar libres de recibir represalias o revictimización por parte del centro de trabajo.

Finalmente, la guía especifica a qué instancias puedes acudir para recibir atención dependiendo de tu centro de trabajo y si existe o no un sindicato al cual estes afiliada. Por otro lado, algunas instancias públicas a las que puedes dirigirte son Procuraduría Federal de la Defensa del Trabajo (PROFEDET), si eres servidora pública puedes acudir a la Procuraduría de la Defensa de los Trabajadores al Servicio del Estado (PRODETSE), al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de tu localidad o el Instituto Federal de la Defensoría Pública (IFDP).

De la misma manera, el documento ofrece una serie de vías judiciales para empezar el proceso de denuncia y tres recomendaciones para que conozcan que hacer durante el proceso, los riesgo y protección frente a represalias, así como tu derecho a laboral en un espacio libre de discriminación y violencia contra las mujeres.

Para acceder a la guía completa, da click en el siguiente enlace

«No puede haber reducción de jornada laboral, ni suficiencia salarial, sin servicios de cuidados»: RMS

 

La RMS apuntó que no puede hablarse de reducción de jornada ni de suficiencia salarial sin servicios de cuidados, pues es necesario establecer la corresponsabilidad social y patronal en licencias, condiciones laborales e infraestructura para la infancia, personas mayores y personas dependientes.

Esto resulta fundamental, ya que en México, en 2024, por cada 100 horas de trabajo total por semana, las mujeres destinaron 62 horas al trabajo no remunerado del hogar (TNRH) y solo 35.8 horas al trabajo remunerado. En contraste, los hombres dedican 71.1 horas al mercado laboral y apenas 24.6 horas a actividades de cuidado, de acuerdo con el INEGI.

Seguir delegando estas tareas únicamente a las mujeres limita el tiempo que pueden dedicar a estudiar, acceder a un empleo digno, participar en la vida pública o simplemente descansar.

Ante ello, cabe recordar que el Sistema Nacional de Cuidados fue incluido como una de las promesas de campaña y dentro de los 100 compromisos de Claudia Sheinbaum Pardo. Sin embargo, no será una realidad en este sexenio, pues ya se informó que México no contará con un SNC culminado durante la actual administración, dado que “requiere años de planeación política y recursos que probablemente no alcancen a cubrirse”.

Frente a esto, la RMS advierte que, sin un Sistema Nacional de Cuidados con presupuesto suficiente y con un enfoque laboral, la reducción de jornada no contribuirá a una recuperación efectiva del descanso ni a garantizar una vida con derechos plenos para las mujeres.

De acuerdo con la RMS, la reforma de las 40 horas ni la política de salario mínimo incorporan de manera explícita su impacto diferenciado en las mujeres, ni contemplan la sobrecarga del trabajo doméstico y de cuidados; situación que invisibiliza una realidad fundamental: las mujeres no solo trabajan más horas y producen más, sino que también lo hacen en condiciones más precarias.

Cabe señalar que la jornada de 40 horas se implementará mediante una reducción de dos horas por año hasta alcanzar la meta en 2030. Asimismo, se establece que no podrán reducirse salarios ni prestaciones, pero hay que resaltar que únicamente se tiene previsto un día de descanso a la semana.

Por su parte, el incremento del salario mínimo para 2026 (315.04 pesos diarios a nivel nacional y 440.87 en la frontera norte) forma parte de un proceso sostenido de recuperación del poder adquisitivo tras décadas de deterioro del ingreso de la clase trabajadora.

Pese a dichas modificaciones, uno de los aspectos que no ha sido considerado dentro de estas política, es que las mujeres trabajadoras concentran gran parte de la participación en la informalidad, un sector donde el salario mínimo no se aplica de manera efectiva, no existe una jornada regulada y se carece de seguridad social. Por ello, señalaron que, sin estrategias reales de formalización del empleo, estos derechos continuarán siendo incompletos y desiguales.

Este panorama se refuerza con los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), publicada este año por el Inegi, que señala que la tasa de informalidad laboral se ubicó en 54.8 por ciento, de las cuales 13.5 millones corresponden a mujeres en esta situación.

Además, de acuerdo con el colectivo de economistas “México, ¿cómo vamos?”, las desigualdades estructurales conducen a que las mujeres se inserten en la economía informal, donde encuentran mayor flexibilidad para cumplir con sus roles familiares y de crianza, pero a costa de una mayor vulnerabilidad: sin acceso a seguridad social, sin sistemas de guarderías y con menores ingresos.

Más ineficiencias

Sumado a ello, la RMS ha detectado más deficiencias dentro de estos nuevos cambios. Una de ellas es la gradualidad de la implementación de la reducción de la jornada a 40 horas, pues se considera  que seis años es un periodo muy largo y puede perpetuar la sobrecarga laboral vigente, especialmente para las mujeres que sostienen dobles y triples jornadas; además, abre riesgos de simulación patronal mediante incrementos en las cargas de trabajo y abuso de horas extraordinarias.

Asimismo, si no se contempla una inspección laboral robusta ni una reorganización de los procesos de trabajo en las empresas, la reducción de jornada puede traducirse en despidos injustificados bajo el argumento del impacto en las ganancias.

Añadido a esto, la RMS señala que, aunque el salario mínimo ahora permite teóricamente cubrir dos canastas básicas, este cálculo no incorpora costos fundamentales de la vida como renta, transporte, medicinas, educación y cuidados. Esto significa que, para millones de mujeres jefas de hogar, el salario mínimo sigue siendo insuficiente para sostener dignamente a sus familias.

¿Qué se debe considerar?

De acuerdo con la Red de Mujeres Sindicalistas, con la entrada en vigor de ambas políticas se deben considerar factores como: perspectiva de género obligatoria en su reglamentación e implementación; inspección laboral fortalecida con enfoque de género y derechos humanos; y una participación sindical efectiva.

Asimismo, debe existir una regulación estricta de las horas extraordinarias para evitar abusos, protección contra despidos derivados de la reducción de jornada, articulación real con el Sistema Nacional de Cuidados y mediciones diferenciadas por sexo, sector y territorio del impacto salarial, integradas con el análisis de prácticas discriminatorias y de violencia.

Además, señalan que ambas reformas deben contribuir a erradicar la invisibilización del trabajo de cuidados; reducir la informalidad y promover trabajo digno con plenos derechos para las mujeres; disminuir prácticas de violencia, discriminación y precarización; y eliminar políticas sindicales que excluyen la agenda de género en la negociación colectiva y en la libertad sindical.

8/09/2025

Lanzan Sindicatómetro, herramienta digital para defensa de derechos laborales de mujeres

 

De acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), los indicadores de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) señalaron que, en agosto de 2024, se contabilizaron 61.6 millones de personas de 15 años y más dentro de la Población Económicamente Activa, de las cuales el 46 por ciento son mujeres.

Pese a que cada vez hay más mujeres activas laboralmente, el Diagnóstico Participativo 2024 realizado por la RMS determinó que la violencia de género, el cuidado de familiares, la discriminación, la brecha salarial y la falta de acceso a la capacitación siguen siendo algunos de los desafíos que enfrentan las trabajadoras mexicanas.

Esta discriminación no solo se mantiene en los espacios laborales, sino que también se reproduce dentro de los sindicatos. Según la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), la tasa mundial de afiliación de mujeres en los sindicatos alcanzó el 42 por ciento en los últimos 40 años gracias a la lucha de las trabajadoras. No obstante, persisten obstáculos de género, pues las mujeres continúan siendo vistas en roles de subordinación y no en posiciones de mando.

Ante esta situación, el Sindicatómetro permite que las trabajadoras, a través de un cuestionario, conozcan los derechos que les corresponden dentro de los sindicatos, entre ellos la participación activa, el acceso a información sobre asuntos relevantes, la capacitación constante para familiarizarse con el Contrato Colectivo de Trabajo, la asistencia a asambleas y la integración de sus demandas en igualdad de condiciones con los hombres.

La herramienta también invita a reflexionar sobre el funcionamiento del sindicato, cuestionando si fue elegido mediante voto personal, libre, directo y secreto; si realiza consultas durante las revisiones salariales y contractuales; si promueve la participación de mujeres y jóvenes; y si impulsa que ellas integren la comisión negociadora del contrato colectivo.

Además, destaca las acciones que debe realizar un sindicato democrático, como visitar de manera regular las áreas de trabajo para conocer los problemas laborales, brindar atención inmediata y comprometida a estos conflictos y haber modificado sus estatutos conforme a la Reforma Laboral de 2019 para garantizar la representación de mujeres.

El sindicatrómetro está disponible en: https://actividades.rmsindicalistas.mx/sindicatometro/intro

Paridad sin igualdad sustantiva

De acuerdo con el informe “La participación de las mujeres en el ámbito sindical”, elaborado por la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM), la exclusión de las mujeres de los sindicatos tiene su origen en el ámbito laboral. Hasta mediados del siglo XX, se buscaba limitar o incluso excluirlas del mercado de trabajo remunerado, bajo el argumento de priorizar su rol reproductivo o su supuesta fragilidad.

Fue hasta las décadas de 1960 y 1970, impulsadas por los movimientos feministas y la creciente incorporación de mujeres al trabajo asalariado, que se avanzó en la afiliación femenina y se hizo visible la desigualdad de género dentro de los sindicatos. En ese periodo surgieron demandas de no discriminación e igualdad de derechos en los programas y estrategias sindicales.

Con el paso del tiempo, se ha documentado un incremento sostenido en la afiliación de mujeres, aunque no existen cifras exactas que permitan conocer con precisión su participación. Se pronostica que la presencia de mujeres ha aumentado de forma constante durante los últimos cuarenta años y que, en algunos países, incluso supera al número de hombres que actualmente se afilian. Este aumento fue consecuencia del declive del movimiento sindical, que recurrió a atraer a grupos históricamente excluidos como estrategia para enfrentar su debilitamiento y la reducción de miembros.

No obstante, pese a que se ha alcanzado mayor paridad, el panorama dentro de los sindicatos continúa sin ofrecer igualdad sustantiva. Una mayor afiliación de mujeres no ha logrado revertir la inequidad histórica en las organizaciones de trabajadores ni generar una nueva configuración institucional, pues estas siguen siendo estructuras fuertemente masculinizadas y excluyentes.

Cabe destacar que los entornos laborales y sindicales mantienen condiciones desfavorables para las mujeres, ya que persisten la segregación en ciertas actividades, los techos de cristal, la discriminación y la violencia sexual, además de un contexto de desventaja y subordinación. Esto se explica por la permanencia de un concepto tradicional de trabajo que determina la forma en que participan las mujeres en ambos ámbitos.

Aun cuando diversas organizaciones se han comprometido a transformar estas dinámicas, la discriminación sistémica por razones de género sigue presente y se intensifica al cruzarse con otros factores identitarios como el lugar de origen, la orientación sexual o la religión. 

Pese a la paridad numérica alcanzada en algunos espacios sindicales, esta no se traduce en igualdad sustantiva. Por ello, herramientas como el Sindicatómetro resultan fundamentales para que las mujeres trabajadoras reconozcan los derechos que les corresponden como parte de un sindicato y puedan avanzar hacia una participación real y equitativa.